Estimulo para un gol. - Parte I.
por
Juan Alberto
género
incesto
El pito del colegiado vestido de negro sonó en el verde y fresco césped del estadio, esto señalaba el final de la partida y otra derrota humillante para la UC. El equipo agradeció a los que aún así aplaudían y se retiraron a los camarines para ducharse, iban arrastrando sus pies y con los hombros caídos por el desastre humillante del resultado final, 4 a 1.
—¡Dios, mío! … Estos pobres muchachos no tienen suerte este año …
Dije mientras miraba a mi hijo Tomás, desaparecer en el túnel de los camarines. Arreglé mis brillantes cabellos rubios y mordí mí labio inferior desazonada.
—Sí … Es verdad … Esta es la tercera derrota consecutiva …
Respondió Antonella, mi hermana, mientras observaba a su hijo Jorge que se quitaba la empapada camiseta de los cruzados y le daba un puño al muro de concreto antes de seguir al túnel con sus demás compañeros de equipo.
—Es como si hubieran perdido la concentración …
Agregó Antonella encorvándose y apoyando sus codos en sus muslos y sus manos sosteniendo su barbilla hacia arriba. La postura hizo que sus grandes tetas, tan grandes como un melón calameño, se presionaran juntas sugestivamente bajo su delgada camiseta deportiva con los colores de la UC y sus pezones rígidos amenazaran con romper la tela. Muchos hombres se tropezaron con la grada de las escaleras cuando pasaron junto a ella.
—Creo que esos chicos necesitan ser estimulados de algún modo …
Dije mientras alzaba mis brazos hacia el cielo para estirarme un poco, cosa que ocasionó que mis senos tan formidables como los de mi hermana se levantaran y arrastraran mí camiseta mostrado el piercing de mi ombligo. Era obvio que no llevaba sujetador, porque mis bubíes se movieron de lado a lado. Antonella seguía mirando hacia el camarín de los muchachos. Ella se sentía mal por ellos. No quería que su hijo se sintiera frustrado y enojado. Estaba en el equipo de cadetes de la escuadra y el futbol le ofrecía una buena oportunidad para hacerse famoso y con un futuro prometedor.
La vi sentada que abría su bolsa y sacaba un cepillo para ordenar sus cabellos rojos. Ella al igual que yo era rubia, pero le gustaba teñirse de rojo. Su corte de pelo era a casco con una chasquilla sobre la frente que moldeaba muy bien su rostro clásicamente hermoso. Eso combinado con sus labios sinuosos, ojos verdes y pecas en sus pómulos, le daban una aire de un autentica vikingas de los fiordos del norte. A treinta y seis años sus curvas eran absolutamente imposible de ocultarlas. Al ponerse de pie sus pesadas tetas se bambolearon ostentosamente. Sus nalgas eran un semicírculo perfecto que estaba magníficamente delineadas por su estrecho leggins de color negro. Sus largas y atléticas piernas se flexionaban mientras descendía los peldaños que llevaban a la salida.
Me levanté y me fui detrás de ella. Tenía un poco dolorido mi trasero, caderas y piernas de tanto estar sentada en esa rígida butaca. Estiré mis leggins grises que a veces se me metían en medio a mis glúteos prósperos. Mis blancas piernas lucían muy bien con el resto de mi cuerpo flexible y armonioso.
—¡Ojalá algo cambie pronto … Jorge quiere que lo llamen al primer equipo! …
Dijo Antonella que llevaba ya las llaves de su auto colgando de sus dedos, a lo que añadí.
—También es el deseo de Tomás … El año pasado tuvieron un año fantástico y ahora nada …
Antonella suspiro reflexionado y dijo.
—Necesitan algo que los empuje … Que los motive … Qué los anime …
Enseguida presionó el desbloqueo de la alarma y se preparó para subir a su auto. No encontré nada más racional que decirle.
—Bueno … Si se te ocurre algo, házmelo saber … A estos chicos no les falta nada, tienen de todo lo que un chico a esa edad quisiera tener …
—Lo sé, lo sé … Y ese es el problema … Debemos pensar en algo muy especial …
Dijo apoyándose a la puerta de su SUV, su teta derecha pareció inflarse cuando la aplasto contra la ventanilla del conductor. Luego agregó:
—Ya se me ocurrirá algo … No te preocupes …
Me dio risa verla tan concentrada con esa arruga en su frente.
—Bueno … Espero que pienses algo pronto … Te llamaré mañana, ¿vale? …
—¡Vale! … Buenas noches …
—Buenas noches …
Subí a mi RAV4 hibrida y encendí la radio para esperar a mi hijo. El primero que salió fue Jorge y vi a Antonella acercar su auto a la acera para hacerlo subir.
Minutos más tarde salió Tomás junto a otros chicos. Todavía llevaba puesto sus shorts deportivos y zapatillas, pero su remera colgaba de uno de sus hombros y venía luciendo sus abdominales y pectorales. Mientras caminaba hacia nuestro coche, no pude evitar de notar lo joven que era. Sus cabellos rubios eran cortos y había algunas escasas pecas en sus pómulos. Sus hombros eran anchos sus pectorales y abdominales visibles en su clara piel. Es todo un semental, me dije para mí misma.
—¡Hola, mami! …
Dijo Tomás un poco malhumorado mientras subía al vehículo. Involuntariamente sus ojos recorrieron mis desnudas piernas y mis pechos opulentos.
—¡Hola, bebé! … Lo siento por el juego …
Le dije con una media sonrisa. Él gruño con sus puños apretados mientras miraba por la ventanilla.
—¡Es una mierda! … Así, jamás llegaré al primer equipo …
—¡No digas eso! … Esta temporada acaba de comenzar …
—Mami … Si no ganamos el próximo partido todo habrá terminado …
Tomás se volvió como decirme algo, pero se detuvo cuando mis pechos saltaron mientras pasaba un lomo de toro. Se demoró algunos segundos en recuperar sus pensamientos.
—¡Demonios! … Tenemos que ganar todos los partidos de ahora en adelante … Eso no va a ser fácil, ¿sabes? …
Miré a mi hijo por el rabillo del ojo y lo vi bastante angustiado. Odiaba verlo así. Suspiré mientras trataba de concentrarme en el camino por delante. Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra hasta que llegamos a casa.
*****
Los faros del vehículo de Antonella iluminaron el gran portón de fierro al ingreso de la casa donde vivía junto a su marido Andrés y su hijo Jorge. Abrió el portón con el control remoto, el cual desbloqueaba automáticamente la puerta del garaje. Frunció el ceño cuando vio que el BMW de su marido no estaba en su lugar. Estaba segura de que estaba trabajando, pero odiaba que a él no le importase seguir los partidos de su hijo. El trabajo parecía ocupar todo su tiempo y ahora ella debía ocuparse sola de animar el alicaído espíritu de su hijo.
Jorge se estiró hacia el asiento de atrás y agarró su bolsa deportiva antes de salir del vehículo, mientras se dirigía a la casa le dijo a su madre:
—Me voy a duchar, mamá …
—Está bien, cariño …
Respondió ella mientras observaba lo desarrollados músculos de la espalda de su muchacho y sus hombros que se movían mientras caminaba. Sus ojos siguieron la línea de su espalda y se fijaron en su redondo y firme trasero viéndolo subir por las escaleras. No pudo evitar de notar lo lindo que se veían sus pantalones cortos negros, envolviendo sus musculosos muslos al dar cada paso.
Colgó las llaves del coche en el portallaves y colocó su bolso sobre la encimera de la cocina antes de subir las escaleras hasta su dormitorio. Pasó junto al baño en el pasillo y escuchó a su hijo abrir el grifo de la ducha, luego continuó su camino hacia su habitación. Entró y cerró la puerta; se acercó a una de las cómodas para apoyarse y quitarse las zapatillas. Después metió sus dedos en la pretina de sus ajustados leggings y con coquetos movimientos de cintura los hizo bajar por sus piernas hasta sacarlos por sus tobillos. Recogió sus leggings del suelo y mientras lo hacía observó el reflejo de su majestuoso trasero en el espejo del armario con sus nalgas casi al desnudo, el hilo de su tanga negra estaba perdido en medio a sus glúteos, se sonrió satisfecha al notar que la visión era halagüeña y sexy. Arrojó los leggings al cesto de la ropa sucia y enseguida comenzó a despojarse de su ajustada remera deportiva de la UC. Tomó el bordillo y comenzó a levantarla, estaba tan ajustada que arrastró sus grandes tetas hacia arriba que luego cayeron estrepitosamente, produciendo un sonido como de palmas. Sus areolas eran de un rosado pálido, casi como el color de su piel, mientras sus pezones eran marrones y pequeños, estaban duros como piedra.
Mientras tiraba la camiseta al cesto, ella se vio reflejada por el rabillo del ojo en el gran espejo del armario; ahora podía contemplarse de cuerpo entero y lo que vio le gustó. Puso sus manos en sus caderas y caminó hacia el espejo balanceando sus caderas coquetamente. Su figura lucía hermosa. Se detuvo y dejó caer sus brazos a sus costados. Sus dedos rozaban sus muslos esbeltos, subió sus manos por su estómago liso y ligeramente cóncavo; siguió subiendo hasta la base de sus grandes tetas esponjosas, pero aun muy firmes y sólidas. Ella era muy consciente de sus encantos femeninos y le encantaba hacer alarde de ellos; aunque a su marido parecían no importarle mucho en estos últimos tiempos. Suspiró mientras acariciaba sus deliciosos pechos con sus delicadas manos. Extrañaba tener un cuerpo masculino fuerte y musculoso en contacto con su piel caliente; alguien quien presionara su cuerpo sudado y jadeante contra sus pechos.
¡Maldita sea!, dijo volviendo a pensar en el problema de su hijo. Odiaba verlo tan solo. ¡Qué demonios! Ella también se sentía sola, el idiota de su marido se dedicaba solo a trabajar sin tener cuidado de su familia. Antonella apretó sus puños pensando en ello. Dio unos pasos más reflexionando y de repente se detuvo de golpe. Lentamente se giró al espejo para mirarse. Volvió a pensar en el desanimo de su hijo. Penso en su marido y quien sabe donde estaría trabajando. Ella estaba allí sola. Una bomba sexy como ella sintiéndose sola y abandonada. Totalmente ignorada y justo al final del pasillo había un jovencito en la flor de su juventud que necesitaba que lo animaran.
¡Oh, no! ¿Qué estoy pensando? Susurró para si misma mientras cerraba sus ojos con fuerza y cruzaba sus brazos bajo sus tetas. Sintió el calor que ruborizaba sus mejillas y vio la imagen estatuaria de su apolíneo hijo mojado bajo la ducha. ¿Tal vez esa visión tenía algún significado? Sus ojos volvieron a abrirse y se miró al espejo, su mirada recorrió todo su cuerpo. Sus brazos volvieron a sus costados y luego los puso en jarra observando detenidamente sus curvas femeninas y tuvo una epifanía, se sonrió satisfecha y soñadora al espejo. Tal vez tenía la solución para todos los problemas.
Se mordió su labio inferior por un segundo antes de agacharse y quitarse la tanga. Se sorprendió cuando tuvo que quitar la delgada tela de entre los labios regordetes de su coño debido a lo mojada que estaba. A continuación se giró y caminó con determinación hacia el pasillo, sus tetas se balanceaban acompasadamente a cada paso que daba y se elevaban con su respiración, podía sentir el ritmo acelerado de su corazón. Respiró hondo y luego abrió la puerta del baño con cierto sigilo.
El cuarto de baño estaba colmado de vapor y ella rápidamente se sumergió en el vahó tibio. Sus ojos se adaptaron al denso aire húmedo y pudo ver el contorno de su hijo mientras dejaba que el chorro del agua cayera sobre la parte posterior de su cabeza y se apoyaba con ambas manos en los azulejos blancos. Volvió a morder sus labios mientras miraba el cristal fumé de la ducha.
—¡Ehm! … ¿Jorge? … ¿Pu-puedo hablar contigo un minuto? … —Tartamudeó.
—¿Mamá? … ¡Sí, claro! … Dime que quieres … —Respondió su hijo.
El chico no podía verla a ella a través del cristal mojado. No podía saber que ella estaba completamente desnuda a solo un metro de distancia, se giró y su espalda quedó recibiendo el chorro de agua caliente de la ducha, luego dijo:
—No te oí entrar, mami …
—Jo-Jorge … Sí encontraras el estimulo preciso, ¿Crees que podrías ganar el próximo partido? …
Preguntó acercándose al vidrio de la ducha con sus brazos cruzados bajo sus pechos que comenzaban a humedecerse con la humedad del cuarto de baño.
—Bueno … No todo depende solo de mí, mamá … Pero creo que podría ayudar … Sé que estoy en un periodo de mala racha y sería feliz si pudiera salir de ella …
Dijo su hijo mientras enjabonaba su cuerpo con un guante de toalla, enseguida añadió:
—¡Ehm! … No sé … Tal vez si jugara un poco mejor podría arrastrar al equipo conmigo … ¿Tienes alguna sugerencia? …
—¡Ehm! … Pensaba a algo poco convencional que podría ayudarte … Podría darte lo que necesitas para animarte y animar al equipo …
—Mami … Tengo de todo … Ya me has dado todo … ¿Qué más podrías ofrecerme? …
—¡Uhm! … Bueno … Tal vez necesitas solo un empujoncito para mejorar tu actitud y aumentar tu fortaleza … Así podrías hacer goles, ¿no? …
Los muslos de ella temblaban ligeramente y se dio cuenta de que eso que goteaba entre sus piernas no era agua.
—¿Y a qué estás pensando, mami? …
Ella respiró fuerte y decidida estiró la mano para empujar la puerta corrediza de la ducha y se mostró delante de su hijo. Éste se quedó paralizado y boquiabierto mientras veía entrar a su madre desnuda bajo la ducha viendo como el agua comenzaba a salpicar todo su cuerpo. Muy pronto sus tetas estaban empapadas y de sus pezones caían hilos de agua. Los ojos del muchacho se detuvieron a mirar esas enormes tetas que se movían como si tuvieran vida propia. Estaba subyugado mirando esos pezones a centímetros de su cuerpo.
Antonella trató de calmarse al sentir sobre su piel la mirada cachonda de su hijo que la contemplaba de pies a cabeza.
—Escúchame, Jorge … Creo que podría ayudar si… ¡Oh, Santo cielo! …
Exclamó Antonella llevándose una mano a la boca en estado de shock. Allí, frente a ella, pendía entre las piernas de su hijo, la polla más gruesa y grande que jamás haya visto en su vida. Y notó que esta comenzaba a levantarse rápidamente.
Observó mesmerizada como ese tótem de carne se flexionaba y comenzaba a apuntar hacia arriba. Aún cuando el agua bañaba sus ojos, ella nunca parpadeó mientras veía como esas venas azulinas se engrosaban y bombeaban sangre a la enorme cabezota reluciente que se hinchaba y tomaba un color violáceo aguerrido. Los músculos de sus muslos parecían poderosos y rudos, moldeados a la perfección. Sus testículos parecían mandarinas envueltas en ese rugoso saquito que se columpiaba a la base de ese macizo garrote de carne.
Toda la longitud estaba perfectamente afeitada y lucía suave y brillante por el agua y el jabón de la ducha. Finalmente, después de lo que pareció una hora, el mastodóntico pene se mantuvo desafiante y presumido señalando hacia arriba, precisamente hacia sus enormes tetas.
—¡Oh, Dios del cielo! … ¡Guau! … ¡Nunca antes había visto uno así! …
Antonella sin siquiera pensarlo estiró su mano y lo aferró, su mano parecía pequeñita tratando de rodearlo con sus dedos. Soltó una risita rápida y maníaca sintiendo la poderosa polla en su mano, lo levantó un poco para cerciorarse de que de ninguna manera las yemas de sus dedos podrían tocarse.
Jorge jadeó sintiendo la delicada y suave mano de su madre envolviendo su furiosa erección. Los músculos de su cuerpo se tensaron e inconscientemente hundió su vientre y empujó su mons pubis hacia arriba, mientras su respiración sonaba cada vez más agitada.
