Viendo Videos zoo con mi hijo.

Written by , on 2023-10-18, genre incesto

¡Hola!, soy Sabrina, treinta y dos fatigados años con un maravilloso hijos de diecisiete. Les contaré lo que sucedió a principios del pasado verano. Era un viernes por la noche, mi hijo Mauricio y su amigo estaban viendo una partida de la nacional y bebían un par de cervezas, yo le permito beber máximo dos cervezas porque no quiero un hijo alcohólico. Sé que rápidamente se siente mareado y esto me causa risas, porque habla con voz más alta y a veces se le enreda la lengua.


El calor era abrumador, así que yo también bebía una cerveza fría. No sé cómo ni porqué iniciaron el tema, pero los escuche hablar de sexo con animales. Alberto, su amigo un año mayor que mi hijo, afirmó de haber visto un video donde una mujer follaba con un caballo. Mi hijo se rio de una forma incrédula y yo opiné que el sexo con animales era un producto típico de hombres sobreexcitados y eso era solo imaginación, no podía ser cierto.


Alberto se enfadó y admitió que era un tema bizarro que lo excitaba. A continuación, le pidió a mi hijo su computadora portátil para demostrar que él no estaba mintiendo. En un par de minutos se conectó a la red y abrió un sitio con una pantalla negra y muy oscura, estaba llena de cuadritos, él dijo que esos eran diferentes videos de mujeres teniendo sexo con algunos animales como perros y caballos.


Hizo clic en uno de esos enigmáticos cuadritos e inmediatamente se abrió un cuadro diferente que mostraba en una pequeña pantalla a una mujer con un perro grande, me pareció un pastor alemán, nosotros tenemos un labrador, pero mi padre tuvo un pastor cuando yo era chica. El enorme perro estaba lamiendo el coño de la joven chica rubia que ocultaba su rostro tras una máscara. A un cierto momento ella se arrodilló y se puso a tierra afirmada con sus manos, el perro vino a lamer su trasero desde atrás, pero luego saltó sobre ella que afortunadamente, estaba afirmada a un diván sino ese bruto la habría botado por tierra. La cámara que enfocaba a la chica voló a su entrepierna y se veía la pija del perro sobresaliendo de su funda y penetrándola repetidas veces, a un cierto punto la funda peluda del perro se juntó con el coño de ella, la chica grita y luego se veía solo un conexión entre sus sexos con una especie de cordón rojo saliendo del coño de la muchacha. Alberto triunfante dijo:
—¿Ven? … ¿Pueden ver que no estaba mintiendo?
El perro follaba a la muchacha en un modo impetuoso e incontenible. El video duró unos tres minutos y Alberto parecía feliz y satisfecho de habernos mostrado algo excepcionalmente raro. Yo estaba completamente perpleja y algo disgustada; no podía entender como una persona pudiese hacer algo así voluntariamente. Ya lo dije, tenemos un Labrador negro y no podía imaginar haciendo algo así con él. Pero era evidente que la chica del video lo disfrutaba y mucho, así que, a pesar de todo, tuve que concordar con Alberto que había chicas teniendo sexo con animales. Entonces él agregó:
—¡Y eso no es todo!
Hizo clic en otro cuadrito y apareció otro video con una mujer de cabellos negros y bastante joven, vestía una remera amarrada al ombligo y nada más. Estaba jugando con la polla de un pony de color beige y de crines blancas; pasó la polla de equino por sus piernas y muslos, después lamió esa tremenda polla alargada y de forma extraña, como una cabeza de hongo. De repente en segundo plano se escuchó la voz de un hombre, probablemente el camarógrafo que la instruía para una pose diferente. Ella se dio vuelta y el animal salto sobre ella con su polla bastante lacia y débil, pero improvisamente la polla pareció cobrar vida y se puso dura, se me escapó una exclamación:
—¡Oh, Jesús! … ¡La partirá en dos! …
Ella estaba ahora parada bajo el pony que empujaba hacia su coño una verga de más de medio metro; la cachonda muchacha empujaba su trasero hacia la monstruosa pija equina que no centraba su panocha. Se metía entre sus piernas, le resbalaba en medio a sus nalgas y sobre su espalda. Pero en uno de esos embistes, la polla penetró de un solo golpe a la chica, otra vez se me escapó un exabrupto:
—¡Guau, mierda! …
La bestia le encajó casi medio metro de pija profundamente y eso hizo que yo misma sintiera en mi coño una dolorosa punzada que me llegó hasta el abdomen. Pero la muchacha en vez de tratar de escapar gritando adolorida, parecía disfrutar esa enorme polla dentro de ella. Miré de reojo el regazo de Mauricio y Alberto, ambos tenían sendas erecciones, al parecer ellos también disfrutaban el violento coito de la chica con el pony.


