Nuestras vacaciones. - Segunda parte

por
género
incesto

El vuelo transcurrió sin sobresaltos. Gracias al trabajo de Enzo, pudimos actualizar a clase ejecutiva y disfrutamos de Internet gratis durante el vuelo. Me senté junto a Enzo y bebí el Cosmopolitan que me ofreció la auxiliar de vuelo. Sonreí, me estaba impregnando del “Modo vacaciones”. Enzo y yo habíamos tenido la suerte de tomar vacaciones todos los años. Aunque si Enzo no terminó la universidad cuando tuvimos a Matteo; desde un principio se tomó muy en serio su papel de proveedor. Consiguió un trabajo en una reconocida empresa de software haciendo tareas administrativas; gracias a su empeño, innovación y carisma, rápidamente fue ascendiendo y llegó a ventas. Este parecía ser el tipo de trabajo para el que él nació; cuando Matteo cumplió diez años, Enzo era jefe y tenía a cargo un gran equipo de profesionales.


El desenlace de todo esto, fue que él ganaba mucho dinero, pero también se exigía mucho trabajando más horas y exponiéndose a más estrés, más responsabilidades y viajes de negocios. Así que su estrés se convirtió en nuestros estrés. Eso comenzó a afectar a mi marido, particularmente a su actividad sexual y a lo que yo llamaría, disfunción eréctil. Teníamos una vida realmente cómoda y nos podíamos dar muchos gustos, pero eso venía acompañado de un costo con el cual aprendí a vivir. Un dilema al que se enfrentan muchas parejas el día de hoy.


Apreté la mano de Enzo a mi lado. Él no se movió; lo miré y estaba dormido otra vez. Debo haberlo cansado mucho anoche.
—Descansa, amor mío …
Susurré acercando mis labios a su mejilla. Había estado persiguiendo a mi marido durante toda la semana. Lo necesitaba más que nunca. Mi mente se alimentaba de todas las obscenidades y fantasías que yo quería realizar con él. Otra vez me vino a la mente el sabor del semen de mi hijo Matteo.
—¡Oh! … Eso fue jodidamente caliente y delicioso …
Me susurré para mi misma mientras una sicalíptica sonrisa se dibujaba en mis labios.


Cerré los ojos para dormir, pero no lo logré. Mi mente estaba yendo y viniendo con calientes ideas y fantasiosos pensamientos. Abrí los ojos y miré a Matteo sentado al otro lado de Enzo, al otro lado del pasillo. Lo vi que observaba su celular. Supuse que miraba las fotos de Lorena. No sé porqué me pregunté si su pene estaría duro.
—¡Uy! … ¡Alessia, Alessia! … Deja de pensar esas cosas …
Me susurré entre dientes.


Abrí mi Tablet y, un tanto distraída, navegué por Internet. Sin querer queriendo, me encontré a recorrer un anuncio de lencería e hice clic en él. Los siguientes minutos me desplacé por varios sitios y reservé algunas prendas específicas. La verdad es que me encanta la lencería. Desde que tengo uso de memoria me gustan los conjuntos de lencería de diferentes tipos. Me he comprado algunos trajes muy sexys y elegantes, disfraces de enfermera, de policía, de nana; diversos sujetadores, una variedad de tangas, tops, etc. A lo largo de los años también Enzo me compró mucha prendas y debo decir de excelente gusto, aunque a veces eran demasiado calientes. Es cierto que teníamos nuestros momentos y lugares donde yo podía lucir esas cosas para él. Pero como me hizo notar Matteo, bonito no necesariamente quiere decir sexy y yo prefería sin lugar a duda el lado sexy.


Me desplacé viendo blusas transparentes, neglillé de variados colores y estilos. Es cierto que mis pechos no son igual a los que tenía diez años atrás, toda madre sabe que amamantar agrega algo de flacidez a los senos que crecen al estar llenos de leche y cuando ya no se produce leche, tienden a perder la firmeza y dureza. Pero los míos se mantuvieron bastante firmes porque me dediqué en cuerpo y alma a hacer ejercicios para obtener buenos resultados. A mi edad todavía podía lucir blusas y remeras con generosos escotes. También es cierto que mis tetas no son como las grandes de Lorena o Denisse, no obstante no son pequeñas, son de buen tamaño y podría lucirlas muy bien con un babydoll o uno de esos teddys a seno desnudo.


Sentí mis bragas impregnándose con mi humedad mientras miraba cada prenda. Me sorprendí de que de pronto me encontraba con dos docenas de prendas en mi carrito de compras. Por supuesto no iba a comprar todo eso, además que sumaba una cifra espantosa, más de un millón y medio de pesos. Pero a menudo hacía eso, simplemente llenaba el carrito y luego lo eliminaba todo al final. Imprevistamente apareció un mensaje en mi Tablet, era Matteo:
—¿Qué estás haciendo? …
Justo en ese momento estaba observando un sujetador sexy para meter en mi carrito. Tenía tirantes invisibles y se veía genial por si solo. Copié el enlace y se lo envié a Matteo.
—¿Qué opinas de este? … ¿Negro o rojo? …
Por el rabillo del ojo miré a mi hijo y lo vi sonreír cuando se abrió el enlace. Continué eligiendo otras prendas y él me respondió:
—Se ve bien … Prefiero el negro …
—¿Dices que se vería bien en mí o en Lorena? …
—Tú, por supuesto …
Apreté mis muslos para aplacar el calorcillo entre mis piernas. Matteo envió otro mensaje:
—¿Qué talla tienes? …
—¿No te parece una pregunta demasiado personal, jovencito? …
—Quería colaborar … Ayudarte a comprar … Darte ideas, ¿sabes? …
Me reí porque lo puse en su lugar.
—No necesitas mi talla para eso … Hay bastantes imágenes … No es como si me fueras a comprar algo …
Noté que él me miraba, pero no quise mirarlo, solo sonreí. Me envió otro mensaje con un enlace:
—¿Qué te parece este? …
Abrí el enlace. Era un conjunto de lencería de varias piezas de color negro y todas en transparencias, la parte superior era muy pequeña y sin copas, prácticamente no cubría el seno; la tanga era minúscula, un liguero y un babydoll a mitad del muslo. Hice clic en las prendas individuales y noté que la tanga era similar a la cual con la que él me vio la otra noche. Ahora mi coño estaba empapado, crucé las piernas tratando de disimular lo que sucedía en mi entrepierna. Le mandé un mensaje:
—Lorena se vería genial con esto …
—Creo que tu te verías mejor …
Me respondió prontamente. Una ola de calor recorrió todo mi cuerpo. Sentí que mi cara se ponía roja y agradecí que las luces del avión estuvieran bajas y que nadie pudiera verme a la cara. Matteo me envió otro mensaje:
—¿Notaste la tanga? … Es con un hilo, igual a la que tu tienes …
—Sí, lo vi … Me sorprende que la recuerdes …
—Jamás podría olvidarla …
Me sentí terriblemente cachonda. Esto se estaba volviendo algo extraño. Le envié otro enlace:
—¿Qué tal esto para Lorena? …
Lo vi que lo miraba con atención y él me envió otro enlace.
—Sí, genial … ¿Y que tal esto para ti? …
Abrí el enlace. Era un conjunto de dos piezas, bastante sencillo, pero extremadamente pequeño. El sujetador se amarraba al cuello y eran dos estrechas franjas de tela que tal vez apenas cubrirían mis pezones y la tanga era casi inexistente, se vería mi coño casi completamente, lo peor es que traía una escrita que decía, “Para que te follen”, mi coño se estremeció y se contrajo haciéndome sentir cositas.
—Eso es demasiado pequeño … ¿En serio te gusta eso? …
—Sí …
Fue su escueta respuesta y me envió otro enlace. En esta la modelo estaba de espalda y mostraba solo el hilo que desaparecía en medio a sus glúteos y la franja delantera no era visible. Le respondí:
—Ya tengo algo así …
—¿En serio? …
Pensé prudentemente que no podíamos seguir con esto y le escribí:
—Voy a intentar dormir un poco … Deberías hacer lo mismo …
—¿Puedo ver alguna vez esa tanga que aún no he visto? …
Me temblaban las manos cuando respondí:
—Tal vez …
—Entendido …
—¿Por qué no juegas un juego o algo así? …
—No estoy del humor apropiado …
—Bueno … Voy a cerrar los ojos y descansar un poco …
—Eres muy linda, mamá …
—Lindo y dulce, bebé …
Apagué mi Tablet y fingí dormir. Pero me resultó imposible, estaba demasiado agitada y caliente, que lo único que podía pensar era en las distintas piezas de sexy ropa interior y la lencería que había empacado. Me pregunté cuáles de esas le iban a gustar a Matteo. En algún lugar de mi cabeza volvió esa escrita: “Para que te follen”, justo lo que me hacía falta. Estas iban a ser unas vacaciones muy calientes.
*****


Finalmente cuando llegamos realmente me relajé. Después del despertar temprano, el viaje al aeropuerto, la espera del vuelo, el vuelo mismo, la llegada al siguiente aeropuerto y el viaje en taxi; por mucho que me gustara viajar, me sentí cansada y me alegré de estar en nuestro hotel. Enzo se había vuelto experto a lo largo de los años en hoteles y negoció una mejora en nuestra reserva de habitación, con la excusa de que íbamos a tener una celebración importante. Era una tremenda mentira, pero si había que celebrar algo, el hotel ofrecía todo el servicio sin recargo, así que comenzamos a pensar en que celebrar.


Para empezar nos asignaron una suite en el último piso con vistas al lago por el mismo precio de una habitación en los niveles inferiores. Lo atribuí al pragmatismo y simpatía que tenía Enzo, como jefe de ventas él era capaz de cualquier cosa. La suite tenía un amplio dormitorio con baño privado y en la sala de estar había otra cama extraíble para Matteo. Nos desplazamos junto al mozo del hotel que nos explicaba todas las bondades de la suite, pero lo principal es que teníamos mucho espacio, la vista desde la habitación era esplendida y las bebidas eran gratis.


