Primer relato: Aroma y sabor.
por
Árbol libre
género
poemas
Mi erección es notoria, el glande ya se ha descubierto, con su rastro húmedo y semistransparente inconfundible, lo mismo que el aroma mezclado con la lavanda del químico espeso que va tras lavarse la ropa. Mi mente está concentrada en cómo es que desesperadamente pareciera querer salir con violencia pero, si lo dejo salir, sin duda querré penetrarte como puto simio que piensa sólo en sí mismo, abandonando la idea de hacerle el amor a la piel que está dispuesta frente a mí.
Veo sus ojos como si fuera mi pene quien la ve y viceversa, como si un animal con aroma a la única humedad que puedo gozar entrara por mi nariz y saliera por la suya; hace un par de minutos que dejamos de vernos a través del disfraz de cordura lo mismo que el bóxer de algodón empapado cuya fragancia puede decirse, se ha vuelto más exquisita, sobre todo para quien sabe que desea comenzar a saborear el conjunto de aliento, saliva y lubricante masculino entre las ganas por el sonido de arcada, indicadora de una suciedad prohibida.
Baja tu mirada, quiero que notes el tamaño que has provocado, pero antes, media vuelta. Provoca que la leche por la que pediste hace unos instantes intente salir sin siquiera haberla tocado, has que el calor la bote de mi glande empapado y vestido de romance para cual fuere el destino cuyo nuestro frenesí decida, por mi parte, evitaré tocarme hasta que seas tú la primera que tenga el honor de usarme a tu antojo.
Sólo me queda, con el aroma que fragante llama de entre el encaje que bordea las plumas abrazadas a tu vulva y el desesperado aliento próximo al bello estético sobre el falo ya desnudo, hacer lo mismo que lo que tu boca: un presente para toda mi entrega. Déjame rodear las plumas en un tierno toque pervertido en busca de la deseada por ti y por mí entrada.
Tus nalgas se abren con las rodillas a la tela lo mismo que tu respiración, ¿lo sientes? ¿Cómo paso mi lengua mojada que comienza clitoriana, vaginal y finalmente anal? Noto cómo te gusta; lo debo hacer más de una ocasión, después de todo, entre un perro y yo, poca distancia queda.
Admito que si de sabor se trata, el del morbo gana; lo buscaré en la apretada profundidad del final de mi recorrido. Espero que la saliva sea suficiente para saborear lo que sea que haya dentro de tu ano, estoy listo para declararme cerdo, y tú puedes decir lo mismo, ayudándome a abrirlo con ambas manos, o si bien así decides y quieres sentir dibujada una sonrisa en tu parte más prohibida, corresponde a mis labios con suaves movimientos fáciles de suceder hacia dentro y afuera de tu sol apretado que devoro.
Pídeme que te penetre.
Veo sus ojos como si fuera mi pene quien la ve y viceversa, como si un animal con aroma a la única humedad que puedo gozar entrara por mi nariz y saliera por la suya; hace un par de minutos que dejamos de vernos a través del disfraz de cordura lo mismo que el bóxer de algodón empapado cuya fragancia puede decirse, se ha vuelto más exquisita, sobre todo para quien sabe que desea comenzar a saborear el conjunto de aliento, saliva y lubricante masculino entre las ganas por el sonido de arcada, indicadora de una suciedad prohibida.
Baja tu mirada, quiero que notes el tamaño que has provocado, pero antes, media vuelta. Provoca que la leche por la que pediste hace unos instantes intente salir sin siquiera haberla tocado, has que el calor la bote de mi glande empapado y vestido de romance para cual fuere el destino cuyo nuestro frenesí decida, por mi parte, evitaré tocarme hasta que seas tú la primera que tenga el honor de usarme a tu antojo.
Sólo me queda, con el aroma que fragante llama de entre el encaje que bordea las plumas abrazadas a tu vulva y el desesperado aliento próximo al bello estético sobre el falo ya desnudo, hacer lo mismo que lo que tu boca: un presente para toda mi entrega. Déjame rodear las plumas en un tierno toque pervertido en busca de la deseada por ti y por mí entrada.
Tus nalgas se abren con las rodillas a la tela lo mismo que tu respiración, ¿lo sientes? ¿Cómo paso mi lengua mojada que comienza clitoriana, vaginal y finalmente anal? Noto cómo te gusta; lo debo hacer más de una ocasión, después de todo, entre un perro y yo, poca distancia queda.
Admito que si de sabor se trata, el del morbo gana; lo buscaré en la apretada profundidad del final de mi recorrido. Espero que la saliva sea suficiente para saborear lo que sea que haya dentro de tu ano, estoy listo para declararme cerdo, y tú puedes decir lo mismo, ayudándome a abrirlo con ambas manos, o si bien así decides y quieres sentir dibujada una sonrisa en tu parte más prohibida, corresponde a mis labios con suaves movimientos fáciles de suceder hacia dentro y afuera de tu sol apretado que devoro.
Pídeme que te penetre.
1
votos
votos
evaluación
3
3
Comentarios de los lectores sobre la historia erótica