Nuestras vacaciones. - Cuarta Parte.
por
Juan Alberto
género
incesto
Sacudí mí cabeza. Siempre me ha gustado planificar todo. Tener todo bajo control. Organizar, comprender, analizar, decidir. Pero esto se me iba de las manos. Ni siquiera podía pensar en detener todo esto. Solo lo estaba disfrutando en el mejor de los modos. Salí de la ducha y me puse la bata del hotel; me envolví mis cabellos mojados en una toalla tipo turbante. Me senté frente al tocador, me miré al espejo y comencé a espalmar un poco de loción sobre mi piel. Mientras lo hacía no podía dejar de sonreír alegre. Me sentí bien. Me sentí viva. Me sentí sexy.
—¡Hola, mamá! …
Escuché decir a Matteo mientras entraba al dormitorio.
—¿Quieres comer algo? …
Le sonreí ampliamente mientras lo miraba capciosamente. Mi ojos de fijaron en loa escasos vellos de sus pectorales fornidos, él estaba sin camisa. Luego me fijé en sus pantalones cortos. Me fijé en su entrepierna y ojeándolo vorazmente, le dije con la voz lo más coqueta posible:
—¡Uhm, sí! … Creo que podría comer algo …
Ni siquiera se percató de lo que le estaba diciendo y dijo:
—Después de lo de esta mañana necesito reponer fuerzas … Deberíamos bajar al restaurant …
Sentí una comezón en mi pecho y un poco de molestia en mi coño adolorido. Me puse algo de loción en la mano y me abrí la parte delantera de la bata con la mano libre. Mi seno izquierdo quedó al descubierto y comencé a frotar mi dura teta mientras lo miraba.
—¿Crees que sería conveniente salir? … Yo me tomaría un refrigerio ahora mismo …
Los ojos de Matteo estaban fijos en mis dedos que estiraban mi pezón y masajeaban mi pecho, su sonrisa desapareció y comenzó a lamer sus labios. Seguí frotando mi seno sugestivamente, lo aplasté y volví a tirar de mi pezón mientras abría mi boca para gemir:
—¿Qué dices? … ¿Puedes darle a mami un tentempié rapidito antes de salir? …
Lo miré batiendo mis pestañas. Matteo se bajó los shorts a mitad de los muslos y aferró su gran polla semidura con su mano derecha, comenzándola a agitar a un metro de mí. Luego comenzó a acercarse.
—¿De que tipo de tentempié estás hablando, mami? …
Dijo dando otro paso hacia mí y sin dejar de magrear su enorme polla. Lo miré codiciosamente y seguí frotando mi seno.
—Quiero que me des de eso que tienes en tu mano … Dame de beber, hijo …
Matteo tragó saliva y asintió moviendo su cabeza. Dio otro paso hacia mí, su pene había crecido y se había puesto duro como roca. Le di una mirada a su pija que comenzaba a mostrar una incipiente gotita de su semilla y le dije en forma muy seria:
—Me acabo de lavar y limpiar, cariño …
Miré a la tacita de café que él me había traído y la puse al borde de la mesita.
—¿Por qué no me pones tu crema deliciosa aquí? …
Matteo me miró entre sorprendido y confundido:
—¿Quieres que me masturbe en tu café? …
Seguí mirándolo mientras aplastaba mi teta hacia arriba.
—Por supuesto … Me encantaría saborear mi cafecito con tu cremita … No quiero volver a ponerme toda pegajosa ahora que acabo de salir de la ducha …
Se dibujó una malévola sonrisa en el lindo rostro de mi hijo.
—Eso es muy pervertido, ¿sabes? …
Dijo acercándose al borde de la taza para masturbar su grueso miembro. Me volví a mirar al espejo y me sequé las manos con una toalla. Con el rabillo del ojo podía ver a Matteo masturbándose en mi tacita de café. Me quité la toalla del pelo y cogí mi cepillo.
—Cariño … Cada vez que veas mi taza, cuenco o plato, quiero que me lo sazones con tu deliciosa natilla … Te lo ruego …
Deje deslizar mi bata por mis hombros, para que tuviera una amplia vista de mis tetas que se mecían en mi pecho, sé que eso a él le gusta. Matteo siguió acariciando su gran polla si dejar de mirar mis senos cimbreantes. Pronto aumentó el ritmo y la energía con que masturbaba su pene. Me pregunté si realmente tenía más de su leche dentro de sus bolas, después de que lo había dejado seco esta mañana. Para mi feliz sorpresa, empujó su ingle un poco más sobre el borde de la taza, gimió, suspiró y se corrió. Vi por lo menos tres o cuatro gruesos filamentos nacarados de su semen cayendo dentro de mi taza de café. Uno de los chorros fue tan fuerte que hizo salpicar café fuera de la taza.
Terminé de ordenar mis cabellos. Cogí la taza y me fui hacia la cocina; cogí una cuchara y comencé a mezclar el todo. Mientras Matteo no despegaba un ojo de mí, di un sorbido y lamí mis labios en aprobación. Creo que de ahora en adelante esta será mi manera preferida de beber café.
Almorzamos en el restaurant y pasamos la mayor parte del día junto a la piscina. A pesar de que nuestros impulsos sexuales estaban completamente activados, creo que era hora de relajarnos un poco y dejar que nuestros cuerpos se recompusieran. Pasé casi toda la tarde en mi bikini amarillo alternando entre tumbarme al sol y sentarme a la sombra para proteger mi delicada piel blanca de los extremos rayos solares.
Matteo no estaba quieto ni siquiera un minuto. A cada rato iba a pedirse un bocadillo, no tuvo suficiente con el almuerzo, yo lo miraba con envidia porque no subía ni un gramo de su peso, en cambio yo me debía cuidar continuamente. Estuvo nadando un largo rato y luego casi una hora hablando con Lorena. No lo estaba vigilando, simplemente estaba siendo una mamá y necesitaba saber que estaba haciendo, donde y con quien. Parecía que tan pronto como salíamos de nuestra habitación, volvíamos a asumir nuestros roles de madre e hijo y todo volvía a ser normal. Me dediqué a leer mi libro y a beber alguna bebida tentadora.
A eso de las tres y media, Enzo me llamó para ponerme al tanto de sus actividades. Cualquiera que haya sido el acuerdo, este salió bien e iba a celebrarlo con la empresa esa noche. La buena noticia fue que volvería a nosotros el viernes por la mañana y así estar todos juntos nuevamente. Sentí un tremendo orgullo por mi hombre y que haya llevado a buen fin la conversaciones de negocios. Cada logro era una demostración de cuan capaz era en su trabajo, yo sabía que todo ese esfuerzo era para tenernos a Matteo y a mí como sus prioridades más importantes.
—¿Qué han estado haciendo? … —Me preguntó de repente.
—¡Ah!, bueno … Puedes imaginar … Sufriendo de este horrible sol junto a la piscina … Bebiendo esos tragos llenos de calorías … Estamos tratando de sobrevivir, ¿sabes? …
Dije en son de broma.
—¡Uy, amor! … Eso suena realmente aterrador …
Dijo sonriendo, luego me preguntó:
—¿Van a tomar algún tour o tal vez conducir por los caminos costeros? …
—Por ahora prefiero estar aquí en el hotel … Cuando vuelvas quizás podríamos programar alguna salida para visitar los alrededores … ¡Ah!, ¿hablaste con tu jefe? ¿Crees que podríamos extender nuestras vacaciones por algunos días? …
—Sí, él esta de acuerdo en que me tome algunos días más … ¿Por qué no vas a hablar con la recepción y ves si podemos conservar nuestra habitación hasta … digamos … ¿hasta el martes? …
—El martes sería increíble … Hablaré con ellos y veré que dicen; ¿te importaría mucho si nos cambian de habitación? …
—Como sea … Lo importante es que funcione … Lo importante es que tengamos nuestra propia habitación … Tengo que recuperar mucho tiempo perdido con mi adorable esposa, ¿sabes? …
Me reí y miré hacia la piscina. Matteo estaba charlando con una tipa de unos veintitantos años. Sacudí la cabeza. Él es un chico demasiado guapo, algo tengo que hacer, pensé.
—Cariño … Estoy muy orgullosa de ti …
—Gracias … Bueno, tengo que irme … Te llamaré más tarde, pero no hay problema si no respondes … Ocupa tu tiempo y diviértete … Los extraño mucho, chicos …
—Nosotros también te extrañamos, amorcito … Chao, bebé …
—Chao, nena …
Dijo mi marido y colgó el teléfono. Extrañaba a mi marido. Él es mi mejor amigo. Sin embargo, no podía ignorar de que las cosas habían cambiado. Solo ahora pensé que lo que estaba haciendo con Matteo era, o podía entenderse como … ¡Engaño! Yo me consideraba una persona honesta. Siempre le había sido fiel a mi esposo en todos los sentidos de esa palabra. Solo pensar en que lo estaba engañando me puso enferma. Sabía que muchos hombres me codiciaban y me miraban con hambre de hacerme cosas, pero jamás los tomé en cuenta, lo que no quiere decir que no me gustaba que se sintieran atraídos por mí. Pero jamás consideré a ninguno de ellos.
Miré a Matteo. La mujer lo estaba acorralando. Era linda, parecía una extranjera rubia, tetona y de muchas curvas. Ella se afanaba en poner sus tetas contra el brazo de él. En realidad me impresionó su belleza cautivadora y lo buena que era en mostrar sus grandes pechos. Me pregunté si no era este su mejor anzuelo para hacer que algún ingenuo como mi hijo abocara. Tal vez se dedica a buscar hombres jóvenes en los complejos turísticos para seducir o tal vez solo para coquetear. La verdad es que conozco a muchas mujeres que les encanta coquetear y seducir, sin concretar su caza. Ellas aman ser buscadas y luego fingirse inocentes ante el hombre y empujan al hombre a hacer los movimientos que ella quiere que hagan. Me resultó divertido. No hay nada de malo en querer ser querido. ¿Pero con mi Matteo? Eso no lo podía permitir.
Decidí que Matteo era bastante crecidito y no necesitaba de mi ayuda. Pero lo seguí mirando. Esto me hizo volver al punto de partida. Lo que Matteo y yo hicimos y que probablemente seguiremos haciendo, ¿era engañar a Enzo? ¿Matteo estaba engañando a Lorena? El problema es que yo no me sentía así. Me sentí como si de algún modo yo tuviera derechos con él y lo únicos que estaba haciendo era hacer uso de esos derechos. Pero esa lógica se derrumbaba porque no estaba dispuesta a contárselo a mi marido. Ni siquiera me imaginaba de tener esta conversación con él. No me hacía ninguna ilusión de lo que Matteo y yo estábamos haciendo, pudiera ser alguna vez justificado o incluso comprensible por alguna persona externa, incluso mi marido. ¿Podía un secreto como este no ser engaño? Me pregunté si Matteo se lo iba a decir a Lorena. Me pregunté si era justo o no que se lo dijera. ¿Quería que lo hiciera? No, por supuesto que no. Esto debía mantenerse en completo secreto entre Matteo y yo. No había otra solución al dilema. Sólo nuestro secreto.
Volví mis ojos hacia la piscina y vi a Matteo caminando hacia mí. Se dejó caer en la tumbona cercana y me roció algunas gotas frescas del agua de la piscina sobre la piel.
—¿Todo bien en la piscina? … —Pregunté como mamá.
—Sí … Esa chica no me dejaba tranquilo …
—¡Oh! … El eterno problema de los chicos tan guapos como tu …
Me sonrió y dijo:
—Es gracioso, ¿sabes? … Cuando estaba con ella lo único en lo que podía pensar era en que así debía ser tu vida … Todos los días …
—¿Qué me quiere decir? …
Se hizo hacia adelante y bajó su voz para que solo yo lo escuchara:
—Mami … Estoy seguro de que todos los hombre alrededor de esta piscina, incluido yo mismo, te han dado una mirada y han pensado en follarte …
Me sonrojé y sin ninguna convicción le dije:
—Lo dudo …
—Pero es la santísima verdad … Créeme, soy un chico … Sé cómo la pensamos … Un chico que te ve con ese pequeño bikini inmediatamente tiene una erección … Esa es la verdad, mamá …
Lo miré por un momento y le respondí:
—¿En serio? … Tú me estás mirando … ¿Acaso tienes una erección? …
—Pues mírame …
Miré hacia su entrepierna y vi que no estaba mintiendo, todavía no estaba totalmente duro, pero el bulto era visible.
