En la cama de papá. - Parte II.

por
género
incesto

Ciertamente me fui a la cama con sentimientos encontrados. Lo que acababa de pasar era simplemente maravilloso, pero al mismo tiempo terrible. Todo culpa de Gerardo, el muy imbécil de mí novio que no quiso venir a hacerme compañía mientras papá y mamá estaban fuera de casa. Lo necesitaba para cumplir mí fantasía, quería hacer el amor con él y llamarlo “papi” mientras él me follaba por cualquier parte que él quisiera, le iba a dar una de sus mejores noches. Era una pervertida fantasía que yo anhelaba cumplir con él. Sin querer queriendo todo sucedió mejor de lo que yo esperaba, finalmente fue mi verdadero padre quien llegó y se acostó conmigo, pensando que yo era mi madre. Venía tan cachondo que me hizo todo lo que él le haría a su esposa y yo no quise o no pude sacarlo de su error. Lo disfruté. Lo disfruté mucho. Papá me hizo cosas prohibidas hasta que descubrió que se trataba de mí, su hija. Entonces se enojó y me echó de la habitación. No quiso hablar conmigo y dijo que nunca lo haría.


Quizás nunca hablaríamos de lo sucedido, pero lo acaecido ya no se podía borrar. ¡Oh, Dios! ¡Qué noche! Mi vida había sido iluminada y bendecida por la polla de papá, seguramente esta había sido la mejor noche de mi joven vida. Durante el resto de esa noche dormí muy poco. Sola en la oscuridad de mi habitación, había en mi rostro una sonrisa boba. Lo único que podía pensar era en mi padre. Sus fuertes brazos estrechándome. Su aroma masculino característico. Sus grandes manos sobre mí y su gran polla. Su voz varonil y profunda. Sus ardorosos besos y la forma con que me abrazaba. Me sentía en el paraíso. Ahora sabía lo que significaba estar con un hombre de verdad y no esos jovencitos ridículos con los que había compartido hasta ahora.


Sentía el vacío en mi coño después de haber sido estirado por la gruesa polla de papá. Me sentía radiante, maravillosamente bien follada. Podía sentir todavía la gruesa cabezota de su pene empujando y separando mis labios vaginales. Fue algo mágico cuando su verga se deslizó dentro de mí con latidos profundos y poderosos. Había quedado en mí la sensación genuina cuando su semen mojó mis paredes vaginales, fue como un regalo especial que él me brindó. Admití de estar tomando la píldora, pero no era verdad. De todas maneras estaba segura de no estar ovulando. Sí me quedaba muy quieta y concentrada, todavía podía sentir sus manos rudas manoseando mis tetas y sus brazos estrechándome a su cuerpo.


Cuanto más tiempo pasaba, más escandalosos se volvían mis pensamientos. Comencé a sentir celos de mi madre. ¿Qué había de malo en lo que hicimos? ¿Por qué mamá podía tenerlo todo para ella sola? Ella no era la única que lo amaba. Ella no era la única que lo deseaba carnalmente. ¿Por qué papá no podía disfrutar de mi joven coño de veinte años todas las veces que quisiera y cuando quisiera? ¿Por qué no debería?


¡Hmmmmm! Dejé escapar un suspiro y sacudí la cabeza. Estos pensamientos eran demasiado locos. ¿Qué pasaba con mi cabeza? Mi malvada sonrisa regresa a mí rostro. Papá se había introducido en mi coño en forma profunda con su pene totalmente duro. ¡Ooohhhhh! Ese momento fue mágico. Su polla, ¡Santo Dios! ¡Qué cosa más rica! ¡Estaba en el paraíso!


Me estremezco recordando esos momentos y me digo: ¡No Greta, eso no está bien! Has jodido a tu padre. Lo que pasó, pasó. Sería un recuerdo que conservaría como un tesoro, pero era algo que nunca volvería suceder. Ahora lo más importante era hacer las paces con él. Necesitaba arreglar las cosas con él. Él es mi papá y yo su niña pequeña. Él lo es todo para mí. Nunca lo había visto tan enojado conmigo. Sí, lo sé, es comprensible. Había sido una chica mala. En el silencio de mi cuarto, oré para no haber arruinado las cosas con él en forma irreversible.


Me autoconvencí de que mí prioridad era de que por la mañana, haría todo lo posible para arreglar nuestra relación padre-hija. También debía ir al consultorio a tomar la pastilla del día después, solo para asegurarme de que no sucediera algo más complicado. ¡Jesús, Jesús! Había sido irresponsable de mi parte dejar que todo esto sucediera. La fantasía había ido de maravillas, pero era hora de volver a poner los pies sobre la tierra.


Finalmente logré conciliar el sueño y dormir un par de horas. Cuando me desperté, me levanté y me puse una larga y ancha camiseta que usaba a veces a modo de camisón. Luego me fui al baño para limpiarme un poco. Todavía estaba en mí el sudor de papá y otras secreciones pegajosas de la noche anterior. El pasillo estaba tranquilo y la puerta del dormitorio de mis padres estaba todavía cerrada. Me di una ducha rápida y muy caliente, necesitaba borrar toda traza del sexo prohibido que había tenido con papá. Otra vez me lleno de felicidad al recordar esos momentos, era imposible dejar de pensar en las grandes manos de papá deslizándose, acariciando y abrazando todo mi cuerpo.


¡Hmmmmm! Suspiro contenta mientras agarro y enjabono mis tetas. Si hubiera tenido más tiempo, probablemente le habría dado un buen uso a la boquilla de la ducha y a mis dedos, pero quería asegurarme de hablar con papá antes de que él se fuera a su trabajo.


Me enjuago, me seco, cepillo mis cabellos rubios y vuelvo a colocarme el camisón. Cuando vuelvo al pasillo, escucho la voz varonil de mi padre desde su habitación. Estaba al teléfono con alguien. Hago una breve pausa y me pregunto si estará hablando con mi madre. Luego prosigo hacia mi habitación, a medida que avanzo trato de reprimir los irracionales sentimientos de celos hacia mi madre.


Voy directamente a la cocina e inmediatamente empiezo a sacar comida desde los estantes y del frigorífico. Huevos, tocino, frutas y bayas diversas, hogazas de pan, etc. Giro por la cocina bailando y musitando una canción de Elton John, me siento extraordinariamente bien, me preparo una taza de café y luego me ocupo de preparar el mejor desayuno que pueda preparar. Sabía que mi padre iba a estar todavía muy enojado conmigo sin importar lo que hiciera, pero también sabía que un buen desayuno, apetitoso y fresco, se iba a sentir muy bien en su estómago y esto no iba a dañar en ningún modo mi causa. Papá era un hombre de grandes apetitos y yo quería ser quien calmara todos esos deseos hambrientos en todas las formas posibles.


Mientras preparo el desayuno para papá, observo el patio trasero, el fresco verde primaveral de los arboles que hay más allá. Mis ojos suben hacia un espléndido cielo, un lienzo totalmente azul donde el sol baña con sus rayos de amor a todos los habitantes de la tierra, su luz parecía más cálida, todo brillaba con una excepcional belleza natural. Todo parecía maravilloso, realmente no sabría decir si había contemplado un día tan lindo como este. Sigo tarareando “Don´t go breaking my heart” y muevo mi trasero al ritmo melodioso de la canción, cortando algunas tajadas de melón que cubriré con jamón serrano, se que a papá le gusta eso, luego le prepararé los huevos revueltos con tocino que a él tanto le encantan.


Toc, toc, toc … toc, toc, escucho los lentos y pesados pasos de papá que desciende por las escaleras. Su paso lento me parece incluso vacilante. Seguramente está preocupado de este nuestro primer encuentro después de la noche recién pasada, probablemente se siente incómodo por todo lo acaecido entre él y yo. Mí corazón late en forma alocada y siento como un nudo en mi garganta. Para ser honesta no tenía ni la menor idea de que iba a suceder. No sabía que iba a decir él ni que iba a decir yo. Sólo podía invocar a todos los santos para que fuera para mejor.


Toc, toc … toc, toc, toc … sus pasos se detienen y se produce un silencio. Espero ansiosamente, reviso que todo este bien y en su lugar, su plato y su desayuno deben ser perfectos. Toc, toc, toc, él continua a caminar y de pronto aparece en el vano de la puerta de la cocina. Su gran forma llena todo, de pronto me siento terriblemente excitada, se ve tan bien, tan guapo. Luce esplendido y distinguido en su traje de negocios, sus sienes ligeramente teñidas de gris le dan un porte de elegancia y esplendor. Él es un hombre apuesto y distinguido con un traje cortado a su medida, camisa celeste y corbata roja con estrías verde oscuro. ¡Oh, Dios! Le sienta tan bien ese vestido.


Inmediatamente pude notar que la ira de la noche anterior había desaparecido por completo. En su lugar había una especie de turbación, tal vez vergüenza y resentimiento. Me dolía verlo así. Nunca quise lastimarlo.


Me sentí un poco molesta por no sentir lo mismo. ¿Dónde estaba mi vergüenza? ¿Dónde estaba mi arrepentimiento? Me dolía haber lastimado a mi padre, pero no tenía ningún sentimiento de arrepentimiento. No me sentía en culpa por haber tenido su gruesa polla dentro de mí, por el contrario; me encantaba recordar todos esos hechiceros momentos. ¿Qué diablos pasaba conmigo? ¿Era normal y natural lo que estaba sintiendo?


