Lauretta.

Written by , on 2023-03-19, genre trans

Lauretta me parecía preciosa con sus cabellos largos y rubios que le bajaban por su espalda hasta casi tocar su trasero. Sus ojos color verde mar, oscuros y profundos, parecía que podías navegar en ellos.
Nos conocimos en la playa en un pequeño bar turístico, muy cerca de la cabaña que había arrendado para pasar el fin de semana.
Estuvimos bebiendo hasta tardas horas de la noche, me fascinaba ese acento extranjero, no sabía si argentino o uruguayo.
Era mi primera noche en La Serena y me sorprendió encontrarme con una chica tan guapa como ella. Como soy de naturaleza tímida, solo tenía unas pocas frases para ligar y una escasa confianza en mí mismo. Así que, para envalentonarme, tomé una tercera piscola y me dirigí hacia ella.
—¡Ah-Uhm! … Hola … soy Sergio … que hermosa eres … ¿Cómo te llamas? …
Me sonrió y se le hicieron unos adorables hoyuelos en sus mejillas, no me había percatado, pero su rostro estaba adornado de deliciosas pecas que le daban un aire de niña ingenua, me respondió.
—¡Oh! … Lauretta … encantada de conocerte … ¿de donde eres? …
—De Valparaíso … vine por el fin de semana …
De un trago desocupé mi vaso y busque al bar tender para que me sirviera otra.
—Siéntate Sergio de Valparaíso … siéntate aquí conmigo …
Me dijo ella arrimando su taburete más cercano al mío, quedamos casi a contacto muslo con muslo, la improvisa cercanía comenzó a producirme un estiramiento de mi pene. Sus muslos eran preciosos envueltos en medias negras y trasparentes. Todavía nervioso le pregunté.
—¿Y de donde eres tú? …
—De Avellaneda …
—Eso es Argentina, ¿verdad? …
—Sí … cerca de Santa fe …
—¿De Buenos Aires? …
—¡Hmm! … no … Buenos Aires está a ochocientos kilómetros de nosotros …
—¡Oh!, como Valparaíso-Copiapó …
Mi corazón latía a mil, estaba bastante nervioso, nunca había estado con una mujer tan bella como Lauretta. No debía arruinar la noche. Tampoco se me ocurrían cosas interesantes que decirle, solo mirarla embobado y disfrutar de su belleza trasandina única. Me sentía bien estar platicando con una hermosa mujer como ella y que ella me prestara atención, me hacía sentir muy bien.
La noche fluía y no era difícil conversar con ella. Me divertía su forma de hablar y algunos dichos y palabras que no comprendía muy bien, pero lo que más me encantaba era su acento y que cada vez que la hacía sonreír, ella apoyaba su mano en mi muslo, enviando impulsos eléctricos que recorrían todo mi cuerpo. Como digo la noche era perfecta, estaba fuera de mi casa, de mi ciudad, me sentía genial y no cabía en mi mismo en compañía de esta preciosa mujer extranjera.
A una dada hora, el chico del bar anuncio que estaban por cerrar el bar y le ofrecí a Lauretta otro trago, sonriendo me dijo.
—¿Y vos te atrevís a otra copa conmigo? …
—Sí … si es en tu compañía …
—Y bueno … pero nos vamos a tu hotel …
No podía creer lo que me había dicho, rápidamente pedí al bar dos tragos más para llevar y me preparé para salir con ella. Lauretta se puso de pie y su silueta era increíble, nos dirigimos por el paseo marítimo hacia mi hotel, escuchando el suave ruido de las olas que rompían a metros de nosotros.
El alcohol estaba haciendo efecto en mí y mis pasos no eran muy estables. Al entregar el trago a Lauretta, tropecé y derramé un poco sobre su ajustado vestido. Avergonzado y esperando lo peor, vacilé y balbuceé algunas palabras a modo de excusa, pero ella me tomó de la mano diciendo.
