En la cama de papá.
por
Juan Alberto
género
incesto
—¡Mmmmmmm, cariño! …
Ronroneo gimiendo seductoramente y agrego.
—Vamos, bebé … Mis padres no están en casa … Tenemos todo el lugar toda la noche para nos dos … Y estoy pensando solo a ti … Te extraño y te quiero aquí conmigo …
—¿Ah? … ¿Qué? … No te escucho bien … No sé qué dices …
El muy bastardo ni siquiera me estaba escuchando. De fondo puedo escuchar la música, las risas y el parloteo de sus amigos. Los mismos amigotes que siempre lo han alejado de mí. Se ríe de algo que está pasando antes de dirigirse a mí nuevamente.
—Lo siento, nena … Hay mucho ruido y no te escucho nada … Tengo que irme …
—¡Maldita sea, Gerardo! … Hace mucho que no nos ……
Hay muchas risas y algunos gritos que me interrumpen, al parecer está en una fiesta.
—Lo siento, nena … Ahora tengo que irme … Te amo … Otro día hablaremos … (Clic) …
¡Me cortó, el muy idiota! Furiosa arrojo mi teléfono sobre el sofá más cercano. Estaba harta de este hijo de buena madre. Nunca más volvería a hablarle. Gerardo era muy lindo, pero este océano está lleno de peces y yo sé muy bien que carnada poner en el anzuelo.
Me senté en la enorme cama de mis padres con las piernas cruzadas. Siento la suavidad del edredón blanco en mis piernas. Esperaba que Gerardo me follara en esta hermosa cama, la misma donde papá follaba a mamá. Me gustaba imaginar eso. La habitación sin duda tenía una carga erótica formidable. Era un lugar reservado para mamá y papá; este lugar no me correspondía. Solo que esta noche pensaba de vivir una fantasía haciendo el amor con Gerardo y pensaba llamar a mi novio “papá”. Era la palabra que más me excitaba y la principal fantasía en toda mi vida. Desafortunadamente el idiota de mi novio había arruinado todo.
Me miro al espejo de cuerpo entero en el armario de mamá. Estoy sentada en el cuarto de mis padres con censurables pensamientos en mi cabeza. Muerdo mi labio inferior y sonrío en forma cachonda. Mis ojos verde esmeralda lanzan chispas lucientes pensando a tantas cosas prohibidas. Aunque estoy furiosa, mi sonrisa no desaparece, estoy muy caliente también. Iba a dejar que mi novio me trajera sobre esta cama y follara todos mis agujeros mientras yo le decía; “Sí, papá” “Fóllame, papá” “Oh, papá, hazme tu puta” “Déjame chupar tu polla, papi”. Todas cosas deliciosamente malvadas y pecaminosas … hmmmmmm.
Como mínimo, esperaba jugar conmigo misma mientras teníamos sexo telefónico. Pero no, nada de eso fue posible porque el imbécil de Gerardo prefería estar de fiesta con sus amigos. ¡Maldita sea! Con papá fuera de la ciudad por negocios y mamá cuidando a la abuela, iba a pasar una noche muy extraña, pero muy satisfactoria. ¡Si Gerardo hubiera venido a estar conmigo le habría regalado una noche que jamás olvidaría! ¡Maldito estúpido!
Mis ojos vagaron por encima de la enorme cama y mi mente divagó pensando en todas las veces que mi padre le habrá hecho el amor a mi madre. Podía sentir como se humedecían mis hinchados y calientes labios por la excitación. ¡Dios santo! ¿Cuál será el secreto de mamá? ¿Cómo hizo ella para encontrar un hombre como papá? He salido con un montón de chicos, pero ninguno de ellos me hizo sentir las cosas que papá le hacía sentir a mamá. Todos ellos egocentristas, interesados en sus propias cosas, privilegiando un videojuego a un encuentro sexual con una chica. Pero papá … ¡Ohh, papá! ¡Qué hombre más maravilloso! Él si que es un hombre de verdad. Un gran hombre, tanto en estatura como en carácter. No era un hombre frívolo, siempre con un adecuado sentido del humor con todos los que lo rodeaban. Un hombre con grandes apetitos, pero con la disciplina suficiente para controlarlos. Papá es un hombre audaz, inteligente y dinámico. Admirado por muchos otros hombres. Un líder nato. Las mujeres lo seguían y deseaban; no sé cuantas veces había visto mujeres detrás de él ofreciéndose a él ganosas y deseosas, pero papá jamás traicionaría a mamá.
Paso mi lengua por mis labios resecos. De repente siento que hace mucho calor aquí. Me rio de mis pensamientos. Me quito la camiseta de tirantes, luego mis jeans. Comienzo a sentir maripositas revoloteando en mi vientre y deliciosas cosquillas en mi conchita. Miré mi piel de alabastro expuesta contra el blanco lirio de la cama. Pensé, ¿qué sucedería si en este momento entraran y me encontraran medio desnuda sobre el lecho matrimonial? Vuelvo a reírme, me giro y me pongo boca abajo, disfrutando de la delicada tela sobre mi sensible piel. Me inclino y me contorsiono pensado a que papá está mirándome. ¡Hmmmmmm! ¿Por qué Gerardo no pudo venir? ¡Dios! Necesito un hombre aquí ahora mismo. Gerardo no es el mejor amante, pero aún así lo necesitaba aquí, si él me tocara me correría como una puta. Mi piel desnuda se deleita con la suavidad del edredón. El estar semi desnuda en la habitación de mis padres, recostada sobre la cama donde ellos hacen el amor me excita sobre manera. Decido continuar con este juego que me pone cachonda.
Me pongo de rodillas y monto una almohada, comienzo a mover mis caderas lentamente, provocativamente, eróticamente. Me muevo de una manera como si estuviera montando la polla de un hombre. Me miro al espejo, mis tetas se cimbran cubiertas por mi sujetador, mi coño parece lleno de brasas calientes y mi mente arde con imágenes tabú. Imagino de ser mamá que monta a papá, me asemejo mucho a ella con mis cabellos rubios y mi piel lechosa, solo que soy veintitrés años más joven y tengo un piercing en mi ombligo.
Deshago el broche de mi sostén y lo dejo caer, mis manos mantienen las copas cubriendo mis senos, las suelto y la prenda cae sobre la cama, mis duros pezones se reflejan en el espejo respingados y juguetones. Mis sienes laten al ritmo de mi corazón. Me estoy dejando llevar mientras restregó mi panocha contra la almohada. Se siente maravilloso aunque sé que no debería estar haciendo esto. Comienzo a moverme más de prisa, mi cuerpo me compele a apurar mis movimientos, me obligo a acelerar mi oscilación y frotación contra la almohada. Subo mis manos a mis tetas desnudas y las aplasto imaginando las manos de papá, pellizco mis pezones y lanzo gemidos que se esparcen por toda la habitación. Continuo a montar a mi amante imaginario, restregando más fuerte mi coño contra la almohada y acariciando mi cuerpo caliente. No puedo resistir más, rápidamente me quito mis bragas humedecidas, todo mi entrepierna está empapado, hay una mancha sobre la almohada.
Sigo arrodillada montando la almohada meciéndome incesantemente. Cierro los ojos, dejo caer mi cabeza hacia atrás, disfruto la desnudez de mi piel a estrecho contacto con la suave tela de la almohada; no debería estar sintiendo estos ardientes deseos en la cama de papá, mi cuerpo parece estar en llamas. Me muevo más rápido, lanzo un largo suspiro y ¡maldita sea! No puedo, ese idiota de Gerardo me dejó plantada. ¿Por qué no pudo salir otro día con sus amigotes? ¿Por qué no vino a saciar a la mujer que hay en mí? ¡Lo necesitaba para que él apagara este fuego que me consume! Anhelaba el toque de un hombre, para mí era una necesidad básica como el hambre o la sed. Pero el muy bastardo no vino.
Me levanto y veo mi cuerpo reflejado en el espejo, miro mi teléfono en el sofá y considero volver a llamar a Gerardo. Luego desisto, él no vendrá. Otra vez observo mi joven cuerpo, firme y flexible. Tetas que desafiaban gallardas a la gravedad, mi culo solido a forma de pera. ¿Cómo es posible que ese imbécil prefiera a sus amigos a este maravilloso espectáculo de mujer? Creo que debo terminar con él. Él no me merece. ¡El muy cretino! Realmente debo dejarlo.
Ahora en casa sola. Decepcionada apago todas las luces y me meto bajo las cubiertas de la cama de mi padres. Me meto de costado. Pensaba en seguir masturbándome, pero los sentimientos y la furia contra mi novio no me dejan concentrarme. Me sentía algo deprimida y se me fueron las ganas. Ese estúpido de Gerardo había arruinado todo. Ahora necesito descansar, tal vez más tarde me vuelvan las ganas porque mi panocha ya está toda mojada.
Bajo las sábanas del lecho matrimonial me tranquilizo y comienzo a relajarme. La oscuridad de la habitación me hace conciliar el sueño y muy pronto me adormezco. Tal vez tenga un sueño hermoso. Mientras mi mente se pierde en las tinieblas, me parece escuchar en la lejanía el motor de algún vetusto camión; un solitario perro le ladra a alguien. Mi cuerpo vuela a años luz de aquí mientras acomodo mi cabeza en la algodonosa y suave almohada. Ojalá, papá, pudiera ver a su nenita en su cama. Me parece sentir su fragancia en la funda de la almohada, ¡Hmmmmm! Su presencia se siente en esta habitación oscura, tal vez sueñe con él.
*****
Mi sueño comienza con la figura de un hombre grande. De pecho amplio y fornido, cabellos oscuros con algunas incipientes canas. Su pecho está cubierto por la misma mezcla de vellos negros y canosos, pero rizados. Su mandíbula es robusta y cuadrada. Sus brazos son fuertes y musculosos, podría sostenerme fácilmente como lo haría con una bebé. Me siento pequeña ante su majestuoso porte varonil. Pero me siento tranquila porque sé que él jamás me hará daño, podría ser el amante perfecto para mí. Me toma en sus fuertes brazos y me toca como nadie lo ha hecho jamás, su ímpetu anula mi voluntad, hace que se ericen hasta los vellos de mi nuca y mi carne tiemble como gelatina.
Estoy en algún lugar muy lejano, en un universo paralelo, una realidad del todo diferente. Percibo movimientos, pasos apagados que se acercan, escucho vestimenta que cae, un suave beso sobre mi hombro me alerta, luego una repentina voz que murmura a mi lado.
—Hola, tesoro … Qué bueno que estés en casa …
Abro mis ojos y me despierto de sobresalto. La habitación esta oscura y solo una tenue luminosidad lunar dibuja sombras en la noche. La voz que escuché es la de mi padre. Él se acurruca a mi lado, su aroma me resulta tan familiar. ¡¡Papá estaba en casa pensando que yo era mi madre!!
Su mano derecha ancha y fuerte toma mi mejilla y la acerca a él. En la oscuridad sus labios encuentran mis labios y me besa en un modo en que no estaba acostumbrada. No es el beso de un padre, sino el de un marido amante que busca a su esposa. Su mano poderosa se desliza por mi hombro hacia mis pechos con un deseo creciente. Papá comienza a mordisquear mi cuello y lóbulo, me hace cosquillas, escucho su voz de barítono.
—¿Estás despierta, bebé? …
Inmediatamente entiendo el significado implícito de la pregunta. Papá me pretende.
Me quedé muda por el shock. Mi mente comienza a despertar y a aceptar de que esto no era un sueño. Su cálido aliento estaba sobre mi piel desnuda, podía sentir el peso enorme de su cuerpo a mi costado. Sus labios no cesaban de recorrer mi rostro, mejillas, boca, frente, para luego volver a mordisquear mi cuello, su mano ahuecándose sobre mis tetas, sus dedos aprisionando mis pezones. Esto parecía un sueño, pero no era así. Se sentía mucho mejor que un sueño y mi cuerpo crepitaba con energía sexual. Mi mente sobrepasada ya no podía discernir sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal. Mi cuerpo reaccionaba sintiendo todo muy bien. ¡Oh, Dios! ¡Necesito detener esto! ¡Tengo que decir algo!
—¡Uurrgghh! … ¡Ummmmmm! …
Él gruñe y su pecho retumba vibrante contra mí. Besa mi decolté y su boca húmeda se mueve a chupar mis tetas, su mano recorre mi vientre y se posa sobre mi monte de venus, luego entre mis muslos. El borde de su mano roza mis hinchados labios mojados. Besa y chupa mis tetas.
—Te extrañé, bebé …
Murmura con su respiración agitada, luego intenta ponerse encima de mí. Papá estaba tan cachondo como yo, cada una de sus acciones eran señal del apabullante deseo que arde en su interior y que quemaba mi piel. Fue entonces que me di cuenta. ¡Santo Dios! Lo siento como se restriega contra mi costado. ¡Papá está desnudo! ¡Tan desnudo como yo! Su polla empuja contra mi cadera, no está del todo dura, se siente suave y sé que está creciendo. ¡No, no, no! ¡Tenía que decir algo! ¡Tenía que decir algo! Abro la boca para hacerlo, pero los labios de papá me enmudecen, su lengua se mete en mi boca y muy luego mi lengua le hace compañía.
Imprevistamente, la mano de papá acaricia la parte interna de mi muslo y se desliza a ahuecar mi caldeada intimidad. Sus grandes manos separan mis piernas y su grueso dedo medio escarba entre mi mojada labia deslizándose a lo largo de mi ranura enfebrecida y ganosa.
—¡Uhhhhh! … ¡Oohhhhh! …
Jadeo en un susurro que me fue imposible contener. La cara de papá se mueve contra mis pechos y los besa un poco bruscamente y exclama.
—¡Rayos! … Estás toda mojada esta noche … También tú me extrañaste, ¿eh? …
¡Necesito decir algo! ¡Necesito decir algo! ¡Necesito decir algo! Siento que su largo y grueso dedo medio se desliza fácilmente dentro de mi apretada conchita mojada. Él lo empuja todo dentro de mí y por puro instinto animal los músculos de mi coño lo aferran firmemente. Casi me corro por la exquisita sensación.
—¡Uuhhhhh! …
Gimo incontrolablemente.
—¡Debes haber tenido lindos sueños! … ¡Estás terriblemente empapada! … ¡Ni siquiera vamos a necesitar lubricante esta noche! …
Dice en un tono apenas comprensible mientras succiona mis senos. Su lengua azota y se arremolina sobre mi rígido pezón.