Hay un momento de tenso silencio y él dice.
—Voy a salir …
Sus ojos de intenso azul miran hacia la campana de la cocina, ni siquiera quiere mirarme y eso me rompe el corazón. Se voltea para irse y yo lo llamo.
—¡Espera, papá! … ¡Yo … Ehm … Te preparé el desayuno! …
Él mira hacia la mesa por encima de su hombro. Me muevo con la bandeja perfectamente dispuesta y preparada especialmente para él. Él mira de soslayo, mueve su cabeza y se gira.
—Tengo que irme …
—Papá … Preparé todo para ti …
Da un paso más hacia la salida.
—Papá … Por favor … Necesito que volvamos a la normalidad … Por favor, quédate …. Te lo ruego …
Se detiene en silencio. Dejo la bandeja en su lugar y me froto las manos.
—Papi … Te amo … No fue mi intención … ¿Cómo podemos solucionar esto? … Yo sola no puedo … Lo siento … Lo siento mucho …
Observo como sus hombros se mueven mientras reflexiona. Deja escapar un sonoro suspiro. Su cabeza se inclina y luego nada. Resta silencioso. La pausa parece durar una eternidad. Finalmente, ¡Gracias a Dios!, se gira y asiente con la cabeza. Regresa a la cocina y se sienta a la isla, pero en ningún momento sus grandes ojos azules me miran.
—¡Hmm! … Huele bien …
Dice con una voz más sosegada. Sonrío algo más tranquilizada. Me apresuro a tomar un plato para servirlo delante de él. Acomodo un cuchillo y un tenedor a su alcance; luego voy a servirle un café fresco recién hecho, mete crema y mucha azúcar tal como a él le gusta. A papá le encanta el dulce. Corro a servirle la ensalada de frutas, entonces me doy cuenta de que estoy vestida solo con mi camisón. No era nada inusual en otros tiempos, pero después de lo que pasó anoche, me di cuenta de que debería haberme vestido en manera diferente. Se podía percibir claramente como mis tetas saltaban cada vez que me movía y si por caso me agachaba, corría el riesgo de mostrarle el culo a papá, para que decir el hecho de que mis piernas desnudas estaban casi totalmente expuestas. “Qué estúpida que eres, Greta”, me reprendo sarcásticamente a mi misma. ¡Estúpida! ¡Estúpida! ¡Estúpida!


Mientras me muevo activamente, me giro hacia él con su taza de café caliente. Lo sorprendo mirando en mi dirección. Sus ojos vuelven a su plato. ¿Me estaba mirando el culo? ¿Me estaba mirando las piernas? Pude sentir un cosquilleo en mis pezones excitados. Otra vez me recrimino, ¡Estúpida, no te está mirando a ti! ¡Quítate eso de la cabeza, chica tonta!


Una vez que le he servido todo el desayuno, tomo un taburete y me siento a su lado. Huelo el conocido perfume de su aftershave. Un aluvión de recuerdos vuelven a mi mente, mi coño se aprieta y se humedece. ¡Guau, papi! Respiro y trato de calmar mi libido desenfrenada. Él está comiendo en silencio; come la comida que le preparé. Había un ambiente tenso. Parecía que estábamos muy distantes el uno del otro, sin embargo, nuestros codos casi se tocaban. Nunca antes me había sentido así. Me recuerdo a mi misma que todo esto fue culpa mía. Permití que esto sucediera y ahora tenía que aceptar las consecuencias. Pero él estaba aquí comiendo mi comida. Esto me parecía un gran y positivo comienzo. Mientras mastica su melón con jamón serrano, me pregunta.
—¿No comes nada? …
Muevo mi cabeza negativamente.
—Lo hice sólo para ti, papá … Para compensar lo de anoche …
Inmediatamente me estremezco. ¡Qué cretina que soy! ¡Cómo puedo haber dicho tal disparate! ¡No es eso lo que quería decir! Suena como si le estuviera agradeciendo el sexo tabú magnifico que él me dio anoche. Estaba arruinando todo. Estaba tan nerviosa que había dicho otra estupidez del porte de una montaña.
—¿¿Compensar?? …
Papá deja escapar un resoplido. Veo que su cara se desfigura y la mano que aferra el tenedor se aprieta.
—¡No vuelvas a referirte a lo que pasó en ese modo! … ¡Nunca! … ¡Nunca!, ¿entiendes? …
Bajo la cabeza y sumisamente susurro.
—Sí, papá … Lo siento … No sé lo que dije … Te amo, papá …
Suspira de nuevo y siento que trata de calmar su ira nerviosa, luego dice.
—Yo también te amo, nenita …
Me emociono. Lágrimas brotan de mis ojos. Él me llamó “nenita”. Hacía años que no me llamaba de ese modo. Esa sola palabra me tranquilizó más que cualquier otro elocuente discurso. No puedo ocultar mi alegría y la sonrisa en mi rostro. Me seco las lágrimas, me acomodo en mi asiento y lo contemplo en adoración. Él acaba de llamarme “nenita”. Todo va a estar bien.


Me siento allí viendo a mi padre mientras come la comida que yo preparé para él. Está comiendo todo, eso quiere decir que le gustó y me hace sentir bien. Aun cuando las cosas estaban lejos de volver a ser normales, la tensión entre él y yo había disminuido considerablemente. Desearía que pudiéramos charlar sobre lo acaecido, pero no quería forzar las cosas y cometer más errores. Además, ¡qué más podría decir? Sólo pedir perdón muchas veces más.


Siento los ojos de papá sobre mí, me mira de cerca y luego vuelve la atención a su plato. Después dice algo que podría decir cualquier padre.
—Deberías comer … No es saludable saltarse el desayuno …
—No te preocupes … Estaré bien …
—¿Qué vas a hacer hoy? …
Me pregunta en modo totalmente casual.
—Realmente no lo sé todavía … Tengo que salir por un rato …
No le digo que pienso ir a la clínica en busca de la pastilla del día después, agrego.
—Pero volveré luego y me quedaré en casa …
Se aclara la garganta y se mueve algo incómodo, enseguida me pregunta.
—¿No vas a salir con Gerardo? …
Sin ninguna mala intención dejé escapar un bufido de exasperación y respondí.
—¡Ufff, no! … ¡Es un cretino! … Terminé con él …
—¡Oh! …
Responde papá lacónicamente asombrado. Suspiro una vez y agrego.
—¡Ehm! … Bueno sí … En realidad él es culpable de todo lo que sucedió … Me sentía deprimida y quise sentir vuestra compañía y no estar sola … Por ese motivo me encontraste en vuestra cama … Quería estar en un lugar bonito donde sentirme segura …
—¡Oh! … ¡Uhm! …
Exclama papá mientras mastica una hogaza de pan con huevos revueltos, luego dice.
—Ese tipo nunca me gustó … Es un punk … Él no te merecía … Debes buscar algo mejor …
Sonrío con cierta confianza, ahora sé que había tomado la decisión correcta. Sí a papá no le gustaba es porque él no era bueno. Mí papá es un buen juez. Él tiene carácter y sabe de estas cosas. Mí papá es el hombre más inteligente que he conocido. Amaba a mi padre y sabía que él cuidaba de mí. Me siento flotar en el aire, estoy feliz. Tomo su taza de café vacía y voy a buscarle otro café cremoso y con mucha azúcar.


Hago una pausa. Recuerdo que en el primer café que le preparé, cuando miré hacia atrás, tuve la sensación de que él me estaba mirando el trasero. Sin siquiera reflexionar al respecto, dejo que la cuchara resbale de mis dedos y me agacho a recogerla a sabiendas de que mi camiseta se iba a recoger sobre mis nalgas. Me mantengo inclinada sin doblar mis rodillas y con mi culo apuntando a mi padre. Todo sucede como en una cámara lenta, el tiempo parece detenerse, el dobladillo de mi camiseta se arremanga sobre mis glúteos, siento el fresco del aire en mi piel, sabía perfectamente que mi coño se asomaba un poco. Tomo la cuchara con cierta dificultad haciendo tiempo, luego me levantó lentamente. Me giro hacia papá y sonrío.
—Je-je-je … Dedos de lana …
Papá estaba mirando su plato, pero sus mejillas se volvieron sutilmente ruborizadas. Estoy segura de que lo vio. Él vio mi coño desnudo. Ese pensamiento me electrizó. Hubo un largo momento de silencio, tal vez demasiado largo. Lo sentí que estaba cavilando sobre algo, ordenaba sus pensamientos, después dijo.
—¿Greta? …
—Sí, papi …
—Greta …
—¿Ah-ha? …
Digo con una descarada sonrisa en mi rostro mientras me muerdo mi labio inferior.
—Yo … ¡Ehm! …
Los segundos se convierten en un minuto y todavía no es capaz de decir algo, la atmósfera se electriza repentinamente.
—Yo … ¡Uhm! … Quiero decir …
Se endereza en su taburete y finalmente espeta.
—A mí no me gustan los piercings … Son de mal gusto, ¿sabes? …
—¡Oh! … Está bien …
Respondo algo confundida. Encuentro muy extraño lo que me está diciendo, pero lo que me dice a continuación me deja perpleja.
—El perfume de tu madre … Eso está bien … Es bonito y me gusta … Es mi favorito … Huele bien en una mujer, ¿sabes? …
Dejo de respirar y mis ojos se abren a desmesura, sus palabras flotan en el aire y son como música para mí. Mi corazón se acelera. Me siento sobre oxigenada. ¿Qué se supone que significaba todo eso?
—¡Ehemm! …
Se aclara la garganta y se levanta de la isla.
—Tengo que irme … Hay mucho trabajo por delante … Regresaré tarde …
Sus ojos azules me encuadran fijamente y me sonríe como si todo hubiera vuelto a lo normal. Estira su espalda. Su macizo y musculoso cuerpo llena magníficamente su elegante traje de negocios, se estira y añade.
—Creo que se va a hacer muy tarde … Será noche plena … Vete a la cama temprano, no me esperes despierta …
Enseguida me mira a los ojos profundamente, con una intensidad que nunca antes lo había hecho.
—Te amo, nenita … Espero que tengas un buen día …
Con eso se da la vuelta y sale de la cocina hacia la puerta de salida al garaje. Me quedo atónita como una boba. Todavía tengo una cuchara en mi mano. Escuché cuando cerró la puerta y luego oí el rugido de su Mercedes S680, pasaron un par de minutos y luego el auto salió acelerando por el camino de entrada mucho más veloz de lo habitual. Exhalo un fuerte respiro, no me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Jadeo y otra vez la cuchara escapa de mis manos sobre la fría baldosa.


