Nuestras vacaciones. - Tercera parte

por
género
incesto

La mañana transcurrió como si nada hubiera pasado. Enzo se despertó casi una hora después y tomé junto a él otro café. Estábamos en nuestra cama y nos abrazamos. Traté de ser el máximo de cariñosa con él para no hacerle pesar lo que había sucedido la noche anterior. Había navegado en mi celular y concluí que lo que le había pedido esa noche era más de lo que él me podía dar. Ahora sé que todo hombre después de una cierta edad necesita recargar su energía antes de poder seguir en ciertos juegos que demandan un gran consumo de energía.


Tal vez estaba demasiado borracha y cargada de lujuria y no supe medir mis avances, estaba recién enterándome de tantas cosas, todavía me debía educar al respecto, hay cosas que no pueden ser porque el cuerpo de la otra persona no da para ello. Así de simple. Somos seres humanos y tenemos nuestros limites, sobre todo hombres y mujeres. Mis fantasías y expectativas estaban fuera de toda realidad.


Mi mente volvió a Matteo y su gran pene lanzando muchas y copiosas descargas de cálido semen. Fue una de las cosas más eróticas que haya presenciado. Era mucho mejor que cualquier relato o video porno que pudiera ver en mi celular. Había sucedido y yo había visto todo en primera persona, no era ninguna fantasía. Comencé a codiciar esas descargas, aunque si todavía no entendía bien como me iba a beneficiar de ellas. Solo sabía que había sido impactante la forma en que él miraba mi culo. La forma en que él anhelaba y ansiaba verme. La fuerza en que él se corría solo viendo mi trasero medio desnudo.


Sacudí esos pensamientos cochambrosos de mi mente y nos fuimos a tomar una colación. Matteo actuó con toda naturalidad y eso me ayudó a que yo pudiera actuar del mismo modo y más tranquila. Enzo fue muy dulce conmigo, fuimos tomados de la mano todo el rato y coqueteo con ese afecto suyo sincero hacia mí, hizo que me sintiera adorada y yo me sentí más enamorada de él. Desayunamos en una terraza con vistas al lago. Me pareció increíble que recién estuviéramos empezando nuestras vacaciones.


Luego durante el día, varias veces encontré a Matteo mirándome. Era una mirada intrigante y cómplice, simplemente le guiñe un ojo cada vez que pude hacerlo. Intente llevarlo como si fuera un inocente juego entre él y yo, una normalísima interacción entre una madre y su hijo. Pero yo sabía que era más que eso. Ya habíamos formado entre nosotros un vinculo que comenzó la noche anterior y se reforzó esta mañana.


No podía negarlo aunque lo intenté. Esperaba que Lorena le hiciera llegar muchas fotografías con las cuales él se podría masturbar y no pensara en mí. Pero yo sabía que la conexión entre él y yo ya estaba creada. Me era difícil discernir que era lo mejor para nosotros, tenía mis propias necesidades y deseos involucrados en esta escabrosa mezcla. No era una cosa simple, pero debía pensar en lo mejor para él y descartar cualquier interés mío en toda esta ecuación. Pero él había despertado un sentimiento nuevo en mí. Por primera vez estaba reconociendo esta necesidad fuerte y no estaba segura de poder reprimir estos nuevos deseos.


Miré a Enzo y luego a Matteo mientras conversaban y bromeaban. Amaba a mi marido profundamente, pero sabía que él ya no me podía satisfacer. Tampoco podía esperar que lo hiciera. Tenía un fuego en mi que él no podía apagar, pero también sabía que nunca iba a buscar una solución fuera de la familia. Eso nunca iba a suceder. Luego mi ojos se fijaron en Matteo; fuerte, orgulloso, divertido, cariñoso, una copia joven de mi marido. Hasta ahora solo lo había visto masturbar su enorme polla. No había sucedido nada más entre él y yo. Si hubiera sucedido esto con algún otro hombre adulto, lo hubiera considerado como un engaño hacia Enzo. Pero no lo fue. Fue solo con mi hijo y lo único que hice fue mostrarle mis posaderas y mi ropa interior. Esto me tranquilizó y me pregunté si volveríamos a hacerlo. Quizás sí o quizás no.
—Bueno … No tuve tiempo de comentarte sobre la llamada que tuve ayer …
Dijo Enzo mirándome bastante seriamente. Lo miré y sonreí.
—Lo sé … Supuse que era solo algo de último minuto y necesitaban que tu fueras al rescate … Cómo el héroe que siempre has sido …
Enzo me sonrió. A él le gustaba ser mi héroe. Era tan lindo.
—¡Ehm, sí! … Algo así, pero no del todo … Hoy me llamaran y tendré más información sobre lo que deberé hacer …
—¿Cómo que deberás hacer? … ¡Estás de vacaciones! … ¡Deja que ellos se encarguen! …
Dije un tanto disgustada arrugando el ceño en alarma.
—Bueno … Estábamos por concluir un gran contrato, muy fructífero con un nuevo cliente … Solo que por burocracia nos fuimos atrasando y ahora toda la documentación está lista para firmarlo …
No me hizo ningún sentido ni ninguna gracia lo que me estaba explicando. Esto había sucedido antes, pero nunca mientras estábamos de vacaciones. Yo ya sabía para donde iban las coas, pero esperanzada pregunté:
—¿Y qué significa eso? …
—Que la contraparte llegó ayer al país y la documentación esta lista, solo debemos firmar … Esto va a ser uno de los mayores contratos de la empresa, ¿sabes? …
—¡Genial! … Diles que esperen a que regresemos de nuestra vacaciones y firma todos los papeles que tengas que firmar cuando regresemos …
Enzo me miró y arrugó su frente.
—Eso fue lo que les dije ayer … Pero están acompañados con un equipo de abogados y quieren concluir la firma del contrato a la brevedad … Es algo muy lucrativo para nosotros …
—¿Y acaso la empresa no tiene otros ejecutivos que puedan firmar? …
Pregunté ofuscada.
—El jefe soy yo, querida …
—¡No es justo! … ¿Por qué ahora? …
—Bueno … Así están las cosas … Me lo harán saber más tarde …
Respondió encogiéndose de hombros y alzando sus brazos frente a él.
—Enzo … Tú y yo sabemos cómo va a terminar esto … No te habrían llamado si hubiera otra solución …
Tuve cuidado de no enojarme con él. No era su culpa. Al menos no del todo.
—Lo sé … —Dijo con cierta resignación.
—¿Puedo preguntarte por qué necesitas ir allí? … Quiero decir, ustedes son una empresa de software y dominan todo en torno a esa tecnología … Internet está en todas partes ... ¿Por qué no entras a Zoom o como se llame eso y solucionas todo digitalmente? …
El dueño de la empresa era conocido por ser esclavizador con sus empleados. Lo conocí en un festejo de la empresa y anduvo detrás de mí casi toda la tarde. Lo rechacé rotundamente y lo puse en su lugar. El hombre disfrutaba del poder y disfrutaba esclavizando a su personal. Es cierto que los sueldos eran estupendos y había que cuidar la posición. Enzo era jefe de un equipo de ingenieros graduados, pero él había alcanzado solo un año de universidad y nunca se había graduado, solo que era un autodidacta muy preparado y capaz, siempre estaba estudiando las nuevas tecnologías y sorprendía a muchos su competencia y cualificación. Enzo tenía muy claro de no ser un graduado y por eso siempre se sintió obligado a superarlos a todos, esto fue aprovechado por el dueño de la empresa y lo puso a cargo de importantes proyectos, justo como estaba sucediendo ahora. Había un nutrido equipo de profesionales en la empresa, pero quien debía dar el visto bueno final era mi marido. Como esto siempre nos afecto en forma positiva; Enzo siempre se preocupo por nosotros y era buen padre, buen marido, cariñoso; nunca quise poner en discusión este tipo de cosas.
—Es porque este nuevo cliente nos financiará importantes proyectos y hay una competencia descarnada por tener un acuerdo con ellos … Los elegidos fuimos nosotros y no podemos dejar escapar esta oportunidad de comenzar a competir con los grandes … No soy él único que debe comparecer ante ellos, también nuestros principales ingenieros han sido llamados …
Lo que a mi me importaba es que me iban a privar de la compañía de mi marido solo por el vil dinero. Entendí que no podía competir con los negocios y la única palabra que se me ocurrió proferir fue:
—¡Mierda! …
Luego se me cruzó por la mente que si el se iba, también nosotros nos íbamos, así que lo interpelé al respecto:
—Entonces … ¿Estás diciendo que si hoy te llaman nos iremos de regreso a la ciudad? …
—¿¿Qué?? … ¡Pero si acabamos de llegar! …
Intervino abruptamente Matteo. Enzo lo negó con la cabeza.
—No … Estas vacaciones ya han sido pagadas … Tú y tu madre se quedarán y disfrutaran del resort … Sí todo va bien, en algunos días podre estar de regreso … Dos o tres días más … Si tardo más, todavía nos quedaría una semana más para estar juntos … Hasta podríamos quedarnos algunos días más que eso …
La propuesta de prolongar nuestras estadía en este hermoso lugar era más que convincente, así que asentí y dije:
—Está bien, cariño … Se que tienes que hacer lo que tienes que hacer … Ve y vence … Eres un héroe y un ganador …
Enzo me sonrió y besó mis labios suavemente.
—Lo siento, cariño … Gracias por ser siempre tan comprensiva …
—No te preocupes … No soy la única que necesita un héroe cerca …
Volvió a sonreír y me estrechó en sus brazos. Cerca de media hora más tarde recibió la fatídica llamada, le informaron de la hora del vuelo y que tenía un pasaje a su nombre en el aeropuerto para hoy día mismo. Empaqué todo lo necesario en la maleta más chica de Matteo. Caminamos todos hacia el vestíbulo, luego llegó el taxi, le di un largo abrazo.
—Lo siento … —Me susurró al oído.
—No necesitas disculparte, tesoro … Estoy muy orgullosa de ti y de todo lo que haces por nosotros … Que tengas un buen viaje, llámame en cuanto aterrices y mantenme informada …
Susurré colmándolo de besos.
—Lo haré …
Dijo y subió al taxi. Nos quedamos Matteo y yo mirando al taxi que se dirigía al aeropuerto. Cuando desapareció hacia la autopista, nos dimos vuelta y comenzamos a caminar silenciosamente de regreso a nuestra habitación.


