Papá y yo.

por
género
incesto

¡Hola! Me llamo Teresa, acababa de terminar la universidad y estaba haciendo trabajos de pasantía en una oficina del municipio local. Vivo con mi padre Antonio, él tiene cuarenta y tres años y es ingeniero de una empresa de construcción. Al llegar a casa lo encontré bajo la ducha y se estaba masturbando con unas pequeñas bragas mías que había dejado en el cesto de la ropa sucia esta mañana. Obviamente él no me había escuchado entrar. Estaba estupefacta, nunca hubiera imaginado que mi queridísimo padre pudiese ser un cerdo. Tuve toda la intención de voltearme e irme, pero escuché que pronunciaba mi nombre:
—¡Oh, Teresa! … ¡Nenita mía! … ¡Eres tan linda! … ¡Aaahhhhhhh! … ¡Que rico coñito que tienes! …
Olfateaba mi bragas y se las llevaba a la boca mientras su mano parecía borrosa magreando ferozmente su gran polla.
—¡Oh, Sí, nenita! … ¡Qué rica que estás! … ¡Haz que me corra! … ¡Déjame llenarte con mi semen! … ¡Folla mi polla con tu coño caliente y apretadito! …
Mi sorpresa fue mayúscula cuando mi irritación inicial se convirtió en curiosidad y placer, luego me sentí realmente excitada. Un calorcillo se difundió entre mis muslos y mi panocha comenzó a mojarse. Eran la palabras de papá llenas de excitación por mis bragas y la enorme polla que él golpeaba con inusitada velocidad, me habían hechizado por completo y no podía apartar mi vista de su grueso miembro. Casi se me escapa un gemido cuando sus primeros chorros cayeron sobre mis bragas mojadas por la ducha.


Era la primera vez que veía el pene de papá y era el primer pene de notables dimensiones que había visto hasta ahora. Ciertamente ya no era virgen y había tenido mis aventuras con algunos chicos, pero nunca había tenido a mi vista una verga como la de mi padre. Ahora verlo y escucharlo era toda una sorpresa para mí.
—¡Oh, sí, Teresa, sí! … ¡Toma mi lechita! … ¡Me corro en tu rico coño! … ¡Uhhhhhhhh! … ¡Me corrooooo! …
Él eyaculo una considerable cantidad de semen en mis bragas y algo de ello en las baldosas del baño.


Escapé corriendo en punta de pie y salí de casa. Volví a entrar después de algunos minutos, di un portazo a la puerta para hacerme oír y fingiendo de que acaba de llegar, le llamé:
—¡Papi! … ¿Estás en casa? …
—Sí, cariño … Me estoy duchando, enseguida salgo …
—¡Vale, papi! … Date prisa porque tengo ganas de ir al baño …
Realmente tenía que ir a refrescarme un poco, especialmente mi conchita que estaba caliente y mojada, después de disfrutar la vista de la enorme polla de papá


Desde ese día, comencé a prestar más atención a todo lo que ocurría a mi alrededor. Con placer noté las miradas lascivas que mi padre le daba a mi cuerpo mientras caminaba y pasaba junto a él. Sentía sus ojos fijos en mi trasero y desde entonces no me sorprendí de encontrar mis bragas sucias con su semen pegoteado.


