Mi hermana Giovanna. - IV - Final.
por
Juan Alberto
género
incesto
Ella ya no tenía tiempo para mí y esto me partía el corazón. No es que me ignorara de propósito, ella no me veía siquiera. Éramos como dos naves que se cruzan en un estrecho canal de navegación, máxima atención para no colisionar, pero luego cada embarcación siguiendo una ruta establecida y particular en direcciones opuestas. Era como nuestro gato, iba y venía por todos lados, pero siempre ocupada en sus propios asuntos. Los gatos con así y ella era así.
Hasta ahora no había iniciado ninguna de las tareas a la cuales se había comprometida, cosa que me enervaba, pero no podía enojarme con ella. La amaba demasiado como para hacérselo notar y no me atrevía a llamarle la atención.
Entonces en forma del todo inesperada y repentina, después de medianoche el fin de semana, mientras estaba acostado en mi cama, escuché un suave golpecito en mi puerta y luego:
—¿Estás despierto? …
Era su dulce y suave voz que preguntaba.
—¡Entra! …
Dije instantáneamente con entusiasmo, mi corazón se aceleró y casi se me escapa alguna lágrima de emoción. Giovanna entró dando unos pasitos de danza clásica, cómo si flotara en el aire, estaba vestida con un estrecho traje de bailarina que no hacía nada más que destacar sus preciosas sinuosidades, en su mano traía una bolsa de plástico rosa. Casi eufórica, me dijo:
—¡Tienes que ayudarme! … ¡Todo va demasiado bien! … ¡Lo he vuelto loco con ese maldito movimiento misterioso oscuro! … ¡Hemos follado seis veces esta semana! … ¡Y todas las veces el movimiento funcionó! … ¡Se corre mucho antes de que yo pueda hacerlo! …
—Pero eso es decepcionante, ¿no? …
—¿Qué? … ¡Oh, no! … ¡Es perfecto! … ¡Eso no me importa nada! … ¡Sólo quiero darle placer! …
—¡No me parece una cosa muy justa! …
Dije, hubiera querido añadir “Tampoco saludable”, pero sabía que mejor era no contradecirla, así que le pregunté:
—Entonces … ¿Cuál es el problema? …
—¡Me pidió que le diera el culo! …
Me sentí shockeado. Nunca esperé venir esto. Ahora el repugnante oriental quería sodomizarla, pero en realidad no podía darle toda la culpa, el culo de Giovanna era totalmente apetitoso, era una poesía en movimiento y el coreano era sólo un ser humano más, cochino más encima. Claro que también pude deducir que este aspecto podía ser favorable para mí también.
Mi polla comenzó su zafarrancho inmediatamente y con repetidas palpitaciones se me puso dura como roca. Yo ya sabía que cualquier propuesta que le hiciera Lee a mi hermana iba a repercutir en mí. Disimulé mi sonrisa de oreja a oreja y totalmente calmo, dije:
—¡Ehm! … ¡Puedo notar tu dilema! …
Menos mal que ella no notó el falsete en mi voz.
—¡Pero eso me da miedo! … ¿No será doloroso? … ¿Y si él encuentra que soy asquerosa en mi trasero? … ¿Qué tal si el movimiento no me resulta con mi culo! …
—¡Ninguna chica está obligada a practicar sexo anal! … ¡No tienes que hacer nada si no te sientes preparada para ello! …
—¡Ufffa! … ¡Suenas igual que nuestro padre! … ¿Por qué siempre tienes que estar predicando sobre tonterías? … ¿Acaso no puedes despojarte de ese habito de moralidad y calzarte el de Gran Maestro cachondo con una gran verga? … ¿Es mucho pedir? …
—¡Qué idiota que eres! … Pero tienes razón … Ahora hay que actuar … Dime todo lo que quieres y te ayudaré de la mejor forma que pueda hacerlo …
Ella sonrió radiante.
—Mira, tu y yo somos muy cercanos … Confío mucho en ti … Encuentro super aterrador todo esto porque nunca antes lo he hecho … Entonces me pregunté, ¿si querrías practicar eso conmigo?
—¿¿Quieres que te folle por el culo?? …
—¡No te estoy pidiendo mucho! … ¡Además, hare tus tareas hasta fin de año! … Sé que no he empezado ninguna de ellas, pero eso está por cambiar … Sólo necesito este último empujoncito …
—¿Qué quieres decir con “empujoncito”? …
—¿Ah? …
—Dijiste que tenías miedo y que el movimiento secreto oscuro tal vez no te iba a funcionar …
—¡Oh, sí! … Sucede que él es … Él es …
Se quedó allí pegada sin continuar con su argumento. Impaciente le pregunté:
—¿Él es qué? …
—Él es oriental, ¿ya sabes? … Nos llevamos muy bien y todo eso, pero él no es … ¿Cómo explicarlo? … Él no es tan profundo … No nos conectamos mucho a través de palabras o sentimientos …
—Entonces no puedes ser honesta con él y decirle lo nerviosa que te tiene todo esto, ¿eh? …
—No es ese el tipo de nuestra relación …
—¡Ya veo! … Quieres decir que se trata solo de follar traseros, ¿no? …
—¡Mira, Andrés! … ¡No necesito de tus sarcasmos! … ¡Si no quieres ayudarme, anda y dilo! …
—¡En ningún momento he dicho que no te ayudaría! …
Dije y enseguida supe otra vez que estaba involucrado en los placeres de ese bastardo oriental que había seducido a mi hermanita.
—¿Oh, Gracias a Dios! … ¡Por qué me salvarás la vida, Andrés! … ¡Conviérteme en experta de esta última cosa y te prometo que te dejaré en paz para siempre! …
Me quedé consternado al escuchar sus palabras, estaba destinado a quedarme solo y ella con su oriental depravado.
—Bueno … ¡Vamos a necesitar mucho lubricante! …
Dije lo más desinteresadamente posible. Ella me mostró la pequeña bolsa de plástico. Dentro había una botella pegajosa de aceite de masaje cubierta de residuos secos y pelos adheridos.
—¡Oh! … Veo que has pensado en todo … Comenzaremos con un precalentamiento adecuado …
—¡Ves! … Esto es lo que necesito de ti … Tu sapiencia y experticia … Es por eso por lo que continuo viniendo a ti … Eres un gran maestro …
No me considero un experto de nada, pero sabía que debíamos actuar con cautela visto el diminuto ojetillo de su culo. Además, nunca nadie me había pedido de usar la puerta trasera; siempre solo la puerta principal y tampoco había sido muchas veces y solo con mujeres con limitada experiencia. Me sentí más novato que ella en todo este asunto. No tenía coraje ni siquiera para inventar algún raro movimiento falso. Me puse nervioso.
Pensé que simplemente la iba a amar y cuidar lo mejor que pudiera. Debía manejar toda esta situación con guantes de seda y seriedad de hermano mayor. Juntos aprenderíamos esta particular relación sexual para finalizar con su aprendizaje.
—¿Has hecho algún juego de culo con él alguna vez? …
—No mucho, en realidad … Pero me metió un dedo por allí …
Me sentí hervir de celos por ese afortunado oriental cabrón que se me había adelantado casi en todo.
—¿Lo hizo? … ¿Y cómo te sentiste? …
—¡Uhhhhmm! … ¡Rico! … ¡Casi hizo que me corriera! … ¡Me hizo sentir muy cachonda y juguetona! … ¡Pero era solo un dedo! … ¡Tengo miedo de probar algo más grande! …
—Se sentía incómodamente apretado, ¿eh? …
—¡Uh, sí! … Cómo si no hubiera espacio para nada más ahí …
Un cosquilleo adrenalínico recorrió toda mis polla haciéndome cosquillas hasta en las costillas; luego agregó:
—Pero si logro acomodarme tu … ¡Ehm! … ¡Ya sabes! … Será más fácil hacerlo con Lee … Así que me preparé, ya me hice un enema y te prometo que apretaré los dientes y seré valiente con eso grande que tú tienes ahí …
Con eso se quitó el leotardo blanco de bailarina y se acostó desnuda en mi cama, levantando la mitad de su cuerpo para adoptar la postura de cobra.
—¡Trátame bien! … ¡Empecemos! …
Me dijo ella mirándome por sobre su hombro. Mire su cuerpo deslumbrante. Su culo idílico y delicioso expectante que mi polla se hiciera cargo y tomara el control de ese territorio virgen. No sabía por dónde empezar esta apoteósica tarea.