Habían pasado solo pocos segundos y la chiquilla chilló, la polla del pony resbaló fuera de su coño y un torrente de chorros lechosos salieron de la pija equina que se bamboleaba bañando las piernas de la muchacha y gran parte del piso. No podía creer que esa chica pudiese haber acomodado esa enorme polla en su coño. Yo soy bastante alta, un metro y setenta y cinco, pero si me dejo penetrar por una pija de ese tamaño de seguro me llega hasta los pulmones y termino muerta.


Después de eso Alberto hizo correr otros videos más, pero todos con perros. No daba crédito a lo que veían mis ojos. No sabía que pudiese existir algo así; creo que por todo el tiempo que estuvimos mirando esos videos, mi boca permaneció abierta cada vez con mayor asombro.


Después del último video, Alberto dijo que se había hecho tarde y que debía irse a casa. Noté el bulto en sus pantalones. Se veía realmente sobreexcitado. Me disculpé por no haberle creído y él aceptó con gusto mis disculpas, en seguida, él se despidió y se fue. Después de eso, Mauricio y yo subimos a nuestras respectivas habitaciones, nos acompaño Titan, nuestro perro. Decidí tomar una ducha antes de dormir, solo allí me percate que mi coño extrañamente estaba bastante mojado, pero no me sentía realmente cachonda. Esto me intrigó. Como dije, los videos me causaron un poco de repulsión en lugar de excitarme, pero al parecer mi cuerpo había reaccionado en modo diferente. Cuando finalmente me acosté, sentí la persistente humedad de mi panocha y quería autosatisfacerme, pero no me atreví pensando en que no sería de buen gusto hacerlo con esas imágenes animalescas un tanto repugnantes.


Al día siguiente el clima era esplendido con un sol brillante, mi hijo Mauricio se había ido a su partida de futbol del fin de semana. Después de ordenar la casa, decidí de tomar un poco de sol en el jardín, así que busqué un buen libro y me fui a tumbar sobre la silla de playa bajo el sol radiante. Prefiero tomar el sol desnuda, pero como sorprendí a mi vecino espiándome, ahora lo hago con mi minibikini.


Alrededor de mediodía me entré en casa. Saqué un poco de agua mineral del refrigerador y un melocotón maduro, lo pelé y lo puse en un pocillo para servírmelo sentada en el sofá. Fui a buscar la computadora portátil de mi hijo con la excusa de ver mi correo, cerré todas las cortinas y encendí el ordenador sentada en el sofá. Revisé mi correo y jugué un poco a cartas, pero pronto eso me aburrió, no quería admitirlo, pero lo que realmente quería era volver a ver esos videos de sexo con animales, no podía resistirme, consciente o inconscientemente había estado pensando toda la mañana en ello. Vi los videos de sexo. Poco a poco me fui acostumbrando a las imágenes y ya no consideré que pudiera ser tan perverso como la noche anterior. Comencé a fijarme en los detalles. Nuevamente vi a la chica con el enorme pastor alemán. El perro tenía una polla enorme. Al parecer se quedó atascado en ella por algunos momentos. La chica estaba arrodillada sobre una toalla, quizás para no lastimar sus rodillas. El audio me hacía escuchar claramente los gemidos y chillidos de la muchacha con la inmensa polla de perro profundamente enterrada en ella. Miré a Titan que estaba echado bajo la mesa. Me dieron ganas de follar, pero no podía imaginarme a mi gritando como loca con la polla de Titan en mí. La idea de follar con él no me pareció tan descabellada después de todo.


