Eliana se viene a vivir conmigo.
por
Juan Alberto
género
incesto
Eliana nunca había tenido suerte con los hombres. Se había casado una vez, se había divorciado y había intentado convivir con otros dos. Me llamó, lloró mientras me contaba su último fracaso, con su voz cargada de frustración.
—¡Me duele, Héctor! … ¡Hice todo lo que pude por él! … Pero es un maldito cabrón gorrero … ¡Me engaño, Héctor! … ¡Me engañó! … ¡Y yo la muy boba siéndole fiel al cien por ciento! … ¡No lo puedo soportar! …
Grito en sollozos. Entonces me preguntó:
—¿Puedes ayudarme? … No necesito dinero, pero si de un lugar donde comenzar a ordenar mis ideas para volver a recomenzar, ¿me entiendes? … No quiero recurrir a nuestros padres … Di que sí, hermanito … Tú eres mi hermano mayor y siempre me has ayudado … ¡Por favor! … Di que sí …
Por supuesto que no la iba a dejar así de bajoneada y deprimida en soledad. Inmediatamente accedí a tenerla en mi casa. Amo mucho a mi hermana, es mi pequeñita, siempre fue mi hermanita menor y siempre cuidé de ella.
—¡Por supuesto que puedes venir a quedarte! … ¡Dame solo algunas horas para poner en orden la habitación de huéspedes! … ¡Puedes quedarte todo el tiempo que necesites o quieras! …
Ese mismo día al atardecer, Eliana llamó a mi puerta, ya estaba medio oscuro, pero ella aún vestía sus gafas oscuras, cuando se las saco supe el porqué, sus ojos estaban rojos de lágrimas. Aun así, ella lucía encantadora. Nos abrazamos. Sentí sus pechos duros y respingones presionando fuertemente mis pectorales y mi mente comenzó a desvariar. Sentí unas cosquillas en mi bolas y una ligera rigidez de mi polla, logré controlarme antes de que ella se diera cuenta de nada.
Eliana es una hermosa mujer de treinta y un años. Profesora de educación física, por lo que su cuerpo está siempre en forma. Tiene un esplendido culo a forma de pera que se acentúa con sus ajustados vaqueros. Un estomago liso como pista de aterrizaje y unos maravillosos pechos anchos de copa C, que su primer marido pagó muy caro. Estaba tan orgullosa de ellos que una vez quiso mostrármelos incluso a mí, su hermano. Pero nunca sucedió porque nunca estuvimos a solas. Ahora me parecían más llenitos que antes, tal vez porque estuvo embarazada por un tiempo después de su cirugía correctiva, luego desafortunadamente sufrió un aborto espontaneo, tal vez porque su matrimonio estaba ya en crisis.
Ella es casi tan alta como yo que mido un metro noventa y gran parte de esa altura es gracias a sus piernas que son fenomenalmente largas, esculturales y bien torneadas. Durante algún tiempo trabajó como bailarina y aunque ha pasado bastante tiempo de eso, sus bronceadas piernas no han perdido su forma atractiva y tonificada. Todos sus atributos son memorables en ella, bella como una obra de arte.
Después de nuestro abrazo, Eliana me besó en los labios velozmente como siempre hace:
—Nunca te agradeceré lo suficiente por dejarme estar aquí, Héctor … ¡Eres lo máximo que una hermana podría tener! … ¡Prometo que no te voy a molestar! … ¡Mañana mismo iré a buscar trabajo para independizarme otra vez! … ¡Gracias infinitas! …
—¡No digas tantas boberías, Eli! … ¡Relájate, mujer! … ¡Nadie te apura … Tómate tu tiempo! … ¡Estas pasando por una mala racha! … ¡Lo mejor que puedes hacer es calmarte y relajarte para que puedas tomar la mejor decisión! … Además, Sería genial tenerte cerca … Hace mucho tiempo que no pasamos un tiempo juntos … Espero que estés bien aquí … Yo te cuidaré … Puedo hacerlo …
Nuevamente se abrazó a mí.
—¡Qué maravilloso que eres, hermano! … ¡Te amo! …
—¡Yo también, tesoro! … ¡Haría cualquier cosa por ti! … Ahora vamos a buscar tus maletas para llevarlas a tu cuarto y así puedas acomodarte …
Nos dirigimos a su SUV, ella caminaba delante de mí y no pude evitar de mirar el movimiento hipnotizante de sus redondas nalgas, con ese pliegue que se movía primero en una y luego en la otra, mis ojos no pudieron dejar de mirar su hermoso trasero. Cuando ella se inclinó y metió medio cuerpo en el baúl para sacar las maletas, la visual que me brindó fue gloriosa. La delgada tela de sus pantalones se metió en el surco de sus glúteos, comprimiendo todo los que había debajo, pude ver hasta los gruesos labios de su coño apretados por la tela. ¡Ay, Dios! Me sorprendí al máximo cuando ella espetó medio en broma y medio en serio:
—¡Quita tus ojos de mi culo y ayúdame con estas bolsas, hermanito! …
¡Me había atrapado!, debo admitirlo.
—¡Lo siento querida, hermana! … ¡Soy un hombre! … ¡No puedes culparme de mirar a una chica que luce tan adorablemente bien como tú! …
—Está bien … Gracias por el cumplido … Pero si quieres ayudarme, comienza por concentrarte en sacar estas bolsas y maletas de mi auto …
—¡Sí, señora! … ¡A la orden! …
Saqué la maleta más grande y una de sus bolsas, luego me dirigí a la casa. Me detuve en la puerta a esperarla. Con una mochila en sus hombros y dos bolsas en cada mano, pasó con dificultad junto a mí y entró a la casa. Apenas me sobrepasó, me dijo sin siquiera mirarme:
—¡Y deja ya de mirarme el culo! …
Mientras ella desempacaba todas sus cosas en el cuarto de invitados, pedí con mi celular un par de pizza y Sushi. Justo cuando ella salió de su habitación, llamaron a la puerta, era nuestra comida. Cenamos y conversamos un rato. Era del todo comprensible que ella evitara cualquier referimiento a su última separación. Mantuvimos la conversación ligera y después vimos una película de aviación.
Me imagino que la jornada había sido dura para ella porque muy pronto comenzó a bostezar con evidentes señas de cansancio. Dijo que iba al dormitorio a cambiarse. Cuando reapareció, me quedé alelado. Se había puesto una musculosa sin mangas y un diminuto calzoncito de bikini. Levantó los brazos para dar un teatral bostezo, esto hizo que la remera se levantara y me mostrara su suave vientre desnudo; sus pechos se balanceaban y cimbraban con cada movimiento que ella hacía. ¡Maldita sea! Sí que se veía caliente mi hermanita. También mi polla se erizó en mi shorts.
—¡Ahora sí que me siento liviana y cómoda! … ¡Mi ex moriría si me viera vestida así delante de ti! … ¡Era tan celoso el imbécil! … Esto no te molesta, ¿verdad? …
Tragué saliva y respondí apresurado.
—¡Oh, no! … ¡Por supuesto que no! … Esta ahora también es tu casa … Haz todo lo que te haga sentir cómoda …
—Gracias, cariño … Eres un amor …
Dijo sonriéndome afectuosamente. Enseguida me preguntó:
—¡Oye! … ¿Tienes algo un poco más fuerte para beber por ahí? … Tal vez quiera ahogar un poco de mis penas con una copa …
—Hay una botella con un poco de pisco sour en el refri y en el mueble hay una botella de Jack Daniel’s etiqueta negra … Elije él que más te guste …
—Creo que el pisco sour estará bien para mi … ¿Tu prefieres tomar algo? …
—Un poco de whisky estaría perfecto … A temperatura ambiente … Pero tráeme la botella … Después de un día estresante hay que relajarse … Y si eres una buena chica, podría hasta frotarte los hombros, ¿vale? …
—Me parece justo, ¡vale! …
Gritó alegremente ella. Mientras caminaba hacia la cocina mire su cuerpo despampanante y de alguna forma me pareció que sus caderas se movían algo más pronunciadamente y me pregunté: “Estará dándome un pequeño espectáculo solo para mí”. Me levanté de mi asiento y le grité al caminar:
—¡Eli! … Voy a ponerme unos pantalones o algo así … Necesito algo más cómodo … En un segundo vuelvo, ¿vale? …
—Está bien, cariño …
Respondió desde la cocina. Me dirigí a mi dormitorio. En mi habitación me despojé de la camisa y los pantalones, miré mi polla y estaba semidura.
—¡Compórtate! … Es mi hermana, ¿vale? …
Le dije apuntándolo con un dedo acusador. “Pero se ve tan jodidamente sexy”, pensé. No tenía ropa deportiva limpia, pero encontré unos finos y holgados pantalones de algodón, pensé que andarían bien y me los puse. Como vivo solo, estoy acostumbrado a girar desnudo por casa. Ahora con Eliana en casa, supongo que tendré que limitarme mientras ella esté conmigo. Regresé a la sala de estar sintiéndome bastante más cómodo.
Cuando ingresé a la sala de estar, noté que Eliana había atenuado las luces y encendido algunas velas, también había música suave en el estéreo; se había sentado sobre la alfombra y bebía de un gran vaso de pisco sour.
—¿Te sientes mejor, cariño? … —Pregunté.
—Sí, gracias … Este trago fresco está delicioso … —Respondió con una suave vocecita.