Matteo se acomodó en una tumbona a mirar el lago. Lo miré y me puse algo triste, tal vez este era el último año en que viajaría de vacaciones con nosotros. Era inevitable. Los chicos crecen y las cosas cambian, estemos o no estemos preparados para ello. Es la ley de la vida. Enzo le dio una generosa propina al mozo y comenzamos a desempacar.
—Este lugar parece un apartamento … —Dijo Enzo sonriendo satisfecho.
—Gracias, querido … Sé que trabajas duro para darnos todo esto …
Le dije abrazándolo y dándole un beso en el cuello. Él me atrajo a su cuerpo y me dio un apretón.
—Cualquier cosa para ti, Alessia … Lo sabes, ¿no? …
Lo volví a besar y nos abrazamos disfrutando este momento de pareja. Momentos en que se olvida de los giros y vueltas de la vida y simplemente se agradece lo que se tiene y que nos tengamos el uno al otro y a nuestro hijo.
—Me voy a duchar … No lo hice esta mañana …
Dijo Enzo, lo miré coquetamente y me desabroché un par de botones de mi blusa.
—¿Quieres que nos bañemos juntos? …
Le dije en forma seductora mientras mordía mi labio inferior. Enzo me sonrió y dijo:
—Todavía no me recupero de lo de anoche, súcubo …
Le sonreí divertida. Estaba extremadamente cachonda y me resultó difícil aceptar su rechazo, pero lo entendí, pude ver el cansancio en su guapo rostro.
—Está bien … Ve a ducharte, pero la próxima vez no aceptaré un no por respuesta …
—Es lo que espero de ti, Alessia …
Entró al baño y cerró la puerta. Dejé escapar un suspiro cuando lo vi desaparecer y me senté en la cama tratando de organizarme. Me levanté y comencé a desempacar ligeramente malhumorada. Estaba demasiado cachonda. Abrí mi maleta y en el bolsillo lateral encontré mi vibrador de huevo, es cómodo y no es tan obvio como un gran consolador, no me atreví a traer uno conmigo. Al menos no esta vez, pero este pequeño artilugio también funcionaba y cumplía su tarea.


Se me pasó por la cabeza encenderlo allí mismo, pero existía la posibilidad de que Matteo me sorprendiera. Además, necesitaba desempacar. Los deberes de una madre nunca terminan. Fui a la sala de estar y encontré a Matteo dormitando en el diván. Me fijé que su pecho subía y bajaba rítmicamente con su respiración, su mano derecha estaba a mitad de la parte delantera de sus pantalones.


Tomé su maleta y la llevé hacia la cómoda, la abrí y comencé a guardar la ropa; una vez terminado, guarde la maleta y comencé con la mía y la de Enzo. Desempacar fue un buen ejercicio que me ayudó a relajarme y pude concentrar mis energías en otra cosa que no pensar constantemente en sexo. Por supuesto que cuando ordené mis cosas, me encontré con mi tanga negra, la sostuve pensativamente. Se parecía al par de la imagen que me envió Matteo. No era esa de hilo dental, pero era una de mis favoritas, sexy y cómoda. Al contrario de algunas mujeres, a mi me encantaban las tangas, me sentía apretadita, ajustada y la sensación de la tela en medio a mis glúteos siempre fue algo erótico. Estimulaba mi ano hipersensible, disfrutaba esa sensación de roce. Guardé todo apresuradamente cuando entró Matteo.
—Hola, mami … Tengo hambre …
—Está bien … ¿Por qué no llamas al servicio de habitaciones y ordenas algo? …
Le dije mientras continuaba a guardar mis cosas.
—No quiero quedarme en la habitación … Siento como si hubiera estado encerrado todo el día … ¿Quieres que comamos algo abajo? …
—Déjame ver que quiere hacer tu padre … Esta tomando un baño …
Fui al baño y le pregunte a Enzo sobre la comida. Me dijo que fuéramos adelante y que luego el pediría algo para él.
—Parece que seremos solos tu y yo por ahora … Tu padre no ha terminado de bañarse …
Le dije a Matteo. Él me sonrió, luego salimos y bajamos a la planta baja por el ascensor. Ubicamos el restaurant y simplemente ordenamos algunos nachos. Me pedí una margarita para mí y una bebida cola para Matteo.
—Bueno … Finalmente estamos aquí …
—Sí … Se siente bien estar lejos del bullicio de la gran ciudad …
—¿Extrañas a Lorena? …
Pregunté en forma casual. Matteo hizo una pausa mientras masticaba sus nachos y me respondió.
—Sí … Le envié un WhatsApp y ella me respondió que también me extrañaba …
—¡Oh, jóvenes enamorados! …
Me burlé de él y me reí, luego añadí:
—Creo que ustedes dos tortolitos sobrevivirán a esta separación de un par de semanas …
Matteo me dio una significativa mirada y dijo.
—Bueno … Pero te tengo a ti … La mujer más importante de mi vida …
Lo miré por un momento y no estaba bromeando.
—Es agradable oírte decir eso … Sé que me burlo de ustedes por Lorena, pero estoy feliz de que tú y ella se hayan encontrado …
—Pero ella está celosa de ti … Ella sabe lo importante que eres para mí …
Sin tener idea de si eso era cierto o no, dije:
—Eso es normal, querido … Lo mismo sucede a los papás y sus hijas …
Nos quedamos en silencio por un rato mientras el asimilaba lo que le había dicho y degustaba sus nachos. Luego preguntó improvisadamente.
—¿Realmente tú crees que estas dos semanas servirán para aclarar mis cosas sobre el sexo con Lorena? …
—De cierto no puedo asegurarlo … Lo único que sé es que tienes toda la vida por delante y no hay razón alguna para que vayas tan de prisa con esto del sexo …
—Lo estoy intentando, mamá … El problema es que entre más lo intento, más ganas tengo de hacerlo …
Dijo en forma honesta y yo le encontré razón. Yo había pasado por lo mismo. Luego añadió entre dientes:
—Cuanto más lo pienso … Más rico lo encuentro y más lo quiero …
Pero no terminó allí su perorata, mientras yo asentía comprensiva, él dijo.
—Esto significa para mí … Que en cuanto regrese a la ciudad, iré a buscar a Lorena para hacerlo … Así que sea cual sea tu plan de hacerme esperar un par de semanas, realmente no va a servir de nada … Estoy siendo honesto contigo, mamá … Lo único que puedo pensar por el momento es a eso, a tener sexo con Lorena …
Sabía exactamente lo que le estaba pasando. Mi coño estaba muy mojado sentada aquí sintiendo la cachondez de mi hijo. Traté de ir en su ayuda.
—Sé que no soy un hombre … Pero ¿masturbarte no te ayuda? … ¿Aunque sea un poquito? …
—¿Pero tu has visto a Lorena, mamá? … ¿Acaso crees que mi mano será tan estimulante con ese apretado cuerpecito suyo? …
No pude evitar de reírme ante su jocoso comentario. Luego prosiguió:
—Además … Estoy en el punto en el que puedo masturbarme cinco o seis veces en el día y aún así sentirme cachondo por ella … El otro día me estaba volviendo loco … Me masturbé cuatro veces en unos calcetines … Solo para relajarme un poco …
Mi boca se secó y mi corazón comenzó a latir más fuerte. ¡Cuatro veces! Pensé en los calcetines y el peso del semen de mi hijo en ellos. Cuatro pesadas descargas y todavía estaba listo para disparar otra carga en el baño mientras le mostraba la polla a Lorena. ¡Guau! Apreté mis muslos con fuerza. A Enzo podía sacarle dos descargas y casi lo mato. Me recordé de los calcetines y pasé mi lengua por mis labios recordando la sapidez del semen de mi hijo en mi boca.
—Bueno … Es solo por un par de semanas …
Dije en un tono de poco convencimiento y agregué:
—Creo que una vez que puedas relajarte y distraerte de esas cosas … Será mucho más fácil …
Se rio en mi cara y exclamó:
—¡Ni hablar, mamá! … ¡Ni hablar! …
Miró hacia la piscina donde había un par de chicas en bikini y me dijo:
—Sin mencionar que estarás tu todo el tiempo con tu pequeño bikini … ¿Quién se puede relajar así? …
—Muy gracioso, jovencito … Muy gracioso …
Dije apresurada y bebi un trago de mi bebida para refrescarme.
—Pero es la verdad … Objetivamente hablando, como hombre … Mamá, eres un espectáculo por donde sea que se te mire …
Enseguida lo enfrenté con severidad, pero con delicadeza:
—¡Matteo, soy tu madre! … No te permitas de hablarme en esos términos
Lo recriminé, pero debo admitir que me gustó mucho lo que me dijo. Volvió a mirar a las chicas en bikini y me respondió:
—Por eso dije que hablaba objetivamente …
Razonó en su defensa, luego agregó:
—Lo siento, mamá … Creo que me volveré loco en un par de días … Antes del vuelo, Lorena me envió una serie de fotos de ella misma …
Levanté una ceja intrigada.
—Bueno … Creo que ella quieres que las mires y … Ya sabes … Te masturbes …
—¡Eso ya lo hice, mamá! … Tres veces en el aeropuerto y dos veces en el avión …
¡Guau! ¡Cinco veces! Me senté inquieta en mi silla con mi coño cada vez más mojado; pero no dije nada.
—Ahora estoy aquí sentado pensando … Mi polla está dura como una roca … No es fácil, ni siquiera quiero levantarme para caminar … Pensé que si salía a tomar un poco de café y aire fresco ayudaría, pero no fue así …
Pude ver la desesperación y frustración en sus ojos. Pensé en la conversación con Enzo, que me explicó que hay una limitada cantidad de sangre en un niño que puede compartirse entre su cabeza y su pene. Tal vez eso es algo delicado, pensé.
—¿Estás duro? … ¿Ahora mismo? …
Pregunté mirando a derecha e izquierda para asegurarme de que no hubiera nadie en las cercanías. Él me miró a los ojos y asintió:
—Sí … Incomodo y vergonzosamente duro …
—¡Ay, querido! … ¡Por Dios! … ¿Qué puedo hacer? …
Me oí decir como una boba. Se me chisporroteo. No estaba segura de que cosa estaba dispuesta a hacer para ayudar a Matteo en esta bochornosa situación. Pero es mi hijo y lo veo desesperado. Me senté erguida en mi silla para estirar mi espalda y ocultar cualquier espectáculo vejatorio. Soy su madre, lo debo proteger a cualquier costo. Lo que íbamos a hacer es resolver el problema juntos. Matteo tragó saliva y lo escuché decir:
—¡Uhm, no sé! … Nada … Es lo que es nomas …
—No seas tonto, Matteo … No quiero que te sientas mal … Vamos, volvamos a nuestra habitación …
Matteo se puso una mano por delante y caminamos de prisa al ascensor para regresar a nuestra habitación. Estaba muy nerviosa y mi mente saltaba de una mala idea a otra peor. Nada de lo que pensaba tenía sentido o simplemente no ayudaba en nada a resolver el problema de Matteo. Pensando honestamente, esto es algo que tiene que resolver mi marido Enzo. Estaba totalmente fuera de mi competencia como madre. Simplemente no eran temas que podía tocar con mi hijo. Decidí que Enzo encontraría la solución, él siempre sabe que hacer en todas las cosas.


