En la cama de mi madre.

Written by , on 2021-04-12, genre incesto

Mi padre 44 años, se fue una tarde con una chica de 29 años y perdimos contacto con él, mamá nunca me demostró su sufrimiento, pero muchas noches la sentí llorar desconsoladamente, por casi un año y medio mamá perdió peso y sus curvas de una vez, volvieron a notarse, un culo redondo y firme gracias a que ella no ceja de desplazarse a todas partes en su bicicleta, sus vestidos los tuvo que cambiar y volver a usar vestidos que ella había conservado y que mostraban su esbelta ságoma, mi madre tiene cuarenta años, pero me tuvo a mi come madre soltera a los dieciséis, papá tenía cinco años más que ella y se casaron cuando ella cumplió los dieciocho.


Mi madre se llama Dafne, yo soy Braulio y tengo 24 años, soy ingeniero civil y trabajo para una empresa de casinos bien importante, por mi trabajo tengo contacto con un sin número de bellas mujeres, porque en nuestro rubro el aspecto físico cuenta, no es lo más importante, pero en una selección de personal, ayuda mucho a las concurrentes.


Volvamos a nuestra historia, mamá había vuelto a ser esa mujer madura y que hacía voltear la cabeza a los hombres y yo soy hombre, además, tengo la fortuna de tenerla cerca todos los días y todas las noches, así que resultaba imposible no fijarme cuando ella se levantaba de su habitación para ir a la cocina en busca de algo de beber o comer, generalmente en su pijama y pocas veces en un pequeñísimo neglige, que dejaba ver esas largas piernas muy bien torneadas y su maravilloso culo con amplias caderas, sus senos no eran enormes, sino normales pero no invisibles, se notaba el contorno de los mismos y muchas veces abultaban alguna de sus remeras estrechas.


De cuando papá se fue, jamás la vi en compañía masculina, como si hubiese perdido la confianza en el género de los varones, tampoco tocamos ese tema entre ella y yo, de todas maneras, yo notaba su tristeza a veces en las noches cuando compartíamos delante a la tele o durante la cena, la soledad la afectaba.


Muchos hombres sueñan de hacer el amor con su pareja, otros con su vecina o compañera de trabajo, hay algunos que sueñan con alguna actriz o cantante de moda, otros con alguna desconocida, en fin, cada uno fantasea con sus propias preferencias, yo sueño con hacer el amor con mamá, estoy yendo a buscar su ropa interior en medio de la ropa sucia solo para tener el placer de oler como huele ella, hasta sus sujetadores los huelo y acaricio porque sus suaves mamas han estado contenidas en esas copas de géneros mullido, como me gustaría lamer sus tetas y morder sus pezones.


Creo que me estoy convirtiendo en un pervertido, así fue como comencé a interesarme del tema del incesto, dos años atrás ni siquiera sabía que existía un tema al respecto, que, además, había sitios en la internet que dedicaban espacio al tema, me enteré de que es una cosa vieja que se remonta a los principios de la humanidad, la entera raza humana no habría podido desarrollarse si en un principio no hubiesen practicado el incesto.


En esos tiempos remotos en que todavía éramos como animales, no había una relación de parentesco entre los componentes de una misma familia, hasta hace un par de siglos atrás los nobles se casaban con otros nobles, fuesen estos hermanas o hermanos, tíos o tías, sobrinos y sobrinas, nietos o nietas, primos o primas, los matrimonios se fijaban incluso al momento de nacer, si eran parientes a nadie importaba ni siquiera a la iglesia que bendecía estos matrimonios incestuosos.


Lo mismo sucedían en los grandes imperios, donde las madres copulaban con sus hijos pequeños para engendrar uno que podría llegar a ser un emperador, asesinando a todos los que se interpusieran en su camino, eran tiempos bestiales porque éramos pocos más que bestias, incluso en civilizaciones que consideramos avanzadas, como griegos, egipcios, romanos y muchas otras, ahora que yo sueñe con una folladita con mamá no me parece para nada algo tan terrible, el problema es el cómo … ¿Cómo lo hago para follarme a mi mamita querida?.