Eliana miró por sobre su hombro, me encuadro con sus dulces ojos claros y me dijo:
—¿He sido una buena niña? … ¿Por qué no te sientas detrás de mí aquí en el sofá y me frotas los hombros? … Siento mi espalda destrozada …
Pasé mi pierna por encima de ella y tomé mi lugar detrás de ella en el sofá. Ella me entregó una copa con dos dedos de bourbon americano que inmediatamente saboreé con avidez. Coloqué el vaso vacío sobre la mesita de centro y ella lo rellenó antes de acomodarse entre mis piernas. Me hice hacia adelante extendiendo mis piernas y brazos, sentí que mi polla se movía y casi tocaba su cuello, esto se pone interesante, pensé.
Durante años había fantaseado con hacerle el amor a mi hermana menor, pero nunca me había atrevido a insinuarle nada por miedo a poner en peligro nuestra hermosa relación de hermanos. Esto era lo más cercano que podría interpretarse como un acercamiento sexual y mi polla no me iba a permitir descartar el hecho en mi mente.
Eliana bajó su barbilla sobre su decolté y llevó sus cabellos hacia la parte delantera de su hombro derecho, permitiéndome así acceder a su cuello. Luego colocó los tirantes de su musculosa en la parte superior de sus brazos, lo que me dejaba campo libre para frotarle los hombros. Me incliné hacia adelante y me encontré mirando las encantadoras tetas de mi hermana menor. La musculosa era de corte bajo y al bajar los tirantes sobre sus brazos, esta se había ensanchada hacia adelante y me daba una vista espectacular de sus hermosos pechos. La piel se veía tan suave lozana y el contorno exuberante de sus redondas y pesadas tetas eran la gloria. Para que decir sus pequeñas areolas casi del mismo color de su piel con esos pezones paraditos como frijoles negros. A duras penas me contuve y no le salté encima para violentarla. Masajeé con las yemas de mi dedos, ambos lados de su columna vertebral, deshaciendo los nudos acumulados por el estrés. Traté de no mirar sus tetas que se balanceaban al ritmo de mi masaje, pero era un caso perdido, mis ojos siempre estaban allí.
Poco a poco fui bajando por los costados laterales de la columna, ejerciendo mesurada presión con mis dedos y a veces con mis nudillos. Ella canturreaba las canciones del estéreo y se quejaba o gemía bajo la presión de mi masaje. Paulatinamente me encontré vagando en una de mis fantasías sexuales con ella. Abruptamente volví a la realidad cuando ella exclamó:
—¡Maldita sea! … ¡Se me acabó mi trago! …
Estaba tan absorto en mi ensoñación frotando los hombros de mi hermana que había perdido totalmente la noción del tiempo. ¿Cuánto tiempo había pasado? Con algo de pereza respondí.
—Abajo … En el cajón de la verdura, debería haber una botella llena de la misma bebida …
—¡Fantástico! … ¡Iré por ella! …
Dijo levantándose un poco demasiado rápido perdiendo el equilibrio y cayendo hacia atrás. Traté de atraparla, pero ella estiró sus brazos y manos hacia atrás para sostenerse. Su mano se apoyó directamente sobre mi polla semidura. Sentí que saltaba al tocarla. La miré a la cara para preguntarle si estaba bien, pero sus ojos estaban fijos en mi entrepierna. Comencé a sentirme un poco cohibido, pero preferí descartar cualquier pensamiento esperando que fuera solo mi depravada imaginación.
Eliana se tambaleó recuperando su compostura y se dirigió a la cocina. Mientras caminaba me di cuenta de que el calzoncito de su bikini se había metido en el surco de sus glúteos y parecía una tanga. Ella no hizo ningún intento de enderezarlos y disfruté el movimiento sicalíptico de sus desnudas nalgas mientras se alejaba. Pronto llegó con la botella nueva de pisco sour y se sirvió una copa llena.
—¡Tienes que ponerte al día, hermanito! … ¡Me voy a emborrachar muchísimo y no quiero que estés sobrio para reprocharme! … ¡No me dejes beber sola, hermanito! … ¡Tienes que beber al menos dos de tus tragos para estar iguales! … ¡Bebe para poder continuar! …
Me dijo guiñando un ojo, me tendió mi copa, bebí, ella volvió a poner un poco de whisky y volví a beber, rellenó ambos vasos y volvió a sentarse entre mis piernas dándome la espalda, aproveché la oportunidad para ajustar mi erección en desarrollo.
Esta vez, ella bajó un poco más los tirantes de su musculosa y los dejó deslizarse casi hasta sus codos. Esto provocó que su remera se abriera ligeramente hacia adelante y aparecieron sus apetitosas tetas ante mis voraces ojos. Volvió a tirar su cabello hacia un lado y bajó su barbilla. Reanudé mi masaje a su trapecio y parte superior de sus hombros. Dejó escapar un gemido y levantó su cabeza hacia mi ingle. Con los ojos cerrados, apoyó la parte superior de su cabeza directamente contra mi rígida polla. No podía no haber notado mi erección. Casi en un arrullo y sonriendo, bisbiseó:
—¡Oh, Dios! … ¡Esto se siente sumamente bien! …
Me quedó la duda de si se estaba refiriendo al masaje o a mi polla. En fondo en fondo, esperaba que se refiriera a mi polla.
Eliana colocó sus manos suavemente sobre las mías y me acompaño a frotar sus hombros. Entonces comencé a frotar su parte delantera, su escote, pero sin tocar sus pechos. Evité de seguir bajando sobre esos deliciosos melones maduros. Ella mantuvo sus manos sobre las mías mientras yo masajeaba su platisma y pectoral mayor. De repente ella respiró en forma profunda y sorpresivamente tiró de mis manos sobre sus pechos. Me paralicé sin saber que hacer.
—¡No pares! … ¡Sigue frotando! …
Gimió. Esa era el único estimulo que necesitaba. Comencé a amasar y aplastar sus mullidas tetas, deslizando sus pezones entre mis dedos y atrapándolos entre mi índice y mi pulgar para tirarlos hacia arriba.
—¡Oh, Héctor! … ¡Estoy tan cachonda! … Y por la sensación de tu polla en mi cabeza, supongo que tu también lo estás …
¡Demonios! ¡Ella se había dado cuenta! ¡Pero parecía no importarle! No se si estaba soñando, me pareció escucharla decir que estaba “Cachonda”. ¡Santo cielo! ¿Estaba esto realmente sucediendo!
Se puso de rodillas y se giró hacia mí como si sus movimientos fueran captados en cámara lenta. Yo estaba desconcertado. Sus ojos claros se fijaron en los míos y antes de que pudiera reaccionar, su mano aferró mi polla por sobre mis pantalones y puso un dedo en mis labios:
—¡No digas nada! … ¡Sólo sígueme! …
Ni siquiera pude fingir disgusto o vergüenza. Ella retiro su dedo de mis labios y los metió en la pretina de mis pantalones, tiró de la banda elástica y mi polla saltó pulsando y balanceándose en el aire. La tomó con su mano izquierda, mientras que con su derecha continuaba a bajarme los pantalones, para luego frotar su mano entre mis muslos, cosquilleando mis bolas peludas.
Me miró con sus luminosos ojos mientras estiraba su lengua para comenzar a lamer mi polla. La atrajo hacia su rostro y tomándolo a la base se dio unos golpecitos en su mejilla derecha con mi cabezota hinchada, enseguida lo deslizó dentro de su cálida y húmeda boca sin apartar sus ojos vidriosos de mi mirada atónita. Hizo girar su lengua cual si fuera un remolino alrededor de mi corona mientras lo hacía descender más y más adentro de su boca. Apenas pestañeó cuando mi polla entera desapareció entre sus labios carnosos. Mi masculinidad tocaba el fondo de su garganta. Creí morir cuando ahuecó su mano y acarició mis cojones, tratando de empujar más de mi polla en su boquita caliente. Todo se había salido de la norma, me sentí abrumado con mi hermanita que casi se ahogaba chupándome la polla. Hábilmente me quitó los pantalones sin dejar de masajear mis bolas hinchadas, su mano estaba ocupada en deslizar mi prepucio hacia arriba y hacia abajo, al mismo ritmo que su cabeza subía y bajaba encima de mi verga a punto de reventar. Me incliné como pude y aproveche de sentir la suave piel de sus tetas durísimas.
La estimulación oral está entre mis preferidas. Es muy intenso cuando una mujer te mira y te chupa la polla entusiásticamente. Lo extraño era que esa mujer era nada más y nada menos que mi propia hermana que me miraba intensamente con sus ojos de niña, haciendo palpitar mi polla con su lengua. Esto era hacer realidad una fantasía de años, un acto tabú y prohibido. Tal vez por eso me excité tanto que sentí al cabo de pocos minutos que le iba a explotar en su boca famélica. Tomé su cara entre mis manos y le dije:
—Sí sigues así, querida … Vas a hacer que me corra en tu boca …
Sacudió su cabeza para liberarse de mis manos y con los ojos bañados en lujuria pura, procedió a tragarse mi entera polla, chupándome y masturbándome con mayor ahínco. Su mano presionó suavemente mis bolas y la habitación se lleno con el sonido de mi hermana chupándome la polla como si se tratara de algún campeonato mundial.
—¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Slurp! … ¡Guack! … ¡Guack! …
Esto fue demasiado para mí, tomé su nuca en la palma de mi mano y follé su boca desesperado.
—¡Oh, mierda! … ¡Me voy a correr! … ¡Uuurrgghhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Chupa mal nacida! … ¡Traga todo! … ¡Que rico me chupas, hermanita! … ¡Que rico! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Me salieron hasta lágrimas de los ojos cuando chorros y chorros de semen salieron disparados directamente en la garganta de Eliana. Se sacó mi polla de su boca justo al momento que un filamento nacarado cruzó todo su rostro, luego la apuntó en medio de sus acogedoras tetas. Un hilo de semen colgaba de uno de sus parpados. Podía sentir cada chorro saliendo expulsado de mi verga enrojecida. Su mano que no dejaba de exprimir mi polla, también se cubrió de glaseado. Entonces ella acercó su boca para chupar todo el resto.