Me quedé paralizada. No estoy segura de cuanto tiempo estuve embobada sin poder reaccionar y recuperar mi cordura. Cuando finalmente me estabilicé, lo primero que hice fue quitarme el piercing de mi ombligo y sepultarlo entre mis cachivaches. Lo segundo que hice fue llamar al cretino de Gerardo y darle una patada en el culo. Él estaba muy molesto y no se explicaba el porque lo dejaba, pero ya no me importaba. No podía compararlo con papá, ni como hombre ni como amante.


Las palabras de papá retumbaban en mi cabeza. No le gustaban los piercings, insinuando que debía deshacerme de ellos. Luego dijo que le gustaba el perfume de mamá, insinuando que debería usarlo. Dijo que regresaría a casa tarde, ya oscuro, ¡Igual que la otra noche! Sin ningún piercing que me delatara y usando la fragancia de mamá, no habría nada que nos distinguiera a ella y a mí en la oscuridad de la noche. ¡No puedo creer que esto esté pasando! ¡No podía ser real lo que estaba sucediendo!


Y no fue solo lo que dijo, sino como lo dijo. Sus mejillas todavía estaban sonrojadas después de ver mis nalgas y mi joven coño desnudo. Su voz había sido mesurada y cuidadosa, pero el significado era incontrovertible, no tenía duda alguna. ¿O me lo estaba imaginando? No cometería incesto a sabiendas, ¿verdad? Él no engañaría deliberadamente a mamá, ¿no?


Continué dándole vueltas al asunto mientras concluía con la limpieza de la cocina. No importaba como lo analizara, pero todo indicaba que me estaba invitando a “engañarlo” otra vez. ¿Era posible que me estuviera imaginando todo esto? ¿Qué había querido decirme? ¿Se había vuelto loco? ¿O era yo quien había enloquecido? La invitación era tan obvia y, sin embargo, tal vez no era tal … O quizás, sí. ¿Podría ser posible? ¡Ah!


Deambulo como una sonámbula por la casa mientras sueño con otra noche de exquisitos placeres en la cama de papá. Pero todo esto sólo funcionaría sí mamá se quedara fuera de casa otra noche. ¿Papá sabía algo que yo no sabía? ¿Tuvo esa llamada telefónica de esta mañana que ver con todo esto? Corro a mi habitación en busca de mi celular, rápidamente texteo a mamá.
——¡Hola, mami! ¿Cómo va la visita? ——
Lo envío esperando esperanzada de que mi madre no pueda en algún modo secreto intuir el motivo oculto de mi pregunta. Sentada al borde de la cama miro la pantalla y espero una respuesta; por fortuna no debí esperar mucho.
——¿No te lo dijo tu padre? ——
Fue su respuesta. Podía escuchar el latido de mi corazón en mi pecho. Mi boca estaba seca y mis dedos temblaban cuando escribí.
——No, ¿pasa algo? ——
Mamá escribe sus mensajes con un solo dedo, así que tuve que esperar su respuesta.
——La abuela se torció un tobillo. Nada grave, pero me quedaré un par de días para ayudarla——
Rápidamente le digo que lo siento mucho y me despido de ella; mando saludos para la abuela. Luego me dejo caer sobre mi cama con los brazos abiertos mirando el techo color marfil. Una gigantesca, feliz y soñadora sonrisa se dibuja en mi rostro perverso y retorcido. Mis muslos parecen cosquillear y esa deliciosa sensación comienza a repartirse por todo mi cuerpo. Ese mensaje fue la confirmación a todas mis suposiciones y sospechas. Era justo lo que yo necesitaba saber. Mamá no iba a regresar pronto. Papá y yo íbamos a estar solos en casa. El camino al pecado estaba libre. Podríamos cometer otro “error” impío en la total oscuridad del dormitorio de papá. Mi mente funcionaba a pasos acelerados, mis únicos pensamientos eran. ¡Te entendí, papá! ¡Tu mensaje es fuerte y claro! ¡Tu nenita te esperará está noche, papi mío!


La confirmación de todo esto me sacude en lo más profundo. Se desatan en mí nuevas y extrañas emociones que había estado reprimiendo todo este tiempo, mi psique está revuelta en un torbellino, como un tsunami que se abalanza en una rompiente. Mi ojos se humedecen, pero son lágrimas de alegría descarada. ¿Esto realmente estaba sucediendo? ¿Podían los astros alinearse en forma tan perfecta?


Haciendo un esfuerzo sobre humano me obligo a retornar a la tierra. Una vez más me sorprende mi total falta de contrición. No pienso a mamá, la mujer cuyo esposo me había follado deliciosamente la noche anterior en su cama matrimonial. Una vez más, sin culpas ni arrepentimientos, sin disgusto ni repulsión, solo un enorme y escabroso deseo carnal por mi padre. Sí, sí que soy una chica mala.


Es verdad que los textos no hicieron nada para influenciarme y cambiar de opinión, mi conciencia era de una descarada desvergonzada, pero me recordé de algunas cosas que había hablado con mamá. Mientras me preparaba para ir a la clínica, me vino a la mente una conversación que tuve con ella hace algunos meses. Ella no paraba de alabar y mencionar la “T” de cobre que le habían puesto, un procedimiento sencillo que sólo le llevo al médico unos minutos en hacerlo. No solo iba a tener una protección casi infalible contra los embarazos, sino que también funcionaba como anticoncepcional si se instalaba un par de días después de haber consumado el hecho. Una lucecita se enciende en mi mente, ¡Eureka! ¡Es perfecto para mí!


Con un artilugio de este tipo podría olvidarme completamente de las píldoras y la pastilla del día después. Podría así tener todo el sexo que quisiera con un riesgo mínimo de quedar embarazada. Antes no me preocupaba mucho porque siempre lo hacía con preservativo, sobre todo con Gerardo porque no sabía con quien se podía meter él. Si Gerardo contraía una ETS, por lo menos yo no iba a ser contagiada, además, nunca me gustó que él se corriera dentro de mí. Pero con papá … ¡Hmmmmm! En él sí podía confiar. Estaba en una relación de largo tiempo con mamá. No creo que él esté contagiado de algo. Y si lo está, después de lo de anoche, yo también lo estoy. También está el hecho de que había probado su pene duro y desnudo, por ningún motivo iba a poner una goma entre su piel y la mía. Lo que más ansiaba era tener mi coño repleto de su leche.



Con los ojos cerrados deslizo una mano entre mis piernas, mi dedo medio se enfila a lo largo de mis labios hinchados y húmedos mientras recuerdo la gruesa polla de papá separando mi labia vaginal de maravillas, esa sensación sobrecogedora, cálida y húmeda de su lechita escurriendo fuera de mi panocha. Me folló taaan rico mi papi. ¡Qué hombre, por Dios!
—¡Uuuhhhhhh! …
Suspiro mientras mi dedo empuja un poco más profundamente.
—¡Ooohhh, Dios, papi! …
Sacudo mi cabeza y trato de volver al presente. ¡Concéntrate, Greta, concéntrate! Si las cosas estaban dándose de esta manera, muy pronto volvería las deliciosas sensaciones en los brazos de mi papi. Me visto y salgo con muchas ganas de afrontar el día.



Existía la posibilidad de que no fuera a la clínica, pero sabía que no podía rehusar la visita. Teníamos el mejor seguro médico que el dinero podía comprar y la clínica era una de las mejores de la ciudad. Tenía una lista limitada y exclusiva de asegurados y la atención era excelente.


