Una noche deliciosa.
escrito el 2026-10-29 tiempo de lectura 59 min
por
Juan Alberto
género
incesto
cuidado
B
No fue una buena noticia para mí escuchar de mi novia, Mariella, se negaba a chupar mi polla, aunque debo admitir que por el resto ella era muy puta. Me dijo que cuando ella era más joven, un amigo de su hermano la forzó a chuparle la polla y no la soltó hasta llenarle la boca con su semen, esto le provocó un trauma que no ha logrado superar y desde entonces que nunca más quiso chupar la polla de nadie.
Finalmente no le di mayor importancia, ya que Mariella en un bomboncito apetecido por todos en la facultad. Una hermosa rubia de tez lechosa y formidables pechos, con un pequeño, apretado y jugoso coño, sólo que me había malacostumbrado a mi novia anterior, la cual era una adicta por chupar mi polla y tragarse todo lo que salía de ella. No es que quería que Mariella fuera igual, pero una mamada de vez en cuando es como de rigor, ¿verdad?
Pero mencionar este asunto a Mariella era algo complejo, por decir lo mínimo. Ya que ella se enojaba conmigo solo por mencionarlo y daba por terminada la cita. Ni siquiera se despidió con un beso cuando se dio media vuelta y me dejó plantado allí en medio a la calle.
Eran casi las nueve de la noche cuando regresé a casa. Me sentía frustrado, malhumorado, abatido y enojado. No sólo me había quedado sin una mamada, sino tampoco un coño donde descargar mis frustraciones. Además, siendo un fin de semana extendido, ya que el lunes también era festivo, yo sabía que todos mis amigos estaban con sus esposas o novias disfrutando de los goces del sexo.
Me invadió una melancolía densa mientras guiaba mi SUV por la autopista hacia casa. A mis veintitrés años, finalizando el último año de universidad, con tres días feriados por delante, viviendo en casa de familia, con trabajitos Part-time. Tenía amigos en la facultad que es este momento ya habían terminado sus carreras. Amigos casados con hijos por venir, en casas propias, amigos felices y exitosos.
Ingresé rápido en el vial de ingreso de casa y aparqué mi Mazda CX-5 en la cochera. Refunfuñé un montón de palabrotas mientras subía hacia la casa. Abrí la puerta de un tirón y casi la cierro prepotentemente con fuerza. Me recordé que mamá estaba fuera de casa por negocios, era ejecutiva de una cadena de supermercados y debía de tanto en tanto viajar a diferentes ciudades del país para inspeccionarlos. Eso significaba que habría podido traer a Mirella a casa y estar toda la noche con ella. ¡Maldita sea cuando se me ocurrió mencionarle lo de las mamadas!
Me dirigí a la cocina y tomé una cerveza Austral Calafate, una de mis favoritas. ¿Pero cómo? ¡Está mañana había seis! ¡¡Falta una de mis cervezas favoritas!! ¡Maldita sea mi hermana! Dije haciendo chirrear mis dientes. Mi hermana, Angela, había vuelto a tomar una de mis cervezas. Probablemente para ayudarse a dormir ¡Sigh!
—¿Darío? …
Me sorprendió escuchar la voz de mi hermana proviniendo de la sala de estar. Era viernes por la noche; ¿Qué diablos estaba haciendo ella en casa? Ella nunca se quedaba en casa los fines de semana. Desde cuando superó su edad de adulta, había aprovechado su nuevo estatus legal y hacía disfrutar su esbelto cuerpo con sus amigos. Tenía un sinnúmero de juguetes para solazarse en autoerotismo, los escuchaba ronronear día y noche. Parecía estar siempre ocupada en su celular a hablar con algún nuevo espécimen masculino. No conocía a nadie que tuviera tanta acción cachonda como mi hermana.
Bueno, tengo que admitir que Angela es toda una belleza; piel bien bronceada, cabellos rubio miel, rostro delgado y hermoso como el de una modelo. Muchas veces la había visto en bikini y tengo que reconocer de haberla mirado con atención. Un trasero redondo y firme de ensueño, piernas esbeltas y largas, caderas amplias y estrecha cinturita de avispa; cabe mencionar en forma especial su copas 34C, firmes y perfectas.
Tomé mi cerveza con el ceño fruncido y me dirigí a la sala de estar:
—¿Angela? …
Allí estaba ella sentada sobre la alfombra en la posición de Yoga, sukhasana o posición fácil, con un cuenco de popcorn en sus muslos. Su cabello lucía más oscuro que de costumbre, probablemente mojado por una ducha reciente, su rostro claro brillaba en forma natural. Angela rara vez usaba maquillaje más allá de una sombra de ojos y un poco de rímel, pero esa falta absoluta de pintura facial la hacía parecer una dulce niña de no más de quince años. Levantó y giró su rostro para mirarme, señaló la botella abierta cerca de su pierna derecha.
—Tomé una de tus cervezas, Darío … Lo siento … Te dejaré unas monedas por eso …
Me encogí de hombros y bostecé ligeramente. Angela es tan dulce que era imposible enojarme con ella.
—¡Oh! … Olvida eso …
Dije dejándome caer en el gran sillón reclinable frente a ella. Angela estaba mirando uno de esos canales de cables con cantantes para jóvenes, si no me equivoco, eran los BTS que cantaban uno de sus éxitos.
—¡Gracias, hermano! …
Dijo ella tomando un puñado de popcorn y llevándoselo a la boca. Nunca pude entender la adicción de mi hermana a esas cosas. ¡Consumía eso por kilos y no subía ni cien gramos de peso! Lancé un gruñido antes de tomar un largo trago de mi cerveza. Me quedé mirando la pantalla sin ver en realidad lo que mostraba.
—Pensé que saldrías con Mariella esta noche …
Comentó mi hermana. Me rasqué la comisura de mi boca y me quejé mirándola de reojo:
—¡Ugh! … ¿Y tu qué? … Nunca estás en casa un viernes por la noche …
Angela simplemente se encogió de hombros antes de decir:
—No tenía ganas de hacer nada … Incluso apagué mi celular …
—¿Tú sin celular? …
Pregunté realmente sorprendido. Ella miró hacia lo alto y puso sus ojos en blanco, luego dijo:
—¡Sí! … ¡Yo! … ¿Y por qué no? …
Suspiró, llenó otra vez su puño de popcorn y antes de llevárselo a la boca, agregó:
—Necesitaba estar un poco conmigo misma … Salir de fiesta todos los fines de semana también se vuelve algo aburrido, ¿sabes? …
Fruncí los labios y volví a beber de mi cerveza:
—Tal vez, sí … ¿Quieres que me vaya a mi habitación? …
Me miró como si hubiese dicho algo inapropiado, enarcó una ceja, una ceja tan rubia como ella que resultaba casi invisible y preguntó:
—¿Por qué? …
—Bueno … Dijiste que querías estar sola …
Ladeó su cabeza y me miró fijamente:
—Me refería a los demás, bobo … Tu eres mi hermano … Me gusta estar cerca de ti … ¿No lo sabes? …
Dijo comiendo de su cuenco de popcorn. Noté que algo le estaba molestando.
—¿No sé qué? …
—No nada …
Dijo repentinamente. Cuando se dio cuenta de que la estaba observando, se giró y me dijo:
—Mira … No quiero hablar de eso, ¿vale? …
Moví mi cabeza en sentido afirmativo, pero me sentí preocupado por mi hermana pequeña. La respetaba como mi hermana y como mujer, a ese punto ya no quise insistir.
—Está bien … Sólo … ¡Ehm! … Sí alguna vez necesitas hablar, recuerda que estoy aquí para ti …
—Gracias, Dario … Eres tan dulce …
Me respondió Angela con una bella y afectiva sonrisa.
Le devolví la sonrisa y nos quedamos en silencio sentados a mirar a medias la pantalla. Todavía pensaba a Mariella; en como podría haber estado hasta las bolas dentro de su coño en este mismo instante, manteniendo sus piernas bien separadas y viendo sus grandes tetas rebotar en su pecho mientras la follaba con fuerza. Pero ¡Nooo!... tuve que abrir mi bocaza como un idiota y pedirle una mamada, sabiendo muy bien como ella lo pensaba. Ella preferiría chupar un mazorca de maíz, antes que mi propia polla.
Pensando en el dulce y jugoso coño de mi novia, mi arnés reaccionó ejerciendo presión bajo mis pantalones. Pensé al mechoncito que ella dejaba sobre su montículo cerca de su clítoris, sus pezones pequeñitos como una goma de lápiz, sobresaliendo apenas de sus grandes tetas 38D. Debería haber sugerido una follada a sus tetas, pensé, recriminándome por mi fallida cita. A veces ella me permitía hacer eso, incluso si estaba lo bastante cachonda, me lamía un poco mi cabezota. “Ni te atrevas a ponerlo en mi boca, Darío” Ella siempre me advertía.
Comencé a pensar en irme a mi habitación y conectarme con algún sitio porno para masturbarme y obtener un alivio a mi tensión. Pero la voz de Angela me llamó la atención:
—¿Has peleado con Mariella o algo así? …
Preguntó un poco casualmente. Me giré a mirarla, sus ojos claros estaban fijos en mí y casi no pestañeaban. Por un momento pensé que se había dado cuenta del evidente abultamiento de mis viejos jeans, el bulto era más que obvio.
—¿Qué? …
Se rio entre dientes y luego volvió a preguntar:
—Tú y Mariella … ¿Están peleados o qué? …
—¡Eh! … Sí … Algo así …
—¿Cuál fue el motivo? …
—¿Eh? … ¡Ehm, nada! …
Dije un poco incomodo. Angela lanzó un resoplido y espetó:
—¿Cómo qué nada? … ¡Sí estás aquí un viernes por la noche viendo videos clips aburridos con tu hermana en vez de estar follándote a Miss Grandes Tetas … Debe haber habido un motivo, ¿no? …
Me dijo con una brutal franqueza; la miré con cierta aflicción y me encogí de hombros, luego terminé con mi cerveza y dije:
—Necesito otro trago …
—¡Oh, claro! … Ahora te vas a emborrachar, ¿eh? …
Exclamó ella mientras yo me dirigía a la cocina, por encima del hombro le respondí:
—Y no me voy a emborrachar …
Le saqué la tapa a la botella y tomé un largo trago. Luego tomé otra botella pensando en que tal vez no era mala idea emborracharse un poco. Como quedaban todavía dos cervezas, le ofrecí a Angela:
—¿Quieres otra, Angela? …
Me respondió un poco vacilante y sonriendo me dijo:
—Bueno … Si estás ofreciendo … Te ayudaré a emborracharte …
Regresé a la sala de estar con las tres cervezas y dejé una junto a la botella casi vacía de mi hermana. No pude evitar de observar sus maravillosos muslos desnudos y bronceados. Me maravillé al ver la lechosa carne blanca del comienzo de sus nalgas y me pregunté si ella llevaba ropa interior bajo esa holgada remera. De seguro ese pensamiento no contribuyó en nada a aminorar mi furiosa erección.
Me dejé caer en mi sillón y me eché más cerveza por mi garganta. Miré la pantalla e hice una mueca:
—¿Podríamos ver otra cosa? …
—Sí, claro … ¿Comedias? …
—Pensaba en ciencia ficción …
—¡Oh, no! … Por favor …
Dijo Angela mirando hacia el cielo y echándose otro puñado de popcorn a la boca.
—¿Y entonces, qué? … No me vas a obligar a ver un canal para chicas, ¿eh? …
Me miró con enigmática picardía y sonriendo, me dijo:
—¿Y que tal un porno? …
—No creas que voy a ver un porno con mi propia hermana, ¿eh? … Especialmente cuando en este momento debería estar teniendo sexo con mi novia, ¿eh? …
Me miró con una sonrisa canalla y me preguntó:
—¿Y por qué no lo estás teniendo, Darío? … Cómo es que Mariella no está ahora mismo moviendo su cabeza hacia arriba y hacia abajo en tu regazo, ¿se puede saber el por qué? …
—Pues … ¡Ehm! … Porque ella no hace esas cosas …
Me miró con cara de asombro y entre divertida y seria me preguntó:
—¿Ah? … ¿Qué ella no te hace una mamada? … ¿Acaso ella es una de esas chicas que lo ve y dice que le da asco? …
Me revolqué en mi sillón incómodo. Tragué más cerveza. El alcohol comenzaba a llegar a mi cabeza y me sentí desinhibido.
—¡Ehm! … Ella tiene problema con el sexo oral … Tuvo una mala experiencia con un chico y ahora no quieres hacerlo …
—¿Y tú? … ¿Le haces sexo oral? …
Preguntó mi hermana muy suelta de cuerpo, como si estuviéramos hablando del último éxito de los BTS. Me dio un poco de risa estar hablando de estos temas con mi hermana pequeña.
—Por supuesto que si … Todas las veces que puedo …
Respondí al instante, sintiendo una ligera sensación de alivio al sacar algo de mí intimidad a la luz; agregué:
—Siempre se pone cachonda con eso … Pero si le pido reciprocidad, se pone furiosa y todo eso …
Angela movió la cabeza negativamente y dijo:
—Realmente no lo entiendo … La señorita no es capaz de chupar una polla … Pero está siempre lista y dispuesta para que alguien se encargue de lamerle su felpudo, ¿eh? … Ella piensa que su boca es demasiado fina para tomar la salchicha de alguien … Pero su rebanada de panocha esta siempre lista a ser lamida, ¿eh? …
Se echó un puñado de popcorn a la boca y concluyó:
—No es más que una perra egoísta, Darío … Eso es la que es …
Me eché a reír ante el acertado razonamiento de mi hermana, ella se giró a mirarme con los ojos muy abiertos y dijo:
—¿Qué te parece tan gracioso? …
—¡Tú! … Pareces una inocente escolar, pero hablas como un obrero de la construcción …
Angela se echó a reír junto a mí y su cuerpo temblaba, mientras lo hacía, esto me hizo notar el rebote de sus firmes tetas debajo de la remera:
—Siempre pensé que es bueno ser sinceros, claros y parcos … Eso es todo …
Tomé mi cerveza, suspiré y me di un largo trago:
—Quiero decir … Mariella me gusta, pero… Esto me supera … Estoy empezando a sentirme como un idiota por querer que ella me haga eso …
—No, Darío … No eres ningún idiota … ¡Demonios! … Ya desearía yo un chico tan dulce como tú … Te veo como tratas a Mariella: le abres las puertas, la tomas de la mano, le regalas flores y bombones … Y si te estás solazando con su felpudo … Como mínimo ella debería devolverte el favor y darle un buen tratamiento a tu arnés …
—Ojalá ella pensara como tú …
Angela se quedó en silencio reflexionando y rumiando sus popcorn, luego dijo:
—Entonces ni siquiera lo hace como juego previo, ¿eh? …
Sacudí la cabeza confirmando sus dichos y añadí:
—A veces lo lamerá un poco si le follo las tetas … Pero nada más y muy raramente …
Angela ladeo la cabeza sorprendida y espetó:
—Pero eso no tiene ningún sentido … Quiero decir, si tengo a un chico follándome las tetas, estoy segura de que se lo voy a chupar hasta dejarlo seco …
La miré de reojo y me resultaba difícil imaginar a un tipo a horcajadas sobre mi hermana follándole las firmes tetitas de ella, mientras ella envolvía sus suaves labios alrededor de la polla de él… esa erótica imagen hizo que mi verga diera un respingo.
—Creo que Mariella debiera tener una conversación contigo …
Dije, mientras trataba inútilmente de disimular mi furiosa erección.
—¡Qué buena idea! … Yo podría enseñarle todos los trucos …
Exclamó rápidamente mi hermana con entusiasmo. Lanzó una especie de carcajada y luego volvió a quedarse en silencio, mientras masticaba sus crujientes popcorn, luego como si nada dijo:
—¿Y ese es todo el problema? … Ella no te va a hacer una mamada, ¿eh? … Todo porque tuvo una mala experiencia con otro chico, ¿verdad? …
—Has dado en el clavo …
Le dije concluyentemente.
—Entonces yo debería hablar con ella … Quiero decir, tengo un poco de experiencia y me encanta una polla en mi boca … Y también me sucedió algo malo … Un maricón la tenía tan grande que casi me asfixia … Dejó mi garganta adolorida …
Hice una mueca extraña y la interrumpí, realmente no necesitaba escuchar de las mamadas de mi hermana:
—¡Oh, Angela! … ¡Por favor! …
Se detuvo al instante y sentí que me estaba mirando socarronamente, giré la cabeza y me encontré con sus ojos brillantes y una sonrisa maliciosa:
—¡Por mil demonios! … ¡Es así de grave! … Tenías muchas ganas de que te lo hiciera, ¿eh? … Bueno, eso es bastante obvio …
—¡Oye! … No soy yo el egoísta …
Fruncí el ceño y dije en mi favor. Pero ella lanzó otra vez esa sarcástica carcajada e hizo un gesto casual indicando mi entrepierna:
—Digo que es bastante obvio porque se nota … Has estado duro desde que llegaste a casa …
Me sonrojé y crucé las piernas tratando de ocultar mi bulto. Pero no importaba lo que hiciera, esa maldita cosa era visible y no desaparecía. También el hecho de hablar de chupar pollas y follar lindas tetas con mi hermosa hermana no ayudaba para nada.
—¡Oye! … ¡Ehm! … Si necesitas aliviar esa tensión … No me importaría si subes a tu habitación y tratas de desahogarte antes de que esa cosa te reviente en tus pantalones …
—¡¡Angela!! …
Grité sintiéndome incómodo.
—¿Qué? … ¿Acaso crees que no sé qué te masturbas todos los días? … Sé que lo haces, ¿sabes? … ¡Diablos! … ¡Si hasta te he visto hacerlo! …
Me quedé estupefacto ante estas últimas palabras:
—¿¿Qué?? …
Sus tetas saltarinas se movieron bajo su remera mientras ella se reía.
—No tienes que hacerlo con la puerta abierta, hermano … ¡Santo cielo! … Una vez casi entré a tu cuarto y ahí estabas tú magreando furiosamente tu linda y gran polla … Ni siquiera te percataste que yo estaba allí … ¡Eh! … ¿Sabes que podrías asfixiar a Mariella con esa cosa tan grande? …
Me sentí abrumado y avergonzado al enterarme que mi propia hermana me había visto masturbarme, mis mejillas se tornaron de un rojo escarlata. Ella prosiguió:
—¡Oye! … ¡No es gran cosa! … Bueno … ¡Ehm! … En tu caso esa cosa es bastante grande, ¿no? … ¡Demonios! … ¿De dónde sacaste una salchicha tan grande? …
Me quedé pasmado y en silencio sin saber que responder, mi rostro ardía por mi vergüenza; realmente esto no estaba yendo nada de bien. Angela mantenía su mueca maliciosa sonriente, evidentemente disfrutaba la tortura que me estaba aplicando. Al improviso me dijo:
—¡Darío! … ¿Por qué no miras hacia el otro lado un segundo? …
—¿Por qué? …
—Bueno … ¡Ehm! … Porque tengo que ir al baño y…
Se interrumpió ella misma y la noté en embarazo.
