Nuestras vacaciones. - Sexta parte

por
género
incesto

—Ve y busca en mi bolsa de maquillaje, en el tocador … Encontrarás una botellita con aceite de rosas y en el cajón hay un poco de vaselina líquida … Creo que podemos usar eso …
Dije apuntando hacia el tocador. Se levantó de prisa, revisó mi bolso a tientas tal como lo haría cualquier hombre, revolviendo todo lo que había en su interior. Encontró una botella pequeña de tapa negra y en el cajón del tocador un envase conteniente la vaselina.
—¿Son estas? …
Preguntó con su hermosa carita de querubín. Él es tan lindo.
—Tráelas y déjame ver …
Se arrimó a la cama y me mostró los envases.
—Sí, tesoro … Quiero que te embadurnes toda tu polla con eso y luego hagas lo mismo con mi agujero …
Lo miré y vi que súbito comenzaba a acariciar su polla dura como palo y espalmaba un poco de aceite y un poco de vaselina. Un fresco aroma de rosas se esparció por toda la habitación. Mi corazón se desbocó. Se me puso la piel de gallina. Había fantaseado tantas veces con sentir una polla de verdad en mi culo apretadito, pero jamás pensé en que se haría realidad. Todavía me daba miedo la gran polla de mi bebé, pero en mí estaba el convencimiento de que él jamás me haría daño. Gemí cuando me metió dos y después tres dedos en mi apretado culo y me folló esparciendo el aceite y la vaselina en mi sensible culo. Mi estrechez se estiró al máximo cuando cuatro de sus dedos exploraron mi esfínter todavía estrecho, casi me quedé sin aliento… Entonces sentí que se acomodaba detrás de mí, levanté mis nalgas hacia él para brindarle acceso a mi agujero; su polla tiesa y dura empujó en el estrecho canal de mi glúteos, la punta regordeta de su verga estaba tan cerca de mí estrecha hendedura que sentí un cosquilleo en mi ojete anal; cariñosamente él me preguntó:
—¿Estás bien, mamá? … ¿Estas lista? …
Llevé mis dos manos sobre mis posaderas y las abrí para él, luego mis dientes mordieron la funda de la almohada. Mi ano estaba totalmente expuesto para él. Me sentí completamente vulnerable. Su poderosa polla comenzó a empujar en mi diminuto hoyito.
—Mami … Esto es lo más hermoso que he hecho contigo …
Sonreí escondiendo mi rostro en la almohada. Sentí su gorda polla tentando de vencer mi estrecho y apretado anillo anal. Estaba casi sin aliento sintiendo su polla increíblemente gorda y dura obstruyendo por completo mi orificio. No sabía que hacer, sólo esperar que no me hiciera daño. No sé porqué el desistió brevemente y frotó su gran polla contra mis glúteos, eso se sentía tan bien. Lo sentí que volvía a presionar contra mi estrecho ojete. Levanté un poco más mí culo y empujé contra él. Hasta me pareció escuchar el sonido de su cabezota enorme, embadurnada de aceite y vaselina forzando mi trasero, fue como un chirrido, no sé si fueron mis dientes. Él empujó su polla y entonces sucedió.
—¡Aaaayyyy! … ¡Ahhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Ay! … ¡Uhhhh! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhh! … ¡Ay! …
Gemí y chillé soltando mis nalgas. Matteo me estaba partiendo en dos con su voluminosa polla. Sentí un hormigueo, un estiramiento, un ardor, un escalofrío y también sentí que me estaba usando, esto me llenó de un placer abrumador. Empujé, empujé y volví a empujar; quería que él me llenara completamente. Jamás nadie me había hecho esto y nunca pensé tener tanto placer con una mezcla soportable de dolor.


Matteo comenzó a moverse, empujaba su gran polla hacia adentro y hacia afuera. No sé cómo, pero logré relajarme lo suficiente y aferré con fuerza la almohada para esconder mi mueca de placentero sufrimiento. Me encantaba la polla de mi hijo invadiendo un sitio donde jamás hombre alguno había estado. Mi bebé tomó mí virginidad anal y eso me ponía muy contenta y cachonda a la vez. Su pene exploraba mi recto y se hundía en su interior cada vez más. Me sentí bien. Me dolió. Sentí ese ardor entorno de mi agujerito conquistado y que se sometía a la fogosidad de la gran polla de Matteo. Mis músculos anales lo agarraban justo en la corona de su glande a forma de hongo, no permitiéndole retirarse y succionándolo más adentro de mi culo caliente. Apreté más fuerte la almohada y gemí lascivamente. Él estaba casi todo dentro, sus bolas comenzaron a golpear mis muslos.


Sentí una sacudida desde mí clítoris hasta mis sienes, mi cuerpo se contorsionaba en valía de su polla atorada en mi trasero, mi entero culo estaba pegado a la polla maravillosa de Matteo, jamás pensé que iba a tener placer hasta en mi coxis, ni menos tener un orgasmo cuando me acariciaban las nalgas y mi recto amenazaba con salir pegado a la verga gorda y pegajosa de mi hijo. Mientras mi cuerpo convulsionaba, apreté mis músculos anales:
—¡Mmmmmm! … ¡Ohhhhh, mami! … ¡Umpf! … ¡Qué rico tu culo, mamá! …
Dijo Matteo entre dientes, sentí sus manos en mis caderas y siguió empujando su polla hacia adentro y hacia afuera de mi esfínter que se contraía apretándolo firmemente. Su ritmo comenzó a aumentar paulatinamente.
—¡Cielo santo, bebé! … ¡Despacito! … ¡Más lento, por favor! … ¡Pero sigue! … ¡Sssiii, sigue! …
Se sentía inmensamente grande, pero cuando más empujaba, más completamente llena me sentía y más deseaba que lo siguiera metiendo. Nunca mí trasero había estado más sensible y todo lo que podía hacer era agarrarme firmemente un poco a las sábanas, un poco a la almohada, para resistir sus embestidas deliciosas y profundas. Sentí como si estuviera tragándome toda su polla por mi culo, cada vez que lo sacaba, estiraba mi trasero varios centímetros hacia atrás. En algún modo sincronizamos nuestros movimientos, pero se sentía demasiado grande, demasiado largo, demasiado grueso, sin embargo, era lo que yo necesitaba. Yo apretaba y relajaba, apretaba y relajaba y más de su polla me tragaba. Repentinamente tuve otro orgasmo exquisito tratando de tomarlo por entero. Gemí con los dientes apretados sintiendo como sus bolas se estrellaban en mis piernas. Escuché que Matteo gritaba victorioso.
—¡Rayos, mami!... ¡Estoy completamente dentro de ti! …
Dejé escapar un gemido sintiéndolo que estiraba sus manos para jugar con mis tetas. Mi vista estaba borrosa, su polla estaba tan profundo en mi culo que no podía discernir hasta donde había llegado ni tampoco estaba consciente de todos los placeres que me hacía sentir. Lo único que podía percibir es mi piel de gallina y mi trasero soldado a la gran polla de Matteo. Me dio cortos y enérgicos empujones que me hicieron chillar y enterrar mis uñas en la almohada. Podía escuchar sus lujuriosos gruñidos de placer mientras follaba mi culo y yo también gemía inmersa en un océano de loco placer.


Cada empuje se sentía mejor que el otro. Más suave y al mismo tiempo más intenso, su polla parecía hincharse cada vez más en mi estrecho recto, rugoso y flexible. De tanto en tanto su bolas golpeaban hasta mis labios mayores mojados de fluidos. Matteo comenzó a tirar de mis caderas y a afondar con mayor ímpetu su gruesa verga en mi intestino grueso, ya inundado con su entera polla. Supe que se acercaba su clímax y apreté mis puños en la almohada. Estaba lista a recibir su delicia cálida y copiosa en mi tubo rectal, para eso empujé con mayor fuerza contra su polla.
—¡Joder! … ¡Folla mi culo, Matteo! … ¡Fóllalo fuerte! … ¡Estoy lista! … ¡Dámelo todo! … ¡Vamos, hijo, folla bien el culo de mama! … ¡Córrete ya en mi culo, hijo! … ¡Lo quiero todo! … ¡Dámelo! …
Como si fuera un corcel puro sangre en un hipódromo, Matteo comenzó a cabalgar mi culo con inusitado vigor y velocidad. Me agarró cada vez más fuerte de las caderas y embestía mi trasero con renovados bríos. Mi sensible anillo anal estaba en el paraíso, deslicé mis manos entre mis piernas y comencé a frotar mi botoncito cubierto de resbaloso semen al tiempo que lo instaba a que usara mi culo y todo mi cuerpo. De pronto todo se volvió más salvaje y Matteo gritó:
—¡Mami! … ¡Mami! … ¡Oooohhhh, mamá! … ¡Me voy a correr! … ¡Me voy a correr en tu culo mami! … ¡Ahhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhh! …
Gemí y jadeé mientras su polla reventaba dentro de mi recto, sentí un corrientazo de líquido caliente llenando mi intestino, el semen de mi hijo me estaba llenando todita. Oculté mi lujurioso rostro en la almohada mordiendo estrechamente la funda con mis dientes y no hacerlos rechinar. Dejé que mi hijo bombeara todo lo que tenía acumulado en sus bolas. Fue tanto que me dieron unas ganas reflejas de defecar, pero me contuve respirando hondo y tratando de calmar mis reacciones fisiológicas. Finalmente se detuvo, metió sus manos bajo mis brazos y aferró mis tetas que todavía se cimbreaban, ahuecó mis pechos en sus manos y me levantó contra su cuerpo, luego besó y mordió mi cuello. Me quedé con mi espalda arqueada para no dejar salir su pene todavía duro de mi estrecho orificio, tenía miedo de sentir el vacío que iba a dejar su polla cuando saliera de mi trasero.


Volví a limpiar mi rostro para poder ver claramente. Mi cuerpo se sentía lleno por ambos lados, primero él llenó mi coño y ahora había descargado sus bolas en mi culo, también había restos del semen de Matteo en mi boca. Primera vez en mi vida que me sentía totalmente usada y satisfecha, todo mi cuerpo estaba lleno del semen de mi bebé. Sonreí sintiendo las pulsaciones de la gran polla de Matteo todavía dentro de mi ano. En cierto modo me sentí muy puta, pero al mismo tiempo muy orgullosa de que mi hijo me haya rendido mujer en todos mis agujeros. También muy orgullosa de haber parido un ejemplo de macho, capaz de follarme tantas veces y siempre eyacular su precioso semen en mí.


Finalmente, con un sonoro sonido lubricado de descorche, la gran polla de mi hijo resbaló fuera de mi estrecho canal. Obviamente se había reducido un poco de tamaño, pero estaba todavía a media dureza. Me desplomé sobre la cama y él se recostó a mi lado. Mi cuerpo y mi mente todavía enredados en espasmos, mientras un estrato nebuloso obnubilaba mis pensamientos. Matteo me agarró a cucharitas y me sostuvo bien apretada haciendo sentir su masculinidad maciza y chorreante en mis nalgas desnudas. De repente sonó el teléfono del hotel. Me sobresalté al darme cuenta de que estaba cayendo en una especie de sopor.
—¿Quién será? … Matteo susurró cerca de mi lóbulo.
—No lo sé … Dejémoslo pasar … Estoy segura de que no era para nosotros …
El teléfono no volvió a sonar y permanecimos quietos. Luego la respiración de Matteo se hizo del todo normal y supuse que se había adormecido. Sonreí sintiéndome agotada al igual que mi hijo, acomodé mi mejilla en la almohada y permanecí quieta. Mi cuerpo todavía estaba sensible, como si yo fuera un terminal nervioso y descargas eléctricas viajaran por mis poros. Nunca me había sentido así después de un orgasmo. La mitad de mí se sentía llena, cargada, extremada, abusada y saciada. El semen de mi hijo estaba dentro de mí, sobre mí y escurriendo desde mi interior. Me sentí divina. Por primera vez en mi vida sentí que mí deseo sexual se había satisfecho, aunque sí solo por unos instantes.