Mientras camino por el antejardín de nuestra casa palaciega, de repente me doy cuenta de la increíble riqueza y seguridad que me rodea y que normalmente doy por sentado. Vivo en esta hermosa casa sin pagar el alquiler ni facturas. Gozo de una generosa asignación mensual para poder financiar mis gastos diarios y así concentrarme en mis estudios. A medida que me acerco a mi Volkswagen plateado que me regalaron al momento de graduarme de la secundaria, reconozco que pocos de mis amigos tienen los beneficios que yo poseo sin condiciones. Un sentimiento de humilde gratitud colmó mi corazón al pensar en ello, los agradecimientos iban a mi padre que trabajaba duro para que todo eso fuera posible. Papá cuidaba muy bien a su nenita, era hora de que yo me prendiera cura de él.


El día en sí pasa como en un sueño delicioso y lleno de expectativas. La brisa se sentía maravillosa en la piel desnuda de mis piernas. El sol brillante caldeaba mi carne y hacía resaltar los colores de la ciudad, todo parecían cobrar vida y vibrar. La radio sonaba música agradable y la comida que comí parecía tener un sabor exquisito. La vida me sonreía y estaba siendo buena conmigo. Nada al mundo podría arruinar este día tan importante para mí.


Mi teléfono no dejó de sonar en toda la mañana, pero lo levanté solo para comprobar si era papá quien me llamaba. No necesitaba escuchar a nadie más, mis amigos mandaban WhatsApps, muchos de ellos preguntándome que había pasado entre Gerardo y yo. No podía ocultar mi alegría y mi estado de animo vital y positivo, así que no me sentía de animo como para responder preguntas estúpidas. Mí felicidad estaba basada en un secreto y esto lo hacía sentir un poco perverso, pero muy excitante.


En la clínica no tuve ningún contratiempo. La tención fue rápida y excelente. Después de una breve entrevista con el galeno, éste me realizó el procedimiento sin ningún problema. Me recosté sobre la camilla con las piernas levantadas en los estribos y mirando las lucientes luces led. Estoy tranquila y mi ánimo arriba al máximo. Siento al médico que trabaja entre mis piernas, hay una pizca de dolor y antes de darme cuenta ya estaba descendiendo de la camilla con el procedimiento terminado.


Mi siguiente parada fue la boutique donde mamá compra su perfume. Era el favorito de papá, sabía que mamá tenía en casa el suyo, pero quería mi propia botella. No quería nada personal de esa mujer, sólo su hombre maravilloso.


Creo que estaba exacerbando algunas cosas y estaba perdiendo el control de la realidad. Cada vez que pensaba a mamá, lo hacía con sentimientos de celos y algo de resentimiento. Cada vez que pensaba a papá me parecía volar entre nubes de colores y paradisiacos aromas. Estos no parecían sentimientos equilibrados y racionales y, sin embargo, no me importaba mucho.


Mí única preocupación en este universo mío era encontrar una manera de volver a estar entre los brazos del hombre que amo. Mí hombre grande, fuerte, exitoso, seguro de sí mismo, guapo y perfecto. Mi interés por mi padre puede haber comenzado como un juego un poco pervertido, pero ahora, después de haber probado la fruta prohibida, esto se estaba convirtiendo en algo muy parecido a una obsesión.


Amaba a mi papi con todo mí corazón, siempre lo había hecho, pero ahora es diferente. Mi amor por él estaba intacto, pero me había enamorada de él. Un sentimiento tan fuerte y sólido qué todos mis tontos enamoramientos del pasado parecían insignificantes estupideces. Esto me parecía un sentimiento genuino y real.


Terminé mi salida con un almuerzo ligero en un lugar donde venden Buckets de pollo frito. En el centro comercial compré unos completos de fina lencería seductora y provocativa. La chica de la tienda no dejaba de sonreírme mientras elegía prendas de diferentes colores y todas pequeñitas. Sin duda mí felicidad se estaba volviendo contagiosa. Una vez que concluí con mis compras, volví a casa lo más rápido posible. No tenía prisa alguna, sabía que debía esperar que se hiciera noche para volver con papá y a esas maravillosas sensaciones que él me había hecho sentir y que yo añoraba volverlas a probar en mi sensible piel y mi estrecho coño. Quería estar en casa ahora ya.


Sí las horas de la mañana y el correr del día me pareció estar viviendo un sueño; las horas de la tarde y esperar expectante a que oscureciera, se estaba convirtiendo en una pesadilla.


Las buenas vibraciones se prolongaron por un tiempo. Bailé y canté algunas melodías románticas y alegres de amores soñados. Me probé mi nueva lencería, un negligé negro trasparente con deliciosos encajes y bragas tanga a juego. Me miré al espejo y moví mi trasero como bailando reguetón, mis tetas saltaban y mecían al ritmo de la música. ¿Maldita sea! Me veía muy bien. Queriendo sentirme sexy me lo dejé puesto.


Sin embargo, al quedarme sola en la gran casa vacía con sólo mis pensamientos, Mi dichosa locura comenzó a derrumbarse como un castillo de naipes. La realidad bruta y dura comenzó a filtrarse e invadir mi estado mental feliz. Las fotos familiares en las paredes hablaban de nuestra vida normal y feliz. Fotos mías en las distintas etapas de la infancia, fotos de mi madre y mi padre abrazados, fotos de los grandes momentos: Mis primeros dientes, nuestras vacaciones, las diferentes navidades, nuestro ida al concierto, el tedeum ecuménico de las fiestas patrias. El día en que papá y mamá se casaron. Mamá sentada en la camilla con una feliz sonrisa mientras me sostenía en brazos después de haberme traído al mundo. Todo eso era un monumento que había resistido el paso de los años. Papá amaba a mamá.


Pero había una foto en particular que comenzó a molestarme. En ella estaba sólo mamá, muy elegante y sofisticada, con una fingida sonrisa. Donde quiera que me moviera en la habitación, sus ojos me seguían en forma criticona y juzgándome como siempre lo había hecho. Ella nunca me dio la libertad que me daba papá, no me entendía ni me apoyaba en el mismo modo en que lo hacía papá. Siempre me seguía y se metía en mis cosas. Me criticaba, me molestaba, no me dejaba respirar, me vigilaba y estaba siempre instruyéndome sobre cosas que no me gustaba escuchar. Esa mirada suya no la podía soportar, así que dirigí mis pasos hacia ese marco fotográfico y lo puse boca abajo.


Aún así, todavía no sentía ningún sentimiento de culpa, pero tenía miedo. Miedo de arruinar esta increíble vida familiar nuestra. Derrumbar todo lo que habían construido mis padres. Lo que habíamos hecho papá y yo la última noche, estaba poniendo en riesgo todo eso. El matrimonio, la reputación de papá. Todo.


El tiempo me estaba haciendo enloquecer. Se movía a una velocidad escandalosamente lenta. Cada minuto parecía una hora. No importaba lo que hiciera, no podía distraer mi mente preocupada y enfebrecida. Vi algunas series en mi Tablet, respondí algunos correos, hice algunas tareas, escuché música, ordené algunos archivos; pero nada ayudó a que el reloj avanzara un poco más rápido.


Y con tanto tiempo para cavilar, aparecieron las primeras dudas. En mi mente vuelven los breves minutos que pasé con papá esta mañana. Analizo cada una de sus palabras, el tono en que las dijo, los gestos que hacía y sus expresiones corporales. La insinuación de la que estaba tan segura ya no me parecía tan clara. En realidad él nunca me dijo nada en forma directa.


Me dijo que no le gustaba mi piercing en el ombligo. ¿Era esta su manera de decirme que me lo quitara y lo botara a la basura? ¿Qué parecía una vagabunda? Sé que no le gustan los tatuajes ni los piercings en las mujeres. Él los veía como personas de bajo nivel intelectual y social, un poco infantiles. ¿Era esa la forma en que él quería decirme que creciera?



Dijo que le gustaba el perfume de mamá en una mujer. ¿Era esa la forma de decirme que debería ser más como ella? Leal, responsable, sofisticada, elegante, femenina, seria, madura. ¿O fue una manera de decirme lo comprometido que estaba con ella? Que sólo quería a su esposa en su cama, que la prefería a ella antes de cualquier otra, incluyéndome a mí.


Dijo que no estaría en casa hasta después del anochecer. Quizás no fue una invitación, tal vez quiso advertirme de no volver a hacer lo de la otra noche. Tal vez era su forma de ponerme a prueba para ver si hacía lo correcto. Quizás el retardar su llegada a casa hasta la noche, era para no verme después de lo que habíamos hecho la noche anterior. Quizás él se avergonzaba de mí y no soportaba verme. Tal vez incluso me odiaba. ¡Sigh!


Volvieron a mi mente lo que había dicho repetidamente y en un lenguaje claro que no admitía equivocaciones. Él dijo que nunca hablaríamos de lo sucedido. Recuerdo su enojo de la noche anterior. Recuerdo lo que me dijo cuando bajé de su cama y luego me expulsó de la habitación. Recuerdo esa expresión de dolor en su rostro cuando me vio por primera vez esa mañana.


La historia y los planes que había hecho esta mañana comienzan a desmoronarse. Mi mundo se estaba cayendo a pedazos a mí alrededor y no había nadie que me pudiese ayudar. Esta no era una temática que podía tratar con mis amigas. De pronto me sentí sola y abandonada.