Pasamos el resto de la tarde bañándonos en la piscina y tomando un poco de sol. Yo tenía mi libro de relatos, mi bikini y mis auriculares. Matteo tenía sus celu, auriculares y la necesidad de comer cada veinte minutos. Muy pronto disfrutamos de nuestro modo de vacaciones. Sentada en una tumbona, leía mi libro y tenía un daiquirí que sorbía de tanto en tanto. Matteo estaba sentado a la barra comiendo su enésimo entremés; caminó hacia mí y se tumbó en su silla. No hablamos mucho de nada, nuestra agenda estaba colmada de nada que hacer. Acordamos de irnos a reposar a eso de las cuatro, para escapar del sol quemante y programar la cena. Caminamos de regreso a la habitación y Matteo recibió una llamada de Lorena, conversó con ella y le contó que su padre había tenido que volver a la ciudad por necesidad de su empresa. Se lamentaba por ello y concluyó que nunca trabajaría para un jefe tan abusador y explotador.


Intenté no escuchar, solo verifiqué la hora de llegada de Enzo a la ciudad y luego me fui a mi habitación para ponerme un poco de loción y cremas protectoras de sol. Matteo se quedó en la sala de estar a hablar con Lorena. Cerré la puerta para tener algo de privacidad, me desnudé quitándome mi bikini y me miré al espejo para ver como iba mi proceso de bronceado. Mi piel era tersa y blanca y como resultado muy sensible al sol, mis senos tenían tenuemente la marca de mi sujetador y bajo mi vientre se dibujaba la marca de la parte inferior de mi bikini. Me coloqué un par de cómodas bragas y comencé a espalmar aloe sobre mi piel brillante, sobre todo en los lugares más rojos. Poder aplicarme loción era una de mis actividades favoritas durante las vacaciones. La sensación de estar bajo el sol me dejó algo cansada, pero al mismo tiempo energizó mi cuerpo.


Sentada frente al espejo del tocador miré mis tetas, había una clara marca blanquecina sobre la piel protegida por mi sujetador; tomé nota de ello. Debía preocuparme de tomar una línea de bronceado uniforme para poder vestir otras prendas y lucir mi bronceado sin marcas. Afortunadamente, mis pechos y pezones eran bastante simétricos y se alineaban bien entre sí. Mis pechos estaban ligeramente caídos, pero de ningún modo colgando; sabía que no podía ganarle a la gravedad, pero si los trabajaba un poco podría hacerlos más duros y paraditos. Por ahora estaban bien, pensé. Eran bastante grandes, pero no lo suficientemente pesados como para causarme mal de espalda. Mi talla normal variaba entre 34C y 36C, dependiendo de la marca del sujetador.


Escuché que llamaban a mi puerta. Recogí la bata que proporcionaba el hotel, me la puse y la aseguré amarrando el nudo alrededor de mi cintura y luego fui a abrir la puerta del dormitorio. Me encontré con Matteo frente a mí sonriéndome. Vestía un polo parecido al de Enzo y pantalones cortos azul marino. Parecía un estudiante universitario.
—Solo quería saber si estabas lista … —Dijo sin dejar de sonreír.
—No … Todavía no … ¡Estamos de vacaciones! … Me tomo mi tiempo … No tenemos ninguna prisa …
Dije regresando a sentarme frente al tocador. Matteo me siguió dentro de la habitación.
—¿Cómo está Lorena? … —Pregunté distraídamente.
—Ella está bien … Me extraña mucho …
Me reí y lo observé a través del espejo del tocador, luego agregó:
—Ella piensa que papá debería buscar un nuevo trabajo …
—Yo pienso exactamente lo mismo, ¿sabes? … Pero no debemos decírselo … Me refiero a tu padre …
—Lo sé … Él hace mucho por nosotros …
—Así es …
Dije pensando a mi marido y todo lo que nos prodigaba con su trabajo. Comencé a cepillar mis cabellos y le pregunté:
—¿Dónde quieres cenar esta noche, cariño? … Hay tres o cuatro lugares dentro el resort donde elegir … También hay un local cerca de la playa, pero no sé si ese está abierto para cenar …
Matteo me miraba atentamente como me preparaba, y respondió:
—Sí … Lo está … Ya lo he comprobado … Sería genial si podemos ir a ese …
—Suena como una buena idea …
Dije mientras sostenía mi cabello levantado detrás de mí cabeza; estaba tratando de decidir si hacerme un moño o simplemente una cola de caballo.
—¿Mamá? … —Dijo Matteo.
—Sí, querido … —Respondí decidiendo recoger mi cabello en un moño.
—Mientras hablaba con Lorena … Ella comenzó a hablar sucio …
—¿Deveras? … —Pregunté con voz neutra para no delatar que mi corazón comenzaba a agitarse.
—Sí …
Dijo Matteo mientras se posicionaba justo detrás de mi hombro, luego continuó:
—Me puse muy cachondo … Incómodamente cachondo, ¿sabes? …
—Apuesto que sí …
Dije fingiendo que estábamos hablando de algo sucedido la semana pasada.
—Sí, mami … Súper incómodo …
Dijo mientras observaba que metía sus pulgares en la pretina de sus pantalones y comenzaba a tirarlos hacia abajo. Pude ver unos mechones de su vello púbico y luego como por arte de magia apareció la brillante cabezota hinchada de su pene. Estaba duro como palo y totalmente erguido pegado a su estómago como un obelisco carnoso.
—¡Oh! … ¡Qué lástima! …
Dije ordenando mis cabellos con alfileres y luego me di vuelta para mirarlo. Me encontré con su polla amoratada y tiesa. Sus pulgares se mantenían sujetando la pretina de sus pantalones para mantenerlos bajo sus bolas. Lo miré y le dije:
—Creo que no podremos ir a cenar si tú tienes esa cosa dura que no te deja ni caminar …
—Apenas cabe en mis pantalones, mami …
—¡Ehm! … Sí, puedo verlo …
Dije viendo su ranurita goteando líquido preseminal, su cabezota comenzaba a mojarse. Era como una pequeña afluente de delicias que se derramaba por su tótem de carne y que me venía una ganas irrefrenables de lamer. Le pregunté:
—Entonces … ¿Qué quieres que hagamos al respecto? …
Pregunté apretando estrechamente mis muslos. Mi coño estaba hecho un desastre e inundado. Hice todo lo que pude para no traicionar lo terriblemente cachonda que estaba.
—Creo que voy a necesitar tu ayuda, mamá …
Dijo suave y con voz enronquecida. Moví mi cabeza afirmativamente.
—Entonces es inútil que mantengas tus pantalones arriba … Necesitas tus manos libres … ¡Bájalos ya! …
Matteo lo hizo y pude admirar la consistencia de su polla y la majestuosa envergadura. Se me quedó mirando y luego bajó sus pantalones hasta los tobillos. Su miembro gallardo y duro se movía de lado a lado. Su saco de bolas sólo hacía aparecer que su pene pareciera más grande y atractivo. Me imaginé todo el semen que podían contener. Todavía tenía la imagen matutina de los espesos chorros cayendo dentro del inodoro.
—Acaricia tu pene por mí, Matteo … Quiero verte lo más duro posible …
Le dije. Él agarró su verga con su mano derecha y comenzó a bombearlo lentamente hacia arriba y hacia abajo. Abrió sus piernas al máximo, sus bolas colgaban y se columpiaban al ritmo de sus movimientos, su polla se veía muy hermosa. Enzo tenía una hermosa polla, de buen tamaño, derechita y gruesa. Pero esta de Matteo en su conjunto era mucho más. Muy parecido, pero más grande, grueso y duro.
—Genial … Puedo ver que te has puesto más duro …
Le dije. Él comenzó a acelerar sus movimientos. Su polla parecía hinchada. Su mano iba velozmente sobre toda la longitud de su estupenda polla. Se le formó una gota perlada en la punta que parecía crecer y luego se derramaba por la longitud de su polla y su mano. Me fascinó poder contemplar toda esa actividad así tan de cerca. Era como si de pronto una fantasía se hiciera realidad. No era pornografía, no era obscenidad, tampoco arte, sólo algo muy real. Era como contemplar un falo religioso grande y de puro placer.
—Mami … ¿Puedo ver tus tetas? …
Me dijo Matteo entre gemidos. Me tomó un poco por sorpresa. Sabía que estaba involucrada en esto, pero no de modo directo. Era sólo él a darse placer. Estar de frente a él en algún modo era diferente. Pensé que era justo lo que me estaba pidiendo. Deshice el nudo de mi bata y esta se abrió parcialmente dejando ver parte de mi escote, pero mis pechos y pezones permanecieron cubiertos. Matteo tragó saliva y exhalo un gemido y siguió acariciando su polla.
—Quieres ver las tetas de mamá, ¿eh? …
Pregunté deslizándome hacia el borde de la silla. La bata se abrió en una especie de “V” en el medio de mi pecho hasta justo debajo de mi ombligo. Observé que de la polla de mi hijo brotaron algunas lágrimas más de su néctar nacarado y embadurnaba sus dedos.
—Sí …
Dijo Matteo respirando afanosamente, acelerando el movimiento de su mano y mirándome ávidamente con codiciosa lujuria. Luego añadió:
—Tus tetas son tan lindas como tú, mamá … Me encantan, siempre he soñado con ellas …
Deslicé mis dedos al interno de la “V” y descubrí mi hombro derecho. Ahora podía contemplar la firmeza de mi seno derecho, luego hice los mismo con mi lado izquierdo y le mostré mis pechos desnudos a mi hijo. Se bambolearon y pendían ligeramente, puse mis manos bajo ellos y los levanté ante sus ojos desmesuradamente abiertos. Me deslicé un poco más hacia adelante, Ahora estábamos a menos de un metro de distancia él y yo.
—Se ven jodidamente calientes, mami …
Dijo Matteo siguiendo el movimiento de mis tetas.
—¡Muévelas, mami! … ¡Masajéalas! … ¡Aplástalas! … ¡Pellízcalas! …
Hice como me decía. Sus ojos estaban pegados a mis senos. Ahora su polla estaba cubierta de esperma y su mano se movía furiosamente.
—¡Qué lindas, mamá! … ¡Qué hermosas las tetas tuyas! …
Vi sus ojos vidriosos brillar de deseos y necesidad de placer. Me sentí terriblemente atraída por la lascivia de su mirada. Me hizo sentir deseada de la manera que necesitaba. Me sentí muy bien mostrándole mis tetas a mi hijo. Con los movimientos mi bata cayó de mi hombros hasta mis codos, exponiendo no sólo mis pechos, sino también mis muslos y mi tanga completamente mojada. Empujé mi cuerpo hacia adelante.
—Aquí tienes, cariño … Estas son las tetas de mamá …
—¡Puta madre, mami! …
Exclamó Matteo en voz alta. Miró mis tetas y acarició enérgicamente su polla cada vez más rápido. Ese sonido de golpes secos más me acercaba a él, parecía un ritmo hechicero. Matteo abrió su boca mostrándome sus blancos dientes y comenzó a gruñir. Me acerqué un poco más, a menos de medio metro.
—¡Vamos, cariño! … ¡Tienes que correrte! … ¡Córrete para mami, dulzura! …
Salió un espeso, pero pequeño chorrito de su polla y mojó más su mano. Me mordí mi labio inferior y reprimí mis deseos de frotar mi clítoris tan veloz como él jalaba su polla. Tenía la mano cubierta de semen y pude ver gotitas hasta en su vello púbico. Su pene era fuente inagotable de semen y no me era posible apartar mi vista de esa nervuda polla cubierta por ese delicioso glaseado. Vi que se estaba haciendo más espeso. Sabía que estaba cerca.
—Necesito que te corras por mí, cariño … ¡Vamos! … ¡Córrete ya! …
Moví mis brazos para deshacerme de la bata, esta cayó arremangada sobre la silla, ahora estaba con mi torso desnudo frente a su polla.
—¡Hazlo en mis tetas, tesoro! … ¡Jala bien esa linda polla tuya y llena mis tetas con tu semilla! …
Le ordené. Él comenzó a magrear su polla desesperadamente, sacudiéndola y apretándola fuerte y rápido.
—¡Oh, mami! … ¡Dame tus tetas, mamá! … ¡Necesito correrme en tus tetas! … ¡Quiero llenar tus tetas por todas partes con mi semen! … ¡Tus tetas necesitan mi semen, mami! …
No sé el porqué, pero esa palabras me parecían tan justa. Realmente necesitaba un baño de semen, eran años que Enzo no me daba una buena descarga en el rostro o en mis tetas y ahora yo sentía esa lujuriosa necesidad, necesitaba que él me rociara su semen por todas partes. Instintivamente sentí la necesidad de sentir su cálido semen en mi piel, me deslicé de la silla frente a mi hijo y le ofrecí mis tetas, las apreté muy juntitas para él. Mis sensibles pezones luchaban por escaparse entre mis dedos y quemaban de puro placer. Matteo estaba a punto de descargar y vaciarse sobre mí como si fuera una especie de puta. Era justo lo que yo quería, que no me tratara con tanto remilgo y me usara para su placer. Demencialmente caliente le dije:
—¡Córrete por todas las tetas de mami, hijo! … ¡Por favor, dame tu carga! …
—¡Aaaaahhh! … ¡Aaaaahhh! … ¡Aaaaahhh! … ¡Me corro, mami! … ¡Aaaaahhh! … ¡Me corro! … ¡Umpf! … ¡Aaaaahhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaaahhh! …
Gritó Matteo y de su lindo pene disparó un potente chorro caliente de semen que aterrizó perfectamente en mi teta izquierda. Luego vinieron un sinnúmero de densos borbotones que golpearon mis parpados, mi nariz, mi cuello y el resto de mis senos.