—¿Estás seguro de que eso es por mí y no por la Miss Grades Tetas que coqueteaba contigo? …
—Siempre es solo por ti, mamá … —Me dijo solemne y serio.
Lo miré pensativamente por un momento y luego me incliné más cerca de él para mantener la privacidad y le dije:
—Mira … Voy a ir al baño junto a la otra piscina … Te enviaré un WhatsApp con el puesto donde estoy … Quiero que entres allí y me folles la boca … Eso es lo que quiero, ¿entiendes? …
Matteo tragó saliva y movió su cabeza en sentido afirmativo. Agarró una toalla y cubrió su entrepierna. Me levanté y estiré mis brazos haciendo resaltar mis duras tetas. Cogí el celular y caminé hacia la otra piscina envolviendo un ligero pareo alrededor de mis caderas. Bajé los pocos escalones y entré al baño de mujeres, un aire fresco invadió todos mis poros. Entré al primer puesto, cerré la puerta y me senté en el inodoro, luego le envié el mensaje a Matteo.
—Primer puesto a la derecha … Ven aquí y fóllame la boca …
Un minuto después oí unos pasos fuertes que entraba rápidamente al baño y supe que era él. Abrí la puerta de la cabina y él entró. Me acomodé en la taza y lo miré. Muy deliberada y lentamente, puse mis manos en mi espalda y abrí bien mi boca.
Matteo bajó la parte delantera de su bañador y su gran polla saltó impetuosa delante de mis ojos, meciéndose a centímetros de mis labios. Me lamí los labios en anticipación y volví a abrir la boca. Estaba tan cerquita de mí, que necesitó empujar sus caderas un poco hacia adelante y me metió su gran polla en la boca. Lo miré tímidamente sintiendo mis mejillas infladas por el grosor de su pene, pronto su polla presionó la parte posterior de mi boca. Se sentía increíblemente grande. Sentí que empujaba y su polla se doblaba, pero no iba más allá. Se retiró por un momento y me dijo:
—¡Trágalo! … Hazme pasar por tu garganta, mami …
—¡Haz que me lo trague! … ¡Vamos! … ¡Empuja! …
Con su polla en su mano derecha procedió a azotar mis mejillas, lo cruzó por mis parpados y lo paseó por mis labios. Me estaba volviendo loca. Luego empujó otra vez y su polla volvió a tocar el final de mi boca, parpadeé para hacerle sentir que estaba lista y él tomó mi cabeza y empujó. Con una mano en mi nuca volvió a empujar y sentí su polla invadiendo mi tráquea, me relajé y su hongo hinchado se deslizó más adentro. Pude ver la lujuria en sus ojos y creí saborear alguna gotita preseminal en mi boca. Su polla se dobló, empujé mi lengua hacia abajo y él empujó metiendo la punta de su hongo más allá de mis amígdalas. No me atraganté y pensé que ya no tenía ese reflejo. Disfruté de su fragancia cuando mi nariz tocó los vellos púbicos. Pude oír su pesada respiración y sabía que él estaba gozando.
Sumisa, mantuve mis manos detrás de mi espalda. Todo lo que quería era sentirme usada. Que mí Matteo me usara y eso fue lo que hizo. Comenzó a empujar hasta el fondo, para luego tirarlo hacia afuera, pero nunca dejándolo salir de mi garganta. Empujaba brioso y enérgicamente. Me apoyé al inodoro para hacer frente a sus fuertes embestidas. Me encantaba que mi hijo usara la boca de su madre para correrse. Él no estaba pensando en lo que me hacía sentir bien; solo me usaba para correrse. A veces me gusta que me lo hagan así.
Sentí la baba corriendo por la parte frontal de mi barbilla. Estaba respirando cuando me lo permitía y Matteo seguía follando mi boca. Pronto aceleró y comenzó a gruñir, empujó hasta encajarla en mi tráquea y comenzó a mandar su semilla directamente en mi estómago. Estaba dando veloces y cortos empujones y lo escuché que entre dientes bisbiseaba.
—¡Tómalo! … ¡Trágalo todo! ... ¡Joder! … ¡Qué rico, mami! …
Solo lo obedecí y tragué todo lo que él me dio e hice el esfuerzo de seguir chupando y tragando directamente de su polla. Me sentí tan degradada, utilizada, necesaria y amada por la fuerza en que mi hijo me regalaba su semen fresco y tibio. Sostuvo mi cabeza firmemente hasta que terminó de eyacular, luego lo sacó muy lentamente de mi boca. Había un largo filamento de baba y semen que me mantenía conectada a su verga gruesa y palpitante, me incliné rápidamente hacia adelante y la absorbí toda. Tenía la cara sudorosa y hacía calor en el cubículo. Me lamí los labios mientras mi hijo guardaba su polla blandengue y ahora seca y vacía.
Me limpié la boca, me levanté y después de cerciorarme de que no había nadie por los alrededores, abrí la puerta y lo hice salir al exterior. Una vez que se fue, fui al lavamanos, me enjuagué un poco la cara, me sequé y me sonreí feliz. Mi hijo había vuelto a nutrirme con su manjar exquisito.
—Esa si que fue una hermosa carga, ¿verdad Alessia? …
Murmuré frente al espejo, luego salí del baño para ir al encuentro de Matteo.
Pasamos el resto de la tarde en la piscina. Antes de cenar, Matteo decidió que regresáramos a la habitación para ducharse y para llamar a Lorena. Me puse mi pareo y entré al vestíbulo del hotel para ver la posibilidad de extender nuestra estadía, tal como pidió Enzo. Después de un poco de dimes y diretes, el encargado revisó todas las reservaciones y me comunicó que desafortunadamente no habría posibilidad ninguna de que conserváramos nuestra habitación y, lo que es peor, tampoco me podía asignar una habitación similar a la nuestra. Consideré alquilar dos cuartos más pequeños, pero no me gustaba esa perspectiva, no quería que nos separaran a los tres. El objetivo principal de una estancia extendida era pasar más tiempo juntos en familia. Le envié un WhatsApp a Enzo con la fatídica noticia y me fui al bar a pedir algo de beber.
Me pedí un mojito y me encaminé hacia el ascensor con mi copa en la mano. Pensaba en lo terrible que sería separarnos por el resto de la estadía. Después me dije que era solo por el periodo de las vacaciones y empecé a pensar en las dos habitaciones. Quedarse más tiempo o volver a casa, no había mucho que pensar, prefería de todas maneras disfrutar un poco más de tiempo en este hermoso lugar. Además, no estaba preparada para volver a casa.
Mientras caminaba hacia el ascensor, vi que estaban preparando algunos equipos de sonido en el área principal de la piscina. Eso era algo que definitivamente no me interesaba. Me pregunté si Matteo querría cenar en nuestra habitación esta noche. Por otra parte, los sonidos de mi estómago me decían que estaba sintiendo un poco de hambre. Subí a la habitación y entré.
—Aquí lo tienes, querida …
Decía Matteo de espaldas a mí. Estaba con sus shorts arremangados a sus tobillos.
—¡Oh!, cariño … Muéstramelo todo … ¡Qué lindo que es! … Quiero chupártelo y follar esa gran polla tuya …
Era la desesperada y jadeante voz de Lorena. Ella se estaba masturbando junto a Matteo. Vi el brazo de él moviéndose enérgicamente. Definitivamente lo estaba haciendo para ella.
—¡Oh!, sí … Muéstrame ese coñito apretadito … Fóllate el coño con ese juguete tuyo … Quiero ver que te corres … Piensa que es mi polla que está llenándote de semen …
Dijo él medio gimiendo. No supe que hacer, me quedé mirándolo por un rato. No me gustó mucho que esto estuviera sucediendo, tampoco quería molestarlo. Me callé y salí por la puerta, cerrándola bastante fuerte para que él supiera que lo había visto.
Caminé hasta el final del pasillo y me dirigí al balcón del octavo piso. Me apoyé en él y miré las embarcaciones que surcaban las aguas del lago; había algunos bañistas todavía. Después me vino de pensar en todo este asunto de Matteo y yo, cosa recurrente este último tiempo. Me había prometido en que no lo volvería a hacer hoy. Pero ver a Matteo teniendo sexo por videollamada con su novia de alguna manera me forzó a pensar de otro modo. Tengo que admitir que sentí celos de ella. No me gustó para nada lo que vi. No me sentía herida, quiero decir, ¿cómo iba a estarlo? ¿No estaba haciendo lo mismo con Enzo? No sé, pero cuando él regrese yo iba a continuar con él como siempre, él es mi esposo. ¿Por qué debería tener expectativas diferentes con Matteo?
Suspiré. Amar a mi esposo era mi gran fortaleza, amar carnalmente a mi hijo mi debilidad. Supongo que estoy moralizando, me estoy engañando a mí misma si pensaba que lo que hacíamos Matteo y yo no era engañar a Enzo. Honestamente no lo creía así. Pero la verdad es que necesitaba aclarar esto con mi hijo. Solo que creo que no es oportuno si lo hago muy pronto. Lo haré cuando me sienta preparada para hacerlo.
Seguí observando el paisaje y la gente alrededor del hotel; mi estomago hizo unos ruidos extraños, necesitaba comer algo.
—¡Hola, mami! … —Dijo Matteo de repente detrás de mí. Me volteé y le sonreí.
—¡Hola, cariño! …
—¿Qué haces aquí afuera? …
—Quise darte privacidad a ti y a Lorena …
—¡Oh! … Pero no tenías por qué …
—Bueno … Ya está hecho … ¿Estás listo para que vayamos a cenar? …
—Sí … Me muero de hambre …
—Bueno … Allá abajo al parecer preparan todo para algún espectáculo …
Dije señalando el improvisado proscenio y los equipos de audio.
—¡Oh! … No tengo ganas de ir a meterme en un sitio lleno de personas …
—Yo tampoco … ¿Por qué no pedimos servicio a la habitación y nos quedamos aquí arriba? …
—Esa me parece una idea excelente …
Volvimos a la habitación. Mientras caminábamos, Matteo tocó mi brazo suavemente y luego su mano se posó en la parte baja de mi espalda, fue una sensación muy agradable.
—¿Qué te gustaría para cenar? …
Pregunté mientras tomaba el menú del hotel y comenzaba a revisarlo. Tenía hambre, pero no quería atiborrar mi estomago de comida, así que elegí un aperitivo y luego tiré el menú sobre la mesita de centro.
—Yo quiero el numero cuatro y dobles aperitivos … ¿Te importaría hacer el pedido?, yo tomaré una ducha rápida …
—Déjamelo a mi … Yo me encargo de eso …
Dijo Matteo tomando el menú para examinarlo. Entré al baño, me desnudé, revisé mis líneas de bronceado, mis tetas estaban muy blanquitas con la marca de mi sujetador, también la parte inferior tenía bien marcado el calzón de mi bikini, sea por mi bajo vientre y las redondeces de mis nalgas. Luego me metí bajo la ducha. El agua caliente se hizo sentir en mi delicada piel quemada por el sol, iba a necesitar algo de crema en esa piel enrojecida. Mientras me enjuagaba, deslicé mi mano sobre mi coño, todavía sentía muy sensible mi labia vaginal. Me pregunté si iba a poder tomar esa gran polla de Matteo alguna vez sin sentir algo de placentero dolor. Minutos después salí y me envolví en una toalla.
Matteo también se dio una ducha rápida y se puso sus boxers y la bata de hotel. Nos sentamos en el sofá a ver una película mientras llegaba la comida. El personal del hotel trajo los platos, le di una propina y ellos se fueron. Miré mi quesadilla, las patatas fritas y el guacamole. Todo olía muy bien y tenía hambre. Matteo estaba haciendo los mismo con su filete, patatas fritas, huevos fritos y tacos, no sé donde le cabe tanto a este muchacho, pensé. Entonces se me ocurrió una idea, lo miré mientras cortaba la carne con su cuchillo y tenedor y agarraba con los dedos unas patatas fritas. Estaba sin camisa y devoraba su comida mirando la película.
