Mejorando mi autoestima con mi hijo.
por
Juan Alberto
género
incesto
El clima había sido tal cual lo había pronosticado la meteoróloga de la televisión, caluroso y húmedo. Estaba a la orilla de la piscina disfrutando de la brisa marina y el sonido mágico de las olas del océano Pacifico que llegaban desde lejos. Mi marido se había ido en viaje de negocios y yo había decidido quedarme y disfrutar del sol y del hermoso césped recién cortado.
Así que salí a la terraza de la casa para sentarme en mi tumbona con mi toalla de playa y un libro; solo mi hijo, Luciano, estaba jugando con su celular a unos metros de allí, pero se protegía bajo una amplia sombrilla de playa.
Era bien raro ver a una mujer en las condiciones en que me encontraba yo vistiendo un traje de baño de dos piezas. Pero estamos en el siglo XXI y ya nada nos sorprende. Mi bikini era rosado y permitía que mi barriga embarazada expuesta se broncee al igual que todo el resto de mi cuerpo. Además, mis cabellos claros parecían mucho más rubios bajo el resplendente sol.
Me di cuenta de que mi hijo ya no estaba concentrado en su celular, él me estaba mirando. Con mi gafas oscura él no se había dado cuenta de que yo lo había notado. Trata de fingir de que no me mira, pero puedo ver que una y otra vez sus ojos me observan con insistencia.
Me siento muy extraña al observar que mi hijo me está fijando atentamente con sus ojos. Me siento juguetona. Tal vez sea buena idea burlarme de él, porque sé que el muy cabrón está mirando mi panza y mis crecidos senos. Tal vez él no lo sepa, pero justo en este momento estoy deseando tener la atención de un hombre. Decido ponerlo a prueba.
Bajo mi libro y miro mi enorme panza de embarazada. Paso mi mano lentamente sobre mi abultado vientre fingiendo que mi hija que flota al interior de mí se está moviendo. Dejo que mi mano permanezca allí explorándola. Luciano me mira todo el tiempo. ¿Por qué mi hijo me mira cuando la mayor parte de los hombre me ignoran? Estoy en el último mes de mi embarazo. Sé que soy bonita. Los hombres solían mirarme y coquetear conmigo. Pero después de ocho meses de embarazo no me miran ni siquiera por curiosidad con esta enorme panza.
Mi autoestima decae sintiéndome un poco fea y deseable. Los hombres ya no me encuentran hermosa. ¿Por qué estando embarazada me he sentido más sexy que nunca en toda mi vida? Y no sólo sexy, también mis ganas se han incrementado. Espero que en algún lugar del mundo haya hombres que encuentren deseables a las mujeres embarazadas.
Y al parecer aquí en el patio trasero de mi casa he encontrado a ese hombre. Pero él es mi hijo. ¿Qué puedo hacer? Siento los ojos de él sobre mí y un sentimiento indescriptible atraviesa todo mi cuerpo embarazado. Es como si se hubiera abierto una válvula dentro de mí. Aprieto mis muslos estrechamente y pienso solo al sexo.
Mi marido no quiere nada conmigo. ¡No sé por qué! ¡Oh, sí, él es agradable y buen proveedor, pero desde cuando estoy embarazad él se ha ido alejando de mí haciéndome sentir terriblemente mal y no quiere tener sexo.
Mi embarazo está tan avanzado, mi vientre es enorme y parece que mi ombligo se fuera a reventar, mi coño se ha hinchado, mis pechos son como dos melones, grandes y pesados. Mis areolas se han hecho más oscuras y grandes. Mis pezones se han vuelto gruesos y duros preparándose para dar de amamantar a mi bebita.
Además, se han vuelto sensibles a cada roce y mi coño se moja al sentir estimulación en ellos. Todo lo que tengo está ahí para mi marido para cuando él me quiera. Pero él no me quiere. He intentado habar con él al respecto. Pero él no me escucha y no se da cuenta de lo mucho que pienso en ello; de lo mucho que lo necesito. En cosa de segundos puedo pasar de ser una futura madre recatada y conservadora en dulce espera de su hijita, a una mujer descarrilada de los barrios bajos del puerto y convertirme en una mesalina dispuesta follar a una tripulación entera de marineros borrachos. Y pienso cada vez más a menudo en ello. ¡Oh, como me gusta el uniforme de los hombres de mar! ¡Son tan lindos!
A momentos estoy bien. Y al siguiente anhelo y sueño una polla que esté masajeando las acogedoras paredes de mi vagina, deslizándose dentro de mí, frotando, restregando, ¡satisfacer mi hambre por una verga se apodera y abruma todos mis pensamientos!
Mi marido sabe perfectamente de lo que soy capaz cuando me pongo en modo de “Puta cachonda” y le suplico de darme su polla y follarme hasta hacerme perder los sesos. Pero en este último tiempo no hace nada al respecto. Me ignora, el muy imbécil. Cuando recién nos casamos me avergonzada de andar siempre detrás de él codiciando su polla. Me ponía de rodillas para chupársela toda vez que tenía la ocasión de hacerlo y él nunca me fallaba, siempre terminaba follándome duro hasta dejarme loca, pero satisfecha. Ahora no lo hace.
Tengo tanta hambre de sexo que puedo pasar horas sola en mi cama complaciéndome a mí misma con mis dedos, jugando con mí clítoris, metiéndome todo tipo de juguete en mi coño necesitado hasta correrme. Es muy frustrante porque no me satisface del todo. Pero tengo la necesidad de hacerlo. Creo que merezco mucho más que eso.
Y aquí de repente me encuentro con mi hijo; Luciano, prendado de mi panza y mi bikini rosado, mirándome de un modo que me inquieta. No me importa lo que piensen los demás. Hare de todo para que él siga mirándome. Necesito ser tomada en cuenta. Hace mucho tiempo que nadie me mira y esta es una oportunidad que no puedo dejar pasar. Necesito que él me mire, que me preste atención, que no me ignore.
Me quito las gafas de sol en forma casual y finjo de no notar que él me esta mirando. Busco algo en mi bolso de playa. Saco la loción para bloquear los rayos UV. Lo aprieto en la palma de mi mano y deslizó los tirantes de mi bikini para descubrir mi escote y comienzo a aplicar suave y diligentemente la loción desde mis hombros desnudos y desciendo frotando sobre mi decolté, casi en el surco de mis grandes tetas de embarazada. Las yemas de mis dedos embadurnadas con el protector solar las meto bajo la costura de mi sostén y espalmo cuidadosamente los lugares que podrían quemarse con el sol, mi piel es blanquísima y muy sensible a los rayos solares. Vuelvo a colocar las amarras de mi sostén sobre mis hombros. Aprovecho de ajustar mi bikini para que mis pesados pechos se acomoden en sus copas confortablemente.
Mis movimientos son lentos y estudiados, no quiero que él se pierda ningún detalle, sé que sigue mirándome. No puedo inclinarme para mostrarle lo grandes y pesadas que se han vuelto mis tetas, mi panza de ocho meses me lo impide.
Me siento en la tumbona con mis piernas bien abiertas, la parte inferior de mi bikini apenas cubre mi panocha, mi barriga lo arremanga hacia abajo. Como puedo aplico bloqueador solar en cada una de mis piernas de forma muy deliberada debido a las complejidades que me presenta mi panza de embarazada.
Otra mujer se cuidaría de dar este exhibicionista espectáculo dada mi condición. Pero a mi no me importa nada. Trato de darle diferentes visualizaciones de mi gordo coño embarazado empujando la delgada tela de mi bikini, para el deleite de sus ojos. Puedo sentir que él me mira atentamente, esta visión es solo para él.
Utilizo ambas manos lentamente en la parte interna de mis muslos, estirando la tela entre mis piernas y haciendo más evidente mi gordo coño. El esplendido sol está cálido, sacudo mi cabello sedoso. Me levanto de mi silla. Aprieto más bloqueador en la palma de mi mano. Suavemente lo aplico sobre mi panza hinchada, no quiero tener estrías. No me preocupo si él me mira o no, pero siento que me contempla con mucha atención. Espalmo la loción protectora por todos lados, incluso probando mi ombligo que parece salido de su lugar.
A tres metros de distancia, Luciano continua embelesado a mirar mi sensual ritual privado que proporciono sólo para él. Observa cómo mis manos se deslizan suaves sobre mi vientre panzudo y saliente, hasta que me he asegurado de que cada parte haya absorbido un poco de protector; los costados hinchados, la parte inferior donde casi se ven mis vellos púbicos, cada centímetro de piel que envuelve a mi hija que flota dentro de mí, haya sido atendido con amor. Él no lo sabe, pero hay más.
