¡Si es por orden del doctor! ... - Quinta Parte.

Written by , on 2022-05-24, genre incesto

Hasta ahora había visto solo fotos y videos de mujeres usando lo que ella tenía puesto, verlo ahí en mi sala, a pocos centímetros de mí y siendo mi madre la modelo, fue increíble, mi pene se alborotó inmediatamente, hubiese querido saltarle encima, pero me controlé tratando de ocultar la tremenda erección que me estaba provocando.

Llevaba un sujetador negro con bordados y casi transparentes, sus tetas se lucían como nunca. Una minúscula tanga negra y transparente como su sostén, cubría su coño lampiño. Sus piernas estaban envueltas en encantadoras medias negras sujetas por un liguero que se mantenía alrededor de su cintura. Vestía unos tacos que la había hecho crecer al menos unos diez o doce centímetros, sus zapatos brillaban con un adorno dorado en su parte delantera. No lograba cerrar mi boca y mis ojos casi se salían de mis orbitas.

Mientras me acomodaba para no caer del sillón, con mi polla semi erguida. Mamá depositó el recipiente en la mesita y luego se giró mirándome por sobre su hombro ¡¡¡Dios mío!!! ¡¡¡No llevaba nada!!! En su espalda se veían solo los tirantes y el broche de su sujetador, después un hilito en torno a su cintura con una hebra de hilo que se perdía entre sus glúteos ¡¡¡Reconchas!!! ¡¡¡Su culo estaba desnudo!!! Sus carnosas, blancas y redondas nalgas estaban a la vista. No me pude contener:
—¡¡Coño, madre!! Te ves realmente estupenda y cachonda … emh … sexy, quise decir …
Se dio vuelta para mirarme y dijo colocando ambas manos en sus caderas:
—Bueno … al parecer logré el efecto esperado, cariño … ¿no es así? …
Tragué saliva silente y embelesado con su sicalíptica figura.
—¿Cómo está tu polla, tesoro? …
—¡Emh! … se me está parando, mami … pero déjame mirarte un poco más … te ves tan fabulosa …
—¡Sabes qué! … voy a caminar un poco por aquí … así podrás apreciarme de todos los ángulos … creo que eso ayudaría a tu estimulación ¿verdad? …
Con eso mamá se volteó, se fijó en mis ojos y caminó en línea con mi mirada, sus pasos eran coquetos, meneaba sus caderas, sus pisadas eran un piececito delante y el otro en línea, su figura y sus largas piernas lucían perfectas, cuando me daba la espalda, no podía reprimir un suspiro de asombro ante la belleza de su culo desnudo. Daba más o menos diez pasos hacia la puerta del patio, luego se metía con su perfil derecho, hacía un medio giro para mostrarme su lado izquierdo y luego caminaba como una tigresa hacia mí, que la observaba como una gacela paralizada a punto de ser devorada. Mamá estaba cómo en una pasarela de modelaje, era fantástica, era la mejor, era simplemente despampanante.

Al llegar a la puerta del patio, mamá se volteó una vez más caminando de frente a mí, sus tetas magnificas se cimbraban dándole un encanto especial. Su transparente y diminuta tanga, traslucía su coño casi invisible bajo su ingle y, bajo su monte de venus se escondía el tesoro más ambicionado por mí y mi pija.

No soportaba más el giro vagar de mamá. No quería dejarla que se alejara otra vez de mí, así que en su tercer giro le dije casi abruptamente:
—Mami … estoy listo …
Acto seguido me baje los boxers para que viera la magnitud de mi erección. También la impresionó mi verga tiesa y dura, se acercó con ese paso felino a mí y con su dedo índice toco mi polla dura como palo:
—¡Oh!, deveras estás listo …
—Sí, mami … es que te ves tan caliente … pero me falta todavía un poco de estímulo para correrme … ¿puedo tocar tu trasero? …
—Sí que puedes … pero déjame ponerme en una posición más cómoda …
Con una gracia celestial, mi madre se fue moviendo su trasero frente al otro sillón individual, colocó las manos en el respaldo, se inclinó un poco hacia adelante y separó sus piernas, después sin mirarme dijo:
—Ya puedes acercarte, hijo … puedes lamerme, besarme y tocarme … es todo tuyo …
Me arrodillé para estar alineado perfectamente con sus nalgas ¡¡¡Coño que espectáculo!!! Besé por separado cada cachete. Mi madre olía a fresco y fragante. Debe haberse duchado antes de bajar. Jugué con su trasero sin remilgos. Coloqué mis manos y separé sus nalgas. Engurruñado y oscuro, descubrí el ojete de su culo y procedí a bañarlo con mi legua voraz. Mamá se agitó gimiendo y rotando su cola, lamí su huesito dulce cuál si fuese un bocado gourmet y ahí en la parte más oscura, etéreo y casi invisible, estaba el bien más preciado, el coño de mamá.