—¡Oooh, Jooorgeee! …
Ronroneó Antonella mirando el excitado rostro de su hijo. Todas sus ideas la habían abandonado sintiendo las pulsaciones de la polla de él entre sus dedos. Ahora estaba claro que iba a estar más que dispuesta a hacer todo lo que fuera necesario para mejorar el ánimo de su hijo y de sí misma. Automáticamente comenzó a mover su manita hacia arriba y hacia abajo estirando la elástica y aterciopelada piel de su prepucio entre sus dedos, hasta descubrir la entera cabezota de su miembro joven y varonil. Con voz temblorosa, le dijo:
—Bueno … Esto es lo que se me ocurrió …
Dijo acercándose al chico y restregando su dura polla contra su vientre, sin dejar de mover sus manos hacia arriba y hacia abajo; entonces continuó:
—Me gustaría sugerir que cada vez que ganes un partido … Yo …
Dijo ella, mirando la gigante polla de su hijo y sonriendo en forma capciosa.
—Yo tomaré tu gran polla en mis manos … Y si haces un gol te dejaré follarme … ¿Te va? …
Jorge estaba demasiado excitado para proferir alguna palabra. Las suaves manos de Antonella no dejaban de masturbarlo dulcemente. Estaba hipnotizado con la proximidad de sus tetas y las caricias amorosas que le prodigaba su genitora. Se paró en punta de pies y la cabezota de su pene llegó a la base de las gordinflonas tetas de su madre.
—¿Bromeas? …
Preguntó finalmente mirando a su sexy madre para agregar alborozado.
—¡Sí, por supuesto que sí! … ¡Ganaré todos los partidos aunque sea yo sólo a jugar! …
Antonella sonrió complacida mirando hacia abajo viendo que la polla se su hijo se enfilaba en medio a sus voluminosas tetas. Nuevamente mordisqueó su labio inferior mientras sentía que sus mojadas y resbaladizas mamas envolvían por completo el pene de Jorge. ¡Maldición! … Se siente como el brazo de un niño en medio a mis tetas, pensé estirando mi mano para agarrar sus delicadas bolas. La piel del escroto se sentía afelpaba, suave y rugosa; sus pelotas estaban calientes y pesadas, probablemente llenas de lechita. El muchacho continuó a magrear las tetas de su madre fascinado por cómo se sentían en sus manos y apresando su polla. Automáticamente inició a encorvar su trasero moviéndolo hacia adelante y hacia atrás comenzando a vivir una de sus mayores fantasías. Follar las tetas de su madre.
—No sabes cuanto tiempo que quería hacer esto, mamá …
Jadeó mientras sostenía la maciza carne algodonosa de las tetas de su madre y observando los centímetros de su polla que entraban y salían de la parte superior de su decolté, que estaba brillante y mojado por la ducha.
Antonella bajó las manos para sujetar la cintura de su hijo mientras él deslizaba su polla animosamente entre sus enormes y hermosas tetas.
—¡Hmmmmmm! … —Gimió ella en voz alta evidenciando que disfrutaba esa sensación.
El agua tibia seguía escurriendo por los cuerpos caldeados de madre e hijo, ambos cachondos a más no poder. La polla de Jorge seguía apareciendo y desapareciendo en el lechoso surco de los pechos de ella. Antonella flexionaba sus piernas una y otra vez para masturbar a su hijo con sus senos formidables. El baño se llenó de una densa niebla húmeda proveniente de la ducha caliente y de los cuerpos de ambos que continuaban en su acto incestuoso. Antonella retrocedió un par de pasos para mirar a su hijo y decirle.
—¡Recuerda bien lo que dije! … ¡Sólo tendremos sexo si ganas un partido! …
Con eso ella arregló un poco sus cabellos y salió de la ducha. Jorge observó el cuerpo desnudo y mojado de ella mientras ella caminaba y se alejaba; su trasero perfecto era la gloria, a cada paso sus nalgas parecían sincronizadas, una subía y la otra bajaba formando un pliegue erótico que contemplaba por primera vez. Al llegar a la puerta su cuerpo era un tanto difuso por el vapor del cuarto, ella se giró y con una voz seductora le dijo.
—Sí quieres … Esta noche te haré probar algo sobre tu recompensa … Eso te ayudará a animarte y prepararte mejor para el próximo partido, ¿vale? …
Luego se dio la vuelta y cerró la puerta para dirigirse a su dormitorio, sus nalgas seguían moviéndose de ese modo hechicero.
A Jorge le faltaban manos para cerrar el grifo de la ducha, secarse y salir de prisa detrás de su madre, por supuesto que quería probar más de ella. Su enorme polla lo precedía meciéndose en el aire y apuntando hacia adelante, como señalando el camino. La puerta del dormitorio de Antonella estaba abierta y ella estaba sobre la cama sobre sus manos y rodillas, mirándolo por encima del hombro y permitiéndole a él una visión perfecta de sus nalgas. Ella se movió rápidamente y se recostó sobre su espalda extendiendo sus piernas como una hábil gimnasta y torciendo su dedo índice le hizo señas a su hijo para que se uniera a ella en la cama.
Jorge no necesitaba ninguna invitación, de dos saltos estaba al lado de los encantos de su madre. Cosa que haría cualquier adolescente cachondo. Más rápido que un rayo, se colocó en medio a las esplendidas piernas de su mamá, agarró la bien formada pantorrilla con una mano y guió su violácea cabezota hacia la rosada, cálida y mojada panocha perfectamente depilada de Antonella.
—¡Oh, mami! … ¡Qué hermosa que eres! … ¡Me gusta mucho esto! …
—¡Hmmmmmm! … A mi también, querido …
Dijo mientras intentaba ver por sobre sus tetas la intimidante cabezota de su hijo a punto de penetrar su estrecho coño. Un involuntario escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando sintió en sus sensibles y delicados pliegues la gran polla de su hijo que empujaba en medio al surco caliente de su labia vaginal.
—¡Fóllame, Jorge! … ¡Quiero que me folles con tu linda y gran polla! …
Jorge no necesitó hacérselo repetir, inclinó su cuerpo hacia adelante y empujó entre los hinchados labios de su madre, observándola como ella pellizcaba sus tetas y arqueaba su espalda sintiendo la enorme polla de él que la penetraba profundamente. Los gordinflones labios de su panocha se cerraron aprisionando el grueso pene dentro del caldero caliente de ella.
—¡Ooouuuggghhh! …
Gimió mientras sus ojos revoloteaban en sus cuencas y dejaba caer su cabeza sobre la almohada extasiada. Estiró ambas manos para atrapar las caderas de su hijo tirándolo hacia sí, sintiendo la placentera sensación de la enorme polla deslizándose en sus entrañas.
—¡Demonios, mami! … ¡Tu coño está muy apretadito! …
Dijo él haciendo rechinar sus dientes y hundiendo lentamente su pija en la acogedora y deliciosa panocha de Antonella.
—¡Hmmmmmm, Dios! …
Jadeó ella apretando la gruesa polla que se ahondaba y estiraba su coño. ¡Esto es una locura! ¡No puedo creer que esté haciendo esto! Pensó para sí misma.
—¡Uugghhhh! …
Gruñó Jorge mientras sus pesadas bolas se aplastaban contra el culo firme de Antonella y toda la longitud de su pene empalaba completamente el coño de ella. Contuvo la respiración disfrutando la exquisita sensación mientras sus manos se deslizaban a amasar las grandes tetas de ella y ella acompañaba las caricias de su hijo con sus propias manos.
—¡Fóllame, bebé! … ¡Fóllame con tu gran polla! …
Gritó Antonella animando a su hijo. Él apoyó sus manos sobre las sábanas y retrocedió lentamente para mirar los abundantes fluidos de su madre que habían mojado completamente su polla haciéndola brillar a la tenue luz de la habitación. Espero que su cabezota apareciera entre los hinchados labios de ella, para volver a sumergirse en ese mar de fluidos de coño, sólo entonces comenzó a embestirla con cortas y rápidas acometidas. Observó como el voluptuoso cuerpo de Antonella se sacudía con cada empujón.
—¡Oh, Jesús! … ¡Hmmmmm! … ¡Uuuhhhhh! … ¡Uuuhhhhh! … ¡Aaahhhhh! …
Exclamó Ella cuando su hijo la comenzó a cogerla en forma sostenida. Extendió sus piernas para acomodar la polla más grande que había tenido hasta ahora.
Jorge aceleró el ritmo porque estaba demasiado excitado para contenerse. Allí estaba él entre las piernas de su sexy madre, embistiendo su húmedo y ceñido coño, viendo como el mar de tetas de su madre se agitaba y rebotaban desparramándose sobre su pecho. Se sentía de haber alcanzado el séptimo cielo.
—¡Uuuhhhhhh, ssííí! …
Gritó fuerte ella mientras miraba la deformada cara de su hijo que gruñía y embestía su conchita con su gran polla, luego aferró los hombros del muchacho con fuerza para esconder su propia cara ruborizada y mostrando la lujuria desatada que le provocaba la inmensa verga de Jorge follándola sin misericordia.
—¡Sí, amor! … ¡Sí, amor, folla a mami así rico! … ¡Umpf! … ¡Aaaaaahhh! … ¡Ahhhhh! …
Gemía y chillaba Antonella mientras sus piernas se agitaban descontroladamente y sus tetas rebotaban hasta casi tocar su mentón. El sudor escurría sobre el cuerpo de ambos mientras daban rienda suelta a su depravada relación incestuosa, disfrutando plenamente del intenso sexo prohibido.
—¡Folla a mami! … ¡Fóllame con tu gran polla, bebé! …
El somier de la cama chirriaba y la cabecera golpeaba el muro amenazando de producir una abolladura de la pintura de la pared. La señora Tarantino que regaba tranquilamente su jardín, miró sospechosamente a su alrededor al percibir los gritos de una mujer desde algún lejano lugar.
El culo de Antonella rebotaba en la cama cada vez que las pesadas bolas de su hijo se estrellaban contra sus nalgas. El grueso pene estaba empapado con los fluidos copiosos de la estrecha y jugosa vagina que estaba siendo penetrada desde hace ya varios minutos. Los jugos combinados de ambos escurrían por el trasero de ella formando una amplia mancha sobre la sábana.
—¡Oh, mami … Esto es increíble! …
Dijo Jorge mientras le sonreía, sus abdominales bien marcadas se aplastaban contra el liso vientre de ella una y otra vez afondando profundamente su mástil de carne en el rosa pálido del coño de Antonella.
—¡Oh, sí! … ¡Esa gran polla tuya se siente muy bien en mi panocha, bebé! …
—¡Oh, Uuurrrggghhh! …
Gruño Jorge enganchando las piernas de su madre con sus brazos y llevándolas en alto hasta casi aplastar sus grandes tetas con ellas, para luego comenzar a embestirla con violentos empujones.
—¡Todos los partidos, mami! …
Dijo él enterrando su polla con fuerza en el coño de ella.
—¡Voy a ganarlos todos! …
Afirmó clavándole su pija profundamente,
—¡Por ti, mami! …
Manifestó enterrando su polla en el caldeado agujero.
—¡Sólo por ti, querida mami! …
Expresó hundiendo su polla en el anegado coño.
—¡Y si hago un doblete, quiero que me des tu culo, mami! …
—¿¿Qué?? …
—Que sí hago dos goles … Tú me darás tu culo, ¿vale? …
—Una tripleta … Si haces tres te daré todo lo que quieras …
—¿¿Qué??
—Tal como lo oyes … Si haces tres redes, vas a tener mi culo que hasta ahora nadie lo ha tenido, ¿vale? …
—¡Uy, sí, mami! … ¡Que rico! … ¡De acuerdo! … ¡Vale! … ¡Vale! …
Antonella se colgó del cuello de su hijo y lo tiró encima de sus pechos maternales, acariciando el cabello del muchacho.
—¡Eres mi hombre, bebé! … ¡Ahora sigue follándome con tu polla rica! … ¡Por favor! …
Flexionó sus piernas y envolvió los glúteos de él, empujando con sus talones la gran polla más y más adentro de ella. Durante varios minutos sólo se sintió el crujido de la cama, los resortes chirriaban fuerte con los embistes de Jorge contra su madre. Muy pronto los gemidos de Antonella aumentaron, hundió su vientre sintiendo las maripositas cosquillear en su estómago y ella sabía lo que esto significaba.
—¡Oh, bebé! … ¡Dios mío! … ¡Me voy a correr! …
Jadeó mirando a su hijo con una expresión agónica y suplicante. Sus tetas seguían rebotando y moviéndose enloquecidas sobre su pecho.
—¡Oh, cielos! … ¡Oh, Jesús! … ¡Aaaaaaahhh! … ¡Aahhhhhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhhh! …
Chilló como una poseída mientras arqueaba su espalda y sus tetas parecían haberse puesto chúcaras saltando sobre su pecho. Respiraba con dificultad y no cesaba de gemir mientras su cuerpo se sacudía por el orgasmo más poderoso de toda su vida. Su coño expulso varios chorros bendiciendo la gorda polla de su hijo que continuaba a zamarrear su entero cuerpo empalado en la gran verga de él.
Jorge continuó con sus implacables embestidas y sintió que los brazos de ella se relajaron a sus costados sin fuerza. Sus esplendidas piernas se había aflojado mientras ella jadeaba tratando de recuperarse del potente orgasmo. Sus ojos estaban vidriosos y miraban al infinito con la cabeza girada hacia un lado. Mirando la convergencia de las piernas de su madre, Jorge sacó lentamente su pene de su vagina, luego se inclinó para decirle:
—Date vuelta, mami …
Lentamente ella se giró y quedó sobre su estómago. Sus tetas quedaron aplastadas sobre el colchón sobresaliendo hacia ambos lados. Todavía jadeaba de felicidad post-orgásmica sintiendo las manos de Jorge que separaban sus firmes glúteos para meter en muestra los apretados y mojados labios de su coño. Con los ojos cerrados, crispó sus manitas aferrando con fuerza la sábana, mordió su labio inferior para no gritar y sintió la cabezota gorda de la verga de su hijo apoyándose en sus labios hinchados, empujando centímetro a centímetro, toda su polla en su cálida conchita llenándola completamente.
—¡Ay! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuhhhhhh! …
Gimió Antonella sintiendo la polla haciéndose espacio al interno de su apretado coño. Fue una sensación muy larga y placentera, hasta que sintió sus bolas rozando sus muslos. Su sensible clítoris se estremeció al sentir el roce de la afelpada piel de sus testículos.
—¡Qué rico que es tu coño, mami! …
Antonella no tuvo tiempo de responder ya que Jorge comenzó a embestirlas con mucha fuerza. Su culo y sus muslos temblaban con los fuertes empujones.
—¡Oh, Santo Dios, bebé! … ¡Sí! … ¡Sí … assííí fuerte! … ¡Fóllame rico! …
Chilló Antonella sintiendo la potencia de su hijo perforando sus extrañas. El sudor comenzó a brotar de la frente de Jorge mientras afirmaba el culo de ella con una mano. Sonrió al ver el borde de las tetas de su madre aplastadas contra el colchón.
—¡Oh, mami! … ¡No voy a durar mucho más! …
En ese preciso momento Antonella escuchó el sonido característico del motor del coche de su marido que llegaba a casa. La puerta automática del garaje chirrió y crujió al abrirse. Antonella se enderezó de golpe con sus enormes senos balanceándose de lado a lado y miró preocupada a la ventana.
—¡Oh, maldición! … ¡Tú padre está en casa! …
Dijo tratándose de desligarse del agarre de su hijo. Sin embargo, las manos de él eran demasiado fuertes y ella no pudo superarlo. Jorge siguió empujándola rápido y fuerte.
—¡Un segundo, mami! … ¡Espera! … ¡Tengo que correrme! …
Dijo Jorge desesperado embistiendo a su madre con más fuerza.
—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Suéltame, Jorge! … ¡Tú padre ya está aquí! …
Exclamó agitada y mirando por encima del hombro a su hijo que parecía enajenado empujando su enorme polla en su estrecho agujero empapado. La cama chirriaba y crujía. Jorge miraba los hermosos ojos de su madre en su cara aterrorizada. Ambos podían escuchar los rechinidos de la puerta del garaje que se cerraba.