Parecía que estábamos en una fase nueva. Ya no era una cuestión de enseñarle a dar placer sino ayudarla a recibirlo y minimizar cualquier incomodidad y sufrimiento. Supuse que lo mejor para ella era mantenerse calma y relajada. Así que le dije que empezaríamos con un masaje.
Ahora yo no soy un masajista, pero entiendo bastante de deportes y sobre como ayudar a soportar las lesiones y los dolores. Así que decidí que lo mejor era darle un masaje relajante. Me sentí en la gloria al tocar su delicada piel. Por lo que me tranquilicé y abordé la tarea con confianza y estilo, esperando que resultara lo mejor posible.
Comencé con largos masajes a su espalda hasta su hueso sacro y deteniéndome en el coxis. Escuché varios suspiros tranquilizadores y supuse que se estaba relajando. De todos modos, ella parecía feliz de dejarme hacer todo lo que yo quisiera con ella.
Después de pintarrajear su espalda con una finísima película de loción, pasé a masajear sus piernas. Comencé por el interior de sus muslos, llegando justo al limite de sus partes privadas. Hice esto por una quincena de minutos, saboreando cada instante en que acaricie su juvenil y encantadora carne. No quería tocarle el culo todavía, aunque me aguantaba apenas de la ganas que me abrumaban.
El masaje pareció tener el efecto esperado de tranquilizarla y relajarla, observé que se le puso la piel de gallina y los vellitos de algunas partes de su cuerpo estaban erizados. También tuve una maravillosa visual de sus tetas maravillosas aplastadas contra la sábana.
Consciente o inconscientemente, ella comenzó a separar sus piernas y levantar su trasero hacia mí, como si estuviera desesperada porque mis manos exploraran esa región todavía no tocada. Así que poco a poco fui acercando mis dedos para incluirlo en el ritual del masaje; recubrí cada nalga con pequeñas gotas de aceite y amasé sus glúteos ligeramente como si fueran un juguete antiestrés.
Con cada nuevo pasaje de mis dedos por las crestas de sus posaderas, dejé que las yemas de mis dedos pasaran por su panal de miel, llegando a la entrada de ese delicioso bache, insinuando de entrar en su apretada hendedura, deslizándome de paso hasta su perineo, donde establecí la frontera limite para no seguir hacia su panocha.
Ante ese delicioso plato me vino el hambre y decidí comer.
Ciertamente, no se puede esperar que nadie se meta cosas en el culo sin excitarse previamente en forma adecuada. Así que sentí que era mi solemne deber hacerle sexo oral. Le separé las nalgas y comencé a lamer en línea recta desde su perineo hasta la engurruñada estrellita del sur. Se le puso la piel de gallina en sus cachetes. Hizo un ronroneo raro que jamás había escuchado; ni siquiera a nuestro gato.
Continué con una segunda ronda, esta vez enterré mi cara en las dobleces carnosos de su coño. Sabía a aceite de coco. Ella empezó a hacer una especie de perreo, empujando su entrepierna con más fuerza contra mis labios. Dejé que mi lengua viajara más allá, desviándome hacia el diminuto agujerito estriado de su culo, reclamando ese territorio como mío. Mis manos también estaban en acción masajeando suavemente sus hermosas nalgas.
Para favorecer el estiramiento de su trasero, follé con mi lengua sus dos agujeros, extendiendo el agujero de su culo todo el tiempo, preparándolo para recibir a su tan esperado invitado. La sentí que se acercaba a un orgasmo, pero estaba decidido a no dejar que se corriera todavía, mientras mi propio clímax avanzaba lentamente, frotando mi dura polla contra la ropa de cama.
La piel de sus muslos me subyugaba por su suavidad, parecía una superficie totalmente ajena a esta galaxia, al tacto de las yemas de mis dedos. Y el claro roció de su labia vaginal, parece de origen directo del paraíso mismo; intentaba saciar mi sed de ella en ese charco cachondo y sabroso de su panocha. Un néctar que no estaba reservado para que un hermano pudiese atiborrarse hasta marearse y emborracharse en ese licor de placer.
No podía dejarla culminar en un orgasmo solo lamiéndole el coño, no era ese el propósito de todo este asunto. Entonces en lugar de seguir excitándola al máximo, decidí que era hora de ejecutar la tarea que ella me había encomendado ansiosamente.
Con el máximo de cuidado metí uno de mis dedos en su estrecho orificio, enseguida enfilé un segundo y la follé con ambos dedos hasta el primer nudillo, sentí una relajación de su esfínter y agregué un tercer dedo, continuando a follarla suavemente y empujando mis tres falanges para ampliar cada vez más la circunferencia angosta y elástica de su trasero.
Cuando sentí que estaba lista para el momento crítico, le susurré al oído:
—Prepárate … Puede que al inicio se sienta mal y doloroso … Este es el camino equivocado … Por aquí solo salen cosas y no debería entrar nada … Pero es practicable y mucha gente lo hace … Iremos lo más despacio posible … Pero una vez que haya logrado atravesar la parte más estrecha, el mal debería disminuir y te iras sintiendo cada vez mucho mejor …
No sé si estas palabras motivadoras sirvieron de mucho, porque de todas maneras ella temblaba cuando apoyé la gruesa cabezota de mi pene en medio a sus nalgas. Cubrí mi verga con múltiples dosis de aceite y ensalivé su precioso culito con mi lengua. Entonces acaricie su engurruñado agujerito con la enorme cabezota de mi entiesada polla.
Desde todo ángulo, parecía una misión imposible. Pero Giovanna ya había demostrado su temple y valentía, así que decidí que era hora de meterme dentro de su estrecha estrellita del sur. Planeaba poseerla lo más suavemente posible. Nada me hubiera roto más el corazón que ser rechazado por el túnel de sus intestinos al último minuto. Pensé de avanzar en quectómetros si era necesario antes de fallar y tornar a casa derrotado.
La sentí rechinar sus dientes cuando comencé a horadar su estrecho esfínter hacia adentro con mi grueso ariete. Debo confesar que también para mi fue doloroso, pero no tenía ninguna prisa. También debo admitir que cuando la gorda punta de mi pene forzó su ojete anal, mi incomodidad dio paso a la euforia total. Necesité mucha fuerza de voluntad para no comenzar a follar sus sesos a través de su apretado culo.
No podía, por cierto, olvidar mi lugar y mi promesa. Así que hice una pausa de rigor y respiré profunda y lentamente, la insté a hacer lo mismo mientras se acostumbraba a mi enorme polla enterrada en su ceñido ojetillo trasero.
Participamos en una especie de movimiento paralizado. Respiré y me concentré en la exquisita sensación de mi polla metida dentro de su hermoso y apretado culo. Ella respiró y se concentró en la sensación de invasión; ambos gozando de este momento sublime, mientras que exteriormente no expresábamos nada.
Pude detectar una aceleración de su pulso en su grupa y cuartos traseros. A decir verdad, no sé si eran míos o suyos. Probablemente ambas cosas, en cuyo caso nuestros corazones latían sincronizados, a pesar de todos nuestros esfuerzos por relajarnos.
Luego de un rato sin tiempo, Giovanna suspiro y me dijo suavemente:
—¡Está bien! … ¡Se siente mejor! … ¡Adelante! … ¡Comienza a follarme de verdad! …
La preparación duró más de una hora. Fue como un largo viaje a un santuario donde al final logras la paz de tu alma y tu espíritu.
Estaba tan cachondo que no solo debía tener cuidado de no lastimarla, sino también evitar de correrme demasiado rápido. Me moví con cautela y cuidado, si era necesario me detenía. Al poco tiempo, a pesar de todas las contrariedades de la biología, la física, el sentido común y la decencia, me estaba follando deliciosamente el apretado culo de mi hermana.
Fue algo surrealista, a pesar de todos los esfuerzos y colosal preparación, los avances eran mínimos si comparamos el uso del otro agujero. Hasta que sucedió lo inesperado y maravilloso.
No sé si fue su esfínter el que se relajó por completo o el lubricante había llegado a lugares donde más se necesitaba. Pero después de muchas muecas y gemidos de dolor de su parte, mi polla finalmente fue tragada completamente por su recto. El angosto túnel de sus intestinos se había expandido en forma generosa e inverosímil para acomodar toda mis gruesa polla, igual como una anaconda acomoda su garganta para tragarse un capibara.
