Hijas.

por
género
incesto

¡Hola!, me llamo Mauricio y tengo cuarenta y cinco años. Hoy me sucedió algo que todavía no logro explicarme. Tengo dos hijas, Theresa, que está en segundo año medio y Yasna que terminó el cuarto medio y esta ahora en un preuniversitario. Las dos viven fuera de casa con su madre, mientras yo vivo solo en mi apartamento porque estoy divorciado.


Durante las vacaciones escolásticas, las chicas vienen a menudo a visitarme y se quedan a pasar unos días conmigo. También frecuentan a sus amigas y se van por ahí igual que todas las chicas de su edad.


Y hoy día recibí a Theresa que es la más díscola de las dos. Después será el turno de Yasna que se quedó con su madre. Mi apartamento es pequeño y no tengo una habitación de huéspedes, así que de costumbre, cuando ellas se quedan conmigo, utilizan el diván cama que está en la sala de estar para dormir.


Hoy tuvimos un almuerzo frugal de linguini con almejas y nos bebimos una botella de vino blanco. Cuando terminamos, me fui a mi cuarto a reposar y me acosté para dormir una siesta en mi cama King Size. Theresa vino al cabo de un rato y dijo que no quería armar el diván cama y me pidió se podía recostarse a mi lado. Le dije que sí, ya lo habíamos hecho muchas veces. Pero cuando se dejó caer sobre la cama, de su holgada musculosa se le escapó una de sus tetas. Esto me complicó y me sentí en embarazo. Mi hija se había puesto una musculosa mía y unos pantalones cortos también míos, obviamente le andaban anchos ambas prendas. Para los casi treinta y cinco grados de calor exterior, eso andaba bien, pero yo tengo aire acondicionado en mi apartamento. Ella no se dio cuenta inmediatamente de su pecho en exhibición, ya que jugaba con su celular. Yo estaba vestido también con una remera ligera y shorts.


Luego de un rato puso el celular en la mesita de noche y me dice:
—¡Papi! … ¡El aire acondicionado es una maravilla! … ¡Pero me está dando un poco de frío! …
—Bueno … Sí sientes frío puedes cubrirte con la manta …
En ese momento vio que su seno estaba afuera y lo acomodó dentro de la musculosa, enseguida tiró el edredón hacia arriba y se giró para dormir. Yo también me cubrí y cerré los ojos. No sé cuanto tiempo habrá pasado, pero me encontré abrazándola a mi hija y mi mano sobre sus pechos. Ella seguía durmiendo, quité mi mano y me giré al lado contrario. Poco rato después, sentí su mano acariciando mi pecho y que poco a poco se deslizaba más y más abajo.


No quise abrir los ojos, pero me acomodé boca arriba, entonces sentí la cabeza de Theresa apoyándose en mi pecho y su mano metiéndose por la pretina de mis shorts y bajo mi ropa interior. Con voz muy suavecita le dije:
—¿Qué haces, cariño? …
—¡Nada …nada … duerme, papi! …
Apretó mi polla y comenzó a acariciarla. Obviamente mi pene reaccionó poniéndose duro como piedra, entonces ella bajó mis shorts junto a mi calzoncillos para hacer salir toda mi polla. Mi cabezota rozó las sábanas y la mano de mi hija comenzó a masturbarme. Volví a decir con el mismo tono de voz reposado:
—¿Qué haces, Theresa! …
—¡Ehm! … ¡Yo! … ¡Nada, papi, tranquilo y relájate! …