Siguiendo la internet encontré varias ideas de como aproximarme a mi objetivo, el chocho de mi madre que cada día me tenía más caliente, comencé a acercarme a ella haciéndole sentir mi cuerpo, no digo mi erección porque me parecía apresurado, pero al saludarla le daba un beso en la mejilla, pero la atraía hacía mí sin forzarla, pero mientras más tiempo pasaba más me obsesionaba el querer yacer con mi progenitora.


Lo bueno es que de siempre fuimos bastante liberales en nuestros comportamientos hogareños y sociales, yo me había traído a casa algunas de mis compañeras de la universidad para coger con ellas en mi habitación y jamás me llamaron la atención por ello, mamá lo consideraba normal, además ella me compraba preservativos y los dejaba en mi habitación, ella siempre me hacía sentir su preocupación de madre por mí, cosa que me causaba un gran sentimiento, pero de hijo, en cambio ahora la estaba acosando con mi perversión por tenerla como mujer.


Casi siempre era yo el que se levantaba temprano para ocupar el baño en común de la casa, pero esa mañana la puerta estaba entreabierta y se sentía el agua de la ducha, era una fresca mañana de inicio de primavera, había una nube de condensación por la temperatura del agua de la ducha y la temperatura ambiente, una nube de vapor llenaba la atmosfera del baño, en medio a esa bruma sugestiva, la figura espigada y conturbadora de mamá, sus senos casi adolescentes, su vientre plano, sus muslos firmes que conformaban su contorneadas piernas, sus cabellos bañados que se desplazaban como látigos sobre sus pechos, hombros, espalda, era una diosa.


Estuve admirando su belleza por todo el tiempo que pude, hasta que ella se dio cuenta que yo la espiaba ‒ Braulio … ¿eres tú? ‒ sentí que me llamaba ‒ sí mamá … soy yo que pensaba ducharme como todos los días ‒ le conteste rápidamente ‒ excusa hijo pero tengo que salir temprano esta mañana y me levante un poco antes … ya terminé y estoy saliendo … dos minutos … ten un poco de paciencia ‒ me dijo ‒ ¡oh! no te preocupes mamá vuelvo en un par de minutos ‒ y me volví a mi cuarto, observando que ella secaba sus cabellos con ambos brazos alzados y sus tetas se expandían gloriosas en todo su pecho.


Regresé a mi cuarto con una erección descabellada, en dos minutos me masturbe pensando a esas tetas y chocho peludo de mamá, descargando una profusa cantidad de semen manchando la remera del día anterior, sentí cuando ella me llamó de que el baño estaba libre y me fui al baño con la remera ensuciada hecha un rollo para dejarla en la ropa para lavar, encima de toda esa ropa estaban las bragas y el sujetador de mamá, los tomé delicadamente cual si fuesen objetos preciosos y exquisitos, me los lleve a mi nariz y sus calzones tenían una ligera humedad, quizás orines o fluidos de mujer, su sostén guardaba todavía el perfume de su cuerpo, mi pene se volvió a poner duro y me masturbe una segunda vez, embadurnando sus bragas y sujetador, luego me duché.


Saliendo de la ducha, mamá me llamó a su cuarto, fui para ver qué cosa necesitaba, yo estaba vestido solo con mi albornoz recién salido del baño, mi sorpresa fue mayor cuando la vi vestida en ropa interior sexy, una enagua blanca a medio muslo cubría su corpiño, tanga y liguero, pero se notaban de color negro, sus medias era de color piel, sus curvas sinuosas eran magnificas, me quedé sin palabras contemplando a esa voluptuosa mujer que estaba frente a mí, que es mi madre.


‒ Hijo … necesito tú opinión … ¿cuál de los dos trajes crees que es más serio y clásico? ‒ me pregunto con una coqueta mano en su cadera ‒ pero mamá … con cualquiera de los dos lucirás estupenda ‒ le respondí recorriendo su esbelto cuerpo con mi mirada casi obscena ‒ no es ese el punto … necesito que me digas cuál de los dos es menos frívolo, necesito lucir seria ‒ me dijo agobiada ‒ mamá el gris … absolutamente … es clásico y sofisticado ‒ le dije mientras mi incipiente erección comenzaba a notarse ‒ ya … te agradezco tu ayuda … déjame sola que debo terminar de vestirme ‒ me fui a vestir también yo, no sin antes mirar por última vez esas curvas magnificas de mamá.