—¿Y qué? …
Lanzó un bufido de impaciencia, estiró sus brazos con las palmas hacia arriba y dijo:
—Y no llevo nada puesto … Estoy sin bragas … Así qué simplemente, mira hacia el otro lado, por favor …
Mi polla dio un tremendo respingo que tuve que acomodarla un poco, mi hermanita estaba totalmente desnuda de la cintura para abajo. Acepté su petición y me volteé hacia la pared. Escuché que ella se movía y se levantaba, colocó su cuenco de popcorn sobre la mesita de centro. Luego la sentí caminar hacia el baño.
Cuando giré la cabeza hacia ella, vi que la remera casi no alcanzaba a cubrir sus redondas y blancas nalgas. Mi polla comenzó con furiosas pulsaciones bajo mis jeans, observando el maravilloso hueco que se formaba entre sus largas piernas. Me relajé en el sofá y miré el cuenco de popcorn que Angela había tenido entre su entrepierna desnudo.
Inmediatamente me levanté y fui a inspeccionar el cuenco. En uno de sus lados había una evidente mancha brillante de humedad. Me lo llevé a la nariz y lo olfateé. ¡Uhm, sí! ¡Ese era el olor de mi hermana! La dulce fragancia de su panocha estaba impregnada en el borde del cuenco. Sin siquiera pensarlo pasé mi dedo por allí, sintiendo la humedad y rápidamente me lo llevé a la boca. Podía saborear el lindo coño de mi hermana; agudo, dulce y muy bueno.
De repente me vino un conjunto de contradictorios pensamientos: ¡Es el coño de tu hermana el que estás probando, idiota! ¡No importa que sea sabrosísimo, pero es tu hermana! ¡Métetelo en la cabeza, ella es tu hermana!
Volví a acomodarme en el sillón y el delicioso sabor de mi hermana permanecía en mi lengua. Me eché un largo trago de cerveza, pero su sabor persistía y no había nada que pudiera cancelarlo. Quería correr a masturbarme más que nunca, pero algo me mantuvo sentado al sofá.
Escuché la suave descarga del inodoro y Angela regresó a la sala de estar, sus pies desnudos hundiendo la esponjosa alfombra, luego la oí pisando las baldosas de la cocina. Cuando volvió a mi lado, inesperadamente me dio un beso en la mejilla y susurró cerca de mi oído:
—Te dije que miraras para otro lado, tontín …
Exhalé un suspiro y giré mi cabeza hacia la pared. La escuché como se acomodaba nuevamente sobre la alfombra en la misma posición de antes, acomodando el cuenco de popcorn contra su ingle, envolviendo sus piernas a su alrededor. Me dio una tímida sonrisa y dijo:
—¡Uhm! … Lo siento …
También le sonreí y le pregunté:
—¿Cómo es que no llevas ropa interior? …
Ni siquiera me miró, sólo se encogió de hombros, recogió un puñado de popcorn del cuenco y respondió:
—No me gustan las bragas … Me producen un poco de comezón … La mayor parte del tiempo camino sin ellas … Tal vez sea algo de alergia o quizás soy un poco rara en eso …
Le di una mirada de curiosidad. Una vez más mi erección pulsaba fuertemente contras mis jeans. Al igual que Angela, yo tampoco vestía regularmente boxers o calzoncillos y le dije:
—Muchos chicos pensarían que eso es sexy, ¿sabes? …
—Tienes razón …
Fue su escueta respuesta mirándome con complicidad. De repente recordé un momento la semana pasada cuando la acompañé a hacer compras, ella lucía una corta y ajustada faldita, mientras nos dirigíamos hacia los estacionamientos en busca de nuestro coche; yo caminaba con ambas manos llenas de bolsas y ella llevaba sólo una bolsa pequeña. Sorpresivamente vi un billete de cinco mil pesos en el suelo, justo detrás de nuestro coche y ella se negó a recogerlo. Había varias personas en el estacionamiento, la mayoría hombres. Sacudí la cabeza asombrado y bebí lo último de mi segunda cerveza. Angela la pervertida, pensé mientras le quitaba la tapa a mi tercera cerveza.
Me sorprendió cuando ella sonriente como siempre me dijo:
—Darío … Creo que deberías hacerte cargo de esa cosa …
Bebió un trago de su cerveza; la miré y sus ojos estaban fijos en mi erección.
—¡Oh, sí, claro! … Ahora subo a mi dormitorio y me masturbo … Sabiendo que tu sabes que lo estoy haciendo y … Sabiendo que ya me has visto hacerlo … ¡No podría correrme ni en un millón de años! …
—¿Lo dices en serio? … ¡Pero si me parece que esa cosa está a punto de explotar! …
—¿Podríamos cambiar de tema, por favor? …
—¿Por qué? … ¿Acaso te da vergüenza tener tu pene duro en frente de tu hermana? …
—¡¡Angela … Basta!! …
Ella se rio para sí misma, recogió otro puñado de popcorn y espetó:
—¡Hablas como hermano mayor! …
Sus ojos brillantes estaban fijos en los míos como en un desafío. De repente me fijé en lo sexy que era su boca, sus labios ligeramente torcidos mientras masticaba sus palomitas, me parecieron carnosos y muy rosados. Aposté a que esos labios se sentirían divinamente en mi polla. Al instante me reprendí por tan inapropiado pensamiento. Enseguida agregó:
—¿Puedo preguntarte algo? …
—¡No! … No preguntes nada …
Dije lacónicamente. Ella ni siquiera me escuchó, simplemente se rio entre dientes y preguntó:
—¿Alguna vez te han hecho una mamada larga y deliciosa? … ¿Una que te hace correrte en su boca, y sigue chupándote de nuevo hasta hacerte correrte otra vez? … ¿Alguna vez una chica te hizo eso? …
—¡¡Angela!! …
Dije en un tono claramente alterado. Pero ella siguió sonriendo y siguió hablando:
—Apuesto que esa Mariella de la cual estás tan enamorado jamás ha intentado hacerte algo parecido, ¿verdad? … Apuesto a que nunca has tenido una chica que te haga explotar dos veces seguidas, así como el volcán Kïlauea de Hawái, ¿eh? …
—En realidad, sí que la he tenido …
Le respondí a Angela en forma provocadora.
—¿Te acuerdas de Kenita? …
—¿La hermana de Giovanni? …
Asentí sonriéndole y agregué:
—Ella me hizo eso y más …
Por la mirada fruncida en su rostro, al parecer ella no se esperaba esa respuesta, me miró sorprendida:
—¿Esa mosquita muerta? … ¿Ella te chupó? … ¡La muy puta! …
—Cómo si de eso dependiera su propia sobrevivencia … Se lo tragó todo …
Respondí con cierta nostalgia al recordar los maravillosas momento con Kena, en mi habitación, en mi coche, en el cine. Suspiré y añadí:
—Chuparme era su deporte favorito … Y quería hacerlo una y otra vez … ¡Ella era tan dulce! …
Bebí un largo sorbo de mi cerveza y escuché a Angela decir:
—¡Ah-ha! … Así que la pequeña Kena te dio la mejor mamada que jamás hayas tenido e hizo explotar tu dinamita directo en su boca, ¿eh? … Y ahora estás con Mariella que no quieres ni siquiera chuparte la mecha, ¿eh? …
Era la sacrosanta verdad, pero yo no lo iba a admitir de buenas a primeras. Bebí varios tragos de cerveza; me quedé mirando a un punto en el infinito, sin ver ni observar nada y dije:
—Tal vez la culpa es mía … Estoy siendo demasiado egoísta … Quiero decir … Sí, se siente bien … Además, es el único tipo de sexo en que no haces nada, simplemente descansas y te dejas hacer y lo disfrutas … En cambio con Mariella yo debo hacer todo … Repito … Es agradable relajarte y dejar que te hagan cositas deliciosas … Sin embargo, …
—¡No, nada! …
Me interrumpió Angela rotundamente; tragó de su cerveza y prosiguió:
—Tú la chupas, ¿verdad? … Entonces ella también debería hacértelo … No importa lo que le haya sucedido en el pasado … Si tú le comes su pastel, ella debería estar dispuesta a comerse tu bizcocho … Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto …
Me reí entre dientes, pero me sentí incómodo. Su razonamiento era perfecto. Mi polla todavía estaba dura como palo y presionaba mis jeans; automáticamente me agaché e intenté de ajustarla un poco. De repente ella dijo:
—¿Darío? …
Me giré a mirarla y respondí:
—¿Qué? …
Ella puso los ojos en blanco y estiró sus brazos con las palmas de sus manos hacia arriba.
—No entiendo por qué simplemente no vas y lo haces … Conéctate con uno de esos sitios porno en tu portátil y lo haces … Verás que luego te sentirás mucho mejor …
—Pero no puedo …
—¿Por qué? …
—Porque tú lo sabrías, ¿eh? …
—¿Y qué? … Mira, yo lo hago todo el tiempo … ¡Demonios!, lo hice como media hora antes de que llegaras a casa …
Abrí los ojos a desmesura y sorprendido le pregunté:
—¿Lo hiciste? …
—¡Ja-ja-ja! … Por supuesto que sí, tonto … Mira, vamos a hacer algo … Tú vas y descargas unos chorros de tu monstruo … Yo te esperaré y cuando vuelvas veremos ese canal de ciencia ficción, ¿vale? …
Gemí, pero todavía me sentía incómodo, dije:
—Eso suena bastante raro …
Angela me miró reflexivamente, lanzó un suspiro de impaciencia y dijo:
—Entonces, está bien …
Fruncí el ceño interrogativamente y pregunté:
—Está bien, ¿qué? …
—Quieres una mamada, ¿no? …
—¿Cómo? …
Angela volvió a poner sus ojos en blanco, luego levantó el cuenco de entre sus piernas y lo colocó sobre la mesita de centro. Al parecer sus inhibiciones habían desaparecido. Mientras se preparaba para ponerse de pie, vislumbré los labiecitos de su apretado y mojado coño lampiño con su hinchazón natural y el rosado de sus pliegues. Me quedé sin respiración.
Angela se acercó sobre mí y hábilmente hizo saltar el broche de mis jeans, la escuché murmurar:
—¡No puedo creer que tenga que hacer esto! …
—Angela … ¿Qué haces? …
Balbuceé titubeante y sorprendido, pero estaba totalmente cachondo con mi polla al máximo. No detuve a mi hermosa y emprendedora hermana pequeña mientras deslizaba la cremallera de mi jeans hacia abajo y metía sus manos alrededor de mis caderas.
—Levanta el culo … Si no, no puedo bajártelos …
Me ordenó ella. Fascinado levanté la caderas y Angela tiró de mis jeans hacia abajo hasta la mitad de mis muslos. Mi polla erecta, gruesa, nervuda y larga blandió el aire y casi golpeaba mi abdomen. Angela sonrió ante la vista de mi pene, sus mejillas estaba ligeramente coloreadas. Rápidamente sus manos se deslizaron por mis piernas, una de ella envolvió mi garrote y la otra delicadamente acarició mis bolas. Automáticamente moví mis caderas en forma cadenciosa para follar la mano de mi hermana que me apretaba firmemente. Sus delgados dedos no alcanzaban a rodear toda mi polla.
—¡Sí alguna vez dices algo sobre esto, te juro que te mataré! …
Dijo en un tono muy serio, pero sin dejar de mirar y acariciar mi polla.
—No … No se lo voy a decir a nadie …
Dije estremeciéndome con sus caricias, ella me miró y me sonrió, mordió su labio inferior y luego pasó su lengua sobre él. Angela miraba atentamente la punta de mi verga mientras unas perladas gotitas comenzaban a aparecer y se deslizaban tímidas sobre mi arremangado prepucio. Con su lengua oscilando contra su labio superior y su boca ligeramente abierta, ella bajó su cabeza. Me desplomé sobre el sillón al sentir la cálida y húmeda boca de mi hermana cerrándose sobre la cabezota hinchada de mi pene erecto, comenzando a chuparlo suavemente. Gemí extasiado y empujé mis caderas hacia arriba, mi mano se colocó sobre la rubia cabellera de ella. Su cabello todavía estaba algo húmedo. ¡Santo cielo, mi propia hermana pequeña me estaba haciendo una deliciosa mamada! ¡Joder! ¡Esto se siente tan rico! Pensé.
Enseguida me di cuenta de que Angela era una avezada chupadora de pollas. Movía su cabeza hacia arriba y hacia abajo a la velocidad precisa; enrollaba su lengua alrededor de mi polla; lo lamía como una experta; se lo tragaba hasta el fondo de su garganta; lo chupaba con sus ceñidos labios y lo masajeaba con su lengua infatigable; lo sacaba de su boca por breves instantes y se golpeaba las mejillas con mi cabezota goteante y pulsante. Luego volvía a tragárselo y reiniciaba todos sus movimientos, agregando otros nuevos, permitiéndome llegar a tocar hasta el fondo de su garganta.
Cuando su nariz presionó contra mi vientre, sentí como apretaba mi polla con su estrecho gaznate y movía su cabeza de lado a lado para hacerme ir todavía más adentro. Nunca hizo un sonido de nausea mientras mi polla atragantaba su garganta. Las sensaciones que me provocaba eran increíbles, acentuado por el hecho de que ella era mi hermana la que acariciaba mis bolas y se tragaba una y otra vez toda mi polla.
Luego de unos exquisitos momentos, movió sus cabeza hacia arriba respirando profundamente por sus fosas nasales. Chupó un poco ruidosamente, sorbiendo su propia saliva, sin dejar de acariciar mi polla contemporáneamente. Básicamente, me masturbaba con mi pene dentro de su boca, acariciando delicadamente mis bolas cargadas de semen. Con la frustración acumulada durante toda la noche y la experticia de Angela, sentí que mi clímax se aproximaba al galope. Los dedos gordos de mis pies enloquecieron, mientras todos los deditos pequeños se plegaban hacia abajo, estaba a punto de correrme.
Mi cuerpo entero se estremeció y se tensó, al momento una pequeña ráfaga de semen fue disparada dentro de la boca de Angela. Ella gimió y dejó de balancearse al sentir mi cálido y denso semen en su boca, sentí que lo saboreaba con su lengua, al mismo tiempo su mano estranguló mi pene para no permitirme de correrme. Jadeé al sentir mi eyaculación truncada por la mano de ella.
Suspiré al sentir que la sensación de correrme se amenguaba. Ella murmuró algo alrededor de mi verga y volvió a chupar tragándosela profundamente, balanceando su cabeza hacia arriba y hacia abajo, volviendo a hacer estrellar mi cabezota contra su garganta. Gemí de placer y acaricié su cuero cabelludo. Nunca nadie me había hecho una mamada tan increíble. Mi polla hinchada brillaba con su saliva y sus manos se volvieron resbaladizas mientras me masturbaba.
El jueguito ese de llevarme a la cúspide del placer para luego negarme la satisfacción total me estaba volviendo loco. Ella acariciaba delicadamente mis bolas mientras con la otra mano no dejaba salir los potentes borbotones que se acumulaban una tras otro. El efecto era placentero y frustrante a la vez, yo rogaba porque me dejara correrme o simplemente mi polla iba a reventar.
—Angela … Por favor …
Gemí mientras ella continuaba a balancear su cabeza sapientemente y me dejaba escuchar sus burlonas sonrisitas sin dejar ni un momento de chuparme y masturbarme. Agarré su cabeza entre mis manos; jadeando de placer comencé a follar su boca, mi polla pulsaba entre los suaves labios de mi hermana. Mi bolas estaban pesadas e hinchadas, listas a disparar mi semen. Me enderecé un poco en el sillón sintiendo que mi cuerpo entero se tensaba.
—¡Santa boca bendita! …
Exclamé sin aliento, agitado y con un escalofrío que atravesaba toda mi espina dorsal. Desesperado hundí mi polla profundamente en la boca divina de mi hermana repetidamente y sin detenerme ante nada. Angela permaneció pasiva la mayor parte del tiempo y me permitió follar su boca a toda fuerza, incluso mientras bombeaba mi polla con su mano y acariciaba mis pelotas.
—¡Uuuggghhh! … ¡Me voy a correr! …
—¡Ah-ha! … ¡Hazlo! …
Respondió en forma fugaz y luego volvió a chupar mi polla solícitamente, chupándome cada vez más fuerte. Mi cuerpo tembló por entero y convulsione en espasmódicos tiritones provocados por las ráfagas de esperma candente que salía disparadas por mi polla. Me contorsioné sobre el sillón y golpeé los reposabrazos del sillón con las palmas de mis manos. Angela no se separó ni un centímetro de mi polla bebiendo toda mi esencia masculina.
Los filamentos densos de semen llenaron la boca de mi hermana y se veía a ella deglutir el todo haciéndolo deslizar por su garganta. Ella gimió apreciativamente mientras se engolosinaba con mi cremoso semen. Prosiguió chupando y drenando mi polla con sus dedos hasta que no salió más nada, mis bolas habían sido vaciadas. Había burbujas mezcladas con su saliva que escapaban en poca cantidad de la comisura de sus labios rojos. Finalmente extrajo mi polla de su boca y se dio unos golpecitos con ella en sus pómulos sonrojados.
Gruñí y gemí mientras arrojaba cada gota de esperma que mi bolas contenían en la boca invitante de mi hermana, antes de caer hacia atrás y hacer una mueca mezcla de dolor y placer cuando mi pene se volvió demasiado sensible. Ella parecía saber exactamente cuándo dejar de chupar o aplicar solo una suave presión cuando se requería o quitarme la boca de encima del todo para dejarme recuperar. Ella se levantó mirando mi pene ligeramente blandengue mientras sus manos seguían masturbándome. Una espesa burbuja espumosa de semen se formó en la punta de mi polla y ella prontamente me limpió con su lengua.
Finalmente dio por terminada su obra, se lamió los labios saboreando las trazas de esperma que aún asomaban por la comisura de sus labios y su barbilla con una ligera babita espumosa que ella limpió con el dorso de su mano. La miré sereno y feliz, agradecido le lancé un afectuoso besito, mi respiración todavía era fatigosa. Ella se puso frente a mí y abrió su boca para mostrarme el blanco charco de semen pegajoso almacenado en su boca. La observé intrigado, ella con una risita se tragó todo sin quitar sus ojos de los míos.
—¡Hmmmmmm! … Realmente delicioso …
Comentó sin dejar de magrear mi pene suavemente con sus dos manos. Casi me desmayo disfrutando el modo de ser de mi hermanita. Me recompuse de inmediato cuando ella me dijo:
—¡Maldito sea, Darío! … ¡Esa fue una tremenda carga! …
Dijo suspirando y presionando mi polla con sus dedos para hacer salir alguna gotita retrasada. Se mordió su labio inferior antes de inclinarse y hurguetear mi orificio peneano con su lengua en busca de más semen.