Mi pene se empinó hacia lo alto duro cómo el acero, pero la sensación de correrme no llegaba a mis bolas, así que le pregunté:
—¿Puedo golpear tu trasero con mi polla, mami? …
—Si te ayuda … hazlo …
Ella se inclinó un poco más para dejarme sus nalgas más expuestas ¡¡Se veía tan bien su culo!! Que se me paso por la cabeza mover ese hilo y enterrar mi pija en su estrecho ojete anal, pero estaba fuera de toda discusión y por nada al mundo quería a mamá enojada. Aferré mi verga con mi mano derecha y procedí a castigar las posaderas de mamá con gusto. Una y otra vez golpeé esos glúteos redondos y carnosos. Mi líquido preseminal ya afloraba gota a gota por mi glande esparciéndose sobre la tersa piel de mi madre, sin duda que se sintió muy bien azotar el culo de mamá.

El proceso se estaba alargando y todavía no me venía de correrme. Se lo hice saber:
—Mami … todavía no me viene …
—Bueno … tal vez si me quito el sostén para que folles mis tetas …
Metió la mano detrás de su espalda y desabrochó su sujetador. Los gloriosos pechos de mamá vinieron a socorrerme, me miró diciéndome:
—Vamos, Alberto … fóllame las tetas … eso podría funcionar …
Escucharla dándome esas instrucciones cachondas fue realmente excitante. Ella levanto sus senos para que yo pudiera frotar mi verga en ellos. Agarré mi pene y comencé a frotarlo entre sus lechosas y esponjosas colinas. Mientras aprisionaba mi polla en medio a sus amplios pechos, sus pezones endurecidos apuntaban hacia mi glande. Por momentos frote mi capullo contra ellos:
—Sí, Alberto … folla mi areola ... folla mi pezón ...
Yo encantado follé sus montículos enardecidos. Luego volví a coger sus mamás haciendo que mi pene tocase hasta su barbilla. Mamá estoicamente mantenía sus tetas apretadas para mí. Sin embargo, el deseo de correrme no me venía.
—Ahora sí, Alberto … ¿estás listo para correrte? …
—Casi, mami … me falta un poquito …
—Bueno … entonces intentaremos algo más …
Mi erección estaba al máximo, pero dejé de follar sus pechos. Mamá se levantó a buscar el vaso recolector de semen y volvió a sentarse en el sillón. Me acerqué y mi polla quedó alineada con su rostro. Miró mi pene lustroso y duro, puso su mano en él y dijo:
—Alberto … visto que está resultando más difícil que te corras, ya que lo hemos hecho tantas veces el día de hoy … probaré otra forma de estímulo … recuerda que lo hacemos porque así lo ordenó la doctora … tengo que ayudarte a correrte … esto no lo podemos obviar ni dejarlo de lado …
—¿Eh? … está bien, mami …
No tenía idea cuál era su intención, pero confiaba plenamente en mamá y su resiliencia y constancia en ayudarme. Así que me preparé a lo desconocido. Mamá se acomodó en el sillón se hizo un poco para adelante, no sabía que pretendía, pero era adorable en sus movimientos sinuosos que me embelesaban. Miró mi pene endurecido y dijo:
—Hijo … voy a estimular tu polla con mi boca … tengo que advertirte que puedes correrte bastante rápido … a la mayoría de los hombres les encanta … especialmente a los primerizos cómo tú …
Un vaho de calor envolvió mi rostro enrojeciéndolo, mi pene volvió a pulsar y vibrar por lo que acababa de decir mamá, solo atiné a decir:
—¡Oh!, mami … gracias …
Debí pellizcarme para darme cuenta de que todo esto no era solo un delicioso sueño. Mi madre sostenía el vaso del semen en una mano, me hizo señas para que me acercara un poco más a ella. Con la punta de mi polla a un par de centímetros de sus labios, ella aproximó su boca abriéndola y envolvió mi glande con sus labios carnosos. La sensación no se parecía a nada que hubiera sentido antes. Poco a poco fue engullendo más y más de mi pene y comenzó a hacer ruidos de chupadas, dejando mi verga completamente bañada con su saliva, después pasaba su lengua por los costados como si fuera una paleta de helado.