Mamá se había vestido y estaba en cocina bebiendo un café con leche, se estaba comiendo sus cereales y tenía un platillo con tostadas con mantequilla, vestía un traje dos piezas bastante elegante, unas medias color piel y unos tacones altos, yo sé que mamá odia los tacones ‒ ¿quién es el afortunado que disfrutará esta bellísima mujer? ‒ le dije dándole un beso en la mejilla ‒ gracias hijo por el cumplido … pero vienen del Ministerio y debo estar presentable para recibir al jefe ‒ respondió ella ‒ estas muy linda mamá … de seguro lo impresionaras con tu prestancia y belleza ‒ agregué ‒ ¡oh! cuanto te agradezco que me adules , reafirma mi autoestima … a veces tú no sabes cuánto necesito que alguien me vea como mujer … pero tú eres mi hijo … no te sobrepases ‒ dijo ‒ por supuesto que no mamá … estoy expresando lo que ven mis ojos … eres una mujer muy linda y eso no tiene nada que ver con que yo sea tú primogénito ‒ le dije sonriendo, ella me dio una mirada de curiosidad y vacilación, como no queriendo entender que hasta un hijo pudiese ver la hermosa mujer que hay en ella, charlamos un poco de trivialidades y ella fue a buscar su maletín y cartera, después de despedirse se alejó contorneando sus caderas con esos tacos maravillosos, dejándome con una erección a mil.


Mis sentimientos eran encontrados, por una parte, mí perversión y por la otra que se trataba de mi madre, una mujer a la cual le debía el debido respeto, pero mi fantasía me la ganaba y la curiosidad de la situación me excitaba mucho, pensaba al vinculo de consanguinidad, a los tabúes y prohibiciones que nos impone la sociedad.


En la tarde, mi madre regresó del trabajo, llevaba la chaqueta en el brazo y se veía esplendida en su ajustada falda y blusa celeste en la que resaltaban sus esplendorosos senos, ya había decidido que esta tarde la provocaría ‒ ¡Hola! mamá … ¿cómo te fue con tú presentación? ‒ le pregunté ‒ bueno … debo decir que me fue muy bien … pero me siento muy estresada … agotada ‒ respondió ‒ ¿qué te parece un masajito? ‒ aproveche de proponerle ‒ creo que sería justo lo que necesito, pero después de la ducha ‒ respondió con una lucecita en sus ojos.


Me parecía que mi madre no terminaba nunca de ducharse, me había ido a cambiar, me puse una sudadera y unos pantalones estrechos de lycra donde se me marcaba el pene notoriamente, la sudadera era bastante larga como para cubrir mi bulto, esperaba que ella no se diera cuenta de nada.


‒ Braulio … estoy lista ‒ mi madre me estaba llamando ‒ está bien mamá, ahorita voy ‒ respondí de prisa, mamá me miro y sentí cuando su mirada se fijo en mi entrepierna, se me erizaron los pelos de la nuca y también mi pene empezó a tomar consistencia, mamá estaba sobre su cama boca abajo envuelta en una bata de baño blanca que contrastaba con su bronceada piel, sus muslos torneados estaban cubiertos a mitad, mi imaginación volaba pensando a ese culo duro de mamá.


‒ Mami si quieres que te de masaje en tu espalda, te debo bajar la bata ‒ le dije en tono serio ‒ sí, es verdad ‒ me dijo y sin mucho esfuerzo tiro de su bata, saco un brazo primero y después el otro, tuve una vista fugaz de su seno derecho enhiesto que se cimbraba, mientras ella luchaba con la bata, habíamos iniciado un extraño juego de ver y no ver y todo eso era peligroso y lo estaba disfrutando, el respiro de mi madre se hacía poco a poco más afanoso, aunque si se veía tranquila y calmada, el continuo movimiento de sus piernas me hacía pensar que se estaba excitando también ella.