Estaba tan distraída y embelesada con los videos, que no me percaté que mi hijo Mauricio había vuelto a casa, solo lo sentí cuando se dejo caer sentado a mi lado
—¡Oh! … al parecer te gustaron esos videos, ¿no? …
No supe que responder, solo balbuceé algo como una respuesta:
—¿Ah? … ¡Ehm! … ¡Bueno! … yo … ¡Es que no puedo creer que alguien obtenga placer con algo así! …
Mauricio me quedó mirando y dijo:
—¿No? …. Entonces explícame ¿por qué tu bikini parece estar tan mojado ahí abajo? …
Miré hacia abajo y vi la mancha oscura en mi entrepierna, me senté derecha tratando de no hacer ver la ostentosa chafarrinada en mi bikini.
—Sí … está bien … tienes toda la razón … por un lado lo encuentro sucio, pero aparentemente mi cuerpo se pone cachondo al ver todas esas imágenes y escuchar los sonidos de placer de las chicas … ayer no pude evitar de darme cuenta de que se había hecho un bulto en tus pantalones … al parecer también a ti te hizo ponerte cachondo, ¿o no? …
Mi hijo agachó su cabeza y me respondió que también él se había excitado a mirar los videos de sexo con animales y había estado pensando en eso todo el día. Se acercó a mi e hizo clic en uno de los cuadritos y vimos juntos un video de una chica masturbando su coño con una gigantesca polla de un caballo y volvimos a ver la chica que follaba con el pony. Ahora la computadora estaba apoyada en la mesita de centro y volví a darme cuenta de que Mauricio tenía una tremenda erección, cuando se percató de que estaba mirando sus shorts inflados como carpa, puso su mano encima y me dijo:
—¡Excusa! … pero me es imposible evitarlo … estos videos me calientan mucho … y … mucho más al verlos contigo …
Me reí y le dije que a mí también me gustaba verlos junto a él, luego continuamos a ver videos, los comentamos, nos reímos de algunos, pero a menudo nos sorprendimos de lo cachondas que se veían las muchachas al follar con estos animales. En un dado momento me levanté y le dije que iba a cambiarme porque mis calzoncitos de bikini se habían empapado y él me sorprendió y me detuvo colocando su mano en mi entrepierna. Él movió sus dedos sobre la delgada tela y se me escaparon unos gemidos, con voz ronca le dije:
—No lo hagas, chico … esto no puede ser …
Mauricio no me respondió, pero empujó su mano separando aún más mis piernas, luego comenzó a acariciar mi panocha por sobre mi bikini mientras me miraba fijamente. Una voz en mi cabeza gritaba fuerte que esto no estaba bien, que era algo prohibido, pero nuevamente mi cuerpo actuó en forma contraria a mis deseos. Quería detenerlo, pero involuntariamente mis piernas se abrieron. Mauricio metió sus dedos bajo la tela de mis calzoncitos, sobre los hinchados y mojados labios de mí panocha e hizo que me estremeciera de placer. En los últimos ocho años ningún hombre me había tocado allí, solo ahora me di cuenta cuanto anhelaba ser tocada. Presioné mi coño contra sus dedos y cuando Mauricio me bajo los calzones, rápidamente levanté una pierna y luego la otra para que me despojara de ellos.