Pasando las yemas de mis dedos sobre la suave y trasparente tela de mi atuendo sexy, me miro al espejo y me siento un poco tonta por haberlas comprado. Pero ¿En qué diablos estaba pensando? Lo que querías era un imposible, me digo a mí misma.


Me acurruqué desvalida en el gran sofá de cuero de papá, cierro los ojos, inclino mis hombros y mi cabeza hacia atrás e imagino de estar apoyada en su amplio pecho. El diván olía a él. Trazo mis dedos a lo largo de las costuras y me acurruco más fuerte, deseando con todas mis fuerzas el poder sentir sus fuertes brazos a mí alrededor y me parece escuchar su voz tranquilizadora diciéndome que todo iba a estar bien.
—¡Oh, papá! … Lo siento …



——Bzzz—
Mi celular vibra sobre la mesa; suspiro y me obligo a levantarme del diván. Seguramente es otro estúpido WhatsApp de mis amigos o tal vez es Gerardo tratando de que volvamos. Cojo el celular y miro la pantalla. ¡Oh, Dios! ¡Era un mensaje de él! ¡Papá me ha enviado un WhatsApp!
——No dormiste mucho anoche, Greta—
——Te quiero en cama a las nueve—
——Esto es una orden—
Miro las palabras en la pantalla brillante y en un instante todo el pesimismo y la energía negativa que me estaba sofocando se disipa como la niebla al sol. Salto una vez más llena de energía y dejo escapar una sonrisa. Tal vez había mal interpretado mal todas las señales, pero ahora me importaba una mierda. Papá siempre me decía que cualquier cosa que valiera la pena conseguir, se debía perseguir con coraje y fe. Dios ayuda a los audaces. Me sentía valiente y llena de fe. ¿Y si me equivoco? Que así sea.


Inmediatamente testeo en la pantalla como respuesta.
——¡Ooouuuaaahhh, papi! ¿Tengo que hacerlo? —
——Sé una buena chica y obedéceme, nenita—
——No olvides de apagar las luces—
Casi me desmayo al leer su respuesta y respondo.
——Sí, papi—
——Dulces sueños, nenita—
——Te amo, papi ♥♥♥♥♥—
——También yo te amo, nenita—
Doy unos locos pasos de baile casi sin control, me siento ligera como una pluma, todo vuelve a brillar.


Dejo mi celular y me dirijo sin razón alguna hacia la fotografía que había puesto boca abajo. Con mucho cuidado la coloco como estaba precedentemente. Escruto la fotografía y ahora noto las patas de gallo en los bordes de los ojos. Las arrugas comienzan a aparecer alrededor de la boca y la frente. La piel de las mejillas se ve ligeramente flácida. Su largo cabello rubio parece descolorido y no brilla como antes, sabía que tenía que teñirlo para ocultar las incipientes canas. Para una mujer de cuarenta y tantos se veía todavía muy bien, pero el teñido ni todo el maquillaje del mundo podía esconder el hecho de que su máxima vitalidad estaba disminuyendo. Ciertamente éramos semejantes ella y yo. Los mismos ojos claros, pero los míos eran más vivaces. El mismo cabello largo y rubio, pero el mío fresco y lucido. La misma complexión física delgada, pero yo era mucho más joven, atlética, de carnes firmes y tenía la belleza de la juventud. Yo era como un clon rejuvenecido de ella y al parecer papá lo había notado y disfrutado.


No veo el rostro serio e intimidante de mamá, lo que veo es que su belleza se está desvaneciendo y se agota, es una beldad del pasado. No puedo ver la competencia en ella, yo soy linda como ella, pero mi frescura adolescente me da una ventaja insuperable. Miro fijamente su fotografía y una sonrisa perversa y malvada se dibuja en mi rostro de chica mala.
—No te preocupes … Mantendré la cama de papá agradable y caliente mientras no estés …
Le susurro y le doy un beso. Apago todas las luces y agrego.
—Buenas noches, mamá …
*****


Son las nueve de la noche y estoy donde mismo estaba la noche recién pasada; totalmente desnuda en la cama de mis padres. Había pensado de usar lencería, pero decidí al último minuto de recrear las mismas condiciones de la otra noche, además, que en plena oscuridad, papá no la habría apreciado. Unté el perfume de mamá en mi cuello, en la base de mis senos y al interno de mis muslos, ya no llevaba el piercing, por lo demás, todo era igual a como estaba la última vez. Me giré de costado con una pierna plegada y la otra estirada, con mi mejilla presionando la almohada, estaba en la posición perfecta para que papá me prendiera desde atrás.


Sin embargo, no existe nada al mundo que logre adormecerme. Estoy demasiado expectante, emocionada y cachonda, mis manos están acariciando mi labia vaginal caliente y húmeda. Estoy en la misma posición acurrucada contra la almohada y disfrutando de la agradable sensación de las finas sabanas sobre mi piel desnuda. Mis ojos están bien abiertos y acostumbrados a la tenue luz que se filtra por los costados de las cortinas. Mis oídos pendientes de todos los sonidos a mi alrededor.


Mi corazón parece escapar de mi pecho cuando oigo el característico rugido del Mercedes de papá entrando al garaje. Me mantengo quieta y trato de escuchar sus movimientos al acercarse. Después de un tiempo que me parece infinito, escucho la puerta del garaje al abrirse y al cerrarse, luego los pasos de papá y el tintineo de sus llaves mientras las deposita en el llavero. Sus zapatos parecen retumbar por toda la casa mientras camina hacia el dormitorio. Luego silencio. Aferro la funda de la almohada con mi mano crispada. Lucho por controlar mi ansiedad y mi respiración, se acerca el momento de la verdad.


Papá está en su oficina dejando su valija, escucho que descorcha una botella de su bar personal, versa líquido en un vaso y probablemente bebe para darse coraje. Se produce un silencio tortuoso, el tiempo parece detenerse. Luego sus pasos se encaminan hacia el dormitorio. Abre la puerta y se detiene al vano de la puerta, la luz del pasillo ilumina la habitación, sé que ahora él puede ver el contorno de mi cuerpo bajo las cubiertas de su cama. Él me está mirando ahora mismo. Aprieto mis muslos, siento que todo mi cuerpo se enciende de deseos por él. Cierro los ojos y simplemente trato de percibir todos los sonidos.


Papá permanece allí mucho tiempo. Puedo distinguir perfectamente su respiración profunda y regular. Luego se acerca vacilante, con pasos cuidadosos y silenciosos. Ahora él estaba mucho más cerca de la cama, podía sentir su proximidad, la sensación de sentir que ya no estoy sola eriza los vellos de mi nuca. Se produce una pausa agonizante, luego suelta un largo suspiro y farfulla para sí mismo.
—¡Santo cielo! … ¿Qué estoy haciendo? …
Se estaba acobardando mientras me contemplaba. Sabía que estaba al borde del abismo, al punto de no retorno. Lo de anoche había sido un error, al menos de su parte. Él no se había dado cuenta de nada hasta el momento de tocar mi piercing. Hasta ahí podía haber una explicación sobre la cual razonar y perdonar. Pero ahora todo lo que estaba haciendo era a sabiendas. Esta vez ambos sabíamos perfectamente lo que estábamos haciendo. Estabamos a punto de cometer un pecado que también era un delito. Todo se iba a desarrollar en los segundos siguientes.


No había ninguna razón plausible al mundo para que siguiéramos adelante con todo esto y había tantas razones para detener el todo ahora mismo. Pero la situación era embriagante para ambos, la lujuria y el tabú se estaba apoderando de nosotros. Ahora sabía que él me quería tanto como lo quería yo a él.
—¡Mmmmmmm! …
Gemí en un susurro mientras muevo mi trasero desnudo bajo las sábanas. Trató de aparentar que estoy dormida. Deslizo mi rodilla izquierda hacia arriba para adoptar una posición fetal y muevo un poco más mi trasero, todo acompañado con un sugestivo gemido.
—¡Hmmmmmm! …
Tal como esperaba, mis dulces quejidos rompen la tensa situación en la habitación e impulsa a papá a actuar. Escucho sus movimientos cuando comienza a despojarse de sus vestidos. Mi coño se contrae y pulsa más húmedo que nunca.


Ahora él se mueve rápidamente, entra en el baño sin encender la luz, los escucho enjuagarse las manos y la cara, cepilla sus dientes. Respira varias veces y vuelve al dormitorio. Lo imagino desnudo acercándose a la cama. ¡Oh, sí! ¡Sí, ssííí! …


La cama se mueve con su peso, se mete bajo las cubiertas y se recuesta hacia atrás. Estaba tan cerca de mí que podía percibir su perfume característico, ese almizcle masculino perfecto y atrayente. Su aroma de hombre es único y me trae a la mente tantos recuerdos. Sigo sin moverme, no quiero distraerlo; mi piel parece arder de cachonda excitación.


No sucede nada.


Sé que él está girado hacia mí y me observa. Puedo sentir sus ojos sobre mi piel desnuda. Se mueve para tocarme, puedo sentir el calor de su mano a centímetros de mi piel, luego la retira. Respira profundamente. Siento las yemas de sus dedos que pasan ligeros sobre mis largos cabellos. Luego vuelve a alejarse. Vuelve a tragar. Una vez más lo intenta inclinándose sobre mí, pero sin tocarme. Siento su cálido aliento que rescalda mi oreja y mi cuello, percibo a través de la menta de su pasta de dientes, el vaho del whisky que ha bebido. Espero con mi boca un poco fruncida que sus labios cubran los míos. Pero él se echa para atrás y se apoya a la cabecera de la cama dejando escapar un resoplido de frustración.