Me incliné hacia adelante para recibir el máximo de su descarga. La sustancia cálida, húmeda y pegajosa me cubrió, sin poder resistirme mi cuerpo se despertó y respondió. Mis caderas se movían en automático, en frenético vaivén y calentorros círculos, yo sabía donde me conducía todo este frenesí.
—¡Sigue adelante, Matteo! … ¡Dámelo todo! … ¡Hasta la última gota! …
Mientras él seguía acariciando su polla enérgicamente. Se hizo más adelante y medio encorvado azotó mis tetas con su polla goteante. Miré el agujero en la punta de su gorda polla y le rogué.
—¡Más, Matteo! … ¡Lo quiero todo! … ¡Quiero tu maldito semen! …
No alcancé a decir la última palabra cuando un enorme filamento salió disparado de su polla y me golpeó mi parpado encegueciéndome momentáneamente; otros chorros más débiles cayeron en mi rostro y en mi cuello. Gruñendo furiosamente, sacudió su polla para rociar sobre mí hasta la última gota. Todo lo que hice fue agarrar mis tetas y espalmar esa lluvia de esperma por todo mi cuerpo, mi coño ardía y restregué mis dedos bañados de semen sobre mí clítoris.


Finalmente terminó. Dejo escapar un respiro de aliento, dio un par de pasos hacia atrás y se sentó en mi cama. Su mano todavía mantenía su polla desgastada. Sus ojos brillaban con un fulgor de alivio y placer, todavía había euforia y lujuria en los ojos de mi hijo mientras me miraba.


Yo estaba convertida en un verdadero desastre. Mi cuerpo estaba lleno del semen de Matteo. Escurría por mi barbilla, me dificultaba abrir mis parpados pegajosos, goteaba por mis mejillas, por mi cuello, mis brazos. Goteaba por mis pezones, se deslizaba entre mis tetas y corría por mi estómago. Estaba por todas partes. Mis dedos y mis manos. Nunca había visto tanto semen antes. Las descargas de Enzo no eran siquiera la mitad de todo esto. Mi insaciable necesidad de semen me hizo a volver a ponerme de rodillas, luego me levanté sintiendo mis tetas libres. Matteo me observaba sin decir ni una sola palabra, me giré mirándome ante el espejo.


Nunca me había sentido tan sexy en mi vida, nunca tan deseada y necesitada como en este momento en el que estaba toda cubierta por el semen de mi hijo. Sin siquiera pensarlo, deslicé mi dedo sobre mi teta izquierda, recogí una hebra de semen y me lo llevé a la boca. Cerré los ojos y repetí la acción un par de veces más. Recordé la sapidez del semen en sus calcetines de hace un par de días, pero no había parangón alguno. Era como comer un durazno en lata y uno fresco recién recogido del árbol. Como tomar un vaso del agua del grifo o uno de la cascada de la afluente cristalina de la montaña. Seguí pasando mis dedos por mi piel y chupándolos con verdadera hambre de semen. Me sentí hermosa, sexy, tal vez un poco guarrilla, deseada, empoderada y degradada, todo en un mismo instante. Esto había sido mejor que cualquiera de mis fantasías, relatos o videos porno. Esto era vida. Esto era real.


Mientras me limpiaba, Matteo se fue a la otra habitación a limpiarse y prepararse para la cena. Inmediatamente me metí bajo la ducha. Sentí como si mi cuerpo fuera de cristal y en cualquier momento se iba a romper, estaba tensa. Mi estómago estaba lleno de maripositas. Me apoyé a la pared de la ducha y luego me senté en el banco para evitar de caerme.


Estaba totalmente ignara de lo que me estaba pasando. Nunca antes me había sentido de este modo. Estaba en una nueva fase. Era un camino nuevo y sabía que no había un retorno, aunque si intentaba de convencerme del contrario. Esto iba a suceder muchas veces más. Habíamos cruzado el limite yendo demasiado lejos como para volver atrás. Se había abierto en mi la bóveda de mis deseos y sabía que iba a continuar buscando más y más. De todos modos me sentí confundida. No sabía que hacer. ¿Qué podría hacer? ¿Qué debo hacer. Este era un terreno inexplorado, sin marcar ni pisar.


Respiré profundamente y recién me di cuenta de que estaba llorando.
—¡Alessia, tranquilízate! …
Susurré respirando lentamente. No había nada que analizar, no había nada que decir. Le había ordenado a mi hijo de correrse por todo mis pechos y fue la experiencia sexual más exquisita jamás vivida. Todavía no entendía el por qué, pero sabía que así había sido. Me sentí libre y desinhibida, pero también asustada. Peor aún, estábamos de vacaciones, en un lugar desconocido, sin una rutina ni obligación. Sin una estructura establecida. Es como si estuviéramos en caída libre. Enzo se fue por quien sabe cuantos días y me dejó aquí con Matteo. Solos. Sólo él y yo.


Mi mente loca paso de escenas eróticas increíbles al miedo absoluto. Quería explorar este terreno nuevo con mi hijo, pero al mismo tiempo quería huir de él. No sé por que no podía decidir por una opción o la otra. Me estaba volviendo paranoica. Miré al cielo esperanzada y dije otra vez.
—Alessia … Tranquilízate, por favor …
Instintivamente mi mano se cerró sobre mi coño y buscó mi clítoris. Cerré los ojos y me froté como una loca la pequeña y túrgida protuberancia, tuve un orgasmo en menos de dos minutos. Llegué tan rápido que casi pierdo el equilibrio. Continué a frotarme más y más rápido, sentí que podía volver a correrme y en otro par de minutos me corrí. Apreté los dientes y mis tetas, gemí sintiendo el calor que invadía todo mi cuerpo mientras mis caderas todavía se movían follando mis dedos.


Algo dentro de mí se había liberado. Tomé un largo respiro purificador. Necesitaba comprender todo lo que estaba pasando. Respiré de nuevo, pero seguí confundida. No había una respuesta. Me sentí como una serpiente que cambia la piel, que por algunas horas queda ciega e indefensa. Respiré de nuevo. Creo que había un nuevo yo en mí. No sé si era mi verdadero yo o tal vez el que siempre había querido que fuera. Todo lo que sabía es que estaba viviendo una realidad diferente. Algo había cambiado en mi vida para siempre.


Salí de la ducha y me sequé lentamente. Me sentí aliviada de que Matteo no hubiera entrado a la ducha conmigo. Debía recuperar mi yo de siempre. Él se debía mantenerse separado de mí. Me pregunté si estaba hablando con Lorena. Sabía que no se lo iba a decir a nadie. Respiré de nuevo y me miré al espejo:
—¡Sí, Alessia! … ¡Sucedió! … ¿Y qué? …
Me dije mirando desafiante al espejo, pero me dio miedo esa mujer que me miraba del toro lado. Me dije suavemente:
—Sí, es verdad … Pero no es necesario de que siga sucediendo … Técnicamente no nos hemos tocado …
Empecé a cepillarme el pelo y seguí calmándome. Elegí una sencilla tanga blanca, un sujetador sin tirantes y un bonito vestido blanco con motivos floreales sin hombros. Esto es lo que usaría cualquier noche con mi marido. Estaba claro que no podíamos hacer como si nada hubiera sucedido, pero debíamos controlarnos y no intensificar las cosas. No podíamos y no debíamos.