Vi a mi hijo arrodillarse ante mí moviendo su cabeza hacia mi entrepierna bañada. “Luisa, eres una puta”, pensé y luego me sentí intoxicada de maravillosas sensaciones. Mi pensamiento, mi criterio, mi moral y remilgos ya no estaban conmigo, desaparecieron de golpe al primer toque de su lengua con mi sexo en llamas; mí cuerpo entero tembló y me pareció abrumadoramente delicioso lo que me estaba haciendo, chillé, grité y me corrí como una ramera.


Con mi cuerpo aún temblando, Mauricio se sentó a mi lado y me quitó la parte superior de mi bikini para acariciar mis tetas. Mi mano se fue a su bulto, sentí el cálido contorno de su polla endurecida como palo por sobre sus pantalones. Mauricio se quitó la camisa primero y luego de un solo movimiento se bajo los shorts junto a sus boxers. Su pene saltó desafiante al aire libre. Aferré su pene caliente con ambas manos y deslicé su afelpado prepucio para descubrir la gruesa cabezota con una babita de pre-semen emergiendo a través de su diminuto agujerito. Me incliné y rocé mis mejillas con ese macizo pene y mis labios se cerraron sobre su amoratado glande, probé sus dulces fluidos, ya no podía controlarme y comencé a devorar su miembro enhiesto:
—¡Oh, mami! … ¡Qué rico! …
Escuche a mi hijo decir, lo miré y vi su rostro feliz y radiante. Me arrodille, tomé sus nalgas y empujé su pene dentro de mi boca comenzando a mamarlo vorazmente. Jugué con sus bolas y luego una a una se las chupé. Lo sentí tensar sus piernas, sus nalgas se endurecieron y luego me llenó la boca con su esperma caliente. Sé que a todos los hombres les gusta y excita mucho cuando su pareja se traga su semen, yo lo había intentado anteriormente con su padre, pero nunca lo había logrado realmente, siempre lo terminaba escupiendo en un pañuelo o toallita, me parecía algo muy sucio. Pero ahora lo disfrute y sin pensarlo siquiera me tragué toda la lechita tibia de mi hijo.


Noté que la verga comenzó a debilitarse, entonces se lo chupé aún con mayor ahínco. No quería que esto terminara jamás. La adolescencia de mi bebé le daba la energía necesaria y su polla volvió a ponerse dura como una roca en breve tiempo. Mauricio manifestó que quería algo fresco de beber, le dije que se sentara y que yo iría a buscar algo de beber para ambos. Él me siguió a la cocina y froto su polla dura entre mis nalgas, metió sus manos sobre mis tetas y me estrechó a su cuerpo deslizando su polla entre mis glúteos, susurrándome al oído:
—¿Sabes que posees el culo más maravilloso que haya visto jamás? …
Por toda respuesta presione mi trasero contra su deliciosa pija. Mauricio comenzó a pasear su enorme erección entre mis posaderas mientras amasaba mis tetas con sus manos tironeando de tanto en tanto mis duros pezones. Incliné mi torso sobre la encimera, lo único que quería era sentir su gruesa polla entre los labios de mi coño y le dije:
—¡Préndeme! … ¡Fóllame, por favor! …
—¿En serio? …
—¡Sí, bebito mío! … ¡Hazme tuya! … Quiero sentirte dentro de mí …
Dije desesperadamente asintiendo con mi cabeza para confirmarlo. Lo sentí deslizarse en medio al surco de mis glúteos, rozando el diminuto agujero de mi ano, luego empujó entre mis labios y me penetró, luego lo sacó y yo empujé empalándome en su polla nuevamente, no resistí tanta estimulación y me corrí plegando ligeramente mis piernas que se estremecían blandengues. Gemí de placer en forma lujuriosa mientras el continuaba a follarme. Quería voltearme y morderlo.


