Nuestras vacaciones - Quinta parte.
por
Juan Alberto
género
incesto
Cuando la lluvia terminó, nos fuimos a la terraza para almorzar. El aire tenía ese aroma fresco típico después de una lluvia y el cielo comenzaba a despejarse. Estaba con mi bikini rosado con pintitas redondas y blancas. Mis hombres llevaban bañadores y remeras, Enzo con botones y Matteo una a cuello redondo. Comimos frugalmente, al menos Matteo se comió todo y luego comenzó a recoger las sobras de mi plato, no sé dónde este niño puede meter tanto y no engordar ni un solo gramo. Su padre lo miraba contento y orgulloso. Disfrutamos de la brisa fresca, el trinar de decenas de aves, el merodear de veraneantes ocupados en sus propios asuntos y por supuesto nuestra propia compañía.
Enzo nos comento detalles de su viaje de negocios, la mitad de los cuales no escuche ni entendí, pero fingí estar muy interesada. Matteo le prestaba más atención e intercambiaba con el comentarios relativos y circunspectos, parecía muy emocionado y orgulloso de su padre. Bueno, yo también lo estaba. Enzo era un buen esposo y un excelente padre.
Cuando su padre se distraía, Matteo me tocaba la rodilla y los muslos por debajo de la mesa, esto tenía mi coño en ascuas. Nos sentíamos como si estuviéramos coqueteando en la escuela o algo así, me sentí rejuvenecida y lo encontré bastante lindo. Aún cuándo mi preocupación era, ¿en qué momento Enzo se iba a percatar que Matteo parecía un poco más cercano a mí? Traté de soslayar esa preocupación por el momento disfrutando de lo que Matteo hacía sentir a mi acalorado coño. Un tiempo para cada cosa, pensé sonriendo bajo mis gafas oscuras.
Luego de reposar después del almuerzo, bajamos a la piscina principal. Era la más grande del complejo, con una fuente en el medio y un bar en el extremo norte. No había mucha gente a nuestro lado y los que había parecían fanáticos de los que les gusta asolearse lo máximo posible. Enzo y yo miramos a una pareja de ancianos que parecían pasas horneadas. Compartimos una sonrisa y nos prometimos no llegar nunca al punto de parecer un trozo de higo seco.
Matteo se metió al agua junto a Enzo, me quité el pareo y me recosté en la tumbona. Llevaba un elegante sombrero de playa tipo Pamelas de ala ancha y mis gafas oscuras. Me gustaba este atuendo porque me hacía sentir sofisticada y además podía espiar a la gente al cubierto de mis gafas de sol oscuras. Espiar me parece un término un poco insolente; más bien diría observar a la gente en sus diferentes acciones e interacciones.
Me di cuenta de que Enzo estaba mucho más animoso en el día de hoy. Casi siempre sucedía lo mismo cuando sabía que me había un poco decepcionada sexualmente y que trataría de hacerlo mejor la próxima vez. Aunque su prestación esta mañana fue bastante insatisfactoria, pero yo sabía que debía dejarlo contento, así que hice todos los sonidos y movimientos para que él sintiera que me estaba haciendo morir. La verdad es que no estaba tan insatisfecha porque disfruté de su placer, su afecto y su empeño. Enzo siempre quería lo mejor para mí y se esmeraba para que nuestro sexo fuese bueno para ambos. Para mí físicamente no lo fue, pero emocionalmente lo sentí más cercano; quería que él se sintiera seguro de sí mismo. Me gustaba que mi hombre tuviera confianza y sintiera que hacía feliz a su mujer. No podía hacerle ver que me sentía frustrada. Me hacía sentir bien que él se sintiera bien, después era asunto mío darme un buen orgasmo.
No me gustaba pensar mucho en eso, pero Matteo y yo teníamos una conexión. Era muy diferente a lo que tenía con Enzo y no quería pensar que eso fuera como si yo estuviera engañando a mi esposo. Por supuesto que había algo de contradicción en todo esto. Yo no podía compartir con Enzo lo que hacía con Matteo. Pero me autoconvencí de que no era engaño, solo que dudaba de que Enzo pensara lo mismo. No quería dañarlo a él ni a nosotros. Por eso quería que Matteo lo asumiera desde ya. Necesitaba educar a Matteo sobre todo eso, aunque creo que él ya entendía algo de todo esto. Creo que era similar a lo que él hacía con Lorena. Él la amaba y era su novia, pero al mismo tiempo me amaba a mí. Me apliqué un poco de protector solar en los brazos y bebí mi mojito. De todas maneras estaba confundida y no estaba segura de si esto era justo o tenía algún sentido. Todo lo que sabía es que pensando de esta manera, me sentía bastante más tranquila.
Volví a centrar mi atención en Enzo y Matteo. Enzo se estaba dirigiendo al bar de la piscina y estoy segura de que iba a interpelar al barman. En modo de conseguir un exótico trago que luego lo traería a mí para que lo probara. Matteo nadó hacia mí y luego salió de la piscina.
—¡Hola, cariño! …
Le dije mientras tomaba la toalla de la tumbona y se secaba la cara.
—¡Hola, mamá! …
Respondió siempre sonriente. Recorrí su cuerpo atlético desde su hermoso rostro, sus fuertes hombros, sus macizos pectorales, hasta la silueta delineada por su ajustado bañador mojado sobre su robusto y delicioso paquete.
—¿Cómo está el agua? … —Pregunté.
—¡Genial! …
Contestó sentándose a mi lado, añadió:
—Deberías probarla en algún momento en lugar de quedarte aquí tumbada luciendo tu magnifica belleza …
—Gracias, hijo … Creo que estoy lista para probar … ¿Y tú? … ¿Ya terminaste? …
—No … Sólo vine a ver que estabas haciendo …
—Sólo mirando a la gente …
—¿Y ves a alguien interesante? …
Preguntó Matteo. Él siempre fue curioso y estaba atento a lo que yo hacía, decía o pensaba, él siempre había sido así de lindo conmigo.
—Sólo a tu padre …
Me quité las gafas de sol y le di un descarado vistazo a su entrepierna y añadí:
—Y a ti, por supuesto …
Se le dibujo una amplia sonrisa en su rostro de ángel hermoso. Él se levanto y me hizo señas.
—Bueno … Ya, vamos … Ven para que pruebes el agua …
—Está bien … Espera …
Sentí un delicioso cosquilleo en mi entrepierna cuando él se fijó en mis apretados muslos y mi calzón bikini que marcaba la separación de mi labia vaginal. Otra vez me puse muy cachonda.
—¡Malditas hormonas! …
Suspiré mientras me arreglaba para caminar con mi hijo hacia la piscina.
Nos metimos al gua y sentí un alivió de frescura cuando el líquido mojó mi panocha caliente. Seguí a mi hijo en la piscina y encontramos un espacio relativamente libre en la parte más cercana a los setos, desde donde teníamos una vista privilegiada del lago. Siempre me gustó contemplar la superficie rizada de las pequeñas olas del lago, sumergida en la seguridad de la piscina. Tan pronto como nos instalamos, sentí la mano de Matteo rozando mi nalga. Lo miré por el rabillo del ojo y supongo que él no se percató de nada pues todavía tenía mis gafas oscuras puestas.
—¿Mamá? … —Dijo Matteo a baja voz.
—Sí, querido … —Contesté girándome hacia él.
—Tu culo es exageradamente hermoso … Estoy seguro de que todos los chicos de esta piscina esperan que pases por allí para poder admirar tu hermoso trasero …
Dijo mientras apretaba mi nalga, mi cuerpo entero hormigueó ante su firme agarré.
—¡Uhm! … Creo que te equivocas …
—No creo …
Dijo reforzando su agarre y luego deslizando su mano en el surco en medio a mis nalgas.
—Debería salir de la piscina y caminar alrededor … Así tú podrías probar tu teoría … Podrías contar cuantos hombre giran la cabeza para mirarme …
Sentí los movimientos de su mano y esto me excitó.
—No creo que me gustaría si hicieras eso …
Dijo deslizando su dedo medio alrededor del orificio de mi trasero. Me incliné un poco hacia adelante y él pudo meter su mano bajo mi traje, para acariciar mi ano con dos de sus largos dedos, eso se sintió jodidamente bien.
—¿Por qué? … ¿Tienes miedo de que te demuestre que estás equivocado? …
Nego con la cabeza y rápidamente respondió:
—No ... No me gusta que hombres extraños te miren … Tú …
Metí mi mano en la parte delantera de su traje de baño y aferré su polla que estaba dura como piedra. Él se calló por un segundo y luego continuó.
—Tú eres mi mamá … Me gustas para mí …
Empujó suavemente sus dedos dentro de mi culo y me hizo gemir, arqueé mi espalda y levanté un poco mi trasero para permitirle follar mi culo con sus dedos. Desde lo alto del agua parecía como si estuviéramos hablando el uno al lado del otro y mirando hacia el lago. Agarré su pene a la base, mis dedos tocando sus bolas.
—¿Me quieres toda para ti? … ¿No quieres presumirme? …
Le dije masturbándolo con fuerza mientras sus dedos follaban mi trasero hasta el primer nudillo. Apretando sus dientes me dijo:
—No tiene sentido presumirte … Sólo caminar por el mundo entero contigo a mi lado sería suficiente …
Mis labios se curvaron en una pequeña y lujuriosa sonrisa.
—Eso es muy dulce, tesoro … Hablando de quererme toda solo para ti …
Lo acerqué un poco más a mí tirándolo por la polla. Él estaba duro al máximo. Miré en todo mi rededor para asegurarme de que no hubiera nadie demasiado cerca de nosotros que se diera cuenta de lo que estábamos haciendo y le pregunté:
—Sí me tuvieras solo para ti en este momento, ¿qué me harías? … Sé especifico, quiero saber todos los detalles …
Matteo tragó saliva. Siguió follando mi trasero suave y dulcemente. Me di cuenta de que su cabeza giraba un poco en forme extraña. Me recordé de las palabras de mi esposo de que los jóvenes no tenían suficiente flujo sanguíneo para sus pollas y para sus cerebros al mismo tiempo. Él me dijo con una voz ronca y temblorosa:
—Te lo metería por el culo …
—¿Sí? … ¿Por mi culo estrechito? …
Le dije moviendo mi trasero contra sus dedos mientras lo masturbaba lentamente para que no hubiera evidencia visible en el agua de la piscina. Él asintió.
—¿Cómo harías para follar mi culo? …
Le pregunté sintiendo como su polla se hinchaba en mi mano y sus bolas se calentaban, tal vez para producir más semen, pensé.
—¡Joder, mami! …
—Esa es una mala palabra, Matteo … Debes siempre comportarte respetuosamente …
—Lo sé, mamá … Pero eso es lo que yo haría … Te sujetaría por detrás, con mis manos en tus tetas y te clavaría mi polla dura en tu culo apretado …
Mi coño estaba extremadamente caliente, seguí masturbándolo y comencé a pasar mi pulgar por sobre su hinchada cabezota.
—Parece que serías un chico rudo, ¿eh? … ¿Le follarías fuerte el culo a mami? …
Matteo jadeaba y tragaba saliva asintiendo:
—Sí … Sí … Te follaría tan fuerte que te bombearía todo mi semen dentro de tu estrecho culo …
Mi corazón latía desbocado. Mi coño rezumaba tantos fluidos que creí ver un poco de viscosidad en el agua de la piscina.
—Bien … Y después de correrte en mi trasero … ¿Qué más harías? …
Agarré sus bolas y las encontré calientes y pesadas, probablemente estaban cargadas y prontas a explotar.
—¡Uuurrrggghhh! …
Gruño Matteo mientras sostenía sus pelotas en mi mano, enseguida agregó:
—Abriría tus piernas y te follaría el coño lo más profundo y fuerte que pudiera …
Creí que me iba a correr en ese momento.
—¿En que posición? …
—Mi-misionero …
Dijo tartamudeando, agregando:
—Quiero mirarte a los ojos y levantar tus lindas piernas sobre mis hombros …
—¿Te gusta mirar a mami a los ojos mientras follas mi coño? …
Ahora me moví para ponerme frente a él, sus dedos salieron de mi culo, pero quedaron acariciando mis nalgas.
—Sí …
Dijo escuetamente, seguí masturbándolo suave, pero autoritariamente, vi alguna gotita blancuzca saliendo a flote directamente de su polla.
—¡Hola ustedes dos! …
Era la voz de mi marido desde unos tres metros de distancia aproximativamente. Sostenía dos copas en sus manos y caminaba lentamente en posición ligeramente agachada para no derramar nada.
—¡Ah! … ¡Ehm! … ¡Hola, cariño! …
Dije volviéndome hacia él. Inmediatamente Matteo me soltó el culo. De todos modos mantuve una mano bajo el agua agarrando la polla de mi hijo y con la otra, la estiré para recibir una de las copas.
—Esta es para mí, ¿verdad? … ¿O te estás volviendo loco repartiendo tragos a todos los veraneantes? …
—Ambas, cariño … Ambas …
Dijo riéndose, entregándome la bebida y ubicándose al otro lado de mí. Mantuve mi mano apretando firmemente la polla de mi hijo y bebí un sorbo de la bebida.
—¡Guau! … ¡Qué carajo es esto! … Está muy bueno … ¡Mierda! …
Estaba tan cachonda que olvidé moderar mi lenguaje. Enzo se rio y dijo en tono de reproche y en tono de broma.
—¡Alessia! … ¡No deberías usar ese lenguaje procaz delante de Matteo! … El chico es todavía inocente … Orejas vírgenes, ¿sabes? …
—Tienes razón … No quisiera que mi Matteo perdiera sus orejas vírgenes …
Dije acariciando lentamente la gran polla de Matteo bajo el agua, no quería soltarla por ningún motivo. Él se rio en forma más boba de lo que hubiera deseado, tal vez era verdad de que no le llegaba suficiente sangre a su cerebro con esa polla así de dura.
—A propósito de virginidad …
Dijo Enzo en un marcado tono de ebriedad. Mi esposo estaba borracho. Esto va a ser divertido o incómodo o ambas cosas y agregó:
—¿Has seguido el consejo de tu madre y te has distraído del sexo durante este viaje? … Recuerda que la pequeña Lorena está esperando para abalanzarse sobre ti tan pronto desciendas del avión …
Me encogí de hombros, Enzo estaba ahora en su rol de padre y me gustaba que mi hombre supiera como imponerse. Matteo me miró por una fracción de segundo y le di dos o tres apretones a su polla, luego contestó a su padre:
—Sí, papá … Mamá me ha estado ayudando con eso …
En realidad yo le había ayudado y quería seguir ayudándolo, moví disimuladamente mi mano hacia arriba y hacia abajo sobre su pija dura. Necesitaba que él estallara en mi mano. Rápidamente pensé en alguna excusa para hacerlo eyacular sin que Enzo se diera cuenta. Tomé todo mi trago y exclamé con una sonrisa hacia mi marido:
—Pero este trago es divino … ¿Puedes conseguirme otro, cariño? …
Enzo se rio y me rozó un seno. Siempre se ponía un poco juguetón cuando estaba algo borracho. Se acercó más a mi y me hizo sentir su erección en mi cadera, su mano me agarró la otra nalga.
—Si me acompañas a nuestra habitación pediré uno para ti y otro para mi …
—Genial, tesoro … Además, el agua se está poniendo fría …
Mi cuerpo hormigueaba y mi corazón latía con fuerza, mantuve mi mano aferrando la polla de mi hijo mientras mi marido me agarraba el trasero. Miré a Matteo y le guiñé un ojo. Era un extraño dilema; en una mano tenía la polla gorda y dura de mi hijo que necesitaba correrse; por otro lado, mi marido me acariciaba el trasero, lo cual era maravilloso para mí, quería disfrutar de este momento con él y posiblemente complacerlo, tal vez esta vez no se correría tan rápido.
Matteo se balanceó ligeramente mientras masturbaba su pene. Enzo volvió a restregar su dura polla en mi cadera. Esto sería dos veces en un día para mi marido. Ciertamente no podía dejar pasar esta oportunidad. Solté la polla de Matteo y subí lentamente mi mano por su cuerpo para hacerle entender de que no lo estaba rechazando. Saqué mi mano del agua, bajé mis gafas de sol y le guiñe un ojo diciéndole:
—Tú espera aquí …
Luego me volví hacia Enzo y suavemente agarré su polla por debajo del agua. Sus ojos se abrieron y apretó mis glúteos.
—Vamos por esos tragos, querido …
Enzo me tomó de la mano y nos encaminamos hacia las escaleras para salir del agua. Una vez fuera de la piscina agarramos nuestras toallas y nos fuimos a nuestra habitación.
Tan pronto como entramos a nuestra habitación, Enzo se abalanzó sobre mí y me despojó de mi bikini. Estaba borracho y juguetón y esto me encantó. Entramos a nuestro dormitorio, me apoyé en el tocador con las palmas de mis manos, Enzo vino detrás de mí y se arrodilló, con ambas manos me abrió las nalgas y su lengua se dedicó por entero a lamer mi apretado orificio anal. Lo sentí jadear mientras lamía y mordisqueaba mis nalgas. Un escalofrío intenso recorrió todo mi cuerpo y se me puso la piel como de gallina. Empujé mi culo sobre su rostro para que hiciera lo que quisiera.
—¡Que rica que eres Alessia! … ¡Jodidamente sexy y caliente! …
Murmuró mientras me mordía el cachete izquierdo un poco más fuerte. Gemí sintiendo sus dientes en mi delicada piel, me abrí las nalgas con ambas manos y le rogué:
—Úsame, cariño …
Sentí su lengua rozando una y otra vez mi estrecho ano, pero no se detenía ahí. Encontró mi coño y me penetró con sus dedos desde atrás. Yo quería que me follara el culo, pero no lo hizo. Era demasiado depravado para él.
