Luisa, Adonis y yo.

por
género
confesiones

Estaba cumpliendo con mi trabajo desde el hogar en mi computadora portátil, estaba completamente absorta en mi trabajo, cuando escuché a mi marido, Sebastían, entrar a mi estudio:
—¿Qué le sucede a ese maldito perro que no deja de ladrar? …
Dijo con un tono de exasperación en su voz mientras señalaba a la casa de nuestro vecino. Lo miré y lo vi de pie en el vano de la puerta, vestido solo con una coloreada toalla playera envuelta alrededor de su cintura. Su cabello rizado color trigo todavía estaba húmedo por la ducha y se quedó allí con el ceño fruncido, no me creerán, pero lo vi tan sexy y adorable.
—¡Ay, bebé! … No me digas que nunca vamos a tener nuestro propio perrito, ¿no? …
Le dije en son de broma, pero por dentro mi vientre se contraía y deliciosos cosquilleos se producían en mi jugoso coño. Yo sabía que esos ladridos eran de, Adonis, el Pastor Alemán de nuestros vecinos de al lado que hace una semana me había follado en forma increíble. Esas imágenes tornaron a mi memoria y apretando mis muslos estremeciéndome de placer, recordé cómo me había tomado a la fuerza en el piso de la cocina, no lejos de mi estudio donde me encontraba en este momento.


Podía sentir el rubor en mis mejillas y el endurecimiento de mis pechos bajo mi sujetador deportivo al recordar haber tenido más de un orgasmo con su polla mientras me embestía furiosamente. Sebastían sabía lo locas que eran mis hormonas, pero por suerte no podía leer mi mente y seguramente pensaba que mi cachondez se debía a sus avances amorosos. Al ver mi mirada sicalíptica, soltó su toalla y la dejó caer al suelo, permitiendo a su polla semidura que se liberara, me sonrió flexionando sus músculos, lo que hizo que su polla temblara y comenzara a balancearse si que nadie la tocara, como si me estuviera saludando.
—¿Es esa un arma pronta a dispararme o solo está contenta de verme? …
Sebastían me sonrió de una manera que hizo derretir mi panocha y palpitar agitadamente a mi corazón, sin duda esa sonrisa debe haber abierto las piernas de muchas mujeres, pensé, porque ese era el efecto que producía en mí. Era la sonrisa de un macho seguro de sí mismo, con ojos brillantes y una promesa cachonda en ellos de excitación y diversión, era un paquete dispuesto a la lujuria. Se acercó a mí directamente con esa cosa bamboleando en forma desafiante, simplemente abrí mi boca y comencé a chuparlo ávidamente, haciéndolo que se pusiera duro en toda su majestuosidad. Puse mi mano alrededor de su prepucio comenzando a moverla hacia adelante y hacia atrás, al tiempo que aumentaba la velocidad de mis chupadas, metiéndolo profundamente en mi boca. Yo sabía que una vez que iniciáramos estos jueguitos, Sebastían querrá follarme, la pregunte era ¿dónde? Por la cara de Sebastían, él ya tenía la respuesta a esa pregunta, puso su mano sobre mi escritorio como para barrer con todo lo que se encontrara encima, dejé de chupar y grité:
—¡Para! … ¡Mí computadora! …
Afortunadamente se detuvo justo a tiempo, me puse de pie, él sin dejar de sonreírme de esa manera hechizadora, me dijo con su acento argentino:
—¡Entonces será en el suelo donde te voy a violar, linda chica! …
Enseguida tiró de mi vestido por sobre mi cabeza y en menos que canta un gallo, desabrochó mi sujetador dejándome completamente desnuda frente a su polla que casi rozaba mi vientre. Cuando estoy en casa nunca uso bragas y él lo sabe, disfrutando mucho y a menudo de ello. Vi su polla temblar de lujuria, me giré y me puse de rodillas, con mis manos apoyadas en el suelo mientras él se desplazaba detrás de mí, tomó su polla con una mano y la guió a mi coño, con una voz cargada de cachondez, me preguntó:
—Supongo que ya estás mojada, ¿no? …
Dijo metiendo sus dedos en mi agujero. Dejé escapar un profundo gemido cuando me di cuenta de que estaba en la misma posición cuando Adonis me clavó su tremenda polla de perrito. Claro que Sebastían no sabía nada de eso y pensaba que mis gemidos eran por sus caricias. La verdad es que todo me traía a la mente los momentos en que Adonis me hizo sentir las sensaciones más exquisitas que no había sentido en mis cinco años de matrimonio. Sentí la gruesa polla de Sebastían penetrar profundamente mi coño, pero no pude sacar de mi cabeza las sensaciones que sentí con la polla de Adonis y empujé mi trasero contra la verga enterrada en mi conchita. Mientras sentía sus fuertes manos aferrando mis caderas y sus bolas peludas golpeando mi trasero, supe que no tenía sentido tratar de olvidar lo que me había hecho sentir Adonis e imaginé al perro sobre mi espalda con sus afiladas zampas atrapando mi cintura, rasguñando mis muslos y empujando su colosal polla de perrito dentro de mi panocha, hasta dejarla atorada en mí. En cosa de minutos, Sebastían estaba profiriendo calientes gemidos y palabrotas lujuriosas mientras follaba mi coño ardientemente, respondí del mismo modo empujando mi conchita contra su pija. Sentí cuando se estremeció y comenzó a llenar mi panocha con su semilla, entonces jadeando cerca de mi oído, me susurró:
—¡Guau, nenita! … Sí que estabas caliente, ¿eh? …
—Es tu polla la que me pone así, querido …
Dije ocultándole la verdad sobre Adonis. Nos tomamos de la mano y nos fuimos a duchar juntos después de esta improvisada sesión de sexo conyugal. Una vez en nuestro dormitorio, comencé a secar mis cabellos totalmente desnuda, sé que a él le encanta verme así sin nada de ropa. Sebastián estaba tirado sobre la cama y no despegaba sus ojos de mi cuerpo.
—¿A que hora vas a volver, querido? …
Le pregunté con mis brazos en alto, una mano sujetando el secador de pelo y la otra moviendo mis cabellos para secarlos más rápidos, mis pesadas tetas era dos globos que se movían libremente siguiendo mis movimientos.
—Realmente no lo sé … Tu sabes como somos los chicos, ¿no? …
Sabía que eso significaba a tardas horas de la noche. Era lo normal el primer fin de semana de cada mes cuando él asistía a reunión con sus amigos en el pub local. Me incliné para hacer caber mis tetas en mi sostén y luego lo abroché en la parte trasera; entonces él me dijo:
—Creo que iré a hablar con Luisa sobre su maldito perro que molesta con sus ladridos …
Me calcé unas bragas negras a juego con mi sujetador y me giré para que él apreciara mi culo, moviendo mis nalgas sicalípticamente, antes de ponerme mis ajustados leggins grises y una remera rosada que traslucía y hacía entrever mi sujetador oscuro. Me calcé mis Skechers Slip-ins grises, me volví a darle un piquito en su nariz a mi marido y me reí cuando él me dio una juguetona nalgada antes de salir por la puerta de nuestro dormitorio.