—¡Oh!, Sergio … ¿estás bien? …
—Sí … sí … no es nada …
—Ven, Sergio … vamos … déjame llevarte a tu hotel …
Nos fuimos de la mano caminando y todavía no podía creer que ella estaba a mi lado. Estaba excitado. Quizás íbamos a echar un buen polvo y todo en mi primera noche. Cuando entramos a mi cuarto, sentí que sus manos tocaban mis nalgas. Se arrimó a mi y con voz licorosa me dijo.
—Te deseo, Sergio … quiero estar con vos …
No había todavía cerrado la puerta y ella estaba tratando de desabrochar mis pantalones, me empujó sobre la cama y hábilmente me los bajo y me los quitó. Ahí estaba yo tumbado en camisa y boxers, mi pija formaba una enorme tienda de campaña.
Lauretta salto sobre mí como una fiera, me arrancó la camisa y empezó a besar mi pecho peludo, mordió mis pectorales y llego a mi rostro. Entonces me beso con esos carnosos y rojizos labios suyos. Ese primer beso fue increíble, me besó mientras se retorcía sobre mi vientre presionado su ingle sobre mi polla que crecía y se ponía cada vez más dura.
Su lengua desafiaba a la mía en un danza ardorosa, hasta que se fundieron en una sola. La sensación era increíble, su maravilloso cuerpo y sus formas de mujer me hacían sentir más vivo que nunca, me parecía sentir sus pezones presionando mis pectorales.
Se sentó y se levantó para quitarse su ceñido vestido por sobre su cabeza, me impresionaron sus grandes pechos que parecían querer reventar el sujetador, no pudiendo contenerme me levanté a tocar el par de tetas más maravillosas que hubiese visto jamás, acaricie su sostén rojo con bordados negros, la esponjosidad, la tibieza, la magnitud de sus senos me subyugaron totalmente, levanté su prenda íntima y sus tetas emergieron apuntándome amenazantes con sus duros pezones. Acerqué mi boca y se los chupé y se los mordisqueé ligeramente, jugué con sus senos por un rato, hasta que me empujó otra vez sobre la cama. Se metió sobre mí y me puso sus tetas al alcance de mi boca, su entrepierna se restregaba sobre mi rodilla, ¡Que chica mas caliente!, pensé.
Lamí sus redondas areolas y luego me centré a chupar sus pezones, estaba en el séptimo cielo. Se bajó de mi y se metió entre mis piernas, tirando de mis boxers me dijo.
—Sergio … quiero chupar tu pija …
Su voz sonaba grave y ronca por la excitación.
—¡Oh! … eso sería genial … hazlo … hazlo …
Le supliqué. Se metió mi verga en su boca y comenzó a chupármela enérgicamente, sentí sus dientes sobre mi glande y luego su lengua recorriendo toda mi pija, después la engulló totalmente hasta su garganta, acción que repitió una y otra vez. A ratos se detenía para decirme.
—¡Que hermosa polla tienes, Sergio! … me encanta tu polla dura …
Se dio vuelta y se tumbó atravesada en la cama con la cabeza colgando al borde, me llamó
—Ven, Sergio … ven a follarme la cara …
Salté de la cama ágilmente. Deslicé mi pija en su cálida boca y comencé a follar su hermoso rostro con mi polla dura como palo. Agarré sus tetas que se bamboleaban con mis embistes.
—¡Apriétalas! … ¡Pellizca mis pezones! … sé un buen chico, Sergio …
Dijo Lauretta para luego volver a meterse mi pija en su boca y continuar a chupármela. Observé su cuerpo esbelto y hermoso como una diosa mediterránea sobre mi cama mamando mi polla, sus bragas rojas era lo único que la cubría. Saqué mi polla de su boca y le di la vuelta. Con toda mi calentura le dije.
—Quiero probarte … quiero comerte …
Besé sus labios con sabor a mí, luego comencé a descender por sus senos que volví a lamer y a chupar, pero mi destino estaba más abajo, dibujé círculos en su vientre, mis manos empujaron sus bragas a la altura de sus rodillas y me centré en la convergencia de sus lisas piernas, solo una mancha de vellos púbicos me mostraba el camino celestial del paraíso de su sexo. Besé ese montículo sagrado, ahora iba a ser mía. Abrió un poco las piernas para darme mejor acceso a su manantial de placer y … ¡Oh! … en lugar de un hermoso coño de niña, había una pija.