—¡Eres espléndidamente hermosa, Alessia! … ¡Necesitas ser adorada! … ¡Como una diosa! … ¡Como una reina?! …
Murmuró mientras se levantaba y sacaba sus dedos de mi panocha.
Me sostuve firmemente en el borde del mueble mientras él me penetraba con su polla desde atrás. Su agresividad y urgencia se sentían divinamente bien. Él me agarró por las caderas y comenzó a follar mí conchita impetuosamente. Mantuve mi espalda arqueada para permitirle que me penetrara profundamente al tiempo que me incliné hacia atrás para besarlo mientras él no cesaba de embestirme firmemente. Me chupó la lengua y me folló más rápido, gemí y le dije:
—Sí, bebé … Fóllame … Eres mi rey … Folla a tu reina …
Gruño y se concentró en embestirme tan fuerte y rápido como pudo. A él le encantaba cuando yo era su reina y me follaba más fuerte. Lo sentí que agarraba mis tetas, comenzó a jadear y gemir, luego comenzó a correrse y bombeó su semen dentro de mí tan fuerte como pudo.
—¡Urgh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhh! …
Gritó y gruñó mi marido cuando acabó. Sentí la calidez de su semilla llenando todos los rincones de mi chocho. Otra vez me giré un poco hacia atrás para besarlo. Nuestras bocas se unieron con pasión mientras él seguía bombeando dentro de mí, luego todo terminó. Seguimos besándonos y apreté su polla con mis músculos vaginales hasta que se puso demasiado blanda para permanecer dentro de mí y resbaló fuera de mi coño. Rompimos nuestro beso y él dijo:
—Te amo, Alessia …
Me abrazó por un momento y luego dio un paso atrás. Me di la vuelta y le sonreí:
—Yo también te amo, tesoro … Dos veces en un día … ¡Guau! … Me vas a malacostumbrar …
El se rio contento. Me di cuenta de que se sentía dichoso y eso estaba bien para todos.
—Eres única, mi amor …
Dijo Enzo acariciando mis senos ligeramente sudados.
—Eres muy dulce, cariño … ¡Hace calor aquí! …
—Sí … Verdad que sí … Déjame mirar el termostato …
Inmediatamente fue a la caja digital a controlar la temperatura y a regularla. Sonreí. Ese es mi marido, un caballero siempre pendiente de mí, siempre atento, incluso con estas pequeñas cosas. No importaba lo cachondo que pudiera estar, el siempre quería cuidarme, servirme. ¿Qué más podría pedir una mujer de su marido?
—Espero que el pobre Matteo no se sienta solo ahí abajo sin nosotros …
Comenté mientras recogía las prendas de mi bikini que Enzo me había quitado.
—Estoy seguro de que él estará bien … ¡Es casi un hombre! … En algunos días más cumplirá los dieciocho años … La verdadera pregunta es: ¿Estarás bien tu sin él? …
Se me quedó mirando con una enigmática sonrisa en su rostro. Enzo tenía razón y se me apretó el corazón.
—Bueno … Yo necesito ir a verlo … ¿Quieres venir? …
—No … Creo que voy a ducharme y tomar una siesta … Tengo que recargar las baterías, ¿entiendes? …
Me dio la mejor de sus sonrisas mientras su lengua bañaba sus labios. Mi marido era una verdadera ricura.
—Bueno … Te enviaré un WhatsApp si decidimos hacer algo …
A continuación tomé mi teléfono y volví a salir de la habitación hacia el ascensor. Cuando apreté el botón para descender, me di cuenta de que el semen de Enzo todavía estaba caliente dentro de mí. Me gustaba cuando él me tomaba estando un poco borracho, era más rudo y duraba un poco más. Me sentí bien y muy cerca de él. El problema es que aún no había tenido un orgasmo. Sabía que Matteo me esperaba, él tampoco había eyaculado, estábamos necesitados él y yo. Esperaba que él me necesitara, ya que yo lo estaba deseando y necesitando. Bajé del ascensor, pero en lugar de ir a la piscina principal, caminé por el corredor hacia la piscina chica. Entré y cerré la puerta, entonces le envié un WhatsApp a Matteo:
“Estoy en el baño de la piscina 2, ven pronto, te necesito”
Me senté en el inodoro y esperé. Probablemente todavía está en la piscina. Sé que Enzo y yo no estuvimos tanto tiempo fuera. Mí corazón latía con fuerza. Estaba tan cachonda que no podía pensar con claridad. Suspiré impaciente, me levanté y decidí ir a buscar a mi hijo, en ese preciso momento mi celular zumbó, leí la pantalla y era Matteo:
“Voy, mamá”
Sonreí y volví a sentarme. Afirmé mi celu en el lavamos y esperé. De ahí a poco llamaron a la puerta. Me levanté y abrí. Matteo entró rápidamente. Cerré la puerta.
—¿Y papá, dónde está? … —Preguntó a baja voz.
—Se quedó en la habitación duchándose … ¿Por qué? …
Matteo no dijo nada. Algo estaba en su cabeza.
—¿Qué pasa, bebé? …
Pregunté acercándome a él. Me di cuenta de que estaba molesto, entonces todos mis instintos maternales se desataron:
—Dime, bebito … ¿Qué pasa? …
Sacudió un poco la cabeza y dijo:
—Nada, mamá … Sólo que te extrañé un poco …
Lo abracé tiernamente y le dije:
—Estoy aquí, bebé … Mami esta aquí sólo para ti …
Matteo me abrazó y pude sentir su hombría haciéndose más y más sólida apretándose contra mí. Sus manos se deslizaron sobre mis glúteos y jadeé de alegría.
—Te amo, mamá … —Dijo.
—Lo sé, yo también te amo … —Murmuré.
Se apartó un poco de mí para besarme. Abrí la boca dejando entrar su lengua que exploraba mi boca. Empecé a chupar su lengua tratando de hacer que él se sintiera bien. Deslicé mi mano por la parte delantera de su bañador y sostuve su polla en erección. Él gruñó en mi boca mientras mi mano lo masturbaba.
Rompimos el beso y él se bajó el traje de baño y se lo quitó por sus tobillos. Mi hermoso hijo desnudo era todo un espectáculo, me quité la parte inferior de mi bikini y luego mi top, dejando a mis pechos que se bambolearan libremente.
—Te necesito, mami …
—Lo sé, querido … Estoy aquí sólo para ti … Úsame, tesoro … Vamos, úsame …
Me miró en forma intensa y luego fue como si hubiese sido poseído por una irrefrenable lujuria. Él se acercó a mí, me empujó por los hombros y me hizo arrodillar, luego metió su pene en mi boca. Comencé a chuparlo y a devorarlo ávidamente, pero pronto descubrí que él quería dirigir todo el encuentro. Me sujetó la cabeza y afondó su polla hasta el fondo de mi boca. La sensación de sus poderosas manos sosteniendo mi cabeza de ese modo tan autoritario hizo temblar mis rodillas y cedí a sus esfuerzos, sumisamente puse mis manos a mis espaldas y lo dejé que él hiciera lo que quisiera conmigo. Abrí la boca lo más que pude, relajé mis mandíbulas y mi garganta dejando que su polla se metiera muy dentro de mí una y otra vez sin descanso.
—Sí, mamá … Necesito que me chupes así … Trágate toda mi polla, mamá … Tómala toda … Ssiii …
—¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Glup! … ¡Glup! … ¡Guack! … ¡Guack! …
Le chupé su gran polla que seguía insistentemente golpeando el fondo de mi garganta. Hice mi lengua hacia abajo y traté de tragarla toda.
Cambió su agarré de mi cabeza, con una mano tomó mis cabellos y la otra la puso en la parte posterior de mi cabeza. Con fuerza empujó mi nuca y su polla casi me hizo atragantar, respiré justo a tiempo dejando que su polla se atascara en mi tráquea por unos instantes. Disfruté esa sensación, disfruté de los gruñidos que hacía y me gustó sentir mi nariz presionada contra su vientre. Matteo me usaba y nunca lo sentí tan cercano a mi física y espiritualmente. Nuestra conexión era completa cuando él se posesionaba de mí para su propio placer.
Me tragué su polla y él gruñó de placer. Sus movimientos se aceleraron y se hicieron más cortos, manteniendo su polla en mí guargüero, dejándome muy poco espacio para respirar. Me sentí en la gloria mientras él controlaba mi cabeza. Pude percibir cada uno de sus estremecimientos repentinos cuando él explotó y ametralló mi garganta con una ráfaga continua de denso y tibio semen. Bombeó bruscamente y me concentré en saborear y tragar todo lo que pude. Mi cuerpo entero estaba en llamas, la lujuria me consumía sintiendo su manjar líquido deslizándose por mi garganta. Nunca supe cuando dejó de correrse, seguí tragando mi propia todo y mi propia saliva. Matteo gruñía y temblaba con su cuerpo tenso como una cuerda de violín mientras seguía empujando su gran pene en mi boca. Me soltó de repente y sacó su polla goteante de mi boca, un espeso filamento de esperma y saliva quedó colgando de mi boca hasta la punta de su pene, rápidamente tragué y lamí su pene para no perder nada de esa delicia. Mi cuerpo estaba sudoroso y entonces lo miré con mis ojos lagrimeando, tratando de enfocar su borrosa figura. Había restos de semen en mi barbilla y en mis pechos. No podía creer la enorme cantidad de semen que había salido de sus bolas que pendían bajó su gruesa polla todavía semi erecta.
Matteo me miró, todavía había lujuria y deseos en su mirada. Su polla no cesaba de palpitar y balancearse en el aire en forma desafiante; parecía querer más. Limpié un poco mi boca y espalmé el semen en mis senos por todo mi cuerpo. Él quería más y yo también.
—¡Fóllame hasta cuando estés totalmente vacío, bebé …
Le dije mientras me giraba y me ponía en cuatro, arqueando mi espalda y presentándole mi trasero ansioso.
Matteo se puso detrás de mí y me agarró el culo. Me incliné ligeramente hacia adelante levantando bien mi culo en el aire. Mi hijo paseó su polla entre mis glúteos y la apuntó contra mi coño todavía lleno con el semen de mí marido, su polla se deslizó suavemente en mi panocha resbaladiza. Era mucho más grande que el de Enzo y me quedé casi sin aliento ante la sensación de su pene que llenaba todos los rincones de mi agujero caliente y deslizante.
—¡Carajo! … ¡Bendita polla, bebé! …
Me agarró firmemente por las caderas y comenzó a follarme por detrás. Sentí tan natural su gran pene en mi vagina, así cerquita de mi cuello uterino, listo para lanzar su ejército de nadadores hacia mis trompas de Falopio en busca de fecundar mí óvulo. Él era el único a penetrarme en esta angulación y llegar tan profundo dentro de mí. Sus bolas llenas de su semilla se estrellaban acompasadamente en mis muslos, tuve otro orgasmo. Casi toqué con mis mejillas las frías baldosas del baño y me estremecí gimiendo mientras Matteo seguía embistiéndome con su dura polla. Me folló todo el rato que duró mi clímax, no me dejó escapar de su agarré. Mi hijo me follaba como si fuera mi dueño. Nuestros cuerpos se estrellaban, separándose y juntándose a un ritmo enfebrecido; sentí cada centímetro de su polla moviéndose dentro de mí.
Si no me hubiese tenido firme con sus fuertes brazos, me habría deslizado sobre el pavimento embaldosado, me estaba follando muy fuerte. Mi mente estaba perdida en la lujuria de mis orgasmos, no sabía cuando empezaba uno y cuando terminaba otro. Había una ligera película de sudor por todo mi cuerpo y algunas lágrimas escurrían por mi mejilla mezclándose con restos de semen en mi barbilla. Cerré los ojos para concentrarme en esta deliciosa sensación que mi hijo me provocaba, enterrándose en mi a un ritmo implacable. Estaba totalmente entregada a su placer y me gustó ser usada por él.
—¡Úsame, bebé! … ¡Usa a tu madre! … ¡Nunca te diré que no a nada de lo que quieras hacerme! …
Su ritmo se hizo más urgente y respiraba afanosamente, mientras nuestros cuerpos chocaban.
—¡Zaz! … ¡Paff! … ¡Plaff! … ¡Plaff! … ¡Plaff! … ¡Paff! … ¡Paff! … ¡Zaz! …
La polla de Matteo se movía acompasadamente muy profundo en mi panocha, su cuerpo se tensó y comenzó a temblar:
—¡Carajo, mami! … ¡Me estoy corriendo! … ¡Ahhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhh! … ¡Umpf! …
Cerré los ojos sintiendo las espasmódicas convulsiones en mi bajo vientre, apreté los músculos de mi vagina para ordeñar su semen y me corrí junto a él.
—¡Ummmmm! … ¡Ayyyyy! … ¡Hmmmmm! … ¡Qué rico! … ¡Ummmmm! … ¡Dámelo todo, bebé! … ¡Lo quiero todo! … ¡Hmmmmm! … ¡Ssiii, ssiii, más! … ¡Lléname toda con tu rico semen! …
Cerré los ojos tratando de dominar mi cuerpo que se movía descontroladamente empalado en la polla palpitante de Matteo. Grité y chillé sin poder dejar de temblar, incluso mi coño tiritaba tratando de aprisionar al infinito el delicioso pene de mi hijo. Él bombeaba sin descanso e imaginé que yo era su calcetín, el recipiente de su esperma candente que venía llenado de semen tibio y denso. Yo era la ordeñadora de su pija, yo era su amante y también era su madre y estaba dispuesta a todo por tenerlo feliz y supiera cuanto era amado, todo el semen de sus bolas debía ser solo para mí.
Terminé acostada sobre las baldosas boca abajo con mi hijo encima de mí que todavía bombeaba lentamente su semen dentro de mi atiborrado coño, el frío de las baldosas sobre mi vientre y mis senos me trajo a la realidad. Él salió de mí y sentí su líquido chorrear de mi conchita al frio suelo. Aplastó su pene en el surco de mi trasero.
—Sí, bebé … Deja salir todo lo que queda … Espárcelo sobre mis nalgas …
Susurré extasiada, sentí la tibia humedad de algunas gotas sobre mis glúteos y también en la parte baja de mi espalda, luego empujó su pene en medios a mis cachetes y restregó todo el resto de su semen en mi estrecho surco anal, pasando una y otra vez por sobre el estrecho agujero de mi apretado ano. Se quedó quieto presionando mi ojete y respiró, yo respiré con él mientras nos relajábamos.
*****
Me desperté de madrugada y me levanté a orinar. Enzo dormía profundamente, había tomado una pastilla para dormir, quería estar seguro de dormir y descansar bien, así sus baterías se recargarían completamente, me dijo. No quise volver a la cama para no perturbar el sueño de Enzo. Salí a la sala de estar donde dormía Matteo tan profundo como su padre. ¡Hombres! Pensé. Me fui a la cocina a prepararme una taza de reconfortante café. Miré por la ventana y vi los primeros albores del día, se presagiaba un lindo día, sonreí pensando en disfrutar la piscina. Ya estábamos en los últimos días de nuestras vacaciones, pero no quería pensar sobre eso.
Me quedé al lado de la cafetera sintiendo el aroma del café mientras percolaba por el filtro y pensé en lo que haríamos durante el día. Enzo me dijo que quería ir a recorrer los alrededores. Él era un poco más emprendedor en ese sentido. A mi me gustaba el resort, la piscina y las bebidas. Pero pensé que quizás hoy debía hacer algunas concesiones a mi hombre e ir donde él quiera que vayamos. Volví a la sala de estar con mi café humeante. Ahí estaba mi dulce bebé dormido abrazado a la almohada.
Bebí un sorbo de café mientras me acercaba a su cama. Olí el café y sentí que faltaba la crema de mi bebito. No quería despertarlo, así que decidí beber mi café sin el precioso regalo de mi hijo. Crucé las piernas y fruncí el ceño, me pareció que él se movió. Tal vez él está despierto, pensé. Mí conchita me instó a moverme más cerca de él. Lucía tan bello y tierno abrazado a la almohada. Esa ternura me hizo sentir un poco cachonda y supe que lo estaba deseando. Sentí la urgencia de un orgasmo. Pensé en respetar su sueño e ir con uno de mis juguetes, sonreí al pensar que en estas vacaciones casi no había tenido necesidad de usar mis artilugios sexuales. Es curioso cuantos orgasmos me había hecho tener mi bebé.
Matteo se giró y se estiró histriónicamente. Me pregunté si podía oler el aroma del café. Dentro de mí quería que él se despertara. Pero yo no soy así. Debo respetar el sueño de mi hijo, él necesita dormir; es cierto que a veces despertaba a Enzo para tener sexo, pero no haría eso ahora. Mi bebé necesita descansar más que cualquiera de nosotros, su cuerpo hermoso todavía está desarrollándose. Debo preocuparme por él, para eso soy su madre.
—Buenos días, mamá …
Dijo mi hijo con esa voz sexy y linda que tiene él. Se había girado boca arriba, la sábana estaba a la altura de la cintura y me sonreía.
—Buenos días, niño hermoso … ¿Acaso te desperté? …
—No … Bueno … Tal vez sí …
Dijo empujando la sábana hacia los pies y mostrándome su gran verga dura y parada, una hermosa erección matutina tenía mi bebé. Este niño es un verdadero milagro, pensé.
—¿Me dices que yo soy culpable de eso? …
—Siempre lo eres, mamá …
—Bueno … Entonces trae esa cosa aquí, mi café está desabrido totalmente …
Se acercó a mí y miró la puerta del dormitorio para asegurarse de que estaba cerrada.
—No te preocupes por tu papá … Tomó una pastilla para dormir y no lo veremos hasta antes de las ocho … Ahora ven y dame lo que me tienes que dar …
Me sonrió, bajó la parte delantera de sus boxers y me mostro su tremenda polla. Estaba completamente duro. A este punto estaba muy familiarizada con la polla de Matteo, pero pienso que jamás me cansaré de admirar toda su belleza.