Toda la confianza de la noche anterior cuando me confundió con su esposa lo ha abandonado. Saber que ésta es su pequeña hija la que yace a su lado, parece ser una cadena poderosa e imposible de romper. Sabía que él me quería, pero comprensiblemente está teniendo una furiosa lucha con él mismo y le resulta difícil ceder a sus deseos prohibidos. Me doy cuenta de ello y decido mostrarle el camino a mi hombre.
—¡Aauuuuhhhh! …
Ronroneo exagerando un bostezo mientras me giro, manteniendo mi voz susurrada para facilitar la ilusión de que yo soy mi madre, le digo.
—¡Oh, querido, estás en casa! …
Él jadea de repente aterrorizado al verme reaccionar activamente. Creo que pensó que me quedaría allí quieta y pasiva como la noche anterior. Yo hubiera estado feliz de hacerlo, pero esta noche mi hombre necesita un empujoncito; impactado me pregunta.
—¿Q-qué estás haciendo? …
Moviéndome con fácil, elegante y elástica fluidez. Me acerco a él y le doy un beso en la mejilla, pero no me detengo allí. Deslizo mis dedos sobre los enmarañados vellos de sus fuertes pectorales, me arrodillo para enfrentarlo. La luz del pasillo es tenue, pero puedo ver el brillo de sus amplios ojos, su cuerpo está como paralizado. Él simplemente permanece quieto mirándome mientras yo me siento a horcajadas sobre sus muslos velludos y fornidos.


Paso mis dedos juguetonamente hacia arriba y hacia abajo por su musculoso torso y sonriendo le digo.
—¡He estado esperando esto todo el día! …
Sigo bajando mi mano con las yemas de mis dedos acariciando la piel de su vientre, entonces me encuentro con su masculinidad, la aferro y le digo.
—Al parecer tu también …
Y cierro mis dedos alrededor de su polla dura como palo. Mueve su cabeza y deja escapar un gruñido gutural y todo su cuerpo se tensa. Su polla me parecía más gorda y dura que anoche. Entonces vuelven a mí mente el magnifico miembro de papá que ahora retoza en mis manos. Solo una chica mala se puede expresar de esta manera. Probablemente mamá nunca se dio cuenta de lo afortunada que era.


Me di cuenta de que con mi actuar sorpresivo y audaz, lo había sorprendido. Continúa sin moverse, no sabe que hacer ni que decir mientras su hija magrea hábilmente su gruesa polla. Puedo sentir que él sigue luchando consigo mismo, vacilando entre detener todo o seguir disfrutando de mis suaves caricias. Yo no estaba dispuesta a dejarlo en su indecisión por eterno. Podría perderme esta magnifica polla y eso no iba a suceder.


Me inclino y lo beso ardientemente en sus labios. No es un beso familiar sino un poderoso beso de amante. Me encanta la forma en que su barba raspilla mi mentón. Con mis labios unidos a los suyos, excavo con mi lengua su dulce boca con sabor a licor que me emborracha, al mismo tiempo aprieto su pene moviéndolo hacia arriba y hacia abajo con lentos golpes. Papá gruñe y por un instante se resiste, se relaja y abre su boca para mí, mi lengua se desplaza dentro para adorar su lengua sabor a caramelo y a alcohol.


La tensión en toda su figura se relaja debajo de mí, su mano derecha se mueve entre nuestros cuerpos y acaricia mi vientre. Sin dejar de besarlo sonrío, él estaba buscando mi piercing del ombligo. Comienzo a acariciar sus cabellos con mi mano libre y empujo su rostro sobre mi cuello para que pueda oler el perfume de su esposa. No me gustaba llevar a cabo esta escuchimizada farsa, pero entiendo que papá la necesitaba por ahora. Me avecino a su oído y le susurro.
—Soy yo, querido …
Trato de tener un tono de voz lo más parecido al de mi madre. Paso el dorso de mi mano por su cuello y le hago sentir el metal de mi anillo al dedo anular. Un toque adicional que se me ocurrió a última hora y ahora me doy cuenta lo útil que era.
—¡Uhhhhhh, soy yo, tesoro! …
Vuelvo a susurrarle y siento que su cuerpo se relaja. Sus gruesos dedos recorren la piel de mi suave vientre mientras lame los vellos de mi cuello, su barba me hace cosquillas a la altura de mi clavícula y mi hombro. Inesperadamente su otra mano se ahueca sobre mi pecho y agarra completamente mi joven teta. La aprieta y atrapa mi pequeño pezón entre sus dedos.
—¡Ummmmmm! …
Suspiro mientras continuamos a besarnos y acariciarnos. Su rígida masculinidad pulsa y parece crecer entre mis dedos. La paseo todo al largo de mi rajita bañada. Tan grueso, duro y perfecto. Me da risa al pensar en el flaco y blandengue pene de Gerardo, no encuentro ninguno como para poder compararlo. Él empuja queriendo penetrarme, pero yo me deslizo hacia abajo besando su pecho, su vientre, su pubis y mis labios entran en contacto con la majestuosidad de su miembro viril enorme. Abro bien la boca y cierro mis labios alrededor de su cabezota hinchada y caliente, ahora tengo la pija de mi padre en mi boca.
—¡Uuuggrrhhh! …
Él gime mientras mi boca caliente y húmeda chupa su gruesa cabezota carnosa. Su musculo parece inflarse y endurecerse al máximo, aprieto firmemente mis labios alrededor de eso. Anoche estuvo perfectamente duro, pero ahora es diferente, está tan duro como un obelisco de mármol, tan duro como el ápice de un diamante, más duro de lo que jamás ha estado. Me siento feliz que así sea, quiere decir cuanto es que me desea.


No le doy tiempo a repensar. Sostengo su dura polla por la base e inmediatamente comienzo a tragarme su polla, arriba y abajo, arriba y abajo. Chupo su poderosa virilidad ferozmente y sin descanso.
—¡Oh, demonios! … ¡Uhhmmm, mierda! … ¡Oooohhhh, nenita! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
El sonido de mi padre disfrutando de lo que le estaba haciendo era un placer indescriptible para mí. Nunca antes me había sentido tan cachonda y orgullosa. Malditamente orgullosa de darle tanto placer sexual a otra persona. Idolatraba a este hombre y me sentí bendecida y complacida de poder servirle como él se merecía.


Gateo felinamente hacia arriba y dejo que la punta bulbosa explote ruidosamente al salir de mi labios. Lo tomo en mi mano y azoto mi cara, mis mejillas y mi boca. Luego unto las gotitas que comenzaban a salir del ápice de su glande en mi joven rostro sonriente. Lo beso, lo lamo y lo acaricio, asfixiándolo con mi amor cachondo de hija.
—¡Oh, pap … Ehm, querido! …
Casi se me escapa y opto por acariciarlo en silencio. Su escroto de terciopelo se arremanga entre mis dedos, con mi mano libre envuelvo sus peludas bolas, están caliente y pesaditas. Me encanta el pene de papá. Es tan grueso y viril. Tan grande y sabroso. Es perfecto, captura toda mi atención.


Ningún hombre puede resistirse a que le acaricien su hombría, especialmente cuando quien lo hace es quien lo ama. Vuelvo a zambullir su polla guatona en mi boca, me muevo hacia arriba y hacia abajo, chupando con toda mi boca y bebiendo todo lo que escape de su meato. Me siento subyugada por su polla, es como un hechizo, soy una mujer poseída. Chupo, lamo y arremolino mi lengua en torno a su polla mientras trato de hacer malabarismo con sus bolas. Me siento como su esclava, desesperada por servirlo y hacerlo feliz como ninguna otra mujer podría. Estaba decidida a demostrarle que mamá no tiene nada que yo no pueda ofrecerle.


Presiono tan profundamente como puedo, desearía poder meterlo todo, pero papá era demasiado para mí párvula boca. Había pasado solo una noche con él y todavía no estaba habituada a sus dimensiones enormes. Tenía unos quince o dieciséis centímetros de su larga polla en mi boca, flexioné mi garganta alrededor de su punta gordota en una repetición rítmica, moviendo mi lengua turbulentamente, la parte sobrante estaba envuelta en mi pequeña mano.
—¡Mmmmmm! … ¡Oh, mierda! … ¡Santo cielo, nenita! …
Gime claramente impresionado por mi habilidad para chupar pollas. Papá no sabía que yo podía hacerle sentir esto.