Puse una mano en su cabeza y follé su boca suavemente mientras ella continuaba chupándome. Luego detuvo un instante la succión y con la punta de su lengua comenzó a lamer el orificio de mi meato urinario, hacia su interior y alrededor de mi polla. Después reprendió las chupadas y se tragó mi verga, hasta hacerla tocar el fondo de su boca. La sensación nueva de su boca y su lengua fue maravillosa, sentí que el semen finalmente subía por los conductos y me apronté a correrme:
—Mami … mami … me voy a correr …
Inmediatamente dejo de chuparme, colocó el vaso en la posición correcta y comenzó a bombearme con su mano diestra. Lo hizo justo a tiempo, mi verga sintió la dureza del recipiente y comenzó a expeler el líquido perlado de mis bolas a borbotones:
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Oooohhhh! … ¡Aaaahhhh! … ¡Maamiiii! …
Cuando los chorros de semen cesaron de fluir desde mi verga, me desplomé jadeando en el sillón con mis piernas temblando y mi cabeza que me giraba en un vórtice de placer. Escuche a mama decir:
—¡Oh! … no tanto esta vez … creo que estamos descubriendo tus límites por un día …
—Pero fue bueno, mama … tu boca realmente me ayudó … fue excitante …
—A todos los hombres les gusta eso … hacía mucho tiempo que no lo había hecho … tu padre fue el último y a él le gustaba mucho …
Me volví a sonrojar por las confidencias de mamá. Ella pareció notarlo y dijo:
—Hijo … parece que te pones rojo cada vez que abordamos el tema … no hay motivo para ello … todo esto es por orden de la doctora … debes relajarte …
—Lo intentaré, mamá … pero es difícil para mí … también para ti … pero tú tienes experiencias que yo no tengo …
—Es verdad … tendrás que acostumbrarte … quizás deberíamos practicar más …
—¿Qué quieres decir, mami? …
—Que podríamos usar un lenguaje más rudo y desvergonzado … así podrás relajarte y sentirte más cómodo … quizás hasta podría aumentar el volumen de tu eyaculación …
—¿Tú crees? …
—¡Cierto que sí! … a todo hombre le encanta cosas cómo “Fóllame las tetas” “Chúpame la pija” … “Te la voy a dar por el culo” …
Sentir a mamá decir todas esas cosas otra vez hizo reaccionar a mi pene, pero volví a sonrojarme.
—¡Ya ves! … lo estás haciendo de nuevo …
Dijo mi madre mirándome a la cara.
—Lo siento, mamá … mami … quiero follar tus tetas …
—¡Eso! … ¡Que bien! … ahora dime que te gustaría hacer con mi culo de una manera más ruda y soez …
—Mami … quiero culearte … quiero romperte el culo jugoso y carnoso que tienes, mami … quiero meterte mi verga en todas partes, mami …
—¡Oh!, pero que bien … aprendes rápido …
—Y dime … ¿Te gustan las mamacitas un poco putas? …
—Si, mami … sí … y también tus tetas jodidamente calientes, quiero chuparlas, lamerlas, jugar con ellas y luego follarlas …
—Muy bien jovencito … veo que progresamos rápidamente … ahora, dime que quieres ver mi coño …
Me quedé silente y dubitativo, ella me había dicho que su coño era off-limit, dudé, ella agregó:
—No dije que me folles el coño … pero podrías verlo … si es que eso puede ayudarte a correrte más rápido …
—¡Ah! … ¡Umh! … ¡Sí! … Quiero ver tu coño caliente, mamá … me gustaría comerte ese coño sabrosón tuyo …
Dije un poco más envalentonado, mamá me sonrió:
—¡Buen chico! … pero ¡qué bien! …
Dijo mi complacida madre, entonces tomando la iniciativa dije:
—Quiero ver tu culo y lamerlo, mami … quiero meterte mi lengüita dentro, mamacita rica …
—¡Excelente!, hijo … que bien …
Me sorprendió la reacción de mamá, no había objetado nada. Mi pene se movió y mamá lo notó.
—Hijo, me alegro de que esto tenga una positiva reacción en ti … creo que necesitaras un tiempo antes de que vuelvas a correrte … bebamos un poco de vino así nos relajaremos más … me quedaré semi desnuda para que me mires y estes listo de nuevo …