—Haz que mami comience bien el día y dame tu primera carga del día en mi taza, por favor …
—Pero tienes que ayudarme …
—No …
—Quiero verte … Hasta ahora nunca te he visto como lo haces … ¡Vamos! … ¡Hazlo para mami! …
Frunció un poco el ceño.
—¡Vamos pequeño quejón! … Tal vez en una segunda ronda pensaremos en algo divertido … Algo que no hemos hecho nunca … Pero ahora mismo necesito mejorar el sabor de mi café …
—Está bien, mamá …
Dijo Matteo y empezó a jalar su gran polla delante de mí. Puse mi taza a la orilla de la mesita de noche y me dispuse a observar todos sus movimientos. No hay nada más hermoso que ver al propio hijo que se masturba. Estaba magreando su pene bastante rápido y noté que este se ponía más duro.
—Muy lindo, cariño … Sigue así, jala esa polla para mami …
Le dije maternalmente mojando mis labios con mi lengua y luego mordiendo mi labio inferior, estaba hipnotizada por su polla y por la velocidad que había alcanzado su mano. Matteo siguió adelante, separó ligeramente sus piernas y se inclinó más hacia mí. Yo sabía que él quería que lo tocara, acariciara, que lo besara o que lo chupara. Me eché un poco hacia atrás, crucé mis piernas y seguí observándolo atentamente.
—Tienes una polla muy grande, mí bebito hermoso … Estoy orgullosa de ti …
Respiraba muy rápido y podía ver su brazo flexionándose mientras apretaba su pene y lo acariciaba a una velocidad demencial.
—¿Eso se siente bien, querido? …
—Sí, mamá …
Dijo recorriendo todo mi cuerpo con sus ojos achinados. No llevaba nada sexy encima en ese momento, pero él todavía me miraba con deseos y lujuria. Eso hizo derretir mi corazón y mi coño.
—Sigue adelante, amorcito … Acaricia esa gran polla para mami … Necesito tu crema para mí café … Recuerda que siempre quiero eso en mi café …
—Eres una pervertida, ¿sabes? …
—¡Pfffiiiuuu! … Ni siquiera sabes la mitad de las cosas que soy capaz de hacer … Tienes que saber solo que necesito tu maldito semen … Lo quiero todo el tiempo … Así que bombea esa polla en la taza de mi café …
Descrucé mis piernas teatralmente para que pudiera ver fugazmente mis bragas negras y luego volví a cruzarlas. Pude ver que se había emocionado un poco más y que ya comenzaban a aparecer las primeras gotitas de su pre-semen en la punta de su glande. Me miró a los ojos mientras jalaba su pija. Tenía la boca lascivamente abierta y sabía que estaba trabajando duro para darme lo que le pedía. Veía que él quería complacerme, quería que mirara y quería mí aprobación.
—Te amo, mamá … Te amo muchísimo …
Dijo jadeando.
—Lo sé … Pero demuéstramelo corriéndote en mi taza de café … Dale duro a esa polla gorda para mami … Necesito que lo hagas …
Arqueé mi espalda y abrí mis piernas ampliamente para que observara el tajo de mi panocha bajo mis calzones negros.
—¡Ahhh! … ¡Ahhh! … ¡Mami! … ¡Me corro, mamá! … ¡Me corro para ti, mamá! …
Gritó y gimió, mientras al mismo tiempo un grueso borbotón de semen cayó, parte en mi taza y parte por el borde de la taza.
—Muy bien, niño hermoso … Demuéstrame tu cariño … Quiero más … Dame más …
Se tambaleó un poco y dos chorros más cayeron en mi taza haciendo salpicar el café sobre la mesita. Apuntó hacia abajo y disparó los siguientes directamente en mi taza.
—Sí, cariño … Dame toda esa crema para el café … Lo necesito todo … Que sea más semen que café … Todo, tesoro, todo …
—¡Rayos! …
Exclamó a baja voz mientras estrujaba su polla encima de mi taza de café. Luego se dejó caer sobre su cama, cerró los ojos, respiró profundamente y soltó su polla todavía bastante dura y enrojecida por lo fuerte que la jalaba para mí.
Sonreí al verlo exhausto. Ese era mi dulce bebé. Sentí su amor por mí. Su devoción y su deseo. Me levanté y fui a la cocina en busca de una cucharita. Regresé y me senté en el sofá; tomé mi taza de café y lamí el costado donde escurría un poco de semen, no iba a dejar que se perdiera nada de la deliciosa esperma de mi hijo. Luego revolví la taza lentamente, él me miraba cuando me llevé la taza a los labios y di un buen sorbo de café.
—¡Hmmm, bebé! … Esta si que es una delicia … Gracias, cariño … No sé que voy a hacer sin ti …
Le dije mientras miraba el bulto de su pene todavía duro.
—¿Deveras que quieres mi semen todo el tiempo? …
—Sí … Y nunca olvides eso, ¿vale? …
Se me quedó mirando mientras pasaba una mano sobre su polla y movía su cabeza en sentido afirmativo.
*****
Enzo se levantó antes de lo esperado, pero parecía que las pastillas habían funcionado. Estaba más alegre y relajado. Optamos por quedarnos nuevamente en el resort durante todo el día, en modo que él pudiera seguir relajándose. Inmediatamente estuve de acuerdo con él, sabía que él siempre estaba sujeto a tremendas presiones en su trabajo y era importante que él pudiera descansar lo mejor posible. Llamé a la recepción para ver si era posible que nos quedáramos un par de días más, pero el hotel estaba copado con reservas y no fue posible. Como esposa quería ver a mi marido lo más relajado posible.
Fuimos a desayunar a la terraza y Lorena llamó a Matteo. Él le contestó y se separó de nosotros para hablar a solas con ella. Nosotros tomamos una mesa y nos sentamos.
—Te veo un poco más descansado …
Le dije a Enzo y él me contestó:
—Sí … No sabía cuán cansado estaba … Creo que entre los viajes en aéreo, las tensiones del trabajo y la falta de verdadero descanso me dejaron exhausto … Creo que me estoy haciendo viejo …
Lo miré y vi algunos cabellos grises en su cabellera.
—Viejo, no … Distinguido, sí …
Dije poniendo mi mano sobre su brazo.
—Gracias, querida … Eres siempre tan especial …
Miró hacia todas partes en busca de Matteo, creo, luego se hizo un poco más hacia mí y me dijo.
—Sabes, Alessia … Quería preguntarte sobre Matteo … ¿Cómo está él? … Quiero decir … Todo ese asunto de esperar hasta que regresemos …
Me pilló un poco de sorpresa. La verdad es que todo este tiempo había estado concentrada en lo que pasaba entre Matteo y yo. No nos habíamos detenido a hablar de Lorena.
—La verdad es que no estoy segura … Habla siempre con ella por celular … Pero luego ni la menciona …
Enzo movió la cabeza reflexionando.
—Realmente estaba escéptico de que él se aguantara dos semanas … Y más aún que se quitara todas esas cosas de la cabeza … Pero verdaderamente lo he visto menos agobiado … Porque cuando tienes esa edad estás constantemente cachondo y no se piensa nada más que en eso … Sobre todo cuando tienes una hermosa chica esperándote …
Tomó mi mano y me preguntó:
—¡Recuerdas cuándo teníamos esa edad? …
Apreté su mano y me reí.
—¡Oh, sí! … ¡Por supuesto que sí! … Creo que tuvimos suerte de encontrarnos tu y yo …
El camarero trajo lo que habíamos ordenado y charlamos mientras comíamos. Unos minutos después, Matteo se reunió con nosotros.
—Entonces, ¿Cómo va todo con esa bella damita que te está esperando? … —Preguntó mí esposo.
—Ella dice que me extraña muchísimo … —Contestó Matteo.
—¡Oh, pobre niña! … ¡Dos semanas sin mi Matteo es mucho tiempo! … —Añadí un poco sarcástica.
Me hizo una mueca divertida y todos nos reímos.
—¿Y cuáles son los planes para hoy? … —Quiso saber Matteo.
—Bueno … Yo he descansado un poco menos que ustedes … Así que estaría dispuesto a pasar el día emborrachándome cerca de la piscina sin hacer nada …
Dijo mi marido entusiasta con su plan. Lo miré con afecto y le dije:
—He estado pensando mucho en ti, querido … Te vi durmiendo esta mañana y se me vino a la cabeza de que deberías aprovechar los beneficios de las instalaciones del resort y tener un día de salud y relajación en el Spa … Ya sabes, el Spa y la sauna más un masaje descontracturante, te dejara como nuevo para emprender otro año de tediosas actividades …
Enzo me miró y su rostro se iluminó, me di cuenta de que la idea le atraía. Pero dudaba y dijo:
—Bueno … ¿Y que pasa con ustedes? … No parece justo que a mi me mimen por algunas horas y ustedes nada, ¿eh? …
Eso era típico de Enzo. Siempre dispuesto a sacrificarse por nosotros y no aceptar algo que era bueno para él, ni siquiera si era un regalo, agregó:
—Preferiría pasar ese rato en familia …
—Cariño … Todos queremos estar juntos en familia … Pero yo quiero que mi hombre este completamente relajado y recupere todas sus energías … Para eso estamos aquí, ¿no? … Haces mucho por nosotros y permítenos hacer esto por ti … Lo disfrutarás … Por favor …
Le dije para convencerlo, entonces intervino Matteo.
—Sí, papá … Te lo mereces … Suspendiste tus vacaciones porque el idiota de tu jefe no estaba a la altura de cerrar el contrato sin ti … Creo que mereces un día que te mimen … Te echaremos de menos, pero sobreviviremos para verte feliz, descansado y relajado … Así que vete a pasar unas horas de relajación recargándote y mimándote …
—Cuanto más tiempo estemos aquí a discutir sobre ello, menos tiempo tendrás para que te mimen como te lo mereces …
Dije con una sonrisa franca y alegre. Él me miró primero a mí y luego miró a Matteo. Se rio en forma nerviosa y se le escaparon algunas lagrimas de sus ojos. Esto era todo causa del estrés acumulado, pensé. Levanto las manos y dijo.
—Está bien … Está bien … Alessia, eres increíble … ¿Quién puede decirte que no? …
—Nunca nadie … Por eso es por lo que me amas, ¿no? …
Él se rio y me abrazó, entonces Matteo le dijo:
—¿Sabes lo que dicen, papá? … Detrás de cada hombre que usa pantalones en la familia, es la mujer la que elije que pantalones él tiene que usar …
Todos nos reímos y me sentí más aliviada al ver a mi marido aceptar que lo mimaran. Él realmente se lo merecía. Dejé la mesa y fui directamente al vestíbulo para reservar el día para Enzo. Había una opción de medio día y día completo. Aunque era un poco caro, decidí por el día completo. ¿Qué sentido tenía tener dinero y no poder gastarlo? Hice la reserva de diez a seis de la tarde, firmé los formularios, luego fui al bar a comprar un daiquirí, después regresé a nuestra habitación.
Enzo y Matteo ya estaban allí. Comencé a preparar algunas cosas para que mi esposo se fuera al Spa, él se dirigió a nuestro hijo:
—Matteo, ¿Puedes cuidar de tu madre hoy? …
—¡Ay, Enzo! … No voy a necesitar ninguna protección … yo …
—Sé que no, Alessia … Estoy seguro de que podrías patear el trasero a cualquier tipo que te moleste … Pero no lo digo por ti, lo hago por mí … Si voy a estar relajado todo el día, necesito estar sin preocuparme de nada … ¿Cuidarás de tú madre, Matteo? … ¿De acuerdo? …
—Sí, papá … Yo estaré con ella …
Dijo Matteo, Enzo me miró a los ojos y me dijo:
—Alessia, eres nuestro tesoro … Nunca dejaré de preocuparme por ti …
Me sentí muy emocionada teniendo a mis dos hombres cuidando de mí. Con ojos llorosos le dije.
—Gracias, querido … Eres mi rey …
Minutos después, Enzo tomó sus cosas y se fue a pasar el día al Spa, dejándonos a Matteo y a mí en nuestra habitación.
*****
Estaba en el baño jugueteando un poco con mi cabello. No podía elegir si dejarlo suelto, amarrarlo en una cola de caballo o amontonarlo en un moño. Quería verme bonita. Llevaba mi bikini negro, era nuevo y me gustaba como alzaba mis pechos y los hacía parecer más grandes y firmes. La parte inferior se ajustaba perfectamente a mi caderas y no se enterraba en mi coño. Me sentí bien, tal vez un poco cachonda.
—¡Malditas hormonas! …
Murmuré mientras me miraba al espejo. Me pregunté si había hecho bien a colocarme este bikini que a todas luces decía a grandes voces ¡Fóllame! Sobre todo los lazos laterales de la parte inferior que se anudaban para no hacerlo caer, que resultaba fácilmente tirarlos para dejarme desnuda, además, la parte trasera era una cola de ballena con un hilo que venía oculto por mi nalgas. Me sentí realmente bonita.
—¡Carajo, mami! …
Exclamó Matteo desde la puerta sorprendiéndome un poco.
—¿Qué pasa Matteo? … —Pregunté interesada.
—Te ves tan sexy, mamá … Espera … Gírate un poco …
Suspiré y me giré delante de mi hijo.
—¡Guau! … Ahora sí que harás que todos se volteen a mírate … ¡Mira que esplendido trasero! …
—No me interesa eso, cariño … Hay solo dos hombres en mi vida …
Salí del baño con Matteo pisándome los talones. Frente al tocador se me acercó y me abrazó. Él no llevaba camisa y me rodeó con sus brazos. Por un momento me sobresalté, pero súbito me pasó. Estaba segura en sus fuertes brazos que me retenían estrecha a él. Ya me sentí caliente. Me acurruqué en sus brazos, presionando mis senos contra él. Mi cuerpo comenzó a hormiguear y sentí que mis pezones se endurecían presionados contra el macizo pecho de mi hijo. Escondí mi rostro en el cuello de Matteo para no dejar ver mi lujuria.
Sus dedos recorrieron mi espalda hasta mi trasero casi desnudo, luego volvieron a subir. Toques suaves y gentiles que me hicieron juntar mis muslos sintiendo mi panocha en ebullición. Me besó dulcemente la mejilla y me dijo:
—Dime lo que necesitas, mamá …
Sentí su poderosa erección presionando mi bikini a la altura de los lazos. Mis emociones me hicieron apretujarme a él. Sentí el latido de mi corazón en mis sienes y mis manos temblaban mientras recorría su fuerte espalda.
—Es a ti a quien necesito … Necesito a mi hijo … Te necesito, Matteo …
Él besó mi cuello dándome pequeños mordiscos cerca de mi lóbulo. Luego mordisqueó mi oreja chupando ligeramente mi lóbulo, sintiendo su jadeo en mi oído hizo que mi coño hormigueara en modo alucinante. Sus manos se deslizaban hacia arriba y hacia abajo por mi espalda. Lo sentí jugueteando con la partes de atrás, los lazos de mi bikini y se me escapó una sonrisa ante sus manos inexpertas. Mi dulce niño.
—¡Desátalos, cariño! … ¡Primero del cuello! …
Le susurré. Sus manos subieron y un poco torpemente desató los tirantes de la partes superior de mi bikini. Di un paso atrás y mis tetas fueron liberadas cuando él deshizo el nudo en mi espalda. Matteo contempló mis senos en adoración y dijo.
—Eres mejor que cualquier foto que haya visto jamás …
Dijo con sus ojos fijos en mis pezones pétreos y turgentes. Le sonreí.
—Eres un encanto, tesoro …
Dije mirando la protuberancia creciente en sus pantalones cortos y me arrodillé deseando con corazón y alma ver lo que había allí abajo. Mis dedos se enredaron en la pretina de sus shorts y los bajé lentamente. La gran polla de Matteo surgió gallarda frente a mí y ya rezumaba una gotita nacarada de líquido preseminal. Matteo se agitó:
—Pero, mami … No tienes que hacerlo … Déjame hacerlo yo a ti …
—No cariño …
Le dije agarrando suavemente su polla y manteniéndola a centímetros de mi cara, añadí:
—Tengo que hacerlo … Soy tu madre y complacer tu gran polla es algo que necesito hacer …
Lamí la gotita que amenazaba con caer con una lamida larga y lenta. Me encanta chuparlo, besarlo y lamerlo, chupé esa pequeña recompensa y luego agregué:
—Algunas mujeres necesitamos dar más que recibir … Yo necesito dar …
Lo chupé por un momento apasionadamente y luego dije.
—Necesito cuidar la polla de mi hijo, cariño … Eres parte de mi …
Lo dije probando una fuerte emoción maternal. Me acomodé en mis talones y envolví su cabezota hinchada con mi lengua, luego froté su polla en mis tetas, azotando mi pezón que se puso aún mas duro, casi tan duro como su polla.
—Sí quieres hacer algo por mí, tesoro … Dame todo tu semen … En todas las formas que puedas … Lo quiero todo … Lo necesito todo …
Metí su polla entre mis tetas y lo masturbé con ellas.
—Sí, mamá …
Dijo mientras movía sus caderas frotando su gran pene entre mis caldeados pechos. Tomé su polla en mi mano y froté mi seno izquierdo, luego el derecho siempre mirando los ojos de mi dulce niño.
—¿Mamá? … —Preguntó.
—Sí, cariño … —Respondí mientras me llevaba su polla de nuevo a mi boca.
—¿Podemos quedarnos en la habitación todo el día? …
—Es una gran idea, cariño … Sí … No vayamos a ninguna parte …
Lo llevé de nuevo a mí boca y simplemente me deleité a chupar la punta de su polla, no moví mi cabeza ni lo masturbé con la boca. Sólo chupé la punta y mantuve mis ojos en los suyos. Pasó sus dedos por mis cabellos y se apoyó en el tocador. Me sentí totalmente conectada a él en ese momento, como si su polla fuera otra extensión de mi propio cuerpo. Mi hijo se había convertido en mi amante, yo su madre y adoradora de su gran verga. Agarré su pene con ambas manos mientras chupaba y comencé a masturbarlo rápidamente, la punta de su pija nunca abandono mi boca. Lo miré con la mirada de “aliméntame” y lo acaricié velozmente flexionando mis brazos y mis tetas bamboleándose acompasadamente.