Me trago profundamente su polla, contengo los conatos de nauseas y sin perder el ritmo, duplico la velocidad trabajando desde la puntita hasta la mitad de su longitud. Chupé y chupé como una verdadera profesional. Mis manos también se mantienen activas masturbándolo y jugando con sus bolas sapientemente.
—¡Oh, Dios mío! …
Jadea papá entre estremecedores bufidos y resoplidos.
—¡Slurp … Slurp! … ¡Guack … Guack! … ¡Mmmmmmm! …
Chupo y gimo mientras siento que su mano se apoya contra mi nuca. Me detengo abruptamente a trabajar en el ápice de su polla y escarbo con mi lengua el diminuto orificio para extraer las gotitas de leche que comienzan a emanar de la verga gruesa de papá. Él se mueve excitado e intenta sacarme, pero yo me resisto, no quiero dejar de chupar su sabrosa polla. Hago deslizar su pija en lo más profundo de mi boca, disfrutando el cómo me llena totalmente su anchura y comienzo de nuevo a incrementar la velocidad de mis chupadas furiosamente, cubriendo de saliva todo su prepucio.
—¡Espera, nenita … Espera! … ¡Umpf! … ¡Uuuhhggrr! …
Papá gruñe y siento la tensión de sus piernas. También siento las pulsaciones de sus bolas y toda su polla late. Segundos después el primer gigantesco y denso chorro tibio de semen explota desde su gordo glande en lo profundo de mi boca.
—¡Mierdddd! … ¡Uuuhhggrr! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
El exquisito sabor algo salado que probe anoche por primera vez me vuelve a llenar la boca. Como una buena chica, lo chupo y lo masturbo para drenar totalmente sus bolas. Él parece haberse vuelto loco y folla mi boca con desesperación. Mi succión es muy veloz y puedo tragar más rápido de lo que él puede dispararlo. A medida que cada bocado de cremosa leche brota de su glande, lo trago todo sin demora y sin disminuir ni un solo instante la firme y dura chupada a su polla que late fuertemente en mi boca. Él empuja con sus caderas y se estremece en forma incontrolable mientras yo sigo chupando con fuerza su polla que parece tiritar expeliendo las últimas gotitas que trago con avidez.
—¡Joder, nenita! … ¡Uuugghhh! … ¡Umpf! …
El semen de papá sabe muy rico, paso mi lengua por su brillante cabezota y lo saboreo a concho. Lo chupo hasta secarlo y dejarlo limpiecito. Veo como su gran polla algo blandengue se mueve frente a mi rostro y le doy un último besito. ¡Oh, Dios! ¡Cuánto es linda esta polla!


Lentamente me encaramo sobre su pecho fuerte y varonil y le hago sentir mis tetas sobre sus vellos pectorales que excitan mis pezones. Lo invito a tirarme hacia arriba, quiero que me coma el coño y luego me folle en forma demencial, tal como lo hizo anoche. Desafortunadamente su pasión se ha desgastado y las dudas y ansiedades vuelven a intranquilizarlo.


Me inclino para besarlo, pero él me rechaza. Acurruco mi cuerpo desnudo contra el suyo, él se tensa y se aleja de mí. Bajo mi mano en busca de su polla, pero él me detiene.
—¿Qué te sucede, bebé? …
Le susurro cachonda.
—No me llames así … He cometido un terrible error … Ve a tu habitación …
La esmirriada ilusión de que yo soy mi madre se cae a pedacitos. Nuestro pequeño juego de marido y mujer se desvanece en el aire dejando solo la incomoda realidad de padre e hija. El aire que antes parecía electrizante y lleno de deseos prohibidos, ahora se vuelve asfixiante y cargado de sentimientos encontrados.
—¡Papá, por favor, no! … —Exclamo pasando mis manos por sus vellos pectorales.
Él toma mis muñecas en sus grandes manos y las empuja.
—Esto no volverá a suceder, Greta … Ve a tu habitación ahora …
—¡Pero, papi! …
—¡Ahora, dije! …
Él me empuja hacia atrás en forma brusca, pero controlada y me dice.
—No vuelvas a entrar aquí nunca más … No te quiero ver en esta habitación nunca más …
—¡Pe-pero! …
—¡Sal de aquí! … —Señala ofuscado hacia la puerta.
—Pero, papá … Por favor … Podemos sólo abrazarnos o …
—No … Nada de eso va a suceder …
Luego me empuja fuera de la cama. Me paro a su lado con los puños cerrados de rabia y frustración.


