Tomas, mi amado hijo.

por
género
incesto

Me llamo Loredana, pero todo el mundo me dice Lore. Tengo cuarenta y un años y gracias a mi complexión biológica delgada me mantengo con un cuerpo más que decente y con varias sinuosidades que atraen muchas miradas. Para empezar, madre natura me regalo unos pechos 36D que se mantienen firmes y duros, en realidad a mi no me gustan tanto y siempre he tratado de ocultarlos un poco. Les contaré algo que sucedió entre mi hijo, Tomas y yo. Él está en el primer año de la universidad. Es un niño maravilloso y muy guapo. Es tan sensible y cariñoso que me hace sentir orgullosa de ser su madre.


Los fines de semana después de la universidad, mi hijo está en casa. Él me espera en su habitación. Camino por el pasillo y me vienen repentinos pensamientos encontrados. No debería estar haciendo esto. Se supone que una madre debe cuidar de sus hijos y no usarlo sexualmente para satisfacer sus deseos de lujuria y placer. Cada vez que entro a su cuarto procuro de disfrutar con él actos licenciosos y prohibidos. Él me trastorna y hace nacer en mi crudos deseos carnales, ilícitos e intensos. Él, que salió de mi vientre materno tantos años atrás, ahora es el único que puede satisfacer esta necesidad imperiosa dentro de mí. Parece cómo si me hubiera inoculado algún virus malicioso llamado incesto. Nunca me canso de él. Él me ha regalado los orgasmos más intensos de mi vida y continua a hacerlo.


Cada vez que eso sucede me lleno de vergüenza y disgusto por haberme aprovechado de él. Juro y prometo que será la última vez, que nunca volverá a suceder. Pero al igual que un toxicómano, vuelvo una y otra vez en busca de mi dosis.


Pero no siempre fue así.


Éramos una familia formal de clase media acomodada y bastante felices. Mi marido Sebastían tenía un excelente trabajo en el Aeropuerto y era un proveedor encomiable. Nuestros hijos eran Tomas y Adriana, ellos son gemelos. Sebastían y yo llevábamos casados más de quince años. Nuestra vida era perfecta, o por lo menos eso era lo que yo pensaba.


Hace poco más de un año, volví a casa antes de lo esperado y encontré a mi marido en cama con nuestra hija. Tenía su rostro enterrado entre los muslos de ella, sus flacuchas piernas colgaban sobre sus hombros. Ambos gemían y se comportaban como dos animales en celo sobre nuestra cama matrimonial. En ese momento Adriana tenía diecisiete años.
—¡Sebastían! … ¡Dios mío! … ¡Adriana! …
Alcancé a gritar y salí corriendo del dormitorio. Estaba en shock. Me dolía el pecho cómo si alguien me hubiera enterrado un cuchillo directamente en el corazón. ¡Santo cielo! ¿Cómo pudo suceder esto? Teníamos una buena actividad sexual como pareja y yo confiaba plenamente en mi marido. ¿Por qué me había hecho esto?


Sebastían me rogó de rodillas de no denunciarlo a la policía; acepté siempre y cuando él se fuera y se mantuviera alejado de nosotros. Nos divorciamos rápidamente y él aceptó una transferencia a un aeropuerto del extremo sur del país.


Interné a Adriana en un colegio privado de niñas. Ella vive en la escuela y regresa a casa en vacaciones y navidad. Un día reuní todo el coraje que pude y le pregunté que había pasado entre ella y su padre:
—Mamá … Amo a papá … No tienes porque entrometerte en lo que hagamos él y yo …
Me respondió alzando la voz. Me quedé estupefacta. Era una desvergonzada sin siquiera un pizca de arrepentimiento.
—¿¿Cómo te atreves a hablarme así?? … ¿Cuánto tiempo llevaban haciendo eso? …
—No es asunto tuyo, mamá … Él es mi padre y quiero estar con él para darle todo el amor que siento por él …
Respondió rechinando los dientes, luego se volteó y salió a zancadas hacia su habitación.


Su conducta insolente me hizo mucho daño, entonces decidí internarla en un colegio privado. Hizo mucho alboroto en un principio, pero como la amenacé de que su comportamiento iba en directo perjuicio de su padre, finalmente aceptó y se mudó al colegio. Mi hijo Tomas se quedó conmigo y continuó su normal rutina de estudios secundarios en la escuela local. Pronto caímos en la rutina diaria de trabajo y escuela.


La terrible experiencia vivida con mi marido me hizo alejarme totalmente de los hombres. Después de mi divorcio no volví a salir con nadie. Me dediqué a mi trabajo y a mí hijo. Para superar el trauma y la depresión, comencé a asistir al gimnasio. Mi cuerpo comenzó a tonificarse, las penurias me hicieron perder de peso y comencé a lucir una atractiva figura femenina. Cuando me miré al espejo, me gustó lo que vi, me había convertido en una atractiva mujer de mediana edad.


Los cambios físicos en mi silueta no pasaron desapercibidos para Tomas. Más de una vez lo sorprendí mirándome cuando pensaba que yo estaba distraída. Mucha veces contemplaba embobado mis pechos, aún cuando usaba ropa conservadora y sin escotes vistosos que pusieran en vista algún centímetro de mi piel. Atribuí el todo a su desarrollo y a la tempestad de hormonas que revolucionaban su cuerpo joven de adolescente. Su reacción era entendible. Además, como él era tímido con las chicas, yo era la única mujer que veía a diario.


Ahora que lo pienso, él también era el único hombre con el que compartía mis días. Además, que había tomado el rol de ser el hombre de la casa. Por eso es por lo que me convencí que era mi deber cuidar de él y sus necesidades. Pero hasta ese momento esto no implicaba nada de sexo.


Pasó un buen poco de tiempo y un día mientras estábamos en el sofá viendo la televisión. Esto era rutinario y parecía bastante normal e inocente. Noté que él se acercaba y nuestras piernas se rozaron. En ese momento pensé que era extraño, pero no le di mayor importancia ni le presté mucha atención.
—¡Te amo, mamá! …
Susurró mientras extendía la mano y sostenía mi mano izquierda. Me pareció notar que su respiración era un tanto agitada. Me sentí conmovida por el profundo y genuino afecto que me demostraba mi hijo. Lo miré a los ojos y lo vi en toda su belleza, guapo, varonil y muy amoroso. Me sentí afortunada de tenerlo a mi lado, con él junto a mí, jamás podría sentirme sola o abandonada. Es lo más maravilloso que tengo en mi vida.
—¡Mami también te ama, tesoro … Eso y mucho más …
Dije mientras mis ojos se humedecían emocionados. Me sentí feliz y tan especial. Un poco abrumada por estas emociones tan intensas que casi no noté que él había soltado mi mano y la colocó sobre mi muslo izquierdo comenzando un suave masaje mientras se desplazaba hacia la parte superior interna del muslo. Como llevaba un vestido bastante holgado, le resultaba fácil deslizarse por mis muslos desnudos.


Se inclinó levemente y me besó la mejilla con delicadez. Fue solo un piquito. Algo inocente y cariñoso que cualquier madre esperaría de su hijo. Puse mi brazo alrededor de su cuello y lo acerqué a mí. Después de ese beso, apoyé mi cabeza en su hombro. Hacía tiempo que no me abrazaba con nadie. Su mano comenzó a subir entre medio de mis muslos. Apreté su mano haciéndole notar que no debía ir más lejos. No pronunció palabra alguna, pero desistió de su intento, su respiración se mantuvo pesada como hiperventilado.