Me quedé quieta un rato más, mientras mi mente divagaba, escuchaba la suave y tranquila respiración de Matteo. Me pregunté que estaría haciendo Enzo; tal vez durmiendo relajado igual que Matteo. Al final me senté. Mi cara estaba tensa y seca, entonces me di cuenta de que era el semen de mi hijo que ser había secado sobre mi tersa piel. Miré el reloj y eran pasadas las dos de la tarde, ¡Habíamos follado por casi cuatro horas!
—No me extraña de sentirme tan relajada …
Murmuré para mí misma con una sonrisa amplia y maliciosa. Me levanté y me lavé la cara con agua tibia, me dio pena quitar toda la esencia masculina de mi hijo de mi piel. Me miré al espejo y al ver mi piel tersa y fresca, me vino de preguntarme si el semen de Matteo tenía algún efecto sobre mi tez extraordinariamente depurada, suave y lisa. Al parecer para mi piel era muy bueno. Sonreí al pensar en mi hijo masturbándose todos los días para mantener el cuidado de mi piel como una loción de belleza. Probablemente estoy exagerando. Quizás no. Me lavé un poco las manos para enjuagarme el cabello que también tenías algunas trazas de semen.
—Me gusta ver que te preparas … —Dijo Matteo desde la cama.
—¿Has dormido una buena siesta? … —Pregunté.
—Una de las mejores en mucho tiempo …
—Yo también … Pero tengo algunos dolores …
—Lo siento, mamá … No fue mi intención hacert…
Inmediatamente lo interrumpí.
—¡Para, bebé! … No me hiciste ningún daño … Esto es lo normal y pronto pasará …
Su rostro se iluminó en una gran sonrisa, entonces agregué:
—Sin embargo, hay algo que necesito que hagas ahora mismo …
Dije en un tono serio y maternal.
—¿Qué quieres que haga, mamá? …
—Bueno … Quiero que te laves el pene con abundante agua y jabón …
Dije mirándolo desde el espejo, vi que dejaba a un lado sus boxers y shorts mientras se levantaba.
—Está bien, mamá … Lo entiendo …
—Debes siempre preocuparte de lavar bien tu pene cada vez que tengas sexo anal, ¿vale? …
Repentinamente el teléfono volvió a sonar. Lo miré por un segundo, me encogí de hombros y me dispuse a responder.
—¿Hola? …
—Sí … Hola … ¿La señora Furci? …
—Sí, con ella, diga …
Me puse un poco nerviosa al escuchar la voz neutra, pero seria del hombre al teléfono.
—Necesitamos que baje a la enfermería del hotel … Su marido ha tenido un evento de salud …
Mi garganta se secó al escuchar la indistinguible voz.
—¿Qué? … Sí, por supuesto … Estaré allí enseguida …
Inmediatamente avisé a Matteo quien terminó apresuradamente de limpiarse; luego bajamos a toda prisa a la recepción para preguntar donde estaba situada la enfermería. Un miembro del hotel nos acompañó. Nadie sabía decirme lo que le había pasado a Enzo y esto me tenía terriblemente preocupada; no sabía si se había caído o resbalado en el Spa o algo tan estúpido como eso.


Encontramos a Enzo en la enfermería, la enfermera le estaba tomando sus signos vitales. Apenas nos vio se le alegró el rostro y nos sonrió. Me acerqué a saltitos hacia él:
—Cariño … ¿Qué te pasó? …
—Nada … Estoy bien … Solo me sentí un poco mareado y una punzada en el pecho … y nada …
—¿Señora Furci? … —Vino una voz seria detrás de mí.
—Sí … Esa soy yo …
Dije un poco más aliviada después de ver que Enzo estaba relativamente bien. El doctor me hizo señas para que me acercara a él, miré a Enzo y a Matteo y caminé hacia el médico.
—Señora Furci … El señor Furci tiene un problema cardiaco leve … —Dijo el doctor.
—¿Problema cardiaco? … ¿Le dio un infarto? … —Pregunté alarmada.
—No necesariamente, señora … No tenemos todas las instalaciones necesarias para un examen más profundo … Pero para ser honesto con usted … Creo que fue abuso de alguna medicina …
Dijo tratando de no hacerse sentir por todos.
—¿Medicamento? … Él está sano … Anoche tomó una o dos pastillas para dormir, pero eso lo hace a menudo y nunca ha tenido problemas …
—No … Pastillas para dormir, no … Me dijo que había tomado Viagra y que probablemente lo hizo dos veces …
Me sentí muy sorprendida, no sabía que Enzo ocupara Viagra, porque nunca me lo dijo, me sentí un poco traicionada, pero inmediatamente deseché cualquier pensamiento negativo, debía preocuparme por su salud, además, sabía que este era un asunto delicado para él. Repentinamente me recordé de que habíamos tenido relaciones sexuales dos veces el día anterior, lo cual era raro y él no parecía estar tan afectado como de costumbre. No sabía cómo comportarme:
—¿Qué significa eso? … ¿Tomó demasiado? … ¿Es muy grave? …
—Aparentemente a él no le afectó demasiado … Pero no todas las personas reaccionan del mismo modo … Pero podría sufrir migrañas o tal vez su presión arterial se verá alterada … Podría sufrir mareos e inclusive desmayos … Creo que el dolor al pecho puede estar relacionado … Ya he visto otros casos de este tipo aquí en el hotel … Su marido debería estar bien …
Me sentí bastante aliviada. Pero me parecía tener un hoyo en el estómago. ¿Culpa? No por lo que había hecho con Matteo justo el día de hoy, eso era algo entre madre e hijo. Pero me sentí en culpa por haber presionado a Enzo para que me complaciera físicamente. Sabía que estaba teniendo algún problema para responder masculinamente, pero no sabía que tenía tomar medicamentos para ello.
—Gracias, doctor … ¿Y que tenemos que hacer ahora? …
—Para empezar, su marido debe abstenerse de la actividad sexual por algunos días … Hablé con el gerente del hotel y le daremos un tratamiento especial de relajación todo el día de mañana aquí en el Spa del hotel, sin costo adicional … Me mantendré en estrecho contacto con ustedes por el resto de la estadía … ¿Cuándo se van? …
—El domingo por la mañana …
—Está bien … Le daré a su marido algo para dormir … Asegúrese que lo tome por las próximas tres noches, en modo de que descanse y duerma sin interrupción …
—Gracias, doctor … Me preocuparé de que tome el medicamento y gracias también por el día de Spa …
Me giré para ver a Enzo y Matteo, estaban hablando, pude ver la preocupación reflejada en la cara de Matteo.
—De nada señora Furci … Estamos aquí para esto … Enviaré el medicamento a vuestra habitación en un rato más … También mantendré en observación al señor Furci para controlar su presión arterial y su ritmo cardiaco … En una hora más lo enviaremos a su habitación en silla de ruedas para que no se agote ni haga esfuerzos … Debe estar quieto y calmado por un tiempo …
—Está bien, doctor … Gracias …
El medico nos dejó solos y me giré hacia Enzo y Matteo, mis dos hombres. Mi corazón latía acelerado. Me sentí egoísta y obsesionada por el sexo, tanto que había descuidado a Enzo. Él siempre había hecho de todo por mí y por nosotros. Creo que me aproveché de él. Siempre me había preocupado principalmente de él, pero ahora habían sucedido cosas con Matteo y esto me había hecho confundir las cosas. Ahora debo cuidar de que ambos se sientan cuidados y amados. Caminé hacia ellos:
—Y bien … ¿Y ahora? …
Interrogué a Enzo. Me miró preocupado. Tal vez un poco avergonzado por lo que me hubiese dicho el doctor. Se me rompió el corazón cuando vi que rehuía mi mirada.
—¿Se puede saber que ha dicho el doctor? ¿Está bien, papá? … —Preguntó Matteo.
—Sí … Afortunadamente todo está bien … Tu padre está sobrecargado de trabajo …
Dije mirando a Matteo en un tono maternal y tranquilizador; luego dirigí mi mirada a Enzo, lo miré con mucha ternura y le dije:
—Cariño mío … Tu cuerpo te está diciendo a ti y a todos nosotros que necesitas reponerte con un verdadero descanso … No sólo por el trabajo y por ser el maravilloso esposo y padre que eres, sino también por lo que viene a futuro …
Enzo me miró y no dije nada. Pude ver en su cara que sabía lo que quería decir. Me senté a su lado y le tomé la mano.
—Cariño, quiero que sepas que te amo pase lo que pase … Nuestra sortija nos ha unido para siempre … En la enfermedad o salud … Siempre estaré contigo …
Él me apretó la mano.
—Entonces, ¿todo esto se debe al estrés o algo así? … —Preguntó Matteo.
—Probablemente me he exigido demasiado este último tiempo … —Respondió Enzo.
—Está bien, cariño … Sólo un poco de reposo y volverás a ser el mismo de siempre …
Dije interrumpiendo cualquier tipo de explicación superflua. Matteo no tenía porque enterarse de que su padre había recurrido al Viagra para satisfacer a su mujer. Esta semana he aprendido que no debo compartir todo con todos. Algunas cosas es mejor mantenerlas en secreto para algunos. Así que añadí:
—Entonces … Sin excusas ni negociaciones … Tu Enzo, el doctor indicó que no debes hacer nada por el resto de nuestras vacaciones … Mañana él te ha reservado un día completo de relajación en el Spa, sin costo alguno … Y no me mires como si no lo necesitaras … Yo soy la encargada de cuidarte y lo que yo diga se hace, así que mañana te toca Spa de nuevo … Tu Matteo, te encargaras de preparar nuestras maletas y dejar todo listo para irnos al aeropuerto … Yo me encargaré del resto … Ahora te quedaras aquí para que el médico pueda controlarte un par de veces más y luego te llevaran a nuestra habitación … Por las próximas tres noches, deberás tomar un somnífero para asegurarte un sueño tranquilo y reparador … Eso es muy importante según el galeno … Enzo, debes dejarme cuidarte …
Lo miré al uno y luego al otro, ambos sonreían mientras me miraban sin decir nada.
—¿Qué? … ¿Qué es tan gracioso? … Estoy hablando en serio, ¡eh! …
—Lo que usted diga señora … —Dijo Enzo sin dejar de sonreír y luego agregó:
—Eres extremadamente sexy cuando me hablas así, cariño … ¿No es verdad, Matteo? …
—Tienes toda la razón, papá …
*****


El día siguiente todos dormimos hasta tarde. Me aseguré de que las persianas y las cortinas opacas permanecieran cerradas y, para mí sorpresa no me desperté hasta casi las nueve. Ni siquiera recuerdo la última vez que sucedió algo así. Enzo ya estaba despierto a mi lado, apoyado en las almohadas, leyendo algo en la Tablet.
—Buenos días, cariño …
Le dije con una voz ronca; sentí mi garganta seca. Me vino de pensar que quizás Matteo al meterme su polla tan al fondo de mi garganta era la causa de ello, pero no podía estar segura. También podía ser el aire acondicionado o el estar tanto tiempo desnuda sobre las frías baldosas del baño de la piscina chica.
—¡Hola! … Estabas roncando …
—No … No es cierto, yo no ronco … Sólo estaba recuperando algo de sueño …
La verdad es que había caído a la cama exhausta y me dolía todo el cuerpo, especialmente mi abusado trasero. Definitivamente esa no iba a ser una actividad cotidiana, pensé mientras recordaba la enorme polla de Matteo invadiendo mi apretado y pequeño culo. A pesar de todo, me sentía magníficamente bien.
—Lamento lo de ayer … —Dijo mirándome con ojitos de cachorrito.
—No es necesario que te disculpes, cariño … Pero me sorprendió lo que pasó y la medicación …
Enzo arrugó la frente y miró a algún punto en el infinito, me acurruqué a su lado para confortarlo.
—Cariño, podías habérmelo dicho … Pero entiendo por qué no lo hiciste …
Le dije rozando afectuosamente su brazo con mi dedo.
—Lo curioso es que los tomé porque quería tener sexo ayer … Así creo que funciona … Nunca antes lo había tomado … ¡Ehm, no sé! … Quiero decir, no sé porque tomé dos veces …
Apreté mi mano alrededor de su brazo.
—¿Será por que te presiono? … Porque querías satisfacerme, ¿eh? …
Me miró en forma intensa y por largo rato.
—A veces … Yo te veo tan sexy y atractiva … Pero mi cuerpo no reacciona como siempre solía hacerlo … No sé por qué, lo siento …
—No tienes nada de que disculparte, tesoro … Sólo quiero que sepas que estoy aquí y te amo … Resolveremos esto … Pero por esto días no quiero que sientas ninguna presión de mi parte en ese sentido, ¿vale? …
—Está bien, querida …
Me respondió y continuó a leer su Tablet.
—¿Te emociona el regresar al Spa del hotel por segunda vez? …
—No tanto como ayer … Ayer sentí que lo necesitaba y te encontré razón para asistir … De todos modos te extrañé a ti y a Matteo … Sobre todo a ti … No me gusta sentirme solo de vacaciones, ¿sabes? … Se trata de estar más tiempo juntos, ¿o no? …
—Te entiendo perfectamente, cariño … Pero el doctor dijo que tienes que descansar por completo y el estar juntos no creo que favorezca tu relajo … También nosotros te extrañamos, pero debemos pensar primero en tu salud …
—Bueno … Pero esta vez me llevaré mi celular, así al menos podré enviarte algún WhatsApp o podré llamarte y conversar sobre lo que están haciendo ustedes, ¿vale? … A propósito, ¿qué hicieron ustedes ayer? … Con toda esta situación nunca hablamos de ello …
Inmediatamente me vino en mente mi culo adolorido y mi garganta seca. El recuerdo de Matteo montado a horcajadas sobre mi cabeza, follándome la boca en el mismo lugar donde ahora está acostado mi marido, rociando mi cara con su semen caliente antes de follar mi culo con su gran y joven polla para quitarme la virginidad de mi ano estrecho. Sabía que era algo que no podría hacer todos los días, sin embargo, estaba segura de que lo iba a volver a hacer. Miré a mi marido a la cara y le dije.
—La verdad es que no mucho …
Empecé a decir dejando en secreto todos los acontecimientos del día anterior.
—Hice bastante aeróbica y yoga … Un buen entrenamiento, ¿sabes? …
Me tranquilicé pensando en que en parte era verdad, Enzo me miró y asintió.
—Pensé que habían ido a la piscina o a la ciudad o algo así …
—Bueno … En primera instancia esa era la idea … Pero supongo que hemos estado pasando un muy buen rato como madre e hijo …
Dije sonriéndole en forma tranquila.
—¡Oh! … Eso es realmente bueno … He visto que Matteo está muy feliz en estos últimos días … Lo note desde cuando regresé de mi viaje de trabajo … Parece más seguro de sí mismo y al parecer se ha acercado mucho a ti … Él te adora y yo también … Creo que te estamos malcriando, ¿no? …
Dijo Enzo riéndose bastante contento y satisfecho.
—Probablemente sí … Soy la mujer más afortunada del mundo …
Le dije devolviéndole la sonrisa y acariciando su mejilla. Justo en ese momento llamaron a la puerta y Enzo dijo.
—¡Entra! …
Matteo asomó la cabeza por la puerta y saludó.
—Buenos días, chicos … Me preguntaba cuándo se levantarían ustedes dos …
—¡Ehm! … Bueno … Hemos estado charlando un rato tú padre y yo …
Dije sentándome en la cama, Matteo se acercó a la cama y me entregó una taza de café.
—Esto es para ti, mamá … Lo hice como a ti te gusta … Espero no haberle puesto demasiada crema …
Dijo con una sonrisa. Miré la taza de café casi llena y noté trazas de su semilla en el borde superior.
—¿Cuánta le pusiste? …
—Dos veces, quiero decir, dos cucharadas … Te estaba esperando y bueno … eso …
Dijo un poco torpemente. Enzo no prestaba atención, todavía leía algo en su Tablet. Le guiñé un ojo a Matteo, había más semen que café, mi dulce niño se había masturbado dos veces en mi taza. Tomé un gran sorbo mirándolo a los ojos.
—Está delicioso … Justo lo que necesitaba para despertarme … Tiene muy buen sabor …
Matteo me sonrió sintiéndose orgulloso.
—¿Por qué no me das un poco? …
Preguntó Enzo levantando la cabeza de su Tablet.
—¿Café? … ¿Estás loco? … ¡En tus condiciones no puedes beber café! … El médico dijo nada de café …
Dije con un tono un poco horrorizada, mintiendo y tratando de evitar un desastre.
—¡Uhm! … No creo que me vaya a hacer mal … —Dijo Enzo.
—Te traeré tu propia taza … —Dijo Matteo desapareciendo hacia la cocina.
—Compartiré el de tu madre … —Insistió Enzo estirando su mano hacia mi taza.
—Cariño … Tengo la garganta un poco seca y obstruida … Probablemente estoy algo enferma y no quiero que te contagies …
Dije alejando mi taza de su mano.
—Pero siempre hemos compartido tus gérmenes y nunca me han hecho daño …
Dijo mi marido tan lindo y dulce.
—Tal vez así sea … Pero ahora es diferente … No quiero que te enfermes … Y soy yo quien está a cargo de ti …
Esto en parte era verdad, pero lo cierto es que por ningún motivo iba a compartir el café que mi hijo me había preparado especialmente para mí.
—Aquí, papá … Aquí hay un poco para ti … Sólo un poco …
Dijo Matteo entregando una taza media llena de café a su padre. Afortunadamente esto desvió toda la atención de Enzo en mi taza de café especial.
—Gracias … —Dijo Enzo recibiendo la taza y dando un sorbo.
Me incliné y respiré aliviada, tomé otro gran trago de café. Estaba deliciosamente bueno. Tal como debería ser siempre mi café. Ya había bebido la mayor parte del café y ahora estaba sorbiendo el semen con sabor a café de mi hijo.