Cuando llegamos a la habitación encontré a Enzo profundamente dormido con un plato vacío y frío en el velador. Conociéndolo, sabía que iba a estar fuera de combate por una hora u hora y media. Matteo me esperaba en la sala de estar, salí del dormitorio y cerré la puerta.
—Tu padre está dormido …
—Esperabas que él hablara conmigo, ¿no? … Algo así como de hombre a hombre, ¿eh? …
—Sí … Así es … Entonces, ¿Por qué no vas al baño ahora y te masturbas? … Eso podría ayudar por ahora, ¿no? … Te esperaré y luego podremos ir a la piscina … Estoy segura de que tu padre pronto se despertará y así podrás hablar con él, ¿vale? …
Matteo asintió, tomó su teléfono y se fue al baño. Me senté en el sofá a mirar un sinnúmero de revistas de viajes y cruceros, algunas viejas de cinco años, nunca entendí porque los hoteles conservan este tipo de publicaciones. Mientras ojeaba las revistas me pregunté a que punto estaría, Matteo. Probablemente mirando las tetas de Lorena y su pequeño coño que debía penetrar de regreso a casa. Un par de minutos y salió con su cara sonrojada.
—¿Todo bien? … —Pregunté.
—Sí … Por ahora sí …
—Bueno … Te dije que encontraríamos una solución … Ahora vamos a la piscina …
Entré silenciosamente a la habitación donde estaba mi esposo durmiendo y me puse mi bikini blanco y fucsia. Encima me puse unos pantaloncitos cortos y suspiré mientras miraba a mi marido roncar. Sí Matteo no me hubiera estado esperando, le hubiera saltado encima y le habría chupado la polla hasta cuando me diera una descarga. Necesitaba que me disparara en mi boca. Sali de la habitación con una toalla en mano. Matteo me dio una lasciva mirada, me sonrojé y pasé junto a él. Podía sentir sus ojos en mi trasero. Me gustó como me miraba. Con una falsa e inocente voz, pregunté:
—¿Qué? …
—Te ves simplemente adorable, mamá …
—Es muy dulce de tu parte, querido …
Agarré la tarjeta llave para irnos. Matteo se había puesto su bañador nuevo que le quedaba a mitad de cadera, sin camisa. Casi podía ver su vello púbico. Mientras salíamos de la habitación, le dije:
—Me alegro de que las fotos de Lorena hayan funcionado …
—No fueron necesarias, mamá …
—¿Cómo? …
—Lo hice pensando a la otra noche en que te vi con esa tanga …
Quedé atónita y fingí no haberlo escuchado. Bajamos a la piscina en silencio y apenas llegamos al sector de las tumbonas, pedí un mojito. Me acosté al sol y Matteo se tiró a la piscina de un salto para mojar a unas chicas en bikini, ambas se tiraron al agua para perseguirlo, al rato estaban conversando amablemente mientras flotaban en la fresca agua cristalina. No las podía culpar. Era lindo, fornido y tenía esos ojos que hechizaban a cualquier mujer. Me pareció claro que ellas ya le habían echado el ojo. Tengo que admitir que me puse un poco celosa. Volvió a mi mente el ultimo comentario que hizo Matteo hacia mí, tenía que procesarlo y asimilarlo. Pensé que la mejor solución a eso era tener un par de guapas chicas que lo distrajeran y aliviaran su carga erótica.


¿Mi hijo realmente se masturbó pensando en mí y en mí tanga? Un buen rato está pregunta rodó por mi mente. Tiempo suficiente como para pedir otro mojito. Pero debía ser cuidadosa con las bebidas, no porque me preocupara de emborracharme, sino porque cada trago contenía una montaña de calorías, y si yo quería seguir conservándome bien, debía prestar atención a estas cosas. Sin embargo había un pensamiento que me molestaba. Quería seguir conservándome bien, pero ¿Para quién? Estaba molesta porque mi marido me rechazó. Si yo era tan sexy, ¿por qué me dijo que no? Sabía que la respuesta era biológica y no por falta de amor o incluso por falta de atractivo. Estaba cachonda y cada vez más cachonda.
—Estas malditas hormonas …
Murmuré para mí misma, me sentí borracha.


Suspiré y bebí de un trago el resto de mi bebida. Sabía que estaba borracha. El sol me hacía sudar y mi coño estaba más caliente. Miré mi reloj y vi que eran casi las cinco. Teníamos que regresar pronto a la habitación para prepararnos para la cena. Necesitaba despertar a Enzo, de lo contrario no dormiría bien durante la noche y por la mañana iba a quejarse todo el día de estar cansado. Podría despertarlo con mi boca o tal vez mi culo, en estos momentos ambos me parecían apropiados.


Decidí que esta pequeña sesión de coqueteo con mi bebé había terminado. Estas dos tuvieron su oportunidad y él no mordió el anzuelo, así que era hora de que ambas se fueran a la mierda. Perdón, por el exabrupto, estoy un poco ebria. Me deslicé hacia la cálida piscina. El agua fresca se sintió bien en mis piernas y apaciguó mi coño caliente. Tal vez mis tetas se pusieron un poco más duras. Caminé un poco agachada, igual como lo hacen todas las personas cuando la piscina es poco profunda. Me dirigí hacia mi hijo y las dos niñas


Cuando me acerqué, Matteo me miró y su rostro se iluminó. Una de las chicas me miró y no dijo nada, pero pude ver en ambas esa expresión en sus caras de: ¿Quién es esta zorra? Decidí comportarme como una verdadera zorra y dejar claro que Matteo me pertenecía solo a mí.
—¡Hola, Matteo … —Dije colocándome coquetamente a su lado.
—¡Hey, hola! … —Dijo con una sonrisa y evitó de llamarme “mamá”.
—Creo que deberíamos prepararnos para la cena, querido …
Dije sin siquiera dignarle una mirada a las chicas. Sé que ellas odian cuando no se les toma en cuenta.
—¿Viajan juntos o algo así? …
Preguntó la Punk queriendo entrometerse. Me hizo gracia que no se diera cuenta de que yo era su madre.
—¡Ehm, algo así! …
Dije mirándola con confianza y altanería. Ella era toda fanfarronería. La miré de una a la otra y pregunté:
—¿Viajan juntas? …
Mi tono fue más despectivo de lo que hubiese querido, pero estaba borracha.
—Sí … Es nuestro último día aquí … Estamos aquí con sus padres …
Dijo la Punk.
—Es muy amable de que te hayan invitado …
Dije deslizando mi mano bajo el agua hacia Matteo. Él la tomó con los dedos entrelazados a los míos.
—Supongo … Mis padres son un poco a la antigua …
Dijo la otra chica.
—Lo suficiente como para traerte a ti y a tu amiguita juntas, ¿eh? …
Pregunté en un tono malicioso. La niña no supo que responder. Me moví junto a mi hijo y mi pierna rozó la suya. Sentí sus dedos tocar mi muslo. No me moví ni un centímetro y él comenzó a acariciarlo suavemente. Me sentí en el séptimo cielo.
—Podríamos haber ido a Brasil o al Caribe … Pero este año la situación económica de papá no fue tan buena …
Miré a Matteo. Él tenía sus ojos fijos en mí. Volví a mirar a la chica y le dije.
—Está claro que tienen una estrecha amistad, ¿eh? …
Dije mirando a la Punk. Me di cuenta de que ella estaba tratando de descubrir quién era yo y que estaba pasando. Ella no era tan ingenua como la otra, pero tampoco estaba habituada a ser eclipsada fácilmente. Presioné mi pierna contra la de mi hijo, él siguió acariciándome el muslo con los dedos de la mano que yo sostenía.
—¿Y tu qué? … ¿Brasil o el Caribe? …
Le pregunté a la Punk. Tuve que girarme para mirarla, sentí que los dedos de Matteo ahora rozaban la tela que cubría mi trasero.
—No lo sé …
Dijo tratando de encontrar algo ingenioso que decir, luego agregó:
—Esta es la primera vez que vengo invitada … Las dos supongo …
Le sonreí mientras me sumergía ligeramente en el agua, sintiendo los dedos de mi hijo tocar suavemente la parte trasera de mi traje de baño de una nalga a la otra.
—Para nosotros no es la primera vez, ¿verdad, querido? … Nos gusta la privacidad e intimidad de este lugar …
Dije mientras seguía moviendo mi cuerpo y los dedos de Matteo continuaron tocando mi trasero por sobre la tela de mi traje de baño.
—Espero viajar más en el futuro … Cuando termine mis estudios y me independice de mis padres …
—Bien por ti … Te deseo suerte …
Dije dando por terminada la conversación con las chicas en favor de la sensación rica que recorría mi espalda baja, mi trasero y mis muslos. Luego concluí:
—Vámonos para la cena, Matteo … Que tengan un buen retorno a casa …
Dije tirando a Mateo de la mano. Las dos chicas respondieron:
—Nos vemos …
Pero nosotros ya nos habíamos alejado de ellas. Antes de alejarnos demasiado, tomé la mano de Matteo y la puse sobre mi trasero al tiempo que decía a alta voz.
—Puedes hacerlo mejor, querido …
Caminamos hacia las escaleras de la piscina, sus manos me tocaron el culo dos o tres veces mientras subía las escaleras y mi trasero quedó a la altura de su cara, metí mi dedo hacia atrás para enderezar mi traje de baño y sus ojos jamás abandonaron mi redondo derriere.