Miré a mi madre a sus ojos, tragué saliva al ver ese brillo en sus ojos que no había visto hasta ahora. Me dieron ganas de ir al baño, me levanté, mí verga estaba todavía fláccida, pero noté que mama miraba mi miembro mientras caminaba, se saboreó y junto sus muslos lascivamente, un hormigueo recorrió mi vientre y mi bajo vientre, hundí mi estomago por la placentera sensación, me di una rápida limpieza y volví a bajar. Mamá seguía en topless y solo vestía su tanga y medias negras, lucía sexy y sensual, tenía la copa de vino en su mano y sorbía lentamente a traguitos cortos, me miró diciendo:
—Hijo … registré la cantidad de semen y definitivamente es mucho menos que antes … como la mitad … me parece una buena señal … creo que vamos bien …
Me senté en el sofá y recogí mi copa y tomé un sorbo. Se sentía rico. No habíamos bebido mucho, me sentía relajado, pero no tanto como para afectar mí erección. Mi madre me miraba fijamente y quise saber por qué:
—¿Qué? …
—Nada … pensaba en como estimularte mejor … quizás probar con todo lo que dijiste que te gustaría hacerme hace un rato …
Pensé a las cosas que había dicho momentos atrás pues ya ni me recordaba y me vino una puntada a mi pene, pues le había dicho que quería romperle el culo, lamérselo, también ver su coño que hasta el momento lo había visto solo fugazmente. Mamá siguió en sus cavilaciones a alta voz.
—Podríamos también incluir algún juego …
—¿Juego! … ¿Quieres que juguemos, mami? …
Le dije un poco incrédulo, no me parecía momento apropiado para jugar, ¿Qué le estaba pasando a mamá por la cabeza?
—Sí, juegos … pero son juegos de adultos … tú padre me los enseñó a mí y yo podría enseñarlos a ti … ¿Te gustaría intentarlo? …
—Está bien, mami … enséñame …
Volví a sonrojarme, confundido e ignaro de que cosa entendía mi madre por “juegos”.
—Alberto … deja de ruborizarte … tienes que relajarte … bebe otro poco de vino …
—Lo siento, mamá … me cuesta acostumbrarme a todo esto …
—Vale … empecemos …
Se puso de pie, poniendo su copa de vino sobre la mesa de centro y me dijo:
—¿Sabes lo que son las nalgadas? …
—Sí … he visto algún video con esa temática …
—Bien … como te gusta tanto mi trasero, jugaremos a las nalgadas … te permitiré que abofetees mi trasero …
Mi madre se paró del sillón y se dio media vuelta presentándome sus nalgas desnudas.
—Vamos, Alberto … ven y dame algunas nalgadas con tu mano …
Mamá meneaba sus posaderas pidiéndome de castigar sus hermosos glúteos. Me paré junto a ella y con mi mano derecha le di una ligera palmada a su cachete.
—Mas fuerte, Alberto …
—Puedo lastimarte, mamá … no quiero eso …
—Solo hazlo un poco más duro y yo te diré si me duele o no …
Volví a golpearla un poco más fuerte, su nalga se estremeció y mamá dijo:
—Eso hijo … así … puedes hacerlo más fuerte si quieres …
Continué a golpearla alternando los golpes a una y a otra nalga. Me comenzó a gustar y aumenté la intensidad de los golpes, rápidamente las nalgas de mamá se enrojecieron y eso también me excitó.
—¡Oooohhhh! … ¡Ssiii! … Alberto … ¡asíii! … sigue …
Dijo mamá, apreciando mis esfuerzos de golpear sus nalgas. Mamá juntaba y apretaba sus muslos alternadamente, al parecer disfrutaba el castigo a su culo, entonces me vino de decirle algunas cosas:
—Es esto lo que te gusta ¿verdad? … te gusta que te castigue tu culo cochambroso ¿verdad? … te gustaría sentir mi verga rompiendo tu culo cagón … es eso lo que quieres ¿Sí? … eres una puta … puta que quiere su coño lleno de moco …
—¡Oh! ¡Sí!, Alberto … ¡Sí! Dime que más te gustaría hacerme … dímelo …
—Quiero correrme en tus nalgas, puta cabrona … quiero que me lo chupes después de haberte follado el culo … y me mostraras tu coño todas las veces que te lo pida para correrme en tus tetas …
—¡Oh! Alberto … Que delicioso escucharte decir esas cosas … sigue, por favor …
Mamá había metido su mano en sus bragas y al parecer se estaba acariciando a si misma. Esto hizo que mi pene se empinase al máximo. Continué a decirle groserías hasta que tembló toda y la sentí casi gritar en un orgasmo demencial, mamá se había corrido tocándose solita. Me pareció adorable verla con su cara deformada por la lujuria y el placer.

