Mí hermana, Giovanna. - II.
por
Juan Alberto
género
incesto
No volví a ver a Giovanna hasta después de su segunda cita. Me había dado una ducha y me estaba acomodando en mi cama cuando escuché el familiar golpeteo en mi puerta, seguido por la dulce voz de mi hermana.
—¡Entra! …
Dije mucho más rápido que nunca. Estaba ansioso por escuchar lo acontecido y la paja al ya famoso Lee Min-Jun, pero también tenía ganas de verla. Había pasado toda la jornada recordando nuestra indecorosa cita y jugando conmigo mismo todas las veces.
Esta noche llevaba unos leggins celeste y una remera del grupo “The Queen” de manga larga y cuello abotonado. Como pude disimulé mi decepción al verla tan arropada, no dejaba vislumbrar nada de su hermoso cuerpo.
—¿Y cómo te fue? …
Le pregunté, quitando una bandeja con un sándwich del edredón, para que pudiera deslizarse bajo las sábanas.
—¡Guau! … ¡Funcionó de maravillas! …
Dijo alborozada mientras pateaba las sábanas para acomodarse en mi cama.
—¡Felicidades! …
Le dije chocando los cinco, pero debo admitir que sentí un destello de decepción por alguna razón que no quise entender.
—¡Eres el mejor profesor de todos los tiempos! …
—Entonces … Se corrió …
—¡Dos veces! … Me dijo que eran las mejores pajas que jamás haya recibido …
Dijo, resplandeciente.
—Bueno … Está claro que dominas la técnica, ¿no? …
—O tal vez … Podría haber sido que descaradamente le metí el dedo en el culo …
—¡No! … ¡Espera! … ¿Qué le hiciste qué? …
—Le metí un dedo en el culo … Hay que improvisar, ¿no? …
Dijo encogiéndose de hombros y muy suelta de cuerpo. ¡Maldita sea! Porque no fui yo a enseñarle eso. Me sentí un poco tonto.
—¡Qué bien! … Estoy orgulloso de ti por haberlo hecho correrse …
Dije un poco estúpidamente; una frase muy extraña para decírsela a una hermana.
—¿Sabes? … Ahora me quedó la duda … Quizás la primera noche también se corrió … Él no produce tanta leche como tú … Y no dispara por todas partes como el tuyo … Es como un huevo blando y acuoso … Es probable que la primera noche no lo vi … Estaba muy oscuro dentro de su auto …
Me siguió hablando por otros diez minutos de todo tipo de detalles y comentarios banales sobre su cita con el coreano.
—…Además, tiene esa linda sonrisita … Creo que me encuentra graciosa … Él habla coreano lindo y perfecto … Tienes más de quince mil seguidores en “X” … Él bebe mucha agua …
Toda esa mierda fue suficiente para matar mi erección. Seguí escuchando su interminable “Bla-bla-bla”, hasta cuando comenzó a referirme parte de su encuentro íntimo con el oriental.
—Él no es tan expresivo como tú, así que al principio no estaba segura de si le gustaba lo que le estaba haciendo … Tal vez sea un poco tímido, lo cual es muy extraño para un tipo que tiene tanta confianza en sí mismo … Cuando puso su mano sobre la mía me di cuenta de que estaba gozando con lo que le estaba haciendo … Así que finalmente me concedió una tercera cita … Tengo bastante camino recorrido … Pero hay un pequeño problema …
Por su tono, sospeche desde un principio que este pequeño problema me iba a causar una grande erección, por supuesto que no me iba a quejar por eso.
—Todo el rato él empujaba mi cabeza hacia su regazo …
—Quería que le chuparas la polla, ¿no? …
—¡Sí! … Insistía e insistía desesperadamente por ello …
—¿Y tú que hiciste? …
—¡Por supuesto que me negué! …
—¡Bien hecho! … Por que era una cosa muy prematura, ¿verdad? …
—¡No, idiota! … Porque no sé cómo hacerlo correctamente … Pero le prometí que la próxima vez le haría la mejor mamada que jamás haya tenido … Y él está convencido de que así será … Sobre todo después de las legendarias pajas que le hice … Pero no sé si podré cumplir … Y nuestra cita es para mañana por la noche …
—Esta noche …
—Lo que sea … Por eso estoy aquí, Andrés … Voy a necesitar otra leccioncita privada tuya …
Esta tercera cita que había conseguido era más una invitación directa para hacerle una mamada al chico. Se me paso por la cabeza mencionar la inmoralidad de todo el asunto, pero sentí que era letra muerta y mi estomago se revolvió de celos. No entendía cómo un tipo de tan baja moral había capturado la obsesión de mi dulce hermana, incluso sí, para ser justos, yo me estaba beneficiando de ello. Me di cuenta de que me estaba mirando ahora de una forma familiar y sugerente.
—¿Entonces quieres que te enseñe en como hacerle una mamada? …
—¡Sí, hermanito lindo, por favor! … Haré dos semanas más de tus tareas …
—No has hecho ninguna de ellas … Y esta es la tercera vez que intentas renegociar …
—Es porque he estado muy ocupada … Está bien … Que sean seis semanas y te lavaré tu coche el fin de semana … Solo dame suficientes consejos para dejarlo maravillado otra vez …
—¿Estamos hablando de hacerlo con la vela, o…? …
—¡Con la vela! … ¡Con la vela! …
Dijo sonriendo pícaramente.
—Siempre puedes dejar que él te guíe … Parece que sabe muy bien lo que quiere …
—¿Entonces te niegas? …
Dijo haciendo una mueca de desaprobación.
—¡No he dicho nada todavía! …
Estaba disfrutando este retorcido juego de dejar que mi adorable hermana pequeña me suplicara que la dejara chuparme, así que dije:
—Sólo quiero asegurarme de que es totalmente necesario de que me convierta en tu rata de laboratorio …
—Si no quieres está bien …
Dijo sentándose derecha en la cama y cruzando sus brazos bajo sus pechos.
—Me encanta que tu respuesta a cuando trato de ser un buen hermano para ti sea siempre simplemente odiarme …
—Bueno … Porque realmente no eres un buen hermano … Tampoco eres muy consistente … No me quieres ayudar …
Para ser justos, en algo de eso tenía razón. Luego añadió:
—Y no te odio … Pero estoy segura de que si fueras tu a necesitar algo muy trascendental en tu vida … Yo haría de todo por ti …
—Eso no es justo … Sería capaz de darte un riñón … Pero lo que me pides es algo … Algo…
—Algo que no te cuesta nada … Y que podría ser divertido, ¿no? … Y aún así, conservarías tus riñones, ¿verdad? … No sé porque haces tanto alboroto por nada … Ya te masturbé anoche y no me rechazaste … Tampoco nuestra relación se ha roto, ¿no? … En todo caso ahora te odio mucho menos … Así que todo esta bien …
Me reí y le dije:
—Yo también te odio mucho menos … Pero no podemos seguir haciendo esto …
—¡Sólo dos veces! … Lo hemos hecho dos veces y tu mezclas todo … Metes todo en el mismo saco … Esto es diferente … No es como si estuviéramos repitiendo la misma lección … Además, te recuerdo que esto no se trata de ti … Tú eres sólo mi marioneta sexual … Mi amor de adolescente es él, Lee Min-Jun …
—Sí … Lo sé …
Dije, pero una parte de mi quería añadir, que ahora estaba enamorado de ella.
