Me hizo sentir de todo.
por
Juan Alberto
género
confesiones
De pie frente al espejo del armario miré mis pechos redondos, firmes y completos. Sabía que me causaban muchos problemas de género. A mis veintitrés años, mis pechos lucían fabulosos. Miré mis pequeñas areolas hinchadas y mis puntiagudos pezones, gordos y duros. Mis cabellos cobrizos alcanzaban apenas a cubrirlos. Los toqué y levanté arqueando mi espalda para hacerlos realzar en forma altanera antes de ponerme el sujetador. Me encantaban mis pechos, lo que no me gustaba era la atención que les ponía la gente, especialmente los hombres Ajusté el sostén y lo abroché en la parte delantera. Quedaron oprimidos por mi sujetador a balconcito. Me coloqué una remera ajustada de amplio escote y volví a mirarme al espejo.
—No es de extrañar que tantos imbéciles me miren en forma lasciva …
Reflexioné a alta voz.
—Pero es sólo culpa de ellos, no mía …
Concluí dando una última mirada a mí perturbadora figura femenina llena de redondeces.
Por supuesto que sabía de estar en lo correcto. Desde siempre los hombres han sido libidinosos y sucios. Ellos no solo miraban mi belleza, sino más que nada a mí natural sensualidad. Mí rostro era fino con labios llenos, mis ojos verde esmeralda eran lucientes y resaltaban el rojo de mi cabello, mis curvas eran sinuosas y sexys. Mí trasero era paradito y redondo, pero sin lugar a duda, mis pechos eran mi punto fuerte. Tenía una timidez innata y prefería mirar de reojo y no en forma directa. Esto animaba a algunos hombres a hacerse adelante e intentar aprovecharse de mí modestia y recato, con ideas equivocadas sobre mí.
—¡Los hombres son unos cerdos! …
Me dije más de una vez mientras era observada por más de uno de ellos.
—¡No quiero tener nada que ver con ellos! …
Fue mi conclusión y decisión final.
*****
Me casé con un animal salvaje que solo quería mi cuerpo. Todas las fantasías y romanticismos fueron destruidos en una sola noche. El contacto sexual resultó en una violación legal. El imbécil se abalanzó sobre mí y con fuerza brutal me dominó y me hizo sangrar rompiendo mi inocencia e ingenuidad. ¡Trató incluso de meterme su verga sangrante en mi boca!
Mi idea del sexo no tenía nada que ver con la rudeza y crueldad con que fui poseída por el bruto ese solo por llevar su anillo nupcial. Una dama debe ser siempre una dama. Hay cosas que no se pueden exigir ni pretender de una señorita bien educada como yo. El cuerpo humano ha sido hecho por nuestro creador para ser tratado con cierta dulzura. ¡La naturaleza lo ha llenado de secreciones! ¡Labios y lenguas mojadas! ¡Vaginas resbaladizas! ¡Penes supurantes que eructan mocos! ¡Cuerpos incontrolables con durezas y agujeros! ¡Los hombres son asquerosos!
Ciertamente la compañía de un hombre puede ser grata y servir a la seguridad. Pero son seres prescindibles. Me di cuenta en la internet que muchas mujeres adoptaban mascotas como cura para la soledad y resguardar su propia seguridad. Entonces comencé a buscar un perro. Desde pequeñita les había tenido un poco de miedo, pero siempre cuidaban la seguridad de la casa y se podía jugar con ellos. Sería una buena idea tener a uno de compañero. Serviría para restar tranquila en casa en las soleadas tardes de otoño. También acurrucada junto a la chimenea a leer un buen libro durante el invierno. Sí, un perro grande y leal, eso era lo que necesitaba.
¿Dónde encontrar de prisa un lugar donde hacerme con una mascota? Internet, por supuesto. Encendí mi laptop y encontré una decena de tiendas que ofrecían mascotas de diferentes razas, contacté a varios de ellos y esperé el fin de semana para ir a recorrer alguno de esos negocios. Por fin llegó el día; me calcé unas Reebok amarillo fluorescente, mis ajustadísimos leggings, una remera escotada, tomé mi bolso Under Armour mimético y conduje mi Audi Q3 por las calles de mi tranquila ciudad.
Los dos primeros lugares fueron un fiasco, pero en el tercer lugar estaban organizando un evento de adopción de mascotas que llamó mi atención. Caminé hacia las dependencias, el lugar estaba lleno de corrales con perros amigables y tiernos. ¡Qué maravilla!
—¿Puedo ayudarle en algo, señorita? …
Me dijo un descarado joven que encuadraba mis senos turgentes.
—¡Sí … Quiero un perro! … —Le dije un poco turbada por la forma de mirarme.
—¿Un perro grande, uno pequeño o un cachorro? … —Me preguntó.
—Uno grande, no un cachorro … Algo que me proteja …
Le dije y luego añadí tímidamente.
—También amigable, como para compañía …
—¡Ah! … Tenemos justo lo que está buscando … ¡Sígame! …
Caminé detrás de él y recorrimos varios corrales, hasta que llegamos a los corrales de los perros grandes en la parte más apartada del terreno. Me dijo los nombres y las historias de varios perros que estaban disponibles a la adopción, ¡Eran todos tan lindos! Sentí en el fondo de mi pecho una extraña sensación, un hermoso perro negro y amarillo me miraba fijamente, como si pudiera ver mi alma. Era un bastardo mitad Pastor Alemán y mitad Rottweiller.
—¿Qué pasa con ese? …
Le pregunté intempestivamente al dependiente.
—¡Oh! … Ese es Loki … ¿Te gusta ese? …
Dijo el vendedor con una astuta y enigmática sonrisa, luego agregó.
—Lo dio en adopción una mujer mayor … Porque su hija se fue a la universidad y ella no podía hacerse cargo de él … Es bastante amigable y sociable con las damas …
Me dijo guiñándome un ojo; expresión que no supe descifrar, pero lo encontré de lo más desubicado.
—Me gusta … Quiero a ese perro …
Respondí secamente con la intención de irme lo más lejos de éste tipo desagradable. Me acerqué al corral, Loki se acercó cuando extendí mi mano para rasquetearle las orejas, en agradecimiento él me lengüeteó la mano y eso me tomó por sorpresa.
—¡Hey, no! … ¡Detente, perrito! … —Le dije retirando mi mano pringada de baba.
—¡Le gustas! …
Dijo la voz de un hombre mayor detrás de mí; al voltearme, me di cuenta de que el hombre estaba mirando mi trasero y luego posó sus ojos libidinosos en mis senos.
—¡Urgh, no! … ¡A mi ya no me gusta! … ¡No tendré a un perro baboso que me lama la mano! … ¡Es desagradable! …
—¡Esa es su forma de demostrarte su amistad! … Te escuché decir que te gustan los perros amigables, ¿no? … Si lo tratas bien él podrá lamerte otras cositas también … ¿Verdad, chico? …
Dijo el hombre acercándose más a mí. No me gustaba el aspecto de este hombre y tampoco entendí sus insinuaciones. No me iba a llevar a casa a un perro desagradable que me lamiera la mano, el rostro o cualquier otra cosa. Cuando intenté alejarme de la jaula de Loki, el hombre se acercó y me bloqueó metiendo su pierna entre mis muslos. Sentí el contacto de él presionando mi pierna y la jaula fría presionando mi trasero. Me sentí incómoda ante esta proximidad. Casi podía oler el aliento a licor en mi rostro. Miré a mi alrededor, pero el dependiente se había ido, además, había una enorme camioneta que bloqueaba la vista al lugar donde me encontraba.
—Te he estado observando, ¿sabes? … Eres solo una de esas putas calientes y sé lo que quieres …
La mano del hombre bajó a mi entrepierna.
—¡Por favor, no me haga eso! …
Dije con voz temblorosa, casi entrando en pánico. Una mano del hombre subió a mis senos, mientras con la otra presionaba mi vagina a través de la delgada tela de mis leggings. Sentí la dureza de su pene en mi entrepierna. Apreté mis muslos y sentí que mi coño se humedecía y hormigueaba. Mí respiración se agitó, mi cuerpo me estaba traicionando. ¡Oh, Dios mío!
—¿Por qué no vienes a casa conmigo, cariño? …
Dijo el tipo mientras besuqueaba mi cuello y mejilla y continuaba a manosearme toda. Tomó mi mano y la llevó sobre su miembro endurecido. Inmediatamente la aparté disgustada, entonces agarró mi muñeca y comenzó a tirarme hacia la camioneta. Desesperada, lo empujé y corrí hacia la jaula de Loki, sin saber que más hacer.
—¡Ayúdame tu, perrito! …
Dije aferrándome a la jaula del perro. El hombre se abalanzó contra mí e intento hacerme soltar el barrote de la jaula, pero en ese intento, Loki se fue contra su mano y casi lo muerde. Se quedó a ladrarle y gruñirle enfurecido. El hombre atemorizado se alejó y se fue en su camioneta. Segundos después apareció el dependiente.
—¿Qué esta pasando aquí? …
Preguntó el chico escuchando los ladridos del perro.
—El tipo de esa camioneta que se acaba de ir, intentó abusar de mí y esta noble bestia me estaba protegiendo … Por eso es por lo que estaba ladrando …
El vendedor miró hacia el vehículo que ya estaba a una considerable distancia y preguntó:
—¿Está bien, señorita? … ¿Quiere que llame a la policía? …
—No … No es necesario … Ahora estoy bien …
Le dije conmocionada, pero al mismo tiempo estaba emocionada y agradecida, Loki me había salvado, ¿Qué mejor compañero que él? La decisión estaba tomada.
—¡Me llevaré a Loki! … ¡Él vendrá a casa conmigo! …
Regresamos al local y completamos toda la documentación necesaria. Además, compré todo lo necesario para la tenencia responsable de un perro: Collar, correa, cuencos para agua y comida, más algunos juguetes para perros. Adopté oficialmente a Loki, lo subí a mi coche, le rasqueteé la cabeza, él me dio un lengüetazo en la mano por lo que tuve que limpiarme con una toallita desechable y me dije que debía entrenarlo para que no hiciera nada de esas desagradables cosas.
Llegamos a casa y mi nuevo perro salió a explorar su nueva casa en el patio trasero. Me encargué de guardar los suministros y luego lo miré que giraba por el patio y olfateaba cada cosa. El porte del perro era elegante e imponente, casi sexy diría. Se había portado agresivo contra el tipo que intentó atacarme y eso me tranquilizó. Solo ahora me di cuenta de sus grandes bolas que se movían al ritmo de sus agiles pasos, me sonrojé pensando que no era apropiado que una dama mirara esas cosas.
No pude evitar de pensar a las bolas de mi exmarido, eran pequeñitas comparadas a las de Loki. Seguramente las bolas del animal serían mucho más pesadas. Observé que se balanceaban hacia adelante y hacia atrás mientras el retozaba sobre el césped. Entonces él se echó y levantó su pata trasera, comenzó a lengüetear la funda de su polla. Percibí que era larga y gruesa, también asomaba una tímida puntita rosada. Sin querer me estremecí y repentinamente corrí las cortinas para evitar de mirar esa cosa que me perturbaba en forma inquietante.
Más tarde dejé entrar a Loki. Bebió y comió, luego jugueteo con sus nuevos juguetes. Después lo hice recostar a los pies del sillón y también yo me recosté a leer un libro. Cuando volví a mirarlo, otra vez estaba con su pata levantada lamiéndose las bolas y la polla. ¡Guau! ¡La punta rosada de su pene sobresalía!
—¡Ufffa! … ¡Otro macho caliente! …
Susurré volviendo mi vista al libro. Pero todo esto me trajo a la mente las palabras de la consejera matrimonial antes del divorcio. Ella dijo explícitamente que un hombre tenía “necesidades”, por eso dejé que mi marido hiciera uso de mi vagina una vez a la semana. Y sin querer, me di cuenta de que estaba mirando la verga del perro otra vez.
Pensé que tal vez un animal macho también tendría “necesidades”. ¿Cómo se sentiría ser un animal? Podría pasearme desnuda con mis tetas al aire por toda la casa. Mis pezones podrían endurecerse con el aire fresco. Podría manosear mis pezones todas las veces que quisiera. Y si me siento caliente podría dejar que mi coño goteé por mis muslos. O podría frotar mi coño y meter mis dedos cada vez que me vinieran ganas. Después de todo, no habría nadie que pudiera verme y juzgarme. Nadie sabría que a veces mi coño va en llamas y me comporto como una puta. Sólo Loki podría verme, pero él no puede decirlo a nadie. ¡Oh! Podría ser como Loki que se chupa la polla descaradamente frente a mí y masturbarme frente a él y su polla rojiza.
Mirando esa cosa rosada que salía de la funda de Loki, me perturbaba y sentí la humedad entre mis piernas. Recordé que a veces mi marido me volvía loca con su polla, pero como una dama debía reprimir esos sentimientos lascivos y cochambrosos. Sin darme cuenta comencé a excitarme, mi mente giro vagaba de un pensamiento sexy a otro y la hoguera en mi panocha comenzaba a sobrecalentarse e incrementar mi natural ímpetu y libidinosidad.
Al parecer Loki olió lo que pasaba en mi conchita y se levantó a curiosear. Se acercó a la fuente de ese delicioso aroma y apoyó su pesado hocico presionando mi entrepierna.
—¡Oh, perrito! … Tu también tienes necesidades, ¿eh? …
Comencé a rasquetear su cabeza en medio a sus orejas.
—Te resulta extraño tener una nueva ama, ¿verdad? … Debes acostumbrarte a tu nueva casa, ¿no? …
El perro pareció suspirar ante mis palabras.
—Fuiste un perrito muy valiente al salvarme de ese hombre malo y sucio, ¿sabes? …
Loki lamió mi mano para demostrarme su gratitud. Traté de alejar mi mano, pero él la persiguió lamiendo mi palma, mi muñeca y mis dedos.
—Tu me salvaste a mí y yo te rescaté a ti, ¿verdad? … Creo que te has ganado el derecho de lamer mi mano … Te debo mucho … Lameme si quieres …
Observé su lengua alrededor de mis dedos y algo se estremeció en mí. ¿Todas las lenguas de los perros serán así de largas? Me pregunté.