—¡Uuhhhhh! …
Se me volvió a escapar un apagado gemido. Necesitaba decírselo. Debíamos detenernos. No podía permitir que esto sucediera. Estaría mal para él y para mí. Pero. Pero ¡Oh, Dios! Todavía no. Se lo diría pronto, pero no todavía. Se lo diría antes de que pasara algo.
—¡Oohhhhh, Dios! …
Balbuceé cuando su dedo se enterró profundamente y comenzó a moverse hacia adentro y hacia afuera, frotando las paredes de mi cuevita con mucha habilidad. Magistralmente esa punta gorda de su dedo se movía de uno a otro lado estimulando mi punto G, como si conociera a la perfección mi coño.
La succión de mis pechos apresando mis túrgidos pezones entre sus dientes, hacían contorsionar mi cuerpo en valía a sus caricias perfectas, libidinosas y habilidosas, provocando agudos chillidos saliendo de mi boca. Él escucha y se ríe. En la oscuridad podía escuchar claramente sus susurros.
—Eso fue muy lindo, bebé … ¡Hhmmmmm! …
Papá sorbe y chupa mis tetas ávidamente y agrega.
—Hueles muy bien esta noche, bebé …
—¡Oohhhhh! …
Se me escapó. Tenía que quedarme callada para que él no se detuviera, pero la sensación era tan intensa que no podía evitar de reaccionar a sus caricias.
Él continuó sus susurros arrimándose más a mí.
—¡Joder, cariño! … ¡Nunca te había sentido tan rica! … ¡Te extrañé muchísimo! …
—¡Uuhhhhh! …
Gemí mientras su dedo gordo y poderoso se mueve incansable dentro de mí. Su cuerpo peludo se arrima más a mí. Su masculinidad totalmente dura presiona mi cadera. No puedo evitarlo. Quiero tocarlo. Aunque sea sólo una vez. Sólo una vez.
Deslizo mi brazo entre nuestros cuerpos sudorosos, sigo la línea de su abdomen y me acerco a su hombría palpitante. Encuentro sus vellos púbicos, luego su pene. Suave y delicadamente lo envuelvo con mis dedos, su polla tiembla y pulsa, su piel es aterciopelada, tibia y elástica. Aprieto ligeramente y papá gime.
—¡Hhmmmmm! …
El sonido retumba en toda la habitación. Saber que le provoqué ese gemido me hace sentir aún más empoderada y cachonda. Es como un poderoso afrodisiaco. ¡Santo cielo! Ni siquiera puedo rodearlo con mis dedos, es más grueso de lo que pensaba. Papá es grande también en este campo. No es que haya visto tantos penes en mi vida, pero sin duda este era el más grueso. Mi coño enfebrecido ansiaba poder sentirlo en mi interior. Mi cuerpo entero estaba encendido por esa necesidad carnal incestuosa, casi animal.
Comienzo por magrearlo delicada y suavemente, apretando y aflojando, maravillándome como se sienten en mi mano las dimensiones increíbles de papá. Estaba disfrutando el mero hecho de tenerlo en mi mano. ¿Será que estoy soñando con los ojos abiertos? ¿Es este el cielo? Todo su cuerpo se tensó y me atrajo hacia él con inusitada pasión, como si se tratara de un animal en celo a punto de aparearse.
—¡Mhhhhh! … ¡Uugggrrrhhh! …
Ese gruñido masculino impetuoso sacude todo mi cuerpo y me acurruco más a él. Siento que su polla se mueve excitada y pulsante en mi mano, aumenta su grosor y separa aún más mis dedos. ¡Papá es magnífico! Comienza a moverse desde su lugar a mi costado hasta flotar sobre mí. Su forma enorme y oscura me cubre totalmente. Me besa ardorosamente. Con inusual fervor su lengua invade mi boca, tímidamente mi lengua le da la bienvenida y acarició esa polla sublime que empuja mi cadera. Mi lengua se trasforma en un remolino envolviendo la lengua de él, por primera vez saboreo su cálida y húmeda boca.
¡Oh, Dios! Deja que todo esto sea un sueño y no me dejes despertar ahora. Por favor … Por favor … Por favor. No quería que esto se detuviera y sí, sabía perfectamente que no era un sueño. Las sensaciones eran demasiado abrumadoras, totalmente apabullantes. Mi propio padre me estaba besando. Sus manos sujetaban mis pechos, su cuerpo poderoso casi aplastaba mis tetas. Estábamos en el lecho matrimonial donde él me besaba sensualmente como a una amante. Un beso que nunca terminaba. Un beso nuevo. Un beso que era mío, totalmente mío. “Aduladora caliente”, dice una vocecita dentro de mí, “Greta di algo”, “Detén esto”, “No puedes dejar que esto suceda”, insiste mi vocecita interior. Pero es mi cuerpo quien comanda, se mueve por un instinto primario, básico; mis piernas se ensanchan para dejar a mi padre colocarse entre ellas.
Como en un concierto sinfónico perfecto, los movimientos de mi padre están en perfecta armonía con los míos. Somos solo un hombre y una mujer dando rienda suelta a sus instintos patriarcales ancestrales. A medida que mis piernas se aflojan y se separan, él se posiciona para ocupar el espacio entre ellas. Sus muslos peludos rozan mis piernas lampiñas y más me abro para él. Otra vez escucho esa vocecita de algún lugar en la lejanía: “Esto está mal”, “Muy mal”, “Esto está muy mal, Greta”.
Lo beso apasionadamente y abro mi boca para que nuestras lenguas se conozcan y jueguen. Sus labios presionan los míos y me dan unas locas ganas de morderlo. Nuestras bocas se rozan y acarician, a veces se estrellan, brevemente se separan para luego volver a unirse con entrega genuina. Él me besaba como yo necesitaba ser besada. Tal como siempre soñé que debía ser un beso. Me besaba como se supone que un hombre debe besar a una mujer.
Siento su gran peso que se acomoda sobre mí y me encanta. Su estomago ancho y firme presionando mi vientre liso y hundido. Sus solidos pectorales velludos aplastando mis puntiagudas tetas. Mi figura parece insignificante ante su prestancia. Lo acojo con agrado, ¡oh!, cómo lo deseo. Me encanta sentir su peso cálido y estimulante. Me siento en la gloria. Anhelaba esto. Podría sucumbir bajo su peso y moriría feliz.
No obstante su peso, todavía tengo alguna libertad para moverme. Deslizo mis manos por sus costados y abrazo su torso musculoso y macizo. ¡Oh, mis piernas! Se siente fantástico envolver mis piernas sobre sus glúteos y tirarlo más hacia mí.
—¡Ummmmmm! …
Murmura delirante en mi boca. Es entonces que lo siento.
—¡Ahhhhh! … ¡Aaaahhh! …
Siento que roza mi hendedura mojada. Una vez más la vocecita comparece en mi mente y dice: “No, no, no”, pero mi cuerpo hace oídos sordos y dice: “Sí, sí, sí”. Separa sus labios de los míos brevemente y me dice.
—¡Te amo, bebé … Te amo! …
Mi cuerpo se derrite y mi femineidad se anega convirtiéndose en un charco. Lo aprieto contra de mi y balbuceo en un susurró inaudible con mi entrecortada respiración.
—¡Te amo … Te amo, papá! …
Su rostro está perdido en mi cuello, me besa y me chupa, su barba raspa mi delicada piel, tal vez me irrite, pero no me importa, todo me parece delicioso y maravilloso junto a él. Lame y mordisquea mi tierno lóbulo.
—¡Uummmmmm! …
Gimo. Sabía que mis sonidos podían delatarme y que arriesgaba de que todo terminara intempestivamente, pero me era imposible contener mi loca lujuria. De pronto lo escucho preguntarme.
—Elvira … ¿Greta está en casa? …
Me llama con el nombre de mamá. Mi corazón late fuerte en mi pecho. Me siento atrapada y de mi apretada garganta sale un solo jadeo y gruñido lacónico.
—Sí …
Quisiera decirle: “Sí, papá, estoy aquí contigo”, “Tu pequeña está justo bajo tu cuerpo”, “Aquí, papá, tu nenita te envuelve con sus piernas”.
Es justamente lo que hago, lo estrecho entre mis piernas y muevo mi ingle contra su miembro duro que presiona los labios henchidos de mi panocha.
—¡Oh! … Intentemos no hacer ruido entonces …
—¡Ah-ha! …
Me quejo mientras muerdo su hombro. ¡Dios, santo! ¿Por qué dije eso? Esto tiene que terminar. ¿Estar en el cielo? Eso no es real, no en esta vida. Debo detenerme ahora mismo. Su boca acalla cualquier vocablo mío. Respondo a su beso y su ímpetu ardorosamente empujando mi cuerpo contra él con la misma pasión que él me demuestra. Paso mi mano derecha por encima de su hombro y tomo su cabeza apretando mis labios contra los suyos. Mi mano izquierda baja por su espalda y empuja su cuerpo con más fuerza hacia mí.
Mi cuerpo se contorsiona debajo de él. Mis pechos túrgidos y endurecidos se frotan contra sus pectorales velludos y mis piernas se abren aún más. Siento la bulbosa cabeza que empuja contra la entrada de mi vulva. Mi sexo emanaba mis fluidos calientes como lava volcánica. Respiro con dificultad y sudo con el calor de su cuerpo a estrecho contacto con mi piel. Nunca había deseado tanto a hombre alguno en vida mía.
—¡Mmmmmmm! …
Gemimos juntos mientras continuamos con nuestro apasionado beso.
¡Oh!, ese peso de papá encima de mí. Ese cuerpo fornido y poderoso. Su carne cálida y suave. El familiar tono bajo de sus gemidos y gruñidos. La dulce sapidez de su boca que me besa y chupa. Aún cuando la oscuridad de la habitación no me permite ver su rostro, en mi mente está patente la imagen de su rostro atractivo y varonil. Y su fragancia personal; su propio perfume mezclado con el aroma masculino natural de su cuerpo. Ese aroma me trae los recuerdos más felices y formativos de mi niñez.
Recuerdos de cuándo él besaba y acariciaba mi rodilla rasguñada cuando me caí de la bicicleta la primera vez que le quitaron las ruedecitas estabilizadoras. Las veces que él me arrojó en el aire y me balanceó en el patio delantero de la casa. El tiempo que compartimos juntos columpiándonos en el columpio que él construyó para mí en una rama del gran roble de nuestro patio. Las ocasiones en que él me acunaba en sus brazos y me cantaba canciones de cuna. Los cuentos que él me contaba antes de adormecerme. Él ayudándome con mis tareas. Papá llevándome a mi primer baile. Papá pasándome las llaves de mi primer auto. Él siempre estuvo en el centro de mi vida.
Siempre lo amé. Desde el primer día de mi vida. Lo más preciado en toda mi vida. Tenía que detener esto aun cuando pareciera lo más correcto y justo. Esto no estaba bien. Esto estaba mal.
Él me penetra con una cierta brusquedad para lo cual no estaba preparada. La polla de papá se hundió en mi panocha resbaladiza profundamente. Cómo un cuchillo caliente escindiendo la mantequilla. No fue brusco, ni brutal, ni agitado; simplemente entró en mi cálido coño con firmeza y energía. Su dura masculinidad se deslizó en mí y se apoderó completamente de mi cuevita carnosa llenándome por completo.
—¡Oooooohhh! … ¡Uuuuuuhhh! …
Gemí calladamente escondiendo mi rostro en su cuello y arañando sus fornidos hombros. Él silenció mis guturales sonidos con su boca, si no lo hubiera hecho habría chillado para que todo el mundo supiera que la gran polla de papá estaba en mi conchita caliente.
La linda polla de él me llenaba como ningún otro hombre antes. Podía sentir mis pliegues siendo estirados para hacerse espacio en mi mojado interior. No era una sensación dolorosa ni incómoda. Era un estiramiento ardoroso, maravilloso, pleno y satisfactorio. Una saciedad perfecta y completa, podría decir exquisita. Y lo más hermoso es que él estaba crudo, entero y desnudo dentro de mí.
Nunca había tenido un pene dentro de mí sin un látex. Esto se sentía mucho mejor. Carne contra carne. La unión perfecta de dos convirtiéndose en uno. Me aferro a sus brazos agarrándolo tan fuerte como puedo. Siento que su polla se hincha y endurece en respuesta a mis movimientos y él se hunde dentro de mí una y otra vez, entonces lo aprieto con mis músculos vaginales y él gime y susurra en mi oreja.
—¡Hmmmmm, bebé! … Estás tan caliente, mojada y estrechita esta noche …
—¡Uugghh! …
Gimo complacida pensando en lo bien que se siente él dentro de mí. Siento cada centímetro de su venoso y grueso pene cada vez que él lo saca y luego lo empuja con vehemencia dentro de mi conchita y la llena en cada pequeño espacio restregando mis delicados pliegues.
Mis dientes rechinan. Mis labios y mandíbulas están tensos. Me obligo a no gritar al cielo el intenso placer que me provoca la polla de papá, me parece estar volando en el aire. Mi mente a ratos se queda en blanco, me siento hiperventilada.
—¡Hmmmmmm! …
Se me escapa en un suspiro. Mi cuerpo parece comenzar a temblar, me siento mareada. Mi oscura fantasía se hace realidad. Es innegable que la polla de papá es la mejor que he probado, sobrepasa incluso todos mis sueños, a ratos se siente cada vez mejor.
A posteriori, me dio unas embestidas largas y profundas y, de pronto, comenzó a acelerar su ritmo y sus caricias se hicieron más intensas. ¡Oh, Dios! Esto sí que se sentía rico. Repentinamente me aferra las manos de una forma un poco más brusca de lo habitual y me las tira más arriba de mi cabeza. Papá siempre había sido muy gentil conmigo y esto me toma por sorpresa. Ahora él me posee y se apodera de mí. Mis delgados dedos están entrelazados con sus fuertes dedos de hombre. Me siento expuesta y vulnerable. Deja escapar un gruñido animal que retumba en toda la habitación y dice.
—Te extrañé, bebé … Te voy a follar duro … Como a ti te gusta … Te lo voy a dar todo muy fuerte …
Su ingle se estrella contra la mía. Mi pequeño cuerpo parece rebotar sobre el colchón y sigo escuchando su voz.