—¡Carajo! …
Exclamó entre gemidos ante la intensidad de mis movimientos. Sus ojos seguían fijos en los míos.
—Esto se siente tan bien … ¡Cielo santo” … Más que bien … —Comentó.
Succioné un poco más profundo, cerrando firmemente mis labios alrededor de su polla, mis mejillas se hundieron. El movimiento de mis manos se hizo corto y enérgico, ahuecando de tanto en tanto sus bolas para estimularlas a producir semen a toda potencia.
—¡Rayos! …
Expresó retrocediendo un poco y meciendo sus caderas rítmicamente, haciendo balancear su pene hacia adelante y hacia atrás en mi boca que no cesaba de chuparlo y acariciarlo. Sus ojos estaban encendidos en pura lujuria y eso me instó a intensificar aún más mis movimientos. Lo miraba con ojos famélicos y sedientos de su manjar. Lo chupe enardecidamente; mi cuerpo estaba en llamas; algunas gotas de tibia saliva escapaban de mi boca y bañaban mis senos. Necesitaba la crema densa de mi hijo y la necesitaba ahora ya. Con mi lengua hice círculos en su luciente cabezota y horadé el diminuto orificio de su glande en busca del néctar que debía salir de un momento a otro. Su pene se hizo más duro y palpitante, era como un carbón que quemaba mi boca, succioné para tirar fuera su lechita. El cuerpo de Matteo se tensó y se estremeció. Me preparé para recibir la avalancha desbordada de su ambrosía, lo escuché chillar entre dientes.
—¡Oh, Dios! … ¡Mamá! … ¡Santo cielo! … ¡Hmmmmm! … ¡Me voy a correr! … ¡Ahhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Mami me corro! … ¡Uhhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Involuntariamente mis caderas comenzaron a mecerse al ritmo de él, pareciera que mi cuerpo entero quisiera follar su gran pene. Mi coño estaba terriblemente caliente y empapado. Casi no sentía los brazos que se movían vertiginosamente masturbando su polla. La mirada de agonía de mi hijo me hizo comprender que la explosión era inminente. Puse mis manos en sus glúteos y engullí su entero pene hasta que tocó y penetró el fondo de mi garganta; con intensas pulsaciones en su verga hinchada, comenzó a disparar tórridos borbotones de pegajoso y denso semen directamente en la profundidad de mi boca.
Su polla explotó como un volcán en erupción. Una exquisita sustancia tibia y lujuriante llenó mi boca. Tragué, tragué y tragué para seguir nutriéndome de esta golosina deliciosa que mi hijo me regalaba. Cambié mi agarre para que mis manos pudieran ejercer más presión sobre el pene de Matteo y lo estrujé hacia arriba para hacer salir las últimas gotitas de su pene que aún pulsaba en mi boca. Todavía salían débiles chorritos que aproveché de lamer, chupar y tragar. Algo de esa exquisitez embadurnó mis dedos, así que también los lamí.
—¡Ay, mamá! … ¡Ayyyy! … ¡Mmmm! … ¡Mami! … ¡Ayyyy! ...
Matteo gimió. Sabía que su pene quedaba muy sensible después de cada eyaculación, pero necesitaba drenarlo completamente. Finalmente todo terminó. Con mucha ternura me aparté de él y dejé que su polla semi dura resbalase fuera de mi boca. Todavía, había trazas de semen y saliva en su prepucio, así que delicadamente lengüeteé todo eso. Matteo todavía respiraba con afano y me miraba con sus ojos llenos de amor.
—Te amo, mamá …
*****
Decir que Matteo y yo tuvimos sexo durante todo el día sería demasiado ambiguo. No sé cual era la causa; tal vez mi estado emocional vulnerable, mis malditas hormonas, mi loca adicción al semen de Matteo, falta de lucidez mental o quizás un poco de todo eso. Sentí como si las compuertas y diques físicos y emocionales hubieran sido rebasados por la lascivia y lujuria. No había ninguna metáfora o adjetivo correcto para definir como me sentía. Mis deseos lascivos y crudos eran insaciables y literalmente me abrumaron. Si yo era una fuerza desatada de la naturaleza, mi hijo estaba a la altura para contener mi impetuosa sexualidad. Ese día vi en él una mezcla de amor, ternura, lujuria, deseos y una inigualable energía que parecía nunca acabarse, me follaba todas las veces que él lo deseaba y todas las veces que yo lo quería. Prácticamente no nos dábamos descanso. Cada vez le pedía más y él cumplía con su hombría lujuriosamente tiesa, gorda y dura. Mi insaciable sed de mi hijo mostró mi parte vulnerable, no podía resistirme a nada que él me pidiera. Él percibió esta debilidad en mí e hizo lo que más le pedía, me usó. Parecía que bastaba con que nuestros ojos se encontraran, para que él se pusiera duro y me tomara en cualquier momento y posición en la que me encontrase.
Después de haberle drenado la polla por enésima vez, nuestros momentos se hicieron tiernos y afectuosos. Él me tomaba dulcemente y me hacía emocionar. Pero pronto nuestras manos se dedicaron de lleno a recorrer nuestros cuerpos enfebrecidos, nuestras bocas pusieron en acción nuestras lenguas y nos besamos y lamimos por todas partes. Matteo chupó y lamió mis pechos, yo me senté a horcajadas sobre él y le ofrecí mis tetas meciéndolas de lado a lado, mordisqueó mi pezón izquierdo y luego el derecho. Fue como un momento maternal cuando él chupó mis pezones cuál si fuera un bebé, me lo recordaba tratando de arañar mis senos con sus manitas pequeñitas mientras mamaba la leche directamente de mis senos llenos de leche para él, Matteo todavía tenía cara de niño y sus ojos eran similares a los de su tierna edad de bebé. Un momento profundamente íntimo sosteniendo mi pecho con firmeza contra los labios de mi hijo. Ser amante o ser madre ya no era distinguible, no había límites entre él y yo, éramos sólo dos seres humanos compartiendo un momento de sexo y afecto. Él no era ya mi bebé, su gran polla empujó contra mi piel y me trajo de vuelta a la realidad, sin embargo, sentir sus suaves labios succionando de mi teta me trajo dulces momentos.
Desaté los lazos laterales de mi bikini mientras montaba sus muslos, los tiré desde atrás y me quité ese pequeño trozo de tela. Matteo encontró mi agujero un segundo después y comencé a rebotar sobre su polla sintiéndola que me empalaba profundamente. Continuó a chupar mis pechos y a jugar con ellos, luego agarró mi culo y me dirigió sobre su polla mientras lo montaba, haciendo que la entera longitud de su polla se adentrase en mi agujero caliente y resbaloso. Nos besamos y nos tocamos. Compartimos nuestros labios apasionadamente, él me atrapó con fuerza y yo percibí sus tempranas convulsiones, inmediatamente le eché los brazos al cuello y apreté mis tetas duras contra sus macizos pectorales, entonces él comenzó a llenar mi panocha con su esperma hirviente.
Me quedé encima de él casi inmóvil, sólo mi culo y caderas se movían mientras ordeñaba su polla con mis músculos vaginales. Estábamos simplemente abrazados escuchando nuestros gemidos y jadeos. Su polla caliente seguía desbordando mi coño de semen y yo continué besando su cuello, los hombros y sus labios para agradecerle por regalarme tanta felicidad con su crema lechosa.
Matteo me puso de espalda y casi inmediatamente comenzó a follarme otra vez, su polla pronto tomó consistencia y se puso dura como palo. Lo rodeé con ambas piernas y puse mis talones en su culo rogándole que me follara más fuerte, él agarró mis piernas y se las llevó sobre sus hombros, tomó mis muslos y comenzó a tirarme violentamente contra su polla, mi culo y caderas se levantaron de la cama y parecía estar empalada en su gran polla dura, casi me hacía volar sobre las sábanas con sus potentes embestidas. Pasábamos de tiernos momentos a furiosos ataques de embestidas de lujuria pura y dura. A momentos me besaba y acariciaba con ternura, en otros levantaba mis piernas hasta casi ponerlas al lado de mi cabeza y levantaba mi coño para enterrar su polla con inaudita fuerza y lujuria. Me sentí tan bien al ser follada de ese modo. No se cuantas veces me hizo acabar. Mis manos se crispaban, los deditos de mis pies se encorvaban, se cerraban y se abrían; mi cuerpo convulsionaba en espasmódicas oleadas de tembloroso placer y yo chillaba pidiéndole que no se detuviera jamás.
Hubo uno o dos momentos en que sentí su semen desparramarse en mi panocha, pero él no se detenía, solo se tomaba un minuto o dos e iniciaba una nueva feroz carga contra mi panocha usada y abusada, tal como yo quería, jamás nadie me dio tanto placer, creí que me iba a volver loca. Ahora jadeaba afanosamente y mi cuerpo y su cuerpo estaban sudados, habíamos mojados las sábanas con sudor, saliva, fluidos de mi coño y el semen de él y él seguía bombeando sin descanso. Una vez más me apretó contra él, mi pelvis estaba dolorida de tantos golpes, pero la polla que llenaba mi conchita era como un bálsamo que todo hacía soportable. Yo ya sabía que eso significaba que él se acercaba a otro delicioso orgasmo. Abrí bien mis piernas, pase mis brazos por debajo de sus brazos y aprisione su torso por sus hombros, enseguida mi pelvis comenzó a moverse alocadamente, mis caderas se mecieron contra su polla. No lo iba a soltar, apreté mis músculos de la vagina y rodeé su polla con mis pliegues calientes, su polla no se movía ni un centímetro hacia afuera, todo hacia adentro. Mordí su hombro y enterré mis uñas en su espalda cuando me roció con su caliente semen e hizo que mi cuerpo entero se estremeciera en un orgasmo frenético y arrebatador. Nos corrimos juntos, me corrí junto a mi hijo.
Se dejó caer a mi lado. Necesitábamos un Break. Pedimos algo de comida. Matteo estaba sudoroso y pensé que lo había acabado. Llegó el servicio a la habitación con un carrito de comida, logré ponerme una bata y corrí a abrir la puerta. Matteo se fue a la ducha. Comencé a dar pasitos cortitos sintiendo los filamentos de semen que escurrían por mis piernas. Tenía tanto semen dentro de mí, que dejé manchas sobre la alfombra antes de llegar a la puerta. Nunca me había sentido tan feliz, tan manoseada, tan bien follada y usada como me gusta a mí. Me sentía física y mentalmente satisfecha.
Le pedí al camarero que nos dejara el carrito y que le llamaría para volver a retirarlo, no puso ninguna objeción, le di una buena propina y lo acompañé a la puerta. Cuando Matteo salió de la ducha, entró a la habitación completamente desnudo y con su pene furiosamente duro. No podía creerlo. Inmediatamente empezó a comer algo de la comida, pero no llegó muy lejos, yo no podía apartar la mirada de esa polla brillosa, levantada dura entremedio de sus piernas. Matteo me miró, yo me levanté y dejé caer la bata diciéndole:
—Úsame, por favor …
Matteo se acercó a la cama e hizo exactamente eso. Me hizo arrodillarme y luego forzó su polla en mi boca comenzando a follarla como un poseído. No fue para nada amable. Lo miré extasiada mientras empujaba su dura erección en mi boca agarrando mis cabellos con sus puños cerrados. Se detenía sólo para permitirme de respirar y yo aprovechaba cada espacio para pedirle que no se detuviera y continuara a abusar de mi boca. Obviamente me sentí en el paraíso siendo tratada como un calcetín donde depositar una jugosa y caliente eyaculación. No lo estaba chupando, era él que empujaba su polla una y otra vez en lo más profundo de mi garganta. Para esto quería ser bonita, maquillarme y ponerme ropa sexy, quería recibir la descarga del semen de mi hijo. Quería ser una cosa, ser degradada y utilizada, sin embargo, sabía que tenía todo el amor de mi hijo. Él me amaba así porque yo se lo pedía. Él me amaba así porque yo lo necesitaba. Hay veces en que una mujer necesita que su hombre la trate como a una puta y le folle la boca porque él lo necesita.
De alguna manera terminé boca arriba y Matteo montado a horcajadas sobre mi cara, todavía follándome desesperadamente. Con una mano aferraba mi nuca mientras mis dos manos estaban empujando su culo para que me metiera su polla hasta el fondo de mi garganta. Casi me hizo atosigar al disparar su primera andanada de semen en mi tráquea, reaccioné velozmente y comencé a tragar, pero él sacó su pene repentinamente de mi boca, comenzando a rociar su polla por toda mi cara. Sujeto mis cabellos con una mano y con la otra sacudió su polla, vaciando toda su descarga en mi rostro y mis cabellos; sentí la tibieza de su esperma cubriendo toda mi cara mientras él lanzaba gemidos y gruñidos, junto a breves palabras con su entrecortada respiración:
—¡Sí! … ¡Joder! … ¡Mamá! … ¡Urgh! … ¡Mierda! … ¡Qué rico! … ¡Umpf! … ¡Ummmm! …
Eso me hizo sentir más cercana a él, había llamado a su mamá y eso me llenaba de orgullo, hubiera querido mirar sus ojos, pero mis parpados estaban cerrados por una densa capa de semen. Cualquiera podría pensar que esto era un desastre, pero para mi era simplemente el amor que mi hijo me demostraba. Me daba un regalo desde dentro de todo su ser. Cuando terminó de vaciar sus bolas en mi piel, acercó su pene goteante a mis labios y me dijo:
—¡Adoro tu boca, mamá! … ¡Chúpame, por favor! … ¡Chúpala toda! …
Entonces acostada boca arriba y llena de semen por toda mi cara y cabellos, chupé su polla blandengue mientras él empujaba su debilitado pene en mi boca. Rodeé su cintura con mis brazos y lo sostuve en posición para lamer bien su pene. Matteo se balanceó delicadamente moviendo su polla dentro de mi boca. Aunque si tenía mis ojos cerrados y cubiertos de semen, podía imaginar su dulce carita mirándome con adoración mientras yo limpiaba su pene totalmente. Sabía que él necesitaba que yo hiciera esto por él. Nadie más que su madre podía atenderlo de este modo.
Continuamos así por un buen rato. El tiempo no era un factor que nos preocupara. Lo único importante era que podía sentir la polla pulsante de mi hijo en mi boca. Sus manos en mis cabellos, su voz y su respiración afanosa, podía sentir todo de él. Chupé su polla y use mi lengua para masajearla y estimularla, tuve la impresión de que volvía a ponerse dura. El fantástico instrumento amatorio de mi hijo era infatigable y su semen inacabable.
Se bajó de mí y me hiso rodar suavemente. Sus manos se apoderaron de mi trasero y su boca se acercó a mis posaderas. Me puse en cuatro mientras el besaba la parte baja de mí espalda y mis nalgas, sus manos me agarraban y masajeaban mi colita. Separé un poco mis rodillas y arqueé mi espalda para levantar mi culo hacia arriba, luego aferré las sábanas para mantenerme firme en esa posición. Podía sentir lo que parecía un hilito de semen que escurría desde mi coño a lo largo de mis piernas, se filtraba lentamente sobre mi piel humedeciendo mis muslos, dejándolos pegajosos e imaginé que goteaba sobre las sábanas. Puse mis manos en mis nalgas y abrí mi culo para él, me sentí completamente expuesta y entregada a su voluntad. No había nada que ocultar a sus ojos. Mí agujero redondo, apretadito y engurruñado estaba atrevidamente expuesto para que hiciera lo que le viniera en ganas. Comenzó a lamer la delicada piel de mis nalgas, me dio unos tiernos besitos y su lengua exploró el surco entre mis glúteos, aventurándose valientemente a mi estrellita oscura. La lujuria empezó a crecer en mí. Suavemente me mordió mis cachetes y su lengua rozó mi agujerito, entendí que él quería precisamente aquello y empujé mi trasero contra su lengua.
Ensalivó conscientemente mi orificio y luego sus dedos comenzaron a hacer presión, tocando mi estrecho y fruncido culo. Jadeé y temblé cuando él sumó otro dedo hacia el interior de mi ano, lamió los alrededores para agregar lubricación a sus dedos y otro dedo se agregó a los dos anteriores, gemí de placer al sentir el ensanchamiento de mi prieto anillo anal. Comenzó a follarme con sus dedos, añadiendo saliva a mi apretada cavidad en modo de relajar la abertura de mi culo.
Me sentí como una reina, un poco guarrilla, un poco perversa; mi hijo lamía y follaba mi culo con sus dedos. Mi cara todavía estaba bañada con su semen, agarré la funda de una almohada a modo de toalla para limpiarme y secarme. Apreté mis músculos anales para hacerle sentir que me estaba gustando lo que él me hacía. Él me había tocado antes y yo había usado juguetes en mi trasero, pero esto se sentía totalmente diferente. Él me estaba preparando. Él me estaba usando. Él era tierno, pero al mismo tiempo persistente en agrandar esa estrecha rendija. Entendí lo que él quería hacerme, sabía hacia donde iba todo esto y yo lo deseé intensamente. Lo necesitaba desesperadamente, pero al mismo tiempo me atemorizaba el enorme tamaño de la polla de Matteo, más grande que cualquier cosa que haya usado en mi trasero.
Me incliné hacia adelante, mi culo estaba frente a él y yo al centro de la cama. Matteo se dio un festín con ello. Me besó, me lamió y me tocó lentamente. Empecé a temblar en anticipación.
—Eso se siente tan bien, cariño …
Dije jadeando mientras él metía y sacaba sus dedos, al mismo tiempo que lamía mi culo.