Estaba muy bien que Giovanna hubiera decidido que yo no era nada más que su consolador con patas, pero este consolador tenía sentimientos. Quería decirle que no había olvidado nada de lo sucedido antenoche y que me había masturbado varias veces al recordarlo y que mi corazón latía aceleradamente cada vez que pensaba en ella.
En realidad no había nada de romántico en nuestra relación, no es que fuera como Romeo y Julieta, de William Shakespeare, sino más bien como Julieta y su consolador de carne.
—¡Te amo, Andrés! … Pero no eres el chico con el cual intentaré pasar el resto de mi vida … Eres el hermano que pensé se preocuparía por mí … Que formaría parte de mi equipo y me ayudaría … Serías el tío perfecto de los hijos de Lee … Te invitaría a Suiza y te estaría eternamente agradecida … Ese es el único rol tuyo en toda esta historia …
—¿Y por qué a Suiza? … ¿Acaso no es coreano? …
—Él es suizo-coreano …
—¡Bueno! … ¡Está bien! … ¿Qué es lo que quieres de mí? …
—Enséñame a chupar pollas como una profesional y prometo que nunca jamás volveré a molestarte …
—¿Y empezarás a hacer mis tareas? …
—Empezaré y no pararé hasta la navidad … También limpiaré tu auto por dentro y por fuera … Dos veces … Y si necesitas que le mienta a mamá y papá sobre cualquier cosa para cubrirte el trasero, lo haré in preguntarte nada …
—¿No te parece que es mucho? …
Algo había cambiado desde la última noche. Mí experiencia de masturbación fraternal había sido tan emocionante que ya no tenía voluntad para resistirme a ella. Mí polla ya estaba excitada haciendo salvajes planes para el futuro inmediato, intentando escapar de la prisión de mis boxers.
—Sería como si estuvieras saboteándote a ti mismo si me rechazas, ¿no crees? … Además, jamás nunca nadie lo sabrá, aparte de ti y de mí … Te lo juro …
Dijo y apenas presintió que estaba titubeando, estiró su dedo meñique para el juramento de rigor. Entonces estiré mi dedo meñique y lo enganche alrededor del de ella. Giovanna sonrió con una sonrisa no sé si de ángel o de demonio.
—Entonces … Gran Maestro Sensei … ¿Por donde empezaremos? …
Para alguien que había estado presentando esto simplemente como un ejercicio de práctica, ella claramente actuó como si fuera algo más que eso, a menos qué, ella ya estaba jugando un rol que luego iba a actuar con su novio oriental.
—¿Dónde me quieres? … No estaremos en una cama …
—¿Estarás en su auto? …
—Probablemente, sí …
—Está bien … Bueno … ¿Por qué no me siento en el borde de la cama y tu puedes arrodillarte de frente a mí? …
—¡Sí, Gran Maestro! …
Era muy obediente y disciplinada para el juego y eso me hizo temblar la polla. Todo tipo de pensamientos obscenos pasaron por mí cabeza, ideas escabrosas sobre cómo someterla y rendirla sumisa a todas mis ordenes, para que hiciera cosas que nunca se me ocurriría pedirle a una pareja; y menos aún, a un miembro de la familia. Total, sí me mantenía dentro del amplio ámbito de la lección, podría pedirle cualquier cosa en beneficio de su aprendizaje.
Balanceé mis piernas sobre la cama y me senté en el borde de esta. Mi hermana se arrodillo entre mis muslos y me miró deseosa y atenta.
—¿Empezamos? … —Pregunté.
—¿Está usted duro Gran Maestro? … —Preguntó ella.
—¡No! … Todavía no …
—Entonces, esa será mi primera prioridad, Señor …
Ella metió sus manos a través de mis boxers y echó mano a su herramienta de práctica.
—¿Debería hacerlo poner duro antes de chuparlo, Gran Maestro? …
—¡Sí, deberías hacerlo con tus manos o puedes llevártelo directamente a la boca! …
—¿Puedo? … ¡Gracias por tu sabiduría mi Señor! … ¡Solo tu dominas este arte de nuestros ancestros! …
Ella bajó mis boxers y me los saco como si fuera parte de un ritual sagrado y destinado especialmente para las hermanas chupadoras de polla. A continuación levantó mi pene medio flácido entre su pulgar y su índice. Lo miró un poco curiosa y luego metió todo lo que pudo de esa cosa blandengue directamente en su boca. Mi polla sintiendo la acogedora tibieza de su lengua húmeda, comenzó a revivir.
—¡Santo cielo! … —Exclamó y luego agregó —Esta cosa está creciendo …
Poco a poco mi pene se enderezaba y comenzaba a apuntar hacia ella, como si la culpara de ser la causante de todo esto. Lo metió entre sus labios y luego lo tragó por completo.
—¿Cómo se siente? … ¿Lo estoy haciendo bien? …
Preguntó. Hubiera querido decir: “Nena, me estás matando” Pero reflexioné y comenté apropiadamente para la solemne clase de chupar pollas, poniéndome el hábito de Sensei y le dije:
—¡Ehm, sí! … Los vasos sanguíneos comienzan a llenarse y el miembro viril adquiere su solidez natural en este tipo de eventos … Cuando adquirirá la consistencia necesaria … Puedes comenzar a aplicar succión …
—¡Oh, sí, mi venerado Señor! …
—Debes hacerlo con cuidado … Así podrás sentir la reacción de Lee …
Ella sostenía mi pene como si fuera un koyak dándole lamidas y chupadas. Me sentí mareado ante la vista. Mi polla abarcaba toda la longitud de su cabeza, desde su mentón hasta el pico de la viuda. Sacó la lengua para lamer mi glande como si fuera un chupete helado. Me contuve a duras penas de no tomarla y follarle su hermosa cara.
Uno de los problemas de la red de enseñanza es que los estudiantes están repletos de información que no tienen ningún deseo real de aprender. Pero lo nuestro no era el caso, en nuestro caso tanto el profesor como la alumna participaban mancomunadamente a instruir y asimilar la materia. Manteniendo bien en alto el sueño del aula educacional perfecta.
La condición teórica del asunto se desmoronaba al comprobar que mientras ella estaba ocupada aprendiendo en forma abstracta una técnica que luego emplearía haciendo disfrutar al coreano ese, yo, por mi parte, estaba experimentando un acercamiento real de enamoramiento hacia ella.
Puede que mi polla no sea más que parte de la tramoya de este singular escenario en su mente, pero seguía siendo mi polla. Y con su apoyo o sin él, se estaba utilizando con un método que actuaba con una intensidad que habría avergonzado a cualquier tramoyista de profesión.
Durante los siguientes veinte minutos, la hice enloquecer con un surtido de ideas imaginativas sobre como hacerme una superba mamada. Estos incluían, entre otros: Sumergirlo en la saliva bucal; Arrastrándolo hacia arriba y hacia abajo sobre su lengua extendida; aprisionarlo entre sus labios apretados; Hacerlo rebotar con delicadas bofetadas sobre sus mejillas, mandíbula e incluso sobre sus parpados; y por último, pero no menos importante, una exagerada técnica sexual británica que exigiría una conferencia inspiradora para describirla a cabalidad.
Ella ejecutó al pie de la letra todas mis instrucciones. Cenó, tragó, devoró y amordazó. Lo inhaló como si se tratara de cítricos frescos; Lo exhumó de la guarida de su cavidad bucal; Se apoyó en el tronco de mi dureza; lo tomó a dos manos como si se tratara de una flauta. Ella estaba embriagada por explorar cada técnica como yo por soñarlas.
—¡Más! … ¡Más! …
Exigió Giovanna como una glotona succionadora de penes.
