Mi hermana Giovanna. - III.

por
género
incesto

Después de esa dupla de mamadas algo en mí se rompió. Realmente había obtenido demasiado goce y placer enseñándole a chupar una polla y no podía ocultar de que había algo más en todo eso.


Mi obsesión ya no se limitaba al hecho de que ella era una despampanante joven mujer, alguien quien había usado su cuerpo para complacer al mío. Tampoco fue la entusiastica forma con el que ella se aplicaba a experimentar mis instrucciones y hacía de todo para complacerme. Bueno, mientras pensaba en complacer al coreano ese, al cual iban todos sus sentimientos románticos.


El problema es que yo también tenía sentimientos románticos por ella. ¿Habrá sido este el motivo por qué en un inicio traté de rehusar de ayudarla? Tal vez nunca quise protegerla a ella, sino protegerme a mí mismo del abismo sobre el que ahora pendía peligrosamente.


El hecho de que ella no sintiera ningún apego romántico hacia mí, ya que solo tenía ojos para Lee y yo era nada más que un mero accesorio de practica en esta comedia erótica que habíamos montado, solo me hizo sentir más estúpido y avergonzado de mis propios sentimientos.


Pero tan bobalicón no era; sabía que un romance con Giovanna no nos llevaría a ninguna parte. No fantaseaba con un mundo donde pudiéramos estar juntos para siempre. Pero eso no hacía desaparecer el dolor que me hacía sentir, como tampoco el anhelo de volver a follar su boca y todos los orificios de su hermoso cuerpo.


Durante la semana la vi por la casa. Todavía no comenzaba con ninguna tarea a las cuales se había comprometido, pero no estaba molesto por ello. No podía dejar de admirar sus lindas extremidades. Su cuerpo contenía un magnetismo que me atraía como abejas al panal y cada vez que estaba cerca de ella, mi atención se concentraba en ella y cada vez que ella no estaba, mi imaginación la mantenía siempre en mi mente.


No podía entender cómo nunca antes la había visto de esta manera, me había obsesionado eróticamente con mi propia hermana. No era que su atractivo hubiera aparecido de la noche a la mañana. Pero ¿no sé donde había estado yo mientras ella paso de oruga a crisálida y luego a una hermosa mariposa?


Comencé a masturbarme a menudo, recordándome de la noche en que todo comenzó. Llegué al extremo de robar sus bragas del cesto de la ropa sucia, para inhalar su fragancia y correrme en ellas. Es decir, me había enamorado de ella en un modo enfermizo, a sabiendas de que era una quimera peligrosa.


A todo esto, el héroe de la película era Lee Min-Jun. No yo. Yo era solo un sustituto de mala monta que leía algunas líneas con la protagonista. Un puto extra. Ni siquiera era un extrahumano, era solo un accesorio, un decorado más de la escenografía. Cuanto más me obsesionaba con ello, más melancólico me volvía.


Cuando ella volvió de la cita con el coreano, o podría llamarlo mi rival en el amor. Nunca vino a mi habitación. Esto solo aumentó mi tristeza. Apenas me desperté la mañana siguiente, le envié un WhatsApp preguntándole como había ido la cita, a lo que ella me respondió: ¡¡¡Genial!!!


¡¡¡Con tres signos de exclamación!!!, fueron como tres cuchillos que se clavaron directamente en mi corazón. Nunca iba a ser protagonista en esta historia de amor y tenía que aceptarlo. Pero al mismo tiempo la extrañaba y no podía soportarlo.