La única evidencia que quedó fue mi grueso garrote desapareciendo en lo profundo de sus vísceras. Sus nalgas habían vuelto a su lugar habitual, como si mi polla hubiera cruzado el umbral de un portal hacia otra dimensión y sus glúteos regresaban hacia donde siempre habían estado.
Sentí el canal de su colon succionando mi polla, tal como un hoyo negro se traga galaxias y planetas, pero permitiéndome la posibilidad de retirarme. Fue una tremenda lección de la física mecánica y dinámica, agregándole también la fricción.
Lo que siguió fue un continuo tira y afloja en el que mi polla aparecía y desaparecía a través del apretado conducto anal, como en un truco de prestidigitación: Ahora está, ahora no está.
Esto nos brindaba una nueva libertad de movimiento, lo que fue una recompensa para ambos. Su propia incomodidad disminuyó notablemente y fue reemplazada por una sensación nueva y encantadoramente desconocida para ella y para mí.
—¡Santo cielo, Andrés! … ¡Siento como si pudieras partirme en dos! …
—¿Te duele? …
—¡Realmente no! … ¡Pero es algo que jamás había experimentado! …
—¡Si quieres, podemos hacer una pausa! … ¡Para que te puedas acostumbrar mejor a la sensación! …
—¿Te molestaría? … ¡Esto de la sodomía te quita fuerza, pero se siente rico! …
—¡Para nada! …
Dije, deteniéndome profundamente en su recto, como si alguien hubiera tirado el freno de emergencia en el Metro. Este interludio me vino de perillas, ya que mis bolas estaban muy cerca de explotar.
—¡Es raro, pero tu conoces mi cuerpo mejor que yo! …
Resultaba irónico: Se suponía que el profesor era yo, pero había aprendido todo con ella. Él que necesitaba clases era ese tal Lee, el oriental de Corea.
Me pasé varios minutos jugando con sus esplendorosas tetas brillantes de aceite de masaje, estábamos listos para continuar o volver a empezar. Comencé a moverme suavemente con las rodillas, un ritmo deliberadamente lento. Giovanna se había aflojado muchísimo y comenzaba a soltar gemidos de placer real por primera vez. Eran los mismos gemidos que la había oído hacer cuando la follé por su panocha. Tomé esto como una buena señal para comenzar a apurar la situación o tal vez para calentarla un poco más.
Incrementé bríos y nuevo ímpetu en toda la acción mientras ella por su parte contraatacaba con fuerza y energía nueva, asegurándose que mi polla entrara en lo más profundo de su tripa, incluso mucho más de lo que yo pretendía penetrarla. Empujé mi ariete contra el muro derrumbado de su recto y ella gruño en aprobación.
Con mi dedo índice, medio y anular, rasgueé su clítoris como si fuera un bouzouki griego. Los graznidos y chillidos aumentaron de intensidad.
—¡Baja la voz! …
Dije, preocupado por papá y mamá. Ellos tenían que trabajar por la mañana y oír a su propio hijo follando por el culo a su propia hermana, podría ponerlos terriblemente nerviosos.
Se sentía como el paraíso en tierra, no había posibilidad alguna de aguantar la ola que hacía bullir mis bolas y se preparaba a explotar. Juro que hice todo lo posible por distraerme con cosas abstractas como la guerra en Ucrania, la crisis de las Bit-coins, las boberías de Trump, pero no podía retrasar lo inevitable.
La visión delirante de su diminuto y hermoso culo, repleto de un objeto mucho más grande y que no tenía que estar allí, se volvió demasiado para soportarlo. Sentí que mis espermatozoos hacían fila como para subir a un crucero de vacaciones.
—¡Oh, Giovanna! …
Balbuceé sin expresión alguna. Disparé un largo y prodigioso torrente de semen en el lujurioso culo de mi maravillosa hermana. El chupinazo salió con tanta fuerza que pensé le saldría por la boca. Más salvas salieron de mi cañón de carne caliente, como si fueran mineros internándose en el túnel profundo e inexplorado de su trasero. Fue tan copiosa la cantidad que Giovanna estaba recibiendo un nuevo enema, pero esta vez de semen.
La abrumadora cantidad de semen me obligó a retirarme. Mi polla resbaladiza salió de su capullo rojizo más rápido que un pedo, pero con un sonido más agradable, gotas de semen chisporrotearon de su ceñido trasero. Un chirimiri nacarado cayó sobre sus hoyuelos de Venus y las sábanas, lo último se depositó sobre sus firmes nalgas. El ojetillo redondo de su ano era de color burdeos brillante, pero tan pronto como saqué mi polla de allí comenzó a sellarse nuevamente, mientras un hilo de lechita rezumaba como un pequeño sumidero. Cuando levantó su rodilla para voltearse, esa lechita se derramó sobre su labia vaginal.
Cuando se volteó para comprobar que estaba todavía allí, me regaló una sonrisa esplendente, pero exhausta. Se desplomó sobre la suciedad de las sábanas humedecidas. Entonces, le pregunté:
—¿Estás bien? …
—¡Uhm! … ¡Creo que sí! … ¡Nada se ha roto! …
—Me alegro mucho …
Dije, quería decirle “Eres la cosa más hermosa que he visto jamás”, pero me pregunté si era apropiado. Decidí que no lo era, pero me arriesgué a decírselo:
—¡Eres lo más hermoso que he visto en mi vida! …
Otra estupidez más salida de mi boca. No la ofendió, pero creo que no me creyó.
—¡Tonto! … ¡Harás que me ponga roja! …
Su cara ya estaba sonrojada, tal vez por todo el esfuerzo de la relación anal. Tenía muchas ganas de besarla, pero desistí y no me arriesgué.
—¡No puedo creer que esté toda de una pieza! … ¡Tú polla es enorme! …
—¿Y se sintió bien? …
—¡Me costó un poco de tiempo! … ¡Pero finalmente, fue una de las cosas más cachondas que he hecho en toda mi vida! …
—¡Bueno! … ¡Ahora tienes suficiente practica para Lee! … Es eso lo que querías, ¿no? …
Rogué para que dijera que “no”. Que ella lo odiaba y que de ahora en adelante tendría ojos y agujeros sólo para mí.
—¡Sí! … Espero que sea tan suave y paciente como tú … Decididamente me siento lista y más valiente para hacerlo con él …
Me engañe a mi mismo, imaginando que había algo en la forma en que lo dijo que sugería que no estaba diciendo toda la verdad. Pero creo que fue sólo una ilusión. Nos quedamos allí por un largo rato, uno al lado del otro, lo más cerca posible, pero sin tocarnos en absoluto. Debo haberme quedado dormido. Cuando desperté, cerca de una hora después, mi dormitorio estaba a oscuras y mi hermana Giovanna se había desvanecido.
*****
Un par de semanas después estaba haciendo la cola del McDonald’s para comprar una bebida cola y un McDouble, cuando una cara familiar se unió a la fila detrás de mí.
—¡Hola, Andrés! …
Era Angela Furci, la mejor amiga de mi hermana. Se veía como una bomba sexy, una par de vaqueros recortados a mitad de sus nalgas carnosas y un top plateado que fatigaba a contener sus grandes tetas.
—¡Hola, Angela! … ¿Cómo estás? …
—¡Bien! … ¡Pero este calor me está matando! …
—¡Sí! … Es el cambio climático, ¿sabes? …
—Me gustaría vivir cerca de la playa para tirarme al mar …
Dijo. A mí también me hubiera gustado verla en medio de las olas con un diminuto bikini y poder gozar de una vista caliente de su maravilloso cuerpo. Siempre había tenido pensamientos depravados con el cuerpo de Angela, pero ahora todos mis pensamientos estaban con Giovanna.
—Entonces … Giovanna tiene novio, ¿eh? …
—¿Deveras? … ¿Y cómo no me ha contado nada? …
Me dijo ella en estado de shock.
—¿Cómo? … ¿Qué no lo sabes? …
—¡No! … ¡Y ella me lo cuenta todo! …
Me respondió Angela algo confundida. Pensé que había metido la pata. Tal vez Giovanna quería mantener todo en secreto. Supuse que todo el mundo lo sabía, o al menos su mejor amiga debía saberlo.
—¿Y quien es el chico? …
Preguntó Angela, interesada y curiosa.