—¡Ñiiiiieeeek! … ¡Ñieek! … ¡Ñiiiiieeeek! …
—¡Paff! … ¡Paff! … ¡Paff! … ¡Paff! …
Era el sonido de los muslos de Jorge sobre los glúteos de ella. Jorge no hacía ningún amago de soltarla, lo único que quería era llenar el coño de su madre con su semen y nadie lo iba a detener.
—¡Por Dios, Jorge … Acaba ya! …
Los ojos de el chico se abrieron a desmesura cuando sintió el candente líquido subir desde sus testículos y brotar en chorros dentro del apretado coño de su madre.
—¡Ough! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! …
Gruñó Jorge sacudiéndose y follando a Antonella con una fuerza inaudita.
—¡Toma mi semen, mamá! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Todo par ti! … ¡Umpf! …
Se estremeció violentamente dentro de la empapada vagina de Antonella y comenzó a relajar su agarre. Antonella jadeó suspirando y sintiendo la tibia lechita de su hijo colmando completamente su coño. Se sentía espeso y cálido y no pudo evitar de sacudirse en otro orgasmo irrefrenable. Escondió su cara en una almohada para acallar sus gemidos de placer. Jorge tiró su pene fuera del coño de su madre que comenzaba ya a gotear semen.
—¡Hola! … ¡Estoy en casa! …
Era la voz de Andrés, su marido, padre de Jorge que gritaba desde el piso de abajo mientras dejaba su maletín sobre la encimera de la cocina.
—¡Maldición! …
Exclamó Jorge saltando de la cama de su madre, su polla todavía disparada flébiles lágrimas nacaradas desde su polla blandengue. Antonella también saltó de la cama y arrancó toda la ropa sudada y manchada, diciéndole de toda prisa a su hijo.
—¡Vete! … ¡Vete a tu cuarto antes de que él suba! … ¡Yo limpiare aquí! …
Jorge le brindo una mueca como una sonrisa a su madre y escapó hacia su dormitorio. Ella se rio de la prisa de su hijo, ya había perdido todo su ímpetu. Rápidamente tiró la ropa de cama al cesto de la ropa sucia y corrió a meterse bajo la ducha. Justo en ese momento, su marido entraba a la habitación matrimonial recién maculada.
—¿Cariño? … ¿Está ahí! …
Llamó tentativamente, escuchó el sonido de la ducha y se acercó a la puerta del baño.
—¿Cariño? … ¿Qué pasó? … ¿Por qué la cama está sin ropa? …
Antonella asomó su cara por la cortina de la ducha y dijo.
—¡Hola, querido! … No sucede nada … Sólo que soy tan torpe, que abrí una lata de Coca-Cola y esta reventó sobre la cama … No te preocupes … Luego pondré todo en orden … Saldré en un minuto …
Dijo Antonella volviendo bajo la ducha mientras bajaba sus manos para tocar su coño recién follado. Se asombró de sentirlo más ancho que de costumbre, seguramente la gorda polla de su hijo le había ensanchado su panocha. Sonrió para sí misma mientras en su mente giraban las imágenes de su hijo follándola sin descanso y esperando ya el próximo partido.
—¡Ya salgo, cariño! …
*****
A la semana siguiente la UC jugaba con los caturros sub veinte que venían del puerto y acababan de ganar la copa Libertadores en su categoría. Nadie apostaba un peso en favor de la UC. Las graderías del estadio estaban con muy poco público y la multitud no mostraba ningún entusiasmo.
Llegué al estadio primero que Antonella; me había vestido con mi atuendo típico, mis leggings negros muy ajustaditos y mi camiseta de los cruzados también muy estrecha para realzar la belleza de mis senos. Completaban el todo unas calcetas blancas y unas zapatillas Nike de color rojo. Había recogido mi cabello rubio en una cola de caballo con una coqueta chasquilla sobre mi frente. Me acomodé en las graderías y mi hijo Tomás se había ido a los camarines a cambiarse. Miré con fastidio a los chicos de camiseta verde que ya estaban en el césped del estadio peloteando y haciendo ejercicios.
Mientras observaba a un chico alto con una camiseta negra, pensé que ese era el arquero del equipo rival y calladamente le lancé una maldición. En ese momento apareció Antonella y nos saludamos con la mano alzada al vernos. Ella subió unos escalones más arriba y llegó donde mí, nos saludamos con sendos besos en la mejilla y nos sentamos a esperar el comienzo del partido.
—¡Dios mío, Antonella! … ¿Pero que es lo que pasa con tu ropa? …
Le dije un tanto escandalizada al verla con unos jeans al puro estilo de la morena de los Duke de Hazard, prácticamente podía ver el pliegue de sus suculentas nalgas. Sus largas, pálidas y bien torneadas piernas eran a la vista de todos y en sus pequeños pies, calzaba un par de zapatillas blancas. Su abdomen liso estaba completamente desnudo. Y su prenda superior era la camiseta de los cruzados, pero sin mangas y con un generoso cuello en V, que permitía ver muy bien el surco de sus grandes pechos salpicados de pecas. Obviamente no llevaba sujetador. Antonella dio una sucinta mirada a su cuerpo y se encogió de hombros.
—Bueno … Tenía muchas cosas que hacer y Jorge dijo que era hora de venir al encuentro de hoy … No tuve tiempo de cambiarme …
—¡Santo cielo! … ¡Eres incorregible! …
Le dije sin poder discernir si era verdad lo que me estaba diciendo. Con un poco de envidia mire su tersa piel, la suavidad de sus piernas. Parecía como si se hubiera frotado alguna loción rejuvenecedora por todo el cuerpo.
Unos minutos después el arbitro inició el partido. Todos estábamos nerviosos porque inclusos había más hinchas con camisetas verdes que con la de los cruzados que jugaban como locales. Antonella parecía extrañamente enérgica y saltaba y agitaba ambas manos a cada ataqué de la UC, gritando a todo pulmón para animar nuestro equipo a ganar.
—Espero que este partido salga bien …
Le dije sin poder esconder mi inquietud.
—¡Oh, no te preocupes! … Estoy segura de que hoy va a ganar …
Saltando a gritar algo a Jorge que estaba en poseso del balón y daba un largo pase a mi hijo Tomás. Desafortunadamente la pelota quedó corta y los caturros se lanzaron en un coordinado contraataque, nuestro portero estaba adelantado y el delantero caturro que iba por la banda izquierda no dudo ni un momento para disparar un “sombrerito” que superó a nuestro meta y para desgracia nuestra, ellos pasaron en ventaja 0 a 1.
—¡Maldición! … ¿Y ahora qué? … —Dije enojada y decepcionada.
—¿Por qué eres tan negativa? … Los chicos los superarán … Te lo podría dar por escrito …
—¿Cómo puedes decir eso si hasta ahora no han ganado ningún partido? …
—¡Deja de pensar en forma negativa, mujer! … Eso no le hace bien al equipo y al ambiente … Piensa positivo …
Llevaron la pelota al centro y Tomás le dio un pase a un atacante nuestro. Jorge se había ido adelante, pero cuidando de no quedar fuera de juego. Esta vez fue Tomás quien lo vio dentro el área chica y efectuó un centro, la cabeza de Jorge recibió el balón y lo golpeó hacia abajo sorprendiendo al portero de camiseta negra. Los pocos hinchas cruzados saltaron alborozados ante el empate de nuestra escuadra, la que más saltaba era Antonella.
—¡Fue Jorge! … ¡Fue mi hijo! … ¡Oeeeoeoeoeee-oee-oeee! …
Me miró con el ceño fruncido cuando vio que yo sólo aplaudía sin tanta algarabía.
—¿Qué? … ¿No vas a celebrar? …
—¡Claro que sí! … ¡Estoy aplaudiendo! …
—¡Pero es un gol, mujer! … ¡Es un gol! … ¡Y lo hizo Jorge, mí hijo! …
—Y Tomás le dio el pase, ¿no? …
—¡Con mayor razón deberías estar celebrando! …
—Y lo hago … Estoy contentísima …
—Eres una “Pecho frío” … No tienes corazón …
Me dijo y se volvió a mirar el partido sin dejar de saltar. Para que les digo como sus senos se movían con todo ese alboroto, muchos hombres se giraron a mirarla a ella y se desinteresaron totalmente del partido.
El juego siguió con oportunidades para ambos equipos, pero finalizó el primer tiempo en un empate bastante entretenido. El segundo tiempo estuvo un poco tedioso, ambos equipos cerraron sus defensas y no había mucha acción, al parecer el empate andaba bien para ambos. Al minuto noventa se dieron tres minutos adicionales y entonces sucedió lo imposible. Jorge recuperó el balón a mitad de la cancha y corrió por el medio, mi hijo corría libre por la derecha, pero Jorge no le dio el pase, siguió adelante pasándose a tres jugadores caturros, se enfrentó solo con el último jugador adversario, el portero, hizo una finta hacia un lado y disparó un tiro sorprendente sin mirar el arco, la pelota dio un fuerte rebote en el travesaño y luego brincó hacia adentro con varios rebotes menores.
—¡¡¡Gol!!! … ¡¡¡Gol!!! … ¡¡¡Gol!!! …
Saltaba Antonella mientras sus admiradores contemplaban los rebotes de sus senos esplendidos. Casi me dejó sorda de tanto gritar, pero esta vez yo también brinqué abrazada a ella y a su barahúnda y griteríos de alegría. Por fin la UC ganaba un partido importante. A los pocos segundos el referí concluyó las jugadas y recogió el balón.
Por alguna extraña razón Jorge corrió hacia las graderías y le gritó a Antonella.
—¡Ganamos, mamá! … ¡Ganamos! … ¡Prepárate! …
—¡Ssííí, bebé! … ¡Ssííí! …
Parecía un lenguaje que solo ellos sabían el significado. Me acerqué a mí hermana para felicitarla por la impresionante habilidad de mí sobrino. Le dije:
—¡Guau! … ¡Qué le pasó a Jorge! … ¡Fue magnifico! … Parecía Messi …
—Te dije que necesitaba sólo un poco de motivación … Al parecer eso está funcionando …
Dijo Antonella sonriendo capciosamente.
—Tienes que haberle prometido un auto nuevo o un viaje a Europa para que se esforzara así tanto …
—¡Ehm! … ¡Bueno! … ¡Sí! … Algo parecido …
Dijo Antonella sin perder de vista a su hijo que se dirigía a los camarines. Juro que la vi apretar estrechamente sus muslos mientras mordía su labio inferior. Esto me causo la máxima curiosidad.
Realmente me alegré de que el partido terminara con la victoria de la UC, era lo que todos esperábamos. Me sorprendió la fuerza y energía de Jorge que arrastró a todo el equipo, corriendo, sudando y animándolos a todos. Robó pelota una y otra vez. Resistió todas las patadas que le dieron. Esquivó a los rivales. Asistió a la defensa. Fue la clave en la victoria de la UC.
Nunca había visto a mi hermana tan excitada luego de una victoria del equipo. Sus mejillas estaban ruborizadas, hasta parecía que sus senos iban a explotar de un momento a otro, sus pezones amenazaban seriamente de romper esa delgada tela que los cubría.
—¡Bravo! … ¡Bravo, chicos! … —Grité emocionada y comenté.
—Lo hicieron muy bien hoy día, ¿eh? …
Antonella me miró en forma extraña, como si recién se percatara que yo estaba allí, sus ojos brillaban de emoción, pensé que era por la fantástica actuación de mi sobrino en el partido. Como vio que yo la seguía mirando, me dijo.
—¿Eh? … ¿Qué? …
—¡Aterriza, mujer! … ¡Pon los pies en tierra! … Ya terminó el partido y ganaron … estuvo estupendo … Sobre todo Jorge, tú hijo …
—¿Ah? … ¡Sí! … ¡Lo sé! …
Me extrañó su respuesta vacilante, ¿Qué le pasaba a ella? ¿En que estaba pensando? Intrigada le pregunté.
—¿Estás bien? …
—Sí … Por supuesto … Estoy bien … Sólo estaba soñando despierta …
—Okay … Tomemos nuestras cosas y vayámonos …
Dije y me levanté para descender las graderías, inmediatamente los hombres que estaban detrás de mí se fijaron en mi apretado y redondo culo. Antonella ni siquiera me respondió, tomó su bolso y comenzó a bajar los peldaños a saltitos, por consiguiente sus tetas se agitaron bajo su estrecha camiseta y eso no pasó inobservado por los hombre que también comenzaban a salir del estadio, muy pronto era seguida por varios de ellos que no querían perderse ese espectáculo gratuito.
Hoy todo era algo extraño. Nunca había visto a Antonella comportarse de este modo. Es cierto, el partido estuvo fenomenal. Mi sobrino Jorge jugó como nunca, realmente arrastró al equipo a ganar. ¿Habrá sido por el estimulo que le dio Antonella? ¿Qué cosa era ese estimulo tan poderoso para hacerlo jugar con tanto empeño? ¿Por qué ella parecía estar segura de su excelente participación antes del partido? ¿Por qué ella parecía haber rejuvenecido antes del partido? ¿Por qué estaba tan dispersa después del partido? Había demasiados “por qué” y eso aumentó mi curiosidad en modo superlativo.
Me dirigí al estacionamiento y vi que Antonella ya estaba al volante de su SUV. En ese momento sonó mi celular, miré la pantalla y era Tomás, mi hijo.
—Felicitaciones, bebé … Un excelente partido … Estoy esperándote en el estacionamiento …
Le dije ansiosa de escucharlo para felicitarlo por la victoria.
—Gracias, mami … Por eso mismo te llamaba … Iremos con los chicos a comernos una Pizza para celebrar … Así que no me esperes …
—Está bien, tesoro … Llámame si necesitas que venga a recogerte … Felicita también a tu primo Jorge, hizo un excelente partido hoy …
—Ni modo … Él ya se fue, dijo que tenía otros planes …
—Bueno … Me iré a casa, tesoro … Si necesitas me llamas … Nos vemos …
—Está bien, mami … Nos vemos en casa …
Justo en ese momento vi a Jorge subir a la SUV de Antonella en el asiento del pasajero. Ella arrancó velozmente. Esto tomaba tintes cada vez más extraños, ¿Por qué él no se quedó a celebrar con el resto del equipo si había sido el jugador estrella? ¿Otros planes? ¿Por qué el diría que tenía otros planes? Más curiosa que nunca, decidí seguirlos.
Antonella seguía comportándose de modo extraño, en vez de tomar la costanera se dirigió en sentido contrario. Me mantuve dos vehículos detrás de ellos, de seguro no me notaban, ya el sol se había ido y había solo una tenue luz de luna en un cielo totalmente despejado. Seguí sorprendiéndome cuando ella se salió del camino y embocó una senda que se apartaba hacia un mirador. Disminuí mi velocidad y me detuve a unos treinta metros de ellos, que se estacionaron bajo un gran olmo. Pensé que tal vez se habían desviado para cumplir con alguna emergencia fisiológica, pero ninguno de ellos descendió del vehículo. Unos arbustos me ocultaban parcialmente de ellos. Bajé de mi SUV y a gachas comencé a acercarme al vehículo de mi hermana, inmediatamente me percate de los crujidos y los movimientos que hacía el coche. Sigilosamente me aveciné por la parte posterior, el vidrió había comenzado a empañarse. Llegué al parachoques trasero y lentamente me levanté para mirar al interior, el carro seguía meciéndose y cimbrándose. Me llevé una mano a la boca para no proferir una mordaz exclamación de sorpresa cuando vi lo que vi.
Antonella estaba totalmente desnuda y en cuatro patas. El asiento posterior estaba totalmente rebatido y había varias prendas y algunas toallas donde ella apoyaba sus rodillas y sus manos. Detrás de ella estaba Jorge, mi sobrino, también totalmente desnudo, que agarraba las caderas de su madre y la penetraba con una inmensa y gruesa verga. Ellos no podían verme porque miraban hacia adelante.