Llegó a tanto mi desesperación que decidí tomar el toro por las astas. Era pasada la medianoche, mamá y papá estaban fuera en una boda. Me dirigí a su habitación y golpeé suavemente la puerta de ella, para variar proferí las estúpidas palabras esas:
—¿Estas despierta? …
Tuve que preguntarle varias veces en voz alta antes de que me diera permiso para entrar.
—¡Hola, Giovanna! …
Dije, entrando a su habitación con el mismo abandono despreocupado con el que una vez ella entró en la mía. La lampara estaba encendida, pero ella estaba cómodamente acostada en la cama y obviamente había estado durmiendo. Ella no me recibió debajo de las sábanas, así que me acosté a su lado encima de las sábanas, todavía en pijama.
—¿Qué quieres? …
Me preguntó con sus ojos enrojecidos y llorosos.
—Quisiera saber cómo te fue con Lee … Han pasado varios días y nunca me has dicho nada sobre tu gran tercera cita …
—¿La de la mamada? …
—¿Le gustó? …
—Me dijo que había sido fabulosa …
Me llamó la atención que lo dijera muy desanimada.
—Entonces, eso es maravilloso, ¿no? …
Respondí sintiendo que mi estomago se apretaba de celos.
—Pero eso pertenece ya al pasado … Ahora tengo problemas más grandes …
—¿Cómo qué? …
—Lo disfrutó tanto qué dice que quiere ir más allá ahora …
—¿Quiere follarte? …
—Supongo que sí …
—¡Qué caballerosidad! …
—Pero eso es lo que quiere …
—¿Y eso es malo? …
—No lo sé … Tengo una cuarta cita y todo … Pero siento que estoy aprendiendo todos estos trucos nuevos y él siempre quiere más … Y yo no sé cómo hacerlo … Me parece que es un juego al que no puedo ganar …
—¿Y por qué no? … ¿Acaso no te consideras una buena opción? …
—Así es … Y sabes lo desagradable que puede ser eso para un chico, ¿no? …
—Sí … Creo que tienes razón … Los chicos a veces dicen que desearían que sus novias fueran mejor en la cama … Pero estoy seguro de que las chicas dicen lo mismo de nosotros, ¿no? …
—Lee Min-Jun es bueno en todo … Excepto en conversación … Pero ¿a quién le interesa eso? … Tenerlo dentro de mí sería el apogeo de todo esto, incluso si no se mueve ¿Entiendes eso? … Aquí yo soy la desechable … Él tiene una fila de mujeres que quieren follarlo … Muy pronto ya no seré una novedad para él … ¿Qué sentido tiene seguir? …
—¡Hey! … ¡Espera un poco! … ¿Es por eso por lo que estás tan deprimida? … ¡Estás saliendo con el chico de tus sueños y te lo estás pasando genial! … Pero supones qué él va a perder interés en ti, así que ¿mejor te rindes? …
Al parecer di en el clavo porque empezó a resoplar y sollozar; así que insistí.
—¿No has considerado la posibilidad de que seas alguien muy especial por derecho propio? ¿Y que la realidad es qué él no te merece? …
—¡Por supuesto que no! … ¡Nunca será así! …
Me dijo como si fuera lo más estúpido que pudiera haber sugerido. Me di cuenta de que estaba desnuda bajo las sábanas, por lo menos de la cintura para arriba. Mi polla comenzó a despertarse y no tenía modo de esconderla, pero no importaba, ella tenía su atención en otros asuntos.
—¿Y sí, en vez de sentirte derrotada, intentas ser más proactiva? … De cierto le has hecho pasar un buen rato a ese chico porque sigue volviendo a por más … Entonces, digo, ¿por qué simplemente te lo follas? … Podría enseñarte a hacerlo como una profesional …
Esperaba convencerla al ofrecerle mi noble sacrificio, pero me sorprendió diciendo:
—No … No creo que eso vaya a funcionar …
—¿Y por qué no? …
—Porque no hay nada de nuevo en eso … No hay trucos que aprender … Él es quien tiene la sartén por el mango … Las mujeres se les ofrecen a sus pies …
—¡Te siento muy abatida! … ¡Derrotada, diría! … ¿Y donde está el poder femenino? … ¿Qué se ha hecho de las fuerzas de luchar que tenías? … ¿Ya te das por vencida? … El estatus de la mujeres en la cama es mucho más alto de lo que crees, ¿sabes? … ¡Hay docenas de formas de elevar tu experiencia! …
—¿Ah … Sí? …
Dijo ella cambiando su tono de voz.
—¡Por supuesto que sí! … Para empezar hay … ¡Hay unos movimientos oscuros y secretos! …
Sus ojos se abrieron como huevos fritos cuando preguntó.
—¿¿Existen de verdad movimientos oscuros y secretos en todo eso?? …
(Ahora, querido lector entre tú y yo, no tenía la menor idea de lo que había dicho. Desconocía totalmente si había algo secreto y oscuro en el ancestral arte de hacer el amor y mucho menos de que cosa podría inventar. Pero estaba desesperado. Y ella me creyó, así que le dije con la mayor de las confianzas)
—Así es … Existe al menos uno que es capaz de remecer la tierra …
Sus ojos brillaron llenos de esperanzas de que pudiera ser salvada,
—¡Guau! … ¿Y tú podrías enseñarme eso? …
—¡Ehm, sí! … ¡Creo que yo podría hacer eso por ti! …
—¿Y estás seguro de que ninguna chica sabe de ese movimiento oscuro? … Porque se ha acostado con muchas chicas … Muchas mucho mayores que yo … Quizás cuantas veces ya le han hecho ese movimiento oscuro …
—No … No creo … Por lo que sé es algo super raro … Es tan raro como un objeto G …
—¿Y qué tiene que ver mi punto G con eso? …
—¡Objeto G, bruta! … Es una nube que han descubierto los astrónomos que se comporta como si fuera una estrella y nadie sabe el por qué …
—Debe ser algo muy difícil … No se si seré en grado de aprenderlo … Puede que nunca me resulte …
—No entiendo por qué de un de repente te volviste negativa … ¿Acaso ya no te gusta Lee? …
Me miró con los ojos llorosos y una pequeña lágrima cayó de sus ojos.
—¡No seas cruel! … ¡Estoy locamente enamorada de él! … ¡Haría cualquier cosa por él! …
Traté de sonreír con comprensión y ternura, pero ahora era yo quien estaba por entrar en llanto.
—Bueno … Ya lo has alucinado un par de veces y ahora tienes la oportunidad de volver a hacerlo … Aunque sea él quien te esté cogiendo …
—¿De verdad lo dices? …
Me preguntó y me comporté como Platón Vs. Kant, donde Platón era partidario de la falsedad útil, mientras Kant abogaba por la verdad moral e incondicional.
—En ti está todo el poder del universo … Se podría decir que “La fuerza está contigo” …
Le dije presionando animosamente su brazo. Sé que fui terriblemente manipulador, pero no estoy en busca de aprobación, ya que no tengo ni siquiera la mía.



La cosas habían dado un giro inesperado, pensé amargamente. Yo no había iniciado nada de esto. En principio intenté realmente de resistirme. Sin embargo, la verdad ahora estaba desnuda ante mí, tal como Giovanna probablemente estaba bajo las sábanas. Estaba tratando de engañar a mi propia hermana para que me dejara follarla y estaba dispuesto a usar cualquier artimaña para lograr mi objetivo.