Liberé una mano y tomé mi toalla, me envolví en esa y tiré una a Matteo. Él me sonreía mientras miraba a las chicas en la piscina.
—Tengo hambre …
Dije y volvimos a la habitación para despertar a Enzo.


Cenamos en la terraza con vistas al lago. Me había colocado un ligero vestido veraniego de color verde pastel que me llegaba a mitad del muslo y me quedaba bastante holgado. Muy fresco para estar en la terraza y lo suficientemente bonito para ser un vestido para la cena. Matteo vestía sus pantalones cortos y una remera blanca de cuello a “V”. Enzo por su parte, su polo estándar y pantalones blancos. Estábamos oficialmente con ropa de vacaciones y nos sentíamos fantásticos. Estaba tomando mi tercer vaso de agua tratando de hidratarme y defendiéndome de un persistente dolor de cabeza que tenía por haber bebido demasiado más temprano.
—Lo siento … Creo que dormí demasiado … Estaba más cansado de lo que pensaba …
Me dijo Enzo apretándome la mano.
—No tienes necesidad de disculparte … Estamos en vacaciones … Dormir y descansar son las principales actividades … Especialmente para mi hombre que trabaja tan duro …
—¿Cómo estuvo la piscina? … —Preguntó Enzo a Matteo.
—Bien, pero mañana quiero ir a probar la otra para ver cuál es la mejor …
Dijo Matteo mientras bebía su bebida cola. De todos modos me mente estaba en otra parte.


Había logrado ducharme antes de cenar y afortunadamente tuve la oportunidad de darme un par de buenos orgasmos. Entre beber demasiado y tener tanta energía sexual acumulada. No estoy segura de como me iba a comportar con mis dos hombres a cena. Lo único que sé es que la liberación de un poco de energía me hizo sentir bien. Admito que mi mente vagó hacia extrañas fantasías mientras masajeaba mi clítoris y rozaba mi trasero. Pensé en lo bien que se sentía la mano de Matteo en mis posaderas y lo imaginé deslizando su mano debajo de mi traje de baño apretando mis nalgas. A partir de ahí me imaginé presionando mi culo contra su entrepierna, sintiendo como se excitaba entre mis glúteos. Me pregunté que tan dura sería su polla y como se sentiría presionada contra mí ojete anal, entonces comencé a masajear mi trasero imaginando que me decía que iba a follar mi diminuto orificio. Me vine muy rápido cuando puse dos de mis dedos profundamente en mi culo.


Sentada aquí viendo a mis dos hombres hablar, reflexioné cuán afortunada era y sacudí las extrañas fantasías de mi mente. Quizás tenía esos pensamientos sobre Matteo por que él y yo hablábamos más abiertamente sobre sexo. El porque realmente no lo sé. Pero no importaba, estaba todo solamente en mi cabeza. Me iba a asegurar de que Enzo me diera su polla esta noche y eso me ayudaría a calmarme. Era suficiente para aliviar la tensión. De otro modo, tenía mis dedos y juguetes para hacerlo. Había aprendido a arreglármelas yo sola.


Miré a Matteo y lo vi adulto. Todavía tenía un encanto juvenil. Su padre y yo pensamos que nunca lo perderíamos. Me fijé en sus anchos hombros y me parecía más un hombre que nunca. Él había crecido. Era un chico muy guapo. Esas perras de la piscina no tenían ninguna posibilidad con él. No es de extrañar que Lorena lo quisiera tanto. Ella sabía que él era único. Me gustaba Lorena, realmente me gustaba.