—Bueno … Ya tienes lo básico, ¿no? …
—¡Mientes! … ¡Algo me ocultas! … ¡Debes decirme todo! … ¡Todo lo que otra chica nunca podría saber! …
No me atreví a admitir que a este punto me estaba quedando sin ideas nuevas. Necesitaba de un apuntador que me susurrara nuevos argumentos de nuevas perversiones cachondas.
—¡Bueno! … ¡Podrías lamerle las bolas! …
Sugerí a la desesperada.
—¡Oh! … ¡Por supuesto! … ¡Qué tonta que soy! …
Y comenzó a lamer mi escroto.
—¡Oh, Jesús! … ¡Eso es divino! …
—¿Qué pasa si chupo uno a la vez? …
Preguntó y luego se metió uno de mis testículos en su boca.
—¡Ouch! … ¡Ay! … ¡Tal vez sea mejor si no los chupas! …
—¡No te preocupes! … ¡Solo los lameré! …
Ella siguió lamiendo mis bolas y no se detuvo allí. Siguió lenta y suavemente por mi perineo, abriendo espacio entre mis muslos y descendiendo aún más. Me apoyé hacia atrás sobre la cama para darle un mejor acceso, levanté mis rodillas en el aire; ella captó la insinuación indirecta y comenzó a lamer mi ano, todo sin dejar de masturbarme. ¡Santo cielo! Pensé. Mi propia hermana me está lamiendo el trasero. Ni siquiera le había enseñado esas cosas, estaba actuando de propia iniciativa.
Cada vez que sentía la punta de su lengua húmeda y erecta escarbando en mi estrellita del sur, me venían una vibraciones místicas alucinantes, como si viajara en una realidad paralela. Me estaba abriendo el tercer ojo de la próstata. Sentí placer en lugares que ni siquiera sabía que existían. Esto estaba fuera de toda comparación y me hacía perder el control de mí mismo.
—¡Ese tal Lee va a morir si le haces esto! …
Pero lo más importante es que en ese momento era yo quien agonizaba, iba a morir y ya vislumbraba las luces del más allá. Me estaba precipitando hacia un orgasmo abrumador e imposible de narrar. Mis bolas retumbaban como tambores de guerra. En el fragor de la contienda ella debió sentir que el éxtasis de mi arrebato era inminente porque dejó de jugar conmigo. El Sensei había adiestrado a Saltamontes con toda su inveterada tradición y sapiencia. Ahora ella era una sempai sabia que dominaba a la perfección el arte nirvánico, alcanzando interiormente, la liberación suprema de todos sus instintos.
—¿Qué tal una garganta profunda? … ¿Puedes enseñarme eso también? …
—¡Por supuesto! …
Dije, tragando saliva y despejando mi garganta, maldiciéndome por no haber pensado en eso. La verdad es que ciertas cosas no se las podía enseñar en la forma adecuada porque nunca las había experimentado antes. Pero estaba en la situación del tuerto guiando a los ciegos.
Una vez que me acomodé sentado y Giovanna volvió a tragarse mi pene, forzándola a caber toda en su boca y hacerla deslizar por su garganta hasta donde se lo permitiera su faringe. Balbuceo cosas incoherentes y tosió, luego rápidamente lo soltó. Mi polla salió embadurnada con saliva burbujeante.
—Y eso sería todo, ¿no? …
Preguntó en su párvula inocencia.
—¡Sin duda eso fue increíble! … Pero no, todavía no … Eso fue solo que te metiste todo lo que pudiste en tu boca …
—Bueno … ¿Y qué más podría hacer? …
—¡Uhm! … No digo que deberías hacerlo, pero hay un modo en el que superas tu reflejo nauseoso y lo tragas más profundamente …
—¡Guau! … ¡Eso suena intenso! …
Dijo con la cara feliz de intentar lo que le estaba sugiriendo, agregó:
—Disculpa si vomito …
Una vez más se tragó mi polla determinada a engullirla por completo y empujarla sin resistencia hasta su esófago. Restos de baba y líquido preseminal se acumularon por los bordes de su boca, formando una especie de espuma mientras intentaba de fagocitar mi enorme polla en su pequeña boca. Hubo un conato de nauseas. Sentí cuando la punta de mi pene golpeó suavemente su úvula, ese pequeña badajo de carne colgante que advierte que se ha llegado al límite y que no se debe ir más allá. Ella continuó imperturbable, luego hizo una pausa para preguntar:
—¿Cómo puedo ir más allá? …
—Creo que habría que ahogarse y aceptarlo …
Dije, con desenvoltura, pero sin tener la más mínima idea de lo que estaba hablando. De todos modos, ella pareció entenderlo, porqué me mostro su pulgar hacia arriba y silenciosamente reanudó su odisea.
Estaba desesperado por follarle la cara y, al parecer, ella estaba igualmente desesperada por follar mi polla con su boca, pero ninguno de los dos pudo concretar mucho, debido a la impedancia biomecánica de su hipofaringe. Hasta que finalmente algo se ajustó. Hubo un momento de estrangulamiento inesperado, en el que su garganta se expandió más de lo habitual para evitar la asfixia. Mi polla se deslizó más allá del límite y cruzó la frontera de su tráquea. Una vez dentro, solo le sujeté las orejas y comencé a bombearla sin misericordia. ¬
Al poco tiempo funcionábamos como una perfecta maquina bien oleada y le follaba la cara con inmensa facilidad. Con cada embestida, mi polla sin esfuerzo se sumergía más alla de lo que pudiera ver cualquier ojo humano, desapareciendo en la profundidad de su boca. El único problema, si puede llamársele problema, fue que la sensación fue tan intensa que me empujó directamente al borde del precipicio. Un nanosegundo más y estaba a punto de descargarle un aluvión de semen directamente en sus entrañas, evitando su garganta y sus papilas gustativas, negándole la oportunidad de saborear el logro. Así que me retiré, aguantando por el momento mi enjambre eyaculatorio.
Mi polla babeaba la saliva de su garganta y mi propio líquido preseminal. Le mostré cómo podía explotar esta nueva invención resbaladiza, poniéndola en sus mejillas, labios fruncidos, cabello y muchos otros lugares. Debemos habernos entretenido en ello por cerca de una hora. Y me había quedado sin ideas e inspiración. Me pregunté sí era hora de hacer una pausa y consultar a la IA por conceptos creativos.
—¡Creo que hemos hecho todo! … ¡Ahora solo queda el clímax! … ¿Has pensado qué quieres hacer con lo de Lee? …
No quería robarle la mía, ya había condenado mi alma para siempre ante la lujuria incestuosa.
—¡No sé! … ¡Quiero tragarme su semen, obviamente … Pero quizás prefiera dejar que acabe en mi cara! … ¿Qué opinas? … ¿Cuál deberíamos ensayar? …
Fue como si me ofreciera vacaciones pagadas al Caribe o a algún paraíso del Asia.
—¡Ehm! … Te dejo a ti la elección …
Dije en forma del todo diplomática.
—¡Está bien! … ¡Entonces me voy a tragar cada gota! …
Terminó de decir eso y enseguida se tragó mi polla como si fuera el final de la instrucción.
Ahora su confianza era mayor que su experiencia, me sorprendió la seguridad demostrada al elegir beber todo el semen. Siempre me pareció una habilidad muy peculiar de cada mujer. Sin embargo, a medida que se acercaba el momento culmine y sacrosanto, su estatus era la menor de mis preocupaciones, me encontraba en un estado de alucinación en medio a nubes de dicha e indecorosa felicidad.