‒ Mamá tienes unas piernas preciosas, son muy bonitas ‒ le dije tratando de sonar calmo y serio, no quería que se pusiera nerviosa, ‒ lo sé, ya me lo han dicho antes ‒ me respondió, luego continuamos con temas relativos a la familia y al diario vivir, pero a un cierto momento pensé en volverla a la temática sexual ‒ mamá, desde que te casaste con papá, ¿has tenido sexo con otros hombres? ‒ le pregunté así improvisamente, ella guardo silencio por un largo rato ‒ sí hijo, hubo un tiempo que yo y tú padre no nos llevábamos muy bien y yo sucumbí a los avances de un compañero de trabajo … no decírselo a nadie porque era un secreto mío que ahora tu compartes ‒ me dijo lanzando un suspiro como si se hubiese sacado un peso de encima.


La respuesta sincera de mi madre me dejo perplejo, jamás se me hubiese pasado por la mente que mi madre se pudiera revolcar con otro hombre diferente a mi padre ‒ ¿acabó dentro de ti, mamá ‒ le pregunté casi sin pensarlo ‒ sí hijo, y si lo quieres saber gocé mucho con él … pero recuerda que yo y tu padre estábamos en crisis y yo me sentía sola y abandonada ‒ la respuesta de ella me provocó una erección instantánea, me incliné y la bese en su cuello ‒ mamá perdóname si hago tantas preguntas, pero imaginarte a ti mientras otro hombre te desnuda y te posee, me causa una excitación morbosa, sobre todo si ese hombre te ha llenado con su semen, me enloqueces ‒ le dije apretando mi pelvis contra sus glúteos haciéndole sentir la solidez de mi pene ‒ hijo eres un sucio cerdo ‒ fue su respuesta un tanto enojada, se giro y sus tetas me apuntaban amenazante, yo puse mis manos en sus senos y me incliné a besarla ‒ hijo, que estás haciendo … detente ‒ me dijo forcejeando débilmente, puse mis labios sobre los suyos y metí mi lengua en su boca, ella luchaba cada vez con menos fuerza, movió su cabeza a un lado ‒ hijo … que intenciones tienes ‒ me dijo sin luchar y casi en un susurro, entonces apoyé mi pene en su vientre, solo la bata me impedía el acceso a su vagina, ella intento una débil resistencia pero mi deseo era tanto que ella se sintió excitada, la volví a besar en sus labios y ella respondió a mi beso intenso y con lengua, baje mi cabeza y mordí sus pezones, mamá estaba gimiendo, seguí bajando y puse mi rostro entre sus muslos, podía sentir el vaho de su sexo ‒ hijo estoy sucia hice pipi y no me he lavado ‒ me dijo abriendo sus muslos para mí ‒ mamá me gusta el olor de tu coño y el sabor de tu pipi me excita ‒ le dije mientras mi lengua acariciaba el surco que formaban sus gruesos labios vaginales.


Mi boca abarcaba toda su conchita, comencé a lamer y morder sus carnosos labios, empecé a meter mis dedos en su vulva ‒ mamá estas toda mojada … te gusta … eres una puta ‒ le dije, pero ella solo gemía y acariciaba mis cabellos, mi libido estaba a mil y había arrastrado a mi madre conmigo, ella ahora estaba tan caliente como yo, sus manos me tiraban más hacia dentro de su chocho, sus gemidos eran de lujuria y goce.


Me enderecé y apoyé mi pene en su hendedura forzando los pliegues de su chocho, como una espada mi verga se hundió en su bajo vientre, se quejó con un poco de dolor, pero levantó sus piernas y amarró mis glúteos con ellas, mi polla toco el fondo de su concha, ella hacía sonidos cortos y guturales, se quejaba y gemía, sus uñas arañaban mi espalda y me mordía el hombro, mi pene dentro de la chuchita de mamá se sentía una maravilla, la sentía estrecha muy bañada y caliente como una fogata.


