Mi hijo divorciado.
por
Juan Alberto
género
incesto
Mi nombre es Carolina, pero la mayoría de mis amistades me llama Caro. Tengo poco más de cuarenta años y estoy casada. ¡Ehm! Tal vez la palabra “casada” no sea la definición exacta del estatus en el que nos encontramos mí marido y yo. Desde hace años nos hablamos solo en casos excepcionales y de contacto físico ni hablar. Incluso él no se quejó cuando yo, hace años, dejé el dormitorio matrimonial y me acomodé en la habitación de las visitas, esa con baño incluido. Nos tratamos como conocidos, pero sin mucho afecto. Descubrí que él me engañaba desde hacía mucho tiempo, y con más de una mujer.
Decidí quedarme en casa porque ya no estaba dispuesta a empezar de nuevo con un extraño. El extraño ya lo tenía en casa y decidí aguantarlo. Me sentí vencida y no tuve fuerzas para emprender una nueva vida, y para ser honesta, mi marido es el mayor accionista de una multinacional. Tenemos una mansión de lujo con todas las comodidades, por lo que nuestra vida es cómoda en todo sentido, eso es: Casa grande, vehículos, viajes, lujo, etc.
Soy ama de casa a tiempo completo. En el pasado tuve otros trabajos, pero mi carrera nunca me apasionó mucho y ahora estoy contenta con lo que la vida me ha brindado y aprovecho de divertirme en la manera que más me agrada: Puedo leer, me encargo del jardín y ornamentación de la propiedad, juego tenis y asisto periódicamente al gimnasio; también tengo mi vida social visitando a mis amigas divorciadas. Me mantengo relajada todo el día.
Tenemos un hijo, Cesar, él es mi orgullo y mi alegría y, también el ser a quien doy todo mi amor. Todo lo que dicen de las madres y sus hijos es cierto. Yo lo parí, lo crecí, lo eduqué y le enseñe a vivir. Él es ingeniero aeronáutico y trabaja para una agencia espacial privada. Él es mi debilidad y mí fortaleza. Cesar es un hombre muy alto y guapo, cumplió los veinticinco no hace mucho. Recientemente se divorció de su novia con la que se había comprometido desde la secundaria, Sonya.
Vivía a unos siete kilómetros de casa en el segundo piso de un moderno edificio, un apartamento enorme donde él esperaba formar una familia junto a Sonya. Fue un gran shock para mí cuando me dijo que había dejado a Sonya después que ella le confesara de haberle sido infiel y que había encontrado a alguien con quien quería ir a vivir. Eso fue hace menos de un año.
Al separarse de su ahora exesposa, se vino a vivir con nosotros mientras remodelaban un departamento más pequeño que acababa de arrendar con compromiso de compra. Tenerlo de regreso en casa por algunas semanas fue fantástico y cuando volvió a irse a su nuevo departamento, tuve una severa depresión. Lo único positivo es que ahora su nueva dirección era a pasos de nuestra casa, por lo que podía visitarlo asiduamente.
Creo que toda esa tensión hizo que mi escasa relación con mi marido comenzara a afectarme un poco más de lo que había sido hasta ahora. Las necesidades humanas son simples y básicas, hacer vida social y tener algún contacto físico. Y no me estoy refiriendo al sexo, aunque entiendo perfectamente eso de besar, abrazar y todo el resto. Creo que al ver a mi hijo solo, yo también comencé a sentirme sola. Me resultaba difícil tocar este tema con alguien, hasta anoche, cuando visité a Cesar y él mencionó el tema, porque aparentemente él mismo estaba pasando por los mismos sentimientos. La conversación comenzó después de que nos preparó un estupendo café en su nueva máquina de café expreso.
—¡Mami! … Sé que la relación entre tú y mi padre nunca fue de las mejores y me gustaría tanto saber: ¿Cómo lidias con no tener contacto físico? … Dejé a Sonya poco más de seis meses y siento que me falta eso … Un tipo de contacto íntimo, ¿me entiendes? …
Comencé a sincerarme con mi hijo respecto a nuestros problemas matrimoniales, el engaño de su padre y mi decisión de quedarme en casa, pero sin contacto físico con él. Cesar siempre había tenido problemas con su padre, así que siempre estuvo del lado mío, cuando le dije:
—Para ser honesta … El engaño de tu padre me bloqueó totalmente en ese sentido … No quería saber nada de otro hombre en mi vida … Y hasta no hace mucho me andaba bien así, pero últimamente, quizás porque me acerco a la menopausia, pienso a menudo en ello … Y siento la necesidad de volver a sentirme mujer … Ser abrazada, ser besada y todo lo demás, ¿sabes? … Hasta me hace sentir celos cuando veo a dos personas que parecen tener un matrimonio perfecto, se aman y disfrutan del amor que se tienen …
Mi hijo arrugó su frente y me dijo:
—No creas mucho en eso de los matrimonios felices … Yo soy la prueba de ello … Pensé tener la felicidad completa y en tiempo récord me encontré sin nadie a mi lado …
Luego agregó:
—Tampoco éramos de esas familias que se abrazaban y se tocaban mucho … ¿Por qué crees que crecimos así? …
Lo miré tratando de encontrar una forma simple de decírselo.
—No lo sé … Creo que no nos sentimos cómodos haciendo eso … Quiero decir, desde la pubertad tuviste un desarrollo tan rápido … No pensé que apreciarías un abrazo de tu madre, siendo que te estabas convirtiendo rápidamente en un hombre … Después te vi rodeado de amigos y tan pronto como eso, vino tu matrimonio con Sonya … Entonces preferí mantenerme a cierta distancia, ya sabes lo que se dice de las suegras y todo eso … No quería interferir en nada de tu matrimonio con tu prometida de toda la vida …
Él se quedó reflexionando sobre mis palabras durante algunos minutos. Imprevistamente se levantó diciendo:
—¡Ah! … ¡Antes que lo olvide! … En unas de las cajas que me traje de casa encontré un antigua fotografía tuya …
Me tomó en realidad por sorpresa, probablemente Sonya la había guardado en algún momento y él la encontró al cambiarse de apartamento. Fue a por la foto y luego regresó sentándose junto a mí:
—Creo que es de hace unos veinte años … ¡Vaya que atractiva que eras! …
Me sonrojé cuando me mostró la fotografía enmarcada en un fino cuadro de metal bruñido. Parecía que él tenía mucho a conservarla bien.
—¡Mírate! … ¡Eras hot y sexy! …
El retrato me mostraba con un vestido negro con patrones de azul rey. Mi cabello era más largo de lo que lo uso ahora, casi rubio, mi color natural. El vestido andaba por encima de mi rodilla, con medias de seda negras, zapatos italianos finos de tacón muy alto. Debo admitir que me veía muy bien.
—¡Estás preciosa, mamá! … ¡Me encanta esa foto! … ¿Recuerdas cuándo y dónde fue tomada? …
Miré la foto detenidamente, pero no había nada que me hiciera recordar dónde y por qué fue tomada, le dije:
—¡Ni idea! … Al parecer fue justo antes de ir a algunas de esas reuniones de tu padre … Una cena o algo así … A tu padre le gustaba verme con esos tacones altísimos … Pero solo los usaba cuando no debía estar de pie la mayor parte del tiempo …
Cesar volvió a mirar la foto y dijo:
—En mi memoria siempre te vi con esos tacones altos y zapatos muy finos y bellos …
—Es verdad que casi siempre usaba zapatos de tacones, pero nunca así tan altos … Sólo cuando salía con tu padre, él me pedía de usar esos tacones exageradamente altos … Me decía que me veía como una mujer diferente …
Cesar me miró fijamente y me preguntó:
—¿Cuándo fue la última vez que te vestiste de gala? …
Tuve que pensar y recordar bastante y respondí:
—Harán unos diez años, más o menos … Ni siquiera recuerdo el porqué … Pero evocando un poco, creo que fue esa vez que acompañamos al tío Gigi y a su pareja a ese elegante restaurant asiático …
—¡Oh, sí! … ¡Uauh! … Que tiempos aquellos, ¿eh? … Apuesto que tú también lo extrañas, ¿no? …
—¡Sí! … Pero lo que importaba era la ocasión, no los vestidos …
Improvistamente Cesar me miró con un brillo especial en sus ojos:
—¡Mamá! … ¿Qué te parece si vamos a cenar juntos el próximo sábado? … Nos vestiremos de gala e iremos a un lugar fino a disfrutar de una buena comida y un rico vino … Tal vez después podríamos ir a tomar algo a algún lugar …
Mi corazón sufrió un revuelo en ese momento y dije:
—Es una idea excelente, cariño … Tendré que rebuscar algo que ponerme y no podré beber demasiado porque tengo que conducir de regreso a casa …
—¡Nimiedades, mamá! … Puedes venir en Uber y, mejor aún, puedes pasar la noche aquí … tengo que entrenar la habitación para huéspedes … Y por los vestidos, ¿Por qué no te vienes el sábado temprano y podemos ir al Centro Comercial? … Ahí hay decenas de tiendas con todo lo que vayas a necesitar … Además, yo también voy a necesitar un traje apropiado para acompañar a una mujer tan linda como tú … Así que también compraré algo …
Hubo risas y guiños de complicidad, acordamos reunirnos el sábado cerca de mediodía, pero él tenía algo más que decir:
—¿Sabes? … Creo que sería bueno que a partir de ahora, comencemos a practicar este acercamiento nuevo entre nosotros … Un abrazo … Un beso … Una tierna avenencia, un contacto, comunicación … Algo más afectuoso … No del tipo de enamorados … Sino algo más de familia …
—Tengo una sola pregunta que hacerte … Es sobre los besos … ¿Sería algo así como un piquito en la mejilla o, el roce de labios en tu frente? …
—¡Oh, no! … No solo eso … Me refiero a un beso en los labios … Algo así como el regreso a casa entre marido y mujer …
Sus mejillas se tornaron de un rojo encendido y me estremecí al solo pensar en besar a mi hijo en sus labios, me pregunté: ¿Cómo se sentiría eso? Hacía tanto tiempo que no besaba a nadie en los labios. Además, habría implicaciones. ¡Santo cielo! ¡Tantas! Pero preferí no pensar en ello por ahora.
Él se mantuvo callado por un tiempo, tal vez reflexionando sobre sus palabras, luego habló de nuevo:
—¿Crees que eso es algo extraño? … ¿Qué una madre y un hijo se acerquen un poco más físicamente? …
Su pregunta me hizo dudar, suspiré dándome tiempo para pensar y dije:
—No … No creo que haya nada de extraño … Sólo que no estamos acostumbrados a hacerlo a menudo … Conozco a familias donde esto es de lo más normal … Hay naciones y culturas donde el afecto físico entre padres e hijos es la norma y no la excepción … Así que no le encuentro nada de extraño … Creo que sólo debemos acostumbrarnos … Descubrir lo que funciona entre nosotros, que nos gusta y que no …
Se levantó y dijo que iba a buscar algo de beber. Regresó de la cocina con dos copas y una botella de Undurraga Selección dulce. Mientras servía las copas, le pregunté:
—¿Y tienes más fotografías de ese tiempo? …
—Sí, tengo muchas, pero esta es especial para mí … Te ves bien … Muestra la hermosa mujer que eres … Me gusta recordarte así …
¡Guau! Ahí estaba mi Cesar que me confesaba de estar un poco enamorado de mí durante su pubertad. Pero hay muchos chicos de esas edad que pasan por esa transición a la adultez. Sólo que jamás imagine que mi hijo era uno de ellos.