—¡Chico! … ¡Todas esas veces que te vi chorrear, siempre me pregunté si sería capaz de tomarlo todo! … ¡Estuvo delicioso! … ¡Deberíamos haberlo hecho antes! …
Jadeé un tanto agotado, pero increíblemente satisfecho:
—¡Santo cielo! … ¡Boca bendita! … ¡Eso fue, increíble! …
Angela se rio y luego deslizó su pierna sobre mi cuerpo, sentándose a horcajadas sobre mi sin ningún pudor. Sentí el calor y la humedad de su coño contra mis bolas. Ella se levantó la remera dejando al descubierto su vientre bien tonificado y bronceado. Podía ver perfectamente la abertura de la parte superior de su panocha regordeta totalmente lampiña. La ausencia de vello púbico en contrasto con su piel bronceada, hacía parecer su labia vaginal todavía más blanca. Su clítoris era bastante grueso y visible envuelto en su capucha rosada, brillante y mojada.
No entendía el porqué ella frotaba la cabezota de mi pene manchada de esperma, contra su vulva caliente y resbaladiza. Mi polla casi no se había reblandecido después de su mamada. Ahora al calor de su enrojecida área genital, mi polla se ponía aún más duro. Sólo con un prolongado gemido, Angela absorbió mi gruesa cabezota en su apretado y ardiente coño. Dos o tres centímetros de mi pene se hundieron en su vagina.
—¡Oooohhhh … Ummmmm! …
De repente me sentí horrorizado al darme cuenta de lo que estaba pasando. Mi hermanita se había empalado en mi polla enhiesta. Sus ojos brillantes estaban muy abiertos y era inequívoca su expresión de dichoso placer, su sonrisa se extendía de oreja a oreja. Por mucho que me excitara de estar haciendo gozar a mi hermana con mi dura polla, una ola de pánico me invadió. ¡Mi polla dura y desnuda estaba en el coño de mi hermana! ¡Mi hermana me estaba follando!
Pero mi pene no la penetraba totalmente, parecía haberse atascado en algo. Había un obstáculo. Había una barrera. ¡Mierda! ¡Ese es el himen de Angela! ¿¿Angela es virgen?? Me quedé sin aliento y grité:
—¡Espera! … ¡Espera! … ¡Angela, qué…! … ¿Eres virgen? …
—¡Ah-ha! …
Me dijo y sus mejillas se tiñeron de rojo, mientras presionaba con el peso de su cuerpo contra mi polla. Me miró fijamente a los ojos, su mirada estaba encendida de ardor y pasión, entre dientes me dijo:
—Ya era hora que folláramos, Darío … Lo deseaba tanto …
De repente empujó con todo su peso hacia abajo, haciendo que mi polla invadiera su estrecho canal vaginal rompiendo para siempre la membrana de su virginidad.
—¡Aaaggghhh! … ¡Ay! … ¡Ayayay! … ¡Uuuggghhh! … ¡Ouch! … ¡Ay! …
Gritó ella escondiendo su rostro en mi cuello. Sentí la tibieza de su sangre en mis bolas. Ella aplastó su pubis contra mí, absorbiendo mi entera polla en su coño. La sentí teniendo espasmos y escalofríos convulsivos. Levanté su rostro y vi la mueca de dolor dibujada en su cara. La desfloración la estaba afectando.
Su cuerpo se estremeció, sus caderas se flexionaron, sus muslos se tensaron y su coño se contrajo apretando mi polla. La miré asombrado y preocupado. Ella acababa de darme su virginidad, pensé sorprendido. ¿Cómo que esto fue posible? ¿Cómo es que ella era todavía virgen? Pensé que ya no lo era desde hace un par de años.
Angela se estremeció un rato más, luego el dolor aminoró y dio paso al placer. Con los ojos cerrados y gemidos mezcla de placer y dolor ella comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo lentamente al principio. Dándome cuenta de que me estaba follando una virgen, mi pene se sacudió dentro de su apretado coño. Perdí la noción del tiempo y la realidad de que el ceñido coño que estrujaba estrechamente mi verga, era el de mi hermanita y que lo que estábamos haciendo era incesto puro y duro. Lo único que percibía intensamente, era lo apretado que se sentía, su increíble calidez y humedad deslizándose alrededor de mi polla tumescente.
Angela se entregaba por completo a mí, esta era su primera follada, ahora ella rebotaba sobre mí arriba y abajo, con los muslos tensos, levantando y bajando su cuerpo sobre mi dura pija; ella se empalaba con entusiasmo sobre mi estaca pulsante. Presionaba su abdomen contra mí con un rápido movimientos de sus caderas, jadeaba y gemía agitadamente mientras me follaba. Su jugoso coño aprisionando estrechamente mi nervuda polla. Podía sentir sus copiosos fluidos goteando por mis bolas.
Renuncié a cualquier atisbo de arrepentimiento y la ayudé en la primera y frenética follada de su vida; la tomé por las caderas tirándola delicadamente sobre mi pene mientras bombeada toda mi envergadura dentro de ella. Había manchas de sangre en mis muslos e ingle, su vulva estaba hinchada y enrojecida, mis vellos púbicos enmarañados en la viscosa mezcla rojiza. Al parecer todo el dolor de su desfloración se extinguió. Ahora ella sentía sólo placer y trabajaba la primera polla en su coño deliciosamente. Me follaba con un entusiasmo desbordado, duro y rápido; abofeteando sus muslos contra los míos. Sus dedos con afiladas uñas arañaron mis hombros y mi espalda. Su rostro estaba resplandeciente y de repente comenzó a fruncir su ceño.
—¡Oh, Darío! … ¡Ummm, Darío! … ¡Oh, Darío, qué rico! … ¡Ohhhh! … ¡Umpf! … ¡Uhhhh! … ¡Oh, Darío, me voy a correr! … ¡Me voy a correr! … ¡Aaaaaahhhhhhhhh! … ¡Me corro! … ¡Umpf! … ¡Me corro! … ¡Oh, Darío, me corro! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhh! … ¡Que rico que se siente tu polla en mi coño, Darío! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhhhh! … ¡Qué ricooooo! … ¡Umpf! …
Su cuerpo temblaba en forma increíble, no dejaba de saltar y estrecharme contra su cuerpo. A ratos tiraba de mi cabello, a ratos besaba mi cabeza, mi frente, mi rostro. Siempre sin dejar de apretar su pubis contra mí y mover sus caderas temblorosamente.
Era su primer orgasmo con una polla de verdad en su panocha deliciosa y candente. Su cuevita del amor se hizo muy estrecha para mi verga. A ratos estrangulaba mi venosa polla con sus fuertes músculos vaginales. Gruñí ante las fuertes y convulsivas contracciones. Parecía como si me hubiese succionado dentro de ella sin poder salir, apenas podía moverme. Finalmente su coño comenzó a relajarse y ella siguió moviéndose y follándome con su ceñido coño ya no virgen. Se separó ligeramente de mí y había un cambio en su rostro. Ahora ella era una completa mujer, sus ojos brillaban de ardiente y genuina lujuria.
—¡Me corrí, Darío! … ¡Me corrí en tu linda polla! … ¡Oh, Santo Dios! … ¡Eso se sintió tan bien! …
Ya no había vuelta atrás. Me levanté y la recosté sobre el sillón. Ella me miraba con una adoración casi implorante. Gimió cuando separé sus piernas y en susurro me dijo:
—¡Fóllame, Darío! … ¡Fóllame con tu polla de hermano mayor! …
La vista era demasiado excitante y me encendí de nuevo con mi polla alcanzando su dureza máxima. Enterré mi polla en su pequeño coño que rezumaba fluidos sanguinosos que mancharon toda mi verga y se esparció por su montículo y nalgas. La vista era casi surrealista.
Angela observaba mi polla que entraba y salía de su coño casi en trance, hipnotizada por la visión inverosímil y casi sobrenatural. Sus pliegues sobresalían arrastrados por mi polla que bombeaba sin descanso su maltrecha panocha sanguinolenta. Sostuve sus tobillos en el aire con sus piernas bien separadas, admirando la belleza de sus extremidades largas y bien torneadas, luego me las llevé a mis hombros e inicié una frenética follada a su martirizado y apretado coño. Debo admitir que Angela era de una belleza superlativa.
—¡Oh, Darío! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Uuuuuuuhhh! … ¡Umpf! … ¡Qué rico, Dario! … ¡Otra vez! … ¡Darío me estoy corriendo otra vez! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhh! …
Grito Angela mientras volvía a explotar en un potente orgasmo. Su coño estrujaba con fuerza mi pene y me hizo estremecer. Las ondulaciones, presiones y el furibundo movimiento de caderas de Angela y su coño, fueron demasiado para mí. Miré su vulva inflamada y su clítoris tiritaba fuera de su capucha. Entonces comenzó mi propia eufórica eyaculación.
—¡Uuugggrrrhhh! … ¡Demonios, Angela! … ¡No puedo! … ¡No puedo aguantar! … ¡Me voy a correr en tu coño apretado hermanita! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Toma! … ¡Prende toda mi leche! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! … ¡Uuuggghhh! …
Mi pene explotó en su vagina brillante e hinchada, chapoteando en el lago de fluidos. Angela jadeó mirando mi explosiva polla que rellenaba su ajustado coñito. Su rostro estaba alborozado y de color escarlata. Sus ojos ampliamente abierto relucían en un arcoíris de colores. Tomó los bordes de su remera y la subió hasta el cuello, dejando al descubierto las tetitas más hermosas que jamás haya visto en mi vida; redondas, firmes, con pezones hinchados de uno o más centímetros y sendas puntitas en sus ápices a forma de gomitas de lápices.
La extraordinaria visión de esos deliciosos bocaditos cremosos aumento mi orgasmo y clavé con fuerza mi polla en su panocha disparando las últimas salvas de denso semen, rápidamente saqué mi polla de su agujero rebozado de esperma y disparé contra esas colinas lechosas de sus tetas, alcanzándolas de lleno y goteando su vientre y su montículo lampiño. Angela me miró con una alegre sonrisa viendo como la embadurnaba de semen. Exprimí hasta la última gota sobre su piel cobriza, mientras ella arrullaba y ronroneaba como una felina. Luego por un repentino impulso, me deslicé hacia abajo y enterré en un solo movimiento mi polla hasta que mis bolas tocaron sus muslos. Ella jadeó y abrió su boca sicalípticamente apreciando la longitud de mi polla estirando sus carnes íntimas. Luego se relajó, envolvió mis glúteos con sus piernas, sus manos atraparon mis hombros y se pegó a mi cuerpo empujando su panocha contra mi polla lo más profundo que pudo.
Sus ojos estaban cerrados, pero su expresión era de pura felicidad. Untó sus dedos con restos de semen y se los llevó a la boca, succionándolos erótica y ruidosamente. Me desplomé sobre ella jadeando en busca de aliento. Su cuerpo rociado de semen presionó contra el mío y me abrazó estrechamente. Temblé sintiendo sus labios y lengua haciéndome cosquillas en mi cuello. Los músculos de su conchita todavía trabajaban en mi polla. ¡Demonios! ¿Esto realmente acaba de suceder? ¿Lo hicimos? ¿Mi hermana y yo follando? ¿Nosotros? ¿Ella y yo teniendo relaciones sexuales? ¡Oh, Señor, no!
Me di la vuelta boca arriba y la arrastre conmigo. Ella se abrazó a mi pecho durante varios momentos murmurando y susurrando cosas que no alcanzaba a entender, inhalaba y exhalaba pacíficamente. De repente se levantó. Su remera cayó alrededor de su cuerpo como un bastidor, pegado a su piel manchada de semen. Parecía aturdida y descoordinada, incluso ebria. Evitó de mirarme a los ojos. La escuché quejarse de dolor y vislumbré la mueca en su rostro cuando mi polla salió de su apretado coño. Tropezó y trastabilló mientras se dirigía al baño. Cerró la puerta de golpe detrás de ella y oí el ruido del asiento del inodoro. Me sentí terriblemente culpable. Acababa de follarme a mi hermana, y mucho más que eso; le quité la virginidad.
*****
Cuando tuve la oportunidad me fui al baño a darme una ducha en el baño que ella y yo compartíamos. Lavé toda evidencia de nuestro coito. Los filamentos carmesí de mi semen y su sangre se desvanecieron por el desagüe, pero en mi conciencia había una mancha imborrable de vergüenza, una que no podría quitarme jamás de mi mente enferma. Después de secarme bien con la toalla, me miré al espejó y me dieron ganas de escupir a mi pervertido yo que me devolvía la mirada en el reflejo del cristal; ni siquiera un par de paquetes de cerveza podría sacarme de la cabeza lo que acababa de cometer. Mi cerebro inició un soliloquio, el lado derecho dijo:
—Disculpe Sr, cerebro izquierdo … Te follaste a tu hermana … Le quitaste su virginidad … Eso es un acto depravado, enfermizo, pervertido y enfermizo …
—¡Ehm! … Creo que te equivocas lado Derecho … Sólo por si no prestó la atención debida, fue ella la que me folló a mi … ¿Dónde estaba usted que no se dio cuenta? …
—¡Oh, sí, claro! … ¡Cómo si te hubieras esforzado mucho para evitar que eso sucediera! … Especialmente cuando la hiciste rodar sobre su espalda y le clavaste tu polla inmunda y depravada, ¿eh? … Luego le rociaste tu semen asqueroso sobre sus tetas, ¿no es eso lo que hiciste? …
—¡Oh, mierda! … ¡Está bien! … ¡Cállate cerebro cabrón! …
Suspiré anonadado. ¡Santo cielo! Me voy a volver loco discutiendo conmigo mismo. Ya puedo hasta elucubrar sobre el diagnóstico del psiquiatra en su catedra:
—“Señores … Este es el tipo clásico de aquel que le reventó el coño a su hermana y se volvió paranoico y esquizofrénico … Cuidado con él … Es un verdadero cabrón depravado”
Inhalé y sacudí mi cabeza haciendo una mueca desagradable. En mi habitación me puse unos shorts y una remera de mi escuadra del corazón. Dudé antes de bajar las escaleras. Desde la sala de estar me llegó el sonido de la televisión; era Shrek y Burro que escapaban de la Dragona. Me detuve al pie de las escaleras y vi a Angela sentada igual que antes, con un cuenco de popcorn en su regazo de donde comía de tanto en tanto.
En silencio la observé sin que ella me notara, me di cuenta lo hermosa que era, casualmente sexy y dulce. Se había cambiado la remera, ahora llevaba una rosada y descolorida de Hello Kitty. Su cabello estaba ordenado en un redondo chongo. Me parecía de verla por primera vez y me pregunté si lo vivido con ella no haya sido más que una fantasía. Probablemente había subido a mi habitación y me había masturbado fantaseando con ella. ¡Santo cielo! Ella se veía tan linda, dulce, libre y…
Su hermoso rostro reluciente se giró hacia mí, sus ojos muy abiertos, todavía había inocencia en su mirada, pero también había algo más. La culpa volvió a martirizarme. Ahora me di cuenta de que yo me había tomado también su inocencia.
—¡Hola, Darío! …
Susurró dándome una pequeña sonrisa. Suspiré confundido y dije:
—Escucha, Angela … Yo…
—¡No lo hagas, Darío! …
Dijo abrupta y nerviosamente. Sus ojos se expandieron un poco mientras contenía las lágrimas. Luego agregó:
—¡Sé lo que vas a decir, así que no lo hagas! … No es una gran cosa, ¿sabes? …
Parpadeé estupefacto ante sus palabras.
—¿Cómo? … ¿No es una gran cosa? … ¡Santo cielo, Angela! … ¡Hasta hace menos de una hora eras virgen! …
Angela parpadeó velozmente, miró su plato de popcorn. Lágrimas se deslizaron por sus pómulos.
—¡Lo sé! …
Ella levantó su rostro y me miró con una mirada que haría llorar hasta a Kim Jong-un.
—El hecho es que me sentí bien … Y nada más importa …
Dijo con una tímida sonrisa; sus labios temblaban, como así también su barbilla. Me acerqué lentamente a ella que me miraba con sus ojos luminosos. Me arrodillé ante ella y tomé sus manos temblorosas en las mías.
—Ese no es el punto … Angela, tesoro … ¿Por qué? … ¿Por qué yo? … ¿Por qué de este modo? …
Sacudió la cabeza lentamente, sus ojos en los míos horadaban mi alma.
—No lo sé …
Dijo con voz de niña ahogada, luego añadió:
—¡Ehm! … Bueno … Quiero decir, desde la pubertad…
Hizo una pausa reflexionando sobre sus palabras, luego prosiguió:
—Solía verte trabajar en el jardín … Jugar a la pelota con tus amigos en el patio … Escuchaba a las chicas que hablaban de ti, te encontraban muy buen mozo y… ¡Ehm! … Siempre estabas ahí … Estabas cerca, y… y…
Su voz se quebró e inició a sollozar con sus labios fruncidos. La miré en silencio y masajeé sus manos. Ya no me sentía tan culpable, al parecer ella indirectamente había querido hacer lo que hicimos. Tal vez no lo había planeado así, pero obviamente lo había tenido en mente. La escuché cuando prosiguió su discurso:
—Yo … Yo solía fantasear contigo …
Dijo con una mueca en sus labios, a continuación dijo:
—Inventaba un montón de pequeños escenarios en mi mente ... ¡Sólo Dios sabe cuántas veces hemos hecho el amor en mis sueños! … Me ponía celosa cuando salías con otra chica, y… cuando crecí y comencé a salir con otros chicos, seguía pensando en ti … No iba a renunciar a ti jamás, excepto por Brad Pitt, probablemente …
Sonrió y yo no pude evitar de reír. La tensión se iba desvaneciendo a medida que hablábamos de la situación, ella continuó:
—Lo sé que todo el mundo habla mal de mí … “Angela la puta, dicen” … La que cambia chico todas las semanas y se los lleva a lugares oscuros … Pero sólo coqueteo con ellos … Y como salgo siempre con uno distinto, la gente asume de que soy muy puta … ¡Pero no es así! … Quiero decir, es verdad que he hecho un centenar de pajas y otras tantas mamadas … Pero… yo…
Su rostro se había teñido de rojo, acaricié su mano y dije:
—Angela … No creo que seas una puta …
Me miró a los ojos y vi su fuerza y energía en los de ella, me preguntó:
—¿Quieres saber por qué me quedé en casa esta noche? …
—¿Por qué? …
Contra pregunté mirando su hermoso rostro. Mi hermana levantó su cara y miró distraídamente al techo, su mente buscaba las palabras para responder a mi pregunta, suspiró y dijo:
—Existe un chico … Un hombre … Se llama Roberto … He estado saliendo con él desde algún tiempo … Él es mayor que yo y está casado …
Se detuvo y sonrió en señal de desaprobación; prosiguió:
—Lo conocí al supermercado, hemos conversado y nos llevamos bien … Pensé que era sexy ser “la otra”, ¿sabes? … Al principio le hacía cosas manuales y orales … Pero Roberto quería más, me decía que debíamos ir más alla y tener una relación sexual completa … Él se dio cuenta de que yo era virgen y comenzó a presionarme cada vez más … Dijo que sería muy amable y me haría sentir bien …
Angela tragó saliva y cerró los ojos por un instante, algunas lágrimas brotaron y automáticamente levanté mi mano y las recogí en mi dedos. Ella se estremeció y me sonrió con cariño. Ella continuó:
—Se suponía que iba a ser esta noche … Lo había planeado todo … Me había mostrado el Motel … Bonitas habitaciones, me dijo … Iba a tener vino, rosas y velas … Pero no pude hacerlo … No quise ir … Quiero decir…
—Pero eso sería todo … Luego jamás te volvería a llamar …
La interrumpí apretando sus manos, entonces pregunté:
—Es por eso por lo que apagaste el teléfono, ¿verdad? …
Angela movió su cabeza afirmativamente y apretó mis manos, sus ojos brillaban mientras me miraba.