—Matteo, cariño …
—Sí, mamá …
Miré mi plato y luego a él significativamente.
—Tesoro, me preguntaba si agregarías algo especial a mi plato …
Miró toda la comida que estaba delante de él y sin comprender, me dijo:
—¿Qué necesitas? … ¿Qué más quieres? …
Deslicé hacia el mi pote de guacamoles y le dije:
—¿Crees que puedes sacar de esa gran polla tuya un poco de esa deliciosa condimentación solo para mí?
Casi se atragantó con uno de los tacos, tragó y me miró estupefacto. Él sabía que yo quería su semen. Asintió y se bajó los boxers diciendo:
—Creo que voy a necesitar de tu ayuda, mami …
—Por supuesto, querido …
Dije desplazándome hacia su lado, sacó su pene semiduro y me apuntó:
—Cariño …
Dije mientras aferraba su garrote que comenzaba a ponerse duro:
—Cada vez que cenemos solo nosotros … Debes cuidar de mami … Me encantaría tener un montón de tu crema en mi plato o en mi boca …
—Está bien, mami …
Me incliné hacia adelante y comencé a chuparle la punta de la polla. Miré sus ojos hacia arriba y seguí masturbándolo y chupándolo. Lamí su glande estirando el prepucio todo hacia atrás.
—¡Carajo! … —Gruñó Matteo.
Empecé a masturbarlo con mayor vehemencia, cada vez más rápido y seguí chupando.
—Aliméntame, bebé … Dale todo a mami …
Gimió en manera audible y sentí que comenzaba a pulsar. Todavía no decidía si chuparlo todo o dejarlo vaciar en mi plato. Me decidí por esto último porque me encantaba ver los grandes y espesos chorros que salían disparados de su pene y quería que viera cuánto amaba su semen. Saqué su pene de mi boca, sostuve el cuenco en la punta de su polla y lo ayudé a eyacular en él. Se afirmó de mi hombro para mantener su equilibrio y disparó cuatro hermosas hebras de su semilla en mi recipiente.
—¡Ummmmm! … ¡Qué lindo hijo que tengo! …
Besé la punta de su linda polla y luego mezclé su semilla con mi guacamole.
—¡Gracias! …
Le dije. Dio un paso atrás, se tomó un instante para guardar su pene, subirse los boxers y recuperarse; luego se sentó a mi lado y siguió disfrutando de su comida y mirar la televisión.
*****
Me desperté con el fuerte sonido del viento. Estaba recostada de mi lado todavía somnolienta y aturdida por una especie de sueño intenso que ya había abandonado mi memoria. Miré hacia el balcón y vi que la puerta estaba entreabierta, llovía y al parecer había tormenta. Me senté y me froté los ojos. Estaba solo con mi camisola, mis bragas yacían en el suelo sobre la alfombra; sonreí al recordar la noche anterior.
Después de ver la película. Matteo y yo estábamos en el sofá. Me sentí cansada así que me levanté para irme a la cama. Él me detuvo tomándome de la mano. Me miró intensamente como si tuviera que decirme algo trascendental, pensé que había llegado la hora de hablar con él sobre todo lo que habíamos hecho juntos.
—¿Mamá? … —Preguntó. Su linda voz era joven e inocente.
—¿Qué pasa, querido? …
Pregunté inclinando mi cabeza en una ligera muestra de atención y preocupación.
—Mami … ¡Ehm! … Quiero comerte el coño … Pero no sé como hacerlo, mami … ¿Podrías enseñarme tu? …
Su voz sonaba vacilante y me di cuenta de que verdaderamente el no sabía cómo hacerlo.
—Quiero hacerte sentir bien, mami … Solo lo he visto en pornografía, pero no sé como hacerlo … Te amo y quiero hacer esto por ti … ¿Puedes enseñarme? …
Con infinita ternura le sonreí a mí adorable hijo. Ojalá su padre me hubiera hecho esa pregunta alguna vez.
—Sí, cariño … Ven con mami …
Le dije y me lo lleve conmigo al dormitorio. Le hice una introducción al cuerpo femenino mostrándole mi vagina como ejemplo. Me recordé que su padre nunca fue bueno para el sexo oral; él quería complacerme y eso me gustaba. Pero tener a mi hijo acostado entre mis piernas boca abajo, con su boca y sus manos en mi coño, siguiendo todas mis instrucciones era algo sublime. Al principio todo era complicado y un poco desorganizado, pero luego de un rato él encontró un muy buen ritmo para chuparme el clítoris y penetrarme con sus deditos. Poco a poco me llevó a la cima e hizo que me corriera. Pasamos a practicar el sesenta y nueve. Mi marido y yo nunca hicimos un buen sesenta y nueve porque él no aguantaba mucho; pero con Matteo fue diferente, nos quedamos chupando y lamiendo nuestros sexos por largo tiempo. Empezamos conmigo arriba y no sé cuando nos colocamos de costado con él penetrando mi boca, quiso seguir lamiendo mi coño en esa posición. Me gustó y me hizo sentir muy bien. Luego él se subió encima de mí y yo pude disfrutar de su polla cerca de mi cara y hacerlo acabar en mi boca. Le dije:
—Puedes probar a meter tus dedos en el culo de mami …
Él lo hizo y su polla comenzó a ponerse dura de nuevo en forma muy rápida. Logró meter hasta tres dedos en mi trasero estrecho mientras seguía chupando mi clítoris. Nos corrimos juntos una vez más, después de eso nos quedamos dormidos. Cada vez que me despertaba, mi hijo estaba chupando mi coño. Al final él también se quedó dormido.
Me puse las bragas y me levanté, estiré mis brazos y caminé hacia Matteo en el balcón.
—Buenos días …
Dije mientras me apoyaba contra la puerta francesa. El viento soplaba y la lluvia caía en ráfagas de agua muy fina.
—Hola, pensé que iba a estar despejado toda la semana …
Dijo mirándome.
—Debe ser una de esas bajas segregadas que anuncian en televisión en los boletines … Duran solo algunas horas y desaparecen …
Asintió y luego entró iniciando a caminar a la cocina.
—Te preparé un café …
Dijo cuando pasaba junto a mí. Rápidamente regresó con una taza humeante en su mano.
—Gracias, bebé …
Dije y tomé la taza; luego le sonreí cuando noté un remolino de semen fresco de mi hijo.
—¡Uhm! … Te acordaste, ¡eh! …
Le dije dulcemente y lo besé en la mejilla.
—Imposible olvidarlo …
Dijo y besó mi espalda causándome un escalofrío de pies a cabeza. Los labios de mi coño hormiguearon. Tomé un sorbo y cerré los ojos. Era inconfundible el sabor de miel del semen de mi hijo; respiré y lo saboreé profundamente mientras mi corazón comenzaba a acelerarse. Sabía que era una adicta. Abrí los ojos lentamente y lo encontré encuadrándome con sus lindos ojos.
—Entonces … ¿Qué vamos a hacer hoy? …
Preguntó señalando al lluvioso día que se presentaba.
—¡Ehm! … No sé …
Respondí sentándome en la cama, volví a tomar un sorbo de café. Podía imaginar a mi hijo frente a la taza de café mientras se masturbaba. ¡Que chico más lindo!
—¿Cuándo regresa papá? … —Quiso saber él.
—Lo último que me dijo es que regresaría el viernes por la mañana …
Miré mi celular y no tenía ningún mensaje. En eso el celular de Matteo comenzó a zumbar:
—Es Lorena …
Dijo y tomó su teléfono para irse de carrerita a su habitación. Me quedé saboreando mi café y mirando la violencia de la lluvia al exterior. Sentí que mi cuerpo estaba un tanto rígido. Necesitaba salir y estirarme.
Me dirigí a mi armario y me vestí con mi ropa de yoga; unos leggings muy ajustados y una polera sin mangas. Luego me encaminé hacia el gimnasio del hotel, sabía que se impartían sesiones de yoga, pero no sabía si el día de hoy encontraría al Maestro. No quise husmear en lo que estaba haciendo Matteo con Lorena en la videollamada, era asunto de ellos y yo debía mantenerme alejada por mi propio bien. Agarré la tarjeta llave y salí de la habitación.
Me fui dando saltitos desde el ascensor hasta el gimnasio para evitar de mojarme con la lluvia, llegué al lugar y descubrí que efectivamente había una clase de yoga, me registré, tomé mi tapete y mi toalla, encontré un lugar cerca de la parte posterior y me ubiqué en ese lugar. Había más gente de la que esperaba, supuse que era por la lluvia. Me senté en mi colchoneta, respiré profundamente y comencé a hacer ejercicios de estiramiento para aliviar mi tensión y pensar relajadamente.
Mientras arqueaba mi espalda estirando al máximo mi pierna hacia atrás, entró El Maestro, que en este caso era una hermosa mujer de mediana edad con rasgos indígenas. Empezó la música y volví a concentrarme en los ejercicios. Mi cuerpo estaba rígido y adolorido. Pensé en el sexo que tuve con Matteo. Mentalmente recorrí las partes de mi cuerpo adoloridas y reconocí que era por causa de que Matteo me follaba muy fuerte. Su pene estaba siempre tan duro, además, era tan largo que llegaba muy dentro de mí. Nunca antes había tenido algo así de grande en mi panocha. Mientras lo pensaba más quería volver a sentirlo. Era un dolor que hacía bien. Un dolor placentero. Era como si su pene perteneciera a mi conchita y quisiera recorrer todo mis recovecos. Podía imaginar cuando la punta de hongo de su pene llego a inflar mi estómago justo bajo mi ombligo. ¡Mierda! ¡Cuánto me gustaba la polla de mi hijo!
Abrí los ojos cuando cambiamos de posición. Sentí el estiramiento en mí columna vertebral y los tendones de mi espalda, contraje mis nalgas y volví a estirar mi pierna. Mi trasero se sentía durito. Pensé en Matteo follando mi culo con sus dedos. La forma en que él miraba mi trasero cuando se masturbaba. Sabía lo que quería intentar con él, pero me daba un poco de miedo. La polla de mi hijo es tan grande. Me giré boca abajo y levanté mi torso tensando mis piernas y mis glúteos. Empujé mi trasero hacia arriba e imaginé que se lo ofrecía a mi hijo. Eso es lo que quería; quería que Matteo me follara el culo con su gran polla.
—¡Mierda Alessia! …
Murmuré en un bisbiseo y abrí los ojos. Sexo. Sexo. Sexo. No podía dejar de pensar en Matteo y su linda polla. Escuché un gruñido y el hombre a mi lado derecho me estaba mirando el culo. Era algo que no necesitaba. Respiré profundamente y decidí que era hora de irme. La sesión no había terminado, pero estaba perdiendo la calma y mi panocha se estaba caldeando, pensando a Matteo. Tomé mi tapete y salí. Los ojos del hombre aquel estaban fijos en mi trasero. No pude evitar de sonreír.
Regresé por las aceras cubiertas, llegué al ascensor y subí hacia mi habitación. Mis manos comenzaron a temblar mientras pensaba en abrir mis nalgas y ofrecerle mi culo estrecho a mi hijo. Mi panocha estaba tan mojada que me pregunté si se notaría a través de mis estrechos pantalones de yoga. Busqué la tarjeta llave y abrí la puerta.
—¡Hola, Matteo! …
Dije mientras cruzaba la puerta. Mi saludo fue en modo casual y maternal.
—¡Sorpresa! …
Dijo Enzo saltando repentinamente desde el sillón. Matteo estaba sentado frente a él y me miraba con una mirada nerviosa.
—¡Hola, bebé! …
Le dije suavemente. Dejé la llave sobre el comodino, me acerqué a mi marido y le di un gran abrazo y por sobre el hombro miré a Matteo guiñándole un ojo. Él estaba con los ojos muy abiertos y solo se encogió de hombros.
—Tu sabes que tengo amigos en todas partes … Así que hice un par de llamadas y logré obtener un cupo en un vuelo más temprano …
Me dijo Enzo hablando cerca de mi oído y apretando mi cuerpo al suyo, luego agregó:
—Tuve que hacer una rara combinación, pero llegué dos días antes … Así que valió la pena …
—Estoy tan feliz, tesoro …
Dije, pero en gran parte era mentira. Seguí abrazándolo y luego le di un beso. Sus labios me parecieron familiares, se sentían bien, reconfortantes y tiernos.