Lamía y chupaba como si hubiera habido veda de semen en todo el mundo. Mi cuerpo temblaba por entero, siendo el centro gravitacional, mi polla escondida en lo profundo de la boca de mi hermana. Me sacudí en violentos espasmos y me dejé lamer y chupar sin regodeos.
—¡Mmmmmmmmm! …
Fue el único sonido que escuche de ella cuando finalmente sacó mi polla de su boca. Chupeteó un poco mi corona y lamió el semen de sus dedos. Me miró con un solo ojo, el otro estaba cubierto con mi esperma y pestañeaba y me dijo:
—Eso fue maravilloso, Héctor … Creo que la vamos a pasar muy bien tú y yo… No sabes cuanto tiempo he soñado con hacerte una buena mamada … Espero haber estado a la altura …
Mientras pronunciaba estas palabras, su mano izquierda estaba ocupada en esparcir mi corrida por sobre sus tetas gordinflonas y pesadas, la musculosa estaba completamente manchada. Su otra mano hurgueteaba dentro de su calzoncito, masajeando su coño encendido. Luego agregó:
—¡Dime que lo hice bien, por favor! … ¡Quiero más! … ¡Lo necesito desesperadamente! …
—Relájate, Eli … Tal vez sea yo quien ha querido esto por mucho más tiempo que tú … Soy hombre y me masturbo a menudo … Siempre pienso en ti … Eres mi fantasía favorita …
Dicho esto la recosté en el amplio sofá y me puse encima de ella para frotar mi polla semi blanda en medio a sus bronceados muslos suavemente. Ella gentilmente se hizo a un lado diciéndome:
—¡Espera! … ¡No tan de prisa! …
Había un brillo de regocijo en sus ojos cuando me dijo:
—Desde siempre que he querido mostrarte esto …
Se le escapó una risita de su boca cuando levantó su musculosa por sobre su cabeza y se la quito. Ante mis profanos ojos apareció la quintaesencia de las tetas. ¡Podría morir por ellas! ¡La perfección absoluta! Con los brazos en el aire, pude apreciar a conciencia la perfección de sus mamas. Apenas se movían inflexibles luciendo todo su esplendor y belleza. Ni siquiera el escultor más probo y talentoso podría haber mejorado la suave estética embellecedora de esas pendientes y descendentes colinas que comenzaba en su clavícula hasta sus alertados pezones respingones y desafiantes. Las copas de abajo, pesadas con sus implantes, empujaban hacia arriba. Sonrió diabólicamente e hizo cosquillas en la punta de sus pezones, luego levantó su teta izquierda y se la llevó a la boca, succionando audiblemente su pezón. Soltó de pronto sus senos y los comenzó a tirar hacia arriba desde sus puntiagudos pezones.
—¿Y? … ¿Qué opinas? … ¿Te gustan? …
—¡Santo cielo, cariño! … ¡Podría decir que nunca antes había visto unas tetas tan gloriosamente perfectas! … ¡Y sabes que he tenido mi buena cantidad de ellas! …
—¿Seguro? … ¿Estás siendo honesto o simplemente estás cachondo? … ¡Dime la verdad! … Yo las amo, pero quiero saber qué piensas tú de verdad …
—¿Acaso crees que podrías bromear, Eliana? … ¡Son fenomenales! … ¡Ya quisiera yo tener mi verga apretada entre tus suculentas tetas! …
—¡Guau! … ¡Cálmate, hermanito! … Tenemos mucho tiempo para hacer muchas cosas … ¡Vamos por parte! …
Soltó sus senos y llevó sus dedos a la pretina de su pequeño calzón.
—Ahora quiero saber, ¿Qué opinas de esta parte de mí? …
Los bajó hasta hacerme ver su montículo límpido y bien afeitado, apenas podía vislumbrar la rajita de su coño. No podía ver nada más, solo imaginarme. Movió seductoramente sus caderas, esperaba pronto ver algo más de su coño, pero ella tiró de las partes laterales de su calzoncito más y más arriba. Tal acción hizo que esas bragas delgadas se incrustaran profundamente en la grieta de su panocha, separando sus labios y desapareciendo entre ellos. Su coño estaba totalmente rasurado. Pensé que era lo habitual en ella, pero me recordé que meses antes ella me había confidenciado que había dejado de afeitarse porque ya no quería atraer a su marido, a lo cual yo le había revelado mi interés y preferencia de un coño limpiamente afeitado. ¿Había ella hecho esto solo para mí?
Suspiré y asentí con una sonrisa de aprobación mientras ella continuaba con su striptease. En ese momento ella se giró y me dio juguetonamente un golpe con su redondo y apretado culo. Lentamente bajó sus bragas hasta la mitad de sus muslos, giró su rostro hacia mí y me lanzó una mirada con su boca entreabierta y la punta de su lengua tocando sus blancos dientes. Nunca pensé que ella me miraría de ese modo. A continuación, extendió ligeramente sus piernas y con su mano derecha cubrió totalmente su panocha, se frotó el coño con movimientos circulares un par de veces lanzando cachondos gemidos. Con sus dedos índice y pulgar, abrió los labios de su pequeño coño, arqueó su espalda y me ofreció una vista increíble de su rosado agujero, luego se penetró con sus delgados dedos ahí a cincuenta centímetros de mi rostro. El aroma de su esencia de mujer inundó mis fosas nasales mientras veía sus dedos brillantes y mojados entrando y saliendo de su apretado coño. Se giró como una felina en celo, su mano izquierda tiraba de su pezón derecho, su mano derecha se mantenía entre sus apretados muslos; me miró cuando la sacó embadurnada con sus fluidos vaginales y se la llevó a su boca, ronroneó como una gatita y me dijo:
—¡Hmmmmmm! … ¡Mi coño sabe de maravillas! … ¿Quieres probar? …
Sentí mi pecho apretado, había perdido la palabra, solo asentí bobamente y susurré:
—¡Ah-ha! …
Luego me incliné hacia adelante en el sofá. Meneó coquetamente sus piernas e hizo caer sus bragas sobre la alfombra y salió de ellas. Luego abrió sus piernas. ¡Su coño era algo alucinante! No me había imaginado que se vería así tan increíble. Sus gorditos labios mayores, apenas ocultaban los pliegues de sus labios menores que pendían tímidamente de su ranura estrecha. Extendí mis manos y tomé sus caderas. Dócilmente ella monto a horcajadas mi pecho y empujó su ranura lampiña a mi boca. Inhalé profundamente su fragancia y estiré mi lengua para sentir la sapidez de su humedal. Eliana agarró sus tetas mientras yo comenzaba a lamer y chupar su coño.
—¡Oh, Dios! … ¡No puedo creer que finalmente mi hermano mayor me esté chupando el coño! … Esto es muy caliente y depravado, ¿sabes? … Mi hermanito que me cuida y me chupa así de rico mi panocha … ¡Hmmmmmmmm! … ¡No puede haber nada más de tan maravilloso! …
Mi lengua vagaba enloquecida de lado a lado en su hendidura. Lamí sus gruesos labios y succiones los pliegues delicados de sus labios menores, tirando suavemente de ellos con mis labios. Mientras saboreaba su manjar de mujer, levanté mi mano sobre su montículo y comencé a rasguear los pliegues de la capucha de su clítoris. Cuando su botoncito del placer emergió de su escondite, lo lamí con ligeros lengüetazos, azotándolo sutilmente.
Me impacienté por sentir el orgasmo de mi hermana en mi rostro y concentré mi atención oral en el capullo florecido, erizado y acerbo. Ella respondió bajando su punto de equilibrio, posando su vulva entera sobre mi boca.
—¡Sí sigues así … Te haré probar mis jugos de mujer! …
Me aparté ligeramente de la presión de su conchita, para decirle:
—¡Eso es lo que quiero, Eli! … ¡Que te corras en mi boca! … ¡Cubre mi rostro y dame de probar tu placer! …
Agarré sus caderas y comencé a lamer y chupar directamente su clítoris en forma intensa. Reaccionó haciendo bailar su coño sobre mi boca, comenzando a estremecerse. Repentinamente ella agarró mi cabeza desesperadamente y restregó su conchita contra mi boca.
Sus muslos se tensaron y su cuerpo se puso rígido. Segundos después apretó mi rostro con sus piernas temblorosas. Se relajó y volvió a apretar, una, dos, tres veces. Comencé a saborear su orgasmo. Su respiración se detuvo, se sacudió y volvió a respirar con afano. Seguí tratando de alcanzar su clítoris, pero ella saltaba y se alejaba de mi lengua insistente, hasta que puso su mano sobre mi boca. Se echó hacia atrás, temblando sobre mi ombligo.
—¡Uhmmmmmmm! … ¡Umpf! … ¡Oh, Jesús … Jesús! … ¡Eres una bendición, Héctor! … ¡Te amo! … ¡Aahhhhhh! … ¡Umpf! …
Se inclinó todavía respirando forzadamente y me besó:
—¡Eso fue intenso! … ¡Nadie me ha lamido el coño de esa forma! … ¡Eres lo máximo, Héctor! … ¡No solo me cuidas, también me das placer! … ¡Te amo, hermano! …
—Yo también te amo, cariño … Me alegro de haber podido complacerte …
—Me dejaste sin aliento y ni siquiera me has hecho probar esa linda polla tuya todavía …
Mi pene lucía una hermosa y furiosa erección. Ella se hizo aún más atrás para sentir mi dura polla en su coño mojado, comenzando a mover sus labios hinchados sobre mi cabezota amoratada.