Me relajé y volví a leer el libro, dejando mi mano al alcance de la lengua de Loki. Me resultó relajante, casi terapéutico y quizás, un poquito excitante. El tiempo voló y pronto llegó la hora de irse a dormir. Loki me siguió al dormitorio. Acomodé un tapete de lana a los pies de la cama y él inteligentemente se echó allí sin apartar los ojos de mí. Comencé a desnudarme y vi que él alzaba sus orejas:
—No hay nada de malo con que me veas desnuda, ¿verdad? …
Me quité los shorts y luego la blusa, colgué ambos en el armario. Enseguida comencé a desabrochar mi ajustado sostén.
—¡Aaaah, qué alivio! …
Suspiré; nunca dormía con sujetador y estas eran las únicas horas en que dejaba libre mis enormes pechos. Los agarré y los levanté, los aplasté y acaricié mis areolas hinchadas.
—¡Ooohhhhh! … ¡Uuummmmm! … Eso se sentía muy rico …
Mi sostén resbaló de mis dedos y cayó sobre la alfombra, me incliné a recogerlo, mis pechos se balancearon libremente con su peso.
—¡Oooooohh! … ¡Guau! …
La larga y húmeda lengua de Loki barrió entre mi entrepierna, rozando mi labia vaginal y mi fornido clítoris que asomaba protuberante entre mis labios vaginales. ¡Sigh! Mi clítoris es exageradamente grande, casi como un pequeño pene.
—¡Uuuyyyy, perrito! … ¡No hagas eso! …
Exclamé sorprendida. Por lo menos llevaba bragas, de lo contrario me habría lamido todo mi coño desnudo. Rápidamente me puse mi grueso camisón de franela, mirando indignadamente a Loki que al parecer lucía como si no hubiera hecho nada, pero me sentí expuesta y vulnerable.
Apagué la luz del dormitorio y me dispuse a dormir. Mientras yacía allí, un pensamiento cruzó brevemente por mi mente. Mi coño estaba mojado, pensé en deslizar mis dedos entre mis piernas y explorar mis húmedos pliegues, pero descarté la idea; una dama no tiene ese tipo de comportamiento, no soy una ramera ninfómana. Continué tratando de dormir, pero de repente mi cama comenzó a temblar y a moverse. Pensé que podía tratarse de un sismo, pero me equivocaba.
—¡Loki, perro malo! … ¡Bájate de la cama! …
El perro me ignoró completamente. Se giró a mí alrededor, olfateando y caminando en círculos, luego se dejó caer junto a mí.
—¡Ufffa! … ¡Bájate, Loki! …
Grité sintiendo el peso del perro que me arrinconaba en la cama.
—¡Por favor, Loki! … ¡Quítate de encima de mí! …
El perro suspiró y lanzó un resoplido, pero no se movió. Me sentí derrotada, me resigné y me acomodé para dormir con Loki a mi lado
Después de un rato de escuchar su respiración y sentir su calidez contra mi costado, pensé que tal vez esto no era tan malo. En las noches frías hasta podía ser agradable. Me recordé cuando dormía al lado de mi exmarido, pero cada vez que me acurrucaba a él, él intentaba subírseme encima y meter su polla en mí coño. Desde entonces que me acostumbré a dormir con gruesos camisones de franela que me cubrían hasta los tobillos, para mantenerme a cierta distancia del bruto de mí exmarido.
Sólo que ahora estábamos en verano. El calor de las mantas, el pesado camisón de franela y el calor del cuerpo de Loki, se volvieron insoportables. Tras un lapso de indecisión, tiré las mantas hacia los pies, lo siguió mí pesado camisón; me quedé sólo con mis bragas y volví a mí cálida y cómoda cama al costado del perro. Me sentí liberada con mis pechos al aire fresco de la noche, me giré hacia Loki que dormía y le rasqué las orejas mientras monté mi muslo desnudo sobre su suave pelaje.
—¡Vas a mantener a mami agradable y abrigada, ¿eh? …
Le dije abrazándolo, él me lamió la mejilla.
—¡Ehm! … ¡Bueno! … Tendré que acostumbrarme …
Dije limpiándome la cara con la almohada y agregué:
—Supongo que estará bien si duermes siempre conmigo …
El perro volvió a lamer mi mejilla.
—¡Oh!, eres incorregible … Perro malo …
Le dije rascándole las orejas, pero siguió lamiendo mi nariz, orejas, cuello, moviendo su cabeza de un lado a otro. Como pude alejé mi cabeza de la almohada, esto hizo que mis sinuosos senos desnudos quedaran al alcance de su lengua y Loki se abalanzó sobre ellos lamiendo todo mi escote y entre mis globos exuberantes y redondos.
—¡Oooohhhhhh! … ¡Uuummmmmm! …
Gemí al sentir su lengua rasposa sobre mis areolas y antes de que pudiera reaccionar, su lengua se enredó en mis turgentes y sensibles pezones.
—¡Uuuggghhhrrr! … ¡Para ya, perrito! … ¡Detente ahora mismo, Loki! …
Loki no me escuchó y me ignoró por completo. Era demasiado grande para que yo pudiera alejarlo. Se paró en cuatro patas y se puso casi encima de mí para lamerme mejor no solo mis pechos. Su lengua iba de una parte a otra. Un poco estaba por mi cuello y mi rostro, luego sobre mi vientre y regresaba a lamer mis pezones.
—¡Ooohhh, perrito! … ¡Detente! … ¡Por favor, para! … ¡Me tienes toda baboseada! … ¡Has mojado mi cara! … ¡Mira como has dejado mis pechos! … ¡Mi vientre está lleno de tu baba! … ¡Sí hasta mi…! … ¡Oh, cielos! … ¡Hasta mi coño está empapado! …
Me tomó totalmente por sorpresa esta repentina e intensa excitación. Es verdad, mi coño estaba bañado, pero no por la baba del perro sino por mis copiosos fluidos que brotaban de mis hinchados labios vaginales como en un torrente. No había nadie que pudiera verme o juzgarme ni avergonzarme, era solo Loki y yo, podía permitirme un momento de indulgencia y disfrutar de estas sensaciones que me provocaba mi perro protector.
No pude seguir reprimiendo mis propias necesidades sexuales, mi cuerpo se despertaba a pasiones latentes desde hacía mucho tiempo. Mi coño hormigueaba y rezumaba un caldo delicioso. Sin tener ninguna reticencia, me abandone a sobajear mis pechos y a aplastar mis tetas bien juntitas. Quería más de todo esto y de estas intensas sensaciones. ¡Mis pezones estaban duros y hormigueaban! Loki los lamió mientras yo gemía agitada debajo de él; entonces le ofrecí ambos pechos, casi metiéndolos en su hocico y sentí el rasmilleo de su lengua húmeda rastrillando repetidamente mis areolas y sensibles mamelones.
—¡Uuuyyyy! … ¡Ooohhh, perrito! … ¡No deberíamos! … ¡No podemos! … ¡Aaahhhhhh! …
Traté de protestar de todas las maneras posibles, pero no podía alejar mis tetas de la lengua de Loki, él causaba delicias en mis pechos y mi cuerpo; me estaba derritiendo bajo las lamidas de él. Pero improvisamente se detuvo y sólo lamía mi cuello y mi cara.
—¡Oh! … ¿Ahora sólo quieres besarme? … Te aprovechas de mí y quieres mi perdón, ¿eh? …
Pero Loki pretendía algo más de mí. Se dio la vuelta y se puso a hozar en medio a mis muslos, tratando de empujar y abrirlos. Quedé en estado de shock cuando terminó de colocarse de costado y pude ver la monstruosidad que pendía de su funda peluda. Una enorme polla de perro dura, rosada, medio azulada y luciente colgaba meciéndose al compas de sus movimientos. Sus colosales bolas ahora lucían grandes y apretaditas.
—¡Válgame, Dios! … ¡Pero qué polla! …
El lindo pene de Loki era más de dos veces el de mi exmarido. Muy largo y duro. Puntiagudo y con venas azulinas. Tenía una enorme bola nudosa a la base.
—¡Perrito, aleja esa cosa de mí! … ¡Es repugnante! … ¡Es cochina! … ¡Es desagradable! … ¡Es obscena! …
Intenté empujarlo, pero lo único que logré es que su polla se balanceara un poco más y me pringara con gotitas tibias de su cochino semen. ¡Eso es asqueroso, pero hipnotizante a la vez! Lo encontré francamente repulsivo, pero esa visión de ver al animal en su máxima excitación, también me afectaba. Apreté mis resbaladizos pechos y pellizqué mis pezones jadeando y sintiendo que el cosquilleo de mis pechos viajaba directamente a mi panocha, junté mis muslos lo más que pude y estimulé mi coño, prometiéndome que nada iba a entrar ahí, ni menos esa cosa gigantesca.
No había lugar a duda de que el perro estaba sexualmente excitado y comprendí que yo también lo estaba. También me hizo comprender la fuerza de esta excitación casi animal, yo estaba tan caliente como el perro. Ahora estaba claro para mí porque los hombres me miraban y lo que sentían al mirarme. Por qué algunas mujeres se comportaban como putas calientes. Porqué esta fuerza de la naturaleza se transmitía a los animales. Porqué el pene de Loki estaba duro como una roca.
Me mordí mi labio inferior cuando volví mi mirada al enorme trozo de polla de Loki. En tanto él había empujado mis piernas y lambía mi clítoris duro y erecto por sobre mis bragas de algodón. Empujaba y lambía, empujaba y lambía, para hacerse camino a mi panocha desnuda, hasta que logró correr el elástico de mis bragas y hundió su lengua en mí coño caldeado y mojado.
—¡Oh, no! … ¡Por favor, Loki! … ¡Aléjate de ahí! …
Gemí mortificada. ¡Nunca ningún macho había olfateado mi lugar femenino más sagrado! Comencé a agitar mis piernas tratando de escapar de su lengua.
—¡Grrrrrr! … ¡Woof! … ¡Grrrrrr! … ¡Woof, Woof! …
Me quedé petrificada al escuchar sus gruñidos. Él tomó mi serenidad cómo una invitación y continuó empujando con su fría nariz en medio a mis muslos. Agarró con la punta de sus dientes el borde de mi calzoncito y lo destrozó
—¡Woof! … ¡Woof! … ¡Grrrrrr! …
Gruñó haciendo añicos mis bragas. Pareciera como si supiera muy bien como descubrir un coño de hembra humana. Ahora mis regordetes labios empapados de fluidos y babas de perro se sentían frescos y desprotegidos, mí clítoris tiritaba al azote de la lengua de él.
—¡Tú! … ¡Tú! … ¡Tú! … ¡Un imbécil! … ¡Eso es lo que eres! …
Le grité muy molesta. Me agaché para levantar mis bragas hecha pedazos, pero Loki las agarró al mismo tiempo. Yo tiraba hacia mí y él en sentido contrario mientras gruñía en un modo juguetón. Perro estúpido, tal vez suponía que estábamos jugando.
—¡Mira lo que has hecho, perrito! … ¡Malo! … ¡Eres un perrito muy malo! …
Loki sólo ladeo su cara y me miró bobamente.
—¿Quieres mi bragas? … ¡Tómalas! …
Le dije tirando los pedazos destrozados de mis bragas a su rostro, pero él las ignoró. Continuaba mirándome extrañamente, entonces me di cuenta de que no eran mis bragas lo que él quería en forma persistente.
—¡Oh, no, Loki! … ¡Eso sí que no! … ¡Sácatelo de tu cabeza de perro pervertida! … ¡No lo vamos a hacer, Loki! …
Me senté sobre la cama con mis piernas cerradas y mis brazos envolviéndolas, ahora no tenía por donde alcanzar mi panocha.
—¡Tú! … ¡Tú! … ¡Tú eres peor que mi exmarido! …
Loki parecía divertido y juguetón, él se estaba divirtiendo con esta bizarra situación. Metió su nariz a la base de mis muslos y comenzó a lamerme.
—¡Perro cabrón! … ¡Para ya! … ¡Detente ahora mismo! … —Exclamé preocupada.
—¡Me estás lamiendo…! … ¡Me estás lamiendo mi …! …
Su lengua se estiraba muy cerca de mi rajita. Rozaba mi grieta tratando de escarbar en el manjar de mi femineidad.
—¡Ooohhh! … ¡Uuuhhh! … ¡Hhhmmm! …
Apreté mis glúteos. Él alcanzaba el borde de mi labia que goteaba y su lengua más se estiraba. Ahora alcanzaba a recolectar más de mi miel y mientras probaba, más aumentaba su persistencia y su fuerza. Ahora que saboreaba restos de mis fluidos, sus empujones lo llevaron a la entrada de mi hendedura.
—¡Aaahhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Uuuhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Estaba jadeando. No podía resistirme más. Entonces dejé de luchar y aflojé mis brazos. Mis piernas se separaron ligeramente. No lo quería, pero lo quería. Me rendí. La lengua malvada sondeó mi coño profundamente. Estaba extrayendo todos los jugos de mi coño con cada lamida. Me hacía cosquillas en mi vulva.
—¡Nnnnnoooooogggghhhh! … Nnnnnooooo! … ¡Nnnnnnoooooggggghhhhh! … ¿Quééééééé? … ¡Qué estás haciendo! …
Ya no tenía fuerzas de nada. La habitación comenzó a girar. Me mordí los labios. ¡Clavé mis uñas casi quebrándomelas! ¡Quería más de eso! ¡No, eso no! ¡Esa lengua era malvada! ¡Esa lengua estaba endemoniada! ¡Mis piernas se abrieron! ¡Loki hundió su hocico en mi vulva! ¡Mi agujero estaba empapado y hacía sonidos acuosos!