Charlamos por algunos minutos y luego nos preparamos para la jornada. Me puse un pareo floreado y mi bikini negro; el mismo que iba a usar ayer antes de que Matteo y yo decidiéramos quedarnos. También usé mi sombrero de ala ancha y mis gafas de sol en caso de que decidiéramos quedarnos más tiempo en la piscina. Enzo y Matteo llevaban pantalones cortos y remeras, nos dirigimos a la terraza para desayunar.


Mientras nos acomodábamos a nuestra mesa, me di cuenta de que un hombre me miraba groseramente, él estaba sentado en la mesa al lado de la nuestra con una mujer joven, probablemente su esposa. Lo miré y le hice un desprecio de disgusto.
—¿Qué pasa? … —Preguntó Enzo.
—Nada …
Respondí despectivamente y luego miré al hombre que continuaba a mirarme. Enzo siguió la dirección de mi mirada y dijo.
—¿Acaso ese imbécil te molesta? …
Preguntó Enzo y Matteo dirigió la mirada hacia el hombre de la otra mesa. Vi que su cara se deformaba en enojo. Mi bebé era tan dulce y de buen corazón, no creo haberlo visto nunca así de enojado.
—¡Calma chicos! … ¡No es una gran cosa! … Sólo me molestó su mirada lasciva …
No había ninguna necesidad de hacer escalar esto a una riña, yo no necesitaba que nadie me defendiera, pero me encantó la forma en que mis dos hombres se sintieron en forma para protegerme del mirón. Así que hice lo que pude para calmar la situación.
—Dejemos eso e intentemos disfrutar de nuestro desayuno … Luego acompañaremos a tu padre una vez más al Spa …
—Es cierto … Papá necesita seguir siendo mimado … —Dijo Matteo un poco en broma.
—Bueno … Pueden darse cuenta de que soy alguien importante por estos lares … Tú, Matteo, algún día podrás beneficiarte de las mismas cosas si conoces a la mujer adecuada …
Dijo Enzo hablando seriamente a su hijo.
—Yo ya conozco a la mujer más importante de mi vida …
Respondió Matteo sonriendo y mirándome astutamente. Me reí y dije.
—Bueno … Esto se está volviendo un poco ridículo …
Podía sentir que el hombre continuaba a mirarme, afortunadamente nos trajeron muestra comida con sendos tragos y esto nos distrajo de toda la bochornosa situación. Contemporáneamente el hombre se levantó y se fue con su esposa y los tres pudimos finalmente disfrutar de nuestro desayuno. Una vez que terminamos nos dirigimos hacia el Spa para despedir a Enzo, me di cuenta de que él tenía ganas de disfrutar este segundo día de relajo. Le di un beso y lo envié hacia el local como si fuera un escolar a su primer día de escuela. La verdad es que me sentí aliviada de que estuviera bien, parecía haberse recuperado completamente y me hice a la idea de que todo iba a estar bien.


Matteo y yo caminamos hacia las piscina, encontramos un par de tumbonas y nos recostamos en nuestras posiciones de vacaciones.
—¿Crees que papá va a estar bien? … —Preguntó Matteo después de algunos minutos de silencio.
—Sí, creo que sí … Sucede que tu padre trabaja mucho para que podamos tener todo lo que tenemos en nuestras vidas … Debemos estar agradecidos por ello y también cuidar mucho de él … Sobre todo yo …
—Tienes toda la razón … Esto me dio mucho miedo, ¿sabes? …
—A mi también, cariño … A mi también …
Observamos la piscina durante algunos minutos bebiendo nuestras bebidas. Luego Matteo con su voz infantil me dijo.
—¿Mamá? …
—¿Qué sucede, tesoro? …
—¿Qué pasa si papá se entera de nosotros o de lo que estamos haciendo? …
Me di cuenta de que él me estaba mirando fijamente, continuó.
—Es que he estado pensando mucho en esto … Supongo que tú también, ya que siempre piensas en todo …
Era tan dulce mi bebé, me llenó de orgullo el corazón y luego prosiguió.
—Pienso que no creo que sea necesario de que él lo sepa ni lo averigüe … No creo que sea necesario de que se lo digamos … Pero lo raro es que no siento de que le estemos escondiendo nada ni tampoco mintiendo … No siento que tú y yo estemos teniendo una especie de aventura … Es algo totalmente raro, pero esto me parece diferente … Supongo que no quiero que esto termine cuando volvamos a casa … Nunca me he sentido más cerca de ti … Siempre te he amado, mamá … Sólo que ahora me siento mucho más conectado contigo … Es como si todo fuera natural … Es … No lo sé … Es algo que…
—Es algo que realmente necesitabas … —Interrumpí, terminando su frase.
—Exactamente … Y siempre he necesitado esto de ti, contigo … Sé lo raro que es esto y no todo el mundo lo hace … Pero cuando tú y yo estamos juntos e incluso ahora … Es como lo que siempre deberíamos haber hecho … Y lo raro, es que siento que no estamos haciendo nada a espalda de papá …
Era lo mismo que yo había estado pensando y no sabía todavía como expresarlo, pero Matteo había dado en el clavo.
—¿Se lo vas a decir a Lorena? …
Le pregunté antes de explayarme con mi punto de vista. Movió negativamente la cabeza y dijo.
—No … La amo y esto no tiene nada que ver con ella … ¿Acaso eso está mal? …
Me quedé pensativa y bebí un gran sorbo de mi bebida; luego me quité las gafas de sol para que él pudiera ver mis ojos.
—No, amor … No lo está … También he estado pensando en ello y me he preguntado más de una vez, cómo lo manejaría si tú padre se llega a enterar … Siempre he amado a tu padre … Él es mi marido y él y yo tenemos nuestra vida juntos … Mis sentimientos hacia él no han cambiado y no cambiarán después de este viaje … De la misma manera, eres mi hijo y te he amado desde que estabas en mi vientre … Eso jamás cambiará y siento que todo esto ha servido para consolidar nuestra unión … Lo que hemos construido entre tú y yo no es para nadie más, solo para nosotros … Incluyendo tu padre y Lorena … Esto es solo una conexión madre-hijo … Una conexión secreta, ¿entiendes? …
Sentí que Matteo me miraba emocionado, mi dulce niño. Yo también estaba emocionada, nos habíamos sincerado mi hijo y yo. Él se inclinó más hacia mí y me dijo.
—Mamá, cuando estamos juntos teniendo sexo, no te veo diferente de lo que te veo en este momento ni de como siempre te he visto … Siempre te veo como mi mamá aun cuando con tu hermoso y estrecho culo aprietas mi polla … Eres increíble mamá …
Le sonreí capciosamente y le pregunté.
—¿Incluso cuándo me llenas la cara de semen? …
Bebió un sorbo de su bebida y respondió.
—Especialmente en esos momentos, mamá … Siempre serás increíblemente hermosa y sexy …
Le sonreí y sentí la creciente humedad en mi panocha caldeada.
—Bien … Creo que tu mami va a necesitar un poco más de tu manjar el día de hoy … Cariño, también a mi me fascina tu semen … Me encantó lo que hiciste con mi café esta mañana …
—Mami … Te confieso que tengo mucho más para ti hoy … —Me dijo a baja voz.
Justo en ese momento sonó el celular de Matteo, era Lorena. Él tomó el teléfono y se levantó para conversar con su novia a orillas de la piscina. Me quedé en la tumbona y pedí otro trago. Me estaba empezando a dar cuenta de que solo nos quedaban un par de días más en el resort; así que decidí que iba a beber el máximo posible. Esta era mi conducta cada vez que finalizábamos unas vacaciones, no quería ni pensar en volver a casa.


Hacía más calor de lo habitual, el sol comenzaba a quemar, me quité el pareo para exponer mi piel al padre sol. Envié algunos WhatsApp a nuestros amigos en casa para avisarles de nuestro inminente regreso y enterarme de como estaban las cosas por casa. Luego me puse a navegar por algunos sitios en forma casual. Descubrí que mi necesidad de pornografía había disminuido significativamente en estos últimos días y lo atribuí a la cantidad de sexo que estaba teniendo con Matteo. Pensé de nuevo al café que me había preparado mi dulce bebé. Empecé a preguntarme si me había vuelto adicta a su semen. Todo lo que sabía era que me encantaba todo lo de mi Matteo. Incluso de solo pensar en él, hacía que mi panocha se empapara y comenzara a cosquillearme. Mi culo todavía estaba algo adolorido, pero eso no hacía disminuir mi excitación.