Traté de imaginar que podría ser este movimiento oscuro y secreto. Mi mente comenzó a trabajar a toda fuerza. Elegí centrarme en el contorno de su figura, imaginándola desnuda bajo el edredón.
—¿Podrías describirme ese movimiento secreto? … ¿O tendrías que mostrármelo? …
Por un momento me sentí confundido. Ella era capaz de tragarse todo mi semen sin chistar; o dejar que rociara mi corrida en su cara, pero se resistía a ser penetrada por mí. Creo que también había comenzado a sentir remordimiento por haber hecho ciertas cosas conmigo. Eso sería parte de mi mala suerte. O tal vez, para una mujer siempre es muy importante dejar entrar a un hombre dentro de su cuerpo, que para el hombre entrar en ella. Probablemente Giovanna privilegiaba eso a lo otro.


Cualquiera sea su motivo para las nuevas lecciones, estaba decidido a follarla a como diera a lugar. Entonces, aunque no tenía la menor idea de cuál iba a ser el movimiento oscuro y secreto, volví a mentir diciendo con calma y autoridad.
—Supongo que podría intentar explicártelo con algún objeto … Sólo que será complicado hacerlo de la mejor manera …
Hubo un prolongado silencio esperando a ver si ella mordía la carnada. Repentinamente dije:
—¡Creo que esta vez si que vamos a necesitar la vela! …
Me levanté para ir a buscarla a mi habitación, ella me detuvo en seco.
—¡Maldita sea, Andrés! … ¡Ya te dije que esa maldita vela no sirve para nada! … ¡Creo tener algo que podría ser más útil a este propósito! …
Dijo enigmáticamente. Luego se giró sobre su cama y comenzó a buscar debajo de su almohada. Como no lograba alcanzar el misterioso objeto, ella se puso casi boca abajo sobre su cama, por supuesto las sábanas se corrieron dejando al descubierto sus hermosas y redondas nalgas desnuda, junto a una visual discreta de sus juveniles tetas. No fue mucho lo que pude ver en realidad, pero fue suficiente para darme cuenta sin lugar a equívocos, que Giovanna estaba completamente desnuda bajo las sábanas.


Me sorprendí cuando finalmente encontró el objeto al cual aludía, era nada más y nada menos que un grueso consolador dorado casi tan largo como mi polla. Seguramente era un instrumento ergonómicamente adapto al movimiento oscuro.


Lo tomé como si fuera el cáliz sagrado. Mantuve la compostura. Moví el artilugio en mis manos en forma extremadamente cuidadosa. Como si se tratara de un electrobisturí quirúrgico, ante la incisión de un trasplante de órganos.


Por supuesto que no estábamos tratando de ciencia espacial, pero estaba decidido a hacerlo parecer como si lo fuera, mezclando el máximo de términos científicos que ella jamás entendería. Hasta que ella abandone toda su curiosidad por lo nuevo y me pida de mostrárselo en forma real.
—Lo sé que puede parecer un poco raro e incómodo … Pero la primera presión que aplicas debe ser en un punto medio … Más o menos, por aquí …
—¡Espera! … ¡Espera! … ¡Espera! … ¡No vi nada! … ¿Dónde era? …
Volví a indicar vagamente el tercio superior del juguete con mi dedo flexionado que no mostraba nada de preciso. Me volvió a preguntar varias veces y cada vez señalaba un lugar diferente. Decidí permanecer en la parte media superior y con confianza afirme que ese era el punto preciso dentro de ella donde debía aplicar el misterioso movimiento oscuro. Un poco ofuscada me dijo:
—¡Ya! … ¡Ya! … ¡Ya! … ¡Entiendo! … ¿Y cómo es el movimiento oscuro ese? …
—¡Pon mucha atención! … ¡Aquí es donde no puedes equivocarte! … ¡Cuando llegamos al punto que te mostré … Debes aplicar una presión intermitente con los músculos de tu suelo pélvico … Esto es muy importante … Debes “Activar” y luego “Bloquear” esos núcleos críticos … Y eso activará el movimiento misterioso y oscuro … Esa es la parte más importante, ¿entiendes? …
Por supuesto que era todo una tontería de pies a cabeza. No había física ni ciencia popular para respaldar lo que le había dicho, pero sonaba como algo efectista y complicado. Fingí una paciencia infinita ante su incapacidad de comprender todas las tonterías que le estaba diciendo, sin explicar mayormente cada burrada que se me ocurría decirle. Se esmeró en comprender. Dios sabe que hizo todo lo posible.
—¡Descompagínamelo más despacio! …
Dijo algo exasperada. Como si la tontería que había inventado tuviera un principio y un fin racional. Volví atrás con todas la explicaciones posibles, remarcando cada paso. Sólo que ella no se dio cuentas de que las instrucciones era otras que no tenían nada que ver con las primeras.
—¡Espera! … Me cuesta seguir el movimiento de tus dedos …
Deveras me impresionó que ese fuera su único problema. Así que le mostré:
—Esto de aquí es la parte inferior, donde se entrelaza con tu pelvis. ¿ves? …
—¿Y en esa parte estaría mi clítoris? …
Preguntó señalando el nudillo de uno de mis dedos.
—¡Así es, pero por ahora tu clítoris no está involucrado! …
—¡Ah, bueno! … ¡Sólo intentaba comprender donde estaba el norte y el sur! …
—¡Entonces, si tu clítoris está aquí! … Tu culo está por acá, ¿verdad? …
Dije moviendo mi muñeca y haciéndola girar lejos de sus ojos.
—¡Ya entendí! … Entonces ahí aplico la presión, ¿no? …
De verdad que se estaba esforzando muchísimo, pero era como explicar a mamá los cálculos astro dinámicos necesarios para hacer reentrar un vehículo espacial a la tierra.
—¡Bueno, sí! … Justo aquí tienes que presionar …
Dije señalando una zona del consolador oculta e inútil.
—Usas dos de tus músculos vaginales para darle un buen apretón …
Concluí así, mis detalladas instrucciones.
—¡Perdona si soy un poco idiota! … ¡Pero no logro entender bien! … ¿Podrías sen tan gentil y contármelo todo de nuevo? …
A este punto yo estaba más cansado y confundido que ella. Repasé por última vez los arduos pasos del movimiento misterioso y oscuro. Cuidando de mantenerlo tan obtuso e inentendible como racional y convincente.