El problema es que no me sentía arrepentida ni haber hecho nada de malo. Sí, no estaba bien que un hijo se corriera sobre su madre, eso era claramente entendible y socialmente punible. Pero dentro de mí no había ni una pizca de arrepentimiento emocional. No sentí nada de eso. ¿Por qué? No lo sé.
—La mente debe comandar al cuerpo …
Me dije tratando de autoconvencerme y luego exclamé para mis adentros:
—¡Malditas hormonas! …
Tomé otro aliento purificador y termine de fijarme el cabello. Me veía linda. Me veía normal. Me parecía haber rejuvenecido. Sonreí y me sentí natural.
—Está bien, Alessia … Ve a cenar con tu hijo … Deja esto atrás y olvida todo …
Mi determinación me hizo sentir fuerte, centrada y estable. Tomé otra respiración profunda y purificadora y mi pulso volvió a la normalidad. Lo había logrado. Me había alejado del borde escabroso. Yo era su madre. Siempre lo iba a ser y esto debía terminar hoy mismo. Con renovadas energías, caminé hacia la puerta del dormitorio y la abrí. Matteo estaba sentado en el sofá viendo la televisión. Por lo que parece era las luchas del UFC. Estaba vestido y se parecía exactamente a lo que era, mi hijo. Le sonreí y le pregunté:
—¿Listo para cenar, hijo? …
—Sí, mamá …
¡Que hermoso! Todo había vuelto a la normalidad. Agarré la llave tarjeta, la puse en mi bolso, me colgué mi bolso sobre mi hombro y le dije:
—Pues bien … Vamos al restaurant de la playa …
—Me parece bien, mamá …
Salimos al corredor y caminamos hacia el ascensor. Me fijé que estaba detenido en el segundo piso, nosotros estábamos en el octavo. Presioné el botón de bajada y esperamos. Repentinamente, Matteo dijo:
—¿Mamá? …
—Sí, hijo …
—No quiero ir a cenar …
—Yo tampoco …
Él tomo mi mano y me condujo de regreso a la habitación. Escuché el timbre del ascensor mientras cerraba la puerta de nuestra habitación. Entramos en medio de la habitación y Matteo se volvió hacia mí. Sus ojos estaban impregnados de lujuria, necesidad y un anhelo desesperado. Lo mismo que sentía yo. Sus manos comenzaron a bajar sus pantalones.
—Quiero que me chupes la polla, mamá …
Le escuché decir. Mi corazón parecía querer reventar mi sujetador. Dejé caer el bolso al piso y lo miré directamente a los ojos:
—Dilo otra vez …
—Necesito que me chupes la polla …
Caí de rodillas mientras él tiraba fuera su enorme polla. Estaba duro como una roca y la punta levantada apuntaba directamente hacia mí. Miré a mi hijo y le dije:
—Dime que lo haga …
—Mamá … Chúpame la polla …
Dijo con firmeza. Lo miré un poco desafiante, sentía que todo mi ser se había despertado. Las compuertas de mis inhibiciones habían saltado por los aires.
—Oblígame a hacerlo …
Agarró su miembro grande y hermoso. Se acercó un paso más hacia mí y me dijo:
—¡Abre la boca! …
Inmediatamente obedecí. Empujó la punta voluminosa de su gran polla entre mis labios. Abrí un poco más y su pene se encontró con mi lengua. Gemí al sentir ese aroma y sabor tan deliciosos y ya conocidos. No había brusquedad en sus movimientos, pero sí determinación. Su gruesa cabezota infló mis mejillas. Cuando sentí que tocaba el fondo de mi garganta, pude darme cuenta de que era mucho más grande que el de mi marido. Lo miré con mis mandíbulas entumecidas y ligeramente adoloridas. Me había convertido en su rehén, su esclava, su madre y su chupapollas. No pude negarme a nada de esto. No había ni una sola partícula de mí que pudiera decir que no. Esto era exactamente lo que yo quería.
—¡Chúpalo! …
Me dijo Matteo y eso fue lo que hice. Le había hecho mamadas a mi esposo Enzo una infinidad de veces a través de los años. Sabía muy bien como hacerlo. Pero la polla de mi hijo provocó en mí una reacción que no sabía que tenía. Cerré mis labios apresando su polla en mi boca y comencé a lamer su glande alrededor de su corona. Hay muchas mujeres que disfrutan chupando la polla de su pareja, como también hay algunos hombres que también lo hacen, yo pertenecía a ese grupo. Me obsesionaba lamiendo y chupando la polla de mi pareja, pero ahora mi hijo me hacía ponerme extremadamente cachonda; quería chuparlo, lamerlo, besarlo, mordisquearlo y follarlo. Mi cuerpo respondía autónomamente. Mis caderas comenzaron a moverse. Gemí. Mí clítoris estaba en llamas. Podía sentirlo. Deslicé mi mano debajo de mi vestido, aparté mi tanga y comencé a frotar mis carnosos labios y mi turgente botoncito.


Gemí ante la exquisita sensación de mi dedo, sólo mí clítoris y la gran polla de mi hijo en mi boca, eran mi universo. Moví mi cabeza hacia arriba y hacia abajo sobre su pene y en un brevísimo lapso de tiempo tuve mi primer orgasmo. Seguí adelante balanceándome sobre su polla que se mantenía dura con un movimiento constante y rápido.
—¡Sí, mamá, sí! … ¡Carajo! …
Dijo poniendo su mano sobre mi moño para acompañar mis movimientos. Seguí chupándolo. Arriba y abajo, arriba y abajo, arriba y abajo. Me tomé pequeños descansos lamiendo la parte externa de su larga polla y uno que otro mordisco suavecito. Entonces volví a succionarlo con mayor empeño y esfuerzo.
—¡Puta madre! …
Exclamó Matteo mientras me miraba como mi cuerpo se estremecía y temblaba cuando un segundo orgasmo me atravesó desde mí clítoris, pasando por mi vientre hundido, inflando mis tetas con pezones duros como roca y mi boca cerrada alrededor de su polla que pulsaba empujando al fondo de mi garganta.


Me extrañaba que no mostrara ningún signo de que estuviera cerca de correrse. Estaba lamiendo su líquido preseminal y eso me animó. Necesitaba que me diera su carga. Volví a lanzar mi cabeza hacia adelante y chupé tan fuerte como pude. Él dio un paso atrás y me desestabilizó, casi me caigo; lo miré. Nuestras miradas se cruzaron. Me saqué la polla de mi boca.
—No te dije que te detuvieras, mamá …
Dijo Matteo con firmeza. Le di la mejor de mis sonrisas y luego le ordené:
—Siéntate en el borde de la cama y abre las piernas …
Mi tono no fue de sumisión, sino de solidez maternal y él obedeció como buen hijo. Me arrastré hacia él todavía arrodillada mirando los movimientos rígidos de su gran polla.
—Hijo, voy a hacerle el amor a tu gran polla hasta que la vacíes completamente por mi garganta … Quiero que me los des todo … Hazme tragar toda tu carga, ¿vale? …
Le dije acomodándome entre sus muslos atléticos. Asintió sin decir palabra y yo me dediqué en cuerpo y alma a su pija. Desde esta posición él no podía moverse ni escapar mientras yo me encargaba de hacer gozar a su aparentemente siempre dura y exquisita verga. Moví mi cabeza sobre él y lo engullí. Inicié otra vez el movimiento arriba y abajo, arriba y abajo; sorbiendo sus gotitas, chupando y embadurnándolo con mi saliva. La enorme cabezota tocaba el fondo de mi garganta, sentí que todavía quedaba mucha polla fuera de mi boca y quería tragarla toda. Miré a Matteo mientras tragaba algunos chorritos de su semen.
—¿Quieres darme tu lechita, bebé? …
Le pregunté mientras ensayaba a que su polla penetrara mi garganta.
—¿Quieres que mami se trague tu linda polla? … ¿Te gustaría eso, cariño? …
Acto seguido, devoré su polla como si de ello dependiese mi vida. La gruesa cabezota se adentró en mi tráquea y esófago, me atraganté, pero me exigí de tragármela toda. Mi hijo comenzó a follar mi estrecha garganta.
—¡Oh! … ¡Sí, mamá! … ¡Trágate toda mi polla! … ¡Chúpamela así rico! … ¡Mámame todas las veces que quieras, mami! … ¡Trágate todo! … ¡Aaahhhh! … ¡Umpf! …
Sentí su polla caliente entrando y saliendo de mi tráquea, lo tenía profundamente en mi boca. Él se estaba dejando llevar. Estábamos unidos en una especie de éxtasis. Empujé mi cabeza todo lo que pude hacia abajo y tosí un par de veces, pero no cejé en mi empeño. Su pene era tan grande, tan largo. Mi hijo tenía un pene extremadamente duro y yo lo quería todo. Seguí chupando y sintiendo su lechita cálida untar mis amígdalas, mezclándose con mi espesa saliva.
—¡Sí, mamá! … ¡Ssiii, assiii! …
Dijo comenzando un enérgico movimiento con sus caderas. Otra vez busqué mi clítoris e inicié a frotarlo en rápidos y pequeños círculos. Matteo comenzó a estirar su piernas y ponerlas tiesas y supe que él se estaba acercando a su clímax. Seguí como si nada chupando y tragándome su polla. Aceleré mis movimientos sintiéndome cerca a otro orgasmo delicioso. Sus manos estaban aplastando mi moño y ahora se movía frenéticamente. Matteo agarró mi cabeza con sus dos manos y gruñendo, gimiendo y maldiciendo, movió sus caderas descontroladamente. Empujé mi cabeza más abajo, me tragué más de su pija y en retribución, mi hijo me regaló un potente chorro de semen, deliciosamente tibio, exquisitamente espeso. Logré a mala pena reprimir mis sensaciones de ahogo y tragué con mi guargüero produciendo sonoros sonidos:
—¡Glup! … ¡Glup! … ¡Guack! … ¡Glup! … ¡Hmmmmmm! … ¡Aaaaaahhh! … ¡Aaaaaahhh! … ¡Aaaaaahhh! … ¡Ummmmmm! … ¡Aaaaaahhh! … ¡Qué delicioso! …
Chillé semi ahogada en su semen. Sus inarrestables borbotones inundaban mi boca y seguían estallando sin cesar. Cada chorro era más delicioso que el otro, solté mi clítoris y agarré sus muslos para poder ordeñarlo mejor. Tragué todo lo que pude mientras él empujaba mi cabeza sujetando mi moño y jadeaba audiblemente.