Pensé en los comentarios de él sobre nuestra relación y me sentí bastante aliviada, ya que él había llegado a la misma conclusión que yo y sin ninguna interferencia de mi parte. Esto me confirmaba que lo nuestro era algo real. Osadamente, me permití de pensar como iba a ser la situación cuando volviéramos a casa. Me hizo sentir cachonda al pensar que podría chupar su polla todos los días antes de que se fuera a la universidad. También pensé en que podría dormir conmigo todos los días en que Enzo estuviera en viaje de negocios. Pensé en comprar lencería nueva específicamente para él, así cuando él regresara a casa podría follarme inmediatamente. De algún modo, comencé a pensar que estas iban a ser nuestras nuevas rutinas y esto me hizo mojarme aún más.
—Hola, mami …
Dijo Matteo sacándome de mis pensamientos lascivos con él. Se acercaba caminando todavía con su teléfono en la mano.
—Hola, cariño … ¿Cómo esta Lorena? …
Dije juntando mis muslos sicalípticamente.
—Ella está bien … Se cayó la línea, así que espero que me vuelva a llamar …
Miró alrededor de la piscina que estaba con muy poca gente y me dijo.
—Me recordé que papá me dijo que debía cuidar de ti … No quiero que algún tipo venga a molestarte …
—Eres muy dulce, tesoro … Pero no tienes porque hacerlo …
Casi por encanto apareció el tipo molestoso de esta mañana. Se acercó a la piscina con una toalla en mano y su esposa siguiéndolo de cerca. Matteo se dio inmediatamente cuenta de él, apretó sus puños y le escuche rechinar sus dientes diciendo:
—Maldito idiota …
Me reí. No pude evitarlo. Mi dulce Matteo estaba lo más lejos de parecer un matón de barrio, un tipo duro y al mismo tiempo verlo ser tan protector hacia mí me mostró lo amoroso que podía ser y sentí algo erótico al saberme también de propiedad de mi hijo.
—Sí … Tienes razón …
Dije. Matteo me sonrió y me tendió la mano diciendo.
—Ven … Vamos a dar una vuelta por la playa …
—Buena idea …
Dije levantándome. Metí mi pareo en mi bolso y lo colgué en mi hombro. Noté que varios hombres miraban en mi dirección y sentí un hormigueo en mi espina dorsal. El bikini me quedaba estupendamente. Mientras caminábamos hacia la playa, le pregunté a Matteo.
—Te gusta este nuevo traje de baño …
Por supuesta que buscaba descaradamente un cumplido por parte de él. Me miró y luego bajó a la arena.
—¿Estas bromeando? … Estás super sexy ahora mismo, mami … Me cuesta mucho sólo mirarte …
Sonreí y mientras tomaba su mano para bajar a la arena, le dije.
—Bien … ¿Y eso te hace ponerte duro? …
—A decir la verdad, mamá … Me pongo duro cada vez que estoy cerca de ti …
—Muéstrame …
Le dije mientras comenzábamos a caminar sobre la playa. No había casi nadie alrededor. Mi corazón latía acelerado y mi coño comenzaba a humedecer mi bikini.
—¿Aquí y ahora? …
Preguntó Matteo con una sonrisa un poco divertida y luego agregó.
—Quiero decir … Todavía no estoy totalmente duro … Pero puedes ver, ¿eh? …
Me dijo estirando sus shorts y mostrándome el tremendo e incipiente bulto que se estaba formando en sus pantaloncitos cortos. Lo miré atenta y maternalmente le dije.
—Bueno … Avísame si te sientes incómodo …
Mientras las pequeñas olas del lago mojaban mis pies. Me lamí los labios pensando en la polla de Matteo y agregué.
—Odio verte con esa cosa dura que te incomoda …
Todos esos pensamientos de hacerle diariamente sexo oral a Matteo antes de irse a la universidad me hacían agua la boca. Él tomó mi mano mientras caminábamos, miré hacia su entrepierna y pude ver el relieve de su polla que se columpiaba en medio a sus piernas. Sus dedos se entrelazaron con los míos y continuamos nuestra caminata por la playa. A un cierto punto le pregunté.
—¿Dónde me estás llevando? …
Estaba algo impaciente por sacar su polla de sus pantalones ahí mismo.
—Hay un lugar donde hablo con Lorena y es bastante privado …
Dijo siempre sonriente.
—¿Hablas sucio con ella cuando estás allí? …
—A veces ella me muestra su cuerpo y yo le muestro el mío …
Caminamos unos minutos más y llegamos al final de la playa donde había sólo rocas y algunos arbustos.
—Matteo se acabó el camino … No hay más donde ir …
Me tiró de la mano, subimos las rocas y al otro lado había una playa pequeñita de no más de cinco metros, toda rodeada de palmeras y arbustos. Me sonreí a mi misma, apreté su mano y le dije:
—La guarida perfecta, ¿eh? …
Dejé mi bolso y saqué dos toallas que había traído.
—¿De donde sacaste eso? … Nunca te vi empacarlos y tampoco teníamos programado venir a la playa …
Dijo Matteo sorprendido, lo miré y le dije:
—Matteo, soy tu madre … ¿Cuándo me has visto que no me encuentro preparada para algo? …
Él se rio. Miré todo a mi alrededor y me volteé hacia él.
—Ahora ven aquí …
Le dije. Dio un paso hacia mi sonriendo y su celular comenzó a vibrar en su bolsillo.
—¡Oh! … ¡Espera! … Lorena me está llamando …
Antes de que pudiera responder le tiré los pantalones abajo
—¡Hola, nena! …
Respondió y yo tomé su pene con mis dos manos. Me miró asustado, pero yo no tenía ninguna intención de detenerme. Se llevó el teléfono a la oreja, tenía los ojos muy abiertos. Apunté mi dedo a su polla y le susurré:
—Tengo necesidad de chuparte por largo rato …
Movió su cabeza afirmativamente y le escuché decir.
—¡Uhm, sí! … Lo siento por eso … Aquí es una zona de muy mala recepción …
Sus ojos todavía estaban muy abiertos, pero no de sorpresa, sino de necesidad.
—Sí … Estoy en la playa con mamá …
Su gran pene parecía haberse inflado más y estaba más duro que nunca. Miré su enorme pene y le dije divertida y a baja voz.
—Te he extrañado muchísimo, ¿sabes? …
Luego le besé la punta y rodeé su corona con mi lengua.
—Te lo dije … Ella está aquí conmigo …
Dijo Matteo un poco torpemente mientras yo trataba de escarbar su diminuto orificio en esa cabezota a forma de hongo y justo cuando lo había tirado hacia arriba para lamerlo desde sus bolas hasta su glande, él me extendió el teléfono.
—Mami … Lorena te manda saludos …
Le di dos furiosas chupeteadas y luego lo engullí a la mitad, lo saqué de mi boca y fugazmente y a alta voz dije.
—¡Hola, Lorena! …
Esperando que ella pudiera escucharme a través del sensible micrófono. Agarré la polla de Matteo y me di varias bofetadas en mis mejillas, después lo puse entre mis labios; mi boca parecía tan pequeña, pensé que este monstruo había crecido un poco más. De nuevo a alta voz dije.
—Espero no extrañes mucho a Matteo …
Enseguida volví a chuparlo hasta que mis mejillas se hundieron.
—¡Uhh! … ¡Ay! … —Dijo Matteo y prontamente añadió—Sí, nena … estoy aquí … Lo siento …
Me tragué un poco más de su pene y lo chupé. Me encantó la suavidad aterciopelada de su piel debajo de su cabeza de hongo y seguí chupando sin mover mi cabeza, sólo chupar y chupar, a ratos suave y a ratos más fuerte. Controlando mi respiración sin dejar de chuparlo. Me acomodé un poco sobre mis talones, porque tenía intención de estar chupando la polla de mi hijo por largo rato.
—Sí, fue una locura … Nadie se esperaba algo así …
Dijo Matteo mirándome como jalaba de su polla hacia abajo, seguía hablando con Lorena.
—El médico encontró a papá demasiado estresado y agitado … Con un poco de arritmia cardiaca … Mamá y yo estábamos bastante asustados …
Me quité la polla de la boca con un sonoro “Pop” y me quedé mirándola embelesada. Estaba fascinada por lo dura que podía ponerse. Esto me estaba excitando cada vez más.
—Te voy a chupar todos los días … —Le dije entre dientes.
—Mí objetivo en la vida será hacerte poner dura y que te sientas bien en mi boca …
Lo volví a chupar, esta vez más profundamente. Me deleité sintiendo su sapidez y la textura sólida y maciza. Matteo me miró circunspecto y dijo.
—¡Uhhh! … Sí, ella está aquí, pero está un poco ocupada …
Lo miré fijo a los ojos y comencé a follarle la polla con mi boca moviendo mi cabeza muy rápido. Dentro-fuera, dentro-fuera, dentro-fuera. Le sonreí con los ojos al ver el placer deformando su rostro de niño.
—Claro … Sí … Espera ...
Respirando un poco con afano, Matteo me dijo.
—Mamá … Lorena quiere hablar contigo …
Empujé mi cabeza hasta tocar su vientre con mi nariz, su polla estaba casi atosigando mi garganta, sin toser ni siquiera una vez, me quité su polla y me limpié la boca diciéndole.
—Bueno … Pásame con ella …
Me tendió su celular, acarició mis cabellos y puso su polla cerca de mi mejilla.
—Hola, Lorena … ¿Cómo va todo por ahí? …
—Hola señora Furci … Lamento lo del señor Furci … ¿Está bien ahora? …
Preguntó genuinamente interesada. Con una mano masturbé la gran polla de Matteo y con la otra mantuve el teléfono en mi oreja.
—Sí … Ahora todo está bien … Gracias por preguntar …
Hice una pausa para dar dos chupeteadas a la exquisita polla de mi hijo, luego agregué.
—Todos estamos bien y ya preparándonos para regresar … Al menos Enzo se ha repuesto un poco de su cansancio …
—Me alegro mucho de que estén bien … Era su corazón o algo así, ¿no? … ¡Qué miedo! … Ni siquiera puedo imaginar por lo que pasaron …
Me volví a tragar la polla de Matteo hasta el final de mi garganta y prontamente la retiré. Matteo gimió audiblemente cuando lo solté. Abrió sus piernas y se acercó más a mí, luego puso una mano en mi nuca.
—Gracias a Dios no era su corazón … Sólo su presión arterial se volvió un poco loca … El doctor dijo que se debía a su estrés …
Matteo en tanto, sostenía su polla por la base y me la azotaba juguetonamente contra la mejilla, entonces añadí.
—Y sí, tuve miedo … Estos dos hombres lo son todo en mi vida …
Cuando abrí la boca, Matteo no perdió ni un segundo y empujó su pene dentro.
—Lamento mucho por lo que han tenido que pasar … El señor Furci es jun hombre formidable … Espero que le aproveche el descanso … Matteo me dijo que está en algo así como una especie de relajación en el resort, ¿es así? …
Matteo no cesaba de bombear su polla dentro de mi boca y no me dejaba responder, finalmente pude retirarla, su polla me dio un rebote en la nariz, tomé un poco de aire y dije.
—Sí … Es así … Es genial … El complejo le regalo un día entero libre de costo … Así que esta recibiendo masajes, sauna, piscina termal, más masajes, supongo y todo tipo de cosas geniales para estar bien …
Hice una pausa para lamer unas gotitas perladas en la punta de la polla de mi hijo y luego dije.
—Lo más importante es que lo vio un profesional y dijo que iba a estar bien … Así que Matteo y yo lo dejamos que descanse todo el día de hoy …
Abrí la boca de nuevo y Matteo me dio a comer su polla mientras sostenía el celular.
—Bueno … Eso me parece realmente asombroso … ¿Qué van a hacer el día de hoy? …
La polla de Matteo estaba en el fondo de mi garganta, cerré los ojos para disfrutar con inmenso placer como mi hijo lograba follar hasta mi laringe. Me dio tanto placer que casi me corro. Mi garganta debe ser muy sensible, pensé. Me quedé turulata a disfrutar el momento.
—¿Señora Furci? … ¿Está usted ahí señora Furci? …
Me quité rápidamente la polla de mala gana para responder.
—Sí … Sí … Lo siento, querida … Pero la recepción por estos lados no es muy buena …
Dije manchando con saliva el celular de Matteo. Miré hambrienta la erección fabulosa de mi hijo y dije.
—Bueno … Creo que yo y Matteo vamos a pasar un buen rato como mamá e hijo … Sí, creo que eso es lo que haremos …
—¡Oh! … Eso es genial …
Matteo acercó su polla hacia mi boca y comenzó a empujar. Lo miré con ojos que decían: “Fóllame la boca tan fuerte como quieras”, escuché a Lorena que decía:
—Estoy esperando a Matteo … Quiero que pasemos un buen rato él y yo … Esta es la primera vez que estamos separados por tan largo tiempo …
Matteo me metió la mano en la boca. Sostuve el celular lo más firme que pude y miré fijamente a Matteo. No pude evitar de balancear mis caderas mientras él empujaba su polla en lo profundo de mi boca. Volví a prestar atención a Lorena.
—Bueno, señora Furci … Me alegro mucho de haber podido hablar con usted … Cuida a mi Matteo por mí, ¿vale? …
Dejé de cubrir el teléfono con una mano, Matteo sacó su polla de mi boca. El aparato estaba cubierto de saliva y rezumaba líquido preseminal.
—Fue estupendo hablar contigo, Lorena … Y pierde cuidado … Cuidaré a Matteo como siempre lo he hecho …
—Eres una gran mamá, señora Furci …
—Siempre busco lo mejor para mi hijo …
No esperé respuesta y le devolví el teléfono a Matteo. Tan pronto como cogió el celular, me dediqué a devorar su polla con ambas manos y boca. Tomé sus caderas y me balanceé lo más rápido que pude hacia adelante y hacia atrás. Su punta grande y carnosa rápidamente llenó mi boca hasta estrellarse con el fondo de mi faringe. Con la boca bien abierta seguí mamando su gran polla mientras él intentaba hablar coherentemente con Lorena.
—¡Ahh! … Sí, nena … Soy yo otra vez …
Dijo Matteo mientras agarraba mis cabellos y empujaba su polla enérgicamente en mi boca.
—¡Mmm! … Sí … Sí … Está … ¡Hmm! … Bien …
Le costaba hablar con su novia, porque yo seguía empujando mi rostro contra su vientre, con su polla casi impidiéndome de respirar y mis manos acariciando suavemente sus bolas llenas y pesadas. Ahora había encontrado un ritmo y sincronía perfecto, necesitaba llevarlo hasta el final, sentía la tensión de sus piernas y las pulsaciones de su pene en mi garganta, debía chuparlo sólo un poco más rápido para que me donara su precioso manjar masculino. Comencé a masturbarlo velozmente dejando la punta de su polla firmemente aprisionada en mis labios, usé mi lengua como una tromba y chupé la corona de su glande en forma reiterada y rápida. Matteo comenzó a temblar e intento retroceder un poco, pero yo lo atrapé por las caderas y seguí dándole mi tratamiento especial. Mis tetas saltaban y danzaban en mi pecho mientras lo chupaba intensamente, yo sabía que él estaba listo para acabar en mí. Necesitaba su exquisito semen.
—Sí … Sí … Yo también te amo … ¡Mmm! … Está bien … Te llamaré más tarde … Te amo … Sí … Adiós …
Matteo lanzó el teléfono sobre la toalla y acto seguido tomó mi cabeza con la dos manos comenzando a follarme la boca a una vertiginosa velocidad.
—¡Dios mío! … ¡Umpf! … ¡Ahhhh! … ¡Umpf! … ¡Qué carajo! … ¡Oh, mami! … ¡Mami me voy a correr! … ¡Ahhh! … ¡Ohhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Sí, mami! … ¡Ssiii! … ¡Aaaahhhh! … ¡Uuuuhhhh! …
Matteo estalló en mi garganta y yo apreté mi labios para no dejar escapar nada, luego tragué y tragué nutriéndome del maravilloso alimento que me proporcionaba mi hijo con copiosos y tibios borbotones que descendían directamente por mi faringe.
—¡Qué rico, mamá! … ¡Santo cielo! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Sus exquisitas pulsaciones se repitieron primero con mucha fuerza y luego poco a poco fueron disminuyendo. Puse mi mano a la base de su polla y con mis dedos drené todos los que podía salir de su pene que comenzaba a ponerse un poco más blando. Chupé su glande esmeradamente, hurgueteando con mi lengua el orificio desde donde escapaban algunas débiles gotas de placer celestial.
—¡Uhhhhh! … ¡Joder, mami! …
Grito Matteo apaciguando sus movimientos eyaculatorios. Gemí mientras me ocupaba de limpiar muy bien su polla y lamer toda traza de semen. Luego le di un par de nalgadas para indicarle que había terminado con su polla.