Abrí los ojos y moví la sábana que rozaba mi cabezota, vi la pequeña mano de mí hija aferrando firmemente mi polla y me gustó lo que vi. Con mi mano libre fui a por sus pechos por sobre la musculosa para acariciarla, pero ella tomó mi mano y la metió bajo su holgada remera. Ahuequé mi mano y manoseé sus firmes senos juveniles jugando con sus pezones, mientras ella seguía masturbándome, no pasó mucho rato y comencé a respirar cada vez con más afano hasta que no pude aguantar más:
—¡Uuugggrrrhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Me corro, nenita! … ¡Umpf! … ¡Me corro! …
Moví mis caderas en desesperación para follar su mano, pero no me soltó ni se detuvo, su mano se embadurnó completamente con mi cálido semen, ella siguió magreando mi verga hasta que le dije que había terminado de correrme. Entonces ella hizo algo increíble, delante de mis propios ojos, lamió todo mi semen de su mano hasta limpiarla por completo, luego como si nada me dijo:
—¡Debe haber sido por el vino, papi! … ¡Puedes ver cuanto te ha salido! … Quien sabe cuánto tiempo que no lo hacías, ¿no? …
—¡Ehm! … Desde que me divorcié de tu madre … Más de siete años como mínimo … Pero ¿Por qué lo lamiste? … ¿No podrías haber ido a lavarte la mano? …
—Bueno, sí … Pero me molestaba tener que levantarme … Además, tenía curiosidad por probar tu semen, papi … ¿Y sabes qué? … Es delicioso …
—¡Oh! … ¡Ya veo …
Le di las gracias y le dije que el vino nos había hecho un extraño efecto a los dos, entonces ella dijo:
—¿Sabes qué? … Ahora que estoy aquí en tu casa, puedo dormir aquí en vez del sofá cama, ¿vale? …
—Bueno, sí … Pero no haremos nada más como esto, ¿vale? …
—¿Pero por qué no? … ¿Acaso no te gustó? … Por la cantidad de semen que te salió, parece que te gusto mucho …
—¡No! … ¡Ehm! … ¡Sí! … No es que no me gustó, pero no debemos hacer ciertas cosas …
—Bueno … No importa … Vamos a dormir juntos y ya veremos …


Ella al rato se levantó y dijo que iría a casa de una amiga. Me quedé solo en casa con un terrible sentimiento de culpa por no haberla detenido. Pensé que esta noche ella iba a compartir mi cama y probablemente también los días siguientes. Me gustaría follarla aunque sea mi hija. Y justo porque es mi hija eso me excita aún más. ¿Qué hacer?
*****


Después de la paja que me hizo Theresa, mi hija, pensaba en la extraño y a la vez hermoso que había sido. Traté de sacar de mi cabeza la idea de follarla. Alrededor de la medianoche me fui a la cama y ella todavía no había regresado, así que me quedé dormido. Por la mañana temprano me desperté con ella durmiendo a mi lado, vestía una bata rosada muy corta. No la sentí llegar durante la noche. Los rayos del sol iluminaban sus bellas piernas y su cuerpo maravilloso, me levanté con una furiosa erección matutina.


Bajé a la cocina y preparé una colación con galletas y café con leche, llevé todo a la cama y lo puse en la mesita de noche. La desperté suavemente y le ofrecí la colación, se enderezó y se sentó en la cama, su bata se abrió dándome una maravillosa visual de sus tetas y sus diminutas bragas negras. Empezó a comer mientras yo contemplaba su belleza, sus largo cabellos oscuros, sus ojos verdes, los bellos lineamientos de su rostro y su cuerpo fresco y joven que era perfecto. Me senté a su lado y me preguntó:
—¿Ya tomaste tu colación, papi? …
—No … Sólo tomé un poco de café …
Entonces ella mojó una galleta en su taza y me la metió en la boca, la comí y le di las gracias, pero le dije:
—¡Gracias, tesoro! … Pero no tengo hambre …


