Nuestras vacaciones. - Séptima parte y final

por
género
incesto

—¡Enzo, por Dios! … ¡No te vayas! … ¡Detente, Enzoooo! …
No podía moverme. Matteo me tenía firmemente y me estaba llenando el culo con su semen caliente. Mis ojos se encontraron con los de mi esposo. Matteo todavía parecía no comprender lo que estaba pasando y solo balbuceaba en forma inconexa.
—¿Qué? … ¿Mamá? … ¿Papá? … ¿Qué pasa? … ¡Oh, mierda! …
Se detuvo en seco sin soltar mis caderas, su polla estaba enterrada profundamente en mi culo. Enzo desapareció sin decir una palabra. Salió por la puerta y la cerró de golpe detrás de él.
—¡Enzo, cariño! … ¿Dónde vas? … ¡Espera! … ¡Enzooo! …
Me liberé de Matteo, su polla salió violentamente de mi culo y sentí que todavía eyaculaba sobre mis nalgas. Me alejé de él arrastrándome e intenté levantarme, pero estaba tambaleándome. Mi corazón latía con fuerza, mis piernas estaban tiesas y mi culo se había apretado muy fuerte al momento de mi orgasmo. La polla de Matteo había forzado exquisitamente mi ceñido agujero y ahora me costaba incluso ponerme de pie.


Matteo estaba atónito, todavía estaba inclinado en la misma posición en que estaba follándome. Su polla se había reblandecido, brillaba goteando pequeños chorritos de semen. Él me miró alarmado y sorprendido.
—¿Mamá? …
Exclamó casi llorando.
—¿Qué vamos a hacer, mamá? …
Respiré profundamente. Mi corazón quería escapar de mi pecho y mi mente todavía no sincronizaba con la realidad. Miré a Matteo que parecía estar abrumado y compungido, traté de calmarlo.
—Matteo, está bien … Está bien, hijo … Está bien … Todo va a estar bien … ¡Cálmate, por favor! …
Le dije lo más calmadamente posible, luego agregué.
—Necesito que te quedes aquí … Límpiate … Iré a buscar a tu padre …
Se movió apenas y preguntó.
—¿Qué le vas a decir? …
—Todo …
Di unos pocos pasos y vacilante entré al dormitorio para ponerme algo para salir al exterior, antes de salir le dije a Matteo.
—Mantén tu teléfono contigo …
Vi su cara de niño aterrorizado, volví y le dije.
—Matteo, todo va a estar bien … Te lo prometo … Ten tu celular contigo …
Salí rápidamente de la habitación y llegué al ascensor, me fijé que estaba en el primer piso. Presioné el botón y esperé mientras el ascensor descendía. Por supuesto que estaba en estado de shock. Hace apenas unos momentos estaba en la felicidad completa, todo era normal y maravilloso. Pero repentinamente todo se derrumbó, todo parecía horrible. Tenía mucho medio. Intente en todos los modos encontrar un modo de decírselo a mí marido, pero no tenía palabras. Todas las formas en que pensé en justificarme, ahora me parecían sin ningún sentido y hasta ridículas. Todo había fracasado. Ni siquiera podía pensar en cómo empezar a explicar todo esto.


Apenas se abrieron las puerta del ascensor en el primer piso, salí y me dirigí hacia la piscina. No tenía la menor idea de donde se encontraría Enzo, ni menos las cosas que él pensaba. Lo conocía mejor que nadie, tal vez mejor que él mismo, pero en este momento se había convertido en un completo desconocido para mí. Todo a causa de mis malditas hormonas, pensé.