—Lee Min-Jun …
—Lee … ¿Quién? …
—Lee Min-Jun … El chico coreano de tu curso …
—¡Oh! … No tenemos ningún chico coreano en el colegio …
—¡Pero cómo! … ¡Si es el más lindo de tu curso! …
—Hay muchos chicos lindos en mi curso … Pero ninguno de ellos es coreano …
—¡Eso no puede ser! … ¡Si hasta me mostró una foto de él! … ¡Tiene una piel estupenda! …
Ella me miraba aún más desconcertada. Comencé a sentirme frustrado, así que dije:
—¡Imposible que no lo conozcas! … ¡Es el chico más popular de tu curso! … ¡Todas las chicas quieren salir con él! …
—¿Deveras? … ¿Cómo cuáles? …
—¡Como tú! …
—¿Cómo yo? …
—Sí … Tuviste una cita y luego él nunca te volvió a invitar …
—Eso siempre me sucede a mí … Pero no he salido con ningún chico coreano … Creo que me lo recordaría, ¿no? … Debes estar confundido y estás hablando de otra persona …
—No … Estoy seguro … Giovanna está enamorada de él …
Dije sintiéndome algo molesto.
—Giovanna no está saliendo con ningún chico … Desde hace meses que no se interesa por ninguno de ellos … Tampoco me ha mencionado que le guste alguno de ellos …
—¡Pero cómo! … ¡Es un chico coreano! … ¡El más atractivo de tu curso! … ¡Parece que es parte de una banda de chicos coreanos! …
—¡Uhm, no! … A menos que te refieras a Jeon Jung-Kook …
—¿Y quien es ese? …
—Ella es fan de los BTS … Está enamorada de ellos … Y él es el vocalista de la banda … Él es super lindo …
—No … Su nombre es Lee Min-Jun … Luce como coreano, pero es mitad suizo …
Se me quedó mirando estupefacta. Quizás pensando en que me había vuelto loco. En realidad yo también había dudado al principio, antes de que ella y yo … ¡Ehm! Porfiadamente le dije:
—¡Pero si yo lo vi en una fotografía! …
Entonces Angela sacó su celular y comenzó a buscar en eso, hasta que encontró una fotografía de Jeon Jung-Kook y me la mostró.
—¿Era cómo este? …
El color debe haber desaparecido de mi cara. Pues…
—¡Sí! … ¡Ese es Lee Min-Jun! …
De hecho me mostro muchas fotos de él en diferentes escenarios del mundo, era él, pero no era el Lee Min-Jun que me había dicho ella. Una de las fotos era similar a la que me había mostrado Giovanna, pero seguramente manipulada con AI. Debo haber empequeñecido varios centímetros.
—¡Todo bien! … —Preguntó, Angela.
—¡Ehm … Sí! …
Dije, tratando de ocultar mi estado de confusión y añadí:
—Creo que me confundí … O tal vez no entendí nada …
Ahora me sentía ridículo.
—¡El próximo! …
Grito el dependiente del McDonald’s, era mi turno, esto me salvó de mi vergüenza. Hice mi pedido y me despedí de Angela.
Tan pronto como salí de ahí, intenté llamar a Giovanna siete veces seguidas, pero nunca me contestó. Tal vez Angela le habrá avisado por WhatsApp. Entonces yo también le envié un mensaje:
“Llámame lo antes posible”
Ella no respondió a ninguno de mis mensajes, pero pude ver por las marcas dobles de verificación que las había leído.
No la vi en todo el día. Ella le envió un mensaje a mamá diciéndole que se quedaría a cenar con una amiga. Me estaba evitando y eso me enojó bastante. ¿Por qué me habrá mentido? Me pregunté.
Le escribí varios textos que abandoné antes de terminarlos o que simplemente no los envié. No tenía idea que decir ya, ni mucho menos como empezar a decirlo. Una parte de mi todavía imaginaba que había algún malentendido, aunque sabía en mi corazón que eso era poco probable.
A cada hora que pasaba en que ella seguía evitándome, se hacía más claro que ella había inventado lo del coreano Lee Min-Jun y me había mostrado la foto de una Pop-Star coreana. No había novio. Nunca hubo citas. Tal vez ocultaba la verdadera identidad de un tercero. ¿Pero por qué hacer eso? Incluso si lo ocultaba a mí, ¿Por qué se lo ocultó también a su mejor amiga?
Llegó la medianoche, yo estaba despierto reflexionando sobre toda la situación cuando escuché la puerta trasera de abajo. La escuche dirigirse a la cocina y preparar sus cereales con leche y después cuando subía a ducharse. Cuando la escuché salir de la ducha, esperé otros diez minutos por si ella venía a mi dormitorio a aclarar todo. Nunca sucedió, así que decidí ir personalmente a investigar y aclarar toda la confusa situación.
Me puse una bata y golpeé a la puerta de su dormitorio. No respondió. Entonces abrí y entré de todos modos. Estaba todo a oscuras, excepto una tenue luz verde del cargador de su celular. Ella fingía estar durmiendo.
—¡Giovanna! … —Llamé un poco más fuerte. Ella permaneció en silencio.
—¡Giovanna! … —Repetí, con más dureza. Me di cuenta de que estaba despierta.
—¡Escucha! … ¡Tenemos que hablar! …
Dije, en el mismo tono que usaría papá cuando se prepara de lanzarnos uno de sus sermones.
—¡Vete! … —Dijo, desde algún lugar dentro de su almohada, en medio a sollozos.
Odiaba la idea de que ella estuviera sufriendo. Yo estaba profundamente enamorado de ella y la amaba. Razones suficiente por lo que me era difícil actuar en otro modo.
—¿Qué te sucede? … —Pregunté tiernamente.
—¡Soy la peor! … —Dijo Sollozando.
—¡No, no lo eres! … ¡Eres la mejor! … —Le dije, animándola, Pero ella seguía llorando.
Encendí la lampara. Estaba acurrucada sobre si misma en una posición fetal sobre la ropa de cama. Yo tomé mi lugar detrás de ella, pero ella no se giró a mirarme. Permaneció como un barco al garete en la inmensidad del océano.
Esperé en silencio mientras ella lloraba y luego puse una mano suavemente sobre su hombro. Ella dejó de llorar, pero se estremecía en histeria. Le froté la espalda entre los omóplatos, suave y tranquilizadoramente. Entonces ella se giró y se refugió en mis brazos. La abracé con fuerza ayudándola a mitigar su dolor.
No se de preciso cuanto tiempo duró todo eso. Pero fue tiempo suficiente para observar que llevaba un par de bragas celeste con dibujos de animalitos de bajo de su corto camisón. Finalmente, la tempestad de su tristeza amainó y la sostuve mientras se quejaba y gemía.
—¡Lo siento mucho, Andrés! …
Dijo con una voz todavía quebrada.
—¿Qué te hizo mentirme? …
Pregunté, no en modo acusatorio, sino esperando una disculpa lógica a toda la situación.
—Porque no podía decirte el verdadero nombre del chico del cual estoy terriblemente enamorada …
Me quedé un poco perplejo. Entonces sí había un chico. Quien era este tipo al que ella quería proteger y no revelar su nombre. ¿Un hombre mayor que ella? ¿Uno de sus profesores? ¿Un hombre casado? ¿Quién era su verdadero amante secreto? No pude aguantarme y le dije:
—Dime el nombre, Giovanna … Quiero saber quien es …
Sus lágrimas volvieron a brotar de sus ojos copiosamente. Me miró intensamente y dijo:
—¡Eres tú, tonto! …
El tiempo pareció detenerse de golpe. Billones de cosas pasaban por mi mente. No sabía como sentirme ni que decir. Me la quedé mirando, parecía como si el Big-Bang acaba de producirse. Todo el universo parecía renacer. Me acerqué a su boca y la bese. Mojó mis mejillas con sus lágrimas y me devolvió el beso con pasión y abrumadores deseos.
De repente todo se borró, nos perdimos el uno en el otro, mi manos trataban de recorrerla toda mientras sus manos me acariciaban por todas partes. Nuestros vestidos volaron casi sin dejar de besarnos. En cosa de minutos estaba encima de ella con mi polla invadiendo su caliente y estrecha conchita.
—¡Es solo contigo con quien quiero estar! … —Me dijo.