Mamá estaba gozando con mi pene enterrado en lo profundo de su vagina, la sentía mía, mi madre era mi amante, estaba poseyendo a mi amante con fuerza y mi amante respondía a mis embates, ella me acariciaba, me besaba y me daba placer a través de su sexo, me pedía que la follara más fuerte, me dejaba la marca de sus dientes y chupones en mi cuello y hombros, luego la sentí que se plegaba y empujaba su pelvis contra la mía y acababa en un orgasmo que la hacía contorsionar en mis brazos, sus contracciones vaginales tuvieron el efecto de hacer que me corriera con una ráfaga de chorros, mamá cuando sintió mi semen me apretó contra sus senos prominentes.


Como verdaderos amantes habíamos hecho gozar a nuestros cuerpos contemporáneamente, mi respiración entrecortada, mi boca cerca del lóbulo de su oreja, diciéndole que la amaba y sintiendo como ella refregaba sus pezones contra mi pecho y me respondía que ella también me amaba, la sensación era indescriptible, desnudo sobre los pechos de mamá y mi pene que todavía palpitaba envuelto en la calidez y humedad de su trepidante chocho, busque una vez más sus carnosos y ardientes labios y la bese apasionadamente, mi lengua se enredó con la suya en forma lasciva y nos enredamos en un torbellino delirante de lujuria, acaricie sus túrgidos pechos con mi lengua y torturé sus rosados pezones entre mis dientes.


Hice girar a mamá y se puso a lo perrito, inserté mi pene endurecido por la fogosidad del momento hasta el fondo de su conchita que todavía se contraía abrazando a mi verga, dándole un apriete de bienvenida y dejando caer gotas de sus fluidos y los míos a lo largo de sus hermosos muslos, continuamos una joda demencial, mamá se aferraba con ambas manos a la cubierta de su cama y gritaba, gemía y se quejaba pidiéndome que no me detuviera, que se lo diera todo, que la jodiera como a una ramera, sollozaba y emitía agudos chillidos, sus nalgas vibraban y sus piernas también, mamá se estaba corriendo una segunda vez, la intensidad de su orgasmo me arrastró a follarla con más fuerza descargando una segunda dosis de mi esperma caliente dentro de su maternal útero, mamá susurraba cosas que yo no entendía, estaba como ida, perdida en un mundo de ella misma, contorsionaba sus caderas y reculaba con su culo sobre mi miembro, exhausto me derrumbe en su cama.


Los días siguientes, mamá se mostró muy fría en su tratamiento conmigo, como arrepentida de haber hecho el amor conmigo, giraba con la cabeza gacha y rehuía mis miradas, hasta que al tercer día no aguanté más y la arrinconé en la sala de estar ‒ ¿qué te sucede mamá? … ¿vamos a continuar a negar lo que es obvio? ... yo te amo … porque me rehúyes … no te das cuenta qué nos hacemos daño ‒ le dije abrazándola y empujándola sobre el diván donde caímos abrazados.


Mamá intentó levantarse pero el peso de mi cuerpo se lo impidió, su boca estaba a centímetros de la mía y la selle con mi boca, anulando su facultad de emitir cualquier respuesta, mi lengua se entrometió y lucho con sus dientes que finalmente cedieron y sentí su lengua que buscaba a la mía y ya no nos pudimos controlar, pase mi mano por su espalda y baje el cierre de su vestido, ella movió sus brazos para sacarlos y permitirme bajarlo por sus hombros, su blanco sujetador aprisionaba sus tetas regordetas y voluptuosas, tenía una cerradura en la parte frontal que rápidamente abrí y sus dos redondeces cálidas y contundentes se soltaron libres de amarres a navegar en el océano de mi saliva que las empapaba con caricias y lamidas, llegando a embestir sus pezones enhiestos y rosaditos, mamá ya no se resistía a nada, ella acompañaba mi ritmo con un concierto de gemidos, quejidos y susurrando una melodía de pasión y lujuria, estábamos otra vez ensimismados en procurarnos amor y goce.


Sus bragas fueron casi arrancadas de sus caderas y ella levanto sus piernas en el aire para evitar que se las rasgara en mil pedazos, luego abrió sus muslos y su almejita brillaba rosada y húmeda, me zambullí entre sus extremidades y saboree una vez más el tesoro de los zumos abundantes de su coño, miré su rostro y ella tenía una sonrisa maliciosa de niña maldadosa cometiendo una guarrería, me desvestí en dos segundos y me perdí en la lujuria de su sexo mordiendo sus labios, explorando sus pliegues y tragándome ese néctar del paraíso que era la concha de mi madre.