Deslicé mi mano sobre la mesa y tomé a ambos de la mano:
—Es maravilloso estar aquí con ustedes dos …
Dije con una gran sonrisa de satisfacción. Mi corazón estaba pleno de dicha y felicidad.
—Es agradable pensar que acabamos de llegar aquí … —Dijo Enzo
—Sí, es verdad … ¡Dos semanas enteras … —Dijo Matteo y luego me miró.
Me miró directamente a la cara con una enigmática sonrisa. No sabía exactamente que quería decir y le devolví la sonrisa.
—¿Señor Furci? … —Preguntó el camarero mirando a mi marido.
—Sí … Soy yo … —Respondió Enzo.
—Hay una llamada para usted, señor … —Dijo el camarero.
—¿De quién? … —Pregunto Enzo frunciendo el ceño.
Solo su familia y de su trabajo sabían que él estaba aquí. Probablemente sea de su trabajo, pensé.
—No lo sé señor … Dijeron que era urgente …
Enzo me miró, se encogió de hombros y levantó sus cejas.
—Volveré enseguida … —Dijo y se levantó de la mesa.
—Me pregunto de qué se trata eso … —Dije tomando la mano de Matteo.
—Siento que es una cuestión de trabajo … —Dijo Matteo.
Asentí y frote sus dedos con los míos.
—¿Y tú? … ¿Cómo te sientes? …
Me miró sonriente y dijo:
—Bien … Feliz, supongo …
—Lo siento si te robé de esas chicas …
—No creo que lo sientas …
—Supongo que tienes razón … Para ser honesta, no sé porque hice eso …
Dije tomando un gran sorbo de mi bebida.
—Creo que eres increíble … Para decir verdad, fue bastante hot …
—¿Qué quieres decir? … Lo hice simplemente como si estuviera siendo una mamá demasiado protectora …
—No … No fue así … Fue como si fueras … Bueno … Una mujer de verdad … Vi eso cuando te sentí hablar … Y ellas vieron lo mismo … Mamá, realmente parecías otra cosa …
Me reí.
—No sé que quieres insinuar … Fui solo para avisarte que teníamos que cenar … Nada más que eso …
—Pues yo no lo vi así …
Dijo y desistí con seguir ahondando sobre el tema. Pude ver que Enzo estaba apoyado en el mesón y supe que estaba hablando de trabajo. Le dije a Matteo.
—Tenías razón sobre tu papá … Al parecer está hablando al teléfono con el trabajo …
—Sí … Deberían darle un respiro, ¿no? …
—Sí … Deberían … Es complicado cuando te vuelves tan importante en tu trabajo … Creo que tu padre disfruta siendo tan solicitado … Así que no es solo culpa de la empresa …
—¿Lo extrañas cuando se va de viaje? …
—Claro que sí … Pero eso es parte del trato cuando estás casada … Sacrificios por todos lados … no es algo malo, ¿sabes? …
—Quiero decirte una cosa, mamá … —Dijo Matteo muy tranquilo y serio.
—¿De qué se trata? … —Pregunté con curiosidad.
—Es algo raro … Pero siento que puedo decírtelo, ¿no? … Hasta ahora hemos sido bastante abiertos …
—Sí, querido … Puedes decirme cualquier cosa …
—Se trata de cuando estabas hablando con esas chicas …
Me apretó la mano y me emocioné, sentí una incipiente humedad en mi entrepierna.
—¿Te excitaste? … —Pregunté juntado mis piernas bien apretaditas.
—No estoy seguro de por que te digo esto … Pero me puse muy duro, mamá …
Le fruncí el ceño fingiendo disgusto.
—¿Qué? … ¡Matteo, no olvides que soy tu madre! …
—Lo sé, mamá … Lo sé … —Dijo en un tono bastante afligido.
—No me estás diciendo todo, jovencito … ¡Ya, vamos! … ¡Desembucha! …
Dije entrando completamente en mi rol de mamá.
—¡Oh, mami! … Tuve que masturbarme tres veces cuando regresamos a la habitación …
No estaba segura de haber oído bien. ¡¡Tres veces!! Me imagine a él disparando tres descargas juveniles en el inodoro del baño de invitados. Eso debe haber sido muchísimo semen. Volví a apretar mis muslos.
—Está bien … Entonces ¿por qué me lo cuentas? …
Pregunté sin saber que decir.
—Mami … Estoy todo el tiempo cachondo … Le envié un WhatsApp a Lorena y le conté todo … Ella me dijo que me espera para tener relaciones sexuales apenas llegue … Tenemos que hacerlo … No aguanto más, mamá …
—¿Pensaste a Lorena cuando te masturbaste? …
—Al principio, sí … Pero las últimas dos pensé en ti, mamá …
—¡Matteo! … ¡Yo soy tu madre! …
Exclamé, pero mi coño estaba irremediablemente inundado y caliente.
—Lo sé … Pero entiéndelo … Estabas muy sexy hoy en la piscina … La mitad de los chicos estaban pendientes de ti descaradamente y la otra mitad fingía no hacerlo … Luego cuando te acercaste a hablar con las chicas y te toqué tu traje de baño …
Hizo una pausa. Casi podía sentir su toque en mi trasero. Me sentí cachonda, caliente, enojada, avergonzada, confundida, perpleja e intrigada, todo al mismo tiempo.
—Lo sé que no está bien … Pero tenía que decírtelo … Estoy tan cachondo ahora mismo que estoy temblando …
Le tomé la mano con fuerza y efectivamente estaba temblando. Lo miré a los ojos. Vi a un hombre cachondo, desesperado y afligido. Al mismo tiempo vi a mí hijo necesitando a su madre y confesándome sus tribulaciones. También vi la cara de Enzo en la cara de mí hijo. No estaba segura sobre que decir ni que hacer.
—Matteo … Soy tu madre …
Repetí como una boba. Supuse que esa era razón suficiente para detener esta conversación. De repente sentí la otra mano de Matteo debajo de la mesa que tocaba mi muslo. Su mano era cálida y fuerte. Apretó mi muslo justo por encima de mi rodilla.
—Matteo … Soy tu madre … No me puedes tocar ni tener esos sentimientos hacia mí …
Mi tono fue directo, duro y maternal. Sentí que su mano volvía a apretar su muslo. Me sentí muy bien. Luego me soltó.
—Lo siento, mamá … Sentí que había una conexión o algo así entre tu y yo …
—Matteo … —Le dije tocándole la mejilla. —Mírame, Matteo … —Él me miró.
—Tenemos una conexión … Siempre la hemos tenido y siempre la tendremos …
Odiaba ver a mi hijo que me miraba con tanta culpa en la cara. Tome un largo trago, miré a Enzo que continuaba a hablar por teléfono al mesón e hice una rápida decisión.
—Ven conmigo, Matteo …
Me levanté y Matteo me siguió.
—Señora, ¿ha terminado? … —Preguntó el camarero.
—No … Enseguida volvemos … —Le dije rápidamente.
Saqué a Matteo del restaurant y lo llevé a la piscina. Había muy poca gente allí durante la cena. Miré rápidamente a mi alrededor y entré al baño familiar. El reservado para mamás y niños. Matteo me siguió. Cerré la puerta. Mi corazón latía con fuerza. Podría haber detenido esto fácilmente. Me giré y miré a mi hijo. Tenía una mirada de sufrimiento, deseo y vergüenza. Nunca mi hijo debía sentir vergüenza conmigo a su alrededor.
—¡Vamos! … ¡Siéntate en el baño! … —Lo conminé como madre y él se sentó.
Respiré profundamente y luego me di la vuelta frente a él. Me aseguré de que la puerta estuviera bien cerrada y luego tomé el borde de mi vestido y lentamente comencé a hacerlo subir mostrando mis muslos para él. Enseguida lo tironeé más arriba para hacerle ver mis nalgas y la pequeña tanga que llevaba puesta, después le dije:
—¡Vamos, Matteo! … ¡Tíralo fuera y bota todo lo que tengas dentro! …
—¿Qué? … —Lo escuché decir, pero podía ver que se bajaba los pantalones rápidamente.
—¡Me oíste! … ¡Dale duro, chico! … ¡Mira mi culo y mastúrbate! …
Lo oí gruñir y moverse sentado en el inodoro. Me centré en quedarme quietecita para que pudiera ver bien mis nalgas con mi ropa interior embutida en medio a mis hinchados labios vaginales. Mi coño ardía y sentía que mis fluidos comenzaban a mojar mis muslos. Le dije:
—Quiero ayudarte, Matteo … Sé cuánto te gusta mi culo … Míralo y córrete para mami …
Podía oírlo acariciándose detrás de mí. Cambié mi posición y me subí mi vestido hasta mi cintura para que el pudiera ver completamente mis posaderas. Mi corazón latía con fuerza y mi coño goteaba. Mis manos comenzaron a temblar así que me incliné hacia adelante, empujé mi trasero hacia él:
—¡Vamos, cariño! … Puedes tocarme … Córrete para mami, tesoro …
—¡Eres tan hermosa, mami! …
Dijo y comenzó a acariciar mis glúteos. Podía escuchar el sonido de su mano golpeando fuerte su pelvis mientras masturbaba su endurecida polla. Sentí un poco de vergüenza y orgullo al mismo tiempo. A menudo había fantaseado y deseado de ser objeto de masturbación y ahora esto se estaba haciendo realidad, mi hijo acariciaba mi culo y masturbaba su polla. No traté de pensar mucho en este acto incongruente y lo animé a seguir:
—¡Vamos, cariño! … ¡Una buena paja para mami! … ¡Córrete, amor! … ¡Córrete para mí! …
Me medio giré para ver su mano en acción y quedé mesmerizada, apreté mis muslos y mi coño tuvo incontrolables contracciones. Su polla era realmente hermosa, grandecita, rígida como roca y muy paradita, de su cabezota ya afloraban algunas gotitas de su semilla juvenil. Sus grandes cojones me hacían presagiar una corrida como un rio. Hacía muchos años que no lo veía desnudo y lo encontré hermoso. Estaba con sus ojos muy abiertos mirando mi culo, su mirada era ávida y famélica, a ratos pensé que quería morder mis cachetes. Su mano se movía con total determinación y entendí que no iba a durar mucho. Pude ver que él adoraba lo que estaba viendo. Él quería mi culo. Él me quería a mí.
—¡Vamos, bebé! …
Le dije mirando su mano moverse veloz acariciando su gran polla.
—Sí, tesoro … Sigue así … Quiero que te corras para mí …
Pude ver que mis palabras tenían su efecto en él, su mano se movió más rápido y su respiración se hizo entrecortada y fatigosa.
—Eso es, bebé … Más rápido … Hazme ver cuanto puedes darme … Dame tu lechita, amor … Dámela todita … Córrete para mí …
Gimió audiblemente y se movió un poco. Su mano seguía trabajando su polla rápidamente y él miraba mi culo con adoración. Estiró su mano y la deslizó entre mis muslos calientes, después posó su mano sobre mi panocha candente y gritó:
—¡Me corro, mami! … ¡Me corro! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Mami, me estoy corriendo! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Oooohhhh! … ¡Umpf! …
—Sí, amor … Dámelo todo … Córrete para mami … Ssiii, tesoro … Asiii, córrete … Córrete para mami …
Vi unos chorros salpicando copiosos al suelo del baño. Inmediatamente apuntó su polla al interno del inodoro y disparó un sinnúmero de chorros dentro del inodoro. Él seguía magreando enérgicamente su polla, estrujando las últimas gotas de su semilla. Me incliné un poco más y acerqué mis glúteos hacia él. Me pareció escuchar claramente los densos filamentos de esperma golpeando el agua del inodoro una y otra vez mientras él seguía ordeñando su polla con los ojos fijos en mi culo.
—Lo quiero todo, Matteo … Vacíalo todo ahora …
Miré hacia atrás y vi que todavía salían espesas ráfagas de la polla de mi hijo. Nunca había visto tanto semen salir de una sola persona.
—¡Carajo! …
Exclamó Matteo mientras seguía tirando de su hermosa y grande polla. Otro espeso chorro salió disparado y se hundió en el agua del inodoro, luego terminó. Se inclinó hacia atrás y soltó su miembro que se mantenía desafiante y duro. Restos de semen goteaba por su ápice y escurría sobre su regazo. Moviendo un poco mis caderas logré bajarme mi vestido y respiré profundamente. Mí corazón permanecía alborotado, mi respiración agitada y mi coño más mojado que nunca. Pero el trabajo estaba hecho, mi hijo se había descargado. Mientras me enderezaba el vestido, le dije:
—¡Límpiate y encuéntrame afuera! …
Le di unas últimas estiraditas a mi vestido y salí del baño para esperar a Matteo.


Caminamos hacia el restaurant en silencio. Miré a Matteo con ojos maternales, pero por dentro estaba muy complicada y confundida. No sabía en realidad lo que habíamos hecho. ¿Estaba bien? ¿Estaba mal? Lo único que tenía claro es que estaba cachonda más allá de lo creíble. Todavía resonaban en mi mente los espesos chorros golpeando la superficie del agua del inodoro. Volvieron a mi la pesadez y humedad de los calcetines donde Matteo se había masturbado el día anterior. El todo con cantidades increíbles de semen. Me mordí mi labio inferior y tragué saliva, sentí mi boca seca mientras pensaba en ello. Cuando entramos al restaurant vi que Enzo estaba a la mesa esperándonos, apenas nos vio su rostro se iluminó.
—Creí que me habían abandonado … —Dijo con una amplia sonrisa.
—Como te demorabas tanto al teléfono, fuimos a dar una vuelta por la piscina …
Dije tratando de disimular mis tumultuosos pensamientos sobre lo recién sucedido. Enzo miró a Matteo un poco intrigado.
—Sí … Al parecer mi estómago se resintió de esta nueva comida y tuve que usar el baño …
Dijo Matteo para avalar mi respuesta.
—¡Oh! … Entonces eso fue …
Dijo mí marido aparentemente satisfecho con la explicación. No me gustó tener que mentirle a mí marido. De hecho, casi no había secretos entre nosotros, hasta que comencé a sentir esta hipersexualidad. Sabía que él ya no era capaz de satisfacerme. Entonces comencé con los juguetes, a ver y leer cosas porno; todas cosas que nunca le conté a él, porque no quería que se viera apesadumbrado ni avergonzado por no satisfacerme. Pero esta era la primera y única vez en que le mentía en forma directa a una pregunta que él me hizo. Matteo tuvo que intervenir para reforzar mi mentira, así que ahora éramos cómplices de ocultar la verdad a su padre. Resolví que no era posible que esto volviera a suceder.