—Mami … Eres tan hermosa así …
—¿Quieres acaso follar el culo de mami? …
—Sí, mami …
—Pero todavía no, cariño … Nunca he hecho esto antes … Necesito que seas paciente y consigas un poco de lubricante …
—Pero ¿Dónde, mamá? …
(Continuará) …
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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
Enzo nos comento detalles de su viaje de negocios, la mitad de los cuales no escuche ni entendí, pero fingí estar muy interesada. Matteo le prestaba más atención e intercambiaba con el comentarios relativos y circunspectos, parecía muy emocionado y orgulloso de su padre. Bueno, yo también lo estaba. Enzo era un buen esposo y un excelente padre.
Cuando su padre se distraía, Matteo me tocaba la rodilla y los muslos por debajo de la mesa, esto tenía mi coño en ascuas. Nos sentíamos como si estuviéramos coqueteando en la escuela o algo así, me sentí rejuvenecida y lo encontré bastante lindo. Aún cuándo mi preocupación era, ¿en qué momento Enzo se iba a percatar que Matteo parecía un poco más cercano a mí? Traté de soslayar esa preocupación por el momento disfrutando de lo que Matteo hacía sentir a mi acalorado coño. Un tiempo para cada cosa, pensé sonriendo bajo mis gafas oscuras.
Luego de reposar después del almuerzo, bajamos a la piscina principal. Era la más grande del complejo, con una fuente en el medio y un bar en el extremo norte. No había mucha gente a nuestro lado y los que había parecían fanáticos de los que les gusta asolearse lo máximo posible. Enzo y yo miramos a una pareja de ancianos que parecían pasas horneadas. Compartimos una sonrisa y nos prometimos no llegar nunca al punto de parecer un trozo de higo seco.
Matteo se metió al agua junto a Enzo, me quité el pareo y me recosté en la tumbona. Llevaba un elegante sombrero de playa tipo Pamelas de ala ancha y mis gafas oscuras. Me gustaba este atuendo porque me hacía sentir sofisticada y además podía espiar a la gente al cubierto de mis gafas de sol oscuras. Espiar me parece un término un poco insolente; más bien diría observar a la gente en sus diferentes acciones e interacciones.
Me di cuenta de que Enzo estaba mucho más animoso en el día de hoy. Casi siempre sucedía lo mismo cuando sabía que me había un poco decepcionada sexualmente y que trataría de hacerlo mejor la próxima vez. Aunque su prestación esta mañana fue bastante insatisfactoria, pero yo sabía que debía dejarlo contento, así que hice todos los sonidos y movimientos para que él sintiera que me estaba haciendo morir. La verdad es que no estaba tan insatisfecha porque disfruté de su placer, su afecto y su empeño. Enzo siempre quería lo mejor para mí y se esmeraba para que nuestro sexo fuese bueno para ambos. Para mí físicamente no lo fue, pero emocionalmente lo sentí más cercano; quería que él se sintiera seguro de sí mismo. Me gustaba que mi hombre tuviera confianza y sintiera que hacía feliz a su mujer. No podía hacerle ver que me sentía frustrada. Me hacía sentir bien que él se sintiera bien, después era asunto mío darme un buen orgasmo.
No me gustaba pensar mucho en eso, pero Matteo y yo teníamos una conexión. Era muy diferente a lo que tenía con Enzo y no quería pensar que eso fuera como si yo estuviera engañando a mi esposo. Por supuesto que había algo de contradicción en todo esto. Yo no podía compartir con Enzo lo que hacía con Matteo. Pero me autoconvencí de que no era engaño, solo que dudaba de que Enzo pensara lo mismo. No quería dañarlo a él ni a nosotros. Por eso quería que Matteo lo asumiera desde ya. Necesitaba educar a Matteo sobre todo eso, aunque creo que él ya entendía algo de todo esto. Creo que era similar a lo que él hacía con Lorena. Él la amaba y era su novia, pero al mismo tiempo me amaba a mí. Me apliqué un poco de protector solar en los brazos y bebí mi mojito. De todas maneras estaba confundida y no estaba segura de si esto era justo o tenía algún sentido. Todo lo que sabía es que pensando de esta manera, me sentía bastante más tranquila.
Volví a centrar mi atención en Enzo y Matteo. Enzo se estaba dirigiendo al bar de la piscina y estoy segura de que iba a interpelar al barman. En modo de conseguir un exótico trago que luego lo traería a mí para que lo probara. Matteo nadó hacia mí y luego salió de la piscina.
—¡Hola, cariño! …
Le dije mientras tomaba la toalla de la tumbona y se secaba la cara.
—¡Hola, mamá! …
Respondió siempre sonriente. Recorrí su cuerpo atlético desde su hermoso rostro, sus fuertes hombros, sus macizos pectorales, hasta la silueta delineada por su ajustado bañador mojado sobre su robusto y delicioso paquete.
—¿Cómo está el agua? … —Pregunté.
—¡Genial! …
Contestó sentándose a mi lado, añadió:
—Deberías probarla en algún momento en lugar de quedarte aquí tumbada luciendo tu magnifica belleza …
—Gracias, hijo … Creo que estoy lista para probar … ¿Y tú? … ¿Ya terminaste? …
—No … Sólo vine a ver que estabas haciendo …
—Sólo mirando a la gente …
—¿Y ves a alguien interesante? …
Preguntó Matteo. Él siempre fue curioso y estaba atento a lo que yo hacía, decía o pensaba, él siempre había sido así de lindo conmigo.
—Sólo a tu padre …
Me quité las gafas de sol y le di un descarado vistazo a su entrepierna y añadí:
—Y a ti, por supuesto …
Se le dibujo una amplia sonrisa en su rostro de ángel hermoso. Él se levanto y me hizo señas.
—Bueno … Ya, vamos … Ven para que pruebes el agua …
—Está bien … Espera …
Sentí un delicioso cosquilleo en mi entrepierna cuando él se fijó en mis apretados muslos y mi calzón bikini que marcaba la separación de mi labia vaginal. Otra vez me puse muy cachonda.
—¡Malditas hormonas! …
Suspiré mientras me arreglaba para caminar con mi hijo hacia la piscina.
Nos metimos al gua y sentí un alivió de frescura cuando el líquido mojó mi panocha caliente. Seguí a mi hijo en la piscina y encontramos un espacio relativamente libre en la parte más cercana a los setos, desde donde teníamos una vista privilegiada del lago. Siempre me gustó contemplar la superficie rizada de las pequeñas olas del lago, sumergida en la seguridad de la piscina. Tan pronto como nos instalamos, sentí la mano de Matteo rozando mi nalga. Lo miré por el rabillo del ojo y supongo que él no se percató de nada pues todavía tenía mis gafas oscuras puestas.
—¿Mamá? … —Dijo Matteo a baja voz.
—Sí, querido … —Contesté girándome hacia él.
—Tu culo es exageradamente hermoso … Estoy seguro de que todos los chicos de esta piscina esperan que pases por allí para poder admirar tu hermoso trasero …
Dijo mientras apretaba mi nalga, mi cuerpo entero hormigueó ante su firme agarré.
—¡Uhm! … Creo que te equivocas …
—No creo …
Dijo reforzando su agarre y luego deslizando su mano en el surco en medio a mis nalgas.
—Debería salir de la piscina y caminar alrededor … Así tú podrías probar tu teoría … Podrías contar cuantos hombre giran la cabeza para mirarme …
Sentí los movimientos de su mano y esto me excitó.
—No creo que me gustaría si hicieras eso …
Dijo deslizando su dedo medio alrededor del orificio de mi trasero. Me incliné un poco hacia adelante y él pudo meter su mano bajo mi traje, para acariciar mi ano con dos de sus largos dedos, eso se sintió jodidamente bien.
—¿Por qué? … ¿Tienes miedo de que te demuestre que estás equivocado? …
Nego con la cabeza y rápidamente respondió:
—No ... No me gusta que hombres extraños te miren … Tú …
Metí mi mano en la parte delantera de su traje de baño y aferré su polla que estaba dura como piedra. Él se calló por un segundo y luego continuó.
—Tú eres mi mamá … Me gustas para mí …
Empujó suavemente sus dedos dentro de mi culo y me hizo gemir, arqueé mi espalda y levanté un poco mi trasero para permitirle follar mi culo con sus dedos. Desde lo alto del agua parecía como si estuviéramos hablando el uno al lado del otro y mirando hacia el lago. Agarré su pene a la base, mis dedos tocando sus bolas.
—¿Me quieres toda para ti? … ¿No quieres presumirme? …
Le dije masturbándolo con fuerza mientras sus dedos follaban mi trasero hasta el primer nudillo. Apretando sus dientes me dijo:
—No tiene sentido presumirte … Sólo caminar por el mundo entero contigo a mi lado sería suficiente …
Mis labios se curvaron en una pequeña y lujuriosa sonrisa.
—Eso es muy dulce, tesoro … Hablando de quererme toda solo para ti …
Lo acerqué un poco más a mí tirándolo por la polla. Él estaba duro al máximo. Miré en todo mi rededor para asegurarme de que no hubiera nadie demasiado cerca de nosotros que se diera cuenta de lo que estábamos haciendo y le pregunté:
—Sí me tuvieras solo para ti en este momento, ¿qué me harías? … Sé especifico, quiero saber todos los detalles …
Matteo tragó saliva. Siguió follando mi trasero suave y dulcemente. Me di cuenta de que su cabeza giraba un poco en forme extraña. Me recordé de las palabras de mi esposo de que los jóvenes no tenían suficiente flujo sanguíneo para sus pollas y para sus cerebros al mismo tiempo. Él me dijo con una voz ronca y temblorosa:
—Te lo metería por el culo …
—¿Sí? … ¿Por mi culo estrechito? …
Le dije moviendo mi trasero contra sus dedos mientras lo masturbaba lentamente para que no hubiera evidencia visible en el agua de la piscina. Él asintió.
—¿Cómo harías para follar mi culo? …
Le pregunté sintiendo como su polla se hinchaba en mi mano y sus bolas se calentaban, tal vez para producir más semen, pensé.
—¡Joder, mami! …
—Esa es una mala palabra, Matteo … Debes siempre comportarte respetuosamente …
—Lo sé, mamá … Pero eso es lo que yo haría … Te sujetaría por detrás, con mis manos en tus tetas y te clavaría mi polla dura en tu culo apretado …
Mi coño estaba extremadamente caliente, seguí masturbándolo y comencé a pasar mi pulgar por sobre su hinchada cabezota.
—Parece que serías un chico rudo, ¿eh? … ¿Le follarías fuerte el culo a mami? …
Matteo jadeaba y tragaba saliva asintiendo:
—Sí … Sí … Te follaría tan fuerte que te bombearía todo mi semen dentro de tu estrecho culo …
Mi corazón latía desbocado. Mi coño rezumaba tantos fluidos que creí ver un poco de viscosidad en el agua de la piscina.
—Bien … Y después de correrte en mi trasero … ¿Qué más harías? …
Agarré sus bolas y las encontré calientes y pesadas, probablemente estaban cargadas y prontas a explotar.
—¡Uuurrrggghhh! …
Gruño Matteo mientras sostenía sus pelotas en mi mano, enseguida agregó:
—Abriría tus piernas y te follaría el coño lo más profundo y fuerte que pudiera …
Creí que me iba a correr en ese momento.
—¿En que posición? …
—Mi-misionero …
Dijo tartamudeando, agregando:
—Quiero mirarte a los ojos y levantar tus lindas piernas sobre mis hombros …
—¿Te gusta mirar a mami a los ojos mientras follas mi coño? …
Ahora me moví para ponerme frente a él, sus dedos salieron de mi culo, pero quedaron acariciando mis nalgas.
—Sí …
Dijo escuetamente, seguí masturbándolo suave, pero autoritariamente, vi alguna gotita blancuzca saliendo a flote directamente de su polla.
—¡Hola ustedes dos! …
Era la voz de mi marido desde unos tres metros de distancia aproximativamente. Sostenía dos copas en sus manos y caminaba lentamente en posición ligeramente agachada para no derramar nada.
—¡Ah! … ¡Ehm! … ¡Hola, cariño! …
Dije volviéndome hacia él. Inmediatamente Matteo me soltó el culo. De todos modos mantuve una mano bajo el agua agarrando la polla de mi hijo y con la otra, la estiré para recibir una de las copas.
—Esta es para mí, ¿verdad? … ¿O te estás volviendo loco repartiendo tragos a todos los veraneantes? …
—Ambas, cariño … Ambas …
Dijo riéndose, entregándome la bebida y ubicándose al otro lado de mí. Mantuve mi mano apretando firmemente la polla de mi hijo y bebí un sorbo de la bebida.
—¡Guau! … ¡Qué carajo es esto! … Está muy bueno … ¡Mierda! …
Estaba tan cachonda que olvidé moderar mi lenguaje. Enzo se rio y dijo en tono de reproche y en tono de broma.
—¡Alessia! … ¡No deberías usar ese lenguaje procaz delante de Matteo! … El chico es todavía inocente … Orejas vírgenes, ¿sabes? …
—Tienes razón … No quisiera que mi Matteo perdiera sus orejas vírgenes …
Dije acariciando lentamente la gran polla de Matteo bajo el agua, no quería soltarla por ningún motivo. Él se rio en forma más boba de lo que hubiera deseado, tal vez era verdad de que no le llegaba suficiente sangre a su cerebro con esa polla así de dura.
—A propósito de virginidad …
Dijo Enzo en un marcado tono de ebriedad. Mi esposo estaba borracho. Esto va a ser divertido o incómodo o ambas cosas y agregó:
—¿Has seguido el consejo de tu madre y te has distraído del sexo durante este viaje? … Recuerda que la pequeña Lorena está esperando para abalanzarse sobre ti tan pronto desciendas del avión …
Me encogí de hombros, Enzo estaba ahora en su rol de padre y me gustaba que mi hombre supiera como imponerse. Matteo me miró por una fracción de segundo y le di dos o tres apretones a su polla, luego contestó a su padre:
—Sí, papá … Mamá me ha estado ayudando con eso …
En realidad yo le había ayudado y quería seguir ayudándolo, moví disimuladamente mi mano hacia arriba y hacia abajo sobre su pija dura. Necesitaba que él estallara en mi mano. Rápidamente pensé en alguna excusa para hacerlo eyacular sin que Enzo se diera cuenta. Tomé todo mi trago y exclamé con una sonrisa hacia mi marido:
—Pero este trago es divino … ¿Puedes conseguirme otro, cariño? …
Enzo se rio y me rozó un seno. Siempre se ponía un poco juguetón cuando estaba algo borracho. Se acercó más a mi y me hizo sentir su erección en mi cadera, su mano me agarró la otra nalga.
—Si me acompañas a nuestra habitación pediré uno para ti y otro para mi …
—Genial, tesoro … Además, el agua se está poniendo fría …
Mi cuerpo hormigueaba y mi corazón latía con fuerza, mantuve mi mano aferrando la polla de mi hijo mientras mi marido me agarraba el trasero. Miré a Matteo y le guiñé un ojo. Era un extraño dilema; en una mano tenía la polla gorda y dura de mi hijo que necesitaba correrse; por otro lado, mi marido me acariciaba el trasero, lo cual era maravilloso para mí, quería disfrutar de este momento con él y posiblemente complacerlo, tal vez esta vez no se correría tan rápido.
Matteo se balanceó ligeramente mientras masturbaba su pene. Enzo volvió a restregar su dura polla en mi cadera. Esto sería dos veces en un día para mi marido. Ciertamente no podía dejar pasar esta oportunidad. Solté la polla de Matteo y subí lentamente mi mano por su cuerpo para hacerle entender de que no lo estaba rechazando. Saqué mi mano del agua, bajé mis gafas de sol y le guiñe un ojo diciéndole:
—Tú espera aquí …
Luego me volví hacia Enzo y suavemente agarré su polla por debajo del agua. Sus ojos se abrieron y apretó mis glúteos.
—Vamos por esos tragos, querido …
Enzo me tomó de la mano y nos encaminamos hacia las escaleras para salir del agua. Una vez fuera de la piscina agarramos nuestras toallas y nos fuimos a nuestra habitación.
Tan pronto como entramos a nuestra habitación, Enzo se abalanzó sobre mí y me despojó de mi bikini. Estaba borracho y juguetón y esto me encantó. Entramos a nuestro dormitorio, me apoyé en el tocador con las palmas de mis manos, Enzo vino detrás de mí y se arrodilló, con ambas manos me abrió las nalgas y su lengua se dedicó por entero a lamer mi apretado orificio anal. Lo sentí jadear mientras lamía y mordisqueaba mis nalgas. Un escalofrío intenso recorrió todo mi cuerpo y se me puso la piel como de gallina. Empujé mi culo sobre su rostro para que hiciera lo que quisiera.
—¡Que rica que eres Alessia! … ¡Jodidamente sexy y caliente! …
Murmuró mientras me mordía el cachete izquierdo un poco más fuerte. Gemí sintiendo sus dientes en mi delicada piel, me abrí las nalgas con ambas manos y le rogué:
—Úsame, cariño …
Sentí su lengua rozando una y otra vez mi estrecho ano, pero no se detenía ahí. Encontró mi coño y me penetró con sus dedos desde atrás. Yo quería que me follara el culo, pero no lo hizo. Era demasiado depravado para él.
—¡Eres espléndidamente hermosa, Alessia! … ¡Necesitas ser adorada! … ¡Como una diosa! … ¡Como una reina?! …
Murmuró mientras se levantaba y sacaba sus dedos de mi panocha.