—¡Pero soy tu hermano! …
—¿Y eso qué? …
Cuando dijo eso comencé a follarla con inusitada fuerza y pasión. Besé su cuello y le susurré al oído:
—Vas a tener que enseñarme a amarte …
—¡Oh! … ¡Bueno! … Hay un movimiento oscuro y secreto, ¿sabes? …
Fin
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Hasta ahora no había iniciado ninguna de las tareas a la cuales se había comprometida, cosa que me enervaba, pero no podía enojarme con ella. La amaba demasiado como para hacérselo notar y no me atrevía a llamarle la atención.
Entonces en forma del todo inesperada y repentina, después de medianoche el fin de semana, mientras estaba acostado en mi cama, escuché un suave golpecito en mi puerta y luego:
—¿Estás despierto? …
Era su dulce y suave voz que preguntaba.
—¡Entra! …
Dije instantáneamente con entusiasmo, mi corazón se aceleró y casi se me escapa alguna lágrima de emoción. Giovanna entró dando unos pasitos de danza clásica, cómo si flotara en el aire, estaba vestida con un estrecho traje de bailarina que no hacía nada más que destacar sus preciosas sinuosidades, en su mano traía una bolsa de plástico rosa. Casi eufórica, me dijo:
—¡Tienes que ayudarme! … ¡Todo va demasiado bien! … ¡Lo he vuelto loco con ese maldito movimiento misterioso oscuro! … ¡Hemos follado seis veces esta semana! … ¡Y todas las veces el movimiento funcionó! … ¡Se corre mucho antes de que yo pueda hacerlo! …
—Pero eso es decepcionante, ¿no? …
—¿Qué? … ¡Oh, no! … ¡Es perfecto! … ¡Eso no me importa nada! … ¡Sólo quiero darle placer! …
—¡No me parece una cosa muy justa! …
Dije, hubiera querido añadir “Tampoco saludable”, pero sabía que mejor era no contradecirla, así que le pregunté:
—Entonces … ¿Cuál es el problema? …
—¡Me pidió que le diera el culo! …
Me sentí shockeado. Nunca esperé venir esto. Ahora el repugnante oriental quería sodomizarla, pero en realidad no podía darle toda la culpa, el culo de Giovanna era totalmente apetitoso, era una poesía en movimiento y el coreano era sólo un ser humano más, cochino más encima. Claro que también pude deducir que este aspecto podía ser favorable para mí también.
Mi polla comenzó su zafarrancho inmediatamente y con repetidas palpitaciones se me puso dura como roca. Yo ya sabía que cualquier propuesta que le hiciera Lee a mi hermana iba a repercutir en mí. Disimulé mi sonrisa de oreja a oreja y totalmente calmo, dije:
—¡Ehm! … ¡Puedo notar tu dilema! …
Menos mal que ella no notó el falsete en mi voz.
—¡Pero eso me da miedo! … ¿No será doloroso? … ¿Y si él encuentra que soy asquerosa en mi trasero? … ¿Qué tal si el movimiento no me resulta con mi culo! …
—¡Ninguna chica está obligada a practicar sexo anal! … ¡No tienes que hacer nada si no te sientes preparada para ello! …
—¡Ufffa! … ¡Suenas igual que nuestro padre! … ¿Por qué siempre tienes que estar predicando sobre tonterías? … ¿Acaso no puedes despojarte de ese habito de moralidad y calzarte el de Gran Maestro cachondo con una gran verga? … ¿Es mucho pedir? …
—¡Qué idiota que eres! … Pero tienes razón … Ahora hay que actuar … Dime todo lo que quieres y te ayudaré de la mejor forma que pueda hacerlo …
Ella sonrió radiante.
—Mira, tu y yo somos muy cercanos … Confío mucho en ti … Encuentro super aterrador todo esto porque nunca antes lo he hecho … Entonces me pregunté, ¿si querrías practicar eso conmigo?
—¿¿Quieres que te folle por el culo?? …
—¡No te estoy pidiendo mucho! … ¡Además, hare tus tareas hasta fin de año! … Sé que no he empezado ninguna de ellas, pero eso está por cambiar … Sólo necesito este último empujoncito …
—¿Qué quieres decir con “empujoncito”? …
—¿Ah? …
—Dijiste que tenías miedo y que el movimiento secreto oscuro tal vez no te iba a funcionar …
—¡Oh, sí! … Sucede que él es … Él es …
Se quedó allí pegada sin continuar con su argumento. Impaciente le pregunté:
—¿Él es qué? …
—Él es oriental, ¿ya sabes? … Nos llevamos muy bien y todo eso, pero él no es … ¿Cómo explicarlo? … Él no es tan profundo … No nos conectamos mucho a través de palabras o sentimientos …
—Entonces no puedes ser honesta con él y decirle lo nerviosa que te tiene todo esto, ¿eh? …
—No es ese el tipo de nuestra relación …
—¡Ya veo! … Quieres decir que se trata solo de follar traseros, ¿no? …
—¡Mira, Andrés! … ¡No necesito de tus sarcasmos! … ¡Si no quieres ayudarme, anda y dilo! …
—¡En ningún momento he dicho que no te ayudaría! …
Dije y enseguida supe otra vez que estaba involucrado en los placeres de ese bastardo oriental que había seducido a mi hermanita.
—¿Oh, Gracias a Dios! … ¡Por qué me salvarás la vida, Andrés! … ¡Conviérteme en experta de esta última cosa y te prometo que te dejaré en paz para siempre! …
Me quedé consternado al escuchar sus palabras, estaba destinado a quedarme solo y ella con su oriental depravado.
—Bueno … ¡Vamos a necesitar mucho lubricante! …
Dije lo más desinteresadamente posible. Ella me mostró la pequeña bolsa de plástico. Dentro había una botella pegajosa de aceite de masaje cubierta de residuos secos y pelos adheridos.
—¡Oh! … Veo que has pensado en todo … Comenzaremos con un precalentamiento adecuado …
—¡Ves! … Esto es lo que necesito de ti … Tu sapiencia y experticia … Es por eso por lo que continuo viniendo a ti … Eres un gran maestro …
No me considero un experto de nada, pero sabía que debíamos actuar con cautela visto el diminuto ojetillo de su culo. Además, nunca nadie me había pedido de usar la puerta trasera; siempre solo la puerta principal y tampoco había sido muchas veces y solo con mujeres con limitada experiencia. Me sentí más novato que ella en todo este asunto. No tenía coraje ni siquiera para inventar algún raro movimiento falso. Me puse nervioso.
Pensé que simplemente la iba a amar y cuidar lo mejor que pudiera. Debía manejar toda esta situación con guantes de seda y seriedad de hermano mayor. Juntos aprenderíamos esta particular relación sexual para finalizar con su aprendizaje.
—¿Has hecho algún juego de culo con él alguna vez? …
—No mucho, en realidad … Pero me metió un dedo por allí …
Me sentí hervir de celos por ese afortunado oriental cabrón que se me había adelantado casi en todo.
—¿Lo hizo? … ¿Y cómo te sentiste? …
—¡Uhhhhmm! … ¡Rico! … ¡Casi hizo que me corriera! … ¡Me hizo sentir muy cachonda y juguetona! … ¡Pero era solo un dedo! … ¡Tengo miedo de probar algo más grande! …
—Se sentía incómodamente apretado, ¿eh? …
—¡Uh, sí! … Cómo si no hubiera espacio para nada más ahí …
Un cosquilleo adrenalínico recorrió toda mis polla haciéndome cosquillas hasta en las costillas; luego agregó:
—Pero si logro acomodarme tu … ¡Ehm! … ¡Ya sabes! … Será más fácil hacerlo con Lee … Así que me preparé, ya me hice un enema y te prometo que apretaré los dientes y seré valiente con eso grande que tú tienes ahí …
Con eso se quitó el leotardo blanco de bailarina y se acostó desnuda en mi cama, levantando la mitad de su cuerpo para adoptar la postura de cobra.
—¡Trátame bien! … ¡Empecemos! …
Me dijo ella mirándome por sobre su hombro. Mire su cuerpo deslumbrante. Su culo idílico y delicioso expectante que mi polla se hiciera cargo y tomara el control de ese territorio virgen. No sabía por dónde empezar esta apoteósica tarea.
Parecía que estábamos en una fase nueva. Ya no era una cuestión de enseñarle a dar placer sino ayudarla a recibirlo y minimizar cualquier incomodidad y sufrimiento. Supuse que lo mejor para ella era mantenerse calma y relajada. Así que le dije que empezaríamos con un masaje.