—Nos íbamos a encontrar a las seis, ¿sabes? … Iríamos a cenar, luego… Bueno, ya sabes …
Respiró profundamente y espetó:
—Simplemente no pude hacerlo … ¡Yo quería hacerlo! … ¡Dios santo, sí que lo quería! … Estuve cachonda todo el día pensando en ello … Me masturbé poco antes que volvieras … Pero comencé a pensar y deduje que él sólo quería mi virginidad … No quería ser usada … Quería estar con alguien con quien seguir una relación distinta … Quería algo diferente …
Suspiré y esta vez yo mire al techo:
—Entonces … Cuando llegué a casa…
Ella me sonrió y asintió.
—Estabas cerca … No es que yo lo haya planeado así … Pero siempre estabas en mi mente … ¿Recuerdas a mi amiga, Mónica? …
Asentí. Mónica era una rubia con unos kilos de más; enormes senos y un trasero mega galáctico.
—Ella y su hermano están juntos desde hace un tiempo … Su primer sexo fue con él … Siempre me pregunté cómo es que estaban tan bien juntos … Cuando ella me dijo todo … Comencé a pensar en ti y en mí … Nosotros también siempre hemos sido cercanos … Y todas esas veces que has estado en mis sueños … Siempre he estado contigo, siempre te he tenido en mi mente …
En eso ella se sonrió animada y cariñosamente me dijo:
—Bueno … Así que esta noche, cuando llegaste a casa, estabas muy enojado con Mariella … En principio pensé en solo hacerte una mamada para dejarte feliz …
Sus mejillas se encendieron cuando dijo:
—Por un momento me sentí mal por ti … Estabas tan enojado y frustrado por todo eso … Entonces yo también necesitaba algo para ayudarme … Y ahí estabas tú, todo duro y… ¡Mierda! … Tan grande y no pude evitarlo, ¿sabes? …
A pesar de todo sonreí comprensivamente. Miré hacia abajo y noté lo suaves y perfectas que estaban sus largas piernas bronceadas.
—¿Te gustó, Darío? …
Preguntó Angela, sorpresivamente.
—¿Ah? …
Dije mirándola sorprendido. Ella hizo una mueca y frunció sus labios.
—¿Te gustó? …
—¡Oh, Angela! … ¡Fue increíble! …
Sus ojos destellaban luminosos:
—¿Lo dices en serio? …
—¡Por supuesto que sí! … ¿Cómo te sientes? … Quiero decir … ¡Ehm! … Ahí abajo …
—Bueno … ¡Uhm! … Me duele un poco … Está todo hinchado … Pero creo que es lo normal … Por lo demás, estoy bien …
Bajé la cabeza, volvieron los pensamientos conflictivos a mi mente. Por un lado, me sentí afortunado y orgulloso de haber sido escogido por mi hermana para entregarle su doncellez. Por otro lado, entendí que todo había sido fundamentalmente incorrecto, aun cuando se haya sentido fantástico. La miré con cariño y le dije:
—Angela … No sé qué pensar de todo esto … Quiero decir, te amo de verdad y siempre lo haré …
—Yo también te amo, Darío …
Dijo rápidamente mientras me miraba dulce y afectuosamente.
—Pero eres mi hermana, cariño …
Dije en forma emblemática y elocuente.
—Lo sé … También sé que, por mucho que desearía que pudiéramos estar juntos; no podemos … No como para siempre … Pero quiero que sepas, Darío, que lo que paso entre nosotros, nunca lo olvidaré ni me arrepentiré … No puedo pensar en ningún otro hombre que quisiera que fuera mi primer hombre … Siempre has estado tú en mi mente … Además, puedo decir que el hombre al que le di mi virginidad me amará y estará siempre ahí para mí …
Ciertamente esta lógica era personal de ella, pero le encontré todo sentido.
—No tienes que preocuparte por eso …
Dije mientras me levantaba y besaba, ella recibió con entusiasmo mi beso. Tampoco fue un piquito. Angela abrió su boca y metió su lengua en mi boca. Suspiró profundamente succionando mis labios y me persiguió mientras yo intentaba retroceder.
—¡Hey! … ¡Cuidado! …
—Es que tú me pones así de cachonda otra vez …
Percibí el movimiento de sus caderas y mi libido obnubiló mi mente racional. Mis ojos deambulaban por su delgado cuerpo. ¿Sería tan malo hacerlo otra vez?, me pregunté.
Angela me miró con pasión y lujuria. Sus manos atraparon mi rostro y me suplicó:
—Darío … No me hagas sufrir, por favor …
Mantuve mi mirada en sus ojos y quité el cuenco de su regazo. Ella respiró profundamente cuando miró hacia abajo y vio que su coño estaba al descubierto. Yo también miré y vi los labios mayores inflamados y ligeramente enrojecidos. Su grueso clítoris estaba túrgido y fuera de su capucha. La fragancia de su jabón íntimo se mezclaba con el almizcle natural de su panocha.
La tomé de las manos y la hice sentar sobre el sillón. Ella obedecía todas las indicaciones de movimiento de buena gana. Separó y extendió sus piernas ampliamente, fijando su duro trasero al borde del sillón, se echó ligeramente hacia atrás sosteniéndose en sus codos, mientras sus largas piernas flotaban en el aire.
—¿Quieres que lo volvamos a hacer? …
—Sí … Por favor …
Gimió ella desesperadamente. Sonreí mientras bajaba mi cabeza. Inspeccioné el dulce y fragante coño de mi hermana. Los labios menores estaban inflamados, su vulva rosada estaba enrojecida, pero bastante húmeda. El pequeñísimo agujero de su ano era de color rosado y muy apretado, evidentemente era virgen de allí todavía. Suspiré increíblemente excitado. Estaba a centímetros de sus labios mayores, no pude resistir y supe que debía saborear el coño de Angela, por pervertida que parezca la idea, esto me puso muy cachondo. ¡A la mierda todo! Soy un pervertido, pensé y besé los labios vaginales de ella. Comencé a comerme el cálido y suculento coño de mi hermana. Gemí en aprobación. Estaba delicioso, lo lamí y lo chupé deslizando mi boca por todo el carnoso surco de su panocha.
—¡Oh, Dios, Darío! … ¡No pares! … ¡Aunque me lleves al maldito infierno, no te detengas! … ¡Sigue, Darío, sigue! …
Gemí lamiendo el coño de Angela, amando la sensación de su montículo liso, suave y sin vellos. Se lo chupe con entusiasmo, mojándolo con mi saliva y esparciendo los fluidos que comenzaban a rezumar de su agujero candente moviendo mi cabeza hacia atrás y hacia adelante. Ella empujó su vulva contra mi rostro riendo, suspirando y gimiendo de placer, movía sus caderas alocadamente en círculos. Cuando atrapaba su clítoris entre mis labios, ella se estremecía, agarraba mi cabeza y me tiraba con fuerza encima de ella.
—¡Oh, sí, uhmmm! … ¡Oh … Oh … Oh …Oh! … ¡Umpf! … ¡Hazlo, Darío! … ¡Haz que me corra! … ¡Oh, Dios! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaaahhhhh! … ¡Oh! … ¡Uhhhhhhh! … ¡Oh! …
Chupé y sorbí todos sus jugos, extendí sus labios mayores con mis dedos y chupé sus enrojecidos labios menores, metiendo mi lengua lo más profundo que podía en su estrecha cuevita. Angela gritó y convulsionó follando mi cara enérgicamente cuando su orgasmo la golpeó con fuerza, pero no se dio por vencida, continuó a moverse con sus manos aferrando mi cabeza y guiándola contra su jugoso agujero. Mojó todo mi rostro con chorritos de su femineidad y yo abrí mi boca para beber su esencia de mujer tragándolo como un sediento. ¡Maldita sea! ¡Sabía tan bien!
La seguí chupando, haciéndola temblar de pies a cabeza. A un cierto punto ella trato de alejarme de su sensible clítoris, pero bloqueé sus piernas y mantuve mi boca sobre su coño encharcado, chupándola enérgicamente. Angela cayó hacia atrás sobre el sofá gritando y profiriendo vocablos incoherentes e ininteligibles; ella había plantado sus piececitos sobre el sillón y levantado sus caderas en el aire, aplastando su panocha contra mi boca. Se corrió un par de veces más, contorsionándose sobre el sofá con su coño rezumando fluidos abundantes. La parte interna de sus muslos, su montículo, sus nalgas; como así también mi barbilla y mi boca estaban empapados de su dulce ambrosía.
Los pechos de Angela subían y bajaban con su pesada respiración agitada. En algún momento mientras la chupaba, ella se había quitado su remera y ahora estaba totalmente desnuda sobre el diván. Su hinchada labia vaginal brillaba de un rosado oscuro, sus pezones habían vuelto a hincharse y sobresalían un centímetro o más, irguiéndose de sus puntiagudas y gordas tetas. Me moví encima de ella y comencé a chupar una de esas lechosas colinas, prodigándole especial atención a su duro pezón, ella apretó mi cara contra su seno firme y duro. La escuché susurrar y sentí el estremecimiento de su cuerpo.
—Darío … Fóllame por favor …
Jadeó cerca de mi oído, aplastando su pubis contra mí con urgencia. Se movió debajo de mí y con sus manos empujó mis shorts hacia abajo. Mi polla respingona, saltó inmediatamente al sentir la calidez y humedad de sus muslos:
—¡Oh, por Dios, Darío! … ¡Quiero tanto que me cojas! … ¡Házmelo! … ¡Fóllame, cariño! … ¡Fóllame toda la noche! …
Presioné mi boca contra la suya y empujé lentamente mi rígida polla en su invitante y estrecha panocha. Ahogué su grito con mi boca, besándola profundamente y afondé mi polla hasta mis bolas en su ceñido agujero recién estrenado. Angela chupó mi lengua con desesperación, bebiendo de sus propios fluidos, luego lamió mi cuello y mordió mi hombro gimiendo y chillando mientras mi polla volvía a estirar su apretado coño. Me rodeó con sus piernas, taloneando mis muslos con sus talones para empujarme más adentro de ella. Resistió mis embestidas y de vuelta me folló con la misma ansiedad que yo la follaba a ella. Ambos jadeábamos y gemíamos, compartiendo besos y caricias mientras nos entregábamos ardorosamente el uno al otro.
Angela metió sus brazos y atrapó mis hombros, luego se movió alocadamente apretando estrechamente mi polla con su vagina. Gritó y convulsionó en otro orgasmo. Estabamos empapados en sudor y fluidos del coño de ella. Me sentí increíblemente excitado y mientras ella se corría la follé impetuosamente, sintiendo los apretujones que su coño le daba a mi polla.
—¡Oh, Dios, Darío! … ¡Quiero volver a sentirlo! … ¡Dámelo, Darío! … ¡Córrete dentro de mí! … ¡Fóllame y córrete dentro de mí, por favor! … ¡Ohhh, ssííí! … ¡Hazlo, por favor! …
Gemí fuerte cuando sentí que mi cuerpo se tensaba. Embestí con fuerza su pubis, me levanté ligeramente para ver mi polla desaparecer y aparecer dentro de su coño, pude ver su clítoris tembloroso y esto me animó a follarla con más fuerza. Sus labia vaginal estaba cerrada estrechamente alrededor de mi polla.
—¡Oh, Cielo santo! …
Jadeé, arqueando mi espalda para penetrarla profundamente. Me di cuenta de que no iba a aguantar más. Angela chilló fuerte, agarró mis nalgas y clavó sus dedos en mis glúteos.
—¡No pares, Darío! … ¡Uhmmmm, no te detengas! …
Miré su rostro deformado por la lujuria y comencé a eyacular dentro de su apretado coño chupador, llenándola completamente con mi esperma.
—¡Uuugghhh! … ¡Uuugghhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me corro dentro de ti, hermana! … ¡Te lo doy todo! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Tómalo todo! … ¡Es todo para ti, Angela, amor mío! …
Seguí bombeando, rociando su apretada conchita mientras sus ojos resplandecientes lanzaban destellos de felicidad. Seguí embistiéndola suavemente mientras mi polla disparaba los últimos borbotones en la profundo de su coño.
—¡Aaahhhh! … ¡Oh, Darío, Cielo santo! … ¡Lo sentí, Darío! … ¡Sentí cuando me dabas tu tibieza! … ¡Me has hecho tan feliz! … ¡Te amo, Darío, gracias! …
Angela había vuelto a correrse mientras yo la llenaba con ráfagas de semen. Movimos juntos nuestras pelvis y empujamos el uno contra el otro, mientras oleadas de esperma salpicaban sus paredes vaginales que estrujaban mi polla, la estrangulaban, drenaban y ordeñaban hasta la última gota.
Agotado y sin fuerzas, me desplomé encima de ella. Angela gimió, murmuró satisfecha debajo de mí; bajó sus piernas y las deslizó en medio a las mías, manteniendo mi polla apretada en su cálido y jugosa conchita. Acarició mi espalda con las palmas de sus manos y me besó tiernamente. Me olvidé de todo, hasta de mi conciencia.
—¿Estás bien, cariño? …
Arrulló Angela, mientras me abrazaba con fuerza.
—¡Quédate quietecito! … ¡Se siente tan bien tu pene dentro de mí! … ¡Oh, Dios! … ¡Qué rico que se siente! …
*****
A la mañana siguiente me desperté extenuado. Me quejé cuando me giré sobre mi cama. Me froté los ojos y miré el angelical rostro de mi hermana que dormía. El aroma de sexo era denso todo a nuestro alrededor. Angela y yo, habíamos hecho el amor durante toda la noche. Estaba literalmente agotado y me pregunté si mis bolas algunas vez se recuperarían después de esta maratón sexual.
El rostro de mi hermana brillaba lozano y lucía realmente hermosa bajo el resplandor del sol matinal. El bronceado claro de su piel relumbraba. Las sábanas cubrían solo parcialmente su cuerpo desnudo. Me sentí atraído por la forma de sus pezones hinchados. Tomé uno entre mis dedos y lo acaricié, haciendo que ella se sacudiera y apartara mi mano de sus tetas. Me reí entre dientes.
La vi que se movía, respiró profundamente, se lamió los labios una vez y sonrió. No sé qué cosa estaba soñando, pero sin duda le gustaba. Me incliné y la besé en la boca. Gimió, dio un largo bostezo, murmuró algo ininteligible y abrió sus ojos despertándose como la cosa más natural del mundo. Me sonrió girándose hacia mí y me abrazó. Nos besamos con ternura y amor verdadero.
Angela levantó una de sus piernas y la colocó sobre mi muslo. Mi polla dura como piedra se deslizó bajo su ingle, dio un respingo al sentir la esponjosa calidez y humedad de sus labios vaginales. Angela se mordió el labio inferior y suspiró apasionadamente sintiendo la cabeza de mi pene que empujaba y separaba su labia vaginal.
—¡Hmmmm! … Sexo matutino, ¿eh? …
—¡Dios, que eres hermosa, Angela! …
Sonrió y sus ojos claros se encendieron.
—Tú también eres lindo …
Cerró sus ojos y gimió, abriendo su boca a forma de “O”, cuando mi pene la penetró lentamente.
—¡Oh, Dios, Darío! … No vamos a hacer esto todo el fin de semana, ¿verdad? …
Mientras iniciaba a follarla lentamente, le respondí:
—¿Y por qué no? …
Ella se rio sonoramente, acarició los vellos de mi pecho, se mordió el labio inferior sensualmente, empezó a balancear sus caderas y dijo:
—¡Bien! … ¡Me parece bien! …
*****
Muchas veces me he preguntado si mamá se habrá dado cuenta de lo nuestro. Angela y yo siempre habíamos sido muy cercanos, pero después de ese maratónico fin de semana, nos volvimos aún más cercanos. Salíamos juntos a todas partes, nos tomábamos de la mano en público, nos besábamos en los labios incluso frente a nuestros amigos. Mamá a veces nos miraba intrigada, incluso había algo de preocupación en su mirada, especialmente desde que comenzamos a sentarnos a la mesa el uno al lado del otro, en vez de frente a frente.
Ella nunca dijo nada. Tal vez no quería pensar en que sus dos únicos hijos estaban involucrados en una tórrida relación incestuosa y no quería arriesgarse a preguntar al respecto. O simplemente no le molestaba.
Angela y yo continuamos saliendo con otras personas, pero los fines de semana, cuando mamá no estaba en casa, ella y yo disfrutábamos de nuestras relaciones sexuales incestuosas. Permanecíamos desnudos casi todo el tiempo y hacíamos el amor muchas veces, incluso en el patio trasero y en la piscina. Nos deteníamos solo para comer y dormir.
También nos dábamos tiempo para tener algún “Rapidín” durante la semana para satisfacer nuestros ilimitados deseos del uno por el otro. Angela me hacía mamadas en la cochera o en mi auto. Por las noches mientras mamá dormía, ella o yo nos escabullíamos de nuestros dormitorios para ir en busca del otro. Mientras continuábamos nuestras relaciones con los demás, ni Angela ni yo sentimos que estuviéramos engañando a nuestros respectivos amantes. Lo que había entre ella y yo era algo que sólo ella y yo entendíamos, algo muy especial y sólo nuestro.
Al final, ella y yo tomamos caminos separados. Me gradué, conseguí un trabajo y me mudé a una ciudad del norte. Mariella se fue conmigo, finalmente se había curado de su fobia a las mamadas y se volvió muy buena en ello. Convivimos una año antes de decidir de casarnos un par de meses después. Angela por su parte, encontró un muchacho que la adoraba, dijo que él le recordaba muchas cosas de mí y le encantaba el sexo oral.
Ahora nos mantenemos en contacto por WhatsApp y conversamos a menudo por teléfono. Compartimos todos los detalles de nuestras vidas y nos aconsejamos el uno al otro, pero siempre hay una genuina tensión sexual entre ella y yo. Han pasado tres años desde la última vez que vi a Angela, tres años de la última vez que disfrutamos juntos en una cama.
Se acerca el fin de año y la fiesta de San Silvestre. Por primera vez desde que me mudé con mi esposa; nos vamos a encontrar con Angela y su prometido en casa de mamá. ¿Tendremos tiempo para un rapidín? ¿Qué creen ustedes?