Me sostuve firmemente en el borde del mueble mientras él me penetraba con su polla desde atrás. Su agresividad y urgencia se sentían divinamente bien. Él me agarró por las caderas y comenzó a follar mí conchita impetuosamente. Mantuve mi espalda arqueada para permitirle que me penetrara profundamente al tiempo que me incliné hacia atrás para besarlo mientras él no cesaba de embestirme firmemente. Me chupó la lengua y me folló más rápido, gemí y le dije:
—Sí, bebé … Fóllame … Eres mi rey … Folla a tu reina …
Gruño y se concentró en embestirme tan fuerte y rápido como pudo. A él le encantaba cuando yo era su reina y me follaba más fuerte. Lo sentí que agarraba mis tetas, comenzó a jadear y gemir, luego comenzó a correrse y bombeó su semen dentro de mí tan fuerte como pudo.
—¡Urgh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhh! …
Gritó y gruñó mi marido cuando acabó. Sentí la calidez de su semilla llenando todos los rincones de mi chocho. Otra vez me giré un poco hacia atrás para besarlo. Nuestras bocas se unieron con pasión mientras él seguía bombeando dentro de mí, luego todo terminó. Seguimos besándonos y apreté su polla con mis músculos vaginales hasta que se puso demasiado blanda para permanecer dentro de mí y resbaló fuera de mi coño. Rompimos nuestro beso y él dijo:
—Te amo, Alessia …
Me abrazó por un momento y luego dio un paso atrás. Me di la vuelta y le sonreí:
—Yo también te amo, tesoro … Dos veces en un día … ¡Guau! … Me vas a malacostumbrar …
El se rio contento. Me di cuenta de que se sentía dichoso y eso estaba bien para todos.
—Eres única, mi amor …
Dijo Enzo acariciando mis senos ligeramente sudados.
—Eres muy dulce, cariño … ¡Hace calor aquí! …
—Sí … Verdad que sí … Déjame mirar el termostato …
Inmediatamente fue a la caja digital a controlar la temperatura y a regularla. Sonreí. Ese es mi marido, un caballero siempre pendiente de mí, siempre atento, incluso con estas pequeñas cosas. No importaba lo cachondo que pudiera estar, el siempre quería cuidarme, servirme. ¿Qué más podría pedir una mujer de su marido?
—Espero que el pobre Matteo no se sienta solo ahí abajo sin nosotros …
Comenté mientras recogía las prendas de mi bikini que Enzo me había quitado.
—Estoy seguro de que él estará bien … ¡Es casi un hombre! … En algunos días más cumplirá los dieciocho años … La verdadera pregunta es: ¿Estarás bien tu sin él? …
Se me quedó mirando con una enigmática sonrisa en su rostro. Enzo tenía razón y se me apretó el corazón.
—Bueno … Yo necesito ir a verlo … ¿Quieres venir? …
—No … Creo que voy a ducharme y tomar una siesta … Tengo que recargar las baterías, ¿entiendes? …
Me dio la mejor de sus sonrisas mientras su lengua bañaba sus labios. Mi marido era una verdadera ricura.
—Bueno … Te enviaré un WhatsApp si decidimos hacer algo …
A continuación tomé mi teléfono y volví a salir de la habitación hacia el ascensor. Cuando apreté el botón para descender, me di cuenta de que el semen de Enzo todavía estaba caliente dentro de mí. Me gustaba cuando él me tomaba estando un poco borracho, era más rudo y duraba un poco más. Me sentí bien y muy cerca de él. El problema es que aún no había tenido un orgasmo. Sabía que Matteo me esperaba, él tampoco había eyaculado, estábamos necesitados él y yo. Esperaba que él me necesitara, ya que yo lo estaba deseando y necesitando. Bajé del ascensor, pero en lugar de ir a la piscina principal, caminé por el corredor hacia la piscina chica. Entré y cerré la puerta, entonces le envié un WhatsApp a Matteo:
“Estoy en el baño de la piscina 2, ven pronto, te necesito”
Me senté en el inodoro y esperé. Probablemente todavía está en la piscina. Sé que Enzo y yo no estuvimos tanto tiempo fuera. Mí corazón latía con fuerza. Estaba tan cachonda que no podía pensar con claridad. Suspiré impaciente, me levanté y decidí ir a buscar a mi hijo, en ese preciso momento mi celular zumbó, leí la pantalla y era Matteo:
“Voy, mamá”
Sonreí y volví a sentarme. Afirmé mi celu en el lavamos y esperé. De ahí a poco llamaron a la puerta. Me levanté y abrí. Matteo entró rápidamente. Cerré la puerta.
—¿Y papá, dónde está? … —Preguntó a baja voz.
—Se quedó en la habitación duchándose … ¿Por qué? …
Matteo no dijo nada. Algo estaba en su cabeza.
—¿Qué pasa, bebé? …
Pregunté acercándome a él. Me di cuenta de que estaba molesto, entonces todos mis instintos maternales se desataron:
—Dime, bebito … ¿Qué pasa? …
Sacudió un poco la cabeza y dijo:
—Nada, mamá … Sólo que te extrañé un poco …
Lo abracé tiernamente y le dije:
—Estoy aquí, bebé … Mami esta aquí sólo para ti …
Matteo me abrazó y pude sentir su hombría haciéndose más y más sólida apretándose contra mí. Sus manos se deslizaron sobre mis glúteos y jadeé de alegría.
—Te amo, mamá … —Dijo.
—Lo sé, yo también te amo … —Murmuré.
Se apartó un poco de mí para besarme. Abrí la boca dejando entrar su lengua que exploraba mi boca. Empecé a chupar su lengua tratando de hacer que él se sintiera bien. Deslicé mi mano por la parte delantera de su bañador y sostuve su polla en erección. Él gruñó en mi boca mientras mi mano lo masturbaba.
Rompimos el beso y él se bajó el traje de baño y se lo quitó por sus tobillos. Mi hermoso hijo desnudo era todo un espectáculo, me quité la parte inferior de mi bikini y luego mi top, dejando a mis pechos que se bambolearan libremente.
—Te necesito, mami …
—Lo sé, querido … Estoy aquí sólo para ti … Úsame, tesoro … Vamos, úsame …
Me miró en forma intensa y luego fue como si hubiese sido poseído por una irrefrenable lujuria. Él se acercó a mí, me empujó por los hombros y me hizo arrodillar, luego metió su pene en mi boca. Comencé a chuparlo y a devorarlo ávidamente, pero pronto descubrí que él quería dirigir todo el encuentro. Me sujetó la cabeza y afondó su polla hasta el fondo de mi boca. La sensación de sus poderosas manos sosteniendo mi cabeza de ese modo tan autoritario hizo temblar mis rodillas y cedí a sus esfuerzos, sumisamente puse mis manos a mis espaldas y lo dejé que él hiciera lo que quisiera conmigo. Abrí la boca lo más que pude, relajé mis mandíbulas y mi garganta dejando que su polla se metiera muy dentro de mí una y otra vez sin descanso.
—Sí, mamá … Necesito que me chupes así … Trágate toda mi polla, mamá … Tómala toda … Ssiii …
—¡Guack! … ¡Guack! … ¡Guack! … ¡Glup! … ¡Glup! … ¡Guack! … ¡Guack! …
Le chupé su gran polla que seguía insistentemente golpeando el fondo de mi garganta. Hice mi lengua hacia abajo y traté de tragarla toda.
Cambió su agarré de mi cabeza, con una mano tomó mis cabellos y la otra la puso en la parte posterior de mi cabeza. Con fuerza empujó mi nuca y su polla casi me hizo atragantar, respiré justo a tiempo dejando que su polla se atascara en mi tráquea por unos instantes. Disfruté esa sensación, disfruté de los gruñidos que hacía y me gustó sentir mi nariz presionada contra su vientre. Matteo me usaba y nunca lo sentí tan cercano a mi física y espiritualmente. Nuestra conexión era completa cuando él se posesionaba de mí para su propio placer.
Me tragué su polla y él gruñó de placer. Sus movimientos se aceleraron y se hicieron más cortos, manteniendo su polla en mí guargüero, dejándome muy poco espacio para respirar. Me sentí en la gloria mientras él controlaba mi cabeza. Pude percibir cada uno de sus estremecimientos repentinos cuando él explotó y ametralló mi garganta con una ráfaga continua de denso y tibio semen. Bombeó bruscamente y me concentré en saborear y tragar todo lo que pude. Mi cuerpo entero estaba en llamas, la lujuria me consumía sintiendo su manjar líquido deslizándose por mi garganta. Nunca supe cuando dejó de correrse, seguí tragando mi propia todo y mi propia saliva. Matteo gruñía y temblaba con su cuerpo tenso como una cuerda de violín mientras seguía empujando su gran pene en mi boca. Me soltó de repente y sacó su polla goteante de mi boca, un espeso filamento de esperma y saliva quedó colgando de mi boca hasta la punta de su pene, rápidamente tragué y lamí su pene para no perder nada de esa delicia. Mi cuerpo estaba sudoroso y entonces lo miré con mis ojos lagrimeando, tratando de enfocar su borrosa figura. Había restos de semen en mi barbilla y en mis pechos. No podía creer la enorme cantidad de semen que había salido de sus bolas que pendían bajó su gruesa polla todavía semi erecta.
Matteo me miró, todavía había lujuria y deseos en su mirada. Su polla no cesaba de palpitar y balancearse en el aire en forma desafiante; parecía querer más. Limpié un poco mi boca y espalmé el semen en mis senos por todo mi cuerpo. Él quería más y yo también.
—¡Fóllame hasta cuando estés totalmente vacío, bebé …
Le dije mientras me giraba y me ponía en cuatro, arqueando mi espalda y presentándole mi trasero ansioso.
Matteo se puso detrás de mí y me agarró el culo. Me incliné ligeramente hacia adelante levantando bien mi culo en el aire. Mi hijo paseó su polla entre mis glúteos y la apuntó contra mi coño todavía lleno con el semen de mí marido, su polla se deslizó suavemente en mi panocha resbaladiza. Era mucho más grande que el de Enzo y me quedé casi sin aliento ante la sensación de su pene que llenaba todos los rincones de mi agujero caliente y deslizante.
—¡Carajo! … ¡Bendita polla, bebé! …
Me agarró firmemente por las caderas y comenzó a follarme por detrás. Sentí tan natural su gran pene en mi vagina, así cerquita de mi cuello uterino, listo para lanzar su ejército de nadadores hacia mis trompas de Falopio en busca de fecundar mí óvulo. Él era el único a penetrarme en esta angulación y llegar tan profundo dentro de mí. Sus bolas llenas de su semilla se estrellaban acompasadamente en mis muslos, tuve otro orgasmo. Casi toqué con mis mejillas las frías baldosas del baño y me estremecí gimiendo mientras Matteo seguía embistiéndome con su dura polla. Me folló todo el rato que duró mi clímax, no me dejó escapar de su agarré. Mi hijo me follaba como si fuera mi dueño. Nuestros cuerpos se estrellaban, separándose y juntándose a un ritmo enfebrecido; sentí cada centímetro de su polla moviéndose dentro de mí.
Si no me hubiese tenido firme con sus fuertes brazos, me habría deslizado sobre el pavimento embaldosado, me estaba follando muy fuerte. Mi mente estaba perdida en la lujuria de mis orgasmos, no sabía cuando empezaba uno y cuando terminaba otro. Había una ligera película de sudor por todo mi cuerpo y algunas lágrimas escurrían por mi mejilla mezclándose con restos de semen en mi barbilla. Cerré los ojos para concentrarme en esta deliciosa sensación que mi hijo me provocaba, enterrándose en mi a un ritmo implacable. Estaba totalmente entregada a su placer y me gustó ser usada por él.
—¡Úsame, bebé! … ¡Usa a tu madre! … ¡Nunca te diré que no a nada de lo que quieras hacerme! …
Su ritmo se hizo más urgente y respiraba afanosamente, mientras nuestros cuerpos chocaban.
—¡Zaz! … ¡Paff! … ¡Plaff! … ¡Plaff! … ¡Plaff! … ¡Paff! … ¡Paff! … ¡Zaz! …
La polla de Matteo se movía acompasadamente muy profundo en mi panocha, su cuerpo se tensó y comenzó a temblar:
—¡Carajo, mami! … ¡Me estoy corriendo! … ¡Ahhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhh! … ¡Umpf! …
Cerré los ojos sintiendo las espasmódicas convulsiones en mi bajo vientre, apreté los músculos de mi vagina para ordeñar su semen y me corrí junto a él.
—¡Ummmmm! … ¡Ayyyyy! … ¡Hmmmmm! … ¡Qué rico! … ¡Ummmmm! … ¡Dámelo todo, bebé! … ¡Lo quiero todo! … ¡Hmmmmm! … ¡Ssiii, ssiii, más! … ¡Lléname toda con tu rico semen! …
Cerré los ojos tratando de dominar mi cuerpo que se movía descontroladamente empalado en la polla palpitante de Matteo. Grité y chillé sin poder dejar de temblar, incluso mi coño tiritaba tratando de aprisionar al infinito el delicioso pene de mi hijo. Él bombeaba sin descanso e imaginé que yo era su calcetín, el recipiente de su esperma candente que venía llenado de semen tibio y denso. Yo era la ordeñadora de su pija, yo era su amante y también era su madre y estaba dispuesta a todo por tenerlo feliz y supiera cuanto era amado, todo el semen de sus bolas debía ser solo para mí.
Terminé acostada sobre las baldosas boca abajo con mi hijo encima de mí que todavía bombeaba lentamente su semen dentro de mi atiborrado coño, el frío de las baldosas sobre mi vientre y mis senos me trajo a la realidad. Él salió de mí y sentí su líquido chorrear de mi conchita al frio suelo. Aplastó su pene en el surco de mi trasero.
—Sí, bebé … Deja salir todo lo que queda … Espárcelo sobre mis nalgas …
Susurré extasiada, sentí la tibia humedad de algunas gotas sobre mis glúteos y también en la parte baja de mi espalda, luego empujó su pene en medios a mis cachetes y restregó todo el resto de su semen en mi estrecho surco anal, pasando una y otra vez por sobre el estrecho agujero de mi apretado ano. Se quedó quieto presionando mi ojete y respiró, yo respiré con él mientras nos relajábamos.
*****
Me desperté de madrugada y me levanté a orinar. Enzo dormía profundamente, había tomado una pastilla para dormir, quería estar seguro de dormir y descansar bien, así sus baterías se recargarían completamente, me dijo. No quise volver a la cama para no perturbar el sueño de Enzo. Salí a la sala de estar donde dormía Matteo tan profundo como su padre. ¡Hombres! Pensé. Me fui a la cocina a prepararme una taza de reconfortante café. Miré por la ventana y vi los primeros albores del día, se presagiaba un lindo día, sonreí pensando en disfrutar la piscina. Ya estábamos en los últimos días de nuestras vacaciones, pero no quería pensar sobre eso.
Me quedé al lado de la cafetera sintiendo el aroma del café mientras percolaba por el filtro y pensé en lo que haríamos durante el día. Enzo me dijo que quería ir a recorrer los alrededores. Él era un poco más emprendedor en ese sentido. A mi me gustaba el resort, la piscina y las bebidas. Pero pensé que quizás hoy debía hacer algunas concesiones a mi hombre e ir donde él quiera que vayamos. Volví a la sala de estar con mi café humeante. Ahí estaba mi dulce bebé dormido abrazado a la almohada.
Bebí un sorbo de café mientras me acercaba a su cama. Olí el café y sentí que faltaba la crema de mi bebito. No quería despertarlo, así que decidí beber mi café sin el precioso regalo de mi hijo. Crucé las piernas y fruncí el ceño, me pareció que él se movió. Tal vez él está despierto, pensé. Mí conchita me instó a moverme más cerca de él. Lucía tan bello y tierno abrazado a la almohada. Esa ternura me hizo sentir un poco cachonda y supe que lo estaba deseando. Sentí la urgencia de un orgasmo. Pensé en respetar su sueño e ir con uno de mis juguetes, sonreí al pensar que en estas vacaciones casi no había tenido necesidad de usar mis artilugios sexuales. Es curioso cuantos orgasmos me había hecho tener mi bebé.
Matteo se giró y se estiró histriónicamente. Me pregunté si podía oler el aroma del café. Dentro de mí quería que él se despertara. Pero yo no soy así. Debo respetar el sueño de mi hijo, él necesita dormir; es cierto que a veces despertaba a Enzo para tener sexo, pero no haría eso ahora. Mi bebé necesita descansar más que cualquiera de nosotros, su cuerpo hermoso todavía está desarrollándose. Debo preocuparme por él, para eso soy su madre.
—Buenos días, mamá …
Dijo mi hijo con esa voz sexy y linda que tiene él. Se había girado boca arriba, la sábana estaba a la altura de la cintura y me sonreía.
—Buenos días, niño hermoso … ¿Acaso te desperté? …
—No … Bueno … Tal vez sí …
Dijo empujando la sábana hacia los pies y mostrándome su gran verga dura y parada, una hermosa erección matutina tenía mi bebé. Este niño es un verdadero milagro, pensé.
—¿Me dices que yo soy culpable de eso? …
—Siempre lo eres, mamá …
—Bueno … Entonces trae esa cosa aquí, mi café está desabrido totalmente …
Se acercó a mí y miró la puerta del dormitorio para asegurarse de que estaba cerrada.
—No te preocupes por tu papá … Tomó una pastilla para dormir y no lo veremos hasta antes de las ocho … Ahora ven y dame lo que me tienes que dar …
Me sonrió, bajó la parte delantera de sus boxers y me mostro su tremenda polla. Estaba completamente duro. A este punto estaba muy familiarizada con la polla de Matteo, pero pienso que jamás me cansaré de admirar toda su belleza.
—Haz que mami comience bien el día y dame tu primera carga del día en mi taza, por favor …
—Pero tienes que ayudarme …
—No …
—Quiero verte … Hasta ahora nunca te he visto como lo haces … ¡Vamos! … ¡Hazlo para mami! …
Frunció un poco el ceño.