Ahora yo no soy un masajista, pero entiendo bastante de deportes y sobre como ayudar a soportar las lesiones y los dolores. Así que decidí que lo mejor era darle un masaje relajante. Me sentí en la gloria al tocar su delicada piel. Por lo que me tranquilicé y abordé la tarea con confianza y estilo, esperando que resultara lo mejor posible.
Comencé con largos masajes a su espalda hasta su hueso sacro y deteniéndome en el coxis. Escuché varios suspiros tranquilizadores y supuse que se estaba relajando. De todos modos, ella parecía feliz de dejarme hacer todo lo que yo quisiera con ella.
Después de pintarrajear su espalda con una finísima película de loción, pasé a masajear sus piernas. Comencé por el interior de sus muslos, llegando justo al limite de sus partes privadas. Hice esto por una quincena de minutos, saboreando cada instante en que acaricie su juvenil y encantadora carne. No quería tocarle el culo todavía, aunque me aguantaba apenas de la ganas que me abrumaban.
El masaje pareció tener el efecto esperado de tranquilizarla y relajarla, observé que se le puso la piel de gallina y los vellitos de algunas partes de su cuerpo estaban erizados. También tuve una maravillosa visual de sus tetas maravillosas aplastadas contra la sábana.
Consciente o inconscientemente, ella comenzó a separar sus piernas y levantar su trasero hacia mí, como si estuviera desesperada porque mis manos exploraran esa región todavía no tocada. Así que poco a poco fui acercando mis dedos para incluirlo en el ritual del masaje; recubrí cada nalga con pequeñas gotas de aceite y amasé sus glúteos ligeramente como si fueran un juguete antiestrés.
Con cada nuevo pasaje de mis dedos por las crestas de sus posaderas, dejé que las yemas de mis dedos pasaran por su panal de miel, llegando a la entrada de ese delicioso bache, insinuando de entrar en su apretada hendedura, deslizándome de paso hasta su perineo, donde establecí la frontera limite para no seguir hacia su panocha.
Ante ese delicioso plato me vino el hambre y decidí comer.
Ciertamente, no se puede esperar que nadie se meta cosas en el culo sin excitarse previamente en forma adecuada. Así que sentí que era mi solemne deber hacerle sexo oral. Le separé las nalgas y comencé a lamer en línea recta desde su perineo hasta la engurruñada estrellita del sur. Se le puso la piel de gallina en sus cachetes. Hizo un ronroneo raro que jamás había escuchado; ni siquiera a nuestro gato.
Continué con una segunda ronda, esta vez enterré mi cara en las dobleces carnosos de su coño. Sabía a aceite de coco. Ella empezó a hacer una especie de perreo, empujando su entrepierna con más fuerza contra mis labios. Dejé que mi lengua viajara más allá, desviándome hacia el diminuto agujerito estriado de su culo, reclamando ese territorio como mío. Mis manos también estaban en acción masajeando suavemente sus hermosas nalgas.
Para favorecer el estiramiento de su trasero, follé con mi lengua sus dos agujeros, extendiendo el agujero de su culo todo el tiempo, preparándolo para recibir a su tan esperado invitado. La sentí que se acercaba a un orgasmo, pero estaba decidido a no dejar que se corriera todavía, mientras mi propio clímax avanzaba lentamente, frotando mi dura polla contra la ropa de cama.
La piel de sus muslos me subyugaba por su suavidad, parecía una superficie totalmente ajena a esta galaxia, al tacto de las yemas de mis dedos. Y el claro roció de su labia vaginal, parece de origen directo del paraíso mismo; intentaba saciar mi sed de ella en ese charco cachondo y sabroso de su panocha. Un néctar que no estaba reservado para que un hermano pudiese atiborrarse hasta marearse y emborracharse en ese licor de placer.
No podía dejarla culminar en un orgasmo solo lamiéndole el coño, no era ese el propósito de todo este asunto. Entonces en lugar de seguir excitándola al máximo, decidí que era hora de ejecutar la tarea que ella me había encomendado ansiosamente.
Con el máximo de cuidado metí uno de mis dedos en su estrecho orificio, enseguida enfilé un segundo y la follé con ambos dedos hasta el primer nudillo, sentí una relajación de su esfínter y agregué un tercer dedo, continuando a follarla suavemente y empujando mis tres falanges para ampliar cada vez más la circunferencia angosta y elástica de su trasero.
Cuando sentí que estaba lista para el momento crítico, le susurré al oído:
—Prepárate … Puede que al inicio se sienta mal y doloroso … Este es el camino equivocado … Por aquí solo salen cosas y no debería entrar nada … Pero es practicable y mucha gente lo hace … Iremos lo más despacio posible … Pero una vez que haya logrado atravesar la parte más estrecha, el mal debería disminuir y te iras sintiendo cada vez mucho mejor …
No sé si estas palabras motivadoras sirvieron de mucho, porque de todas maneras ella temblaba cuando apoyé la gruesa cabezota de mi pene en medio a sus nalgas. Cubrí mi verga con múltiples dosis de aceite y ensalivé su precioso culito con mi lengua. Entonces acaricie su engurruñado agujerito con la enorme cabezota de mi entiesada polla.
Desde todo ángulo, parecía una misión imposible. Pero Giovanna ya había demostrado su temple y valentía, así que decidí que era hora de meterme dentro de su estrecha estrellita del sur. Planeaba poseerla lo más suavemente posible. Nada me hubiera roto más el corazón que ser rechazado por el túnel de sus intestinos al último minuto. Pensé de avanzar en quectómetros si era necesario antes de fallar y tornar a casa derrotado.
La sentí rechinar sus dientes cuando comencé a horadar su estrecho esfínter hacia adentro con mi grueso ariete. Debo confesar que también para mi fue doloroso, pero no tenía ninguna prisa. También debo admitir que cuando la gorda punta de mi pene forzó su ojete anal, mi incomodidad dio paso a la euforia total. Necesité mucha fuerza de voluntad para no comenzar a follar sus sesos a través de su apretado culo.
No podía, por cierto, olvidar mi lugar y mi promesa. Así que hice una pausa de rigor y respiré profunda y lentamente, la insté a hacer lo mismo mientras se acostumbraba a mi enorme polla enterrada en su ceñido ojetillo trasero.
Participamos en una especie de movimiento paralizado. Respiré y me concentré en la exquisita sensación de mi polla metida dentro de su hermoso y apretado culo. Ella respiró y se concentró en la sensación de invasión; ambos gozando de este momento sublime, mientras que exteriormente no expresábamos nada.
Pude detectar una aceleración de su pulso en su grupa y cuartos traseros. A decir verdad, no sé si eran míos o suyos. Probablemente ambas cosas, en cuyo caso nuestros corazones latían sincronizados, a pesar de todos nuestros esfuerzos por relajarnos.
Luego de un rato sin tiempo, Giovanna suspiro y me dijo suavemente:
—¡Está bien! … ¡Se siente mejor! … ¡Adelante! … ¡Comienza a follarme de verdad! …
La preparación duró más de una hora. Fue como un largo viaje a un santuario donde al final logras la paz de tu alma y tu espíritu.
Estaba tan cachondo que no solo debía tener cuidado de no lastimarla, sino también evitar de correrme demasiado rápido. Me moví con cautela y cuidado, si era necesario me detenía. Al poco tiempo, a pesar de todas las contrariedades de la biología, la física, el sentido común y la decencia, me estaba follando deliciosamente el apretado culo de mi hermana.
Fue algo surrealista, a pesar de todos los esfuerzos y colosal preparación, los avances eran mínimos si comparamos el uso del otro agujero. Hasta que sucedió lo inesperado y maravilloso.
No sé si fue su esfínter el que se relajó por completo o el lubricante había llegado a lugares donde más se necesitaba. Pero después de muchas muecas y gemidos de dolor de su parte, mi polla finalmente fue tragada completamente por su recto. El angosto túnel de sus intestinos se había expandido en forma generosa e inverosímil para acomodar toda mis gruesa polla, igual como una anaconda acomoda su garganta para tragarse un capibara.
La única evidencia que quedó fue mi grueso garrote desapareciendo en lo profundo de sus vísceras. Sus nalgas habían vuelto a su lugar habitual, como si mi polla hubiera cruzado el umbral de un portal hacia otra dimensión y sus glúteos regresaban hacia donde siempre habían estado.