Me escondí cuando escuché los chillidos y gemidos de Antonella. ¡Ella se estaba follando a su propio hijo! ¡Guau! Un viento suave agitó las hojas del árbol, tuve la intención de alejarme y correr de regreso a mi vehículo, pero mi curiosidad extrema me mantuvo allí oculta entre el árbol y el vehículo a contemplar este acto prohibido.
—¡Uuuggghhh! … ¡Joder, mamá! …
Gritó Jorge con una voz profunda y gutural, empujando su polla una y otra vez en el coño de mi hermana, su madre. Ella gemía aferrada a los apoyabrazos del asiento delantero, sus tetas se balanceaban hasta casi golpear su mentón, sus pezones lucían hinchados y duros.
—¡Fuerte, Jorge! … ¡Fóllame fuerte, bebé! …
—¡Sí, mami! … ¡Toma mi polla … es toda para ti! …
Escuché el golpe de los muslos de él en las nalgas de ella mientras él la follaba enérgicamente.
La SUV crujía y se mecía, había muchos sonidos, entre ellos los gemidos y gruñidos de Antonella y Jorge. Las ventanillas comenzaron a tupirse de humedad y ya casi no se veía nada. Pero me resultaba imposible quitar mis ojos del trasero de mi hermana siendo azotado con los empujones de mi sobrino. Lo que es peor, sentí que mi propio coño comenzaba a mojarse abundantemente, una mancha oscura y húmeda comenzó a extenderse en la parte inferior de mis ajustadísimos leggins.
Una y otra vez la pelvis de Jorge se estrelló contra el hermoso trasero de su madre. Sus enormes bolas se balanceaban y golpeaban los muslos de ella con una enorme carga de semen pronta a descargarla en el útero que lo había generado, su propia madre.
—Te dije que ganaría este partido, mamá …
Dijo él agarrando a su madre por las tetas y levantándola para besuquear y morder su cuello. Las manos de él no bastaban para coger cada melón hinchado de Antonella. La firme carne pulposa de sus senos se le escurrían de sus manos, entonces él aferró sus pezones y logró contener los exuberantes pechos de ella. Él tiró sus pezones hacia arriba y punteó su pene en esa dirección con mucha fuerza mientras le decía.
—Gané el partido y tu coño es mío, mamá … Tal como prometiste …
—Sí, bebé … Folla mi coño apretado … Te lo mereces … Te lo ganaste …
¡Guau! Esta fue toda una revelación para mí. Este era el estimulo que ella le había dado a Jorge. Así es como ella lo motiva, pensé, mientras veía a mi sobrino amasar las grandes tetas de mi hermana.
Jorge gruñía una y otra vez embistiendo el coño de su madre desde atrás. Los muslos de ella estaban mojados con los fluidos que escurrían de su ceñida conchita. La luna llena brillaba a través de la ventana y hacía brillar sus cuerpos sudorosos de un azul plateado muy sugestivo e irreal. Jorge todavía tiraba de los pezones de ella y sus tetas apuntaban al parabrisas.
¡Oh, cielo! ¡Esto es tan caliente! Pensé sin dejar de mirar a mi hermana y a mi sobrino en el acto incestuoso desatado. Metí mi mano bajo mis ajustados leggins y mis dedos encontraron rápidamente mi hendedura, presioné suavemente mi clítoris y gemí, mi panocha estaba caliente, húmeda y hormigueante.
Vi que Jorge pasaba un brazo bajo las tetas de Antonella y el otro alrededor de su cintura. La levantó en vilo y se echó hacia atrás de espalda, con ella empalada en su polla. Ella gimió y chilló sorprendida mientras él la reposicionaba y se acomodaba sobre su espalda con su madre montándolo al estilo vaquera al revés. Entonces continuaron a follar frenéticamente. Ahora podía ver las nalgas de mi hermana y la polla gruesa y grande de mi sobrino. ¡Era realmente una monstruosidad!
Enterré mis dedos profundamente en mi panocha y jadeé viendo a mi hermana rebotar en la polla enorme de su hijo. ¡Oh, cielos! ¡Él no lleva condón! ¿Qué diablos está tramando ella? ¡Esa cosa es enorme y puede dejarla embarazada?
—¡Carajo, hijo! … ¡Tu polla es malditamente grande! …
Grito Antonella gimiendo muy cerca de su orgasmo. Sus firmes tetas rebotaban salvajemente mientras ella giraba sus caderas sobre la polla de él y luego rebotaba una y otra vez emitiendo gemidos y chillidos. Se evidenciaban los músculos de sus muslos flexionándose encima de la polla de Jorge.
Mi sobrino estaba en el séptimo cielo. Le dio una palmada en las nalgas a Antonella mirando como su pene entraba y salía de su vagina. Podía ver por los costados como saltaban sus tetas bailarinas y admiró esos sensuales hoyuelos que se formaban al final de su espalda.
—¡Salta, mami! … ¡Rebota en mi polla! …
Dijo manoseando el trasero de su madre y mirando el mar de fluidos que escurrían sobre sus bolas. Antonella obedeció inmediatamente a su hijo y comenzó a rebotar hacia arriba y hacia abajo encima de su polla. Una de sus pequeñas manos se arrastró sobre su vientre hasta alcanzar la rajita mojada de su coño, comenzando a frotar su clítoris en veloces círculos.
—¡Oh, demonios! … ¡Mami se va a correr en tu linda polla, bebé! …
Jorge gruñó cosas ininteligibles mientras empujaba sus caderas contra el coño de su madre. Esta acción provocó que Antonella se estrellara aún más fuerte contra su pelvis y comenzara a temblar, sus muslos temblaban, sus manos estaban crispadas, su cuerpo tiritaba, sus tetas se mecían sin control y Antonella no cesaba de chillar respirando desesperadamente por su boca entreabierta.
—¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Uuuhhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me corro! … ¡Me corro! … ¡Ahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! …
Gritó en la clara noche y su grito pareció difundirse por la quebrada a metros de allí, mientras disparaba algunos chorros de su estrecho coño sobre la enorme polla de su hijo, mojando su estómago y sus bolas. Jorge sintió las contracciones del chochito caliente de su madre apretando la longitud de su entera polla y fue demasiado para que pudiera aguantar.
—¡Oh, mami! … ¡Hmmmmm! … ¡Uggghhh! … ¡Mami! … ¡Me voy a correr, mami! … ¡Me voy a correr! …
Agarró la cintura de Antonella y empujó violentamente su polla dentro de la hendedura empapada de ella y continuaba a gritar.
—¡Ssííí! … ¡Ssííí, mami! … ¡Vacía mis pelotas, mami! … ¡Llévate todo mi semen! …
Con eso sus bolas se apretaron y su polla se flexionó mientras arrojaba densos borbotones de semen directamente en el útero de su mamá.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ughr! …
Gruñía mi sobrino estrellando su pelvis contra los glúteos de mi hermana, ella arqueó su espalda y apretó muy juntitos sus muslos para ordeñar la verga caliente y gruesa de su hijo que seguía llenando su matriz con un torrente interminable de semen caliente. Instintivamente ella accionó todos sus músculos vaginales para drenar la polla de su hijo.
Me mordí los labios al ver la estruendosa manera en que ambos alcanzaban casi contemporáneamente un poderoso orgasmo que les tenía respirando afanosamente mientras se acariciaban y besaban como amantes.
El sexo prohibido era obvio y el incesto estaba consumado. Ambos amantes jadeaban en busca de aliento y disfrutaban acariciándose, relajándose en su felicidad post-orgásmica. Sigilosamente me alejé hacia mi SUV. Mi mente estaba colmada con las imágenes que acababa de ver. Las enormes tetas de mi hermana que rebotaban enloquecidas y el pene majestuosamente grande de mi sobrino. No sé como ella podía aguantarlo dentro de su coño. ¡Diablos! ¡Esto estaba resultando muy caliente! Pensé mientras conducía hacia mi casa. ¡No puedo creer que mi hermana esté follando a su hijo! Mientras me alejaba mi coño estaba mojado como una afluente acuosa.
Estaba en una especie de frenesí sexual mientras conducía por las calles de la ciudad. Había frotado mi coño por más de diez minutos, estaba toda mojada y apretando fuerte mis muslos alrededor de mi mano. Casi me había pasado tres semáforos debido a mi cachondez. Todo mi cuerpo hormigueaba y mi rostro estaba sonrojado cuando finalmente llegué a la entrada de mi casa. Accioné el control remoto y el portón comenzó a abrirse. Mi rostro se iluminó cuando vi el AMG GT63 de mí marido estacionado en su lugar.
—¡Gracias, Jesús! … ¡Él está en casa! …
Lo único que yo quería era quitarme la ropa y llevármelo a la cama conmigo. De prisa apagué el auto y agarré mi bolso de gimnasia, para correr hacia la casa.
—¡Gigi! … ¡Gigi! … ¡Llegué! … ¡Estoy en casa, querido! …
Grité dejando mi bolsa en el ingreso oscuro. Pasé por la cocina y el comedor, noté que todas las luces estaban apagadas. Seguí a la sala de estar, mis senos rebotaban agitados, pronto estaría entre los brazos de mi marido. Finalmente vi la luz del estudio de Gigi y me dirigí de carrerita hacia allí.
—¡Oh, cariño! …
Murmuré contenta al abrir la puerta con una radiante sonrisa. Mi cola de caballo cayó ante mis ojos cuando frené de repente. Mí sonrisa se borró con la misma velocidad cuando vi a mí marido roncando en su tumbona. El televisor estaba encendido, el control remoto estaba sobre su vientre. Una botella estaba sobre la mesita y a su lado un vaso de cristal vacío con restos de hielo. Un fuerte hedor de whisky llenaba toda la habitación. Entendí inmediatamente que era imposible despertarlo.
Me quedé parada allí con los brazos cruzados y temblando de rabia y frustración. Intenté abrir varias veces la boca para decir algo o llamarlo, pero desistí, cerré la puerta y me fui furiosa por el pasillo. Bajé al sótano donde tenemos un pequeño gimnasio para ejercitarnos en los días de invierno. Maldije en voz baja al estúpido de mi marido mientras encendía las luces brillantes del gimnasio y también la cinta caminadora.
Comencé a caminar a paso ligero y constante. Me vi reflejada en los espejos que cubrían el gimnasio y la mayor parte de los equipos.
—¡¡Yo limpio su casa!! … ¡¡Yo le lavo su ropa!! … ¡¡Yo le preparo su asquerosa comida chatarra!! …
Grité colérica mientras aumentaba la velocidad de la maquina y comenzaba a trotar suavemente. Los movimientos y la velocidad hicieron que los músculos de mis atléticas piernas se flexionaran y mis senos prósperos comenzaran a rebotar verticalmente.
—¡¡Llevo a nuestro hijo al colegio y al estadio!! … ¡¡Yo me encargo del patio!! … ¡¡Yo compro lo necesario para la casa!! …
Exclamé exasperada mientras volvía a presionar de nuevo el botón de la velocidad y comencé a correr más de prisa. Volví a mirar otra vez mí esplendida figura reflejada en los espejos y grité:
—¡¡Y hago tres malditas horas de ejercicios todos los días para estar bonita para él!! …
Comencé a jadear. Llevaba casi media hora corriendo. Hacía tiempo que no me sentía tan enojada y defraudada. Mis mejillas estaban sonrojadas y gotas de sudor aparecieron en mi frente. Pensé en continuar ya que el ejercicio me relajaba y apagaba un poco mi exceso de energía y libido. Pero no me bastaba con esto, quería poder quemar mis calorías también en otros modos además del yoga, correr y pilates. Como toda mujer también quería hacer disfrutar a mi esposo con mi cuerpo esbelto y en forma, pero el muy maldito nunca me miraba. Solo trabajaba y se emborrachaba. Detuve la maquina jadeando, me miré en el espejo y grité:
—¡¡Y todavía estás cachonda, mujer!! …
Mientras respiraba haciendo unos ejercicios suaves de brazos, escuché el sonido del motor de un auto detenerse frente a nuestra casa. Me empiné para mirar por una pequeña ventana del sótano y vi a mi hijo descender del vehículo mientras bromeaba y sonreía con sus amigos. Su sonrisa esplendida era también contagiosa, reí con él cuando lo vi feliz. Era casi todo el año que no lo veía así de contento y emocionado, la victoria lo había puesto de buen humor.
Como un rayo fugaz, volvieron a mi mente los acontecimientos de las últimas horas. La emoción de la victoria. La actitud sospechosa de mi hermana. La briosa prestación de Jorge que llevó al equipo a la victoria. Y la culminación de todo cuando vi a mi hermana dándole un “estimulo de gol” como recompensa. Mientras pensaba en ello, vi la atlética figura de mi hijo entrando por la entrada principal. Era difícil de no notarlo, un chico alto, buen mozo, rubio, grandes brazos musculosos, gruesas piernas de futbolista, su piel joven y su innata simpatía.
Seguro que él es un lindo ejemplar de hombre, pensé con ojos ensoñadores. Por supuesto que con mi estado de cachondez, miré su entrepierna. Todavía llevaba sus pantaloncitos cortos y de seguro algo contundente se movía allí abajo. Algo que jamás había notado.
Pasé mi lengua por mis labios resecos. Todavía el coche de los chicos estaba fuera de la casa y podía escuchar sus bromas y las respuestas de mi hijo. Dentro de poco él entraría en casa. Entonces tomé una decisión que iba a cambiarlo todo. Tomé el bordillo de mi ajustada camiseta de los cruzados y la arremangué por mi vientre liso, hasta dejar la banda azul apretando mis grandes tetas, dejé que mis pezones no se vieran y sólo asomaran las bases de mis pechos lechosos y sudorosos. Se veían perfectamente las venas azules que cruzaban la piel de mis senos. Luego hice lo mismo con mis leggings, los arremangué hacia abajo dejando ver claramente mi tanga roja. Me miré al espejo y decidí de conservar el resto de mi apariencia. Mis pezones lucían muy chulos y eran evidentes bajo mi camiseta, estaban duros y temblaban, pero no de ira esta vez.
—¡Arriba la UC! …
Escuché gritar mientras el ruido del coche se alejaba por la calle vacía y oscura. Mi corazón se aceleró esperando que mi hijo entrara en casa.
—¡Estoy en casa! … —Era la voz de Tomás en el ingreso oscuro.
Me giré a la derecha y luego a la izquierda para estudiar mi reflejo en los espejos y luego grité:
—¡Aquí, cariño! … ¡Abajo en el sótano! …
En segundos escuché sus pasos en las escaleras que descendían al subsuelo. Él siempre prefería ducharse en la comodidad de casa, así que vestía del mismo modo que en el estadio, mientras bajaba las escaleras, dijo:
—¡Mami! … ¿Qué haces aquí abajo tan tarde? … Es casi medianoche … Yo…
No alcanzó a decir nada más, se quedó paralizado cuando me vio. Estaba en una colchoneta frente al espejo en la asana yoga del saltamontes (Merudandasana). Me mantenía en perfecto equilibrio y mis piernas extremadamente abiertas vuelta hacia él. Su boca se abrió a desmesura y miró mi entrepierna y mis tetas.
—¡Oh, hola, cariño! …
Le sonreí radiante y añadí:
—Pensé en estirarme un poco antes de ir a la cama …
Tomás se quedó completamente mudo mirándome con los ojos muy abiertos mirándome como mis piernas se estiraban al máximo y mis pechos que asomaban bajo mi camiseta arremangada, pendían pesadamente hacia adelante. Mantuve esa pose por casi un minuto y luego cambie a otra asana:
La asana del cachorro estirado (Anahatasana). Me arrodillé y apoyé mis pechos sobre la colchoneta, mi camiseta arremangada se deslizó por mi pecho y me encontré apoyando mis tetas regordetas aplastadas a lado y lado. Mi trasero levantado en el aire era muy sugestivo, ya que mi tanga era totalmente visible. Viendo que él no respondía y que mi cola de caballo había caído ocultando mi rostro sonrojado, le pregunté calmadamente:
—Entonces … ¿Cómo estuvo tu celebración por la victoria de hoy? …
Esta vez él tampoco respondió. Sacudió su cabeza como para aclarar sus ideas. Cerró sus ojos e intento decir algo balbuceando.