—Tu también me echabas de meno, ¿eh? … Quieres que te folle, ¿verdad? …
—¡Ohhh! … ¡Ummmmmm! …
Casi grito. Papá me esta volviendo loca. Quisiera poder decirle: “Sí, papá …Fóllame fuerte”, “Fóllame, fóllame, papá”, “Fóllame fuerte”. Él parece leer mi mente y me inmoviliza con su peso y con el aferre de sus manos. Comienza a estrellarse contra de mí.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
El sonido de sus golpes llenan la habitación. Prepotentemente me hace brincar con cada golpe violento, en otra ocasión podría haber sido terrible, pero ahora lo sentía malditamente bien. Nuestros cuerpos chocaban con un sonido constante, sus gruñidos se iban intensificando, mi gemidos eran suaves, pero ya no podía ocultarlos; sólo evitaba de gritar para no delatarme.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
La potencia de su masculinidad en lo más profundo de mi ser una y otra vez, sin descanso. Llena mi coño como nunca nadie lo había hecho. Todavía su boca aprisionaba mis labios. Todavía su fragancia colmaba todos mis sentidos. Sus pectorales potentes, vellosos y sudados aplastan mi tetas colmas de mi propia sudoración. Su figura enorme encima de mí que se abalanzaba contra mi personita. Nuestros sonidos parecen música a mis oídos, como una perfecta y armoniosa serenata romántica. Estaba sintiendo una sobrecarga sensorial que iba más allá de lo físico. Todo mi cuerpo se estaba tensando como la cuerda de un violín. Mi alma parecía entonar cantos celestiales, ahora yo era su mujer y él era mi hombre. Nada más importaba. Mi hombre, mi amor, mi papá.
La esencia de mi ánima volaba junto a mí psique en nubes de colores. Un delicioso hormigueo se desplazaba desde mis pies hasta el centro de mi vientre. Mi respiración agitada se hacía cada vez más pesada. Mis piececitos estaban encorvados y mis manos apresadas entre los dedos de papá se crisparon. Me contorsioné, repté y me revolqué bajo el peso de papá. Exploté en un orgasmo que me hizo volar fuera de esta galaxia. Todos mis movimientos estaban sincronizados con los de él, como en una danza de hacer el amor.
Papá parece percatarse de lo que está sucediendo con mi cuerpo y me suelta las manos. Sus manos bajan velozmente y se meten debajo de mis glúteos. Me toca, me masajea y tira mi cuerpo contra su polla, no puedo creer lo que él me hace. Eleva mis sensaciones, ahora su polla está conectada con mi alma, lo muerdo y lo tiro contra de mí. Estoy convertida en una fiera entregándose a su macho, araño sus fuertes hombros que me zamarrean en la cama, floto en su polla grandiosa. ¡Jesús, santo! ¡Oh, no! ¡Está haciendo que me vuelva a correr!
—¡Uuuggghhhñññ! …
Gruño mordiendo su piel sudada.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
No hay más sonidos que las embestidas que me da mi papá. Toda su lujuria se descarga sobre mí. Empujes profundos y duros de su polla gruesa contra mi pequeño coño apretado y mojado. Lo oigo sonreír cuando dice.
—Te gusta correrte en mi polla, ¿eh? … Te corres para mí, ¿no? …
Quisiera gritar: ¡Sí, papá! ¡Fóllame! ¡Fóllame! ¡Fóllame!
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Su polla continua dándome un placer infinito. Más rápido y enérgico. Más brioso y exquisito que antes. Estaba empalada deliciosamente en su gran polla. Mi carne pegada a su carne. Mi cuerpo no podía resistir por mucho. Abro más mis piernas y empujo mis pelvis hacia arriba.
Mi cuerpo se convierte en luces de colores con matices mágicos. Deliciosos paños calientes envuelven todo mi cuerpo y escalofríos de placer parten desde mis piececitos y recorren mi espina dorsal hasta mis cabellos. Otra vez vuelo en un cielo multicolor y respiro con dificultad, pero percibo la fragancia varonil de papá que me cubre por completo. Siento el placer sensual del agua en nuestros cuerpos cálidos, es mi coño. Mi panocha explota y lanza chorros de fluidos contra el vientre de papá. ¡Oh, Dios! ¡Papá hace que me corra una vez más! ¡Oh, sí, papá! ¡Haz que tu nenita se vuelva a correr! ¡Haz que yo me corra en tu polla, papá!
Intempestivamente él saca su gran polla de mi coño, inmediatamente siento el enorme vacío y gimo en protesta. Mi coño todavía se contrae en espasmódicas convulsiones. Sin perdida de tiempo él se mueve hacia arriba. Veo en la oscuridad su enorme mole masculina musculosa que se acerca hacia mi cabeza. Vuelvo a tener en mente que él piensa de estar follando a mamá. Sus fuertes manos se apoderan de mi cabeza sorpresivamente y en el segundo siguiente, sentí el aroma de su polla cerca de mi nariz. El almizclado perfume a centímetros de mi cara. No alcancé a comprender su objetivo cuando su enorme mano se apoyó en mi nuca y la bulbosa cabezota de su pene estaba empujando entre mis dientes. Abrí la boca, él empujó mi cabeza y su pene estaba a estrecho contacto con mí lengua.
—¡Chúpalo, bebé! … ¡Chúpalo como a ti te gusta tanto! …
Sin dudarlo un momento comencé a besar su henchido glande. Con mi boca abierta viajé desde su cabezota hasta sus bolas peludas. Mi sapidez estaba en todo el largo de su pija, podía saborearme en eso. Deslicé mis labios carnosos por toda la envergadura de su pene, luego chupe sus bolas una a una. Lo oí gemir y eso me rinde feliz. Quiero hacerlo sentir bien. Mi lengua se enrolla entorno a su testículo que parece llenar mí boca. Seguidamente chupo fuerte y tomo su polla de nuevo en mi boca, él suelta un gruñido gutural.
—¡Sí, bebé! … ¡Uhhhhhh! … ¡Sigue así, bebé! …
Comienzo a tomar un ritmo sostenido y chupo su polla hacia atrás y hacia adelante. Su mano aferra mis cabellos y él folla mi boca. Me usa a su placer. Esto me subyuga y chupo con más ardor aún.
—¡Mmmmmmm! …
Gimo en un murmullo mientras esparzo mi saliva por toda la longitud de su polla. Papá comienza a mover sus caderas y al unísono su mano empuja mi cabeza contra su polla, todo en forma muy coordinada. Chupo, sorbo y unto su verga con mi lengua incansablemente.
—¡Ggggñññaaahhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! …
Cada gemido de papá me anima a chuparlo con más pasión y deseo. Quiero hacerlo sentir orgulloso de mi técnica. Tantos recuerdos de mi niñez pasan por mi mente. Quiero darle satisfacción. Debo hacer mi mejor actuación para él. Me llevo toda su polla profundamente en mí, haciéndola descender por mi laringe, me detengo solo para evitar un maldito reflejo nauseoso. Su pene gordo estaba presionando mi garganta, lo sostuve allí con determinación, hasta que necesite aire para respirar.
—¡Maldita sea, bebé! … ¡Nunca me habías chupado así! … ¿Cómo haces eso? … ¡Guau! …
Jadeó con incredulidad en la oscuridad. Le estoy haciendo la mejor mamada a papá. Agarro su pene a la base y lo masturbo mientras sigo chupándolo como una poseída. Mi cabeza se mueve vertiginosamente hacia atrás y hacia adelante. Mí lengua se lía perfectamente con la aterciopelada piel de su prepucio y recorre esa vara hasta el agujero al ápice de la bulbosa cabeza. Mi mano derecha lo masturba mientras mí izquierda acaricia sus bolas pesadas y vellosas. En modo incansable adoro su gran polla.
—Uuuugggrrrhhhñññ! …
Un gruñido de león retumba en su pecho y me hace estremecer. Quiero que él se corra. Quiero que me dé su semen. Aumento la velocidad de mis caricias. Me parece que su polla se pone más dura. ¡Qué rico es jugar con su pene!
—Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Hhhmmmmmm! …
Sus gemidos aumentan. Sus músculos se flexionan y se tensan. La mano detrás de mi cabeza me empuja más fuerte y rápido contra su polla. Había una complicidad tacita en chupar la polla de papá, a él le gustaba y a mí me encantaba. Mi cuerpo entero reaccionaba al estimulo enorme de tener la gran polla de papá en mi boca, me sentía a minutos cada vez más cachonda. Me toqué mi conchita y estaba goteando fluidos calientes.
—¡Uuuggghhhaaaaa, bebé! … ¡Me voy a correr! …
Lo escucho que me advierte. Siento que su mano me deja libre, pero no lo suelto, por el contrario, me arrimo más a él y sorbo y chupo más fuerte. Lo estoy llevando al límite, sus manos bajan y aferran mis hombros. Siento que su cuerpo se estremece y se tensa. Sus bolas están calientes y como que se contraen prontas a explotar. Entonces sucede.
—Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Uuhhhh! …
Su polla caliente pulsa y expele un chorro enorme de tibio semen. Masturbo su polla aún más rápido y él continúa a disparar densos borbotones. Mi mano aprieta y afloja su polla ordeñándolo, quiero que me dé todo su semen. Papá era bastante salado, estaba segura de que nunca olvidaría su sapidez.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Él continúa bombeando enérgicamente mientras yo trago, trago y trago. Cada chorro colma mi boca y sigo tragando con entusiasmo y voracidad. ¡Qué hermoso! ¡Genial! Hice que papá se corriera en mi boca, ¡Mmmmhhhh! Lo sostengo estrechamente en mi boca, no quiero soltarlo tan pronto, su cuerpo todavía se sacude y yo lamo con avidez su agujero en cima a la cabezota para extraer cada gramo de su cálida y sabrosa semilla. Lo oigo respirar afanosamente y siento que comienza a relajarse.
—¡Guau, cariño! … ¡Qué pervertida que estás esta noche! … ¡Te lo tragaste todo! … ¡Creo que haremos esto más a menudo! … ¡Aaahhhhh! …
Sus palabras hacen latir más fuerte mi corazón, quisiera decirle lo bien que me sentí chupando su gran polla. ¡Eres el mejor, papá! ¡Tu semen sabe muy rico!
Esta había sido una noche perfecta. Sabía que esto terminaría ahora. Seguramente el querrá irse a dormir. Mantengo su polla en mi mano y paso mi lengua por mis labios saboreando el sabor que él dejó en mi boca. De repente la cama cruje. Dos fuertes manos me agarran fuertemente. Yo pensaba que habíamos terminado, pero papá no era de la misma idea. Si bien su polla no estaba dura como palo, tampoco podría decir que se había reblandecido. Él toma mi cuerpo y me hace girar sobre la cama. Acto seguido coge mis piernas y las levanta hasta casi tocar mi cabeza. Lo siento que se coloca entre mis muslos abiertos, siento su respiración en mi panocha. Sus manos están sobre mi coño abierto y expuesto. Respiro expectante y luego no puedo reprimir un gemido.
—¡Aaahhhhhhhh! …
Sus dedos han abierto mi vulva y su lengua invade toda mi empapado coño. Observo la forma oscura metida sobre mi sexo abierto y escucho las sonoras lamidas de papá.
—¡Slurp! … ¡Slurp! … ¡Sooob! … ¡Sooob! … ¡Slurp! …
Tengo que morderme la mano para no gritar. Empujo mi montículo contra su boca y me siento morir de placer. Su lengua cálida, ancha y plana recorre toda mi conchita hasta rozar mi clítoris. ¡Oh, Jesús! Lo vuelve a hacer con más fuerza y esta vez azota mi botoncito con su lengua como un torbellino y mi panocha parece hervir. Su legua va y viene no sé por donde, a ratos está sobre mi montículo chupando mi clítoris, a ratos besa y lame mi vientre, luego hace lo mismo con mis muslos y, ¡Dios santo! Su lengua perversa dibuja círculos en mi apretado culo, creo que me voy a correr muy pronto si sigue así.
—¡Hmmmmm! …
Cierro los ojos y gimo concentrándome en permanecer callada disfrutando de las increíbles sensaciones que la boca de papá le da a mi concha.
—Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Slurp! … ¡Slurp! …
Me responde él sin dejar de chupar y lamerme toda por completo. Me encanta como papá se come mi coño. Trato de juntar mis piernas abrumada por la sensaciones, pero él las empuja hasta casi tocar mis tetas para seguir lamiéndome y chupándome. Me da profundos besos en mi coño cual si fuera una segunda boca. Sus labios se cierran sobre mi botoncito y su lengua lo azota una y otra vez, arqueo mi espalda desesperada y pellizco mis pezones duros como roca. Hasta la forma en que su dura barba araña mis delicadas carnes me hace temblar. Nunca nadie me había hecho sexo oral de esta manera, papá era un campeón para chupar coños. Le encantaba lo que hacía y era evidente que su habilidad era inigualable. Papá se comió mi coño por dentro y por fuera, de abajo hacia arriba, con gentileza y pasión, sin ignorar ninguna parte de mi sexo y me encantaba sentirlo resoplar mientras se bebía los jugos que emanaban de mi conchita. Incluso mordió suavemente mis labios externos antes de chuparlos y lamerlos acuciosamente.
Papá envuelve tiernamente mi clítoris y ¡Santo cielo! Lo chupa a un ritmo condenadamente lento, pero constante, lo sobajea, lo aplasta y los restriega dulcemente. ¡Uuhhhhh! ¡Qué sensación más encantadora! Su mano comienza a subir por mi pierna plegada sobre mi torso y se aproxima a mi vientre. De golpe recuerdo mi piercing en mi ombligo que podría delatarme, agarró su mano firmemente antes de que haga contacto, él entrecruza sus dedos con mis dedos y sigue chupando apasionadamente mi jugosa vulva. Su avezada lengua presiona con fuerza mi botón de amor y comienza un movimiento circular, suave y gentil que se siente divinamente bien. Enseguida él me penetra con dos de sus gruesos dedos y mi cuerpo se estremece, mi espalda se arquea y respiro en afano con la boca abierta sin dejar de gemir, mientras mi ingle empuja contra esos dedos invasores. Quisiera poder quedarme así para siempre. Con mi mano libre acaricio los cabellos de este hombre que me engendró, me dio la vida y ahora me hace morir de placer.
—¡Uuuugggrrrhhhñññ! …
Retumba su gruñido de macho y esto añade otro condimento a las delicias carnales de papá. Lentamente él me está llevando a la cima más alta del placer sexual. El tiempo parece congelarse. Mi respiro afanoso hace ininteligibles mis alabanzas que intento cantar para él.
—¡Mmmhhhhhh! … ¡Ssííííí! … ¡Qué rico! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Oh, Diooooooos! …
Agarro enérgicamente su cabellos y corcoveo como una potranca, quisiera gritarle: ¡Es por ti, papá! ¡Me estoy corriendo por ti! Su lengua me transporta a un universo ignoto, él me chupa y me lame y me entrego a “La petite mort”, me desvanezco revolcándome sobre la cama y él no me suelta ni siquiera un poco.
—¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Uuuuhhhh! … ¡Mmmmmmm! … ¡Te Amoooo! …
Se me escapa mientras exhalo mi último respiro afanoso y la oscura figura de papá levanta un poco su cabeza de mi panocha y me dice.
—¡Yo también te amo, bebé! …
Con la rapidez de un rayo, papá se arrodilla sobre la cama, me hace girar y coloca una almohada bajo mi vientre. Con sus rodillas empuja mis muslos hacia los lados, penetra mi coño con dos de sus dedos, los desliza tres o cuatro veces dentro fuera, luego se inclina sobre mí y me susurra.
—Te lo voy a dar fuerte y duro, bebé! …
—¡Hmmmmmm! …
Gimo sin poder gritarle: ¡Sí, papá, dámelo duro! ¡Fóllame fuerte! ¡Muéstrale a tu hija cómo un hombre de verdad se folla a una mujer! Por última vez escucho la vocecita que intenta hacerme entrar en razón. ¡¡¡Detén esto ahora!!! Pero la oigo tan lejana que hago caso omiso de esa. Quería solo ser una chica mala. La chica mala de papá y nada más importaba.
—¡Aaahhhhhh! …
Gimo placenteramente sorprendida cuando me encuentro con las gruesa polla de papá enterrada en mi concha y sus bolas peludas azotando mi clítoris.
—¡Slaps! … ¡Slaps! … ¡Slaps! … ¡Slaps! …
Es el sonido que se esparce por toda la habitación cuando papá comienza a follar mi coño desde atrás. Me trago el aullido que amenazó de escapar de mi boca, en lugar de eso empujo, gruño y me agito con desenfreno sexual sintiendo otra vez la gran polla que colma toda mi panocha.
—¡Paf! … ¡Paf! …
La cama cruje y papá me da dos palmadas en mis nalgas.
—¡Aaaayy! … ¡Aaaayy! …
Me quejo meneando mi culo contra su pija.
—¡Sssshhh, pervertida! … ¡Tu hija está en casa! …
Quisiera gritarle, “Sí, papá”, “Estoy aquí contigo”. Pero me limito a resistir sus dinámicas embestidas que amenazan con hacerme perder el equilibrio de mi cuerpo ligero que pesa la mitad de la envergadura física de mi él.
—¡Uuugggg! … ¡Uhhh! … ¡Hmmm! …
Gimo ante los impactos de papá rellenando mi coño.
—¡Sssshhh! … Je-je-je … ¡Paf! …
Ríe papá y me da otra sonora nalgada, enseguida se retira casi por completo y vuelve a penetrarme, esto me provoca escalofríos y temblores, mi cuerpo se estremece de puro placer. A continuación me resulta muy difícil poner en palabras lo que sucedió.
Esta vez no hubo ningún aviso. Con la fuerza poderosa que le otorga su físico, me agarra por las caderas, mis rodillas pierden contacto con la cama, estoy en el aire empalada en la polla de papá. Me embiste una y cien veces con su magnifica polla haciendo burbujear mi panocha. Me ataca en forma salvaje. Se convierte en un ser primordial, un selvático hombre de las cavernas que gruñe y embiste mi concha como jamás nadie lo ha hecho. Todas mis sensaciones están en mi concha y gimo y gruño de felicidad sintiéndome una amazona cavernícola ancestral. Su polla se desliza dentro de mí como un pistón en un cilindro. Me clava su ariete fuerte y rápido. Otra vez la habitación se llena con los sonidos de nuestros cuerpos estrellándose.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Me aferro con fuerzas a las almohadas mientras papá me sostiene en el aire clavándome su pija con toda su potencia viril. Impresionante su fuerza, su poder hercúleo, su feroz velocidad y su gran, gran polla horadando mi intimidad desenfrenadamente.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Estoy en pleno éxtasis, mis sentidos se agudizan aún más, quisiera escapar, pero me encanta lo que me está haciendo sentir papá y renuncio y permanezco allí para que él me haga todo lo que quiera hacerme. Mis piececitos están incurvados, mis piernas tiemblan, mis abdominales se tensan, siento hasta el aire que se filtra en mi pulmones. Me parece que mi ser abandona mi cuerpo que está gozando en modo frenético. Empujo mis tetas hacia afuera y mi espalda se arquea, mis cabellos parecen volar en el aire con cada embestida de papá. Trato de cubrir mi rostro con una almohada para acallar mis chillidos y mi cuerpo entero se estremece en un maravilloso orgasmo.
—¡Aaahhhhhh! … ¡Aaaaaayy, ssíííí! … ¡Que rico, papi! … ¡Uuuhhhhhh! … ¡Mmmmmmm! …
Un feliz orgasmo me mantiene respirando afanosamente, una vez más las almohadas amortiguan mis gritos, pero ya no parece importarme si él me escucha o no, estoy abrumada por el frenesí sexual donde él me transportaba.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Las embestidas de papá continúan sin cesar.
—¡Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Uuuugggrrrhhhñññ! …
Gime y gruñe como un animal. Los sonidos están acompañados con resuellos y resoplidos junto a su afanosa respiración. Mi cuerpo relativamente pequeño se sacudía y estremecía por las rudas embestidas de este hombre que me atacaba en modo bestial. En mi mente me repetía incansablemente: “Fóllame, papá”, “Fóllame fuerte”, “Folla a tu hija, papá”. Echo mi cabeza hacia atrás y grito.
—¡Aaahhhhhh! …
Sus manos me depositan sobre la cama, luego una de ellas agarra un puñado de mis cabellos y tira hacia atrás, la otra se mantiene en mi cadera derecha y continúa empujando su polla dentro de mí.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Él siguió follándome. Su resistencia era increíble, sobre humana. Y no me sorprendía. Papá era un super hombre. Él era perfecto. En algún momento me parece que salgo de mi cuerpo y me contorsiono gozando del placer exquisito que mi padre me da. Gimo y chillo empalada en la gran polla del hombre que me engendró, él me usa para su placer, mi cuerpo entero le pertenece. Tiemblo de pies a cabeza y me convierto en una muñeca sexual que mi padre puede follar a voluntad.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Papá me hace suya. Él me penetra sin descanso. La polla de papá entra y sale de mi vagina volviéndome loca. Su pene desnudo y desprotegido me folla en forma desinhibida y desenfrenada. Tira de mis cabellos. Agarra mis tetas. Me pellizca el trasero y me da de nalgadas. Me empuja e inmoviliza sobre la cama. No se detiene ni un segundo. Sin misericordia papá folla a su hija con una fuerza de la naturaleza implacable.
—¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! …
Gimo audiblemente.
—¡Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Él gruñe como un gran primate con cada embestida contra mi cuerpo.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Retumban sus embestidas por toda la habitación. Por su agitada respiración sabía que él se estaba aproximando a su clímax. Sus salvajes embestidas se vuelven más bestiales, como así también sus gruñidos. Sus manos me aferraban con tal fuerza que me causaba dolor. Me estaba follando con golpes cortos y rápidos. ¡Oh, no! Papá estaba a punto de correrse dentro de mí.
El duendecillo de mi conciencia me suplica desesperado: “No, detenlo! Y comienza una lucha en mi yo interior: ¡No! ¡Sí! ¡No! ¡Síííí! Siento que papá me aplasta en la cama con tremendas embestidas mientras su cuerpo se tensa y tiembla, su polla parece inflarse en mi panocha. Lo escucho que lanza un gruñido impresionante.
—¡Aaaahhhgggrrrr! …
Enseguida lo siento. Lo siento dentro de mí. Su polla vibra y pulsa.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
A cada gruñido un borbotón de semen candente se filtra entre los pliegues resbalosos y mojados de mi conchita; dentro de mi coño, muy, muy profundo. ¡Oh, Dios! Suspiro mientras los músculos de mi sexo succionan la gran polla que expele esperma tibio en mi fértil coño. Papá me sostiene fuerte, inmovilizada bajo su peso y sigue descargándose dentro de mí. Sus empujones se ralentizan a medida que la eyaculación de él se aminora y desvanece. Sus jadeos los siento cerca de mi oreja.
—¡Oh, bebé! … ¡Joder! … ¡Hmmmmmm! … ¡Eres fantástica, Elvira! …
Me siento feliz y orgullosa de escuchar sus suspiros de alegría y satisfacción, el problema es que él me llama con el nombre de mamá y esto me vuelve a la realidad.
—¡Hmmmmmm! …
Suspiro y atrapo su brazo contra mi pecho, estamos sudados y dichosos después de haber compartido nuestro placer. Es el meritado descanso de dos amantes que se han entregado completamente el uno al otro. Papá me besa el cuello y el hombro. Acaricia mi pecho y mi costado diciéndome dulces palabras. Siento un relajo y una modorra, todo parece un sueño. Un sueño imposible que quisiera que jamás terminara. Ojala pudiera estar siempre así, con él abrazándome en sus fuertes brazos. Mi corazón casi se detiene por completo, su mano está sobre mi vientre y uno de sus dedos se enganchó en mi piercing.
—¿Hmm? …
Los latidos de mi corazón se sienten fuerte en mi sien mientras los dedos de papá juguetean con el pequeño trozo metalizado inserto en mi ombligo.
—¿Qué? … ¿¿Qué es esto?? … ¿Tienes un piercing? …
El tono de su voz me asusta. Él me toca, luego me empuja alejándose de mí. Mi garganta está cerrada, apenas puedo respirar, una lágrima asoma a mis ojos. Estoy aterrorizada, siento que ha llegado mi hora, la hora de confesar, con un hilo de voz digo.
—Te amo, papi …
Su cuerpo se pone rígido y un segundo después retrocede como si mi cuerpo estuviera al rojo vivo.
—¿Gre … Gr-Greta? …
—Te amo, papi y lo siento … Lo siento, no me comporté bien …
Me giro tratando de alcanzarlo, pero él se baja de la cama y esto me rompe el corazón.
—¿Greta? … ¿Eres tu Greta? …
Siento la confusión en su voz acompañada de una ira justificable. Sigue balbuceando su shock en forma inentendible.
—¡Oh, Dios! … ¡Maldita sea! … ¿Qué diablos estás haciendo aquí? … ¡No! … ¡No puede ser! …
Me encojo sobre la cama compungida. Me gustaría volver a sus brazos. Me dolía mucho sentirlo conmocionado y enojado.
—Lo siento, papá … No quise hacer esto …
Mi voz sonaba como la de una niña que había roto algo, la voz de una niña culpable había roto la confianza de mi padre. Sin saber que decir, volví a repetir.
—No quise que esto sucediera, papi … Lo siento …
—¿No quisiste? … ¡No quisiste! … ¡Patrañas! … ¡Dios Santo! … ¿Qué has hecho? … ¡Mierda! …
—¡Te amo, papá! … ¡Abrázame! … ¡Abrázame, papá! … ¡Deveras lo siento! …
En la oscuridad estiro mis brazos, pero él me rechaza y esto me hiere. Él no me está escuchando, todavía exclama iracundo.
—¡Mierda, mierda, mierda! … ¡Maldita sea! … ¡Por favor! … ¡Dime que estás tomando la pastilla, por favor! …
—Yo … Yo … Te amo, papá … Eres un amante maravilloso …
—¡No digas eso! … ¡Nunca digas eso! …
Estiro una vez más mi mano, pero él la aleja inmediatamente.
—¡No me toques, mierda! …
—Lo siento, papi …
Suspiro tristemente. Terriblemente apenada espero lo que está por venir. Enseguida se hace un silencio aterrador. Los segundos parecen siglos. Se podía sentir en el aire la ira y la vergüenza de papá. Contemplo su figura oscura y veo que sus hombros de levantan y bajan repetidas veces luchando por contenerse. Me aterrorizo. Sé que él jamás me haría daño, pero me asusta lo que me va a decir una vez que se calme un poco. Luego escucho su voz perentoria.
—¡Sal de aquí! …
Grita exasperado.
—Papá … ¿Por qué no hablamos? …
No quiero dejarlo solo. Resoplo y me seco las lágrimas.
—Papá … Lo siento …
—¡Cállate! … ¡No tenemos nada que decirnos! … ¡No sucedió nada! … ¡Esto nunca sucedió! … ¡Ahora vete! … ¡Sal de la habitación! …
Mi corazón se siente destrozado. ¿Por qué dice eso? Sucedió y fue maravilloso. ¡Oh, papá!
—Papá, por favor …
—¡Nada! … ¡Vete! … ¡Fuera de aquí! …
Él grita. Me acobardo ante su indignación y su autoridad paternal.
—¿Esta bien, papá! … ¡Lo siento! …
Quisiera abrazarlo y pedirle que me abrace; que me dijera que todo estaba bien. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Lo había perdido todo. Me arrastro al borde de la cama y estiro mi mano para alcanzar la lampara que mamá tiene en el velador, pero él me detiene.
—¡No te atrevas a encender la luz, Greta! … ¡Sólo vete! …
—Pero papá … Mi ropa …
—¡Carajo! … ¡Sal de aquí ahora mismo! …
—Sí, papá …
Salgo de carrerita de la habitación y cierro la puerta detrás de mí. Fuera del dormitorio de mis padres tiemblo y respiro con dificultad, lloro y trato de recomponerme para calmar mi miedo y mis sentimientos de culpa. Respiro profundamente varias veces y logro relajarme un poco.
El aire frío absorbe el sudor de mi cuerpo desnudo y comienzo a tiritar. Pero dentro de mi cuerpo todavía podía sentir la cálida y preciosa semilla de papá. Su semen escurría por mis muslos. Las endorfinas producidas por mis numerosos orgasmos mantenían mi joven y fértil cuerpo vivo y animoso. Aún no me rendía cabalmente cuenta de la gravedad de todo lo acaecido y prontamente mis lágrimas desaparecen y me siento en la gloria después de haber sido penetrada sexualmente por mi propio padre.
Me apoyo hacia atrás en la puerta y cierro mis ojos. Pienso a que solo momentos antes estaba en los brazos de papá con él haciéndome el amor apasionadamente. Se dibuja una sonrisa en mi rostro. Él había sido todo mío. Por un breve lapso de tiempo él me había pertenecido como hombre, jamás podría olvidar todo lo que me hizo sentir. Envuelvo mis brazos alrededor de mi torso desnudo y me abrazo fuerte fantaseando que son los brazos de papá que me estrechan y me poseen. En la tenue luz del pasillo murmuro.
—¡Oh, papi! … ¡Cuánto te amo! …
Fin
***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****
El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
Ronroneo gimiendo seductoramente y agrego.