—¡Vamos pequeño quejón! … Tal vez en una segunda ronda pensaremos en algo divertido … Algo que no hemos hecho nunca … Pero ahora mismo necesito mejorar el sabor de mi café …
—Está bien, mamá …
Dijo Matteo y empezó a jalar su gran polla delante de mí. Puse mi taza a la orilla de la mesita de noche y me dispuse a observar todos sus movimientos. No hay nada más hermoso que ver al propio hijo que se masturba. Estaba magreando su pene bastante rápido y noté que este se ponía más duro.
—Muy lindo, cariño … Sigue así, jala esa polla para mami …
Le dije maternalmente mojando mis labios con mi lengua y luego mordiendo mi labio inferior, estaba hipnotizada por su polla y por la velocidad que había alcanzado su mano. Matteo siguió adelante, separó ligeramente sus piernas y se inclinó más hacia mí. Yo sabía que él quería que lo tocara, acariciara, que lo besara o que lo chupara. Me eché un poco hacia atrás, crucé mis piernas y seguí observándolo atentamente.
—Tienes una polla muy grande, mí bebito hermoso … Estoy orgullosa de ti …
Respiraba muy rápido y podía ver su brazo flexionándose mientras apretaba su pene y lo acariciaba a una velocidad demencial.
—¿Eso se siente bien, querido? …
—Sí, mamá …
Dijo recorriendo todo mi cuerpo con sus ojos achinados. No llevaba nada sexy encima en ese momento, pero él todavía me miraba con deseos y lujuria. Eso hizo derretir mi corazón y mi coño.
—Sigue adelante, amorcito … Acaricia esa gran polla para mami … Necesito tu crema para mí café … Recuerda que siempre quiero eso en mi café …
—Eres una pervertida, ¿sabes? …
—¡Pfffiiiuuu! … Ni siquiera sabes la mitad de las cosas que soy capaz de hacer … Tienes que saber solo que necesito tu maldito semen … Lo quiero todo el tiempo … Así que bombea esa polla en la taza de mi café …
Descrucé mis piernas teatralmente para que pudiera ver fugazmente mis bragas negras y luego volví a cruzarlas. Pude ver que se había emocionado un poco más y que ya comenzaban a aparecer las primeras gotitas de su pre-semen en la punta de su glande. Me miró a los ojos mientras jalaba su pija. Tenía la boca lascivamente abierta y sabía que estaba trabajando duro para darme lo que le pedía. Veía que él quería complacerme, quería que mirara y quería mí aprobación.
—Te amo, mamá … Te amo muchísimo …
Dijo jadeando.
—Lo sé … Pero demuéstramelo corriéndote en mi taza de café … Dale duro a esa polla gorda para mami … Necesito que lo hagas …
Arqueé mi espalda y abrí mis piernas ampliamente para que observara el tajo de mi panocha bajo mis calzones negros.
—¡Ahhh! … ¡Ahhh! … ¡Mami! … ¡Me corro, mamá! … ¡Me corro para ti, mamá! …
Gritó y gimió, mientras al mismo tiempo un grueso borbotón de semen cayó, parte en mi taza y parte por el borde de la taza.
—Muy bien, niño hermoso … Demuéstrame tu cariño … Quiero más … Dame más …
Se tambaleó un poco y dos chorros más cayeron en mi taza haciendo salpicar el café sobre la mesita. Apuntó hacia abajo y disparó los siguientes directamente en mi taza.
—Sí, cariño … Dame toda esa crema para el café … Lo necesito todo … Que sea más semen que café … Todo, tesoro, todo …
—¡Rayos! …
Exclamó a baja voz mientras estrujaba su polla encima de mi taza de café. Luego se dejó caer sobre su cama, cerró los ojos, respiró profundamente y soltó su polla todavía bastante dura y enrojecida por lo fuerte que la jalaba para mí.
Sonreí al verlo exhausto. Ese era mi dulce bebé. Sentí su amor por mí. Su devoción y su deseo. Me levanté y fui a la cocina en busca de una cucharita. Regresé y me senté en el sofá; tomé mi taza de café y lamí el costado donde escurría un poco de semen, no iba a dejar que se perdiera nada de la deliciosa esperma de mi hijo. Luego revolví la taza lentamente, él me miraba cuando me llevé la taza a los labios y di un buen sorbo de café.
—¡Hmmm, bebé! … Esta si que es una delicia … Gracias, cariño … No sé que voy a hacer sin ti …
Le dije mientras miraba el bulto de su pene todavía duro.
—¿Deveras que quieres mi semen todo el tiempo? …
—Sí … Y nunca olvides eso, ¿vale? …
Se me quedó mirando mientras pasaba una mano sobre su polla y movía su cabeza en sentido afirmativo.
*****
Enzo se levantó antes de lo esperado, pero parecía que las pastillas habían funcionado. Estaba más alegre y relajado. Optamos por quedarnos nuevamente en el resort durante todo el día, en modo que él pudiera seguir relajándose. Inmediatamente estuve de acuerdo con él, sabía que él siempre estaba sujeto a tremendas presiones en su trabajo y era importante que él pudiera descansar lo mejor posible. Llamé a la recepción para ver si era posible que nos quedáramos un par de días más, pero el hotel estaba copado con reservas y no fue posible. Como esposa quería ver a mi marido lo más relajado posible.
Fuimos a desayunar a la terraza y Lorena llamó a Matteo. Él le contestó y se separó de nosotros para hablar a solas con ella. Nosotros tomamos una mesa y nos sentamos.
—Te veo un poco más descansado …
Le dije a Enzo y él me contestó:
—Sí … No sabía cuán cansado estaba … Creo que entre los viajes en aéreo, las tensiones del trabajo y la falta de verdadero descanso me dejaron exhausto … Creo que me estoy haciendo viejo …
Lo miré y vi algunos cabellos grises en su cabellera.
—Viejo, no … Distinguido, sí …
Dije poniendo mi mano sobre su brazo.
—Gracias, querida … Eres siempre tan especial …
Miró hacia todas partes en busca de Matteo, creo, luego se hizo un poco más hacia mí y me dijo.
—Sabes, Alessia … Quería preguntarte sobre Matteo … ¿Cómo está él? … Quiero decir … Todo ese asunto de esperar hasta que regresemos …
Me pilló un poco de sorpresa. La verdad es que todo este tiempo había estado concentrada en lo que pasaba entre Matteo y yo. No nos habíamos detenido a hablar de Lorena.
—La verdad es que no estoy segura … Habla siempre con ella por celular … Pero luego ni la menciona …
Enzo movió la cabeza reflexionando.
—Realmente estaba escéptico de que él se aguantara dos semanas … Y más aún que se quitara todas esas cosas de la cabeza … Pero verdaderamente lo he visto menos agobiado … Porque cuando tienes esa edad estás constantemente cachondo y no se piensa nada más que en eso … Sobre todo cuando tienes una hermosa chica esperándote …
Tomó mi mano y me preguntó:
—¡Recuerdas cuándo teníamos esa edad? …
Apreté su mano y me reí.
—¡Oh, sí! … ¡Por supuesto que sí! … Creo que tuvimos suerte de encontrarnos tu y yo …
El camarero trajo lo que habíamos ordenado y charlamos mientras comíamos. Unos minutos después, Matteo se reunió con nosotros.
—Entonces, ¿Cómo va todo con esa bella damita que te está esperando? … —Preguntó mí esposo.
—Ella dice que me extraña muchísimo … —Contestó Matteo.
—¡Oh, pobre niña! … ¡Dos semanas sin mi Matteo es mucho tiempo! … —Añadí un poco sarcástica.
Me hizo una mueca divertida y todos nos reímos.
—¿Y cuáles son los planes para hoy? … —Quiso saber Matteo.
—Bueno … Yo he descansado un poco menos que ustedes … Así que estaría dispuesto a pasar el día emborrachándome cerca de la piscina sin hacer nada …
Dijo mi marido entusiasta con su plan. Lo miré con afecto y le dije:
—He estado pensando mucho en ti, querido … Te vi durmiendo esta mañana y se me vino a la cabeza de que deberías aprovechar los beneficios de las instalaciones del resort y tener un día de salud y relajación en el Spa … Ya sabes, el Spa y la sauna más un masaje descontracturante, te dejara como nuevo para emprender otro año de tediosas actividades …
Enzo me miró y su rostro se iluminó, me di cuenta de que la idea le atraía. Pero dudaba y dijo:
—Bueno … ¿Y que pasa con ustedes? … No parece justo que a mi me mimen por algunas horas y ustedes nada, ¿eh? …
Eso era típico de Enzo. Siempre dispuesto a sacrificarse por nosotros y no aceptar algo que era bueno para él, ni siquiera si era un regalo, agregó:
—Preferiría pasar ese rato en familia …
—Cariño … Todos queremos estar juntos en familia … Pero yo quiero que mi hombre este completamente relajado y recupere todas sus energías … Para eso estamos aquí, ¿no? … Haces mucho por nosotros y permítenos hacer esto por ti … Lo disfrutarás … Por favor …
Le dije para convencerlo, entonces intervino Matteo.
—Sí, papá … Te lo mereces … Suspendiste tus vacaciones porque el idiota de tu jefe no estaba a la altura de cerrar el contrato sin ti … Creo que mereces un día que te mimen … Te echaremos de menos, pero sobreviviremos para verte feliz, descansado y relajado … Así que vete a pasar unas horas de relajación recargándote y mimándote …
—Cuanto más tiempo estemos aquí a discutir sobre ello, menos tiempo tendrás para que te mimen como te lo mereces …
Dije con una sonrisa franca y alegre. Él me miró primero a mí y luego miró a Matteo. Se rio en forma nerviosa y se le escaparon algunas lagrimas de sus ojos. Esto era todo causa del estrés acumulado, pensé. Levanto las manos y dijo.
—Está bien … Está bien … Alessia, eres increíble … ¿Quién puede decirte que no? …
—Nunca nadie … Por eso es por lo que me amas, ¿no? …
Él se rio y me abrazó, entonces Matteo le dijo:
—¿Sabes lo que dicen, papá? … Detrás de cada hombre que usa pantalones en la familia, es la mujer la que elije que pantalones él tiene que usar …
Todos nos reímos y me sentí más aliviada al ver a mi marido aceptar que lo mimaran. Él realmente se lo merecía. Dejé la mesa y fui directamente al vestíbulo para reservar el día para Enzo. Había una opción de medio día y día completo. Aunque era un poco caro, decidí por el día completo. ¿Qué sentido tenía tener dinero y no poder gastarlo? Hice la reserva de diez a seis de la tarde, firmé los formularios, luego fui al bar a comprar un daiquirí, después regresé a nuestra habitación.
Enzo y Matteo ya estaban allí. Comencé a preparar algunas cosas para que mi esposo se fuera al Spa, él se dirigió a nuestro hijo:
—Matteo, ¿Puedes cuidar de tu madre hoy? …
—¡Ay, Enzo! … No voy a necesitar ninguna protección … yo …
—Sé que no, Alessia … Estoy seguro de que podrías patear el trasero a cualquier tipo que te moleste … Pero no lo digo por ti, lo hago por mí … Si voy a estar relajado todo el día, necesito estar sin preocuparme de nada … ¿Cuidarás de tú madre, Matteo? … ¿De acuerdo? …
—Sí, papá … Yo estaré con ella …
Dijo Matteo, Enzo me miró a los ojos y me dijo:
—Alessia, eres nuestro tesoro … Nunca dejaré de preocuparme por ti …
Me sentí muy emocionada teniendo a mis dos hombres cuidando de mí. Con ojos llorosos le dije.
—Gracias, querido … Eres mi rey …
Minutos después, Enzo tomó sus cosas y se fue a pasar el día al Spa, dejándonos a Matteo y a mí en nuestra habitación.
*****
Estaba en el baño jugueteando un poco con mi cabello. No podía elegir si dejarlo suelto, amarrarlo en una cola de caballo o amontonarlo en un moño. Quería verme bonita. Llevaba mi bikini negro, era nuevo y me gustaba como alzaba mis pechos y los hacía parecer más grandes y firmes. La parte inferior se ajustaba perfectamente a mi caderas y no se enterraba en mi coño. Me sentí bien, tal vez un poco cachonda.
—¡Malditas hormonas! …
Murmuré mientras me miraba al espejo. Me pregunté si había hecho bien a colocarme este bikini que a todas luces decía a grandes voces ¡Fóllame! Sobre todo los lazos laterales de la parte inferior que se anudaban para no hacerlo caer, que resultaba fácilmente tirarlos para dejarme desnuda, además, la parte trasera era una cola de ballena con un hilo que venía oculto por mi nalgas. Me sentí realmente bonita.
—¡Carajo, mami! …
Exclamó Matteo desde la puerta sorprendiéndome un poco.
—¿Qué pasa Matteo? … —Pregunté interesada.
—Te ves tan sexy, mamá … Espera … Gírate un poco …
Suspiré y me giré delante de mi hijo.
—¡Guau! … Ahora sí que harás que todos se volteen a mírate … ¡Mira que esplendido trasero! …
—No me interesa eso, cariño … Hay solo dos hombres en mi vida …
Salí del baño con Matteo pisándome los talones. Frente al tocador se me acercó y me abrazó. Él no llevaba camisa y me rodeó con sus brazos. Por un momento me sobresalté, pero súbito me pasó. Estaba segura en sus fuertes brazos que me retenían estrecha a él. Ya me sentí caliente. Me acurruqué en sus brazos, presionando mis senos contra él. Mi cuerpo comenzó a hormiguear y sentí que mis pezones se endurecían presionados contra el macizo pecho de mi hijo. Escondí mi rostro en el cuello de Matteo para no dejar ver mi lujuria.
Sus dedos recorrieron mi espalda hasta mi trasero casi desnudo, luego volvieron a subir. Toques suaves y gentiles que me hicieron juntar mis muslos sintiendo mi panocha en ebullición. Me besó dulcemente la mejilla y me dijo:
—Dime lo que necesitas, mamá …
Sentí su poderosa erección presionando mi bikini a la altura de los lazos. Mis emociones me hicieron apretujarme a él. Sentí el latido de mi corazón en mis sienes y mis manos temblaban mientras recorría su fuerte espalda.
—Es a ti a quien necesito … Necesito a mi hijo … Te necesito, Matteo …
Él besó mi cuello dándome pequeños mordiscos cerca de mi lóbulo. Luego mordisqueó mi oreja chupando ligeramente mi lóbulo, sintiendo su jadeo en mi oído hizo que mi coño hormigueara en modo alucinante. Sus manos se deslizaban hacia arriba y hacia abajo por mi espalda. Lo sentí jugueteando con la partes de atrás, los lazos de mi bikini y se me escapó una sonrisa ante sus manos inexpertas. Mi dulce niño.
—¡Desátalos, cariño! … ¡Primero del cuello! …
Le susurré. Sus manos subieron y un poco torpemente desató los tirantes de la partes superior de mi bikini. Di un paso atrás y mis tetas fueron liberadas cuando él deshizo el nudo en mi espalda. Matteo contempló mis senos en adoración y dijo.
—Eres mejor que cualquier foto que haya visto jamás …
Dijo con sus ojos fijos en mis pezones pétreos y turgentes. Le sonreí.
—Eres un encanto, tesoro …
Dije mirando la protuberancia creciente en sus pantalones cortos y me arrodillé deseando con corazón y alma ver lo que había allí abajo. Mis dedos se enredaron en la pretina de sus shorts y los bajé lentamente. La gran polla de Matteo surgió gallarda frente a mí y ya rezumaba una gotita nacarada de líquido preseminal. Matteo se agitó:
—Pero, mami … No tienes que hacerlo … Déjame hacerlo yo a ti …
—No cariño …
Le dije agarrando suavemente su polla y manteniéndola a centímetros de mi cara, añadí:
—Tengo que hacerlo … Soy tu madre y complacer tu gran polla es algo que necesito hacer …
Lamí la gotita que amenazaba con caer con una lamida larga y lenta. Me encanta chuparlo, besarlo y lamerlo, chupé esa pequeña recompensa y luego agregué:
—Algunas mujeres necesitamos dar más que recibir … Yo necesito dar …
Lo chupé por un momento apasionadamente y luego dije.
—Necesito cuidar la polla de mi hijo, cariño … Eres parte de mi …
Lo dije probando una fuerte emoción maternal. Me acomodé en mis talones y envolví su cabezota hinchada con mi lengua, luego froté su polla en mis tetas, azotando mi pezón que se puso aún mas duro, casi tan duro como su polla.
—Sí quieres hacer algo por mí, tesoro … Dame todo tu semen … En todas las formas que puedas … Lo quiero todo … Lo necesito todo …
Metí su polla entre mis tetas y lo masturbé con ellas.
—Sí, mamá …
Dijo mientras movía sus caderas frotando su gran pene entre mis caldeados pechos. Tomé su polla en mi mano y froté mi seno izquierdo, luego el derecho siempre mirando los ojos de mi dulce niño.
—¿Mamá? … —Preguntó.
—Sí, cariño … —Respondí mientras me llevaba su polla de nuevo a mi boca.
—¿Podemos quedarnos en la habitación todo el día? …
—Es una gran idea, cariño … Sí … No vayamos a ninguna parte …
Lo llevé de nuevo a mí boca y simplemente me deleité a chupar la punta de su polla, no moví mi cabeza ni lo masturbé con la boca. Sólo chupé la punta y mantuve mis ojos en los suyos. Pasó sus dedos por mis cabellos y se apoyó en el tocador. Me sentí totalmente conectada a él en ese momento, como si su polla fuera otra extensión de mi propio cuerpo. Mi hijo se había convertido en mi amante, yo su madre y adoradora de su gran verga. Agarré su pene con ambas manos mientras chupaba y comencé a masturbarlo rápidamente, la punta de su pija nunca abandono mi boca. Lo miré con la mirada de “aliméntame” y lo acaricié velozmente flexionando mis brazos y mis tetas bamboleándose acompasadamente.