Bebimos nuestro vino y hablamos un poco más de diferentes cosas; le pregunté dónde quería que fuéramos a cenar, tomó un sorbo de su copa y me dijo:
—Hay un restaurant francés en uno de los pisos de la gran torre … Pensaba en un bocado de salmón y tal vez algo de centolla austral … Es un lugar muy elegante y reservado …
—¿Estás seguro? …
—Por supuesto, lo mejor para mí chica …
Nos reímos a carcajadas, tal vez por el efecto del vino. Necesitaba ponerme algo elegante:
—¿Y las compras? …
—No te preocupes por ello … En el Centro Comercial hay decenas de tienda y encontraremos allí todo lo que vamos a necesitar …
Terminé mi vino y le dije que necesitaba volver a casa. Me miró un poco decepcionado, pero se levantó caballerosamente y me acompaño hasta la puerta. Me ayudó a ponerme el abrigo y le dije:
—¿Qué hay de ese abrazo y ese beso? …
Abrió sus brazos y un segundo después me encontré entre sus acogedores y fuertes brazos. Nuestras cabezas se giraron simultáneamente y nuestros labios se rozaron por un segundo, pero fue un beso seco y de labios rígidos. Nada cálido ni abrasador. Me soltó y le dije:
—Bueno … Ese beso fue bastante similar al que recibo en casa de vez en cuando …
Nos sonreímos y él volvió a abrazarme para intentar un nuevo beso. Esta vez me aseguré de tener los labios húmedos y aparentemente él hizo lo mismo. Nuestros labios volvieron a unirse y nos quedamos unidos besándonos por un tiempo, a regañadientes él se soltó de mí y habló:
—Bueno … Eso se sintió mejor
Asentí sintiendo el calor en mis mejillas y le dije:
—¿Qué tal uno para el camino? …
Volvió a abrazarme y esta vez reaccionamos efusivamente. Apresuradamente lamí mis labios y enseguida sentí sus labios sobre los míos. Tímidamente su lengua rozó mis labios y estoy segura de que él sintió mi lengua invitándolo dentro de mi boca, pero no concretamos un beso francés. De todos modos, la sensación fue maravillosa, su lengua rozaba ligeramente mis labios y saqué mi lengua para tocar la suya. Fue como un golpe de corriente y ambos nos pusimos rígidos, enseguida nos separamos con nuestras respiraciones agitadas. En ese momento se abrió la puerta del ascensor:
—¡Adiós, mami! …
Dijo mientras entraba en el ascensor.
—¡Adiós, hijo! …
Respondí. Él instantáneamente puso un pie para evitar que la puerta del ascensor se cerrara y me abrazó tirándome contra su pecho y posicionando sus labios estrechamente contra los míos. El beso más largo, dulce y apasionado de toda mi vida. Me soltó y mi cuerpo temblaba. Antes que el ascensor cerrara sus puertas, le hice una seña con la mano y le dije:
—¡Te amo, hijo! … Nos vemos el sábado …
Conduje mi carro a casa lentamente. A ratos temblaba emocionada. Todo lo sucedido esta noche ocupaba toda mi mente. Desde nuestra íntima conversación, hasta esos besos donde incluso nuestras lenguas se tocaron tímidamente, involuntariamente o no, eso había provocado una avalancha de sentimientos y sensaciones. Me emocioné, me sentí excitada de manera extraña, tal vez un poco confundida, pero con muchas ganas de volver a hacer todas esas cosas, tenía muchas ganas de que ya llegara el sábado. Me emocioné porque era la primera vez que tenía una conversación tan íntima y franca con Cesar. Hubo una sincera conexión entre él y yo, como nunca antes. También me sentí excitada por extraño que parezca. Una madre no debe sentirse excitada por un beso un poco pecaminoso, tierno y tímido de parte de su hijo. Esto había sido algo involuntario, ¿o no?
Tal vez el inocente roce de nuestras lenguas lo fue, pero los besos fueron algo más. Todavía podía sentir los labios de mi hijo en los míos y saborearlos y, a decir verdad, no veía la hora de volver a repetir todo eso y mucho más.
Estaba bastante convencida de que podríamos tener mucho más que simples besos. Él me había confesado casi abiertamente de estar enamorado de mí durante su adolescencia. El hecho de haber conservado esa foto muy bien enmarcada demostraba que aún no lo superaba. Sin embargo, estábamos al borde de cruzar una línea prohibida. Eso se llamaba incesto y es un delito. Esto me hacía sentir confundida y algo aterrada. La sociedad no nos perdonaría el haber cedido a nuestros sentimientos carnales, éramos madre e hijo.
Por otra parte, ¿quién vendría a saberlo? Y, lo que más me importaba, ¿hacia donde nos llevarían estos sentimientos? ¿Esta propuesta de abrazos y besos fue realmente provocada sólo por una necesidad de contacto físico? ¿Y bastaban unos besos y abrazos para satisfacer su falta de contacto con una mujer? ¿Vendrían otros acercamientos más íntimos?
Me resultaban gratos sus recuerdos y sentimientos hacia mí. La foto que me mostraba vestida en ropa de fiesta. Tal vez en su adolescencia le atraían las mujeres mayores, eso les sucede a muchos chicos de su edad que sueñan ante la perspectiva de tener una experiencia sexual con una mujer mayor.
Tenía muchas incógnitas y no encontraba respuestas simples y correctas. Sin embargo, a pesar de todo, me sentía genial, me sentía viva. Casi sintiendo esas maripositas en mi vientre como al sentirme enamorada en mi adolescencia. Esto me hizo reír en forma nerviosa. También me sentí algo avergonzada porque sabía que no debía sentirme así. Pero la verdad es que lo estaba disfrutando mucho y faltaban solo un par de días para que llegara el sábado.
Cuando conduje por el ingreso a casa, todavía estaban girando en mi mente todos esos pensamientos que me inquietaban. Debía tomar una decisión sobre cómo actuar y reaccionar ante los eventos que vendrían. De momento no tenía ninguna conclusión. Estacioné mi auto en la cochera, el auto de mi marido estaba ya estacionado ahí. Entré a la casa y no encontré a nadie, pensé que él se había ido a dormir, así que me fui al cuarto de huéspedes.
Una vez en mi cama, no pude evitar de pensar en la velada con mi hijo. De los momentos que compartimos juntos. Con las yemas de mis dedos roce mis labios y los sentí calientes, el beso de mi hijo todavía quemaba mi piel. Mi mano derecha pareció tener conciencia propia y se deslizó hacia abajo por mi vientre, se metió bajo el elástico de mis bragas y sondeó los hinchados labios de mi coño, estaban calientes y mojados al igual que mi boca. La protuberancia de mi clítoris se pronunció al tacto de mis dedos, me hizo apretar mis muslos con fuerza y empujar mis caderas hacia adelante y hacia atrás en un delicioso movimiento que me hizo gemir. Me sentí mujer y disfruté de mis dedos. Hacía mucho tiempo que no me sentía de este modo. Penetré mi empapado agujero con los dedos de mi mano derecha y con la izquierda sobajeé velozmente mi botoncito del placer. En menos de dos minutos me plegué sobre mí misma y exploté en un exquisito y abrumador orgasmo, follando mi coño profundamente con mis dedos. Sentí una angustiosa necesidad de gritar, pero no pude por temor a que mi marido me escuchara, tampoco quería que el escuchara mis gemidos y balbuceos mientras mis dedos entraban y salían de mi orificio mojado.
—¡Uhhhhhh, Cesar! … ¡Oooohhhh, Cesar! … ¡Oh, Dios! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhhh, Cesar! …
Mientras me revolcaba sola en mi cama, la imagen de mi hijo follando mi coño bañándome son su semen candente, colmaba toda mi mente y me hacía pronunciar una y otra vez su nombre.
Al cabo de un rato me sosegué. Mi orgasmo había sido intenso y todavía había olas de placer que me hacían temblar. Jugué con mi clítoris, apretando mis glúteos y empujando mis caderas suavemente. Esto me hacía pensar a Cesar, mi hijo, y soñar en prometedoras sensaciones que desde hace mucho tiempo no sentía. Nuevamente me sentí avergonzada, pero debo admitir que agradablemente feliz y satisfecha. Cuando me desperté temprano por la mañana, mis manos todavía estaban entre mis piernas.
Me di mi ducha matutina y decidí que el próximo sábado iba a dejar a Cesar tomar la iniciativa de todo, independientemente de lo que sucediera. Yo lo iba a acompañar en todo lo que quisiera hacer. Tenía un par de días para prepararme y, como planeábamos ir de compras, tenía bastante tiempo para planificar muchas cosas: cortar y teñirme el pelo, hacerme una manicura y pedicura minuciosas, quitarme todo el vello de algunos lugares estratégicos. Incluso debía practicar el caminar con tacos altísimos y muchas otras cosas que hacemos las mujeres para vernos sexys y coquetas. Iba a hacer de todo por estar a la altura de la mujer que mi hijo conservaba en esa fotografía.
Finalmente llegó el sábado. Era poco pasado la una de la tarde. En el Uber me apliqué un poco de crema hidratante para labios, mientras subía el ascensor me lamí los labios para asegurarme de que nuestro primer beso de hoy fuera lo más parecido posible al último beso que nos dimos en la puerta del ascensor hace un par de días.
Cesar abrió la puerta visiblemente emocionado de verme, extendió los brazos y nos abrazamos brevemente en el vano de la puerta. Cuando entramos, él tomó mi abrigo y luego rápidamente se volvió a abrazarme, al instante sus labios encontraron los míos y me sentí dichosa envuelta en un halo de felicidad que desde hace mucho tiempo no sentía. Nos quedamos con los labios presionados el uno al otro, como dos amantes. Después de unos segundos nos soltamos. Me miró y me dijo:
—Estoy muy contento de que estés aquí … No veo la hora de que llegue la noche …
Volvió a besarme, pude sentir su lengua rozando mis labios, así que también empujé mi lengua para rozar los suyos. Me estremecí al sentir sus cálidos labios entreabiertos, pero no me atreví a meter mi lengua en su boca. Olía muy bien y me sentí abrumada. Entramos a la sala de estar, me senté en el sofá mientras él nos preparaba un exquisito café en la cocina. Hablamos de temas generales, un poco del clima, de Trump y sus locuras. Fue una charla divertida, Cesar era encantador, muy educado e instruido. Apenas terminamos el café, fue la hora de dirigirnos al Centro Comercial.
Tal como es habitual, el lugar estaba lleno de familias comprando y había bastante ajetreo y ruido. Después de quizás una hora y media, ambos encontramos lo que buscábamos y acordamos de comer un tentempié y beber algo. Justo antes de llegar al patio de comidas, pasamos por una tienda de zapatos femeninos. Lo vi mirando un par de botas negras largas hasta los muslos, similares a las que usó Julia Roberts en “Pretty Woman”. Los tacos eran enormes. Entre a la tienda y compré un par a la medida de mis pies. Me encajaron como un guante y para mi sorpresa, era bastante cómodo caminar con ellas. Decidí que se verían muy bien con mi minivestido negro clásico que había comprado en otra tienda y que planeaba usar esta noche durante la cena.
Cuando nos sentamos en el auto con nuestras bolsas de compras en el asiento trasero, me incliné hacia él y le di un beso en la mejilla diciendo:
—¡Gracias, Cesar! … Ha sido una salida diferente y me he divertido mucho …
—¿No crees que eso amerita un beso de verdad? …
Lo miré con los ojos muy abiertos, asentí consintiendo, él inclinó su cabeza hacia la mía. No pude resistirme y agarré su cabeza con ambas manos y lo besé de lleno en la boca con mis labios mojados y ligeramente separados. Esta vez el beso se prolongó y frotamos nuestros labios cual si fuésemos enamorados adolescentes. Varias veces sentí la punta de su lengua empujando hacia adelante, creo que él también sintió la mía, pero ni él ni yo nos atrevimos a empujar más y convertir el beso en un beso francés. Sentí una tibieza y un delicioso escozor en mi coño que inmediatamente se mojó. Disimuladamente bajé mis parpados y mis ojos descubrieron una abultada protuberancia en sus pantalones. Apreté mis muslos sintiéndome abrumada por un placer que me parecía olvidado. Me sentí un poco loca y podría ser que la emoción fue comparable como a tener sexo en donde algún pasante te podría descubrir, peligroso, emocionante y sensual. Cesar condujo a casa tranquilamente y sin prisa, apenas hablamos en el camino, todavía mis labios ardían sintiendo ese beso en el auto.
Cuando llegamos a casa, tomamos otro café. Conversamos, escuchamos música y más tarde bebimos unas copas de un delicioso Château du Cèdre. También desempaquetamos nuestras compras, les sacamos todas las etiquetas engomadas.