Repentinamente, ella apartó las sábanas y me arrebató el consolador de la mano. Lo pasó ligeramente por su lengua y luego penetró su agujero lampiño.
—¡Ahí está! … ¿Y ahora cuál es el siguiente movimiento? …
Mis ojos parecían querer salirse de mis cuencas orbitales. Intenté no reaccionar demasiado notoriamente a la emoción de ver su pequeño coño desnudo. Pero créeme, se me erizó cada vello o pelo de mi piel.
—¡Eso … así! … ¡Ahora solo tienes que apretar tu músculo puborrectal! …
Dije impasible.
—¿Mí qué? …
Yo tampoco tenía idea de que cosa era eso, pero agregué convincente y amable.
—Ese dentro de tu Colpos fibromuscular …
Estaba tan excitada con el brillante vibrador que prácticamente ya no escuchaba mis estupideces. El consolador aparecía y desaparecía ronroneando entre los delicados y rosados pliegues empapados de su panocha.


Mi polla estaba extremadamente dura, casi me dolía, estaba tan dura como el consolador de metal. Traté de camuflarme con las sábanas desechadas. Pero realmente ya no me importaba si ella se daba cuenta o no, especialmente cuando su maravilloso cuerpo desnudo de adolescente estaba extendido frente a mí para mi deleite.


Bajé de la cama y me ubiqué entre sus piernas separadas, fingiendo de ayudar desde un punto de vista mejorado. Hice un vago gesto hacia su espléndido agujero:
—¡Eso! … ¡Justo por ahí! …
Me miró con seriedad y algo exasperada me dijo:
—¿Podrías dignarte de ser un poco más preciso con tu observación? …
Inmediatamente traté de aparentar mayor seguridad y dije:
—¡En realidad no! … ¡No se trata de un lugar preciso! … ¡Es más bien una sensación! … ¡Es algo que tienes que aprender a identificar por ti misma! …
—¡Maldita sea! … Esto no va a funcionar, ¿sabes? … ¡No entiendo cómo hacerlo! …
Dijo perdiendo toda la paciencia que había tenido hasta ahora. Quitó el consolador de su coño, el cual salió embadurnado con sus fluidos pegajosos. Desde mi posición privilegiada pude observar el rosado pálido de su vulva, con sus labios mayores hinchados, los delicados labios menores empapados y brillantes ligeramente separados. La flor empapada de su panocha parecía tan cerca y a la vez tan lejos. Entonces ella pronunció las palabras mágicas.
—¿Sabes qué? … ¡Vas a tener que follarme! …
—¿Quien? … ¿Yo? …
Dije tratando de parecer escéptico e inexpresivo.
—¡No veo otra solución! … ¡Es el único modo en que me podrás decir si lo hago bien o no! … ¡Ven! … ¡Ven aquí! …
Me dijo dándose unos golpecitos en su montículo, como si estuviera pidiendo a nuestro gato de subirse a su regazo. Estaba tan desesperado por follarla que no me preocupé en lo más mínimo de fingir algo de resistencia.
—¿Necesitas que te lo chupe para ponerte duro? …
Me preguntó ella en su cándida inocencia. Sacudí mi cabeza negativamente mientras me despojaba de la parte inferior de mi pijama, Giovanna me tironeó la remera, lo que me obligó a deshacerme de ella también, quedando completamente desnudo al igual que ella. A continuación, me puse a horcajadas encima de ella, nuestros rostros estaban osadamente cercas. Se sintió raro no besarla, tal vez hubiese sido incómodo intentarlo, pues ella no demostraba ninguna intención de querer ser besada.



Me resultó más fácil acercar mí rígida polla a la entrada de su cuevita del placer. Era como estar en un cuento surrealista. Sus dorados muslos eran una fábula. Giovanna naturalmente separó los pétalos de su capullo florecido con sus dedos y con la otra mano guió mi entiesada polla hacia su interior, con el mismo abandono de si se tratara de su consolador dorado.


