Flechada y anudada.

por
género
confesiones

Me siento tan mojada cada vez que vienen a mi mente los recuerdos de mi primera vez con mi mascota, que finalmente decidí a escribirlo. Espero de verdad que esto ayude a otras chicas a decidirse a gozar con sus amigos peludos, es lo más abrumador que una mujer pueda sentir y es maravilloso.


Las cosas sucedieron casi un año atrás. Los fines de semana, después de estresantes jornadas de trabajo, me gusta caminar desnuda por la casa. De esa manera puedo mantenerme excitada todo el fin de semana con la esperanza de tener sexo. Este sábado fue algo parecido. Estaba recostada en el diván mirando la Tv mientras mis dedos jugaban a frotar delicadamente mi labia, pensando a tener a un chico lamiendo mi panocha. Me llamó la atención un rasguño en la puerta de la cocina. Fui y la abrí, encontré un perro que había visto rondar hace algunos días. Ya le había dado algunas sobras de comida y pensé que andaba buscando algo de comer. Lo dejé entrar y le puse unas sobras de la cena, comenzó a comer y yo me fui al sofá a continuar con mis deporte favorito, masturbarme. Me relajé y cerré los ojos, escuché un ruido y vi que el perro había venido a echarse a los pies del sofá. Continué a frotar mi coño con mis dedos otra vez. Al cabo de un par de minutos sentí una cosa caliente y áspera rozar mis labios enrojecidos y mojados. Me asusté y cerré mis piernas de golpe al ver al perro lamiéndome con su lengua. Con mis pies lo empujé lejos.


Me levanté temblando sin saber que hacer. Indecisa y vacilante me fui a la ducha. Mientras el agua tibia escurría por todo mi cuerpo, por alguna extraña razón comencé a pensar al perro lamiendo mi panocha; su tibia y mojada lengua había rozado mis labios y esto se había sentido bien, pero me asusté, me dio vergüenza de poder sentir algo así. Volví a sentir mi panocha hirviendo y comencé a masturbarme pensando al perro. Me calenté tanto que decidí regresar al sofá y ver que podía hacer ese perro a mi conchita.


Me senté en el diván y el perro se acercó a mí, le abrí bien las piernas y él comenzó a olerme, luego comenzó a lamerme. No podía creerlo, su lengua áspera se sentía fabulosamente bien. Rápidamente mi coño comenzó a inundarse de fluidos y él más lamía mi jugosa vagina. No pude evitar de preguntarme si él se excitaba tanto como yo. Eché un vistazo bajo su panza, entre las patas traseras se veía la funda que ocultaba su polla; asomaba solo una diminuta puntita rosada. Solo al ver esa polla de perro casi me corro. Entonces me di cuenta de que tenía que probarlo. Así como él me estaba probando a mí, yo también lo iba a probar a él, a cada cual lo suyo, ¿no?


Me bajé del sofá y me recosté sobre la alfombra. Lo empujé al suelo y comencé a escarbar en su pelaje alrededor de su vaina donde había visto esa aguzada puntita rosada. Esta era la primera vez que tocaba una polla de perro. La puntita estaba caliente y resbaladiza, meneé mis dedos hacia arriba y hacia abajo y pude ver como esa puntita puntiaguda comenzaba a salir y a crecer. Estaba bastante tiesa, pero delgada y mojada. Al cabo de unos minutos, tenía una gran polla con algo enorme en su base, más tarde supe que eso era su nudo.


Me puse a la altura de su polla y estiré tímidamente mi lengua, comencé a lamer con cierto recelo; nunca antes en mi vida había hecho algo tan depravado. Poco a poco me fui metiendo más de su polla en mi boca, su sapidez era algo desabrido y acre. Me di cuenta de que debía hacer lo mismo que le hago a los chicos. Así que dejé que me follara la boca, comenzó lentamente y luego lo hizo en forma furiosa. Esto me hizo excitar muchísimo, estaba bebiendo sus jugos, pero quería que él acabara en mi boca, ahora quería que me follara de verdad.


Volví a sentarme sobre el sillón, abrí mis piernas, agarré sus patas delanteras y lo subí encima de mí. Sentí que su polla estaba a la altura de mi coño. Me incliné, agarré su pene y lo guié hacía mi abertura mojada. ¡Dios santo! Era tan grande y muy resbaladizo. Se sintió maravilloso cuando se introdujo en mí coño. Deslicé un poco mí espalda sobre el sillón y bajé mi sexo, intenté seguir el ritmo de sus empujones, pero me fue imposible, él iba a una velocidad inigualable. Así que le dejé que me follara. ¡Uhhhhhh! Se sentía tan rico. Mi coño estaba llenito de polla de perrito. Hasta me hizo gritar cuando su nudo entró y salió como loco de mi conchita, temblé y creo haber gozado de mi primer orgasmo. Empujé mi ingle contra su polla y eso redondo y grande se metió de fuerza dentro de mi coño y no volvió a salir; ahora mientras él me follaba tironeaba de mi coño en forma demencial. Creí que terminaría arrancándomelo. Sí, había un poquito de dolor, pero el placer era innegablemente superlativo. Fue parecido a la primera vez que me reventaron el culo, pero mejor. Me volví a correr.