En el momento álgido de la situación, la vi detenerse y ahogarse. Su ardor entusiasta se encontró cara a cara —o garganta-semen— con la verdadera realidad. Ella soltó mi polla de su boca con cierto disgusto en el preciso momento cuando un segundo impulso, más potente que el primero, explotó directamente en su cara, salpicando sus mejillas rubicundas, hasta parte de mi abdomen antes de rociar su blusa.
Al darse cuenta del error forzado, rápidamente intento de volver a colocar sus labios a mi alrededor, pero no llegó a tiempo, ya que una nueva andanada centró su nariz. Finalmente embocó mi polla rociadora envolviéndola entre sus labios mientras los últimos chorros celestiales bombeaban por su codiciosa y ávida garganta.
Se lo tragó todo como buena hermana chupadora de pollas, una que realmente completa sus tareas y, cuando terminó, se secó el bigote de leche que le había quedado en los labios. Un aislado filamento blanquecino pendía de su nariz, reaccionó rápidamente, lo recogió con un dedo y lo chupó limpiando su dedo con su lengua. En un fortuito giro que ni ella ni yo habíamos planeado, la llevó a experimentar ambos finales felices en una sola hazaña.
Pero aún no había llegado el momento de dar por terminada toda la actividad. Ahora ella se encargó de lamer diligentemente mi polla hasta dejarla completamente limpia. Lo hizo con tal esmero y afecto que mi polla no se desinfló, por el contrario, parecía haberse puesto más duro aún. Para mí mayúsculo asombro, ella siguió chupando como para hacerme una mamada más de propina. Esta vez no había catedra que dictar. No dije casi ninguna palabra coherente, solo gemidos y guturales gruñidos animalescos.
—¡Déjame hacerlo solo a mí esta vez! … ¡Corrígeme si hago algo mal! …
Me encantó su plan. Apagamos todo el sistema de educación y adiestramiento y mi única misión fue sentarme y disfrutar de la avezada mamada que Giovanna se aprontaba a hacerme.
Ella se tomó todo su tiempo. Sus ojos seguían fijos en los míos mientras susurraba todas las cosas cochambrosas que le pasaban por la cabeza, tales como: ¿Te gusta cuando chupo tu gran polla? ¿Me darás otra carga de tu leche? ¡Quiero beber toda tu lechita! ¡Qué rica tu pija! ¡Por favor, dame todo tu semen! ¡Quiero más de tu delicia, bebé!
Mi cerebro no pudo dejar de pensar si ella me estaba dirigiendo estas palabras a mí o si las estaba entrenando para decírselas a Lee Min-Jun. Decidí que mejor era no pensar en eso, al fin y al cabo, era mi polla la que estaba chupando deliciosamente.
Durante los siguientes minutos me chupó la polla con tal dedicación, como si fuera un deber reservado a los miembros de la familia. Reinaba una serenidad superba en el Sìmiào budista de mi habitación. El tenue brillo de la lampara de noche creaba una atmosfera mística y me pareció ver una sagrado halo de luz alrededor de la cabeza de mi hermana que subía y bajaba tragándose mi polla profundamente. Estabamos sumergidos en una burbuja concupiscente de extrema cachondez, cada uno de nosotros dedicados silenciosa y exclusivamente a sacar adelante nuestras tareas, yo de correrme y ella de chuparme la polla hasta hacer que me corra.
Giovanna era una de esas amantes que se encuentran una vez en el giro que hace la galaxia en todo el universo, era como esa estrella agujero negro que los científicos están recién descubriendo y estudiando. Un simple mortal estaría dispuesto a morir por ella, aún cuando ella pertenezca al mismo árbol genealógico. Creo que ese tal Lee es el hombre más suertudo del mundo.
Casi sentí una decepción cuando mis bolas comenzaron a cosquillear anunciando el cúlmine de una experiencia exorbitante y grandiosa. Por un momento, mi escroto fue todo mi universo. Me hubiera encantado que durara para siempre. Pero todo lo bueno tiene un final. Ella estaba a punto de lanzarme por un acantilado, usando sus propias expresiones lingüísticas.
¿Era apropiado darle una advertencia? ¿O ya no era necesario? ¿Estaba todo eso superado? De todos modos, ella parecía presentirlo. Me liberó de sus labios y fijo su cabeza a una distancia de tiro, abriendo la boca lo más que pudo. Tomé en mano la situación, magreando mi pene aceleradamente y apuntando su lengua estirada.
—¡Ooohhh, Giovanna! …
Dije, mientras mi cerebro se obnubilada en una nube de mil colores y me parecía que miles de palomas blanquísimas emprendían vuelo desde mi polla para aterrizar en la lengua que mi hermana permanecía estirada como una pista de aterrizaje. Una bandada de palomas voló más alla de la pista de aterrizaje y golpeó su úvula, haciéndola toser y cerrar su boca; luego vinieron otros borbotones anillados como en un flujo de orina que se desparramaron sobre su nariz y mejillas, ocultando el sonrojo de sus pómulos en su bonita cara baboseada.
Cuando pudo abrir su boca, finalmente absorbió todo el resto de semen que goteaba de mi polla. Abrió sus ojos y miró fijamente los míos, Lentamente abrió su boca para mostrarme la cantidad de leche que había en ella, luego tragó todo de un trago fulmíneo.
Aun cuando en realidad no le había enseñado nada nuevo, la jornada escolástica no había terminado todavía. Ella procedió a limpiarme con acuradas lamidas y chupadas hasta dejarme limpio otra vez; con la precisión con que un criminal intentaría borrar cada evidencia de la escena de un crimen.
Me desplomé sobre la cama bajando mis piernas al suelo y mi polla dejando una huella de baba igual que un caracol sobre mis muslos.
—¿Entonces, crees que lo hice bien? …
Me preguntó Giovanna. Esa pregunta me confundió muchísimo. Me encontraba muy fuera de contexto como para responderla de buenas a primeras. Mí libido había deformado todo, me convencí de que ella me engañaba y no era yo simplemente su títere sexual, sino su verdadero amante. Estaba embriagado de lujuria y placer. Creí que ella era mía y hacia todo esto solo por mí, en vez de tragarse mi semen pensando a una tercera persona.
—¡Lee nunca sabrá de esto! … ¡Seré capaz de tragarme todo el suyo también! … ¡Él es más pequeño y de porciones menores! …
Esos comentarios me despertaron a la cruda realidad. Sus sentimientos estaban con el oriental y no conmigo. Debo admitir que en lo recóndito de mi corazón esto me dolió. Ella chupaba como una mariposa, pero picaba como una abeja.
—¡No veo la hora de hacerle esto mañana! …
—¡Esta noche! …
—¡Uhm! … ¡Cómo sea! … ¡Gracias, Andrés! … ¡Eres el mejor hermano del mundo! …
Sonreí empáticamente. Nunca había tenido competencia, éramos solo ella y yo. Pero acepté el cumplido de la mejor manera. Ahora ella apretó mi mano de manera afectuosa y familiar, del mismo modo en que lo había hecho los dieciocho años en que hemos crecido junto.
—¡Me enseñaste mucho esta noche! … ¡Creo que guardaré algunos trucos bajo la manga para la próxima cita! … ¡Pero me siento mucho más segura y orientada! …
Ella levantó la sábana sobre mis desguarnecidos restos, y dijo.
—¡Buenas noches, Andrés! …
—¡Buenas noches, Giovanna! …
Enseguida salió por la puerta.
