Zoe y Toqui.

por
género
confesiones

Por fin había logrado graduarme de la enseñanza secundaria con el máximo de la nota y mis padres cumplieron su promesa de regalarme un perro todo mío. Ellos dijeron que había demostrado tener la suficiente responsabilidad como para hacerme cargo de una mascota. Nos fuimos al refugio local para adoptar un cachorro de Labrador, pero apenas llegamos allí un hermoso ejemplar de Rottweiller de color negro y brillante, con suave y sedoso pelaje se acercó a mí y me lamió amistosamente la mano; inmediatamente supe que él iba a ser mi mascota, lo llamé “Toqui”.
*****


Ahora mis padres se preparaban para salir y se sentían seguros de dejarme sola con Toqui, él se encargaría de protegerme a mi y a la casa durante la ausencia de ellos. Inmediatamente pasaron por mi cabeza un sinnúmero de locas ideas, ya que Loredana, mi mejor amiga, me había enviado un WhatsApp con algunas fotos prohibidas, pero que me habían hecho alucinar y delirar.


Abrí el mensaje y quedé atónita al ver a un Pastor Alemán follando a una mujer rubia como si fuera una perra, como mi padre giraba por la sala de estar, cerré el mensaje y nerviosamente metí mi celular en uno de los bolsillos de mi parka universitaria.


Por supuesto que quedé choqueada, nunca imaginé que un perro pudiera hacer esas cosas a una chica. Me fui a mi habitación y volví a reproducir el video una decena de veces. Cada vez tratando de ver los detalles del video. Escuché los gemidos y jadeos de la muchachita. Vi los demenciales y veloces movimientos que hacía el perro. Me fijé como la tenía tomada por la cintura casi inmovilizándola. El perro tenía unas gruesas calcetas en sus zampas. Pero lo que me dejó estupefacta, fue la polla del perro. ¡Uy! ¡Era gigantesca! ¡Goteaba lechita por todos lados! ¡Y mi coño se mojó completamente!


Entonces me pregunté si Toqui sería capaz de hacerme algo así. Me sentí un poco extraña al pensar ciertas cosas. Ya me había besado con algunos chicos y alguno de ellos había tomado mi mano mi me había hecho sentir la dureza de su polla por sobre los pantalones, pero jamás había tenido una polla en mi mano. Más de una vez me había masturbado pensando a esos momentos, pero nunca me atreví a ir más allá con ninguno de ellos. Ahora me excitaba al saber lo que podía hacerme mi Toqui. De tanto pensar, se me ocurrió que no era algo tan malo. Además, Loredana me había confidenciado de que no corría el riesgo de quedar embarazada. Podría probarlo casi sin ningún riesgo. Mi Toqui estaba vacunado y periódicamente lo veía el veterinario, por otro lado yo lo bañaba al menos una vez a la semana para que no despidiera un olor a perro, le echaba la misma loción que yo usaba para mi cuerpo, él olía a mi perfume. Debía averiguar si él podía hacer lo que había visto hacer al Pastor Alemán.


Ahora que mis padres salían de casa para su reunión semanal con sus amistades y me dejarían sola en casa con mi Toqui. Apenas el auto de papá enfiló su carrera hacia la autopista, cerré con llave todas las cerraduras, me fui a abrir las puertas francesas que dan al jardín donde Toqui reposaba bajo la higuera. Silbé el sonido que él estaba acostumbrado a escuchar cuando yo lo llamaba y se vino trotando hacia mí con su característica alegría y animosidad. Le di unas palmaditas en la enorme cabeza, lo entré en casa y él se vino detrás de mí hacia mi habitación.



Cerré con llave la puerta de mi dormitorio y me senté en la cama. Bajé la cremallera de mi parka y me la saqué, luego me saqué mi remera sin mangas. Tiré todo hacia los pies de la cama, Toqui se había sentado frente a mi y me contemplaba sin moverse, solo jadeaba con la mitad de su lengua fuera de su hocico. Metí mis manos detrás de mi espalda y abrí el broche del sujetador. Luego me levanté metiendo mis dedos en la pretina de mis leggings y los bajé junto a mis bragas. Toda mi ropa estaba amontonada a los pies de mi cama.


Me senté sobre la alfombra e hice lo que había visto hacer a la mujer del video. Abrí mis piernas y llamé a Toqui. Me di unos golpecitos en mi monte de venus y él se acercó a olisquear la fragancia de mi entrepierna. Jadeé cuando su fría nariz hizo contacto con mi cálida y delicada piel. Casi cierro los muslos cuando el me hizo gemir con un largo lengüetazo sobre mi labia hinchada. Entonces me incliné y con dos dedos de mi mano izquierda abrí mis labios vaginales como las alas de una mariposa. A cada lengüetazo, Toqui lamía más fuerte, hundía su lengua en mi vagina y cubría una superficie mayor de mi conchita.


