¡Si es por orden del doctor! ... - Décimo Primera Parte.

Written by , on 2022-07-01, genre incesto

Tenía como un vacío mental momentáneo, me había corrido abundantemente en la concha de mamá, ahora ella estaba sentada en el sofá tratando de recuperar su aliento y compostura, intentando de ocultar de haberse corrido también ella al ser follada por mí. La buena doctora estaba de pie a mi lado con su brazo izquierdo alrededor de mi cintura, me sostenía tirándome ligeramente hacia ella, al parecer buscaba el contacto de nuestros cuerpos, por un breve lapso de tiempo, ella aferró mi verga e hizo caer las últimas gotas de semen. Mamá frente a nosotros nos miraba con una mirada de ensueños, como si se estuviera despertando de una maravillosa fantasía, parpadeaba y recorría sus rojos labios con su lengua, su coño estaba enrojecido y algunas gotas perladas de semen asomaban entre sus regordetes labios, se veía fantástica todavía en toples, sus amplios pechos de balanceaban con cada uno de sus movimientos y todavía su figura se veía magnifica vestida solo en esas medias negras sugestivas.
—¡Felicitaciones! … Muy bien hecho … especialmente a ti Alberto … ahora ya no eres virgen …
Dijo animosamente la doctora y luego agregó:
—Recuerda Antonella que es por razones médicas que hacemos todo esto para curar a tú hijo … eres una buena madre haciéndolo …
Mamá sonrió feliz, al parecer la doctora nada sospechaba de que nosotros ya habíamos follado anteriormente y suponía que esta era nuestra primera vez. Se había puesto muy cachonda y arrecha mientras yo la penetraba y había logrado contenerse un poco delante de la doctora. Ésta continuaba a alabar a mamá por su colaboración y preocupación de madre, luego dijo:
—Espero que hayan disfrutado de mi participación como facilitador …
Mamá la miró sonriente y asintió. Estaba verdaderamente complacida de que la doctora le hubiera abierto las nalgas y se hubiese quitado voluntariamente su sostén, ya que esto dejaba ver que la doctora podría ir mucho más allá. Con el máximo de inocencia y desenfado dijo:
—Te agradezco que hayas mantenido abierto mi trasero para mi hijo … también de que te hayas quitado tu sujetador y mostrar tus bellísimos senos a Alberto en modo de que se corriera dentro de mi … no olvidaré eso …
Me pareció percibir un ligero rubor en las mejillas de la doctora, volví a mirar sus pechos y ahora me moría de ganas por tocárselos, también por que una de sus cálidas tetas se apretaba eróticamente contra mi pecho, entonces decidí decir algo bonito a la doctora:
—¡Oh!, sí doctora … tengo que decir que sus senos son muy bellos y me excitaron mucho, hicieron que me corriera como nunca … espero no se moleste por decírselo …
—¡Por supuesto que no, Alberto! … eres hombre y eres joven, es lo más natural que te sientas atraído por mis pechos … es intrínseco al varón … creo que te dejaré tocarlos a su debido tiempo …
Mi pene, a pesar de haberme corrido recientemente, hizo un movimiento oscilatorio involuntario al escuchar a la doctora, ella estaba mirando hacia abajo en ese momento y vio mi reacción espontanea, a lo que dijo:
—¡Oh!, veo que a tu amiguito le gustó la idea …
Ella y mamá se rieron a carcajadas mirando mi polla pulsar en el aire. Estábamos en plena confianza, el hielo se había roto entre nosotros. Todavía sosteniéndome con un brazo alrededor de mi cintura y su teta izquierda presionando mi pecho, la doctora tocó mi verga semi dura y acarició tiernamente mis bolas y exclamó:
—Sabes Antonella … deberías estar orgullosa de tener un hijo con una pija así de hermosa …
Mamá le sonrió, pero no dijo nada, tal vez sin saber que decir. Luego la doctora aferró mi pene y comenzó a mover su mano arriba y abajo, froto la punta de mi glande y esparció algunas gotas de semen que rezumaban de mi verga, volvió a pasar su mano delicadamente envolviendo mis pelotas, para continuar luego su masaje a mi verga. Nuevamente una exquisita sensación recorrió todo mi cuerpo ¡¡Reconchas!!, me estaba haciendo una maravillosa paja. Estaba comenzando a mover mis caderas follando la mano de la doctora, pero ella soltó mi pene y comenzó a frotar mi pecho diciendo:
—Creo que deberíamos limpiarnos un poco … tendremos tiempo luego de volver a hacerlo … al parecer Alberto se ha vuelto arrecho y quizás quiera intentarlo nuevamente …
—¡Oh!, sí señora … me gustaría mucho …
Le respondí prontamente y mi madre corroboró diciendo:
—Sí, es verdad … él puede correrse varias veces en pocas horas … lo sé por la experiencia que hemos tenido recogiendo las muestras de su semen …
—Esplendido … entonces vayamos a refrescarnos y luego continuaremos con la terapia …
Sonreí complacido a mi madre y a la doctora mientras ellas observaban mi verga atentamente, entonces dije:
—Perdón, doctora … quisiera ir al baño … necesito orinar …
—Y yo necesito asearme y también vaciar mi vejiga …
Dijo mi madre, a lo que los ojos de la doctora parecieron adquirir un brillo y una luz nueva, entonces dijo:
—Como médico tratante, sugiero que vayamos todos al baño … hacer cosas tan personales e íntimas, nos ayudará a expandir nuestras mentes … es como superar una barrera psicológica … no debe haber secretos entre nosotros …
Mamá guardo silencio y al parecer estaba un poco perturbada como tratando de asimilar y comprender la sugerencia de la doctora. Yo me complací del requerimiento de la pervertida médico, además, me encantaba ver orinar a mamá y sentí una cierta sensación de excitación al pensar de volver a verla. Luego mamá se recuperó diciendo:
—Bueno … si está bien para Alberto y si tú crees que nos podrá ayudar … creo que sería positivo seguir tú sugerencia …
—¡Oh!, para mí está bien …
Dije quizás un poco apresuradamente.
—¡Maravilloso! … síganme …
Dijo la doctora todavía en toples luciendo sus hermosos pechos, luego comenzó a caminar hacia el baño, sus gloriosas y firmes nalgas vibraban con el taconeo de sus pasos, sus bragas se habían metido entre sus glúteos lo que la hacía lucir aún más cachonda, ¡¡Que culo más hermoso!! Mamá venía tras de mí, estaban sin bragas, pero conservaba su sostén y las medias sostenidas por su sexy liguero. La doctora abrió la puerta, nos dejó entrar y luego la cerró. Mamá miraba encantada el lujoso baño y no pudo evitar de comentar:
—¡Vaya! … que baño tan fabuloso tienes … y es muy espacioso …
—Sí … aquí tengo algunas sesiones de asesoramiento de varios tipos … así que debe ser amplio y cómodo …
Respondió la doctora sonriendo, yo traté de imaginar esas sesiones especiales de la doctora, hasta ahora estaba teniendo una muestra de ellas y me encantaba.
—Alberto … deja orinar a tu madre primero … y Antonella, no te avergüences de hacerlo frente a nosotros … recuerda que estamos en una sesión terapéutica y todo esto nos ayudará a estar más relajados entre nosotros …
Mamá vaciló por un instante, pero luego se encamino hacia el inodoro y se sentó en él. Después de un momento pude escuchar el chorro de orina de mi madre que duró por casi un minuto, apenas terminó mamá se secó su vulva con toalla higiénica y se lavó sus manos en el lavabo. Me encantó ver todos sus movimientos y sentí un extraño sentimiento en mí, entonces escuché a la doctora:
—Bien, Alberto … es tu turno ahora …
Tenía muchas ganas de orinar, así que mis inhibiciones y timidez se fueron a un lado. Levanté el asiento y sostuve mi verga apuntando al tazón. Un potente chorro salió de mi verga, sentí un enorme alivio cuando mi vejiga se vació. No había reparado en que tanto mi madre como la doctora miraban fijamente mi pene mientras orinaba, cuando terminé la doctora dijo:
—Excelente … ¿Cómo te sentiste al hacerlo frente a nosotros, Alberto? …
—Sentí un alivio liberatorio … también disfrute viendo a mamá hacerlo … no sé el porqué, pero me encantó verla y escucharla orinar …
Dije en forma sincera, la doctora me miró, arqueó su ceja y dijo:
—Interesante … ¿Y tú Antonella? …
—Bueno … debo admitir que sentí más o menos lo mismo que describió, Alberto … me sentí ligera y liberada …