Los dos estábamos bastante sudados y mojados, volví a gemir cuando el me lo sacó. Sentí que se agachaba a besar mis nalgas, abrió mis cachetes y lengüeteó mi culito engurruñado y apretado, me llenó de saliva y continuó besando mis nalgas. De repente se levantó y me empujó sobre la encimera, apoyé mis senos en el frío mármol y le escuche decir:
—Quiero follarte por el culo, madre …
Ni siquiera me sorprendió cuando le respondí deseosa empujando mi culo contra su polla:
—Haz todo lo que tu quieras … solo fóllame …
Me relajé para hacerlo entrar en mí, su polla batalló unos momentos con mi estrecho esfínter y luego comenzó a desplazarse más y más adentro llenando mis entrañas. Me folló delicadamente el culo sin dejar de amasar mis tetas y besar mi cuello. Nos corrimos al mismo tiempo y luego nos fuimos a reposar al sofá.


Mientras bebíamos nuestros jugos de fruta, charlamos sobre lo que había sucedido. Nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos en forma abierta y honestamente, había más confianza y afecto que antes, nuestro amor había evolucionado. Nos reímos y bromeamos como si no fuéramos madre e hijo, sino solo unos buenos amantes cachondos.


Cuando nos recuperamos por completo, nos fuimos a duchar juntos y nos lavamos, disfrute de todas sus caricias. Luego nos vestimos con ropa ligera y preparé algo de comida rápida, ya no tenía ganas de cocinar, no quería despegarme de él, necesitaba esa cercanía de paz y tranquilidad que él me infundía.


Después de cenar sacamos a Titan a dar un paseo al parque. Caminábamos juntos tomados de la mano, de repente Mauricio se detuvo, miró a Titan y me preguntó:
—¿Podrías hacerlo con un perro? …
—¿Ah? …
—Me refiero a follar …
—Cualquier mujer “Podría” … eso ya lo hemos visto en los videos … es cierto que las imágenes me entusiasmaron … y probablemente si se dan las circunstancias correctas … sí … podría … podría querer probar esa experiencia … pero no sabría donde conseguir un perro que sea entrenado para follar con una mujer … tendría que ser Titan quien me follara …
Mi hijo no respondió nada, pero después de esa conversación comencé a vivir en un mundo diferente, ya nada me repugnaba sobre el sexo con animales. Mauricio comenzó a follarme todos los días y muchas veces lo hacía a lo perrito y yo soñé con Titán follándome de verdad.


Un día cualquiera nos acurrucamos frente al televisor y comenzamos a acariciarnos y besarnos. Casi sin que yo me diera cuenta Mauricio me fue despojando de mis vestidos hasta quedar completamente desnuda. Me sentí un poco cohibida al estar desnuda frente a él que estaba totalmente vestido y observaba mi desnudez. Se inclinó y comenzó a besar mis senos y a chupar mis pezones, luego poco a poco siguió besándome el vientre, mi monte venus y finalmente llegó a la convergencia de mis piernas y me chupó el clítoris. Cuando mi coño comenzó a gotear en forma abundante, me lamió mi surco empapado provocándome escalofríos, luego empujo a un lado la mesita de centro, pasó sus dedos por mi húmedo coño y llamó a Titán. El perro llego entusiasta moviendo su cola y olisqueando el aire, Mauricio le ofreció sus dedos impregnados con mi esencia de coño. Titán lamio los dedos con avidez. Mauricio poco a poco guió al perro entre mis piernas y dejó que él encontrara el camino a mi canal vaginal, Titan saboreo mi panocha con su larga lengua e inmediatamente le gustó, pero se volteó a mirar a Mauricio. Mi hijo volvió a mojar sus dedos en mi ojete empapado y los puso delante de la nariz del perro. Repitió tal acción varias veces y Titán se fue quedando cada vez más tiempo a lamerme, lo que me estaba haciendo enloquecer de placer. Pero Titán no entendía lo que se requería de él, nunca antes había follado.


