En el metro de la Cd. de México en hora pico

Written by , on 2020-06-12, genre orgías

Antes que nada debo decirles que tengo 39 años, casada, 1.70 mts. de estatura, con una relación estable aún cuando he tenido muchas aventuras y experiencias sexuales sin que mi marido sepa, con muy buenos amigos y mucha libertad en el tema sexual.

Pero bueno, les cuento que en una ocasión hace unos alos , salí con mi esposo y mi hija que en ese entonces tenia 5 años, fuimos al centro y tuvimos que viajar en el Metro (en la ciudad de México) que en muchas ocasiones lleva tanta gente que entras y sales de los vagones entre puros empujones y ese día se me ocurrió ponerme un vestido algo corto, poco escotado porque hacia mucho calor ese dia, despues de hicer algunas compras y cuando ibamos de regreso nos tocó el momento en que el metro estaba mas lleno, así que nos paramos en el anden a esperar que llegara el proximo tren y muchos hombres se pararon cerca de nosotros, evidentemente con la idea de manosearme y así sucedió. Mi marido cargó con un brazo a mi hija y en la otra mano llevaba unas bolsas con cosas que habíamos comprado, así que parado detrás de mi intento rodearme por la cintura pero fuimos arrastrados al vagón a puros empujones. Desde el primer momento en que el tren se detuvo, sentí manos en mis piernas, en mis nalgas, recorriéndome, apretándome, haciendo de lado la mínima protección de mi vestido, tratando de alcanzar mi panocha, intentando llegar sus dedos hasta mi ano.

Primero me espanté, sentía que estaba a punto de ser violada por la multitud de hombres que me arrastraba, me manoseaba y me separo de mi marido, luego me preocupé, mi hija estaba ahí y mi marido hacía su mejor esfuerzo para portejerla, lo cual lo obligó a dejarme totalmente desprotejida. yo no quise decír nada de lo que me estaba pasando porque si lo hacia el tendría que golpearse con todos los que estaban a mi alrededor poniéndonos en peligro y a mi hija también, así que sólo me quede callada. al aparentar todos los que me rodeaban que nada estaba pasando, comprendí que lo único que podía hacer era gozar el manoseo y entonces me calente, sentí que el calor me subió inmediatamente y que mi vagina empezó a mojar. en ese mismo momento sentí como aquellas manos hacian de lado mi tanga dejándome totalmente a su disposición.

Sigo sin saber cuantas manos me tenían agarrada, sólo se que en mi exhitación intente recorrer mis senos, mis nalgas, mis piernas, mi vagina y en ninguna parte me pude tocar porque había alguna mano debajo de la mía y en lugar de hacer algo por quitarlas, con mi mano ayudaba a hacer los movimientos que mayor placer me producían para indicarles de esa manera lo que quería que ellos hicieran. No obstante, sentía unas que parecían querer arrancarme los pezones. Dolor y placer juntos, que cosa tan maravillosa, pienso que había dos manos de distintas personas urgando mi vagina, clavando sus dedos en mi vagina de pronto una alternando con otra, varias manos en mis nalgas, pero especialmente una de ellas que se alojó entre ellas y sin piedad me clavó un dedo por el culo pero cuando otras manos intentaban hacer lo mismo, ese dedo se enterraba aún más defendiendo el lugar que había ganado y perforandome completamente el ano.

Afortunadamente mi marido, a unos paso de mí no veía nada y sólo le limitaba a intentar ver si estaba bien. Y vaya que si estaba muy bien, en mi desesperación, busqué las vergas que estuvieran a mi alcance y con gran alegría encontré una le meti la mano dentro del pantalón, lógicamente en breves instantes dos vergas más buscaban ser acariciadas, estrujadas, masturbadas y así lo hice, procurando masajearles los testículos y hacer que se pusieran muy duras, muy inchadas. Seguramente tenía el vestido levantado casi hasta la cintura porque en un momento sentí un chorro de semen caliente estrellarse contra mi nalga izquierda y empezar a escurrir a lo largo de mi pierna. de seguro también le cayó a la mano que se había apoderado de mi culo porque sentí el dolor del vacío cuando de golpe me sacó el dedo del ano (debe haber sentido asco del semen de algún desconocido), pero en seguida pienso yo que el dueño del semen empezó a embarrármelo en el culo y usándolo como lubricante me empujó primero uno y después dos dedos por el ano, moviéndolos como loco hacía uno y otro lado y metiéndolos y sacándolos a placer hasta el límite de su tamaño.

Mientras sentía escurrir mis jugos por una pierna, trataba de mantener la otra medio levantada para permitir que me penetraran con mayor profundidad tanto la vagina como el ano. Aunque les parezca increíble, todo esto sucedió en el transcurso de un par de minutos que dura el viaje de una estación a otra, fue algo salvaje, lleno de lujuria, de deseo, fue una violación brutal en dos minutos, llegué al clímax del orgasmo múltiple y del dolor en esos dos minutos. Cuando el tren se detuvo en la siguiente estación un grupo numeroso de gente salió del vagón, pienso que ninguno de ellos se percató de lo sucedido, pero al haber menos gente, mi marido logró llegar hasta mi rodeándome nuevamente la cintura y obligando a todas las manos se retiraran, sobre todo la que me había llenado de semen el culo y el ano. cuando el convoy avanzo algunas manos seguían estrujándome pero con mucha más discreción y sólo el que estaba a mi derecha metio nuevamente su mano dentro de mi vagina, provocándome el delicioso placer de sentir las contracciones del orgasmo producidas por los dedos de quién estaba a mi lado mientras mi marido me mantenía abrazada por la espalda. La recompensa fue que untándome la mano con mis propios fluidos, le acaricié la verga hasta que se corrió abundantemente salpicándome las piernas y los pantalones de los que estaban cerca de él. Esta vez el trayecto fue de cerca de un minuto y medio y en la siguiente estación llegaba a mi destino, así que con ayuda de mi marido y sintiendo unas manos que desgarraban mi piel al arrancarme sus manos para moverme hacia la salida, logramos bajarnos del vagón.

Para mi fortuna, al salir del metro estaba oscuro de tal manera que mi marido no vió ni el semen que me escurría ni ninguna evidencia de lo ocurrido y cuando llegamos a casa, de inmediato corrí al baño para asearme, ponerme otra tanga y descubrir que las tetas, las nalgas y las piernas me ardían por algunos apretones que me hicieron y que del ano aún me escurría semen que me habian untado.

la intención de contar esta experiencia es obtener de ustedes sus comentarios, yo me siento satisfecha con el goce que me propiciaron, la desvergüenza de como me comporté y el ¿qué dirán? Si mi marido se llegara a enterar.

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