—¡Te amo, Giovanna! …
Dije, pero ella ya había escapado y no me había escuchado.
Fin
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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
—¡Entra! …
Dije mucho más rápido que nunca. Estaba ansioso por escuchar lo acontecido y la paja al ya famoso Lee Min-Jun, pero también tenía ganas de verla. Había pasado toda la jornada recordando nuestra indecorosa cita y jugando conmigo mismo todas las veces.
Esta noche llevaba unos leggins celeste y una remera del grupo “The Queen” de manga larga y cuello abotonado. Como pude disimulé mi decepción al verla tan arropada, no dejaba vislumbrar nada de su hermoso cuerpo.
—¿Y cómo te fue? …
Le pregunté, quitando una bandeja con un sándwich del edredón, para que pudiera deslizarse bajo las sábanas.
—¡Guau! … ¡Funcionó de maravillas! …
Dijo alborozada mientras pateaba las sábanas para acomodarse en mi cama.
—¡Felicidades! …
Le dije chocando los cinco, pero debo admitir que sentí un destello de decepción por alguna razón que no quise entender.
—¡Eres el mejor profesor de todos los tiempos! …
—Entonces … Se corrió …
—¡Dos veces! … Me dijo que eran las mejores pajas que jamás haya recibido …
Dijo, resplandeciente.
—Bueno … Está claro que dominas la técnica, ¿no? …
—O tal vez … Podría haber sido que descaradamente le metí el dedo en el culo …
—¡No! … ¡Espera! … ¿Qué le hiciste qué? …
—Le metí un dedo en el culo … Hay que improvisar, ¿no? …
Dijo encogiéndose de hombros y muy suelta de cuerpo. ¡Maldita sea! Porque no fui yo a enseñarle eso. Me sentí un poco tonto.
—¡Qué bien! … Estoy orgulloso de ti por haberlo hecho correrse …
Dije un poco estúpidamente; una frase muy extraña para decírsela a una hermana.
—¿Sabes? … Ahora me quedó la duda … Quizás la primera noche también se corrió … Él no produce tanta leche como tú … Y no dispara por todas partes como el tuyo … Es como un huevo blando y acuoso … Es probable que la primera noche no lo vi … Estaba muy oscuro dentro de su auto …
Me siguió hablando por otros diez minutos de todo tipo de detalles y comentarios banales sobre su cita con el coreano.
—…Además, tiene esa linda sonrisita … Creo que me encuentra graciosa … Él habla coreano lindo y perfecto … Tienes más de quince mil seguidores en “X” … Él bebe mucha agua …
Toda esa mierda fue suficiente para matar mi erección. Seguí escuchando su interminable “Bla-bla-bla”, hasta cuando comenzó a referirme parte de su encuentro íntimo con el oriental.
—Él no es tan expresivo como tú, así que al principio no estaba segura de si le gustaba lo que le estaba haciendo … Tal vez sea un poco tímido, lo cual es muy extraño para un tipo que tiene tanta confianza en sí mismo … Cuando puso su mano sobre la mía me di cuenta de que estaba gozando con lo que le estaba haciendo … Así que finalmente me concedió una tercera cita … Tengo bastante camino recorrido … Pero hay un pequeño problema …
Por su tono, sospeche desde un principio que este pequeño problema me iba a causar una grande erección, por supuesto que no me iba a quejar por eso.
—Todo el rato él empujaba mi cabeza hacia su regazo …
—Quería que le chuparas la polla, ¿no? …
—¡Sí! … Insistía e insistía desesperadamente por ello …
—¿Y tú que hiciste? …
—¡Por supuesto que me negué! …
—¡Bien hecho! … Por que era una cosa muy prematura, ¿verdad? …
—¡No, idiota! … Porque no sé cómo hacerlo correctamente … Pero le prometí que la próxima vez le haría la mejor mamada que jamás haya tenido … Y él está convencido de que así será … Sobre todo después de las legendarias pajas que le hice … Pero no sé si podré cumplir … Y nuestra cita es para mañana por la noche …
—Esta noche …
—Lo que sea … Por eso estoy aquí, Andrés … Voy a necesitar otra leccioncita privada tuya …
Esta tercera cita que había conseguido era más una invitación directa para hacerle una mamada al chico. Se me paso por la cabeza mencionar la inmoralidad de todo el asunto, pero sentí que era letra muerta y mi estomago se revolvió de celos. No entendía cómo un tipo de tan baja moral había capturado la obsesión de mi dulce hermana, incluso sí, para ser justos, yo me estaba beneficiando de ello. Me di cuenta de que me estaba mirando ahora de una forma familiar y sugerente.
—¿Entonces quieres que te enseñe en como hacerle una mamada? …
—¡Sí, hermanito lindo, por favor! … Haré dos semanas más de tus tareas …
—No has hecho ninguna de ellas … Y esta es la tercera vez que intentas renegociar …
—Es porque he estado muy ocupada … Está bien … Que sean seis semanas y te lavaré tu coche el fin de semana … Solo dame suficientes consejos para dejarlo maravillado otra vez …
—¿Estamos hablando de hacerlo con la vela, o…? …
—¡Con la vela! … ¡Con la vela! …
Dijo sonriendo pícaramente.
—Siempre puedes dejar que él te guíe … Parece que sabe muy bien lo que quiere …
—¿Entonces te niegas? …
Dijo haciendo una mueca de desaprobación.
—¡No he dicho nada todavía! …
Estaba disfrutando este retorcido juego de dejar que mi adorable hermana pequeña me suplicara que la dejara chuparme, así que dije:
—Sólo quiero asegurarme de que es totalmente necesario de que me convierta en tu rata de laboratorio …
—Si no quieres está bien …
Dijo sentándose derecha en la cama y cruzando sus brazos bajo sus pechos.
—Me encanta que tu respuesta a cuando trato de ser un buen hermano para ti sea siempre simplemente odiarme …
—Bueno … Porque realmente no eres un buen hermano … Tampoco eres muy consistente … No me quieres ayudar …
Para ser justos, en algo de eso tenía razón. Luego añadió:
—Y no te odio … Pero estoy segura de que si fueras tu a necesitar algo muy trascendental en tu vida … Yo haría de todo por ti …
—Eso no es justo … Sería capaz de darte un riñón … Pero lo que me pides es algo … Algo…
—Algo que no te cuesta nada … Y que podría ser divertido, ¿no? … Y aún así, conservarías tus riñones, ¿verdad? … No sé porque haces tanto alboroto por nada … Ya te masturbé anoche y no me rechazaste … Tampoco nuestra relación se ha roto, ¿no? … En todo caso ahora te odio mucho menos … Así que todo esta bien …
Me reí y le dije:
—Yo también te odio mucho menos … Pero no podemos seguir haciendo esto …
—¡Sólo dos veces! … Lo hemos hecho dos veces y tu mezclas todo … Metes todo en el mismo saco … Esto es diferente … No es como si estuviéramos repitiendo la misma lección … Además, te recuerdo que esto no se trata de ti … Tú eres sólo mi marioneta sexual … Mi amor de adolescente es él, Lee Min-Jun …
—Sí … Lo sé …
Dije, pero una parte de mi quería añadir, que ahora estaba enamorado de ella.
Estaba muy bien que Giovanna hubiera decidido que yo no era nada más que su consolador con patas, pero este consolador tenía sentimientos. Quería decirle que no había olvidado nada de lo sucedido antenoche y que me había masturbado varias veces al recordarlo y que mi corazón latía aceleradamente cada vez que pensaba en ella.