Sabía y entendía que estaba actuando de ese modo por culpa y enojo consigo mismo, pero aún así me dolía muchísimo. No podía creer que me iba a mandar de regreso a mí habitación tal como lo hizo anoche. Me sentí enfadada. Anoche lo había aceptado por los sentimientos de culpa que estaba sintiendo, pero esta noche tanto él como yo sabíamos lo que estábamos haciendo. Era algo compartido equitativamente. ¿Por qué no simplemente aceptarlo? ¡Esto no era justo! También estaba el hecho de que me sentía expulsada después de haberle hecho una estupenda mamada sin recibir nada a cambio.
—¡Papá ¡…
—¡Fuera! …
—¡No! … Yo te amo …
—¡Greta … Deten esto! … No fue nada más que un gran error de mi parte … Nunca debí de …
—¿Pero que estás diciendo? … ¿No te chupé la polla lo suficientemente bien? … ¿No te gustó? …
—No digas esas cosas …
Tomo su cara en mis manos para que me mire.
—¿Por qué no? … Acabo de chuparte la polla, ¿no? … Me tragué tu deliciosa lechita, ¿no? …
Papá intenta pararse, pero yo lo empujo contra la cabecera de la cama y mantengo mis manos plantadas en su pecho ancho y macizo mientras hablo. Esta charla explicita sobre incesto estaba empeorando la ya mala situación, pero decido continuar con ella.
—Me encanta chupar tu gran polla, papi … Tu semen es delicioso … ¿Acaso no hice un buen trabajo? … A mí me pareció que sí … No te quejabas cuando disparabas tu semen caliente por la garganta de tu nenita, ¿eh? … Todavía puedo saborearlo, papá …
—¡Detente! …
—Anoche dijiste que era demasiado buena … ¿Acaso soy mejor que mamá? … Yo chupo tu polla mejor de lo que lo hace tu esposa, ¿eh? … Tu hija es la mejor chupapollas que has tenido, ¿sí? … ¿No es así, papá? …
Siento la respiración agitada de su pecho que lucha por contenerse.
—No sigas … No podemos hablar así …
—¿Y por qué no? … Te chuparé tu hermosa y gruesa polla todas las veces que quieras, papá … En todo momento que quieras … De mañana, tarde o noche … Me encanta hacerlo, papi … Adoro tu polla y haré todo lo que tu quieras …
Me inclino para besarlo, pero él interpone su mano entre ambos, me muevo en modo de que mi teta derecha presione su brazo.
—¡Hmmmmmm, papi! … M encanta sentir tu cuerpo … ¿Te gustan mis tetas? … ¿Te gustan las duras tetas de tu nenita, papá? … ¿Quieres chuparme las tetas, papito? …
—¡Cállate y deja de hablar de ese modo! …
Mueve su brazo como si mi teta lo quemara y me da la oportunidad de abalanzarme sobre él y besar sus labios. Él gira la cabeza apartándose de mí.
—¡Sal, Greta! … ¡Sal de aquí! … No lo volveré a repetir …
—¡No, papá! … ¡No lo hare hasta que me folles! … ¡Quiero sentir tu linda polla en mí! … ¿Quiero que te folles a tu nenita tal cual lo hiciste anoche! … ¡Me follaste mejor que nunca, papi! … ¡Mejor que nadie al mundo! … ¡Me corrí muy fuerte en tu polla, papi! … ¡Eso quiero! … ¡Quiero volver a sentir todo eso, papá! …
Se mueve incómodamente mientras yo aprovecho de sentarme sobre su muslo más cercano. Apoyo mi coño sobre su piel peluda y me comienzo a mecer sicalípticamente.
—¡Estoy tan mojada y caliente por ti, papi! … ¡Te deseo con todo mi ser! … ¡Y no tienes que preocuparte de correrte dentro de mí! … ¡No puedes embarazarme! … ¡Tengo lo mismo que tiene mamá! … ¡Puedes follar a tu nenita cuando quieras y todas las veces que quieras! …
—¡No, Greta … no! …
—¡Te amo, papá! … ¡Quiero estar contigo! … ¡Quiero que me hagas el amor y…! …
—¡Detente, Greta! …
—¡No, papi! …
—¡Te juro que si no sales de esta habitación ahora mismo, yo…! …
—¡Qué! … ¿Qué me vas a hacer? … ¿Vas a castigarme? … ¡Ya no soy tu nenita pequeña, papá! … ¡Tu nenita creció! … ¡Ahora tengo tetas y un coño pequeño que ya probaste, papá! … ¡Acaso no te gusto mi coño apretadito y jugoso? …
Hubo un momento en que todo precipitó. No sé como me encontré en el aire siendo girada como si no pesara nada. Antes de darme cuenta de nada, me encontré boca abajo sobre el regazo de papá. Me sujetó con su mano izquierda sobre la espalda. No podía dar crédito a lo que estaba haciendo, él nunca me había levantado la mano. No creo que… No creo que se atrevería ahora a...
—¡Bum! …
Su gran mano derecha cayó con fuerza sobre mi nalga. Trato de zafarme y lucho, pero…
—¡Paf! … ¡Bum! … ¡Paf! …
Resuenan las duras nalgadas que mi padre me da firme sobre mis glúteos alternadamente. Mi trasero comienza a arder.
—¡Ay, no, papi! … ¡Ayyyaaayyy! …
Chillo adolorida. Intento levantarme de la cama, pero él me sujeta con facilidad. Me retuerzo y pataleo mientras mis culo está en llamas.
—¡Paf! … ¡Paf! … ¡Bum! … ¡Bum! … ¡Paf! … ¡Paf! …
Los golpes resuenan en la oscura habitación.
—¡Ayyyaaayyy! … ¡Ayyyaaayyy! …
—Hace mucho tiempo que debería haber hecho esto … ¿Me escucharas ahora? …
—¡Paf! …
—¡Ayyyaaayyy! …
—¡Paf! …
—¡Ayyyaaayyy! …
—¡Paf! …
—¡Ayyyaaayyy! …
¡Oh, Dios mío! ¡Mi culo estaba al rojo vivo y mi coño caliente como un horno de fundición y mojado como una laguna! Cada nalgada enviaba ondas de choque que hacían estremecer a mi clítoris. Mis pezones estaban duros como roca. Todo mi cuerpo estaba en llamas. Nunca nadie me había hecho sentir así. Estaba siendo castigada y reprendida como a una mocosa y como merecía. Esto me hizo sentir más caliente que antes.
—¡Paf! …
Se estrella su gran mano sobre mi enrojecido trasero.
—¡Uuuhhhhhh! … ¡Mmmhhhhhh! …
Gimo dejando de luchar. Mis manos crispadas se aferran al edredón. Me resigno a su disciplina.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
Sus golpes se tornan más suaves y se alternan de una a otra nalga.
—Papi …
Digo jadeando, pero él no responde.
—¡Uuuhhhhhh! … ¡Mmmhhhhhh! …
Gimo, pero él continúa a azotarme en forma firme y constante, pero no tan fuerte.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
Uno tras otro y otro y otro. Todo mi trasero se remece y mi entrepierna vibra.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
Mis posaderas están encendida, brillantes, calientes y punzantes.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
Nalga derecha, nalga izquierda y así sucesivamente, su mano se entremete entre mis glúteos.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
Comienzo por disfrutar de sus azotes, me parecen maravillosos y agradables, calientan toda mi piel.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
Mi bajo vientre se calienta y pulsa al ritmo de sus golpes.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
—¡Ooohhh! … ¡Uuuhhh! … ¡Aaahhh! …
Maúllo y me quejo mientras mis piernas parecen temblar, algo así como un orgasmo empieza a hacerme tiritar.
—¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! … ¡Plass! …
—¡Oooohhhhhh, papi! …
Suspiro, arqueo mi espalda, mis tetas punzantes se alzan en el aire y mi cuerpo se estremece y siento escalofríos divinos. Justo cuando voy a explotar, todo se detiene. Todo mi cuerpo vibra, mi entrepierna está empapado, mi aliento es agitado, pero no me corro…
—¡Oooohhhhhh, papi! … ¡No me dejes así …nooo! …
—¿Vas a ser una buena chica? …
Me pregunta con su voz tranquila, potente y varonil. Estoy a punto de rehusarme y decir que no, cuando siento su enorme mano entre mis piernas separando mis muslos. Desliza su mano en medio y su dedos gordos rozan mi hendidura goteante.
—No voy a admitir a ninguna chica desobediente bajo mi techo …
Dice, podía sentir su gran polla dura como palo presionando mi cadera. Los azotes habían sido buenos para mi y para él. Había una cruda y potente energía erótica entre él y yo más fuerte que nunca.
—Sí, papi … Seré una buena chica … Prometo ser una buena chica sólo para ti, papi …
Él se ríe enigmáticamente y dice.
—Ahora veremos …
Y desliza lentamente su dedo medio y su dedo anular dentro de mi encharcado y apretado coño. Lo aprieto con mis músculos y me corro instantáneamente.
—¡Ooohhhhhh, papá! … ¡Oooohhhh, ssiii, ssiii, asiii! … ¡Qué rico, papi! …
Él acaricia mis cabellos y me sostiene mientras me contorsiono en sus brazos.
—Ésa es mi chica! … ¡Córrete para papi, nenita! …
Él ni siquiera mueve su mano, no necesita hacerlo. Sólo mantiene firmemente sus dedos dentro de mí y mi coño explota como una dinamita. Tiemblo convulsionada, como gelatina.
—¡Ooohhh! … ¡Ssiii, papi! … ¡Me corro para ti! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! …
Suspiro y gimo feliz. Papá acaricia mi trasero enfebrecido y fogoso con inusitada ternura. Sus suaves caricias se siente muy bien sobre mi piel desnuda y sensible.
—¡Ven aquí, nenita! …
Él me levanta. Me giro y cambio de posición para acurrucarme en su regazo, apegándome a su musculoso cuerpo mientras sus brazos me envuelven tiernamente. Me siento segura en sus brazos; nada podría alcanzarme hasta aquí; él me protegería. Papá me besa la frente y me abraza fuerte.
—Sabes que esto está mal, ¿verdad? … —Pregunta su abaritonada voz.
—Lo sé, papá … —Respondo sumisa.
—No podemos seguir haciendo esto, ¿sabes? …
Dice estrechándome fuerte en sus brazos.
—Lo sé, papá … Te amo … Te amo más que a nada en el mundo, papi …
—Yo también te amo, Greta …
Suspira mientras me estrecha con ternura. Su polla estaba pinchando mis glúteos, me moví para probar a que me penetrara, pero él me sostuvo firmemente, acariciándome con amor, pero no permitiéndome cumplir con mis objetivos. Claro que estaba segura de que él, al igual que yo, su mente, su corazón y su libido retorcida estaban en una furiosa lucha contrapuesta. Además, él tenía el peso añadido de estar engañando a su esposa. Él tenía razón, esto estaba muy mal, pocas cosas podrían estar tan mal como esta, sin embargo, para mí parecía todo tan natural. Como si me hubieran puesto en sus brazos específicamente para este momento tierno y perfecto. Como si hubiera nacido para ser la amante de papá. Dejo escapar un largo suspiro y comienzo a moverme.
—Pero no quiero que esto termine, papá …
—¡Sssshhhh! … ¡Cállate! … ¡Prometiste ser una buena chica! …
Me acurruco a su amplio pecho, dibujo círculos entre sus vellos pectorales. Papá desliza un brazo alrededor de mi espalda y el otro bajo mis piernas. Se levanta de la cama conmigo en brazos. Sollozo y gimo dando vagidos como una bebita.
—¡Déjame quedarme, papi! … ¡Te lo ruego! … ¡Estaré quietecita! … ¡Seré como tú quieras que sea! …
Me besa en la frente y me dice.
—¡Sssshhhh! … ¡Eres ya como quiero que seas! … ¡Una buena chica! …
Me lleva en sus brazos fuera del dormitorio, camina por el pasillo hacia mi habitación. Podía sentir su enorme erección rozando mi trasero. Caminó hacia mi cama y me recostó sobre esa suavemente. Luego levanta mis mantas y cubre mi cálido cuerpo desnudo. Sentado al borde de mi cama acaricia mi mejilla con su grande mano, rozándome con su dedo pulgar. ¿Cuántas veces lo había visto hacer lo mismo? Las veces que se sentaba para contarme un cuento. Darme el beso de las buenas noches. Cantarme alguna canción de cuna y ayudarme a dormir.
—Papá …
Susurro con mis voz tranquila y relajada.
—¿Sí, nenita? …
—Prométeme que esta no será la última vez …
Gira el rostro hacia mí, estira su mano y con sus dedos toma mi barbilla y me dice.
—Sabes que no puedo hacer esa promesa …
—Papá …
—¡Sssshhhh! … ¡Sé una buena chica ahora! …
Dice colocando las yemas de su dedos sobre mis labios. Muevo mi cabeza afirmativamente y él se separa de mí. De mala gana le digo.
—Está bien, papá …
Se inclina y me besa en la frente.
—Buenas noches, nenita …
—Buenas noches, papá …
Se pone de pie y hace una pausa, por un momento me mira y sostiene mi mirada. Sacude la cabeza y deja escapar un largo suspiro. Sale de mi habitación y cierra la puerta detrás de él. Luego oigo sus pisadas alejándose por el pasillo. Llega claramente el clic de la puerta de su habitación al cerrarse.


Al igual que la noche anterior, me acosté en in cama como una mujer feliz. Mi culo todavía ardía en contacto las sábanas y mi coño estaba mojado con fluidos y todavía hormigueaba. Su colonia estaba impregnada en mi piel y podía olerla en el aire. Sabía que en este preciso momento él estaba acostado en su propia cama vacía pensando en mí. Sé que él no lo admitiría, pero sé que él me quería. Me quería tanto como yo lo quería a él. Todo lo que ocurrió hoy es prueba evidente de eso. El constatar eso, me dio esperanzas futuras.


Abrazo fuerte mi almohada y me torna el recuerdo de cuando él me abrazó y anhelo poder volver a sentir esa sensación. Esta noche habíamos tenido un gran avance y quedé satisfecha con eso. Nuestro amor prohibido era innegable. Ya nada ni nadie podría detener lo que había puesto en marcha. Nuestro sentimiento era demasiado fuerte. Él era mi hombre y lo iba a tener cueste lo que cueste, pero por ahora… prometí ser una buena chica y no iba a romper mi promesa… por ahora.


Fin


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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!



luisa_luisa4634@yahoo.com

escrito el
2026-03-28
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