Comprando un chiche nuevo

Written by , on 2018-05-04, genre incesto

Esa tarde al salir de mi oficina, enfilé hacia un sex shop cercano. Le había prometido a mi adorada esposa que compraría una especie de strap-on para que ella pudiera abrirme el ojete.

Esa era la última ocurrencia de Ana. Ambos habíamos pasado varios días mirando en la red algunos videos sobre ese tema y mi mujercita me había convencido de probar; diciéndome que a ella no le dolía tanto cuando yo la sodomizaba…

Al entrar a la tienda me convencí de que lo compraría sin importar el precio. Adentro había varios clientes y dos vendedores. Uno era un tipo joven con apariencia de homosexual y la otra una mujer algo madura, con una cara de viciosa total…

Descubrí que había una gran variedad de esos aparatos en tamaños y modelos; pero finalmente me decidí por uno que no era demasiado grande…

Me acerqué a la vendedora, pensando en divertirme mientras le pedía que ella me explicara cómo se usaba ese juguete.
La veterana sonrió muy amable, presentándose como Fanny.

Me preguntó si pensaba utilizarlo con mi esposa; a lo que respondí que sí. Me explicó entonces que ese grosor era ideal para practicar sexo anal. Debería usar un gel lubricante para untarle la punta y evitar que pudiera desgarrarme el canal rectal.

Escuchar decir eso a Fanny me empezó a excitar y pronto sentí que mi verga se endurecía en mis pantalones…

Le dije a la veterana que había visto varios videos sobre esto; pero todavía no me convencía demasiado; quería saber si ella podía explicarme algo más…
Fanny puso su mejor cara de viciosa y continuó diciendo que el arnés debía sujetárselo mi esposa en su cintura y, después de untar la punta de esa cosa en gel, podría metérmelo por el culo despacio, regulando ella misma el ritmo de penetración…

Entonces le dije que, antes de comprarlo, me gustaría probarlo con alguien que no fuera mi mujercita. Miré a Fanny directo a sus seductores ojos de veterana en celo y le pregunté específicamente si ella se animaba a darme una demostración privada…

Al principio Fanny pareció ofenderse con mi propuesta, como si yo estuviera pidiéndole una locura; pero enseguida cambió su expresión y hasta pareció complacida con la idea…

Me dijo que podía pasar a buscarla en un par de horas, cuando cerrara el negocio y así podríamos disponer de tiempo para ir a un telo o donde fuera.

Pagué por el nuevo juguete y me dirigí a mi casa.
Anita estaba visitando a su amiga Camila; o por lo menos, eso me había dicho; ya que yo sospechaba había ido a coger con un tipo que conocía de su trabajo…

Disfruté de una buena ducha tibia y luego me vestí con una tanga de látex negro que me había comprado Ana. Llevaría una camisa entallada para que me marcara los músculos y un par de jeans ajustados, que me marcaran bien el bulto.

Si Fanny iba a darme por el culo con esa cosa de hule, yo le daría algo interesante a cambio también. Me imaginé la concha húmeda de esa veterana y la verga se me puso durísima.

Regresé al sex shop. Fanny me estaba esperando en la puerta.
La veterana sonrió y me dijo que podíamos ir a su casa.
Me aclaró que ella era bisexual y que convivía con una amiga. Agregó que jamás un cliente le había hecho un pedido así, tan extraño, según ella…

Al entrar al ascensor tuve oportunidad de tener a esa veterana más cerca y mi verga volvió a endurecerse. Fanny miró hacia abajo y alargó su mano para acariciar mi bulto, ya muy evidente dentro de mis jeans…

Su amiga estaba todavía trabajando; así que Fanny dijo que nadie nos interrumpiría. Me invitó a ponerme cómodo en su dormitorio.

Allí comenzó a desnudarme lenta y lujuriosamente; al mismo tiempo que me susurraba toda clase de obscenidades. Al ver mi tanga de látex se relamió de gusto. Me miró a los ojos con lascivia, con deseo, lujuria y una casi excesiva impudicia; Después comenzó a quitarse la ropa, lentamente, haciéndome desear...

La veterana tenía un cuerpo espectacular, firme, con unas tetas tremendas y un culo redondo, que me provocó alargar mi mano para acariciárselo.
Fanny esquivó mi mano, diciendo que yo debía esperar mi turno.

Se dejó puestos unos tacos altos y me permitió deslizar su tanga hasta sus tobillos. Olía a una verdadera hembra en celo.
Trepó a la cama y se puso de rodillas. Con un dedo me indicó sugerentemente que fuera hacia ella mientras se ceñía el strap-on.

Mi tanga de látex ya no podía contener mi verga endurecida. La había sacado por encima.
Fanny la tomó con una mano y me la acarició hasta dejarla casi a punto de explotar. Mientras me hacía esa paja, Fanny acariciaba además la punta de esa verga de hule, ya lubricada con el gel.
Me quitó la tanga y entonces se inclinó a mamar mi pija bien dura. Después me hizo poner en cuatro y entonces sentí su lengua sedosa que comenzaba a lamer mi entrada anal.

El placer que me provocaba su lengua, me hizo jadear. De repente ella se deslizó entre mis muslos y volvió a comerse mi verga tiesa.

Entonces se incorporó y enseguida sentí que me enculaba con ese pedazo de hule. Dejé escapar un breve grito de dolor, mientras Fanny seguía empujando a fondo.
Ella tenía razón; ese grosor era justo lo que necesitaba mi estrecho ano; que me ardía un poco, a pesar de la buena lubricación…

Fanny comenzó a balancearse a mis espaldas, mientras me taladraba el ojete lentamente y con muchas ganas; pero siempre tratando de no hacerme daño.

Mientras ella me barrenaba el orto, yo seguía haciéndome una paja, sintiendo que mi verga iba a explotar en cualquier momento.

Cuando ella vio que mi verga estaba bien endurecida, me sacó esa cosa de mi culo y me hizo poner boca arriba. Entones se montó sobre mi pija y fue deslizándose hacia abajo, empalándose…

Empezó a sollozar y gemir de placer, mientras mi pija llegaba a fondo en su humedecida vagina.
Después de un buen rato de cabalgata, ambos estallamos en sendos orgasmos al mismo tiempo. Yo grité más que ella al acabar y sentir que me vaciaba dentro de su concha…

Fanny cayó sobre mi torso y allí se quedó un rato, recuperando el aliento, con mi verga todavía enterrada en su cuerpo.
Luego preguntó si me había gustado la demostración del chiche.

Por toda respuesta me incliné sobre ella y comencé a lamerlo.

Fanny se rio y me hizo prometer que debíamos repetir todo ello.

Al llegar a casa, mi adorada Anita estaba esperándome con cara de enojo, taconeando y con los brazos cruzados sobre el pecho.
Sonreí y le dije que había conseguido el chiche que ella quería. Pero entonces me dijo que ya lo sabía. Ella conocía a Fanny y esa veterana libidinosa ya la había llamado para contarle todo…
Entonces Ana levantó su falda y me mostró que debajo llevaba sujeto un consolador de color negro, enorme y sin lubricar…
Me dijo que me preparara, porque ahora iba a sentir dolor real

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