—Vamos, bebé … Mis padres no están en casa … Tenemos todo el lugar toda la noche para nos dos … Y estoy pensando solo a ti … Te extraño y te quiero aquí conmigo …
—¿Ah? … ¿Qué? … No te escucho bien … No sé qué dices …
El muy bastardo ni siquiera me estaba escuchando. De fondo puedo escuchar la música, las risas y el parloteo de sus amigos. Los mismos amigotes que siempre lo han alejado de mí. Se ríe de algo que está pasando antes de dirigirse a mí nuevamente.
—Lo siento, nena … Hay mucho ruido y no te escucho nada … Tengo que irme …
—¡Maldita sea, Gerardo! … Hace mucho que no nos ……
Hay muchas risas y algunos gritos que me interrumpen, al parecer está en una fiesta.
—Lo siento, nena … Ahora tengo que irme … Te amo … Otro día hablaremos … (Clic) …
¡Me cortó, el muy idiota! Furiosa arrojo mi teléfono sobre el sofá más cercano. Estaba harta de este hijo de buena madre. Nunca más volvería a hablarle. Gerardo era muy lindo, pero este océano está lleno de peces y yo sé muy bien que carnada poner en el anzuelo.
Me senté en la enorme cama de mis padres con las piernas cruzadas. Siento la suavidad del edredón blanco en mis piernas. Esperaba que Gerardo me follara en esta hermosa cama, la misma donde papá follaba a mamá. Me gustaba imaginar eso. La habitación sin duda tenía una carga erótica formidable. Era un lugar reservado para mamá y papá; este lugar no me correspondía. Solo que esta noche pensaba de vivir una fantasía haciendo el amor con Gerardo y pensaba llamar a mi novio “papá”. Era la palabra que más me excitaba y la principal fantasía en toda mi vida. Desafortunadamente el idiota de mi novio había arruinado todo.
Me miro al espejo de cuerpo entero en el armario de mamá. Estoy sentada en el cuarto de mis padres con censurables pensamientos en mi cabeza. Muerdo mi labio inferior y sonrío en forma cachonda. Mis ojos verde esmeralda lanzan chispas lucientes pensando a tantas cosas prohibidas. Aunque estoy furiosa, mi sonrisa no desaparece, estoy muy caliente también. Iba a dejar que mi novio me trajera sobre esta cama y follara todos mis agujeros mientras yo le decía; “Sí, papá” “Fóllame, papá” “Oh, papá, hazme tu puta” “Déjame chupar tu polla, papi”. Todas cosas deliciosamente malvadas y pecaminosas … hmmmmmm.
Como mínimo, esperaba jugar conmigo misma mientras teníamos sexo telefónico. Pero no, nada de eso fue posible porque el imbécil de Gerardo prefería estar de fiesta con sus amigos. ¡Maldita sea! Con papá fuera de la ciudad por negocios y mamá cuidando a la abuela, iba a pasar una noche muy extraña, pero muy satisfactoria. ¡Si Gerardo hubiera venido a estar conmigo le habría regalado una noche que jamás olvidaría! ¡Maldito estúpido!
Mis ojos vagaron por encima de la enorme cama y mi mente divagó pensando en todas las veces que mi padre le habrá hecho el amor a mi madre. Podía sentir como se humedecían mis hinchados y calientes labios por la excitación. ¡Dios santo! ¿Cuál será el secreto de mamá? ¿Cómo hizo ella para encontrar un hombre como papá? He salido con un montón de chicos, pero ninguno de ellos me hizo sentir las cosas que papá le hacía sentir a mamá. Todos ellos egocentristas, interesados en sus propias cosas, privilegiando un videojuego a un encuentro sexual con una chica. Pero papá … ¡Ohh, papá! ¡Qué hombre más maravilloso! Él si que es un hombre de verdad. Un gran hombre, tanto en estatura como en carácter. No era un hombre frívolo, siempre con un adecuado sentido del humor con todos los que lo rodeaban. Un hombre con grandes apetitos, pero con la disciplina suficiente para controlarlos. Papá es un hombre audaz, inteligente y dinámico. Admirado por muchos otros hombres. Un líder nato. Las mujeres lo seguían y deseaban; no sé cuantas veces había visto mujeres detrás de él ofreciéndose a él ganosas y deseosas, pero papá jamás traicionaría a mamá.
Paso mi lengua por mis labios resecos. De repente siento que hace mucho calor aquí. Me rio de mis pensamientos. Me quito la camiseta de tirantes, luego mis jeans. Comienzo a sentir maripositas revoloteando en mi vientre y deliciosas cosquillas en mi conchita. Miré mi piel de alabastro expuesta contra el blanco lirio de la cama. Pensé, ¿qué sucedería si en este momento entraran y me encontraran medio desnuda sobre el lecho matrimonial? Vuelvo a reírme, me giro y me pongo boca abajo, disfrutando de la delicada tela sobre mi sensible piel. Me inclino y me contorsiono pensado a que papá está mirándome. ¡Hmmmmmm! ¿Por qué Gerardo no pudo venir? ¡Dios! Necesito un hombre aquí ahora mismo. Gerardo no es el mejor amante, pero aún así lo necesitaba aquí, si él me tocara me correría como una puta. Mi piel desnuda se deleita con la suavidad del edredón. El estar semi desnuda en la habitación de mis padres, recostada sobre la cama donde ellos hacen el amor me excita sobre manera. Decido continuar con este juego que me pone cachonda.
Me pongo de rodillas y monto una almohada, comienzo a mover mis caderas lentamente, provocativamente, eróticamente. Me muevo de una manera como si estuviera montando la polla de un hombre. Me miro al espejo, mis tetas se cimbran cubiertas por mi sujetador, mi coño parece lleno de brasas calientes y mi mente arde con imágenes tabú. Imagino de ser mamá que monta a papá, me asemejo mucho a ella con mis cabellos rubios y mi piel lechosa, solo que soy veintitrés años más joven y tengo un piercing en mi ombligo.
Deshago el broche de mi sostén y lo dejo caer, mis manos mantienen las copas cubriendo mis senos, las suelto y la prenda cae sobre la cama, mis duros pezones se reflejan en el espejo respingados y juguetones. Mis sienes laten al ritmo de mi corazón. Me estoy dejando llevar mientras restregó mi panocha contra la almohada. Se siente maravilloso aunque sé que no debería estar haciendo esto. Comienzo a moverme más de prisa, mi cuerpo me compele a apurar mis movimientos, me obligo a acelerar mi oscilación y frotación contra la almohada. Subo mis manos a mis tetas desnudas y las aplasto imaginando las manos de papá, pellizco mis pezones y lanzo gemidos que se esparcen por toda la habitación. Continuo a montar a mi amante imaginario, restregando más fuerte mi coño contra la almohada y acariciando mi cuerpo caliente. No puedo resistir más, rápidamente me quito mis bragas humedecidas, todo mi entrepierna está empapado, hay una mancha sobre la almohada.
Sigo arrodillada montando la almohada meciéndome incesantemente. Cierro los ojos, dejo caer mi cabeza hacia atrás, disfruto la desnudez de mi piel a estrecho contacto con la suave tela de la almohada; no debería estar sintiendo estos ardientes deseos en la cama de papá, mi cuerpo parece estar en llamas. Me muevo más rápido, lanzo un largo suspiro y ¡maldita sea! No puedo, ese idiota de Gerardo me dejó plantada. ¿Por qué no pudo salir otro día con sus amigotes? ¿Por qué no vino a saciar a la mujer que hay en mí? ¡Lo necesitaba para que él apagara este fuego que me consume! Anhelaba el toque de un hombre, para mí era una necesidad básica como el hambre o la sed. Pero el muy bastardo no vino.
Me levanto y veo mi cuerpo reflejado en el espejo, miro mi teléfono en el sofá y considero volver a llamar a Gerardo. Luego desisto, él no vendrá. Otra vez observo mi joven cuerpo, firme y flexible. Tetas que desafiaban gallardas a la gravedad, mi culo solido a forma de pera. ¿Cómo es posible que ese imbécil prefiera a sus amigos a este maravilloso espectáculo de mujer? Creo que debo terminar con él. Él no me merece. ¡El muy cretino! Realmente debo dejarlo.
Ahora en casa sola. Decepcionada apago todas las luces y me meto bajo las cubiertas de la cama de mi padres. Me meto de costado. Pensaba en seguir masturbándome, pero los sentimientos y la furia contra mi novio no me dejan concentrarme. Me sentía algo deprimida y se me fueron las ganas. Ese estúpido de Gerardo había arruinado todo. Ahora necesito descansar, tal vez más tarde me vuelvan las ganas porque mi panocha ya está toda mojada.
Bajo las sábanas del lecho matrimonial me tranquilizo y comienzo a relajarme. La oscuridad de la habitación me hace conciliar el sueño y muy pronto me adormezco. Tal vez tenga un sueño hermoso. Mientras mi mente se pierde en las tinieblas, me parece escuchar en la lejanía el motor de algún vetusto camión; un solitario perro le ladra a alguien. Mi cuerpo vuela a años luz de aquí mientras acomodo mi cabeza en la algodonosa y suave almohada. Ojalá, papá, pudiera ver a su nenita en su cama. Me parece sentir su fragancia en la funda de la almohada, ¡Hmmmmm! Su presencia se siente en esta habitación oscura, tal vez sueñe con él.
*****
Mi sueño comienza con la figura de un hombre grande. De pecho amplio y fornido, cabellos oscuros con algunas incipientes canas. Su pecho está cubierto por la misma mezcla de vellos negros y canosos, pero rizados. Su mandíbula es robusta y cuadrada. Sus brazos son fuertes y musculosos, podría sostenerme fácilmente como lo haría con una bebé. Me siento pequeña ante su majestuoso porte varonil. Pero me siento tranquila porque sé que él jamás me hará daño, podría ser el amante perfecto para mí. Me toma en sus fuertes brazos y me toca como nadie lo ha hecho jamás, su ímpetu anula mi voluntad, hace que se ericen hasta los vellos de mi nuca y mi carne tiemble como gelatina.
Estoy en algún lugar muy lejano, en un universo paralelo, una realidad del todo diferente. Percibo movimientos, pasos apagados que se acercan, escucho vestimenta que cae, un suave beso sobre mi hombro me alerta, luego una repentina voz que murmura a mi lado.
—Hola, tesoro … Qué bueno que estés en casa …
Abro mis ojos y me despierto de sobresalto. La habitación esta oscura y solo una tenue luminosidad lunar dibuja sombras en la noche. La voz que escuché es la de mi padre. Él se acurruca a mi lado, su aroma me resulta tan familiar. ¡¡Papá estaba en casa pensando que yo era mi madre!!
Su mano derecha ancha y fuerte toma mi mejilla y la acerca a él. En la oscuridad sus labios encuentran mis labios y me besa en un modo en que no estaba acostumbrada. No es el beso de un padre, sino el de un marido amante que busca a su esposa. Su mano poderosa se desliza por mi hombro hacia mis pechos con un deseo creciente. Papá comienza a mordisquear mi cuello y lóbulo, me hace cosquillas, escucho su voz de barítono.
—¿Estás despierta, bebé? …
Inmediatamente entiendo el significado implícito de la pregunta. Papá me pretende.
Me quedé muda por el shock. Mi mente comienza a despertar y a aceptar de que esto no era un sueño. Su cálido aliento estaba sobre mi piel desnuda, podía sentir el peso enorme de su cuerpo a mi costado. Sus labios no cesaban de recorrer mi rostro, mejillas, boca, frente, para luego volver a mordisquear mi cuello, su mano ahuecándose sobre mis tetas, sus dedos aprisionando mis pezones. Esto parecía un sueño, pero no era así. Se sentía mucho mejor que un sueño y mi cuerpo crepitaba con energía sexual. Mi mente sobrepasada ya no podía discernir sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal. Mi cuerpo reaccionaba sintiendo todo muy bien. ¡Oh, Dios! ¡Necesito detener esto! ¡Tengo que decir algo!
—¡Uurrgghh! … ¡Ummmmmm! …
Él gruñe y su pecho retumba vibrante contra mí. Besa mi decolté y su boca húmeda se mueve a chupar mis tetas, su mano recorre mi vientre y se posa sobre mi monte de venus, luego entre mis muslos. El borde de su mano roza mis hinchados labios mojados. Besa y chupa mis tetas.
—Te extrañé, bebé …
Murmura con su respiración agitada, luego intenta ponerse encima de mí. Papá estaba tan cachondo como yo, cada una de sus acciones eran señal del apabullante deseo que arde en su interior y que quemaba mi piel. Fue entonces que me di cuenta. ¡Santo Dios! Lo siento como se restriega contra mi costado. ¡Papá está desnudo! ¡Tan desnudo como yo! Su polla empuja contra mi cadera, no está del todo dura, se siente suave y sé que está creciendo. ¡No, no, no! ¡Tenía que decir algo! ¡Tenía que decir algo! Abro la boca para hacerlo, pero los labios de papá me enmudecen, su lengua se mete en mi boca y muy luego mi lengua le hace compañía.
Imprevistamente, la mano de papá acaricia la parte interna de mi muslo y se desliza a ahuecar mi caldeada intimidad. Sus grandes manos separan mis piernas y su grueso dedo medio escarba entre mi mojada labia deslizándose a lo largo de mi ranura enfebrecida y ganosa.
—¡Uhhhhh! … ¡Oohhhhh! …
Jadeo en un susurro que me fue imposible contener. La cara de papá se mueve contra mis pechos y los besa un poco bruscamente y exclama.
—¡Rayos! … Estás toda mojada esta noche … También tú me extrañaste, ¿eh? …
¡Necesito decir algo! ¡Necesito decir algo! ¡Necesito decir algo! Siento que su largo y grueso dedo medio se desliza fácilmente dentro de mi apretada conchita mojada. Él lo empuja todo dentro de mí y por puro instinto animal los músculos de mi coño lo aferran firmemente. Casi me corro por la exquisita sensación.
—¡Uuhhhhh! …
Gimo incontrolablemente.
—¡Debes haber tenido lindos sueños! … ¡Estás terriblemente empapada! … ¡Ni siquiera vamos a necesitar lubricante esta noche! …
Dice en un tono apenas comprensible mientras succiona mis senos. Su lengua azota y se arremolina sobre mi rígido pezón.
—¡Uuhhhhh! …
Se me volvió a escapar un apagado gemido. Necesitaba decírselo. Debíamos detenernos. No podía permitir que esto sucediera. Estaría mal para él y para mí. Pero. Pero ¡Oh, Dios! Todavía no. Se lo diría pronto, pero no todavía. Se lo diría antes de que pasara algo.