Fin
***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****
El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
Finalmente no le di mayor importancia, ya que Mariella en un bomboncito apetecido por todos en la facultad. Una hermosa rubia de tez lechosa y formidables pechos, con un pequeño, apretado y jugoso coño, sólo que me había malacostumbrado a mi novia anterior, la cual era una adicta por chupar mi polla y tragarse todo lo que salía de ella. No es que quería que Mariella fuera igual, pero una mamada de vez en cuando es como de rigor, ¿verdad?
Pero mencionar este asunto a Mariella era algo complejo, por decir lo mínimo. Ya que ella se enojaba conmigo solo por mencionarlo y daba por terminada la cita. Ni siquiera se despidió con un beso cuando se dio media vuelta y me dejó plantado allí en medio a la calle.
Eran casi las nueve de la noche cuando regresé a casa. Me sentía frustrado, malhumorado, abatido y enojado. No sólo me había quedado sin una mamada, sino tampoco un coño donde descargar mis frustraciones. Además, siendo un fin de semana extendido, ya que el lunes también era festivo, yo sabía que todos mis amigos estaban con sus esposas o novias disfrutando de los goces del sexo.
Me invadió una melancolía densa mientras guiaba mi SUV por la autopista hacia casa. A mis veintitrés años, finalizando el último año de universidad, con tres días feriados por delante, viviendo en casa de familia, con trabajitos Part-time. Tenía amigos en la facultad que es este momento ya habían terminado sus carreras. Amigos casados con hijos por venir, en casas propias, amigos felices y exitosos.
Ingresé rápido en el vial de ingreso de casa y aparqué mi Mazda CX-5 en la cochera. Refunfuñé un montón de palabrotas mientras subía hacia la casa. Abrí la puerta de un tirón y casi la cierro prepotentemente con fuerza. Me recordé que mamá estaba fuera de casa por negocios, era ejecutiva de una cadena de supermercados y debía de tanto en tanto viajar a diferentes ciudades del país para inspeccionarlos. Eso significaba que habría podido traer a Mirella a casa y estar toda la noche con ella. ¡Maldita sea cuando se me ocurrió mencionarle lo de las mamadas!
Me dirigí a la cocina y tomé una cerveza Austral Calafate, una de mis favoritas. ¿Pero cómo? ¡Está mañana había seis! ¡¡Falta una de mis cervezas favoritas!! ¡Maldita sea mi hermana! Dije haciendo chirrear mis dientes. Mi hermana, Angela, había vuelto a tomar una de mis cervezas. Probablemente para ayudarse a dormir ¡Sigh!
—¿Darío? …
Me sorprendió escuchar la voz de mi hermana proviniendo de la sala de estar. Era viernes por la noche; ¿Qué diablos estaba haciendo ella en casa? Ella nunca se quedaba en casa los fines de semana. Desde cuando superó su edad de adulta, había aprovechado su nuevo estatus legal y hacía disfrutar su esbelto cuerpo con sus amigos. Tenía un sinnúmero de juguetes para solazarse en autoerotismo, los escuchaba ronronear día y noche. Parecía estar siempre ocupada en su celular a hablar con algún nuevo espécimen masculino. No conocía a nadie que tuviera tanta acción cachonda como mi hermana.
Bueno, tengo que admitir que Angela es toda una belleza; piel bien bronceada, cabellos rubio miel, rostro delgado y hermoso como el de una modelo. Muchas veces la había visto en bikini y tengo que reconocer de haberla mirado con atención. Un trasero redondo y firme de ensueño, piernas esbeltas y largas, caderas amplias y estrecha cinturita de avispa; cabe mencionar en forma especial su copas 34C, firmes y perfectas.
Tomé mi cerveza con el ceño fruncido y me dirigí a la sala de estar:
—¿Angela? …
Allí estaba ella sentada sobre la alfombra en la posición de Yoga, sukhasana o posición fácil, con un cuenco de popcorn en sus muslos. Su cabello lucía más oscuro que de costumbre, probablemente mojado por una ducha reciente, su rostro claro brillaba en forma natural. Angela rara vez usaba maquillaje más allá de una sombra de ojos y un poco de rímel, pero esa falta absoluta de pintura facial la hacía parecer una dulce niña de no más de quince años. Levantó y giró su rostro para mirarme, señaló la botella abierta cerca de su pierna derecha.
—Tomé una de tus cervezas, Darío … Lo siento … Te dejaré unas monedas por eso …
Me encogí de hombros y bostecé ligeramente. Angela es tan dulce que era imposible enojarme con ella.
—¡Oh! … Olvida eso …
Dije dejándome caer en el gran sillón reclinable frente a ella. Angela estaba mirando uno de esos canales de cables con cantantes para jóvenes, si no me equivoco, eran los BTS que cantaban uno de sus éxitos.
—¡Gracias, hermano! …
Dijo ella tomando un puñado de popcorn y llevándoselo a la boca. Nunca pude entender la adicción de mi hermana a esas cosas. ¡Consumía eso por kilos y no subía ni cien gramos de peso! Lancé un gruñido antes de tomar un largo trago de mi cerveza. Me quedé mirando la pantalla sin ver en realidad lo que mostraba.
—Pensé que saldrías con Mariella esta noche …
Comentó mi hermana. Me rasqué la comisura de mi boca y me quejé mirándola de reojo:
—¡Ugh! … ¿Y tu qué? … Nunca estás en casa un viernes por la noche …
Angela simplemente se encogió de hombros antes de decir:
—No tenía ganas de hacer nada … Incluso apagué mi celular …
—¿Tú sin celular? …
Pregunté realmente sorprendido. Ella miró hacia lo alto y puso sus ojos en blanco, luego dijo:
—¡Sí! … ¡Yo! … ¿Y por qué no? …
Suspiró, llenó otra vez su puño de popcorn y antes de llevárselo a la boca, agregó:
—Necesitaba estar un poco conmigo misma … Salir de fiesta todos los fines de semana también se vuelve algo aburrido, ¿sabes? …
Fruncí los labios y volví a beber de mi cerveza:
—Tal vez, sí … ¿Quieres que me vaya a mi habitación? …
Me miró como si hubiese dicho algo inapropiado, enarcó una ceja, una ceja tan rubia como ella que resultaba casi invisible y preguntó:
—¿Por qué? …
—Bueno … Dijiste que querías estar sola …
Ladeó su cabeza y me miró fijamente:
—Me refería a los demás, bobo … Tu eres mi hermano … Me gusta estar cerca de ti … ¿No lo sabes? …
Dijo comiendo de su cuenco de popcorn. Noté que algo le estaba molestando.
—¿No sé qué? …
—No nada …
Dijo repentinamente. Cuando se dio cuenta de que la estaba observando, se giró y me dijo:
—Mira … No quiero hablar de eso, ¿vale? …
Moví mi cabeza en sentido afirmativo, pero me sentí preocupado por mi hermana pequeña. La respetaba como mi hermana y como mujer, a ese punto ya no quise insistir.
—Está bien … Sólo … ¡Ehm! … Sí alguna vez necesitas hablar, recuerda que estoy aquí para ti …
—Gracias, Dario … Eres tan dulce …
Me respondió Angela con una bella y afectiva sonrisa.
Le devolví la sonrisa y nos quedamos en silencio sentados a mirar a medias la pantalla. Todavía pensaba a Mariella; en como podría haber estado hasta las bolas dentro de su coño en este mismo instante, manteniendo sus piernas bien separadas y viendo sus grandes tetas rebotar en su pecho mientras la follaba con fuerza. Pero ¡Nooo!... tuve que abrir mi bocaza como un idiota y pedirle una mamada, sabiendo muy bien como ella lo pensaba. Ella preferiría chupar un mazorca de maíz, antes que mi propia polla.
Pensando en el dulce y jugoso coño de mi novia, mi arnés reaccionó ejerciendo presión bajo mis pantalones. Pensé al mechoncito que ella dejaba sobre su montículo cerca de su clítoris, sus pezones pequeñitos como una goma de lápiz, sobresaliendo apenas de sus grandes tetas 38D. Debería haber sugerido una follada a sus tetas, pensé, recriminándome por mi fallida cita. A veces ella me permitía hacer eso, incluso si estaba lo bastante cachonda, me lamía un poco mi cabezota. “Ni te atrevas a ponerlo en mi boca, Darío” Ella siempre me advertía.
Comencé a pensar en irme a mi habitación y conectarme con algún sitio porno para masturbarme y obtener un alivio a mi tensión. Pero la voz de Angela me llamó la atención:
—¿Has peleado con Mariella o algo así? …
Preguntó un poco casualmente. Me giré a mirarla, sus ojos claros estaban fijos en mí y casi no pestañeaban. Por un momento pensé que se había dado cuenta del evidente abultamiento de mis viejos jeans, el bulto era más que obvio.
—¿Qué? …
Se rio entre dientes y luego volvió a preguntar:
—Tú y Mariella … ¿Están peleados o qué? …
—¡Eh! … Sí … Algo así …
—¿Cuál fue el motivo? …
—¿Eh? … ¡Ehm, nada! …
Dije un poco incomodo. Angela lanzó un resoplido y espetó:
—¿Cómo qué nada? … ¡Sí estás aquí un viernes por la noche viendo videos clips aburridos con tu hermana en vez de estar follándote a Miss Grandes Tetas … Debe haber habido un motivo, ¿no? …
Me dijo con una brutal franqueza; la miré con cierta aflicción y me encogí de hombros, luego terminé con mi cerveza y dije:
—Necesito otro trago …
—¡Oh, claro! … Ahora te vas a emborrachar, ¿eh? …
Exclamó ella mientras yo me dirigía a la cocina, por encima del hombro le respondí:
—Y no me voy a emborrachar …
Le saqué la tapa a la botella y tomé un largo trago. Luego tomé otra botella pensando en que tal vez no era mala idea emborracharse un poco. Como quedaban todavía dos cervezas, le ofrecí a Angela:
—¿Quieres otra, Angela? …
Me respondió un poco vacilante y sonriendo me dijo:
—Bueno … Si estás ofreciendo … Te ayudaré a emborracharte …
Regresé a la sala de estar con las tres cervezas y dejé una junto a la botella casi vacía de mi hermana. No pude evitar de observar sus maravillosos muslos desnudos y bronceados. Me maravillé al ver la lechosa carne blanca del comienzo de sus nalgas y me pregunté si ella llevaba ropa interior bajo esa holgada remera. De seguro ese pensamiento no contribuyó en nada a aminorar mi furiosa erección.
Me dejé caer en mi sillón y me eché más cerveza por mi garganta. Miré la pantalla e hice una mueca:
—¿Podríamos ver otra cosa? …
—Sí, claro … ¿Comedias? …
—Pensaba en ciencia ficción …
—¡Oh, no! … Por favor …
Dijo Angela mirando hacia el cielo y echándose otro puñado de popcorn a la boca.
—¿Y entonces, qué? … No me vas a obligar a ver un canal para chicas, ¿eh? …
Me miró con enigmática picardía y sonriendo, me dijo:
—¿Y que tal un porno? …
—No creas que voy a ver un porno con mi propia hermana, ¿eh? … Especialmente cuando en este momento debería estar teniendo sexo con mi novia, ¿eh? …
Me miró con una sonrisa canalla y me preguntó:
—¿Y por qué no lo estás teniendo, Darío? … Cómo es que Mariella no está ahora mismo moviendo su cabeza hacia arriba y hacia abajo en tu regazo, ¿se puede saber el por qué? …
—Pues … ¡Ehm! … Porque ella no hace esas cosas …
Me miró con cara de asombro y entre divertida y seria me preguntó:
—¿Ah? … ¿Qué ella no te hace una mamada? … ¿Acaso ella es una de esas chicas que lo ve y dice que le da asco? …
Me revolqué en mi sillón incómodo. Tragué más cerveza. El alcohol comenzaba a llegar a mi cabeza y me sentí desinhibido.
—¡Ehm! … Ella tiene problema con el sexo oral … Tuvo una mala experiencia con un chico y ahora no quieres hacerlo …
—¿Y tú? … ¿Le haces sexo oral? …
Preguntó mi hermana muy suelta de cuerpo, como si estuviéramos hablando del último éxito de los BTS. Me dio un poco de risa estar hablando de estos temas con mi hermana pequeña.
—Por supuesto que si … Todas las veces que puedo …
Respondí al instante, sintiendo una ligera sensación de alivio al sacar algo de mí intimidad a la luz; agregué:
—Siempre se pone cachonda con eso … Pero si le pido reciprocidad, se pone furiosa y todo eso …
Angela movió la cabeza negativamente y dijo:
—Realmente no lo entiendo … La señorita no es capaz de chupar una polla … Pero está siempre lista y dispuesta para que alguien se encargue de lamerle su felpudo, ¿eh? … Ella piensa que su boca es demasiado fina para tomar la salchicha de alguien … Pero su rebanada de panocha esta siempre lista a ser lamida, ¿eh? …
Se echó un puñado de popcorn a la boca y concluyó:
—No es más que una perra egoísta, Darío … Eso es la que es …
Me eché a reír ante el acertado razonamiento de mi hermana, ella se giró a mirarme con los ojos muy abiertos y dijo:
—¿Qué te parece tan gracioso? …
—¡Tú! … Pareces una inocente escolar, pero hablas como un obrero de la construcción …
Angela se echó a reír junto a mí y su cuerpo temblaba, mientras lo hacía, esto me hizo notar el rebote de sus firmes tetas debajo de la remera:
—Siempre pensé que es bueno ser sinceros, claros y parcos … Eso es todo …
Tomé mi cerveza, suspiré y me di un largo trago:
—Quiero decir … Mariella me gusta, pero… Esto me supera … Estoy empezando a sentirme como un idiota por querer que ella me haga eso …
—No, Darío … No eres ningún idiota … ¡Demonios! … Ya desearía yo un chico tan dulce como tú … Te veo como tratas a Mariella: le abres las puertas, la tomas de la mano, le regalas flores y bombones … Y si te estás solazando con su felpudo … Como mínimo ella debería devolverte el favor y darle un buen tratamiento a tu arnés …
—Ojalá ella pensara como tú …
Angela se quedó en silencio reflexionando y rumiando sus popcorn, luego dijo:
—Entonces ni siquiera lo hace como juego previo, ¿eh? …
Sacudí la cabeza confirmando sus dichos y añadí:
—A veces lo lamerá un poco si le follo las tetas … Pero nada más y muy raramente …
Angela ladeo la cabeza sorprendida y espetó:
—Pero eso no tiene ningún sentido … Quiero decir, si tengo a un chico follándome las tetas, estoy segura de que se lo voy a chupar hasta dejarlo seco …
La miré de reojo y me resultaba difícil imaginar a un tipo a horcajadas sobre mi hermana follándole las firmes tetitas de ella, mientras ella envolvía sus suaves labios alrededor de la polla de él… esa erótica imagen hizo que mi verga diera un respingo.
—Creo que Mariella debiera tener una conversación contigo …
Dije, mientras trataba inútilmente de disimular mi furiosa erección.
—¡Qué buena idea! … Yo podría enseñarle todos los trucos …
Exclamó rápidamente mi hermana con entusiasmo. Lanzó una especie de carcajada y luego volvió a quedarse en silencio, mientras masticaba sus crujientes popcorn, luego como si nada dijo:
—¿Y ese es todo el problema? … Ella no te va a hacer una mamada, ¿eh? … Todo porque tuvo una mala experiencia con otro chico, ¿verdad? …
—Has dado en el clavo …
Le dije concluyentemente.
—Entonces yo debería hablar con ella … Quiero decir, tengo un poco de experiencia y me encanta una polla en mi boca … Y también me sucedió algo malo … Un maricón la tenía tan grande que casi me asfixia … Dejó mi garganta adolorida …
Hice una mueca extraña y la interrumpí, realmente no necesitaba escuchar de las mamadas de mi hermana:
—¡Oh, Angela! … ¡Por favor! …
Se detuvo al instante y sentí que me estaba mirando socarronamente, giré la cabeza y me encontré con sus ojos brillantes y una sonrisa maliciosa:
—¡Por mil demonios! … ¡Es así de grave! … Tenías muchas ganas de que te lo hiciera, ¿eh? … Bueno, eso es bastante obvio …
—¡Oye! … No soy yo el egoísta …
Fruncí el ceño y dije en mi favor. Pero ella lanzó otra vez esa sarcástica carcajada e hizo un gesto casual indicando mi entrepierna:
—Digo que es bastante obvio porque se nota … Has estado duro desde que llegaste a casa …
Me sonrojé y crucé las piernas tratando de ocultar mi bulto. Pero no importaba lo que hiciera, esa maldita cosa era visible y no desaparecía. También el hecho de hablar de chupar pollas y follar lindas tetas con mi hermosa hermana no ayudaba para nada.
—¡Oye! … ¡Ehm! … Si necesitas aliviar esa tensión … No me importaría si subes a tu habitación y tratas de desahogarte antes de que esa cosa te reviente en tus pantalones …
—¡¡Angela!! …
Grité sintiéndome incómodo.
—¿Qué? … ¿Acaso crees que no sé qué te masturbas todos los días? … Sé que lo haces, ¿sabes? … ¡Diablos! … ¡Si hasta te he visto hacerlo! …
Me quedé estupefacto ante estas últimas palabras:
—¿¿Qué?? …
Sus tetas saltarinas se movieron bajo su remera mientras ella se reía.
—No tienes que hacerlo con la puerta abierta, hermano … ¡Santo cielo! … Una vez casi entré a tu cuarto y ahí estabas tú magreando furiosamente tu linda y gran polla … Ni siquiera te percataste que yo estaba allí … ¡Eh! … ¿Sabes que podrías asfixiar a Mariella con esa cosa tan grande? …
Me sentí abrumado y avergonzado al enterarme que mi propia hermana me había visto masturbarme, mis mejillas se tornaron de un rojo escarlata. Ella prosiguió:
—¡Oye! … ¡No es gran cosa! … Bueno … ¡Ehm! … En tu caso esa cosa es bastante grande, ¿no? … ¡Demonios! … ¿De dónde sacaste una salchicha tan grande? …
Me quedé pasmado y en silencio sin saber que responder, mi rostro ardía por mi vergüenza; realmente esto no estaba yendo nada de bien. Angela mantenía su mueca maliciosa sonriente, evidentemente disfrutaba la tortura que me estaba aplicando. Al improviso me dijo:
—¡Darío! … ¿Por qué no miras hacia el otro lado un segundo? …
—¿Por qué? …
—Bueno … ¡Ehm! … Porque tengo que ir al baño y…
Se interrumpió ella misma y la noté en embarazo.
—¿Y qué? …
Lanzó un bufido de impaciencia, estiró sus brazos con las palmas hacia arriba y dijo:
—Y no llevo nada puesto … Estoy sin bragas … Así qué simplemente, mira hacia el otro lado, por favor …
Mi polla dio un tremendo respingo que tuve que acomodarla un poco, mi hermanita estaba totalmente desnuda de la cintura para abajo. Acepté su petición y me volteé hacia la pared. Escuché que ella se movía y se levantaba, colocó su cuenco de popcorn sobre la mesita de centro. Luego la sentí caminar hacia el baño.