Mamá no quiso decir nada más, creo que decidió de ser discreta. La doctora la miró inquisitivamente y luego dijo:
—Deveras interesante … hay personas que consideran excitante el acto de orinar … tal vez más adelante podríamos explorar eso …
Dijo la doctora pensativamente, luego se dirigió a mamá:
—Antonella … Alberto está ya desnudo … creo que es hora de que tú y yo nos desnudemos también … después tomaremos una ducha los tres juntos … aprovecharemos de tocarnos y conocernos un poco más … tenemos que derribar las barreras del contacto corporal … luego intentaremos otro coito …
¡¡¡Reconchas!!! Esta doctora no pierde tiempo. Mi pene se endurecía cada vez más en espera de ese momento. Nos metimos bajo la ducha, la ducha no era una ducha normal, sino una serie de chorros que vertían agua desde abajo, desde arriba y desde los costados. Si no me equivoco, eran nueve chorros a lluvia que bañaban nuestros cuerpos, la sensación era muy agradable. La doctora y mamá estaban completamente desnudas, me fije en las carnosas pompis de la doctora, su vagina escondida perfectamente bajo su ingle me excitaba tanto que mi verga dura chocaba con uno de sus muslos ¡¡Mi Dios!! Estaba aquí en medio a estas dos voluptuosas hembras y una de ellas era mi madre ¡¡Que espectáculo!!

La doctora abrió el agua por cerca un minuto y los chorros expeliendo líquido tibio simultáneamente, rápidamente nos bañaron a todos. Luego ella volvió a cerrar el grifo y dijo:
—Ahora enjabónense el uno al otro … yo haré tu espalda, Alberto … tú has la de tu madre … luego podremos intercambiar …
Mamá se volvió hacia la pared, yo me gire a mirar su espalda y la doctora quedó detrás de mí. Todos tomamos un poco de gel de ducha y comenzamos a enjabonar nuestros cuerpos. Esto se estaba poniendo seriamente erótico y mi pene se estaba haciendo cada vez más macizo. Sentí las manos de la doctora recorriendo mi espalda, metiendo sus dedos entre mis nalgas, incluso sobajeando el orificio de mi culo, entonces yo hice lo mismo con mamá haciéndola gemir. Entonces la doctora dijo que nos diéramos vuelta y me pidió que lavara su espalda, le di la espalda a mi madre y me giré a mirar las tetonas de la doctora, cuando pensaba en meter mis manos en sus maravillosos pechos, ella se giró y me presento sus posaderas blancas, redondas y firmes, ahora mi verga estaba casi plenamente dura. La doctora miró mi verga diciéndome:
—Lava mi culo …
Más que encantado puse mis manos en esas maravillosas nalgas, dejé que mi mano enjabonada se metiera en el surco de sus glúteos y palpé con las yemas de mis dedos su pequeñísimo orificio anal, ella empujo su trasero tentando mis falanges, pero solo froté su ano y su coño haciendo una pulcra limpieza de ambos, luego dejé que la espuma escurriera y sus brillante posadera hizo que mi verga pulsara en modo incontrolable, entonces paseé mi polla en medio a esas calientes masas de carne, la doctora se pegó más a mí, pero me dijo:
—El masaje está bien, pero no intentes penetrarme …
Me decepcionó por un momento, pero pensé que estaba dentro de lo normal su objeción. En tanto mamá no permanecía ociosa, estaba enjabonando mi propio trasero con acuciosidad, me había versado gel varias veces y disfrutaba metiendo sus deditos en mi estrecho ano, después restregaba sus tetas en mi espalda e intentaba morder mi cuello y hombros, aparte de gemir directamente en mi oído susurrando todo tipo de obscenidades, la doctora no tenía noción de lo que ella me estaba haciendo a mí. Una cosa era segura, mi ano nunca había estado más limpio, al igual que mis posaderas cubiertas de espuma gel. Entonces la doctora volvió a mirarme con sus ojos calientes y brillantes, pero no me miraba a mí, sus ojos estaban pegados en mi verga que resbalaba en medio a su carnoso culo, las venas azuladas de mi pene se habían engrosado y mi verga estaba en plena erección con un glande amoratado y luciente, su lengua repasaba sus labios mirando mi enhiesta pija.