—Yo también, mi amor … Yo también …
*****
Me fui a la ducha para limpiarme después de la sesión de yoga, mientras mis hombres parloteaban en la sala de estar y veían las peleas de la UFC. Dejé correr el agua caliente mientras observaba mi cuerpo al espejo. Me temblaban las manos y me di cuenta de que mi respiración estaba algo agitada, como si estuviera teniendo un ataque de pánico o ansias.
—¡Tranquila, Alessia! … ¡Tranquilízate! …
Respiré profundamente, lo sostuve y esperé. Luego otro y otro. Mi mente iba alocadamente en todas direcciones. Mi cuerpo todavía temblaba por el deseo y la expectativa. Me desnudé lenta y cuidadosamente. Mi coño estaba muy sensible y mi culo también.
—¡Malditas hormonas! …
Insuflé mis pulmones con otra profunda respiración purificadora y sentí que mi pulso comenzaba a ralentizarse. Cerré los ojos y me concentré en el ruido del agua, tratando de no pensar en nada, pero no lo conseguí. No estaba preparada para analizar y asumir cómo me sentía. Esperé. Dejé salir lentamente el aire y volví a respirar profundamente.
—Está bien Alessia, aquí estamos …
Farfullé entre dientes y miré al reflejo que me devolvía el espejo. Me metí bajo el agua y comencé a pensar en todo otra vez. Entonces; Enzo estaba de vuelta más pronto de lo que esperábamos. Me alegré por eso. Por supuesto que estaba contenta; lo amaba, él era mi centro de atención, él era mi hogar, él era mi hombre y mi esposo. Pero habían sucedido tantas cosas en estos últimos días, que me estaba cuestionando todo sobre mi familia.
—Esto me está sobrepasando …
Dije con la cabeza gacha y el agua chorreando mis cabellos. En estos últimos días habían pasado varias cosas o quizás solo me di cuenta a raíz de aquello. Amaba a Enzo. Nunca dejé de amarlo. Lo he amado toda mi vida. Pero también amaba a Matteo. Él es mi hijo. Siempre lo había cuidado y amado. Los amaba a ambos con todo mi corazón. Pero se había formado una diferencia. Lo que sentía por Matteo era como una extensión nueva y sorprendente de ese amor de mamá. Eso es todo lo que era. Sí, es cierto, también había lujuria, mi panocha caliente y mis malditas hormonas, pero no era simplemente eso. Algo había nacido entre él y yo. Algo muy real y sólo entre nosotros dos. Era nuestro secreto. Un secreto necesario. Un secreto que ambos necesitábamos. Pero debíamos establecer límites. Eso es lo que hace una buena madre y yo me iba a encargar de poner los topes a nuestra hermosa relación.
Salí de la ducha y me sequé. Envolví una toalla alrededor de mi cabeza mojada y luego me puse la bata del hotel. Me fui a mi tocador y comencé a espalmar loción sobre mi cuerpo. Escuché que se abría la puerta del dormitorio y por un segundo no supe quién iba a entrar.
—¡Hola, nena! …
Dijo mi marido cerrando la puerta tras de sí.
—Lo siento si vengo a molestarte … Simplemente te extrañé demasiado …
Le sonreí coquetamente en el espejo y le dije.
—Yo también te extrañé, cariño …
Él se acercó por detrás y me puso la mano sobre mi hombro. Se inclinó y me besó en el cuello suavemente. Una vez, dos veces, tres veces. Enseguida me dio un delicado mordisco en mi lóbulo. Mi entrepierna comenzó a encenderse y los latidos de mi corazón se aceleraron. Sentí que mi piel se electrizaba. Me giré y lo besé, él sostuvo mi cara y me devolvió el beso apasionadamente. Nos besamos lenta y tiernamente. Con mucho amor. Nuestras bocas colaboraron y se fundieron en un beso francés. Poco a poco él me giró hasta ponerme frente a él. Deshice el nudo de mi bata y la dejé hacer por mis hombros. El fresco aire acondicionado envolvió mi cuerpo y mis pechos expuestos se endurecieron junto a mis pezones. Enzo se inclinó frente a mí y comenzó a chupar mi seno izquierdo. Su boca se sentía como la de un viejo amigo, acariciando y chupando cálidamente un terreno que le pertenecía. Agarré sus cabellos y empujé mi teta en su boca. Esto me hizo sentir muy bien.
Pasito a pasito nos acercamos a nuestra cama. Enzó me hizo recostar y se sumergió entre mis piernas a chupar mi panocha. Arrodillado sobre la alfombra, levantó mi piernas, abrió mi conchita con sus dedos y se lanzó de cabeza a hozar entre mis mojados pliegues. Besó mi coño como si fuera una boca. Fue amable y a la vez familiar. Gimió entre mis muslos haciéndome tiritar de pasión.
—Ven … Te quiero …
Le dije y lo tiré encima de mí. Enzo se bajó los pantalones y empujó su dureza entre mis muslos, agarré su polla, la encanalé con mi agujero resbaladizo y lentamente mi marido entró todo enterito en mí. Lo rodeé con mis piernas y nos besamos mientras él me follaba. Se sentía bien, muy tierno. Lo necesitaba. Rompió nuestro beso por un momento y me susurró al oído.
—Te amo …
Busqué sus labios y seguimos besándonos. Él comenzó a embestirme más rápido. Gemi en su boca sintiendo su conocida y familiar polla. No estaba ni cerca de un orgasmo, pero disfrutaba el momento de follar con mi marido. Quería que él me llenara. Él gimió y rompió nuestro beso. Empujó más rápido y yo gemí con él. Su pecho presionaba mis senos y su entrepierna embestía mi entrepierna. Estábamos conectados como marido y mujer. Enardecidamente lo apuré:
—Sí, cariño … Sí …
Me dio un par de empujones más enérgicos y se corrió en mi coño. Se quedó jadeando y su pene se ablandó rápidamente. Me besó de nuevo y salió de mí. Lo sostuve encima de mí. Deslicé mis manos por su espalda y agarré su trasero. Era cálido y familiar. Él era mi amante. Él era mi marido. Lo bese de nuevo y le susurré sonriendo:
—Puedo sentir que me extrañaste mucho …
Él me sonrió y cuidadosamente se bajó de mí, recostándose a mi lado:
—Claro que sí … Estuve pensando en hacer esto todo el tiempo cuando estaba en el avión …
Le tomé la mano y me puse de costado.
—Escucha, hombre sexy … ¿Estás diciendo que tuviste tu polla dura durante todo el vuelo? …
Dije en tono juguetón.
—Pues sí, señora …
Me dijo en un tonto acento extranjero. Me reí. A veces él era cursi. Pero era todo mío en cuerpo y alma. Nos quedamos acostados el uno al lado del otro. Luego él se levantó para ir a ducharse. Volví al tocador y me arreglé un poco, con una toallita limpié el semen de mi marido que chorreaba de mi panocha. Me puse un poco más de loción y luego me vestí. Podía escuchar a Enzo canturreando bajo la ducha y me sentí feliz, porque él era feliz.
Salí a la sala de estar y me encontré que Matteo estaba recostado en el sofá a mirar la televisión. Él me miró y sonrió.
—¿Cómo estuvo tu ducha? …
—Bien … Muy bien …
Dije y me recordé de los límites, debía ponerle bordes y topes a lo nuestro. Me senté a su lado y le toqué la pierna. Mi corazón comenzó a latir más rápido otra vez.
—Entonces, Matteo …
Dije y miré hacia la puerta del dormitorio para asegurarme de que Enzo todavía estaba bajo la ducha.
—Es sobre todo lo que ha pasado …
Dije y él me miró con sus hermosos ojos ensoñadores. Pude percibir un poco de temor en su mirada por lo que le iba a decir.
—¿Sí, mamá? …
No quería que sintiera miedo. Él no tenía nada que temer. Suspiré indecisa sobre que decirle. Me acerqué un poco más a él y no pude resistirme. Deslicé mi mano por su muslo hasta su entrepierna. Su monstruosa polla se sentía jodidamente bien. Sentí que se ponía duro. Lo solté y metí uno de mis dedos en la pretina de sus pantalones. Matteo inmediatamente se sentó y uso una mano para bajar la parte delantera de sus shorts y su gran polla saltó como un resorte. Mire esa enorme cabezota a forma de hongo y supe que la necesitaba. Toda la renuencia y los límites y los topes simplemente se desintegraron ante la majestuosidad de su polla tiesa como palo.
—Necesito que me nutras, Matteo …
Le susurré desesperada mientras bajaba mi boca hacia su polla.
—Por favor, sé rápido … Lo necesito …
Mi boca estaba sobre su polla, el agarró su polla de la base y me la dio de comer. Puse ambas manos sobre sus muslos y moví mi cabeza arriba y abajo alocadamente. Cada vez tomaba su pene hasta la mitad aproximadamente. Apreté mis labios a su alrededor y chupé con todas mis fuerzas. Miré a mi hijo con ojos suplicantes y moví mi cabeza para que me la diera toda. Con la mano izquierda empujó mi cabeza contra su polla y con la derecha masturbó enérgicamente su gruesa y larga pija.
—Sí, mamá … Sí … Me encanta tu boca … Sigue chupando que ya viene …
Nuestros ojos se quedaron pegados el uno en el otro mientras chupaba y él empujaba mi cabeza. La conexión con mi hijo era completa, como si su polla estuviera en su espacio natural, mi boca. Mi boca era como un refugio para su polla. Encajaba perfectamente. Apreté sus muslos y seguí chupando, moviendo mi cabeza a un ritmo constante y mis mejillas se hundieron de tanto chupar.
—¡Uuuuuuuhhh! …
Gemí al sentir la sapidez de su liquido preseminal. Empezó a magrear su pene más rápido, su mano tocaba mis labios y luego gritó:
—¡Oh, mierda! …
Algo de mi saliva comenzó a escurrir hacia mi barbilla, así que me concentré en cerrar más mis labios para no dejar escapar nada. Mantuve mi cabeza en movimiento al ritmo de la mano de mí hijo. Sentí que él empujaba mi cola de caballo contra su polla, su pecho se agitó. Más Saliva y liquido preseminal filtró de mi boca. Comprendí que estaba muy cerca de su liberación y yo la necesitaba más que nunca. Seguí moviendo mi cabeza a un ritmo más relajado en comparación a su mano. La mitad superior de su pene estaba en mi boca y yo la chupaba deliciosamente, la otra mitad estaba en la mano de Matteo que la acariciaba furiosamente. Empujaba mi cola de caballo con vehemencia y respiraba agitadamente. Su rostro estaba un poco más cerca del mío.
Mientras él apretaba mi cola de caballo con su puño cerrado, lo único en que podía pensar, era: “Sí, cariño. Úsame. Usa la boca de mami como uno de tus calcetines de semen”. De repente le oí gritar:
—¡Joder! …
Empujó con fuerza mi nuca y sacó su mano de su pene. Entonces me tragué su polla hasta el final de mi garganta, enseguida la tibieza de su semen comenzó a inundar mi tráquea. Matteo empujó su polla aún más adentro y escuché mi propio garguero tragando todos esos exquisitos borbotones de semen. Mis tragos eran en perfecta sincronía con la velocidad con que él disparaba sus candentes chorros. Era como si estuviera destinada a hacer esto para toda mi vida. Destinada a ser una ordeñadora de penes. Apretó mi cola de caballo, soltó un gemido y me lanzó otro grande chorro cálido de su néctar de hombre. Luego comenzó a apaciguar su furia y ardor. Levanté lentamente mi boca y su polla vacía salió fuera de mi boca. Metió en sus shorts su pija mojada, pegajosa y blandengue, y se subió los pantalones, me miró con los ojos vidriosos y dijo:
—Mamá … No me pidas que detengamos esto … Sé que papá está aquí, pero por favor …
No pudo continuar, su voz se apagó, él me estaba suplicando.