Vimos la Tv por otros veinte o treinta minutos y me disculpé para irme a mi habitación. Era viernes y todavía no eran las diez de la noche, pero me sentía cansada después de una fatigosa semana y quería irme a reposar a mi cama.
—¡Buenas noches, bebé! … ¡Ven y dale a mami un beso de las buenas noches! …
Tomas se levantó del Sofá y se acercó tomándome en sus brazos. Sus manos rodearon mi cintura y me estrechó a él. Nuestros muslos se rozaron y mis pechos se aplastaron contra sus fuertes pectorales. Entonces sentí esa dura protuberancia suya en los pantalones. Esto me alarmó. ¿Cómo un hijo podía tener una erección sosteniendo a su propia madre en sus brazos? Esto debe ser solo producto de mi imaginación, pensé. No podía imaginar una situación así. No era posible, pensé y rápidamente lo solté y me alejé de él.
—¡Te amo, mami! …
Lo escuche decir.
—¡Mami también te ama, ahora vete a la cama! …
Le dije y lo aleje con firmeza. Note su decepción y desgano cuando se giró para irse a su cuarto, yo un poco traumatizada me fui a mi dormitorio. Recostada sobre mi cama, reflexioné mirando al techo, preguntándome ¿qué estaba pasando? No logré dormir bien esa noche preguntándome si mi hijo estaba deseando tener algo conmigo o era solo mi imaginación.


A la mañana siguiente me levanté temprano y me fui a la cocina a preparar un poco de café. Me sorprendió ver aparecer a Tomas tan temprano en la cocina. Normalmente el duerme hasta tarde los fines de semana, así que pensé que era algo inusual. Se me acercó por detrás y me abrazó.
—¡Buenos días, mamá! …
Dijo, deslizando sus brazos alrededor de mi justo bajo mis pechos.
—¡Buenos días, bebé! … ¿Dormiste bien? …
Pregunté intentando de no mirarlo. En ese momento sentí que me estrechaba aún más y su pierna empujaba entre mis nalgas. Pero no era solo su pierna, sino que sentí su masculina dureza matutina, grande, gruesa y dura. ¡Era inconfundible! Como mi camisón era delgado y él solo vestía sus boxers, su furiosa erección se manifestaba con toda su fuerza y gloria. No pude evitar de jadear y gemir tratando de afirmarme a la isla. ¡Santo cielo, no! ¡Otra vez no! Pensé cerrando mis ojos. Esta vez no había ninguna duda.


Mi hijo tenía una tremenda erección. ¡¡Una erección total y salvaje!! Entonces sentí un sutil empujoncito en mi trasero. ¡Oh, Dios! ¡Quiere follar a su madre! Esta vez su polla se enfiló perfectamente en medio a mis glúteos, separando a la fuerza mis nalgas. Sentí su aliento caliente en mi cuello mientras su polla hinchada y caliente rozaba el agujero de mi ano, empujando suavemente más abajo hasta rozar el surco de mis labios mayores. Todo esto duró apenas unos segundos fugaces, pero me pareció una eternidad. Temporalmente me quedé sin saber como reaccionar, estaba paralizada y sin palabras.


Probablemente es solo su erección matutina, traté de razonar. Aun así, fue algo que jamás esperé y la situación me dejó temblando turulata. Con firmeza y sin sobre reaccionar, agarré sus muñecas y caminé con soltura hacia el refrigerador, saqué la jarra con jugo de naranjas y me volteé. No pude evitar de mirar su entrepierna. Mi hijo estaba excitado. ¡Terriblemente excitado! Otra vez me paralicé si poder reaccionar. Bueno, todos los hombres tienen una erección por la mañana cuando se despiertan, es solo algo natural y biológico, pensé y traté de continuar sin darle importancia.


De todas maneras, esto me afectó. Hacía muchísimo tiempo que no tenía un contacto cercano con el sexo opuesto y esto fue demasiado cercano para mí, me dejó nerviosa y conmocionada. Mi respiración se hizo irregular, mis pezones se solidificaron y sentí la tibieza de mi coño que se mojaba. ¿Es esa la normal reacción de una mujer en abstinencia sexual por largo tiempo? Sacudí la cabeza temblando y lo negué, luego traté de distraerme con el trabajo hogareño diario.


El resto de la mañana transcurrió sin incidentes. Desayunamos y le dije a Tomas que limpiara el patio trasero y nuestra piscina mientras yo continuaba con las cotidianas labores hogareñas. A eso del mediodía había limpiado casi toda la casa, excepto la habitación de Tomas. Entonces decidí tomar un descanso y disfrutar de nuestro patio trasero tomando un baño de sol en las cercanías de la piscina.


Me puse un traje de baño de una pieza, de esos abiertos hasta las caderas y que resaltan mis largas piernas y amplios flancos. Además, al ser tan ajustado a mi entrepierna, destaca notablemente mis gorditos labios vaginales. También el generoso escote pone en hermosa muestra mis exuberantes senos. Entré al patio trasero con mis gafas de sol, una gruesa toalla, protector solar y una revista de actualidad en la mano. Me acosté boca arriba en la tumbona. Mientras me recostaba pensé a dónde se había ido Tomas, pero me concentré en la reviste y luego me olvidé de él.
—¡Hola, mami! …
Era la voz de Tomas viniendo desde la casa. Caminó hasta el borde de la piscina, vestía unos ajustados pantalones cortos. No le gustan mucho los trajes de baño, pero le encantan sus shorts, me pregunté: ¿Sabrá él el efecto que provoca en las mujeres que lo rodean? Los shorts abrazaban estrechamente sus varoniles glúteos y delineaban claramente el grueso bulto entre sus piernas. Saltó a la piscina haciendo algunas piruetas y yo continué a leer.


Pasaron unos diez a quince minutos y me llamó a alta voz:
—¡Mami! … ¿Puedes darme una toalla, por favor? …
Me levanté y le di la mía mientras salía de la piscina chorreando agua por todo su cuerpo, mientras se secaba el cabello, no pude evitar de mirarlo un poco descaradamente y ver su cuerpo atlético, delgado y musculoso. Tenía abdominales cincelados y muslos gruesos y poderosos. Con sus shorts mojados, su hombría se perfilaba perfectamente, era tan grueso como mi muñeca y lo cargaba hacia la izquierda como un reptil algo aplastado, pero prominente. Todo esto me decía que mi hijo ya no era mi pequeño bebé. Se había convertido en un joven y apuesto hombre.


Cuando comenzó a secar sus fuertes brazos, noté que también él me encuadraba con sus ojos brillantes, miraba descaradamente mi entrepierna mostrando mi regordete coño y el amplio decolté que hacía lucir bien a mis esplendidos senos. Hizo una especie de gruñido mientras miraba todo mi cuerpo, puse una mano en mis caderas y junté mi piernas un poco ansiosa. Su respiración volvió a hacerse irregular, pero no fue solo eso lo notable, también el reptil mojado bajo sus pantalones al parecer comenzó a cobrar vida, se puso más grueso y comenzó a enderezarse hacia el mismo costado, pero hacia arriba, ¿Estaba teniendo una erección parado allí frente a mí?