Sonrió cálidamente mientras enredaba sus dedos en mi cabello. Sus labios se unieron a los míos y nos besamos con pasión y delicadez. Pronto nuestras lenguas se conocieron y nuestro beso se profundizó. Su mano se movió entre mi vientre y mi polla, presionó mi cabezota con sus dedos contra su clítoris y gimió audiblemente.
—¿Te gustaría follar con tu hermana, hermano? …
—¡Moriría si no pudiera hacerlo! …
Con eso, ella se movió ligeramente hacia arriba todavía con mi polla entre sus dedos. Empujó mi cabezota entre sus pliegues mojados y lentamente se empaló en mi dura erección. Eliana estaba sorprendentemente apretada. Suspiró, gimió, aguanto su respiración antes de tomar todo mi pene duro como diamante dentro de su acogedora humedad.
—¡Lo siento! … ¡Hace mucho tiempo que no tengo un hombre dentro de mí! … ¡Déjame acostumbrarme a ti! …
—¡No te disculpes, tesoro! … ¡Yo ya estoy en el paraíso! … ¡Hazlo con calma! …
Por un rato ella se deslizó hacia arriba y hacia abajo encima de mi pene, lubricaba y se acostumbraba a mí. Inesperadamente, ella se sentó con fuerza tomando toda mi polla dentro de ella. Jadeó en busca de aire, luego tomó mi cara entre sus manos y me besó ardorosamente mientras mi verga permanecía hundida hasta el fondo de su panocha. Sentí el goteo sobre mis testículos y escurrir por la grieta de mi trasero. Ella llevó su mano hacia atrás y acarició mis bolas humedecidas, mientras iniciaba un vaivén con sus caderas. Me sentí más feliz que un niño en la fabrica de Wonka. Quería tocar su hermoso rostro. Ansiaba acariciarle y chuparle esas tetas respingonas. Quería coger su hermoso culo. ¡Ay, Dios! ¡Ayúdame tú! Quería hacerle hasta lo indecible a mi bella hermana. Me enderecé un poco y me metí uno de sus pezones en mi boca, lo apreté delicadamente con mis dientes. Con mi mano aplasté su otra teta, ella apretaba mi cabeza contra el pecho que estaba chupando y lamiendo.
—¡Ahhhhhh! … ¡Te siento tan rico, Héctor! … ¡Todo mi cuerpo te quiere! …
Los músculos de mi vientre se habían apretado por estar medio sentado, así que me recosté y la tiré encima de mí. Continuamos a besarnos mientras mis manos se movían hacia su culo. Tomé sus suaves nalgas con firmeza y la follé con pasión, llevando mi polla a lo más profundo de su ajustado coño.
El sonido de golpes de nuestros cuerpos al estrellarse con pasión el uno contra el otro, llenó el espacio de la sala de estar. Había un frenesí animalesco al follar entre ella y yo. A medida que el ritmo disminuía, extendí mi mano para colocar mis dedos sobre sus labios mayores que envolvían mi pene religiosamente, sentí mi polla deslizándose dentro y fuera de ella. Apreté sus gruesos labios alrededor de mi pene realzando la sensación de penetración. Ella gimió cerca de mí oído. Así que deslicé mi mano a su trasero y palpé su estrellita engurruñada, probando a burlar ese apretado fruncimiento. Eliana respondió deliciosamente mordiéndome el cuello cual si fuese una vampira.
Animado por su apreciable reacción a la estimulación de su diminuto agujero, deslicé la punta de mi dedo medio dentro de su apretado culo. Gruñó como una tigresa y con su mano empujó mi dedo más profundo en su ano. Probé a estimular su clítoris moviendo mi zona pélvica. El hecho de que mi polla estuviera profundamente en su coño, más el sondeo de su culo por mis gruesos dedos; fue más de lo que ella podía aguantar. Todo su cuerpo se sacudió, sentí su panocha que apretaba mi polla y su culo contrayéndose alrededor de mi dedo.
—¡Uuuuuuuhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Mal nacido, folla fuerte mi coño! … ¡Aaaaaaaahhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Que rico, Héctor! … ¡Aaaaaaahhhh! … ¡Ummm, qué rico! …
Cuando su orgasmo disminuyó, me pidió de detenerme por un momento. Estaba abrumada por las sensaciones y cualquier movimiento de mi parte la hacía convulsionar espasmódicamente. Con mi mano libre acaricié su cabello y le susurré al oído.
—Te amo, Eli … Me haces renacer … Enciendes mi espíritu, mi mente y todo mi cuerpo … Nunca he sentido tanto placer como el que acabo de sentir al verte como te corres … Fue genial y hermoso …
Miré sus ojos, pero estaban cerrados y una lágrima bajaba por su mejilla. Finalmente abrió sus hermosos ojos llenos de luz y con un profundo suspiro, me dijo:
—Yo también te amo, Héctor … Te amo de verdad …
Nos abrazamos con nuestros cuerpos desnudos, regocijándonos y saboreando el momento íntimo y erótico. Ella se agachó y acarició mi pene que todavía estaba dentro de su vagina.
—¡Quiero sentir que te corres en mí, Héctor! … ¡Quiero sentir que colmas y me llenas con tu tibio semen! … ¡Lléname con tu semen, hermano! … ¡Dámelo todo! …
Sus palabras lograron el efecto de endurecer mi polla nuevamente. La volteé boca arriba. Quería poder mirar su hermoso rostro y poder ver también mi polla entrando y saliendo de su apretada conchita. Poder estirar mis manos y jugar con sus esplendidas tetas. Quería poseerla y hacerla mía totalmente. Ella despertaba también mi lujuria y ya no me importaba que fuera mi hermana, ahora era la mujer de mi vida.
Me senté a horcajadas sobre sus muslos, mis bolas se acomodaron en su entrepierna, mientras mi gruesa polla se extendía hasta casi tocar su ombligo y comencé a pasearla en medio al surco de sus labios mayores. Mi pene se veía encantador en medio a su vulva. Retrocedí lo suficientes para empujar mi entera polla en su coño; sus regordetes labios se abrieron para dar paso a mi cabezota, luego envolvieron mi asta que entraba y salía de su resbaladizo túnel de amor. Tal vista me provocó un conocido cosquilleo en mi ingle y supe que mi clímax se avecinaba. La miré fijamente a los ojos y la alerté:
—¡Eli! … ¡Me voy a correr! …
—¡Hmm, sí! … ¡Dámelo todo! … ¡Córrete dentro de mí! …
Casi no terminaba de expresar su deseo, cuando disparé mi primera rociada de semen en lo profundo de su coño.
—¡Oh, Jesús, lo siento! … ¡Te siento, hermanito! … ¡Te siento! … ¡Me estás llenando! …
Jadeó alborozada mi hermana. Seguí disparando ráfaga tras ráfaga en su caldero ardiente, Eliana puso sus manos sobre mis nalgas para empujar mi polla más profundo en ella, claro que yo quería también rociar sus tetas, su rostro y todo su cuerpo, pero decidí complacerla y rebosar su panocha con mí lechita caliente. Mí orgasmo fue tan intenso como el de ella. Convulsioné y me sacudí de pies a cabeza. Fue delicioso poder sentir esa sensación de vaciar mis bolas en su ardiente conchita. Mi rostro se deformó en lujuria mientras la embestía disparando continuos borbotones de esperma en ella. Cuando las sensaciones empezaron a disminuir, me relajé encima de ella y nos abrazamos con ella envolviendo sus piernas alrededor de mi cuerpo.
Decidimos retirarnos a mi dormitorio para pasar la noche juntos. Mi pene algo flácido resbaló fuera de su apretado coño y mi semen escurrió por sus muslos. Admito de ser un poco voyerista, así que me senté a contemplar toda la escena. Eliana sintió la tibieza de mi semen escurriendo fuera de su coño, se inclinó un poco y recogió algo en sus dedos, después apretó sus muslos coquetamente y me miró en forma seductora, mientras se llevaba los dedos hacia sus labios.
—¡Mmmmmmmmm! … ¡Mi sabor y tu sabor juntos son geniales! …
Rápidamente la hice sentar al borde del sofá y me arrodillé para saborear nuestros fluidos en su panocha. Eliana tenía toda la razón, habíamos sazonado una sabrosa sopa en su caldero bullente. Me deleité lamiéndola y chupándola, saciando mi sed de ella. Cuando estuvo limpia, la ayudé a ponerse de pie. Nos abrazamos y nos besamos. Ella tomó mi mano y nos dirigimos juntos a mí dormitorio.
Acomodé las sábanas y la ayudé a recostarse sobre la cama mirándonos y sonriéndonos contentos de estar así juntos. Me subí a la cama por mi lado y apagué la lampara de la mesita de noche. Ella estaba acostada sobre uno de sus costados, me acomodé detrás de ella a cucharita y la abracé. Mi polla todavía sólida presionó entre sus glúteos. Le acaricié y besé su cuello, ella tomó mi mano y la colocó sobre sus pechos. Nos besamos y acariciamos durante varios minutos, no había necesidad de palabras, estábamos cómodos, excitándonos juntos nuevamente.
Ella sintió la rigidez de mi polla, arqueó su espalda y la hizo caber entre sus muslos, su mano se estiró empujando suavemente a la hendedura mojada y resbaladiza de su conchita, mi erección potente y dura. Una vez más mi polla fue envuelta en sus acogedores pliegues mojados. Hicimos el amor en forma nueva, calmada y constante en la más completa oscuridad. Primero se corrió ella y esa sensación provocó también mi clímax, fue encantador. Nos fuimos apagando y derivando lentamente en un sueño dulce y satisfactorio. Ahora que ella se había venido a vivir conmigo, teníamos todo el tiempo delante de nosotros a disposición.