La penetré dulcemente sin manifestar mi goce y placer de sentirme envuelto por sus delicados y cálidos pliegues mojados y calientes. Luego ella dijo:
—¡Está bien! … ¡Déjame intentar ese maldito movimiento oscuro! …
—¡Eso! … ¡Continuemos con la lección! …
Dije tratando de reprimir mis deseos de follarle hasta el cerebro.
—Vamos bien hasta ahora, ¿no? …
—¡Bueno! … ¡Sí y no! … ¡Ya sabes, deberíamos dejar primero que nos habituemos un poco a la situación! …
—¿Y no sería mejor simplemente hacerlo ahora ya? …
En fondo en fondo, ella tenía razón. Teniendo en cuenta el momento sublime que se sentía de estar dentro de su acogedora panocha, la idea de comenzar a follarla maniáticamente era realmente tentadora. Pero había hecho tanto esfuerzo por llegar a este momento que no quería por nada al mundo hacer algo que arruinara todo. Quería saborear cada segundo de este momento, especialmente porque presentía de que no habría una segunda oportunidad en mi vida,
—¿Hay un momento y un lugar para hacerlo como conejos! … ¡Pero este no es el caso! … ¡El movimiento oscuro debe buscarse con intensa atención e intención! … ¡Es algo sutil y sublime! … ¡Se trata de ir como en el crescendo de una sinfonía de Beethoven! … ¡Es una sensación única que sacude todo tu universo! …
—¡Ah! … Todavía sigue siendo una cosa complicada, ¿eh? …
Había mordido mi cebo incluso con más éxito que mi verga. Me lo había inventado todo y seguía haciéndolo y de alguna manera lograba convencerla a ella de que toda esta tontera era parte de la realidad. Sintiendo la estrechez de su coño candente me era difícil mantener una conversación coherente. Mi corazón palpitaba solo de pensar de estar dentro de ella. En cambio ella estaba centrada en aprender el misterioso movimiento oscuro y lo tomaba como algo educativo e instructivo. Al cabo de un rato, ella comenzó a mover sus caderas de un modo extraño.
—¿Qué estás haciendo? …
—¡Estoy intentando el movimiento oscuro! …
—¡Pero ese no es el movimiento! …
—No … ¿No lo es? …
—¡Claro que no! …
Dije con bastante seguridad, aunque debo admitir que era harto rico como ella movía sus flancos.
—¿Entonces cómo lo hago? …
Preguntó con un tono de voz impaciente. Inventé otra serie de instrucciones lo suficientemente nigromantes que parecieran ser creíbles para que ellas las interpretara de algún modo e intentara de darle algún sentido del cual carecían en lo absoluto.
—Parece algo oscuro de verdad, ¿eh? … Y no deja de ser complicado también …
Razonó mi confundida hermana.
—¡Ni me lo digas! … ¡Por eso es por lo que hay que concentrarse y dedicarle todo el tiempo posible hasta lograr la perfección! …
Le aseguré en un tono completamente profesional. Tras unas cuantas más de barbaridades infundadas e incomprensibles, logramos adoptar una versión satisfactoria de follar. Pero me aseguré de que “el movimiento” siguiera siendo algo esquivo de alcanzar. La cadencia y el ritmo de follar a mi hermanita era algo superbo. Muy luego comencé a escuchar sus gemidos y sus muestras de placer sintiendo mi gruesa polla dentro de su calderón hirviente. Incluso la sentí que disfrutaba más que yo. Emitía unos ronroneos eróticos impresionantes y un dinamismo involuntario grandiosos con el firme propósito de lograr la hazaña mítica del “movimiento misterioso y oscuro”. No sabía si su propio e intenso placer pudiera distraerla y olvidarse de toda esta fantasía insulsa, pero al parecer eso era justo lo que estaba sucediendo. Y yo no podía creerlo.
—Lo estoy logrando, ¿verdad? … Es así cómo debo hacerlo, ¿no? …
Me preguntó entre su pesada y afanosa respiración, emitiendo gruñidos y gemidos incoherentes. Creía de estar en la cima del sublime movimiento oscuro.
—¡Definitivamente lo estás alcanzando! … ¡Pero no dejes de experimentar! … ¡Todavía puedes dar mucho más de ti! … ¡Estas haciendo algo loable y perfecto! … ¡Te estás acercando a la perfección! …
Me costaba mucho aguantarme y follarle hasta los sesos, las contracciones de su coño eran divinas, había alcanzado un grado excelso y mi polla sufría en lo más profundo de su apretado coño. Me pareció ser el entrenador de un avezado pugilista, esperando que mi pupilo tirara los golpes y yo dándole las instrucciones necesarias a su defensa y ataque.


La verdad era que, a medida que mi propia excitación crecía, cada nuevo intento parecía más divino que el anterior, no importaba cual fuera, todos ellos se vieron realzados por el hecho de que ella estaba más caliente que yo. A un cierto punto, la sentí hiperactiva y estimulada, entonces le dije:
—¡Eso es! … ¡Ahí lo tienes! … ¡Ese es el movimiento! … ¡Bravo! … ¡Lo lograste! …
A ella le encantó escuchar esta revelación celestial y apuró sus movimientos en forma demencial.
—¿Deveras, Andrés? … ¡Ooooooohhh! … ¡Aaaahhhhh! … ¡Tenías razón, Andrés! … ¡El movimiento es genial e irreal! … ¡Es fantástico! … ¡Oooooohh, ssííí! … ¡Me encanta! … ¡Que rico que es! …
¿De verdad lo es?, pensé. Giovanna había creado el movimiento para sí misma. Me sentí algo avergonzado por mi estafa, pero encantado por ella y por mí.
—¡Vas a volver loco al Bruce Lee ese! …
—Lee Min-Jun … Y es coreano …
A partir de ese breve momento ya no hubo enseñanza ni aprendizaje. No había más instrucciones que dar, nos dedicamos a follar en un modo libre como dos personas que disfrutaban del sexo entre sí. Ella ya no podía hablar, solo gemir y gruñir aferrándose a mi cuerpo con desesperación. Su necesidad de ser educada había concluido y la sombra sublime de un superbo orgasmo se cernía sobre ella, buscando la necesidad primordial de ser follada por una buena verga. La mía.