Sentí el canal de su colon succionando mi polla, tal como un hoyo negro se traga galaxias y planetas, pero permitiéndome la posibilidad de retirarme. Fue una tremenda lección de la física mecánica y dinámica, agregándole también la fricción.
Lo que siguió fue un continuo tira y afloja en el que mi polla aparecía y desaparecía a través del apretado conducto anal, como en un truco de prestidigitación: Ahora está, ahora no está.
Esto nos brindaba una nueva libertad de movimiento, lo que fue una recompensa para ambos. Su propia incomodidad disminuyó notablemente y fue reemplazada por una sensación nueva y encantadoramente desconocida para ella y para mí.
—¡Santo cielo, Andrés! … ¡Siento como si pudieras partirme en dos! …
—¿Te duele? …
—¡Realmente no! … ¡Pero es algo que jamás había experimentado! …
—¡Si quieres, podemos hacer una pausa! … ¡Para que te puedas acostumbrar mejor a la sensación! …
—¿Te molestaría? … ¡Esto de la sodomía te quita fuerza, pero se siente rico! …
—¡Para nada! …
Dije, deteniéndome profundamente en su recto, como si alguien hubiera tirado el freno de emergencia en el Metro. Este interludio me vino de perillas, ya que mis bolas estaban muy cerca de explotar.
—¡Es raro, pero tu conoces mi cuerpo mejor que yo! …
Resultaba irónico: Se suponía que el profesor era yo, pero había aprendido todo con ella. Él que necesitaba clases era ese tal Lee, el oriental de Corea.
Me pasé varios minutos jugando con sus esplendorosas tetas brillantes de aceite de masaje, estábamos listos para continuar o volver a empezar. Comencé a moverme suavemente con las rodillas, un ritmo deliberadamente lento. Giovanna se había aflojado muchísimo y comenzaba a soltar gemidos de placer real por primera vez. Eran los mismos gemidos que la había oído hacer cuando la follé por su panocha. Tomé esto como una buena señal para comenzar a apurar la situación o tal vez para calentarla un poco más.
Incrementé bríos y nuevo ímpetu en toda la acción mientras ella por su parte contraatacaba con fuerza y energía nueva, asegurándose que mi polla entrara en lo más profundo de su tripa, incluso mucho más de lo que yo pretendía penetrarla. Empujé mi ariete contra el muro derrumbado de su recto y ella gruño en aprobación.
Con mi dedo índice, medio y anular, rasgueé su clítoris como si fuera un bouzouki griego. Los graznidos y chillidos aumentaron de intensidad.
—¡Baja la voz! …
Dije, preocupado por papá y mamá. Ellos tenían que trabajar por la mañana y oír a su propio hijo follando por el culo a su propia hermana, podría ponerlos terriblemente nerviosos.
Se sentía como el paraíso en tierra, no había posibilidad alguna de aguantar la ola que hacía bullir mis bolas y se preparaba a explotar. Juro que hice todo lo posible por distraerme con cosas abstractas como la guerra en Ucrania, la crisis de las Bit-coins, las boberías de Trump, pero no podía retrasar lo inevitable.
La visión delirante de su diminuto y hermoso culo, repleto de un objeto mucho más grande y que no tenía que estar allí, se volvió demasiado para soportarlo. Sentí que mis espermatozoos hacían fila como para subir a un crucero de vacaciones.
—¡Oh, Giovanna! …
Balbuceé sin expresión alguna. Disparé un largo y prodigioso torrente de semen en el lujurioso culo de mi maravillosa hermana. El chupinazo salió con tanta fuerza que pensé le saldría por la boca. Más salvas salieron de mi cañón de carne caliente, como si fueran mineros internándose en el túnel profundo e inexplorado de su trasero. Fue tan copiosa la cantidad que Giovanna estaba recibiendo un nuevo enema, pero esta vez de semen.
La abrumadora cantidad de semen me obligó a retirarme. Mi polla resbaladiza salió de su capullo rojizo más rápido que un pedo, pero con un sonido más agradable, gotas de semen chisporrotearon de su ceñido trasero. Un chirimiri nacarado cayó sobre sus hoyuelos de Venus y las sábanas, lo último se depositó sobre sus firmes nalgas. El ojetillo redondo de su ano era de color burdeos brillante, pero tan pronto como saqué mi polla de allí comenzó a sellarse nuevamente, mientras un hilo de lechita rezumaba como un pequeño sumidero. Cuando levantó su rodilla para voltearse, esa lechita se derramó sobre su labia vaginal.
Cuando se volteó para comprobar que estaba todavía allí, me regaló una sonrisa esplendente, pero exhausta. Se desplomó sobre la suciedad de las sábanas humedecidas. Entonces, le pregunté:
—¿Estás bien? …
—¡Uhm! … ¡Creo que sí! … ¡Nada se ha roto! …
—Me alegro mucho …
Dije, quería decirle “Eres la cosa más hermosa que he visto jamás”, pero me pregunté si era apropiado. Decidí que no lo era, pero me arriesgué a decírselo:
—¡Eres lo más hermoso que he visto en mi vida! …
Otra estupidez más salida de mi boca. No la ofendió, pero creo que no me creyó.
—¡Tonto! … ¡Harás que me ponga roja! …
Su cara ya estaba sonrojada, tal vez por todo el esfuerzo de la relación anal. Tenía muchas ganas de besarla, pero desistí y no me arriesgué.
—¡No puedo creer que esté toda de una pieza! … ¡Tú polla es enorme! …
—¿Y se sintió bien? …
—¡Me costó un poco de tiempo! … ¡Pero finalmente, fue una de las cosas más cachondas que he hecho en toda mi vida! …
—¡Bueno! … ¡Ahora tienes suficiente practica para Lee! … Es eso lo que querías, ¿no? …
Rogué para que dijera que “no”. Que ella lo odiaba y que de ahora en adelante tendría ojos y agujeros sólo para mí.
—¡Sí! … Espero que sea tan suave y paciente como tú … Decididamente me siento lista y más valiente para hacerlo con él …
Me engañe a mi mismo, imaginando que había algo en la forma en que lo dijo que sugería que no estaba diciendo toda la verdad. Pero creo que fue sólo una ilusión. Nos quedamos allí por un largo rato, uno al lado del otro, lo más cerca posible, pero sin tocarnos en absoluto. Debo haberme quedado dormido. Cuando desperté, cerca de una hora después, mi dormitorio estaba a oscuras y mi hermana Giovanna se había desvanecido.
*****
Un par de semanas después estaba haciendo la cola del McDonald’s para comprar una bebida cola y un McDouble, cuando una cara familiar se unió a la fila detrás de mí.
—¡Hola, Andrés! …
Era Angela Furci, la mejor amiga de mi hermana. Se veía como una bomba sexy, una par de vaqueros recortados a mitad de sus nalgas carnosas y un top plateado que fatigaba a contener sus grandes tetas.
—¡Hola, Angela! … ¿Cómo estás? …
—¡Bien! … ¡Pero este calor me está matando! …
—¡Sí! … Es el cambio climático, ¿sabes? …
—Me gustaría vivir cerca de la playa para tirarme al mar …
Dijo. A mí también me hubiera gustado verla en medio de las olas con un diminuto bikini y poder gozar de una vista caliente de su maravilloso cuerpo. Siempre había tenido pensamientos depravados con el cuerpo de Angela, pero ahora todos mis pensamientos estaban con Giovanna.
—Entonces … Giovanna tiene novio, ¿eh? …
—¿Deveras? … ¿Y cómo no me ha contado nada? …
Me dijo ella en estado de shock.
—¿Cómo? … ¿Qué no lo sabes? …
—¡No! … ¡Y ella me lo cuenta todo! …
Me respondió Angela algo confundida. Pensé que había metido la pata. Tal vez Giovanna quería mantener todo en secreto. Supuse que todo el mundo lo sabía, o al menos su mejor amiga debía saberlo.
—¿Y quien es el chico? …
Preguntó Angela, interesada y curiosa.