Después de eso nos quedamos a relajarnos en la pequeña playa, pero el sol se volvió demasiado intenso, así que fuimos forzados a regresar al complejo. Era ya hora de almorzar y luego decidiríamos que hacer por la tarde. Pude ver que la piel de Matteo estaba enrojecida y probablemente el pobre estaba deshidratado. Seguramente todo ese tiempo bajo el sol nos había afectado a ambos. Mi piel sudorosa me ardía por haber trabajado tan duro para extraer la miel de mi bebé. Regresamos a la zona del resort, ambos empapados de sudor, sedientos y quemados por el sol.
—Ve a la piscina, cariño … Iré a buscar un poco de agua fresca al bar … Me reuniré luego allí contigo …
Él asintió y se fue hacia la piscina a cobijarse en algún lugar de sombra. Caminé hasta el bar y tomé unos vasos grandes de jugos tropicales helados. Mientras esperaba encontré una tumbona con paraguas cerca de donde estaba Matteo y dejé mis cosas. Noté que otra chica se había acercado a mi hijo y estaban charlando en un ángulo. Era muy bonita y joven, Tenía un moño parecido al mío, algunos tatuajes en sus hombros y un hermoso cuerpo tonificado. Podría decirse que era una atleta o entrenadora personal. Coqueteaba con mi Matteo y se veía muy segura de sí misma, se movía con cierta energía, pero sus tetas duras como rocas no bamboleaban, saltaban junto a todo su cuerpo y no rebotaban ni sacudían. Su trasero parecía esculpido por un artista. Su bikini era del mismo color que el mío y no había ninguna duda de que era de marca. Sonreí halagada al pensar que esta bella mujer encontraba a mí Matteo lo suficientemente interesante como para cortejarlo. Deveras era una chica increíble.


Caminé hacia ellos y me senté cerca de Matteo, pero no lo suficiente como para interrumpirlos o entrometerme. No sabía lo que estaba sintiendo en ese momento, ¿celos? Traté de comportarme como mamá trayéndole un refresco a mi hijo. Me mantuve a cierta distancia. Me costaba asimilar que mi hijo ya era un hombre muy guapo y que siempre existirían chicas queriéndolo conquistar. Me parecía asombroso el tener todavía en mi garganta el sabor de ese rio de semen que me había regalado, fue tanta la cantidad que ahora no sentía la necesidad de almorzar.
—Entonces, ¿Estarás aquí mañana? … —Preguntó la entrenadora.
—Sí … No he salido mucho … Ha sido una semana tranquila …
Dijo Matteo sonrojándose un poco, esta chica no era la típica tonta.
—Así que estás aquí solo con tus padres, ¿eh? …
—Sí … Aunque pueda parecer patético, ¿verdad? …
—No … Sólo quería saber si tenías a alguien con quien divertirte …
—¿Sabes? … A menudo la gente me pregunta lo mismo cuando descubren que soy hijo único … La verdad es que mis padres son geniales … Especialmente mi madre … Ella es mi mejor amiga …
No intervine en nada, pero mi corazón se derritió al escuchar las palabras de mi bebé. Sonreí para mis adentros al asumir lo única que era nuestra pequeña familia.
—¡Genial! … Yo estoy aquí con algunos amigos … —Dijo la chica mientras jugaba con sus cabellos.
—¿Y donde están? … —Quiso saber Matteo.
—Ahora voy a almorzar con ellos … Sólo quería refrescarme antes de unirme a ellos … Sí te atreves, puedes venir con nosotros …
La muy puta, quiere arrebatarme a mí Matteo. Me pregunté cuántos años podría tener esta chica. Probablemente es una universitaria y si tuviera que adivinar de no más de veinte años. Fue interesante verla a ella tratando de cazar a su presa, mi hijo. Había una diferencia de un par de años entre Matteo y ella, pero en la diferencia de sexo, ella le llevaba al menos diez años de madurez. Nosotras las mujeres comenzamos a madurar después de nuestro primer periodo, entre los once y los trece años, en cambio un chico a dieciocho años está recién saliendo de su niñez. Ella debe pensar que mi Matteo es mayor que ella.
—¡Ehm, no! … Está bien … Gracias de todos modos … Pero hemos tenido a mi padre con algunos achaques y no quiero dejar sola a mi madre … Especialmente a la hora de almorzar …
—Eres muy dulce … Tal vez te vea por ahí …
Dijo la muy zorra antes de irse a pasitos cortos y moviendo su culo para que mi Matteo viera lo que se había perdido. Matteo le regaló una última sonrisa y la complació diciéndole.
—¡Ehm, sí! … Tal vez …
La calientapollas se fue y se alejó sin mirar atrás, en tanto Matteo la seguía con los ojos. No hice nada, solo me senté a beber mi jugo de ananás. No quería intervenir, debía darle espacio a mi bebé, él debía estar cómodo con su hombría. Si se le pone duro, mejor aún, más lo disfrutaré. Cuando desapareció el lindo culo, cerca de un minuto después, él se giró hacia mí y se acercó.
—¡Hola, guapo! … —Dije moviendo mis pies en el agua fresca. —Aquí está tu jugo …
—¡Uhm, gracias! …
—Vi a la chica que hablaba contigo … Linda chica …
No podía evitarlo, tenía que decirlo, soy su mamá.
—Sí … Ella me pidió que almorzara con sus amigos … —Dijo Matteo en forma indiferente.
—¿Vas a ir? …
Ciertamente yo sabía la respuesta, pero las madres me comprenderán, era algo que debía preguntar.
—No … —Dijo Matteo tajantemente.
—¿Por qué no? … ¡Ella era muy linda! …
Dije fingiendo sorpresa. Matteo me miró con sus hermosos ojos y dijo.
—Mamá … Ella es solo una niña boba … Quiero almorzar con la mujer de mi vida … La más bella y sexy del mundo … Tú …
De verdad que me sonrojé y me emocioné.
—Eres dulce y encantador … Igual a tu padre … —Dije halagada.
—¿Será por qué te amo? …
Preguntó retóricamente sin pestañear mientras bebía un gran sorbo de su jugo. Dichosa di unas pataditas en el agua.
—Será mejor que te hidrates …
Dije volviendo a mi rol de madre, añadiendo.
—Si sigues así me voy a poner bastante exigente más adelante …
Pensando a la próxima vez que tendría la ocasión de ordeñarle la polla. Me sonrió en forma sutil, volvió a beber de su jugo y me dijo.
—En ese caso voy a necesitar comer mucho para generar más de lo que a ti te gusta tanto …
—Así es … Lo vas a necesitar …
Permanecimos un rato en silencio y luego salimos de la piscina para ir a almorzar en uno de los restaurantes interiores. Me sentí mejor estando lejos del sol y sintiendo el aire acondicionado fresco que hacía endurecer mis pezones. Pedimos nuestra comida y yo pedí unas margaritas. Mientras esperábamos, recibí un WhatsApp de Enzo preguntándome donde estábamos. Le dije el lugar y unos minutos más tarde, mi marido entró tranquilamente desde el pasillo exterior.
—¿Qué estás haciendo aquí? …
Pregunté sonriendo felizmente sorprendida. Se veía bien. Relajado y feliz.
—También tengo que comer, ¿no? … Me alegro de haberlos encontrado aquí …
Dijo riendo muy contento y alegre.
—Estuvimos en la playa … Hoy hace mucho calor ahí afuera y creo que exageramos estando más del tiempo adecuado …
Mientras sonreía, mordisqueé mi labio y me di cuenta de tener un poco de semen seco en él. Rápidamente lo lamí y lo tragué.
—¿Cómo va tu día hasta ahora? … Pensaba enviarte un WhatsApp, pero creí que era mejor dejar que te relajaras …
Dije pasando un dedo por mi boca disimuladamente para asegurarme de no tener nada más por ahí.
—A decir la verdad … Todo ha sido increíble …
Dijo Enzo, enseguida pasó a contarnos con lujo de detalles todas las instalaciones del Spa, los masajes que había recibido, los controles de su estado de salud y todo lo que había estado haciendo, ya al final de su perorata, me dijo.
—También tengo una divertida historia para ti, Alessia …
—¿Sí? … ¿Y cuál sería esa? … —Pregunté intrigada.
—Bueno … Estaba yo en una de las piscina termales relajándome después de un masaje estupendo … Y se sienta a mi lado ese tipo que te dio fastidio mirándote inapropiadamente …
Hice un gesto de desdén y disgusto cuando Enzo comenzó a contar sobre este tipejo.
—Quise ser educado y amable y lo dejé acercarse a mi … Bueno … Se me acerca y comienza a hablarme … ¿Y adivina que me dijo? …
Enzo tenía los ojos muy abiertos, sonreía y me miraba en modo raro.
—Ni idea … Probablemente alguna estupidez … —Respondí.
—Bueno … Me habla un poco a baja voz y me dice: “Amigo, estoy bastante seguro de que tu esposa te está engañando” … Le dije que se explicara y él dijo que te había visto tomada de la mano con un joven muy guapo …
Mi corazón dio un vuelco y miré a Matteo, con calma dije.
—Que raro …
—Sí, lo sé … Raro, ¿verdad? … Dijo de haberte visto con este joven e incluso te vio ir al mismo baño con él … Luego dijo: “Amigo, lo siento, pero pensé que deberías saberlo” … Entonces le pedí que me describiera al joven … Se lo dije en un tono entre enojado e interesado …
—¿Y entonces que te dijo? … —Preguntó Matteo, tal vez un poco nervioso.
—En pocas palabras te describió a ti … Entonces le dije que estaba describiendo a mi hijo … Y que tu madre estaba en compañía contigo y no había nada de raro en eso … Deberías haber visto su rostro … Pensó que te iba a delatar y se encontró que solo estaba diciendo estupideces …
Dijo Enzo riéndose, Matteo y yo nos miramos y también reímos, luego agregó.
—Le dije que estaba claro que él estaba espiando a mi esposa y que tú Matteo, eras un deportista experto en artes marciales y si descubres que algún imbécil molesta o espía a su madre, probablemente se va a llevar una paliza de esas …
Lo miré con el corazón hinchado de orgullo y alivio a la vez y él continuó.
—Sé que coqueteaste con mi mujer y ella te rechazó, y crees que te estás vengando de ella al venir a contarme todo esto … Pero créeme si te digo que mi mujer es excepcional y no hay otra como ella … Por favor no vuelvas a fijarte en ella y ahora déjame tranquilo … Vete al lugar de donde viniste y quédate allí … Le dije y el tipo me dejó tranquilo …
Creí cada palabra que me decía Enzo, él es el hombre más dulce del mundo. Una vez, Enzo detuvo el auto y se bajó a ayudar a cruzar la calle a una mujer anciana que llevaba muchas compras. También le compró una bicicleta nueva al hijo del vecino después que a este le robaran la suya y, él se enterara de que ellos no podían permitírselo. Él es muy tierno en todos los sentidos y solo se vuelve agresivo cuando participa a alguna competición o cuando pierde la nacional. Así que escuchar esto de él para mi no era ninguna sorpresa, porque él es así. Me sentí muy orgullosa de mi marido, pero de todos modos odié con toda mi alma a ese tipo entrometido.