—¡Aaaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaaaaahhhhhh! … ¡Perri! … ¡Perri! … ¡Perrritoooo! …
Será mejor que finja que me desmayo, así dejara de lamer, pensé. Mientras me desmayaba, mi cuerpo se relajó y mis piernas se abrieron más. Ahora Loki no tenía ninguna resistencia ni obstáculo para lamerme y continuó haciéndolo como enloquecido. Loki se dio un banquete con mi coño. Bebió de mis jugos que emanaban y fluían descontroladamente con su lengua perdida en el interior de mi coño.
Mi exmarido quiso realizarme sexo oral una vez, pero yo me negué rotundamente. Pero con Loki era diferente. Los perros son animales inmorales que se lamen constantemente. Los humanos somos decentes y respetables. Aunque me daba cierta vergüenza me dejé llevar y me sentí liberada como un animal salvaje, llena de incontrolable lujuria y goce. Nadie nunca me había hecho todo esto. Solo un animal como Loki podía hacerlo. Empujé mi ingle contra su hocico haciendo giros en el aire, quería obtener más placer de esa lengua incansable. Debía hacer descender esa lengua más adentro de mí.
—¡Hmmmmmm! … ¡Sssíííí! … ¡Oooohhhhhh! … ¡Qué me está pasando! … ¡Oh, Dios! …
Sollocé mientras mi cuerpo explotaba en convulsiones espasmódicas que me hacían retorcer sobre la cama. Mis piernas temblaban como de gelatina y Loki seguía atacando mi vulva temblorosa y mi clítoris gordo y largo. Cada lamida me producía un escalofrío y un rebote. Me lamía desde abajo hacia arriba y no le importaba si mi cuerpo se retorcía y brincaba.
Había como fulgores encendidos en mis ojos y golpes eléctricos a través de mi cuerpo. No entendía que es lo que me estaba pasando. Mi coño había tenido sus momentos agradables antes de ahora, pero jamás nunca algo tan intenso como ahora. Mis muslos temblaban incontrolablemente y sutiles descargas eléctricas explotaron en mi clítoris, se desplazaban hacia los dedos de mis pies curvándolos hacia abajo, luego subían hacia mi estómago. Arqueé mi espalda, mis tetas empujaron hacia el cielo, sostuve mi cuerpo en el aire con mis brazos y empujé mi coño contra el hocico salvaje de Loki. Después perdí la noción del tiempo mientras un masivo orgasmo me destrozaba de pies a cabeza.
—¡Aaaaaahhhhh! … ¡Aaahhh! … ¡Aaaaahhhhh! … ¡Nnnnnnnnggggghhhhhh! …
Gruñí una y otra vez bajo el efecto lascivo que Loki me hacía sentir.
—¡Ummmhhhhhh! … ¡Ummmmmm! … ¡Aaahhhhhh! …
Me quedé inerte sobre la cama, exhausta, acabada, consumida, debilitada. Vi las estrellas con los ojos cerrados. Convulsivas olas de placer iban y venían. No podía aguantar más. Me enrollé sobre mí misma en una posición fetal. Loki seguía lamiendo, buscando y sondeando mi suave trasero, mis muslos y mis tiernos agujeros.
Por fin se detuvo, al parecer de algún modo se percato de que mi cuerpo no daba para más. Su pene todavía estaba duro y enrojecido. Se recostó a mi lado con su cabeza a la altura de mi hombro. Cerré los ojos y continué a recuperar mi respiración.
No sé por cuanto tiempo, Loki había permanecido a mi lado. No sé a que hora me desperté y él seguía en el mismo lugar. Cubrí mi cuerpo y el suyo con una sábana, me metí a cucharita junto a su cálido cuerpo, le susurré algunas carantoñas y acaricié su pelaje hasta que me quedé dormida.
*****
Al día siguiente me desperté liviana, extrañamente muy contenta y con mi mente despejada. Era como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Estiré mis brazos hacia el cielo y mi autoestima creció al ver mis estupendos pechos duros y firmes. Bostecé y sonreí, los deditos de mis pies estaban todavía encorvados hacia abajo. Seguramente va a ser un esplendido día, pensé. No podía recordar cuando fue la última vez que me había sentido tan bien.
—¿Y qué es esto? …
Exclamé al ver un perro acostado a mi lado. Me había olvidado totalmente de que él estaba allí. Loki se levantó y sacudió su cuerpo y bajó de la cama de un ágil salto arrastrando la sábana y dejando mi desnudez al aire libre.
—¡Demonios! … ¡Estoy desnuda! … ¿Dónde diablos está mi camisón? … ¿Dónde fueron a parar mis bragas? …
Entonces volvieron a mí mente los recuerdos de la noche anterior y no podía creer que hayan sucedido tantas cosas aberrantes. Ni siquiera podía hacerme a la idea de que hubiesen sucedido cosas tan sucias y pervertidas. Debe haber sido solo un mal sueño. Me sentí abrumada y avergonzada. ¡Oh, no! No puedo haber sido yo quien hizo todas esas cosas. ¡No, no lo hice y basta! ¡No puedo haber dejado que un perro lamiera mi sexo! ¡Qué cosa más horrible! Debo haber sido drogada y lo hice contra mi voluntad. Tal vez fui obligada a hacerlo. Eso debe ser. Ese horrible perro me obligó a hacer todas esas cosas cochambrosas. Comencé a enojarme con el perro. Este animal me estaba resultando raro y molestoso.
Me decidí a no permitir que nada de este tipo de cosas volviera a suceder. La jefa soy yo, yo soy quien domina, él es solo un perro y yo soy su ama, me debe obediencia. Soy la hembra alfa y estoy al comando de la situación. Soy la maestra y él debe ser mi pupilo, le debo enseñar a comportarse como un varoncito dócil, respetuoso y leal. La cama estaba muy rica y hubiese querido quedarme amodorrada en el cálido lugar que había dejado Loki, pero tenía tareas pendientes que cumplir así que me levanté.
En primer lugar debía impedir que él marcara con su sucia orina su territorio en mi sala de estar. Me puse mi gruesa bata de baño. Noté mis bragas destrozadas por el suelo y las recogí. Todavía estaban húmedas; las revisé y encontré los forados que le había hecho Loki con sus afilados dientes.
—¡Oh, no! … ¡Mira lo que ha hecho este perro salvaje! …
No quise que la ira se apoderara de mí, se trataba solo de un par de bragas viejas y tenía muchas como para reemplazarlas. Me deshice de ellas, luego me fui a la sala de estar en busca de ese animal pervertido, salí de mi dormitorio sin llevar nada debajo de mí bata. Me sentí libre y liberada caminando por casa sin bragas ni camisón, sólo con mi gruesa y corta bata.
Encontré a Loki y lo hice salir al patio para que hiciera sus necesidades biológicas. Enseguida me encargué de preparar una colación para él y para mí. Llené sus cuencos con alimento para mascotas y agua fresca. La mañana había comenzado bien y el perro parecía obedecer. Cuando volvió lo dejé entrar y le mostré sus pocillos, él se puso a comer y yo me senté a la mesa con un tazón de aromático café y un pocillo de cereales.
Me tornaron a la mente los acontecimientos de la noche anterior. Me sorprendí al no sentir ninguna repulsión ante los improcedentes hechos. Lo atribuí a que el animalito es un poco estúpido y curioso, no se rige por la moralidad y decencia de los humanos, él actúa por instinto y por lo que le dicta su naturaleza salvaje. Probablemente es el comportamiento que se acostumbra en una jauría de perros; ellos se lamen sus genitales, olisquean sus traseros y tienen relaciones sexuales en completa libertad. Eso me ocasionó un inequivocable cosquilleo en mis partes íntimas. Mi mente divagaba, imaginé cómo sería ser parte de una manada. Fornicando cada vez que la madre natura lo ordenara, sin preocuparse por los cánones humanos ni la sociedad. ¡Libertad! La más completa libertad para saciar todos esos sentimientos gloriosos todas la veces que fuera posible.
Viendo las cosas desde ese punto de vista, Loki no tenía ninguna culpa, él no se había aprovechado de mí. Por mi parte yo hice todo lo posible para detenerlo y él hizo lo que hubiera hecho en la manada como cualquier otro animal. Era parte de su naturaleza, la necesidad de buscar una hembra y procrear. Él no tiene que preocuparse por lo que piensa la sociedad, él actúa por sus instintos de animal. Fugazmente pasaron por mi cabeza imágenes de Loki tratando de montarme con esa enorme polla suya. La humedad de mi coño y el cosquilleo me hicieron juntar mis muslos muy apretaditos. No podía permitirme de pensar así, soy una humana y ciertas cosas las debo controlar y reprimir, no puedo comportarme ni actuar como una perra más de la manada. Pero sin duda es excitante pensar en estas cosas.
Bajé mi mano y toqué mi coño caliente, mis dedos se mojaron. Metí mi dedo en la rajita y lo saqué para olerlo. No era para nada repulsivo. Pensé que iba a encontrar olor a pescado rancio, pero olía a fresco y limpio, solo su olor característico, terroso y almizclado. Me pregunté: ¿porque a mí perrito le gusta tanto? ¿Querrá probar un poco? Debía tratar de entender su raciocinio, me llevé mi dedo a la boca y lo lamí. No era para nada horrible. Un poco pegajoso y salado, absolutamente no sabía a orina. No es de extrañar porque le gusta así tanto. Mientras reflexionaba sobre el sabor de mi coño, escuché el tic-tic de las uñas de Loki caminando sobre el piso de baldosas. Se acercó a mí y apoyó su hocico sobre mi muslo, con sus dóciles ojos mirando hacia arriba, como para agradecerme por el desayuno.
—¡Hola, perrito! …
Le dije acariciando su suave pelaje.
—No te comportaste muy bien anoche, ¿sabes? … Hay cosas que no se le hacen a mami … Yo soy tu dueña, tu ama y yo dicto las reglas … Hay cosas que no pueden volver a suceder … A partir de ahora me debes obedecer en todo, ¿vale? …
Loki ladeo su cabeza y me miró, me pareció que sonreía cuando mostró sus dientes blancos, su lengua larga y rosada salió intempestivamente de su hocico y lamio el dedo con que yo había sondeado mi coño. Lo lamió y lo volvió a lamer repetidas veces.
—¡No! …
Grité apartando mi mano rápidamente con la intención de regañarlo.
—¡Debería llamarte “Chupetero” en vez de “Perrito” …
Le dije con un fingido enojo. Como ya no tenía mi mano para lamer, Loki busco la fuente de ese aroma y sabor, antes de que pudiera reaccionar, su olfato lo guió bajo mi bata. Sentí su húmeda y fría nariz empujando en medio a mis muslos abiertos. ¡Oh, no! ¡Otra vez, no! Pensé.
—¡Para, perrito! … ¡No hagas eso! … ¡Detén eso ahora mismo! … ¿Por qué no me haces caso? … ¡Oh, no! … ¡Otra vez no! …
Intenté volver a cerrar mis piernas, pero sólo apresé su cabeza entre mis suaves muslos. Loki ignoró todos mis intentos por empujarlo. Era demasiado fuerte para mí y él quería más de mi secreciones sabrosas. Empujó y empujó su hocico entre mis piernas logrando separar aún más mis muslos hasta alcanzar su objetivo:
—¡Hmmmmm! … ¡Ohhhhh! … ¡Perri! … ¡Perri! … ¡Perrito malo! … ¡No, perrito! … ¡Eso no es para ti, perro malo! …
Le grité muchas veces, pero ya su lengua rozaba mi clítoris turgente y seguía avanzando más contra mi coño cremoso y mojado. Sus empujones lograron separar aún más mis piernas.
—¡Por favor, perrito! … ¡No hagas eso a mami! … ¡Nnnnnoooooogggghhhh! … ¡Uuuggghhhrrr! … ¡Ahhhhhh! …
Gruñí y gemí luchando contra él y su lengua mientras mi cuerpo se encorvaba y empujaba mis tetas hacia adelante y hacia arriba. Estaba haciendo lo mismo de anoche. Su cálida lengua lambiendo mi coño jugoso y caliente. Eché mi cabeza para atrás crispando mis manos mientras su lengua se introducía en las profundidades de mi panocha empapada haciéndome sentir exquisitas sensaciones que recorrían mi cuerpo y mí excitada vagina.
—¡Santo cielo! … ¡Sí que eres persistente! … ¿Acaso no escuchaste lo que te dije? …
Tenía que alejarme de su lengua deliciosa, larga y húmeda, de lo contrario estaría gimiendo y gozando en la silla de mi cocina como la ramera de Babilonia, descrita en el Apocalipsis. Me puse de pie, mis rodillas estaban débiles, mi coño mojado, necesitaba una ducha. ¡Sí! Necesitaba limpiar mi cuerpo de todos esos repugnantes fluidos con gérmenes caninos y recuerdos apestosos. Lavar de mi mente las sensaciones sexuales de esta chifladura demencial que estaba sintiendo. ¿Eso es exactamente lo que necesitaba! Una ducha agradable y caliente que exorcizara estas ricas pero demoniacas sensaciones que me abrumaban por completo. Sola en el baño podría diseñar una estrategia para hacerle frente a este perro porfiado y a su lengua larga, húmeda, cálida y asombrosamente exquisita.
Loki meneó la cola cuando me paré frente a él. Saltó sobre mí y casi me derriba. Sali a toda prisa de la cocina ajustando mi bata alrededor de mi cuerpo desnudo. Me perseguía el tic-tic de las uñas de Loki al resbalar sobre el piso flotante de la sala de estar. Su nariz casi empujaba mi trasero y su lengua barrió mis nalgas casi rozando la hendedura desde donde irradiaba el aroma que a él lo volvía loco.
—¡Para ya, perrito! … ¡Para! … ¡Para! …
Le espeté cuando me giré y me paré frente a él. Él ladró y se acercó más a mí, metió su nariz bajo el dobladillo de mi bata y logró levantarla, ¡Y me lamio mí coño!
—¡Uuuuhhhmmm! … ¡No! … ¡No! … ¡No, Loki! … ¡Ahhhhhhh! … ¡Uggghhh! … ¡Umpf! …
Su lengua me hacía enloquecer. Mis piernas se abrieron y empujé mi ingle contra su lengua, pero esto estaba muy mal y se estaba saliendo fuera de mi control. Como pude me sobrepuse, cerré mi bata y junté mis piernas baboseadas, luego hable alto y seriamente apuntándolo con un dedo:
—¡Mira, perrito maricón! … ¡Detente ahorita mismo! … ¡Debes dejar de lamer mi coño! … ¿Entendiste? … ¡No puedes hacer esas cositas a mami, eh!