—Mamá … Iré a ducharme y me voy a tomar un tiempo, pues necesito afeitarme … ¿Necesitas algo? …
—Me ducharé después de ti … Ahora solo un poco de vino y … Sí tu quieres … Otro beso …
Me envolvió en sus fuertes brazos y me dio un beso, pero esta vez mucho más corto, luego me dejó para ir a ducharse. Esto me dio tiempo para reflexionar, estaba bastante convencida de que Cesar haría algún tipo de avance hacia mí esta noche. La elección de ropa bonita y sexy me hacía pensar en que él quería verme bonita. También estaban los besos. ¡Oh, chicos! No recordaba haber besado así a nadie, y eso que fueron bastante recatados, pero lo que me hizo sentir remeció todas mis hormonas. Me sentí caliente, sobre todo cuando vi ese aumento considerable en sus pantalones.
Bebí otro sorbo de vino y preparé mis vestidos y mi nuevo tocador. ¿Cuál iba a ser mi reacción ante los avances de Cesar? Ya me había percatado que era algo que yo también deseaba y no iba a poder resistirme ni oponerme. ¿Qué era incesto? Por supuesto que lo sabía, tanto él como yo. La sociedad podría condenarnos, pero somos adultos consensuadamente entregándonos el uno al otro. Mi hijo tiene veinticinco años y yo poco más de cuarenta y cinco. Soy mujer y quiero sentirme como tal. Nadie podría decir que tenemos una relación jerárquica o dependiente el uno del otro. Él tiene un excelente trabajo y gana su dinero, tampoco yo necesito de su dinero. Solo que nos sentimos atraídos el uno al otro con vivencias bastante parecidas. Él divorciado y yo separada en casa. Pero nos falta algo, algo que sabemos ambos que cosa es y me siento dispuesta a secundarlo en todo. Además, de cuando el mundo es mundo, la atracción entre hijo y madre se da en todas las sociedades de este planeta. Me pregunté si en este momento había más madres como yo sintiendo las mismas cosas. Esto era tan bueno que no lo dejaría pasar.
Me probé las botas nuevas. ¡Vaya! Si que eran altos los tacones, pero se sentían cómodos y agradables. Además el cuero acariciando mis muslos desnudos ya me puso cachonda todo de una vez. Me miré en el enorme espejo del armario y me vi extremadamente sexy, sabía que le iban a gustar a él. Pero debía usar alguna prenda para atenuar ese roce malévolo del cuero en mis piernas desnudas, creo que las usaré con esas medias negras de malla que compré junto a otras cosas, como mi lencería. Un completo de tanga y liguero negro para sujetar mis medias, claro que no era realmente necesario porque las medias eran autoadherentes, pero incrementaba la sensualidad y me hacía sentir muy sexy. En la parte superior, nada. Mi vestido era bastante escotado y se ajustaba bien a mis exuberantes senos. Mi decolté luciría genial mostrando el voluptuoso surco de mis grandes pechos.
Escuché ruidos y supuse que Cesar había terminado su ducha.
—¡Mamá! … La ducha es toda tuya … ¿Necesitas algo? …
—¡Sí! … Una toalla grande … Todo el resto lo traje conmigo …
Abrí la puerta y pude ver la espalda de él y la toalla envuelta alrededor de su cintura. Fue encantador vislumbrar sus tonificados glúteos, no disimulados por la toalla y sus amplios y fornidos hombros. Cesar siempre había sido un destacado deportista y poseía un cuerpo de atleta. Un intenso escalofrío recorrió mi columna ante la hermosa visión, fue tan intenso que tuve que apretar mis glúteos para contrarrestar la sensación.
Me fui a duchar, mojé un poco mi cuerpo, me senté al borde de la bañera y luego use la crema de afeitar de Cesar. Con mi Gillette Venus, dejé mi montículo, mis gruesos labios mayores, parte de mis muslos y alrededor de mi ano, tal como cuando era una bebita recién nacida. Sé que a los jóvenes de hoy les encanta un coño bien depilado. Evité de mojar mis cabellos usando un gorro traído de casa. Después de secarme me puse mi bata y volví a mi dormitorio. Pasé un buen rato maquillándome y otro para masajear mi piel con una crema hidratante, suavizar mi monte de Venus con aceites y sérums, mi coño estaba super limpiecito con agua y jabón. Me puse la tanga semitransparente, mi liguero y mis medias. El pequeño y corto vestido negro me pareció más pequeño y corto de cuando lo compramos, pero después de todo, esta era una ocasión especial. Las botas hasta el muslo me hicieron lucir impresionante y tenía el largo perfecto, alcanzaba el bordillo de mi vestido. Me sentí un poco guarra, pero la calidad y el precio de la prenda, no era a la altura de una puta de barrio, sino una de alto bordo, tal como la “Pretty Woman! Lo único que me importaba era complacer a Cesar.
Al entrar a la sala de estar supe instantáneamente que cualquier boba preocupación, podía ser descartada. Los ojos de Cesar no cesaban de moverse recorriendo toda mi figura, ni siquiera intentó disimular estar enamorado de mí, su madre. Obviamente estaba hechizado, hipnotizado por mi look de “Pretty Woman”. Sonreí cuando me di cuenta de que ni siquiera me había puesto el lápiz labial rojo Ferrari. Caminé coquetamente y modelé para él dando un giro de trescientos sesenta grados para hacerme ver desde todos los ángulos, cuando finalmente me detuve, me puse la mano derecha en jarra sobre mi cadera y le pregunté:
—¿Te gusta? … ¿Es así cómo me querías ver? …
Se sonrojó visiblemente, se acercó a mí y me dijo:
—¡Mamá! … ¿Eres realmente tú? … ¡Estás bellísima! … ¡Incluso más bella que hace veinte año! … ¡Para qué te digo lo sexy que te ves! …
Me estrechó entre sus brazos efusivamente, claramente quería darme otro de esos besos, pero por alguna razón se contuvo y solo me miró a los ojos suspirando profundamente. Pensé que tal vez tenía miedo de no poder controlarse. En cierto modo me sentí halagada, pero a la vez un poco decepcionada, estaba lista para que nos derrumbáramos sobre la alfombra y que él me follara enloquecidamente. Por otro lado, pensé: ¡Contrólate, chica! ¡Él es tu hijo!
Había dos copas de vino listas sobre la mesa, entonces decidimos brindar:
—¡A la mujer y madre más hermosa de la tierra! …
Le sonreí levantando mi copa y dije:
—¡Al hijo más mentiroso y exagerado de la tierra! …
Se rio y bebimos en silencio de nuestras copas, enseguida él me preguntó:
—¿Te gusta el vino? …
—¡Oh, sí! … ¡Lo encuentro genial! …
—Es un Château du Cèdre … Es un vino ecológico del sur de Francia … Lo compré por Internet para esta ocasión que es muy especial para mí … Me alegro de que te haya gustado, tengo dos botellas más, si quieres llevar una para tu casa …
—Eres muy gentil de tu parte … Pero prefiero beberlo aquí contigo …
Tomé un sorbo y realmente el vino era perfecto, pero sabía que debía tener cuidado ya que no aguanto muy bien las bebidas alcohólicas y terminaría emborrachándome.
—¡Ah! … ¡No te preocupes porque ni tu ni yo vamos a conducir esta noche! … Vamos a hacer uso de Uber, tengo la aplicación y no tendremos necesidad de conducir …
—Beberé por eso, cariño …
Le guiñé un ojo y me incliné para darle un beso en la mejilla. No habíamos terminado la botella cuando sonó el timbre, era el Uber que nos llevaría al restaurant. Descendimos con el ascensor y abordamos el vehículo de aplicación. El local de comidas no estaba tan lejos del domicilio de Cesar y pronto estuvimos allí, cuando ingresamos al local, muchas cabezas se giraron a mirarnos. Al parecer nuestra apariencia y, principalmente mi vestido corto con largas botas y tacones asesinos, causaron un poco de revuelo. ¡Ala mierda! Pensé. No reconocí a nadie y solo quería pasar un buen rato cenando con mi hijo.
Nos acomodaron en una linda mesa en un ángulo muy romántico e iluminado tenuemente. Cesar pidió la carta de los vinos y eligió un Santa Rita, Medalla Real Sauvignon Reserva. Excelente para degustar con productos del mar. ¡De seguro, mi niño sabía de vinos!
Me sorprendí al pensar a Cesar como un niño; él era todo un hombre adulto, ya había estado casado y claramente estaba tratando de combinar algo conmigo, su madre. Me pregunté ¿cuáles serían sus planes? ¿Cuál sería su próximo movimiento para llevar esto más allá de un beso con labios mojados?
Pedimos nuestra comida: Lomo de merluza en salsa verde con almejas, una deliciosa ensalada de centolla, palta y mango y para postre, Panna Cotta de vainilla con frutos rojos, todo delicioso. El vino blanco era la bebida justa para estos exquisitos manjares.
La velada transcurrió en un ambiente muy agradable. Hablamos del pasado y también sobre el futuro. De los días de su adolescencia y también de las semanas en las que se quedó con nosotros después de su divorcio. De como había disfrutado realmente eso, pero que sentía la tensión entre su padre y yo, y cómo odiaba eso. Odiaba sobre todo el ver que yo no estaba contenta con la situación. Le dije cuanto había sufrido al momento que él se fue de casa a su nuevo departamento. Le confesé que las semanas que él estuvo en casa habían sido maravillosas.
Extendí mi mano por encima de la mesa y agarré su mano. Acarició mis dedos y se los llevó a los labios. Me besó los dedos y me dejó tirar su mano hacia mí, besé el dorso de su mano y la sostuve brevemente contra mi pecho. Se sobresaltó y miró rápidamente a su alrededor por si alguien nos estuviese mirando, pero no era el caso; me guiño un ojo con las mejillas enrojecidas, lanzándome un beso. Me pregunté si me besaría esta noche cuando volviéramos a su apartamento.
Terminamos bebiendo dos botellas y al final de la cena mi cabeza me giraba un poco. La cena había sido fantástica y el postre fabuloso. Cesar pidió un par de expresos y luego avisó al camarero que nos íbamos. Canceló la cuenta con su Visa Platinum y nos levantamos cuando nos avisaron que el taxi nos estaba esperando.
Nos acomodamos en el asiento trasero. Cesar me tomó la mano y me incliné para darle un beso en la mejilla. Me miró, se acercó a mi oído y me dijo:
—Te daré un beso de agradecimiento cuando lleguemos a casa …
Le sonreí y descaradamente le respondí:
—¿Sólo uno? … Creo que me vendrían bien un montón de esos …
Se detuvo a pensar en responderme en una forma adecuada y dijo:
—¡Jovencita! … Ten mucho cuidado con lo que deseas … Allí no habrá nadie para ayudarte si las cosas se salen de control …
Empecé a reír más fuerte y le dije:
—¡Bueno, jovencito! … ¡Vamos a ver si tienes las agallas! …
Esta vez ambos reímos a carcajadas y el taxista nos miró con curiosidad por el espejo preguntándose que es lo que era tan gracioso.
Cuando nos encontramos fuera del ascensor que nos llevaría al apartamento. Ambos estábamos un poco nerviosos, tal vez expectantes de lo que sucedería una vez dentro de cuatro paredes a puertas cerradas y lejos de ojos extraños. El ascensor abrió sus puertas y él me invito a subir primero. Una vez arriba, me dejo descender primero y luego se adelantó a abrir la puerta de su apartamento con la clave de su celular. Entramos y me ayudó a quitarme el abrigo; colgó el suyo y el mío en el perchero y esperé a que dijera algo.
—¡Mamá! … Gracias por la encantadora velada … Fue un enorme placer tener la compañía de una dama tan linda como tú …
Me acerqué a él y le rodeé el cuello con mis brazos, me presioné contra su cuerpo y le dije:
—Recuerda que me prometiste algo …
Los fuertes brazos de él rodearon mi estrecha cintura, pude ver que se mojaba los labios y yo hice lo mismo. Cuando nuestros labios se unieron, también nuestros cuerpos se estrecharon, en segundos sentí su lengua abriéndose paso entre mis labios, lo dejé entrar en mi boca y empujé mi lengua en la suya. Jugamos con nuestras lenguas y apreté mis senos contra su pecho, quería más de eso. Frotamos y lamimos nuestros labios, luego abrimos nuestras boca sin ningún complejo y nos besamos como avezados amantes.