—¡Yo! … ¡Ehem! … ¡Bu-bueno! … ¿Dónde está papá? …
(Continuará)
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—¡Dios, mío! … Estos pobres muchachos no tienen suerte este año …
Dije mientras miraba a mi hijo Tomás, desaparecer en el túnel de los camarines. Arreglé mis brillantes cabellos rubios y mordí mí labio inferior desazonada.
—Sí … Es verdad … Esta es la tercera derrota consecutiva …
Respondió Antonella, mi hermana, mientras observaba a su hijo Jorge que se quitaba la empapada camiseta de los cruzados y le daba un puño al muro de concreto antes de seguir al túnel con sus demás compañeros de equipo.
—Es como si hubieran perdido la concentración …
Agregó Antonella encorvándose y apoyando sus codos en sus muslos y sus manos sosteniendo su barbilla hacia arriba. La postura hizo que sus grandes tetas, tan grandes como un melón calameño, se presionaran juntas sugestivamente bajo su delgada camiseta deportiva con los colores de la UC y sus pezones rígidos amenazaran con romper la tela. Muchos hombres se tropezaron con la grada de las escaleras cuando pasaron junto a ella.
—Creo que esos chicos necesitan ser estimulados de algún modo …
Dije mientras alzaba mis brazos hacia el cielo para estirarme un poco, cosa que ocasionó que mis senos tan formidables como los de mi hermana se levantaran y arrastraran mí camiseta mostrado el piercing de mi ombligo. Era obvio que no llevaba sujetador, porque mis bubíes se movieron de lado a lado. Antonella seguía mirando hacia el camarín de los muchachos. Ella se sentía mal por ellos. No quería que su hijo se sintiera frustrado y enojado. Estaba en el equipo de cadetes de la escuadra y el futbol le ofrecía una buena oportunidad para hacerse famoso y con un futuro prometedor.
La vi sentada que abría su bolsa y sacaba un cepillo para ordenar sus cabellos rojos. Ella al igual que yo era rubia, pero le gustaba teñirse de rojo. Su corte de pelo era a casco con una chasquilla sobre la frente que moldeaba muy bien su rostro clásicamente hermoso. Eso combinado con sus labios sinuosos, ojos verdes y pecas en sus pómulos, le daban una aire de un autentica vikingas de los fiordos del norte. A treinta y seis años sus curvas eran absolutamente imposible de ocultarlas. Al ponerse de pie sus pesadas tetas se bambolearon ostentosamente. Sus nalgas eran un semicírculo perfecto que estaba magníficamente delineadas por su estrecho leggins de color negro. Sus largas y atléticas piernas se flexionaban mientras descendía los peldaños que llevaban a la salida.
Me levanté y me fui detrás de ella. Tenía un poco dolorido mi trasero, caderas y piernas de tanto estar sentada en esa rígida butaca. Estiré mis leggins grises que a veces se me metían en medio a mis glúteos prósperos. Mis blancas piernas lucían muy bien con el resto de mi cuerpo flexible y armonioso.
—¡Ojalá algo cambie pronto … Jorge quiere que lo llamen al primer equipo! …
Dijo Antonella que llevaba ya las llaves de su auto colgando de sus dedos, a lo que añadí.
—También es el deseo de Tomás … El año pasado tuvieron un año fantástico y ahora nada …
Antonella suspiro reflexionado y dijo.
—Necesitan algo que los empuje … Que los motive … Qué los anime …
Enseguida presionó el desbloqueo de la alarma y se preparó para subir a su auto. No encontré nada más racional que decirle.
—Bueno … Si se te ocurre algo, házmelo saber … A estos chicos no les falta nada, tienen de todo lo que un chico a esa edad quisiera tener …
—Lo sé, lo sé … Y ese es el problema … Debemos pensar en algo muy especial …
Dijo apoyándose a la puerta de su SUV, su teta derecha pareció inflarse cuando la aplasto contra la ventanilla del conductor. Luego agregó:
—Ya se me ocurrirá algo … No te preocupes …
Me dio risa verla tan concentrada con esa arruga en su frente.
—Bueno … Espero que pienses algo pronto … Te llamaré mañana, ¿vale? …
—¡Vale! … Buenas noches …
—Buenas noches …
Subí a mi RAV4 hibrida y encendí la radio para esperar a mi hijo. El primero que salió fue Jorge y vi a Antonella acercar su auto a la acera para hacerlo subir.
Minutos más tarde salió Tomás junto a otros chicos. Todavía llevaba puesto sus shorts deportivos y zapatillas, pero su remera colgaba de uno de sus hombros y venía luciendo sus abdominales y pectorales. Mientras caminaba hacia nuestro coche, no pude evitar de notar lo joven que era. Sus cabellos rubios eran cortos y había algunas escasas pecas en sus pómulos. Sus hombros eran anchos sus pectorales y abdominales visibles en su clara piel. Es todo un semental, me dije para mí misma.
—¡Hola, mami! …
Dijo Tomás un poco malhumorado mientras subía al vehículo. Involuntariamente sus ojos recorrieron mis desnudas piernas y mis pechos opulentos.
—¡Hola, bebé! … Lo siento por el juego …
Le dije con una media sonrisa. Él gruño con sus puños apretados mientras miraba por la ventanilla.
—¡Es una mierda! … Así, jamás llegaré al primer equipo …
—¡No digas eso! … Esta temporada acaba de comenzar …
—Mami … Si no ganamos el próximo partido todo habrá terminado …
Tomás se volvió como decirme algo, pero se detuvo cuando mis pechos saltaron mientras pasaba un lomo de toro. Se demoró algunos segundos en recuperar sus pensamientos.
—¡Demonios! … Tenemos que ganar todos los partidos de ahora en adelante … Eso no va a ser fácil, ¿sabes? …
Miré a mi hijo por el rabillo del ojo y lo vi bastante angustiado. Odiaba verlo así. Suspiré mientras trataba de concentrarme en el camino por delante. Ninguno de los dos dijo ni una sola palabra hasta que llegamos a casa.
*****
Los faros del vehículo de Antonella iluminaron el gran portón de fierro al ingreso de la casa donde vivía junto a su marido Andrés y su hijo Jorge. Abrió el portón con el control remoto, el cual desbloqueaba automáticamente la puerta del garaje. Frunció el ceño cuando vio que el BMW de su marido no estaba en su lugar. Estaba segura de que estaba trabajando, pero odiaba que a él no le importase seguir los partidos de su hijo. El trabajo parecía ocupar todo su tiempo y ahora ella debía ocuparse sola de animar el alicaído espíritu de su hijo.
Jorge se estiró hacia el asiento de atrás y agarró su bolsa deportiva antes de salir del vehículo, mientras se dirigía a la casa le dijo a su madre:
—Me voy a duchar, mamá …
—Está bien, cariño …
Respondió ella mientras observaba lo desarrollados músculos de la espalda de su muchacho y sus hombros que se movían mientras caminaba. Sus ojos siguieron la línea de su espalda y se fijaron en su redondo y firme trasero viéndolo subir por las escaleras. No pudo evitar de notar lo lindo que se veían sus pantalones cortos negros, envolviendo sus musculosos muslos al dar cada paso.
Colgó las llaves del coche en el portallaves y colocó su bolso sobre la encimera de la cocina antes de subir las escaleras hasta su dormitorio. Pasó junto al baño en el pasillo y escuchó a su hijo abrir el grifo de la ducha, luego continuó su camino hacia su habitación. Entró y cerró la puerta; se acercó a una de las cómodas para apoyarse y quitarse las zapatillas. Después metió sus dedos en la pretina de sus ajustados leggings y con coquetos movimientos de cintura los hizo bajar por sus piernas hasta sacarlos por sus tobillos. Recogió sus leggings del suelo y mientras lo hacía observó el reflejo de su majestuoso trasero en el espejo del armario con sus nalgas casi al desnudo, el hilo de su tanga negra estaba perdido en medio a sus glúteos, se sonrió satisfecha al notar que la visión era halagüeña y sexy. Arrojó los leggings al cesto de la ropa sucia y enseguida comenzó a despojarse de su ajustada remera deportiva de la UC. Tomó el bordillo y comenzó a levantarla, estaba tan ajustada que arrastró sus grandes tetas hacia arriba que luego cayeron estrepitosamente, produciendo un sonido como de palmas. Sus areolas eran de un rosado pálido, casi como el color de su piel, mientras sus pezones eran marrones y pequeños, estaban duros como piedra.
Mientras tiraba la camiseta al cesto, ella se vio reflejada por el rabillo del ojo en el gran espejo del armario; ahora podía contemplarse de cuerpo entero y lo que vio le gustó. Puso sus manos en sus caderas y caminó hacia el espejo balanceando sus caderas coquetamente. Su figura lucía hermosa. Se detuvo y dejó caer sus brazos a sus costados. Sus dedos rozaban sus muslos esbeltos, subió sus manos por su estómago liso y ligeramente cóncavo; siguió subiendo hasta la base de sus grandes tetas esponjosas, pero aun muy firmes y sólidas. Ella era muy consciente de sus encantos femeninos y le encantaba hacer alarde de ellos; aunque a su marido parecían no importarle mucho en estos últimos tiempos. Suspiró mientras acariciaba sus deliciosos pechos con sus delicadas manos. Extrañaba tener un cuerpo masculino fuerte y musculoso en contacto con su piel caliente; alguien quien presionara su cuerpo sudado y jadeante contra sus pechos.
¡Maldita sea!, dijo volviendo a pensar en el problema de su hijo. Odiaba verlo tan solo. ¡Qué demonios! Ella también se sentía sola, el idiota de su marido se dedicaba solo a trabajar sin tener cuidado de su familia. Antonella apretó sus puños pensando en ello. Dio unos pasos más reflexionando y de repente se detuvo de golpe. Lentamente se giró al espejo para mirarse. Volvió a pensar en el desanimo de su hijo. Penso en su marido y quien sabe donde estaría trabajando. Ella estaba allí sola. Una bomba sexy como ella sintiéndose sola y abandonada. Totalmente ignorada y justo al final del pasillo había un jovencito en la flor de su juventud que necesitaba que lo animaran.
¡Oh, no! ¿Qué estoy pensando? Susurró para si misma mientras cerraba sus ojos con fuerza y cruzaba sus brazos bajo sus tetas. Sintió el calor que ruborizaba sus mejillas y vio la imagen estatuaria de su apolíneo hijo mojado bajo la ducha. ¿Tal vez esa visión tenía algún significado? Sus ojos volvieron a abrirse y se miró al espejo, su mirada recorrió todo su cuerpo. Sus brazos volvieron a sus costados y luego los puso en jarra observando detenidamente sus curvas femeninas y tuvo una epifanía, se sonrió satisfecha y soñadora al espejo. Tal vez tenía la solución para todos los problemas.
Se mordió su labio inferior por un segundo antes de agacharse y quitarse la tanga. Se sorprendió cuando tuvo que quitar la delgada tela de entre los labios regordetes de su coño debido a lo mojada que estaba. A continuación se giró y caminó con determinación hacia el pasillo, sus tetas se balanceaban acompasadamente a cada paso que daba y se elevaban con su respiración, podía sentir el ritmo acelerado de su corazón. Respiró hondo y luego abrió la puerta del baño con cierto sigilo.
El cuarto de baño estaba colmado de vapor y ella rápidamente se sumergió en el vahó tibio. Sus ojos se adaptaron al denso aire húmedo y pudo ver el contorno de su hijo mientras dejaba que el chorro del agua cayera sobre la parte posterior de su cabeza y se apoyaba con ambas manos en los azulejos blancos. Volvió a morder sus labios mientras miraba el cristal fumé de la ducha.
—¡Ehm! … ¿Jorge? … ¿Pu-puedo hablar contigo un minuto? … —Tartamudeó.
—¿Mamá? … ¡Sí, claro! … Dime que quieres … —Respondió su hijo.
El chico no podía verla a ella a través del cristal mojado. No podía saber que ella estaba completamente desnuda a solo un metro de distancia, se giró y su espalda quedó recibiendo el chorro de agua caliente de la ducha, luego dijo:
—No te oí entrar, mami …
—Jo-Jorge … Sí encontraras el estimulo preciso, ¿Crees que podrías ganar el próximo partido? …
Preguntó acercándose al vidrio de la ducha con sus brazos cruzados bajo sus pechos que comenzaban a humedecerse con la humedad del cuarto de baño.
—Bueno … No todo depende solo de mí, mamá … Pero creo que podría ayudar … Sé que estoy en un periodo de mala racha y sería feliz si pudiera salir de ella …
Dijo su hijo mientras enjabonaba su cuerpo con un guante de toalla, enseguida añadió:
—¡Ehm! … No sé … Tal vez si jugara un poco mejor podría arrastrar al equipo conmigo … ¿Tienes alguna sugerencia? …
—¡Ehm! … Pensaba a algo poco convencional que podría ayudarte … Podría darte lo que necesitas para animarte y animar al equipo …
—Mami … Tengo de todo … Ya me has dado todo … ¿Qué más podrías ofrecerme? …
—¡Uhm! … Bueno … Tal vez necesitas solo un empujoncito para mejorar tu actitud y aumentar tu fortaleza … Así podrías hacer goles, ¿no? …
Los muslos de ella temblaban ligeramente y se dio cuenta de que eso que goteaba entre sus piernas no era agua.
—¿Y a qué estás pensando, mami? …
Ella respiró fuerte y decidida estiró la mano para empujar la puerta corrediza de la ducha y se mostró delante de su hijo. Éste se quedó paralizado y boquiabierto mientras veía entrar a su madre desnuda bajo la ducha viendo como el agua comenzaba a salpicar todo su cuerpo. Muy pronto sus tetas estaban empapadas y de sus pezones caían hilos de agua. Los ojos del muchacho se detuvieron a mirar esas enormes tetas que se movían como si tuvieran vida propia. Estaba subyugado mirando esos pezones a centímetros de su cuerpo.
Antonella trató de calmarse al sentir sobre su piel la mirada cachonda de su hijo que la contemplaba de pies a cabeza.
—Escúchame, Jorge … Creo que podría ayudar si… ¡Oh, Santo cielo! …
Exclamó Antonella llevándose una mano a la boca en estado de shock. Allí, frente a ella, pendía entre las piernas de su hijo, la polla más gruesa y grande que jamás haya visto en su vida. Y notó que esta comenzaba a levantarse rápidamente.
Observó mesmerizada como ese tótem de carne se flexionaba y comenzaba a apuntar hacia arriba. Aún cuando el agua bañaba sus ojos, ella nunca parpadeó mientras veía como esas venas azulinas se engrosaban y bombeaban sangre a la enorme cabezota reluciente que se hinchaba y tomaba un color violáceo aguerrido. Los músculos de sus muslos parecían poderosos y rudos, moldeados a la perfección. Sus testículos parecían mandarinas envueltas en ese rugoso saquito que se columpiaba a la base de ese macizo garrote de carne.
Toda la longitud estaba perfectamente afeitada y lucía suave y brillante por el agua y el jabón de la ducha. Finalmente, después de lo que pareció una hora, el mastodóntico pene se mantuvo desafiante y presumido señalando hacia arriba, precisamente hacia sus enormes tetas.
—¡Oh, Dios del cielo! … ¡Guau! … ¡Nunca antes había visto uno así! …
Antonella sin siquiera pensarlo estiró su mano y lo aferró, su mano parecía pequeñita tratando de rodearlo con sus dedos. Soltó una risita rápida y maníaca sintiendo la poderosa polla en su mano, lo levantó un poco para cerciorarse de que de ninguna manera las yemas de sus dedos podrían tocarse.
Jorge jadeó sintiendo la delicada y suave mano de su madre envolviendo su furiosa erección. Los músculos de su cuerpo se tensaron e inconscientemente hundió su vientre y empujó su mons pubis hacia arriba, mientras su respiración sonaba cada vez más agitada.