Me giro y le doy la espalda, intento alcanzar toda mi espalda con bloqueador solar, me muevo de una cadera a la otra coquetamente. Él puede ver claramente la plenitud y firmeza de mis nalgas cubiertas por mi bikini rosado. No tengo muchas caderas y mi cintura está ancha, mi panza de embarazada asoma por ambos lados. Me inclino para ponerme loción en la parte posterior de mis piernas para que él no se pierda de ver bien mi trasero, tal vez desde atrás podrá darle un vistazo a mi coño hinchado que se abulta entre mis piernas por mi ajustado bikini. Espero que no se haya perdido eso.
¿Cómo hacer para que él también me des placer a mí? Decido que tal vez sea una buena idea caminar junto a la piscina para refrescar mis pies en el agua. Él se endereza y mi contempla. Paso junto a él, lo miro a los ojos y le sonrío, mi hijo también me sonríe.
Me siento al borde de la piscina afirmándome en las barandas de la escalera que van al agua, miro por encima del hombro y lo veo sentado en su tumbona indeciso, todavía me estás mirando. Veo que mete de aparte su celular y se alza para venir cerca de mí. Espero que podamos hablar cuando esté junto a mí. Estoy ansiosa y expectante. Se sienta a mi lado e iniciamos una pequeña charla.
Veo lo guapo que se has formado. Es un chico atento y agradable. Me pregunta sobre la bebé, me felicita y me dice lo bella que me veo con mi inmensa panza. Le hablo como me hace sentir mi embarazo. Le digo que estoy muy sensible y que el calor me afecta. Le pido que regresemos a casa, al aire acondicionado. Me ayuda a levantarme y nos encaminamos por el césped a las puertas francesas que son el ingreso a casa.
Mi mente se acelera. En casa no hay nadie, mi marido está en viaje de negocios y estaremos solo Luciano y yo. En poco tiempo mis pensamientos se ven abrumados por pecaminosos e ilícitos pensamientos al pensar de estar a solas con él.
Luciano me toma del brazo y caminamos hacia la casa. Me ha tocado. Sus ojos no dejan de mirar mi barriga de embarazada. Es obvio que también mira mis grandes tetas. Intenté no ser tan obvia al respecto, pero ahora lo soy y él lo sabe. Meto mi panza hacia adelante y empujo mis pechos. Llegamos a la casa y tal como hacemos siempre, nos enjuagamos los pies antes de entrar en casa. Luciano es tan lindo que me seca los pies con su toalla y su vista se va a mi entrepierna.
Cerramos las puertas francesas detrás de nosotros. Se ofrece a acompañarme a mi habitación al piso superior. Tomada de su brazo subo las escaleras. Entramos a mi dormitorio y me siento sobre la cama. Entonces le digo:
—¡Luciano … Vi cómo me mirabas ahí afuera! … Eres muy diferente a tu padre … Él ni siquiera sabe si existo … No le gusta verme embarazada …
Mira fijamente mi vientre preñado y mis pechos hinchados.
—¡No soy como mi padre, mamá! … ¡Veo que luces preciosa! … ¡Una hermosa mujer embarazada! …
—Sí … Pero no tienes idea de lo mal que me hace sentir … ¡Oh, Dios! … Me hace sentir sola y no me ayuda con mis sentimientos … Necesito su compañía y no solo para hablar, ¿me entiendes? …
—¡Ehm! … Bueno … Yo …
—Sí … Lo sé … Tu no sabes como se puede sentir una mujer embarazada …
—¡Ehm! … ¡No! …
—¡Te lo digo yo! … ¡Me cuesta dormir! … ¡Me duelen los pies y mi espalda! … ¡Mi autoestima está por los suelos porque mi marido no quiere tocarme! … ¡Me estoy volviendo loca porque alguien me toque! … ¡Y estoy aburrida de buscar yo sola una solución! … ¡La mayoría de las mujeres embarazadas se sientan igual que yo! … Tenemos sentimientos y necesidades, ¿lo sabías? …
—¡Ehm! … ¡Bueno! …
—Ver como me mirabas ahí afuera me hizo sentir muy sexy, ¿sabes? … Y eso es lo que necesito ahora mismo, Luciano … Necesito que alguien me haga sentir deseada … Eso es lo que tu me hiciste sentir, ¿sabes? … Y ahora estamos aquí tu y yo solos …
—¡Bueno … Sí! …
—¡Oh, se mueve! … ¡Puedo sentir que tu hermanita se mueve! … ¿Quieres sentir? …
Tome su muñeca y tiré de su mano sobre mi vientre.
—¿La sientes? … ¿Puedes sentirla que se mueve dentro de mí? …
Moví su cálida mano por mi vientre embarazado.
—¡Oh, Dios! … ¡La siento! … ¡Ella se mueve, mami! …
Puedo ver que él está emocionado. Me siento contenta, he logrado mi objetivo, he conseguido que él me toque.
—¡Qué rico que se siente tu mano en mi vientre, hijo! … ¡Necesitaba que alguien me toque! … ¡Es tan relajante, tan reconfortante y no quiero que te detengas! … ¡Nunca nadie sabrá de esto! …
—¡Ehm! … ¡Sí! …
—¿Por qué dudas? …
—¡Ehm! …
—¿Te animas si te muestro más de mí? …
—¡Bueno! … ¡Sí! …
—¿Qué tal si te muestro mis pechos? … ¿Quieres que me quite mi sostén? …
—¡Ehm! … ¡Sí! …
Estiro mis brazos detrás de mí para desatar el nudo de la parte superior de mi bikini y deslizo los tirantes sobre mis hombros, arrojándolo a los pies de mi cama.
—¡Míralos, Luciano! … ¿Ves lo llenitos que están? … ¡Son pesados! … ¡Se están llenando de leche para tu hermanita! … ¡Mira lo ancho que se han puesto mis areolas! … ¡Lo duros, gruesos y grandes que han crecido mis pezones! … ¿Te gustan! … ¡Puedes decírmelo, nunca nadie lo sabrá! …
—¡Ehm, sí! … ¡Se ven lindos! …
—¡Déjame tomar tus manos y ponerlas sobre mis senos! … ¡Eso te va a gustar! …
—¡Ehm! … ¡Bueno! …
—¡Tus manos son tan fuertes! … ¡Que rico que se sienten sobre mis senos! …
—¡Son duritos, mami! …
—¡Pasa tus palmas sobre mis pezones! … ¡Siente como están de duros! … ¡Apriétalos, Luciano! … ¡No tienes idea cuanto necesitaba que me toquen de esta manera! … ¡Mi marido ni siquiera me besa ahí! … ¡Bésalos, Luciano! … ¡Besa mis pezones! …
—¡Muac! …
—¡No, así no! … ¡Tómalo en tus manos! … ¡Siente su peso y chúpamelos! … ¡Hazlo, Luciano! …
Mientras él comenzaba a magrear mis senos y chupar mis pezones, desabroché sus shorts y los tiré hacia abajo.
—¡Oh, Dios, Luciano! … ¡Mira lo duro que estás! … ¡Qué linda virilidad, muchachote! … ¡Pero si estás tan cerquita de mi cara! … ¿Puedo tocarlo? … Nadie se enterará, ¿sabes? …
Estiré mi mano y lo envolví con mis dedos, no era tan largo, pero no pude envolverlo con toda mi mano, era demasiado grueso, mi coño empapado se volvió una laguna. Los ojos de Luciano se abrieron como platos cuando acerqué mi boca y le di un besito a su enorme cabezota pomposa y caliente.
—¡Es solo un besito, Luciano! … ¡Mami le está dando un besito a tu linda cabezota, cariño! … ¡Nadie va a saber de esto! … ¡No te preocupes! …
Entonces me incliné le di una lamida desde sus bolas hasta la cabeza y me metí la puntita en la boca para rodearlo con mi lengua y saborear esas gotitas que comenzaban a aflorar de su diminuto agujero a la cima de su linda polla. Luciano dio un sonoro gemido mientras apretaba sus puños.
—¡Es solo una lamida, bebé! … ¡Tu polla está linda y sabe como un cono de helado! … Eso es muy rico, ¿sabes?… Me encanta pensar que me como un chupete helado … Déjame chupetearlo un poco más, ¿vale? …
Sostengo su maravillosa polla entre mis labios y lo succiono pensando en degustar un delicioso helado de vainilla.
—¡No me detengas, Luciano! … ¡Mami se siente bien haciendo esto! … ¡Nadie lo sabrá! … ¡Nadie mira a mami y se excita como tú! … Quiero tu polla en mi boca, ¿sabes? …
Con una mano ahueco sus bolas arrugaditas y llenas de lechita; con la otra magreo su polla deslizando su prepucio hacia arriba y hacia abajo. Lo engullo. Trago su polla profundamente hasta tocar mi garganta, contengo un connato de nausea, su gruesa cabezota me atosiga y ahoga, pero se siente exquisitamente llenando mi boca. Esparzo mi saliva por todo su pene; juego con su cabezota y hago burbujitas con las gotitas de su fluido preseminal.