Me volvió loca tanta ricura y placer que tuve que agarrar su gruesa cabeza de perro y lo empujé alejándolo de mí. Ahora yo quería ver su polla, no era la primera polla de perro que veía, pero sí era la única que había tenido tan cerca de mí. Necesitaba tocarla y ver como se sentía en mi mano. Un poco atemorizada extendí mi mano hasta alcanzar su funda peluda, sentí dentro de ella algo durito. Toqui comenzó a follar mi mano cuando ejercí un poco de presión en su pene. Me asusté un poco, pero no dejé de magrearlo y me incliné para verlo de cerca. Una tímida puntita rosada asomó de su escondite, estiré mi lengua y lo lamí. No tenía mal sabor, así que comencé a chuparlo, muy pronto esa cosa comenzó a emerger de su funda y a crecer en mi boca. También un líquido acuoso y no de mal sabor llegó a mis papilas gustativas, algo de eso comencé a tragar y un poco escurrió fuera de mi boca formando un filamento en mi mano que no dejaba de masturbar su pene caliente y creciente.


Tosí cuando esa cosa llegó al fondo de mi garganta casi ahogándome, la polla de perrito era lo más grande que había tenido en mi boca. Seguí magreándolo, observando cómo crecía más y más. No era tan grande como el del perro del video, pero quizás porque eran de raza diferente. Cuando pensé que no podía crecer más, me giré y me puse en cuatro patas, abrí bien las rodillas y arqueé un poco mi espalda, empujando mi conchita hacia Toqui.
—¡Ven, Toqui! … ¡Ven, monta a mami! …
Le dije mirándolo por encima de mi hombro. Lo volví a llamar y él vino a lamer mí coño, moví mi trasero invitándolo a saltar encima de mi espalda. Toqui subió una de sus zampas sobre mi trasero y luego la otra, seguí empujando mis posaderas hacia su polla y él entendió finalmente lo que quería de él. Pasó sus zampas alrededor de mi cintura y comenzó a hacer tentativos de follarme. Su polla golpeó mis muslos, mis nalgas y casi se enfila en mi culo, cuando sentí la puntita caliente invadiendo mi ano, di un respingo y un grito, afortunadamente él no se asustó y ahora me estaba tomando con mayor fuerza con sus zampas y dando divertidos saltitos, su polla encontró mi agujero. Di otro grito y apoyé mis codos sobre la alfombra. Entonces todo se hizo muy rápido.


Di otro saltó cuando su polla me penetro deslizándose profundamente en mi panocha mojada y lubricada. No me dolió, pero lo sentí diferente. Era muy caliente y comenzó a hincharse rápidamente. Sus zampas rasguñaban mi estomago y parte de mis muslos. Ya comenzaba a sentir sensaciones increíbles. Ahora estaba más segura que nunca que iba a seguir adelante pase lo que pase.


Su polla entraba y salía de mi coño a una velocidad demencial, ningún hombre al mundo podría remedar los movimientos de Toqui. Esto era mucho mejor que mis dedos. De pronto sentí mi panocha inflarse junto a la polla de Toqui, algo se infló de tal manera que su polla no volvió a salir de mi pequeña hendedura. Su nudo estaba dentro de mí, atrapado y sin poder salir.


Lo deditos de mis pies habían enloquecido. Toqui estaba muy profundo en mi matriz y me hacía sentir un placer mezcla de goce y dolor, la punta de su polla tocaba mi delicado cuello uterino. Me sentí toda una perra y mi coño se contrajo muchas veces atrapándolo estrechamente dentro de mí como si quisiera ordeñarlo.
—¡Hmmmmmm! … ¡Oh, Dios! …
Gemí al sentir como tironeaba mis entrañas con su verga atrapada dentro de mí.


Toqui me follaba deliciosamente. Me sentí su perra y me pregunté como sería recibir su esperma canino y quedar embarazada de una camada de seis u ocho perritos, todos lindos de pelaje negro y luciente como su padre. Sé que es una tontería que nunca podrá suceder, pero soñar nada cuesta y mi instinto de mujer y madre me hizo pensar en eso. Su semen escurría por mis piernas y formaba una mancha sobre la alfombra. Decidí aprovecharlo al máximo, metí mis deditos sobre mi clítoris y comencé a frotarme sintiendo mi orgasmo cada vez más cerca.


Lo esperaba, pero igualmente me tomó un poco de sorpresa. Exploté en mil olas de placer cuando él comenzó a llenar mi panocha con potentes borbotones. El calor inundaba mi vientre y eso me mando en orbita en una galaxia de colores y temblores. Mis uñas se enterraron en la mullida alfombra y mi culo se levantó para hacerlo inundar mi útero por completo. Mi cuerpo se sacudió en forma incontrolable, me mordí mi labio para no gritar, aun cuando algunos chillidos y gruñidos guturales escaparon de mi garganta.