Respiré desesperada en busca de aire y lo miré lamiendo su polla de todos los restos que todavía se derramaban en débiles pulsaciones. No tenía la menor idea de cuando semen había bebido, pero fue por lejos lo más delicioso e intenso que jamás haya probado. Lo seguí mirando mientras él recién comenzaba a abrir sus ojos y trataba de ordenar mis cabellos que se habían desordenado durante la efusividad del acto mismo. Tomé su pene y lo tiré hacia arriba, me eché a la boca una a la vez sus bolas caldeadas y les di un baño de lengua. Quería agradecerle por el regalo que me había dado. Toda su lechita provenía de sus bolas. Chupé delicadamente cada testículo y también su engurruñado saquito. Estiré la piel hacia arriba y lamí esas joyas que me prodigaron tanto semen.


Finalmente me separé, me limpié la boca. Un resto mínimo de lápiz labial había manchado mi barbilla. Miré a mi alrededor. Mi vestido estaba un poco arrugado aquí y allá, pero sin ningún estropicio. Respiré profundamente, todavía mi pecho se agitaba. Matteo acaricio mi mejilla y tomé su mano sonriéndole:
—Esto es todo lo que quiero para cenar a partir de ahora …
*****


Después de todo, volvimos a arreglarnos y nos fuimos al restaurant de la playa. Pero esta vez todo me parecía diferente. En algún modo todo había cambiado. Nos sentamos con mi hijo en una pequeña mesa, pedimos bebidas y comida ligera. Nos quitamos las sandalias y entramos en contacto con la fresca arena de la playa. Observamos las olas y nos divertimos criticando a las pocas personas que aún estaban bañándose en las aguas del lago. Hablamos un poco de todo y nos preguntamos como le estaba yendo el viaje a papá. Esperaba saber de él en cualquier momento. Éramos una familia y en esto nada había cambiado.


Dentro de mí sabía que sí había cosas que cambiaron. Me sentía diferente. Me sentía más libre que antes. Estaba emocionada. Me sentía coqueta. Y estar con Matteo esta noche en la playa, me parecía como estar a mí primera cita con mi amado amante. Era como una de esas viejas películas románticas en blanco y negro. Pero al mismo tiempo, Matteo seguía siendo mi hijo. Eso jamás cambiaría. Hice todo lo que pude en no pensar en lo que habíamos hecho. Nos habíamos dejado llevar por el deseo y la poca satisfacción sexual que sentíamos ambos. Sabía que esto que habíamos hecho no era para nada normal. Pero no puedo negar lo bien que me había sentido.
—Me encanta el aroma de la vegetación y el ruido de las olas …
Me dijo Matteo. Bebió un trago de su margarita. Sí, le había permitido de beber una bebida alcohólica y yo estaba bebiendo lo mismo.
—Ojalá pudiéramos venir más seguido a este lugar …
Asentí e acuerdo y me recliné en el banco acolchado con dos asientos que compartíamos. El véspero del atardecer nos acompañaba y los lánguidos rayos de sol agonizaban en las cimas de las lomas lejanas.
—Bueno … eso siempre depende de como le vaya en el trabajo a tu papá …
Matteo tomó mi mano y lentamente la tiró debajo de la mesa y la coloco en su entrepierna. Inmediatamente pude sentir su duro bulto y los bordes del relieve de su pija a través de la delgada tela de sus pantalones cortos. Mí pulso se aceleró, me sorprendió que volviera a estar duro después de lo que había pasado en la habitación. Me aclaré la garganta y froté suavemente mis dedos sobre sus pantalones dibujando la forma de su lindo pene.
—Por suerte a papá siempre le ha ido bien …
—¿Y no te da vergüenza a ti de que te vean con tu anciana madre? …
Le pregunté con una sonrisa de diablilla. Mi coño estaba mojado y me mordí el labio. Miré a mi alrededor y había algunas personas sentadas cerca, además, nuestro camarero estaba atento a nosotros. Matteo abrió un poco más las piernas y se acercó más a mí:
—No … Siempre serás la mujer más sexy del mundo …
Me reí y aferré su polla a través de los pantalones. Podía sentir la forma gordota de su glande. Al parecer su polla se estaba alargando. Mi corazón latía vertiginosamente. Volví a apretar estrechamente mis muslos. El estado relajado en el que me encontraba hace cinco minutos, fue reemplazado por energía pura, lujuria y lascivia.
—Suenas como tu papá …
Le dije y él me sonrió. Con su costado derecho se apoyó más a mí y yo tan discretamente como era posible, seguí frotando su furiosa erección. Estaba asombrada, excitada y fascinada de que su polla pudiese crecer tanto y seguir así de dura. Cuando lo miré vi pánico en sus ojos, nuestro camarero estaba casi al lado de la mesa, me moví un poco hacia adelante para ocultar donde estaba mi mano y con mi mano libre cogí mi margarita para darle un sorbo.
—Aquí está vuestra comida …
Dijo el camarero en un marcado acento venezolano. Nos ordenó los platos frente a nosotros y nos dio cubiertos limpios, también rellenó de agua nuestros vasos.
—¿Necesitan algo más? …
Sacudí la cabeza en sentido negativo, entonces Matteo intervino:
—¿Es posible tener algún contenedor para llevarnos la comida a nuestra habitación? …
—¿Está todo bien? … ¿No les gustó la mesa? …
Preguntó el camarero.
—Está todo perfecto … Sólo que estamos un poco cansados y creo que nos iremos a descansar …
—Sí, señorita … Está bien … Volveré en breve …
Dijo el camarero con una amplia sonrisa. Recogió nuestros platos y se fue. Me giré hacia Matteo, le di un beso en la mejilla y le susurré al oído:
—Excelente idea …
—Para que lo sepas … En estas vacaciones quizás prefiera pasar más en nuestra habitación …
—Te entiendo … Pienso lo mismo que tu …
En ese momento el celular de Matteo comenzó a zumbar, pude ver que era la foto de Lorena en la pantalla. Él lo miró y luego me miró a mí:
—Respóndele, cariño … Es tu novia …
—¿Hola? …
Dijo al teléfono, luego se levantó y camino por la arena de la playa. Lo observé por un momento mientras hablaba con Lorena y contemplaba el lago. Intentando de calmar la cachondez de mi cuerpo, crucé mi piernas y apreté mis muslos; luego saqué mi celular y le envié un WhatsApp a Enzo para que se comunicara conmigo. No estaba segura de si había aterrizado ya, pero sabía que debía estar cerca. Pensé en nuestra casa, me sentí a miles de kilómetros de allí


Unos minutos más tarde el camarero regresó con nuestras cajas. Las había metido en una especie de bolsa ecológica de papel con el logo del hotel. No hice ningún esfuerzo para advertir a Matteo de que estaba todo listo para que nos fuéramos. Disfruté de mi trago y del aire fresco. Creo que deberíamos bajar el ritmo, pensé. Tal vez la llamada de Lorena nos trajo una buena dosis de calma y realidad.


Me pregunté que haría si Matteo me dijera que lo que habíamos hecho nunca podría volver a suceder. Consideré que tal vez cuando Lorena llamó se daría cuenta de que la elegida era ella y yo solo una de reemplazo. Él y yo habíamos sucumbido a un momento de debilidad debido a la cachondez reprimida, pero ahora debíamos parar. Arrugué la nariz ante la idea de ser la de reemplazo, “la otra”. En muchos sentidos yo era la mujer en la vida de mi hijo, pero con el tiempo él se iba a enamorar y encontrar una mujer con la cual tener bebés. Quizás era justo detenernos y no permitir que esto volviera a ocurrir.