Muy pronto el dolor disminuyó y sentí solo placer y lujuria. El pene del perro era demasiado rico. Pensé que pronto se iba a correr en mi coño. Hacer el amor con el perro me había hecho perder mi sentido de espacio tiempo, realmente abrumador su pene en mi vagina. Empecé a frotar sus orejas y lomo mientras el me follaba, entonces lo sentí. Levanté mis piernas para rodearlo con ellas y lo abracé estrechando su pelaje contra mis tetas mientras sus chorros calientes me llenaban toda enterita.


Sentí que algo de su lechita escurría fuera de mi coño, bajé una mano y recogí algo de eso. Entonces probé a mi primer perro. Era algo diferente al de un hombre. Un poco más ácido, pero bastante bueno. Ahora el problema era que estábamos pegados. Miré entre mis piernas y vi el cordón rojizo que salía de mi panocha extra colma de su polla. No podía quitármelo de encima. Entonces lo mantuve allí abrazándolo y tratando de calmarlo para que no nos hiciéramos daño el uno al otro.


Después de unos quince o veinte minutos, su pene resbaló sólo fuera de mí. Entonces vino una riada de semen saliendo de mi panocha, traté de tomarlo en mis manos, pero era demasiado, así que comencé a beberlo rápidamente, todavía era mucho, así que lo espalmé por todo mi cuerpo, hasta que taponeé mi coño con una mano y corrí al baño a lavarme. Me senté en el inodoro a chuparme los dedos. Me encantaba estar bañada de semen de perro y haber podido beber todo lo que pude. El perro se había echado sobre la alfombra a limpiar su verga enorme. No podía apartar la vista de esa rojiza monstruosidad que segundos antes había estado provocándome deliciosos orgasmos, entonces me di cuenta de que había sido flechada por él, algo parecido al amor; tenía que volver a tenerlo en mí.


Después de haberme lavado lo mejor que pude, rápidamente regresé a la sala de estar. El perro todavía estaba echado sobre la alfombra, su polla había desaparecido en su funda, así que me puse junto a él e inicié un masaje a su vaina peluda con la ilusión de volver a ver la enorme polla canina que me había subyugada. Esta vez quería hacerlo acabar en mi boca. No fue mucho lo que tuve que esperar. Su polla comenzó a salir y a crecer ante mis ojos ávidos. Acerqué mi rostro hacia él y me lo metí a la boca comenzando a lamerlo suavemente. Tan pronto como toda su polla estuvo fuera, comencé a tragar toda su longitud. Podía sentir que se hacía más grande directamente en mi boca. Comencé a moverme hacia arriba y hacia abajo sobre su polla que se estaba haciendo cada vez más gorda, su nudo también crecía a medida que lo chupaba. Lo estaba chupando ardorosamente y me encantaba. Me di cuenta de que pulsaba y se sentía más caliente, probablemente se preparaba para disparar. Comencé a masturbarlo rápidamente con mi mano, entonces lo hizo. Disparó un par de ráfagas contra la parte posterior de mí garganta. Intenté tragar todo, pero parte se filtró por la comisura de mis labios. Cuando terminó de lanzar los chorros potentes, lo saqué de mi boca y use mi lengua para atrapar los chorritos pequeños, el resto lo rocié en mi cara. Se sentía magnifico, no me cansaba de hacerlo.


Miré el reloj y me di cuenta de que había pasado casi una hora y media, probablemente sus dueños debían estar buscándolo. Lo llevé cerca de la puerta, la abrí y él salió corriendo, tal vez hacía el lugar donde vivía.


Esa fue mi primera vez. Ni siquiera sabía el nombre del perro. Desde entonces lo comencé a dejar entrar tres o cuatro veces a la semana y repetíamos todo el rito sexual de apareamiento. Su enorme polla me dejaba satisfecha y su semen escurría de mi panocha hasta dos días después de haber yacido con él. Sabía que esto tan hermoso y cachondo que había descubierto no iba a durar para siempre. También me había convertido en una adicta y lo quería todo el tiempo, así fue como decidí tener mi propio perro. Aproximadamente un mes después compré a un Labrador negro que llamé Jupiter, porque su polla es la más grande que he tenido, el diámetro de su nudo supera varías veces cualquier polla humana y se mueve a una vertiginosa velocidad.


Jupiter y yo salimos de casa solo a sus paseos vespertinos o matutinos. Casi a diario él me satisface sexualmente, gasto en él solo en veterinario y alimentación. No me deja los fines de semana para salir con sus amigos. No me cambia por un partido de futbol ni por una carrera de autos. No tengo que hacer dietas o ejercicios para complacerlo. Siempre está a mis pies muy atento a mis movimientos y necesidades. No necesito pedirle nada, él sabe cuándo lo necesito.


Bueno, esta es mi historia. En un principio sentí vergüenza y remordimientos, sentimientos que deseché por ser negativos. Encontré que era más positivo pensar y sentir una especie de amor hacia mi perro. Sí abres por completo tu corazón, tu mente será obligada a replegarse y dejará espacio sólo para el amor en tu vida. Hacer el amor con alguien que te provoca vibraciones y escalofríos es algo increíble e indescriptible y yo amo a mi perro.


Espero que esto ayude a cualquier chica a decidirse y comenzar. Jamás se arrepentirán. Podría garantizar que se enamoraran del sexo con vuestro perro y querrán continuar con esa experiencia maravillosa al infinito. Nunca quedaras embarazada y nunca él ira a decir por ahí los que haces tú y él. Es la relación perfecta, ¿no?


Fin


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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!



luisa_luisa4634@yahoo.com

escrito el
2026-03-24
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