Pero esto también fue un grito de alarma que no podía dejar pasar por alto. Es cierto que madre e hijo pueden caminar tomados de la mano, pero lo de esta mañana en la playa era algo que no debía volver a suceder. Algún extraño podía habernos seguido y estar espiando nuestros asuntos. Sería inconcebible que Enzo viniera a enterarse por algún fisgón descarado. Esto no significa que no voy a hacerlo de nuevo con Matteo. Solo que debíamos protegernos de miradas indiscretas, nadie entendería el amor y el afecto que había entre nosotros. Miré a Matteo y le di una fuerte mirada de afecto para que se tranquilizara.
—¿Y que más dijo? … —Preguntó Matteo.
—Había algo raro en él … Estaba empecinado en convencerme de que había algo raro entre tú y tu madre … Creo que quedó muy dolido ante el rechazo de tu madre … Es muy raro que haya hecho esto, pero da igual … Hay tanto tipo raro por ahí …
—Bueno, en cierto modo me alegro de que haya sucedido así … Gracias, maridito mío … Eso fue bastante adorable de tu parte … Sólo espero que ahora se mantenga alejado …
—Parece un perdedor … Uno que solo ladra y no muerde …
Me reí para mis adentros al escucharlo hablar así; Enzo jamás ha estado en una riña por ahí. Lo verdaderamente importante es que él estaba bien y yo me sentía feliz. Finalmente añadió.
—De todas maneras, Matteo … Mantente cerca de tu madre hasta que nos vayamos, si no te importa …
—Por supuesto, papá … No tengo ningún plan más que estar con ella …
—Bien … Eres un buen chico …
*****


Después de almorzar, Enzo regresó al Spa y Matteo y yo decidimos regresar a la habitación para tomar un descanso del sol. El día parecía más caluroso y después de nuestra asoleada mañana en la playa ambos necesitábamos descansar. Mientras caminábamos a nuestra habitación, Matteo me tomó de la mano preguntándome si este era el tipo de cosas con las cuales debíamos tener cuidado. Yo y él nos habíamos tomado de la mano tantas veces antes, incluso en alguna que otra ocasión nos habíamos abrazados, pero obviamente las cosas habían cambiado y ahora habíamos gozado de una intimidad carnal fabulosa que jamás pensé tener. Era más difícil discernir que cosa estaba bien o mal frente al público. Era algo que debía pensar y hablarlo con Matteo cuando llegara el momento oportuno.


Entramos a nuestra habitación, dejé nuestras cosas al ingreso y me fui al baño para refrescarme y lavarme un poco la cara. Me miré al espejo y fruncí el ceño, estaba convertida en un desastre toda sudada y enrojecida.
—Hasta aquí llegó tu belleza querida Alessia …
Le dije a la atroz figura que me miraba desde el otro lado del espejo; parecía una vagabunda chasconeada y bañada en sudor. Inmediatamente agarré mis cabellos y los amontoné en un moño no muy ordenado. Me quité el pareo para ver mi bronceado. Sonreí. No pude evitarlo. Me gusto la forma oscura de mi piel y el contraste con la parte protegida por el sujetador, me pareció algo erótico y sexy. Bajé la parte delantera para observar mis pechos, parecían dos melones partidos por la mitad, todavía duros y a la vez esponjosos; pensé que estaban mucho mejor que los de esa chica escultural que coqueteaba con Matteo, sin duda los míos eran más grandes y ahora de ese color blancuzco, mucho más atractivos. Junté mis brazos y los empujé hacia adelante, mis pezones se hincharon y apuntaron hacia el cielo. Sí, pensé, todavía hay primavera en ellos.


Tomé una toallita húmeda y perfumada y limpié mi cara, el pecho, mis senos, las axilas, mi vientre liso y luego mis muslos. Se sentía bien el aire acondicionado en mi piel fresca y perfumada. Pensé a Enzo y a su total indiferencia y desprecio por lo que le había dicho aquel estúpido. Quiero decir, cuando él contó la historia sonó todo totalmente ridículo. ¿Qué mamá y que hijo participarían en actos reprobables? Si yo me enterara por boca de terceros que Lorena está follando con su padre, por supuesto que consideraría que era una entera mentira. Sin embargo, el hecho de que se haya producido un rumor era algo que no me gustaba para nada. Me hacía sentir incómoda.


Después de asearme, me recompuse y volví a la sala de estar. Matteo se había quitado la camisa y estaba frente al televisor mirando una película, se veía muy guapo. Mis instintos maternales buscaron su proximidad, me dejé caer a su lado y comencé a ordenar sus cabellos. Como buen hijo, no dijo nada y me dejo hacerle de todo inclinando un poco su cabeza. Cuando terminé simplemente se acomodó con su cabeza en mi hombro y miramos juntos la película. Perdí interés en la pantalla, así que me levanté para buscar mi celular y luego volví a sentarme a su lado.
—¿Puedo poner mi cabeza en tu regazo, mamá? … —Preguntó Matteo, lo noté cansado.
—Por supuesto, tesoro …
Dije enderezándome un poco para hacerlo estar más cómodo. Agarró un cojín, lo puso sobre mis muslos y recostó su cabeza. Pasé suavemente la mano por sus cabellos mientras hojeaba pasivamente mi celular. Estaba planificando el viaje de regreso. No había mucho que hacer; Matteo había empacado prácticamente lo más importante; solo debía preocuparme de sincronizar con el hotel para el taxi que nos llevaría al aeropuerto. Suspiré ante la idea de despertarme temprano el día domingo, pero no había otro modo, excepto volver a casa el sábado, un día antes y esto era todavía peor. Preferí que Enzo tuviera su sesión de Spa completa y así tomar el vuelo del domingo a las cinco de la madrugada.


Matteo se giro sobre mi regazo y levanté los brazos para que se acomodara sin prestarle mucha atención. Cuando dejó de moverse volví a bajar los brazos para ver mi celular y seguir planificando todo. Eché un vistazo al calendario de la próxima semana y no me gusto para nada, ya tenía varías actividades de inicio de año; esta era la parte más horrible de la vuelta de vacaciones.


De repente sentí los dedos de Matteo en la parte frontal de mi bikini. Estaba tocando suavemente mis pechos por el borde de mi traje de baño. Lo miré y recién me di cuenta de que estaba girado frente a mí con su cabeza apoyada en mi regazo. Él me tocaba en forma delicada y suave mirando fijamente mis pechos. Su tacto se sentía agradable, cálido y reconfortante. Me comenzó un hormigueo por todas partes. Deslizó su cabeza más cerca de mi torso y me miró por un momento, le sonreí.
—Mami … —Me dijo con su dulce voz de bribonzuelo.
—¿Qué quieres, bebé? … —Respondí mirándolo a los ojos.
—¿Puedo? … —Preguntó y empezó a tirar de mi sujetador, dejando expuesto mi pezón izquierdo.
—Por supuesto que sí, querido …
Dije al darme cuenta de lo que quería. Tiré de la cuerda de mi cuello y solté mi sostén liberando mi pecho izquierdo, luego lo tomé con mi mano derecha y lo apunté a su boquita tierna de bebé. Mi dulce niño abrió bien su boca y comenzó a chupetear de mi teta izquierda. Lo emboqué bien y empujé mi seno lo más adentro de su boquita. El calor de su boca y las suaves asperezas de sus dientes me provocaron un corrientazo eléctrico, se erizaron los vellos de mi nuca y se me uso la piel de gallina. Agarré mi pecho con firmeza y lo aplasté contra su boca, esto hizo gemir a Matteo y succionó aún más fuerte. Él tomo mi seno derecho con su mano y comenzó a amasarlo tiernamente, ahora mis dos tetas estaban expuestas para mi hijo.


Lo miré con ternura al verlo como succionaba ávidamente de mi pezón endurecido, a ratos parecía querer engullir mi teta entera. Mi cuerpo estaba excitado y reconfortado. Se veía tan natural ver a mi bebé chupando de mi teta. Gemí suavemente sintiendo las contracciones de mi panocha. Matteo se giró hacia mí y continuó succionando mi pecho izquierdo. Parecía que él quería sentirlo todo en su boca, me lo estaba devorando. Lo agarré y se lo di, tomé su cabeza y aplasté mi teta contra su rostro; Matteo gimió y con su otra mano masajeó mi seno derecho. Percibí que era lo que él necesitaba y le di mis pechos sintiéndolo más que nunca mi bebito. Entre dientes le susurré.
—Sí, cariño … ¡Asiii! … Chupa bien las tetas de mami …
Seguí empujando su nuca contra mi teta; con la otra mano me incliné más allá de su cinturón y encontré su gran polla dura como una roca. Comencé a masturbarlo muy rápidamente mientras me chupaba las tetas. Él gimió, abrió la boca y comenzó con su lengua a lamer mi pecho por todos lados. Volvió sobre mi pezón y gimió chupándolo ardorosamente. Su polla estaba muy dura en mi mano y sentí la humedad de su pre-semen comenzando a salir por la cúspide de su cabezota hinchada. Empezó a mover sus caderas y mi mano recorrió su pene hacia arriba y hacia abajo, desde las bolas hasta el ápice amoratado y brillante.
—¡Uuuuuhh! … ¡Aaaaaahh! …
Gemí cuando empezó a chupar con más ardor. Agarré con más fuerza su cabeza y empujé mi entera teta contra él. Seguí acariciándole la polla y sentí que desesperadamente se quitaba los pantalones cortos. Mi teta salió de su boca y él lamió mi blancuzca redondez, luego se lanzó a chupar mi otra teta, cuando cerró sus labios sobre mi duro pezón, nuestros ojos se encontraron y yo le sonreí. Agarré su polla lo más fuerte que pude y la apreté, quedándome quieta, simplemente sosteniéndola. Sus ojos se pusieron blancos de placer.
—Te gustan las tetas de mami, ¿verdad? …
Pregunté en un susurro y seguí sacudiendo su polla con inusitada fuerza otra vez. Matteo gimió y se sacó mi teta de su boca.
—Sí, mami … Nadie tiene tetas como las tuyas … Tan grandes y gorditas … Y ahora tan sexys con este contraste de color … Quiero chuparlas, follarlas y rociar todo mi semen en ellas … Lo necesito …
Luego continuó a chuparme de nuevo el pezón. Presioné nuevamente mi pecho contra su boca y seguí acariciando su polla. Su pija estaba muy dura, hinchada y resbaladiza con líquido preseminal escurriendo por su prepucio, formando una crema blanca que a veces burbujeaba. Matteo movía sus caderas casi follando mi mano. Pude ver que estaba perdido en la lujuria y el placer, lo masturbé con mayor ahínco, quería hacerlo sentir el máximo de placer posible.


Mi pecho se le salió de la boca otra vez y comenzó a lamerlo, pasando su lengua sobre él una y otra vez. Lo miró fijamente y lamió. Podía sentir su abrumadora lujuria mientras su polla parecía enorme en mi pequeña mano.
—¡Me encantan estas tetas! …
Dijo mirando sólo a mis pechos bañados en su saliva.
—¡Y estos pezones están deliciosos! …
Dijo chupando y besando mi seno izquierdo antes de pasar a hacer lo mismo a mi seno derecho. Mi brazo comenzó a doler por el esfuerzo, lo solté brevemente y lo agarré con la otra mano. Entonces él se sentó rápidamente, sus ojos enrojecidos inyectados de lascivia pura.
—Dime que necesitas, cariño …
Dije con mi corazón desbocado y mi panocha escurriendo fluidos.
—Quiero correrme por todas tus tetas, mami … Lo necesito …
—Lo que tu quieras, amor … Todo lo que tu quieras …
Dije bajándome del sofá y arrodillándome sobre la alfombra. Permaneció sentado con sus piernas abiertas. Me deslicé entre ellas mientras acariciaba su polla, luego apresé su pene entre mis tetas regordetas para que él pudiera follarlas.
—¿Me quieres así? … ¿Quieres follar las tetas de mami? …
Matteo gruñó y asintió. Empujó su gran polla entre mis tetas moviendo acompasadamente sus caderas. Sostuve mis tetas muy juntitas y apretaditas para que mi hijo las follara a su propio placer. Hicimos esto por un par de minutos y luego él empezó a masturbarse lo más rápido y fuerte que pudo. Podía oír los chasquido de su mano golpeando contra su vientre y podía escuchar los gemidos lascivos de Matteo, él me miraba, metí mis manos bajo mis tetas y se las ofrecí.
—Sí, cariño … Sí … Córrete en las tetas de mami … Dame todo tu semen … Descarga tu polla por todo mi cuerpo … Dame tu bendito semen …
—¡Ssiii, mami! … ¡Me voy a correr! …
Su pene comenzó a pulsar y estaba de un color violáceo y de repente esparció un rio de chorros de blanco y tibio semen por todos mis pechos. Gruesas cuerdas seguidas unas de otras. Filamentos perlados que rociaban todo mi cuerpo.
—¡Aaaaaahh! … ¡Aaaaaahh, mami! … ¡Toma todo mi semen! … ¡Aaaahhhh! …
Fue una cosa increíblemente hermosa. Sí, es verdad que se lo había chupado y nos habíamos follado e incluso se había corrido en mi cara una vez, pero nunca había sido testigo de ver como salían uno a uno los borbotones volando de su polla dura como el granito. Se había corrido a la altura de mis ojos, derramándose parcialmente en mi rostro y mayoritariamente en mis pechos. Pude ver todo desde el principio desde una posición privilegiada. Su semen fue mi gran recompensa. Me di cuenta de que desde su nacimiento hasta el día de hoy, todos mis esfuerzos, mis penurias y preocupaciones y mis renuncias para criarlo en el mejor de los modos, él me resarcía con sus potentes chorros exquisitos de su hombría. Su gran polla vertiendo semen por todo mi cuerpo, era la forma más pura de decirme “gracias”. Con eso me demostraba su amor infinito. Lo miré en adoración, su polla escupió otras gotitas sobre la piel blancuzca de mis tetas y lo único que pude decir fue.
—Gracias, bebé …
*****


Después de que Matteo acabó embadurnando todo mi cuerpo con su semen. Me entretuve bastante tiempo chupándolo. Sabía que no se podía volver a correr tan pronto otra vez, así que disfruté de su pene majestuoso. Era casi hora de cenar y yo estaba bajo la ducha sacando de mi cuerpo el pegajoso semen de Matteo. Él se quedó en la sala de estar a ver una película. Me había dado dos descargas más en la boca, estaba feliz y satisfecha por ahora, bebí sus clímax, agradecida de que me pudiera dar tanto. Había sido una buena dosis, pero pronto estaría en crisis de abstinencia y volvería a arrodillarme para que el me diera una nueva porción.