Cenamos en paz y tranquilidad, luego volvimos a nuestra habitación. Cada uno de nosotros se vistió como para ir a la cama. Yo me puse unos cómodos pantalones y una camisola, debajo bragas de algodón y un sujetador que sé que le gusta a mi marido. Ese es mi atuendo típico de vacaciones. Enzo se puso a ver un partido de futbol en nuestra habitación y yo salí a la sala de estar con mi libro. Matteo estaba viendo una película. Deliberadamente me senté en el extremo opuesto del sofá y no quise tener contacto visual con él. No podía controlar los latidos de mi corazón que se hicieron más intensos, esto no me gustaba. No me gustaba sentirme tan nerviosa en la proximidad de mi hijo, confié en que esto pasaría. Solo necesitaba actuar como si nada hubiera pasado y pudiéramos seguir adelante con nuestras vidas.
—Hola, mami …
Me dijo de repente y comenzó a acercarse a mí sin dejar de mirar hacia la puerta del dormitorio para asegurarse de que su padre no estuviera a la vista.
—¡Qué! … ¡Qué pasa! …
Le dije un poco molesta por haber interrumpido la lectura de mi libro.
—Gracias … ¡Ehm! … Por lo de antes …
—Bueno … De nada …
Dije casi sin mirarlo y seguí enfrascada en mi libro. Me di cuenta de que él quería decirme otras cosas, pero lo ignoré. Me puse nerviosa y no sabía qué hacer.
—¿Crees que podemos hacerlo? … —Empezó a decir.
—No … Soy tu madre, Matteo … No me vuelvas a pedir nada parecido a eso …
Dije firmemente mirándolo a los ojos con severidad. Vi la desilusión y dolor en sus ojos y eso me rompió el alma, había herido a mi hijo. Suavicé mi determinación, pero no mí posición.
—Mira, cariño … No me arrepiento de lo que pasó … Fue hermoso … Pero no es lo que las madres hacen con sus hijos … Pues no está bien, ¿entiendes eso? …
Arrugó su frente y volvió a mirar la televisión y dijo:
—No creas que no lo sé, mamá … Fue realmente hermoso … Eres increíble ... No sé que es lo que tienes, pero mira …
Presionó sus manos contra el pantaloncito de su pijama y pude ver la gruesa verga de Matteo, todo el contorno largo, duro y tieso se dibujaba claramente bajo la delgada tela de su pijama. Lo miré como si nada, no quería que él viera alguna reacción que lo alentase a seguir adelante, pero mi corazón estaba atragantando mi garganta. Esa cosa estaba otra vez majestuosamente dura. Su eyaculación había sido tan masiva y fuerte en el inodoro del baño, que estaba segura de que iba a estar muy tranquilo por el resto del día. No podía creer que estuviera otra vez duro y cachondo. Además, ahora que lo había visto, sabía que era más grande y mucho más grueso que el de mi marido. Realmente quería volver a verlo, pero reuní todas mis fuerzas para reprimir lo que estaba sintiendo. Trate de mantener la firmeza de mi voz y dije:
—Matteo … No hagas eso … No me muestres esa cosa … Soy tu madre …
Matteo dejó escapar un suspiro de desaliento y replicó:
—Mira, mamá … Me dijiste que no hiciera nada con Lorena … Me dijiste que esperara hasta la vuelta de vacaciones … Me dijiste que mi cabeza se iba a aclarar … Estoy haciendo todo lo que me has pedido … Y aquí estoy … No puedo evitarlo, mi pene se pone duro a cada rato … Estoy muy cachondo todo el tiempo … ¡Eso me hace sufrir, mamá! …
No sé si mi corazón se iba a detener o no, pero me sentí atribulada, pero no podía dar mi brazo a torcer. Señalé su bulto y le dije agitada:
—¿Acaso me culpas a mí por eso? … ¿Es eso lo que me estás diciendo? … ¿Es eso por mí? …
Se movió inquieto sin dejar de presionar su enorme polla bajo sus pantalones.
—No … Bueno … Un poco sí, pero no como lo dices …
Lo miré con curiosidad e intrigada.
—Mami … Sucede que eres …
Comenzó a decir, pero ambos escuchamos la voz de Enzo saliendo del dormitorio:
—Buenas noches, chicos …
Matteo bajó sus manos y miró a su padre con una mueca de sonrisa en su rostro:
—Buenas noches, papá …
Miré a Enzo y di gracias al cielo por haberlo enviado en este agobiante momento y, para mejor, venía con esa mirada en sus ojos que decía “Vamos a la cama amor”. Miré a Matteo y mantuve mi mirada firme y severa, pero al mismo tiempo maternal y me levanté para acercarme a mi marido. Le puse mis brazos al cuello y lo besé para hacerle entender que estaba lista para él.
—Buenas noche, amor mío …
Le dije a Sabiendas que Matteo nos estaba mirando, siempre lo hacía.
—¿Quieres venir a arroparme, tesoro? …
Me dijo estrechándome contra su cuerpo. Mi corazón se agitó, lo miré a los ojos sonriendo. Mí cuerpo estaba caldeado y listo para la acción. Lo único que quería era arrodillarme y que me follara en la boca. Quería sentir sus bolas golpeando mi barbilla mientras su polla se hundía hasta tocar mi garganta. Necesitaba ser sometida por él, que me hiciera sentir su lujuria tomando mi cabeza con ambas manos y usara mi boca para su placer. Quería ser utilizada. Quería que usara mi linda cara y mi boca como su juguete de follar. Los pensamientos corrían veloces en mi mente. Demasiada energía reprimida, demasiada obscenidad en mi mente, todo se estaba volviendo insoportable. Mis venas estaban calientes por las hormonas sexuales y necesitaba una liberación. Necesitaba que él liberara esa presión que había dentro de mí. Quería que me diera su dulce semen. Quería que esas bolas cargadas y pesadas, llenas de semen, se vaciaran en mí. Quería tragarlo todo. Todavía resonaban en mi mente los gruesos chorros de semen de Matteo descargándose en el inodoro, esas cargas espesas y calientes, una tras otra, no abandonaban mi mente.
—Sí, amor … Vamos …
Quería que mi marido me hiciera de todo, cualquier cosa. Estaba nerviosa y cachonda y ta no podía contenerme más.


Apenas entramos a nuestro dormitorio comencé a besarlo. Cerré la puerta con un golpe de talón mientras mi lengua se enrollaba a la de él. Enzo era un gran besador, sabía bien como llevarme más y más arriba en mi excitación. Deslicé mi mano directamente por sus pantalones en busca de su polla y cuando la aferré comencé a tirar de esa. Mi mano tocó la base de una pene, lo agarré más fuerte y comencé a masturbarlo. Necesitaba de su hermosa polla.
—Te quiero todo el tiempo …
Le susurré junto a su oído mientras mi mano no cesaba de moverse hacia arriba y hacia abajo magreando su polla enérgicamente.
—Eres tan hermosa …
Me dijo besando mi cuello y mordiendo mis lóbulos. Levanté los brazos y él tiró de mi vestido que luego hizo volar por los aires, dejándome en sujetador y tanga. Sin perder el tiempo, desabrochó mi sujetador para tener acceso a mis tetas, yo seguía jalando su polla sin descanso.
—Alessia … Eres impresionante …
Me dijo con su agitada voz. Me senté en la cama y le desabroché los pantalones. Quería verlo. Quería ver la polla de mi hombre. Tenía hambre de ello. Mi cuerpo me lo exigía. Sus pantalones cayeron al suelo seguidos de sus boxers. Agarré la polla con una mano y la miré. Había unas perladas gotitas saliendo por su ápice mientras lo estrujaba para exprimirlo. Quería ver que tan grande se haría para mí.
—¿Me quieres? …
Le pregunté mordiendo mi labio inferior y mirándolo con lujuria. En cuanto asintió, me incliné hacia adelante y me metí su cabezota dura en mi boca para chupar esas gotitas nacaradas de su esencia de hombre, ¡Por Dios qué sabía rico! Empecé a chuparlo cual si fuera una pajilla y lentamente fui metiendo toda su polla en mi boca. Gemí sintiéndolo inflar mis mejillas y luego más adentro.
—¡Hmmmm! … ¡Carajo! … —Gimió mientras me agarraba los hombros.
—¡Umpf! … ¡Queg ghico! …
Logré farfullar con mi boca extra llena de polla y lo absorbía aún más profundo. Lo chupé fuerte y desde ahí, ya no pude detenerme más. Lo necesitaba muchísimo. Necesitaba que mi hombre me diera todo lo que tuviera que darme. Solo eso podría saciar parte de mi hambre. Agarré con mi mano por detrás de sus pelotas y lo empujé en mi boca lo más profundo posible.
—¡Demonios, Alessia! … ¡Ya no puedo! … ¡Umpf! … ¡Eso se siente jodidamente bien! …


Complacer la polla de mi hombre es por lo que viví estos momento. Afiancé mi agarre y seguí chupando vorazmente, llevando la punta gordota de su pene hasta tocar el tope de mi garganta estrecha. Mi mente se recordó del sonido de mi hijo corriéndose en el baño y no lo pude cancelar, podía escuchar todavía esas cargas copiosas una tras otra. Entonces seguí chupando la polla de mi marido con mayor ahínco. Necesitaba que me nutriera con su esperma caliente y pegajoso. Lo necesitaba todo.