Mauricio me dijo que me arrodillara frente al sofá y le diera la espalda. Ahora Titan lengüeteó mi ano y mi coño desde atrás. El perro me saltó encima y yo ganosa empujé mi trasero sobre su polla. Mauricio se percato de todo y vino a ayudar a Titán tomando su pene y alineándolo con mi coño, apenas su pija sintió la humedad de mi panocha el perro empujó y me penetro con su pene todavía pequeño. Lo sentí entrar y salir de mi coño y cada vez más duro y grande. En cosa de segundos su polla encajó bien en mi boquete vaginal y su grosor aumentó en un instante. Su bola también se atoró en mi cuquita y comenzó a inflarse toda comprimiendo mis paredes vaginales y estirando mi coño como jamás nunca había sido estirado.


Estaba muy caliente, siempre en la cúspide de un orgasmo, pero quería que esto durara más, la polla de Titán había crecido considerablemente y ya estaba abotonada a él. Empujé mis posaderas para que la polla de él se fuera lo más profundo dentro de mí. Mi hijo puso su mano en mi vientre y luego comenzó a acariciar mi clítoris, mi coño se contrajo de puro placer y me corrí temblando de pies a cabeza.
—¡Argh! … ¡Aaahhh! … ¡Ummmm! … Hijo, me estas haciendo morir …
—Sí … dulce y cachonda madre mía … y espera que ahora Titán rociará toda su semilla en ti …
—¡Hmmmm! … ¡Delicioso! …
Siguió acariciándome a sabiendas de que mi cuerpo no cesaba de tremar. Las patas del perro me tenían firmemente atenazada inmovilizándome. Le rogué que no se detuviera y así él continuó a masturbar mi clítoris intensamente, luego tocó y acarició mi trasero, por un corto lapso de tiempo pensé que ya todo había terminado, sentía los fuertes tirones del perro que seguía follándome, pero se detuvo, cuando intenté enderezarme, una afluente caliente de esperma comenzó a llenar mi panocha por todos sus recovecos. La sensación de plenitud al recibir tal cantidad de semen en mi coño me hizo derrumbarme sobre el diván con incontrolables contracciones de mí coño. Me estaba corriendo otra vez. Escondí mi rostro de placer y lujuria en un cojín del sillón y grite mi alegría y felicidad de ser hembra de un macho tan potente y poderoso como Titán. Era su perra, me estaba dando su semilla, me estaba impregnando con su descendencia de futuros cachorritos.


Algunos chorritos rebasaron la capacidad de mi panocha y escaparon de mi coño salpicando mis muslos y chorreando mis piernas. Mauricio mantenía a Titán bien pegado a mi chochito y yo intentaba mover mis piernas para calmar los temblores que estremecían todo mi cuerpo. El orgasmo que sentí fue único. Mi coño cabalgaba en esa bola que expelía esperma caliente y me hacía acabar una y otra vez. Luego vino la calma; Titán se acomodó y mi hijo lo ayudó a pasar una pata sobre mi trasero y quedé con su pene atorado dentro de mi panocha en una posición culo con culo, parecía una verdadera perrita. Gracias a Dios mi hijo me ayudó en todo momento. Espero solo que nuestros vecinos no hallan escuchado mis alaridos, berrinches, gritos y gemidos, pero fue fenomenal y estoy dispuesta a repetirlo muchas veces más. Miré con cierta aprensión a mi hijo y cuando vi la forma dulce y cachonda con que me miraba, me sentí la mujer más feliz del mundo.


En los últimos meses, Mauricio y yo hemos tenidos frecuentes relaciones sexuales, no todas las veces con Titán, pero al menos dos o tres veces a la semana el me abotona mientras yo chupo la verga de Mauricio En la internet encontramos este sitio con relatos zoo y de madres teniendo sexo con sus hijos, por eso decidimos relatar nuestra experiencia que jamás dejaré de recomendar a todas esas que no se han atrevido todavía.

FIN

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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!

luisa_luisa4634@yahoo.com

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