Fin
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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
—¡Me duele, Héctor! … ¡Hice todo lo que pude por él! … Pero es un maldito cabrón gorrero … ¡Me engaño, Héctor! … ¡Me engañó! … ¡Y yo la muy boba siéndole fiel al cien por ciento! … ¡No lo puedo soportar! …
Grito en sollozos. Entonces me preguntó:
—¿Puedes ayudarme? … No necesito dinero, pero si de un lugar donde comenzar a ordenar mis ideas para volver a recomenzar, ¿me entiendes? … No quiero recurrir a nuestros padres … Di que sí, hermanito … Tú eres mi hermano mayor y siempre me has ayudado … ¡Por favor! … Di que sí …
Por supuesto que no la iba a dejar así de bajoneada y deprimida en soledad. Inmediatamente accedí a tenerla en mi casa. Amo mucho a mi hermana, es mi pequeñita, siempre fue mi hermanita menor y siempre cuidé de ella.
—¡Por supuesto que puedes venir a quedarte! … ¡Dame solo algunas horas para poner en orden la habitación de huéspedes! … ¡Puedes quedarte todo el tiempo que necesites o quieras! …
Ese mismo día al atardecer, Eliana llamó a mi puerta, ya estaba medio oscuro, pero ella aún vestía sus gafas oscuras, cuando se las saco supe el porqué, sus ojos estaban rojos de lágrimas. Aun así, ella lucía encantadora. Nos abrazamos. Sentí sus pechos duros y respingones presionando fuertemente mis pectorales y mi mente comenzó a desvariar. Sentí unas cosquillas en mi bolas y una ligera rigidez de mi polla, logré controlarme antes de que ella se diera cuenta de nada.
Eliana es una hermosa mujer de treinta y un años. Profesora de educación física, por lo que su cuerpo está siempre en forma. Tiene un esplendido culo a forma de pera que se acentúa con sus ajustados vaqueros. Un estomago liso como pista de aterrizaje y unos maravillosos pechos anchos de copa C, que su primer marido pagó muy caro. Estaba tan orgullosa de ellos que una vez quiso mostrármelos incluso a mí, su hermano. Pero nunca sucedió porque nunca estuvimos a solas. Ahora me parecían más llenitos que antes, tal vez porque estuvo embarazada por un tiempo después de su cirugía correctiva, luego desafortunadamente sufrió un aborto espontaneo, tal vez porque su matrimonio estaba ya en crisis.
Ella es casi tan alta como yo que mido un metro noventa y gran parte de esa altura es gracias a sus piernas que son fenomenalmente largas, esculturales y bien torneadas. Durante algún tiempo trabajó como bailarina y aunque ha pasado bastante tiempo de eso, sus bronceadas piernas no han perdido su forma atractiva y tonificada. Todos sus atributos son memorables en ella, bella como una obra de arte.
Después de nuestro abrazo, Eliana me besó en los labios velozmente como siempre hace:
—Nunca te agradeceré lo suficiente por dejarme estar aquí, Héctor … ¡Eres lo máximo que una hermana podría tener! … ¡Prometo que no te voy a molestar! … ¡Mañana mismo iré a buscar trabajo para independizarme otra vez! … ¡Gracias infinitas! …
—¡No digas tantas boberías, Eli! … ¡Relájate, mujer! … ¡Nadie te apura … Tómate tu tiempo! … ¡Estas pasando por una mala racha! … ¡Lo mejor que puedes hacer es calmarte y relajarte para que puedas tomar la mejor decisión! … Además, Sería genial tenerte cerca … Hace mucho tiempo que no pasamos un tiempo juntos … Espero que estés bien aquí … Yo te cuidaré … Puedo hacerlo …
Nuevamente se abrazó a mí.
—¡Qué maravilloso que eres, hermano! … ¡Te amo! …
—¡Yo también, tesoro! … ¡Haría cualquier cosa por ti! … Ahora vamos a buscar tus maletas para llevarlas a tu cuarto y así puedas acomodarte …
Nos dirigimos a su SUV, ella caminaba delante de mí y no pude evitar de mirar el movimiento hipnotizante de sus redondas nalgas, con ese pliegue que se movía primero en una y luego en la otra, mis ojos no pudieron dejar de mirar su hermoso trasero. Cuando ella se inclinó y metió medio cuerpo en el baúl para sacar las maletas, la visual que me brindó fue gloriosa. La delgada tela de sus pantalones se metió en el surco de sus glúteos, comprimiendo todo los que había debajo, pude ver hasta los gruesos labios de su coño apretados por la tela. ¡Ay, Dios! Me sorprendí al máximo cuando ella espetó medio en broma y medio en serio:
—¡Quita tus ojos de mi culo y ayúdame con estas bolsas, hermanito! …
¡Me había atrapado!, debo admitirlo.
—¡Lo siento querida, hermana! … ¡Soy un hombre! … ¡No puedes culparme de mirar a una chica que luce tan adorablemente bien como tú! …
—Está bien … Gracias por el cumplido … Pero si quieres ayudarme, comienza por concentrarte en sacar estas bolsas y maletas de mi auto …
—¡Sí, señora! … ¡A la orden! …
Saqué la maleta más grande y una de sus bolsas, luego me dirigí a la casa. Me detuve en la puerta a esperarla. Con una mochila en sus hombros y dos bolsas en cada mano, pasó con dificultad junto a mí y entró a la casa. Apenas me sobrepasó, me dijo sin siquiera mirarme:
—¡Y deja ya de mirarme el culo! …
Mientras ella desempacaba todas sus cosas en el cuarto de invitados, pedí con mi celular un par de pizza y Sushi. Justo cuando ella salió de su habitación, llamaron a la puerta, era nuestra comida. Cenamos y conversamos un rato. Era del todo comprensible que ella evitara cualquier referimiento a su última separación. Mantuvimos la conversación ligera y después vimos una película de aviación.
Me imagino que la jornada había sido dura para ella porque muy pronto comenzó a bostezar con evidentes señas de cansancio. Dijo que iba al dormitorio a cambiarse. Cuando reapareció, me quedé alelado. Se había puesto una musculosa sin mangas y un diminuto calzoncito de bikini. Levantó los brazos para dar un teatral bostezo, esto hizo que la remera se levantara y me mostrara su suave vientre desnudo; sus pechos se balanceaban y cimbraban con cada movimiento que ella hacía. ¡Maldita sea! Sí que se veía caliente mi hermanita. También mi polla se erizó en mi shorts.
—¡Ahora sí que me siento liviana y cómoda! … ¡Mi ex moriría si me viera vestida así delante de ti! … ¡Era tan celoso el imbécil! … Esto no te molesta, ¿verdad? …
Tragué saliva y respondí apresurado.
—¡Oh, no! … ¡Por supuesto que no! … Esta ahora también es tu casa … Haz todo lo que te haga sentir cómoda …
—Gracias, cariño … Eres un amor …
Dijo sonriéndome afectuosamente. Enseguida me preguntó:
—¡Oye! … ¿Tienes algo un poco más fuerte para beber por ahí? … Tal vez quiera ahogar un poco de mis penas con una copa …
—Hay una botella con un poco de pisco sour en el refri y en el mueble hay una botella de Jack Daniel’s etiqueta negra … Elije él que más te guste …
—Creo que el pisco sour estará bien para mi … ¿Tu prefieres tomar algo? …
—Un poco de whisky estaría perfecto … A temperatura ambiente … Pero tráeme la botella … Después de un día estresante hay que relajarse … Y si eres una buena chica, podría hasta frotarte los hombros, ¿vale? …
—Me parece justo, ¡vale! …
Gritó alegremente ella. Mientras caminaba hacia la cocina mire su cuerpo despampanante y de alguna forma me pareció que sus caderas se movían algo más pronunciadamente y me pregunté: “Estará dándome un pequeño espectáculo solo para mí”. Me levanté de mi asiento y le grité al caminar:
—¡Eli! … Voy a ponerme unos pantalones o algo así … Necesito algo más cómodo … En un segundo vuelvo, ¿vale? …
—Está bien, cariño …
Respondió desde la cocina. Me dirigí a mi dormitorio. En mi habitación me despojé de la camisa y los pantalones, miré mi polla y estaba semidura.
—¡Compórtate! … Es mi hermana, ¿vale? …
Le dije apuntándolo con un dedo acusador. “Pero se ve tan jodidamente sexy”, pensé. No tenía ropa deportiva limpia, pero encontré unos finos y holgados pantalones de algodón, pensé que andarían bien y me los puse. Como vivo solo, estoy acostumbrado a girar desnudo por casa. Ahora con Eliana en casa, supongo que tendré que limitarme mientras ella esté conmigo. Regresé a la sala de estar sintiéndome bastante más cómodo.
Cuando ingresé a la sala de estar, noté que Eliana había atenuado las luces y encendido algunas velas, también había música suave en el estéreo; se había sentado sobre la alfombra y bebía de un gran vaso de pisco sour.
—¿Te sientes mejor, cariño? … —Pregunté.
—Sí, gracias … Este trago fresco está delicioso … —Respondió con una suave vocecita.
Eliana miró por sobre su hombro, me encuadro con sus dulces ojos claros y me dijo:
—¿He sido una buena niña? … ¿Por qué no te sientas detrás de mí aquí en el sofá y me frotas los hombros? … Siento mi espalda destrozada …
Pasé mi pierna por encima de ella y tomé mi lugar detrás de ella en el sofá. Ella me entregó una copa con dos dedos de bourbon americano que inmediatamente saboreé con avidez. Coloqué el vaso vacío sobre la mesita de centro y ella lo rellenó antes de acomodarse entre mis piernas. Me hice hacia adelante extendiendo mis piernas y brazos, sentí que mi polla se movía y casi tocaba su cuello, esto se pone interesante, pensé.