Mientras consumía su desayuno, me di cuenta de que se había formado un bigote de leche en sus labios, inmediatamente me recordé cuando ayer había lamido mi semen. Mi polla dio un respingo y me estremecí, ella se dio cuenta y dijo:
—¡Oye, papi! … Tu amiguito está muy contento esta mañana, ¿eh? …
—Bueno … Sí … Es lo natural cada mañana, ¿sabes? …
—Sí, ¿eh? … Pero hace rato que pasó la mañana … Creo que él está feliz de verme … Porque estoy guapísima así medio desnuda y solo con mis pequeñas bragas negras, ¿no? …
—¡Ehm! … Tal vez … Porque nunca te había visto así …
—Sí, ¿eh? … Pero si hace años que me pongo la misma bata en verano …
—Lo sé … Pero después de lo de ayer ahora te veo diferente, ¿sabes? …
Ella me sonrió maquiavélicamente y preguntó:
—¿Puedes ayudarme a terminar mi colación? …
—¡Oh, sí! … ¡Por supuesto! …
—Tu remojas la galleta y me la das de comer, ¿vale? …
—Sí te gusta así, ¡vale! …
Mojé la primera galleta y se la di de comer, cuando mojo la segunda ella me dice:
—¡Acércate un poco más! …
Cuando me acerco a ella, extiende sus brazos y me baja los shorts y boxers e inicia a masturbarme lentamente. Finjo sorprenderme y le pregunto:
—¿Pero qué haces eso otra vez? …
—¡Sólo mira lo alegre que está! … Ahorita que lo veo bien con la luz, este es un lindo pene, papi … Llenito de venas y tan grueso … También me gusta esa cabezota ancha y grande …
—De seguro tú estás loca …
Le dije, pero no hice ningún intento de alejarme de ella; luego agregué:
—Pero me gusta darte de comer mientras tu me haces eso …
Las galletas se acabaron. Ella retiró su mano de mi polla y cogió su taza para beber lo que quedaba. Puso la taza en la mesita de noche y volvió a agarrar mi pene, la escuché decir:
—Cierra los ojos y relájate …
Eso fue lo que hice disfrutando cada segundo de toda esta absurda situación con mi hija. Ella me masturbó por un rato, luego sentí su lengua en mis bolas, enseguida pasó a lamer mi polla. Abrí los ojos y mi visón fue encantadora, ahí estaba mi preciosa hija lamiendo mi verga. Me miró y me dijo:
—¿Me pasas la goma que está en la mesilla? …
Se la pasé y ella lo calzó encima de mi pene. Me sonrió y, mirándome a los ojos, volvió a lamer mi verga y a masturbarme con infinita dulzura. En un momento dado, se detuvo con su lengua sobre mi cabezota, se me puso la piel de gallina cuando comenzó a moverla a una vertiginosa velocidad, se detuvo y me dijo:
—Papi … Tu verga es deliciosa, ¿sabes? …
Y se la volvió a meter a su boca, ¡Toda entera! Se movió varias veces hasta que su nariz toco mi pubis, entonces me miró con una sonrisa en sus ojos, sabe cuanto me gusta verla así con mi polla hasta el fondo de su garganta. Para mis adentros pensé que era una zorra, pero me arrepentí y volví a sentirme culpable, ¡Pero me gusta! ¡Ella me vuelve loco!


Enseguida, velozmente se quitó las bragas y me las puso en mi rostro y me dijo:
—Ten … Ve si te gusta el olor de mi coño …
Aspiré con la pequeña prenda apretada a mi nariz y le respondí:
—¡Hmmmmmm, sí! … Me gusta mucho …
—Entonces ahora empaparás tu galleta en mi sopa …
Tomó mi polla entre sus dedos y se empaló en ella comenzando a saltar sobre mí. ¡Mi hija me estaba follando! ¿O yo la follaba a ella? ¿Realmente está sucediendo esto? ¡Parece tan absurdo y bello a la vez!