Tomé de regresó mi toalla y me fui a mi tumbona para continuar a leer, estaba más que segura que él fijó sus ojos en mi culo mientras me inclinaba a acomodar la toalla sobre la tumbona para volver a recostarme. Me acomodé sobre la silla y traté de volver a leer, pero noté lo duro que se habían puesto mis pezones y la tibieza húmeda de mi panocha. Mirar el obsceno bulto en los shorts de Tomas había hecho que mi cuerpo respondiera como mujer, él había respondido como hombre al mirarme en mi traje de baño. Un fuego se encendió dentro de mí y cientos de maripositas me produjeron un cosquilleo en mi bajo vientre, inconscientemente empujé mi pelvis hacia arriba, apreté mis muslos y gemí lo más disimuladamente posible. Pensé que me había vuelto loca. Primero mi marido con mi hija cachonda. Y ahora… mi hijo y yo estábamos contagiados por el mismo germen de la lujuria incestuosa. ¡¡Mi hijo me pone cachonda!! ¿Qué le pasa a esta familia?, me pregunté.


Abrumada y caliente me volví a la casa, me serví un trago fuerte con la esperanza de calmar mis nervios. ¡Santo cielo! Estaba temblando y mi coño no me daba paz, ardía en llamas. En la soledad de la cocina, bajé la parte superior de mi traje de baño y pellizque mis pezones para calmar el escozor que sentía en ellos, también aparte la delgada tela de la parte inferior y palpé mi labios mayores, estaban hinchados y mojados. ¡Santo Dios! ¡Ayúdame tú!


Después de terminar mi bebida, me fui al baño a refrescarme un poco y a cambiarme. Volví a terminar con la limpieza de la casa, me faltaba solo el dormitorio de Tomas. Apenas entré me di cuenta de que era un verdadero caos. Ropa sucia por todas partes y las acostumbradas señales de que mi hijo se masturbaba asiduamente. Ya había visto esas señales antes: trapos sucios, pelotitas de toalla higiénica bajo la cama, pequeñas toallas de mano húmedas de semen y un sinnúmero de revistas con mujeres piluchas debajo de su colchón. Me pareció divertido, después de todo él era un sano joven adolescente y sus hormonas lo deben volver loco. Sería mucho más preocupante si no hiciera estas cosas.


Cuando quité la ropa de su cama, debajo de la almohada había otra revista que llamó mi atención. Era una revista de colores brillantes y una gran fotografía que mostraba a una mujer mayor arrodillada frente a un joven muchacho adolescente. Ella estaba totalmente desnuda y sus pesados senos pendían colgantes de su pecho. La gran polla del chico estaba en su boca y miraba directamente a la cámara.


La imagen no era muy diferente a otras que ya había visto, pero lo que llamo poderosamente mi atención fue el título: “Madres e hijos” A juzgar por los dobleces de las páginas, esta revista estaba desgastada y había sido utilizada muchas veces. ¡Santo cielo! ¡¡No sabía que existieran revista que trataran en especial este tema!! Me sentí mareada, rápidamente me senté en su cama para no caer al suelo. ¡Oh, Dios! ¿Estaba invadiendo la privacidad de mi hijo al revisar su revista? Mirar esa portada me produjo una taquicardia. Una mezcla de curiosidad e intriga se apoderó de mí. Me arriesgué y continué a mirar la revista. Había páginas y páginas de chicos participando en actos sexuales con mujeres mayores. Todo era muy explicito y supuestamente eran fotografías de madres con sus hijos adolescentes.


Seguí hojeando la revista y vi otra mujer de mediana edad con su coño estirado por la gruesa polla de un chico joven. Otra mostraba a una hermosa mujer con sus pechos en sus manos mientras un chico la rociaba con semen en su cara y sus suculentas tetas. Las páginas eran casi todas del mismo tenor y tenía títulos como: “Amo la polla de mi hijo” — “Masturbándome con mi hijo” — “Volver a casa y dejar a mamá embarazada”. Me sentí francamente asqueada y horrorizada, pero al mismo tiempo mi vientre estaba hundido y mis caderas trataban de oscilar cadenciosamente. Mi coño estaba terriblemente caliente y excitado: ¿Por qué me excitaban tanto estas imágenes de madres e hijos participando en estos actos incestuosos e ilícitos? ¿Verdaderamente había familias que mantenían relaciones incestuosas?


No pude negar ni disimular mis sentimientos, pero de todas maneras esto había colmado mi paciencia. Rápidamente termine de limpiar el cuarto de Tomas y bajé las escaleras con la revista en mi mano para confrontar al pervertido de mi hijo. Todavía estaba en el patio trasero, cerca de la piscina.
—¡Tomas! … ¡Ven aquí inmediatamente! …
—¿No puedes esperar, mamá? …
—¡No, jovencito! … ¡Ven aquí ahora mismo! …
Grité temblando. Todavía no estaba segura del todo de cómo enfrentarlo, enfermo o pervertido. Él es sangre de mi propia sangre.
—¡Está bien! … ¿Qué pasa, mami? …
Dijo en un tono algo molesto.
—¡¡Esto!! …
Dije y le tiré la revista a sus pies. Su rostro se puso rojo y se quedó boquiabierto sin palabras. Evitó mi mirada y la fijo en la revista en el suelo.
—¿Y bien, jovencito? … ¿Qué tienes que decirme de toda esta mierda? …
—¡Yo … Ehm … Mami! … ¡Lo siento, mama! …
Balbuceó incapaz de proferir nada inteligente ni coherente.
—¿De donde sacaste esta revista? … ¡Respóndeme! … —Le grité. —¡Y no me mientas! … ¿Cuánto tiempo llevas mirando esta mierda? …
Le dije y mi voz y mi barbilla temblaban.
—¡Mamá … Yo … Yo … Ehm … Me la dio Esteban! … ¡Lo siento mucho, mamá! …
—¿Esteban? … ¿Cuál Esteban? … ¿Paredes? … ¿Esteban Paredes? … ¿El hijo de Luisa? … ¡No te creo … Dime la verdad! …
—¡Esa es la verdad, mamá! … ¡Por favor créeme, mamá, te estoy diciendo la verdad! …
Me dijo casi suplicante y a punto de sollozar.
—¡Voy a llamar a Luisa ahora mismo … Voy a llegar al fondo de todo esto, jovencito … Y será mejor de que no me hayas mentido! …
Le dije sibilante e iracunda.
—¡Por Dios, mamá, no lo hagas! … ¡Por favor no hagas eso! … ¡Se meterá en grandes problemas! … ¡No lo hagas, mamá, por favor! …
—Entonces dime: ¿Por qué miras toda esta inmundicia y de dónde sacó Esteban esta revista? …
—¡Él me dijo que su madre se la había comprado! …
—¿Pero qué estás diciendo, Tomas? … ¡De seguro mientes! … ¡Conozco muy bien a Luisa, vamos juntas a la iglesia y estoy segura de que ella jamás compraría una revista de estas para su hijo!
—No lo entiendes, ¿verdad, mami? … ¡Esteban y su madre son muy cercanos! … ¡Muy, pero muy cercanos! …
Estaba tan ofuscada que realmente ignoré su comentario y no logré entender lo que él quería decir.
—Entonces, dime … ¿Por qué miras esta revista? … ¡Quiero saber todo! … ¡Cuéntamelo! …
—¡Porque me gustan, mami! … ¡Me masturbo con ella! … Encuentro excitante que algunos chicos sean así de cercanos con sus madres …
Dijo evitando de mirarme directamente. Su rostro estaba marcado por una mezcla de miedo y vergüenza. Entonces soltó algo que me dejó estupefacta:
—¡Esteban y su madre son tan cercanos al igual que la gente de esa revista, mamá! … ¡Incluso me preguntó si tú y yo éramos así de cercanos como él con su mamá! …
—¡Escúchame, Tomas! … ¡Luisa ama a su hijo al igual que yo te amo a ti! … ¡No creo nada de lo que me estás diciendo! … ¡No puedo imaginarme a Luisa haciendo esas cosas con Esteban! …
Le dije sacudiendo la cabeza totalmente incrédula de su comentario, luego lo mandé a su cuarto.
—¡Ahora vete a tu habitación! …
Se volteó y se fue caminando con los hombros bajos, yo también me fui a mi dormitorio y cerré la puerta. Me despojé de mi ropa y me metí bajo las sábanas. Mis pezones estaban duros bajo las frescas sábanas y mi coño permanecía caliente y mojado. Perto me sentí tan mal que pensé que iba a vomitar.