—¡Uhhhhhh! … ¡Qué delicia, bebé! … ¡Juega conmigo, Luciano! … ¿Te gustan mis tetas gordinflonas? … ¡Juega con ellas, cariño! … Mami se siente bien si las tocas, ¿sabes? … Puedes pellizcar mis pezones si quieres …
Chupo su polla, lamiéndola, succionándola, soplándola, estirando su semen mezclado con mi saliva. Quiero chupar la polla de mi hijo como nunca antes he chupado ninguna otra pija. Me encanta. Babeo por todos lados y el gime y mueve su cabezota como follando suavemente mi boca. ¡Que tierno mi hijo! Está abultado y tremendamente duro.
—¡Qué rico que estás así de duro para mami, querido! … ¡Quiero chupártelo más y mejor! … ¡Lo voy a llevar profundamente dentro de mi boca! …
Lo siento empujar mi lengua fuera del camino. Lo sigo lamiendo y chupando, hasta que choca contra la parte posterior de mi garganta. Siento que me ahogo con su cabezota enorme, pero no me importa. Tengo que lograr tragarlo todo. Es la linda polla de mi hijo.
—¡Oooohhhh! … ¡Uuuugggghhhh! …
Luciano gime y esto me insta a forzar su polla dentro de mi garganta, no me importan las náuseas, no me importa si me ahogo. He manchado su ingle con mi rímel rojizo. Mi saliva escurre hasta sus bolas y él folla mi boca tierna y delicadamente.
—¡Mira a mis ojos mientras chupo tu polla! … ¡Fóllame la boca y oblígame a salivar! … ¡Úsame como tu pequeña puta embarazada chupadora de pollas! … ¡Mira mis bonitos ojos verdes que observan como tu polla entra y sale de mi boca una y otra vez! … ¡Mira como brillan mis ojos! … ¡Mira el deseo que hay en ellos! … ¿Mira como disfruto chupando tu linda polla, bebé! …
No tengo la menor idea de su tamaño, su circunferencia ni su grosor que ensancha mi boca, solo quiero sentirlo llenándome completamente, que me llene la boca de carne de polla caliente. Quiero seguir chupándolo por una eternidad. Lo tomo por las caderas y mis labios tocan su ingle, siento su polla atrapada profundamente en mi garganta y me hace toser. Con un poco de pudor desato mi cola de caballo y esparzo mi cabello sobre su polla para ocultar mi perversa mirada.
—Fóllame la boca, Luciano! … ¡Hazme sentir como una diosa del sexo! … ¡Úsame para tu placer! … ¡Hazme sentir tu jodida puta embarazada! …
¡Oh, Dios! Su polla es irresistible para mí. Me excita más alla de lo creíble. ¿Sera porque estoy embarazada? ¿O a partir de ahora siempre será así? ¿Me he perdido de algo tan rico? Mi corazón acelera. Nunca imaginé que me iba a gustar tanto chupar la polla de mi hijo. Él no es como mi marido. Él me mira. Él folla mi boca.
—¡Slicks! … ¡Slicks! … ¡Slurp! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Slurp! …
Son los ruidos que yo hago chupando la polla de mi hijo. Sorbeteo, jadeo y trago. La habitación resuena con ellos. Puedo escuchar mis gemidos de placer chupándosela. ¡Que Dios me ayude! Soy una desvergonzada puta caliente y embarazada. Pero no me importa. Mis gemidos son genuinos, es el placer que me hace sentir la polla de mi hijo en mi boca. La inconfundible fragancia de una polla dura y caliente mezclada con mi saliva colman todos mis sentidos. Hace tanto tiempo que no sentía estos aromas y sabores que me siento más caliente que nunca con la polla de mi hijo entre mis labios salivosos.
Me separo de su gruesa polla y mi saliva forma un filamento entre su polla y mis labios. Estamos conectados. Me siento exaltada por mi excitación. Agarro su polla y la froto por mis mejillas, por mis parpados, mi barbilla y mi frente; la restriego por toda mi cara. Quiero embadurnarme toda con esa polla caliente y dura. Luego la vuelvo a envolver entre mis labios amorosamente. Me he convertido en una sucia puta embarazada. ¡Oh, Dios, Ayúdame! ¡Me excita ser esto para mi hijo! ¿Cuánto tiempo seguiré haciendo esto?
Lo haría por todo el resto de mi vida y él lo sabe porque es parte de mí, es de mi propia sangre. Está dentro de mi piel, en mis genes. Se aleja de mí suavemente y su polla mojada y resbaladiza va directamente entre mis pechos.
—Mami … ¿Por qué no aprietas mi verga entre tus tetas? …
Me pregunta con su varonil voz de macho que sabe lo que quiere y yo obedezco. Tomo mis pesadas tetas y envuelvo su cálida polla entre mis esponjosos senos. Los muevo hacia arriba y hacia abajo demostrándole que me gusta sentir su polla candente apretada por mi carne de embarazada. Los pongo bien juntitos y hago desaparecer su polla entre ellos como si se tratara de un acto de magia. Ahora está, ahora no está. Su polla sube y baja entre mis tetas y yo estiro mi lengua para darle una bendición, coronarla con mi saliva, mi boca se siente vacía sin su polla.
—¡Suishs! … ¡Suishs! … ¡Suishs! … ¡Suishs! … ¡Suishs! …
Es el sonido de su polla apretada entre mis resbalosas tetas mojadas con su líquido preseminal. Eso es lo que él quiere y yo se lo doy. Aprieto la cabezota de su polla entre mis senos gordos y pesados y su embriagador aroma llena mis fosas nasales, mi saliva se mezcla con su semen goteante y se extiende por todos mis pechos. Exudamos olor a sexo por todos nuestros poros. ¡Que rico es el olor a sexo!
Tomo su polla y la apuñalo con mis duros pezones, los azoto con su dura carne y comienzo a untar sus gotitas sobre mi vientre hinchado y embarazado. Su gruesa polla roza la piel de mi vientre y mi hijita se mueve y da una patadita.
—¡Oh! … ¿Sentiste eso? … Tu hermanita se despierta … Esa polla tuya enorme ha despertado a mi hijita dentro de mí. Ella siente lo que yo siento, ¿sabes? … Estoy tan excitada que casi puedo sentir en efecto de tu testosterona incitándome a dar a luz … Tus prostaglandinas estimulando mi útero … Tu oxitocina y serotonina incrementando mi autoestima … Todas se filtran a través de mi piel y llegan a la criaturita dentro de mí … Si yo siento placer, ella siente como su madre … ¡Mírame! …
—¡Ah! … ¿Sí? …
—¡Mira como mis pechos se han hinchado con tu polla! … ¡Mira mis pezones endurecidos por tus azotes de polla! … Escucha mis suspiros … Puedes oírme gemir de deseos por tu polla, ¿no? … ¿Sabes que tu padre no me folla? … El sabe cuanto lo necesito, pero no lo hace … Pero tú eres diferente, Luciano … A ti te gusta mi panza hinchada … Te gusta que esté embarazada y caliente por tu polla, ¿verdad? …
—¡Bueno! … ¡Sí! …
—¿Puedes ver en la puta hambrienta de polla en que me he convertido? … ¡Oh! … ¿Qué estas haciendo? … ¿Te arrodillas entre mis piernas? …
—¡Sí, mamá! …
Abro bien mis piernas y acerco mi coño al borde de la cama.
—¿Y que piensas hacerme, querido? … Ahí está mi coño para lo que quieras hacerle … Está caliente, mojado y suave … Escondido bajo el bulto de mi enorme panza embarazada … Esta completamente abierto para ti, Luciano …
—No se ve muy bien en medio a esos vellos, mami …
—¡Y que importa esos vellos! … Con esta panza no puedo afeitarme, ¿sabes? … ¿Has visto el coño de una mujer antes? … ¡Todas tenemos uno! … ¡Son todos iguales! … ¿No me digas que es el primero que ves? …
—¡Sí, mami! … Es el primero …
Se me apretó hasta el ano cuando me dijo que yo era su primer coño. No lo podía creer que le iba a quitar la virginidad a mi propio hijo. Se acercó tímidamente y puso sus manos en mis muslos abiertos. Lo sentí aspirar el aire alrededor de mi vagina abierta y mojada. Su cabeza se perdió detrás de mi panza, pero sentí su lengua suavecita sobre mis labios mayores. Luciano me estaba lamiendo mi coño embarazado y casi pierdo el control de mí misma. ¿Cómo podría una mujer resistirse a algo tan puro? Chupa mis vellos. Chupa mi clítoris. Se siente increíble cuando su lengua azota mi clítoris y yo caigo suspirando sobre mi espalda. ¡Que delicia, Señor mío! ¡Jesús, Jesús! ¡Esto no puede ser pecado! ¡Esto es una bendición divina! ¡Ahora voy a necesitar que me follen!