Mientras el agua escurría tibia por mi piel, volví a pensar a Enzo y al Viagra en el incidente de salud. Me sentí culpable. Yo lo amaba desesperadamente y sé que él también me amaba y quería complacerme en todos los modos. Sabía que algunos hombres recurrían al Viagra, pero no entendía muy bien cual era el mecanismo. El porqué para mi era un tanto desconocido. Me informé en las redes y por fin lo entendí. Al menos en parte. Mi marido quería actuar para mi en el mejor de los modos, porque sabe de mi desenfrenado apetito sexual y quería complacerme.


Me restregué los senos con una esponja para sacar el semen seco de Matteo que se desprendió como una capa trasparente. Sonreí al observar la textura consistente del semen de mi hijo, escurriendo a raudales por segunda vez sobre mis tetas. Nadie sabe como ni cuando termino la película, sólo recuerdo que follamos en el sofá. Fue un momento verdaderamente intimo y romántico, simplemente me senté en su regazo empalándome en su gran polla tiesa, hablamos y nos besamos, mientras nuestra lujuria y deseo crecían. Finalmente me empujó sobre la alfombra y me folló con mis piernas a la altura de mis orejas. Ni siquiera sé cuantas veces hizo que me corriera, pero quería volver a ver a su polla chorrear sobre mí, así que se lo pedí expresamente, quería verlo. Entonces mí dulce niño me lo dio. Fue hermoso ser sus potentes chorros blanquecinos esparciéndose sobre mi vientre. Hubiera querido grabarlo en mi celular y poderlo mirar todas las veces que quisiera. Pueden considerarme un bicho raro, pero yo soy así. Estaba muy agradecida de que estuviera sucediendo esto con Matteo. No sólo porque mi propias necesidades sexuales venían satisfechas, sino también porque como resultado toda la presión le sería quitada a Enzo, quien se debía recuperar. Esto era lo ideal para nuestra familia.


Pensé en lo que Matteo estaría haciendo ahora y meneé la cabeza.
—Deveras soy un poco extraña …
Dije sin pensar ni sonreír, no había nadie conmigo.
—¿Tal vez un poco loca? …
Bueno, soy una verdadera Aries y puedo revolucionar cualquier entorno. Sin embargo, estos últimos días me han enseñado a entenderme más a mí misma. Antes de ducharme, Matteo me preguntó sí podía follarme el culo antes de cenar y que regresara Enzo del Spa. Mí bebé era tan insaciable como yo, pero yo estaba tan desordenada con mi cuerpo lleno de su semen que necesitaba algo de tiempo para reponerme, arreglarme y ponerme bonita. Además, mi trasero estaba todavía adolorido desde ayer y sentí la necesidad de salvaguardar esa delicada parte de mí, especialmente ahora que recién había perdido mi virginidad en ese sitio. Él quería ducharse conmigo y yo no quería ponerme juguetona así que asumí el rol de mamá y lo reprendí. Sabía que lo volveríamos a hacer, pero no iba a ser hoy, mientras lo pensaba más esperaba que no pasara mucho tiempo.


Terminé de ducharme y salí sintiéndome renovada y rejuvenecida. Los orgasmos que me había regalado Matteo aclararon mi mente y estiré mi cuerpo felino muy agradecida. Me di cuenta de que estar constantemente excitada, hacía difícil el poder concentrarme en todo lo demás. Especialmente cuando sentía que comenzaban a formarse y a crecer y a crecer muy dentro de mí. Me sentí bastante relajada y estaba en un nivel de excitación normal. Siempre que tuviera sexo, mis hormonas se calmaban y me dejaban hacer otras cosas.


Mientras me cepillaba el cabello podía escuchar a Matteo gruñendo en la otra habitación. Sonreí. Reconocí el sonido y me encantó.
—¿Cómo va todo por ahí? …
Pregunté en un tono neutral, cómo si le estuviera preguntando por las condiciones del tiempo.
—¡Uhm! … Bien … Todo bien … ¿Puedo entrar y observarte? …
—Sí, claro … Mirar sí, tocar no, ¿vale? …
—Está bien, mamá …
Dijo Matteo mientras entraba en mi dormitorio. Estaba completamente desnudo y sostenía mí taza de café en una mano. Su polla estaba extremadamente dura y se mecía imponente mientras caminaba como en una pasarela de exhibición, rogando que lo mirara.
—¿Cuántas hasta ahora? … Estuviste allí un buen rato, ¿eh? …
Pregunté maternalmente, luego agregué dulcemente.
—Me dejaste hecha un desastre … Pero gracias de todos modos … Me encantó, sólo que me costó un poco de esfuerzo limpiarlo todo …
Lo miré con afecto maternal mientras estaba sentado en la cama y apoyaba la taza en la mesita de noche.
—Dos … Dos veces … —Respondió.
Arqueé una ceja y lo miré juguetonamente a través del espejo, entonces le dije.
—No te olvides que también lo quiero en mi ensalada, cariño … Mami va a necesitar tu proteína … Mucha, mucha de ella …
—Mami … Sí no te conociera tan bien, pensaría que estás loca …
—Bueno … Cada una es como es … Yo soy así y me gusta lo que me gusta …
Matteo me sonrió dándome una mirada de entendimiento y afecto, así que agregué.
—Ahora termina con eso … Tenemos que bajar para encontrarnos con tu padre e ir a cenar … Creo que nos extraña mucho … Me ha enviado cuatro WhatsApp mientras estaba en la ducha …
Le dije mirando famélica su deliciosa polla.


Matteo comenzó a magrear su polla rápidamente. Ignoré las lascivas miradas que me estaba dando y continué a maquillarme, me puse una sombra de ojos ligera. Como la iluminación de la habitación era horrible, me levanté de mi asiento para mirarme más de cerca en el espejo y mi bata se abrió. Los movimientos veloces de Matteo eran bastante ruidosos. Mientras aplicaba el delineador de parpados, le pregunté.
—¿En qué estás pensando, hijo? …
—En ti … —Dijo dando un gruñido.
—¿En mí? … ¿Cómo en mí? … —Quise saber.
—Que te amo … —Dijo. El sonido masturbatorio era como música para mis oídos.
—¿Cuánto me amas? … —Pregunté tirando el nudo de mi bata para que se abriera mucho más.
—A cada segundo que pasa te amo más y más … —Dijo entre dientes.
Matteo lanzó un gemido y un gruñido, yo sonreí cuando la bata se abrió y se cayó por mis hombros, descubriendo mis amplios pechos blanquecinos ahora limpios y tersos. Comencé a colocarme un delineador de labios con aloe para protegerlos del intenso sol.
—¿Me encuentras linda, hijo? …
—Sí, mami … Eres linda y sexy …
Pude ver la lujuria en sus ojos mirando mis senos y el resto de mi cuerpo cuando dejé que la bata cayera al suelo. Estaba totalmente desnuda a los ojos de Matteo, solo una pequeña tanga de hilo, con un diminuto triangulo de tela a cubrir mi panocha. Era la misma tanga con que él me había visto la otra semana por primera vez.
—¿Recuerdas esta? …
Le pregunté, dándole la espalda para mostrarle mis nalgas desnudas marcadas por las líneas de mi bronceado.
—Sí, mamá … Jamás las olvidaré por el resto de mi vida …
Dijo gruñendo sin apartar los ojos de mi trasero. Le sonreí cuando vi que aumentaba el ritmo de su mano acariciando su polla.
—Cariño … Voy a necesitar una descarga antes de que vayamos a cenar … ¡Date prisa! …
—Lo estoy intentando, mamá … Ya estoy cerca …
—Dime cómo puedo ayudarte para que acabes luego …
Dije en un tono firme, pero maternal para ayudarlo a correrse.
—Muéstrame más, mami …
—¿Qué? … ¿Qué quieres? …
—Por favor, mami … Quiero ver más de tu hermoso culo …
Me incliné sobre el tocador, separé un poco más las piernas y giré todo mi trasero hacia él. Pude ver su lujuriosa mirada sobre mi culo mientras aumentaba la velocidad con que magreaba su polla. Me vino de pensar cuantas veces había fantaseado justo una situación como esta, yo maquillándome y mi hombre detrás de mi masturbando su polla. Había algo de belleza, afirmación, surrealismo y erótico en ello. Me sentí muy amada por Matteo.
—Te gusta el culo de mami, ¿verdad? …
—Tu culo es perfecto, mamá … Me recuerda el de J-lo … Me encanta …
Me incliné aún más hacia él, arqueé la espalda y abrí más mus glúteos para que pudiera ver el hilo entre mis nalgas que no alcazaba a cubrir el agujero de mi culo. Ahora seguramente podía ver incluso el triangulo de tela que cubría mi conchita mojada.
—Háblame, bebé … Necesito que te corras … ¿Qué querrías hacer cuándo ves mi culo? …
Se lamió los labios y siguió acariciando su polla.
—Quisiera besarlo, mamá … Cada vez que pasas a mi lado o entras a una habitación; no importa si estás con tu bikini, jeans o pantalones de yoga … Esos pantalones de yoga tuyos son mu calientes … Sea como sea … En cualquier modo que vea tu culo, lo quiero …
—Quieres ¿qué? …
Acerqué mi culo hacia él y vi por el espejo que él estiraba su mano para acariciarme, así que le dije.
—Quiero que te corras, bebé … ¿Qué más quieres hacer cuando miras mi culo? …
—Me gustaría bajarte lo que llevas puesto, agacharte y follarte tan fuerte como pueda …
Vi que unas pequeñas gotitas de pre-semen goteaban de su polla.
—Dime más … Cuéntame alguna de tus fantasías que hacen que te corras … Córrete para mí, bebé …
—Cuando llegaba a casa de la escuela, mami … Casi siempre tu estabas en la cocina con tus pantalones de yoga y esa remera calipso que te quedaba tan ajustada … Me volvías loco, mami … Subía las escaleras con tu figura grabada en mi mente … Me sentaba en mi cama y pensaba en acercarme a ti … Obligarte a arrodillarte para follar tu boca, pidiéndote que me la chuparas y que hicieras correrme en tu boca …
Por su mirada y la velocidad de su mano, sabía que estaba a punto de correrse. En tono lujurioso, le dije.
—¿Y que más? … ¡Adelante! … ¿Qué más querías hacerme? …
—Entonces sacaba mi polla de tu boca … Te hacía girar, te bajaba esos estrechos pantalones de yoga y te follaba por un hermoso culo … Esa era mi fantasía más recurrente, mami …
Otra vez estaba con sus ojos fijos en mi culo y su mano moviéndose muy rápido. Entonces estiré mis manos haca atrás, deslicé el hilo hacia un lado y abrí mis nalgas con ambas manos y le pregunté.
—¿Estás hablando de este agujero? … ¿Quieres meter tu polla gorda en este agujero? …
—¡Carajo! … Sí, mami … Ssiii …
Moví mi trasero y abrí todo lo que pude mis nalgas.
—¿Quieres bombear mi culo con tu polla? … ¿Quieres follar el culo a mami? …
—¡Santo cielo! … Ssiii … Sí, eso es lo que quiero …
—¿Quieres follarme cada vez que regreses de la escuela? …
—Sí, mami … Ssiii …
—¿Quieres vaciar tus bolas en el culo caliente de mami? …
—¡Carajo! … Ssiii … Ssiii … Ssiii …
Se inclinó hacia adelante, acercó su polla a mi taza y comenzó a correrse. Podía escuchar claramente los pesados filamentos de semen golpeando la superficie del café. Uno, dos, tres, cuatro, dejo escapar varios gruñidos. Me enderecé volteándome, estiré mis brazos empujando mis tetas hacia adelante, mi hijo me miraba jadeando. Sonreí cuando él me ofreció la taza de café sazonada con su crema fresca.
—Que bien, cariño …
Dije bebiendo un gran sorbo y añadí.
—Cuando regresemos a casa, deberíamos hacerlo todos los días, ¿vale? …
Él asintió y me vio beber su café hasta la última gota.
—Ven, vamos a vestirnos para ir a buscar a tu padre … —Le dije con una sonrisa.
*****


Me desperté en nuestro último día de vacaciones en los brazos de mi marido. Estábamos desnudos a cucharitas, su mano estaba sobre mis pechos y me tenía muy estrecha a él. Podía sentir en mi espalda su pecho elevándose contra de mi con cada respiración, lo único que podía hacer era sonreír. Tuvimos una gran cena familiar y bebimos muchos tragos deliciosos. Enzo estaba completamente recuperado y rejuvenecido. Regresamos a nuestra habitación, le dimos las buenas noches a Matteo, nos fuimos a nuestro lecho y tuvimos un sexo sensacional, íntimo y sin Viagra. Enzo se quedó dormido profundamente y yo me quedé despierta, leí mi libro. Me pareció maravilloso haber disfrutado los tres juntos otra vez. Es cierto que lo que estaba sucediendo con Matteo era estupendo, pero mi felicidad no estaba completa hasta que Enzo estaba en casa entre nosotros


No podía conciliar el sueño, así que me levanté a la cocina a buscar un trago. Matteo todavía estaba despierto en su cama. Fui hacia él y me dijo que estaba teniendo problemas para dormir. Sin más tire sus cubiertas hacia atrás y me puse a chupar su polla con toda mi alma. Lo masturbé con mis manos y con mi boca. Muy luego me regaló una tremenda descarga en mi boca y me lo tragué todo, con mis dedos le exprimí toda su polla. Unos minutos después lo dejé que durmiera sueños placidos y yo me fui a dormir con las sapidez de él en mi boca.