Cuando dije la palabra “coño” Loki movió la cabeza, hizo una especie de baile y me miró con ojos ansiosos y cargados de apetito sexual; al parecer ya conocía esa palabra. Sin reticencia alguna volvió a meter su cabeza bajo mi bata y chocó con la protuberancia de mi gran clítoris que sobresale de entre mis labios mojados, esto me provocó un escalofrío tremendo y empujé mi culo hacia atrás ocultando mi panocha entre mis muslos.
—¡Hmmmmmm, cielos! … ¡Maldita lengua! …
Tenía que encontrar el modo de escapar. Loki ya no me escuchaba. Sus instintos estaban desatados y creyó de estar con la hembra de la jauría y lo único que entendía eran sus naturales impulsos de perrito salvaje. Intenté salir corriendo, pero Loki estaba enredado entre mis piernas. Caí al suelo, no me hice daño, pero cuando intenté ponerme de pie, Loki metió su hocico dentro de mi panocha.
Mi bata se había arremangado por sobre mi trasero, estaba ahí de rodillas con mi coño expuesto hacia atrás, eso era lo que él estaba esperando. Metió su lengua lo más profundo que pudo y lamió mi coño con esa larga lengua intrusa. Me lamía y mojaba cada vez como para prepararme para algo más.
—¡Ohhh, Loki, por Dios, detente! … ¡Ummmmmmm! …
Me tenía paralizada y subyugada por las intensas sensaciones que me provocaba cada lamido de mi coño abierto y palpitante.
—¡Ooohhhhhh, ummmm, Dios! … ¡Por favor detente, perrito! …
Y Loki por fin se detuvo.
—¡Gracias, Señor por haberme escuchado! …
Pero nada había terminado. Loki saltó encima de mi espalda con todo su peso corporal, inmovilizándome.
—¡Uuuffff! …
Me quejé, entonces sentí sus peludas patas contra la parte posterior de mis muslos.
—¡Oh, no! … ¡Bájate inmediatamente! … Pero ¿Qué haces, perro loco! …
Le grité cuando sentí un firme golpe pegajoso y caliente contra mi trasero. La polla de Loki se deslizó por encima de mis nalgas, siempre más cerca de mi coño húmedo y resbaladizo.
—¿Quééé? … ¿Qué pretendes, perrito perverso? … ¡Quítate de encima mío! …
Moví enérgicamente mi culo para despistarlo, pero no tuve éxito. La dura polla de Loki se deslizó en el surco de mis nalgas dejando un rastro viscoso y húmedo, posándose al ingreso de mi cerrado agujero.
Empujó y hábilmente la punta de su polla se deslizó en mi conchita lubricada. Loki sintiendo mi calidez, hundió profundamente su polla de perrito. ¡Guau! ¡Qué maravilla! Inmediatamente inició un alocado mete y saca, aferrándome firmemente con sus garras filudas, rasguñando a sangre mi delicada piel.
—¡Nnnngggghhhhrrrr! … ¡Perrito! … ¡Perrito! … ¡Uhhhhhmmmmm! … ¡Oooohhhhhhh! …
Loki me estaba violentando. ¡Violada por un perro! Sacudí mi trasero y mi cuerpo entero, pero nada sirvió para sacármelo de encima. Era demasiado fuerte, pesado y resistente. Me di cuenta de que él no me dejaría ir.
—¡Oh, no! … ¡Oh, no! … ¡Oh, no! …
Gemí balbuceante, esperando que todo terminara pronto. Intenté arrastrarme, pero Loki era demasiado fuerte y solo logré que me apretara más entre sus zampas. Me follaba a una inaudita velocidad, furiosamente. Quizás al relajarme y entregarme, pude apreciar la dureza y tamaño de su polla. El dolor se había evaporado y me sentí en el séptimo cielo. Era la gloria. Hacía mucho tiempo que mi coño no apretaba una cálida y dura polla en mi interior.
Sus bolas pesadas y colmadas de tibio semen se balanceaban hacia adelante y hacia atrás golpeando mis muslos y de tanto en tanto estrellándose deliciosamente contra mi clítoris. Sus veloces empujones se sentían deliciosos. Su polla ocupaba toda mi panocha, estirando mis pliegues vaginales a desmesura, introduciendo y sacando su verga una y otra vez haciendo gotear mi hinchado coño. Loki pretendía impregnar su semilla en mi conchita y dejarme preñada, estaba sintiendo tantas y extrañas sensaciones cuando él me anudó por completo y comenzó a bombear su lechita profundamente en mí.
—¡Ay, perrito! … ¡No hagas eso! … ¡Por favor, no! … ¡No me hagas el amor así, perrito! …
Mi coño se había hecho demasiado estrecho para la bola de Loki y ya no pudo salir, estábamos pegados como perro y perra. Mi clítoris estaba inflamado y cosquilleaba. La sorpresa y el dolor inicial pronto desaparecieron. Con asombro absoluto sentí un estímulo de cachondez salvaje e indomable, me agradaba sentirme pegada al pene de Loki, me gustaba ser su perra alfa, me sentí en la gloria y feliz de ser una hembra indómita. Me estaba convirtiendo en una animal salvaje en mi propia sala de estar. No había nadie que me pudiera juzgar o avergonzar, eso me permitió sentirme libre y entregarme plenamente al apareamiento con mi amante peludo.
Mi cuerpo respondía intensamente y cedí a las sensaciones nuevas que la polla de Loki me hacía sentir. Ansiaba el mismo alivio que me había hecho sentir anteriormente con su lengua. Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo, pero mis sentidos me compelían a entregarme a mi amante sin reticencias, era lo que me exigía mi cuerpo; liberarme de todas esas ideas arcaicas y primitivas que no me permitían gozar del placer salvaje que me regalaba Loki con su espléndida polla.
La pasión se encendió y mi cuerpo se excitó de verdad, su polla estimulaba mi fórnix vaginal y me hacía sentir una conexión especial con la gran verga de perro, él era salvaje y me hacía sentir de ese modo empalada en su enorme polla. Por mera educación no estaba habituada a hacer uso de un lenguaje coprolálico, pero ahora me sentía liberada, salvaje y madura como para hacerlo, así que dije:
—¡Que carajo de polla, perrito! … ¡Rómpeme la concha con esa hermosa verga tuya! … ¡Revienta mi coño con tu lechita caliente! … ¡Culéame bien perrito rico! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! …
No había nadie que me escuchara hacer de puta para Loki, así que no me preocupaba de decir todas esas, es más, las estaba sintiendo dentro de mí por primera vez con su pija revolviendo completamente mí agujero pequeño y jugoso.
Mi exmarido nunca supo estimularme y muchas veces cuando él me penetraba me sentía violada, porqué él era un poco bruto para hacerlo y no me dejaba alcanzar algún grado de excitación, por lo que me causaba dolor. En cambio Loki era un amante perfecto, me lamía hasta volverme loca y después con su pene me hacía volar y ver estrellitas de todos los colores. Sus garras afiladas me rasguñaban, pero ese dolor no hacía más que inflamar mi coño.
—¡Oh, qué rica verga tienes! … ¡Soy una meretriz! … ¡Me haces sentir como una ramera! … ¡Soy una puta! … ¡Una puta! … ¡Una maldita puta cachonda! … ¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Umpf! … ¡Fóllame! … ¡Fóllame! … ¡Fóllame, perrito! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! …
Esto era sexo. Es así como tiene que ser el sexo. ¡Así es como se debe sentir! No recatado ni reservado, sino salvaje e indómito, jugoso y obsceno. No se puede resistir el sexo, sino acogerlo y saborearlo. Levanté mi cabeza y gemí audiblemente mientras la inmensa polla de Loki estaba atorada en mi conchita y peligraba de hacerme arrastrar por su poderío. Casi tenía ganas de aullarle a la luna como una perra en celo, siendo follada en las praderas.
Mi conchita estaba convertida en un fuelle como un bandoneón expandiéndose y contrayéndose para acomodar la inmensa polla de Loki y haciendo sonar las notas de una amor salvaje y bestial. Yo rebotaba en su polla larga, gruesa y nudosa y él aplastaba mi panocha contra sus bolas y peluda vaina. Sus bolas rebotando como un punching-ball de campeones.
—¡Joder, perrito! … ¡Fóllame así rico! … ¡Nnnngggghhhh! … ¡Házmelo rico como la puta que soy! … ¡Soy tu puta! … ¡Soy una perrita puta! … ¡Aaaahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Su polla y su nudo extendiendo mis labios una y otra vez. Esto era totalmente diferente a cualquier cosa que haya hecho antes, esa polla reclamaba mi panocha y se negaba a abandonarla, la amarraba y la anudaba haciéndola cautiva.
Al principio el nudo parecía pequeño, pero firme. A cada embestida de Loki parecía ir ganando consistencia, se engrosaba y se hacía más duro. Las sensaciones placenteras eran nuevas, se inflaba e inflamaba mi punto G. Mi cuerpo convulsiono alocadamente. Él me tenía firmemente atada y empujaba su polla profundamente, tirándome hacia adelante y hacia atrás. Mi pobre coñito estaba estirado al máximo.
—¡Unnnggghhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Dios, qué cosa más maravillosa! …
El pene de Loki estaba hecho para mi vagina, creció y bloqueó mi anillo vaginal haciéndose demasiado grande para volver a salir. Mi coñito estaba completamente tapado y no había forma de quitarlo, solo esperar que se desinflara lo suficiente para que volviera a salir. Debería haber estado preocupada, pero las sensaciones me abrumaban y me hacían estremecer con un goce alucinante, los deditos de mis pies parecían enloquecidos y mis pies estaban encorvados hacia abajo y flexibles. Estábamos atados. Yo perra y él perro, ahora no había diferencia, éramos dos animales.
Loki daba saltitos como si quisiera encaramarse sobre mi espalda, esto hacía que rasguñara mi piernas, pero eso no me importaba porque el movimiento masajeaba mi punto G haciéndome ver estrellas, de todos modos pensé que en una futura actividad debía calzarle algunas calcetas en sus zampas afiladas. Repentinamente lo sentí gemir, lanzó un aullido tenue y se tensó brevemente, luego dejó de moverse en forma alocada, ya no me follaba, pero sentí las pulsaciones de su verga cuando explotó y comenzó a verter su cálido esperma canino directamente en mi matriz. Me sentí más perra que nunca. Él estaba dándome su semilla eyaculando con copiosos chorros cerquita de mi útero, inundándome toda. Teniéndome firmemente atada y colmando mi panocha con su lechita con su deseo de que le diera muchos cachorritos. Sé que es biológicamente imposible, pero hay veces en que soñar no cuesta nada. Entonces me llegó mi propio orgasmo:
—¡Nnnnggghhhaaaaa! … ¡Perrito rico! … ¡Me corro! … ¡Me corrooooo! … ¡Que rico que me haces acabar! … ¡Ahhhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhhh! … ¡Aaahhhhhhh! …
Mi coño explotó en convulsivas contracciones. Sentí dolor y sentí un goce demencial. Perdí la noción de donde estaba y ni siquiera sabía mi nombre. La única sensación era el mar de lechita que colmaba todos los espacios de mi vagina, creí reventar, pero algunos chorritos ruidosos salieron expelidos de mi apretada conchita aliviando un poco la presión.
Un corrientazo eléctrico me hizo temblar toda. Mi coño estrujaba la polla de Loki extrayendo toda su crema deliciosamente candente. Mis tetas se movían hacia atrás y hacia adelante con los empujones que esta vez le daba yo a la polla de él. Metí mi mano y acaricié mi clítoris, pero estaba demasiado delicado y el solo roce me hacia sucumbir en otra ola de espasmódicos escalofríos, mejor pellizqué mis pezones para aliviar el escozor.
—¡Assííí, Loki! … ¡Dámela toda! … ¡Dame tus perritos! … ¡Préñame! … ¡Déjame llena de tus crías, perrito rico! … ¡Aaaahhhhhhh! … ¡Aaaahhhhhhh! …
Levanté mi trasero y puse mi cara sobre la alfombra para que él descargara hasta la última gota en mi coño apretado. Parecía que la polla de Loki estuviera electrizada porque toda mi grupa temblaba en forma incontrolable y las chispas explotaban en mi cabeza. Otra vez metí mi mano entre mis piernas y toqué las bolas de Loki, estaban más chiquitas y livianas, toda su carga estaba dentro de mí y me dichoso trasero todavía tiritaba.
Ahora él ya no se movía y comencé a tratar de recuperarme luego de esas colosales sensaciones de lujurioso goce. Podía escuchar los afanosos jadeos de este maravilloso animal encima de mi espalda, su aliento caliente levantaba los vellitos de mí nuca. Su polla larga y dura seguía enterrada profundamente en mi coño.
—¡Oh, perrito rico! … ¡Ummmmm! … ¡Hmmmmm! … ¡No sabía que me podías hacer sentir tan rico, perrito rico! … ¡Eres un granuja! … ¡Un bribón rico y grande! …
Nos quedamos pegaditos recuperando nuestras respiraciones, afortunadamente él no hizo ningún tirón como para zafarse de mí y, cuando lo hizo, aferré sus patas traseras y él se quedó inmóvil otra vez.
—¡¡Quédate donde estás y no te muevas!! …
Le pedí. No me importaba estar así sometida. Me encantaba sentir su cuerpo cálido y sentir su magnifica polla dentro de mí, no quería que la sacara y me dejara vacía y fría. Esto era como estar abrazados después de un magnífico coito de parejas.
—¡Hmmmmmm! … ¡Follaste tan rico a mami, perrito! …
Me volteé y él me lamió la cara, pero no me molestó su baba, me encantó su afecto.