—¡Luciano … Toma mi mano y ayúdame a levantarme! …
Él me ayuda a ponerme de pie y a subir a mi cama. Sube conmigo. Sus manos están sobre mí. Mi enorme barriga de embarazada presiona contra él. Siento su duro pene rozar mis muslos y abro más mis piernas. Mis pechos grandes y llenos se desparraman sobre mi vientre. Mis pezones siguen duros como roca y listos para ser chupados.
—¡Bésame, Luciano! … ¡Bésame y abrázame! … ¡Dame a probar el sabor de mi coño en tus labios! …
Sé que no estoy haciendo lo apropiado. Pero mi coño está hirviendo. Estoy desnuda en mi cama con la polla de mi hijo a la entrada de mi panocha embarazada. Nunca esperé esto esta mañana cuando me desperté. Sí hasta la cama me parece más caliente.
—¡Luciano … Estamos solos tu y yo en casa! … ¡Nadie sabe lo que estamos haciendo tu y yo! … ¡A nadie le importa lo que hacemos tu y yo! … ¡Me puedes follar todo el día si quieres! … ¡Jamás nadie lo sabrá! … Ahora, métemelo todo y fóllame fuerte, por favor …
—¡Sí, mami! …
—¡Acaricia mis pechos! … ¡Me vuelvo loca si alguien aprieta mis tetas! … ¡Presiónalas fuerte para que sobresalgan mis pezones! … ¡Chúpalos, Luciano! … ¡Chúpalos y lámelos! … ¡Ay, que rico! … Estoy abriendo mis piernas para ti …
—¡Mmmmmmm! …
—¡Sí, sé que te gusta! … Toca mi clítoris húmedo y rígido … Toca mi clítoris duro por ti … ¡Méteme tus dedos! … ¡Estoy tan jodidamente empapada! … ¡Profundiza con tus dedos mi cálido coño embarazado y fóllame con ellos! … ¡Hazlo lo más fuerte y rápido que puedas! … ¡Quiero alcanzar tu polla, Luciano! … ¡Gírate y dame tu polla, bebé! …
Luciano se giró completamente recostado a mi lado, mi vientre embarazado estaba contra su cara y su polla finalmente estaba en mi mano. No podía resistirme a chupar su hermosa polla caliente y pegajosa otra vez. Muy pronto la tuve mojada y llena de saliva. Su semen se filtraba y yo lo lamía directamente del agujerito, escarbándolo con mi lengua.
—¡Folla un poco más fuerte mi coño con tus dedos! … ¡Estírate un poco más para que puedas lamerme! … ¡Mete tu lengua en mi coño embarazado, bebé! … ¡Chupa mi clítoris! … ¡Ay, que rico! … ¡No puedo dejar de chupar tu polla rica! … ¡No hay nadie en casa, bebé! … ¡Nadie sabrá nunca si te corres en mí! … ¡Quiero que me folles, bebé! … ¡Quiero que me metas tu polla rica y caliente en lo profundo de mi coño mojado! … ¡Quiero que me hagas gritar con tu polla! …
Me giro boca abajo y ordeno unas almohadas debajo de mí. Luciano se coloca detrás de mí. Arrodillada y con el culo en el aire, espero por él. Me acomodo deslizándome más cerca de su polla. Siento la tibieza de su corona entre mis labios mojados y abiertos. Quiero que me de un empujón y parta mis labios para penetrarme. Presiona su polla en la abertura de mi “hacedor de bebes” Y comienza a deslizarse dentro de mí. Siento como mis paredes vaginales se estiran para hacerle espacio a su grosor. ¡Santo cielo! ¡Es tan rico y grueso!
—¡Fóllame, Luciano! … ¡Fóllame rico y fuerte! … ¡Folla mi coño hambriento! … ¡Te puedo sentir dentro de mí! …
Puedo sentir mis paredes vaginales que lo agarran para no dejarlo salir, pero su pene entra y sale de mi como un gran señor. Aferra mis caderas empujando enérgicamente su polla cerca de mi útero. Mi coño embarazado se contrae y tiembla. Puedo sentir cuando lo saca, pero lo único que quiero es que vuelva a meterlo. Lo hace. Y cada vez se siente más maravilloso. Mi cabello desordenado cubre parcialmente mi cara impidiéndole ver mi rostro desfigurado por la lujuria. Mi espalda está arqueada contra él, brindándole mi coño abierto. Mis manos están crispadas arañando mis sabanas. Me aferro firmemente sintiendo su dura erección que me penetra una y otra vez. Me haces gemir como si estuviera loca de placer. Me haces sentir como una puta caliente. Y lo soy.
—¡Fóllame, Luciano! … ¡Fóllame fuerte y profundo! … ¡Entierra esa polla caliente en mi coño embarazado! … ¡Llena mi coño preñado con ella! …
Su polla entra y sale de mi coño. Mis pechos están hinchados. Mi cuerpo entero se estremece. Mis tetas se balancean con mis pezones rastrillando las sábanas.
Mí bebita nadando en el líquido amniótico dentro de mi enorme panza embarazada, descansa protegida debajo de mí mientras mi coño expuesto hacia atrás recibe la linda y sólida polla que tanto necesito. Se desliza por mis paredes, se mete hacia abajo, golpea hacia arriba haciéndome chillar de puro placer, su polla masajeando todo mi conducto vaginal hambriento de polla es genial.
Empujo mi trasero contra su polla; él me sujeta por los hombros y me golpea violentamente con sus embestidas. Extiende sus manos bajo mis axilas y aferra mis enormes tetas; agarra mis caderas y sostiene mi barriga embarazada y me folla sin descanso. Eso que me hace es exactamente lo que toda mujer embarazada quiere. Es lo que pasa por nuestras cabezas a cada minuto del día. Es lo que deseamos. Es lo que anhelamos y necesitamos.
Sentí el calor interno y los temblores que anunciaban mi inminente orgasmo. Traté de mantenerlo en secreto. Lo logré bastante bien mordiendo mis labios y apoyando mis tetas sobre las almohadas, escondiendo mi rostro con mis cabellos, pero no pude evitar los tiritones de mis nalgas. Tampoco las contracciones de mi coño apretando su polla. Sé que me escuchó gemir ahogadamente. Se puso tenso y en ese mismo instante me corrí por toda la polla de mi hijo.
Afortunadamente él siguió follándome y hasta que volví a correrme una segunda vez. Que hermoso es tener a mi hijo mayor y a mi bebita por nacer dentro de mí al mismo tiempo
Me giro sobre la cama para que siga follándome. Pero mira mi enorme panza y no sabe cómo. Parece una situación difícil. Pero le hago arrodillar y luego empujo mi trasero entre sus piernas hasta alcanzar su pene con mi vagina. Él abre sus muslos y apunta su pene volviendo a penetrarme dulcemente. Ahora puede verme. Puede ver como mis pesadas tetas rebotan con sus embestidas y casi golpean mi barbilla. Puede sostener mis piernas en alto y follarme más profundamente y rico.
Puede follar bien mi coño embarazado. Puede acariciar mi enorme panza con dentro su hermanita. Puede extender sus manos y jugar con mis tetas. Puede torcer y tirar mis pezones duros. Puede ver mi rostro que lo mira ansiosa y le ruega de no detenerse jamás. Puede ver el deseo en mis ojos. Puede simplemente follárme como quiera y por cuánto tiempo él quiera.
Si mira hacia abajo, puede ver su polla dura y gruesa entrando y saliendo de mi coño. Mis jugos gotean por mis muslos y escurren por mi trasero. Mi coño ordeña su polla presintiendo que está por acabar. Empujo a la par de sus embestidas enérgicas. Siento las pulsaciones de su pene. Gime y se inclina sobre mi vientre. Tiembla y se estremece. Empuja toda tu verga dentro de mi panocha preñada. Me regala su esperma, ya no es virgen. Ha follado a su primera mujer. Que feliz de haber sido yo, tu madre.
Su esperma brota a chorros desde su pene. Lo saca y dispara sobre mi coño y mi vientre en cinta. ¡Oh, Dios! Lo salpica sobre mis tetas. Quisiera levantarme y chupárselo. Lo siento como escurre sobre mi vientre y lo espalmo sobre mis pechos, me lo llevo a la boca. Tu semen sabe de hombre, ya no eres un adolescente, eres todo un hombre. Mí muchachote ha crecido.
Su semen se ha esparcido sobre la delgada piel de mi vientre embarazado de su hermanita. Mi bebita se mueve dentro de mi bolsa amniótica. Espero que este gozando tanto como yo. Lo tiro hacia arriba para llevarme su polla a mis labios. Si la montaña no va a Mahoma. Me inclino un poco metiendo mi panza de lado y me engulló su polla bañada de semen. Es mi alimento. Quiero alimentarme de ella. Quiero limpiársela. Es tan rico su semen. Le pido me deje mi lengua para limpiarlo todo. Quiero sacar todos los restos de su linda polla. Quiero poder sacar cada gota antes que se desinfle. Quiero sentirlo que se ablanda dentro de mi boca. Podría convertir esto en una rutina diaria. Estamos solo tu y yo en casa. Nunca nadie sabrá nada de esto.