Metí mis manos en sus hombros y le quité la bata, luego me apoderé de sus hermosas y juveniles tetas; se las toqué y lamí, atrapé sus pezones entre mis dientes y noté que a ella le gustaba mucho y se excitaba con mis caricias. Me tomó la cabeza y comenzó a besarme con su lengua metida en mi boca. Esto me puso eufórico, la levante, me puse detrás de ella y se la metí dentro con fuerza, procediendo a follarla con mucha fuerza y energía. Ella crispó sus manos y se aferró a las sábanas disfrutando mis embestidas, entre chillidos y gemidos me dijo:
—Te gusta follar a tu hija, ¿eh? … Te gusta tanto mi coño, ¿verdad? … Sabes que eres un papá cochinito … ¡Pero que rico que me follas! …
—Me gusta porque a ti te gusta … Eres mi pequeña puta …
—¡Sí, papi! … ¡Ummmmmm! … ¡Me gusta tu gran polla! … ¡Haz que me corra en tu polla, papá! … ¡Fóllame más fuerte, papi! … ¡Haz que me corra varias veces en tu linda polla! … ¡Ssííí! … ¡Qué rico, papá! …


La sujeté por sus hermosos y redondos glúteos, entonces me dieron unas ganas de locas de poseer su ceñido trasero. Ni siquiera le pregunté, sólo escupí un par de veces en su ojete anal, lo lubriqué un poco con un par de dedos, luego me detuve titubeante, ¿Lo querrá o no lo querrá? Ella gemía audiblemente con mis dedos metidos profundamente en su ano, pero no hacía nada. Así que decidí intentarlo, saqué mi polla de su coño y lo presioné contra su estrecho ojete, lo froté contra su culo y ella me preguntó:
—¿Qué estás haciendo? … ¿Lo metes o no lo metes? …
Me tomó por sorpresa su pregunta, así que a mi vez pregunté:
—¿Puedo? …
Inmediatamente me respondió:
—¡Apúrate! … ¡Métemelo todo! … ¡Me encanta que me follen el culo! …
Así que empujé en su bien lubricada estrellita arrugada y la estiré al máximo con mi gruesa cabezota, aunque me costó un poco, cuando entró todo le dije:
—¡Ehm! … ¡Lo siento! … ¡Es bastante grande! …
Ella comenzó a moverse suavemente y yo acompañé sus movimientos. Entonces me dijo:
—¡Papi! … ¡Mete tu mano por debajo y juega con mi clítoris! … ¡Eso me gusta mucho! … ¡Luego dámelo duro y haz que me corra! …
Hice tal como ella me dijo y la escuché gemir más fuerte. Su coño era una laguna y me excitó la forma de moverse y aceptar mi larga polla toda entera en su estrecho culo. Jugueteé con su clítoris y ella comenzó a jadear:
—¡Oh, sí, papi! … ¡Qué rico! … ¡Fóllame fuerte! … ¡Hazlo, papi! … ¡Folla fuerte a tu pequeña putita! … ¡Uhhhhhh, ssííí, que rico, papá! … ¡Ahhhhhh! … ¡Ooohhh! … ¡Aaaahhhhhh! …
Comencé a embestirla con más fuerza:
—¡Qué hermoso culo que tienes, Theresa! … ¡Tan rico y apretadito! … ¡Me encanta tu culo! …
—¡Oh, sí! … ¡Fóllame, papá! … ¡Dámelo duro! … ¡Mételo todo dentro de mí, papi! … ¡Fóllame con tu linda polla! … ¡Oooohhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Qué rico, papi! … ¡Me corro! … ¡Me corro, papá! … ¡Uuugggrrrhhh! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! …
Y se corrió con fuertes convulsiones y con sus nalgas que tiritaban, casi no podía sostenerla, entonces yo no pude aguantar y me corrí en su estrecho trasero.
—¡Qué rica putita que tengo! … ¡Me voy a correr en tu culo, Theresa! … ¡No aguanto más! … ¡Qué rico tu culo! … ¡Uuuggghhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Umpf! … ¡Uuuggghhhhhh! … ¡Aaahhhhhh! …
Y le disparé todo mi semen en su culo caliente. Cuando la solté ella cayó sobre la cama, la hice voltear y coloqué mi polla entre sus tetas y empujé hacia arriba diciendo:
—¿Has visto lo que has hecho? … ¡Haz puesto a tu papi cachondo! … ¡Ahora abre tu boca y chúpame la polla! … ¡Eres mi putita con el culo caliente! … ¡Ahora serás también mi chupadora de pollas! …
Me sonrió mirándome a los ojos y respondió:
—¡Me gustas que te pongas cachondo conmigo, papá! … ¡Ahora ven aquí para limpiar tu linda polla! …
Me chupó con tal ardor que muy luego me tuvo temblando y le disparé otra carga de menor intensidad en su boca ávida de leche. Se limpió la boca con el dorso de la mano y sus ojitos brillaban felices, yo también estaba feliz.
—¡Oh, papi! … ¡Qué rico que estuvo! … ¡Pero no te has comido mi coño! … ¿Acaso no te gusta? …
Me desconcertó con su pregunta:
—¡Yo! … ¡Ehm! … ¡No! … ¡Digo, sí! … ¡Sí que me gusta! …
—¿Y que demonios esperas que no bajas a comerte mi coño? …
Y me empujó hacia abajo. Su coño estaba inundado de fluidos y olía a sexo, era perfecto, poquitos pelos naturales y muy cremoso. Abrí sus apretados labios con mi dedos y comencé a hurguetear su vulva jugosa con mi lengua, después me dediqué con cuerpo y alma a chupar su botoncito del placer, ella abría y apretaba sus muslos alrededor de mi cabeza, tironeaba de mi cabello y gemía como loca.