Salí al patio y caminé por nuestro jardín hasta el hueco en el seto donde podía cruzar al jardín de Luisa y Gianni, la abertura había estado allí por años, ya que los ocupantes anteriores de ambas propiedades eran grandes amigos. Y quien sabe, probablemente intercambiaban esposas, pensé con una sonrisilla malvada. Ahora trataba de ubicar a Adonis y disfrutar de su maravillosa polla en ausencia de mi marido.


Cuando me acerqué al pórtico trasero, pude escuchar algunos ruidos provenientes de su porche trasero, doblé el ángulo y estaba a punto de llamar para anunciarme, pero me detuve en seco. Allí estaba mi encantadora, inocente, pequeña y rubia vecina a cuatro patas siendo follada velozmente por Adonis. Yo estaba en la parte posterior, así que no podían verme, pero yo tenía una privilegiada vista de la gran polla de Adonis entrando y saliendo del apretado coño de Luisa, la cual gemía y chillaba de placer. Rápidamente activé mi celular y comencé a grabar todo, capturé las pesadas bolas de Adonis estrellándose en el trasero de ella y también el momento justo en que el enorme nudo entro y salió de su panocha estirada, para luego no volver a salir nunca más.
—¡Oh, sí, Adonis! … ¡Qué rico! … ¡Fóllame! … ¡Fóllame así rico! …
Gemía y jadeaba Luisa y Adonis no se hizo repetir la orden de su perra. La aferró bien con sus zampas y la folló con furiosas y rápidas embestidas, a lo que Luisa respondió apartando más sus rodillas y parando un poco más su trasero, en modo de hacer entrar toda la gruesa polla de Adonis.


Con una mano mantuve mi celular grabando, mientras metí la otra en mis bragas y comencé a frotar mi coño todavía resbaladizo por el semen de mi marido. La escena era demasiado erótica. No podía ver el rostro de la mujer, pero estaba bastante segura de que era ella por el color de sus rubios cabellos que se agitaban cubriéndole el rostro mientras ella convulsionaba en un poderoso orgasmo.