Fin
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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
Así que salí a la terraza de la casa para sentarme en mi tumbona con mi toalla de playa y un libro; solo mi hijo, Luciano, estaba jugando con su celular a unos metros de allí, pero se protegía bajo una amplia sombrilla de playa.
Era bien raro ver a una mujer en las condiciones en que me encontraba yo vistiendo un traje de baño de dos piezas. Pero estamos en el siglo XXI y ya nada nos sorprende. Mi bikini era rosado y permitía que mi barriga embarazada expuesta se broncee al igual que todo el resto de mi cuerpo. Además, mis cabellos claros parecían mucho más rubios bajo el resplendente sol.
Me di cuenta de que mi hijo ya no estaba concentrado en su celular, él me estaba mirando. Con mi gafas oscura él no se había dado cuenta de que yo lo había notado. Trata de fingir de que no me mira, pero puedo ver que una y otra vez sus ojos me observan con insistencia.
Me siento muy extraña al observar que mi hijo me está fijando atentamente con sus ojos. Me siento juguetona. Tal vez sea buena idea burlarme de él, porque sé que el muy cabrón está mirando mi panza y mis crecidos senos. Tal vez él no lo sepa, pero justo en este momento estoy deseando tener la atención de un hombre. Decido ponerlo a prueba.
Bajo mi libro y miro mi enorme panza de embarazada. Paso mi mano lentamente sobre mi abultado vientre fingiendo que mi hija que flota al interior de mí se está moviendo. Dejo que mi mano permanezca allí explorándola. Luciano me mira todo el tiempo. ¿Por qué mi hijo me mira cuando la mayor parte de los hombre me ignoran? Estoy en el último mes de mi embarazo. Sé que soy bonita. Los hombres solían mirarme y coquetear conmigo. Pero después de ocho meses de embarazo no me miran ni siquiera por curiosidad con esta enorme panza.
Mi autoestima decae sintiéndome un poco fea y deseable. Los hombres ya no me encuentran hermosa. ¿Por qué estando embarazada me he sentido más sexy que nunca en toda mi vida? Y no sólo sexy, también mis ganas se han incrementado. Espero que en algún lugar del mundo haya hombres que encuentren deseables a las mujeres embarazadas.
Y al parecer aquí en el patio trasero de mi casa he encontrado a ese hombre. Pero él es mi hijo. ¿Qué puedo hacer? Siento los ojos de él sobre mí y un sentimiento indescriptible atraviesa todo mi cuerpo embarazado. Es como si se hubiera abierto una válvula dentro de mí. Aprieto mis muslos estrechamente y pienso solo al sexo.
Mi marido no quiere nada conmigo. ¡No sé por qué! ¡Oh, sí, él es agradable y buen proveedor, pero desde cuando estoy embarazad él se ha ido alejando de mí haciéndome sentir terriblemente mal y no quiere tener sexo.
Mi embarazo está tan avanzado, mi vientre es enorme y parece que mi ombligo se fuera a reventar, mi coño se ha hinchado, mis pechos son como dos melones, grandes y pesados. Mis areolas se han hecho más oscuras y grandes. Mis pezones se han vuelto gruesos y duros preparándose para dar de amamantar a mi bebita.
Además, se han vuelto sensibles a cada roce y mi coño se moja al sentir estimulación en ellos. Todo lo que tengo está ahí para mi marido para cuando él me quiera. Pero él no me quiere. He intentado habar con él al respecto. Pero él no me escucha y no se da cuenta de lo mucho que pienso en ello; de lo mucho que lo necesito. En cosa de segundos puedo pasar de ser una futura madre recatada y conservadora en dulce espera de su hijita, a una mujer descarrilada de los barrios bajos del puerto y convertirme en una mesalina dispuesta follar a una tripulación entera de marineros borrachos. Y pienso cada vez más a menudo en ello. ¡Oh, como me gusta el uniforme de los hombres de mar! ¡Son tan lindos!
A momentos estoy bien. Y al siguiente anhelo y sueño una polla que esté masajeando las acogedoras paredes de mi vagina, deslizándose dentro de mí, frotando, restregando, ¡satisfacer mi hambre por una verga se apodera y abruma todos mis pensamientos!
Mi marido sabe perfectamente de lo que soy capaz cuando me pongo en modo de “Puta cachonda” y le suplico de darme su polla y follarme hasta hacerme perder los sesos. Pero en este último tiempo no hace nada al respecto. Me ignora, el muy imbécil. Cuando recién nos casamos me avergonzada de andar siempre detrás de él codiciando su polla. Me ponía de rodillas para chupársela toda vez que tenía la ocasión de hacerlo y él nunca me fallaba, siempre terminaba follándome duro hasta dejarme loca, pero satisfecha. Ahora no lo hace.
Tengo tanta hambre de sexo que puedo pasar horas sola en mi cama complaciéndome a mí misma con mis dedos, jugando con mí clítoris, metiéndome todo tipo de juguete en mi coño necesitado hasta correrme. Es muy frustrante porque no me satisface del todo. Pero tengo la necesidad de hacerlo. Creo que merezco mucho más que eso.
Y aquí de repente me encuentro con mi hijo; Luciano, prendado de mi panza y mi bikini rosado, mirándome de un modo que me inquieta. No me importa lo que piensen los demás. Hare de todo para que él siga mirándome. Necesito ser tomada en cuenta. Hace mucho tiempo que nadie me mira y esta es una oportunidad que no puedo dejar pasar. Necesito que él me mire, que me preste atención, que no me ignore.
Me quito las gafas de sol en forma casual y finjo de no notar que él me esta mirando. Busco algo en mi bolso de playa. Saco la loción para bloquear los rayos UV. Lo aprieto en la palma de mi mano y deslizó los tirantes de mi bikini para descubrir mi escote y comienzo a aplicar suave y diligentemente la loción desde mis hombros desnudos y desciendo frotando sobre mi decolté, casi en el surco de mis grandes tetas de embarazada. Las yemas de mis dedos embadurnadas con el protector solar las meto bajo la costura de mi sostén y espalmo cuidadosamente los lugares que podrían quemarse con el sol, mi piel es blanquísima y muy sensible a los rayos solares. Vuelvo a colocar las amarras de mi sostén sobre mis hombros. Aprovecho de ajustar mi bikini para que mis pesados pechos se acomoden en sus copas confortablemente.
Mis movimientos son lentos y estudiados, no quiero que él se pierda ningún detalle, sé que sigue mirándome. No puedo inclinarme para mostrarle lo grandes y pesadas que se han vuelto mis tetas, mi panza de ocho meses me lo impide.
Me siento en la tumbona con mis piernas bien abiertas, la parte inferior de mi bikini apenas cubre mi panocha, mi barriga lo arremanga hacia abajo. Como puedo aplico bloqueador solar en cada una de mis piernas de forma muy deliberada debido a las complejidades que me presenta mi panza de embarazada.
Otra mujer se cuidaría de dar este exhibicionista espectáculo dada mi condición. Pero a mi no me importa nada. Trato de darle diferentes visualizaciones de mi gordo coño embarazado empujando la delgada tela de mi bikini, para el deleite de sus ojos. Puedo sentir que él me mira atentamente, esta visión es solo para él.
Utilizo ambas manos lentamente en la parte interna de mis muslos, estirando la tela entre mis piernas y haciendo más evidente mi gordo coño. El esplendido sol está cálido, sacudo mi cabello sedoso. Me levanto de mi silla. Aprieto más bloqueador en la palma de mi mano. Suavemente lo aplico sobre mi panza hinchada, no quiero tener estrías. No me preocupo si él me mira o no, pero siento que me contempla con mucha atención. Espalmo la loción protectora por todos lados, incluso probando mi ombligo que parece salido de su lugar.
A tres metros de distancia, Luciano continua embelesado a mirar mi sensual ritual privado que proporciono sólo para él. Observa cómo mis manos se deslizan suaves sobre mi vientre panzudo y saliente, hasta que me he asegurado de que cada parte haya absorbido un poco de protector; los costados hinchados, la parte inferior donde casi se ven mis vellos púbicos, cada centímetro de piel que envuelve a mi hija que flota dentro de mí, haya sido atendido con amor. Él no lo sabe, pero hay más.
Me giro y le doy la espalda, intento alcanzar toda mi espalda con bloqueador solar, me muevo de una cadera a la otra coquetamente. Él puede ver claramente la plenitud y firmeza de mis nalgas cubiertas por mi bikini rosado. No tengo muchas caderas y mi cintura está ancha, mi panza de embarazada asoma por ambos lados. Me inclino para ponerme loción en la parte posterior de mis piernas para que él no se pierda de ver bien mi trasero, tal vez desde atrás podrá darle un vistazo a mi coño hinchado que se abulta entre mis piernas por mi ajustado bikini. Espero que no se haya perdido eso.