—¡Sssshhhh! …
Lo hice callar muy suave y maternalmente. Mí mirada hacia él se suavizó y lo único que sentí fue un inmenso y cálido amor materno. Él todavía era mi bebito. Me limpié los labios y la boca:
—No, cariño … No creo que sea necesario que paremos … Sólo tenemos que hacerlo con más cuidado y ser sinceros entre nosotros …
—Está bien … Estaba preocupado, porque no creo que pueda de dejar de hacer esto contigo …
—Lo sé, cariño … A mi me sucede lo mismo …
(continuará …)
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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
—¡Hola, mamá! …
Escuché decir a Matteo mientras entraba al dormitorio.
—¿Quieres comer algo? …
Le sonreí ampliamente mientras lo miraba capciosamente. Mi ojos de fijaron en loa escasos vellos de sus pectorales fornidos, él estaba sin camisa. Luego me fijé en sus pantalones cortos. Me fijé en su entrepierna y ojeándolo vorazmente, le dije con la voz lo más coqueta posible:
—¡Uhm, sí! … Creo que podría comer algo …
Ni siquiera se percató de lo que le estaba diciendo y dijo:
—Después de lo de esta mañana necesito reponer fuerzas … Deberíamos bajar al restaurant …
Sentí una comezón en mi pecho y un poco de molestia en mi coño adolorido. Me puse algo de loción en la mano y me abrí la parte delantera de la bata con la mano libre. Mi seno izquierdo quedó al descubierto y comencé a frotar mi dura teta mientras lo miraba.
—¿Crees que sería conveniente salir? … Yo me tomaría un refrigerio ahora mismo …
Los ojos de Matteo estaban fijos en mis dedos que estiraban mi pezón y masajeaban mi pecho, su sonrisa desapareció y comenzó a lamer sus labios. Seguí frotando mi seno sugestivamente, lo aplasté y volví a tirar de mi pezón mientras abría mi boca para gemir:
—¿Qué dices? … ¿Puedes darle a mami un tentempié rapidito antes de salir? …
Lo miré batiendo mis pestañas. Matteo se bajó los shorts a mitad de los muslos y aferró su gran polla semidura con su mano derecha, comenzándola a agitar a un metro de mí. Luego comenzó a acercarse.
—¿De que tipo de tentempié estás hablando, mami? …
Dijo dando otro paso hacia mí y sin dejar de magrear su enorme polla. Lo miré codiciosamente y seguí frotando mi seno.
—Quiero que me des de eso que tienes en tu mano … Dame de beber, hijo …
Matteo tragó saliva y asintió moviendo su cabeza. Dio otro paso hacia mí, su pene había crecido y se había puesto duro como roca. Le di una mirada a su pija que comenzaba a mostrar una incipiente gotita de su semilla y le dije en forma muy seria:
—Me acabo de lavar y limpiar, cariño …
Miré a la tacita de café que él me había traído y la puse al borde de la mesita.
—¿Por qué no me pones tu crema deliciosa aquí? …
Matteo me miró entre sorprendido y confundido:
—¿Quieres que me masturbe en tu café? …
Seguí mirándolo mientras aplastaba mi teta hacia arriba.
—Por supuesto … Me encantaría saborear mi cafecito con tu cremita … No quiero volver a ponerme toda pegajosa ahora que acabo de salir de la ducha …
Se dibujó una malévola sonrisa en el lindo rostro de mi hijo.
—Eso es muy pervertido, ¿sabes? …
Dijo acercándose al borde de la taza para masturbar su grueso miembro. Me volví a mirar al espejo y me sequé las manos con una toalla. Con el rabillo del ojo podía ver a Matteo masturbándose en mi tacita de café. Me quité la toalla del pelo y cogí mi cepillo.
—Cariño … Cada vez que veas mi taza, cuenco o plato, quiero que me lo sazones con tu deliciosa natilla … Te lo ruego …
Deje deslizar mi bata por mis hombros, para que tuviera una amplia vista de mis tetas que se mecían en mi pecho, sé que eso a él le gusta. Matteo siguió acariciando su gran polla si dejar de mirar mis senos cimbreantes. Pronto aumentó el ritmo y la energía con que masturbaba su pene. Me pregunté si realmente tenía más de su leche dentro de sus bolas, después de que lo había dejado seco esta mañana. Para mi feliz sorpresa, empujó su ingle un poco más sobre el borde de la taza, gimió, suspiró y se corrió. Vi por lo menos tres o cuatro gruesos filamentos nacarados de su semen cayendo dentro de mi taza de café. Uno de los chorros fue tan fuerte que hizo salpicar café fuera de la taza.
Terminé de ordenar mis cabellos. Cogí la taza y me fui hacia la cocina; cogí una cuchara y comencé a mezclar el todo. Mientras Matteo no despegaba un ojo de mí, di un sorbido y lamí mis labios en aprobación. Creo que de ahora en adelante esta será mi manera preferida de beber café.
Almorzamos en el restaurant y pasamos la mayor parte del día junto a la piscina. A pesar de que nuestros impulsos sexuales estaban completamente activados, creo que era hora de relajarnos un poco y dejar que nuestros cuerpos se recompusieran. Pasé casi toda la tarde en mi bikini amarillo alternando entre tumbarme al sol y sentarme a la sombra para proteger mi delicada piel blanca de los extremos rayos solares.
Matteo no estaba quieto ni siquiera un minuto. A cada rato iba a pedirse un bocadillo, no tuvo suficiente con el almuerzo, yo lo miraba con envidia porque no subía ni un gramo de su peso, en cambio yo me debía cuidar continuamente. Estuvo nadando un largo rato y luego casi una hora hablando con Lorena. No lo estaba vigilando, simplemente estaba siendo una mamá y necesitaba saber que estaba haciendo, donde y con quien. Parecía que tan pronto como salíamos de nuestra habitación, volvíamos a asumir nuestros roles de madre e hijo y todo volvía a ser normal. Me dediqué a leer mi libro y a beber alguna bebida tentadora.
A eso de las tres y media, Enzo me llamó para ponerme al tanto de sus actividades. Cualquiera que haya sido el acuerdo, este salió bien e iba a celebrarlo con la empresa esa noche. La buena noticia fue que volvería a nosotros el viernes por la mañana y así estar todos juntos nuevamente. Sentí un tremendo orgullo por mi hombre y que haya llevado a buen fin la conversaciones de negocios. Cada logro era una demostración de cuan capaz era en su trabajo, yo sabía que todo ese esfuerzo era para tenernos a Matteo y a mí como sus prioridades más importantes.
—¿Qué han estado haciendo? … —Me preguntó de repente.
—¡Ah!, bueno … Puedes imaginar … Sufriendo de este horrible sol junto a la piscina … Bebiendo esos tragos llenos de calorías … Estamos tratando de sobrevivir, ¿sabes? …
Dije en son de broma.
—¡Uy, amor! … Eso suena realmente aterrador …
Dijo sonriendo, luego me preguntó:
—¿Van a tomar algún tour o tal vez conducir por los caminos costeros? …
—Por ahora prefiero estar aquí en el hotel … Cuando vuelvas quizás podríamos programar alguna salida para visitar los alrededores … ¡Ah!, ¿hablaste con tu jefe? ¿Crees que podríamos extender nuestras vacaciones por algunos días? …
—Sí, él esta de acuerdo en que me tome algunos días más … ¿Por qué no vas a hablar con la recepción y ves si podemos conservar nuestra habitación hasta … digamos … ¿hasta el martes? …
—El martes sería increíble … Hablaré con ellos y veré que dicen; ¿te importaría mucho si nos cambian de habitación? …
—Como sea … Lo importante es que funcione … Lo importante es que tengamos nuestra propia habitación … Tengo que recuperar mucho tiempo perdido con mi adorable esposa, ¿sabes? …
Me reí y miré hacia la piscina. Matteo estaba charlando con una tipa de unos veintitantos años. Sacudí la cabeza. Él es un chico demasiado guapo, algo tengo que hacer, pensé.
—Cariño … Estoy muy orgullosa de ti …
—Gracias … Bueno, tengo que irme … Te llamaré más tarde, pero no hay problema si no respondes … Ocupa tu tiempo y diviértete … Los extraño mucho, chicos …
—Nosotros también te extrañamos, amorcito … Chao, bebé …
—Chao, nena …
Dijo mi marido y colgó el teléfono. Extrañaba a mi marido. Él es mi mejor amigo. Sin embargo, no podía ignorar de que las cosas habían cambiado. Solo ahora pensé que lo que estaba haciendo con Matteo era, o podía entenderse como … ¡Engaño! Yo me consideraba una persona honesta. Siempre le había sido fiel a mi esposo en todos los sentidos de esa palabra. Solo pensar en que lo estaba engañando me puso enferma. Sabía que muchos hombres me codiciaban y me miraban con hambre de hacerme cosas, pero jamás los tomé en cuenta, lo que no quiere decir que no me gustaba que se sintieran atraídos por mí. Pero jamás consideré a ninguno de ellos.
Miré a Matteo. La mujer lo estaba acorralando. Era linda, parecía una extranjera rubia, tetona y de muchas curvas. Ella se afanaba en poner sus tetas contra el brazo de él. En realidad me impresionó su belleza cautivadora y lo buena que era en mostrar sus grandes pechos. Me pregunté si no era este su mejor anzuelo para hacer que algún ingenuo como mi hijo abocara. Tal vez se dedica a buscar hombres jóvenes en los complejos turísticos para seducir o tal vez solo para coquetear. La verdad es que conozco a muchas mujeres que les encanta coquetear y seducir, sin concretar su caza. Ellas aman ser buscadas y luego fingirse inocentes ante el hombre y empujan al hombre a hacer los movimientos que ella quiere que hagan. Me resultó divertido. No hay nada de malo en querer ser querido. ¿Pero con mi Matteo? Eso no lo podía permitir.
Decidí que Matteo era bastante crecidito y no necesitaba de mi ayuda. Pero lo seguí mirando. Esto me hizo volver al punto de partida. Lo que Matteo y yo hicimos y que probablemente seguiremos haciendo, ¿era engañar a Enzo? ¿Matteo estaba engañando a Lorena? El problema es que yo no me sentía así. Me sentí como si de algún modo yo tuviera derechos con él y lo únicos que estaba haciendo era hacer uso de esos derechos. Pero esa lógica se derrumbaba porque no estaba dispuesta a contárselo a mi marido. Ni siquiera me imaginaba de tener esta conversación con él. No me hacía ninguna ilusión de lo que Matteo y yo estábamos haciendo, pudiera ser alguna vez justificado o incluso comprensible por alguna persona externa, incluso mi marido. ¿Podía un secreto como este no ser engaño? Me pregunté si Matteo se lo iba a decir a Lorena. Me pregunté si era justo o no que se lo dijera. ¿Quería que lo hiciera? No, por supuesto que no. Esto debía mantenerse en completo secreto entre Matteo y yo. No había otra solución al dilema. Sólo nuestro secreto.
Volví mis ojos hacia la piscina y vi a Matteo caminando hacia mí. Se dejó caer en la tumbona cercana y me roció algunas gotas frescas del agua de la piscina sobre la piel.
—¿Todo bien en la piscina? … —Pregunté como mamá.
—Sí … Esa chica no me dejaba tranquilo …
—¡Oh! … El eterno problema de los chicos tan guapos como tu …
Me sonrió y dijo:
—Es gracioso, ¿sabes? … Cuando estaba con ella lo único en lo que podía pensar era en que así debía ser tu vida … Todos los días …
—¿Qué me quiere decir? …
Se hizo hacia adelante y bajó su voz para que solo yo lo escuchara:
—Mami … Estoy seguro de que todos los hombre alrededor de esta piscina, incluido yo mismo, te han dado una mirada y han pensado en follarte …
Me sonrojé y sin ninguna convicción le dije:
—Lo dudo …
—Pero es la santísima verdad … Créeme, soy un chico … Sé cómo la pensamos … Un chico que te ve con ese pequeño bikini inmediatamente tiene una erección … Esa es la verdad, mamá …
Lo miré por un momento y le respondí:
—¿En serio? … Tú me estás mirando … ¿Acaso tienes una erección? …
—Pues mírame …
Miré hacia su entrepierna y vi que no estaba mintiendo, todavía no estaba totalmente duro, pero el bulto era visible.
—¿Estás seguro de que eso es por mí y no por la Miss Grades Tetas que coqueteaba contigo? …
—Siempre es solo por ti, mamá … —Me dijo solemne y serio.