Fue como si se hubiera abierto una puerta al paraíso. Nuestras lenguas giraban y nuestros labios se abría y se cerraban. Fue genial, de algún modo fue como si besara a muchos amantes al mismo tiempo. Sus labios y lengua me recorrían por todas partes. Tuve visiones de príncipes y princesas, de bodas en ostentosos palacios. Castillos con caballeros en sus corceles. Extensas e infinitas praderas. Miles de colores revoloteaban en mi cabeza. Fragancias divinas, dulces y almizcladas. Océanos azules con olas que jamás rompían. Si esto me estaba sucediendo con un beso, me preguntaba cómo sería dar un paso más allá. ¿Podríamos alguna vez ir más allá?
—¡Guau! … —Dijo él.
—¡Guau! … —Respondí casi al mismo tiempo.
—¡Mamá! … ¿Eso fue un beso? … ¡No me lo esperaba, pero sucedió y me encantó! …
Lo miré a los ojos con mi pecho que se alzaba agitado por mi agitada respiración.
—¡Oh, Cesar! … ¿Cómo puede sentirse tan bien, algo que supuestamente está mal? … ¡Se sintió tan increíblemente rico! …
Me tomó en sus brazos otra vez y me atrajo contra su fuerte pecho. Permanecimos abrazados. Luego me preguntó:
—¿Sinceramente crees que esto está mal? … Quiero decir … ¿Puede esto realmente estar mal? …
Sacudí mis cabeza, tal vez para aclarar mejor mis ideas y le respondí:
—No … No lo creo … Pero la sociedad nos da reglas y tienen una opinión al respecto … Una opinión bastante fuerte además …
Su cara se puso muy seria cuando me dijo:
—¿Sabes qué creo? … Si se trata de adultos y menores de edad, esta muy mal … Pero entre adultos consensuados, ¿Por qué habría de estar mal? … Especialmente si nadie se entera … Solo estamos tú, yo y nuestros sentimientos … ¿Qué de malo podría haber? …
Me tomó de la mano y me llevó al sofá de la sala de estar. Antes de hacerme sentar me abrazó y me dio un beso, esta vez mucho más corto, pero la intensidad era la misma.
—¿Quieres tomar algo? … —Me preguntó.
—¡Sí! … Pero que no sea vino … Quiero algo más fuerte … —Respondí.
—Tengo Amaretto di Saronno y Tequila Margarita … También whisky de Tennessee …
—Una copa de Margarita estaría bien …
Todavía de pie frente al sofá, le dije:
—Necesito ir a cambiarme …
—Yo también lo haré … Tómate tu tiempo … Luego prepararé los tragos …
Me fui a cambiar. Cuando estaba en mi habitación me miré al espejo. Mis mejillas estaban un poco ruborizadas, pero aparte eso, me veía muy bien. El maquillaje había resistido impecable y ocultaban muy bien algunas arruguitas producidas por expresión más que por el tiempo. Me quité las altas botas y el vestido. Me puse una camisola de encaje negro que me cubría bien a medio muslo. Dejé las medias y el liguero, pero me quité mi tanga. Rápidamente lavé mi coño mojado y me sequé. Después volví a colocar otra tanga de hilo limpia, fresca y seca. No quería nada que se interpusiera en el camino de lo que estaba por venir. Reforcé mi perfume con el suave Idôle de Lancôme, mi favorito. Me veía regia con mi bata transparente de encaje negro, por último me calce mis mulas de tacón de color negro como mi vestimenta. Me miré al espejo y me percaté que mis pezones se vislumbraban muy bien a través de la camisola y bata. Los pellizqué y froté, sintiendo una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. ¡Santo cielo! ¡Estoy tan jodidamente cachonda!
Escuché cuando Cesar salió de su habitación, esperé un minuto o algo así y caminé de regreso a la sala de estar. La boca de Cesar se abrió, como así también sus escrutadores ojos cuando me vio. Tragó saliva antes de poder decir.
—¡Oh, Dios! … ¡Mamá! … ¡Te ves terriblemente sexy! …
Se llevó la mano a la boca e inmediatamente añadió:
—¡Ups! … ¡Perdóname! … No es la forma apropiada de dirigirme a ti que eres mi madre …
Ambos nos reímos a carcajadas y yo di un par de giros para mostrarle mi vestido y mis mulas. Él no podía apartar sus ojos de mí. Entonces le pregunté:
—¿Y dónde está la bebida que me prometiste? …
Se levantó rápidamente y cogió los vasos que había servido, pero que estaban en el mueble bar. Eso me dio la oportunidad de ver lo que llevaba puesto. Unos pantalones holgados y de tela muy fina, tal vez de challis de rayón, no había marcas de boxers ni calzoncillos, por lo que supuse que no se había puesto nada debajo. Su torso estaba cubierto por una musculosa de fino algodón blanco, esta mostraba sus fuertes brazos y se adhería a sus fornidos pectorales. Estaba muy guapo y macho con su atuendo, cosa que me produjo un cosquilleo en mi húmeda intimidad.
Bebimos nuestras bebidas, yo la bebí de un gran trago y puse mi vaso sobre la mesita de centro. Miré a mi hijo y le dije:
—¿Y qué hay de esos besos? … ¿Tienes alguno para mí? …
Cesar me miró sonriendo, dejó su vaso junto al mío y se giró para envolverme en sus brazos. Nos besamos otra vez y sentí como un terremoto dentro de mí, mi cuerpo se estremeció por completo, mi vientre se hundió y mis caderas empujaron contra de él. El tiempo se detuvo, no había ayer y tampoco mañana, solo el aquí y el ahora. Se desató la pasión, era amor puro y a la vez carnal, lo que derivó en lujuria, hambre de sexo. Hambre de él. Lo quería. ¡Oh, Dios! ¡Sólo tú sabes cuanto lo quiero! Mis manos estaban por todo el cuerpo de mi hijo, al tiempo que las de él estaban sobre mí por todas partes. Lo sentí presionar y sentir mis pesados senos con sus dedos, pellizcó mis duros pezones. Su palma acarició mi abdomen y las yemas de sus dedos probaron el elástico de mi tanga. Mi coño se apretó y mis jugos comenzaron a fluir. Mi mano bajó hacia su pene y cuando lo toqué, sentí el temblor en él. Estaba muy duro y una vez que lo toqué dejó escapar un suspiro y un gemido, inmediatamente supe que quería sentir sus jadeos en mi oído y su polla en mi coño. Lo escuché decir:
—¡Oh, mamá! … ¡No sabes cuanto te quiero! …
Sus palabras me hicieron sentir deseada, me sentí hermosa, me sentí amada y cosas que hacía mucho tiempo no sentía. Me sentí mujer cachonda por su polla. Me quité la bata y le quité la camiseta, él levantó mi transparente camisola por sobre mi cabeza y dejó expuesta mis grandes tetas con mi duros pezones apuntando hacia él.
Lo quería dentro de mí ahora mismo. Me incliné, metí mis dedos en la pretina de sus pantalones y los bajé, él levantó su trasero y me ayudó a quitárselos rápidamente y su linda y gruesa polla apareció ante mis ojos por primera vez, estaba dura y brillante como un diamante. Me subí a su regazo y me acerqué a él hasta sentir la enorme cabezota tocando mi montículo, gotitas que escapaban de su polla humedecieron mi tanga, metí mi mano y corrí el triangulo de tela hacia mi izquierda, luego tomé su pene y lo guié hacia la hendedura mojada de mi vagina. Me sentí en el séptimo cielo cuando él empujó su viril dureza en mi cálida femineidad, me hizo gritar y abrazarlo, su pene inflamó todo mi sexo y empujé mis caderas para sentirlo en profundidad. La sensación fue indescriptible e inenarrable.
Nos quedamos prácticamente quietos, hechizados por estar unidos por nuestros sexos. Su polla estaba bien encajada en mí y mi vagina estaba completamente empalada en su rígida y cálida pija. Queríamos disfrutar de este contacto único que nos faltaba como madre e hijo. Me entregaba a él y al mismo tiempo lo hacía mío en todos los sentidos. Yo lo generé dentro de mi vientre, yo lo parí y yo lo hacía volver dentro de mí. Era como el ciclo natural de la vida.
Había una carga eléctrica entre nuestros cuerpos, dondequiera que nos tocábamos había chispas de placer que nos abrumaban. Nunca había sentido mi coño así de estirado y mojado, ni mis tetas tan sensibles. Sentí como si me fuera a correr sin siquiera movernos, solo con sus besos y caricias, con su dura polla dentro de mí haciéndome sentir las pulsaciones de su corazón. Empecé a moverme como en una especie de vaivén, un poco hacia atrás y un poco hacia adelante, deslizando mis nalgas sobre sus muslos lenta y suavemente. La sensación me pareció aún mejor.
No sé porque me sentía así tan excitada, ¿Será porque así es el incesto? ¿Así se siente el follar con tu propio hijo? Pero no lo sentía como si estuviéramos haciendo algo malo; todo el contrario, me parecía un amor genuino y puro, él me daba y yo recibía, yo le daba y era él a recibir, era algo tan reciproco y natural, es como la vida debería ser, nos pertenecíamos el uno al otro. Esto no era sexo, era mucho más que eso. Me apreté contra él y mis tetas se aplastaron hacia los lados cuando él me tomó por la cintura y comenzó a moverse. ¡Oh, Jesús! ¡No puede haber pecado en esto! ¡Es amor puro, intenso y hermoso! Ya no podía controlar mis movimientos, mis piernas comenzaron a temblar y las subí sobre el sofá, su pene toco el fondo de mi vagina, en lo más profundo y esto me provocó un delicioso estertor, escondí mi cara deformada por la lujuria y me corrí en su bendita polla.
—¡Ahhhhhhhh! … ¡Ahhhhhhhh! … ¡Ahhhhhhhh! … ¡Uuummmmffff! … ¡Oh, Cesar … ¡Uuummmmffff! … ¡Ay, qué rico! … ¡Uuummmmffff! … ¡Ahhhhhhhh! …
Estabamos fundidos en un solo organismo que se estremecía y movía al unísono buscando un desahogo increíble. Entonces escuche el grito de Cesar.
—¡Oh, mamá … Me voy a correr! …
Tomé su rostro cachondo entre mis manos y lo miré a sus ojos brillantes de placer y deseos para decirle:
—¡Córrete en el coño de mami, bebé! … ¡Mamá te quiere dentro! … ¡Dámelo todo! …
Seguimos mirándonos, mi coño se contrajo envolviendo y ordeñando su polla, moví mis caderas aceptando su semen en lo más profundo de mi panocha y abrí mi boca para gritar que me estaba corriendo otra vez, sólo que él me silenció con besos y jadeos, mientras descargaba chorros y chorros de cálido esperma en mi matriz. Pensé que me iba a desmayar, pero él me sostenía muy bien en sus fuertes brazos, así que me sentí segura escondiendo mi rostro en su cuello. Unas tras otras, las olas de placer me hacían estremecer como en un orgasmo infinito, mientras él me llenaba con su esperma. Finalmente, reuní fuerzas suficientes para enderezarme, lo besé y él me devolvió el beso, fue un beso tranquilo y lleno de afecto, por fin nuestros cuerpos se sentían saciados.
Me sentí fantástica y al parecer él también. Me dijo:
—¡Mamá! … ¡Nunca, ni remotamente cerca, he tenido una relación sexual tan intensa en mi vida! … ¡Ese fue un clímax más parecido a un terremoto! … ¿No creo que haya sexo más hermoso, puro y caliente que este! …
No necesitaba decírmelo, yo sentía del mismo modo.
—¡Tienes toda la razón! … ¡Estoy totalmente de acuerdo contigo! … ¡Nunca pensé que pudiera ser así! … ¡Pero fue algo hermoso, sano y puro! … ¡Sentí que debía ser así! … ¡Era tan natural! … ¿Y tú? … ¿Cómo te sientes? …
Me respondió sonriendo de oreja a oreja:
—¡Me siento fantástico, vigorizado, casi como si hubiera vuelto a nacer! …
Nos besamos y acariciamos por un buen rato, luego él me preguntó:
—¿Entonces? … ¿Es hora de dormir o estás lista para más? …
Me reí, moví mis tetas de lado a lado sobre sus vellos pectorales y le dije:
—¡Lo sé que es hora de dormir, pero yo quiero más de esto! … ¡Quiero explorarte! … ¡Quiero conocer más de tu polla! … ¡Así que sí! … ¿Tu cama o la mía? …
—La mía es King Size, mamá …
Fin
***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****
El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
Decidí quedarme en casa porque ya no estaba dispuesta a empezar de nuevo con un extraño. El extraño ya lo tenía en casa y decidí aguantarlo. Me sentí vencida y no tuve fuerzas para emprender una nueva vida, y para ser honesta, mi marido es el mayor accionista de una multinacional. Tenemos una mansión de lujo con todas las comodidades, por lo que nuestra vida es cómoda en todo sentido, eso es: Casa grande, vehículos, viajes, lujo, etc.