—¡Está bien … Tu puedes besarme, perrito! …
Mientras buscaba de secar su baba de mi mejilla, él tiró y su polla salió disparada de mi panocha junto a un arroyo de semen y fluidos. Me sentí desfallecer y me dejé caer sobre la alfombra con mis piernas plegadas. Él tan caballeroso, vino y lamió mi goteante conchita desde atrás sin perturbar mi laxitud que me llevó a amodorrarme ahí mismo. Estaba exhausta.
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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
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—No es de extrañar que tantos imbéciles me miren en forma lasciva …
Reflexioné a alta voz.
—Pero es sólo culpa de ellos, no mía …
Concluí dando una última mirada a mí perturbadora figura femenina llena de redondeces.
Por supuesto que sabía de estar en lo correcto. Desde siempre los hombres han sido libidinosos y sucios. Ellos no solo miraban mi belleza, sino más que nada a mí natural sensualidad. Mí rostro era fino con labios llenos, mis ojos verde esmeralda eran lucientes y resaltaban el rojo de mi cabello, mis curvas eran sinuosas y sexys. Mí trasero era paradito y redondo, pero sin lugar a duda, mis pechos eran mi punto fuerte. Tenía una timidez innata y prefería mirar de reojo y no en forma directa. Esto animaba a algunos hombres a hacerse adelante e intentar aprovecharse de mí modestia y recato, con ideas equivocadas sobre mí.
—¡Los hombres son unos cerdos! …
Me dije más de una vez mientras era observada por más de uno de ellos.
—¡No quiero tener nada que ver con ellos! …
Fue mi conclusión y decisión final.
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Me casé con un animal salvaje que solo quería mi cuerpo. Todas las fantasías y romanticismos fueron destruidos en una sola noche. El contacto sexual resultó en una violación legal. El imbécil se abalanzó sobre mí y con fuerza brutal me dominó y me hizo sangrar rompiendo mi inocencia e ingenuidad. ¡Trató incluso de meterme su verga sangrante en mi boca!
Mi idea del sexo no tenía nada que ver con la rudeza y crueldad con que fui poseída por el bruto ese solo por llevar su anillo nupcial. Una dama debe ser siempre una dama. Hay cosas que no se pueden exigir ni pretender de una señorita bien educada como yo. El cuerpo humano ha sido hecho por nuestro creador para ser tratado con cierta dulzura. ¡La naturaleza lo ha llenado de secreciones! ¡Labios y lenguas mojadas! ¡Vaginas resbaladizas! ¡Penes supurantes que eructan mocos! ¡Cuerpos incontrolables con durezas y agujeros! ¡Los hombres son asquerosos!
Ciertamente la compañía de un hombre puede ser grata y servir a la seguridad. Pero son seres prescindibles. Me di cuenta en la internet que muchas mujeres adoptaban mascotas como cura para la soledad y resguardar su propia seguridad. Entonces comencé a buscar un perro. Desde pequeñita les había tenido un poco de miedo, pero siempre cuidaban la seguridad de la casa y se podía jugar con ellos. Sería una buena idea tener a uno de compañero. Serviría para restar tranquila en casa en las soleadas tardes de otoño. También acurrucada junto a la chimenea a leer un buen libro durante el invierno. Sí, un perro grande y leal, eso era lo que necesitaba.
¿Dónde encontrar de prisa un lugar donde hacerme con una mascota? Internet, por supuesto. Encendí mi laptop y encontré una decena de tiendas que ofrecían mascotas de diferentes razas, contacté a varios de ellos y esperé el fin de semana para ir a recorrer alguno de esos negocios. Por fin llegó el día; me calcé unas Reebok amarillo fluorescente, mis ajustadísimos leggings, una remera escotada, tomé mi bolso Under Armour mimético y conduje mi Audi Q3 por las calles de mi tranquila ciudad.
Los dos primeros lugares fueron un fiasco, pero en el tercer lugar estaban organizando un evento de adopción de mascotas que llamó mi atención. Caminé hacia las dependencias, el lugar estaba lleno de corrales con perros amigables y tiernos. ¡Qué maravilla!
—¿Puedo ayudarle en algo, señorita? …
Me dijo un descarado joven que encuadraba mis senos turgentes.
—¡Sí … Quiero un perro! … —Le dije un poco turbada por la forma de mirarme.
—¿Un perro grande, uno pequeño o un cachorro? … —Me preguntó.
—Uno grande, no un cachorro … Algo que me proteja …
Le dije y luego añadí tímidamente.
—También amigable, como para compañía …
—¡Ah! … Tenemos justo lo que está buscando … ¡Sígame! …
Caminé detrás de él y recorrimos varios corrales, hasta que llegamos a los corrales de los perros grandes en la parte más apartada del terreno. Me dijo los nombres y las historias de varios perros que estaban disponibles a la adopción, ¡Eran todos tan lindos! Sentí en el fondo de mi pecho una extraña sensación, un hermoso perro negro y amarillo me miraba fijamente, como si pudiera ver mi alma. Era un bastardo mitad Pastor Alemán y mitad Rottweiller.
—¿Qué pasa con ese? …
Le pregunté intempestivamente al dependiente.
—¡Oh! … Ese es Loki … ¿Te gusta ese? …
Dijo el vendedor con una astuta y enigmática sonrisa, luego agregó.
—Lo dio en adopción una mujer mayor … Porque su hija se fue a la universidad y ella no podía hacerse cargo de él … Es bastante amigable y sociable con las damas …
Me dijo guiñándome un ojo; expresión que no supe descifrar, pero lo encontré de lo más desubicado.
—Me gusta … Quiero a ese perro …
Respondí secamente con la intención de irme lo más lejos de éste tipo desagradable. Me acerqué al corral, Loki se acercó cuando extendí mi mano para rasquetearle las orejas, en agradecimiento él me lengüeteó la mano y eso me tomó por sorpresa.
—¡Hey, no! … ¡Detente, perrito! … —Le dije retirando mi mano pringada de baba.
—¡Le gustas! …
Dijo la voz de un hombre mayor detrás de mí; al voltearme, me di cuenta de que el hombre estaba mirando mi trasero y luego posó sus ojos libidinosos en mis senos.
—¡Urgh, no! … ¡A mi ya no me gusta! … ¡No tendré a un perro baboso que me lama la mano! … ¡Es desagradable! …
—¡Esa es su forma de demostrarte su amistad! … Te escuché decir que te gustan los perros amigables, ¿no? … Si lo tratas bien él podrá lamerte otras cositas también … ¿Verdad, chico? …
Dijo el hombre acercándose más a mí. No me gustaba el aspecto de este hombre y tampoco entendí sus insinuaciones. No me iba a llevar a casa a un perro desagradable que me lamiera la mano, el rostro o cualquier otra cosa. Cuando intenté alejarme de la jaula de Loki, el hombre se acercó y me bloqueó metiendo su pierna entre mis muslos. Sentí el contacto de él presionando mi pierna y la jaula fría presionando mi trasero. Me sentí incómoda ante esta proximidad. Casi podía oler el aliento a licor en mi rostro. Miré a mi alrededor, pero el dependiente se había ido, además, había una enorme camioneta que bloqueaba la vista al lugar donde me encontraba.
—Te he estado observando, ¿sabes? … Eres solo una de esas putas calientes y sé lo que quieres …
La mano del hombre bajó a mi entrepierna.
—¡Por favor, no me haga eso! …
Dije con voz temblorosa, casi entrando en pánico. Una mano del hombre subió a mis senos, mientras con la otra presionaba mi vagina a través de la delgada tela de mis leggings. Sentí la dureza de su pene en mi entrepierna. Apreté mis muslos y sentí que mi coño se humedecía y hormigueaba. Mí respiración se agitó, mi cuerpo me estaba traicionando. ¡Oh, Dios mío!
—¿Por qué no vienes a casa conmigo, cariño? …
Dijo el tipo mientras besuqueaba mi cuello y mejilla y continuaba a manosearme toda. Tomó mi mano y la llevó sobre su miembro endurecido. Inmediatamente la aparté disgustada, entonces agarró mi muñeca y comenzó a tirarme hacia la camioneta. Desesperada, lo empujé y corrí hacia la jaula de Loki, sin saber que más hacer.
—¡Ayúdame tu, perrito! …
Dije aferrándome a la jaula del perro. El hombre se abalanzó contra mí e intento hacerme soltar el barrote de la jaula, pero en ese intento, Loki se fue contra su mano y casi lo muerde. Se quedó a ladrarle y gruñirle enfurecido. El hombre atemorizado se alejó y se fue en su camioneta. Segundos después apareció el dependiente.
—¿Qué esta pasando aquí? …
Preguntó el chico escuchando los ladridos del perro.
—El tipo de esa camioneta que se acaba de ir, intentó abusar de mí y esta noble bestia me estaba protegiendo … Por eso es por lo que estaba ladrando …
El vendedor miró hacia el vehículo que ya estaba a una considerable distancia y preguntó:
—¿Está bien, señorita? … ¿Quiere que llame a la policía? …
—No … No es necesario … Ahora estoy bien …
Le dije conmocionada, pero al mismo tiempo estaba emocionada y agradecida, Loki me había salvado, ¿Qué mejor compañero que él? La decisión estaba tomada.
—¡Me llevaré a Loki! … ¡Él vendrá a casa conmigo! …
Regresamos al local y completamos toda la documentación necesaria. Además, compré todo lo necesario para la tenencia responsable de un perro: Collar, correa, cuencos para agua y comida, más algunos juguetes para perros. Adopté oficialmente a Loki, lo subí a mi coche, le rasqueteé la cabeza, él me dio un lengüetazo en la mano por lo que tuve que limpiarme con una toallita desechable y me dije que debía entrenarlo para que no hiciera nada de esas desagradables cosas.
Llegamos a casa y mi nuevo perro salió a explorar su nueva casa en el patio trasero. Me encargué de guardar los suministros y luego lo miré que giraba por el patio y olfateaba cada cosa. El porte del perro era elegante e imponente, casi sexy diría. Se había portado agresivo contra el tipo que intentó atacarme y eso me tranquilizó. Solo ahora me di cuenta de sus grandes bolas que se movían al ritmo de sus agiles pasos, me sonrojé pensando que no era apropiado que una dama mirara esas cosas.
No pude evitar de pensar a las bolas de mi exmarido, eran pequeñitas comparadas a las de Loki. Seguramente las bolas del animal serían mucho más pesadas. Observé que se balanceaban hacia adelante y hacia atrás mientras el retozaba sobre el césped. Entonces él se echó y levantó su pata trasera, comenzó a lengüetear la funda de su polla. Percibí que era larga y gruesa, también asomaba una tímida puntita rosada. Sin querer me estremecí y repentinamente corrí las cortinas para evitar de mirar esa cosa que me perturbaba en forma inquietante.
Más tarde dejé entrar a Loki. Bebió y comió, luego jugueteo con sus nuevos juguetes. Después lo hice recostar a los pies del sillón y también yo me recosté a leer un libro. Cuando volví a mirarlo, otra vez estaba con su pata levantada lamiéndose las bolas y la polla. ¡Guau! ¡La punta rosada de su pene sobresalía!
—¡Ufffa! … ¡Otro macho caliente! …
Susurré volviendo mi vista al libro. Pero todo esto me trajo a la mente las palabras de la consejera matrimonial antes del divorcio. Ella dijo explícitamente que un hombre tenía “necesidades”, por eso dejé que mi marido hiciera uso de mi vagina una vez a la semana. Y sin querer, me di cuenta de que estaba mirando la verga del perro otra vez.
Pensé que tal vez un animal macho también tendría “necesidades”. ¿Cómo se sentiría ser un animal? Podría pasearme desnuda con mis tetas al aire por toda la casa. Mis pezones podrían endurecerse con el aire fresco. Podría manosear mis pezones todas las veces que quisiera. Y si me siento caliente podría dejar que mi coño goteé por mis muslos. O podría frotar mi coño y meter mis dedos cada vez que me vinieran ganas. Después de todo, no habría nadie que pudiera verme y juzgarme. Nadie sabría que a veces mi coño va en llamas y me comporto como una puta. Sólo Loki podría verme, pero él no puede decirlo a nadie. ¡Oh! Podría ser como Loki que se chupa la polla descaradamente frente a mí y masturbarme frente a él y su polla rojiza.
Mirando esa cosa rosada que salía de la funda de Loki, me perturbaba y sentí la humedad entre mis piernas. Recordé que a veces mi marido me volvía loca con su polla, pero como una dama debía reprimir esos sentimientos lascivos y cochambrosos. Sin darme cuenta comencé a excitarme, mi mente giro vagaba de un pensamiento sexy a otro y la hoguera en mi panocha comenzaba a sobrecalentarse e incrementar mi natural ímpetu y libidinosidad.
Al parecer Loki olió lo que pasaba en mi conchita y se levantó a curiosear. Se acercó a la fuente de ese delicioso aroma y apoyó su pesado hocico presionando mi entrepierna.
—¡Oh, perrito! … Tu también tienes necesidades, ¿eh? …
Comencé a rasquetear su cabeza en medio a sus orejas.
—Te resulta extraño tener una nueva ama, ¿verdad? … Debes acostumbrarte a tu nueva casa, ¿no? …
El perro pareció suspirar ante mis palabras.
—Fuiste un perrito muy valiente al salvarme de ese hombre malo y sucio, ¿sabes? …
Loki lamió mi mano para demostrarme su gratitud. Traté de alejar mi mano, pero él la persiguió lamiendo mi palma, mi muñeca y mis dedos.
—Tu me salvaste a mí y yo te rescaté a ti, ¿verdad? … Creo que te has ganado el derecho de lamer mi mano … Te debo mucho … Lameme si quieres …
Observé su lengua alrededor de mis dedos y algo se estremeció en mí. ¿Todas las lenguas de los perros serán así de largas? Me pregunté.
Me relajé y volví a leer el libro, dejando mi mano al alcance de la lengua de Loki. Me resultó relajante, casi terapéutico y quizás, un poquito excitante. El tiempo voló y pronto llegó la hora de irse a dormir. Loki me siguió al dormitorio. Acomodé un tapete de lana a los pies de la cama y él inteligentemente se echó allí sin apartar los ojos de mí. Comencé a desnudarme y vi que él alzaba sus orejas:
—No hay nada de malo con que me veas desnuda, ¿verdad? …
Me quité los shorts y luego la blusa, colgué ambos en el armario. Enseguida comencé a desabrochar mi ajustado sostén.