—¡Puta madre, Alessia! …
Gimió Enzo y su polla estalló en mi boca. Me tragué su entera polla para no dejar escapar nada de ese maná que brotaba a fuertes borbotones en mi boca. Lo chupé todo y seguí moviendo mi cabeza al ritmo de los pulsos de su pene. El sabor de su carga salada, espesa y dulce colmó mi boca y lo apreté con mi mano para seguir ordeñando su polla caliente y palpitante. Estaba en una especie de frenesí. Empujé mi cara hasta aplastar mi nariz contra su vientre y su pene pulsó en mis amígdalas. No me atraganté, sino que tragué todo lo que él me estaba dando. Su semen sabía tan jodidamente bien y seguí adelante hasta que no salió nada más.
—¡Joder! …
Gimió de nuevo y luego echó mi cabeza hacia atrás liberando su polla blandengue de mi boca.
—¡Puta madre, cariño! …
Dijo otra vez mirándome con una mirada de placer mezclada a satisfacción, asombro y cansancio.
—Eso estuvo delicioso, amorcito …
Le dije con una sonrisa seductora y cargada de lujuria. Me levanté y me presione contra su cuerpo.
—Estás riquísimo, cariño … Quiero más …
Enzo me sonrió y pude ver la vacilación en sus ojos. Deslizó sus manos hasta alcanzar mis glúteos y me agarró por el trasero. Más apreté mi cuerpo contra él y gemí. Ahora necesitaba que me follara fuerte y rápido. Moví mis caderas cadenciosamente contra él. Mis bragas estaban ultra mojadas rozando su polla inerte y blanda. Le besé en el cuello y le mordí delicadamente el lóbulo de la oreja. Quería incitarlo a que me arrancara las bragas, me tirara en el suelo o en la cama y me follara. Quería que me azotara con su polla. Quería que me poseyera como a una puta. Me acerqué a su oído y le susurré:
—Por favor, cariño …
Tragó saliva mientras seguía masajeando mi culo, sus dedos navegando en el surco de mis glúteos. Su pulgar enredado en el elástico de mi tanga. Sentí la tela que se movía hacia arriba y hacia abajo en medio a mis nalgas. Mi trasero estaba muy sensible y mi panocha más mojada que nunca. Volví a apoyarme en su polla blanduzca. Mi mente estaba llena de lujuria desatada, me sentía como una ninfómana derramando libídine por mis ojos, nariz, oídos y boca. Mi coño estaba delirando, alucinando y suplicando de ser follado.
—Fóllame, tesoro … Te lo ruego …
Le repetí mi suplica y él de regreso me dijo vacilante:
—Alessia … Lo siento … Yo … Yo, no puedo … Lo siento …
Dejó de acariciarme, pero no me di por vencida; restregué mi cuerpo contra él para infundirle algo de mi cachondez. Temblé en sus brazos. Mi cuerpo estaba en llamas. Presioné mis pechos contra él. Y sin soltarlo le demandé lo que tenía que darme como hombre y como mi marido. Lo necesitaba más que nunca.
—Hazme el amor, cariño … Ámame … Por favor …
Me abrazó firmemente y a baja voz me dijo:
—No puedo, amor … No puedo …
Podía sentir el dolor en su voz. Sabía que lo decía en serio, pero no podía enfurecerme con él. No podía irme en su contra. Biológicamente somos diferentes. El hombre tiene el ápice de su potencia sexual a los dieciocho, en cambio nosotras las mujeres explotamos sexualmente después de los treinta y mi cuerpo se encontraba en plena deflagración sexual y él estaba en decadencia. Todavía mi panocha estaba terriblemente húmeda. No pude hacer nada más que acariciarlo y tranquilizarlo, no era su culpa. Era solo culpa de la naturaleza. Me soltó y se sentó en la cama. Me senté a su lado y lo rodeé con mi brazo.
—Está bien, cariño … Está bien …
Mi corazón estaba lleno de afecto por él, se apoyó en mi hombro y dijo:
—Alessia … debes saber que no es porque no te quiera … Quiero que lo entiendas … Eres la mujer más sexy que jamás haya visto … Pero ya no soy el mismo de antes … Mi cuerpo no me responde …
—Esto no te hace menos hombre, Enzo … Lo entiendo … Tranquilízate …
Se lo dije en serio. Enzo fue para mí un ejemplo de masculinidad. Mi único hombre. Él me protegió, me proveyó y me cuidó en todo sentido. Me sentí desgarrada. Estaba muy enamorada de él y, sin embargo, en cualquier modo me sentía profundamente decepcionada.
*****


La mañana siguiente me desperté con la almohada entre las piernas. Enzo todavía estaba profundamente dormido mirando hacia el lado opuesto. Nos habíamos acostado juntos y nos dormimos abrazados. No hicimos nada más durante la noche. Solo que en un momento dado me desperté con una cachondez insoportable. Me levanté y me senté en el festejador donde había una especie de banca de madera con cómodos cojines. Traté de leer mis relatos obscenos y frotar mi coño necesitado y mojado. No fui para nada discreta, me toqué descaradamente mi panocha caliente con la esperanza de que Enzo me escuchara y tuviera la energía suficiente para hacer lo que quisiera conmigo, pero eso no sucedió y alcancé un orgasmo nugatorio.


En lugar de eso, leí sobre las escenas de sexo escabrosas detalladas en los relatos sobre una mujer mayor follando con un chico más joven. Una suegra follando con su yerno. Entonces mi mente comenzó a llenarse de imágenes de jóvenes chicos anhelando follar mi panocha candente una y otra vez. No sentí de estar engañando a mi marido porque era solo un libro y mi imaginación. Pero necesitaba este estimulo. Necesitaba dejar escapar esta energía oprimida. Me toqué con mis dedos. Froté mi clítoris enérgicamente. Me chupé los dedos bañados en mis fluidos. Me penetré mi culo y llegué a un orgasmo lo mejor que pude. Era todo lo que podía hacer para lograr bajar un poquito mi libido. Cuando mis dedos se cansaron, usé mi pequeño vibrador. Logré un par de orgasmos más, pero no parecían apagar la llama que ardía en mí. No había nada que pudiera darme la satisfacción que podía darme una dura polla. Había un cosquilleo dentro de mi donde no llegaban mis dedos. Una picazón que solo una gruesa polla podía alcanzar y rascar.


Finalmente ya con la luz clara del día me fui al baño y me duché. Una ducha larga y purificadora, como para lavar mi alma y mi mente de mis pecaminosos pensamientos. Me lave el cabello y el cuerpo, luego me quedé allí bajo el agua caliente que azotaba mi piel. Sentí pena por Enzo y quería consolarlo. Pero la verdad es que todavía estaba muy cachonda. Quería chupar su verga. Lo quería tanto que salí de la ducha con la intención de intentarlo. Pero no pude. Sabía que no podía y no quería insistir y volver a afligirlo por no poder. Él se acercaría a mí cuando estuviera listo. Pero necesitaba calmarme. Inconscientemente mis dedos se posaron sobre mí clítoris y me sentí mejor. Inicié con pequeños círculos lentos, abriendo y cerrando mi panocha con las yemas de mis dedos. Mi pezones apuntaron hacia arriba y se endurecieron. Entonces comencé a frotarme más rápido y mis caderas iniciaron un movimiento cadencioso de follar. Cerré los ojos y pensé en el libro, donde la suegra se dejaba encular por su yerno. El sexo anal no era mi preferido aunque mi culo era muy sensible a la penetración de mis dedos. Pero me llamaba la atención la crudeza del acto en sí. El hombre sometiendo y sodomizando a la mujer, metiéndole su polla gruesa y dura en ese diminuto agujero. Quería que alguna vez me sometieran de ese modo.
—Sigo tan cachonda como antes … ¡Malditas hormonas! …
Susurré entre dientes mientras salía de la ducha. Respiré profundamente y me miré al espejo mientras secaba mis cabellos.


Me puse una toalla alrededor de mi cabeza mojada y me vestí con mi pijama. Salí a la sala de estar y encontré a Matteo acostado de costado enviando WhatsApps. Me imaginé que Lorena era la destinataria porque ni siquiera se dio cuenta cuando entré. Al parecer todo volvía a ser normal. Matteo estaba concentrado en su chica y lo de anoche estaba relegado y olvidado. Preparé un poco de café y me quedé junto a la cafetera escuchando los sonidos del agua hirviendo pasando a través del filtro, sintiendo el aroma del café fresco y mirando algunos botes a vela que surcaban las aguas del lago. Mi mente comenzó a aclararse después de algunos sorbos de café. Solo necesitaba calmarme y encontrar algo de equilibrio. Decidí ir a la clase yoga en el gimnasio. Siempre tenían uno en lugares como este, normalmente no funcionaban bien y el Maestro era solo un aficionado, pero yo sabía que hacer y solo necesitaba el espacio y la tranquilidad.


Sorbiendo la taza de café, me acerqué donde mi hijo:
—Buenos días, Matteo … ¿Cómo dormiste? …
—Sí … No mal …
Dijo con una cara somnolienta y sonriente. ¡Él era tan lindo!
—Es agradable poder despertarse con un aire no contaminado y con el sonidos de los pajaritos que saludan el comienzo de un nuevo día …
—Sí … Es verdad …
Respondí, aunque si ni siquiera había notado nada con lo cachonda que estaba. Matteo se giró sobre la cama. Estaba sin camisa y el edredón apenas cubría su barriga y parte de sus piernas. Lo observé pensativamente, pero sin un pensamiento discernible en mi cabeza. Más que nada curiosidad femenina. Suspiró e hizo deslizar la manta más debajo de su cintura y entonces lo vi: un bulto grueso y enorme en sus pantalones de pijama. Era un poste de tienda alto y macizo. Mi mente tardo décimas de segundos en procesar lo que estaba viendo, pero estaba claro como el día. Mi cuerpo reaccionó instantáneamente. Mi coño se contrajo y se humedeció. Sentí el halo caliente de mi panocha elevándose en el aire. No podía apartar mi vista de aquello. Volvieron a mí los vistazos fugaces de su polla en el baño y, por supuesto, el sonido de sus grueso y pesados chorros de semen golpeando la superficie de agua del inodoro. Era un sonido que estaba convencida que siempre me iba a atormentar, tomé un sorbo de café y me lamí los labios pensando en ello.