Jadeé sintiendo la afanosa respiración de Toqui sobre mi hombro, alguna gota de su babita mojó mi espalda, pero no me preocupaba lo más mínimo, ahora era su perra y quería serlo. Si hubiera podido ladrar de lujuria y placer, lo hubiera hecho, pero solo continué a temblar y gemir extasiada ante tanto placer. Aparearme con Toqui era lo más maravilloso que me había sucedido hasta ahora. De pronto el pasó una garra sobre mi espalda y se giró, lancé un chillido de loco placer cuando se dio la vuelta por completo, ahora estábamos como perro y perra, anudados culo con culo.


Con cada movimiento que él hacía, mi cuerpo se sacudía de placer e ininteligibles bramidos y resoplidos escapaban de mi boca. Mi cabeza estaba loca y mi cerebro inundado del placer que me infundía el caliente semen de perro rebasando mi coño. Mientras masajeaba mi clítoris mis orgasmos me golpeaban deliciosamente. Descubrí que podía ser multiorgásmica. Cuando creía que estaba terminando uno, otra avasallante ola de placer estremecía todo mi cuerpo. Todos procurados por el nudo de Toqui atorado en mí y presionando mi punto G.


Toqui continuó a luchar hasta que con un obsceno ruido, mi coño expulso a su gruesa polla. Una afluente de semen salió a chorros de mi panocha con otros burdos e incontinentes sonidos de desagüe, ensanchando la mancha sobre la alfombra. Me senté exhausta mirándome mi dilatado y dolorido coño. El perro estaba de aparte lamiendo su enorme polla y bolas, luego de un rato se acercó a lamer mi panocha goteante de su semen y mis fluidos; cubrí mi clítoris con mi mano para no saltar afligida por el placer de su lengua.


Metí mis dedos en mi coño y sentí el excesivo ancho en que había quedado mi agujero, el pene de Toqui lo había ahuecado a su medida. La copiosa corrida del perro había dejado mi coño suave, liso y lubricado. Volví a meter tres dedos en mi conchita y con la otra mano aferré la polla de Toqui antes que se retirara a su peluda vaina. La vi toda gruesa y apetitosa, saqué la mano de mi coño, me recosté boca arriba bajo la panza de Toqui y comencé a chupar la punta de su pene. Poco a poco fui metiendo más de su polla en mi boca, teniendo el cuidado de no ahogarme.


Su pene se deslizó hasta el final de mi garganta, él comenzó a follar mi boca, respiré profundamente y tragué todo su miembro que volvía a ponerse duro. Volví a sentir chorritos disparados directamente en mi garganta, tragué un poco y escupí el resto. Miré el reloj. ¡Papá y mamá volverían a casa en menos de una hora!


Me levanté de prisa y sentí la humedad de la alfombra bajo la planta de mis pies. Llevé a Toqui al patio y me puse a ordenar el desastre que habíamos combinado Toqui y yo. Rocié eliminador de olores por todas las habitaciones. Agarré mi ropa y la llevé al baño para echarla a la lavadora. Me miré al espejo y todavía había machas secas del semen de Toqui en mi rostro y en mis senos, me sonreí cachonda rememorando los momentos en que eso sucedió. Hasta mi cabello estaba pegajoso con el semen canino. Tome un espejo de mano y lo sostuve entre mis piernas para mirar el agujero de mi coño, abrí bien mis piernas y vi mi panocha en profundidad, estaba abierta como nunca había estado, le eché la culpa al tremendo nudo de Toqui, pero ¡Qué maravilla!


Cuando me metí bajo la ducha, hice fuerza con mi vientre para causar contracciones en mi conchita y salió otra ola de semen de perro, así que comencé a lavar mi coño, mis cabellos y el resto de mi cuerpo exquisitamente ultrajado por mi mascota.


Salí de la ducha y me vestí para ir a dormir. Me percaté de los rasguños que me había dejado mi aventurilla con mi perro cachondo en mi vientre y muslos, pero nada que mi pijama no pudiera ocultar. Cuando terminé de vestirme escuché el auto de papá entrando a la cochera. Salí de mi dormitorio todavía con mis cabellos húmedos para saludarlos. Mientras pasaba frente al espejo del pasillo me detuve y me contemple de cuerpo entero, era la misma alegre e inocente chica de siempre. Con ese pensamiento en mente y llena de confianza me fui a la puerta principal justo al momento que papá ingresaba a la casa. Le eché los brazos al cuello y le di un gran beso en la mejilla. Papá me miró sorprendido y sonriente.
—¿Y a que se debe tanta efusividad? …
—¡Oh! … Sólo en agradecimiento por haberme regalado a Toqui, papá … Me hizo compañía y me sentí segura con él en casa …
—¿Y no te sentiste sola, tesoro? …
Preguntó mamá sonriendo dulcemente.
—Ni siquiera un poquito, mamá …

Fin



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luisa_luisa4634@yahoo.com
escrito el
2026-07-24
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