Parecía como si mi cuerpo estuviera en una dimensión diferente a mi mente racional. Mi cuerpo reaccionaba con lujuria incestuosa y una fuerte necesidad que no podía disimular ni negar, pero mi mente sentía vergüenza, temor y candor. La vergonzosa verdad es que yo quería a mi hijo tanto como él me quería a mí.


Mis dedos serpentearon hacia la húmeda convergencia de mis piernas. Metí dos de mis dedos en mi apretado coño y froté mi clítoris con la mano libre. Cerré los ojos y me volteé boca abajo moviendo mi trasero en círculos y empujando mi panocha candente contra mis falanges saboreando los intensos placeres prohibidos que recorrían mi cuerpo de la cabeza a los pies. Dejé mi mano derecha a follar mi coño y subí mi mano izquierda a jugar con mis tetas aplastadas contra las sábanas.


Entonces fue que aparecieron nítidas en mi mente las imágenes de Tomas en sus shorts con una enorme monstruosidad levantando la delgada tela. Me imaginé mirando su bulto obsceno en forma descarada mientras mordía mi labio inferior lujuriosamente deseándolo con toda mi alma. Lo imaginé follándome en la cocina desde atrás. Me imaginé de rodillas recibiendo chorros y chorros de su esperma caliente en mis grandes tetas. Imaginé su hermosa polla dura como roca frente a mi rostro. Imaginé abriendo mi boca y engulléndola toda hasta mis tonsilas. Me imaginé tomando su cintura para empujar su polla más adentro de mi boca. Imaginé mis pechos chorreando su semen con mis pezones cubierto por su cálido glaseado. Por último, mi mano envolviendo su gruesa polla para masturbarlo hasta hacerlo estremecer sobre su cama y yo inclinándome para no dejar escapar el brote de su néctar masculino exquisitamente sabroso.


Tragué saliva como si fuese su esperma líquido y caliente y exploté en un desgarrador orgasmo. Me quedé así boca abajo empujando mis dedos dentro de mi panocha temblorosa con fuertes contracciones post-orgasmicas que me hicieron delirar de un goce intenso, pensé que estaba muriendo de placer y lujuria. Perdí conciencia de todo y derivé en un sueño reparador. Ya habría tiempo por la mañana para llamar a Luisa y preguntarle por la revista.


Al día siguiente por la mañana, me desperté muy temprano. Tomas ya se había ido a su escuela donde era miembro del Club de Teatro. Estaban ensayando una obra para una próxima presentación. Ciertamente que estos dos últimos días habían cambiado mi vida totalmente, me parecía todo patas para arriba. Los encuentros con mi hijo me habían dejado conmocionada, nerviosa y había despertado en mí algunos sentimientos dormidos, por decir lo mínimo. No sabía que pensar de todos estos sentimientos que ahora sentía tan a flor de piel. ¿Cómo se supone que debo enfrentarlo a sabiendas que el virus de la lujuria y del incesto habían contaminado mi alma y mi cuerpo? ¿Cómo afrontar el vergonzoso conocimiento de que me siento atraída por mi propio hijo?


Las imágenes de esa revista iban y venían en mi mente caldeada. Reflexioné que todos los chicos en su adolescencia miran revistas de sexo e incluso algunos se enamoran de sus madres, eso se llama el Complejo de Edipo. Pero esta revista tenía el caso preciso de tratar la relación madre-hijo. Me pregunté si había otras madres que mantenían relaciones sexuales con sus hijos. ¿Había familias que practicaban el incesto? ¿Era esto algo común? ¿Soy yo la única que nunca se ha enterado de esto? ¿Cómo es tratado este asunto en el resto del mundo?


En la Internet me enteré de que en España, Fracia, Portugal y Bélgica, no es tratado como un delito y es más una falta a la moral. Normalmente nadie viene judicializado. En algunos países árabes se puede condenar a pena de muerte a los infractores, en cambio en los países asiáticos no existe una ley sobre el tema, pero los más prohibitivo es el matrimonio en la mayor parte de los países.


Muchas cosas se arremolinaban en mi cabeza esta mañana. Pensaba en la llamada telefónica que debía hacer a mi amiga Luisa, la mamá de Esteban. Necesitaba preguntarle sobre la revista y los comentarios de mi hijo de que Esteban y ella eran muy, pero muy cercanos. ¿Qué significaba todo eso?


La respuesta parecía obvia: si Luisa le dio la revista a su hijo, y él y ella son tan cercanos, entonces deben estar teniendo relaciones sexuales entre ellos. Estaban cometiendo incesto. ¡Oh, Dios! Ya no sabía ni que pensar.


Me pregunté cómo iba a comenzar la incómoda conversación con Luisa. Luché por conciliar mis sentimientos hacia ella. Por un lado, ella era una de mis más cercanas y mejores amigas, compartíamos muchas cosas juntas. Nuestros hijos se habían criado juntos. Compartíamos muchos secretos también. Nuestros maridos jugaban juntos futbol en el equipo de la comunidad. Ella se divorció primero que yo y, cuando yo me divorcié, nos volvimos aún más cercanas. Éramos como hermanas.


Por otro lado, cada persona puede tener su propia vida secreta. Es posible que esté teniendo sexo con su propio hijo, pero esa Luisa yo no la conozco, es toda una extraña con ese lado oscuro y reservado. Me estremecí con un escalofrío pensando a esa improbable posibilidad.