Después de un minuto o dos, mamá se giró hacia mí, tuve en mi campo visual esas colinas sabrosas y ahora sudorosas de sus pechos, lucían gloriosos subiendo y bajando dada la agitada respiración de mamá. Sus mejillas estaban ruborizadas, no dije nada contemplándola como una aparición divina, mamá tiene el cuerpo de una diosa mitológica.
—Eso estuvo genial … tomemos un poco más de vino …
Dijo mi madre, tomó su vaso y me acercó el mío. Sorbí un poco de la bebida y me sentí un poco mareado, la poca costumbre de beber, normalmente no bebo más de una cerveza, dos vasos de vino me estaban haciendo girar la cabeza. Indudablemente me había relajado y al parecer mamá también, sus ojos se habían puesto un poco vidriosos y su voz entonadita me decía que él vino también la afectaba a ella.
—¡Ahorita es mi turno! …
—¿Eh? … ¿Cómo? … ¿Turno? …
No sé lo que quiso decir ella, la miré un poco angustiado y sin entender que quería decir.
—¡Pero, hijo! … estamos jugando a las nalgadas y es mi turno de abofetear tu trasero …anda poniéndote en posición … si no te gusta, me lo dices … podemos probar otras tantas cosas …
Nunca pensé a los golpes como un tipo de estimulación, pero cómo debía correrme, solo asentí y me giré para que mamá pudiera dármelas en mi trasero, sé que a ella le gusta mucho mi fondo espalda. Decidí complacerla y moví mis nalgas invitándola a darme el correctivo que me estimularía para la toma de nuestra de la próxima sesión, quizás donde nos llevaría todo esto, mi madre era mi guía.