—¡Oooh, Jooorgeee! …
Ronroneó Antonella mirando el excitado rostro de su hijo. Todas sus ideas la habían abandonado sintiendo las pulsaciones de la polla de él entre sus dedos. Ahora estaba claro que iba a estar más que dispuesta a hacer todo lo que fuera necesario para mejorar el ánimo de su hijo y de sí misma. Automáticamente comenzó a mover su manita hacia arriba y hacia abajo estirando la elástica y aterciopelada piel de su prepucio entre sus dedos, hasta descubrir la entera cabezota de su miembro joven y varonil. Con voz temblorosa, le dijo:
—Bueno … Esto es lo que se me ocurrió …
Dijo acercándose al chico y restregando su dura polla contra su vientre, sin dejar de mover sus manos hacia arriba y hacia abajo; entonces continuó:
—Me gustaría sugerir que cada vez que ganes un partido … Yo …
Dijo ella, mirando la gigante polla de su hijo y sonriendo en forma capciosa.
—Yo tomaré tu gran polla en mis manos … Y si haces un gol te dejaré follarme … ¿Te va? …
Jorge estaba demasiado excitado para proferir alguna palabra. Las suaves manos de Antonella no dejaban de masturbarlo dulcemente. Estaba hipnotizado con la proximidad de sus tetas y las caricias amorosas que le prodigaba su genitora. Se paró en punta de pies y la cabezota de su pene llegó a la base de las gordinflonas tetas de su madre.
—¿Bromeas? …
Preguntó finalmente mirando a su sexy madre para agregar alborozado.
—¡Sí, por supuesto que sí! … ¡Ganaré todos los partidos aunque sea yo sólo a jugar! …
Antonella sonrió complacida mirando hacia abajo viendo que la polla se su hijo se enfilaba en medio a sus voluminosas tetas. Nuevamente mordisqueó su labio inferior mientras sentía que sus mojadas y resbaladizas mamas envolvían por completo el pene de Jorge. ¡Maldición! … Se siente como el brazo de un niño en medio a mis tetas, pensé estirando mi mano para agarrar sus delicadas bolas. La piel del escroto se sentía afelpaba, suave y rugosa; sus pelotas estaban calientes y pesadas, probablemente llenas de lechita. El muchacho continuó a magrear las tetas de su madre fascinado por cómo se sentían en sus manos y apresando su polla. Automáticamente inició a encorvar su trasero moviéndolo hacia adelante y hacia atrás comenzando a vivir una de sus mayores fantasías. Follar las tetas de su madre.
—No sabes cuanto tiempo que quería hacer esto, mamá …
Jadeó mientras sostenía la maciza carne algodonosa de las tetas de su madre y observando los centímetros de su polla que entraban y salían de la parte superior de su decolté, que estaba brillante y mojado por la ducha.
Antonella bajó las manos para sujetar la cintura de su hijo mientras él deslizaba su polla animosamente entre sus enormes y hermosas tetas.
—¡Hmmmmmm! … —Gimió ella en voz alta evidenciando que disfrutaba esa sensación.
El agua tibia seguía escurriendo por los cuerpos caldeados de madre e hijo, ambos cachondos a más no poder. La polla de Jorge seguía apareciendo y desapareciendo en el lechoso surco de los pechos de ella. Antonella flexionaba sus piernas una y otra vez para masturbar a su hijo con sus senos formidables. El baño se llenó de una densa niebla húmeda proveniente de la ducha caliente y de los cuerpos de ambos que continuaban en su acto incestuoso. Antonella retrocedió un par de pasos para mirar a su hijo y decirle.
—¡Recuerda bien lo que dije! … ¡Sólo tendremos sexo si ganas un partido! …
Con eso ella arregló un poco sus cabellos y salió de la ducha. Jorge observó el cuerpo desnudo y mojado de ella mientras ella caminaba y se alejaba; su trasero perfecto era la gloria, a cada paso sus nalgas parecían sincronizadas, una subía y la otra bajaba formando un pliegue erótico que contemplaba por primera vez. Al llegar a la puerta su cuerpo era un tanto difuso por el vapor del cuarto, ella se giró y con una voz seductora le dijo.
—Sí quieres … Esta noche te haré probar algo sobre tu recompensa … Eso te ayudará a animarte y prepararte mejor para el próximo partido, ¿vale? …
Luego se dio la vuelta y cerró la puerta para dirigirse a su dormitorio, sus nalgas seguían moviéndose de ese modo hechicero.
A Jorge le faltaban manos para cerrar el grifo de la ducha, secarse y salir de prisa detrás de su madre, por supuesto que quería probar más de ella. Su enorme polla lo precedía meciéndose en el aire y apuntando hacia adelante, como señalando el camino. La puerta del dormitorio de Antonella estaba abierta y ella estaba sobre la cama sobre sus manos y rodillas, mirándolo por encima del hombro y permitiéndole a él una visión perfecta de sus nalgas. Ella se movió rápidamente y se recostó sobre su espalda extendiendo sus piernas como una hábil gimnasta y torciendo su dedo índice le hizo señas a su hijo para que se uniera a ella en la cama.
Jorge no necesitaba ninguna invitación, de dos saltos estaba al lado de los encantos de su madre. Cosa que haría cualquier adolescente cachondo. Más rápido que un rayo, se colocó en medio a las esplendidas piernas de su mamá, agarró la bien formada pantorrilla con una mano y guió su violácea cabezota hacia la rosada, cálida y mojada panocha perfectamente depilada de Antonella.
—¡Oh, mami! … ¡Qué hermosa que eres! … ¡Me gusta mucho esto! …
—¡Hmmmmmm! … A mi también, querido …
Dijo mientras intentaba ver por sobre sus tetas la intimidante cabezota de su hijo a punto de penetrar su estrecho coño. Un involuntario escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando sintió en sus sensibles y delicados pliegues la gran polla de su hijo que empujaba en medio al surco caliente de su labia vaginal.
—¡Fóllame, Jorge! … ¡Quiero que me folles con tu linda y gran polla! …
Jorge no necesitó hacérselo repetir, inclinó su cuerpo hacia adelante y empujó entre los hinchados labios de su madre, observándola como ella pellizcaba sus tetas y arqueaba su espalda sintiendo la enorme polla de él que la penetraba profundamente. Los gordinflones labios de su panocha se cerraron aprisionando el grueso pene dentro del caldero caliente de ella.
—¡Ooouuuggghhh! …
Gimió mientras sus ojos revoloteaban en sus cuencas y dejaba caer su cabeza sobre la almohada extasiada. Estiró ambas manos para atrapar las caderas de su hijo tirándolo hacia sí, sintiendo la placentera sensación de la enorme polla deslizándose en sus entrañas.
—¡Demonios, mami! … ¡Tu coño está muy apretadito! …
Dijo él haciendo rechinar sus dientes y hundiendo lentamente su pija en la acogedora y deliciosa panocha de Antonella.
—¡Hmmmmmm, Dios! …
Jadeó ella apretando la gruesa polla que se ahondaba y estiraba su coño. ¡Esto es una locura! ¡No puedo creer que esté haciendo esto! Pensó para sí misma.
—¡Uugghhhh! …
Gruñó Jorge mientras sus pesadas bolas se aplastaban contra el culo firme de Antonella y toda la longitud de su pene empalaba completamente el coño de ella. Contuvo la respiración disfrutando la exquisita sensación mientras sus manos se deslizaban a amasar las grandes tetas de ella y ella acompañaba las caricias de su hijo con sus propias manos.
—¡Fóllame, bebé! … ¡Fóllame con tu gran polla! …
Gritó Antonella animando a su hijo. Él apoyó sus manos sobre las sábanas y retrocedió lentamente para mirar los abundantes fluidos de su madre que habían mojado completamente su polla haciéndola brillar a la tenue luz de la habitación. Espero que su cabezota apareciera entre los hinchados labios de ella, para volver a sumergirse en ese mar de fluidos de coño, sólo entonces comenzó a embestirla con cortas y rápidas acometidas. Observó como el voluptuoso cuerpo de Antonella se sacudía con cada empujón.
—¡Oh, Jesús! … ¡Hmmmmm! … ¡Uuuhhhhh! … ¡Uuuhhhhh! … ¡Aaahhhhh! …
Exclamó Ella cuando su hijo la comenzó a cogerla en forma sostenida. Extendió sus piernas para acomodar la polla más grande que había tenido hasta ahora.
Jorge aceleró el ritmo porque estaba demasiado excitado para contenerse. Allí estaba él entre las piernas de su sexy madre, embistiendo su húmedo y ceñido coño, viendo como el mar de tetas de su madre se agitaba y rebotaban desparramándose sobre su pecho. Se sentía de haber alcanzado el séptimo cielo.
—¡Uuuhhhhhh, ssííí! …
Gritó fuerte ella mientras miraba la deformada cara de su hijo que gruñía y embestía su conchita con su gran polla, luego aferró los hombros del muchacho con fuerza para esconder su propia cara ruborizada y mostrando la lujuria desatada que le provocaba la inmensa verga de Jorge follándola sin misericordia.
—¡Sí, amor! … ¡Sí, amor, folla a mami así rico! … ¡Umpf! … ¡Aaaaaahhh! … ¡Ahhhhh! …
Gemía y chillaba Antonella mientras sus piernas se agitaban descontroladamente y sus tetas rebotaban hasta casi tocar su mentón. El sudor escurría sobre el cuerpo de ambos mientras daban rienda suelta a su depravada relación incestuosa, disfrutando plenamente del intenso sexo prohibido.
—¡Folla a mami! … ¡Fóllame con tu gran polla, bebé! …
El somier de la cama chirriaba y la cabecera golpeaba el muro amenazando de producir una abolladura de la pintura de la pared. La señora Tarantino que regaba tranquilamente su jardín, miró sospechosamente a su alrededor al percibir los gritos de una mujer desde algún lejano lugar.
El culo de Antonella rebotaba en la cama cada vez que las pesadas bolas de su hijo se estrellaban contra sus nalgas. El grueso pene estaba empapado con los fluidos copiosos de la estrecha y jugosa vagina que estaba siendo penetrada desde hace ya varios minutos. Los jugos combinados de ambos escurrían por el trasero de ella formando una amplia mancha sobre la sábana.
—¡Oh, mami … Esto es increíble! …
Dijo Jorge mientras le sonreía, sus abdominales bien marcadas se aplastaban contra el liso vientre de ella una y otra vez afondando profundamente su mástil de carne en el rosa pálido del coño de Antonella.
—¡Oh, sí! … ¡Esa gran polla tuya se siente muy bien en mi panocha, bebé! …
—¡Oh, Uuurrrggghhh! …
Gruño Jorge enganchando las piernas de su madre con sus brazos y llevándolas en alto hasta casi aplastar sus grandes tetas con ellas, para luego comenzar a embestirla con violentos empujones.
—¡Todos los partidos, mami! …
Dijo él enterrando su polla con fuerza en el coño de ella.
—¡Voy a ganarlos todos! …
Afirmó clavándole su pija profundamente,
—¡Por ti, mami! …
Manifestó enterrando su polla en el caldeado agujero.
—¡Sólo por ti, querida mami! …
Expresó hundiendo su polla en el anegado coño.
—¡Y si hago un doblete, quiero que me des tu culo, mami! …
—¿¿Qué?? …
—Que sí hago dos goles … Tú me darás tu culo, ¿vale? …
—Una tripleta … Si haces tres te daré todo lo que quieras …
—¿¿Qué??
—Tal como lo oyes … Si haces tres redes, vas a tener mi culo que hasta ahora nadie lo ha tenido, ¿vale? …
—¡Uy, sí, mami! … ¡Que rico! … ¡De acuerdo! … ¡Vale! … ¡Vale! …
Antonella se colgó del cuello de su hijo y lo tiró encima de sus pechos maternales, acariciando el cabello del muchacho.
—¡Eres mi hombre, bebé! … ¡Ahora sigue follándome con tu polla rica! … ¡Por favor! …
Flexionó sus piernas y envolvió los glúteos de él, empujando con sus talones la gran polla más y más adentro de ella. Durante varios minutos sólo se sintió el crujido de la cama, los resortes chirriaban fuerte con los embistes de Jorge contra su madre. Muy pronto los gemidos de Antonella aumentaron, hundió su vientre sintiendo las maripositas cosquillear en su estómago y ella sabía lo que esto significaba.
—¡Oh, bebé! … ¡Dios mío! … ¡Me voy a correr! …
Jadeó mirando a su hijo con una expresión agónica y suplicante. Sus tetas seguían rebotando y moviéndose enloquecidas sobre su pecho.
—¡Oh, cielos! … ¡Oh, Jesús! … ¡Aaaaaaahhh! … ¡Aahhhhhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhhh! …
Chilló como una poseída mientras arqueaba su espalda y sus tetas parecían haberse puesto chúcaras saltando sobre su pecho. Respiraba con dificultad y no cesaba de gemir mientras su cuerpo se sacudía por el orgasmo más poderoso de toda su vida. Su coño expulso varios chorros bendiciendo la gorda polla de su hijo que continuaba a zamarrear su entero cuerpo empalado en la gran verga de él.
Jorge continuó con sus implacables embestidas y sintió que los brazos de ella se relajaron a sus costados sin fuerza. Sus esplendidas piernas se había aflojado mientras ella jadeaba tratando de recuperarse del potente orgasmo. Sus ojos estaban vidriosos y miraban al infinito con la cabeza girada hacia un lado. Mirando la convergencia de las piernas de su madre, Jorge sacó lentamente su pene de su vagina, luego se inclinó para decirle:
—Date vuelta, mami …
Lentamente ella se giró y quedó sobre su estómago. Sus tetas quedaron aplastadas sobre el colchón sobresaliendo hacia ambos lados. Todavía jadeaba de felicidad post-orgásmica sintiendo las manos de Jorge que separaban sus firmes glúteos para meter en muestra los apretados y mojados labios de su coño. Con los ojos cerrados, crispó sus manitas aferrando con fuerza la sábana, mordió su labio inferior para no gritar y sintió la cabezota gorda de la verga de su hijo apoyándose en sus labios hinchados, empujando centímetro a centímetro, toda su polla en su cálida conchita llenándola completamente.
—¡Ay! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuhhhhhh! …
Gimió Antonella sintiendo la polla haciéndose espacio al interno de su apretado coño. Fue una sensación muy larga y placentera, hasta que sintió sus bolas rozando sus muslos. Su sensible clítoris se estremeció al sentir el roce de la afelpada piel de sus testículos.
—¡Qué rico que es tu coño, mami! …
Antonella no tuvo tiempo de responder ya que Jorge comenzó a embestirlas con mucha fuerza. Su culo y sus muslos temblaban con los fuertes empujones.
—¡Oh, Santo Dios, bebé! … ¡Sí! … ¡Sí … assííí fuerte! … ¡Fóllame rico! …
Chilló Antonella sintiendo la potencia de su hijo perforando sus extrañas. El sudor comenzó a brotar de la frente de Jorge mientras afirmaba el culo de ella con una mano. Sonrió al ver el borde de las tetas de su madre aplastadas contra el colchón.
—¡Oh, mami! … ¡No voy a durar mucho más! …
En ese preciso momento Antonella escuchó el sonido característico del motor del coche de su marido que llegaba a casa. La puerta automática del garaje chirrió y crujió al abrirse. Antonella se enderezó de golpe con sus enormes senos balanceándose de lado a lado y miró preocupada a la ventana.
—¡Oh, maldición! … ¡Tú padre está en casa! …
Dijo tratándose de desligarse del agarre de su hijo. Sin embargo, las manos de él eran demasiado fuertes y ella no pudo superarlo. Jorge siguió empujándola rápido y fuerte.
—¡Un segundo, mami! … ¡Espera! … ¡Tengo que correrme! …
Dijo Jorge desesperado embistiendo a su madre con más fuerza.
—¡Ay! … ¡Ay! … ¡Suéltame, Jorge! … ¡Tú padre ya está aquí! …
Exclamó agitada y mirando por encima del hombro a su hijo que parecía enajenado empujando su enorme polla en su estrecho agujero empapado. La cama chirriaba y crujía. Jorge miraba los hermosos ojos de su madre en su cara aterrorizada. Ambos podían escuchar los rechinidos de la puerta del garaje que se cerraba.