Terminé mi café y me dirigí a la sala para estar cómoda y llamar a Luisa. Mi mano temblaba cuando marqué su número en mi celular, mi corazón se aceleró. Luisa contestó, intercambiamos saludos y algunas bromas. Ella me dijo que se iban a la playa con su hijo este fin de semana y me invitó a unirme a ellos. Le dije que necesitaba hablar con ella de un asunto muy importante y delicado. Ella captó el tono serio de mi voz y preguntó:
—Lore … ¿Está todo bien? … Pareces afligida por algo …
—¡Ehm! … Resulta que le encontré una revista a mi hijo y me dijo que la había recibido de tu hijo … ¿Es eso cierto? … ¿Le has dado tu a Esteban una revista con fotos obscenas? …
—¡Oh, Dios, no! …
Exclamó y luego se hizo un incómodo silencio. Entonces insistí:
—Luisa … ¿Sabes de que estoy hablando? … ¿Sabes si Esteban tenía una revista porno? … ¿Le diste tu esa revista a tu hijo? … ¡Por el amor del cielo, Luisa! … ¡Ese no es porno normal! … Es incesto, ¿sabes? …
Mi corazón parecía querer salirse de mi pecho. Todo esto me alteraba. Ella se mantenía en silencio, parecía como si hubiera caído la línea. Finalmente escuche un fuerte respiro de ella y dijo:
—¡Dios, mío … Lore! … ¡Me siento tan avergonzada! … ¡No tenía idea de que mi hijo le había dado esa revista a tu hijo! … ¡Oh, no, Jesús! … ¡No puede ser! …
Tartamudeo y balbuceo tratando de ser coherente y responder en forma adecuada.
—¿Qué estás diciendo, Luisa? … ¡No puedo creerlo! … ¿Por qué Esteban tenía una revista de ese tipo … y de dónde la sacaría? … ¿Sabes siquiera el tipo de fotos que hay en esa revista? …
Pregunté tratando de no sonar histérica y manteniéndome lo mas calmada posible, dadas las circunstancias. Hubo otro prolongado silencio, entonces le dije:
—Luisa … Mi hijo me dijo que Esteban le había dado esa revista y que tu se la habías dado a él … ¿Es cierto eso? … ¿Le diste tu esa revista a Esteban? …
La sentí respirar alterada, tal vez sollozando, luego de un rato me contestó:
—¡Sí! … ¡Es cierto, yo le di la revista! … Yo solo … ¡Ehm! … Solo no sé que decirte …
Dijo casi en un murmullo. Luego otro silencio mortificante.
—¡Lore … te ruego! … ¡Trata de entender! … ¡El divorcio destrozó totalmente mi vida y la de Esteban! … ¡Solo nos teníamos el uno al otro! … ¿Recuerdas cómo estaba de mal cuando mi esposo nos abandonó? … ¡Lloré en los brazos de mi hijo y él lloró en los míos! …
Dijo en un tono de suplica buscando toda la comprensión de mi parte, prosiguió:
—¡La soledad y el dolor se volvieron demasiado para ambos! … ¡Sé que la sociedad no aprueba este tipo de comportamiento! … Tampoco teníamos muchas opciones, ¿sabes? … ¡Lore! … No espero que estés de acuerdo conmigo, pero te lo pido como amiga, ¿puedes entender en parte nuestra situación? … ¡Escucha! … No quiero discutir esto por teléfono, ¿puedo ir a tu casa, por favor? … Será mejor si nos entendemos tu y yo frente a frente …
—¡Me parece una excelente idea! … Ven esta tarde, tomaremos un café juntas …


No había nada más que agregar, rápidamente me despedí de ella y terminé la conexión. Caminé por la sala de estar como una felina en una jaula estrecha. Pensaba y trataba de poner en orden las piezas de este rompecabezas. Vi que la revista estaba todavía allí, sobre la mesa, justo donde la había dejado ayer. ¿Me atreveré a mirarla otra vez?


Me acerqué y la tomé para hojearla, algo me compelía a volver a ver esas fotos lascivas. Con dedos temblorosos fui repasando página a página. Sentí la reacción espontanea de mi coño al ver las caras de loco placer de esas mujeres y chicos entregándose al goce incestuoso de una relación madre-hijo. Ahora me parecía ver en esas fotografías el lindo rostro de mi amiga y el guapo perfil de su hijo. Ella arrodillada frente a Esteban con su inmensa polla siendo acariciada por su lengua, le chupaba la polla con total abandono. Vi las imágenes de ella masturbando el grueso mástil de carne de su bebé. Ambos mirando cachondamente hacia la cámara mientras la boca de ella se llenaba de semen fresco y juvenil. Había más imágenes, ella con las piernas extremadamente abiertas, sus dedos abrían los hinchados labios de su coño mojado como para mostrarle el lugar prohibido, un lugar donde nunca un hijo debería entrar.


Cada imagen era más explícita que la anterior. Mi corazón parecía retumbar en mi pecho y para mi horror, sentí la incipiente humedad de mi panocha mojando mis bragas. No podía olvidar ni sacar de mi mente esas imágenes procaces. Me afirmé a la mesa y me quedé inmóvil. Era como si mi cuerpo tomara el control y mi cerebro estuviera bloqueado. Cerré fuerte los ojos y apreté mis muslos con la esperanza de detener el rio en creces de fluidos de mi coño. Pero eso sólo lo magnificó todo, mis piernas comenzaron a temblar. Ahora mis bragas estaban encharcadas y me parecía sentir un hilito de jugos descendiendo por mis muslos.


¡Dios, mío!, ¿qué me está pasando? ¿Qué demonios se están apoderando de mí? ¿Por qué me excitan tanto estos pensamientos e imágenes incestuosas? ¿Acaso por que son prohibidas? ¿Acaso por que son tabú? Mi coño pulsaba desenfrenado mientras trataba de asumir y controlar esta salvaje respuesta carnal de mi cuerpo.


Luisa debería llegar en algunos minutos, me apresuré a subir las escaleras y salté a la ducha con ansias de borrar de mi mente y mi cuerpo todos esos pensamientos indecentes e ilícitos, debía recuperar mi compostura. Abrí el grifo y ajusté la temperatura al máximo que podía aguantar. Quería limpiar mi cuerpo de estos vergonzosos deseos endogámicos.


El agua estaba como para pelar chanchos. Enjaboné mi cuerpo entero, mis dedos resbaladizos rozaron mi coño y mi hendedura enrojecida e hinchada. Mi clítoris estaba erguido y asomaba en medio a mis pliegues. Lo froté sin medida, muy luego me estaba masturbando con dedos dentro de mi vulva y dedos frotando mi centinela del placer. Apoyé mi espalda en los azulejos y empujé mis tetas contra el agua super caliente, mis pezones se irguieron a enfrentar el chapuzón caliente. En medio a la nube de vapor cerré mis ojos y las imágenes volvieron a mi mente, pero está vez vi a Tomas y su gorda polla leyendo la revista. Su mano derecha envolvía su grueso pene y la movía furiosamente hasta hacerla rebotar contra su pelvis. Él miraba las fotografías de mujeres mayores desnudas en inequívocas posturas teniendo relaciones con sus hijos adolescentes, pero esta vez la mujer de las fotografías era yo y el chico era él, mi propio hijo. Se masturbó de manera demencial y salvaje, gruñendo como un animal cuando finalmente de su polla salió un torrente de semen fresco.


Mi orgasmo se produjo en ese preciso instante en que Tomas embadurnaba todo mi cuerpo con su semilla nacarada. Mis piernas se aflojaron y me deslicé por los azulejos hacia el piso con el agua corriendo y mi cuerpo temblando en un exquisito orgasmo que casi me desmayé. El agua caliente descendía como una cascada sobre mi cabello lacio, pero las sensaciones no se iban, mi mano seguía acariciando mi panocha temblorosa. Derrotada, pero feliz, me abandone a esas dulces vibraciones post-orgasmicas, tratando de recuperar mi respiración y mi uso de razón.