—¡Oh!, Alberto … veo que te estás estimulando …
Luego versó gel en sus manos y comenzó a enjabonar mi verga con aprietes y caricias a todo el largo, mirando el movimiento de sus macizas tetas a centímetros de mi verga, ciertamente tuvo un fuerte impulso estimulante y mi polla se engrosó a dimensiones inauditas. Me pajeó por varios minutos y luego haciendo escurrir mi entero prepucio hacia atrás dijo:
—Creo que basta de enjabonarse … vamos a enjuagarnos …
La doctora presionó un botón e inmediatamente potentes chorros de agua a temperatura perfecta, comenzaron a bañarnos desde diferentes direcciones. Luego me puso a mi de frente a mi madre y nos dio unos empujoncitos para que comenzáramos a restregar nuestros cuerpos el uno contra el otro, sentí las poderosas tetas de mamá en mis pectorales y la atraje hacia mí. El enjuague tuvo un efecto negativo en mi erección y mi verga resbalaba semi duro contra el vientre de mamá, entonces se me ocurrió decirle a la doctora:
—Señora … usted sabe cuanto me gustan los traseros … ¿Sería posible de complacerme con algún jueguito donde pueda tocar su culo y el de mi madre? …
—Excelente idea, Alberto … ¿Qué te parece a ti, Antonella? …
Dijo ella acercándose al lado de mamá.
—Si es parte de la terapia de mi hijo, estaría feliz de hacerlo …
Dijo mamá regalándome una esplendorosa sonrisa. Entonces la doctora agregó medio en serio, medio en broma:
—Vamos, Antonella … démosle la espalda a Alberto … así le permitiremos de masajear nuestros traseros …
Mi pija volvió a reanimarse escuchando a la doctora y mi madre y la doctora miraron mi polla ávidamente. A continuación, ambas se giraron hacia la pared casi tocándose con sus caderas y brazos. ¡¡¡Carajo, que vista!!!

La doctora era ligeramente más alta que mamá, un poco más delgada también, pero su culo estaba en forma remarcada, echado hacia atrás. La protuberancia de sus nalgas era más o menos similar, pero el culo de mamá era sin duda más amplio y sus muslos más carnosos, miré el hermoso cuerpo de mi madre que me resultaba más familiar y le regalé la mejor de mis sonrisas para decirle que era la más bella. Lógicamente la situación era extraordinariamente caliente, con dos hermosos traseros que podía manosear a placer, jugando con sus redondeces, amasando sus firmes carnes, metiendo mi pija endurecida a contacto de la piel voluptuosa de cada nalga, tenía a mi verga a punto de reventar. Quise arriesgarme un poco y dije:
—¿Podría abofetear vuestros traseros con mi polla? …
—¡Uy!, muchacho … ¿Que intenciones tienes? …
Dijo la doctora mirando mi verga, pero mamá sin titubear dijo:
—Por supuesto, cariño … hazlo …
Ambas menearon sus culos sicalípticamente y echaron sus posaderas hacia atrás, aunque si la doctora lo hizo un poco dubitativa. Tomé mi verga dura y comencé a dar de latigazos a esos maravillosos traseros pulcros y brillantes, el sonido de mi verga zurrando sus culos llenó la habitación, la doctora comenzó a gemir y estiro sus manos hacia las tetas de mamá y mamá ni corta ni perezosa, también tiro los pitorros marrones de la doctora y levantó sus senos hacia arriba, ambas se miraron y la doctora se inclinó a besar a mamá, la cual cerro los ojos de su carita angelical y se dejó besar ¡¡¡Reconchas!!! Mi pija dura como palo, apaleó las duras nalgas de la doctora mientras duraba un beso prolongadísimo ¡¡Joder!! Me encanta.

Después de un rato me arrodillé detrás de la doctora y comencé a lamer su trasero, abrí sus nalgas y olisqueé ese surco estrecho entre sus glúteos, olía a jabón y a limpieza, probé con mi lengua a saborear su ano, la doctora empujó sus nalgas y la punta de mi lengua jugó con su pequeño orificio, seguí lamiendo su ojete anal casi con adoración, las mejillas de mi cara estaban entre sus cachetes y me lengua presionaba por penetrar el estrecho hoyito de su culo y mientras más lengüeteaba, ella más empujaba contra mi rostro, hasta que logré penetrarla por cerca un centímetro con mí insistentes lamidas. Hubiese querido penetrarla con mi polla, pero no me atreví a intentarlo, ya que ella se había negado con anterioridad, pero escuchándola gemir era para mí una gran satisfacción. En todo caso, me levanté y comencé a dar algunos golpes a sus nalgas con mi polla, había gotitas preseminales escapando por la punta de mi glande, salpiqué su trasero y limpié mi glande en sus glúteos, luego hundí mi verga en medio a sus nalgas y ella comenzó a masturbarme con un movimiento de arriba abajo. Queriendo prolongar más esta situación tan caliente, pasé a masajear el culo de mamá, pero la doctora nos hizo pasar a otra rutina de la terapia.