Sus bofetadas fueron ligeras al principio, mis glúteos se contraían al son de sus palmadas. Mi pene se balanceaba y comencé a sentir un cosquilleo que fue aumentando a medida que mamá incrementaba la potencia de sus nalgadas, ella trataba de ver mi reacción, me toco el pene y vio que se estaba endureciendo:
—¿Estás bien Alberto? …
—Sí, mamá … me siento bien …
—Lo haré un poco más duro … dime si no te gusta …
Mi madre continuó a nalguearme un poco más enérgicamente. Por alguna razón que desconozco, la continua contracción de mis nalgas debido a sus golpes tenía un efecto en mi pene y me estaba poniendo durísimo sin saber ni cómo ni el por qué. Improvisamente sentí que mamá metía sus dedos en la raja de mi culo y comenzó a hacerme unas cosquillas que se transmitían como por encanto a mis bolas, se sentían bien sus dedos en la hendedura de mis nalgas, la sentí acuclillarse:
—Te voy a besar el trasero, hijo … tal cual tú lo hiciste a mí …
Definitivamente, mi verga reaccionó irguiéndose en toda su majestuosidad, mamá envolvió mi polla con su mano y con la otra alargaba mis duros cachetes para alcanzar mi ano con su lengua. Sus besos eran suaves, me paso su lengua por mi orificio a modo de caricias, había una ternura infinita en su lengua, no fue el frenético babeo que yo hice a su culo. Luego me dijo:
—Date la vuelta que quiero chuparte la polla … eso sí te estimulará …
¡¡¡Reconchas!!! No podía creer que acabase de decir eso. Rápidamente me volteé y mi mamá de rodillas frente a mí, tomó mi verga con sus dos manitas, abrió su boca e hizo desaparecer mi miembro dentro de ella, sentí el ruido del chupeteo y su lengua que giraba en torno a mi glande, mamá movió su cabecita atrás y adelante enérgicamente, chupando cada vez con mayor intensidad. Cerré mis ojos, puse una mano en su cabeza y otra en mi glúteo y empujé dentro de su cálida concavidad bucal, mamá se detuvo un rato para respirar diciendo:
—Cómo te estabas demorando tanto … creo que no teníamos muchas opciones …
E inmediatamente volvió a tragarse mi pene profundamente. Hace unos días atrás nunca hubiese imaginado a mamá arrodillada a mamar mi polla como una sibarita. La chupaba con gusto, a ratos la sacaba bañada en su saliva y la sacudía sobre sus tetas ¡¡¡Dios mío!!! ¡¡¡Que goce!!! Cómo me dijo que debía expresarle mis sentimientos, le dije:
—Mami … se siente fantástico … pero todavía no siento ese estimulo que me podría hacer eyacular más rápido … ¿Qué tal si me muestras tu chocho, mami? …
Ella estaba absorta, cómo poseída a chuparme la verga, pero se detuvo y con su boca llena de mi polla alzo sus ojitos encendidos a los míos que la observaban en su esforzada tarea, sacó mi pene de su boca para decirme:
—Está bien … pero necesito un poco más de vino … no te muevas … quédate, así como estás …
No sé si fue porque el alcohol le daría más coraje o se le había ido a la cabeza, pero ella se fue gateando hasta la mesita, tomó la botella y llenó su vaso, dio un gran trago que lo dejo vacío, volvió a llenarlo tres cuartas partes y dijo algo extraordinario:
—Alberto … me encanta chuparte la verga … también beber un poco de vino … quiero hacer las dos cosas … no te importa ¿verdad? …
¡¡¡Reconchas!!! ¿Qué si me importa? ¡¡¡Un carajo!!! Mi madre atávica, religiosa, beata y correctita, estaba arrodillada ante mí pidiéndome permiso para chuparme la verga ¡¡¡Una verdadera bendición del buen Dios!!! Pensé en modo hereje:
—Acomódate, mami … que eso es también nuevo para mí …
Mamá aferro mi polla con su mano derecha y acerco el vaso de vino con la izquierda, mi pene no estaba totalmente duro, lo sumergió en el oscuro líquido, lo hizo chapotear en él y luego se lo llevo a la boca, chupando y tragando una y otra vez ¡¡¡Cristo que sensación más exquisita!!!