Llegué a la piscina y miré como loca por todos lados. Me dirigí al vestíbulo del hotel entonces vi a Enzo sentado al final de la barra del bar. Tenía un trago con un paragüitas y lo estaba bebiendo. Respiré profundamente y me acerqué a él en forma lenta y cuidadosa, ignorando completamente la humedad del semen de Matteo que escurría de mi trasero.
—Enzo …
Dije en voz baja sentándome a su lado. Me miró por un momento, pero no dijo nada. Le hice una seña al barman y pedí un daiquiri para mí. Quería lanzarme en algún tipo de discurso justificativo y explicar toda la mierda, pero la mirada que él me dio me convenció de que él se merecía algo mejor. La verdad. Esperé un par de minutos, sorbí de mi bebida, cavilando sobre como comenzar, pero él se me adelantó comenzando a hablar con voz temblorosa.
—Mira … Bajé al gimnasio y hablé con unos de los chicos del Spa … Uno de los que trabaja en el gimnasio … Me di cuenta de que no había bajado con las llaves de la habitación y ellos la necesitan para dejarte entrar … El chico me conocía, pero no me dejó entrar … Entonces decidí volver a la habitación … No sé cuánto tiempo había pasado … Cuando llegué fuera de la puerta, escuché algunos ruidos y pensé que el tipo que te había estado molestando se había introducido en cualquier modo a nuestra habitación y te estaba atacando a ti o a Matteo … La puerta no estaba del todo cerrada, así que empujé y entré …
Tragué saliva y miré a un punto ignoto. No sabía como sentirme, ¿Cómo una traidora?, ¿Cómo una desvergonzada culpable? Realmente no, no me sentía así. Más bien como una egoísta, sí, me sentí como una egoísta y mentirosa. Iba a intentar a decir algo, pero él prosiguió.
—¿Sabes? … Cuando ese tipo me dijo que te vio con Matteo pensé que era algo raro … No precisamente el tipo … Sino, todo el asunto … Él dijo que los vio como pareja o algo así … Y yo no le pude creer, pensé que estaba borracho, loco o algo así …
Miré la mano de Enzo y se me pasó por la mente de tomarla, pero no lo hice. Noté que tenía los ojos llorosos y esperé.
—Alessia … Él es nuestro hijo … Eres su madre … Esto está tan mal que no logro entender ni describir lo que vi … Yo … Yo sólo …
No podía dejarlo continuar y que pusiera, en algún modo, termino a lo nuestro. Así que lo interrumpí y dije directamente.
—Enzo, tú eres su padre y eres mí marido … Eres el gran amor de mi vida …
Esa era la verdad. Los únicos secretos que habíamos tenido entre él y yo era su Viagra y ahora lo que había sucedido con Matteo. No era un hábito mantener secretos entre nosotros.
—No puedo … No logro entenderlo … —Dijo pesaroso.
—Espera … Escucha, por favor … —Rebatí con calma y tomé su mano.
—Enzo … Siempre te he amado … He estado contigo en todas … Siempre te amaré … Es verdad que Matteo es mi hijo y es un niño increíble … Pero se está convirtiendo en un hombre increíble y también lo amo … No como a ti … Él es mi hijo … Él es mi tesoro y sabes que vivo para amarlo y cuidarlo … Pero lo amo de manera diferente … A ninguno de ustedes amo más o menos que al otro … Sólo que con Matteo me conecto de otro modo … Sucedió en este viaje … No sé ni cómo ni por qué … No tengo modo de explicarlo, pero sucedió … Sólo Dios sabe cuanto he estado pensando en ello y tratando de encontrarle una lógica y una explicación … Pero sólo sucedió … Y cuando sucedió, no podía dejar de suceder … Me di cuenta de que lo necesitaba … No podía prescindir de esta conexión nueva … Él me necesitaba de ese modo y yo también lo necesitaba así …
Unas lágrimas se deslizaron por mi rostro, Enzo me escuchaba atentamente y proseguí.
—Él ha compartido conmigo su necesidad … Y yo he compartido con él la mía … Y sí, lo sé que soy su madre … También sé que desde afuera esto parece ser horrible … Eso lo entiendo … Pero Enzo, sí mi hijo me necesita yo iré en su ayuda … Siempre haré eso … Sea lo que sea … También me di cuenta de que yo lo necesitaba tanto como él a mí …
—No logro entenderlo … —Dijo Enzo, a lo que intervine preguntándole.
—¿Y tu crees que yo sí? … El mayor error fue no habértelo dicho cuando ocurrió la primera vez … Sabes que tú y yo no tenemos nada en secreto, ¿verdad? … Pero éste decidí guardarlo y ahí pienso que me equivoqué … Estuvo mal no decirte nada y lo siento mucho … Pero necesito que entiendas que para mí esto no cambia en nada lo que tenemos entre tú y yo … Te amo y siempre te amaré … Matteo también te ama mucho … Esto es sólo parte de mi relación con él como su madre … Lamento mucho no habértelo dicho … Pero honestamente … No lamento para nada lo que esta sucediendo entre Matteo y yo …
Enzo bajo un poco la vista y se quedó en silencio por un buen rato, luego dijo.
—Cuando salí de la habitación … No estaba furioso ni nada parecido … Estaba confundido y lo primero que pensé fue “Esto es todo culpa mía” … “Esto es causa de mi disfunción eréctil” … “Esto es por culpa de haber tomado Viagra” … Y …
—¡Sssshhhhhh! … —Le hice callar tranquilizadoramente, luego le dije.
—Las pastillas azules no tienen nada que ver con esto … Nada de esto es culpa tuya … Es cierto que no sabía que estabas recurriendo a esas pastillas … Pero deberías habérmelo dicho … Yo tenía sospechas de que estabas teniendo problemas con tu polla … Pero eso tampoco tiene nada que ver con lo sucedido entre Matteo y yo … No tienes culpa de nada … Creo que ninguno de nosotros tenga alguna culpa … Lo que hicimos fue ocultarnos las cosas los unos a los otros y, esto no debería haber sucedido … Somo culpables de no ser sinceros entre nosotros …
—Probablemente tienes razón … —Dijo Enzo y tomó otro sorbo de su trago, luego añadió.
—Lo siento … Me siento que no actué bien … Sé que Matteo está creciendo y entiendo sus necesidades … Sé que a su edad la cosa se le sale por las orejas … En este momento me siento como una mierda … Soy tú marido y sé que eres la mujer más adorable, hermosa y maravillosa del mundo … ¿Y sabes qué? … Lo peor fue cuando entré y te vi con Matteo y te escuché …
Sentí que mi corazón se me atravesaba por la garganta. No tenía la menor idea de cuánto había visto u oído, pero ya nada importaba, debíamos decirnos todo, no más secretos y lo escuché.
—Te veías tan hermosa … Tan caliente … Sobre todo cuando tuviste ese intenso orgasmo, mientras nuestro hijo te sometía … Nunca te había visto así en todos nuestros años juntos … Estabas teniendo todo lo que yo siempre quise para ti y te los estaba dando nuestro hijo …
Nos quedamos un rato sentados en el bar y compartimos otro par de tragos. Enzo es un hombre increíble y me lo demostró una vez más. Cualquier otro hombre habría salido corriendo después de haber visto lo que él vio, pero no mi Enzo. Él no corrió porque siempre es capaz de pensar en Matteo y en mí, aparte de en sí mismo. El no es un héroe, un mártir o un masoquista. Él es un hombre con los pantalones bien puestos, es un padre y marido, siempre considera que la familia está por encima de todo. Incluso en ese momento crucial, él me vio feliz y reconoció que él quería eso para mí. Eso es solo una muestra de ese amor que el siente por mí y por Matteo.