—¡Aaaah, qué alivio! …
Suspiré; nunca dormía con sujetador y estas eran las únicas horas en que dejaba libre mis enormes pechos. Los agarré y los levanté, los aplasté y acaricié mis areolas hinchadas.
—¡Ooohhhhh! … ¡Uuummmmm! … Eso se sentía muy rico …
Mi sostén resbaló de mis dedos y cayó sobre la alfombra, me incliné a recogerlo, mis pechos se balancearon libremente con su peso.
—¡Oooooohh! … ¡Guau! …
La larga y húmeda lengua de Loki barrió entre mi entrepierna, rozando mi labia vaginal y mi fornido clítoris que asomaba protuberante entre mis labios vaginales. ¡Sigh! Mi clítoris es exageradamente grande, casi como un pequeño pene.
—¡Uuuyyyy, perrito! … ¡No hagas eso! …
Exclamé sorprendida. Por lo menos llevaba bragas, de lo contrario me habría lamido todo mi coño desnudo. Rápidamente me puse mi grueso camisón de franela, mirando indignadamente a Loki que al parecer lucía como si no hubiera hecho nada, pero me sentí expuesta y vulnerable.
Apagué la luz del dormitorio y me dispuse a dormir. Mientras yacía allí, un pensamiento cruzó brevemente por mi mente. Mi coño estaba mojado, pensé en deslizar mis dedos entre mis piernas y explorar mis húmedos pliegues, pero descarté la idea; una dama no tiene ese tipo de comportamiento, no soy una ramera ninfómana. Continué tratando de dormir, pero de repente mi cama comenzó a temblar y a moverse. Pensé que podía tratarse de un sismo, pero me equivocaba.
—¡Loki, perro malo! … ¡Bájate de la cama! …
El perro me ignoró completamente. Se giró a mí alrededor, olfateando y caminando en círculos, luego se dejó caer junto a mí.
—¡Ufffa! … ¡Bájate, Loki! …
Grité sintiendo el peso del perro que me arrinconaba en la cama.
—¡Por favor, Loki! … ¡Quítate de encima de mí! …
El perro suspiró y lanzó un resoplido, pero no se movió. Me sentí derrotada, me resigné y me acomodé para dormir con Loki a mi lado
Después de un rato de escuchar su respiración y sentir su calidez contra mi costado, pensé que tal vez esto no era tan malo. En las noches frías hasta podía ser agradable. Me recordé cuando dormía al lado de mi exmarido, pero cada vez que me acurrucaba a él, él intentaba subírseme encima y meter su polla en mí coño. Desde entonces que me acostumbré a dormir con gruesos camisones de franela que me cubrían hasta los tobillos, para mantenerme a cierta distancia del bruto de mí exmarido.
Sólo que ahora estábamos en verano. El calor de las mantas, el pesado camisón de franela y el calor del cuerpo de Loki, se volvieron insoportables. Tras un lapso de indecisión, tiré las mantas hacia los pies, lo siguió mí pesado camisón; me quedé sólo con mis bragas y volví a mí cálida y cómoda cama al costado del perro. Me sentí liberada con mis pechos al aire fresco de la noche, me giré hacia Loki que dormía y le rasqué las orejas mientras monté mi muslo desnudo sobre su suave pelaje.
—¡Vas a mantener a mami agradable y abrigada, ¿eh? …
Le dije abrazándolo, él me lamió la mejilla.
—¡Ehm! … ¡Bueno! … Tendré que acostumbrarme …
Dije limpiándome la cara con la almohada y agregué:
—Supongo que estará bien si duermes siempre conmigo …
El perro volvió a lamer mi mejilla.
—¡Oh!, eres incorregible … Perro malo …
Le dije rascándole las orejas, pero siguió lamiendo mi nariz, orejas, cuello, moviendo su cabeza de un lado a otro. Como pude alejé mi cabeza de la almohada, esto hizo que mis sinuosos senos desnudos quedaran al alcance de su lengua y Loki se abalanzó sobre ellos lamiendo todo mi escote y entre mis globos exuberantes y redondos.
—¡Oooohhhhhh! … ¡Uuummmmmm! …
Gemí al sentir su lengua rasposa sobre mis areolas y antes de que pudiera reaccionar, su lengua se enredó en mis turgentes y sensibles pezones.
—¡Uuuggghhhrrr! … ¡Para ya, perrito! … ¡Detente ahora mismo, Loki! …
Loki no me escuchó y me ignoró por completo. Era demasiado grande para que yo pudiera alejarlo. Se paró en cuatro patas y se puso casi encima de mí para lamerme mejor no solo mis pechos. Su lengua iba de una parte a otra. Un poco estaba por mi cuello y mi rostro, luego sobre mi vientre y regresaba a lamer mis pezones.
—¡Ooohhh, perrito! … ¡Detente! … ¡Por favor, para! … ¡Me tienes toda baboseada! … ¡Has mojado mi cara! … ¡Mira como has dejado mis pechos! … ¡Mi vientre está lleno de tu baba! … ¡Sí hasta mi…! … ¡Oh, cielos! … ¡Hasta mi coño está empapado! …
Me tomó totalmente por sorpresa esta repentina e intensa excitación. Es verdad, mi coño estaba bañado, pero no por la baba del perro sino por mis copiosos fluidos que brotaban de mis hinchados labios vaginales como en un torrente. No había nadie que pudiera verme o juzgarme ni avergonzarme, era solo Loki y yo, podía permitirme un momento de indulgencia y disfrutar de estas sensaciones que me provocaba mi perro protector.
No pude seguir reprimiendo mis propias necesidades sexuales, mi cuerpo se despertaba a pasiones latentes desde hacía mucho tiempo. Mi coño hormigueaba y rezumaba un caldo delicioso. Sin tener ninguna reticencia, me abandone a sobajear mis pechos y a aplastar mis tetas bien juntitas. Quería más de todo esto y de estas intensas sensaciones. ¡Mis pezones estaban duros y hormigueaban! Loki los lamió mientras yo gemía agitada debajo de él; entonces le ofrecí ambos pechos, casi metiéndolos en su hocico y sentí el rasmilleo de su lengua húmeda rastrillando repetidamente mis areolas y sensibles mamelones.
—¡Uuuyyyy! … ¡Ooohhh, perrito! … ¡No deberíamos! … ¡No podemos! … ¡Aaahhhhhh! …
Traté de protestar de todas las maneras posibles, pero no podía alejar mis tetas de la lengua de Loki, él causaba delicias en mis pechos y mi cuerpo; me estaba derritiendo bajo las lamidas de él. Pero improvisamente se detuvo y sólo lamía mi cuello y mi cara.
—¡Oh! … ¿Ahora sólo quieres besarme? … Te aprovechas de mí y quieres mi perdón, ¿eh? …
Pero Loki pretendía algo más de mí. Se dio la vuelta y se puso a hozar en medio a mis muslos, tratando de empujar y abrirlos. Quedé en estado de shock cuando terminó de colocarse de costado y pude ver la monstruosidad que pendía de su funda peluda. Una enorme polla de perro dura, rosada, medio azulada y luciente colgaba meciéndose al compas de sus movimientos. Sus colosales bolas ahora lucían grandes y apretaditas.
—¡Válgame, Dios! … ¡Pero qué polla! …
El lindo pene de Loki era más de dos veces el de mi exmarido. Muy largo y duro. Puntiagudo y con venas azulinas. Tenía una enorme bola nudosa a la base.
—¡Perrito, aleja esa cosa de mí! … ¡Es repugnante! … ¡Es cochina! … ¡Es desagradable! … ¡Es obscena! …
Intenté empujarlo, pero lo único que logré es que su polla se balanceara un poco más y me pringara con gotitas tibias de su cochino semen. ¡Eso es asqueroso, pero hipnotizante a la vez! Lo encontré francamente repulsivo, pero esa visión de ver al animal en su máxima excitación, también me afectaba. Apreté mis resbaladizos pechos y pellizqué mis pezones jadeando y sintiendo que el cosquilleo de mis pechos viajaba directamente a mi panocha, junté mis muslos lo más que pude y estimulé mi coño, prometiéndome que nada iba a entrar ahí, ni menos esa cosa gigantesca.
No había lugar a duda de que el perro estaba sexualmente excitado y comprendí que yo también lo estaba. También me hizo comprender la fuerza de esta excitación casi animal, yo estaba tan caliente como el perro. Ahora estaba claro para mí porque los hombres me miraban y lo que sentían al mirarme. Por qué algunas mujeres se comportaban como putas calientes. Porqué esta fuerza de la naturaleza se transmitía a los animales. Porqué el pene de Loki estaba duro como una roca.
Me mordí mi labio inferior cuando volví mi mirada al enorme trozo de polla de Loki. En tanto él había empujado mis piernas y lambía mi clítoris duro y erecto por sobre mis bragas de algodón. Empujaba y lambía, empujaba y lambía, para hacerse camino a mi panocha desnuda, hasta que logró correr el elástico de mis bragas y hundió su lengua en mí coño caldeado y mojado.
—¡Oh, no! … ¡Por favor, Loki! … ¡Aléjate de ahí! …
Gemí mortificada. ¡Nunca ningún macho había olfateado mi lugar femenino más sagrado! Comencé a agitar mis piernas tratando de escapar de su lengua.
—¡Grrrrrr! … ¡Woof! … ¡Grrrrrr! … ¡Woof, Woof! …
Me quedé petrificada al escuchar sus gruñidos. Él tomó mi serenidad cómo una invitación y continuó empujando con su fría nariz en medio a mis muslos. Agarró con la punta de sus dientes el borde de mi calzoncito y lo destrozó
—¡Woof! … ¡Woof! … ¡Grrrrrr! …
Gruñó haciendo añicos mis bragas. Pareciera como si supiera muy bien como descubrir un coño de hembra humana. Ahora mis regordetes labios empapados de fluidos y babas de perro se sentían frescos y desprotegidos, mí clítoris tiritaba al azote de la lengua de él.
—¡Tú! … ¡Tú! … ¡Tú! … ¡Un imbécil! … ¡Eso es lo que eres! …
Le grité muy molesta. Me agaché para levantar mis bragas hecha pedazos, pero Loki las agarró al mismo tiempo. Yo tiraba hacia mí y él en sentido contrario mientras gruñía en un modo juguetón. Perro estúpido, tal vez suponía que estábamos jugando.
—¡Mira lo que has hecho, perrito! … ¡Malo! … ¡Eres un perrito muy malo! …
Loki sólo ladeo su cara y me miró bobamente.
—¿Quieres mi bragas? … ¡Tómalas! …
Le dije tirando los pedazos destrozados de mis bragas a su rostro, pero él las ignoró. Continuaba mirándome extrañamente, entonces me di cuenta de que no eran mis bragas lo que él quería en forma persistente.
—¡Oh, no, Loki! … ¡Eso sí que no! … ¡Sácatelo de tu cabeza de perro pervertida! … ¡No lo vamos a hacer, Loki! …
Me senté sobre la cama con mis piernas cerradas y mis brazos envolviéndolas, ahora no tenía por donde alcanzar mi panocha.
—¡Tú! … ¡Tú! … ¡Tú eres peor que mi exmarido! …
Loki parecía divertido y juguetón, él se estaba divirtiendo con esta bizarra situación. Metió su nariz a la base de mis muslos y comenzó a lamerme.
—¡Perro cabrón! … ¡Para ya! … ¡Detente ahora mismo! … —Exclamé preocupada.
—¡Me estás lamiendo…! … ¡Me estás lamiendo mi …! …
Su lengua se estiraba muy cerca de mi rajita. Rozaba mi grieta tratando de escarbar en el manjar de mi femineidad.
—¡Ooohhh! … ¡Uuuhhh! … ¡Hhhmmm! …
Apreté mis glúteos. Él alcanzaba el borde de mi labia que goteaba y su lengua más se estiraba. Ahora alcanzaba a recolectar más de mi miel y mientras probaba, más aumentaba su persistencia y su fuerza. Ahora que saboreaba restos de mis fluidos, sus empujones lo llevaron a la entrada de mi hendedura.
—¡Aaahhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Uuuhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Estaba jadeando. No podía resistirme más. Entonces dejé de luchar y aflojé mis brazos. Mis piernas se separaron ligeramente. No lo quería, pero lo quería. Me rendí. La lengua malvada sondeó mi coño profundamente. Estaba extrayendo todos los jugos de mi coño con cada lamida. Me hacía cosquillas en mi vulva.
—¡Nnnnnoooooogggghhhh! … Nnnnnooooo! … ¡Nnnnnnoooooggggghhhhh! … ¿Quééééééé? … ¡Qué estás haciendo! …
Ya no tenía fuerzas de nada. La habitación comenzó a girar. Me mordí los labios. ¡Clavé mis uñas casi quebrándomelas! ¡Quería más de eso! ¡No, eso no! ¡Esa lengua era malvada! ¡Esa lengua estaba endemoniada! ¡Mis piernas se abrieron! ¡Loki hundió su hocico en mi vulva! ¡Mi agujero estaba empapado y hacía sonidos acuosos!
—¡Aaaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaaaaahhhhhh! … ¡Perri! … ¡Perri! … ¡Perrritoooo! …
Será mejor que finja que me desmayo, así dejara de lamer, pensé. Mientras me desmayaba, mi cuerpo se relajó y mis piernas se abrieron más. Ahora Loki no tenía ninguna resistencia ni obstáculo para lamerme y continuó haciéndolo como enloquecido. Loki se dio un banquete con mi coño. Bebió de mis jugos que emanaban y fluían descontroladamente con su lengua perdida en el interior de mi coño.