Sentí como si la sangre fluyese precipitadamente a mi pija y se puso más dura, mi madre repitió la acción varias veces. Sumergía-chupaba-tragaba. Esa fue la rutina por varios minutos. Luego tomó un sorbo e hizo una pausa, aproveche para decirle:
—Mami es tan caliente lo que me estás haciendo …
—Qué bueno, porque yo también lo disfruto … quizás sea hora de que veas mi coño, jovencito … y esperemos que te corras rapidito …
Dejó su copa en la mesita y mientras lo hacía, tomé de la mía un gran sorbo. Lo necesitaba después de toda esta ajetreada acción y debía prepararme para lo que venía. Mi madre se puso de pie y sin remilgos se quitó la diminuta tanga arrojándola sobre la silla. Se volvió hacia mí totalmente desnuda solo con sus medias negras a medio muslo y sus altísimos tacones. ¡!!Que cachonda lucía esta madre mía!!!

Miré su entrepierna liso y más calvo que nunca, al parecer había retocado su afeitado, no se veía su coño, solo una pequeñísima fisura bajo su monte de venus, mamá me empujó sobre el diván amplio y luego ella acomodó frente a mí el sillón individual, estábamos a menos de dos metros el uno del otro. entonces me dijo siéntate, yo te mostraré:

Luego mi madre se sentó cómo medio recostadita, levantó sus rodillas hasta casi tocar sus tetas y las abrió ligeramente, enseguida un poco más y más, hasta que sus piernas estaban abiertas de par en par, mostrando esos muslos blancos cubiertos a mitad por sus medias y un fulgor que escapaba de las rosadas y bañadas carnes de su coño que resplandecía enceguecedoramente. Mi pene llegó a tocar mi ombligo ¡¡¡Guau!!! ¡¡¡Que escena más cachonda!!!

Entonces, mamá hizo como una “V” invertida con sus dedos y los colocó sobre la parte superior de su coño, con ellos abrió su concha, después su otra mano la pasó bajo su glúteo y metió dos deditos en su encharcada panocha. Para estimularme, mamá me mostraba como jugaba consigo misma.
—¡Oh!, mami … que caliente se ve eso …
—Qué bueno que te guste …
Dijo mi madre observando atentamente mi pija qué se endurecía cada vez más y más. Tenía ganas de levantarme a lamer, besar y acariciar su coño, pero no estaba seguro si ella me permitiría hacerlo, ya sabía que no me dejaría follarla. Viendo la reacción de mi pija y como si hubiese adivinado mis intenciones, me pregunto:
—Dime Alberto … Ahora que has visto mi coño ¿Qué te gustaría hacerme? …
Quizás envalentonado por el vino y también debido al alto grado de excitación que estaba experimentando, le dije descaradamente:
—De seguro te comería el coño, mami … ya que no te puedo culear … te comería tu chocho todo el rato … ¿Puedo? … ¿Puedo, mami? … ¡Mira cómo me has puesto de dura la verga! …
—¡Que bueno muchacho! … Pareces tener mucha más confianza, cariño … creo que te has ganado tu recompensa … ven, puedes lamerme el coño … acércate … quiero chuparte esa hermosa pija tuya otra vez …
Me levanté como si fuese estado impulsado por un resorte, me paré frente a ella con mi polla que se balanceaba invitante. Mamá se enderezó y se sentó correctamente, aferró la parte baja de mi pene, paso una mano por mi glande y procedió a engullir mi verga caliente. Entendí que mamá no solo me estaba estimulando, sino que ella misma disfrutaba y se excitaba succionando mi pene. Había un cierto desenfreno en sus acciones, había dejado su mojigatería de lado y estaba complaciéndose y obteniendo placer al hacerlo.
—Se siente tan bien tu boca en mi verga, mamá …
Le dije acariciando dulcemente sus cabellos y moví mis caderas follando su cavidad bucal, luego le pregunté;
—¿Y qué hay de besar tu chochito, mamá? …
Mi madre dejo de chuparme y me pregunto:
—¿Sabes lo que es el “P’arriba y P’abajo”, hijo …
—Pero mami … ¿Qué es eso? … nunca lo había escuchado …
—¿Y el sesenta y nueve? … ¿Te dice algo? …
—¡Ah! … eso donde la pareja se besa los genitales, uno encima del otro …
—“P’arriba y P’abajo” …
—¡Oh! ¿Quieres decir? … ¡Oohhh! … ¡Sí! … ¡Ay! ¡Que divertido! …
—Bueno, si te gusta … es eso lo que vamos a hacer … ve sobre el diván y acuéstate … yo me meteré sobre ti …
—Pero nunca lo he hecho, mami …
—Pues lo aprenderás … haz como te dije … ve y acuéstate de espaldas …
Hice como dijo mi madre y me di cuenta de que tendría su coño y su culo a centímetros de mis ojos y al alcance de mi lengua ¡¡¡Reconchas!!! Me vino toda esa sensación cachonda como cuando me corro y tuve que gemir arqueando mi espalda, mamá se acercó sonriendo con el recipiente recolector en su mano, montó mi cabeza, percibí el aroma de su panocha, lo sentí mucho más embriagador que el vino. La grieta de su culo engurruñado y los inflamados labios de su concha, me gritaron al unísono “CÓMEME Y FÓLLAME” Mamá se dio cuenta del efecto en mí causado por su sexo y preguntó:
—¿Estás bien, Alberto? …
—¡Vaya, mami, tu trasero se ve increíble! … Hazte un poquito más atrás para comerte bien tu coño …
Mamá se movió y cuando la fisura de su panocha me quedó casi sobre mi nariz, aferré sus caderas y ella se detuvo en esa posición y finalmente pude lamer su sabroso coño lampiño, tomé sus nalgas con mis manos y las abrí para admirar su rugoso ojete anal, también le di una cachonda lengüeteada. Sus senos sobre mi vientre se sentían fabulosos. Mamá arriba y yo abajo, éramos la pareja perfecta, ella me chupaba la polla con su boca ardiente y yo jugaba con los labios de su coño mojado y metía mi lengüita en su culo maravilloso. Me sentía como en los jardines del edén.