Soy ama de casa a tiempo completo. En el pasado tuve otros trabajos, pero mi carrera nunca me apasionó mucho y ahora estoy contenta con lo que la vida me ha brindado y aprovecho de divertirme en la manera que más me agrada: Puedo leer, me encargo del jardín y ornamentación de la propiedad, juego tenis y asisto periódicamente al gimnasio; también tengo mi vida social visitando a mis amigas divorciadas. Me mantengo relajada todo el día.
Tenemos un hijo, Cesar, él es mi orgullo y mi alegría y, también el ser a quien doy todo mi amor. Todo lo que dicen de las madres y sus hijos es cierto. Yo lo parí, lo crecí, lo eduqué y le enseñe a vivir. Él es ingeniero aeronáutico y trabaja para una agencia espacial privada. Él es mi debilidad y mí fortaleza. Cesar es un hombre muy alto y guapo, cumplió los veinticinco no hace mucho. Recientemente se divorció de su novia con la que se había comprometido desde la secundaria, Sonya.
Vivía a unos siete kilómetros de casa en el segundo piso de un moderno edificio, un apartamento enorme donde él esperaba formar una familia junto a Sonya. Fue un gran shock para mí cuando me dijo que había dejado a Sonya después que ella le confesara de haberle sido infiel y que había encontrado a alguien con quien quería ir a vivir. Eso fue hace menos de un año.
Al separarse de su ahora exesposa, se vino a vivir con nosotros mientras remodelaban un departamento más pequeño que acababa de arrendar con compromiso de compra. Tenerlo de regreso en casa por algunas semanas fue fantástico y cuando volvió a irse a su nuevo departamento, tuve una severa depresión. Lo único positivo es que ahora su nueva dirección era a pasos de nuestra casa, por lo que podía visitarlo asiduamente.
Creo que toda esa tensión hizo que mi escasa relación con mi marido comenzara a afectarme un poco más de lo que había sido hasta ahora. Las necesidades humanas son simples y básicas, hacer vida social y tener algún contacto físico. Y no me estoy refiriendo al sexo, aunque entiendo perfectamente eso de besar, abrazar y todo el resto. Creo que al ver a mi hijo solo, yo también comencé a sentirme sola. Me resultaba difícil tocar este tema con alguien, hasta anoche, cuando visité a Cesar y él mencionó el tema, porque aparentemente él mismo estaba pasando por los mismos sentimientos. La conversación comenzó después de que nos preparó un estupendo café en su nueva máquina de café expreso.
—¡Mami! … Sé que la relación entre tú y mi padre nunca fue de las mejores y me gustaría tanto saber: ¿Cómo lidias con no tener contacto físico? … Dejé a Sonya poco más de seis meses y siento que me falta eso … Un tipo de contacto íntimo, ¿me entiendes? …
Comencé a sincerarme con mi hijo respecto a nuestros problemas matrimoniales, el engaño de su padre y mi decisión de quedarme en casa, pero sin contacto físico con él. Cesar siempre había tenido problemas con su padre, así que siempre estuvo del lado mío, cuando le dije:
—Para ser honesta … El engaño de tu padre me bloqueó totalmente en ese sentido … No quería saber nada de otro hombre en mi vida … Y hasta no hace mucho me andaba bien así, pero últimamente, quizás porque me acerco a la menopausia, pienso a menudo en ello … Y siento la necesidad de volver a sentirme mujer … Ser abrazada, ser besada y todo lo demás, ¿sabes? … Hasta me hace sentir celos cuando veo a dos personas que parecen tener un matrimonio perfecto, se aman y disfrutan del amor que se tienen …
Mi hijo arrugó su frente y me dijo:
—No creas mucho en eso de los matrimonios felices … Yo soy la prueba de ello … Pensé tener la felicidad completa y en tiempo récord me encontré sin nadie a mi lado …
Luego agregó:
—Tampoco éramos de esas familias que se abrazaban y se tocaban mucho … ¿Por qué crees que crecimos así? …
Lo miré tratando de encontrar una forma simple de decírselo.
—No lo sé … Creo que no nos sentimos cómodos haciendo eso … Quiero decir, desde la pubertad tuviste un desarrollo tan rápido … No pensé que apreciarías un abrazo de tu madre, siendo que te estabas convirtiendo rápidamente en un hombre … Después te vi rodeado de amigos y tan pronto como eso, vino tu matrimonio con Sonya … Entonces preferí mantenerme a cierta distancia, ya sabes lo que se dice de las suegras y todo eso … No quería interferir en nada de tu matrimonio con tu prometida de toda la vida …
Él se quedó reflexionando sobre mis palabras durante algunos minutos. Imprevistamente se levantó diciendo:
—¡Ah! … ¡Antes que lo olvide! … En unas de las cajas que me traje de casa encontré un antigua fotografía tuya …
Me tomó en realidad por sorpresa, probablemente Sonya la había guardado en algún momento y él la encontró al cambiarse de apartamento. Fue a por la foto y luego regresó sentándose junto a mí:
—Creo que es de hace unos veinte años … ¡Vaya que atractiva que eras! …
Me sonrojé cuando me mostró la fotografía enmarcada en un fino cuadro de metal bruñido. Parecía que él tenía mucho a conservarla bien.
—¡Mírate! … ¡Eras hot y sexy! …
El retrato me mostraba con un vestido negro con patrones de azul rey. Mi cabello era más largo de lo que lo uso ahora, casi rubio, mi color natural. El vestido andaba por encima de mi rodilla, con medias de seda negras, zapatos italianos finos de tacón muy alto. Debo admitir que me veía muy bien.
—¡Estás preciosa, mamá! … ¡Me encanta esa foto! … ¿Recuerdas cuándo y dónde fue tomada? …
Miré la foto detenidamente, pero no había nada que me hiciera recordar dónde y por qué fue tomada, le dije:
—¡Ni idea! … Al parecer fue justo antes de ir a algunas de esas reuniones de tu padre … Una cena o algo así … A tu padre le gustaba verme con esos tacones altísimos … Pero solo los usaba cuando no debía estar de pie la mayor parte del tiempo …
Cesar volvió a mirar la foto y dijo:
—En mi memoria siempre te vi con esos tacones altos y zapatos muy finos y bellos …
—Es verdad que casi siempre usaba zapatos de tacones, pero nunca así tan altos … Sólo cuando salía con tu padre, él me pedía de usar esos tacones exageradamente altos … Me decía que me veía como una mujer diferente …
Cesar me miró fijamente y me preguntó:
—¿Cuándo fue la última vez que te vestiste de gala? …
Tuve que pensar y recordar bastante y respondí:
—Harán unos diez años, más o menos … Ni siquiera recuerdo el porqué … Pero evocando un poco, creo que fue esa vez que acompañamos al tío Gigi y a su pareja a ese elegante restaurant asiático …
—¡Oh, sí! … ¡Uauh! … Que tiempos aquellos, ¿eh? … Apuesto que tú también lo extrañas, ¿no? …
—¡Sí! … Pero lo que importaba era la ocasión, no los vestidos …
Improvistamente Cesar me miró con un brillo especial en sus ojos:
—¡Mamá! … ¿Qué te parece si vamos a cenar juntos el próximo sábado? … Nos vestiremos de gala e iremos a un lugar fino a disfrutar de una buena comida y un rico vino … Tal vez después podríamos ir a tomar algo a algún lugar …
Mi corazón sufrió un revuelo en ese momento y dije:
—Es una idea excelente, cariño … Tendré que rebuscar algo que ponerme y no podré beber demasiado porque tengo que conducir de regreso a casa …
—¡Nimiedades, mamá! … Puedes venir en Uber y, mejor aún, puedes pasar la noche aquí … tengo que entrenar la habitación para huéspedes … Y por los vestidos, ¿Por qué no te vienes el sábado temprano y podemos ir al Centro Comercial? … Ahí hay decenas de tiendas con todo lo que vayas a necesitar … Además, yo también voy a necesitar un traje apropiado para acompañar a una mujer tan linda como tú … Así que también compraré algo …
Hubo risas y guiños de complicidad, acordamos reunirnos el sábado cerca de mediodía, pero él tenía algo más que decir:
—¿Sabes? … Creo que sería bueno que a partir de ahora, comencemos a practicar este acercamiento nuevo entre nosotros … Un abrazo … Un beso … Una tierna avenencia, un contacto, comunicación … Algo más afectuoso … No del tipo de enamorados … Sino algo más de familia …
—Tengo una sola pregunta que hacerte … Es sobre los besos … ¿Sería algo así como un piquito en la mejilla o, el roce de labios en tu frente? …
—¡Oh, no! … No solo eso … Me refiero a un beso en los labios … Algo así como el regreso a casa entre marido y mujer …
Sus mejillas se tornaron de un rojo encendido y me estremecí al solo pensar en besar a mi hijo en sus labios, me pregunté: ¿Cómo se sentiría eso? Hacía tanto tiempo que no besaba a nadie en los labios. Además, habría implicaciones. ¡Santo cielo! ¡Tantas! Pero preferí no pensar en ello por ahora.
Él se mantuvo callado por un tiempo, tal vez reflexionando sobre sus palabras, luego habló de nuevo:
—¿Crees que eso es algo extraño? … ¿Qué una madre y un hijo se acerquen un poco más físicamente? …
Su pregunta me hizo dudar, suspiré dándome tiempo para pensar y dije:
—No … No creo que haya nada de extraño … Sólo que no estamos acostumbrados a hacerlo a menudo … Conozco a familias donde esto es de lo más normal … Hay naciones y culturas donde el afecto físico entre padres e hijos es la norma y no la excepción … Así que no le encuentro nada de extraño … Creo que sólo debemos acostumbrarnos … Descubrir lo que funciona entre nosotros, que nos gusta y que no …
Se levantó y dijo que iba a buscar algo de beber. Regresó de la cocina con dos copas y una botella de Undurraga Selección dulce. Mientras servía las copas, le pregunté:
—¿Y tienes más fotografías de ese tiempo? …
—Sí, tengo muchas, pero esta es especial para mí … Te ves bien … Muestra la hermosa mujer que eres … Me gusta recordarte así …
¡Guau! Ahí estaba mi Cesar que me confesaba de estar un poco enamorado de mí durante su pubertad. Pero hay muchos chicos de esas edad que pasan por esa transición a la adultez. Sólo que jamás imagine que mi hijo era uno de ellos.