Lo miré pensativamente por un momento y luego me incliné más cerca de él para mantener la privacidad y le dije:
—Mira … Voy a ir al baño junto a la otra piscina … Te enviaré un WhatsApp con el puesto donde estoy … Quiero que entres allí y me folles la boca … Eso es lo que quiero, ¿entiendes? …
Matteo tragó saliva y movió su cabeza en sentido afirmativo. Agarró una toalla y cubrió su entrepierna. Me levanté y estiré mis brazos haciendo resaltar mis duras tetas. Cogí el celular y caminé hacia la otra piscina envolviendo un ligero pareo alrededor de mis caderas. Bajé los pocos escalones y entré al baño de mujeres, un aire fresco invadió todos mis poros. Entré al primer puesto, cerré la puerta y me senté en el inodoro, luego le envié el mensaje a Matteo.
—Primer puesto a la derecha … Ven aquí y fóllame la boca …
Un minuto después oí unos pasos fuertes que entraba rápidamente al baño y supe que era él. Abrí la puerta de la cabina y él entró. Me acomodé en la taza y lo miré. Muy deliberada y lentamente, puse mis manos en mi espalda y abrí bien mi boca.
Matteo bajó la parte delantera de su bañador y su gran polla saltó impetuosa delante de mis ojos, meciéndose a centímetros de mis labios. Me lamí los labios en anticipación y volví a abrir la boca. Estaba tan cerquita de mí, que necesitó empujar sus caderas un poco hacia adelante y me metió su gran polla en la boca. Lo miré tímidamente sintiendo mis mejillas infladas por el grosor de su pene, pronto su polla presionó la parte posterior de mi boca. Se sentía increíblemente grande. Sentí que empujaba y su polla se doblaba, pero no iba más allá. Se retiró por un momento y me dijo:
—¡Trágalo! … Hazme pasar por tu garganta, mami …
—¡Haz que me lo trague! … ¡Vamos! … ¡Empuja! …
Con su polla en su mano derecha procedió a azotar mis mejillas, lo cruzó por mis parpados y lo paseó por mis labios. Me estaba volviendo loca. Luego empujó otra vez y su polla volvió a tocar el final de mi boca, parpadeé para hacerle sentir que estaba lista y él tomó mi cabeza y empujó. Con una mano en mi nuca volvió a empujar y sentí su polla invadiendo mi tráquea, me relajé y su hongo hinchado se deslizó más adentro. Pude ver la lujuria en sus ojos y creí saborear alguna gotita preseminal en mi boca. Su polla se dobló, empujé mi lengua hacia abajo y él empujó metiendo la punta de su hongo más allá de mis amígdalas. No me atraganté y pensé que ya no tenía ese reflejo. Disfruté de su fragancia cuando mi nariz tocó los vellos púbicos. Pude oír su pesada respiración y sabía que él estaba gozando.
Sumisa, mantuve mis manos detrás de mi espalda. Todo lo que quería era sentirme usada. Que mí Matteo me usara y eso fue lo que hizo. Comenzó a empujar hasta el fondo, para luego tirarlo hacia afuera, pero nunca dejándolo salir de mi garganta. Empujaba brioso y enérgicamente. Me apoyé al inodoro para hacer frente a sus fuertes embestidas. Me encantaba que mi hijo usara la boca de su madre para correrse. Él no estaba pensando en lo que me hacía sentir bien; solo me usaba para correrse. A veces me gusta que me lo hagan así.
Sentí la baba corriendo por la parte frontal de mi barbilla. Estaba respirando cuando me lo permitía y Matteo seguía follando mi boca. Pronto aceleró y comenzó a gruñir, empujó hasta encajarla en mi tráquea y comenzó a mandar su semilla directamente en mi estómago. Estaba dando veloces y cortos empujones y lo escuché que entre dientes bisbiseaba.
—¡Tómalo! … ¡Trágalo todo! ... ¡Joder! … ¡Qué rico, mami! …
Solo lo obedecí y tragué todo lo que él me dio e hice el esfuerzo de seguir chupando y tragando directamente de su polla. Me sentí tan degradada, utilizada, necesaria y amada por la fuerza en que mi hijo me regalaba su semen fresco y tibio. Sostuvo mi cabeza firmemente hasta que terminó de eyacular, luego lo sacó muy lentamente de mi boca. Había un largo filamento de baba y semen que me mantenía conectada a su verga gruesa y palpitante, me incliné rápidamente hacia adelante y la absorbí toda. Tenía la cara sudorosa y hacía calor en el cubículo. Me lamí los labios mientras mi hijo guardaba su polla blandengue y ahora seca y vacía.
Me limpié la boca, me levanté y después de cerciorarme de que no había nadie por los alrededores, abrí la puerta y lo hice salir al exterior. Una vez que se fue, fui al lavamanos, me enjuagué un poco la cara, me sequé y me sonreí feliz. Mi hijo había vuelto a nutrirme con su manjar exquisito.
—Esa si que fue una hermosa carga, ¿verdad Alessia? …
Murmuré frente al espejo, luego salí del baño para ir al encuentro de Matteo.
Pasamos el resto de la tarde en la piscina. Antes de cenar, Matteo decidió que regresáramos a la habitación para ducharse y para llamar a Lorena. Me puse mi pareo y entré al vestíbulo del hotel para ver la posibilidad de extender nuestra estadía, tal como pidió Enzo. Después de un poco de dimes y diretes, el encargado revisó todas las reservaciones y me comunicó que desafortunadamente no habría posibilidad ninguna de que conserváramos nuestra habitación y, lo que es peor, tampoco me podía asignar una habitación similar a la nuestra. Consideré alquilar dos cuartos más pequeños, pero no me gustaba esa perspectiva, no quería que nos separaran a los tres. El objetivo principal de una estancia extendida era pasar más tiempo juntos en familia. Le envié un WhatsApp a Enzo con la fatídica noticia y me fui al bar a pedir algo de beber.
Me pedí un mojito y me encaminé hacia el ascensor con mi copa en la mano. Pensaba en lo terrible que sería separarnos por el resto de la estadía. Después me dije que era solo por el periodo de las vacaciones y empecé a pensar en las dos habitaciones. Quedarse más tiempo o volver a casa, no había mucho que pensar, prefería de todas maneras disfrutar un poco más de tiempo en este hermoso lugar. Además, no estaba preparada para volver a casa.
Mientras caminaba hacia el ascensor, vi que estaban preparando algunos equipos de sonido en el área principal de la piscina. Eso era algo que definitivamente no me interesaba. Me pregunté si Matteo querría cenar en nuestra habitación esta noche. Por otra parte, los sonidos de mi estómago me decían que estaba sintiendo un poco de hambre. Subí a la habitación y entré.
—Aquí lo tienes, querida …
Decía Matteo de espaldas a mí. Estaba con sus shorts arremangados a sus tobillos.
—¡Oh!, cariño … Muéstramelo todo … ¡Qué lindo que es! … Quiero chupártelo y follar esa gran polla tuya …
Era la desesperada y jadeante voz de Lorena. Ella se estaba masturbando junto a Matteo. Vi el brazo de él moviéndose enérgicamente. Definitivamente lo estaba haciendo para ella.
—¡Oh!, sí … Muéstrame ese coñito apretadito … Fóllate el coño con ese juguete tuyo … Quiero ver que te corres … Piensa que es mi polla que está llenándote de semen …
Dijo él medio gimiendo. No supe que hacer, me quedé mirándolo por un rato. No me gustó mucho que esto estuviera sucediendo, tampoco quería molestarlo. Me callé y salí por la puerta, cerrándola bastante fuerte para que él supiera que lo había visto.
Caminé hasta el final del pasillo y me dirigí al balcón del octavo piso. Me apoyé en él y miré las embarcaciones que surcaban las aguas del lago; había algunos bañistas todavía. Después me vino de pensar en todo este asunto de Matteo y yo, cosa recurrente este último tiempo. Me había prometido en que no lo volvería a hacer hoy. Pero ver a Matteo teniendo sexo por videollamada con su novia de alguna manera me forzó a pensar de otro modo. Tengo que admitir que sentí celos de ella. No me gustó para nada lo que vi. No me sentía herida, quiero decir, ¿cómo iba a estarlo? ¿No estaba haciendo lo mismo con Enzo? No sé, pero cuando él regrese yo iba a continuar con él como siempre, él es mi esposo. ¿Por qué debería tener expectativas diferentes con Matteo?
Suspiré. Amar a mi esposo era mi gran fortaleza, amar carnalmente a mi hijo mi debilidad. Supongo que estoy moralizando, me estoy engañando a mí misma si pensaba que lo que hacíamos Matteo y yo no era engañar a Enzo. Honestamente no lo creía así. Pero la verdad es que necesitaba aclarar esto con mi hijo. Solo que creo que no es oportuno si lo hago muy pronto. Lo haré cuando me sienta preparada para hacerlo.
Seguí observando el paisaje y la gente alrededor del hotel; mi estomago hizo unos ruidos extraños, necesitaba comer algo.
—¡Hola, mami! … —Dijo Matteo de repente detrás de mí. Me volteé y le sonreí.
—¡Hola, cariño! …
—¿Qué haces aquí afuera? …
—Quise darte privacidad a ti y a Lorena …
—¡Oh! … Pero no tenías por qué …
—Bueno … Ya está hecho … ¿Estás listo para que vayamos a cenar? …
—Sí … Me muero de hambre …
—Bueno … Allá abajo al parecer preparan todo para algún espectáculo …
Dije señalando el improvisado proscenio y los equipos de audio.
—¡Oh! … No tengo ganas de ir a meterme en un sitio lleno de personas …
—Yo tampoco … ¿Por qué no pedimos servicio a la habitación y nos quedamos aquí arriba? …
—Esa me parece una idea excelente …
Volvimos a la habitación. Mientras caminábamos, Matteo tocó mi brazo suavemente y luego su mano se posó en la parte baja de mi espalda, fue una sensación muy agradable.
—¿Qué te gustaría para cenar? …
Pregunté mientras tomaba el menú del hotel y comenzaba a revisarlo. Tenía hambre, pero no quería atiborrar mi estomago de comida, así que elegí un aperitivo y luego tiré el menú sobre la mesita de centro.
—Yo quiero el numero cuatro y dobles aperitivos … ¿Te importaría hacer el pedido?, yo tomaré una ducha rápida …
—Déjamelo a mi … Yo me encargo de eso …
Dijo Matteo tomando el menú para examinarlo. Entré al baño, me desnudé, revisé mis líneas de bronceado, mis tetas estaban muy blanquitas con la marca de mi sujetador, también la parte inferior tenía bien marcado el calzón de mi bikini, sea por mi bajo vientre y las redondeces de mis nalgas. Luego me metí bajo la ducha. El agua caliente se hizo sentir en mi delicada piel quemada por el sol, iba a necesitar algo de crema en esa piel enrojecida. Mientras me enjuagaba, deslicé mi mano sobre mi coño, todavía sentía muy sensible mi labia vaginal. Me pregunté si iba a poder tomar esa gran polla de Matteo alguna vez sin sentir algo de placentero dolor. Minutos después salí y me envolví en una toalla.
Matteo también se dio una ducha rápida y se puso sus boxers y la bata de hotel. Nos sentamos en el sofá a ver una película mientras llegaba la comida. El personal del hotel trajo los platos, le di una propina y ellos se fueron. Miré mi quesadilla, las patatas fritas y el guacamole. Todo olía muy bien y tenía hambre. Matteo estaba haciendo los mismo con su filete, patatas fritas, huevos fritos y tacos, no sé donde le cabe tanto a este muchacho, pensé. Entonces se me ocurrió una idea, lo miré mientras cortaba la carne con su cuchillo y tenedor y agarraba con los dedos unas patatas fritas. Estaba sin camisa y devoraba su comida mirando la película.
—Matteo, cariño …
—Sí, mamá …
Miré mi plato y luego a él significativamente.
—Tesoro, me preguntaba si agregarías algo especial a mi plato …
Miró toda la comida que estaba delante de él y sin comprender, me dijo:
—¿Qué necesitas? … ¿Qué más quieres? …
Deslicé hacia el mi pote de guacamoles y le dije:
—¿Crees que puedes sacar de esa gran polla tuya un poco de esa deliciosa condimentación solo para mí?