Después de varios minutos, mi cordura volvió a mi cerebro, me levanté y cubrí mi cuerpo y mi cabello con toallas. A pesar de mi orgasmo, mis pezones seguían duros y mis pechos estaban firmes y muy sensibles, tal vez por la excesiva temperatura del agua. Me puse un vestido sencillo. No me molesté de usar un sujetador ni bragas ni maquillaje. Justo cuando ordenaba mi cabello, sonó el timbre del ingreso. Era Luisa. La dejé entrar amablemente y la saludé con un beso en la mejilla. Me siguió a la sala de estar y nos sentamos frente a frente. Ella rehuía mi miraba y se concentraba en mirar su regazo, casi en una postura entre sumisa y a la defensiva. Para mis adentros, pensé que estaba bien, de lo contrario ella podría haber visto el brillo en mis ojos de mi reciente orgasmo debido a las imágenes de la revista aquella. Me sentí aliviada, pero a la vez vulnerable. Nos quedamos un rato en silencio ambas sin saber como iniciar la conversación, luego ella habló:
—Lore … Sé que debes pensar que soy una persona horrible, pero te pido por favor que trates de comprenderme … Después de que mi marido se fue, pasamos dos años terribles, nuestras vidas estaban destrozadas … Yo sólo tenía a Esteban y él a mí … No nos dimos cuenta, pero nos fuimos acercando cada vez más … Una cosa llevó a la otra … Sin darnos cuenta nos encontramos consolándonos emocional y físicamente, ¿entiendes? …
Explicó y luego levantó su vista para mirarme a los ojos. Noté la tensión en su cuerpo y el enrojecimiento en sus ojos llorosos. Parecía incómoda y se notaba profundamente afectada por las actuales circunstancias. No quería interrumpirla, tomé sus manos en las mías y la animé a descargar toda su desventura.
—Sé que la sociedad no me va a perdonar esto, pero estoy segura de que son muchas las madres que tienen intimidad con sus hijos … No puedo creer de ser la única madre que ha cruzado esa línea … Al igual que tú, amo mucho a mi hijo y nunca haría algo para causarle daño … Estoy segura de que sabes esto, ¿no? …
Lo dijo en un tono que más que convencerme a mi misma, hablaba para convencerse ella misma de que no había nada de malo en tener relaciones sexuales con su hijo
—¿Cuánto tiempo hace que tú y Esteban llevan teniendo intimidad … Y cómo empezó todo? …
Pregunté tratando no solo de interiorizarme del problema, sino también de aprovechar su experiencia que tal vez podría ayudarme a lidiar con mis incestuosos deseos y ganas de hacerlo con mi hijo.
—Tal vez, un año … Fue una noche que volví a casa con un par de copas en mi cabeza … Una tarde de chicas, ¿sabes? … Creo que tu también estuviste con todas nosotras … Cuando subí las escaleras hacia mi dormitorio vi la puerta de Esteban abierta … Él estaba desnudo en su cama masturbándose … Como lo hacen todos los chicos de sus edad … Sólo que lo hacía con un par de bragas mías alrededor de su linda polla erecta, larga y gruesa … Tenía los ojos cerrados por lo que no se dio cuenta de mi presencia … De un de repente y sin previo aviso … Se contorsionó sobre la cama follando mis bragas y gritando: “Oooh, mamá … Que rica tu conchita, mami” … Parecía que litros de semen salían de su polla entiesada mientras seguía moviendo sus caderas enterrando su polla goteante en mi pequeñas bragas …
Hizo una pausa de silencio como para recordar toda la escena y continuó:
—Estaba terriblemente sorprendida de escuchar llamar mi nombre mientras manchaba y rociaba toda su semilla perlada sobre mis bragas … Bueno, pensé, es un joven y los jóvenes hacen eso … Pero jamás me vino a la cabeza que lo hacía llamándome de ese modo tan intenso … Entonces él abrió lo ojos y me vio parada en la puerta de su dormitorio … Pegó un grito atronador ¡!Mamá!! … ¿Qué haces tu aquí? … Frenéticamente cubrió su ingle con las sábanas y puso su antebrazo a cubrir sus ojos, como para no verme … Podía sentir su miedo y la profunda sensación de vergüenza que él sentía en ese momento … Decidí consolarlo y aliviar su vergüenza … Después de todo, él era todo lo que me quedaba en mi vida … No quería alienarlo y abrir una brecha entre él y yo …


Luisa me explicó que se acercó a su cama, se sentó en ella. Esteban estaba todavía demasiado avergonzado como para mirarla. Entonces ella inició un dialogo con él, diciéndole que no estaba enojada, pero si sorprendida. Le dijo que lo amaba mucho y entendía que los adolescentes se masturban y que muchas veces tienen fantasías con sus propias madres. Eso es viejo como el mundo mismo. Ella le besó la frente y él se tranquilizó bajando su brazo y finalmente la miró a los ojos.
—¡Oh, Lore! … ¡Deberías haberlo visto con su carita de cachorro tan asustado! … ¡Se veía tan vulnerable y adorable! … ¡Yo solo quería abrazarlo! …
Realmente me quedé un poco descolocada y sin palabras. Aquí estaba mi mejor amiga contándome cómo eventualmente sedujo a su propio hijo y yo estaba fascinada con su historia. No sentí nada de repulsión hacia ella, por el contrario, ahora mismo la estaba admirando; dejé que ella continuara:
—¡Miré a mi cachorrito a los ojos y, a decir verdad, nunca me sentí más cercana a él … Me incliné y lo besé de nuevo, pero esta vez lo hice en sus labios … Y no fue como un beso de madre a hijo, sino como un beso de mujer … Al principio se sobresaltó, pero reaccionó y me devolvió el beso tomándome en sus fuertes brazos … Me besó apasionadamente como hombre, así que me metí en la cama con él … Yo todavía estaba vestida … Él estaba pilucho, como cuando salió bebé de mi vagina …
Dijo suspirando con un inmenso amor de madre. A este punto hasta me estaba haciendo sentir emocionada, así que la reprendí diciéndole:
—¡Ya! … ¡Ya! … ¡Ya! … ¡Pero Luisa, él es tu hijo! … ¿Cómo puedes estar teniendo sexo con tu propio hijo? …
Ciertamente me estaba fascinando su historia, pero de todas maneras la cuestioné:
—¡No creas que fue fácil! … ¡Luché con mis sentimientos por un tiempo! … ¡Pero dada la soledad y el dolor que había tenido que soportar, cedí a mis deseos! … Además, Esteban necesitaba de mí … Estaba sexualmente hambriento, así que sentí que era mi deber de madre ayudarlo y consolarlo … Ninguna madre quiere ver sufrir a su hijo, ¿no? … ¡Lore, quiero que sepas que este último año ha sido el más feliz de mi vida! … ¡También él se siente feliz! … ¡Me parece haber recuperado a mi hijo, él ha vuelto donde pertenece! … ¡Adicionalmente a mejorado sus calificaciones notablemente! …
No podía negar lo mojado que se encontraba mi coño. Su historia era increíble y excitante. Me pregunté cómo se sentiría tener a mi hijo entre mis piernas, ¿sentiría el mismo nivel de felicidad, cercanía y calidez?