Bebimos nuestro vino y hablamos un poco más de diferentes cosas; le pregunté dónde quería que fuéramos a cenar, tomó un sorbo de su copa y me dijo:
—Hay un restaurant francés en uno de los pisos de la gran torre … Pensaba en un bocado de salmón y tal vez algo de centolla austral … Es un lugar muy elegante y reservado …
—¿Estás seguro? …
—Por supuesto, lo mejor para mí chica …
Nos reímos a carcajadas, tal vez por el efecto del vino. Necesitaba ponerme algo elegante:
—¿Y las compras? …
—No te preocupes por ello … En el Centro Comercial hay decenas de tienda y encontraremos allí todo lo que vamos a necesitar …
Terminé mi vino y le dije que necesitaba volver a casa. Me miró un poco decepcionado, pero se levantó caballerosamente y me acompaño hasta la puerta. Me ayudó a ponerme el abrigo y le dije:
—¿Qué hay de ese abrazo y ese beso? …
Abrió sus brazos y un segundo después me encontré entre sus acogedores y fuertes brazos. Nuestras cabezas se giraron simultáneamente y nuestros labios se rozaron por un segundo, pero fue un beso seco y de labios rígidos. Nada cálido ni abrasador. Me soltó y le dije:
—Bueno … Ese beso fue bastante similar al que recibo en casa de vez en cuando …
Nos sonreímos y él volvió a abrazarme para intentar un nuevo beso. Esta vez me aseguré de tener los labios húmedos y aparentemente él hizo lo mismo. Nuestros labios volvieron a unirse y nos quedamos unidos besándonos por un tiempo, a regañadientes él se soltó de mí y habló:
—Bueno … Eso se sintió mejor
Asentí sintiendo el calor en mis mejillas y le dije:
—¿Qué tal uno para el camino? …
Volvió a abrazarme y esta vez reaccionamos efusivamente. Apresuradamente lamí mis labios y enseguida sentí sus labios sobre los míos. Tímidamente su lengua rozó mis labios y estoy segura de que él sintió mi lengua invitándolo dentro de mi boca, pero no concretamos un beso francés. De todos modos, la sensación fue maravillosa, su lengua rozaba ligeramente mis labios y saqué mi lengua para tocar la suya. Fue como un golpe de corriente y ambos nos pusimos rígidos, enseguida nos separamos con nuestras respiraciones agitadas. En ese momento se abrió la puerta del ascensor:
—¡Adiós, mami! …
Dijo mientras entraba en el ascensor.
—¡Adiós, hijo! …
Respondí. Él instantáneamente puso un pie para evitar que la puerta del ascensor se cerrara y me abrazó tirándome contra su pecho y posicionando sus labios estrechamente contra los míos. El beso más largo, dulce y apasionado de toda mi vida. Me soltó y mi cuerpo temblaba. Antes que el ascensor cerrara sus puertas, le hice una seña con la mano y le dije:
—¡Te amo, hijo! … Nos vemos el sábado …
Conduje mi carro a casa lentamente. A ratos temblaba emocionada. Todo lo sucedido esta noche ocupaba toda mi mente. Desde nuestra íntima conversación, hasta esos besos donde incluso nuestras lenguas se tocaron tímidamente, involuntariamente o no, eso había provocado una avalancha de sentimientos y sensaciones. Me emocioné, me sentí excitada de manera extraña, tal vez un poco confundida, pero con muchas ganas de volver a hacer todas esas cosas, tenía muchas ganas de que ya llegara el sábado. Me emocioné porque era la primera vez que tenía una conversación tan íntima y franca con Cesar. Hubo una sincera conexión entre él y yo, como nunca antes. También me sentí excitada por extraño que parezca. Una madre no debe sentirse excitada por un beso un poco pecaminoso, tierno y tímido de parte de su hijo. Esto había sido algo involuntario, ¿o no?
Tal vez el inocente roce de nuestras lenguas lo fue, pero los besos fueron algo más. Todavía podía sentir los labios de mi hijo en los míos y saborearlos y, a decir verdad, no veía la hora de volver a repetir todo eso y mucho más.
Estaba bastante convencida de que podríamos tener mucho más que simples besos. Él me había confesado casi abiertamente de estar enamorado de mí durante su adolescencia. El hecho de haber conservado esa foto muy bien enmarcada demostraba que aún no lo superaba. Sin embargo, estábamos al borde de cruzar una línea prohibida. Eso se llamaba incesto y es un delito. Esto me hacía sentir confundida y algo aterrada. La sociedad no nos perdonaría el haber cedido a nuestros sentimientos carnales, éramos madre e hijo.
Por otra parte, ¿quién vendría a saberlo? Y, lo que más me importaba, ¿hacia donde nos llevarían estos sentimientos? ¿Esta propuesta de abrazos y besos fue realmente provocada sólo por una necesidad de contacto físico? ¿Y bastaban unos besos y abrazos para satisfacer su falta de contacto con una mujer? ¿Vendrían otros acercamientos más íntimos?
Me resultaban gratos sus recuerdos y sentimientos hacia mí. La foto que me mostraba vestida en ropa de fiesta. Tal vez en su adolescencia le atraían las mujeres mayores, eso les sucede a muchos chicos de su edad que sueñan ante la perspectiva de tener una experiencia sexual con una mujer mayor.
Tenía muchas incógnitas y no encontraba respuestas simples y correctas. Sin embargo, a pesar de todo, me sentía genial, me sentía viva. Casi sintiendo esas maripositas en mi vientre como al sentirme enamorada en mi adolescencia. Esto me hizo reír en forma nerviosa. También me sentí algo avergonzada porque sabía que no debía sentirme así. Pero la verdad es que lo estaba disfrutando mucho y faltaban solo un par de días para que llegara el sábado.
Cuando conduje por el ingreso a casa, todavía estaban girando en mi mente todos esos pensamientos que me inquietaban. Debía tomar una decisión sobre cómo actuar y reaccionar ante los eventos que vendrían. De momento no tenía ninguna conclusión. Estacioné mi auto en la cochera, el auto de mi marido estaba ya estacionado ahí. Entré a la casa y no encontré a nadie, pensé que él se había ido a dormir, así que me fui al cuarto de huéspedes.
Una vez en mi cama, no pude evitar de pensar en la velada con mi hijo. De los momentos que compartimos juntos. Con las yemas de mis dedos roce mis labios y los sentí calientes, el beso de mi hijo todavía quemaba mi piel. Mi mano derecha pareció tener conciencia propia y se deslizó hacia abajo por mi vientre, se metió bajo el elástico de mis bragas y sondeó los hinchados labios de mi coño, estaban calientes y mojados al igual que mi boca. La protuberancia de mi clítoris se pronunció al tacto de mis dedos, me hizo apretar mis muslos con fuerza y empujar mis caderas hacia adelante y hacia atrás en un delicioso movimiento que me hizo gemir. Me sentí mujer y disfruté de mis dedos. Hacía mucho tiempo que no me sentía de este modo. Penetré mi empapado agujero con los dedos de mi mano derecha y con la izquierda sobajeé velozmente mi botoncito del placer. En menos de dos minutos me plegué sobre mí misma y exploté en un exquisito y abrumador orgasmo, follando mi coño profundamente con mis dedos. Sentí una angustiosa necesidad de gritar, pero no pude por temor a que mi marido me escuchara, tampoco quería que el escuchara mis gemidos y balbuceos mientras mis dedos entraban y salían de mi orificio mojado.
—¡Uhhhhhh, Cesar! … ¡Oooohhhh, Cesar! … ¡Oh, Dios! … ¡Umpf! … ¡Aahhhhhh, Cesar! …
Mientras me revolcaba sola en mi cama, la imagen de mi hijo follando mi coño bañándome son su semen candente, colmaba toda mi mente y me hacía pronunciar una y otra vez su nombre.
Al cabo de un rato me sosegué. Mi orgasmo había sido intenso y todavía había olas de placer que me hacían temblar. Jugué con mi clítoris, apretando mis glúteos y empujando mis caderas suavemente. Esto me hacía pensar a Cesar, mi hijo, y soñar en prometedoras sensaciones que desde hace mucho tiempo no sentía. Nuevamente me sentí avergonzada, pero debo admitir que agradablemente feliz y satisfecha. Cuando me desperté temprano por la mañana, mis manos todavía estaban entre mis piernas.
Me di mi ducha matutina y decidí que el próximo sábado iba a dejar a Cesar tomar la iniciativa de todo, independientemente de lo que sucediera. Yo lo iba a acompañar en todo lo que quisiera hacer. Tenía un par de días para prepararme y, como planeábamos ir de compras, tenía bastante tiempo para planificar muchas cosas: cortar y teñirme el pelo, hacerme una manicura y pedicura minuciosas, quitarme todo el vello de algunos lugares estratégicos. Incluso debía practicar el caminar con tacos altísimos y muchas otras cosas que hacemos las mujeres para vernos sexys y coquetas. Iba a hacer de todo por estar a la altura de la mujer que mi hijo conservaba en esa fotografía.
Finalmente llegó el sábado. Era poco pasado la una de la tarde. En el Uber me apliqué un poco de crema hidratante para labios, mientras subía el ascensor me lamí los labios para asegurarme de que nuestro primer beso de hoy fuera lo más parecido posible al último beso que nos dimos en la puerta del ascensor hace un par de días.
Cesar abrió la puerta visiblemente emocionado de verme, extendió los brazos y nos abrazamos brevemente en el vano de la puerta. Cuando entramos, él tomó mi abrigo y luego rápidamente se volvió a abrazarme, al instante sus labios encontraron los míos y me sentí dichosa envuelta en un halo de felicidad que desde hace mucho tiempo no sentía. Nos quedamos con los labios presionados el uno al otro, como dos amantes. Después de unos segundos nos soltamos. Me miró y me dijo:
—Estoy muy contento de que estés aquí … No veo la hora de que llegue la noche …
Volvió a besarme, pude sentir su lengua rozando mis labios, así que también empujé mi lengua para rozar los suyos. Me estremecí al sentir sus cálidos labios entreabiertos, pero no me atreví a meter mi lengua en su boca. Olía muy bien y me sentí abrumada. Entramos a la sala de estar, me senté en el sofá mientras él nos preparaba un exquisito café en la cocina. Hablamos de temas generales, un poco del clima, de Trump y sus locuras. Fue una charla divertida, Cesar era encantador, muy educado e instruido. Apenas terminamos el café, fue la hora de dirigirnos al Centro Comercial.
Tal como es habitual, el lugar estaba lleno de familias comprando y había bastante ajetreo y ruido. Después de quizás una hora y media, ambos encontramos lo que buscábamos y acordamos de comer un tentempié y beber algo. Justo antes de llegar al patio de comidas, pasamos por una tienda de zapatos femeninos. Lo vi mirando un par de botas negras largas hasta los muslos, similares a las que usó Julia Roberts en “Pretty Woman”. Los tacos eran enormes. Entre a la tienda y compré un par a la medida de mis pies. Me encajaron como un guante y para mi sorpresa, era bastante cómodo caminar con ellas. Decidí que se verían muy bien con mi minivestido negro clásico que había comprado en otra tienda y que planeaba usar esta noche durante la cena.
Cuando nos sentamos en el auto con nuestras bolsas de compras en el asiento trasero, me incliné hacia él y le di un beso en la mejilla diciendo:
—¡Gracias, Cesar! … Ha sido una salida diferente y me he divertido mucho …
—¿No crees que eso amerita un beso de verdad? …
Lo miré con los ojos muy abiertos, asentí consintiendo, él inclinó su cabeza hacia la mía. No pude resistirme y agarré su cabeza con ambas manos y lo besé de lleno en la boca con mis labios mojados y ligeramente separados. Esta vez el beso se prolongó y frotamos nuestros labios cual si fuésemos enamorados adolescentes. Varias veces sentí la punta de su lengua empujando hacia adelante, creo que él también sintió la mía, pero ni él ni yo nos atrevimos a empujar más y convertir el beso en un beso francés. Sentí una tibieza y un delicioso escozor en mi coño que inmediatamente se mojó. Disimuladamente bajé mis parpados y mis ojos descubrieron una abultada protuberancia en sus pantalones. Apreté mis muslos sintiéndome abrumada por un placer que me parecía olvidado. Me sentí un poco loca y podría ser que la emoción fue comparable como a tener sexo en donde algún pasante te podría descubrir, peligroso, emocionante y sensual. Cesar condujo a casa tranquilamente y sin prisa, apenas hablamos en el camino, todavía mis labios ardían sintiendo ese beso en el auto.
Cuando llegamos a casa, tomamos otro café. Conversamos, escuchamos música y más tarde bebimos unas copas de un delicioso Château du Cèdre. También desempaquetamos nuestras compras, les sacamos todas las etiquetas engomadas.
—Mamá … Iré a ducharme y me voy a tomar un tiempo, pues necesito afeitarme … ¿Necesitas algo? …
—Me ducharé después de ti … Ahora solo un poco de vino y … Sí tu quieres … Otro beso …
Me envolvió en sus fuertes brazos y me dio un beso, pero esta vez mucho más corto, luego me dejó para ir a ducharse. Esto me dio tiempo para reflexionar, estaba bastante convencida de que Cesar haría algún tipo de avance hacia mí esta noche. La elección de ropa bonita y sexy me hacía pensar en que él quería verme bonita. También estaban los besos. ¡Oh, chicos! No recordaba haber besado así a nadie, y eso que fueron bastante recatados, pero lo que me hizo sentir remeció todas mis hormonas. Me sentí caliente, sobre todo cuando vi ese aumento considerable en sus pantalones.