Cuando giré la cabeza hacia ella, vi que la remera casi no alcanzaba a cubrir sus redondas y blancas nalgas. Mi polla comenzó con furiosas pulsaciones bajo mis jeans, observando el maravilloso hueco que se formaba entre sus largas piernas. Me relajé en el sofá y miré el cuenco de popcorn que Angela había tenido entre su entrepierna desnudo.
Inmediatamente me levanté y fui a inspeccionar el cuenco. En uno de sus lados había una evidente mancha brillante de humedad. Me lo llevé a la nariz y lo olfateé. ¡Uhm, sí! ¡Ese era el olor de mi hermana! La dulce fragancia de su panocha estaba impregnada en el borde del cuenco. Sin siquiera pensarlo pasé mi dedo por allí, sintiendo la humedad y rápidamente me lo llevé a la boca. Podía saborear el lindo coño de mi hermana; agudo, dulce y muy bueno.
De repente me vino un conjunto de contradictorios pensamientos: ¡Es el coño de tu hermana el que estás probando, idiota! ¡No importa que sea sabrosísimo, pero es tu hermana! ¡Métetelo en la cabeza, ella es tu hermana!
Volví a acomodarme en el sillón y el delicioso sabor de mi hermana permanecía en mi lengua. Me eché un largo trago de cerveza, pero su sabor persistía y no había nada que pudiera cancelarlo. Quería correr a masturbarme más que nunca, pero algo me mantuvo sentado al sofá.
Escuché la suave descarga del inodoro y Angela regresó a la sala de estar, sus pies desnudos hundiendo la esponjosa alfombra, luego la oí pisando las baldosas de la cocina. Cuando volvió a mi lado, inesperadamente me dio un beso en la mejilla y susurró cerca de mi oído:
—Te dije que miraras para otro lado, tontín …
Exhalé un suspiro y giré mi cabeza hacia la pared. La escuché como se acomodaba nuevamente sobre la alfombra en la misma posición de antes, acomodando el cuenco de popcorn contra su ingle, envolviendo sus piernas a su alrededor. Me dio una tímida sonrisa y dijo:
—¡Uhm! … Lo siento …
También le sonreí y le pregunté:
—¿Cómo es que no llevas ropa interior? …
Ni siquiera me miró, sólo se encogió de hombros, recogió un puñado de popcorn del cuenco y respondió:
—No me gustan las bragas … Me producen un poco de comezón … La mayor parte del tiempo camino sin ellas … Tal vez sea algo de alergia o quizás soy un poco rara en eso …
Le di una mirada de curiosidad. Una vez más mi erección pulsaba fuertemente contras mis jeans. Al igual que Angela, yo tampoco vestía regularmente boxers o calzoncillos y le dije:
—Muchos chicos pensarían que eso es sexy, ¿sabes? …
—Tienes razón …
Fue su escueta respuesta mirándome con complicidad. De repente recordé un momento la semana pasada cuando la acompañé a hacer compras, ella lucía una corta y ajustada faldita, mientras nos dirigíamos hacia los estacionamientos en busca de nuestro coche; yo caminaba con ambas manos llenas de bolsas y ella llevaba sólo una bolsa pequeña. Sorpresivamente vi un billete de cinco mil pesos en el suelo, justo detrás de nuestro coche y ella se negó a recogerlo. Había varias personas en el estacionamiento, la mayoría hombres. Sacudí la cabeza asombrado y bebí lo último de mi segunda cerveza. Angela la pervertida, pensé mientras le quitaba la tapa a mi tercera cerveza.
Me sorprendió cuando ella sonriente como siempre me dijo:
—Darío … Creo que deberías hacerte cargo de esa cosa …
Bebió un trago de su cerveza; la miré y sus ojos estaban fijos en mi erección.
—¡Oh, sí, claro! … Ahora subo a mi dormitorio y me masturbo … Sabiendo que tu sabes que lo estoy haciendo y … Sabiendo que ya me has visto hacerlo … ¡No podría correrme ni en un millón de años! …
—¿Lo dices en serio? … ¡Pero si me parece que esa cosa está a punto de explotar! …
—¿Podríamos cambiar de tema, por favor? …
—¿Por qué? … ¿Acaso te da vergüenza tener tu pene duro en frente de tu hermana? …
—¡¡Angela … Basta!! …
Ella se rio para sí misma, recogió otro puñado de popcorn y espetó:
—¡Hablas como hermano mayor! …
Sus ojos brillantes estaban fijos en los míos como en un desafío. De repente me fijé en lo sexy que era su boca, sus labios ligeramente torcidos mientras masticaba sus palomitas, me parecieron carnosos y muy rosados. Aposté a que esos labios se sentirían divinamente en mi polla. Al instante me reprendí por tan inapropiado pensamiento. Enseguida agregó:
—¿Puedo preguntarte algo? …
—¡No! … No preguntes nada …
Dije lacónicamente. Ella ni siquiera me escuchó, simplemente se rio entre dientes y preguntó:
—¿Alguna vez te han hecho una mamada larga y deliciosa? … ¿Una que te hace correrte en su boca, y sigue chupándote de nuevo hasta hacerte correrte otra vez? … ¿Alguna vez una chica te hizo eso? …
—¡¡Angela!! …
Dije en un tono claramente alterado. Pero ella siguió sonriendo y siguió hablando:
—Apuesto que esa Mariella de la cual estás tan enamorado jamás ha intentado hacerte algo parecido, ¿verdad? … Apuesto a que nunca has tenido una chica que te haga explotar dos veces seguidas, así como el volcán Kïlauea de Hawái, ¿eh? …
—En realidad, sí que la he tenido …
Le respondí a Angela en forma provocadora.
—¿Te acuerdas de Kenita? …
—¿La hermana de Giovanni? …
Asentí sonriéndole y agregué:
—Ella me hizo eso y más …
Por la mirada fruncida en su rostro, al parecer ella no se esperaba esa respuesta, me miró sorprendida:
—¿Esa mosquita muerta? … ¿Ella te chupó? … ¡La muy puta! …
—Cómo si de eso dependiera su propia sobrevivencia … Se lo tragó todo …
Respondí con cierta nostalgia al recordar los maravillosas momento con Kena, en mi habitación, en mi coche, en el cine. Suspiré y añadí:
—Chuparme era su deporte favorito … Y quería hacerlo una y otra vez … ¡Ella era tan dulce! …
Bebí un largo sorbo de mi cerveza y escuché a Angela decir:
—¡Ah-ha! … Así que la pequeña Kena te dio la mejor mamada que jamás hayas tenido e hizo explotar tu dinamita directo en su boca, ¿eh? … Y ahora estás con Mariella que no quieres ni siquiera chuparte la mecha, ¿eh? …
Era la sacrosanta verdad, pero yo no lo iba a admitir de buenas a primeras. Bebí varios tragos de cerveza; me quedé mirando a un punto en el infinito, sin ver ni observar nada y dije:
—Tal vez la culpa es mía … Estoy siendo demasiado egoísta … Quiero decir … Sí, se siente bien … Además, es el único tipo de sexo en que no haces nada, simplemente descansas y te dejas hacer y lo disfrutas … En cambio con Mariella yo debo hacer todo … Repito … Es agradable relajarte y dejar que te hagan cositas deliciosas … Sin embargo, …
—¡No, nada! …
Me interrumpió Angela rotundamente; tragó de su cerveza y prosiguió:
—Tú la chupas, ¿verdad? … Entonces ella también debería hacértelo … No importa lo que le haya sucedido en el pasado … Si tú le comes su pastel, ella debería estar dispuesta a comerse tu bizcocho … Y eso es todo lo que tengo que decir al respecto …
Me reí entre dientes, pero me sentí incómodo. Su razonamiento era perfecto. Mi polla todavía estaba dura como palo y presionaba mis jeans; automáticamente me agaché e intenté de ajustarla un poco. De repente ella dijo:
—¿Darío? …
Me giré a mirarla y respondí:
—¿Qué? …
Ella puso los ojos en blanco y estiró sus brazos con las palmas de sus manos hacia arriba.
—No entiendo por qué simplemente no vas y lo haces … Conéctate con uno de esos sitios porno en tu portátil y lo haces … Verás que luego te sentirás mucho mejor …
—Pero no puedo …
—¿Por qué? …
—Porque tú lo sabrías, ¿eh? …
—¿Y qué? … Mira, yo lo hago todo el tiempo … ¡Demonios!, lo hice como media hora antes de que llegaras a casa …
Abrí los ojos a desmesura y sorprendido le pregunté:
—¿Lo hiciste? …
—¡Ja-ja-ja! … Por supuesto que sí, tonto … Mira, vamos a hacer algo … Tú vas y descargas unos chorros de tu monstruo … Yo te esperaré y cuando vuelvas veremos ese canal de ciencia ficción, ¿vale? …
Gemí, pero todavía me sentía incómodo, dije:
—Eso suena bastante raro …
Angela me miró reflexivamente, lanzó un suspiro de impaciencia y dijo:
—Entonces, está bien …
Fruncí el ceño interrogativamente y pregunté:
—Está bien, ¿qué? …
—Quieres una mamada, ¿no? …
—¿Cómo? …
Angela volvió a poner sus ojos en blanco, luego levantó el cuenco de entre sus piernas y lo colocó sobre la mesita de centro. Al parecer sus inhibiciones habían desaparecido. Mientras se preparaba para ponerse de pie, vislumbré los labiecitos de su apretado y mojado coño lampiño con su hinchazón natural y el rosado de sus pliegues. Me quedé sin respiración.
Angela se acercó sobre mí y hábilmente hizo saltar el broche de mis jeans, la escuché murmurar:
—¡No puedo creer que tenga que hacer esto! …
—Angela … ¿Qué haces? …
Balbuceé titubeante y sorprendido, pero estaba totalmente cachondo con mi polla al máximo. No detuve a mi hermosa y emprendedora hermana pequeña mientras deslizaba la cremallera de mi jeans hacia abajo y metía sus manos alrededor de mis caderas.
—Levanta el culo … Si no, no puedo bajártelos …
Me ordenó ella. Fascinado levanté la caderas y Angela tiró de mis jeans hacia abajo hasta la mitad de mis muslos. Mi polla erecta, gruesa, nervuda y larga blandió el aire y casi golpeaba mi abdomen. Angela sonrió ante la vista de mi pene, sus mejillas estaba ligeramente coloreadas. Rápidamente sus manos se deslizaron por mis piernas, una de ella envolvió mi garrote y la otra delicadamente acarició mis bolas. Automáticamente moví mis caderas en forma cadenciosa para follar la mano de mi hermana que me apretaba firmemente. Sus delgados dedos no alcanzaban a rodear toda mi polla.
—¡Sí alguna vez dices algo sobre esto, te juro que te mataré! …
Dijo en un tono muy serio, pero sin dejar de mirar y acariciar mi polla.
—No … No se lo voy a decir a nadie …
Dije estremeciéndome con sus caricias, ella me miró y me sonrió, mordió su labio inferior y luego pasó su lengua sobre él. Angela miraba atentamente la punta de mi verga mientras unas perladas gotitas comenzaban a aparecer y se deslizaban tímidas sobre mi arremangado prepucio. Con su lengua oscilando contra su labio superior y su boca ligeramente abierta, ella bajó su cabeza. Me desplomé sobre el sillón al sentir la cálida y húmeda boca de mi hermana cerrándose sobre la cabezota hinchada de mi pene erecto, comenzando a chuparlo suavemente. Gemí extasiado y empujé mis caderas hacia arriba, mi mano se colocó sobre la rubia cabellera de ella. Su cabello todavía estaba algo húmedo. ¡Santo cielo, mi propia hermana pequeña me estaba haciendo una deliciosa mamada! ¡Joder! ¡Esto se siente tan rico! Pensé.
Enseguida me di cuenta de que Angela era una avezada chupadora de pollas. Movía su cabeza hacia arriba y hacia abajo a la velocidad precisa; enrollaba su lengua alrededor de mi polla; lo lamía como una experta; se lo tragaba hasta el fondo de su garganta; lo chupaba con sus ceñidos labios y lo masajeaba con su lengua infatigable; lo sacaba de su boca por breves instantes y se golpeaba las mejillas con mi cabezota goteante y pulsante. Luego volvía a tragárselo y reiniciaba todos sus movimientos, agregando otros nuevos, permitiéndome llegar a tocar hasta el fondo de su garganta.
Cuando su nariz presionó contra mi vientre, sentí como apretaba mi polla con su estrecho gaznate y movía su cabeza de lado a lado para hacerme ir todavía más adentro. Nunca hizo un sonido de nausea mientras mi polla atragantaba su garganta. Las sensaciones que me provocaba eran increíbles, acentuado por el hecho de que ella era mi hermana la que acariciaba mis bolas y se tragaba una y otra vez toda mi polla.
Luego de unos exquisitos momentos, movió sus cabeza hacia arriba respirando profundamente por sus fosas nasales. Chupó un poco ruidosamente, sorbiendo su propia saliva, sin dejar de acariciar mi polla contemporáneamente. Básicamente, me masturbaba con mi pene dentro de su boca, acariciando delicadamente mis bolas cargadas de semen. Con la frustración acumulada durante toda la noche y la experticia de Angela, sentí que mi clímax se aproximaba al galope. Los dedos gordos de mis pies enloquecieron, mientras todos los deditos pequeños se plegaban hacia abajo, estaba a punto de correrme.
Mi cuerpo entero se estremeció y se tensó, al momento una pequeña ráfaga de semen fue disparada dentro de la boca de Angela. Ella gimió y dejó de balancearse al sentir mi cálido y denso semen en su boca, sentí que lo saboreaba con su lengua, al mismo tiempo su mano estranguló mi pene para no permitirme de correrme. Jadeé al sentir mi eyaculación truncada por la mano de ella.
Suspiré al sentir que la sensación de correrme se amenguaba. Ella murmuró algo alrededor de mi verga y volvió a chupar tragándosela profundamente, balanceando su cabeza hacia arriba y hacia abajo, volviendo a hacer estrellar mi cabezota contra su garganta. Gemí de placer y acaricié su cuero cabelludo. Nunca nadie me había hecho una mamada tan increíble. Mi polla hinchada brillaba con su saliva y sus manos se volvieron resbaladizas mientras me masturbaba.
El jueguito ese de llevarme a la cúspide del placer para luego negarme la satisfacción total me estaba volviendo loco. Ella acariciaba delicadamente mis bolas mientras con la otra mano no dejaba salir los potentes borbotones que se acumulaban una tras otro. El efecto era placentero y frustrante a la vez, yo rogaba porque me dejara correrme o simplemente mi polla iba a reventar.
—Angela … Por favor …
Gemí mientras ella continuaba a balancear su cabeza sapientemente y me dejaba escuchar sus burlonas sonrisitas sin dejar ni un momento de chuparme y masturbarme. Agarré su cabeza entre mis manos; jadeando de placer comencé a follar su boca, mi polla pulsaba entre los suaves labios de mi hermana. Mi bolas estaban pesadas e hinchadas, listas a disparar mi semen. Me enderecé un poco en el sillón sintiendo que mi cuerpo entero se tensaba.
—¡Santa boca bendita! …
Exclamé sin aliento, agitado y con un escalofrío que atravesaba toda mi espina dorsal. Desesperado hundí mi polla profundamente en la boca divina de mi hermana repetidamente y sin detenerme ante nada. Angela permaneció pasiva la mayor parte del tiempo y me permitió follar su boca a toda fuerza, incluso mientras bombeaba mi polla con su mano y acariciaba mis pelotas.
—¡Uuuggghhh! … ¡Me voy a correr! …
—¡Ah-ha! … ¡Hazlo! …
Respondió en forma fugaz y luego volvió a chupar mi polla solícitamente, chupándome cada vez más fuerte. Mi cuerpo tembló por entero y convulsione en espasmódicos tiritones provocados por las ráfagas de esperma candente que salía disparadas por mi polla. Me contorsioné sobre el sillón y golpeé los reposabrazos del sillón con las palmas de mis manos. Angela no se separó ni un centímetro de mi polla bebiendo toda mi esencia masculina.
Los filamentos densos de semen llenaron la boca de mi hermana y se veía a ella deglutir el todo haciéndolo deslizar por su garganta. Ella gimió apreciativamente mientras se engolosinaba con mi cremoso semen. Prosiguió chupando y drenando mi polla con sus dedos hasta que no salió más nada, mis bolas habían sido vaciadas. Había burbujas mezcladas con su saliva que escapaban en poca cantidad de la comisura de sus labios rojos. Finalmente extrajo mi polla de su boca y se dio unos golpecitos con ella en sus pómulos sonrojados.
Gruñí y gemí mientras arrojaba cada gota de esperma que mi bolas contenían en la boca invitante de mi hermana, antes de caer hacia atrás y hacer una mueca mezcla de dolor y placer cuando mi pene se volvió demasiado sensible. Ella parecía saber exactamente cuándo dejar de chupar o aplicar solo una suave presión cuando se requería o quitarme la boca de encima del todo para dejarme recuperar. Ella se levantó mirando mi pene ligeramente blandengue mientras sus manos seguían masturbándome. Una espesa burbuja espumosa de semen se formó en la punta de mi polla y ella prontamente me limpió con su lengua.
Finalmente dio por terminada su obra, se lamió los labios saboreando las trazas de esperma que aún asomaban por la comisura de sus labios y su barbilla con una ligera babita espumosa que ella limpió con el dorso de su mano. La miré sereno y feliz, agradecido le lancé un afectuoso besito, mi respiración todavía era fatigosa. Ella se puso frente a mí y abrió su boca para mostrarme el blanco charco de semen pegajoso almacenado en su boca. La observé intrigado, ella con una risita se tragó todo sin quitar sus ojos de los míos.
—¡Hmmmmmm! … Realmente delicioso …
Comentó sin dejar de magrear mi pene suavemente con sus dos manos. Casi me desmayo disfrutando el modo de ser de mi hermanita. Me recompuse de inmediato cuando ella me dijo:
—¡Maldito sea, Darío! … ¡Esa fue una tremenda carga! …
Dijo suspirando y presionando mi polla con sus dedos para hacer salir alguna gotita retrasada. Se mordió su labio inferior antes de inclinarse y hurguetear mi orificio peneano con su lengua en busca de más semen.
—¡Chico! … ¡Todas esas veces que te vi chorrear, siempre me pregunté si sería capaz de tomarlo todo! … ¡Estuvo delicioso! … ¡Deberíamos haberlo hecho antes! …
Jadeé un tanto agotado, pero increíblemente satisfecho:
—¡Santo cielo! … ¡Boca bendita! … ¡Eso fue, increíble! …
Angela se rio y luego deslizó su pierna sobre mi cuerpo, sentándose a horcajadas sobre mi sin ningún pudor. Sentí el calor y la humedad de su coño contra mis bolas. Ella se levantó la remera dejando al descubierto su vientre bien tonificado y bronceado. Podía ver perfectamente la abertura de la parte superior de su panocha regordeta totalmente lampiña. La ausencia de vello púbico en contrasto con su piel bronceada, hacía parecer su labia vaginal todavía más blanca. Su clítoris era bastante grueso y visible envuelto en su capucha rosada, brillante y mojada.