Una noche llegué a casa antes que él. Estaba saliendo de mi periodo menstrual, me sentía especialmente cachonda. Me duché y me puse una minifalda y una remera algo ajustada, me sentí sexy y provocativa. Me serví algo de comer y me senté en la sala de estar a mirar la Tv. Una hora después, papá regresó a casa.
—¡Hola, cariño! … Perdona por no haberte avisado, pero cené fuera con unos compañeros …
—No importa, papi … Yo ya comí algo y ya no tengo mucha hambre …
Él se dejó caer a mi lado en el sofá:
—Cariño … ¿Puedes traerme algo de beber? …
Me levanté y le traje una de sus cervezas preferidas, al volver vi su mirada fija en mis piernas y me di cuenta del bulto en sus pantalones. No pude evitarlo, cuando le pasé la cerveza, mi otra mano se apoyó como casualmente en su regazo sobre su gorda y dura polla.
—¡Pero ¿qué estás haciendo? …
Ni siquiera le respondí, estaba tan excitada con la idea de coger su polla en mi mano que ya no entendía nada; bajé la cremallera de sus pantalones y metí mi mano en su bragueta hasta aferrar su duro miembro viril.
—¡¡Teresa!! … ¿Qué estás haciendo? … ¿Acaso te volviste loca? … ¡Eres mi hija! …
A todo esto él no ofrecía ninguna resistencia; tiré y tiré de sus pantalones y boxers y dejé su verga totalmente expuesta.
—¡Papá, que polla tan grande tienes! … ¡Es maravillosa! …
Me senté en su regazo y comencé a magrearla suavemente, luego la coloqué entre mis muslos.
—¡Sí tocas mí coño, papi … Vas a ver cómo estoy de mojada! … ¡Es por tu linda polla, papá! … ¡El coño de tu niña está caliente y se humedece por tu polla! …
Tímidamente, hizo a un lado mis bragas y metió un dedo en mi conchita mientras yo masturbaba su gran polla.
—¡Sí, papi! … ¡Siente mi coño! … ¡Ooohhhhhh! … ¡Uhmmmmmm! …
—¡Detente, Teresa! … ¡Sí sigues así vas a hacer que me corra! …
—¿Acaso no es eso lo que quieres, papito? …
No me respondió, pero la respuesta era obvia, él estaba tan excitado como yo. Se levantó tomándome en sus brazos y me llevó a su dormitorio, me extendió sobre su gran cama matrimonial con la mirada fija entre mis piernas. Leí su mente y me desnudé quedándome solo con mis bragas.
—¿Te gusto así, papi? … ¡Quítame las bragas, papi! … ¡Sé que te gustan mucho! … ¡Sé que tu te diviertes con ellas! … ¡Sé que les das un buen uso! … ¡Así podrás ver el coño de tú nenita, papi! …
—¡Oh! … ¡Eres preciosa, nenita! … ¡Me vuelves loco! … ¡Sí supieras cuantas veces he soñado contigo! …
Se arrodilló y suavemente me quitó las bragas, tirándolas a los pies de la cama. Yo abrí ampliamente mis piernas y empujé mis caderas hacia él.
—¿Te gusta lo que ves, papi? … ¿Te gusta cómo está hecha tu nenita! … ¡Quiero que me comas el coño, papá! …
No perdió ni un segundo, rápidamente se colocó entre mis muslos y metió su lengua en el hervidero de mi panocha candente. Lamió y metió su lengua profundamente dentro de mi hendedura bullente, haciéndome morir de placer.
—¡Oh, papi! … ¡Ssííí, papi! … ¡Uhmmmm, qué rico! … ¡Qué gustito rico que me das, papi! … ¡Me encanta! … ¡Me encanta como me comes el coño, papi! …
—Quieres sentirme dentro de ti, ¿ssííí? …
—¡Oh, sí, papi! … ¡Cógeme rico! … ¡Monta a tu nenita, papá! …
Rápidamente se quitó la ropa y se arrodilló desnudo entre mis piernas. Ahora su polla estaba de un tamaño monstruosamente grande, tiesa y dura. Abrí las piernas todo lo que pude para recibirlo dentro de mí. Su cabezota tumefacta empujó mi labia apretada, presentándose a la entrada de mi vagina. Sentí un fuerte desgarro, como si hubiera perdido mi virginidad por segunda vez. Él empujó más fuerte y su polla venció mi anillo vaginal, volvió a empujar y su polla se deslizó dentro de mi vientre. No pude evitar un grito de dolor.
—¡Aayyyy! … ¡Oh, papi! … ¡Es demasiado grande! … ¡Despacio, papá! …
—¡Sí, cariño! … ¡Iré despacio! … ¡Pero tú me excitas a morir! …
Comenzó a bombear lenta y suavemente y mi dolor comenzó a tornarse en placer. Lo envolví con mis piernas y con mis talones lo empujé para que me la metiera toda.
—¡Lo sé, papi! … ¡Ahora te siento todo dentro de mí! … ¡Rómpele el coño a tu nenita, papi! …
—¡Sí, Teresa! … ¡Tómalo todo! … ¡Siéntelo rico en tu lindo coño, nenita! …
—¡Hazme sentir rico, papi! … ¡Quiero sentirme puta contigo! …
Estabamos follando en forma animalesca. Él era mi torito y yo su vaca. Sus huevos golpeaban mi culo y su verga estaba enterrada en mi matriz. Rápidamente me acercaba a un orgasmo.
—¡Oh, sí, papito rico! … ¡Ssííí, papi! … ¡Me estás haciendo correr en tu polla, papi! … ¡Me corrooooo! … ¡Me corrooooo, papi! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! …
—¡Ooohhh, cariño! … ¡Yo también! … ¡Tu coño me vuelve loco! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me corrooooo! … ¡Umpf! …
Sacó rápidamente su pene de mi hendedura y vertió chorros y chorros de su placer sobre mi vientre. Luego se tumbó respirando afanosamente a mi lado. Permanecimos por largo rato en silencio, luego le pregunté.
—¿Por qué no te corriste dentro de mí, papá? …
—¡Cariño, no sabía si podía hacerlo! … ¡No quería correr el riesgo de embarazarte! … ¡No sé si tomas alguna precaución! …
—Bueno … Podrías haberme preguntado, ¿no? … No estoy tomando nada, pero acabo de tener la regla y no había riesgo de quedar embarazada … Quería sentir tú semen llenando mi vientre … Y si me dejas embarazada, realmente no me importa …
—¿Pero te has vuelto loca, Teresa? …
Pasamos la noche juntos en su cama. A pesar de todo me sentía feliz, ya no me sentía solo como su hija sino también como su mujer.


A la mañana siguiente me desperté mientras él me quitaba las bragas, yo seguía dormida, pero inconscientemente abrí mis piernas para consentir lo que quisiera hacerme. Me penetró con fuerza, fue casi una violación … una exquisita y dulce violación.
—¡Oh, Teresa! … ¡Ssííí, assííí, qué rico! … ¡Abre más tus piernas, nenita! … ¡Toma toda mi polla! … ¡Dame tu coño rico para disfrutar! …
—¡Sí, papito rico! … ¡Fóllame bien! … ¡Disfruta a tú nenita! … ¡Ummmmmm! …
—¡Ssííí, nenita! … ¡Me corro! … ¡Me corroooooo! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Sentí finalmente su semen caliente eyaculando a borbotones dentro de mi coño. Iba a tener mi coño repleto de su semen todo el día. No me había esperado a que yo alcanzara mi propio orgasmo; había sido egoísta cómo la mayoría de los hombres y había pensado a sí mismo. Pero no me preocupaba, ahora él era mi hombre y esta noche iba a disfrutar de él y me compensaría de todo esto. Esto era solo el inicio de una gran aventura.


Fin.


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luisa_luisa4634@yahoo.com

escrito el
2026-08-25
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