Ahora era sábado por la mañana, me estiré, bostecé y me desenredé de los brazos de mi marido. Tenía mi coño lleno del semen de mi marido y en mi boca el delicioso sabor del de mi hijo. Me sentía feliz y radiante. Vi en mi celular que eran las ocho de la mañana. Me puse mi bata y salí a la sala de estar, vi que Matteo estaba despierto. Fui a la cocina y me preparé un café, volví a la sala de estar y sin decir palabra, Matteo me quitó la taza y desapareció en el baño para agregar el ingrediente que faltaba. Descubrí que me encantaba escuchar a mi hijo masturbarse mientras esperaba parada junto a la puerta a que terminara. Sus gemidos y gruñidos eran como canticos celestiales para mí, el final de la obertura cuando el derramaba su semilla en mi taza.


Estaba bebiendo mi segunda taza de café especial cuando Enzo se levantó de la cama. Parecía renovado y todo sonrisas.
—Buenos días … —Dijo dándome un beso fugaz, luego fue a la cocina a por un café.
—Buenos días, cariño … —Respondí mientras navegaba con mi celular, luego agregué.
—Chicos, recuerden dejar toda la ropa que usaran para el viaje lista para mañana … Más tarde voy a empacar todo el resto de las cosas nuestras …
—Sí, mamá … —Respondieron al unísono padre e hijo.
Nos sentamos un rato a charlar y luego sorpresivamente nos sorprendió diciendo.
—Creo que voy a ir al gimnasio …
Me alegré, él se ejercitaba en casa, pero en vacaciones raramente, eso me hacía pensar que se sentía mejor.
—¿Y que pasa con tu estado de salud? … —Preguntó Matteo sin dejar de mirar la Tv.
—Nada … Estoy bien … Simplemente necesito salir, tomar un poco de aire fresco y quemar lo que queda de este estrés … No puedo solo tirarme a tomar sol por ahí, como hace tu madre …
—Eso requiere más sacrificio del que crees, tesoro … —Dije sonriendo.
—Está bien … Sólo me siento algo acelerado y quiero correr un poco y levantar algunas pesas en el gimnasio …
Dijo Enzo mientras se calzaba las zapatillas, poco antes de salir preguntó a Matteo.
—¿Quieres venir, hijo? …
—No, gracias … Pero voy a disfrutar este último día de pereza … —Respondió Matteo.
—Bueno … Voy a estar afuera cerca de una hora … Espérenme para desayunar juntos, ¿vale? …
—No hay problema papá … Te esperaremos …
—Pierde cuidado, cariño … Te vamos a esperar …
Dije y Enzo salió por la puerta con un pequeño trote.
—¡Uhm!, eso me parece una muy buena señal … Está al cien porciento otra vez … —Dije a Matteo.
—Eso parece … ¡Qué bueno! … —Dijo Matteo levantándose y yendo a la cocina.
Apagué el televisor y me fui a la cocina a lavar mi taza. Apenas entré, Matteo tomó mi mano con firmeza y dejó mi taza en el lavaplatos. Luego mirándome a los ojos, habló.
—Mamá … ¿Recuerdas la fantasía que te conté ayer? … ¿Esa que se ha vuelto recurrente para mí? …
Asentí con la cabeza y mi corazón comenzó a agitarse de inmediato. Miró a la puerta y luego a mí.
—No puedo dejar de pensar en ello, mami … Ahora que ya te lo conté …
—Te gustaría hacer eso, ¿verdad? … —Le pregunté.
—Sí, mami … Eso es lo que quiero …
Sus ojos estaban lucientes de una increíble lujuria y su rostro ligeramente ruborizado, él añadió.
—Eso es lo que pensé mientras te preparaba el café esta mañana … Las dos veces …
Dijo apretando mi pulso y tirando mí cuerpo contra él. Estreché mis tetas contra su cuerpo recio y le dije.
—Dilo … Dime que es lo quieres hacerme …
Su brazo me envolvió por la espalda y su otra mano tomó mi cabeza. Percibí su temblor de lujuria. Solo podía imaginar cuánto su polla estaba dura por mí, pero sabía que muy pronto lo iba a descubrir.
—Quiero follarte la boca, mamá …
Dijo metiendo sus dedos en mi boca y yo se los chupé cual si fueran un pene. Su mano bajó a empujar mis nalgas.
—Con mi pene duro … Quiero follarte el culo, mamá … Quiero llenarte con mi semen, mami …
Se me escapó un suspiro y gemido de delicia. A veces una mujer necesita que le digan estas cosas en un lenguaje duro. Me pasé la lengua por la labios, mordí mí labio inferior y asentí.
—Hazlo … Hazme todas esas cosas que dices que me vas a hacer …
Matteo me apretó contra él y me besó profundamente. Le chupe la lengua y deslicé mis dos manos para aferrar su polla endurecida y comencé a acariciarla. Él estaba bastante grande y muy duro. Me besó por algunos segundos y luego me empujó los hombros para que me arrodillara, sin soltarme los cabellos. Mientras bajaba le bajé los shorts y los boxers. Apenas su polla se liberó de sus ropajes me la metió en la boca comenzando a follarme tal como lo había dicho.


La gran polla de Matteo colmó mi boca y se estrelló con mi garganta hasta el fondo. Mi corazón latía con fuerza y mi coño estaba empapado. La verdad es que había pensado en su fantasía cuando me estaba quedando dormida y me preguntaba cuando tendríamos la oportunidad de hacerlo en casa. De repente esta se estaba haciendo realidad. Hice lo que pude para tragar su polla y Matteo me folló con rápidos movimientos e inusitados bríos.
—Te necesito, mamá … Necesitó que te tragues mi polla … Trágatela mi maldita polla, por favor …
Siguió follando mi boca, hice mi lengua para abajo y hacia afuera, para que su polla descendiera por mi faringe. Mi nariz se estrelló con sus vellos púbicos mientras él se esmeraba en meter más de su polla en mi boca. Sentí la obstrucción y me esforcé por tragármela toda.
—¡Ssiii! … ¡Ssiii! … ¡Ssiii! …
Gruñó y empujó con fuerza casi levantando mis rodillas del suelo, mientras a punta de su polla se adentraba más y más adentro de mi garganta. Gemía y jadeaba mientras me embestía con su gran polla dura. Imaginé que su polla podía llegar hasta mi esófago y me encantó.


Ahora él me estaba usando y yo estaba feliz de que lo hiciera, su lujuria era contagiosa y me hizo sentir muy bien. Me relajé y simplemente cerré mis ojos disfrutando todas las intensas sensaciones. No tenía que hacer nada, todo lo hacía él, me estaba usando para su placer. Traté de controlar mi respiración con sus embestidas y logré mantener una respiración bastante normalizada, sentí la humedad de mi coño mojando mis muslos mientras la polla de Matteo follaba intensamente mi garganta.


Se me escapó de la boca sin previo aviso. Jadeé en busca de aire, mi respiración estaba agitada y entrecortada. Nuestras miradas se cruzaron, él me miraba en un modo que me gustó, parecía fuerte, poderoso, dominante, exigente, imperioso, abusón y erótico. Le dije.
—Usa mi coño para lubricar un poco más tu polla, hijo …
Inmediatamente asintió y me dejó ponerme en cuatro patas. Empecé a bajar de a poco mis pantalones de pijama, pero él los tiró casi prepotentemente hacia abajo, gemí ante su necesidad imperiosa de dominarme.
—Sí, cariño … ¡Úsame! … Mamá es tu calcetín de semen ahora …
Matteo metió su polla en mi coño resbaladizo y mis músculos lo atraparon firmemente, él comenzó a bombearme por detrás. Sentí que casi me aplastaba contra el suelo, así que me afirme en el lavavajillas para mantenerme en posición. Mi cuerpo reaccionó con un potente orgasmo.
—¡Uuuuggghhh! … ¡Uuuuggghhh! … ¡Ooohhh, Matteo! … ¡Uuuuhhh! … ¡Uuuuggghhh! …
Grité mientras me bombeada fuerte con su polla.
—¡Slack! … ¡Fap! … ¡Fap! … ¡Fap! …
Sonaban sus muslos estrellándose contra mis glúteos. Traté de mantener una cierta compostura mientras él me follaba para prepararme para tomar su polla en mi agujero pequeño. Entré gemidos me preguntó.
—¿Estás lista? …
—Sí, tesoro … Métemelo en el culo … Mételo fuerte en el culo de mami … Folla mi trasero, por favor …
Sacó su dura polla goteante de mi coño empapado y lo presionó contra mi estrecho orificio. Se sentía increíble, grande y duro, hice todo lo que pude para relajarme. Resbaló fuera un par de veces y le escuché maldecir. Separé más mis rodillas, su polla recorrió mi surco anal entre mis glúteos, luego sentí el ensanchamiento de mi ojete anal, mi agujero ardió con algo de dolor, su gruesa cabezota estaba dentro de mi apretado ano y comenzó a avanzar poco a poco con cada empuje.


Mantuve una mano en el lavavajillas y con la otra intenté separar mis nalgas para facilitarle la penetración sin perder mi equilibrio.
—Ssiii, tesoro … Empuja fuerte … Dámelo todo, amor … Folla mi culo … Fóllame fuerte …
Gruñí y gemí sintiendo como mi recto se llenaba con su gorda polla. Entró casi la mitad y él comenzó a follar mi culo en forma deliciosa. Apartó mi mano de mi trasero y abrió mis cachetes con sus dos manos. Entonces empujó su polla hasta el fondo y sentí sus cojones golpeando los empapados labios de mi coño. Me embistió con fuerza y gemí a cada golpe.


Su polla estaba en el fondo de mi trasero y yo estaba en el séptimo cielo gozando como una enajenada. Por instinto mi esfínter se contrajo apretando la gran polla de Matteo y me incliné un poco hacia adelante, casi apoyando mi cara en la alfombra en la posición del perrito; en tanto Matteo ajustaba su posición para clavarme su polla más a fondo en mi colita. Me pareció que su polla era más grande que la primera vez que lo tuve dentro de mi trasero. Estaba claro que había estado pensando en esto de mucho tiempo antes.


Finalmente me tuvo donde quería y empezó a meter su polla en mi culo en embestidas lentas, firmes, deliberadamente largas, con su pene deliciosamente duro. Gemí y sentí un hormigueo en mi clítoris que se desparramaba por todo mi vientre, haciendo mecer mis caderas y parar más mi culo. La sensación física adicionada a la sensación emocional de ser tomada en este modo tan intenso fue demasiado para mí y tuve otro orgasmo estremecedor. Me sorprendió la fuerza en que comencé a correrme, cerré los ojos y dejé que mi mente volara en las alas de la lujuria y el placer, no sé si grité, no sé si lloré, nunca me había sentido así abrumada por tanto goce. Mi cuerpo venía golpeado por sacudidas y convulsiones consecutivas en continuas oleadas. Temblaba entera mientras Matteo abría con sus manos mis glúteos continuando a meter y sacar su dura polla de mi estrecho trasero.


Matteo gruñó y gimió con los dientes apretados, jurando y maldiciendo de loco placer mientras me follaba. Cada empujón se sentía más duro que el anterior, traté de ganar un ritmo acompasado a su potencia, pero no pude sincronizarme con él y seguir su ritmo. Me follaba demasiado fuerte, entonces cerré los ojos y me concentré en el placer que me daba la gruesa cabezota recorriendo mi intestino grueso. Cada vez que su bolas chocaban con mi cuerpo sentía una aguda punzada de placer en mi coño y mi sensible parecía arder en llamas aferrándose a la gran polla de él.


Estábamos sudados, nuestros cuerpos se golpeaban una y otra vez, cada vez más fuerte. Sus impulsos se volvieron más urgentes y supe que estaba cerca de acabar.
—Sí, cariño … Dame esa polla … Métela toda en el culo de mami … Fóllame … Ssiii, fóllame … Fóllame fuerte …
Le imploré mientras dentro de mí sentía crecer una ola grande como un tsunami. Matteo gimió y al mismo tiempo aceleró sus movimientos. Empezó a gemir fuerte, casi me levantó en el aire al momento en que su polla reventó con fuertes chorros calientes en mi recto. Grité y cerré los ojos sintiendo el aluvión de semen llenando mis viseras de semen tibio y dulce.
—Ssiii, mamá … Ssiii … Ssiii …
Abrí los ojos y mi cuerpo todavía temblaba presa a las convulsiones de mi orgasmo. Estaba en un estado de dulce confusión. Por el rabillo del ojo percibí movimientos y me sobresalté. En la puerta abierta de la cocina estaba mi marido Enzo mirándonos con los ojos abiertos de par en par y una mueca de horror en su rostro.
—Enzoooooooooooo …

(Continuará) …


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escrito el
2026-02-09
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