—¡Ñiiiiieeeek! … ¡Ñieek! … ¡Ñiiiiieeeek! …
—¡Paff! … ¡Paff! … ¡Paff! … ¡Paff! …
Era el sonido de los muslos de Jorge sobre los glúteos de ella. Jorge no hacía ningún amago de soltarla, lo único que quería era llenar el coño de su madre con su semen y nadie lo iba a detener.
—¡Por Dios, Jorge … Acaba ya! …
Los ojos de el chico se abrieron a desmesura cuando sintió el candente líquido subir desde sus testículos y brotar en chorros dentro del apretado coño de su madre.
—¡Ough! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! …
Gruñó Jorge sacudiéndose y follando a Antonella con una fuerza inaudita.
—¡Toma mi semen, mamá! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Todo par ti! … ¡Umpf! …
Se estremeció violentamente dentro de la empapada vagina de Antonella y comenzó a relajar su agarre. Antonella jadeó suspirando y sintiendo la tibia lechita de su hijo colmando completamente su coño. Se sentía espeso y cálido y no pudo evitar de sacudirse en otro orgasmo irrefrenable. Escondió su cara en una almohada para acallar sus gemidos de placer. Jorge tiró su pene fuera del coño de su madre que comenzaba ya a gotear semen.
—¡Hola! … ¡Estoy en casa! …
Era la voz de Andrés, su marido, padre de Jorge que gritaba desde el piso de abajo mientras dejaba su maletín sobre la encimera de la cocina.
—¡Maldición! …
Exclamó Jorge saltando de la cama de su madre, su polla todavía disparada flébiles lágrimas nacaradas desde su polla blandengue. Antonella también saltó de la cama y arrancó toda la ropa sudada y manchada, diciéndole de toda prisa a su hijo.
—¡Vete! … ¡Vete a tu cuarto antes de que él suba! … ¡Yo limpiare aquí! …
Jorge le brindo una mueca como una sonrisa a su madre y escapó hacia su dormitorio. Ella se rio de la prisa de su hijo, ya había perdido todo su ímpetu. Rápidamente tiró la ropa de cama al cesto de la ropa sucia y corrió a meterse bajo la ducha. Justo en ese momento, su marido entraba a la habitación matrimonial recién maculada.
—¿Cariño? … ¿Está ahí! …
Llamó tentativamente, escuchó el sonido de la ducha y se acercó a la puerta del baño.
—¿Cariño? … ¿Qué pasó? … ¿Por qué la cama está sin ropa? …
Antonella asomó su cara por la cortina de la ducha y dijo.
—¡Hola, querido! … No sucede nada … Sólo que soy tan torpe, que abrí una lata de Coca-Cola y esta reventó sobre la cama … No te preocupes … Luego pondré todo en orden … Saldré en un minuto …
Dijo Antonella volviendo bajo la ducha mientras bajaba sus manos para tocar su coño recién follado. Se asombró de sentirlo más ancho que de costumbre, seguramente la gorda polla de su hijo le había ensanchado su panocha. Sonrió para sí misma mientras en su mente giraban las imágenes de su hijo follándola sin descanso y esperando ya el próximo partido.
—¡Ya salgo, cariño! …
*****
A la semana siguiente la UC jugaba con los caturros sub veinte que venían del puerto y acababan de ganar la copa Libertadores en su categoría. Nadie apostaba un peso en favor de la UC. Las graderías del estadio estaban con muy poco público y la multitud no mostraba ningún entusiasmo.
Llegué al estadio primero que Antonella; me había vestido con mi atuendo típico, mis leggings negros muy ajustaditos y mi camiseta de los cruzados también muy estrecha para realzar la belleza de mis senos. Completaban el todo unas calcetas blancas y unas zapatillas Nike de color rojo. Había recogido mi cabello rubio en una cola de caballo con una coqueta chasquilla sobre mi frente. Me acomodé en las graderías y mi hijo Tomás se había ido a los camarines a cambiarse. Miré con fastidio a los chicos de camiseta verde que ya estaban en el césped del estadio peloteando y haciendo ejercicios.
Mientras observaba a un chico alto con una camiseta negra, pensé que ese era el arquero del equipo rival y calladamente le lancé una maldición. En ese momento apareció Antonella y nos saludamos con la mano alzada al vernos. Ella subió unos escalones más arriba y llegó donde mí, nos saludamos con sendos besos en la mejilla y nos sentamos a esperar el comienzo del partido.
—¡Dios mío, Antonella! … ¿Pero que es lo que pasa con tu ropa? …
Le dije un tanto escandalizada al verla con unos jeans al puro estilo de la morena de los Duke de Hazard, prácticamente podía ver el pliegue de sus suculentas nalgas. Sus largas, pálidas y bien torneadas piernas eran a la vista de todos y en sus pequeños pies, calzaba un par de zapatillas blancas. Su abdomen liso estaba completamente desnudo. Y su prenda superior era la camiseta de los cruzados, pero sin mangas y con un generoso cuello en V, que permitía ver muy bien el surco de sus grandes pechos salpicados de pecas. Obviamente no llevaba sujetador. Antonella dio una sucinta mirada a su cuerpo y se encogió de hombros.
—Bueno … Tenía muchas cosas que hacer y Jorge dijo que era hora de venir al encuentro de hoy … No tuve tiempo de cambiarme …
—¡Santo cielo! … ¡Eres incorregible! …
Le dije sin poder discernir si era verdad lo que me estaba diciendo. Con un poco de envidia mire su tersa piel, la suavidad de sus piernas. Parecía como si se hubiera frotado alguna loción rejuvenecedora por todo el cuerpo.
Unos minutos después el arbitro inició el partido. Todos estábamos nerviosos porque inclusos había más hinchas con camisetas verdes que con la de los cruzados que jugaban como locales. Antonella parecía extrañamente enérgica y saltaba y agitaba ambas manos a cada ataqué de la UC, gritando a todo pulmón para animar nuestro equipo a ganar.
—Espero que este partido salga bien …
Le dije sin poder esconder mi inquietud.
—¡Oh, no te preocupes! … Estoy segura de que hoy va a ganar …
Saltando a gritar algo a Jorge que estaba en poseso del balón y daba un largo pase a mi hijo Tomás. Desafortunadamente la pelota quedó corta y los caturros se lanzaron en un coordinado contraataque, nuestro portero estaba adelantado y el delantero caturro que iba por la banda izquierda no dudo ni un momento para disparar un “sombrerito” que superó a nuestro meta y para desgracia nuestra, ellos pasaron en ventaja 0 a 1.
—¡Maldición! … ¿Y ahora qué? … —Dije enojada y decepcionada.
—¿Por qué eres tan negativa? … Los chicos los superarán … Te lo podría dar por escrito …
—¿Cómo puedes decir eso si hasta ahora no han ganado ningún partido? …
—¡Deja de pensar en forma negativa, mujer! … Eso no le hace bien al equipo y al ambiente … Piensa positivo …
Llevaron la pelota al centro y Tomás le dio un pase a un atacante nuestro. Jorge se había ido adelante, pero cuidando de no quedar fuera de juego. Esta vez fue Tomás quien lo vio dentro el área chica y efectuó un centro, la cabeza de Jorge recibió el balón y lo golpeó hacia abajo sorprendiendo al portero de camiseta negra. Los pocos hinchas cruzados saltaron alborozados ante el empate de nuestra escuadra, la que más saltaba era Antonella.
—¡Fue Jorge! … ¡Fue mi hijo! … ¡Oeeeoeoeoeee-oee-oeee! …
Me miró con el ceño fruncido cuando vio que yo sólo aplaudía sin tanta algarabía.
—¿Qué? … ¿No vas a celebrar? …
—¡Claro que sí! … ¡Estoy aplaudiendo! …
—¡Pero es un gol, mujer! … ¡Es un gol! … ¡Y lo hizo Jorge, mí hijo! …
—Y Tomás le dio el pase, ¿no? …
—¡Con mayor razón deberías estar celebrando! …
—Y lo hago … Estoy contentísima …
—Eres una “Pecho frío” … No tienes corazón …
Me dijo y se volvió a mirar el partido sin dejar de saltar. Para que les digo como sus senos se movían con todo ese alboroto, muchos hombres se giraron a mirarla a ella y se desinteresaron totalmente del partido.
El juego siguió con oportunidades para ambos equipos, pero finalizó el primer tiempo en un empate bastante entretenido. El segundo tiempo estuvo un poco tedioso, ambos equipos cerraron sus defensas y no había mucha acción, al parecer el empate andaba bien para ambos. Al minuto noventa se dieron tres minutos adicionales y entonces sucedió lo imposible. Jorge recuperó el balón a mitad de la cancha y corrió por el medio, mi hijo corría libre por la derecha, pero Jorge no le dio el pase, siguió adelante pasándose a tres jugadores caturros, se enfrentó solo con el último jugador adversario, el portero, hizo una finta hacia un lado y disparó un tiro sorprendente sin mirar el arco, la pelota dio un fuerte rebote en el travesaño y luego brincó hacia adentro con varios rebotes menores.
—¡¡¡Gol!!! … ¡¡¡Gol!!! … ¡¡¡Gol!!! …
Saltaba Antonella mientras sus admiradores contemplaban los rebotes de sus senos esplendidos. Casi me dejó sorda de tanto gritar, pero esta vez yo también brinqué abrazada a ella y a su barahúnda y griteríos de alegría. Por fin la UC ganaba un partido importante. A los pocos segundos el referí concluyó las jugadas y recogió el balón.
Por alguna extraña razón Jorge corrió hacia las graderías y le gritó a Antonella.
—¡Ganamos, mamá! … ¡Ganamos! … ¡Prepárate! …
—¡Ssííí, bebé! … ¡Ssííí! …
Parecía un lenguaje que solo ellos sabían el significado. Me acerqué a mí hermana para felicitarla por la impresionante habilidad de mí sobrino. Le dije:
—¡Guau! … ¡Qué le pasó a Jorge! … ¡Fue magnifico! … Parecía Messi …
—Te dije que necesitaba sólo un poco de motivación … Al parecer eso está funcionando …
Dijo Antonella sonriendo capciosamente.
—Tienes que haberle prometido un auto nuevo o un viaje a Europa para que se esforzara así tanto …
—¡Ehm! … ¡Bueno! … ¡Sí! … Algo parecido …
Dijo Antonella sin perder de vista a su hijo que se dirigía a los camarines. Juro que la vi apretar estrechamente sus muslos mientras mordía su labio inferior. Esto me causo la máxima curiosidad.
Realmente me alegré de que el partido terminara con la victoria de la UC, era lo que todos esperábamos. Me sorprendió la fuerza y energía de Jorge que arrastró a todo el equipo, corriendo, sudando y animándolos a todos. Robó pelota una y otra vez. Resistió todas las patadas que le dieron. Esquivó a los rivales. Asistió a la defensa. Fue la clave en la victoria de la UC.
Nunca había visto a mi hermana tan excitada luego de una victoria del equipo. Sus mejillas estaban ruborizadas, hasta parecía que sus senos iban a explotar de un momento a otro, sus pezones amenazaban seriamente de romper esa delgada tela que los cubría.
—¡Bravo! … ¡Bravo, chicos! … —Grité emocionada y comenté.
—Lo hicieron muy bien hoy día, ¿eh? …
Antonella me miró en forma extraña, como si recién se percatara que yo estaba allí, sus ojos brillaban de emoción, pensé que era por la fantástica actuación de mi sobrino en el partido. Como vio que yo la seguía mirando, me dijo.
—¿Eh? … ¿Qué? …
—¡Aterriza, mujer! … ¡Pon los pies en tierra! … Ya terminó el partido y ganaron … estuvo estupendo … Sobre todo Jorge, tú hijo …
—¿Ah? … ¡Sí! … ¡Lo sé! …
Me extrañó su respuesta vacilante, ¿Qué le pasaba a ella? ¿En que estaba pensando? Intrigada le pregunté.
—¿Estás bien? …
—Sí … Por supuesto … Estoy bien … Sólo estaba soñando despierta …
—Okay … Tomemos nuestras cosas y vayámonos …
Dije y me levanté para descender las graderías, inmediatamente los hombres que estaban detrás de mí se fijaron en mi apretado y redondo culo. Antonella ni siquiera me respondió, tomó su bolso y comenzó a bajar los peldaños a saltitos, por consiguiente sus tetas se agitaron bajo su estrecha camiseta y eso no pasó inobservado por los hombre que también comenzaban a salir del estadio, muy pronto era seguida por varios de ellos que no querían perderse ese espectáculo gratuito.
Hoy todo era algo extraño. Nunca había visto a Antonella comportarse de este modo. Es cierto, el partido estuvo fenomenal. Mi sobrino Jorge jugó como nunca, realmente arrastró al equipo a ganar. ¿Habrá sido por el estimulo que le dio Antonella? ¿Qué cosa era ese estimulo tan poderoso para hacerlo jugar con tanto empeño? ¿Por qué ella parecía estar segura de su excelente participación antes del partido? ¿Por qué ella parecía haber rejuvenecido antes del partido? ¿Por qué estaba tan dispersa después del partido? Había demasiados “por qué” y eso aumentó mi curiosidad en modo superlativo.
Me dirigí al estacionamiento y vi que Antonella ya estaba al volante de su SUV. En ese momento sonó mi celular, miré la pantalla y era Tomás, mi hijo.
—Felicitaciones, bebé … Un excelente partido … Estoy esperándote en el estacionamiento …
Le dije ansiosa de escucharlo para felicitarlo por la victoria.
—Gracias, mami … Por eso mismo te llamaba … Iremos con los chicos a comernos una Pizza para celebrar … Así que no me esperes …
—Está bien, tesoro … Llámame si necesitas que venga a recogerte … Felicita también a tu primo Jorge, hizo un excelente partido hoy …
—Ni modo … Él ya se fue, dijo que tenía otros planes …
—Bueno … Me iré a casa, tesoro … Si necesitas me llamas … Nos vemos …
—Está bien, mami … Nos vemos en casa …
Justo en ese momento vi a Jorge subir a la SUV de Antonella en el asiento del pasajero. Ella arrancó velozmente. Esto tomaba tintes cada vez más extraños, ¿Por qué él no se quedó a celebrar con el resto del equipo si había sido el jugador estrella? ¿Otros planes? ¿Por qué el diría que tenía otros planes? Más curiosa que nunca, decidí seguirlos.
Antonella seguía comportándose de modo extraño, en vez de tomar la costanera se dirigió en sentido contrario. Me mantuve dos vehículos detrás de ellos, de seguro no me notaban, ya el sol se había ido y había solo una tenue luz de luna en un cielo totalmente despejado. Seguí sorprendiéndome cuando ella se salió del camino y embocó una senda que se apartaba hacia un mirador. Disminuí mi velocidad y me detuve a unos treinta metros de ellos, que se estacionaron bajo un gran olmo. Pensé que tal vez se habían desviado para cumplir con alguna emergencia fisiológica, pero ninguno de ellos descendió del vehículo. Unos arbustos me ocultaban parcialmente de ellos. Bajé de mi SUV y a gachas comencé a acercarme al vehículo de mi hermana, inmediatamente me percate de los crujidos y los movimientos que hacía el coche. Sigilosamente me aveciné por la parte posterior, el vidrió había comenzado a empañarse. Llegué al parachoques trasero y lentamente me levanté para mirar al interior, el carro seguía meciéndose y cimbrándose. Me llevé una mano a la boca para no proferir una mordaz exclamación de sorpresa cuando vi lo que vi.
Antonella estaba totalmente desnuda y en cuatro patas. El asiento posterior estaba totalmente rebatido y había varias prendas y algunas toallas donde ella apoyaba sus rodillas y sus manos. Detrás de ella estaba Jorge, mi sobrino, también totalmente desnudo, que agarraba las caderas de su madre y la penetraba con una inmensa y gruesa verga. Ellos no podían verme porque miraban hacia adelante.
Me escondí cuando escuché los chillidos y gemidos de Antonella. ¡Ella se estaba follando a su propio hijo! ¡Guau! Un viento suave agitó las hojas del árbol, tuve la intención de alejarme y correr de regreso a mi vehículo, pero mi curiosidad extrema me mantuvo allí oculta entre el árbol y el vehículo a contemplar este acto prohibido.