¿Cómo hacer para que él también me des placer a mí? Decido que tal vez sea una buena idea caminar junto a la piscina para refrescar mis pies en el agua. Él se endereza y mi contempla. Paso junto a él, lo miro a los ojos y le sonrío, mi hijo también me sonríe.
Me siento al borde de la piscina afirmándome en las barandas de la escalera que van al agua, miro por encima del hombro y lo veo sentado en su tumbona indeciso, todavía me estás mirando. Veo que mete de aparte su celular y se alza para venir cerca de mí. Espero que podamos hablar cuando esté junto a mí. Estoy ansiosa y expectante. Se sienta a mi lado e iniciamos una pequeña charla.
Veo lo guapo que se has formado. Es un chico atento y agradable. Me pregunta sobre la bebé, me felicita y me dice lo bella que me veo con mi inmensa panza. Le hablo como me hace sentir mi embarazo. Le digo que estoy muy sensible y que el calor me afecta. Le pido que regresemos a casa, al aire acondicionado. Me ayuda a levantarme y nos encaminamos por el césped a las puertas francesas que son el ingreso a casa.
Mi mente se acelera. En casa no hay nadie, mi marido está en viaje de negocios y estaremos solo Luciano y yo. En poco tiempo mis pensamientos se ven abrumados por pecaminosos e ilícitos pensamientos al pensar de estar a solas con él.
Luciano me toma del brazo y caminamos hacia la casa. Me ha tocado. Sus ojos no dejan de mirar mi barriga de embarazada. Es obvio que también mira mis grandes tetas. Intenté no ser tan obvia al respecto, pero ahora lo soy y él lo sabe. Meto mi panza hacia adelante y empujo mis pechos. Llegamos a la casa y tal como hacemos siempre, nos enjuagamos los pies antes de entrar en casa. Luciano es tan lindo que me seca los pies con su toalla y su vista se va a mi entrepierna.
Cerramos las puertas francesas detrás de nosotros. Se ofrece a acompañarme a mi habitación al piso superior. Tomada de su brazo subo las escaleras. Entramos a mi dormitorio y me siento sobre la cama. Entonces le digo:
—¡Luciano … Vi cómo me mirabas ahí afuera! … Eres muy diferente a tu padre … Él ni siquiera sabe si existo … No le gusta verme embarazada …
Mira fijamente mi vientre preñado y mis pechos hinchados.
—¡No soy como mi padre, mamá! … ¡Veo que luces preciosa! … ¡Una hermosa mujer embarazada! …
—Sí … Pero no tienes idea de lo mal que me hace sentir … ¡Oh, Dios! … Me hace sentir sola y no me ayuda con mis sentimientos … Necesito su compañía y no solo para hablar, ¿me entiendes? …
—¡Ehm! … Bueno … Yo …
—Sí … Lo sé … Tu no sabes como se puede sentir una mujer embarazada …
—¡Ehm! … ¡No! …
—¡Te lo digo yo! … ¡Me cuesta dormir! … ¡Me duelen los pies y mi espalda! … ¡Mi autoestima está por los suelos porque mi marido no quiere tocarme! … ¡Me estoy volviendo loca porque alguien me toque! … ¡Y estoy aburrida de buscar yo sola una solución! … ¡La mayoría de las mujeres embarazadas se sientan igual que yo! … Tenemos sentimientos y necesidades, ¿lo sabías? …
—¡Ehm! … ¡Bueno! …
—Ver como me mirabas ahí afuera me hizo sentir muy sexy, ¿sabes? … Y eso es lo que necesito ahora mismo, Luciano … Necesito que alguien me haga sentir deseada … Eso es lo que tu me hiciste sentir, ¿sabes? … Y ahora estamos aquí tu y yo solos …
—¡Bueno … Sí! …
—¡Oh, se mueve! … ¡Puedo sentir que tu hermanita se mueve! … ¿Quieres sentir? …
Tome su muñeca y tiré de su mano sobre mi vientre.
—¿La sientes? … ¿Puedes sentirla que se mueve dentro de mí? …
Moví su cálida mano por mi vientre embarazado.
—¡Oh, Dios! … ¡La siento! … ¡Ella se mueve, mami! …
Puedo ver que él está emocionado. Me siento contenta, he logrado mi objetivo, he conseguido que él me toque.
—¡Qué rico que se siente tu mano en mi vientre, hijo! … ¡Necesitaba que alguien me toque! … ¡Es tan relajante, tan reconfortante y no quiero que te detengas! … ¡Nunca nadie sabrá de esto! …
—¡Ehm! … ¡Sí! …
—¿Por qué dudas? …
—¡Ehm! …
—¿Te animas si te muestro más de mí? …
—¡Bueno! … ¡Sí! …
—¿Qué tal si te muestro mis pechos? … ¿Quieres que me quite mi sostén? …
—¡Ehm! … ¡Sí! …
Estiro mis brazos detrás de mí para desatar el nudo de la parte superior de mi bikini y deslizo los tirantes sobre mis hombros, arrojándolo a los pies de mi cama.
—¡Míralos, Luciano! … ¿Ves lo llenitos que están? … ¡Son pesados! … ¡Se están llenando de leche para tu hermanita! … ¡Mira lo ancho que se han puesto mis areolas! … ¡Lo duros, gruesos y grandes que han crecido mis pezones! … ¿Te gustan! … ¡Puedes decírmelo, nunca nadie lo sabrá! …
—¡Ehm, sí! … ¡Se ven lindos! …
—¡Déjame tomar tus manos y ponerlas sobre mis senos! … ¡Eso te va a gustar! …
—¡Ehm! … ¡Bueno! …
—¡Tus manos son tan fuertes! … ¡Que rico que se sienten sobre mis senos! …
—¡Son duritos, mami! …
—¡Pasa tus palmas sobre mis pezones! … ¡Siente como están de duros! … ¡Apriétalos, Luciano! … ¡No tienes idea cuanto necesitaba que me toquen de esta manera! … ¡Mi marido ni siquiera me besa ahí! … ¡Bésalos, Luciano! … ¡Besa mis pezones! …
—¡Muac! …
—¡No, así no! … ¡Tómalo en tus manos! … ¡Siente su peso y chúpamelos! … ¡Hazlo, Luciano! …
Mientras él comenzaba a magrear mis senos y chupar mis pezones, desabroché sus shorts y los tiré hacia abajo.
—¡Oh, Dios, Luciano! … ¡Mira lo duro que estás! … ¡Qué linda virilidad, muchachote! … ¡Pero si estás tan cerquita de mi cara! … ¿Puedo tocarlo? … Nadie se enterará, ¿sabes? …
Estiré mi mano y lo envolví con mis dedos, no era tan largo, pero no pude envolverlo con toda mi mano, era demasiado grueso, mi coño empapado se volvió una laguna. Los ojos de Luciano se abrieron como platos cuando acerqué mi boca y le di un besito a su enorme cabezota pomposa y caliente.
—¡Es solo un besito, Luciano! … ¡Mami le está dando un besito a tu linda cabezota, cariño! … ¡Nadie va a saber de esto! … ¡No te preocupes! …
Entonces me incliné le di una lamida desde sus bolas hasta la cabeza y me metí la puntita en la boca para rodearlo con mi lengua y saborear esas gotitas que comenzaban a aflorar de su diminuto agujero a la cima de su linda polla. Luciano dio un sonoro gemido mientras apretaba sus puños.
—¡Es solo una lamida, bebé! … ¡Tu polla está linda y sabe como un cono de helado! … Eso es muy rico, ¿sabes?… Me encanta pensar que me como un chupete helado … Déjame chupetearlo un poco más, ¿vale? …
Sostengo su maravillosa polla entre mis labios y lo succiono pensando en degustar un delicioso helado de vainilla.
—¡No me detengas, Luciano! … ¡Mami se siente bien haciendo esto! … ¡Nadie lo sabrá! … ¡Nadie mira a mami y se excita como tú! … Quiero tu polla en mi boca, ¿sabes? …
Con una mano ahueco sus bolas arrugaditas y llenas de lechita; con la otra magreo su polla deslizando su prepucio hacia arriba y hacia abajo. Lo engullo. Trago su polla profundamente hasta tocar mi garganta, contengo un connato de nausea, su gruesa cabezota me atosiga y ahoga, pero se siente exquisitamente llenando mi boca. Esparzo mi saliva por todo su pene; juego con su cabezota y hago burbujitas con las gotitas de su fluido preseminal.