—Lee Min-Jun …
—Lee … ¿Quién? …
—Lee Min-Jun … El chico coreano de tu curso …
—¡Oh! … No tenemos ningún chico coreano en el colegio …
—¡Pero cómo! … ¡Si es el más lindo de tu curso! …
—Hay muchos chicos lindos en mi curso … Pero ninguno de ellos es coreano …
—¡Eso no puede ser! … ¡Si hasta me mostró una foto de él! … ¡Tiene una piel estupenda! …
Ella me miraba aún más desconcertada. Comencé a sentirme frustrado, así que dije:
—¡Imposible que no lo conozcas! … ¡Es el chico más popular de tu curso! … ¡Todas las chicas quieren salir con él! …
—¿Deveras? … ¿Cómo cuáles? …
—¡Como tú! …
—¿Cómo yo? …
—Sí … Tuviste una cita y luego él nunca te volvió a invitar …
—Eso siempre me sucede a mí … Pero no he salido con ningún chico coreano … Creo que me lo recordaría, ¿no? … Debes estar confundido y estás hablando de otra persona …
—No … Estoy seguro … Giovanna está enamorada de él …
Dije sintiéndome algo molesto.
—Giovanna no está saliendo con ningún chico … Desde hace meses que no se interesa por ninguno de ellos … Tampoco me ha mencionado que le guste alguno de ellos …
—¡Pero cómo! … ¡Es un chico coreano! … ¡El más atractivo de tu curso! … ¡Parece que es parte de una banda de chicos coreanos! …
—¡Uhm, no! … A menos que te refieras a Jeon Jung-Kook …
—¿Y quien es ese? …
—Ella es fan de los BTS … Está enamorada de ellos … Y él es el vocalista de la banda … Él es super lindo …
—No … Su nombre es Lee Min-Jun … Luce como coreano, pero es mitad suizo …
Se me quedó mirando estupefacta. Quizás pensando en que me había vuelto loco. En realidad yo también había dudado al principio, antes de que ella y yo … ¡Ehm! Porfiadamente le dije:
—¡Pero si yo lo vi en una fotografía! …
Entonces Angela sacó su celular y comenzó a buscar en eso, hasta que encontró una fotografía de Jeon Jung-Kook y me la mostró.
—¿Era cómo este? …
El color debe haber desaparecido de mi cara. Pues…
—¡Sí! … ¡Ese es Lee Min-Jun! …
De hecho me mostro muchas fotos de él en diferentes escenarios del mundo, era él, pero no era el Lee Min-Jun que me había dicho ella. Una de las fotos era similar a la que me había mostrado Giovanna, pero seguramente manipulada con AI. Debo haber empequeñecido varios centímetros.
—¡Todo bien! … —Preguntó, Angela.
—¡Ehm … Sí! …
Dije, tratando de ocultar mi estado de confusión y añadí:
—Creo que me confundí … O tal vez no entendí nada …
Ahora me sentía ridículo.
—¡El próximo! …
Grito el dependiente del McDonald’s, era mi turno, esto me salvó de mi vergüenza. Hice mi pedido y me despedí de Angela.
Tan pronto como salí de ahí, intenté llamar a Giovanna siete veces seguidas, pero nunca me contestó. Tal vez Angela le habrá avisado por WhatsApp. Entonces yo también le envié un mensaje:
“Llámame lo antes posible”
Ella no respondió a ninguno de mis mensajes, pero pude ver por las marcas dobles de verificación que las había leído.
No la vi en todo el día. Ella le envió un mensaje a mamá diciéndole que se quedaría a cenar con una amiga. Me estaba evitando y eso me enojó bastante. ¿Por qué me habrá mentido? Me pregunté.
Le escribí varios textos que abandoné antes de terminarlos o que simplemente no los envié. No tenía idea que decir ya, ni mucho menos como empezar a decirlo. Una parte de mi todavía imaginaba que había algún malentendido, aunque sabía en mi corazón que eso era poco probable.
A cada hora que pasaba en que ella seguía evitándome, se hacía más claro que ella había inventado lo del coreano Lee Min-Jun y me había mostrado la foto de una Pop-Star coreana. No había novio. Nunca hubo citas. Tal vez ocultaba la verdadera identidad de un tercero. ¿Pero por qué hacer eso? Incluso si lo ocultaba a mí, ¿Por qué se lo ocultó también a su mejor amiga?
Llegó la medianoche, yo estaba despierto reflexionando sobre toda la situación cuando escuché la puerta trasera de abajo. La escuche dirigirse a la cocina y preparar sus cereales con leche y después cuando subía a ducharse. Cuando la escuché salir de la ducha, esperé otros diez minutos por si ella venía a mi dormitorio a aclarar todo. Nunca sucedió, así que decidí ir personalmente a investigar y aclarar toda la confusa situación.
Me puse una bata y golpeé a la puerta de su dormitorio. No respondió. Entonces abrí y entré de todos modos. Estaba todo a oscuras, excepto una tenue luz verde del cargador de su celular. Ella fingía estar durmiendo.
—¡Giovanna! … —Llamé un poco más fuerte. Ella permaneció en silencio.
—¡Giovanna! … —Repetí, con más dureza. Me di cuenta de que estaba despierta.
—¡Escucha! … ¡Tenemos que hablar! …
Dije, en el mismo tono que usaría papá cuando se prepara de lanzarnos uno de sus sermones.
—¡Vete! … —Dijo, desde algún lugar dentro de su almohada, en medio a sollozos.
Odiaba la idea de que ella estuviera sufriendo. Yo estaba profundamente enamorado de ella y la amaba. Razones suficiente por lo que me era difícil actuar en otro modo.
—¿Qué te sucede? … —Pregunté tiernamente.
—¡Soy la peor! … —Dijo Sollozando.
—¡No, no lo eres! … ¡Eres la mejor! … —Le dije, animándola, Pero ella seguía llorando.
Encendí la lampara. Estaba acurrucada sobre si misma en una posición fetal sobre la ropa de cama. Yo tomé mi lugar detrás de ella, pero ella no se giró a mirarme. Permaneció como un barco al garete en la inmensidad del océano.
Esperé en silencio mientras ella lloraba y luego puse una mano suavemente sobre su hombro. Ella dejó de llorar, pero se estremecía en histeria. Le froté la espalda entre los omóplatos, suave y tranquilizadoramente. Entonces ella se giró y se refugió en mis brazos. La abracé con fuerza ayudándola a mitigar su dolor.
No se de preciso cuanto tiempo duró todo eso. Pero fue tiempo suficiente para observar que llevaba un par de bragas celeste con dibujos de animalitos de bajo de su corto camisón. Finalmente, la tempestad de su tristeza amainó y la sostuve mientras se quejaba y gemía.
—¡Lo siento mucho, Andrés! …
Dijo con una voz todavía quebrada.
—¿Qué te hizo mentirme? …
Pregunté, no en modo acusatorio, sino esperando una disculpa lógica a toda la situación.
—Porque no podía decirte el verdadero nombre del chico del cual estoy terriblemente enamorada …
Me quedé un poco perplejo. Entonces sí había un chico. Quien era este tipo al que ella quería proteger y no revelar su nombre. ¿Un hombre mayor que ella? ¿Uno de sus profesores? ¿Un hombre casado? ¿Quién era su verdadero amante secreto? No pude aguantarme y le dije:
—Dime el nombre, Giovanna … Quiero saber quien es …
Sus lágrimas volvieron a brotar de sus ojos copiosamente. Me miró intensamente y dijo:
—¡Eres tú, tonto! …
El tiempo pareció detenerse de golpe. Billones de cosas pasaban por mi mente. No sabía como sentirme ni que decir. Me la quedé mirando, parecía como si el Big-Bang acaba de producirse. Todo el universo parecía renacer. Me acerqué a su boca y la bese. Mojó mis mejillas con sus lágrimas y me devolvió el beso con pasión y abrumadores deseos.
De repente todo se borró, nos perdimos el uno en el otro, mi manos trataban de recorrerla toda mientras sus manos me acariciaban por todas partes. Nuestros vestidos volaron casi sin dejar de besarnos. En cosa de minutos estaba encima de ella con mi polla invadiendo su caliente y estrecha conchita.
—¡Es solo contigo con quien quiero estar! … —Me dijo.
—¡Pero soy tu hermano! …
—¿Y eso qué? …
Cuando dijo eso comencé a follarla con inusitada fuerza y pasión. Besé su cuello y le susurré al oído:
—Vas a tener que enseñarme a amarte …
—¡Oh! … ¡Bueno! … Hay un movimiento oscuro y secreto, ¿sabes? …
Fin
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