No entendía el porqué ella frotaba la cabezota de mi pene manchada de esperma, contra su vulva caliente y resbaladiza. Mi polla casi no se había reblandecido después de su mamada. Ahora al calor de su enrojecida área genital, mi polla se ponía aún más duro. Sólo con un prolongado gemido, Angela absorbió mi gruesa cabezota en su apretado y ardiente coño. Dos o tres centímetros de mi pene se hundieron en su vagina.
—¡Oooohhhh … Ummmmm! …
De repente me sentí horrorizado al darme cuenta de lo que estaba pasando. Mi hermanita se había empalado en mi polla enhiesta. Sus ojos brillantes estaban muy abiertos y era inequívoca su expresión de dichoso placer, su sonrisa se extendía de oreja a oreja. Por mucho que me excitara de estar haciendo gozar a mi hermana con mi dura polla, una ola de pánico me invadió. ¡Mi polla dura y desnuda estaba en el coño de mi hermana! ¡Mi hermana me estaba follando!
Pero mi pene no la penetraba totalmente, parecía haberse atascado en algo. Había un obstáculo. Había una barrera. ¡Mierda! ¡Ese es el himen de Angela! ¿¿Angela es virgen?? Me quedé sin aliento y grité:
—¡Espera! … ¡Espera! … ¡Angela, qué…! … ¿Eres virgen? …
—¡Ah-ha! …
Me dijo y sus mejillas se tiñeron de rojo, mientras presionaba con el peso de su cuerpo contra mi polla. Me miró fijamente a los ojos, su mirada estaba encendida de ardor y pasión, entre dientes me dijo:
—Ya era hora que folláramos, Darío … Lo deseaba tanto …
De repente empujó con todo su peso hacia abajo, haciendo que mi polla invadiera su estrecho canal vaginal rompiendo para siempre la membrana de su virginidad.
—¡Aaaggghhh! … ¡Ay! … ¡Ayayay! … ¡Uuuggghhh! … ¡Ouch! … ¡Ay! …
Gritó ella escondiendo su rostro en mi cuello. Sentí la tibieza de su sangre en mis bolas. Ella aplastó su pubis contra mí, absorbiendo mi entera polla en su coño. La sentí teniendo espasmos y escalofríos convulsivos. Levanté su rostro y vi la mueca de dolor dibujada en su cara. La desfloración la estaba afectando.
Su cuerpo se estremeció, sus caderas se flexionaron, sus muslos se tensaron y su coño se contrajo apretando mi polla. La miré asombrado y preocupado. Ella acababa de darme su virginidad, pensé sorprendido. ¿Cómo que esto fue posible? ¿Cómo es que ella era todavía virgen? Pensé que ya no lo era desde hace un par de años.
Angela se estremeció un rato más, luego el dolor aminoró y dio paso al placer. Con los ojos cerrados y gemidos mezcla de placer y dolor ella comenzó a moverse hacia arriba y hacia abajo lentamente al principio. Dándome cuenta de que me estaba follando una virgen, mi pene se sacudió dentro de su apretado coño. Perdí la noción del tiempo y la realidad de que el ceñido coño que estrujaba estrechamente mi verga, era el de mi hermanita y que lo que estábamos haciendo era incesto puro y duro. Lo único que percibía intensamente, era lo apretado que se sentía, su increíble calidez y humedad deslizándose alrededor de mi polla tumescente.
Angela se entregaba por completo a mí, esta era su primera follada, ahora ella rebotaba sobre mí arriba y abajo, con los muslos tensos, levantando y bajando su cuerpo sobre mi dura pija; ella se empalaba con entusiasmo sobre mi estaca pulsante. Presionaba su abdomen contra mí con un rápido movimientos de sus caderas, jadeaba y gemía agitadamente mientras me follaba. Su jugoso coño aprisionando estrechamente mi nervuda polla. Podía sentir sus copiosos fluidos goteando por mis bolas.
Renuncié a cualquier atisbo de arrepentimiento y la ayudé en la primera y frenética follada de su vida; la tomé por las caderas tirándola delicadamente sobre mi pene mientras bombeada toda mi envergadura dentro de ella. Había manchas de sangre en mis muslos e ingle, su vulva estaba hinchada y enrojecida, mis vellos púbicos enmarañados en la viscosa mezcla rojiza. Al parecer todo el dolor de su desfloración se extinguió. Ahora ella sentía sólo placer y trabajaba la primera polla en su coño deliciosamente. Me follaba con un entusiasmo desbordado, duro y rápido; abofeteando sus muslos contra los míos. Sus dedos con afiladas uñas arañaron mis hombros y mi espalda. Su rostro estaba resplandeciente y de repente comenzó a fruncir su ceño.
—¡Oh, Darío! … ¡Ummm, Darío! … ¡Oh, Darío, qué rico! … ¡Ohhhh! … ¡Umpf! … ¡Uhhhh! … ¡Oh, Darío, me voy a correr! … ¡Me voy a correr! … ¡Aaaaaahhhhhhhhh! … ¡Me corro! … ¡Umpf! … ¡Me corro! … ¡Oh, Darío, me corro! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhh! … ¡Que rico que se siente tu polla en mi coño, Darío! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhhhh! … ¡Qué ricooooo! … ¡Umpf! …
Su cuerpo temblaba en forma increíble, no dejaba de saltar y estrecharme contra su cuerpo. A ratos tiraba de mi cabello, a ratos besaba mi cabeza, mi frente, mi rostro. Siempre sin dejar de apretar su pubis contra mí y mover sus caderas temblorosamente.
Era su primer orgasmo con una polla de verdad en su panocha deliciosa y candente. Su cuevita del amor se hizo muy estrecha para mi verga. A ratos estrangulaba mi venosa polla con sus fuertes músculos vaginales. Gruñí ante las fuertes y convulsivas contracciones. Parecía como si me hubiese succionado dentro de ella sin poder salir, apenas podía moverme. Finalmente su coño comenzó a relajarse y ella siguió moviéndose y follándome con su ceñido coño ya no virgen. Se separó ligeramente de mí y había un cambio en su rostro. Ahora ella era una completa mujer, sus ojos brillaban de ardiente y genuina lujuria.
—¡Me corrí, Darío! … ¡Me corrí en tu linda polla! … ¡Oh, Santo Dios! … ¡Eso se sintió tan bien! …
Ya no había vuelta atrás. Me levanté y la recosté sobre el sillón. Ella me miraba con una adoración casi implorante. Gimió cuando separé sus piernas y en susurro me dijo:
—¡Fóllame, Darío! … ¡Fóllame con tu polla de hermano mayor! …
La vista era demasiado excitante y me encendí de nuevo con mi polla alcanzando su dureza máxima. Enterré mi polla en su pequeño coño que rezumaba fluidos sanguinosos que mancharon toda mi verga y se esparció por su montículo y nalgas. La vista era casi surrealista.
Angela observaba mi polla que entraba y salía de su coño casi en trance, hipnotizada por la visión inverosímil y casi sobrenatural. Sus pliegues sobresalían arrastrados por mi polla que bombeaba sin descanso su maltrecha panocha sanguinolenta. Sostuve sus tobillos en el aire con sus piernas bien separadas, admirando la belleza de sus extremidades largas y bien torneadas, luego me las llevé a mis hombros e inicié una frenética follada a su martirizado y apretado coño. Debo admitir que Angela era de una belleza superlativa.
—¡Oh, Darío! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Uuuuuuuhhh! … ¡Umpf! … ¡Qué rico, Dario! … ¡Otra vez! … ¡Darío me estoy corriendo otra vez! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Umpf! … ¡Aaaahhhh! …
Grito Angela mientras volvía a explotar en un potente orgasmo. Su coño estrujaba con fuerza mi pene y me hizo estremecer. Las ondulaciones, presiones y el furibundo movimiento de caderas de Angela y su coño, fueron demasiado para mí. Miré su vulva inflamada y su clítoris tiritaba fuera de su capucha. Entonces comenzó mi propia eufórica eyaculación.
—¡Uuugggrrrhhh! … ¡Demonios, Angela! … ¡No puedo! … ¡No puedo aguantar! … ¡Me voy a correr en tu coño apretado hermanita! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Toma! … ¡Prende toda mi leche! … ¡Uuuggghhh! … ¡Uuuggghhh! … ¡Umpf! … ¡Uuuggghhh! …
Mi pene explotó en su vagina brillante e hinchada, chapoteando en el lago de fluidos. Angela jadeó mirando mi explosiva polla que rellenaba su ajustado coñito. Su rostro estaba alborozado y de color escarlata. Sus ojos ampliamente abierto relucían en un arcoíris de colores. Tomó los bordes de su remera y la subió hasta el cuello, dejando al descubierto las tetitas más hermosas que jamás haya visto en mi vida; redondas, firmes, con pezones hinchados de uno o más centímetros y sendas puntitas en sus ápices a forma de gomitas de lápices.
La extraordinaria visión de esos deliciosos bocaditos cremosos aumento mi orgasmo y clavé con fuerza mi polla en su panocha disparando las últimas salvas de denso semen, rápidamente saqué mi polla de su agujero rebozado de esperma y disparé contra esas colinas lechosas de sus tetas, alcanzándolas de lleno y goteando su vientre y su montículo lampiño. Angela me miró con una alegre sonrisa viendo como la embadurnaba de semen. Exprimí hasta la última gota sobre su piel cobriza, mientras ella arrullaba y ronroneaba como una felina. Luego por un repentino impulso, me deslicé hacia abajo y enterré en un solo movimiento mi polla hasta que mis bolas tocaron sus muslos. Ella jadeó y abrió su boca sicalípticamente apreciando la longitud de mi polla estirando sus carnes íntimas. Luego se relajó, envolvió mis glúteos con sus piernas, sus manos atraparon mis hombros y se pegó a mi cuerpo empujando su panocha contra mi polla lo más profundo que pudo.
Sus ojos estaban cerrados, pero su expresión era de pura felicidad. Untó sus dedos con restos de semen y se los llevó a la boca, succionándolos erótica y ruidosamente. Me desplomé sobre ella jadeando en busca de aliento. Su cuerpo rociado de semen presionó contra el mío y me abrazó estrechamente. Temblé sintiendo sus labios y lengua haciéndome cosquillas en mi cuello. Los músculos de su conchita todavía trabajaban en mi polla. ¡Demonios! ¿Esto realmente acaba de suceder? ¿Lo hicimos? ¿Mi hermana y yo follando? ¿Nosotros? ¿Ella y yo teniendo relaciones sexuales? ¡Oh, Señor, no!
Me di la vuelta boca arriba y la arrastre conmigo. Ella se abrazó a mi pecho durante varios momentos murmurando y susurrando cosas que no alcanzaba a entender, inhalaba y exhalaba pacíficamente. De repente se levantó. Su remera cayó alrededor de su cuerpo como un bastidor, pegado a su piel manchada de semen. Parecía aturdida y descoordinada, incluso ebria. Evitó de mirarme a los ojos. La escuché quejarse de dolor y vislumbré la mueca en su rostro cuando mi polla salió de su apretado coño. Tropezó y trastabilló mientras se dirigía al baño. Cerró la puerta de golpe detrás de ella y oí el ruido del asiento del inodoro. Me sentí terriblemente culpable. Acababa de follarme a mi hermana, y mucho más que eso; le quité la virginidad.
*****
Cuando tuve la oportunidad me fui al baño a darme una ducha en el baño que ella y yo compartíamos. Lavé toda evidencia de nuestro coito. Los filamentos carmesí de mi semen y su sangre se desvanecieron por el desagüe, pero en mi conciencia había una mancha imborrable de vergüenza, una que no podría quitarme jamás de mi mente enferma. Después de secarme bien con la toalla, me miré al espejó y me dieron ganas de escupir a mi pervertido yo que me devolvía la mirada en el reflejo del cristal; ni siquiera un par de paquetes de cerveza podría sacarme de la cabeza lo que acababa de cometer. Mi cerebro inició un soliloquio, el lado derecho dijo:
—Disculpe Sr, cerebro izquierdo … Te follaste a tu hermana … Le quitaste su virginidad … Eso es un acto depravado, enfermizo, pervertido y enfermizo …
—¡Ehm! … Creo que te equivocas lado Derecho … Sólo por si no prestó la atención debida, fue ella la que me folló a mi … ¿Dónde estaba usted que no se dio cuenta? …
—¡Oh, sí, claro! … ¡Cómo si te hubieras esforzado mucho para evitar que eso sucediera! … Especialmente cuando la hiciste rodar sobre su espalda y le clavaste tu polla inmunda y depravada, ¿eh? … Luego le rociaste tu semen asqueroso sobre sus tetas, ¿no es eso lo que hiciste? …
—¡Oh, mierda! … ¡Está bien! … ¡Cállate cerebro cabrón! …
Suspiré anonadado. ¡Santo cielo! Me voy a volver loco discutiendo conmigo mismo. Ya puedo hasta elucubrar sobre el diagnóstico del psiquiatra en su catedra:
—“Señores … Este es el tipo clásico de aquel que le reventó el coño a su hermana y se volvió paranoico y esquizofrénico … Cuidado con él … Es un verdadero cabrón depravado”
Inhalé y sacudí mi cabeza haciendo una mueca desagradable. En mi habitación me puse unos shorts y una remera de mi escuadra del corazón. Dudé antes de bajar las escaleras. Desde la sala de estar me llegó el sonido de la televisión; era Shrek y Burro que escapaban de la Dragona. Me detuve al pie de las escaleras y vi a Angela sentada igual que antes, con un cuenco de popcorn en su regazo de donde comía de tanto en tanto.
En silencio la observé sin que ella me notara, me di cuenta lo hermosa que era, casualmente sexy y dulce. Se había cambiado la remera, ahora llevaba una rosada y descolorida de Hello Kitty. Su cabello estaba ordenado en un redondo chongo. Me parecía de verla por primera vez y me pregunté si lo vivido con ella no haya sido más que una fantasía. Probablemente había subido a mi habitación y me había masturbado fantaseando con ella. ¡Santo cielo! Ella se veía tan linda, dulce, libre y…
Su hermoso rostro reluciente se giró hacia mí, sus ojos muy abiertos, todavía había inocencia en su mirada, pero también había algo más. La culpa volvió a martirizarme. Ahora me di cuenta de que yo me había tomado también su inocencia.
—¡Hola, Darío! …
Susurró dándome una pequeña sonrisa. Suspiré confundido y dije:
—Escucha, Angela … Yo…
—¡No lo hagas, Darío! …
Dijo abrupta y nerviosamente. Sus ojos se expandieron un poco mientras contenía las lágrimas. Luego agregó:
—¡Sé lo que vas a decir, así que no lo hagas! … No es una gran cosa, ¿sabes? …
Parpadeé estupefacto ante sus palabras.
—¿Cómo? … ¿No es una gran cosa? … ¡Santo cielo, Angela! … ¡Hasta hace menos de una hora eras virgen! …
Angela parpadeó velozmente, miró su plato de popcorn. Lágrimas se deslizaron por sus pómulos.
—¡Lo sé! …
Ella levantó su rostro y me miró con una mirada que haría llorar hasta a Kim Jong-un.
—El hecho es que me sentí bien … Y nada más importa …
Dijo con una tímida sonrisa; sus labios temblaban, como así también su barbilla. Me acerqué lentamente a ella que me miraba con sus ojos luminosos. Me arrodillé ante ella y tomé sus manos temblorosas en las mías.
—Ese no es el punto … Angela, tesoro … ¿Por qué? … ¿Por qué yo? … ¿Por qué de este modo? …
Sacudió la cabeza lentamente, sus ojos en los míos horadaban mi alma.
—No lo sé …
Dijo con voz de niña ahogada, luego añadió:
—¡Ehm! … Bueno … Quiero decir, desde la pubertad…
Hizo una pausa reflexionando sobre sus palabras, luego prosiguió:
—Solía verte trabajar en el jardín … Jugar a la pelota con tus amigos en el patio … Escuchaba a las chicas que hablaban de ti, te encontraban muy buen mozo y… ¡Ehm! … Siempre estabas ahí … Estabas cerca, y… y…
Su voz se quebró e inició a sollozar con sus labios fruncidos. La miré en silencio y masajeé sus manos. Ya no me sentía tan culpable, al parecer ella indirectamente había querido hacer lo que hicimos. Tal vez no lo había planeado así, pero obviamente lo había tenido en mente. La escuché cuando prosiguió su discurso:
—Yo … Yo solía fantasear contigo …
Dijo con una mueca en sus labios, a continuación dijo:
—Inventaba un montón de pequeños escenarios en mi mente ... ¡Sólo Dios sabe cuántas veces hemos hecho el amor en mis sueños! … Me ponía celosa cuando salías con otra chica, y… cuando crecí y comencé a salir con otros chicos, seguía pensando en ti … No iba a renunciar a ti jamás, excepto por Brad Pitt, probablemente …
Sonrió y yo no pude evitar de reír. La tensión se iba desvaneciendo a medida que hablábamos de la situación, ella continuó:
—Lo sé que todo el mundo habla mal de mí … “Angela la puta, dicen” … La que cambia chico todas las semanas y se los lleva a lugares oscuros … Pero sólo coqueteo con ellos … Y como salgo siempre con uno distinto, la gente asume de que soy muy puta … ¡Pero no es así! … Quiero decir, es verdad que he hecho un centenar de pajas y otras tantas mamadas … Pero… yo…
Su rostro se había teñido de rojo, acaricié su mano y dije:
—Angela … No creo que seas una puta …
Me miró a los ojos y vi su fuerza y energía en los de ella, me preguntó:
—¿Quieres saber por qué me quedé en casa esta noche? …
—¿Por qué? …
Contra pregunté mirando su hermoso rostro. Mi hermana levantó su cara y miró distraídamente al techo, su mente buscaba las palabras para responder a mi pregunta, suspiró y dijo:
—Existe un chico … Un hombre … Se llama Roberto … He estado saliendo con él desde algún tiempo … Él es mayor que yo y está casado …
Se detuvo y sonrió en señal de desaprobación; prosiguió:
—Lo conocí al supermercado, hemos conversado y nos llevamos bien … Pensé que era sexy ser “la otra”, ¿sabes? … Al principio le hacía cosas manuales y orales … Pero Roberto quería más, me decía que debíamos ir más alla y tener una relación sexual completa … Él se dio cuenta de que yo era virgen y comenzó a presionarme cada vez más … Dijo que sería muy amable y me haría sentir bien …
Angela tragó saliva y cerró los ojos por un instante, algunas lágrimas brotaron y automáticamente levanté mi mano y las recogí en mi dedos. Ella se estremeció y me sonrió con cariño. Ella continuó:
—Se suponía que iba a ser esta noche … Lo había planeado todo … Me había mostrado el Motel … Bonitas habitaciones, me dijo … Iba a tener vino, rosas y velas … Pero no pude hacerlo … No quise ir … Quiero decir…
—Pero eso sería todo … Luego jamás te volvería a llamar …
La interrumpí apretando sus manos, entonces pregunté:
—Es por eso por lo que apagaste el teléfono, ¿verdad? …
Angela movió su cabeza afirmativamente y apretó mis manos, sus ojos brillaban mientras me miraba.