En realidad no había nada de romántico en nuestra relación, no es que fuera como Romeo y Julieta, de William Shakespeare, sino más bien como Julieta y su consolador de carne.
—¡Te amo, Andrés! … Pero no eres el chico con el cual intentaré pasar el resto de mi vida … Eres el hermano que pensé se preocuparía por mí … Que formaría parte de mi equipo y me ayudaría … Serías el tío perfecto de los hijos de Lee … Te invitaría a Suiza y te estaría eternamente agradecida … Ese es el único rol tuyo en toda esta historia …
—¿Y por qué a Suiza? … ¿Acaso no es coreano? …
—Él es suizo-coreano …
—¡Bueno! … ¡Está bien! … ¿Qué es lo que quieres de mí? …
—Enséñame a chupar pollas como una profesional y prometo que nunca jamás volveré a molestarte …
—¿Y empezarás a hacer mis tareas? …
—Empezaré y no pararé hasta la navidad … También limpiaré tu auto por dentro y por fuera … Dos veces … Y si necesitas que le mienta a mamá y papá sobre cualquier cosa para cubrirte el trasero, lo haré in preguntarte nada …
—¿No te parece que es mucho? …
Algo había cambiado desde la última noche. Mí experiencia de masturbación fraternal había sido tan emocionante que ya no tenía voluntad para resistirme a ella. Mí polla ya estaba excitada haciendo salvajes planes para el futuro inmediato, intentando escapar de la prisión de mis boxers.
—Sería como si estuvieras saboteándote a ti mismo si me rechazas, ¿no crees? … Además, jamás nunca nadie lo sabrá, aparte de ti y de mí … Te lo juro …
Dijo y apenas presintió que estaba titubeando, estiró su dedo meñique para el juramento de rigor. Entonces estiré mi dedo meñique y lo enganche alrededor del de ella. Giovanna sonrió con una sonrisa no sé si de ángel o de demonio.
—Entonces … Gran Maestro Sensei … ¿Por donde empezaremos? …
Para alguien que había estado presentando esto simplemente como un ejercicio de práctica, ella claramente actuó como si fuera algo más que eso, a menos qué, ella ya estaba jugando un rol que luego iba a actuar con su novio oriental.
—¿Dónde me quieres? … No estaremos en una cama …
—¿Estarás en su auto? …
—Probablemente, sí …
—Está bien … Bueno … ¿Por qué no me siento en el borde de la cama y tu puedes arrodillarte de frente a mí? …
—¡Sí, Gran Maestro! …
Era muy obediente y disciplinada para el juego y eso me hizo temblar la polla. Todo tipo de pensamientos obscenos pasaron por mí cabeza, ideas escabrosas sobre cómo someterla y rendirla sumisa a todas mis ordenes, para que hiciera cosas que nunca se me ocurriría pedirle a una pareja; y menos aún, a un miembro de la familia. Total, sí me mantenía dentro del amplio ámbito de la lección, podría pedirle cualquier cosa en beneficio de su aprendizaje.
Balanceé mis piernas sobre la cama y me senté en el borde de esta. Mi hermana se arrodillo entre mis muslos y me miró deseosa y atenta.
—¿Empezamos? … —Pregunté.
—¿Está usted duro Gran Maestro? … —Preguntó ella.
—¡No! … Todavía no …
—Entonces, esa será mi primera prioridad, Señor …
Ella metió sus manos a través de mis boxers y echó mano a su herramienta de práctica.
—¿Debería hacerlo poner duro antes de chuparlo, Gran Maestro? …
—¡Sí, deberías hacerlo con tus manos o puedes llevártelo directamente a la boca! …
—¿Puedo? … ¡Gracias por tu sabiduría mi Señor! … ¡Solo tu dominas este arte de nuestros ancestros! …
Ella bajó mis boxers y me los saco como si fuera parte de un ritual sagrado y destinado especialmente para las hermanas chupadoras de polla. A continuación levantó mi pene medio flácido entre su pulgar y su índice. Lo miró un poco curiosa y luego metió todo lo que pudo de esa cosa blandengue directamente en su boca. Mi polla sintiendo la acogedora tibieza de su lengua húmeda, comenzó a revivir.
—¡Santo cielo! … —Exclamó y luego agregó —Esta cosa está creciendo …
Poco a poco mi pene se enderezaba y comenzaba a apuntar hacia ella, como si la culpara de ser la causante de todo esto. Lo metió entre sus labios y luego lo tragó por completo.
—¿Cómo se siente? … ¿Lo estoy haciendo bien? …
Preguntó. Hubiera querido decir: “Nena, me estás matando” Pero reflexioné y comenté apropiadamente para la solemne clase de chupar pollas, poniéndome el hábito de Sensei y le dije:
—¡Ehm, sí! … Los vasos sanguíneos comienzan a llenarse y el miembro viril adquiere su solidez natural en este tipo de eventos … Cuando adquirirá la consistencia necesaria … Puedes comenzar a aplicar succión …
—¡Oh, sí, mi venerado Señor! …
—Debes hacerlo con cuidado … Así podrás sentir la reacción de Lee …
Ella sostenía mi pene como si fuera un koyak dándole lamidas y chupadas. Me sentí mareado ante la vista. Mi polla abarcaba toda la longitud de su cabeza, desde su mentón hasta el pico de la viuda. Sacó la lengua para lamer mi glande como si fuera un chupete helado. Me contuve a duras penas de no tomarla y follarle su hermosa cara.
Uno de los problemas de la red de enseñanza es que los estudiantes están repletos de información que no tienen ningún deseo real de aprender. Pero lo nuestro no era el caso, en nuestro caso tanto el profesor como la alumna participaban mancomunadamente a instruir y asimilar la materia. Manteniendo bien en alto el sueño del aula educacional perfecta.
La condición teórica del asunto se desmoronaba al comprobar que mientras ella estaba ocupada aprendiendo en forma abstracta una técnica que luego emplearía haciendo disfrutar al coreano ese, yo, por mi parte, estaba experimentando un acercamiento real de enamoramiento hacia ella.
Puede que mi polla no sea más que parte de la tramoya de este singular escenario en su mente, pero seguía siendo mi polla. Y con su apoyo o sin él, se estaba utilizando con un método que actuaba con una intensidad que habría avergonzado a cualquier tramoyista de profesión.
Durante los siguientes veinte minutos, la hice enloquecer con un surtido de ideas imaginativas sobre como hacerme una superba mamada. Estos incluían, entre otros: Sumergirlo en la saliva bucal; Arrastrándolo hacia arriba y hacia abajo sobre su lengua extendida; aprisionarlo entre sus labios apretados; Hacerlo rebotar con delicadas bofetadas sobre sus mejillas, mandíbula e incluso sobre sus parpados; y por último, pero no menos importante, una exagerada técnica sexual británica que exigiría una conferencia inspiradora para describirla a cabalidad.
Ella ejecutó al pie de la letra todas mis instrucciones. Cenó, tragó, devoró y amordazó. Lo inhaló como si se tratara de cítricos frescos; Lo exhumó de la guarida de su cavidad bucal; Se apoyó en el tronco de mi dureza; lo tomó a dos manos como si se tratara de una flauta. Ella estaba embriagada por explorar cada técnica como yo por soñarlas.
—¡Más! … ¡Más! …
Exigió Giovanna como una glotona succionadora de penes.