—Antonella … ponte frente a Alberto y comienza a masajear su cuerpo con tus bubis … me gustaría observar la reacción de él …
Mamá inmediatamente se apretó contra mi pecho y hundió sus pezones en mis pectorales, pero la doctora le dio otras indicaciones.
—Antonella … debes frotar todo su cuerpo, comienza con su pecho, luego su vientre y desciende hasta atrapar su polla entre tus tetas … quiero estar cierta de que esto resultará en una efectiva estimulación …
Mamá obedientemente ejecutó los movimientos indicados por la doctora y efectivamente mi verga se endureció como el acero, la doctora contemplaba hechizada como mi polla se movía entre los hermosos senos de mamá, había algunas gotas de semen que mojaban sus tetas y mamá no resistió a sacar su lengua y sacarlas directamente de mi glande, la doctora levantó sus manos a sus senos y los acarició lascivamente, no había duda alguna, la doctora se calentaba viéndonos ejecutar la terapia, entonces dijo:
—Antonella … me dejarías hacer lo mismo por él …
Mamá se levantó y estiró su mano, mostrándole a la doctora que le cedía su lugar, rápidamente la doctora se colocó frente a mí y pronto sentí la presión de sus duros pechos contras mis pectorales, mi verga pulso alocadamente cuando ella la atrapó entre sus exuberantes tetas, ella levantó su mirada hacia mí:
—¡Oh!, veo que te gustan mis senos en tú pija …
Mi pene estaba furioso cuando la doctora se puso nuevamente de pie, después de masajear mi polla con sus cálidas y engrosadas tetas. Me moría por atrapar eso hermosos pezones y dales una buena mamada, ella al parecer se dio cuenta de ello y amablemente me dijo:
—Alberto … falta solo que me chupes un poco mis tetas … quiero saber si eso también te estimula … lo escribiré en tu carpeta de paciente …
No esperé una segunda invitación, inmediatamente atrapé sus pezones marrones en mis dedos, luego lamí la redondez de su seno derecho y me llevé ese pezón maduro a mi boca. La doctora acariciaba maternalmente mis cabellos mientras yo mordisqueaba suavemente y succionaba alternadamente sus puntiagudos senos. Entre gemidos le hizo señas a mi madre:
—Antonella … junta tus tetas con las mías y veamos que sabe hacer este muchacho …
Mamá se acercó animosa y literalmente estrelló sus enormes tetas con las voluminosas tetas de la doctora, casi perdí mi conciencia en ese océano de tetas y succionando esos islotes marrones que eran los pezones de ella y la doctora. Sin disimular mi mano se fue a la panocha de mi madre, estaba muy húmeda, la doctora se percato de ello y dijo:
—Chica, creo que tú hijo está listo para ti otra vez … gírate hacia el muro …
—¡Sí! … si …
Dijo mi madre prontamente apoyándose con ambas manos sobre los azulejos, luego encorvó un poco su espalda haciendo sobresalir sus apetitosas nalgas, me acerqué a ella tomé sus caderas y apunté mi miembro viril en medio a sus posaderas, restregué la estrechez de sus glúteos con mi glande y empujé con mi ariete su orificio anal, la doctora que estaba supervisando de cerca todos mis movimientos, dijo:
—Puede ser doloroso para tú madre una penetración anal … mejor será que penetres su vagina … más adelante veremos otros tipos de penetraciones …
Mamá me miró con su ceño fruncido, seguramente no quería que la doctora se enterase de que también ya habíamos experimentado con mi madre esa penetración, luego la doctora nos sorprendió a ambos cuando dijo:
—Antonella … para lubricar su polla y facilitar la penetración, creo que podría intentar un modo adicional … también esto incrementará la estimulación de Alberto …
Mientras nos mirábamos mamá y yo interrogativamente, la doctora se arrodilló ante mí y me hizo girar levemente hacia ella, luego hizo desaparecer mi verga enhiesta y dura en su ávida boca, comenzando a mamar mi verga como si se fuera a acabar el mundo, la mirada de mamá era un poco de sorpresa, pero se abstuvo de decir nada, yo entrecerré mis ojos y empujé la nuca de la doctora hasta hacerla tener algunas arcadas, follando su boca profundamente.