Bebí otro sorbo de vino y preparé mis vestidos y mi nuevo tocador. ¿Cuál iba a ser mi reacción ante los avances de Cesar? Ya me había percatado que era algo que yo también deseaba y no iba a poder resistirme ni oponerme. ¿Qué era incesto? Por supuesto que lo sabía, tanto él como yo. La sociedad podría condenarnos, pero somos adultos consensuadamente entregándonos el uno al otro. Mi hijo tiene veinticinco años y yo poco más de cuarenta y cinco. Soy mujer y quiero sentirme como tal. Nadie podría decir que tenemos una relación jerárquica o dependiente el uno del otro. Él tiene un excelente trabajo y gana su dinero, tampoco yo necesito de su dinero. Solo que nos sentimos atraídos el uno al otro con vivencias bastante parecidas. Él divorciado y yo separada en casa. Pero nos falta algo, algo que sabemos ambos que cosa es y me siento dispuesta a secundarlo en todo. Además, de cuando el mundo es mundo, la atracción entre hijo y madre se da en todas las sociedades de este planeta. Me pregunté si en este momento había más madres como yo sintiendo las mismas cosas. Esto era tan bueno que no lo dejaría pasar.
Me probé las botas nuevas. ¡Vaya! Si que eran altos los tacones, pero se sentían cómodos y agradables. Además el cuero acariciando mis muslos desnudos ya me puso cachonda todo de una vez. Me miré en el enorme espejo del armario y me vi extremadamente sexy, sabía que le iban a gustar a él. Pero debía usar alguna prenda para atenuar ese roce malévolo del cuero en mis piernas desnudas, creo que las usaré con esas medias negras de malla que compré junto a otras cosas, como mi lencería. Un completo de tanga y liguero negro para sujetar mis medias, claro que no era realmente necesario porque las medias eran autoadherentes, pero incrementaba la sensualidad y me hacía sentir muy sexy. En la parte superior, nada. Mi vestido era bastante escotado y se ajustaba bien a mis exuberantes senos. Mi decolté luciría genial mostrando el voluptuoso surco de mis grandes pechos.
Escuché ruidos y supuse que Cesar había terminado su ducha.
—¡Mamá! … La ducha es toda tuya … ¿Necesitas algo? …
—¡Sí! … Una toalla grande … Todo el resto lo traje conmigo …
Abrí la puerta y pude ver la espalda de él y la toalla envuelta alrededor de su cintura. Fue encantador vislumbrar sus tonificados glúteos, no disimulados por la toalla y sus amplios y fornidos hombros. Cesar siempre había sido un destacado deportista y poseía un cuerpo de atleta. Un intenso escalofrío recorrió mi columna ante la hermosa visión, fue tan intenso que tuve que apretar mis glúteos para contrarrestar la sensación.
Me fui a duchar, mojé un poco mi cuerpo, me senté al borde de la bañera y luego use la crema de afeitar de Cesar. Con mi Gillette Venus, dejé mi montículo, mis gruesos labios mayores, parte de mis muslos y alrededor de mi ano, tal como cuando era una bebita recién nacida. Sé que a los jóvenes de hoy les encanta un coño bien depilado. Evité de mojar mis cabellos usando un gorro traído de casa. Después de secarme me puse mi bata y volví a mi dormitorio. Pasé un buen rato maquillándome y otro para masajear mi piel con una crema hidratante, suavizar mi monte de Venus con aceites y sérums, mi coño estaba super limpiecito con agua y jabón. Me puse la tanga semitransparente, mi liguero y mis medias. El pequeño y corto vestido negro me pareció más pequeño y corto de cuando lo compramos, pero después de todo, esta era una ocasión especial. Las botas hasta el muslo me hicieron lucir impresionante y tenía el largo perfecto, alcanzaba el bordillo de mi vestido. Me sentí un poco guarra, pero la calidad y el precio de la prenda, no era a la altura de una puta de barrio, sino una de alto bordo, tal como la “Pretty Woman! Lo único que me importaba era complacer a Cesar.
Al entrar a la sala de estar supe instantáneamente que cualquier boba preocupación, podía ser descartada. Los ojos de Cesar no cesaban de moverse recorriendo toda mi figura, ni siquiera intentó disimular estar enamorado de mí, su madre. Obviamente estaba hechizado, hipnotizado por mi look de “Pretty Woman”. Sonreí cuando me di cuenta de que ni siquiera me había puesto el lápiz labial rojo Ferrari. Caminé coquetamente y modelé para él dando un giro de trescientos sesenta grados para hacerme ver desde todos los ángulos, cuando finalmente me detuve, me puse la mano derecha en jarra sobre mi cadera y le pregunté:
—¿Te gusta? … ¿Es así cómo me querías ver? …
Se sonrojó visiblemente, se acercó a mí y me dijo:
—¡Mamá! … ¿Eres realmente tú? … ¡Estás bellísima! … ¡Incluso más bella que hace veinte año! … ¡Para qué te digo lo sexy que te ves! …
Me estrechó entre sus brazos efusivamente, claramente quería darme otro de esos besos, pero por alguna razón se contuvo y solo me miró a los ojos suspirando profundamente. Pensé que tal vez tenía miedo de no poder controlarse. En cierto modo me sentí halagada, pero a la vez un poco decepcionada, estaba lista para que nos derrumbáramos sobre la alfombra y que él me follara enloquecidamente. Por otro lado, pensé: ¡Contrólate, chica! ¡Él es tu hijo!
Había dos copas de vino listas sobre la mesa, entonces decidimos brindar:
—¡A la mujer y madre más hermosa de la tierra! …
Le sonreí levantando mi copa y dije:
—¡Al hijo más mentiroso y exagerado de la tierra! …
Se rio y bebimos en silencio de nuestras copas, enseguida él me preguntó:
—¿Te gusta el vino? …
—¡Oh, sí! … ¡Lo encuentro genial! …
—Es un Château du Cèdre … Es un vino ecológico del sur de Francia … Lo compré por Internet para esta ocasión que es muy especial para mí … Me alegro de que te haya gustado, tengo dos botellas más, si quieres llevar una para tu casa …
—Eres muy gentil de tu parte … Pero prefiero beberlo aquí contigo …
Tomé un sorbo y realmente el vino era perfecto, pero sabía que debía tener cuidado ya que no aguanto muy bien las bebidas alcohólicas y terminaría emborrachándome.
—¡Ah! … ¡No te preocupes porque ni tu ni yo vamos a conducir esta noche! … Vamos a hacer uso de Uber, tengo la aplicación y no tendremos necesidad de conducir …
—Beberé por eso, cariño …
Le guiñé un ojo y me incliné para darle un beso en la mejilla. No habíamos terminado la botella cuando sonó el timbre, era el Uber que nos llevaría al restaurant. Descendimos con el ascensor y abordamos el vehículo de aplicación. El local de comidas no estaba tan lejos del domicilio de Cesar y pronto estuvimos allí, cuando ingresamos al local, muchas cabezas se giraron a mirarnos. Al parecer nuestra apariencia y, principalmente mi vestido corto con largas botas y tacones asesinos, causaron un poco de revuelo. ¡Ala mierda! Pensé. No reconocí a nadie y solo quería pasar un buen rato cenando con mi hijo.
Nos acomodaron en una linda mesa en un ángulo muy romántico e iluminado tenuemente. Cesar pidió la carta de los vinos y eligió un Santa Rita, Medalla Real Sauvignon Reserva. Excelente para degustar con productos del mar. ¡De seguro, mi niño sabía de vinos!
Me sorprendí al pensar a Cesar como un niño; él era todo un hombre adulto, ya había estado casado y claramente estaba tratando de combinar algo conmigo, su madre. Me pregunté ¿cuáles serían sus planes? ¿Cuál sería su próximo movimiento para llevar esto más allá de un beso con labios mojados?
Pedimos nuestra comida: Lomo de merluza en salsa verde con almejas, una deliciosa ensalada de centolla, palta y mango y para postre, Panna Cotta de vainilla con frutos rojos, todo delicioso. El vino blanco era la bebida justa para estos exquisitos manjares.
La velada transcurrió en un ambiente muy agradable. Hablamos del pasado y también sobre el futuro. De los días de su adolescencia y también de las semanas en las que se quedó con nosotros después de su divorcio. De como había disfrutado realmente eso, pero que sentía la tensión entre su padre y yo, y cómo odiaba eso. Odiaba sobre todo el ver que yo no estaba contenta con la situación. Le dije cuanto había sufrido al momento que él se fue de casa a su nuevo departamento. Le confesé que las semanas que él estuvo en casa habían sido maravillosas.
Extendí mi mano por encima de la mesa y agarré su mano. Acarició mis dedos y se los llevó a los labios. Me besó los dedos y me dejó tirar su mano hacia mí, besé el dorso de su mano y la sostuve brevemente contra mi pecho. Se sobresaltó y miró rápidamente a su alrededor por si alguien nos estuviese mirando, pero no era el caso; me guiño un ojo con las mejillas enrojecidas, lanzándome un beso. Me pregunté si me besaría esta noche cuando volviéramos a su apartamento.
Terminamos bebiendo dos botellas y al final de la cena mi cabeza me giraba un poco. La cena había sido fantástica y el postre fabuloso. Cesar pidió un par de expresos y luego avisó al camarero que nos íbamos. Canceló la cuenta con su Visa Platinum y nos levantamos cuando nos avisaron que el taxi nos estaba esperando.
Nos acomodamos en el asiento trasero. Cesar me tomó la mano y me incliné para darle un beso en la mejilla. Me miró, se acercó a mi oído y me dijo:
—Te daré un beso de agradecimiento cuando lleguemos a casa …
Le sonreí y descaradamente le respondí:
—¿Sólo uno? … Creo que me vendrían bien un montón de esos …
Se detuvo a pensar en responderme en una forma adecuada y dijo:
—¡Jovencita! … Ten mucho cuidado con lo que deseas … Allí no habrá nadie para ayudarte si las cosas se salen de control …
Empecé a reír más fuerte y le dije:
—¡Bueno, jovencito! … ¡Vamos a ver si tienes las agallas! …
Esta vez ambos reímos a carcajadas y el taxista nos miró con curiosidad por el espejo preguntándose que es lo que era tan gracioso.
Cuando nos encontramos fuera del ascensor que nos llevaría al apartamento. Ambos estábamos un poco nerviosos, tal vez expectantes de lo que sucedería una vez dentro de cuatro paredes a puertas cerradas y lejos de ojos extraños. El ascensor abrió sus puertas y él me invito a subir primero. Una vez arriba, me dejo descender primero y luego se adelantó a abrir la puerta de su apartamento con la clave de su celular. Entramos y me ayudó a quitarme el abrigo; colgó el suyo y el mío en el perchero y esperé a que dijera algo.
—¡Mamá! … Gracias por la encantadora velada … Fue un enorme placer tener la compañía de una dama tan linda como tú …
Me acerqué a él y le rodeé el cuello con mis brazos, me presioné contra su cuerpo y le dije:
—Recuerda que me prometiste algo …
Los fuertes brazos de él rodearon mi estrecha cintura, pude ver que se mojaba los labios y yo hice lo mismo. Cuando nuestros labios se unieron, también nuestros cuerpos se estrecharon, en segundos sentí su lengua abriéndose paso entre mis labios, lo dejé entrar en mi boca y empujé mi lengua en la suya. Jugamos con nuestras lenguas y apreté mis senos contra su pecho, quería más de eso. Frotamos y lamimos nuestros labios, luego abrimos nuestras boca sin ningún complejo y nos besamos como avezados amantes.
Fue como si se hubiera abierto una puerta al paraíso. Nuestras lenguas giraban y nuestros labios se abría y se cerraban. Fue genial, de algún modo fue como si besara a muchos amantes al mismo tiempo. Sus labios y lengua me recorrían por todas partes. Tuve visiones de príncipes y princesas, de bodas en ostentosos palacios. Castillos con caballeros en sus corceles. Extensas e infinitas praderas. Miles de colores revoloteaban en mi cabeza. Fragancias divinas, dulces y almizcladas. Océanos azules con olas que jamás rompían. Si esto me estaba sucediendo con un beso, me preguntaba cómo sería dar un paso más allá. ¿Podríamos alguna vez ir más allá?