Tal vez fue bueno que Enzo se sinceró y me dijo que ya no podía darme todo el sexo que yo quería. Por fin podíamos hablar de ello. La gente lo hace. Tal vez podríamos encontrar un sexólogo y tener alguna terapía de pareja. Hoy como hoy hay muchas formas de ayudar al ímpetu sexual. Deberíamos enfrentarlo como pareja y buscar la ayuda necesaria. El hecho de reconocer que hay un problema en un gran paso. Mientras miraba las olas extrañé a Enzo. Sé que no quería irse, pero lo hizo por nosotros y, si fuera honesta, lo hizo todo por mí. ¿Qué más podría pedir una esposa? Quería hablar con él solo para decirle cuanto lo extrañaba y lo amaba. ¿De verdad lo amaba?
—¿Estas Lista? …
Era la voz de Matteo. Estaba de pie junto a la mesa. Estaba tan sumida en mis pensamientos que ni siquiera lo había notado.
—Sí … El chico ya trajo todo en esta extrañísima bolsa … Vámonos …
Dije mirándolo. Matteo miró la bolsa sonriendo y la tomó. Tomé nuestras bebidas, le entregué la suya y nos encaminamos hacia el hotel.
—¿Aún quieres que nos vayamos a nuestra habitación? …
Pregunté, dándome cuenta de que el enorme deseo que tuviera antes se había enfriado mientras pensaba a mí marido.
—Sí, mamá … Eso quiero …
Dijo Matteo y continuó caminando hacia allá, di unos pasos rápido para alcanzarlo.
—¿Cómo está Lorena? …
Pregunté cuando comenzamos a caminar con menos esfuerzo sobre la acera.
—Ella está bien … Denisse está intentando de encontrarle una universidad …
—Pensé que se tomaría un año sabático … ¿No era ese su plan? …
—Yo pensaba lo mismo, pero no me dijo mucho sobre ello … Estaba más interesada en mostrarme su nuevo traje de baño y alguna prendas íntimas …
Me reí ante la confidencia.
—Apuesto a que estaba ansiosa por hacerte ver todo eso … ¿Cómo se veía? …
—¿Cómo crees tú que se veía? … Me sorprendió que Denisse le permitiera comprar todas esas cosas y usarlas … Quiero decir … Ella todavía es menor de edad … Lo más extraño es que su madre estaba en el fondo mientras hablábamos …
—¿Quién? … ¿Denisse? …
—Sí … Y parecía atenta a todo lo que decía Lorena …
—Bueno … Probablemente esté un poco aprensiva … Debe querer saber hacia donde va la relación entre ustedes …
Lo miré pensativamente y luego agregué:
—Igual que a mí … Le debe resultar difícil dejar ir a su pequeña …
Caminamos en silencio por un par de minutos, luego él me preguntó:
—¿Entonces ya no estás preocupada porque la pueda embarazar? …
—¿Qué quieres decir? …
—Bueno … Como querías que esperáramos para tener relaciones y no correr el riesgo de que ella quedara embarazada …
Dijo mientras llegábamos al ascensor. Presioné el botón de subida.
—Lo principal es que quería que estuvieran muy conscientes de ello … Pero tal vez es que me resulta difícil dejarte ir … Pensé de estar preparada, pero al parecer no lo estoy …
Matteo se me quedó mirando. La puerta del ascensor se abrió. Varias personas salieron, una chica se quedó mirando a Matteo, pero él nunca la vio. Subimos al ascensor y Matteo presionó al octavo piso.
—Matteo … Tienes que entender que tenía tu edad cuando te tuve … en muchos sentidos crecí junto a ti …
—¡Uhm! … —Murmuró pensativamente.
—Pero lamento haber interferido con cosas que tu querías hacer … Tienes edad suficiente para hacerlo si es que eliges de hacerlo … Ya no te impediré más ninguna cosa … Eres adulto y eso es de tu propia responsabilidad … Pero es amor de madre, ¿entiendes? … Ya tienes la edad para tomar tus propias decisiones … Creo que soy yo la que debe crecer un poco más, no tú …
Llegamos a la puerta del ascensor y él me dijo:
—Te amo, mamá … Lorena o ninguna Lorena al mundo jamás cambiará eso … Nunca …
Temblé emocionada y algunas lágrimas afloraron a mis ojos. Me giré un poco para ocultar mi emoción y un poco para buscar la tarjeta llave de la puerta.
—Yo también te amo, hijo …
Dije sacando la llave tarjeta de mi bolso y acercándola a la cerradura para abrir la puerta, esta hizo clic y se abrió. Matteo entró y caminó hacia la cocina y colocó la comida sobre la mesa. Dejé mí bolso sobre la mesita del ingreso y me saqué las sandalias. Me sentí emocionada y cercana a mí hijo. Esta charla había sido necesaria y me sentí bien en tenerla. Tal vez debería hacer lo mismo con mi marido. Miré el teléfono, pero no tenía ningún WhatsApp. Entré a mi dormitorio para cambiarme. Me quité el vestido, desabroché mi sujetador y busqué en el armario una remera y unos pantalones cortos. Estaba en topless sosteniendo la ropa y me giré.
—¿Mamá? …
Matteo estaba en mi dormitorio a torso desnudo, podía ver claramente los escasos vellos de su pecho. Apenas me vio sus manos se fueron a la pretina de sus pantalones cortos y los bajó a mitad del muslo, su enorme polla ya estaba dura como roca balanceándose altanera.
—Te necesito, mamá …
Olvidé del golpe todo lo que estaba haciendo. Dejé caer la ropa que tenía en mis manos y caminé hacia él, mis tetas se movían de lado a lado mientras me acercaba mirando embelesada su gran polla.
—Estoy aquí, cariño …
Dije arrodillándome frente a él e inmediatamente comencé a chupar su pene endurecido. Lo aferré de sus caderas y su trasero, comenzando a mover mi cabeza rápidamente. Mojé enteramente su pija con mi saliva y me lo comencé a tragar hasta el fondo de mi garganta.
—¡Gluck! … ¡Gluck! … ¡Guack! … ¡Gluck! … ¡Guack! … ¡Gluck! …
Eran las resonantes chupadas que le estaba dando a la dura polla de mí hijo. Un poco de saliva escurría de mi barbilla a mis tetas, pero no me importaba, solo quería concentrarme en chupársela bien y hacerlo gozar, porque su goce era mi goce. Su gorda cabezota amenazó con dejarme sin aire golpeando el fondo de mi tráquea, pero no me amilané, seguí chupándosela con mis mejores esfuerzos. Había una verdadera conexión de nuestros cuerpos y nuestros deseos entre Matteo y yo. Le chupé vorazmente su polla emocionándome y excitándome en hacerlo. Esto es lo que quería hacer. Esto es lo que ambos necesitábamos hacer.


Lo agarré por la base, chupé sus bolas y lo metí entre mis tetas, apretándolo con ellas y chupando su glande lustroso. Lo lamí, lo besé y le di uno que otro mordisco suave, entonces me di cuenta de que rezumaba líquido preseminal, volví a echármelo a la boca y lo succioné, todo su semen debía ser mío, no iba dejar ir ni una sola gota. Abrí bien la boca y lo dejé ir al fondo de mi garganta, inflando mis mejillas. Mi mano encontró mi clítoris y comencé a masajear mi rajita por sobre mi tanga que rápidamente se humedeció. Mientras chupaba la punta de hongo de mi hijo, mis caderas se movieron autónomamente comenzando a follar mi mano.
—¡Ummmmm! … ¡Ohhhhh! … ¡Esto sí que es bueno, mamá! …
Seguí adelante frotándome velozmente y de repente tuve un tembloroso orgasmo. Me sorprendió por la rapidez, pero me sentí fenomenal, se me puso la piel de gallina, mis tetas se endurecieron y mis pezones se hincharon.
—¡Uhhhhhh! … ¡Ahhhhh! …
Gemí cuando su cabezota hinchada salió de mi boca. Solté la base, lo miré y comencé a tocarme con los dedos y a frotar mi botoncito. Estaba usando ambas manos y le dije:
—Fóllame la boca, hijo … Mami quiere que le follen la boca …
Matteo agarró mis cabellos y metió su polla en mi boca abierta. Cerré los ojos y me concentré en mis manos que daban tanto placer a mí vagina, la baba escurrió por mi barbilla hasta mis tetas mientras él me follaba cada vez más rápido. No pasó mucho tiempo cuando otro orgasmo me hizo estremecer. Mi cuerpo enteró hormigueó a través de mi acalorado coño, apreté mis glúteos, mis piernas temblaban y disparé algunos chorritos caliente desde mi coño abierto.


Matteo gruñía y empujaba. Cuando pude abrir los ojos me encontré con los suyos que me miraban lujuriosamente mientras él seguía metiendo su polla en mi boca una y otra vez. Sentí que controlaba mis movimientos con sus manos en mi cabeza y follaba desesperadamente mi boca. Esto me hizo sentir más mojada que nunca, porque él me estaba usando. Mi hijo usaba mi boca para complacer su polla y hasta ahora, nunca nadie había hecho eso. Me sentí más excitada y sexy que nunca lo había estado en toda mi vida.


No tuve nada que me lo advirtiera ni forma de estar preparada, tampoco lo hubiera querido de un modo diferente. Una de las fuertes manos de Matteo se posesionó de la parte posterior de mi cabeza y me tiró hacia adelante. La punta de su hongo hinchado golpeó el fondo de mi garganta. Lanzó un gruñido y un gemido gutural, entonces comenzó a temblar y un chorro enorme brotó de su polla. Me golpeó de repente. Tosí semi ahogada y algo de semen escapó por mi nariz. No sabía que hacer. Su polla era mucho más grande que la de mi marido y nunca él había follado mi garganta tan profundo. Para mi sorpresa, después de haber tosido solo una vez, no me atraganté ni entré en pánico. Simplemente me relajé y dejé que mi hijo empujara mi nuca hasta tocar su vientre, así su polla pulsante continuó a llenar mi garganta enviando borbotones de esperma directamente a mí estómago. Sentí un ligero ardor, pero lo ignoré en favor de la deliciosa sensación de mi hijo bombeando toda su lechita directamente por mis vías respiratorias. Fue un momento muy íntimo, de cercanía con él, lo amé y lo deseé más que nunca.


Matteo jadeó y gimió cuando eyaculó. Él agarró mis cabellos con su puño cerrado y me folló la boca ardorosamente, lo dejé hacerlo y acompañé sus movimientos con mi cabeza.
—¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhh! … ¡Ahhhhh! …
Lo escuchaba gemir respirando afanosamente mientras empujaba su polla lo más dentro de mí. Estaba completamente a su merced y seguí tragando su delicioso y divino maná. Agarré su apretado trasero y lo empujé más profundo en mí. Puede que haya sido un momento, puede que haya sido un minuto, ya nada importaba, sólo sabía que estaba donde quería estar. Cuando me soltó, me retiré lentamente y sentí como su polla se deslizaba un poco chuchurrida desde mi garganta y salía de mi boca. Tosí un par de veces, para volver mi garganta a sus medidas naturales. Me mantuve aferrada a sus muslos con una mano mientras con la otra intentaba limpiar mi boca y mi barbilla; no sé si de sudor, lágrimas, semen, saliva o de todo eso junto.
—¿Estás bien, mamá? … —Me preguntó con una mirada de preocupación.
—Estoy más que bien, cariño …
Dije con una sonrisa. Sentí una extraña sensación en mi boca porque había estado abierta tanto tiempo y forzada a acomodar su enorme polla; me dolían un poco las mandíbulas, pero nada serio. Le aseguré:
—Eso fue increíble, tesoro … Gracias …
—Tienes los ojos vidriosos … Como si hubieras estado llorando … ¿Te hice daño? …
—No … No … No … Eso fue maravilloso … Tú eres maravilloso …
Le dije tomando su barbilla para luego darle un beso en la mejilla. Matteo tomó mis manos y me acercó a él:
—Nunca te haría daño, mamá … Te amo demasiado …
Luego se inclinó y por primera vez me besó en los labios.
*****