Luisa hundió su cabeza entre sus brazos apoyados al suelo y gimió diciendo palabras incomprensibles mientras el nudo de Adonis se agitaba y pulsaba dentro de ella. Sigilosamente retrocedí sacando mi mano de mis bragas y decidí terminar este trabajito en mi casa. Fue en ese momento que escuché el chasquido del nudo de Adonis siendo expelido por el coño de mi rubia vecina. Ella dio un chillido y un torrente de semen de perrito salió explosivamente de su apretado coño y se desparramó por el suelo.


Una hora más tarde, después de haberme corrido tres un par de veces viendo el video de Luisa con Adonis, cogí el teléfono y marqué el número de Luisa:
—¡Hola, Luisa … soy Theresa! … Quisiera hablarte sobre Adonis … Sucedió algo y creo que es importante que tu lo sepas …
—¡Oh, bueno! … Estoy libre ahora … Sí quieres puedes venir …
Crucé otra vez el hueco en el seto que separaba nuestras casas, toqué el timbre de Luisa y ella abrió la puerta con una amplia sonrisa mientras me abrazaba afectuosamente:
—¡Vaya! … Te ves absolutamente radiante …
Luisa no se sonrojó ni se sorprendió, simplemente dijo:
—¡Oh! … Debe ser el tiempo excelente que nos trae la primavera, nada más que eso …
Salimos juntas al porche trasero donde la había sorprendido con Adonis pegado a su coño, no pude evitar de buscar en el embaldosado cualquier signo de humedad. Adonis me vio y vino directamente a lamerme la mano con que había follado mi coño, luego olfateó mi entrepierna.
—¡Santo Dios! … Lo siento, querida … Este perro es un maleducado …
—Bueno … De eso es justamente de lo que quería hablarte …
Dije sonriendo mientras me acomodaba sobre una de las tumbonas del patio, luego agregué:
—La semana pasada cuando me lo dejaste para cuidarlo se mostró muy excitado conmigo … Como si pretendiera algo de mí … Pero nunca supe que es lo que él quería …
—Lo sé … Desde que regresamos de vacaciones que lo he encontrado muy excitable y … Muy amigable, ¿me entiendes lo que quiero decir? …
Mire fijamente a los ojos a Luisa, pero ella no mantuvo mi mirada y bajó sus ojos pretendiendo de mirar a Adonis.
—¿Amigable? … ¿Te refieres a algo así? …
Le dije poniendo mi celular ante sus narices para que viera el video de ella y Adonis. Luisa miraba con la boca abierta.
—¡Por favor, Theresa … Prométeme que nadie más verá eso … Todo empezó hace menos de dos meses … Al principio pensé que Adonis se contentaba de verme y nada más … Pero luego sucedió …
—Sucedió ¿qué? …
Pregunté levantando una ceja y profundamente curiosa por saber todo desde el principio.
—Bueno … Estaba en ese momento cargando la lavadora cuando Adonis me salto encima sobre mi espalda … Sabes lo pesado y poderoso que es, ¿no? … No pude levantarme, entonces el comenzó a moverse …
—¿Moverse? … ¿Qué quieres decir con moverse? …
Dije fingiendo no saber de qué me estaba hablando. Luisa se sonrojó visiblemente antes de continuar.
—¡Sus caderas! … ¿Entiendes! … Su polla comenzó a aparecer … Traté de empujarlo … Entonces lo sentí … ¡Era tan grande! … ¡Dios mío! … y … y …
La voz de Luisa comenzó a balbucear y tartamudear, bajando su mirada al suelo.
—No pudiste resistirte y apartaste tus bragas y dejaste que te follara, ¿verdad? …
Dije observándola fijamente para ver su reacción.
—Bueno … Es verdad … Y desde entonces no puedo resistirme a él … Tan pronto como mi marido se va por la mañana al trabajo … Llamo a Adonis, lo subo a la cama y dejo que me haga todo lo que él quiera … Por la mañana le sigo dando todas las veces que él me lo pide …
—Como cuando te encontré en el patio, ¿no? …
Me di vuelta hacia Adonis y le silbé, entonces él se acercó a mi lado. Su polla ya se asomaba un poco, estaba oliendo a sus dos perras y de seguro esperaba de obtener algo con alguna de ellas o con ambas. Volviendo a Luisa, le sonreí y le dije:
—También lo hizo conmigo … Me violó en la cocina …
Luisa me miró fijamente, entonces agregué:
—Parece que ambas tenemos un secreto que compartir, así que si no te importa …
Entonces me puse de pie y rápidamente me desnudé. Luisa me miraba estupefacta y en silencio, pero pude ver que sus ojos se iluminaban lujuriosos observando mi desnudez. Me puse a cuatro patas y me di unas palmaditas en el trasero:
—¡Ven, Adonis! … ¡Ven, chico! … ¡Ven y móntame! …
Él sabía perfectamente lo que tenía que hacer y ahora un hermoso pedazo de su polla estaba todo afuera; se subió a mi espalda y comenzó a moverse, a empujar contra mi coño. Luisa se levantó abruptamente, y se puso a mi lado:
—¡Espera! … ¡Déjame ayudarte! …
Con eso tomó la polla de Adonis y la apunto hacia mi agujero expectante. Cuando Adonis dio en el blanco, gemí y empujé hacia atrás para enfrentar sus embestidas.
—¡Uuuuhhhhhh! … ¡Oooohhhh! … ¡Eso se siente rico! …
Luisa se puso de pie y rápidamente se quitó la ropa. A todo esto, Adonis había comenzado a follarme velozmente y con fuerza. Enseguida Luisa se agachó y comenzó a acariciar mi clítoris, luego mis pezones, aferrando cada uno de ellos entre su pulgar y su índice; torciéndolos deliciosamente. Por la forma en que lo hacía, supuse que no era la primera vez que acariciaba a otra mujer y sus caricias me estaban haciendo enloquecer. Me fue imposible contenerme y con un grito de desahogo comencé a correrme sintiendo la firmeza y dureza del nudo de Adonis estrechando y sellando mi panocha. Mí coño se contrajo y toda esa presión hizo explotar las enormes bolas de él. Sentí sus chorros calientes de semen brotar y verterse profundamente en mi coño. Me llenaba con su semilla. Luisa tomó mi rostro y me besó apasionadamente en las boca mientras yo jadeaba tratando de reponerme y disfrutando el orgasmo que revolucionaba todo mi cuerpo.