Mi propio rol cambió y solo quería poseerla y hacerla mía, sin pensar ni un segundo al oriental ese. Comencé a hacer mis propios movimientos con la esperanza de hacerla mujer y gozar al máximo. Varié la velocidad y la fuerza de mis embestidas. Metí mi pene hasta la mitad, lo mantuve allí por unos segundos y luego volví a atacarla con fiereza, clavando mi polla profundamente en ella y en poco tiempo ella se estremeció bajo mi peso en un poderoso orgasmo.
—¡Aaahhhhhhh! … ¡Uhmmmmmmm! … ¡Que rico, Andrés! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhhh! … ¡Este movimiento oscuro y secreto me encanta! … ¡Aahhhhhh! … ¡Umpf! …
Estaba haciendo tanto ruido que tuve que poner mi mano en su boca para acallarla un poco. Es verdad que papá y mamá estaban fuera de la ciudad, pero el resto de los habitantes estaban todos en sus casas.
—¡Ups! …
Dijo reduciendo sus manifestaciones audibles, pero no las contorsiones e intensidad de sus movimientos. Sus manos se habían apoderado de mis nalgas, empujándome y tirándome fuerte encima de ella para que mantuviera mis fuertes embestidas. Ella se corrió. Este fue el acontecimiento más impresionante de mi vida. Calló mientras se corría, sus extremidades se entiesaron como en un rigor mortis sexual, reduciendo el sonido de su feliz clímax.


Me quedé quieto mientras ella sucumbía a cada ola eufórica, con mi polla enterrada profundamente en su tierna y ajustada femineidad. Me hubiera quedado así para siempre si ella me lo hubiese pedido. Después de unos momentos de silencio y variados temblorcillos, dijo en un flashazo.
—¡Todavía me estoy corriendo! …
Empujé violentamente mi polla en su coño y volví a quedarme sin moverme ni un centímetro manteniendo la intensa presión dentro de ella. Tal vez pellizqué una de sus tetas en el fragor de la relación, pero no me moví para nada más. Después de otros diez segundos, ella volvió a decir en una carcajada:
—¡Todavía me estoy corriendo! …
Así que me mantuve sin hacer nada, simplemente me mantuve encima de ella presionando mi polla contra su coño. Solo ahora me di cuenta de que el verdadero “movimiento misterioso oscuro”, consistía en no moverse en absoluto.


Me encantó ver la concupiscencia en sus ojos brillantes, sentí la rítmica rapsodia en cada temblor de su cuerpo, la presión de sus manos en mis nalgas. Sus areolas estaban llenas de granitos como de piel de gallina y su pezones duros como piedra a punto de estallar. Mientras su coño continuaba a contraerse intermitentemente, transmitiendo como una especie de descarga eléctrica en mi polla.


Cuando por fin sus espasmos convulsivos terminaron, ella me tomó por sorpresa agarrando mi cabeza para darme un apasionado beso. Esto realmente me sorprendió muchísimo. No digo que no me gustó, pero no es algo que hubiera podido anticipar. Solo por esa razón fue que no pude responder del mismo modo. Ella sintió mi sorpresa y probablemente la confundió. Rompió el beso sorpresivo y se puso a llorar desconsoladamente.
—¡Lo siento mucho, Andrés! … ¡No quise hacer eso! … ¡Yo sólo … yo solo! … ¡No sé que me pasó! … ¡Por un momento pensé que eras Lee! …
—¡Esta bien! … ¡Cálmate! … ¡No has hecho nada de malo! …
Ella se derrumbó de una forma repentina y preocupante.
—¡Lo siento! … ¡Lo siento mucho! …
Dijo en forma poco coherente en medio a ahogados sollozos.
—¡Soy yo quien debería arrepentirse! … ¡No debería haber permitido que esto sucediera! … ¡Fue irresponsable de mi parte! …
La abracé fuertemente sintiendo su dolor en mi propia alma. Pasó toda una vida antes de que ella se volviera a calmar.
—Al menos hice bien el movimiento, ¿verdad? …
Preguntó sorbetéando nasalmente sus lágrimas.
—¿Acaso bromeas? … ¡Lo lograste a la perfección! … ¡Vas a hacer morir a ese tal Lee! … ¡Lo vas a sorprender de verdad! …
—¿Lo dices en serio? … Por que parece que no tuvo mucho efecto en ti, ¿no? …
—¡Oh, eso! … Es solo porque estaba tratando de seguir siendo profesional … Créeme, fue alucinante … Algo realmente sublime y superbo …
—¡Pero solo yo me corrí y tú no! … ¡Y no quiero que eso suceda con Lee! …
Hubiera querido decirle que ya habría otra ocasión para compensarme, pero no me atreví. Mientras reflexionaba ella me dijo:
—Tengo hambre … Necesito una comida opípara …
Retiré mi resbaladiza polla de dentro de su coño, todavía estaba dura como palo y ella gimió involuntariamente cuando mi cabezota salió del agarre de su ojete vaginal. Nos pusimos el pijama y ella me tomó de la mano.
—¡Ven! … Vamos juntos a la cocina …
No había nadie más que nosotros en casa, así que no tuvimos que actuar silenciosamente. Sacó queso y jamón del refrigerador y unas hogazas de pan de molde, preparó varios panecillos y los metió en el horno eléctrico. Sacó el frasco de Nutella y cuchareó algo de chocolate. Después calentó un poco de leche en el microondas y preparó chocolate caliente para dos. Nos sentamos a comer en la isla casi en silencio. Me sentí aliviado porque había dejado de llorar. No podía culparla si se sentía extraña. Recordé que la primera vez que ella me dio un clímax yo me había sentido realmente extraño. Pensé que para la mujer era una cosa totalmente extraña correrse con una nueva pareja. Más aún, si esta nueva pareja era su hermano mayor.