—¡Uhhhhhh! … ¡Qué delicia, bebé! … ¡Juega conmigo, Luciano! … ¿Te gustan mis tetas gordinflonas? … ¡Juega con ellas, cariño! … Mami se siente bien si las tocas, ¿sabes? … Puedes pellizcar mis pezones si quieres …
Chupo su polla, lamiéndola, succionándola, soplándola, estirando su semen mezclado con mi saliva. Quiero chupar la polla de mi hijo como nunca antes he chupado ninguna otra pija. Me encanta. Babeo por todos lados y el gime y mueve su cabezota como follando suavemente mi boca. ¡Que tierno mi hijo! Está abultado y tremendamente duro.
—¡Qué rico que estás así de duro para mami, querido! … ¡Quiero chupártelo más y mejor! … ¡Lo voy a llevar profundamente dentro de mi boca! …
Lo siento empujar mi lengua fuera del camino. Lo sigo lamiendo y chupando, hasta que choca contra la parte posterior de mi garganta. Siento que me ahogo con su cabezota enorme, pero no me importa. Tengo que lograr tragarlo todo. Es la linda polla de mi hijo.
—¡Oooohhhh! … ¡Uuuugggghhhh! …
Luciano gime y esto me insta a forzar su polla dentro de mi garganta, no me importan las náuseas, no me importa si me ahogo. He manchado su ingle con mi rímel rojizo. Mi saliva escurre hasta sus bolas y él folla mi boca tierna y delicadamente.
—¡Mira a mis ojos mientras chupo tu polla! … ¡Fóllame la boca y oblígame a salivar! … ¡Úsame como tu pequeña puta embarazada chupadora de pollas! … ¡Mira mis bonitos ojos verdes que observan como tu polla entra y sale de mi boca una y otra vez! … ¡Mira como brillan mis ojos! … ¡Mira el deseo que hay en ellos! … ¿Mira como disfruto chupando tu linda polla, bebé! …
No tengo la menor idea de su tamaño, su circunferencia ni su grosor que ensancha mi boca, solo quiero sentirlo llenándome completamente, que me llene la boca de carne de polla caliente. Quiero seguir chupándolo por una eternidad. Lo tomo por las caderas y mis labios tocan su ingle, siento su polla atrapada profundamente en mi garganta y me hace toser. Con un poco de pudor desato mi cola de caballo y esparzo mi cabello sobre su polla para ocultar mi perversa mirada.
—Fóllame la boca, Luciano! … ¡Hazme sentir como una diosa del sexo! … ¡Úsame para tu placer! … ¡Hazme sentir tu jodida puta embarazada! …
¡Oh, Dios! Su polla es irresistible para mí. Me excita más alla de lo creíble. ¿Sera porque estoy embarazada? ¿O a partir de ahora siempre será así? ¿Me he perdido de algo tan rico? Mi corazón acelera. Nunca imaginé que me iba a gustar tanto chupar la polla de mi hijo. Él no es como mi marido. Él me mira. Él folla mi boca.
—¡Slicks! … ¡Slicks! … ¡Slurp! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Slurp! …
Son los ruidos que yo hago chupando la polla de mi hijo. Sorbeteo, jadeo y trago. La habitación resuena con ellos. Puedo escuchar mis gemidos de placer chupándosela. ¡Que Dios me ayude! Soy una desvergonzada puta caliente y embarazada. Pero no me importa. Mis gemidos son genuinos, es el placer que me hace sentir la polla de mi hijo en mi boca. La inconfundible fragancia de una polla dura y caliente mezclada con mi saliva colman todos mis sentidos. Hace tanto tiempo que no sentía estos aromas y sabores que me siento más caliente que nunca con la polla de mi hijo entre mis labios salivosos.
Me separo de su gruesa polla y mi saliva forma un filamento entre su polla y mis labios. Estamos conectados. Me siento exaltada por mi excitación. Agarro su polla y la froto por mis mejillas, por mis parpados, mi barbilla y mi frente; la restriego por toda mi cara. Quiero embadurnarme toda con esa polla caliente y dura. Luego la vuelvo a envolver entre mis labios amorosamente. Me he convertido en una sucia puta embarazada. ¡Oh, Dios, Ayúdame! ¡Me excita ser esto para mi hijo! ¿Cuánto tiempo seguiré haciendo esto?
Lo haría por todo el resto de mi vida y él lo sabe porque es parte de mí, es de mi propia sangre. Está dentro de mi piel, en mis genes. Se aleja de mí suavemente y su polla mojada y resbaladiza va directamente entre mis pechos.
—Mami … ¿Por qué no aprietas mi verga entre tus tetas? …
Me pregunta con su varonil voz de macho que sabe lo que quiere y yo obedezco. Tomo mis pesadas tetas y envuelvo su cálida polla entre mis esponjosos senos. Los muevo hacia arriba y hacia abajo demostrándole que me gusta sentir su polla candente apretada por mi carne de embarazada. Los pongo bien juntitos y hago desaparecer su polla entre ellos como si se tratara de un acto de magia. Ahora está, ahora no está. Su polla sube y baja entre mis tetas y yo estiro mi lengua para darle una bendición, coronarla con mi saliva, mi boca se siente vacía sin su polla.
—¡Suishs! … ¡Suishs! … ¡Suishs! … ¡Suishs! … ¡Suishs! …
Es el sonido de su polla apretada entre mis resbalosas tetas mojadas con su líquido preseminal. Eso es lo que él quiere y yo se lo doy. Aprieto la cabezota de su polla entre mis senos gordos y pesados y su embriagador aroma llena mis fosas nasales, mi saliva se mezcla con su semen goteante y se extiende por todos mis pechos. Exudamos olor a sexo por todos nuestros poros. ¡Que rico es el olor a sexo!
Tomo su polla y la apuñalo con mis duros pezones, los azoto con su dura carne y comienzo a untar sus gotitas sobre mi vientre hinchado y embarazado. Su gruesa polla roza la piel de mi vientre y mi hijita se mueve y da una patadita.
—¡Oh! … ¿Sentiste eso? … Tu hermanita se despierta … Esa polla tuya enorme ha despertado a mi hijita dentro de mí. Ella siente lo que yo siento, ¿sabes? … Estoy tan excitada que casi puedo sentir en efecto de tu testosterona incitándome a dar a luz … Tus prostaglandinas estimulando mi útero … Tu oxitocina y serotonina incrementando mi autoestima … Todas se filtran a través de mi piel y llegan a la criaturita dentro de mí … Si yo siento placer, ella siente como su madre … ¡Mírame! …
—¡Ah! … ¿Sí? …
—¡Mira como mis pechos se han hinchado con tu polla! … ¡Mira mis pezones endurecidos por tus azotes de polla! … Escucha mis suspiros … Puedes oírme gemir de deseos por tu polla, ¿no? … ¿Sabes que tu padre no me folla? … El sabe cuanto lo necesito, pero no lo hace … Pero tú eres diferente, Luciano … A ti te gusta mi panza hinchada … Te gusta que esté embarazada y caliente por tu polla, ¿verdad? …
—¡Bueno! … ¡Sí! …
—¿Puedes ver en la puta hambrienta de polla en que me he convertido? … ¡Oh! … ¿Qué estas haciendo? … ¿Te arrodillas entre mis piernas? …
—¡Sí, mamá! …
Abro bien mis piernas y acerco mi coño al borde de la cama.
—¿Y que piensas hacerme, querido? … Ahí está mi coño para lo que quieras hacerle … Está caliente, mojado y suave … Escondido bajo el bulto de mi enorme panza embarazada … Esta completamente abierto para ti, Luciano …
—No se ve muy bien en medio a esos vellos, mami …
—¡Y que importa esos vellos! … Con esta panza no puedo afeitarme, ¿sabes? … ¿Has visto el coño de una mujer antes? … ¡Todas tenemos uno! … ¡Son todos iguales! … ¿No me digas que es el primero que ves? …
—¡Sí, mami! … Es el primero …
Se me apretó hasta el ano cuando me dijo que yo era su primer coño. No lo podía creer que le iba a quitar la virginidad a mi propio hijo. Se acercó tímidamente y puso sus manos en mis muslos abiertos. Lo sentí aspirar el aire alrededor de mi vagina abierta y mojada. Su cabeza se perdió detrás de mi panza, pero sentí su lengua suavecita sobre mis labios mayores. Luciano me estaba lamiendo mi coño embarazado y casi pierdo el control de mí misma. ¿Cómo podría una mujer resistirse a algo tan puro? Chupa mis vellos. Chupa mi clítoris. Se siente increíble cuando su lengua azota mi clítoris y yo caigo suspirando sobre mi espalda. ¡Que delicia, Señor mío! ¡Jesús, Jesús! ¡Esto no puede ser pecado! ¡Esto es una bendición divina! ¡Ahora voy a necesitar que me follen!
—¡Luciano … Toma mi mano y ayúdame a levantarme! …
Él me ayuda a ponerme de pie y a subir a mi cama. Sube conmigo. Sus manos están sobre mí. Mi enorme barriga de embarazada presiona contra él. Siento su duro pene rozar mis muslos y abro más mis piernas. Mis pechos grandes y llenos se desparraman sobre mi vientre. Mis pezones siguen duros como roca y listos para ser chupados.