Luisa explicó que al mantener sexualmente satisfecho a su hijo, lo protege de chicas ligeras que podrían quedar embarazadas. Además, que ella misma se siente sexualmente realizada y ya no tiene que ir en busca de algún imbécil. Su hijo le da todos los días y todas las noches.
—¡De hecho, ocupamos un solo dormitorio … Así él puede cuidar de mi todas las veces que quiera! …
Dijo con un tremendo orgullo.
—¡Lore … No te estoy diciendo lo que tienes que hacer! … ¡Pero te cuento lo que ha funcionado para mí! … En casa ya no ocultamos nada … En nuestra casa no hay secretos ni nada oculto … Juntos no conectamos a Internet y visitamos sitios que tratan del amor familiar …
Sinceramente encontré que Luisa había sido super honesta conmigo. Me sentí intrigada y muy excitada. Decidí sincerarme con ella y revelarle mis sentimientos para con mi hijo. Ya no sentía ninguna reacción negativa hacia el incesto y cada vez me llamaba más la atención el tema.
—¿Sabes, Luisa? … ¡Yo también tengo algo que decirte! …
Comencé diciéndole y le conté los acontecimientos de los últimos días y de cómo Tomas se ha obsesionado con pensamientos incestuosos sobre mí. Le conté sobre sus insistentes miradas y sus intentos de tocarme y frotarse contra mí. Después le dije que había encontrado esa revista de mujeres mayores teniendo relaciones sexuales con chicos jóvenes. También le dije que encontré un par de mis bragas en su cama. No sabía porque estaban allí, hasta ahora que ella me había contado sobre lo que había hecho Esteban con las suyas.
—¿Y sabes? … Ayer me abrazó por detrás mientras estaba en la cocina … Me hizo sentir su gruesa polla en medio a mis nalgas … Me parecía que él empujaba intentando metérmela por el trasero … Era como si quisiera follarme con ropas …
A ese punto, Luisa me interrumpió:
—¡Lore! … Igual que Esteban, Tomas te necesita … ¿Acaso no lo ves? … El pobre chico debe estar sufriendo mucho … Sus hormonas deben estar enloqueciéndolo y necesita un alivio … Sabes que él es un chico bueno, ¿no? … Entonces, no veo el motivo de porque no lo ayudas …
—Ahora te estoy encontrando toda la razón, Luisa … Además, su comportamiento ha despertado en mí mis propios pensamientos y deseos … Mi mente se abruma con las imágenes de esa revista, ¿sabes? …
—¡Escúchame, Lore! … Para mi esta claro que se necesitan el uno al otro … Tu hijo es igual que mi hijo … ¡Hasta podrían ser hermanos! … Ambos son jóvenes sanos y fuertes, con un desarrollado apetito sexual … Ambos se sienten atraídos por sus madres … Entonces: ¿Por qué hacerlos sufrir y hacerlos sentirse culpables? … ¿No crees que es mejor alentar sus sentimientos y permitirles desahogar esos fuertes sentimientos juveniles? … Hasta parece algo natural, ¿no crees? …
Esto me hizo reflexionar e inmediatamente entendí, mi hijo estaba sufriendo y buscaba en mí un alivio, entonces le pregunté:
—¿Y qué me sugerirías que haga? …
—Bueno … En primer lugar no lo rechaces … Hazlo que se sienta cómodo contigo … Hasta podrías alentarlo poniéndote ropa más reveladora … Eres joven y tienes una bonita figura, ¿por qué esconderla? … Cuando Tomás mire tus pechos, sonríele y no lo hagas sentir culpable … En casa yo uso poca ropa y ¡Guau!, deberías ver como la virilidad de mi hijo se manifiesta en toda su gracia y potencia … Todos los hombres son atraídos por los senos de nosotras las mujeres y nuestros hijos no son diferentes … Además, tu tienes mucho que hacerle ver, ¿no? …
Dijo sonriendo y mirando mis exuberantes pechos, luego prosiguió:
—Puedo sugerir también que lo abraces y lo beses en la mejilla, o tal vez en sus labios … Deja que él sienta tu cuerpo y no lo alejes si él te quiere sentir más de cerca … La cercanía entre madre e hijo genera un fuerte vinculo de confianza y físico también … Cada vez qui mi hijo me abraza, puedo sentir su dura polla … En vez de alejarlo, lo dejo sentir mi cuerpo … Normalmente nos besamos y luego … Bueno … Puedes imaginar el resto, ¿no? …
Con esos comentarios tan sinceros y precisos, ella se levantó y se dirigió a la puerta. Le di las gracias por haber venido y un cálido beso de despedida. Le dije que era mi mejor amiga y que la amaba. Al salir, ella miró mi blusa y se dio cuenta de que mis pezones estaban rígidos como roca.
—¡Dios santo, mujer! … ¡Mirate! … ¡Necesitas cuidar de tu hijo y que él cuide de ti! … ¡Ah! … ¡No olvides de llamarme y contármelo todo! … ¡Adiós! …


Cuando ella se fue, regresé a mi habitación y me boté sobre mi cama a reflexionar sobre el asunto. Tomas volvería a casa dentro de una hora, así que tenía tiempo para pensar en lo que debía hacer. Ya no me sentía culpable y deduje que era hora de darle a mi hijo el afecto físico que él necesitaba. Me pareció que las prioridades de mi hijo debían ser mis prioridades ante cualquier barrera social.


Me estremecí al pensar lo que eso significaba. Mi piernas se apretaron y restregaron tratando de disimular el fuego que comenzaba en mi entrepierna. Mis glúteos se apretaron cuando empujé mis caderas hacia arriba sicalípticamente. Otra vez me sentí cachonda, pero no quería volver a masturbarme al igual que esta mañana. Las ganas de quitarme ese escozor entre mis piernas no me faltaban, pero decidí levantarme y fui a mi armario a ponerme algo sexy para esperar y sorprender a mi bebé.


Seleccioné una blusa ajustada y dejaría los botones superiores desabrochados para hacer ver un amplio escote que metiera bien en muestra mis pechos, sé que a él le gusta eso. Luego me coloque una falda amplia que me cubría la mitad del muslo. Como bragas, elegí unas muy pequeñas y que normalmente se incrustaban entre los labios de mi panocha. Apliqué un ligero maquillaje y mi perfume habitual. No quise ponerme medias, porque quería que el viera la piel desnuda de mis muslos.


Sonreí cuando me miré al espejo pensando que sería imposible que mi hijo pudiera resistirse a una madre sexy y sensual. Pronto él volvería a casa y moría de ganas por ver su reacción. Bajé a la sala de estar y me senté a ver un poco de Tv, al sentarme mi falda ancha subió por mis piernas dejando expuestos generosamente mis muslos. Sí él se sienta frente a mí, podría ver perfectamente mis bragas enterradas entre los labios regordetes de mi conchita. Volví a apretar mis piernas de solo pensar a esa posibilidad.


Al inclinarme para recoger el control remoto, mis pesados pechos forzaron los botones de la ceñida blusa amenazando con romper los botones. Ajusté como pude la blusa pero fue inútil, mis senos eran demasiado gordos o esa blusa se había achicado de repente. Mis pezones se evidenciaban orgullosos como anunciando lo que mi coño sentía. Mis piernas se abrieron ligeramente, invitando a mirar los tesoros que yacían entre ellas.