Durante años había fantaseado con hacerle el amor a mi hermana menor, pero nunca me había atrevido a insinuarle nada por miedo a poner en peligro nuestra hermosa relación de hermanos. Esto era lo más cercano que podría interpretarse como un acercamiento sexual y mi polla no me iba a permitir descartar el hecho en mi mente.
Eliana bajó su barbilla sobre su decolté y llevó sus cabellos hacia la parte delantera de su hombro derecho, permitiéndome así acceder a su cuello. Luego colocó los tirantes de su musculosa en la parte superior de sus brazos, lo que me dejaba campo libre para frotarle los hombros. Me incliné hacia adelante y me encontré mirando las encantadoras tetas de mi hermana menor. La musculosa era de corte bajo y al bajar los tirantes sobre sus brazos, esta se había ensanchada hacia adelante y me daba una vista espectacular de sus hermosos pechos. La piel se veía tan suave lozana y el contorno exuberante de sus redondas y pesadas tetas eran la gloria. Para que decir sus pequeñas areolas casi del mismo color de su piel con esos pezones paraditos como frijoles negros. A duras penas me contuve y no le salté encima para violentarla. Masajeé con las yemas de mi dedos, ambos lados de su columna vertebral, deshaciendo los nudos acumulados por el estrés. Traté de no mirar sus tetas que se balanceaban al ritmo de mi masaje, pero era un caso perdido, mis ojos siempre estaban allí.
Poco a poco fui bajando por los costados laterales de la columna, ejerciendo mesurada presión con mis dedos y a veces con mis nudillos. Ella canturreaba las canciones del estéreo y se quejaba o gemía bajo la presión de mi masaje. Paulatinamente me encontré vagando en una de mis fantasías sexuales con ella. Abruptamente volví a la realidad cuando ella exclamó:
—¡Maldita sea! … ¡Se me acabó mi trago! …
Estaba tan absorto en mi ensoñación frotando los hombros de mi hermana que había perdido totalmente la noción del tiempo. ¿Cuánto tiempo había pasado? Con algo de pereza respondí.
—Abajo … En el cajón de la verdura, debería haber una botella llena de la misma bebida …
—¡Fantástico! … ¡Iré por ella! …
Dijo levantándose un poco demasiado rápido perdiendo el equilibrio y cayendo hacia atrás. Traté de atraparla, pero ella estiró sus brazos y manos hacia atrás para sostenerse. Su mano se apoyó directamente sobre mi polla semidura. Sentí que saltaba al tocarla. La miré a la cara para preguntarle si estaba bien, pero sus ojos estaban fijos en mi entrepierna. Comencé a sentirme un poco cohibido, pero preferí descartar cualquier pensamiento esperando que fuera solo mi depravada imaginación.
Eliana se tambaleó recuperando su compostura y se dirigió a la cocina. Mientras caminaba me di cuenta de que el calzoncito de su bikini se había metido en el surco de sus glúteos y parecía una tanga. Ella no hizo ningún intento de enderezarlos y disfruté el movimiento sicalíptico de sus desnudas nalgas mientras se alejaba. Pronto llegó con la botella nueva de pisco sour y se sirvió una copa llena.
—¡Tienes que ponerte al día, hermanito! … ¡Me voy a emborrachar muchísimo y no quiero que estés sobrio para reprocharme! … ¡No me dejes beber sola, hermanito! … ¡Tienes que beber al menos dos de tus tragos para estar iguales! … ¡Bebe para poder continuar! …
Me dijo guiñando un ojo, me tendió mi copa, bebí, ella volvió a poner un poco de whisky y volví a beber, rellenó ambos vasos y volvió a sentarse entre mis piernas dándome la espalda, aproveché la oportunidad para ajustar mi erección en desarrollo.
Esta vez, ella bajó un poco más los tirantes de su musculosa y los dejó deslizarse casi hasta sus codos. Esto provocó que su remera se abriera ligeramente hacia adelante y aparecieron sus apetitosas tetas ante mis voraces ojos. Volvió a tirar su cabello hacia un lado y bajó su barbilla. Reanudé mi masaje a su trapecio y parte superior de sus hombros. Dejó escapar un gemido y levantó su cabeza hacia mi ingle. Con los ojos cerrados, apoyó la parte superior de su cabeza directamente contra mi rígida polla. No podía no haber notado mi erección. Casi en un arrullo y sonriendo, bisbiseó:
—¡Oh, Dios! … ¡Esto se siente sumamente bien! …
Me quedó la duda de si se estaba refiriendo al masaje o a mi polla. En fondo en fondo, esperaba que se refiriera a mi polla.
Eliana colocó sus manos suavemente sobre las mías y me acompaño a frotar sus hombros. Entonces comencé a frotar su parte delantera, su escote, pero sin tocar sus pechos. Evité de seguir bajando sobre esos deliciosos melones maduros. Ella mantuvo sus manos sobre las mías mientras yo masajeaba su platisma y pectoral mayor. De repente ella respiró en forma profunda y sorpresivamente tiró de mis manos sobre sus pechos. Me paralicé sin saber que hacer.
—¡No pares! … ¡Sigue frotando! …
Gimió. Esa era el único estimulo que necesitaba. Comencé a amasar y aplastar sus mullidas tetas, deslizando sus pezones entre mis dedos y atrapándolos entre mi índice y mi pulgar para tirarlos hacia arriba.
—¡Oh, Héctor! … ¡Estoy tan cachonda! … Y por la sensación de tu polla en mi cabeza, supongo que tu también lo estás …
¡Demonios! ¡Ella se había dado cuenta! ¡Pero parecía no importarle! No se si estaba soñando, me pareció escucharla decir que estaba “Cachonda”. ¡Santo cielo! ¿Estaba esto realmente sucediendo!
Se puso de rodillas y se giró hacia mí como si sus movimientos fueran captados en cámara lenta. Yo estaba desconcertado. Sus ojos claros se fijaron en los míos y antes de que pudiera reaccionar, su mano aferró mi polla por sobre mis pantalones y puso un dedo en mis labios:
—¡No digas nada! … ¡Sólo sígueme! …
Ni siquiera pude fingir disgusto o vergüenza. Ella retiro su dedo de mis labios y los metió en la pretina de mis pantalones, tiró de la banda elástica y mi polla saltó pulsando y balanceándose en el aire. La tomó con su mano izquierda, mientras que con su derecha continuaba a bajarme los pantalones, para luego frotar su mano entre mis muslos, cosquilleando mis bolas peludas.
Me miró con sus luminosos ojos mientras estiraba su lengua para comenzar a lamer mi polla. La atrajo hacia su rostro y tomándolo a la base se dio unos golpecitos en su mejilla derecha con mi cabezota hinchada, enseguida lo deslizó dentro de su cálida y húmeda boca sin apartar sus ojos vidriosos de mi mirada atónita. Hizo girar su lengua cual si fuera un remolino alrededor de mi corona mientras lo hacía descender más y más adentro de su boca. Apenas pestañeó cuando mi polla entera desapareció entre sus labios carnosos. Mi masculinidad tocaba el fondo de su garganta. Creí morir cuando ahuecó su mano y acarició mis cojones, tratando de empujar más de mi polla en su boquita caliente. Todo se había salido de la norma, me sentí abrumado con mi hermanita que casi se ahogaba chupándome la polla. Hábilmente me quitó los pantalones sin dejar de masajear mis bolas hinchadas, su mano estaba ocupada en deslizar mi prepucio hacia arriba y hacia abajo, al mismo ritmo que su cabeza subía y bajaba encima de mi verga a punto de reventar. Me incliné como pude y aproveche de sentir la suave piel de sus tetas durísimas.
La estimulación oral está entre mis preferidas. Es muy intenso cuando una mujer te mira y te chupa la polla entusiásticamente. Lo extraño era que esa mujer era nada más y nada menos que mi propia hermana que me miraba intensamente con sus ojos de niña, haciendo palpitar mi polla con su lengua. Esto era hacer realidad una fantasía de años, un acto tabú y prohibido. Tal vez por eso me excité tanto que sentí al cabo de pocos minutos que le iba a explotar en su boca famélica. Tomé su cara entre mis manos y le dije:
—Sí sigues así, querida … Vas a hacer que me corra en tu boca …
Sacudió su cabeza para liberarse de mis manos y con los ojos bañados en lujuria pura, procedió a tragarse mi entera polla, chupándome y masturbándome con mayor ahínco. Su mano presionó suavemente mis bolas y la habitación se lleno con el sonido de mi hermana chupándome la polla como si se tratara de algún campeonato mundial.
—¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Slurp! … ¡Guack! … ¡Guack! …
Esto fue demasiado para mí, tomé su nuca en la palma de mi mano y follé su boca desesperado.
—¡Oh, mierda! … ¡Me voy a correr! … ¡Uuurrgghhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Chupa mal nacida! … ¡Traga todo! … ¡Que rico me chupas, hermanita! … ¡Que rico! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Me salieron hasta lágrimas de los ojos cuando chorros y chorros de semen salieron disparados directamente en la garganta de Eliana. Se sacó mi polla de su boca justo al momento que un filamento nacarado cruzó todo su rostro, luego la apuntó en medio de sus acogedoras tetas. Un hilo de semen colgaba de uno de sus parpados. Podía sentir cada chorro saliendo expulsado de mi verga enrojecida. Su mano que no dejaba de exprimir mi polla, también se cubrió de glaseado. Entonces ella acercó su boca para chupar todo el resto.