Mi exmarido quiso realizarme sexo oral una vez, pero yo me negué rotundamente. Pero con Loki era diferente. Los perros son animales inmorales que se lamen constantemente. Los humanos somos decentes y respetables. Aunque me daba cierta vergüenza me dejé llevar y me sentí liberada como un animal salvaje, llena de incontrolable lujuria y goce. Nadie nunca me había hecho todo esto. Solo un animal como Loki podía hacerlo. Empujé mi ingle contra su hocico haciendo giros en el aire, quería obtener más placer de esa lengua incansable. Debía hacer descender esa lengua más adentro de mí.
—¡Hmmmmmm! … ¡Sssíííí! … ¡Oooohhhhhh! … ¡Qué me está pasando! … ¡Oh, Dios! …
Sollocé mientras mi cuerpo explotaba en convulsiones espasmódicas que me hacían retorcer sobre la cama. Mis piernas temblaban como de gelatina y Loki seguía atacando mi vulva temblorosa y mi clítoris gordo y largo. Cada lamida me producía un escalofrío y un rebote. Me lamía desde abajo hacia arriba y no le importaba si mi cuerpo se retorcía y brincaba.
Había como fulgores encendidos en mis ojos y golpes eléctricos a través de mi cuerpo. No entendía que es lo que me estaba pasando. Mi coño había tenido sus momentos agradables antes de ahora, pero jamás nunca algo tan intenso como ahora. Mis muslos temblaban incontrolablemente y sutiles descargas eléctricas explotaron en mi clítoris, se desplazaban hacia los dedos de mis pies curvándolos hacia abajo, luego subían hacia mi estómago. Arqueé mi espalda, mis tetas empujaron hacia el cielo, sostuve mi cuerpo en el aire con mis brazos y empujé mi coño contra el hocico salvaje de Loki. Después perdí la noción del tiempo mientras un masivo orgasmo me destrozaba de pies a cabeza.
—¡Aaaaaahhhhh! … ¡Aaahhh! … ¡Aaaaahhhhh! … ¡Nnnnnnnnggggghhhhhh! …
Gruñí una y otra vez bajo el efecto lascivo que Loki me hacía sentir.
—¡Ummmhhhhhh! … ¡Ummmmmm! … ¡Aaahhhhhh! …
Me quedé inerte sobre la cama, exhausta, acabada, consumida, debilitada. Vi las estrellas con los ojos cerrados. Convulsivas olas de placer iban y venían. No podía aguantar más. Me enrollé sobre mí misma en una posición fetal. Loki seguía lamiendo, buscando y sondeando mi suave trasero, mis muslos y mis tiernos agujeros.
Por fin se detuvo, al parecer de algún modo se percato de que mi cuerpo no daba para más. Su pene todavía estaba duro y enrojecido. Se recostó a mi lado con su cabeza a la altura de mi hombro. Cerré los ojos y continué a recuperar mi respiración.
No sé por cuanto tiempo, Loki había permanecido a mi lado. No sé a que hora me desperté y él seguía en el mismo lugar. Cubrí mi cuerpo y el suyo con una sábana, me metí a cucharita junto a su cálido cuerpo, le susurré algunas carantoñas y acaricié su pelaje hasta que me quedé dormida.
*****
Al día siguiente me desperté liviana, extrañamente muy contenta y con mi mente despejada. Era como si me hubiera quitado un gran peso de encima. Estiré mis brazos hacia el cielo y mi autoestima creció al ver mis estupendos pechos duros y firmes. Bostecé y sonreí, los deditos de mis pies estaban todavía encorvados hacia abajo. Seguramente va a ser un esplendido día, pensé. No podía recordar cuando fue la última vez que me había sentido tan bien.
—¿Y qué es esto? …
Exclamé al ver un perro acostado a mi lado. Me había olvidado totalmente de que él estaba allí. Loki se levantó y sacudió su cuerpo y bajó de la cama de un ágil salto arrastrando la sábana y dejando mi desnudez al aire libre.
—¡Demonios! … ¡Estoy desnuda! … ¿Dónde diablos está mi camisón? … ¿Dónde fueron a parar mis bragas? …
Entonces volvieron a mí mente los recuerdos de la noche anterior y no podía creer que hayan sucedido tantas cosas aberrantes. Ni siquiera podía hacerme a la idea de que hubiesen sucedido cosas tan sucias y pervertidas. Debe haber sido solo un mal sueño. Me sentí abrumada y avergonzada. ¡Oh, no! No puedo haber sido yo quien hizo todas esas cosas. ¡No, no lo hice y basta! ¡No puedo haber dejado que un perro lamiera mi sexo! ¡Qué cosa más horrible! Debo haber sido drogada y lo hice contra mi voluntad. Tal vez fui obligada a hacerlo. Eso debe ser. Ese horrible perro me obligó a hacer todas esas cosas cochambrosas. Comencé a enojarme con el perro. Este animal me estaba resultando raro y molestoso.
Me decidí a no permitir que nada de este tipo de cosas volviera a suceder. La jefa soy yo, yo soy quien domina, él es solo un perro y yo soy su ama, me debe obediencia. Soy la hembra alfa y estoy al comando de la situación. Soy la maestra y él debe ser mi pupilo, le debo enseñar a comportarse como un varoncito dócil, respetuoso y leal. La cama estaba muy rica y hubiese querido quedarme amodorrada en el cálido lugar que había dejado Loki, pero tenía tareas pendientes que cumplir así que me levanté.
En primer lugar debía impedir que él marcara con su sucia orina su territorio en mi sala de estar. Me puse mi gruesa bata de baño. Noté mis bragas destrozadas por el suelo y las recogí. Todavía estaban húmedas; las revisé y encontré los forados que le había hecho Loki con sus afilados dientes.
—¡Oh, no! … ¡Mira lo que ha hecho este perro salvaje! …
No quise que la ira se apoderara de mí, se trataba solo de un par de bragas viejas y tenía muchas como para reemplazarlas. Me deshice de ellas, luego me fui a la sala de estar en busca de ese animal pervertido, salí de mi dormitorio sin llevar nada debajo de mí bata. Me sentí libre y liberada caminando por casa sin bragas ni camisón, sólo con mi gruesa y corta bata.
Encontré a Loki y lo hice salir al patio para que hiciera sus necesidades biológicas. Enseguida me encargué de preparar una colación para él y para mí. Llené sus cuencos con alimento para mascotas y agua fresca. La mañana había comenzado bien y el perro parecía obedecer. Cuando volvió lo dejé entrar y le mostré sus pocillos, él se puso a comer y yo me senté a la mesa con un tazón de aromático café y un pocillo de cereales.
Me tornaron a la mente los acontecimientos de la noche anterior. Me sorprendí al no sentir ninguna repulsión ante los improcedentes hechos. Lo atribuí a que el animalito es un poco estúpido y curioso, no se rige por la moralidad y decencia de los humanos, él actúa por instinto y por lo que le dicta su naturaleza salvaje. Probablemente es el comportamiento que se acostumbra en una jauría de perros; ellos se lamen sus genitales, olisquean sus traseros y tienen relaciones sexuales en completa libertad. Eso me ocasionó un inequivocable cosquilleo en mis partes íntimas. Mi mente divagaba, imaginé cómo sería ser parte de una manada. Fornicando cada vez que la madre natura lo ordenara, sin preocuparse por los cánones humanos ni la sociedad. ¡Libertad! La más completa libertad para saciar todos esos sentimientos gloriosos todas la veces que fuera posible.
Viendo las cosas desde ese punto de vista, Loki no tenía ninguna culpa, él no se había aprovechado de mí. Por mi parte yo hice todo lo posible para detenerlo y él hizo lo que hubiera hecho en la manada como cualquier otro animal. Era parte de su naturaleza, la necesidad de buscar una hembra y procrear. Él no tiene que preocuparse por lo que piensa la sociedad, él actúa por sus instintos de animal. Fugazmente pasaron por mi cabeza imágenes de Loki tratando de montarme con esa enorme polla suya. La humedad de mi coño y el cosquilleo me hicieron juntar mis muslos muy apretaditos. No podía permitirme de pensar así, soy una humana y ciertas cosas las debo controlar y reprimir, no puedo comportarme ni actuar como una perra más de la manada. Pero sin duda es excitante pensar en estas cosas.
Bajé mi mano y toqué mi coño caliente, mis dedos se mojaron. Metí mi dedo en la rajita y lo saqué para olerlo. No era para nada repulsivo. Pensé que iba a encontrar olor a pescado rancio, pero olía a fresco y limpio, solo su olor característico, terroso y almizclado. Me pregunté: ¿porque a mí perrito le gusta tanto? ¿Querrá probar un poco? Debía tratar de entender su raciocinio, me llevé mi dedo a la boca y lo lamí. No era para nada horrible. Un poco pegajoso y salado, absolutamente no sabía a orina. No es de extrañar porque le gusta así tanto. Mientras reflexionaba sobre el sabor de mi coño, escuché el tic-tic de las uñas de Loki caminando sobre el piso de baldosas. Se acercó a mí y apoyó su hocico sobre mi muslo, con sus dóciles ojos mirando hacia arriba, como para agradecerme por el desayuno.
—¡Hola, perrito! …
Le dije acariciando su suave pelaje.
—No te comportaste muy bien anoche, ¿sabes? … Hay cosas que no se le hacen a mami … Yo soy tu dueña, tu ama y yo dicto las reglas … Hay cosas que no pueden volver a suceder … A partir de ahora me debes obedecer en todo, ¿vale? …
Loki ladeo su cabeza y me miró, me pareció que sonreía cuando mostró sus dientes blancos, su lengua larga y rosada salió intempestivamente de su hocico y lamio el dedo con que yo había sondeado mi coño. Lo lamió y lo volvió a lamer repetidas veces.
—¡No! …
Grité apartando mi mano rápidamente con la intención de regañarlo.
—¡Debería llamarte “Chupetero” en vez de “Perrito” …
Le dije con un fingido enojo. Como ya no tenía mi mano para lamer, Loki busco la fuente de ese aroma y sabor, antes de que pudiera reaccionar, su olfato lo guió bajo mi bata. Sentí su húmeda y fría nariz empujando en medio a mis muslos abiertos. ¡Oh, no! ¡Otra vez, no! Pensé.
—¡Para, perrito! … ¡No hagas eso! … ¡Detén eso ahora mismo! … ¿Por qué no me haces caso? … ¡Oh, no! … ¡Otra vez no! …
Intenté volver a cerrar mis piernas, pero sólo apresé su cabeza entre mis suaves muslos. Loki ignoró todos mis intentos por empujarlo. Era demasiado fuerte para mí y él quería más de mi secreciones sabrosas. Empujó y empujó su hocico entre mis piernas logrando separar aún más mis muslos hasta alcanzar su objetivo:
—¡Hmmmmm! … ¡Ohhhhh! … ¡Perri! … ¡Perri! … ¡Perrito malo! … ¡No, perrito! … ¡Eso no es para ti, perro malo! …
Le grité muchas veces, pero ya su lengua rozaba mi clítoris turgente y seguía avanzando más contra mi coño cremoso y mojado. Sus empujones lograron separar aún más mis piernas.
—¡Por favor, perrito! … ¡No hagas eso a mami! … ¡Nnnnnoooooogggghhhh! … ¡Uuuggghhhrrr! … ¡Ahhhhhh! …
Gruñí y gemí luchando contra él y su lengua mientras mi cuerpo se encorvaba y empujaba mis tetas hacia adelante y hacia arriba. Estaba haciendo lo mismo de anoche. Su cálida lengua lambiendo mi coño jugoso y caliente. Eché mi cabeza para atrás crispando mis manos mientras su lengua se introducía en las profundidades de mi panocha empapada haciéndome sentir exquisitas sensaciones que recorrían mi cuerpo y mí excitada vagina.
—¡Santo cielo! … ¡Sí que eres persistente! … ¿Acaso no escuchaste lo que te dije? …
Tenía que alejarme de su lengua deliciosa, larga y húmeda, de lo contrario estaría gimiendo y gozando en la silla de mi cocina como la ramera de Babilonia, descrita en el Apocalipsis. Me puse de pie, mis rodillas estaban débiles, mi coño mojado, necesitaba una ducha. ¡Sí! Necesitaba limpiar mi cuerpo de todos esos repugnantes fluidos con gérmenes caninos y recuerdos apestosos. Lavar de mi mente las sensaciones sexuales de esta chifladura demencial que estaba sintiendo. ¿Eso es exactamente lo que necesitaba! Una ducha agradable y caliente que exorcizara estas ricas pero demoniacas sensaciones que me abrumaban por completo. Sola en el baño podría diseñar una estrategia para hacerle frente a este perro porfiado y a su lengua larga, húmeda, cálida y asombrosamente exquisita.
Loki meneó la cola cuando me paré frente a él. Saltó sobre mí y casi me derriba. Sali a toda prisa de la cocina ajustando mi bata alrededor de mi cuerpo desnudo. Me perseguía el tic-tic de las uñas de Loki al resbalar sobre el piso flotante de la sala de estar. Su nariz casi empujaba mi trasero y su lengua barrió mis nalgas casi rozando la hendedura desde donde irradiaba el aroma que a él lo volvía loco.
—¡Para ya, perrito! … ¡Para! … ¡Para! …
Le espeté cuando me giré y me paré frente a él. Él ladró y se acercó más a mí, metió su nariz bajo el dobladillo de mi bata y logró levantarla, ¡Y me lamio mí coño!
—¡Uuuuhhhmmm! … ¡No! … ¡No! … ¡No, Loki! … ¡Ahhhhhhh! … ¡Uggghhh! … ¡Umpf! …
Su lengua me hacía enloquecer. Mis piernas se abrieron y empujé mi ingle contra su lengua, pero esto estaba muy mal y se estaba saliendo fuera de mi control. Como pude me sobrepuse, cerré mi bata y junté mis piernas baboseadas, luego hable alto y seriamente apuntándolo con un dedo:
—¡Mira, perrito maricón! … ¡Detente ahorita mismo! … ¡Debes dejar de lamer mi coño! … ¿Entendiste? … ¡No puedes hacer esas cositas a mami, eh!