—¡Uuuggghhh! … ¡Joder, mamá! …
Gritó Jorge con una voz profunda y gutural, empujando su polla una y otra vez en el coño de mi hermana, su madre. Ella gemía aferrada a los apoyabrazos del asiento delantero, sus tetas se balanceaban hasta casi golpear su mentón, sus pezones lucían hinchados y duros.
—¡Fuerte, Jorge! … ¡Fóllame fuerte, bebé! …
—¡Sí, mami! … ¡Toma mi polla … es toda para ti! …
Escuché el golpe de los muslos de él en las nalgas de ella mientras él la follaba enérgicamente.
La SUV crujía y se mecía, había muchos sonidos, entre ellos los gemidos y gruñidos de Antonella y Jorge. Las ventanillas comenzaron a tupirse de humedad y ya casi no se veía nada. Pero me resultaba imposible quitar mis ojos del trasero de mi hermana siendo azotado con los empujones de mi sobrino. Lo que es peor, sentí que mi propio coño comenzaba a mojarse abundantemente, una mancha oscura y húmeda comenzó a extenderse en la parte inferior de mis ajustadísimos leggins.
Una y otra vez la pelvis de Jorge se estrelló contra el hermoso trasero de su madre. Sus enormes bolas se balanceaban y golpeaban los muslos de ella con una enorme carga de semen pronta a descargarla en el útero que lo había generado, su propia madre.
—Te dije que ganaría este partido, mamá …
Dijo él agarrando a su madre por las tetas y levantándola para besuquear y morder su cuello. Las manos de él no bastaban para coger cada melón hinchado de Antonella. La firme carne pulposa de sus senos se le escurrían de sus manos, entonces él aferró sus pezones y logró contener los exuberantes pechos de ella. Él tiró sus pezones hacia arriba y punteó su pene en esa dirección con mucha fuerza mientras le decía.
—Gané el partido y tu coño es mío, mamá … Tal como prometiste …
—Sí, bebé … Folla mi coño apretado … Te lo mereces … Te lo ganaste …
¡Guau! Esta fue toda una revelación para mí. Este era el estimulo que ella le había dado a Jorge. Así es como ella lo motiva, pensé, mientras veía a mi sobrino amasar las grandes tetas de mi hermana.
Jorge gruñía una y otra vez embistiendo el coño de su madre desde atrás. Los muslos de ella estaban mojados con los fluidos que escurrían de su ceñida conchita. La luna llena brillaba a través de la ventana y hacía brillar sus cuerpos sudorosos de un azul plateado muy sugestivo e irreal. Jorge todavía tiraba de los pezones de ella y sus tetas apuntaban al parabrisas.
¡Oh, cielo! ¡Esto es tan caliente! Pensé sin dejar de mirar a mi hermana y a mi sobrino en el acto incestuoso desatado. Metí mi mano bajo mis ajustados leggins y mis dedos encontraron rápidamente mi hendedura, presioné suavemente mi clítoris y gemí, mi panocha estaba caliente, húmeda y hormigueante.
Vi que Jorge pasaba un brazo bajo las tetas de Antonella y el otro alrededor de su cintura. La levantó en vilo y se echó hacia atrás de espalda, con ella empalada en su polla. Ella gimió y chilló sorprendida mientras él la reposicionaba y se acomodaba sobre su espalda con su madre montándolo al estilo vaquera al revés. Entonces continuaron a follar frenéticamente. Ahora podía ver las nalgas de mi hermana y la polla gruesa y grande de mi sobrino. ¡Era realmente una monstruosidad!
Enterré mis dedos profundamente en mi panocha y jadeé viendo a mi hermana rebotar en la polla enorme de su hijo. ¡Oh, cielos! ¡Él no lleva condón! ¿Qué diablos está tramando ella? ¡Esa cosa es enorme y puede dejarla embarazada?
—¡Carajo, hijo! … ¡Tu polla es malditamente grande! …
Grito Antonella gimiendo muy cerca de su orgasmo. Sus firmes tetas rebotaban salvajemente mientras ella giraba sus caderas sobre la polla de él y luego rebotaba una y otra vez emitiendo gemidos y chillidos. Se evidenciaban los músculos de sus muslos flexionándose encima de la polla de Jorge.
Mi sobrino estaba en el séptimo cielo. Le dio una palmada en las nalgas a Antonella mirando como su pene entraba y salía de su vagina. Podía ver por los costados como saltaban sus tetas bailarinas y admiró esos sensuales hoyuelos que se formaban al final de su espalda.
—¡Salta, mami! … ¡Rebota en mi polla! …
Dijo manoseando el trasero de su madre y mirando el mar de fluidos que escurrían sobre sus bolas. Antonella obedeció inmediatamente a su hijo y comenzó a rebotar hacia arriba y hacia abajo encima de su polla. Una de sus pequeñas manos se arrastró sobre su vientre hasta alcanzar la rajita mojada de su coño, comenzando a frotar su clítoris en veloces círculos.
—¡Oh, demonios! … ¡Mami se va a correr en tu linda polla, bebé! …
Jorge gruñó cosas ininteligibles mientras empujaba sus caderas contra el coño de su madre. Esta acción provocó que Antonella se estrellara aún más fuerte contra su pelvis y comenzara a temblar, sus muslos temblaban, sus manos estaban crispadas, su cuerpo tiritaba, sus tetas se mecían sin control y Antonella no cesaba de chillar respirando desesperadamente por su boca entreabierta.
—¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Uuuhhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me corro! … ¡Me corro! … ¡Ahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! …
Gritó en la clara noche y su grito pareció difundirse por la quebrada a metros de allí, mientras disparaba algunos chorros de su estrecho coño sobre la enorme polla de su hijo, mojando su estómago y sus bolas. Jorge sintió las contracciones del chochito caliente de su madre apretando la longitud de su entera polla y fue demasiado para que pudiera aguantar.
—¡Oh, mami! … ¡Hmmmmm! … ¡Uggghhh! … ¡Mami! … ¡Me voy a correr, mami! … ¡Me voy a correr! …
Agarró la cintura de Antonella y empujó violentamente su polla dentro de la hendedura empapada de ella y continuaba a gritar.
—¡Ssííí! … ¡Ssííí, mami! … ¡Vacía mis pelotas, mami! … ¡Llévate todo mi semen! …
Con eso sus bolas se apretaron y su polla se flexionó mientras arrojaba densos borbotones de semen directamente en el útero de su mamá.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ughr! …
Gruñía mi sobrino estrellando su pelvis contra los glúteos de mi hermana, ella arqueó su espalda y apretó muy juntitos sus muslos para ordeñar la verga caliente y gruesa de su hijo que seguía llenando su matriz con un torrente interminable de semen caliente. Instintivamente ella accionó todos sus músculos vaginales para drenar la polla de su hijo.
Me mordí los labios al ver la estruendosa manera en que ambos alcanzaban casi contemporáneamente un poderoso orgasmo que les tenía respirando afanosamente mientras se acariciaban y besaban como amantes.
El sexo prohibido era obvio y el incesto estaba consumado. Ambos amantes jadeaban en busca de aliento y disfrutaban acariciándose, relajándose en su felicidad post-orgásmica. Sigilosamente me alejé hacia mi SUV. Mi mente estaba colmada con las imágenes que acababa de ver. Las enormes tetas de mi hermana que rebotaban enloquecidas y el pene majestuosamente grande de mi sobrino. No sé como ella podía aguantarlo dentro de su coño. ¡Diablos! ¡Esto estaba resultando muy caliente! Pensé mientras conducía hacia mi casa. ¡No puedo creer que mi hermana esté follando a su hijo! Mientras me alejaba mi coño estaba mojado como una afluente acuosa.
Estaba en una especie de frenesí sexual mientras conducía por las calles de la ciudad. Había frotado mi coño por más de diez minutos, estaba toda mojada y apretando fuerte mis muslos alrededor de mi mano. Casi me había pasado tres semáforos debido a mi cachondez. Todo mi cuerpo hormigueaba y mi rostro estaba sonrojado cuando finalmente llegué a la entrada de mi casa. Accioné el control remoto y el portón comenzó a abrirse. Mi rostro se iluminó cuando vi el AMG GT63 de mí marido estacionado en su lugar.
—¡Gracias, Jesús! … ¡Él está en casa! …
Lo único que yo quería era quitarme la ropa y llevármelo a la cama conmigo. De prisa apagué el auto y agarré mi bolso de gimnasia, para correr hacia la casa.
—¡Gigi! … ¡Gigi! … ¡Llegué! … ¡Estoy en casa, querido! …
Grité dejando mi bolsa en el ingreso oscuro. Pasé por la cocina y el comedor, noté que todas las luces estaban apagadas. Seguí a la sala de estar, mis senos rebotaban agitados, pronto estaría entre los brazos de mi marido. Finalmente vi la luz del estudio de Gigi y me dirigí de carrerita hacia allí.
—¡Oh, cariño! …
Murmuré contenta al abrir la puerta con una radiante sonrisa. Mi cola de caballo cayó ante mis ojos cuando frené de repente. Mí sonrisa se borró con la misma velocidad cuando vi a mí marido roncando en su tumbona. El televisor estaba encendido, el control remoto estaba sobre su vientre. Una botella estaba sobre la mesita y a su lado un vaso de cristal vacío con restos de hielo. Un fuerte hedor de whisky llenaba toda la habitación. Entendí inmediatamente que era imposible despertarlo.
Me quedé parada allí con los brazos cruzados y temblando de rabia y frustración. Intenté abrir varias veces la boca para decir algo o llamarlo, pero desistí, cerré la puerta y me fui furiosa por el pasillo. Bajé al sótano donde tenemos un pequeño gimnasio para ejercitarnos en los días de invierno. Maldije en voz baja al estúpido de mi marido mientras encendía las luces brillantes del gimnasio y también la cinta caminadora.
Comencé a caminar a paso ligero y constante. Me vi reflejada en los espejos que cubrían el gimnasio y la mayor parte de los equipos.
—¡¡Yo limpio su casa!! … ¡¡Yo le lavo su ropa!! … ¡¡Yo le preparo su asquerosa comida chatarra!! …
Grité colérica mientras aumentaba la velocidad de la maquina y comenzaba a trotar suavemente. Los movimientos y la velocidad hicieron que los músculos de mis atléticas piernas se flexionaran y mis senos prósperos comenzaran a rebotar verticalmente.
—¡¡Llevo a nuestro hijo al colegio y al estadio!! … ¡¡Yo me encargo del patio!! … ¡¡Yo compro lo necesario para la casa!! …
Exclamé exasperada mientras volvía a presionar de nuevo el botón de la velocidad y comencé a correr más de prisa. Volví a mirar otra vez mí esplendida figura reflejada en los espejos y grité:
—¡¡Y hago tres malditas horas de ejercicios todos los días para estar bonita para él!! …
Comencé a jadear. Llevaba casi media hora corriendo. Hacía tiempo que no me sentía tan enojada y defraudada. Mis mejillas estaban sonrojadas y gotas de sudor aparecieron en mi frente. Pensé en continuar ya que el ejercicio me relajaba y apagaba un poco mi exceso de energía y libido. Pero no me bastaba con esto, quería poder quemar mis calorías también en otros modos además del yoga, correr y pilates. Como toda mujer también quería hacer disfrutar a mi esposo con mi cuerpo esbelto y en forma, pero el muy maldito nunca me miraba. Solo trabajaba y se emborrachaba. Detuve la maquina jadeando, me miré en el espejo y grité:
—¡¡Y todavía estás cachonda, mujer!! …
Mientras respiraba haciendo unos ejercicios suaves de brazos, escuché el sonido del motor de un auto detenerse frente a nuestra casa. Me empiné para mirar por una pequeña ventana del sótano y vi a mi hijo descender del vehículo mientras bromeaba y sonreía con sus amigos. Su sonrisa esplendida era también contagiosa, reí con él cuando lo vi feliz. Era casi todo el año que no lo veía así de contento y emocionado, la victoria lo había puesto de buen humor.
Como un rayo fugaz, volvieron a mi mente los acontecimientos de las últimas horas. La emoción de la victoria. La actitud sospechosa de mi hermana. La briosa prestación de Jorge que llevó al equipo a la victoria. Y la culminación de todo cuando vi a mi hermana dándole un “estimulo de gol” como recompensa. Mientras pensaba en ello, vi la atlética figura de mi hijo entrando por la entrada principal. Era difícil de no notarlo, un chico alto, buen mozo, rubio, grandes brazos musculosos, gruesas piernas de futbolista, su piel joven y su innata simpatía.
Seguro que él es un lindo ejemplar de hombre, pensé con ojos ensoñadores. Por supuesto que con mi estado de cachondez, miré su entrepierna. Todavía llevaba sus pantaloncitos cortos y de seguro algo contundente se movía allí abajo. Algo que jamás había notado.
Pasé mi lengua por mis labios resecos. Todavía el coche de los chicos estaba fuera de la casa y podía escuchar sus bromas y las respuestas de mi hijo. Dentro de poco él entraría en casa. Entonces tomé una decisión que iba a cambiarlo todo. Tomé el bordillo de mi ajustada camiseta de los cruzados y la arremangué por mi vientre liso, hasta dejar la banda azul apretando mis grandes tetas, dejé que mis pezones no se vieran y sólo asomaran las bases de mis pechos lechosos y sudorosos. Se veían perfectamente las venas azules que cruzaban la piel de mis senos. Luego hice lo mismo con mis leggings, los arremangué hacia abajo dejando ver claramente mi tanga roja. Me miré al espejo y decidí de conservar el resto de mi apariencia. Mis pezones lucían muy chulos y eran evidentes bajo mi camiseta, estaban duros y temblaban, pero no de ira esta vez.
—¡Arriba la UC! …
Escuché gritar mientras el ruido del coche se alejaba por la calle vacía y oscura. Mi corazón se aceleró esperando que mi hijo entrara en casa.
—¡Estoy en casa! … —Era la voz de Tomás en el ingreso oscuro.
Me giré a la derecha y luego a la izquierda para estudiar mi reflejo en los espejos y luego grité:
—¡Aquí, cariño! … ¡Abajo en el sótano! …
En segundos escuché sus pasos en las escaleras que descendían al subsuelo. Él siempre prefería ducharse en la comodidad de casa, así que vestía del mismo modo que en el estadio, mientras bajaba las escaleras, dijo:
—¡Mami! … ¿Qué haces aquí abajo tan tarde? … Es casi medianoche … Yo…
No alcanzó a decir nada más, se quedó paralizado cuando me vio. Estaba en una colchoneta frente al espejo en la asana yoga del saltamontes (Merudandasana). Me mantenía en perfecto equilibrio y mis piernas extremadamente abiertas vuelta hacia él. Su boca se abrió a desmesura y miró mi entrepierna y mis tetas.
—¡Oh, hola, cariño! …
Le sonreí radiante y añadí:
—Pensé en estirarme un poco antes de ir a la cama …
Tomás se quedó completamente mudo mirándome con los ojos muy abiertos mirándome como mis piernas se estiraban al máximo y mis pechos que asomaban bajo mi camiseta arremangada, pendían pesadamente hacia adelante. Mantuve esa pose por casi un minuto y luego cambie a otra asana:
La asana del cachorro estirado (Anahatasana). Me arrodillé y apoyé mis pechos sobre la colchoneta, mi camiseta arremangada se deslizó por mi pecho y me encontré apoyando mis tetas regordetas aplastadas a lado y lado. Mi trasero levantado en el aire era muy sugestivo, ya que mi tanga era totalmente visible. Viendo que él no respondía y que mi cola de caballo había caído ocultando mi rostro sonrojado, le pregunté calmadamente:
—Entonces … ¿Cómo estuvo tu celebración por la victoria de hoy? …
Esta vez él tampoco respondió. Sacudió su cabeza como para aclarar sus ideas. Cerró sus ojos e intento decir algo balbuceando.
—¡Yo! … ¡Ehem! … ¡Bu-bueno! … ¿Dónde está papá? …
(Continuará)
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