Me desperté acostada de lado en la cama con el sonido de mi celular que zumbaba ruidosamente sobre la mesita de noche. Me froté los ojos somnolienta y me giré. Matteo y yo nos habíamos quedado dormidos juntos, pero parecía que él se había despertado antes y ahora estaba bajo la ducha. Agarré mi teléfono.
—¿Hola? …
Inmediatamente me di cuenta de que era mi marido. Traté de despertarme totalmente, vi que afuera resplandecía el sol, pero no tenía la menor idea de la hora.
—¡Hola, mi amor! … ¿Dónde estabas anoche? … Te llamé cuando aterricé …
—Estuve aquí … Solo que no me di cuenta y puse mi teléfono en modo silencioso … Creo que nos quedamos dormidos temprano …
Dije rodando por la cama sobre mi espalda. Todavía estaba vestida solo con mi tanga. Matteo y yo habíamos pasado mucho tiempo besándonos y acariciándonos hasta que nos quedamos dormidos.
—Lo siento, amorcito …
Dije. Tenía la boca seca y los labios también. Me dolía un poco la mandíbula por haber chupado tanto la polla de Matteo.
—Está bien … Pensé que podía ser algo así …
—¿Cómo estuvo tu vuelo? …
—Estuvo bien … Pero como salimos en retardo, llegamos con un poco de atraso … En general todo bien …
—La reunión es hoy, ¿verdad? …
Pregunté, sentándome en la cama. Estuve tentada en poner el celular en video conferencia, pero no estaba segura de cómo me veía después de lo sucedido con Matteo.
—Sí … En este preciso momento estoy yendo hacia allá …
Dijo mi marido y por el tono de voz supuse que estaba nervioso.
—Todo estará bien, querido …
Le dije lo más dulcemente posible tratando de animarlo. Todavía sentía que tenía la boca muy seca.
—¿Qué hicieron ustedes? …
Quiso saber mi marido. En mi mente tenía la linda polla de Matteo y yo chupándosela como si de ello dependiese mi vida, me había tragado tanto de su semen. Él había empujado su polla dura y tiesa una y otra vez dentro de mi boca, hasta invadir parcialmente mí garganta. Casi me disloco las mandíbulas chupando la gruesa polla de Matteo. Creo que por eso tengo las mandíbulas adoloridas y la boca seca.
—¿Estás ahí? …
—Sí … Sí, tesoro … Perdona, pero me estoy recién despertando … De verdad no hicimos muchas cosas … Bajamos al restaurant de la playa para cenar … Estuvimos allí un rato … Pero terminamos comiendo en nuestra habitación …
Lo cual en parte era verdad, pero creo que en mi estomago tenía más semen que comida. Gran parte de nuestra cena estaba todavía en el refrigerador. Escuché que el agua de la ducha se cortaba, Matteo debe haber terminado de limpiarse.
—¿Por qué volvieron a la habitación? … ¿Hubo tormenta, lluvia o algo así? …
Me recordé que el pronostico de la semana había sido bastante bueno.
—Tormenta, no … No hubo ninguna tormenta … ¡Eh! …
—¡Hola, papá! …
Saludó Matteo entrando a la habitación. Tenía el pelo mojado y estaba sin camisa. Vestía solo un par de boxers.
—¿Quieres hablar con tu papá? …
Le pregunté y sonriéndome me dijo:
—Sí, claro …
Enseguida me quitó el celular sentándose a la cama. Puso su mano sobre mi muslo cálido y suave. Sentí que mis pezones se erguían cuando él miró mis pechos.
—¡Hola, viejo! …
Dijo sosteniendo el celular afirmado entre su oreja y su hombro. Me recosté a su lado mientras escuchaba a Enzo que le decía que no le entendía nada de nada. Me senté en la cama y agarré mi camiseta de pijama con la intención de ponérmela, pero Matteo tocó mi brazo y me hizo señas de que no lo hiciera. Supuse que a él le gustaba mirar mis tetas. Le sonreí sintiéndome más sexy y cercana a él.
—Sí … Es verdad … Decidimos comer en la habitación … El tiempo era bueno, pero se levantó una brisa marina, ¿sabes? … Y esta levantaba arena, por eso nos fuimos a comer en nuestra habitación …
Enzo le dijo algo, pero no escuché de que se trataba.
—Sí, viejo … No te preocupes … Esperamos tenerte pronto de regreso … El hotel no es lo mismo sin ti … Te extrañamos mucho …
Me senté en mis tobillos y lo quedé mirando a contraluz. Mi hijo era muy guapo. Había crecido, sin embargo, todavía tenía ese encanto juvenil y ese espíritu de niño travieso. Lo deseé y me acerqué un poco más a él. Puse ambas manos en sus hombros y apreté mis tetas contra su espalda. Se medio giró y me sonrió. No le devolví la sonrisa. Me encontraba en modo tigresa cazando a su presa. Me lo quería comer. Deslicé mis manos por sus costados y comencé a tironear sus boxers hacia abajo. Logré bajárselos bastante para hacer aparecer su pene entero casi duro. Me bajé de la cama y le quite por completo su ropa interior.
—¡Uhm! … Todavía no lo sé …
Dijo con un ligero chillido en la voz mientras tiraba su pene y lo aferraba con mis dos manos.
—¡Ehm! … Sí … ¡Ehm! … Bueno … Creo que en un rato más desayunaremos …
Hizo una pausa mientras yo acariciaba su pene de arriba hacia abajo y luego volvía a la punta.
—¡Ehm! … No … No sé lo que está haciendo mamá en este momento …
Apreté mi agarré al sentirlo que se ponía completamente duro para mí. Mi coño se estaba mojando mucho mientras masturbaba su pene duro como roca. Pensé en volver a chupárselo, pero me dolía mucho la mandíbula. Me encantaba chupárselo, pero ahora mismo quería algo más de él. Me paré frente a él y me quité las bragas para que él pudiera ver mi coño sin tapujos.
—Sí, por supuesto … Creo que está bien, papá …
Dijo con los ojos muy abiertos mientras me miraba que yo estaba sobre sus muslos a horcajadas, con su polla casi rozando mi coño. Me senté en su regazo y con mis dos manos volví a agarrar su pene totalmente erecto. Lo miré a los ojos, me eché un poco de saliva en las manos y acaricié su polla para humectarla. Matteo estaba extremadamente duro. Y yo necesitaba esa dureza de mi hijo.
—Entonces … ¿Cuándo dijiste que era tu reunión? …
Preguntó por teléfono mientras me miraba. Sus ojos estaban impregnados de lujuria y también de miedo. Había intuido lo que pretendía hacer, ya lo había decidido y nada al mundo me iba a detener.



Apreté sus piernas para que las juntara un poco más y me deslicé sobre su polla. Lo agarré con una mano y me incliné sobre él. Mis pechos se bamboleaban y frotaban contra él mientras con mi mano guiaba su polla a mi apretado agujero mojado. Sin duda era mucho más grande que mi marido. Respiré profundamente mientras bajaba mi coño lentamente sobre su obelisco carnoso y tieso. Mi coño pareció inflarse y su cabezota obstruyó todo mi anillo vaginal. No entraba. Me mordí mi labio inferior cuando lo apreté con mi mano y me senté con todo mi peso sobre él. Abrí la boca en éxtasis y reprimí un ahogado grito de placer.
—¡Ahh! … —Gritó Matteo cuando su polla atravesó mí anillo vaginal y entró en mí.
—¿Sí? … ¿Qué? … No … No, papá … Sucede que se me soltó el teléfono …
Puso una mano sobre mi muslo mientras yo balanceaba mis tetas en su rostro y lo cabalgaba a saltitos. Su polla me llenó. Más de lo que su padre jamás hizo, mejor aún que mi consolador más grande. Este era un pene de verdad. Lo abracé y lo monté para que fuera más profundo en mí. Disfruté esta sensación nueva y comencé a gozar con su pija. En este momento le estaba quitando la virginidad a mí hijo.



Observé como se las arreglaba para hablar con su padre sosteniendo el teléfono con una mano. De cierto no eran muy coherentes sus palabras, pero Enzo preocupado por su reunión no creo que se haya percatado de nada. Nuestros cuerpos se juntaron, ahora había una verdadera conexión de piel entre él y yo. Me sujetó la cadera con su mano libre mientras me miraba con lujuria y veía como yo cabalgaba su polla y comenzaba a rebotar más rápido.


Puse mi mano sobre su pecho para mantener mi equilibrio y con la otra mano agarré mi seno derecho. Por alguna extraña razón mi pezón derecho estaba muy sensible y lo apreté.
—¡Hmmmmm! … Te sientes tan rico dentro de mí …
Le susurré a Matteo cerquita de su oído mientras lo cabalgaba.
—Sí, papá … ¡Oh!, mierda …
Dijo volviendo a apretar el “Mute” del celular.
—Sí, papá … Estamos seguros de que lo harás bien … No hay nadie como tu … Llámanos cuando termines …
Dijo tratando de terminar la llamada.


Comencé a montarlo más fuerte porque sentí mi orgasmo muy cerca. Lo estreché contra mí y cerré los ojos, concentrándome en la exquisita sensación de la polla de mi hijo enterrada profundamente en mi coño y en el sonido de nuestros cuerpos golpeándose el uno contra el otro.
—¡Paff! … ¡Paff! … ¡Paff! … ¡Paff! …
Nunca antes había montado una polla durante tanto tiempo. Enzo habría terminado en unos dos o tres minutos, en cambio la polla de Matteo se hundía deliciosamente en mi panocha siempre dura y gorda llenándome completamente. Contraje mi coño y lo apresé con mis músculos vaginales y lo monté más rápido.
—¡Ugh! …
Matteo hizo una pausa y vi que luchaba por decirle algo a mi marido. No me importó nada. Necesitaba esto desde hace mucho tiempo. Se sentía demasiado bien. Lo necesitaba ahora.
—Sí … Sí, papá …
Logró decir Matteo. Volvió a tocar el “Mute” del celular y me miró:
—¡Por Dios, mamá! … ¡Joder! … ¡Uhhhhh! …
Gimió y se llevó el celular a la oreja otra vez. Me incliné sobre él y lo besé, lamiendo su oreja. Gemí en su oído haciéndole sentir que me acercaba al orgasmo. Moví mis caderas en desenfrenado vaivén y mordiéndole la oreja le susurré:
—¡Dame tu bendito semen! … ¡Vamos ya! … ¡Dámelo todo! …
Un segundo después exploté en un maravilloso orgasmo y casi inmediatamente sentí los chorros de Matteo descargándose en mi panocha famélica y haciendo locas muecas apuntando el celular que todavía tenía en mano. Lo agarré por los hombros y succioné su polla con mi conchita que se contraía incontrolablemente mientras los calientes borbotones de Matteo seguían explotando dentro de mí. Lo estrujé con mi panocha estrecha.
—¡Dale a mamá toda tu maldita semilla! …
Dije y lo besé en la boca. Mis caderas se negaban a detenerse, lo quería ordeñar hasta la última gota.
—¡Tienes que dármelo todo, Matteo! … ¡Todo! … ¿Entiendes, hijo? …
Me devolvió el beso y me contestó:
—Sí, mamá …
Rompió repentinamente el beso:
—¿Papi? … Sí, papi … ella está aquí … ¡Maldición! … ¡Maldito Mute! …
Volvió a apretar el “Mute” desesperadamente.
—Sí, papá … Ella está aquí … ¿Quieres? … ¡Ehm, sí! … Te dejo con ella …
Me entregó el celular un poco baboseado y húmedo. Levanté un brazo como para tomar respiro mientras sentía toda la polla caliente de mi hijo en mí. Apreté un poco mis muslos y sostuve el teléfono en mi oído:
—¡Hola, querido! …
Dije tomando un poco de aliento.
—Lo siento, cariño … He estado todo el tiempo hablando sin parar … Un poco los nervios, ¿sabes? … Acabo de llegar al punto de la reunión … Solo quiero decirles que los amo y espero regresar lo más pronto posible …
—Nosotros también te amamos, tesoro … Haz lo que tengas que hacer y vuelve aquí … Te extrañamos mucho … Y no te preocupes de nada, estoy en buenas manos …
Le dije mirando a mi hijo a los ojos, él estiró sus manos y atrapó mis tetas que se estaban volviendo duras otra vez.
—Está bien, querida … Los amo … Cuídense …
—Cuídate tú también … Besitos …
Apagué el celular y gemí sintiendo como la polla de mi hijo comenzaba a ponerse dura dentro de mí. Me resultó algo extraño, pero era justo lo que necesitaba, más de su semen. Procedí a montarlo sin ningún disturbo esta vez. Él se puso a follarme furioso y muy pronto me hizo estremecer en otro orgasmo delicioso y regalándome una copiosa descarga de su semen. Me desplomé exhausta encima de él. Se recostó sobre la cama arrastrándome empalada en su gran polla, nos besamos prolongadamente y luego me adormecí con su polla en mí.
*****