Cuando dije la palabra “coño” Loki movió la cabeza, hizo una especie de baile y me miró con ojos ansiosos y cargados de apetito sexual; al parecer ya conocía esa palabra. Sin reticencia alguna volvió a meter su cabeza bajo mi bata y chocó con la protuberancia de mi gran clítoris que sobresale de entre mis labios mojados, esto me provocó un escalofrío tremendo y empujé mi culo hacia atrás ocultando mi panocha entre mis muslos.
—¡Hmmmmmm, cielos! … ¡Maldita lengua! …
Tenía que encontrar el modo de escapar. Loki ya no me escuchaba. Sus instintos estaban desatados y creyó de estar con la hembra de la jauría y lo único que entendía eran sus naturales impulsos de perrito salvaje. Intenté salir corriendo, pero Loki estaba enredado entre mis piernas. Caí al suelo, no me hice daño, pero cuando intenté ponerme de pie, Loki metió su hocico dentro de mi panocha.
Mi bata se había arremangado por sobre mi trasero, estaba ahí de rodillas con mi coño expuesto hacia atrás, eso era lo que él estaba esperando. Metió su lengua lo más profundo que pudo y lamió mi coño con esa larga lengua intrusa. Me lamía y mojaba cada vez como para prepararme para algo más.
—¡Ohhh, Loki, por Dios, detente! … ¡Ummmmmmm! …
Me tenía paralizada y subyugada por las intensas sensaciones que me provocaba cada lamido de mi coño abierto y palpitante.
—¡Ooohhhhhh, ummmm, Dios! … ¡Por favor detente, perrito! …
Y Loki por fin se detuvo.
—¡Gracias, Señor por haberme escuchado! …
Pero nada había terminado. Loki saltó encima de mi espalda con todo su peso corporal, inmovilizándome.
—¡Uuuffff! …
Me quejé, entonces sentí sus peludas patas contra la parte posterior de mis muslos.
—¡Oh, no! … ¡Bájate inmediatamente! … Pero ¿Qué haces, perro loco! …
Le grité cuando sentí un firme golpe pegajoso y caliente contra mi trasero. La polla de Loki se deslizó por encima de mis nalgas, siempre más cerca de mi coño húmedo y resbaladizo.
—¿Quééé? … ¿Qué pretendes, perrito perverso? … ¡Quítate de encima mío! …
Moví enérgicamente mi culo para despistarlo, pero no tuve éxito. La dura polla de Loki se deslizó en el surco de mis nalgas dejando un rastro viscoso y húmedo, posándose al ingreso de mi cerrado agujero.
Empujó y hábilmente la punta de su polla se deslizó en mi conchita lubricada. Loki sintiendo mi calidez, hundió profundamente su polla de perrito. ¡Guau! ¡Qué maravilla! Inmediatamente inició un alocado mete y saca, aferrándome firmemente con sus garras filudas, rasguñando a sangre mi delicada piel.
—¡Nnnngggghhhhrrrr! … ¡Perrito! … ¡Perrito! … ¡Uhhhhhmmmmm! … ¡Oooohhhhhhh! …
Loki me estaba violentando. ¡Violada por un perro! Sacudí mi trasero y mi cuerpo entero, pero nada sirvió para sacármelo de encima. Era demasiado fuerte, pesado y resistente. Me di cuenta de que él no me dejaría ir.
—¡Oh, no! … ¡Oh, no! … ¡Oh, no! …
Gemí balbuceante, esperando que todo terminara pronto. Intenté arrastrarme, pero Loki era demasiado fuerte y solo logré que me apretara más entre sus zampas. Me follaba a una inaudita velocidad, furiosamente. Quizás al relajarme y entregarme, pude apreciar la dureza y tamaño de su polla. El dolor se había evaporado y me sentí en el séptimo cielo. Era la gloria. Hacía mucho tiempo que mi coño no apretaba una cálida y dura polla en mi interior.
Sus bolas pesadas y colmadas de tibio semen se balanceaban hacia adelante y hacia atrás golpeando mis muslos y de tanto en tanto estrellándose deliciosamente contra mi clítoris. Sus veloces empujones se sentían deliciosos. Su polla ocupaba toda mi panocha, estirando mis pliegues vaginales a desmesura, introduciendo y sacando su verga una y otra vez haciendo gotear mi hinchado coño. Loki pretendía impregnar su semilla en mi conchita y dejarme preñada, estaba sintiendo tantas y extrañas sensaciones cuando él me anudó por completo y comenzó a bombear su lechita profundamente en mí.
—¡Ay, perrito! … ¡No hagas eso! … ¡Por favor, no! … ¡No me hagas el amor así, perrito! …
Mi coño se había hecho demasiado estrecho para la bola de Loki y ya no pudo salir, estábamos pegados como perro y perra. Mi clítoris estaba inflamado y cosquilleaba. La sorpresa y el dolor inicial pronto desaparecieron. Con asombro absoluto sentí un estímulo de cachondez salvaje e indomable, me agradaba sentirme pegada al pene de Loki, me gustaba ser su perra alfa, me sentí en la gloria y feliz de ser una hembra indómita. Me estaba convirtiendo en una animal salvaje en mi propia sala de estar. No había nadie que me pudiera juzgar o avergonzar, eso me permitió sentirme libre y entregarme plenamente al apareamiento con mi amante peludo.
Mi cuerpo respondía intensamente y cedí a las sensaciones nuevas que la polla de Loki me hacía sentir. Ansiaba el mismo alivio que me había hecho sentir anteriormente con su lengua. Sabía que no estaba bien lo que estaba haciendo, pero mis sentidos me compelían a entregarme a mi amante sin reticencias, era lo que me exigía mi cuerpo; liberarme de todas esas ideas arcaicas y primitivas que no me permitían gozar del placer salvaje que me regalaba Loki con su espléndida polla.
La pasión se encendió y mi cuerpo se excitó de verdad, su polla estimulaba mi fórnix vaginal y me hacía sentir una conexión especial con la gran verga de perro, él era salvaje y me hacía sentir de ese modo empalada en su enorme polla. Por mera educación no estaba habituada a hacer uso de un lenguaje coprolálico, pero ahora me sentía liberada, salvaje y madura como para hacerlo, así que dije:
—¡Que carajo de polla, perrito! … ¡Rómpeme la concha con esa hermosa verga tuya! … ¡Revienta mi coño con tu lechita caliente! … ¡Culéame bien perrito rico! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! …
No había nadie que me escuchara hacer de puta para Loki, así que no me preocupaba de decir todas esas, es más, las estaba sintiendo dentro de mí por primera vez con su pija revolviendo completamente mí agujero pequeño y jugoso.
Mi exmarido nunca supo estimularme y muchas veces cuando él me penetraba me sentía violada, porqué él era un poco bruto para hacerlo y no me dejaba alcanzar algún grado de excitación, por lo que me causaba dolor. En cambio Loki era un amante perfecto, me lamía hasta volverme loca y después con su pene me hacía volar y ver estrellitas de todos los colores. Sus garras afiladas me rasguñaban, pero ese dolor no hacía más que inflamar mi coño.
—¡Oh, qué rica verga tienes! … ¡Soy una meretriz! … ¡Me haces sentir como una ramera! … ¡Soy una puta! … ¡Una puta! … ¡Una maldita puta cachonda! … ¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Oh, Dios! … ¡Umpf! … ¡Fóllame! … ¡Fóllame! … ¡Fóllame, perrito! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! …
Esto era sexo. Es así como tiene que ser el sexo. ¡Así es como se debe sentir! No recatado ni reservado, sino salvaje e indómito, jugoso y obsceno. No se puede resistir el sexo, sino acogerlo y saborearlo. Levanté mi cabeza y gemí audiblemente mientras la inmensa polla de Loki estaba atorada en mi conchita y peligraba de hacerme arrastrar por su poderío. Casi tenía ganas de aullarle a la luna como una perra en celo, siendo follada en las praderas.
Mi conchita estaba convertida en un fuelle como un bandoneón expandiéndose y contrayéndose para acomodar la inmensa polla de Loki y haciendo sonar las notas de una amor salvaje y bestial. Yo rebotaba en su polla larga, gruesa y nudosa y él aplastaba mi panocha contra sus bolas y peluda vaina. Sus bolas rebotando como un punching-ball de campeones.
—¡Joder, perrito! … ¡Fóllame así rico! … ¡Nnnngggghhhh! … ¡Házmelo rico como la puta que soy! … ¡Soy tu puta! … ¡Soy una perrita puta! … ¡Aaaahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Su polla y su nudo extendiendo mis labios una y otra vez. Esto era totalmente diferente a cualquier cosa que haya hecho antes, esa polla reclamaba mi panocha y se negaba a abandonarla, la amarraba y la anudaba haciéndola cautiva.
Al principio el nudo parecía pequeño, pero firme. A cada embestida de Loki parecía ir ganando consistencia, se engrosaba y se hacía más duro. Las sensaciones placenteras eran nuevas, se inflaba e inflamaba mi punto G. Mi cuerpo convulsiono alocadamente. Él me tenía firmemente atada y empujaba su polla profundamente, tirándome hacia adelante y hacia atrás. Mi pobre coñito estaba estirado al máximo.
—¡Unnnggghhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Dios, qué cosa más maravillosa! …
El pene de Loki estaba hecho para mi vagina, creció y bloqueó mi anillo vaginal haciéndose demasiado grande para volver a salir. Mi coñito estaba completamente tapado y no había forma de quitarlo, solo esperar que se desinflara lo suficiente para que volviera a salir. Debería haber estado preocupada, pero las sensaciones me abrumaban y me hacían estremecer con un goce alucinante, los deditos de mis pies parecían enloquecidos y mis pies estaban encorvados hacia abajo y flexibles. Estábamos atados. Yo perra y él perro, ahora no había diferencia, éramos dos animales.
Loki daba saltitos como si quisiera encaramarse sobre mi espalda, esto hacía que rasguñara mi piernas, pero eso no me importaba porque el movimiento masajeaba mi punto G haciéndome ver estrellas, de todos modos pensé que en una futura actividad debía calzarle algunas calcetas en sus zampas afiladas. Repentinamente lo sentí gemir, lanzó un aullido tenue y se tensó brevemente, luego dejó de moverse en forma alocada, ya no me follaba, pero sentí las pulsaciones de su verga cuando explotó y comenzó a verter su cálido esperma canino directamente en mi matriz. Me sentí más perra que nunca. Él estaba dándome su semilla eyaculando con copiosos chorros cerquita de mi útero, inundándome toda. Teniéndome firmemente atada y colmando mi panocha con su lechita con su deseo de que le diera muchos cachorritos. Sé que es biológicamente imposible, pero hay veces en que soñar no cuesta nada. Entonces me llegó mi propio orgasmo:
—¡Nnnnggghhhaaaaa! … ¡Perrito rico! … ¡Me corro! … ¡Me corrooooo! … ¡Que rico que me haces acabar! … ¡Ahhhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhhh! … ¡Aaahhhhhhh! …
Mi coño explotó en convulsivas contracciones. Sentí dolor y sentí un goce demencial. Perdí la noción de donde estaba y ni siquiera sabía mi nombre. La única sensación era el mar de lechita que colmaba todos los espacios de mi vagina, creí reventar, pero algunos chorritos ruidosos salieron expelidos de mi apretada conchita aliviando un poco la presión.
Un corrientazo eléctrico me hizo temblar toda. Mi coño estrujaba la polla de Loki extrayendo toda su crema deliciosamente candente. Mis tetas se movían hacia atrás y hacia adelante con los empujones que esta vez le daba yo a la polla de él. Metí mi mano y acaricié mi clítoris, pero estaba demasiado delicado y el solo roce me hacia sucumbir en otra ola de espasmódicos escalofríos, mejor pellizqué mis pezones para aliviar el escozor.
—¡Assííí, Loki! … ¡Dámela toda! … ¡Dame tus perritos! … ¡Préñame! … ¡Déjame llena de tus crías, perrito rico! … ¡Aaaahhhhhhh! … ¡Aaaahhhhhhh! …
Levanté mi trasero y puse mi cara sobre la alfombra para que él descargara hasta la última gota en mi coño apretado. Parecía que la polla de Loki estuviera electrizada porque toda mi grupa temblaba en forma incontrolable y las chispas explotaban en mi cabeza. Otra vez metí mi mano entre mis piernas y toqué las bolas de Loki, estaban más chiquitas y livianas, toda su carga estaba dentro de mí y me dichoso trasero todavía tiritaba.
Ahora él ya no se movía y comencé a tratar de recuperarme luego de esas colosales sensaciones de lujurioso goce. Podía escuchar los afanosos jadeos de este maravilloso animal encima de mi espalda, su aliento caliente levantaba los vellitos de mí nuca. Su polla larga y dura seguía enterrada profundamente en mi coño.
—¡Oh, perrito rico! … ¡Ummmmm! … ¡Hmmmmm! … ¡No sabía que me podías hacer sentir tan rico, perrito rico! … ¡Eres un granuja! … ¡Un bribón rico y grande! …
Nos quedamos pegaditos recuperando nuestras respiraciones, afortunadamente él no hizo ningún tirón como para zafarse de mí y, cuando lo hizo, aferré sus patas traseras y él se quedó inmóvil otra vez.
—¡¡Quédate donde estás y no te muevas!! …
Le pedí. No me importaba estar así sometida. Me encantaba sentir su cuerpo cálido y sentir su magnifica polla dentro de mí, no quería que la sacara y me dejara vacía y fría. Esto era como estar abrazados después de un magnífico coito de parejas.
—¡Hmmmmmm! … ¡Follaste tan rico a mami, perrito! …
Me volteé y él me lamió la cara, pero no me molestó su baba, me encantó su afecto.
—¡Está bien … Tu puedes besarme, perrito! …
Mientras buscaba de secar su baba de mi mejilla, él tiró y su polla salió disparada de mi panocha junto a un arroyo de semen y fluidos. Me sentí desfallecer y me dejé caer sobre la alfombra con mis piernas plegadas. Él tan caballeroso, vino y lamió mi goteante conchita desde atrás sin perturbar mi laxitud que me llevó a amodorrarme ahí mismo. Estaba exhausta.
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