—¡Oohhhhh, Dios! …
Balbuceé cuando su dedo se enterró profundamente y comenzó a moverse hacia adentro y hacia afuera, frotando las paredes de mi cuevita con mucha habilidad. Magistralmente esa punta gorda de su dedo se movía de uno a otro lado estimulando mi punto G, como si conociera a la perfección mi coño.
La succión de mis pechos apresando mis túrgidos pezones entre sus dientes, hacían contorsionar mi cuerpo en valía a sus caricias perfectas, libidinosas y habilidosas, provocando agudos chillidos saliendo de mi boca. Él escucha y se ríe. En la oscuridad podía escuchar claramente sus susurros.
—Eso fue muy lindo, bebé … ¡Hhmmmmm! …
Papá sorbe y chupa mis tetas ávidamente y agrega.
—Hueles muy bien esta noche, bebé …
—¡Oohhhhh! …
Se me escapó. Tenía que quedarme callada para que él no se detuviera, pero la sensación era tan intensa que no podía evitar de reaccionar a sus caricias.
Él continuó sus susurros arrimándose más a mí.
—¡Joder, cariño! … ¡Nunca te había sentido tan rica! … ¡Te extrañé muchísimo! …
—¡Uuhhhhh! …
Gemí mientras su dedo gordo y poderoso se mueve incansable dentro de mí. Su cuerpo peludo se arrima más a mí. Su masculinidad totalmente dura presiona mi cadera. No puedo evitarlo. Quiero tocarlo. Aunque sea sólo una vez. Sólo una vez.
Deslizo mi brazo entre nuestros cuerpos sudorosos, sigo la línea de su abdomen y me acerco a su hombría palpitante. Encuentro sus vellos púbicos, luego su pene. Suave y delicadamente lo envuelvo con mis dedos, su polla tiembla y pulsa, su piel es aterciopelada, tibia y elástica. Aprieto ligeramente y papá gime.
—¡Hhmmmmm! …
El sonido retumba en toda la habitación. Saber que le provoqué ese gemido me hace sentir aún más empoderada y cachonda. Es como un poderoso afrodisiaco. ¡Santo cielo! Ni siquiera puedo rodearlo con mis dedos, es más grueso de lo que pensaba. Papá es grande también en este campo. No es que haya visto tantos penes en mi vida, pero sin duda este era el más grueso. Mi coño enfebrecido ansiaba poder sentirlo en mi interior. Mi cuerpo entero estaba encendido por esa necesidad carnal incestuosa, casi animal.
Comienzo por magrearlo delicada y suavemente, apretando y aflojando, maravillándome como se sienten en mi mano las dimensiones increíbles de papá. Estaba disfrutando el mero hecho de tenerlo en mi mano. ¿Será que estoy soñando con los ojos abiertos? ¿Es este el cielo? Todo su cuerpo se tensó y me atrajo hacia él con inusitada pasión, como si se tratara de un animal en celo a punto de aparearse.
—¡Mhhhhh! … ¡Uugggrrrhhh! …
Ese gruñido masculino impetuoso sacude todo mi cuerpo y me acurruco más a él. Siento que su polla se mueve excitada y pulsante en mi mano, aumenta su grosor y separa aún más mis dedos. ¡Papá es magnífico! Comienza a moverse desde su lugar a mi costado hasta flotar sobre mí. Su forma enorme y oscura me cubre totalmente. Me besa ardorosamente. Con inusual fervor su lengua invade mi boca, tímidamente mi lengua le da la bienvenida y acarició esa polla sublime que empuja mi cadera. Mi lengua se trasforma en un remolino envolviendo la lengua de él, por primera vez saboreo su cálida y húmeda boca.
¡Oh, Dios! Deja que todo esto sea un sueño y no me dejes despertar ahora. Por favor … Por favor … Por favor. No quería que esto se detuviera y sí, sabía perfectamente que no era un sueño. Las sensaciones eran demasiado abrumadoras, totalmente apabullantes. Mi propio padre me estaba besando. Sus manos sujetaban mis pechos, su cuerpo poderoso casi aplastaba mis tetas. Estábamos en el lecho matrimonial donde él me besaba sensualmente como a una amante. Un beso que nunca terminaba. Un beso nuevo. Un beso que era mío, totalmente mío. “Aduladora caliente”, dice una vocecita dentro de mí, “Greta di algo”, “Detén esto”, “No puedes dejar que esto suceda”, insiste mi vocecita interior. Pero es mi cuerpo quien comanda, se mueve por un instinto primario, básico; mis piernas se ensanchan para dejar a mi padre colocarse entre ellas.
Como en un concierto sinfónico perfecto, los movimientos de mi padre están en perfecta armonía con los míos. Somos solo un hombre y una mujer dando rienda suelta a sus instintos patriarcales ancestrales. A medida que mis piernas se aflojan y se separan, él se posiciona para ocupar el espacio entre ellas. Sus muslos peludos rozan mis piernas lampiñas y más me abro para él. Otra vez escucho esa vocecita de algún lugar en la lejanía: “Esto está mal”, “Muy mal”, “Esto está muy mal, Greta”.
Lo beso apasionadamente y abro mi boca para que nuestras lenguas se conozcan y jueguen. Sus labios presionan los míos y me dan unas locas ganas de morderlo. Nuestras bocas se rozan y acarician, a veces se estrellan, brevemente se separan para luego volver a unirse con entrega genuina. Él me besaba como yo necesitaba ser besada. Tal como siempre soñé que debía ser un beso. Me besaba como se supone que un hombre debe besar a una mujer.
Siento su gran peso que se acomoda sobre mí y me encanta. Su estomago ancho y firme presionando mi vientre liso y hundido. Sus solidos pectorales velludos aplastando mis puntiagudas tetas. Mi figura parece insignificante ante su prestancia. Lo acojo con agrado, ¡oh!, cómo lo deseo. Me encanta sentir su peso cálido y estimulante. Me siento en la gloria. Anhelaba esto. Podría sucumbir bajo su peso y moriría feliz.
No obstante su peso, todavía tengo alguna libertad para moverme. Deslizo mis manos por sus costados y abrazo su torso musculoso y macizo. ¡Oh, mis piernas! Se siente fantástico envolver mis piernas sobre sus glúteos y tirarlo más hacia mí.
—¡Ummmmmm! …
Murmura delirante en mi boca. Es entonces que lo siento.
—¡Ahhhhh! … ¡Aaaahhh! …
Siento que roza mi hendedura mojada. Una vez más la vocecita comparece en mi mente y dice: “No, no, no”, pero mi cuerpo hace oídos sordos y dice: “Sí, sí, sí”. Separa sus labios de los míos brevemente y me dice.
—¡Te amo, bebé … Te amo! …
Mi cuerpo se derrite y mi femineidad se anega convirtiéndose en un charco. Lo aprieto contra de mi y balbuceo en un susurró inaudible con mi entrecortada respiración.
—¡Te amo … Te amo, papá! …
Su rostro está perdido en mi cuello, me besa y me chupa, su barba raspa mi delicada piel, tal vez me irrite, pero no me importa, todo me parece delicioso y maravilloso junto a él. Lame y mordisquea mi tierno lóbulo.
—¡Uummmmmm! …
Gimo. Sabía que mis sonidos podían delatarme y que arriesgaba de que todo terminara intempestivamente, pero me era imposible contener mi loca lujuria. De pronto lo escucho preguntarme.
—Elvira … ¿Greta está en casa? …
Me llama con el nombre de mamá. Mi corazón late fuerte en mi pecho. Me siento atrapada y de mi apretada garganta sale un solo jadeo y gruñido lacónico.
—Sí …
Quisiera decirle: “Sí, papá, estoy aquí contigo”, “Tu pequeña está justo bajo tu cuerpo”, “Aquí, papá, tu nenita te envuelve con sus piernas”.
Es justamente lo que hago, lo estrecho entre mis piernas y muevo mi ingle contra su miembro duro que presiona los labios henchidos de mi panocha.
—¡Oh! … Intentemos no hacer ruido entonces …
—¡Ah-ha! …
Me quejo mientras muerdo su hombro. ¡Dios, santo! ¿Por qué dije eso? Esto tiene que terminar. ¿Estar en el cielo? Eso no es real, no en esta vida. Debo detenerme ahora mismo. Su boca acalla cualquier vocablo mío. Respondo a su beso y su ímpetu ardorosamente empujando mi cuerpo contra él con la misma pasión que él me demuestra. Paso mi mano derecha por encima de su hombro y tomo su cabeza apretando mis labios contra los suyos. Mi mano izquierda baja por su espalda y empuja su cuerpo con más fuerza hacia mí.
Mi cuerpo se contorsiona debajo de él. Mis pechos túrgidos y endurecidos se frotan contra sus pectorales velludos y mis piernas se abren aún más. Siento la bulbosa cabeza que empuja contra la entrada de mi vulva. Mi sexo emanaba mis fluidos calientes como lava volcánica. Respiro con dificultad y sudo con el calor de su cuerpo a estrecho contacto con mi piel. Nunca había deseado tanto a hombre alguno en vida mía.
—¡Mmmmmmm! …
Gemimos juntos mientras continuamos con nuestro apasionado beso.
¡Oh!, ese peso de papá encima de mí. Ese cuerpo fornido y poderoso. Su carne cálida y suave. El familiar tono bajo de sus gemidos y gruñidos. La dulce sapidez de su boca que me besa y chupa. Aún cuando la oscuridad de la habitación no me permite ver su rostro, en mi mente está patente la imagen de su rostro atractivo y varonil. Y su fragancia personal; su propio perfume mezclado con el aroma masculino natural de su cuerpo. Ese aroma me trae los recuerdos más felices y formativos de mi niñez.
Recuerdos de cuándo él besaba y acariciaba mi rodilla rasguñada cuando me caí de la bicicleta la primera vez que le quitaron las ruedecitas estabilizadoras. Las veces que él me arrojó en el aire y me balanceó en el patio delantero de la casa. El tiempo que compartimos juntos columpiándonos en el columpio que él construyó para mí en una rama del gran roble de nuestro patio. Las ocasiones en que él me acunaba en sus brazos y me cantaba canciones de cuna. Los cuentos que él me contaba antes de adormecerme. Él ayudándome con mis tareas. Papá llevándome a mi primer baile. Papá pasándome las llaves de mi primer auto. Él siempre estuvo en el centro de mi vida.
Siempre lo amé. Desde el primer día de mi vida. Lo más preciado en toda mi vida. Tenía que detener esto aun cuando pareciera lo más correcto y justo. Esto no estaba bien. Esto estaba mal.
Él me penetra con una cierta brusquedad para lo cual no estaba preparada. La polla de papá se hundió en mi panocha resbaladiza profundamente. Cómo un cuchillo caliente escindiendo la mantequilla. No fue brusco, ni brutal, ni agitado; simplemente entró en mi cálido coño con firmeza y energía. Su dura masculinidad se deslizó en mí y se apoderó completamente de mi cuevita carnosa llenándome por completo.
—¡Oooooohhh! … ¡Uuuuuuhhh! …
Gemí calladamente escondiendo mi rostro en su cuello y arañando sus fornidos hombros. Él silenció mis guturales sonidos con su boca, si no lo hubiera hecho habría chillado para que todo el mundo supiera que la gran polla de papá estaba en mi conchita caliente.
La linda polla de él me llenaba como ningún otro hombre antes. Podía sentir mis pliegues siendo estirados para hacerse espacio en mi mojado interior. No era una sensación dolorosa ni incómoda. Era un estiramiento ardoroso, maravilloso, pleno y satisfactorio. Una saciedad perfecta y completa, podría decir exquisita. Y lo más hermoso es que él estaba crudo, entero y desnudo dentro de mí.
Nunca había tenido un pene dentro de mí sin un látex. Esto se sentía mucho mejor. Carne contra carne. La unión perfecta de dos convirtiéndose en uno. Me aferro a sus brazos agarrándolo tan fuerte como puedo. Siento que su polla se hincha y endurece en respuesta a mis movimientos y él se hunde dentro de mí una y otra vez, entonces lo aprieto con mis músculos vaginales y él gime y susurra en mi oreja.
—¡Hmmmmm, bebé! … Estás tan caliente, mojada y estrechita esta noche …
—¡Uugghh! …
Gimo complacida pensando en lo bien que se siente él dentro de mí. Siento cada centímetro de su venoso y grueso pene cada vez que él lo saca y luego lo empuja con vehemencia dentro de mi conchita y la llena en cada pequeño espacio restregando mis delicados pliegues.
Mis dientes rechinan. Mis labios y mandíbulas están tensos. Me obligo a no gritar al cielo el intenso placer que me provoca la polla de papá, me parece estar volando en el aire. Mi mente a ratos se queda en blanco, me siento hiperventilada.
—¡Hmmmmmm! …
Se me escapa en un suspiro. Mi cuerpo parece comenzar a temblar, me siento mareada. Mi oscura fantasía se hace realidad. Es innegable que la polla de papá es la mejor que he probado, sobrepasa incluso todos mis sueños, a ratos se siente cada vez mejor.
A posteriori, me dio unas embestidas largas y profundas y, de pronto, comenzó a acelerar su ritmo y sus caricias se hicieron más intensas. ¡Oh, Dios! Esto sí que se sentía rico. Repentinamente me aferra las manos de una forma un poco más brusca de lo habitual y me las tira más arriba de mi cabeza. Papá siempre había sido muy gentil conmigo y esto me toma por sorpresa. Ahora él me posee y se apodera de mí. Mis delgados dedos están entrelazados con sus fuertes dedos de hombre. Me siento expuesta y vulnerable. Deja escapar un gruñido animal que retumba en toda la habitación y dice.
—Te extrañé, bebé … Te voy a follar duro … Como a ti te gusta … Te lo voy a dar todo muy fuerte …
Su ingle se estrella contra la mía. Mi pequeño cuerpo parece rebotar sobre el colchón y sigo escuchando su voz.