Cerca de mediodía me levanté y me duché. Pasamos la mayor parte de la mañana en la cama, durmiendo un poco, besándonos, abrazándonos y follando. Mi hijo era un verdadero campeón y se demostraba tan insaciable como yo. Antes de decidir de ducharme, me levanté de la cama y fui a la cocina a buscar un poco de agua fresca. Matteo y yo habíamos follado tres veces más durante la mañana y sentí mi garganta reseca, tal vez un poco deshidratada. Sin mencionar que el semen de mi hijo escurría por mis piernas. Abrí la nevera y disfruté el aire fresco contra mi cuerpo desnudo. Así que me quedé allí un par de minutos. Suponía que Matteo estaba durmiendo, le vertí un vaso de agua para él, de modo que pudiera beber cuando se despertara mientras yo me duchaba.


Sin embargo, cuando regresé al dormitorio, él se estaba levantando de la cama, completamente desnudo. Con una mano aferraba su gran pene ya erecto. Lo miré sin detenerme, dejé los vasos y me acerqué a él. Perdimos muy poco tiempo besándonos. Estaba claro que Matteo tenía otra cosa en mente. Me levantó y me puso sobre el escritorio, casi inmediatamente se puso sobre mí y alineó su polla hinchada hacia mi coño. Me aferré fuertemente a él mientras me follaba sobre el escritorio. Mi hijo era fuerte, yacía encima de mí con ambos brazos agarrando el borde del escritorio mientras me daba enérgicas embestidas con su polla. Mis dedos se clavaron en su espalda y luego los deslicé para agarrar su trasero y tirarlo más dentro de mí.


El escritorio crujía bajo el peso de nuestros cuerpos y la fuerza de las embestidas de Matteo. Al final él se separó de mí y me tomó para proseguir follando sobre la alfombra. Cada vez que su polla hinchada y dura salía de mi cuerpo para cambiar de una posición a otra, la agarraba firme en mi mano y le rogaba de que me la diera otra vez. Me resultaba imposible soportar el vacío de mi coño cuando él salía de mí. Mi coño exigía de ser llenado otra vez. La sensación que él me daba con su gran polla siempre dura, era algo maravillosamente agradable y placentero y yo no podía ya vivir sin eso.


En el suelo me acosté boca arriba y abrí bien las piernas. Él se puso encima de mí, moví mis caderas y levanté mis piernas hasta sus hombros. Matteo embocó y presionó su polla en mi ojete vaginal completamente mojado y repleto de su semen, acomodé mis caderas empujando hacia arriba para facilitar la penetración de su gordota y larga polla.
—Oh, Matteo, tesoro … Dame tu linda polla … Folla a mami con esa gran polla tuya …
Le dije mirándolo a los ojos.
—¡Ahhhhh! … ¡Uhhhhh! … ¡Aaayyyy! …
Gemí y me quejé cuando su enorme pene ensanchó mi estrecha vagina, muy pronto sus bolas se estaban estrellando con mis nalgas con enérgicas arremetidas, mis ojos se nublaron y grité con chillidos de loco placer. Nunca me habían penetrado tan profundo. Otra vez mi coño estaba lleno y con cada ataqué mis paredes vaginales venían estiradas al máximo.
—¡Más duro, cariño! … ¡Dámelo todo, por favor! … ¡Ssiii, asiii! … ¡Más fuerte! …
Le imploré tirándolo con mis manos sobre mí, mis piernas estaban flexionadas casi detrás de mi cabeza y mi coño estaba extremadamente abierto para él de modo que pudiera meterla toda en mí. Comencé a sentir una extraña sensación de extrema lujuria que se esparcía por todo mi cuerpo, era otro orgasmo que remecía cada poro de mi piel. Matteo me estaba follando el alma.
—¡Ohhhhh! … ¡Ohhhhh! … ¡Ahhhhh! … ¡No te detengas, Matteo! … ¡Ummmmm! … ¡Qué rico, tesoro! … ¡Folla a mami así rico, cariño! …
Continuó metiendo y sacando su polla sin descanso. No se trataba de ritmo. Se trataba de profundidad y conexión, era como si mi cuerpo entero se aferrara a su gran polla mientras mi vagina se contraía para lanzar chorritos que lo bañaban. Estaba en una especie de orgasmo inacabable.
—¡Oh, Dios mío! … ¡Ummmm! … ¡Umpf! … ¡Aahhhh! …
Gemí sintiendo la humedad en mi nalgas, mis ojos todavía no enfocaban bien mientras mi coño sin control envolvía la polla de mi hijo.


Matteo gruñó, se movía en círculos y luego empujaba profundamente a un ritmo demencial. Bombeaba mi coño con fiereza y se sentían los golpes firmes y secos por toda la habitación. Mi orgasmo se rehusaba a abandonar mi cuerpo que se había convertido en una hoja mecida por los huracanados empujones de Matteo. Gemí, lloré y chillé con mis rostro deformado por la desenfrenada lujuria que mì hijo provocaba en mí.


Él me besó. Su lengua invadió mi boca abierta profundamente empujando mi propia lengua, como si quisiera penetrarme tan profundo como su polla. Chupé su polla como si fuera un pene y luego grité al sentir su líquido candente rellenando los pliegues de mi coño; Matteo se estaba corriendo y me volví loca por drenar sus bolas y dejarlas secas.
—¡Sí, cariño! … ¡Lléname toda! … ¡Dame todo tu semen! … ¡Tu semen me pertenece, tesoro! … ¡Dámelo todo! … ¡Toda tu semilla es solo para mi coño! … ¡Córrete todo dentro de mí! … ¡Lo necesito! …
Nuestros cuerpos se golpeaban salvajemente. Empujé mis caderas hacia arriba ofreciéndole mi coño entero para que se corriera dentro y convertí mi vagina en un guante succionador, para chupar toda su esperma hacia mi interior. Sentí que me llenaba toda mientras seguía bombeando sin descanso.


Me dolían los dedos y creo de haberme roto las uñas al enterrárselas en la espalda y en los glúteos para tirarlo más adentro de mí, finalmente lo solté y me desvanecí exhausta con mis brazos y piernas abiertas a mis costados, como una muñeca inanimada.
*****


El agua caliente corría libre por todo mi cuerpo mientras me duchaba. No podía dejar de pensar en lo que había sucedido. Mucho de eso estaba borroso en mi mente. Excepto cuando me folló sobre la alfombra y que me hizo perder el control de mi misma. Alisé mis cabellos detrás de la nuca, dejando que el agua cayera sobre mi rostro. Tomé el acondicionador y lavé mi pelo. Mis brazos, muñecas y dedos estaban adoloridos y cansados por el esfuerzo de nuestro encuentro sexual. Nunca en mi vida había hecho el amor de ese modo. Ni siquiera en mis más salvajes fantasías con mis juguetes. Había estado bajo la ducha por un buen tiempo y todavía mi coño liberaba y rezumaba el semen de mi hijo mojando mis piernas.
—¿Cómo tanto? …
Me pregunté apuntando el chorro del grifo directamente a mi panocha. Sonreí sintiendo el agua tibia que se llevaba restos del semen de Matteo. Había algo en el semen de él que me encantaba. Era un delicioso sentimiento que me excitaba al máximo. Cuando toqué los labios de mi coño para abrirlos y dejar entrar el agua, gemí sintiendo un ardor. ¡Mí coño me dolía! No me recordaba de haber sentido alguna vez dolor después de haber tenido un tórrido encuentro sexual con mi marido.


Traté de que el agua limpiara no solo mis cabellos, sino que se llevara también todos esos pensamientos cachondos que mi hijo me hacía sentir. Esto me estaba sucediendo a mí, pero me parecía de estar viviéndolo como una fantasía. Como si le estuviera pasando a otra persona y no a mí. El problema es que estaba totalmente consciente de que se trataba de mi realidad. No solo el sexo con mi propio hijo, sino también todos los sentimientos involucrados. El placer bestial. Su gran pene ensanchando mi vagina a nuevos parámetros. Mi vagina siendo explorada a profundidades donde nadie había llegado. Todo eso no se podía borrar. No había modo de volver atrás. Habíamos trasgredido todos los límites él y yo.
—¿Pero para donde va todo esto? …
Pensé a alta voz.
—¿Qué va a pasar cuando Enzo regrese? …
Ni por más que le diera vuelta a todo el asunto, era totalmente ignara de una respuesta racional y criteriosa por el momento. ¡Sigh!


(continuará …)

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escrito el
2026-01-10
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