Una verga oscura, gruesa y bastante larga. Se alzó blandiendo el aire. Estaba sorprendido, no podía creer que una mujer tan hermosa tuviera una pija. Lauretta era un chico. Pero sus pechos … era una chica. ¿¿¿O no??? Me sentí perdido y confundido. No tenía capacidad de reaccionar.
—¡Chúpalo, Sergio! … Vamos … solo chúpalo …
Me dijo ella con su voz ronca. Como un autómata, seguí sus instrucciones, lo aferre y chupé la cabezota, su glande llenó mi boca. Ella comenzó a empujar y yo a deslizar mi boca arriba y abajo por toda la longitud de su extensa pija. Se sentía extraño, pero al mismo tiempo, mi polla estaba más dura que nunca. Ya no podía detenerme y tampoco tenía la intención de hacerlo. Comencé a disfrutarlo.
Chupé y lamí todo lo que pude, Lauretta me agarraba la cabeza empujando su pija dura profundamente en mí garganta hasta casi ahogarme, luego me dejaba libre para que yo siguiera chupándosela. Me atosigaba con este nuevo caramelo. En un instante, Lauretta se giró y me dijo.
—¡Fóllame, Sergio! … ¡Fóllame bien! …
Lauretta se puso a cuatro patas y prácticamente me ordenó.
—Hazlo ya … métemela por el culo … fóllame, chico …
Me coloqué detrás de ella y apunté mi polla a su hermoso culo. Empujé mi glande hacía el agujero y mi pija se deslizó dentro. Ella gritó.
—¡Ssiii, Sergio! … buen chico, hazlo … fóllame rico …
Empecé a deslizarme dentro y fuera lentamente en su estrecho trasero, pero ella quería más, giró su cabeza y me dijo.
—Te deseo, Sergio … quiero que me folles fuerte … lo necesito duro en mi culo …
Su voz me sonó más varonil, pero todavía cachonda. Aferré sus caderas y me hundí en ella lo más fuerte posible, una y otra vez la penetré con todas mis fuerzas. Mi pija entraba y salía de su culo enérgicamente. Lauretta volvió a gritar.
—¡Eso Sergio! … ¡Golpea mi culo! ... ¡Golpéalo fuerte! ...
De nuevo hice como me pedía, mis cojones azotaban sus muslos sin misericordia, estaba golpeando sus firmes nalgas sin perder golpe y con toda mi fuerza. Vi su mano envolver su polla gorda y comenzar a jalarla con rápidos movimientos mientras yo empujaba aún más fuerte en su hoyuelo fruncido.
Lauretta gritaba desesperada.
—¡Fóllame, sí! … ¡Fóllame, fóllame, fóllame! … no pares … más fuerte … no te detengas …
Chillaba y magreaba su pene a toda fuerza, mientras su culo se contraía y se apretaba alrededor de mi pija suplicando que la llenara con mi tibio semen.
Sus deseos lujuriosos eran ordenes para mí, agarré sus caderas tan fuerte como pude, hundí mis dedos en sus carnes mientras la follaba con bríos y renovado vigor. Su mano jalaba su pija con más ardor que nunca. Su cara demacrada y deformada por la lascivia, la enterraba mordiendo la almohada.
Parecía soltarla solo para lanzar más gritos y tomar aire mientras mi pija taladraba sin piedad su esfínter. Improvisamente chorros y chorros de claro esperma brotaron de su pene, casi al mismo tiempo borbotones de mi semen comenzaron a llenarla, me descargué en su culo con violencia inusitada. Carga tras carga de mi lefa se versaron en su recto estrecho hasta que me agoté y me derrumbé sobre ella hasta que mi pija dejo de pulsar. Se dio vuelta con ojos ensoñadores.
—¡Oh, Sergio! … me has follado en modo increíble … mañana me toca follarte, ¿verdad? …
Se me erizaron los vellos de todo el cuerpo.
—¡Ehm! … bueno, yo … ¡Uhm! … lo disfruté … ¿qué tal si nos juntamos esta tarde en el mismo bar y lo conversamos? …
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