Lamía y chupaba como si hubiera habido veda de semen en todo el mundo. Mi cuerpo temblaba por entero, siendo el centro gravitacional, mi polla escondida en lo profundo de la boca de mi hermana. Me sacudí en violentos espasmos y me dejé lamer y chupar sin regodeos.
—¡Mmmmmmmmm! …
Fue el único sonido que escuche de ella cuando finalmente sacó mi polla de su boca. Chupeteó un poco mi corona y lamió el semen de sus dedos. Me miró con un solo ojo, el otro estaba cubierto con mi esperma y pestañeaba y me dijo:
—Eso fue maravilloso, Héctor … Creo que la vamos a pasar muy bien tú y yo… No sabes cuanto tiempo he soñado con hacerte una buena mamada … Espero haber estado a la altura …
Mientras pronunciaba estas palabras, su mano izquierda estaba ocupada en esparcir mi corrida por sobre sus tetas gordinflonas y pesadas, la musculosa estaba completamente manchada. Su otra mano hurgueteaba dentro de su calzoncito, masajeando su coño encendido. Luego agregó:
—¡Dime que lo hice bien, por favor! … ¡Quiero más! … ¡Lo necesito desesperadamente! …
—Relájate, Eli … Tal vez sea yo quien ha querido esto por mucho más tiempo que tú … Soy hombre y me masturbo a menudo … Siempre pienso en ti … Eres mi fantasía favorita …
Dicho esto la recosté en el amplio sofá y me puse encima de ella para frotar mi polla semi blanda en medio a sus bronceados muslos suavemente. Ella gentilmente se hizo a un lado diciéndome:
—¡Espera! … ¡No tan de prisa! …
Había un brillo de regocijo en sus ojos cuando me dijo:
—Desde siempre que he querido mostrarte esto …
Se le escapó una risita de su boca cuando levantó su musculosa por sobre su cabeza y se la quito. Ante mis profanos ojos apareció la quintaesencia de las tetas. ¡Podría morir por ellas! ¡La perfección absoluta! Con los brazos en el aire, pude apreciar a conciencia la perfección de sus mamas. Apenas se movían inflexibles luciendo todo su esplendor y belleza. Ni siquiera el escultor más probo y talentoso podría haber mejorado la suave estética embellecedora de esas pendientes y descendentes colinas que comenzaba en su clavícula hasta sus alertados pezones respingones y desafiantes. Las copas de abajo, pesadas con sus implantes, empujaban hacia arriba. Sonrió diabólicamente e hizo cosquillas en la punta de sus pezones, luego levantó su teta izquierda y se la llevó a la boca, succionando audiblemente su pezón. Soltó de pronto sus senos y los comenzó a tirar hacia arriba desde sus puntiagudos pezones.
—¿Y? … ¿Qué opinas? … ¿Te gustan? …
—¡Santo cielo, cariño! … ¡Podría decir que nunca antes había visto unas tetas tan gloriosamente perfectas! … ¡Y sabes que he tenido mi buena cantidad de ellas! …
—¿Seguro? … ¿Estás siendo honesto o simplemente estás cachondo? … ¡Dime la verdad! … Yo las amo, pero quiero saber qué piensas tú de verdad …
—¿Acaso crees que podrías bromear, Eliana? … ¡Son fenomenales! … ¡Ya quisiera yo tener mi verga apretada entre tus suculentas tetas! …
—¡Guau! … ¡Cálmate, hermanito! … Tenemos mucho tiempo para hacer muchas cosas … ¡Vamos por parte! …
Soltó sus senos y llevó sus dedos a la pretina de su pequeño calzón.
—Ahora quiero saber, ¿Qué opinas de esta parte de mí? …
Los bajó hasta hacerme ver su montículo límpido y bien afeitado, apenas podía vislumbrar la rajita de su coño. No podía ver nada más, solo imaginarme. Movió seductoramente sus caderas, esperaba pronto ver algo más de su coño, pero ella tiró de las partes laterales de su calzoncito más y más arriba. Tal acción hizo que esas bragas delgadas se incrustaran profundamente en la grieta de su panocha, separando sus labios y desapareciendo entre ellos. Su coño estaba totalmente rasurado. Pensé que era lo habitual en ella, pero me recordé que meses antes ella me había confidenciado que había dejado de afeitarse porque ya no quería atraer a su marido, a lo cual yo le había revelado mi interés y preferencia de un coño limpiamente afeitado. ¿Había ella hecho esto solo para mí?
Suspiré y asentí con una sonrisa de aprobación mientras ella continuaba con su striptease. En ese momento ella se giró y me dio juguetonamente un golpe con su redondo y apretado culo. Lentamente bajó sus bragas hasta la mitad de sus muslos, giró su rostro hacia mí y me lanzó una mirada con su boca entreabierta y la punta de su lengua tocando sus blancos dientes. Nunca pensé que ella me miraría de ese modo. A continuación, extendió ligeramente sus piernas y con su mano derecha cubrió totalmente su panocha, se frotó el coño con movimientos circulares un par de veces lanzando cachondos gemidos. Con sus dedos índice y pulgar, abrió los labios de su pequeño coño, arqueó su espalda y me ofreció una vista increíble de su rosado agujero, luego se penetró con sus delgados dedos ahí a cincuenta centímetros de mi rostro. El aroma de su esencia de mujer inundó mis fosas nasales mientras veía sus dedos brillantes y mojados entrando y saliendo de su apretado coño. Se giró como una felina en celo, su mano izquierda tiraba de su pezón derecho, su mano derecha se mantenía entre sus apretados muslos; me miró cuando la sacó embadurnada con sus fluidos vaginales y se la llevó a su boca, ronroneó como una gatita y me dijo:
—¡Hmmmmmm! … ¡Mi coño sabe de maravillas! … ¿Quieres probar? …
Sentí mi pecho apretado, había perdido la palabra, solo asentí bobamente y susurré:
—¡Ah-ha! …
Luego me incliné hacia adelante en el sofá. Meneó coquetamente sus piernas e hizo caer sus bragas sobre la alfombra y salió de ellas. Luego abrió sus piernas. ¡Su coño era algo alucinante! No me había imaginado que se vería así tan increíble. Sus gorditos labios mayores, apenas ocultaban los pliegues de sus labios menores que pendían tímidamente de su ranura estrecha. Extendí mis manos y tomé sus caderas. Dócilmente ella monto a horcajadas mi pecho y empujó su ranura lampiña a mi boca. Inhalé profundamente su fragancia y estiré mi lengua para sentir la sapidez de su humedal. Eliana agarró sus tetas mientras yo comenzaba a lamer y chupar su coño.
—¡Oh, Dios! … ¡No puedo creer que finalmente mi hermano mayor me esté chupando el coño! … Esto es muy caliente y depravado, ¿sabes? … Mi hermanito que me cuida y me chupa así de rico mi panocha … ¡Hmmmmmmmm! … ¡No puede haber nada más de tan maravilloso! …
Mi lengua vagaba enloquecida de lado a lado en su hendidura. Lamí sus gruesos labios y succiones los pliegues delicados de sus labios menores, tirando suavemente de ellos con mis labios. Mientras saboreaba su manjar de mujer, levanté mi mano sobre su montículo y comencé a rasguear los pliegues de la capucha de su clítoris. Cuando su botoncito del placer emergió de su escondite, lo lamí con ligeros lengüetazos, azotándolo sutilmente.
Me impacienté por sentir el orgasmo de mi hermana en mi rostro y concentré mi atención oral en el capullo florecido, erizado y acerbo. Ella respondió bajando su punto de equilibrio, posando su vulva entera sobre mi boca.
—¡Sí sigues así … Te haré probar mis jugos de mujer! …
Me aparté ligeramente de la presión de su conchita, para decirle:
—¡Eso es lo que quiero, Eli! … ¡Que te corras en mi boca! … ¡Cubre mi rostro y dame de probar tu placer! …
Agarré sus caderas y comencé a lamer y chupar directamente su clítoris en forma intensa. Reaccionó haciendo bailar su coño sobre mi boca, comenzando a estremecerse. Repentinamente ella agarró mi cabeza desesperadamente y restregó su conchita contra mi boca.
Sus muslos se tensaron y su cuerpo se puso rígido. Segundos después apretó mi rostro con sus piernas temblorosas. Se relajó y volvió a apretar, una, dos, tres veces. Comencé a saborear su orgasmo. Su respiración se detuvo, se sacudió y volvió a respirar con afano. Seguí tratando de alcanzar su clítoris, pero ella saltaba y se alejaba de mi lengua insistente, hasta que puso su mano sobre mi boca. Se echó hacia atrás, temblando sobre mi ombligo.
—¡Uhmmmmmmm! … ¡Umpf! … ¡Oh, Jesús … Jesús! … ¡Eres una bendición, Héctor! … ¡Te amo! … ¡Aahhhhhh! … ¡Umpf! …
Se inclinó todavía respirando forzadamente y me besó:
—¡Eso fue intenso! … ¡Nadie me ha lamido el coño de esa forma! … ¡Eres lo máximo, Héctor! … ¡No solo me cuidas, también me das placer! … ¡Te amo, hermano! …
—Yo también te amo, cariño … Me alegro de haber podido complacerte …
—Me dejaste sin aliento y ni siquiera me has hecho probar esa linda polla tuya todavía …
Mi pene lucía una hermosa y furiosa erección. Ella se hizo aún más atrás para sentir mi dura polla en su coño mojado, comenzando a mover sus labios hinchados sobre mi cabezota amoratada.