Casi se atragantó con uno de los tacos, tragó y me miró estupefacto. Él sabía que yo quería su semen. Asintió y se bajó los boxers diciendo:
—Creo que voy a necesitar de tu ayuda, mami …
—Por supuesto, querido …
Dije desplazándome hacia su lado, sacó su pene semiduro y me apuntó:
—Cariño …
Dije mientras aferraba su garrote que comenzaba a ponerse duro:
—Cada vez que cenemos solo nosotros … Debes cuidar de mami … Me encantaría tener un montón de tu crema en mi plato o en mi boca …
—Está bien, mami …
Me incliné hacia adelante y comencé a chuparle la punta de la polla. Miré sus ojos hacia arriba y seguí masturbándolo y chupándolo. Lamí su glande estirando el prepucio todo hacia atrás.
—¡Carajo! … —Gruñó Matteo.
Empecé a masturbarlo con mayor vehemencia, cada vez más rápido y seguí chupando.
—Aliméntame, bebé … Dale todo a mami …
Gimió en manera audible y sentí que comenzaba a pulsar. Todavía no decidía si chuparlo todo o dejarlo vaciar en mi plato. Me decidí por esto último porque me encantaba ver los grandes y espesos chorros que salían disparados de su pene y quería que viera cuánto amaba su semen. Saqué su pene de mi boca, sostuve el cuenco en la punta de su polla y lo ayudé a eyacular en él. Se afirmó de mi hombro para mantener su equilibrio y disparó cuatro hermosas hebras de su semilla en mi recipiente.
—¡Ummmmm! … ¡Qué lindo hijo que tengo! …
Besé la punta de su linda polla y luego mezclé su semilla con mi guacamole.
—¡Gracias! …
Le dije. Dio un paso atrás, se tomó un instante para guardar su pene, subirse los boxers y recuperarse; luego se sentó a mi lado y siguió disfrutando de su comida y mirar la televisión.
*****
Me desperté con el fuerte sonido del viento. Estaba recostada de mi lado todavía somnolienta y aturdida por una especie de sueño intenso que ya había abandonado mi memoria. Miré hacia el balcón y vi que la puerta estaba entreabierta, llovía y al parecer había tormenta. Me senté y me froté los ojos. Estaba solo con mi camisola, mis bragas yacían en el suelo sobre la alfombra; sonreí al recordar la noche anterior.
Después de ver la película. Matteo y yo estábamos en el sofá. Me sentí cansada así que me levanté para irme a la cama. Él me detuvo tomándome de la mano. Me miró intensamente como si tuviera que decirme algo trascendental, pensé que había llegado la hora de hablar con él sobre todo lo que habíamos hecho juntos.
—¿Mamá? … —Preguntó. Su linda voz era joven e inocente.
—¿Qué pasa, querido? …
Pregunté inclinando mi cabeza en una ligera muestra de atención y preocupación.
—Mami … ¡Ehm! … Quiero comerte el coño … Pero no sé como hacerlo, mami … ¿Podrías enseñarme tu? …
Su voz sonaba vacilante y me di cuenta de que verdaderamente el no sabía cómo hacerlo.
—Quiero hacerte sentir bien, mami … Solo lo he visto en pornografía, pero no sé como hacerlo … Te amo y quiero hacer esto por ti … ¿Puedes enseñarme? …
Con infinita ternura le sonreí a mí adorable hijo. Ojalá su padre me hubiera hecho esa pregunta alguna vez.
—Sí, cariño … Ven con mami …
Le dije y me lo lleve conmigo al dormitorio. Le hice una introducción al cuerpo femenino mostrándole mi vagina como ejemplo. Me recordé que su padre nunca fue bueno para el sexo oral; él quería complacerme y eso me gustaba. Pero tener a mi hijo acostado entre mis piernas boca abajo, con su boca y sus manos en mi coño, siguiendo todas mis instrucciones era algo sublime. Al principio todo era complicado y un poco desorganizado, pero luego de un rato él encontró un muy buen ritmo para chuparme el clítoris y penetrarme con sus deditos. Poco a poco me llevó a la cima e hizo que me corriera. Pasamos a practicar el sesenta y nueve. Mi marido y yo nunca hicimos un buen sesenta y nueve porque él no aguantaba mucho; pero con Matteo fue diferente, nos quedamos chupando y lamiendo nuestros sexos por largo tiempo. Empezamos conmigo arriba y no sé cuando nos colocamos de costado con él penetrando mi boca, quiso seguir lamiendo mi coño en esa posición. Me gustó y me hizo sentir muy bien. Luego él se subió encima de mí y yo pude disfrutar de su polla cerca de mi cara y hacerlo acabar en mi boca. Le dije:
—Puedes probar a meter tus dedos en el culo de mami …
Él lo hizo y su polla comenzó a ponerse dura de nuevo en forma muy rápida. Logró meter hasta tres dedos en mi trasero estrecho mientras seguía chupando mi clítoris. Nos corrimos juntos una vez más, después de eso nos quedamos dormidos. Cada vez que me despertaba, mi hijo estaba chupando mi coño. Al final él también se quedó dormido.
Me puse las bragas y me levanté, estiré mis brazos y caminé hacia Matteo en el balcón.
—Buenos días …
Dije mientras me apoyaba contra la puerta francesa. El viento soplaba y la lluvia caía en ráfagas de agua muy fina.
—Hola, pensé que iba a estar despejado toda la semana …
Dijo mirándome.
—Debe ser una de esas bajas segregadas que anuncian en televisión en los boletines … Duran solo algunas horas y desaparecen …
Asintió y luego entró iniciando a caminar a la cocina.
—Te preparé un café …
Dijo cuando pasaba junto a mí. Rápidamente regresó con una taza humeante en su mano.
—Gracias, bebé …
Dije y tomé la taza; luego le sonreí cuando noté un remolino de semen fresco de mi hijo.
—¡Uhm! … Te acordaste, ¡eh! …
Le dije dulcemente y lo besé en la mejilla.
—Imposible olvidarlo …
Dijo y besó mi espalda causándome un escalofrío de pies a cabeza. Los labios de mi coño hormiguearon. Tomé un sorbo y cerré los ojos. Era inconfundible el sabor de miel del semen de mi hijo; respiré y lo saboreé profundamente mientras mi corazón comenzaba a acelerarse. Sabía que era una adicta. Abrí los ojos lentamente y lo encontré encuadrándome con sus lindos ojos.
—Entonces … ¿Qué vamos a hacer hoy? …
Preguntó señalando al lluvioso día que se presentaba.
—¡Ehm! … No sé …
Respondí sentándome en la cama, volví a tomar un sorbo de café. Podía imaginar a mi hijo frente a la taza de café mientras se masturbaba. ¡Que chico más lindo!
—¿Cuándo regresa papá? … —Quiso saber él.
—Lo último que me dijo es que regresaría el viernes por la mañana …
Miré mi celular y no tenía ningún mensaje. En eso el celular de Matteo comenzó a zumbar:
—Es Lorena …
Dijo y tomó su teléfono para irse de carrerita a su habitación. Me quedé saboreando mi café y mirando la violencia de la lluvia al exterior. Sentí que mi cuerpo estaba un tanto rígido. Necesitaba salir y estirarme.
Me dirigí a mi armario y me vestí con mi ropa de yoga; unos leggings muy ajustados y una polera sin mangas. Luego me encaminé hacia el gimnasio del hotel, sabía que se impartían sesiones de yoga, pero no sabía si el día de hoy encontraría al Maestro. No quise husmear en lo que estaba haciendo Matteo con Lorena en la videollamada, era asunto de ellos y yo debía mantenerme alejada por mi propio bien. Agarré la tarjeta llave y salí de la habitación.
Me fui dando saltitos desde el ascensor hasta el gimnasio para evitar de mojarme con la lluvia, llegué al lugar y descubrí que efectivamente había una clase de yoga, me registré, tomé mi tapete y mi toalla, encontré un lugar cerca de la parte posterior y me ubiqué en ese lugar. Había más gente de la que esperaba, supuse que era por la lluvia. Me senté en mi colchoneta, respiré profundamente y comencé a hacer ejercicios de estiramiento para aliviar mi tensión y pensar relajadamente.
Mientras arqueaba mi espalda estirando al máximo mi pierna hacia atrás, entró El Maestro, que en este caso era una hermosa mujer de mediana edad con rasgos indígenas. Empezó la música y volví a concentrarme en los ejercicios. Mi cuerpo estaba rígido y adolorido. Pensé en el sexo que tuve con Matteo. Mentalmente recorrí las partes de mi cuerpo adoloridas y reconocí que era por causa de que Matteo me follaba muy fuerte. Su pene estaba siempre tan duro, además, era tan largo que llegaba muy dentro de mí. Nunca antes había tenido algo así de grande en mi panocha. Mientras lo pensaba más quería volver a sentirlo. Era un dolor que hacía bien. Un dolor placentero. Era como si su pene perteneciera a mi conchita y quisiera recorrer todo mis recovecos. Podía imaginar cuando la punta de hongo de su pene llego a inflar mi estómago justo bajo mi ombligo. ¡Mierda! ¡Cuánto me gustaba la polla de mi hijo!
Abrí los ojos cuando cambiamos de posición. Sentí el estiramiento en mí columna vertebral y los tendones de mi espalda, contraje mis nalgas y volví a estirar mi pierna. Mi trasero se sentía durito. Pensé en Matteo follando mi culo con sus dedos. La forma en que él miraba mi trasero cuando se masturbaba. Sabía lo que quería intentar con él, pero me daba un poco de miedo. La polla de mi hijo es tan grande. Me giré boca abajo y levanté mi torso tensando mis piernas y mis glúteos. Empujé mi trasero hacia arriba e imaginé que se lo ofrecía a mi hijo. Eso es lo que quería; quería que Matteo me follara el culo con su gran polla.
—¡Mierda Alessia! …
Murmuré en un bisbiseo y abrí los ojos. Sexo. Sexo. Sexo. No podía dejar de pensar en Matteo y su linda polla. Escuché un gruñido y el hombre a mi lado derecho me estaba mirando el culo. Era algo que no necesitaba. Respiré profundamente y decidí que era hora de irme. La sesión no había terminado, pero estaba perdiendo la calma y mi panocha se estaba caldeando, pensando a Matteo. Tomé mi tapete y salí. Los ojos del hombre aquel estaban fijos en mi trasero. No pude evitar de sonreír.
Regresé por las aceras cubiertas, llegué al ascensor y subí hacia mi habitación. Mis manos comenzaron a temblar mientras pensaba en abrir mis nalgas y ofrecerle mi culo estrecho a mi hijo. Mi panocha estaba tan mojada que me pregunté si se notaría a través de mis estrechos pantalones de yoga. Busqué la tarjeta llave y abrí la puerta.
—¡Hola, Matteo! …
Dije mientras cruzaba la puerta. Mi saludo fue en modo casual y maternal.
—¡Sorpresa! …
Dijo Enzo saltando repentinamente desde el sillón. Matteo estaba sentado frente a él y me miraba con una mirada nerviosa.
—¡Hola, bebé! …
Le dije suavemente. Dejé la llave sobre el comodino, me acerqué a mi marido y le di un gran abrazo y por sobre el hombro miré a Matteo guiñándole un ojo. Él estaba con los ojos muy abiertos y solo se encogió de hombros.
—Tu sabes que tengo amigos en todas partes … Así que hice un par de llamadas y logré obtener un cupo en un vuelo más temprano …
Me dijo Enzo hablando cerca de mi oído y apretando mi cuerpo al suyo, luego agregó:
—Tuve que hacer una rara combinación, pero llegué dos días antes … Así que valió la pena …
—Estoy tan feliz, tesoro …
Dije, pero en gran parte era mentira. Seguí abrazándolo y luego le di un beso. Sus labios me parecieron familiares, se sentían bien, reconfortantes y tiernos.
—Yo también, mi amor … Yo también …
*****
Me fui a la ducha para limpiarme después de la sesión de yoga, mientras mis hombres parloteaban en la sala de estar y veían las peleas de la UFC. Dejé correr el agua caliente mientras observaba mi cuerpo al espejo. Me temblaban las manos y me di cuenta de que mi respiración estaba algo agitada, como si estuviera teniendo un ataque de pánico o ansias.