Mi polla todavía estaba dura y no podía fingir de no estar cachondo todavía, especialmente después de haber contemplado el glorioso orgasmo que ella había tenido. Un poco apesadumbrado, le dije:
—Me siento como un monstruo haciéndote llorar así … ¿Podrás perdonarme alguna vez? …
—¡Oh, Dios! … ¡No estaba llorando por tu culpa, tonto! … ¿Por qué pensaste eso? … ¡Oh, Dios, Andrés! …
Ella dejó de masticar su panecillo y me dio un dulce abrazo.
—Entonces … ¿Por qué estabas llorando? … —Pregunté confundido.
—¡Porque me diste el orgasmo más lindo de toda mi vida! … ¡Eso siempre me hace llorar cuando me corro así de fuerte! … ¿Acaso no te diste cuenta de ello? … ¡Fue tan rico que comencé a besarme contigo! … ¡Soy yo quien debería arrepentirse! …
—¿Entonces no me odias por eso? …
—¡Santo cielo, Andrés! … ¡Por supuesto que no! … ¡Te estaré por siempre agradecida! … ¡Aunque no me hace feliz de haberme corrido solo yo! …
La miré emocionado, me di cuenta de que estaba realmente enamorado de ella.


Cuando terminamos de comer ella me sorprendió agarrando mi polla medianamente blandengue a través de mi pijama. Me quedé sin aliento.
—¿Ya ves? … ¡Tu coso está de acuerdo conmigo! …
Era innegable, “mi coso” se estaba poniendo duro otra vez.
—¡No quiero que tengas pelotas azules … ¡No cuando tuviste la amabilidad de enseñarme todos esos trucos para alcanzar la perfección del “movimiento misterioso oscuro” épico! … Así que creo que te debo algo, ¿no? … ¡Ven y tómame! …
Fue como si el todopoderoso hubiese descendido de los cielos y me invitara un trago en el Santo Grial. Mis ojos habían estado recorriendo su cuerpo desde hace días. Había soñado con meter mis manos en su redondo y firme culo, entonces me encorvé detrás de ella y decidí que era hora de hacer realidad mi sueño.


Inmediatamente me recompensó dando un paso atrás, presionando sus nalgas contra mi bulto. No opuso ninguna resistencia cuando le bajé el pijama, exponiendo a la luz de la cocina sus blancas nalgas. El verdadero “movimiento” mi hermana lo tenía entre sus apretadas nalgas. Cuando ese oriental tenga a la vista el maravilloso paisaje que estoy contemplando ahora mismo, volverá una y otra vez por más de esta delicia. Su espléndido trasero desnudo era manjar de reyes.


Mis manos amasaron sus posaderas suavemente. Quería arrodillarme y meter mi cara en medio a esas colinas pálidas, no creo que ella se hubiera resistido. Pero se suponía que debía compensarme a mí mismo y no cargarla a ella otra vez. Agarré mi verga y le di de azotes a sus firmes glúteos para ver si temblaban, pues no lo hicieron. Fue tan infructuoso como esperar campanadas del tañido de una campana de barro.


Rescaté una gotitas de líquido preseminal y las usé para lubricar el surco estrecho en medio a sus glúteos, entonces comencé a pasear mi polla lubricada hacia adelante y hacia atrás. Habría sido espectacular correrme en su estrechísimo culo. Ella encorvó su espalda ligeramente y presentó sus pliegues rosa guayaba de su coño a la cabezota de mi pene. Empujé y me deslicé suavemente dentro de ella. Era una bendición paradisiaca follarla desde este nuevo ángulo, se sentía más apretada que nunca.


Giovanna me concedió un acceso más profundo inclinándose sobre la isla y empujando su culo contra mi polla. Esto me permitió follarla con más fuerza y la embestí con imponentes empujones. No contento con la esplendida vista de su culo, arremangué su camisa sobre su espalda hasta hacer un rollo y liberar sus preciosas tetas del cautiverio. Estas a pesar de estar libres, se movían al mismo tiempo que todo su cuerpo, estaban así de duras desafiando la mismísima gravedad.


Le separé las nalgas y observé cómo mi grueso garrote aparecía y desaparecía en el agujero de su coño, cada vez más mojado con sus copiosos y frescos fluidos. También podía vislumbrar su estrellita del sur, engurruñada y apretada, parecía imposible que algo hubiera entrado allí alguna vez. Dejé caer un filamento de saliva sobre su ojetillo y lo froté con mi pulgar. Sus jadeos se intensificaron notablemente.


Me di cuenta de que no iba a durar mucho. Los tenues gemidos de Giovanna sugirieron que también ella estaba enganchada con el placer. Sabía que no debía acabar dentro de ella, aunque no me hubiera costado mucho convencerla de lo contrario. Solo iba a poder soñar con lo divino y mi escasa cordura me decía que era lo necesario. A medida que me acercaba al punto de no retorno, saqué mi polla de su agujero divino y la volví al surco de sus nalgas. Follé esa zanja con ganas hasta que llegó lo imparable, mi clímax explotó como un aluvión. El primer misil de esperma nacarado la torpedeó en la espalda y rebotó en sus cabellos. El segundo no tuvo el mismo éxito y se disolvió en el rollo de tela de su pijama.


Me sentí un poco abrumado por estas dos andanadas, dado mi deseo de poseerla. Entonces apunté mi arma de manera directa y la tercera salva cayó como un sello de semen sobre el ojetillo apretado de su ano; una cuarta y una quinta dibujaron líneas zigzagueantes sobre sus cándidos glúteos. Y todo no había terminado allí, un sinnúmero de chorritos y gotitas se esparcieron sobre sus redondas pompas cubriéndolas como si fuera un bizcocho de glaseado al limón. El resultado fue una visión surrealista; dos senderos que corrían paralelos sobre su nalga izquierda y descendían fluidos por sus muslos bronceados.