—Bueno … Ya tienes lo básico, ¿no? …
—¡Mientes! … ¡Algo me ocultas! … ¡Debes decirme todo! … ¡Todo lo que otra chica nunca podría saber! …
No me atreví a admitir que a este punto me estaba quedando sin ideas nuevas. Necesitaba de un apuntador que me susurrara nuevos argumentos de nuevas perversiones cachondas.
—¡Bueno! … ¡Podrías lamerle las bolas! …
Sugerí a la desesperada.
—¡Oh! … ¡Por supuesto! … ¡Qué tonta que soy! …
Y comenzó a lamer mi escroto.
—¡Oh, Jesús! … ¡Eso es divino! …
—¿Qué pasa si chupo uno a la vez? …
Preguntó y luego se metió uno de mis testículos en su boca.
—¡Ouch! … ¡Ay! … ¡Tal vez sea mejor si no los chupas! …
—¡No te preocupes! … ¡Solo los lameré! …
Ella siguió lamiendo mis bolas y no se detuvo allí. Siguió lenta y suavemente por mi perineo, abriendo espacio entre mis muslos y descendiendo aún más. Me apoyé hacia atrás sobre la cama para darle un mejor acceso, levanté mis rodillas en el aire; ella captó la insinuación indirecta y comenzó a lamer mi ano, todo sin dejar de masturbarme. ¡Santo cielo! Pensé. Mi propia hermana me está lamiendo el trasero. Ni siquiera le había enseñado esas cosas, estaba actuando de propia iniciativa.
Cada vez que sentía la punta de su lengua húmeda y erecta escarbando en mi estrellita del sur, me venían una vibraciones místicas alucinantes, como si viajara en una realidad paralela. Me estaba abriendo el tercer ojo de la próstata. Sentí placer en lugares que ni siquiera sabía que existían. Esto estaba fuera de toda comparación y me hacía perder el control de mí mismo.
—¡Ese tal Lee va a morir si le haces esto! …
Pero lo más importante es que en ese momento era yo quien agonizaba, iba a morir y ya vislumbraba las luces del más allá. Me estaba precipitando hacia un orgasmo abrumador e imposible de narrar. Mis bolas retumbaban como tambores de guerra. En el fragor de la contienda ella debió sentir que el éxtasis de mi arrebato era inminente porque dejó de jugar conmigo. El Sensei había adiestrado a Saltamontes con toda su inveterada tradición y sapiencia. Ahora ella era una sempai sabia que dominaba a la perfección el arte nirvánico, alcanzando interiormente, la liberación suprema de todos sus instintos.
—¿Qué tal una garganta profunda? … ¿Puedes enseñarme eso también? …
—¡Por supuesto! …
Dije, tragando saliva y despejando mi garganta, maldiciéndome por no haber pensado en eso. La verdad es que ciertas cosas no se las podía enseñar en la forma adecuada porque nunca las había experimentado antes. Pero estaba en la situación del tuerto guiando a los ciegos.
Una vez que me acomodé sentado y Giovanna volvió a tragarse mi pene, forzándola a caber toda en su boca y hacerla deslizar por su garganta hasta donde se lo permitiera su faringe. Balbuceo cosas incoherentes y tosió, luego rápidamente lo soltó. Mi polla salió embadurnada con saliva burbujeante.
—Y eso sería todo, ¿no? …
Preguntó en su párvula inocencia.
—¡Sin duda eso fue increíble! … Pero no, todavía no … Eso fue solo que te metiste todo lo que pudiste en tu boca …
—Bueno … ¿Y qué más podría hacer? …
—¡Uhm! … No digo que deberías hacerlo, pero hay un modo en el que superas tu reflejo nauseoso y lo tragas más profundamente …
—¡Guau! … ¡Eso suena intenso! …
Dijo con la cara feliz de intentar lo que le estaba sugiriendo, agregó:
—Disculpa si vomito …
Una vez más se tragó mi polla determinada a engullirla por completo y empujarla sin resistencia hasta su esófago. Restos de baba y líquido preseminal se acumularon por los bordes de su boca, formando una especie de espuma mientras intentaba de fagocitar mi enorme polla en su pequeña boca. Hubo un conato de nauseas. Sentí cuando la punta de mi pene golpeó suavemente su úvula, ese pequeña badajo de carne colgante que advierte que se ha llegado al límite y que no se debe ir más allá. Ella continuó imperturbable, luego hizo una pausa para preguntar:
—¿Cómo puedo ir más allá? …
—Creo que habría que ahogarse y aceptarlo …
Dije, con desenvoltura, pero sin tener la más mínima idea de lo que estaba hablando. De todos modos, ella pareció entenderlo, porqué me mostro su pulgar hacia arriba y silenciosamente reanudó su odisea.
Estaba desesperado por follarle la cara y, al parecer, ella estaba igualmente desesperada por follar mi polla con su boca, pero ninguno de los dos pudo concretar mucho, debido a la impedancia biomecánica de su hipofaringe. Hasta que finalmente algo se ajustó. Hubo un momento de estrangulamiento inesperado, en el que su garganta se expandió más de lo habitual para evitar la asfixia. Mi polla se deslizó más allá del límite y cruzó la frontera de su tráquea. Una vez dentro, solo le sujeté las orejas y comencé a bombearla sin misericordia. ¬
Al poco tiempo funcionábamos como una perfecta maquina bien oleada y le follaba la cara con inmensa facilidad. Con cada embestida, mi polla sin esfuerzo se sumergía más alla de lo que pudiera ver cualquier ojo humano, desapareciendo en la profundidad de su boca. El único problema, si puede llamársele problema, fue que la sensación fue tan intensa que me empujó directamente al borde del precipicio. Un nanosegundo más y estaba a punto de descargarle un aluvión de semen directamente en sus entrañas, evitando su garganta y sus papilas gustativas, negándole la oportunidad de saborear el logro. Así que me retiré, aguantando por el momento mi enjambre eyaculatorio.
Mi polla babeaba la saliva de su garganta y mi propio líquido preseminal. Le mostré cómo podía explotar esta nueva invención resbaladiza, poniéndola en sus mejillas, labios fruncidos, cabello y muchos otros lugares. Debemos habernos entretenido en ello por cerca de una hora. Y me había quedado sin ideas e inspiración. Me pregunté sí era hora de hacer una pausa y consultar a la IA por conceptos creativos.
—¡Creo que hemos hecho todo! … ¡Ahora solo queda el clímax! … ¿Has pensado qué quieres hacer con lo de Lee? …
No quería robarle la mía, ya había condenado mi alma para siempre ante la lujuria incestuosa.
—¡No sé! … ¡Quiero tragarme su semen, obviamente … Pero quizás prefiera dejar que acabe en mi cara! … ¿Qué opinas? … ¿Cuál deberíamos ensayar? …
Fue como si me ofreciera vacaciones pagadas al Caribe o a algún paraíso del Asia.
—¡Ehm! … Te dejo a ti la elección …
Dije en forma del todo diplomática.
—¡Está bien! … ¡Entonces me voy a tragar cada gota! …
Terminó de decir eso y enseguida se tragó mi polla como si fuera el final de la instrucción.
Ahora su confianza era mayor que su experiencia, me sorprendió la seguridad demostrada al elegir beber todo el semen. Siempre me pareció una habilidad muy peculiar de cada mujer. Sin embargo, a medida que se acercaba el momento culmine y sacrosanto, su estatus era la menor de mis preocupaciones, me encontraba en un estado de alucinación en medio a nubes de dicha e indecorosa felicidad.