Su cuerpo escultural y sensual se sacudía en forma ondulante, y refregaba su chocho en mi boca, posé mi labios en sus muslos y le hice un chupón gigantesco, después otro sobre su chorito y después uno más cerca de su ombligo, mamá era mía y yo estaba marcándola con mis marcas, yo la poseía, mía y de nadie más, ella se sometía plácidamente a mis deseos acariciándome y con sus deditos revolviendo mis cabellos, mamá se entregaba a mi y a mi concupiscencia, cerré mi boca entera sobre su clítoris y mi lengua comenzó a torturarla con golpes veloces, ella forcejeó un poco, apretó sus muslos a mi rostro y comenzó a vibrar y gritar, aferré sus caderas y la inmovilicé metiendo dos deditos en su concha y follándola hasta que ella acabo en un paroxismo total.


Totalmente rendida me miraba con sus ojos claros ardorosos, sus muslos tensos todavía exultaban con temblorcillos de placer y ella con sus cabellos en la mitad de su rostro tocaba sus dientes con su dedos pulgar succionándolo lascivamente, mi verga dura como el acero se presentó sin mucha ceremonia a la entrada de su chuchita, cuando mi glande hizo contacto con sus inflamados labios, mamá abrió su boca a forma de “O” y emitió un suspiro y un largo gemido mientras la ensartaba centímetro a centímetro, luego echó su cuerpo hacía atrás y aferró sus tetas, tironeando de sus pezones, estábamos una vez más conectados por nuestros sexos y la sintonía era total, ella recibía mis embates con gemidos y quejidos de gusto y goce.


Ella y yo nos estábamos dando un festín de sexo, el deseo de poseernos era tan grande que el mundo hubiese podido explotar y no nos habríamos dado cuenta, la fuerza de nuestros deseos era como un volcán en erupción, amar a mi madre era una emoción especial y ella sintiéndome en lo profundo de su ser, reforzaba mis sentimientos, ella me acariciaba y besaba, me empujaba y tironeaba, me mordía y rasguñaba, yo era también su propiedad y me dejaba marcas en mi cuerpo, que dejaban señas de su amor en lo profundo de mi corazón.


La copulación era intensa y vigorosa, las secreciones vaginales de mamá eran exorbitantes, hacía que mi pene perforase sus carnes fácilmente deslizándose en un mete y saca muy rápido, nuestras ingles se estrellaban con sonidos secos y sordos aumentado el goce de ambos, yo miraba a mamá que se contorsionaba y movía su cabeza de lado a lado, presentí que su orgasmo se acercaba y comencé a darle con más fuerza y velocidad, las contracciones de su chocho y un grito desgarrador de liberación iniciaron el orgasmo de mamá, agarré sus caderas y martillé con mi pene su concha, mamá tenía su cara deformada en una agónica mueca, su ceño fruncido como concentrada en todos las sensaciones que estaba sintiendo.


Una fuerza bestial golpeo mi espina dorsal haciéndome tensar mis muslos y gruñendo y bufando, me corrí dentro del chocho de mi madre, ella recibió mi descarga inerme, como en un sueño como gozando con cada chorro que mi pene inyectaba en su canal vaginal, ella mordía sus labios y con sus ojos fijos en los míos, movía sus caderas succionando mi miembro y absorbiendo mi esperma dentro de su vagina, mi cabeza hervía en un revuelo de sentimientos, esa mujer que estaba empalada en mi miembro y gozaba conmigo, su hijo.


Mañana sería otro día, otras sensaciones traerían a nuestros encuentros nuevas aventuras libidinosas, ya no podíamos detenernos, nos habíamos transformados en amantes, gozábamos de esta relación incestuosas, ya no nos importaba que lo fuera, ya no me sentía vil y violador, ella no se sentía ni sucia ni usada, éramos simplemente un hombre y una mujer que se encontraban intensamente en la cama de mi madre.

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luisa_luisa4634@yahoo.com


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