Adonis tiro varias veces y en una de esas su polla salió volando de mi conchita. Luisa rápidamente me hizo rodar sobre mi espalda diciendo:
—¡Acabo de limpiar este maldito patio, no quiero más semen de perro en él! …
Luego me separó las piernas y enterró su cabeza en medio. Sentí su lengua adentrarse profundamente en mi coño buscando y recogiendo cada gota del semen de Adonis; sus manos agarraron mis nalgas y las levantaron para tener un mejor acceso para limpiar mi coño goteante.


A todo esto, pude ver que Adonis había terminado de limpiar su verga y estaba enterito de duro otra vez. Cautivado por la fragancia y los sonidos de sus dos perras. Montó a Luisa y después de algunos breves y hábiles empujones, encontró su objetivo; Luisa gritó y movió su trasero contra el perro, pero siguió gimiendo y gruñendo mientras se comía mi conchita. Por segunda vez la polla de Adonis estaba enterrada en el coño de Luisa. Ahora ella tenía problemas en concentrarse en lamer mi vagina, ya que los empujones de Adonis la hacían delirar en gemidos y chillidos.


Podía sentir las vibraciones que anunciaban que mi orgasmo era inminente al percibir el roce de sus labios lamiendo mi vagina, entonces tomé su cabello y la tiré más a mi entrepierna. Lo hice con fuerza mientras arqueaba mi espalda y empujaba mi ingle contra su famélica boca. Mis fluidos estaban mezclados con el semen de Adonis y ella los tragó entusiásticamente. Por la forma en que ella gemía lamiendo mi coño, me di cuenta de que el perro estaba eyaculando su leche caliente dentro del coño de Luisa. El perro tenía una mirada de puro éxtasis con su media lengua afuera de su hocico, respirando afanosamente y haciendo ligeros movimientos para descargar con orgullo todo su semen e impregnar a su perra con su semilla.
—¡Oh, qué lindo perrito! … ¡Pareces muy feliz! …
Adonis simplemente ladeó su carita bobamente y gimió dejando caer un poco de baba sobre la espalda de Luisa. Solo pasaron un par de minutos y escuché el chasquido de la polla de Adonis siendo expulsada por el estrecho coño caliente de Luisa y, como si pudiera leer mi mente, él se fue a lamer el coño de su ama con voracidad. Esto hizo gemir mucho a luisa provocándole una serie de temblones y estremecimientos varios. Cada vez que ella corcoveaba alejando su coño de la voraz lengua de Adonis, él se detenía a mirarme como pidiéndome que hiciera algo y luego volvía a lamer a Luisa que chillaba y gruñía como una marranita. Él finalmente se fue a su lugar a lamerse su polla lustrosa y mojada. Recibí a Luisa en mis brazos y nos besamos apasionadamente, entonces le susurré:
—Ni te atrevas a reparar el hueco que hay en el seto …


Fin


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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!



luisa_luisa4634@yahoo.com

escrito el
2026-07-13
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