—Nos íbamos a encontrar a las seis, ¿sabes? … Iríamos a cenar, luego… Bueno, ya sabes …
Respiró profundamente y espetó:
—Simplemente no pude hacerlo … ¡Yo quería hacerlo! … ¡Dios santo, sí que lo quería! … Estuve cachonda todo el día pensando en ello … Me masturbé poco antes que volvieras … Pero comencé a pensar y deduje que él sólo quería mi virginidad … No quería ser usada … Quería estar con alguien con quien seguir una relación distinta … Quería algo diferente …
Suspiré y esta vez yo mire al techo:
—Entonces … Cuando llegué a casa…
Ella me sonrió y asintió.
—Estabas cerca … No es que yo lo haya planeado así … Pero siempre estabas en mi mente … ¿Recuerdas a mi amiga, Mónica? …
Asentí. Mónica era una rubia con unos kilos de más; enormes senos y un trasero mega galáctico.
—Ella y su hermano están juntos desde hace un tiempo … Su primer sexo fue con él … Siempre me pregunté cómo es que estaban tan bien juntos … Cuando ella me dijo todo … Comencé a pensar en ti y en mí … Nosotros también siempre hemos sido cercanos … Y todas esas veces que has estado en mis sueños … Siempre he estado contigo, siempre te he tenido en mi mente …
En eso ella se sonrió animada y cariñosamente me dijo:
—Bueno … Así que esta noche, cuando llegaste a casa, estabas muy enojado con Mariella … En principio pensé en solo hacerte una mamada para dejarte feliz …
Sus mejillas se encendieron cuando dijo:
—Por un momento me sentí mal por ti … Estabas tan enojado y frustrado por todo eso … Entonces yo también necesitaba algo para ayudarme … Y ahí estabas tú, todo duro y… ¡Mierda! … Tan grande y no pude evitarlo, ¿sabes? …
A pesar de todo sonreí comprensivamente. Miré hacia abajo y noté lo suaves y perfectas que estaban sus largas piernas bronceadas.
—¿Te gustó, Darío? …
Preguntó Angela, sorpresivamente.
—¿Ah? …
Dije mirándola sorprendido. Ella hizo una mueca y frunció sus labios.
—¿Te gustó? …
—¡Oh, Angela! … ¡Fue increíble! …
Sus ojos destellaban luminosos:
—¿Lo dices en serio? …
—¡Por supuesto que sí! … ¿Cómo te sientes? … Quiero decir … ¡Ehm! … Ahí abajo …
—Bueno … ¡Uhm! … Me duele un poco … Está todo hinchado … Pero creo que es lo normal … Por lo demás, estoy bien …
Bajé la cabeza, volvieron los pensamientos conflictivos a mi mente. Por un lado, me sentí afortunado y orgulloso de haber sido escogido por mi hermana para entregarle su doncellez. Por otro lado, entendí que todo había sido fundamentalmente incorrecto, aun cuando se haya sentido fantástico. La miré con cariño y le dije:
—Angela … No sé qué pensar de todo esto … Quiero decir, te amo de verdad y siempre lo haré …
—Yo también te amo, Darío …
Dijo rápidamente mientras me miraba dulce y afectuosamente.
—Pero eres mi hermana, cariño …
Dije en forma emblemática y elocuente.
—Lo sé … También sé que, por mucho que desearía que pudiéramos estar juntos; no podemos … No como para siempre … Pero quiero que sepas, Darío, que lo que paso entre nosotros, nunca lo olvidaré ni me arrepentiré … No puedo pensar en ningún otro hombre que quisiera que fuera mi primer hombre … Siempre has estado tú en mi mente … Además, puedo decir que el hombre al que le di mi virginidad me amará y estará siempre ahí para mí …
Ciertamente esta lógica era personal de ella, pero le encontré todo sentido.
—No tienes que preocuparte por eso …
Dije mientras me levantaba y besaba, ella recibió con entusiasmo mi beso. Tampoco fue un piquito. Angela abrió su boca y metió su lengua en mi boca. Suspiró profundamente succionando mis labios y me persiguió mientras yo intentaba retroceder.
—¡Hey! … ¡Cuidado! …
—Es que tú me pones así de cachonda otra vez …
Percibí el movimiento de sus caderas y mi libido obnubiló mi mente racional. Mis ojos deambulaban por su delgado cuerpo. ¿Sería tan malo hacerlo otra vez?, me pregunté.
Angela me miró con pasión y lujuria. Sus manos atraparon mi rostro y me suplicó:
—Darío … No me hagas sufrir, por favor …
Mantuve mi mirada en sus ojos y quité el cuenco de su regazo. Ella respiró profundamente cuando miró hacia abajo y vio que su coño estaba al descubierto. Yo también miré y vi los labios mayores inflamados y ligeramente enrojecidos. Su grueso clítoris estaba túrgido y fuera de su capucha. La fragancia de su jabón íntimo se mezclaba con el almizcle natural de su panocha.
La tomé de las manos y la hice sentar sobre el sillón. Ella obedecía todas las indicaciones de movimiento de buena gana. Separó y extendió sus piernas ampliamente, fijando su duro trasero al borde del sillón, se echó ligeramente hacia atrás sosteniéndose en sus codos, mientras sus largas piernas flotaban en el aire.
—¿Quieres que lo volvamos a hacer? …
—Sí … Por favor …
Gimió ella desesperadamente. Sonreí mientras bajaba mi cabeza. Inspeccioné el dulce y fragante coño de mi hermana. Los labios menores estaban inflamados, su vulva rosada estaba enrojecida, pero bastante húmeda. El pequeñísimo agujero de su ano era de color rosado y muy apretado, evidentemente era virgen de allí todavía. Suspiré increíblemente excitado. Estaba a centímetros de sus labios mayores, no pude resistir y supe que debía saborear el coño de Angela, por pervertida que parezca la idea, esto me puso muy cachondo. ¡A la mierda todo! Soy un pervertido, pensé y besé los labios vaginales de ella. Comencé a comerme el cálido y suculento coño de mi hermana. Gemí en aprobación. Estaba delicioso, lo lamí y lo chupé deslizando mi boca por todo el carnoso surco de su panocha.
—¡Oh, Dios, Darío! … ¡No pares! … ¡Aunque me lleves al maldito infierno, no te detengas! … ¡Sigue, Darío, sigue! …
Gemí lamiendo el coño de Angela, amando la sensación de su montículo liso, suave y sin vellos. Se lo chupe con entusiasmo, mojándolo con mi saliva y esparciendo los fluidos que comenzaban a rezumar de su agujero candente moviendo mi cabeza hacia atrás y hacia adelante. Ella empujó su vulva contra mi rostro riendo, suspirando y gimiendo de placer, movía sus caderas alocadamente en círculos. Cuando atrapaba su clítoris entre mis labios, ella se estremecía, agarraba mi cabeza y me tiraba con fuerza encima de ella.
—¡Oh, sí, uhmmm! … ¡Oh … Oh … Oh …Oh! … ¡Umpf! … ¡Hazlo, Darío! … ¡Haz que me corra! … ¡Oh, Dios! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Aaaaahhhhh! … ¡Oh! … ¡Uhhhhhhh! … ¡Oh! …
Chupé y sorbí todos sus jugos, extendí sus labios mayores con mis dedos y chupé sus enrojecidos labios menores, metiendo mi lengua lo más profundo que podía en su estrecha cuevita. Angela gritó y convulsionó follando mi cara enérgicamente cuando su orgasmo la golpeó con fuerza, pero no se dio por vencida, continuó a moverse con sus manos aferrando mi cabeza y guiándola contra su jugoso agujero. Mojó todo mi rostro con chorritos de su femineidad y yo abrí mi boca para beber su esencia de mujer tragándolo como un sediento. ¡Maldita sea! ¡Sabía tan bien!
La seguí chupando, haciéndola temblar de pies a cabeza. A un cierto punto ella trato de alejarme de su sensible clítoris, pero bloqueé sus piernas y mantuve mi boca sobre su coño encharcado, chupándola enérgicamente. Angela cayó hacia atrás sobre el sofá gritando y profiriendo vocablos incoherentes e ininteligibles; ella había plantado sus piececitos sobre el sillón y levantado sus caderas en el aire, aplastando su panocha contra mi boca. Se corrió un par de veces más, contorsionándose sobre el sofá con su coño rezumando fluidos abundantes. La parte interna de sus muslos, su montículo, sus nalgas; como así también mi barbilla y mi boca estaban empapados de su dulce ambrosía.
Los pechos de Angela subían y bajaban con su pesada respiración agitada. En algún momento mientras la chupaba, ella se había quitado su remera y ahora estaba totalmente desnuda sobre el diván. Su hinchada labia vaginal brillaba de un rosado oscuro, sus pezones habían vuelto a hincharse y sobresalían un centímetro o más, irguiéndose de sus puntiagudas y gordas tetas. Me moví encima de ella y comencé a chupar una de esas lechosas colinas, prodigándole especial atención a su duro pezón, ella apretó mi cara contra su seno firme y duro. La escuché susurrar y sentí el estremecimiento de su cuerpo.
—Darío … Fóllame por favor …
Jadeó cerca de mi oído, aplastando su pubis contra mí con urgencia. Se movió debajo de mí y con sus manos empujó mis shorts hacia abajo. Mi polla respingona, saltó inmediatamente al sentir la calidez y humedad de sus muslos:
—¡Oh, por Dios, Darío! … ¡Quiero tanto que me cojas! … ¡Házmelo! … ¡Fóllame, cariño! … ¡Fóllame toda la noche! …
Presioné mi boca contra la suya y empujé lentamente mi rígida polla en su invitante y estrecha panocha. Ahogué su grito con mi boca, besándola profundamente y afondé mi polla hasta mis bolas en su ceñido agujero recién estrenado. Angela chupó mi lengua con desesperación, bebiendo de sus propios fluidos, luego lamió mi cuello y mordió mi hombro gimiendo y chillando mientras mi polla volvía a estirar su apretado coño. Me rodeó con sus piernas, taloneando mis muslos con sus talones para empujarme más adentro de ella. Resistió mis embestidas y de vuelta me folló con la misma ansiedad que yo la follaba a ella. Ambos jadeábamos y gemíamos, compartiendo besos y caricias mientras nos entregábamos ardorosamente el uno al otro.
Angela metió sus brazos y atrapó mis hombros, luego se movió alocadamente apretando estrechamente mi polla con su vagina. Gritó y convulsionó en otro orgasmo. Estabamos empapados en sudor y fluidos del coño de ella. Me sentí increíblemente excitado y mientras ella se corría la follé impetuosamente, sintiendo los apretujones que su coño le daba a mi polla.
—¡Oh, Dios, Darío! … ¡Quiero volver a sentirlo! … ¡Dámelo, Darío! … ¡Córrete dentro de mí! … ¡Fóllame y córrete dentro de mí, por favor! … ¡Ohhh, ssííí! … ¡Hazlo, por favor! …
Gemí fuerte cuando sentí que mi cuerpo se tensaba. Embestí con fuerza su pubis, me levanté ligeramente para ver mi polla desaparecer y aparecer dentro de su coño, pude ver su clítoris tembloroso y esto me animó a follarla con más fuerza. Sus labia vaginal estaba cerrada estrechamente alrededor de mi polla.
—¡Oh, Cielo santo! …
Jadeé, arqueando mi espalda para penetrarla profundamente. Me di cuenta de que no iba a aguantar más. Angela chilló fuerte, agarró mis nalgas y clavó sus dedos en mis glúteos.
—¡No pares, Darío! … ¡Uhmmmm, no te detengas! …
Miré su rostro deformado por la lujuria y comencé a eyacular dentro de su apretado coño chupador, llenándola completamente con mi esperma.
—¡Uuugghhh! … ¡Uuugghhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me corro dentro de ti, hermana! … ¡Te lo doy todo! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Tómalo todo! … ¡Es todo para ti, Angela, amor mío! …
Seguí bombeando, rociando su apretada conchita mientras sus ojos resplandecientes lanzaban destellos de felicidad. Seguí embistiéndola suavemente mientras mi polla disparaba los últimos borbotones en la profundo de su coño.
—¡Aaahhhh! … ¡Oh, Darío, Cielo santo! … ¡Lo sentí, Darío! … ¡Sentí cuando me dabas tu tibieza! … ¡Me has hecho tan feliz! … ¡Te amo, Darío, gracias! …
Angela había vuelto a correrse mientras yo la llenaba con ráfagas de semen. Movimos juntos nuestras pelvis y empujamos el uno contra el otro, mientras oleadas de esperma salpicaban sus paredes vaginales que estrujaban mi polla, la estrangulaban, drenaban y ordeñaban hasta la última gota.
Agotado y sin fuerzas, me desplomé encima de ella. Angela gimió, murmuró satisfecha debajo de mí; bajó sus piernas y las deslizó en medio a las mías, manteniendo mi polla apretada en su cálido y jugosa conchita. Acarició mi espalda con las palmas de sus manos y me besó tiernamente. Me olvidé de todo, hasta de mi conciencia.
—¿Estás bien, cariño? …
Arrulló Angela, mientras me abrazaba con fuerza.
—¡Quédate quietecito! … ¡Se siente tan bien tu pene dentro de mí! … ¡Oh, Dios! … ¡Qué rico que se siente! …
*****
A la mañana siguiente me desperté extenuado. Me quejé cuando me giré sobre mi cama. Me froté los ojos y miré el angelical rostro de mi hermana que dormía. El aroma de sexo era denso todo a nuestro alrededor. Angela y yo, habíamos hecho el amor durante toda la noche. Estaba literalmente agotado y me pregunté si mis bolas algunas vez se recuperarían después de esta maratón sexual.
El rostro de mi hermana brillaba lozano y lucía realmente hermosa bajo el resplandor del sol matinal. El bronceado claro de su piel relumbraba. Las sábanas cubrían solo parcialmente su cuerpo desnudo. Me sentí atraído por la forma de sus pezones hinchados. Tomé uno entre mis dedos y lo acaricié, haciendo que ella se sacudiera y apartara mi mano de sus tetas. Me reí entre dientes.
La vi que se movía, respiró profundamente, se lamió los labios una vez y sonrió. No sé qué cosa estaba soñando, pero sin duda le gustaba. Me incliné y la besé en la boca. Gimió, dio un largo bostezo, murmuró algo ininteligible y abrió sus ojos despertándose como la cosa más natural del mundo. Me sonrió girándose hacia mí y me abrazó. Nos besamos con ternura y amor verdadero.
Angela levantó una de sus piernas y la colocó sobre mi muslo. Mi polla dura como piedra se deslizó bajo su ingle, dio un respingo al sentir la esponjosa calidez y humedad de sus labios vaginales. Angela se mordió el labio inferior y suspiró apasionadamente sintiendo la cabeza de mi pene que empujaba y separaba su labia vaginal.
—¡Hmmmm! … Sexo matutino, ¿eh? …
—¡Dios, que eres hermosa, Angela! …
Sonrió y sus ojos claros se encendieron.
—Tú también eres lindo …
Cerró sus ojos y gimió, abriendo su boca a forma de “O”, cuando mi pene la penetró lentamente.
—¡Oh, Dios, Darío! … No vamos a hacer esto todo el fin de semana, ¿verdad? …
Mientras iniciaba a follarla lentamente, le respondí:
—¿Y por qué no? …
Ella se rio sonoramente, acarició los vellos de mi pecho, se mordió el labio inferior sensualmente, empezó a balancear sus caderas y dijo:
—¡Bien! … ¡Me parece bien! …
*****
Muchas veces me he preguntado si mamá se habrá dado cuenta de lo nuestro. Angela y yo siempre habíamos sido muy cercanos, pero después de ese maratónico fin de semana, nos volvimos aún más cercanos. Salíamos juntos a todas partes, nos tomábamos de la mano en público, nos besábamos en los labios incluso frente a nuestros amigos. Mamá a veces nos miraba intrigada, incluso había algo de preocupación en su mirada, especialmente desde que comenzamos a sentarnos a la mesa el uno al lado del otro, en vez de frente a frente.
Ella nunca dijo nada. Tal vez no quería pensar en que sus dos únicos hijos estaban involucrados en una tórrida relación incestuosa y no quería arriesgarse a preguntar al respecto. O simplemente no le molestaba.
Angela y yo continuamos saliendo con otras personas, pero los fines de semana, cuando mamá no estaba en casa, ella y yo disfrutábamos de nuestras relaciones sexuales incestuosas. Permanecíamos desnudos casi todo el tiempo y hacíamos el amor muchas veces, incluso en el patio trasero y en la piscina. Nos deteníamos solo para comer y dormir.
También nos dábamos tiempo para tener algún “Rapidín” durante la semana para satisfacer nuestros ilimitados deseos del uno por el otro. Angela me hacía mamadas en la cochera o en mi auto. Por las noches mientras mamá dormía, ella o yo nos escabullíamos de nuestros dormitorios para ir en busca del otro. Mientras continuábamos nuestras relaciones con los demás, ni Angela ni yo sentimos que estuviéramos engañando a nuestros respectivos amantes. Lo que había entre ella y yo era algo que sólo ella y yo entendíamos, algo muy especial y sólo nuestro.
Al final, ella y yo tomamos caminos separados. Me gradué, conseguí un trabajo y me mudé a una ciudad del norte. Mariella se fue conmigo, finalmente se había curado de su fobia a las mamadas y se volvió muy buena en ello. Convivimos una año antes de decidir de casarnos un par de meses después. Angela por su parte, encontró un muchacho que la adoraba, dijo que él le recordaba muchas cosas de mí y le encantaba el sexo oral.
Ahora nos mantenemos en contacto por WhatsApp y conversamos a menudo por teléfono. Compartimos todos los detalles de nuestras vidas y nos aconsejamos el uno al otro, pero siempre hay una genuina tensión sexual entre ella y yo. Han pasado tres años desde la última vez que vi a Angela, tres años de la última vez que disfrutamos juntos en una cama.
Se acerca el fin de año y la fiesta de San Silvestre. Por primera vez desde que me mudé con mi esposa; nos vamos a encontrar con Angela y su prometido en casa de mamá. ¿Tendremos tiempo para un rapidín? ¿Qué creen ustedes?
Fin
***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****
El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!
luisa_luisa4634@yahoo.com
por
Juan Alberto
Juan Alberto
49
visitas
visitas
2
votos
votos
evaluación
10
10
tu voto
Continuar leyendo cuentos del mismo autor
historia previa
¡Hueles fantástico, mamá!