—¡¡Reconchas!!, doctora … eso se siente muy bien …
Dije moviendo mis caderas y disfrutando a concho los finos labios y la delicada lengua de la doctora que aprisionaban mi pene y lamían mi polla diestramente dejando restos de saliva que hacían relucir mis engrosadas venas, su succión era poderosa y hacia rezumar todo mi líquido preseminal hacia su cavidad bucal, ella lo hacía como una excelente profesional y entendida en la materia.

Luego, después de haberme chupado la verga a más no poder y ponérmela duro como el granito, se puso de pie al lado de mamá y comenzó a abrir las nalgas de mi madre para mí, tal como lo había hecho la vez anterior. Yo no necesitaba más estimulo, estar en medio a estas esplendidas mujeres me tenía enardecido todo el tiempo. Los hermosos glúteos de mamá eran invitantes, su conchita estaba abierta y dispuesta a recibirme, me basto solo presentar mi glande a la apertura rosácea y mamá dio un leve empujón hacía atrás, aprisionando mi verga entre los candentes labios de su chocho empapado, mamá jadeó y gimió, la doctora soltó sus nalgas y se movió detrás de mí, cuando comencé a bombear enérgicamente la almejita de mamá, la doctora se abrazó a mí sobajeándome con sus tetas en mi espalda y acariciando mis pectorales, a la vez que besaba mi cuello y ronroneaba como una gatita tratando de mordisquear mi lóbulo ¿¿¿Si esto no es el paraíso??? Mi verga había desarrollado dimensiones descomunales y una rigidez asombrosa, mamá gemía y se contorsionaba mientras la penetraba profundamente con mi polla apoteósica, la escuche decir entre dientes:
—¡Oooohhhh! … ¡Ssiii! … Alberto, fóllame fuerte ... mezcla tu lechita con mis fluidos … dámela todita entera, hijo … dámela fuerte …
También la doctora me susurraba al oído:
—¡Oh!, querido … folla a tu mamacita … completa tu terapia … córrete dentro de ella … dáselo con más fuerza … fóllala … Antonella lo quiere … ella quiere lo mejor para ti … no te retengas rómpele el coño a tu mami … folla a tu puta madre …
Estas últimas palabras fueron un verdadero acicate para mí, el chocho de mamá repentinamente se había hecho más estrecho y me succionaba hacia adentro, mamá temblaba toda, sus piernas parecían de gelatina, tuve que pasar un brazo por su vientre para sostenerla, al mismo tiempo que la ensartaba más y más en mi pene y exploté con decenas de chorros en su chocho aterciopelado que envolvía cálidamente mi pene pulsante.
—¡Argh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhh! … ¡Cuánto me gusta follarte, mami! …
Se sentía genial sentir las poderosas tetas de la doctora en mi espalda, mientras disparaba mi semen en la profundidad del coño de mamá.
—¡Glorioso, chicos! … Esta vez se han superado … lo han hecho tan bien que no tengo dudas de que cumplirán con la prescripción al pie de la letra … me parece maravilloso …
No hace falta decir que la actividad desarrollada había estado insuperable, me había corrido en el chocho de mamá, por primera vez la doctora me había chupado la verga, ella le había dado un beso a mamá y mi madre se lo había correspondido efusivamente.

Procedimos a lavarnos, nos vestimos y nos fuimos a casa. Mamá venía canturreando las canciones de la radio y yo venía saboreando todavía las tetas y el culo de la doctora, ¿¿Llegara el día en que podré follarla??

Llegamos a casa y mamá se detuvo a metros de la casa y exclamo:
—¡Giovanna! … ¡Tu tía está en casa! …
Me enderecé en el asiento, efectivamente su auto estaba estacionado fuera de nuestra casa, mamá me dijo:
—Tengo el reporte médico de la doctora … recuerda de que tenemos que convencerla para que colabore en la administración de tú terapia …
¿¿Me creerían si les digo que mi verga comenzó a levantarse solita??

CONTINUARA …

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