—¡Tranquila, Alessia! … ¡Tranquilízate! …
Respiré profundamente, lo sostuve y esperé. Luego otro y otro. Mi mente iba alocadamente en todas direcciones. Mi cuerpo todavía temblaba por el deseo y la expectativa. Me desnudé lenta y cuidadosamente. Mi coño estaba muy sensible y mi culo también.
—¡Malditas hormonas! …
Insuflé mis pulmones con otra profunda respiración purificadora y sentí que mi pulso comenzaba a ralentizarse. Cerré los ojos y me concentré en el ruido del agua, tratando de no pensar en nada, pero no lo conseguí. No estaba preparada para analizar y asumir cómo me sentía. Esperé. Dejé salir lentamente el aire y volví a respirar profundamente.
—Está bien Alessia, aquí estamos …
Farfullé entre dientes y miré al reflejo que me devolvía el espejo. Me metí bajo el agua y comencé a pensar en todo otra vez. Entonces; Enzo estaba de vuelta más pronto de lo que esperábamos. Me alegré por eso. Por supuesto que estaba contenta; lo amaba, él era mi centro de atención, él era mi hogar, él era mi hombre y mi esposo. Pero habían sucedido tantas cosas en estos últimos días, que me estaba cuestionando todo sobre mi familia.
—Esto me está sobrepasando …
Dije con la cabeza gacha y el agua chorreando mis cabellos. En estos últimos días habían pasado varias cosas o quizás solo me di cuenta a raíz de aquello. Amaba a Enzo. Nunca dejé de amarlo. Lo he amado toda mi vida. Pero también amaba a Matteo. Él es mi hijo. Siempre lo había cuidado y amado. Los amaba a ambos con todo mi corazón. Pero se había formado una diferencia. Lo que sentía por Matteo era como una extensión nueva y sorprendente de ese amor de mamá. Eso es todo lo que era. Sí, es cierto, también había lujuria, mi panocha caliente y mis malditas hormonas, pero no era simplemente eso. Algo había nacido entre él y yo. Algo muy real y sólo entre nosotros dos. Era nuestro secreto. Un secreto necesario. Un secreto que ambos necesitábamos. Pero debíamos establecer límites. Eso es lo que hace una buena madre y yo me iba a encargar de poner los topes a nuestra hermosa relación.
Salí de la ducha y me sequé. Envolví una toalla alrededor de mi cabeza mojada y luego me puse la bata del hotel. Me fui a mi tocador y comencé a espalmar loción sobre mi cuerpo. Escuché que se abría la puerta del dormitorio y por un segundo no supe quién iba a entrar.
—¡Hola, nena! …
Dijo mi marido cerrando la puerta tras de sí.
—Lo siento si vengo a molestarte … Simplemente te extrañé demasiado …
Le sonreí coquetamente en el espejo y le dije.
—Yo también te extrañé, cariño …
Él se acercó por detrás y me puso la mano sobre mi hombro. Se inclinó y me besó en el cuello suavemente. Una vez, dos veces, tres veces. Enseguida me dio un delicado mordisco en mi lóbulo. Mi entrepierna comenzó a encenderse y los latidos de mi corazón se aceleraron. Sentí que mi piel se electrizaba. Me giré y lo besé, él sostuvo mi cara y me devolvió el beso apasionadamente. Nos besamos lenta y tiernamente. Con mucho amor. Nuestras bocas colaboraron y se fundieron en un beso francés. Poco a poco él me giró hasta ponerme frente a él. Deshice el nudo de mi bata y la dejé hacer por mis hombros. El fresco aire acondicionado envolvió mi cuerpo y mis pechos expuestos se endurecieron junto a mis pezones. Enzo se inclinó frente a mí y comenzó a chupar mi seno izquierdo. Su boca se sentía como la de un viejo amigo, acariciando y chupando cálidamente un terreno que le pertenecía. Agarré sus cabellos y empujé mi teta en su boca. Esto me hizo sentir muy bien.
Pasito a pasito nos acercamos a nuestra cama. Enzó me hizo recostar y se sumergió entre mis piernas a chupar mi panocha. Arrodillado sobre la alfombra, levantó mi piernas, abrió mi conchita con sus dedos y se lanzó de cabeza a hozar entre mis mojados pliegues. Besó mi coño como si fuera una boca. Fue amable y a la vez familiar. Gimió entre mis muslos haciéndome tiritar de pasión.
—Ven … Te quiero …
Le dije y lo tiré encima de mí. Enzo se bajó los pantalones y empujó su dureza entre mis muslos, agarré su polla, la encanalé con mi agujero resbaladizo y lentamente mi marido entró todo enterito en mí. Lo rodeé con mis piernas y nos besamos mientras él me follaba. Se sentía bien, muy tierno. Lo necesitaba. Rompió nuestro beso por un momento y me susurró al oído.
—Te amo …
Busqué sus labios y seguimos besándonos. Él comenzó a embestirme más rápido. Gemi en su boca sintiendo su conocida y familiar polla. No estaba ni cerca de un orgasmo, pero disfrutaba el momento de follar con mi marido. Quería que él me llenara. Él gimió y rompió nuestro beso. Empujó más rápido y yo gemí con él. Su pecho presionaba mis senos y su entrepierna embestía mi entrepierna. Estábamos conectados como marido y mujer. Enardecidamente lo apuré:
—Sí, cariño … Sí …
Me dio un par de empujones más enérgicos y se corrió en mi coño. Se quedó jadeando y su pene se ablandó rápidamente. Me besó de nuevo y salió de mí. Lo sostuve encima de mí. Deslicé mis manos por su espalda y agarré su trasero. Era cálido y familiar. Él era mi amante. Él era mi marido. Lo bese de nuevo y le susurré sonriendo:
—Puedo sentir que me extrañaste mucho …
Él me sonrió y cuidadosamente se bajó de mí, recostándose a mi lado:
—Claro que sí … Estuve pensando en hacer esto todo el tiempo cuando estaba en el avión …
Le tomé la mano y me puse de costado.
—Escucha, hombre sexy … ¿Estás diciendo que tuviste tu polla dura durante todo el vuelo? …
Dije en tono juguetón.
—Pues sí, señora …
Me dijo en un tonto acento extranjero. Me reí. A veces él era cursi. Pero era todo mío en cuerpo y alma. Nos quedamos acostados el uno al lado del otro. Luego él se levantó para ir a ducharse. Volví al tocador y me arreglé un poco, con una toallita limpié el semen de mi marido que chorreaba de mi panocha. Me puse un poco más de loción y luego me vestí. Podía escuchar a Enzo canturreando bajo la ducha y me sentí feliz, porque él era feliz.
Salí a la sala de estar y me encontré que Matteo estaba recostado en el sofá a mirar la televisión. Él me miró y sonrió.
—¿Cómo estuvo tu ducha? …
—Bien … Muy bien …
Dije y me recordé de los límites, debía ponerle bordes y topes a lo nuestro. Me senté a su lado y le toqué la pierna. Mi corazón comenzó a latir más rápido otra vez.
—Entonces, Matteo …
Dije y miré hacia la puerta del dormitorio para asegurarme de que Enzo todavía estaba bajo la ducha.
—Es sobre todo lo que ha pasado …
Dije y él me miró con sus hermosos ojos ensoñadores. Pude percibir un poco de temor en su mirada por lo que le iba a decir.
—¿Sí, mamá? …
No quería que sintiera miedo. Él no tenía nada que temer. Suspiré indecisa sobre que decirle. Me acerqué un poco más a él y no pude resistirme. Deslicé mi mano por su muslo hasta su entrepierna. Su monstruosa polla se sentía jodidamente bien. Sentí que se ponía duro. Lo solté y metí uno de mis dedos en la pretina de sus pantalones. Matteo inmediatamente se sentó y uso una mano para bajar la parte delantera de sus shorts y su gran polla saltó como un resorte. Mire esa enorme cabezota a forma de hongo y supe que la necesitaba. Toda la renuencia y los límites y los topes simplemente se desintegraron ante la majestuosidad de su polla tiesa como palo.
—Necesito que me nutras, Matteo …
Le susurré desesperada mientras bajaba mi boca hacia su polla.
—Por favor, sé rápido … Lo necesito …
Mi boca estaba sobre su polla, el agarró su polla de la base y me la dio de comer. Puse ambas manos sobre sus muslos y moví mi cabeza arriba y abajo alocadamente. Cada vez tomaba su pene hasta la mitad aproximadamente. Apreté mis labios a su alrededor y chupé con todas mis fuerzas. Miré a mi hijo con ojos suplicantes y moví mi cabeza para que me la diera toda. Con la mano izquierda empujó mi cabeza contra su polla y con la derecha masturbó enérgicamente su gruesa y larga pija.
—Sí, mamá … Sí … Me encanta tu boca … Sigue chupando que ya viene …
Nuestros ojos se quedaron pegados el uno en el otro mientras chupaba y él empujaba mi cabeza. La conexión con mi hijo era completa, como si su polla estuviera en su espacio natural, mi boca. Mi boca era como un refugio para su polla. Encajaba perfectamente. Apreté sus muslos y seguí chupando, moviendo mi cabeza a un ritmo constante y mis mejillas se hundieron de tanto chupar.
—¡Uuuuuuuhhh! …
Gemí al sentir la sapidez de su liquido preseminal. Empezó a magrear su pene más rápido, su mano tocaba mis labios y luego gritó:
—¡Oh, mierda! …
Algo de mi saliva comenzó a escurrir hacia mi barbilla, así que me concentré en cerrar más mis labios para no dejar escapar nada. Mantuve mi cabeza en movimiento al ritmo de la mano de mí hijo. Sentí que él empujaba mi cola de caballo contra su polla, su pecho se agitó. Más Saliva y liquido preseminal filtró de mi boca. Comprendí que estaba muy cerca de su liberación y yo la necesitaba más que nunca. Seguí moviendo mi cabeza a un ritmo más relajado en comparación a su mano. La mitad superior de su pene estaba en mi boca y yo la chupaba deliciosamente, la otra mitad estaba en la mano de Matteo que la acariciaba furiosamente. Empujaba mi cola de caballo con vehemencia y respiraba agitadamente. Su rostro estaba un poco más cerca del mío.
Mientras él apretaba mi cola de caballo con su puño cerrado, lo único en que podía pensar, era: “Sí, cariño. Úsame. Usa la boca de mami como uno de tus calcetines de semen”. De repente le oí gritar:
—¡Joder! …
Empujó con fuerza mi nuca y sacó su mano de su pene. Entonces me tragué su polla hasta el final de mi garganta, enseguida la tibieza de su semen comenzó a inundar mi tráquea. Matteo empujó su polla aún más adentro y escuché mi propio garguero tragando todos esos exquisitos borbotones de semen. Mis tragos eran en perfecta sincronía con la velocidad con que él disparaba sus candentes chorros. Era como si estuviera destinada a hacer esto para toda mi vida. Destinada a ser una ordeñadora de penes. Apretó mi cola de caballo, soltó un gemido y me lanzó otro grande chorro cálido de su néctar de hombre. Luego comenzó a apaciguar su furia y ardor. Levanté lentamente mi boca y su polla vacía salió fuera de mi boca. Metió en sus shorts su pija mojada, pegajosa y blandengue, y se subió los pantalones, me miró con los ojos vidriosos y dijo:
—Mamá … No me pidas que detengamos esto … Sé que papá está aquí, pero por favor …
No pudo continuar, su voz se apagó, él me estaba suplicando.
—¡Sssshhhh! …
Lo hice callar muy suave y maternalmente. Mí mirada hacia él se suavizó y lo único que sentí fue un inmenso y cálido amor materno. Él todavía era mi bebito. Me limpié los labios y la boca:
—No, cariño … No creo que sea necesario que paremos … Sólo tenemos que hacerlo con más cuidado y ser sinceros entre nosotros …
—Está bien … Estaba preocupado, porque no creo que pueda de dejar de hacer esto contigo …
—Lo sé, cariño … A mi me sucede lo mismo …
(continuará …)
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