—¡Guau! … —Dijo él.
—¡Guau! … —Respondí casi al mismo tiempo.
—¡Mamá! … ¿Eso fue un beso? … ¡No me lo esperaba, pero sucedió y me encantó! …
Lo miré a los ojos con mi pecho que se alzaba agitado por mi agitada respiración.
—¡Oh, Cesar! … ¿Cómo puede sentirse tan bien, algo que supuestamente está mal? … ¡Se sintió tan increíblemente rico! …
Me tomó en sus brazos otra vez y me atrajo contra su fuerte pecho. Permanecimos abrazados. Luego me preguntó:
—¿Sinceramente crees que esto está mal? … Quiero decir … ¿Puede esto realmente estar mal? …
Sacudí mis cabeza, tal vez para aclarar mejor mis ideas y le respondí:
—No … No lo creo … Pero la sociedad nos da reglas y tienen una opinión al respecto … Una opinión bastante fuerte además …
Su cara se puso muy seria cuando me dijo:
—¿Sabes qué creo? … Si se trata de adultos y menores de edad, esta muy mal … Pero entre adultos consensuados, ¿Por qué habría de estar mal? … Especialmente si nadie se entera … Solo estamos tú, yo y nuestros sentimientos … ¿Qué de malo podría haber? …
Me tomó de la mano y me llevó al sofá de la sala de estar. Antes de hacerme sentar me abrazó y me dio un beso, esta vez mucho más corto, pero la intensidad era la misma.
—¿Quieres tomar algo? … —Me preguntó.
—¡Sí! … Pero que no sea vino … Quiero algo más fuerte … —Respondí.
—Tengo Amaretto di Saronno y Tequila Margarita … También whisky de Tennessee …
—Una copa de Margarita estaría bien …
Todavía de pie frente al sofá, le dije:
—Necesito ir a cambiarme …
—Yo también lo haré … Tómate tu tiempo … Luego prepararé los tragos …
Me fui a cambiar. Cuando estaba en mi habitación me miré al espejo. Mis mejillas estaban un poco ruborizadas, pero aparte eso, me veía muy bien. El maquillaje había resistido impecable y ocultaban muy bien algunas arruguitas producidas por expresión más que por el tiempo. Me quité las altas botas y el vestido. Me puse una camisola de encaje negro que me cubría bien a medio muslo. Dejé las medias y el liguero, pero me quité mi tanga. Rápidamente lavé mi coño mojado y me sequé. Después volví a colocar otra tanga de hilo limpia, fresca y seca. No quería nada que se interpusiera en el camino de lo que estaba por venir. Reforcé mi perfume con el suave Idôle de Lancôme, mi favorito. Me veía regia con mi bata transparente de encaje negro, por último me calce mis mulas de tacón de color negro como mi vestimenta. Me miré al espejo y me percaté que mis pezones se vislumbraban muy bien a través de la camisola y bata. Los pellizqué y froté, sintiendo una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. ¡Santo cielo! ¡Estoy tan jodidamente cachonda!
Escuché cuando Cesar salió de su habitación, esperé un minuto o algo así y caminé de regreso a la sala de estar. La boca de Cesar se abrió, como así también sus escrutadores ojos cuando me vio. Tragó saliva antes de poder decir.
—¡Oh, Dios! … ¡Mamá! … ¡Te ves terriblemente sexy! …
Se llevó la mano a la boca e inmediatamente añadió:
—¡Ups! … ¡Perdóname! … No es la forma apropiada de dirigirme a ti que eres mi madre …
Ambos nos reímos a carcajadas y yo di un par de giros para mostrarle mi vestido y mis mulas. Él no podía apartar sus ojos de mí. Entonces le pregunté:
—¿Y dónde está la bebida que me prometiste? …
Se levantó rápidamente y cogió los vasos que había servido, pero que estaban en el mueble bar. Eso me dio la oportunidad de ver lo que llevaba puesto. Unos pantalones holgados y de tela muy fina, tal vez de challis de rayón, no había marcas de boxers ni calzoncillos, por lo que supuse que no se había puesto nada debajo. Su torso estaba cubierto por una musculosa de fino algodón blanco, esta mostraba sus fuertes brazos y se adhería a sus fornidos pectorales. Estaba muy guapo y macho con su atuendo, cosa que me produjo un cosquilleo en mi húmeda intimidad.
Bebimos nuestras bebidas, yo la bebí de un gran trago y puse mi vaso sobre la mesita de centro. Miré a mi hijo y le dije:
—¿Y qué hay de esos besos? … ¿Tienes alguno para mí? …
Cesar me miró sonriendo, dejó su vaso junto al mío y se giró para envolverme en sus brazos. Nos besamos otra vez y sentí como un terremoto dentro de mí, mi cuerpo se estremeció por completo, mi vientre se hundió y mis caderas empujaron contra de él. El tiempo se detuvo, no había ayer y tampoco mañana, solo el aquí y el ahora. Se desató la pasión, era amor puro y a la vez carnal, lo que derivó en lujuria, hambre de sexo. Hambre de él. Lo quería. ¡Oh, Dios! ¡Sólo tú sabes cuanto lo quiero! Mis manos estaban por todo el cuerpo de mi hijo, al tiempo que las de él estaban sobre mí por todas partes. Lo sentí presionar y sentir mis pesados senos con sus dedos, pellizcó mis duros pezones. Su palma acarició mi abdomen y las yemas de sus dedos probaron el elástico de mi tanga. Mi coño se apretó y mis jugos comenzaron a fluir. Mi mano bajó hacia su pene y cuando lo toqué, sentí el temblor en él. Estaba muy duro y una vez que lo toqué dejó escapar un suspiro y un gemido, inmediatamente supe que quería sentir sus jadeos en mi oído y su polla en mi coño. Lo escuché decir:
—¡Oh, mamá! … ¡No sabes cuanto te quiero! …
Sus palabras me hicieron sentir deseada, me sentí hermosa, me sentí amada y cosas que hacía mucho tiempo no sentía. Me sentí mujer cachonda por su polla. Me quité la bata y le quité la camiseta, él levantó mi transparente camisola por sobre mi cabeza y dejó expuesta mis grandes tetas con mi duros pezones apuntando hacia él.
Lo quería dentro de mí ahora mismo. Me incliné, metí mis dedos en la pretina de sus pantalones y los bajé, él levantó su trasero y me ayudó a quitárselos rápidamente y su linda y gruesa polla apareció ante mis ojos por primera vez, estaba dura y brillante como un diamante. Me subí a su regazo y me acerqué a él hasta sentir la enorme cabezota tocando mi montículo, gotitas que escapaban de su polla humedecieron mi tanga, metí mi mano y corrí el triangulo de tela hacia mi izquierda, luego tomé su pene y lo guié hacia la hendedura mojada de mi vagina. Me sentí en el séptimo cielo cuando él empujó su viril dureza en mi cálida femineidad, me hizo gritar y abrazarlo, su pene inflamó todo mi sexo y empujé mis caderas para sentirlo en profundidad. La sensación fue indescriptible e inenarrable.
Nos quedamos prácticamente quietos, hechizados por estar unidos por nuestros sexos. Su polla estaba bien encajada en mí y mi vagina estaba completamente empalada en su rígida y cálida pija. Queríamos disfrutar de este contacto único que nos faltaba como madre e hijo. Me entregaba a él y al mismo tiempo lo hacía mío en todos los sentidos. Yo lo generé dentro de mi vientre, yo lo parí y yo lo hacía volver dentro de mí. Era como el ciclo natural de la vida.
Había una carga eléctrica entre nuestros cuerpos, dondequiera que nos tocábamos había chispas de placer que nos abrumaban. Nunca había sentido mi coño así de estirado y mojado, ni mis tetas tan sensibles. Sentí como si me fuera a correr sin siquiera movernos, solo con sus besos y caricias, con su dura polla dentro de mí haciéndome sentir las pulsaciones de su corazón. Empecé a moverme como en una especie de vaivén, un poco hacia atrás y un poco hacia adelante, deslizando mis nalgas sobre sus muslos lenta y suavemente. La sensación me pareció aún mejor.
No sé porque me sentía así tan excitada, ¿Será porque así es el incesto? ¿Así se siente el follar con tu propio hijo? Pero no lo sentía como si estuviéramos haciendo algo malo; todo el contrario, me parecía un amor genuino y puro, él me daba y yo recibía, yo le daba y era él a recibir, era algo tan reciproco y natural, es como la vida debería ser, nos pertenecíamos el uno al otro. Esto no era sexo, era mucho más que eso. Me apreté contra él y mis tetas se aplastaron hacia los lados cuando él me tomó por la cintura y comenzó a moverse. ¡Oh, Jesús! ¡No puede haber pecado en esto! ¡Es amor puro, intenso y hermoso! Ya no podía controlar mis movimientos, mis piernas comenzaron a temblar y las subí sobre el sofá, su pene toco el fondo de mi vagina, en lo más profundo y esto me provocó un delicioso estertor, escondí mi cara deformada por la lujuria y me corrí en su bendita polla.
—¡Ahhhhhhhh! … ¡Ahhhhhhhh! … ¡Ahhhhhhhh! … ¡Uuummmmffff! … ¡Oh, Cesar … ¡Uuummmmffff! … ¡Ay, qué rico! … ¡Uuummmmffff! … ¡Ahhhhhhhh! …
Estabamos fundidos en un solo organismo que se estremecía y movía al unísono buscando un desahogo increíble. Entonces escuche el grito de Cesar.
—¡Oh, mamá … Me voy a correr! …
Tomé su rostro cachondo entre mis manos y lo miré a sus ojos brillantes de placer y deseos para decirle:
—¡Córrete en el coño de mami, bebé! … ¡Mamá te quiere dentro! … ¡Dámelo todo! …
Seguimos mirándonos, mi coño se contrajo envolviendo y ordeñando su polla, moví mis caderas aceptando su semen en lo más profundo de mi panocha y abrí mi boca para gritar que me estaba corriendo otra vez, sólo que él me silenció con besos y jadeos, mientras descargaba chorros y chorros de cálido esperma en mi matriz. Pensé que me iba a desmayar, pero él me sostenía muy bien en sus fuertes brazos, así que me sentí segura escondiendo mi rostro en su cuello. Unas tras otras, las olas de placer me hacían estremecer como en un orgasmo infinito, mientras él me llenaba con su esperma. Finalmente, reuní fuerzas suficientes para enderezarme, lo besé y él me devolvió el beso, fue un beso tranquilo y lleno de afecto, por fin nuestros cuerpos se sentían saciados.
Me sentí fantástica y al parecer él también. Me dijo:
—¡Mamá! … ¡Nunca, ni remotamente cerca, he tenido una relación sexual tan intensa en mi vida! … ¡Ese fue un clímax más parecido a un terremoto! … ¿No creo que haya sexo más hermoso, puro y caliente que este! …
No necesitaba decírmelo, yo sentía del mismo modo.
—¡Tienes toda la razón! … ¡Estoy totalmente de acuerdo contigo! … ¡Nunca pensé que pudiera ser así! … ¡Pero fue algo hermoso, sano y puro! … ¡Sentí que debía ser así! … ¡Era tan natural! … ¿Y tú? … ¿Cómo te sientes? …
Me respondió sonriendo de oreja a oreja:
—¡Me siento fantástico, vigorizado, casi como si hubiera vuelto a nacer! …
Nos besamos y acariciamos por un buen rato, luego él me preguntó:
—¿Entonces? … ¿Es hora de dormir o estás lista para más? …
Me reí, moví mis tetas de lado a lado sobre sus vellos pectorales y le dije:
—¡Lo sé que es hora de dormir, pero yo quiero más de esto! … ¡Quiero explorarte! … ¡Quiero conocer más de tu polla! … ¡Así que sí! … ¿Tu cama o la mía? …
—La mía es King Size, mamá …
Fin
***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****
El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
4
votos
votos
evaluación
7
7
Continuar leyendo cuentos del mismo autor
historia previa
Mejorando mi autoestima con mi hijo.siguiente historia
Apolo se queda conmigo.
Comentarios de los lectores sobre la historia erótica