Mi hija era deliciosa ahí abajo, comencé a saborear su néctar que salía fluido y abundante de su panocha candente mientras ella empujaba ganosa su conchita contra mi boca. Entre quejidos y gemidos ella expresaba poco coherentemente:
—¡Qué rico, papi! … ¡Umpf! … ¿Cómo es que mamá te dejó ir? … ¡Aaahhhhh! … ¡Umpf! … ¡Chúpame, papi! … ¡Chúpame así rico! … ¡Ahhhhhh! … ¡Haz que me corra, papi! … ¡Ahhhhh! … ¡Ssííí! … ¡Ojalá pudieras hacérmelo todos los días, papá! … ¡Que rico! … ¡Ahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Umpf! …
Y se corrió enrollando sus piernas en mi cabeza; corcoveando demencialmente; tirando mi cabello; empujándome, tratando de escapar de mi lengua; tirándome contra su conchita y todo esto sin dejar de gritar enloquecida. Se corrió disparando su esencia femenina directamente en mi boca y yo bebí como si se tratara de un manantial del paraíso, estaba delicioso. Mi nenita estaba exquisita y maravillosa. El mejor sexo de mi vida.


Pero de nuevo me asaltaron unos sentimientos encontrados. No deberíamos haber llegado tan lejos. Ella interrumpió todos mis pensamientos cuando dijo:
—¡Oh, papi! … ¡Qué rico! … ¡Ha sido maravilloso! … ¡Me gusta el sexo contigo, papá! … ¡Me haces sentir más mujer! … ¡Eres como mi super héroe! … ¿Sabes?, desde pequeña vi un par de veces tu polla y siempre tuve fantasías sobre ti y tu linda polla … Ayer cuando tocaste mis senos me di cuenta de que podía convertir en realidad mi fantasía … ¡Gracias, papá por hacerme este regalo! … Estuvo todo delicioso … ¡Tu polla se siente muy rico en mi trasero! …
Estaba sorprendido y deseché cualquier sentimiento de culpa, más aún cuando añadió:
—Papi, me voy a quedar varios días aquí contigo … Te aseguro que te haré vaciar tus bolas varias veces al día … Me gustó mucho tu polla … ¿Me la vas a dar, verdad papi? …
No me salieron palabras, sólo asentí con mi cabeza rápidamente y ella se botó entre mis brazos.

Fin



***** ***** ***** ***** ***** ***** ***** *****



El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!



luisa_luisa4634@yahoo.com
escrito el
2026-09-24
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