—Tu también me echabas de meno, ¿eh? … Quieres que te folle, ¿verdad? …
—¡Ohhh! … ¡Ummmmmm! …
Casi grito. Papá me esta volviendo loca. Quisiera poder decirle: “Sí, papá …Fóllame fuerte”, “Fóllame, fóllame, papá”, “Fóllame fuerte”. Él parece leer mi mente y me inmoviliza con su peso y con el aferre de sus manos. Comienza a estrellarse contra de mí.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
El sonido de sus golpes llenan la habitación. Prepotentemente me hace brincar con cada golpe violento, en otra ocasión podría haber sido terrible, pero ahora lo sentía malditamente bien. Nuestros cuerpos chocaban con un sonido constante, sus gruñidos se iban intensificando, mi gemidos eran suaves, pero ya no podía ocultarlos; sólo evitaba de gritar para no delatarme.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
La potencia de su masculinidad en lo más profundo de mi ser una y otra vez, sin descanso. Llena mi coño como nunca nadie lo había hecho. Todavía su boca aprisionaba mis labios. Todavía su fragancia colmaba todos mis sentidos. Sus pectorales potentes, vellosos y sudados aplastan mi tetas colmas de mi propia sudoración. Su figura enorme encima de mí que se abalanzaba contra mi personita. Nuestros sonidos parecen música a mis oídos, como una perfecta y armoniosa serenata romántica. Estaba sintiendo una sobrecarga sensorial que iba más allá de lo físico. Todo mi cuerpo se estaba tensando como la cuerda de un violín. Mi alma parecía entonar cantos celestiales, ahora yo era su mujer y él era mi hombre. Nada más importaba. Mi hombre, mi amor, mi papá.
La esencia de mi ánima volaba junto a mí psique en nubes de colores. Un delicioso hormigueo se desplazaba desde mis pies hasta el centro de mi vientre. Mi respiración agitada se hacía cada vez más pesada. Mis piececitos estaban encorvados y mis manos apresadas entre los dedos de papá se crisparon. Me contorsioné, repté y me revolqué bajo el peso de papá. Exploté en un orgasmo que me hizo volar fuera de esta galaxia. Todos mis movimientos estaban sincronizados con los de él, como en una danza de hacer el amor.
Papá parece percatarse de lo que está sucediendo con mi cuerpo y me suelta las manos. Sus manos bajan velozmente y se meten debajo de mis glúteos. Me toca, me masajea y tira mi cuerpo contra su polla, no puedo creer lo que él me hace. Eleva mis sensaciones, ahora su polla está conectada con mi alma, lo muerdo y lo tiro contra de mí. Estoy convertida en una fiera entregándose a su macho, araño sus fuertes hombros que me zamarrean en la cama, floto en su polla grandiosa. ¡Jesús, santo! ¡Oh, no! ¡Está haciendo que me vuelva a correr!
—¡Uuuggghhhñññ! …
Gruño mordiendo su piel sudada.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
No hay más sonidos que las embestidas que me da mi papá. Toda su lujuria se descarga sobre mí. Empujes profundos y duros de su polla gruesa contra mi pequeño coño apretado y mojado. Lo oigo sonreír cuando dice.
—Te gusta correrte en mi polla, ¿eh? … Te corres para mí, ¿no? …
Quisiera gritar: ¡Sí, papá! ¡Fóllame! ¡Fóllame! ¡Fóllame!
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Su polla continua dándome un placer infinito. Más rápido y enérgico. Más brioso y exquisito que antes. Estaba empalada deliciosamente en su gran polla. Mi carne pegada a su carne. Mi cuerpo no podía resistir por mucho. Abro más mis piernas y empujo mis pelvis hacia arriba.
Mi cuerpo se convierte en luces de colores con matices mágicos. Deliciosos paños calientes envuelven todo mi cuerpo y escalofríos de placer parten desde mis piececitos y recorren mi espina dorsal hasta mis cabellos. Otra vez vuelo en un cielo multicolor y respiro con dificultad, pero percibo la fragancia varonil de papá que me cubre por completo. Siento el placer sensual del agua en nuestros cuerpos cálidos, es mi coño. Mi panocha explota y lanza chorros de fluidos contra el vientre de papá. ¡Oh, Dios! ¡Papá hace que me corra una vez más! ¡Oh, sí, papá! ¡Haz que tu nenita se vuelva a correr! ¡Haz que yo me corra en tu polla, papá!
Intempestivamente él saca su gran polla de mi coño, inmediatamente siento el enorme vacío y gimo en protesta. Mi coño todavía se contrae en espasmódicas convulsiones. Sin perdida de tiempo él se mueve hacia arriba. Veo en la oscuridad su enorme mole masculina musculosa que se acerca hacia mi cabeza. Vuelvo a tener en mente que él piensa de estar follando a mamá. Sus fuertes manos se apoderan de mi cabeza sorpresivamente y en el segundo siguiente, sentí el aroma de su polla cerca de mi nariz. El almizclado perfume a centímetros de mi cara. No alcancé a comprender su objetivo cuando su enorme mano se apoyó en mi nuca y la bulbosa cabezota de su pene estaba empujando entre mis dientes. Abrí la boca, él empujó mi cabeza y su pene estaba a estrecho contacto con mí lengua.
—¡Chúpalo, bebé! … ¡Chúpalo como a ti te gusta tanto! …
Sin dudarlo un momento comencé a besar su henchido glande. Con mi boca abierta viajé desde su cabezota hasta sus bolas peludas. Mi sapidez estaba en todo el largo de su pija, podía saborearme en eso. Deslicé mis labios carnosos por toda la envergadura de su pene, luego chupe sus bolas una a una. Lo oí gemir y eso me rinde feliz. Quiero hacerlo sentir bien. Mi lengua se enrolla entorno a su testículo que parece llenar mí boca. Seguidamente chupo fuerte y tomo su polla de nuevo en mi boca, él suelta un gruñido gutural.
—¡Sí, bebé! … ¡Uhhhhhh! … ¡Sigue así, bebé! …
Comienzo a tomar un ritmo sostenido y chupo su polla hacia atrás y hacia adelante. Su mano aferra mis cabellos y él folla mi boca. Me usa a su placer. Esto me subyuga y chupo con más ardor aún.
—¡Mmmmmmm! …
Gimo en un murmullo mientras esparzo mi saliva por toda la longitud de su polla. Papá comienza a mover sus caderas y al unísono su mano empuja mi cabeza contra su polla, todo en forma muy coordinada. Chupo, sorbo y unto su verga con mi lengua incansablemente.
—¡Ggggñññaaahhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! …
Cada gemido de papá me anima a chuparlo con más pasión y deseo. Quiero hacerlo sentir orgulloso de mi técnica. Tantos recuerdos de mi niñez pasan por mi mente. Quiero darle satisfacción. Debo hacer mi mejor actuación para él. Me llevo toda su polla profundamente en mí, haciéndola descender por mi laringe, me detengo solo para evitar un maldito reflejo nauseoso. Su pene gordo estaba presionando mi garganta, lo sostuve allí con determinación, hasta que necesite aire para respirar.
—¡Maldita sea, bebé! … ¡Nunca me habías chupado así! … ¿Cómo haces eso? … ¡Guau! …
Jadeó con incredulidad en la oscuridad. Le estoy haciendo la mejor mamada a papá. Agarro su pene a la base y lo masturbo mientras sigo chupándolo como una poseída. Mi cabeza se mueve vertiginosamente hacia atrás y hacia adelante. Mí lengua se lía perfectamente con la aterciopelada piel de su prepucio y recorre esa vara hasta el agujero al ápice de la bulbosa cabeza. Mi mano derecha lo masturba mientras mí izquierda acaricia sus bolas pesadas y vellosas. En modo incansable adoro su gran polla.
—Uuuugggrrrhhhñññ! …
Un gruñido de león retumba en su pecho y me hace estremecer. Quiero que él se corra. Quiero que me dé su semen. Aumento la velocidad de mis caricias. Me parece que su polla se pone más dura. ¡Qué rico es jugar con su pene!
—Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Hhhmmmmmm! …
Sus gemidos aumentan. Sus músculos se flexionan y se tensan. La mano detrás de mi cabeza me empuja más fuerte y rápido contra su polla. Había una complicidad tacita en chupar la polla de papá, a él le gustaba y a mí me encantaba. Mi cuerpo entero reaccionaba al estimulo enorme de tener la gran polla de papá en mi boca, me sentía a minutos cada vez más cachonda. Me toqué mi conchita y estaba goteando fluidos calientes.
—¡Uuuggghhhaaaaa, bebé! … ¡Me voy a correr! …
Lo escucho que me advierte. Siento que su mano me deja libre, pero no lo suelto, por el contrario, me arrimo más a él y sorbo y chupo más fuerte. Lo estoy llevando al límite, sus manos bajan y aferran mis hombros. Siento que su cuerpo se estremece y se tensa. Sus bolas están calientes y como que se contraen prontas a explotar. Entonces sucede.
—Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Uuhhhh! …
Su polla caliente pulsa y expele un chorro enorme de tibio semen. Masturbo su polla aún más rápido y él continúa a disparar densos borbotones. Mi mano aprieta y afloja su polla ordeñándolo, quiero que me dé todo su semen. Papá era bastante salado, estaba segura de que nunca olvidaría su sapidez.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Él continúa bombeando enérgicamente mientras yo trago, trago y trago. Cada chorro colma mi boca y sigo tragando con entusiasmo y voracidad. ¡Qué hermoso! ¡Genial! Hice que papá se corriera en mi boca, ¡Mmmmhhhh! Lo sostengo estrechamente en mi boca, no quiero soltarlo tan pronto, su cuerpo todavía se sacude y yo lamo con avidez su agujero en cima a la cabezota para extraer cada gramo de su cálida y sabrosa semilla. Lo oigo respirar afanosamente y siento que comienza a relajarse.
—¡Guau, cariño! … ¡Qué pervertida que estás esta noche! … ¡Te lo tragaste todo! … ¡Creo que haremos esto más a menudo! … ¡Aaahhhhh! …
Sus palabras hacen latir más fuerte mi corazón, quisiera decirle lo bien que me sentí chupando su gran polla. ¡Eres el mejor, papá! ¡Tu semen sabe muy rico!
Esta había sido una noche perfecta. Sabía que esto terminaría ahora. Seguramente el querrá irse a dormir. Mantengo su polla en mi mano y paso mi lengua por mis labios saboreando el sabor que él dejó en mi boca. De repente la cama cruje. Dos fuertes manos me agarran fuertemente. Yo pensaba que habíamos terminado, pero papá no era de la misma idea. Si bien su polla no estaba dura como palo, tampoco podría decir que se había reblandecido. Él toma mi cuerpo y me hace girar sobre la cama. Acto seguido coge mis piernas y las levanta hasta casi tocar mi cabeza. Lo siento que se coloca entre mis muslos abiertos, siento su respiración en mi panocha. Sus manos están sobre mi coño abierto y expuesto. Respiro expectante y luego no puedo reprimir un gemido.
—¡Aaahhhhhhhh! …
Sus dedos han abierto mi vulva y su lengua invade toda mi empapado coño. Observo la forma oscura metida sobre mi sexo abierto y escucho las sonoras lamidas de papá.
—¡Slurp! … ¡Slurp! … ¡Sooob! … ¡Sooob! … ¡Slurp! …
Tengo que morderme la mano para no gritar. Empujo mi montículo contra su boca y me siento morir de placer. Su lengua cálida, ancha y plana recorre toda mi conchita hasta rozar mi clítoris. ¡Oh, Jesús! Lo vuelve a hacer con más fuerza y esta vez azota mi botoncito con su lengua como un torbellino y mi panocha parece hervir. Su legua va y viene no sé por donde, a ratos está sobre mi montículo chupando mi clítoris, a ratos besa y lame mi vientre, luego hace lo mismo con mis muslos y, ¡Dios santo! Su lengua perversa dibuja círculos en mi apretado culo, creo que me voy a correr muy pronto si sigue así.
—¡Hmmmmm! …
Cierro los ojos y gimo concentrándome en permanecer callada disfrutando de las increíbles sensaciones que la boca de papá le da a mi concha.
—Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Slurp! … ¡Slurp! …
Me responde él sin dejar de chupar y lamerme toda por completo. Me encanta como papá se come mi coño. Trato de juntar mis piernas abrumada por la sensaciones, pero él las empuja hasta casi tocar mis tetas para seguir lamiéndome y chupándome. Me da profundos besos en mi coño cual si fuera una segunda boca. Sus labios se cierran sobre mi botoncito y su lengua lo azota una y otra vez, arqueo mi espalda desesperada y pellizco mis pezones duros como roca. Hasta la forma en que su dura barba araña mis delicadas carnes me hace temblar. Nunca nadie me había hecho sexo oral de esta manera, papá era un campeón para chupar coños. Le encantaba lo que hacía y era evidente que su habilidad era inigualable. Papá se comió mi coño por dentro y por fuera, de abajo hacia arriba, con gentileza y pasión, sin ignorar ninguna parte de mi sexo y me encantaba sentirlo resoplar mientras se bebía los jugos que emanaban de mi conchita. Incluso mordió suavemente mis labios externos antes de chuparlos y lamerlos acuciosamente.
Papá envuelve tiernamente mi clítoris y ¡Santo cielo! Lo chupa a un ritmo condenadamente lento, pero constante, lo sobajea, lo aplasta y los restriega dulcemente. ¡Uuhhhhh! ¡Qué sensación más encantadora! Su mano comienza a subir por mi pierna plegada sobre mi torso y se aproxima a mi vientre. De golpe recuerdo mi piercing en mi ombligo que podría delatarme, agarró su mano firmemente antes de que haga contacto, él entrecruza sus dedos con mis dedos y sigue chupando apasionadamente mi jugosa vulva. Su avezada lengua presiona con fuerza mi botón de amor y comienza un movimiento circular, suave y gentil que se siente divinamente bien. Enseguida él me penetra con dos de sus gruesos dedos y mi cuerpo se estremece, mi espalda se arquea y respiro en afano con la boca abierta sin dejar de gemir, mientras mi ingle empuja contra esos dedos invasores. Quisiera poder quedarme así para siempre. Con mi mano libre acaricio los cabellos de este hombre que me engendró, me dio la vida y ahora me hace morir de placer.
—¡Uuuugggrrrhhhñññ! …
Retumba su gruñido de macho y esto añade otro condimento a las delicias carnales de papá. Lentamente él me está llevando a la cima más alta del placer sexual. El tiempo parece congelarse. Mi respiro afanoso hace ininteligibles mis alabanzas que intento cantar para él.
—¡Mmmhhhhhh! … ¡Ssííííí! … ¡Qué rico! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Oh, Diooooooos! …
Agarro enérgicamente su cabellos y corcoveo como una potranca, quisiera gritarle: ¡Es por ti, papá! ¡Me estoy corriendo por ti! Su lengua me transporta a un universo ignoto, él me chupa y me lame y me entrego a “La petite mort”, me desvanezco revolcándome sobre la cama y él no me suelta ni siquiera un poco.
—¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Uuuuhhhh! … ¡Mmmmmmm! … ¡Te Amoooo! …
Se me escapa mientras exhalo mi último respiro afanoso y la oscura figura de papá levanta un poco su cabeza de mi panocha y me dice.