En el momento álgido de la situación, la vi detenerse y ahogarse. Su ardor entusiasta se encontró cara a cara —o garganta-semen— con la verdadera realidad. Ella soltó mi polla de su boca con cierto disgusto en el preciso momento cuando un segundo impulso, más potente que el primero, explotó directamente en su cara, salpicando sus mejillas rubicundas, hasta parte de mi abdomen antes de rociar su blusa.
Al darse cuenta del error forzado, rápidamente intento de volver a colocar sus labios a mi alrededor, pero no llegó a tiempo, ya que una nueva andanada centró su nariz. Finalmente embocó mi polla rociadora envolviéndola entre sus labios mientras los últimos chorros celestiales bombeaban por su codiciosa y ávida garganta.
Se lo tragó todo como buena hermana chupadora de pollas, una que realmente completa sus tareas y, cuando terminó, se secó el bigote de leche que le había quedado en los labios. Un aislado filamento blanquecino pendía de su nariz, reaccionó rápidamente, lo recogió con un dedo y lo chupó limpiando su dedo con su lengua. En un fortuito giro que ni ella ni yo habíamos planeado, la llevó a experimentar ambos finales felices en una sola hazaña.
Pero aún no había llegado el momento de dar por terminada toda la actividad. Ahora ella se encargó de lamer diligentemente mi polla hasta dejarla completamente limpia. Lo hizo con tal esmero y afecto que mi polla no se desinfló, por el contrario, parecía haberse puesto más duro aún. Para mí mayúsculo asombro, ella siguió chupando como para hacerme una mamada más de propina. Esta vez no había catedra que dictar. No dije casi ninguna palabra coherente, solo gemidos y guturales gruñidos animalescos.
—¡Déjame hacerlo solo a mí esta vez! … ¡Corrígeme si hago algo mal! …
Me encantó su plan. Apagamos todo el sistema de educación y adiestramiento y mi única misión fue sentarme y disfrutar de la avezada mamada que Giovanna se aprontaba a hacerme.
Ella se tomó todo su tiempo. Sus ojos seguían fijos en los míos mientras susurraba todas las cosas cochambrosas que le pasaban por la cabeza, tales como: ¿Te gusta cuando chupo tu gran polla? ¿Me darás otra carga de tu leche? ¡Quiero beber toda tu lechita! ¡Qué rica tu pija! ¡Por favor, dame todo tu semen! ¡Quiero más de tu delicia, bebé!
Mi cerebro no pudo dejar de pensar si ella me estaba dirigiendo estas palabras a mí o si las estaba entrenando para decírselas a Lee Min-Jun. Decidí que mejor era no pensar en eso, al fin y al cabo, era mi polla la que estaba chupando deliciosamente.
Durante los siguientes minutos me chupó la polla con tal dedicación, como si fuera un deber reservado a los miembros de la familia. Reinaba una serenidad superba en el Sìmiào budista de mi habitación. El tenue brillo de la lampara de noche creaba una atmosfera mística y me pareció ver una sagrado halo de luz alrededor de la cabeza de mi hermana que subía y bajaba tragándose mi polla profundamente. Estabamos sumergidos en una burbuja concupiscente de extrema cachondez, cada uno de nosotros dedicados silenciosa y exclusivamente a sacar adelante nuestras tareas, yo de correrme y ella de chuparme la polla hasta hacer que me corra.
Giovanna era una de esas amantes que se encuentran una vez en el giro que hace la galaxia en todo el universo, era como esa estrella agujero negro que los científicos están recién descubriendo y estudiando. Un simple mortal estaría dispuesto a morir por ella, aún cuando ella pertenezca al mismo árbol genealógico. Creo que ese tal Lee es el hombre más suertudo del mundo.
Casi sentí una decepción cuando mis bolas comenzaron a cosquillear anunciando el cúlmine de una experiencia exorbitante y grandiosa. Por un momento, mi escroto fue todo mi universo. Me hubiera encantado que durara para siempre. Pero todo lo bueno tiene un final. Ella estaba a punto de lanzarme por un acantilado, usando sus propias expresiones lingüísticas.
¿Era apropiado darle una advertencia? ¿O ya no era necesario? ¿Estaba todo eso superado? De todos modos, ella parecía presentirlo. Me liberó de sus labios y fijo su cabeza a una distancia de tiro, abriendo la boca lo más que pudo. Tomé en mano la situación, magreando mi pene aceleradamente y apuntando su lengua estirada.
—¡Ooohhh, Giovanna! …
Dije, mientras mi cerebro se obnubilada en una nube de mil colores y me parecía que miles de palomas blanquísimas emprendían vuelo desde mi polla para aterrizar en la lengua que mi hermana permanecía estirada como una pista de aterrizaje. Una bandada de palomas voló más alla de la pista de aterrizaje y golpeó su úvula, haciéndola toser y cerrar su boca; luego vinieron otros borbotones anillados como en un flujo de orina que se desparramaron sobre su nariz y mejillas, ocultando el sonrojo de sus pómulos en su bonita cara baboseada.
Cuando pudo abrir su boca, finalmente absorbió todo el resto de semen que goteaba de mi polla. Abrió sus ojos y miró fijamente los míos, Lentamente abrió su boca para mostrarme la cantidad de leche que había en ella, luego tragó todo de un trago fulmíneo.
Aun cuando en realidad no le había enseñado nada nuevo, la jornada escolástica no había terminado todavía. Ella procedió a limpiarme con acuradas lamidas y chupadas hasta dejarme limpio otra vez; con la precisión con que un criminal intentaría borrar cada evidencia de la escena de un crimen.
Me desplomé sobre la cama bajando mis piernas al suelo y mi polla dejando una huella de baba igual que un caracol sobre mis muslos.
—¿Entonces, crees que lo hice bien? …
Me preguntó Giovanna. Esa pregunta me confundió muchísimo. Me encontraba muy fuera de contexto como para responderla de buenas a primeras. Mí libido había deformado todo, me convencí de que ella me engañaba y no era yo simplemente su títere sexual, sino su verdadero amante. Estaba embriagado de lujuria y placer. Creí que ella era mía y hacia todo esto solo por mí, en vez de tragarse mi semen pensando a una tercera persona.
—¡Lee nunca sabrá de esto! … ¡Seré capaz de tragarme todo el suyo también! … ¡Él es más pequeño y de porciones menores! …
Esos comentarios me despertaron a la cruda realidad. Sus sentimientos estaban con el oriental y no conmigo. Debo admitir que en lo recóndito de mi corazón esto me dolió. Ella chupaba como una mariposa, pero picaba como una abeja.
—¡No veo la hora de hacerle esto mañana! …
—¡Esta noche! …
—¡Uhm! … ¡Cómo sea! … ¡Gracias, Andrés! … ¡Eres el mejor hermano del mundo! …
Sonreí empáticamente. Nunca había tenido competencia, éramos solo ella y yo. Pero acepté el cumplido de la mejor manera. Ahora ella apretó mi mano de manera afectuosa y familiar, del mismo modo en que lo había hecho los dieciocho años en que hemos crecido junto.
—¡Me enseñaste mucho esta noche! … ¡Creo que guardaré algunos trucos bajo la manga para la próxima cita! … ¡Pero me siento mucho más segura y orientada! …
Ella levantó la sábana sobre mis desguarnecidos restos, y dijo.
—¡Buenas noches, Andrés! …
—¡Buenas noches, Giovanna! …
Enseguida salió por la puerta.
—¡Te amo, Giovanna! …
Dije, pero ella ya había escapado y no me había escuchado.
Fin
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Mi hermana Giovanna.
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