—¡Carajo! …
Exclamó entre gemidos ante la intensidad de mis movimientos. Sus ojos seguían fijos en los míos.
—Esto se siente tan bien … ¡Cielo santo” … Más que bien … —Comentó.
Succioné un poco más profundo, cerrando firmemente mis labios alrededor de su polla, mis mejillas se hundieron. El movimiento de mis manos se hizo corto y enérgico, ahuecando de tanto en tanto sus bolas para estimularlas a producir semen a toda potencia.
—¡Rayos! …
Expresó retrocediendo un poco y meciendo sus caderas rítmicamente, haciendo balancear su pene hacia adelante y hacia atrás en mi boca que no cesaba de chuparlo y acariciarlo. Sus ojos estaban encendidos en pura lujuria y eso me instó a intensificar aún más mis movimientos. Lo miraba con ojos famélicos y sedientos de su manjar. Lo chupe enardecidamente; mi cuerpo estaba en llamas; algunas gotas de tibia saliva escapaban de mi boca y bañaban mis senos. Necesitaba la crema densa de mi hijo y la necesitaba ahora ya. Con mi lengua hice círculos en su luciente cabezota y horadé el diminuto orificio de su glande en busca del néctar que debía salir de un momento a otro. Su pene se hizo más duro y palpitante, era como un carbón que quemaba mi boca, succioné para tirar fuera su lechita. El cuerpo de Matteo se tensó y se estremeció. Me preparé para recibir la avalancha desbordada de su ambrosía, lo escuché chillar entre dientes.
—¡Oh, Dios! … ¡Mamá! … ¡Santo cielo! … ¡Hmmmmm! … ¡Me voy a correr! … ¡Ahhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Mami me corro! … ¡Uhhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Involuntariamente mis caderas comenzaron a mecerse al ritmo de él, pareciera que mi cuerpo entero quisiera follar su gran pene. Mi coño estaba terriblemente caliente y empapado. Casi no sentía los brazos que se movían vertiginosamente masturbando su polla. La mirada de agonía de mi hijo me hizo comprender que la explosión era inminente. Puse mis manos en sus glúteos y engullí su entero pene hasta que tocó y penetró el fondo de mi garganta; con intensas pulsaciones en su verga hinchada, comenzó a disparar tórridos borbotones de pegajoso y denso semen directamente en la profundidad de mi boca.
Su polla explotó como un volcán en erupción. Una exquisita sustancia tibia y lujuriante llenó mi boca. Tragué, tragué y tragué para seguir nutriéndome de esta golosina deliciosa que mi hijo me regalaba. Cambié mi agarre para que mis manos pudieran ejercer más presión sobre el pene de Matteo y lo estrujé hacia arriba para hacer salir las últimas gotitas de su pene que aún pulsaba en mi boca. Todavía salían débiles chorritos que aproveché de lamer, chupar y tragar. Algo de esa exquisitez embadurnó mis dedos, así que también los lamí.
—¡Ay, mamá! … ¡Ayyyy! … ¡Mmmm! … ¡Mami! … ¡Ayyyy! ...
Matteo gimió. Sabía que su pene quedaba muy sensible después de cada eyaculación, pero necesitaba drenarlo completamente. Finalmente todo terminó. Con mucha ternura me aparté de él y dejé que su polla semi dura resbalase fuera de mi boca. Todavía, había trazas de semen y saliva en su prepucio, así que delicadamente lengüeteé todo eso. Matteo todavía respiraba con afano y me miraba con sus ojos llenos de amor.
—Te amo, mamá …
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Decir que Matteo y yo tuvimos sexo durante todo el día sería demasiado ambiguo. No sé cual era la causa; tal vez mi estado emocional vulnerable, mis malditas hormonas, mi loca adicción al semen de Matteo, falta de lucidez mental o quizás un poco de todo eso. Sentí como si las compuertas y diques físicos y emocionales hubieran sido rebasados por la lascivia y lujuria. No había ninguna metáfora o adjetivo correcto para definir como me sentía. Mis deseos lascivos y crudos eran insaciables y literalmente me abrumaron. Si yo era una fuerza desatada de la naturaleza, mi hijo estaba a la altura para contener mi impetuosa sexualidad. Ese día vi en él una mezcla de amor, ternura, lujuria, deseos y una inigualable energía que parecía nunca acabarse, me follaba todas las veces que él lo deseaba y todas las veces que yo lo quería. Prácticamente no nos dábamos descanso. Cada vez le pedía más y él cumplía con su hombría lujuriosamente tiesa, gorda y dura. Mi insaciable sed de mi hijo mostró mi parte vulnerable, no podía resistirme a nada que él me pidiera. Él percibió esta debilidad en mí e hizo lo que más le pedía, me usó. Parecía que bastaba con que nuestros ojos se encontraran, para que él se pusiera duro y me tomara en cualquier momento y posición en la que me encontrase.
Después de haberle drenado la polla por enésima vez, nuestros momentos se hicieron tiernos y afectuosos. Él me tomaba dulcemente y me hacía emocionar. Pero pronto nuestras manos se dedicaron de lleno a recorrer nuestros cuerpos enfebrecidos, nuestras bocas pusieron en acción nuestras lenguas y nos besamos y lamimos por todas partes. Matteo chupó y lamió mis pechos, yo me senté a horcajadas sobre él y le ofrecí mis tetas meciéndolas de lado a lado, mordisqueó mi pezón izquierdo y luego el derecho. Fue como un momento maternal cuando él chupó mis pezones cuál si fuera un bebé, me lo recordaba tratando de arañar mis senos con sus manitas pequeñitas mientras mamaba la leche directamente de mis senos llenos de leche para él, Matteo todavía tenía cara de niño y sus ojos eran similares a los de su tierna edad de bebé. Un momento profundamente íntimo sosteniendo mi pecho con firmeza contra los labios de mi hijo. Ser amante o ser madre ya no era distinguible, no había límites entre él y yo, éramos sólo dos seres humanos compartiendo un momento de sexo y afecto. Él no era ya mi bebé, su gran polla empujó contra mi piel y me trajo de vuelta a la realidad, sin embargo, sentir sus suaves labios succionando de mi teta me trajo dulces momentos.
Desaté los lazos laterales de mi bikini mientras montaba sus muslos, los tiré desde atrás y me quité ese pequeño trozo de tela. Matteo encontró mi agujero un segundo después y comencé a rebotar sobre su polla sintiéndola que me empalaba profundamente. Continuó a chupar mis pechos y a jugar con ellos, luego agarró mi culo y me dirigió sobre su polla mientras lo montaba, haciendo que la entera longitud de su polla se adentrase en mi agujero caliente y resbaloso. Nos besamos y nos tocamos. Compartimos nuestros labios apasionadamente, él me atrapó con fuerza y yo percibí sus tempranas convulsiones, inmediatamente le eché los brazos al cuello y apreté mis tetas duras contra sus macizos pectorales, entonces él comenzó a llenar mi panocha con su esperma hirviente.
Me quedé encima de él casi inmóvil, sólo mi culo y caderas se movían mientras ordeñaba su polla con mis músculos vaginales. Estábamos simplemente abrazados escuchando nuestros gemidos y jadeos. Su polla caliente seguía desbordando mi coño de semen y yo continué besando su cuello, los hombros y sus labios para agradecerle por regalarme tanta felicidad con su crema lechosa.
Matteo me puso de espalda y casi inmediatamente comenzó a follarme otra vez, su polla pronto tomó consistencia y se puso dura como palo. Lo rodeé con ambas piernas y puse mis talones en su culo rogándole que me follara más fuerte, él agarró mis piernas y se las llevó sobre sus hombros, tomó mis muslos y comenzó a tirarme violentamente contra su polla, mi culo y caderas se levantaron de la cama y parecía estar empalada en su gran polla dura, casi me hacía volar sobre las sábanas con sus potentes embestidas. Pasábamos de tiernos momentos a furiosos ataques de embestidas de lujuria pura y dura. A momentos me besaba y acariciaba con ternura, en otros levantaba mis piernas hasta casi ponerlas al lado de mi cabeza y levantaba mi coño para enterrar su polla con inaudita fuerza y lujuria. Me sentí tan bien al ser follada de ese modo. No se cuantas veces me hizo acabar. Mis manos se crispaban, los deditos de mis pies se encorvaban, se cerraban y se abrían; mi cuerpo convulsionaba en espasmódicas oleadas de tembloroso placer y yo chillaba pidiéndole que no se detuviera jamás.
Hubo uno o dos momentos en que sentí su semen desparramarse en mi panocha, pero él no se detenía, solo se tomaba un minuto o dos e iniciaba una nueva feroz carga contra mi panocha usada y abusada, tal como yo quería, jamás nadie me dio tanto placer, creí que me iba a volver loca. Ahora jadeaba afanosamente y mi cuerpo y su cuerpo estaban sudados, habíamos mojados las sábanas con sudor, saliva, fluidos de mi coño y el semen de él y él seguía bombeando sin descanso. Una vez más me apretó contra él, mi pelvis estaba dolorida de tantos golpes, pero la polla que llenaba mi conchita era como un bálsamo que todo hacía soportable. Yo ya sabía que eso significaba que él se acercaba a otro delicioso orgasmo. Abrí bien mis piernas, pase mis brazos por debajo de sus brazos y aprisione su torso por sus hombros, enseguida mi pelvis comenzó a moverse alocadamente, mis caderas se mecieron contra su polla. No lo iba a soltar, apreté mis músculos de la vagina y rodeé su polla con mis pliegues calientes, su polla no se movía ni un centímetro hacia afuera, todo hacia adentro. Mordí su hombro y enterré mis uñas en su espalda cuando me roció con su caliente semen e hizo que mi cuerpo entero se estremeciera en un orgasmo frenético y arrebatador. Nos corrimos juntos, me corrí junto a mi hijo.
Se dejó caer a mi lado. Necesitábamos un Break. Pedimos algo de comida. Matteo estaba sudoroso y pensé que lo había acabado. Llegó el servicio a la habitación con un carrito de comida, logré ponerme una bata y corrí a abrir la puerta. Matteo se fue a la ducha. Comencé a dar pasitos cortitos sintiendo los filamentos de semen que escurrían por mis piernas. Tenía tanto semen dentro de mí, que dejé manchas sobre la alfombra antes de llegar a la puerta. Nunca me había sentido tan feliz, tan manoseada, tan bien follada y usada como me gusta a mí. Me sentía física y mentalmente satisfecha.
Le pedí al camarero que nos dejara el carrito y que le llamaría para volver a retirarlo, no puso ninguna objeción, le di una buena propina y lo acompañé a la puerta. Cuando Matteo salió de la ducha, entró a la habitación completamente desnudo y con su pene furiosamente duro. No podía creerlo. Inmediatamente empezó a comer algo de la comida, pero no llegó muy lejos, yo no podía apartar la mirada de esa polla brillosa, levantada dura entremedio de sus piernas. Matteo me miró, yo me levanté y dejé caer la bata diciéndole:
—Úsame, por favor …
Matteo se acercó a la cama e hizo exactamente eso. Me hizo arrodillarme y luego forzó su polla en mi boca comenzando a follarla como un poseído. No fue para nada amable. Lo miré extasiada mientras empujaba su dura erección en mi boca agarrando mis cabellos con sus puños cerrados. Se detenía sólo para permitirme de respirar y yo aprovechaba cada espacio para pedirle que no se detuviera y continuara a abusar de mi boca. Obviamente me sentí en el paraíso siendo tratada como un calcetín donde depositar una jugosa y caliente eyaculación. No lo estaba chupando, era él que empujaba su polla una y otra vez en lo más profundo de mi garganta. Para esto quería ser bonita, maquillarme y ponerme ropa sexy, quería recibir la descarga del semen de mi hijo. Quería ser una cosa, ser degradada y utilizada, sin embargo, sabía que tenía todo el amor de mi hijo. Él me amaba así porque yo se lo pedía. Él me amaba así porque yo lo necesitaba. Hay veces en que una mujer necesita que su hombre la trate como a una puta y le folle la boca porque él lo necesita.
De alguna manera terminé boca arriba y Matteo montado a horcajadas sobre mi cara, todavía follándome desesperadamente. Con una mano aferraba mi nuca mientras mis dos manos estaban empujando su culo para que me metiera su polla hasta el fondo de mi garganta. Casi me hizo atosigar al disparar su primera andanada de semen en mi tráquea, reaccioné velozmente y comencé a tragar, pero él sacó su pene repentinamente de mi boca, comenzando a rociar su polla por toda mi cara. Sujeto mis cabellos con una mano y con la otra sacudió su polla, vaciando toda su descarga en mi rostro y mis cabellos; sentí la tibieza de su esperma cubriendo toda mi cara mientras él lanzaba gemidos y gruñidos, junto a breves palabras con su entrecortada respiración:
—¡Sí! … ¡Joder! … ¡Mamá! … ¡Urgh! … ¡Mierda! … ¡Qué rico! … ¡Umpf! … ¡Ummmm! …
Eso me hizo sentir más cercana a él, había llamado a su mamá y eso me llenaba de orgullo, hubiera querido mirar sus ojos, pero mis parpados estaban cerrados por una densa capa de semen. Cualquiera podría pensar que esto era un desastre, pero para mi era simplemente el amor que mi hijo me demostraba. Me daba un regalo desde dentro de todo su ser. Cuando terminó de vaciar sus bolas en mi piel, acercó su pene goteante a mis labios y me dijo:
—¡Adoro tu boca, mamá! … ¡Chúpame, por favor! … ¡Chúpala toda! …
Entonces acostada boca arriba y llena de semen por toda mi cara y cabellos, chupé su polla blandengue mientras él empujaba su debilitado pene en mi boca. Rodeé su cintura con mis brazos y lo sostuve en posición para lamer bien su pene. Matteo se balanceó delicadamente moviendo su polla dentro de mi boca. Aunque si tenía mis ojos cerrados y cubiertos de semen, podía imaginar su dulce carita mirándome con adoración mientras yo limpiaba su pene totalmente. Sabía que él necesitaba que yo hiciera esto por él. Nadie más que su madre podía atenderlo de este modo.
Continuamos así por un buen rato. El tiempo no era un factor que nos preocupara. Lo único importante era que podía sentir la polla pulsante de mi hijo en mi boca. Sus manos en mis cabellos, su voz y su respiración afanosa, podía sentir todo de él. Chupé su polla y use mi lengua para masajearla y estimularla, tuve la impresión de que volvía a ponerse dura. El fantástico instrumento amatorio de mi hijo era infatigable y su semen inacabable.
Se bajó de mí y me hiso rodar suavemente. Sus manos se apoderaron de mi trasero y su boca se acercó a mis posaderas. Me puse en cuatro mientras el besaba la parte baja de mí espalda y mis nalgas, sus manos me agarraban y masajeaban mi colita. Separé un poco mis rodillas y arqueé mi espalda para levantar mi culo hacia arriba, luego aferré las sábanas para mantenerme firme en esa posición. Podía sentir lo que parecía un hilito de semen que escurría desde mi coño a lo largo de mis piernas, se filtraba lentamente sobre mi piel humedeciendo mis muslos, dejándolos pegajosos e imaginé que goteaba sobre las sábanas. Puse mis manos en mis nalgas y abrí mi culo para él, me sentí completamente expuesta y entregada a su voluntad. No había nada que ocultar a sus ojos. Mí agujero redondo, apretadito y engurruñado estaba atrevidamente expuesto para que hiciera lo que le viniera en ganas. Comenzó a lamer la delicada piel de mis nalgas, me dio unos tiernos besitos y su lengua exploró el surco entre mis glúteos, aventurándose valientemente a mi estrellita oscura. La lujuria empezó a crecer en mí. Suavemente me mordió mis cachetes y su lengua rozó mi agujerito, entendí que él quería precisamente aquello y empujé mi trasero contra su lengua.
Ensalivó conscientemente mi orificio y luego sus dedos comenzaron a hacer presión, tocando mi estrecho y fruncido culo. Jadeé y temblé cuando él sumó otro dedo hacia el interior de mi ano, lamió los alrededores para agregar lubricación a sus dedos y otro dedo se agregó a los dos anteriores, gemí de placer al sentir el ensanchamiento de mi prieto anillo anal. Comenzó a follarme con sus dedos, añadiendo saliva a mi apretada cavidad en modo de relajar la abertura de mi culo.
Me sentí como una reina, un poco guarrilla, un poco perversa; mi hijo lamía y follaba mi culo con sus dedos. Mi cara todavía estaba bañada con su semen, agarré la funda de una almohada a modo de toalla para limpiarme y secarme. Apreté mis músculos anales para hacerle sentir que me estaba gustando lo que él me hacía. Él me había tocado antes y yo había usado juguetes en mi trasero, pero esto se sentía totalmente diferente. Él me estaba preparando. Él me estaba usando. Él era tierno, pero al mismo tiempo persistente en agrandar esa estrecha rendija. Entendí lo que él quería hacerme, sabía hacia donde iba todo esto y yo lo deseé intensamente. Lo necesitaba desesperadamente, pero al mismo tiempo me atemorizaba el enorme tamaño de la polla de Matteo, más grande que cualquier cosa que haya usado en mi trasero.
Me incliné hacia adelante, mi culo estaba frente a él y yo al centro de la cama. Matteo se dio un festín con ello. Me besó, me lamió y me tocó lentamente. Empecé a temblar en anticipación.
—Eso se siente tan bien, cariño …
Dije jadeando mientras él metía y sacaba sus dedos, al mismo tiempo que lamía mi culo.
—Mami … Eres tan hermosa así …
—¿Quieres acaso follar el culo de mami? …
—Sí, mami …
—Pero todavía no, cariño … Nunca he hecho esto antes … Necesito que seas paciente y consigas un poco de lubricante …
—Pero ¿Dónde, mamá? …
(Continuará) …
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