Sonrió cálidamente mientras enredaba sus dedos en mi cabello. Sus labios se unieron a los míos y nos besamos con pasión y delicadez. Pronto nuestras lenguas se conocieron y nuestro beso se profundizó. Su mano se movió entre mi vientre y mi polla, presionó mi cabezota con sus dedos contra su clítoris y gimió audiblemente.
—¿Te gustaría follar con tu hermana, hermano? …
—¡Moriría si no pudiera hacerlo! …
Con eso, ella se movió ligeramente hacia arriba todavía con mi polla entre sus dedos. Empujó mi cabezota entre sus pliegues mojados y lentamente se empaló en mi dura erección. Eliana estaba sorprendentemente apretada. Suspiró, gimió, aguanto su respiración antes de tomar todo mi pene duro como diamante dentro de su acogedora humedad.
—¡Lo siento! … ¡Hace mucho tiempo que no tengo un hombre dentro de mí! … ¡Déjame acostumbrarme a ti! …
—¡No te disculpes, tesoro! … ¡Yo ya estoy en el paraíso! … ¡Hazlo con calma! …
Por un rato ella se deslizó hacia arriba y hacia abajo encima de mi pene, lubricaba y se acostumbraba a mí. Inesperadamente, ella se sentó con fuerza tomando toda mi polla dentro de ella. Jadeó en busca de aire, luego tomó mi cara entre sus manos y me besó ardorosamente mientras mi verga permanecía hundida hasta el fondo de su panocha. Sentí el goteo sobre mis testículos y escurrir por la grieta de mi trasero. Ella llevó su mano hacia atrás y acarició mis bolas humedecidas, mientras iniciaba un vaivén con sus caderas. Me sentí más feliz que un niño en la fabrica de Wonka. Quería tocar su hermoso rostro. Ansiaba acariciarle y chuparle esas tetas respingonas. Quería coger su hermoso culo. ¡Ay, Dios! ¡Ayúdame tú! Quería hacerle hasta lo indecible a mi bella hermana. Me enderecé un poco y me metí uno de sus pezones en mi boca, lo apreté delicadamente con mis dientes. Con mi mano aplasté su otra teta, ella apretaba mi cabeza contra el pecho que estaba chupando y lamiendo.
—¡Ahhhhhh! … ¡Te siento tan rico, Héctor! … ¡Todo mi cuerpo te quiere! …
Los músculos de mi vientre se habían apretado por estar medio sentado, así que me recosté y la tiré encima de mí. Continuamos a besarnos mientras mis manos se movían hacia su culo. Tomé sus suaves nalgas con firmeza y la follé con pasión, llevando mi polla a lo más profundo de su ajustado coño.
El sonido de golpes de nuestros cuerpos al estrellarse con pasión el uno contra el otro, llenó el espacio de la sala de estar. Había un frenesí animalesco al follar entre ella y yo. A medida que el ritmo disminuía, extendí mi mano para colocar mis dedos sobre sus labios mayores que envolvían mi pene religiosamente, sentí mi polla deslizándose dentro y fuera de ella. Apreté sus gruesos labios alrededor de mi pene realzando la sensación de penetración. Ella gimió cerca de mí oído. Así que deslicé mi mano a su trasero y palpé su estrellita engurruñada, probando a burlar ese apretado fruncimiento. Eliana respondió deliciosamente mordiéndome el cuello cual si fuese una vampira.
Animado por su apreciable reacción a la estimulación de su diminuto agujero, deslicé la punta de mi dedo medio dentro de su apretado culo. Gruñó como una tigresa y con su mano empujó mi dedo más profundo en su ano. Probé a estimular su clítoris moviendo mi zona pélvica. El hecho de que mi polla estuviera profundamente en su coño, más el sondeo de su culo por mis gruesos dedos; fue más de lo que ella podía aguantar. Todo su cuerpo se sacudió, sentí su panocha que apretaba mi polla y su culo contrayéndose alrededor de mi dedo.
—¡Uuuuuuuhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Mal nacido, folla fuerte mi coño! … ¡Aaaaaaaahhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Que rico, Héctor! … ¡Aaaaaaahhhh! … ¡Ummm, qué rico! …
Cuando su orgasmo disminuyó, me pidió de detenerme por un momento. Estaba abrumada por las sensaciones y cualquier movimiento de mi parte la hacía convulsionar espasmódicamente. Con mi mano libre acaricié su cabello y le susurré al oído.
—Te amo, Eli … Me haces renacer … Enciendes mi espíritu, mi mente y todo mi cuerpo … Nunca he sentido tanto placer como el que acabo de sentir al verte como te corres … Fue genial y hermoso …
Miré sus ojos, pero estaban cerrados y una lágrima bajaba por su mejilla. Finalmente abrió sus hermosos ojos llenos de luz y con un profundo suspiro, me dijo:
—Yo también te amo, Héctor … Te amo de verdad …
Nos abrazamos con nuestros cuerpos desnudos, regocijándonos y saboreando el momento íntimo y erótico. Ella se agachó y acarició mi pene que todavía estaba dentro de su vagina.
—¡Quiero sentir que te corres en mí, Héctor! … ¡Quiero sentir que colmas y me llenas con tu tibio semen! … ¡Lléname con tu semen, hermano! … ¡Dámelo todo! …
Sus palabras lograron el efecto de endurecer mi polla nuevamente. La volteé boca arriba. Quería poder mirar su hermoso rostro y poder ver también mi polla entrando y saliendo de su apretada conchita. Poder estirar mis manos y jugar con sus esplendidas tetas. Quería poseerla y hacerla mía totalmente. Ella despertaba también mi lujuria y ya no me importaba que fuera mi hermana, ahora era la mujer de mi vida.
Me senté a horcajadas sobre sus muslos, mis bolas se acomodaron en su entrepierna, mientras mi gruesa polla se extendía hasta casi tocar su ombligo y comencé a pasearla en medio al surco de sus labios mayores. Mi pene se veía encantador en medio a su vulva. Retrocedí lo suficientes para empujar mi entera polla en su coño; sus regordetes labios se abrieron para dar paso a mi cabezota, luego envolvieron mi asta que entraba y salía de su resbaladizo túnel de amor. Tal vista me provocó un conocido cosquilleo en mi ingle y supe que mi clímax se avecinaba. La miré fijamente a los ojos y la alerté:
—¡Eli! … ¡Me voy a correr! …
—¡Hmm, sí! … ¡Dámelo todo! … ¡Córrete dentro de mí! …
Casi no terminaba de expresar su deseo, cuando disparé mi primera rociada de semen en lo profundo de su coño.
—¡Oh, Jesús, lo siento! … ¡Te siento, hermanito! … ¡Te siento! … ¡Me estás llenando! …
Jadeó alborozada mi hermana. Seguí disparando ráfaga tras ráfaga en su caldero ardiente, Eliana puso sus manos sobre mis nalgas para empujar mi polla más profundo en ella, claro que yo quería también rociar sus tetas, su rostro y todo su cuerpo, pero decidí complacerla y rebosar su panocha con mí lechita caliente. Mí orgasmo fue tan intenso como el de ella. Convulsioné y me sacudí de pies a cabeza. Fue delicioso poder sentir esa sensación de vaciar mis bolas en su ardiente conchita. Mi rostro se deformó en lujuria mientras la embestía disparando continuos borbotones de esperma en ella. Cuando las sensaciones empezaron a disminuir, me relajé encima de ella y nos abrazamos con ella envolviendo sus piernas alrededor de mi cuerpo.
Decidimos retirarnos a mi dormitorio para pasar la noche juntos. Mi pene algo flácido resbaló fuera de su apretado coño y mi semen escurrió por sus muslos. Admito de ser un poco voyerista, así que me senté a contemplar toda la escena. Eliana sintió la tibieza de mi semen escurriendo fuera de su coño, se inclinó un poco y recogió algo en sus dedos, después apretó sus muslos coquetamente y me miró en forma seductora, mientras se llevaba los dedos hacia sus labios.
—¡Mmmmmmmmm! … ¡Mi sabor y tu sabor juntos son geniales! …
Rápidamente la hice sentar al borde del sofá y me arrodillé para saborear nuestros fluidos en su panocha. Eliana tenía toda la razón, habíamos sazonado una sabrosa sopa en su caldero bullente. Me deleité lamiéndola y chupándola, saciando mi sed de ella. Cuando estuvo limpia, la ayudé a ponerse de pie. Nos abrazamos y nos besamos. Ella tomó mi mano y nos dirigimos juntos a mí dormitorio.
Acomodé las sábanas y la ayudé a recostarse sobre la cama mirándonos y sonriéndonos contentos de estar así juntos. Me subí a la cama por mi lado y apagué la lampara de la mesita de noche. Ella estaba acostada sobre uno de sus costados, me acomodé detrás de ella a cucharita y la abracé. Mi polla todavía sólida presionó entre sus glúteos. Le acaricié y besé su cuello, ella tomó mi mano y la colocó sobre sus pechos. Nos besamos y acariciamos durante varios minutos, no había necesidad de palabras, estábamos cómodos, excitándonos juntos nuevamente.
Ella sintió la rigidez de mi polla, arqueó su espalda y la hizo caber entre sus muslos, su mano se estiró empujando suavemente a la hendedura mojada y resbaladiza de su conchita, mi erección potente y dura. Una vez más mi polla fue envuelta en sus acogedores pliegues mojados. Hicimos el amor en forma nueva, calmada y constante en la más completa oscuridad. Primero se corrió ella y esa sensación provocó también mi clímax, fue encantador. Nos fuimos apagando y derivando lentamente en un sueño dulce y satisfactorio. Ahora que ella se había venido a vivir conmigo, teníamos todo el tiempo delante de nosotros a disposición.
Fin
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Mi hermana Lucía.
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