—¡Bésame, Luciano! … ¡Bésame y abrázame! … ¡Dame a probar el sabor de mi coño en tus labios! …
Sé que no estoy haciendo lo apropiado. Pero mi coño está hirviendo. Estoy desnuda en mi cama con la polla de mi hijo a la entrada de mi panocha embarazada. Nunca esperé esto esta mañana cuando me desperté. Sí hasta la cama me parece más caliente.
—¡Luciano … Estamos solos tu y yo en casa! … ¡Nadie sabe lo que estamos haciendo tu y yo! … ¡A nadie le importa lo que hacemos tu y yo! … ¡Me puedes follar todo el día si quieres! … ¡Jamás nadie lo sabrá! … Ahora, métemelo todo y fóllame fuerte, por favor …
—¡Sí, mami! …
—¡Acaricia mis pechos! … ¡Me vuelvo loca si alguien aprieta mis tetas! … ¡Presiónalas fuerte para que sobresalgan mis pezones! … ¡Chúpalos, Luciano! … ¡Chúpalos y lámelos! … ¡Ay, que rico! … Estoy abriendo mis piernas para ti …
—¡Mmmmmmm! …
—¡Sí, sé que te gusta! … Toca mi clítoris húmedo y rígido … Toca mi clítoris duro por ti … ¡Méteme tus dedos! … ¡Estoy tan jodidamente empapada! … ¡Profundiza con tus dedos mi cálido coño embarazado y fóllame con ellos! … ¡Hazlo lo más fuerte y rápido que puedas! … ¡Quiero alcanzar tu polla, Luciano! … ¡Gírate y dame tu polla, bebé! …
Luciano se giró completamente recostado a mi lado, mi vientre embarazado estaba contra su cara y su polla finalmente estaba en mi mano. No podía resistirme a chupar su hermosa polla caliente y pegajosa otra vez. Muy pronto la tuve mojada y llena de saliva. Su semen se filtraba y yo lo lamía directamente del agujerito, escarbándolo con mi lengua.
—¡Folla un poco más fuerte mi coño con tus dedos! … ¡Estírate un poco más para que puedas lamerme! … ¡Mete tu lengua en mi coño embarazado, bebé! … ¡Chupa mi clítoris! … ¡Ay, que rico! … ¡No puedo dejar de chupar tu polla rica! … ¡No hay nadie en casa, bebé! … ¡Nadie sabrá nunca si te corres en mí! … ¡Quiero que me folles, bebé! … ¡Quiero que me metas tu polla rica y caliente en lo profundo de mi coño mojado! … ¡Quiero que me hagas gritar con tu polla! …
Me giro boca abajo y ordeno unas almohadas debajo de mí. Luciano se coloca detrás de mí. Arrodillada y con el culo en el aire, espero por él. Me acomodo deslizándome más cerca de su polla. Siento la tibieza de su corona entre mis labios mojados y abiertos. Quiero que me de un empujón y parta mis labios para penetrarme. Presiona su polla en la abertura de mi “hacedor de bebes” Y comienza a deslizarse dentro de mí. Siento como mis paredes vaginales se estiran para hacerle espacio a su grosor. ¡Santo cielo! ¡Es tan rico y grueso!
—¡Fóllame, Luciano! … ¡Fóllame rico y fuerte! … ¡Folla mi coño hambriento! … ¡Te puedo sentir dentro de mí! …
Puedo sentir mis paredes vaginales que lo agarran para no dejarlo salir, pero su pene entra y sale de mi como un gran señor. Aferra mis caderas empujando enérgicamente su polla cerca de mi útero. Mi coño embarazado se contrae y tiembla. Puedo sentir cuando lo saca, pero lo único que quiero es que vuelva a meterlo. Lo hace. Y cada vez se siente más maravilloso. Mi cabello desordenado cubre parcialmente mi cara impidiéndole ver mi rostro desfigurado por la lujuria. Mi espalda está arqueada contra él, brindándole mi coño abierto. Mis manos están crispadas arañando mis sabanas. Me aferro firmemente sintiendo su dura erección que me penetra una y otra vez. Me haces gemir como si estuviera loca de placer. Me haces sentir como una puta caliente. Y lo soy.
—¡Fóllame, Luciano! … ¡Fóllame fuerte y profundo! … ¡Entierra esa polla caliente en mi coño embarazado! … ¡Llena mi coño preñado con ella! …
Su polla entra y sale de mi coño. Mis pechos están hinchados. Mi cuerpo entero se estremece. Mis tetas se balancean con mis pezones rastrillando las sábanas.
Mí bebita nadando en el líquido amniótico dentro de mi enorme panza embarazada, descansa protegida debajo de mí mientras mi coño expuesto hacia atrás recibe la linda y sólida polla que tanto necesito. Se desliza por mis paredes, se mete hacia abajo, golpea hacia arriba haciéndome chillar de puro placer, su polla masajeando todo mi conducto vaginal hambriento de polla es genial.
Empujo mi trasero contra su polla; él me sujeta por los hombros y me golpea violentamente con sus embestidas. Extiende sus manos bajo mis axilas y aferra mis enormes tetas; agarra mis caderas y sostiene mi barriga embarazada y me folla sin descanso. Eso que me hace es exactamente lo que toda mujer embarazada quiere. Es lo que pasa por nuestras cabezas a cada minuto del día. Es lo que deseamos. Es lo que anhelamos y necesitamos.
Sentí el calor interno y los temblores que anunciaban mi inminente orgasmo. Traté de mantenerlo en secreto. Lo logré bastante bien mordiendo mis labios y apoyando mis tetas sobre las almohadas, escondiendo mi rostro con mis cabellos, pero no pude evitar los tiritones de mis nalgas. Tampoco las contracciones de mi coño apretando su polla. Sé que me escuchó gemir ahogadamente. Se puso tenso y en ese mismo instante me corrí por toda la polla de mi hijo.
Afortunadamente él siguió follándome y hasta que volví a correrme una segunda vez. Que hermoso es tener a mi hijo mayor y a mi bebita por nacer dentro de mí al mismo tiempo
Me giro sobre la cama para que siga follándome. Pero mira mi enorme panza y no sabe cómo. Parece una situación difícil. Pero le hago arrodillar y luego empujo mi trasero entre sus piernas hasta alcanzar su pene con mi vagina. Él abre sus muslos y apunta su pene volviendo a penetrarme dulcemente. Ahora puede verme. Puede ver como mis pesadas tetas rebotan con sus embestidas y casi golpean mi barbilla. Puede sostener mis piernas en alto y follarme más profundamente y rico.
Puede follar bien mi coño embarazado. Puede acariciar mi enorme panza con dentro su hermanita. Puede extender sus manos y jugar con mis tetas. Puede torcer y tirar mis pezones duros. Puede ver mi rostro que lo mira ansiosa y le ruega de no detenerse jamás. Puede ver el deseo en mis ojos. Puede simplemente follárme como quiera y por cuánto tiempo él quiera.
Si mira hacia abajo, puede ver su polla dura y gruesa entrando y saliendo de mi coño. Mis jugos gotean por mis muslos y escurren por mi trasero. Mi coño ordeña su polla presintiendo que está por acabar. Empujo a la par de sus embestidas enérgicas. Siento las pulsaciones de su pene. Gime y se inclina sobre mi vientre. Tiembla y se estremece. Empuja toda tu verga dentro de mi panocha preñada. Me regala su esperma, ya no es virgen. Ha follado a su primera mujer. Que feliz de haber sido yo, tu madre.
Su esperma brota a chorros desde su pene. Lo saca y dispara sobre mi coño y mi vientre en cinta. ¡Oh, Dios! Lo salpica sobre mis tetas. Quisiera levantarme y chupárselo. Lo siento como escurre sobre mi vientre y lo espalmo sobre mis pechos, me lo llevo a la boca. Tu semen sabe de hombre, ya no eres un adolescente, eres todo un hombre. Mí muchachote ha crecido.
Su semen se ha esparcido sobre la delgada piel de mi vientre embarazado de su hermanita. Mi bebita se mueve dentro de mi bolsa amniótica. Espero que este gozando tanto como yo. Lo tiro hacia arriba para llevarme su polla a mis labios. Si la montaña no va a Mahoma. Me inclino un poco metiendo mi panza de lado y me engulló su polla bañada de semen. Es mi alimento. Quiero alimentarme de ella. Quiero limpiársela. Es tan rico su semen. Le pido me deje mi lengua para limpiarlo todo. Quiero sacar todos los restos de su linda polla. Quiero poder sacar cada gota antes que se desinfle. Quiero sentirlo que se ablanda dentro de mi boca. Podría convertir esto en una rutina diaria. Estamos solo tu y yo en casa. Nunca nadie sabrá nada de esto.
Fin
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Eliana se viene a vivir conmigo.
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