Los labios carnosos de su coño llenaban mi boca, su sabor era exquisito, este era mi primer chocho y que fuera la panocha de mi madre lo hacía mucho más excitante. Ella se tragaba mi pija una y otra vez, enardecida con mi verga, tal como yo estaba enardecido con su chocho. Tanta dedicación y escrupulosidad hicieron hervir mis bolas y mi semen se aprestó a salir expelido por mi verga, y así se lo hice saber a mamá:
—Mami, no falta mucho …
Cuando mamá escuchó mi advertencia, en vez de colocar el vaso cercano a mi glande, comenzó un frenético lengüeteo de mi glande y poderosas chupadas a mi pija, no podía resistir más:
—Mami … mami … ahora ya … que me corro, mami …
Finalmente, mamá dejó de chuparme y pensé que hubiese colocado el vaso para atrapar mi esperma. Sentí como su mano me bombeaba y agarraba mi pene para estrujarlo y ordeñarlo bien. Esto me inspiró y estiré sus fabulosas y carnosas nalgas, luego atrapé su cintura y atraje con todas mis fuerzas su coño a mi boca y la penetré con mi lengua lamiendo el interno de sus rosadas carnes, empujando mi boca y mis labios profundamente en su coño, mamá se estremeció y la sentí gritar por la primera vez, cuando me separé de ella para recuperar mi respiración, las nalgas de mamá temblaban. Yo jadeaba y con mis glúteos apretados forzaba los borbotones a salir de mi pene.
—¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Ooohhh!, mami …
Me parecía que este había sido uno de mis mayores orgasmos. Me sentía realmente bien. Sin duda este había sido el mejor. Mi madre todavía acariciaba mi pene, seguramente controlaba la toma de muestra, asegurándose que todo había ido dentro el vaso recolector. Desde mi perspectiva, podía admirar el hermoso coño de mamá que parecía que tiritaba después de tantas lamidas. Su culo también estaba bañado con mi saliva. Innegable que esta era la vista más bella del mundo ¡Podría estar así por una eternidad!

Creo que mamá se corrió una vez más, estaba realmente excitada, sus límites se habían expandido, me hizo ver su coño y me permitió lamerlo y besarlo. Todo había sido espontaneo, quizás ayudó el vino. Hice que mamá se corriera, le había dado satisfacción de hembra. Me falta penetrarla, la debo estimular más que ella a mí ¡¡De ahora en adelante mi objetivo será su coño calvo!!

Continuará ...

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