En ese preciso momento escuchamos ruidos en la puerta principal. Eran papá y mamá llegando a casa. Rápidamente y un poco en pánico reaccionamos. Metí mi polla reblandecida justo un poco dentro de mi pijama. Giovanna subió la parte inferior de su pijama y bajó lo más veloz que pudo la parte superior enrollada en su espalda.


Agarramos las tazas de chocolate con leche y comimos algunos de los panecillos. Nuestros padres entraron en la cocina algo borrachos, pero de excelente humor.
—¿Puedo comer uno de esos panecillos, se ven fantásticos? … ¡Muero de hambre! …
Mamá bebió un poco de chocolate con leche de mi tazón y luego dijo.
—¡Chicos! … Estoy cansada, así que me voy a dormir …
Y desapareció caminando algo divertidamente hacia su dormitorio. Me recordé con preocupación de que Giovanna tenía al menos unos cuantos chorros de semen fresco secándose en su trasero. Sin mencionar el filamento que colgaba de sus cabellos y que al parecer yo era el único a notarlo.


Papá se recordó que hoy estaba la final del Gran Premio de Abu Dabi, así que decidió encender la televisión y ver el canal Premium de los deportes ESPM. Para mi mayúsculo asombro, Giovanna se puso a mirar la carrera de bólidos con nosotros, permaneció allí sentada sin pensar en el semen que se secaba en su cuerpo. ¿Le gustaba el hecho de que yo estuviera allí? No sé en realidad si eso era posible.


Esa noche me perdí en una vorágine de masturbación. Me corrí tres veces antes de quedarme dormido. No estaba simplemente reviviendo los acontecimientos de la noche, aunque había muchas imágenes vividas en mi cabeza. Sino que soñaba escenas nuevas. Largometrajes vividos en el cine panorámico de mi cachonda mente.


Era evidente de que estaba completamente enamorado de ella. Debería haberme conformado con todas las oportunidades que ella me había concedido. Sin embargo, ahí estaba yo anhelando más de ella y sintiéndome triste y angustiado.


Ahora todo había terminado. Había completado el ciclo de educación. Ya no quedaba nada que inventar, instrucciones que impartir ni boberías que decir. Mi trabajo con ella había concluido, ahora me debía solo esfumar en el aire como algo etéreo o hundirme en las frías aguas del Atlántico Norte mientras un bote se acerca a rescatar a Rose flotando en los restos del Titanic.


La parte más dura de asimilar, fue que me sentí estancado, si poder avanzar ni hacia adelante ni hacia atrás, como atrapado por arenas movedizas. Tampoco podía hacer algo al respecto; no te puedes divorciar de una hermana. Difícilmente ella iba a acceder a tener una relación duradera conmigo, incluso si podía volver a engañarla para que me dejara follarla. Esta película no tiene un final feliz, pensé. Estaba condenado a ser su infeliz hermano hasta el fin del los tiempos, es decir, para siempre.


Para complicar más el todo, ella estaba terriblemente enamorada de otro tipo. Además del dolor, tuve que lidiar con los celos. El famoso oriental ese había ganado a mi hermana y yo la había perdido para siempre.


¡Qué fastidio todo esto!


Yo mismo me había construido este nido de lágrimas. Lo único que podía hacer ahora era tumbarme en él y lamer mis heridas. Alimentándome de los recuerdos con enfermiza nostalgia.


A pesar de haber sido su eximio maestro, ahora era incapaz de organizar una actividad donde incluirla y continuar con el engaño. Finalmente no tuve que hacer nada, lo dejé a la suerte del destino.
*****


La semana transcurrió sin mayores aconteceres —a menos, claro, que les aburra con la sobrevivencia de mi propia miseria.


Cada vez que le preguntaba a Giovanna cómo iban las cosas con su prometido oriental, me decía con una amplia sonrisa que estaban maravillosas. Fue tanta mi angustia que dejé de preguntar.


Una mañana a la hora del desayuno, miré por encima de su hombro y vi que estaba navegando en las redes viendo chalets alpinos y lagos suizos. Se me rompió el corazón.


Empezó a llegar a casa cada vez más tarde. Subía las escaleras sigilosamente esperando que nadie la escuchara. Y probablemente nadie lo hacía, excepto yo. Yo era el único lo suficientemente insomne para captar sus movimientos vampíricos nocturnos.


En los ratos que permanecía en casa, se encerraba en su habitación a chatear y bromear con alguien en línea. ¿Cómo podía ser tan gracioso ese tipo? Ella me había dicho que ni siquiera era interesante. ¿Tal vez estaba engañando a ese tal Lee con algún otro? O alguien la estaba engañando a ella, tal como hice yo con ese “movimiento misterioso oscuro”.


Me imaginé tantas veces toda la acción cachonda que estaba recibiendo ese tal Lee. Metiendo sus manos por toda su piel y por supuesto por todas esas otras partes.


Lo peor era que ahora sabía lo devota amante que era. Lo creativa, hábil y desinteresada hasta el punto de entregarse toda por entera. Me imaginé de convertirla en mi esclava sexual personal atenta a cumplir todos mis caprichos carnales, permanente lista para ofrecerme voluntariamente todos sus agujeros y extremidades de calidad premium.



Fin.


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luisa_luisa4634@yahoo.com

escrito el
2026-08-27
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