Regresamos a nuestra habitación tomados de la mano, estábamos más cerca que nunca. Más tarde tuvimos una charla familiar. Nos dijimos todo y todo quedó expuesto. Enzo le dijo a Matteo de su disfunción eréctil y Matteo le explicó lo que pensaba de mí. Me senté y escuché a mis dos hombres decirse todo, eso es lo que hace una buena esposa y madre. Ahora sé que tengo que amarlos y cuidarlos a los dos. Al final terminamos abrazándonos y llorando. Momentos después bajamos todos juntos al restaurant a almorzar. Hicimos un pacto de que ya no habría más secretos entre nosotros, nunca más. Cuando regresamos a la habitación, los hombres pusieron sus ropas tal como les había dicho y terminé de empacar todo, luego ellos se sentaron a ver un partido de futbol.


Por la tarde volvimos al restaurant a cenar, me senté en medio a los dos, me tomaron de la mano y me brindaron toda la atención posible. Nos reímos, bebimos bastante, comimos frugalmente, sobre todo Matteo e hicimos de todo para disfrutar lo que quedaba de nuestras vacaciones. Regresamos a nuestra habitación y nos fuimos a nuestros dormitorios. Me acosté con Enzo y nos reconciliamos teniendo una fabulosa sesión de sexo en pareja. Luego él se adormeció y yo me levanté, fui a darle las buenas noches a mi hijo, me metí en la cama de Matteo y me aferré a su polla hasta dejarlo seco, le lamí hasta las bolas y me tragué todo su delicioso semen, cuando solté su polla me di cuenta de que Enzo nos observaba. Volví donde mi marido y él volvió a tener relaciones conmigo con una polla dura como nunca.
*****


Puedo decir que ese viaje nos cambió la vida a todos. También al regresar nos tuvimos que adaptar a nuestra vida “hogareña normal”. Matteo finalmente salió con Lorena y terminaron en la cama follando como conejos. Pero cuando terminó el verano, ella se fue a la universidad y Matteo se quedó en nuestra ciudad. Intentaron mantener la relación a distancia, pero eso no funcionó. Siguieron siendo amigos durante un tiempo, hasta que Lorena se mudo con su nuevo novio.

Enzo se ganó otro ascenso en el trabajo y tuvo que viajar mucho. Afortunadamente Matteo estaba en casa conmigo y nos volvimos más cercanos que nunca. El sexo en nuestra casa era casi constante. Cuando Matteo estaba en casa conmigo, lo hacíamos tres y hasta cinco veces en el día, descansábamos solo para comer y recuperarnos. Cuando su padre estaba de viaje, Matteo venía a nuestro dormitorio a ocupar su lugar. Me convertí en una descarada adicta al semen de mi hijo y él era casi igual de adicto a dármelo todas las veces. Tanto así, qué dos meses después de nuestras vacaciones, me enteré de que estaba embarazada. En teoría era posible que fuera de Enzo, pero creo que todos sabíamos que era de Matteo.


Al igual que su padre, Matteo estaba dedicado a mí totalmente, de hecho me demostró que estaba listo para tener relaciones sexuales porque estaba listo para asumir las responsabilidades de ser padre. Enzo también estaba contento y casi a fines de año, nació Giuliana. Nuestra familia había crecido y la gente a menudo nos preguntaba cómo podíamos ser tan unidos. Uno de mis amigos de las clases de yoga me preguntó cómo logré mantenerme tan cerca de mi hijo Matteo durante todos estos años. Obviamente no podía darle la respuesta verdadera; no podía decirle que le chupaba la polla casi todos los días.

El fin


***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****

El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

luisa_luisa4634@yahoo.com



escrito el
2026-02-09
3 6
visitas
3
votos
evaluación
9.3
tu voto
Denuncia abuso en esto relato erótico

Continuar leyendo cuentos del mismo autor

Comentarios de los lectores sobre la historia erótica

cookies policy Para su mejor experiencia del sitio utiliza cookies. Al utilizar este website Usted consiente el uso de cookies de acuerdo con los términos de esta política.