—¡Yo también te amo, bebé! …
Con la rapidez de un rayo, papá se arrodilla sobre la cama, me hace girar y coloca una almohada bajo mi vientre. Con sus rodillas empuja mis muslos hacia los lados, penetra mi coño con dos de sus dedos, los desliza tres o cuatro veces dentro fuera, luego se inclina sobre mí y me susurra.
—Te lo voy a dar fuerte y duro, bebé! …
—¡Hmmmmmm! …
Gimo sin poder gritarle: ¡Sí, papá, dámelo duro! ¡Fóllame fuerte! ¡Muéstrale a tu hija cómo un hombre de verdad se folla a una mujer! Por última vez escucho la vocecita que intenta hacerme entrar en razón. ¡¡¡Detén esto ahora!!! Pero la oigo tan lejana que hago caso omiso de esa. Quería solo ser una chica mala. La chica mala de papá y nada más importaba.
—¡Aaahhhhhh! …
Gimo placenteramente sorprendida cuando me encuentro con las gruesa polla de papá enterrada en mi concha y sus bolas peludas azotando mi clítoris.
—¡Slaps! … ¡Slaps! … ¡Slaps! … ¡Slaps! …
Es el sonido que se esparce por toda la habitación cuando papá comienza a follar mi coño desde atrás. Me trago el aullido que amenazó de escapar de mi boca, en lugar de eso empujo, gruño y me agito con desenfreno sexual sintiendo otra vez la gran polla que colma toda mi panocha.
—¡Paf! … ¡Paf! …
La cama cruje y papá me da dos palmadas en mis nalgas.
—¡Aaaayy! … ¡Aaaayy! …
Me quejo meneando mi culo contra su pija.
—¡Sssshhh, pervertida! … ¡Tu hija está en casa! …
Quisiera gritarle, “Sí, papá”, “Estoy aquí contigo”. Pero me limito a resistir sus dinámicas embestidas que amenazan con hacerme perder el equilibrio de mi cuerpo ligero que pesa la mitad de la envergadura física de mi él.
—¡Uuugggg! … ¡Uhhh! … ¡Hmmm! …
Gimo ante los impactos de papá rellenando mi coño.
—¡Sssshhh! … Je-je-je … ¡Paf! …
Ríe papá y me da otra sonora nalgada, enseguida se retira casi por completo y vuelve a penetrarme, esto me provoca escalofríos y temblores, mi cuerpo se estremece de puro placer. A continuación me resulta muy difícil poner en palabras lo que sucedió.
Esta vez no hubo ningún aviso. Con la fuerza poderosa que le otorga su físico, me agarra por las caderas, mis rodillas pierden contacto con la cama, estoy en el aire empalada en la polla de papá. Me embiste una y cien veces con su magnifica polla haciendo burbujear mi panocha. Me ataca en forma salvaje. Se convierte en un ser primordial, un selvático hombre de las cavernas que gruñe y embiste mi concha como jamás nadie lo ha hecho. Todas mis sensaciones están en mi concha y gimo y gruño de felicidad sintiéndome una amazona cavernícola ancestral. Su polla se desliza dentro de mí como un pistón en un cilindro. Me clava su ariete fuerte y rápido. Otra vez la habitación se llena con los sonidos de nuestros cuerpos estrellándose.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Me aferro con fuerzas a las almohadas mientras papá me sostiene en el aire clavándome su pija con toda su potencia viril. Impresionante su fuerza, su poder hercúleo, su feroz velocidad y su gran, gran polla horadando mi intimidad desenfrenadamente.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Estoy en pleno éxtasis, mis sentidos se agudizan aún más, quisiera escapar, pero me encanta lo que me está haciendo sentir papá y renuncio y permanezco allí para que él me haga todo lo que quiera hacerme. Mis piececitos están incurvados, mis piernas tiemblan, mis abdominales se tensan, siento hasta el aire que se filtra en mi pulmones. Me parece que mi ser abandona mi cuerpo que está gozando en modo frenético. Empujo mis tetas hacia afuera y mi espalda se arquea, mis cabellos parecen volar en el aire con cada embestida de papá. Trato de cubrir mi rostro con una almohada para acallar mis chillidos y mi cuerpo entero se estremece en un maravilloso orgasmo.
—¡Aaahhhhhh! … ¡Aaaaaayy, ssíííí! … ¡Que rico, papi! … ¡Uuuhhhhhh! … ¡Mmmmmmm! …
Un feliz orgasmo me mantiene respirando afanosamente, una vez más las almohadas amortiguan mis gritos, pero ya no parece importarme si él me escucha o no, estoy abrumada por el frenesí sexual donde él me transportaba.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Las embestidas de papá continúan sin cesar.
—¡Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Uuuugggrrrhhhñññ! …
Gime y gruñe como un animal. Los sonidos están acompañados con resuellos y resoplidos junto a su afanosa respiración. Mi cuerpo relativamente pequeño se sacudía y estremecía por las rudas embestidas de este hombre que me atacaba en modo bestial. En mi mente me repetía incansablemente: “Fóllame, papá”, “Fóllame fuerte”, “Folla a tu hija, papá”. Echo mi cabeza hacia atrás y grito.
—¡Aaahhhhhh! …
Sus manos me depositan sobre la cama, luego una de ellas agarra un puñado de mis cabellos y tira hacia atrás, la otra se mantiene en mi cadera derecha y continúa empujando su polla dentro de mí.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Él siguió follándome. Su resistencia era increíble, sobre humana. Y no me sorprendía. Papá era un super hombre. Él era perfecto. En algún momento me parece que salgo de mi cuerpo y me contorsiono gozando del placer exquisito que mi padre me da. Gimo y chillo empalada en la gran polla del hombre que me engendró, él me usa para su placer, mi cuerpo entero le pertenece. Tiemblo de pies a cabeza y me convierto en una muñeca sexual que mi padre puede follar a voluntad.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Papá me hace suya. Él me penetra sin descanso. La polla de papá entra y sale de mi vagina volviéndome loca. Su pene desnudo y desprotegido me folla en forma desinhibida y desenfrenada. Tira de mis cabellos. Agarra mis tetas. Me pellizca el trasero y me da de nalgadas. Me empuja e inmoviliza sobre la cama. No se detiene ni un segundo. Sin misericordia papá folla a su hija con una fuerza de la naturaleza implacable.
—¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! …
Gimo audiblemente.
—¡Uuuugggrrrhhhñññ! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Él gruñe como un gran primate con cada embestida contra mi cuerpo.
—¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! … ¡Slapf! …
Retumban sus embestidas por toda la habitación. Por su agitada respiración sabía que él se estaba aproximando a su clímax. Sus salvajes embestidas se vuelven más bestiales, como así también sus gruñidos. Sus manos me aferraban con tal fuerza que me causaba dolor. Me estaba follando con golpes cortos y rápidos. ¡Oh, no! Papá estaba a punto de correrse dentro de mí.
El duendecillo de mi conciencia me suplica desesperado: “No, detenlo! Y comienza una lucha en mi yo interior: ¡No! ¡Sí! ¡No! ¡Síííí! Siento que papá me aplasta en la cama con tremendas embestidas mientras su cuerpo se tensa y tiembla, su polla parece inflarse en mi panocha. Lo escucho que lanza un gruñido impresionante.
—¡Aaaahhhgggrrrr! …
Enseguida lo siento. Lo siento dentro de mí. Su polla vibra y pulsa.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
A cada gruñido un borbotón de semen candente se filtra entre los pliegues resbalosos y mojados de mi conchita; dentro de mi coño, muy, muy profundo. ¡Oh, Dios! Suspiro mientras los músculos de mi sexo succionan la gran polla que expele esperma tibio en mi fértil coño. Papá me sostiene fuerte, inmovilizada bajo su peso y sigue descargándose dentro de mí. Sus empujones se ralentizan a medida que la eyaculación de él se aminora y desvanece. Sus jadeos los siento cerca de mi oreja.
—¡Oh, bebé! … ¡Joder! … ¡Hmmmmmm! … ¡Eres fantástica, Elvira! …
Me siento feliz y orgullosa de escuchar sus suspiros de alegría y satisfacción, el problema es que él me llama con el nombre de mamá y esto me vuelve a la realidad.
—¡Hmmmmmm! …
Suspiro y atrapo su brazo contra mi pecho, estamos sudados y dichosos después de haber compartido nuestro placer. Es el meritado descanso de dos amantes que se han entregado completamente el uno al otro. Papá me besa el cuello y el hombro. Acaricia mi pecho y mi costado diciéndome dulces palabras. Siento un relajo y una modorra, todo parece un sueño. Un sueño imposible que quisiera que jamás terminara. Ojala pudiera estar siempre así, con él abrazándome en sus fuertes brazos. Mi corazón casi se detiene por completo, su mano está sobre mi vientre y uno de sus dedos se enganchó en mi piercing.
—¿Hmm? …
Los latidos de mi corazón se sienten fuerte en mi sien mientras los dedos de papá juguetean con el pequeño trozo metalizado inserto en mi ombligo.
—¿Qué? … ¿¿Qué es esto?? … ¿Tienes un piercing? …
El tono de su voz me asusta. Él me toca, luego me empuja alejándose de mí. Mi garganta está cerrada, apenas puedo respirar, una lágrima asoma a mis ojos. Estoy aterrorizada, siento que ha llegado mi hora, la hora de confesar, con un hilo de voz digo.
—Te amo, papi …
Su cuerpo se pone rígido y un segundo después retrocede como si mi cuerpo estuviera al rojo vivo.
—¿Gre … Gr-Greta? …
—Te amo, papi y lo siento … Lo siento, no me comporté bien …
Me giro tratando de alcanzarlo, pero él se baja de la cama y esto me rompe el corazón.
—¿Greta? … ¿Eres tu Greta? …
Siento la confusión en su voz acompañada de una ira justificable. Sigue balbuceando su shock en forma inentendible.
—¡Oh, Dios! … ¡Maldita sea! … ¿Qué diablos estás haciendo aquí? … ¡No! … ¡No puede ser! …
Me encojo sobre la cama compungida. Me gustaría volver a sus brazos. Me dolía mucho sentirlo conmocionado y enojado.
—Lo siento, papá … No quise hacer esto …
Mi voz sonaba como la de una niña que había roto algo, la voz de una niña culpable había roto la confianza de mi padre. Sin saber que decir, volví a repetir.
—No quise que esto sucediera, papi … Lo siento …
—¿No quisiste? … ¡No quisiste! … ¡Patrañas! … ¡Dios Santo! … ¿Qué has hecho? … ¡Mierda! …
—¡Te amo, papá! … ¡Abrázame! … ¡Abrázame, papá! … ¡Deveras lo siento! …
En la oscuridad estiro mis brazos, pero él me rechaza y esto me hiere. Él no me está escuchando, todavía exclama iracundo.
—¡Mierda, mierda, mierda! … ¡Maldita sea! … ¡Por favor! … ¡Dime que estás tomando la pastilla, por favor! …
—Yo … Yo … Te amo, papá … Eres un amante maravilloso …
—¡No digas eso! … ¡Nunca digas eso! …
Estiro una vez más mi mano, pero él la aleja inmediatamente.
—¡No me toques, mierda! …
—Lo siento, papi …
Suspiro tristemente. Terriblemente apenada espero lo que está por venir. Enseguida se hace un silencio aterrador. Los segundos parecen siglos. Se podía sentir en el aire la ira y la vergüenza de papá. Contemplo su figura oscura y veo que sus hombros de levantan y bajan repetidas veces luchando por contenerse. Me aterrorizo. Sé que él jamás me haría daño, pero me asusta lo que me va a decir una vez que se calme un poco. Luego escucho su voz perentoria.
—¡Sal de aquí! …
Grita exasperado.
—Papá … ¿Por qué no hablamos? …
No quiero dejarlo solo. Resoplo y me seco las lágrimas.
—Papá … Lo siento …
—¡Cállate! … ¡No tenemos nada que decirnos! … ¡No sucedió nada! … ¡Esto nunca sucedió! … ¡Ahora vete! … ¡Sal de la habitación! …
Mi corazón se siente destrozado. ¿Por qué dice eso? Sucedió y fue maravilloso. ¡Oh, papá!
—Papá, por favor …
—¡Nada! … ¡Vete! … ¡Fuera de aquí! …
Él grita. Me acobardo ante su indignación y su autoridad paternal.
—¿Esta bien, papá! … ¡Lo siento! …
Quisiera abrazarlo y pedirle que me abrace; que me dijera que todo estaba bien. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas. Lo había perdido todo. Me arrastro al borde de la cama y estiro mi mano para alcanzar la lampara que mamá tiene en el velador, pero él me detiene.
—¡No te atrevas a encender la luz, Greta! … ¡Sólo vete! …
—Pero papá … Mi ropa …
—¡Carajo! … ¡Sal de aquí ahora mismo! …
—Sí, papá …
Salgo de carrerita de la habitación y cierro la puerta detrás de mí. Fuera del dormitorio de mis padres tiemblo y respiro con dificultad, lloro y trato de recomponerme para calmar mi miedo y mis sentimientos de culpa. Respiro profundamente varias veces y logro relajarme un poco.
El aire frío absorbe el sudor de mi cuerpo desnudo y comienzo a tiritar. Pero dentro de mi cuerpo todavía podía sentir la cálida y preciosa semilla de papá. Su semen escurría por mis muslos. Las endorfinas producidas por mis numerosos orgasmos mantenían mi joven y fértil cuerpo vivo y animoso. Aún no me rendía cabalmente cuenta de la gravedad de todo lo acaecido y prontamente mis lágrimas desaparecen y me siento en la gloria después de haber sido penetrada sexualmente por mi propio padre.
Me apoyo hacia atrás en la puerta y cierro mis ojos. Pienso a que solo momentos antes estaba en los brazos de papá con él haciéndome el amor apasionadamente. Se dibuja una sonrisa en mi rostro. Él había sido todo mío. Por un breve lapso de tiempo él me había pertenecido como hombre, jamás podría olvidar todo lo que me hizo sentir. Envuelvo mis brazos alrededor de mi torso desnudo y me abrazo fuerte fantaseando que son los brazos de papá que me estrechan y me poseen. En la tenue luz del pasillo murmuro.
—¡Oh, papi! … ¡Cuánto te amo! …
Fin
***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****
El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
1
votos
votos
evaluación
10
10
Continuar leyendo cuentos del mismo autor
historia previa
Salam.
Comentarios de los lectores sobre la historia erótica