Mis ojos se encontraron con los de Matteo y me di cuenta de que él se había percatado de que yo miraba el bulto en sus pantalones. Me ruboricé y cuando intenté girarme, deslizó sus manos y agarro su tremenda polla y le dio la forma bajo la delgada tela. Su polla era impresionante. Un instrumento apto para follar. Quería verlo. Pero disimulé lo mejor que pude y me giré tomando un trago de café. Lo hice casualmente, escondiendo mis ojos detrás del tazón de café, que estaban fijos en su hermosa polla. Sabía que todavía lo agarraba mientras me miraba.
—Matteo … No hagas eso … Soy tu madre … ¡Basta! …
Pero no se detuvo. Por el rabillo del ojo me di cuenta de que se había acomodado boca arriba y había sacado fuera su polla. Mi corazón se sobresaltó y podía distinguir apenas el poste carnoso mientras lo jalaba con una mano. Mis pechos de hincharon y mi coño también. Aparte que estaba totalmente empapado. Sentí la humedad escurriendo por mis labios y muslos.
—¡Matteo! …
Dije con voz firme, pero mi cuerpo me traicionaba. Lo miré. Sus pantalones estaban enrollados a la altura de sus tobillos, tenía sus piernas ligeramente separadas y en medio a sus muslos un par de bolas grandes y repletas de semen. Su mano envolviendo firmemente su pija gorda como un pepino con su cabezota hinchada como un hongo. Estaba apretando hacia abajo con su mano, haciendo que su polla despuntara luciente y amoratada. Era la cosa más hermosa y erótica que jamás haya visto. Podía ver los rizados vellos de su pelo púbico sobresaliendo entre sus dedos. Me era imposible apartar mi vista de esa potencia juvenil de la naturaleza. Jadeé, pero reuní todas mi fuerzas para decirle:
—¡Matteo, no me muestres eso! … ¿Qué haces? …
Grité, pero sin levantar mucho la voz, no quería despertar a Enzo.
—Mamá … Sigo pensando a lo del baño … Además, Lorena me envió otras fotos …
Todavía tenía su polla entiesada firme en su mano.
—Esa no es ninguna excusa … Y no pienses en eso … Eso nunca va a …
—Mamá … Soy joven … Todos los días me despierto así …
Me dijo lentamente como si le estuviera explicando a una boba.
—Todos los días mi polla está así de dura … Tengo que levantarme de la cama y tratar de ocultarla para poder caminar por las calles …
Le dio un par de furiosas jaladas a su dura polla. ¡Ummm!, todos los días, pensé mientras lo miraba.
—Matteo … No me muestres eso … Te lo ruego … Guárdalo, por favor …
Dije de nuevo, mi voz era más una súplica que una orden.
—Puedo cubrirlo, mamá … Pero no va a desaparecer … Llevo una hora con la polla dura como palo …
Suspiré en frustración e incluso fingí algo de disgusto. No pude evitar de mirar su polla furiosamente dura. Acababa de decirme que llevaba una hora así. Mi hijo era un fenómeno y de una resistencia excepcional. Nuevamente pensé en el sonido de los espesos chorros de semen y miré su polla. Mi corazón latía veloz, pero mi mente estaba confundida.
—¡Guárdalo! …
Dije con firmeza. Caminé hasta la puerta del dormitorio y vi a Enzo profundamente dormido de costado. Entonces decidí:
—Ven … Sígueme al baño …
Le dije a Matteo mientras yo me encaminaba hacia allí. Era el baño de las visitas que habíamos designado para Matteo. Entré, eché a correr el agua caliente de la ducha y me paré frente al espejo. Mis manos temblaban. ¿Qué carajo estaba haciendo? Matteo se acercó y entró al baño conmigo.
—Entra, tesoro …
Dije en tono maternal. Él entró al baño, no había mucho espacio, así que estábamos muy cercanos.
—Siéntate en el baño, tesoro …
Pasó junto a mí y se sentó en el inodoro. Cerré la puerta. La habitación poco a poco empezó a llenarse de vapor.
—Matteo … Haz que desaparezca …
Se bajó los pantalones, su gran polla rebotó arrogante y desafiante, lo miré con la boca abierta, él me miró y dijo:
—¿Cómo? … Dime tu como hacerlo desaparecer, mamá …
Me dijo en un tono fuerte. Lo miré a los ojos. Miró hacia atrás con una mezcla de anhelo y lujuria.
—Matteo … Tu ya sabes que hacer … Haz que desaparezca …
—Pero dime cómo …
Repitió. Lo miré con firmeza. Por dentro estaba llena de una tumultuosa lujuria. La habitación seguía llenándose de vapor.
—Agarra tu gran polla y acaríciala por mí … Córrete para mí …
Dije mirándolo a los ojos y ordenándole de hacer lo que tenía que hacer. Comenzó a acariciar su polla lenta y metódicamente. Sus ojos anhelantes nunca abandonaron los míos.
—Jálalo más rápido, tesoro …
Le dije. Su gran punta de hongo apuntaba directamente a mí mientras movía su mano más rápido.
—Vamos, Matteo … Masturba esa gran polla para mí …
Su mano se movía velozmente, subiendo y bajando por su hermoso pene. Me pareció que había crecido un poco más. Estaba grueso y duro. Sus ojos no se despegaban de mí. Movió su cuerpo hacia atrás para tener más espacio para empujar su pene y correrse en el recipiente del baño para cuando llegara el momento. Vi una solitaria gota de líquido brotar de su polla y mi coño se apretó.
—Vamos, tesoro … Ordéñala para mami … Quiero ver que te corres …


Matteo jadeaba y aumentó aún más su energía. Bombeo su pija rápidamente y con voz jadeante, me dijo:
—Muéstrame tu culo, mamá … Necesito ver tu culo perfecto … Muéstramelo …
Lentamente me giré, metí los dedos en la pretina de mis pantalones de pijama y comencé a bajarlos, pude ver el ansia y avidez en su mirada. El espejo me daba borrosas imágenes, pero todavía distinguibles. Él continuaba a magrear su polla animosamente.
—Muéstramelo todo, mami … Necesito verlo todo …
Baje mis pantalones hasta mis pantorrillas y me incliné para mostrarle todo mi trasero.
—¡Oh, sí! … ¡Qué culo más lindo, mamá! …
Ahora podía ver todo mi culo, incluso mi pequeña tanga perdida en medio a mis glúteos. Miré el espejo y vi la figura borrosa de mi hijo masturbándose, y mirando mi trasero. Una de sus manos se acercó a tocarme y grité:
—¡No me toques! … ¡Solo mira y masturba esa gran polla tuya! …
Inmediatamente retiró su mano y se dedicó con decisión a su polla, apuntaba su pene hacia la taza del inodoro. Tomé un pedacito de carta higiénica y limpié el espejo para poder ver lo que él hacía. Sus ojos estaban prendados por mi culo, su boca parcialmente abierta, hasta podía ver parte de su lengua. Arqueé mi espalda y moví mi culo hacia él. Su mirada famélica y lujuriosa tocaron una fibra sensible en mí. Vi más líquido preseminal goteando de la gruesa cabezota.
—Trabaja esa polla, bebé …
Dije mientras me inclinaba un poco más sobre el lavamanos.
—Vacía esa gran polla para mí …
Dije ya no como una orden sino como una insistencia. Agarré mis nalgas y las abrí ante sus ojos. Sentí el cálido vapor húmedo en mis nalgas y en mi sensible panocha. Sabía que la tanga apenas cubría mi diminuto agujerito engurruñado y estaba por en medio de los gordos labios de mi coño, vi los ojos de Matteo enfocarse en mis dos agujeros, su mirada lujuriosa quemó mi piel.
—¡Puta madre, mamá! …
Gritó mientras jalaba su polla con violencia.
—¡Que carajo! … ¡Me voy a correr, mamá! … ¡Me voy a correr! … ¡Tu culo es tan lindo! … ¡Eres tan jodidamente sexy! … ¡Me voy a correr por ti! …
—Sí, Matteo …
Dije mientras lo veía acariciar su polla cada vez más rápido.
—Sí, tesoro … Vacía esa hermosa polla para mami …
Me lamí los labios y fije mi mirada en la punta de su pija enrojecida que apenas podía ver a través del espejo. Estaba apuntando hacia el interior del cuenco. Me mordí el labio y como estaba cerca, necesitaba ver el o los chorros de semen. Necesitaba ver su polla explorar para mí.
—Córrete para mí, bebito … Dame toda esa carga tuya …
Agarré mi trasero con fuerza y separé mis nalgas, mostrándole todo lo que me era posible mostrar. Necesitaba que explotara. Se inclinó hacia adelante y pude ver su rostro contorsionado de placer y luego su cabezota hinchada explotó como un volcán.
—¡Ahhh! … ¡Ahhh! … ¡Ahhh! … ¡Me corro! … ¡Mami, me estoy corriendo por ti! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ohhh, mami! …
Su enorme polla desapareció en el cuenco mientras él gemía desesperado disparando ráfagas de semen dentro del inodoro.
—Sí, cariño … Ordéñalo para mí … Vacíalo todo … Sácalo todo para mí, bebé …
—¡Puta madre, mami! … ¡Ohh, ssiii! … ¡Ohhh, ssiii! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
La fragancia de su lechita caliente me estaba embriagando mientras miraba lo que era posible ver a través del empañado espejo. Siguió tirando de su pene, respiraba pesadamente y seguía mirando mi trasero. Podía ver la lujuria en sus ojos deformado por el goce de su eyaculación. Nunca me había sentido más conectada con mi hijo. Cuando soltó su polla drenada, finalmente dejó escapar una respiración profunda y dijo:
—Tu culo es jodidamente sexy, mamá … Jodidamente caliente …
Le sonreí halagada, luego comencé a subirme los pantalones para cubrir mi culo con coquetos movimientos de mis caderas, él no quitó su vista de mis nalgas hasta cuando me di vuelta. Lo miré a los ojos y active la descarga del estanque del inodoro.
—Asegúrate que todo quede limpio … No queremos que tu padre se …
—No te preocupes, mamá … Ya lo sé … Dejaré todo limpio y en orden …
Su mano estaba llena de semen de aspecto delicioso. Hubiera querido chupar su mano y sus dedos. Entonces me incline a darle un beso en la frente.
—Bien … Y no te olvides que esto será nuestro secreto
Movió su cabeza en sentido afirmativo y dijo:
—Te amo, mamá …
—Yo también te amo, querido …
Dije y Sali del baño cerrando la puerta detrás de mí. Regresé al dormitorio y encontré a Enzo todavía durmiendo. Me subí a la cama y me estiré con las manos ligeramente temblorosas por lo que podía describir como una experiencia maravillosa, tal vez la más erótica de toda mi vida. Lo extraño es que no sentí ninguna sensación de culpa, de vergüenza, ni disgusto. Como si no hubiéramos hecho nada de malo. Por el contrario, me sentía satisfecha, aliviada y sexy; esto comenzó a preocuparme un poco.


Yo sabía que no podíamos seguir haciendo esto. No es lo normal para madres e hijos. Ni siquiera había pensado en que esto pudiese llegar todavía más allá. Con certeza debíamos ponerle fin definitivamente. El problema fue que mientras abrazaba a ni marido dormido, no quería que esto fuera así. Sabía que estaría esperando ansiosa y deseando de que esto se volviera a repetir. Y tal vez un día, solo el tiempo lo dirá.


(continuará …)

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escrito el
2026-01-06
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