Mientras hacía un poco de zapping en la televisión, escuché a Tomas abriendo la puerta con sus llaves. Estaba a punto de entrar. Contuve la respiración y adopté una posición recatada. Mi corazón latía con fuerza.
—¡Hola, mami! …
—¡Hola, bebé! … ¿Cómo anduvo tu ensayo? …
Dije. Evitando deliberadamente de hacer contacto visual con él. Quería ver su reacción al notar mi atuendo sexy. No sabía cual iba a ser su actitud al verme.
—¡Oh! … ¡Mami! … ¡Tú … tú … te ves … uhm … sensacional! …
Dijo mirándome con los ojos muy abiertos, y tal como esperaba, sus ojos estaban fijos en mi generoso escote. Fingí no notar su descarada mirada boquiabierta al desnudo de mi piel.
—¡Gracias, cariño! … ¡Qué lindo que te guste! …
Dije mirándolo a los ojos. Su rostro parecía sonrojado. No paraba de escudriñar mi cuerpo como si hubiera visto el espíritu de alguien. Le sonreí, pero él no lo notó, sus ojos estaban en mis muslos. Parecía haber perdido la capacidad de moverse, me levanté y comencé a caminar hacia él. Al levantarme mis grandes pechos sobresalieron y lo escuché jadear.
—¡Ven aquí, Tomas! … ¡Ven y cuéntale a mami cómo estuvo tu día! …
Finalmente dio unos pasos hacia mí, abrí mis brazos para abrazarlo. Me colgué de su cuello y me estreché asegurándome de que sintiera la esponjosidad de mis grandes tetas en sus recios pectorales. Aplasté mis senos en contra de él y sus jadeos aumentaron.
—¿Qué te sucede, querido? … ¿Te comieron la lengua los ratones? … ¿O ya no amas a mami? …
Le dije haciéndole sentir la calidez de mi sinuoso cuerpo y agregué:
—El otro día dijiste que me amabas mucho, ¿no? … ¿O estabas bromeando? …
Hice pucheritos mientras le susurraba al oído.
—¡Bueno, mami! … ¡Ehm, yo! … ¡Pensaba que podías estar enojada conmigo! … ¡Ya sabes! … ¡Por lo de la revista! …
Dijo en un tono entre tímido y vacilante.
—Oh, no, cariño! … ¡No lo estoy! … ¡Lamento haber reaccionado exageradamente! … ¡Eres mi bebé y sé que a tu edad eso es lo normal! … ¡Debes tener tus cosas y tu privacidad! … ¡Tus hormonas se revolucionan y tus impulsos se acrecientan! … ¡Eso le sucede a todo chico adolescente! … ¡Es la naturaleza! …


Lo acompañé hasta el sofá y nos sentamos juntos tomados de la mano, yo me había mantenido medio girada hacia él para que pudiera contemplar mis pechos mientras mis pezones me estaban torturando y moría de ganas de que él me tocara. Mi amplio escote lo tenía hechizado y sus ojos giraban volviendo una y otra vez sobre mis pechos.
—¡Tomas! … Dime ahora, ¿por qué te gustan mirar esa revista particularmente? … La mayoría de los chicos mira revistas como Playboy o Penthouse … ¿Por qué miras revistas de madres e hijos? …
Quería escuchar su respuesta, me miró a la cara y un poco reticente me dijo:
—No lo sé, mamá … Me gusta ver a mujeres maduras … Me excita eso de madre e hijo … Los chicos sintiéndose así de cercanos a sus madres … Se supone que no está bien que piense esas cosas, pero supongo que a mi me gusta eso … Mientras más lo pienso, más me gusta … Cuando Esteban me mostró la revista, me di cuenta de que no era el único chico que pensaba estas cosas … Luego me dijo de las cosas que hacían él y su madre … Esto me hizo pensar en ti, mamá … Me pregunté si algún día tú y yo podríamos hacer lo mismo … Espero que no estés enojada por mis pensamientos un poco raros y pienses mal de mi …
Concluyó lanzando un fuerte suspiro de alivio, como si se hubiera despojado un gran peso de encima.
—¿Sabes que las madres deben amar a sus hijos y protegerlos? … ¡No deben tener sexo con ellos! … ¿Entiendes eso? …
—¡Lo sé, mamá! … ¡Pero es algo más fuerte que yo! … ¡Me excito al estar cerca de ti … más … si te toco! … ¿Qué se supone que deba hacer? …
—¡Sí! … ¡Eso es precisamente lo que quiero saber! … ¿Qué es lo que haces? …
—¡Uhm, nada! … ¡Me voy a mi cuarto o al baño y me toco a mí mismo! …
Dijo bajando su mirada para evitar la mía. Tomé su mano y lo presioné.
—¿Cómo, Tomas? … ¿Cómo lo haces? … ¿Qué te tocas? …
—¡Ehm, bueno! … ¡Ya sabes! … ¡Mi pene se pone rígido, así que lo magreo, lo sacudo y lo hago hasta sentirme bien! …
—¿Qué te hace sentir bien, Tomas? … ¡Dímelo! … ¿Cómo logras sentirte bien? …
—¡Y bueno! … Me sale esa substancia blanca, ¿sabes? … ¡Eyaculo … hasta más de una vez! …
Vi que sus ojos no se despegaban de mis pezones y también vi que su entrepierna se había inflado a desmesura. Esta conversación lo estaba afectando, pero también mi coño pulsaba y mis pezones me estaban volviendo loca.
—¡Mami lo entiende, cariño! … ¡Todos lo chicos hacen eso y juegan con sus pollas! … ¡Eso es lo más normal del mundo! …
Creo que se sorprendió cuando use la palabras “pollas”.
—¡Lo sé, mami! … ¡Pero Esteban y su madre son muy cercanos! … ¡Tú y yo, no! … ¿Por qué? …
Su pregunta tan directa me tomó un tanto descolocada, así que fingí no saber nada.
—¡No sé, Tomas! … ¡No creo que lo sean! … ¿Qué te dijo exactamente Esteban sobre él y su madre? …
—¡Bueno! … ¡Él me dijo que su mamá y él se besan y abrazan … Él la toca estando toda desnuda … Ella lo deja tocarla por todas partes … Le permite jugar con sus tetas, ¿sabes? … Ella también juega con su… ehm … ya sabes, ¿no? … Y él le dispara toda su substancia blanca a ella … Incluso van a la ducha junto y su mamá lo toca y cuando dispara esa cosa, ella se lo traga …
—¡Uhhhhhh! …
Se me escapó un gemido y me estremecí al escuchar su cruda descripción de Luisa y su hijo. Mi coño estaba más que húmedo. Esto se estaba saliendo rápidamente fuera de control. Me acerqué a él para abrazarlo y le dije cuanto lo amaba. Que quería que el fuera muy feliz. Le dije que también quería estar cerca de él. La verdad es que ya no podía aguantar y resistirme a estar con él y sabía que él quería lo mismo que yo.


Él no tomó ninguna iniciativa, así que me separé ligeramente de él y lo besé primero en la frente. Sus brazos me rodearon, entonces lo besé en sus labios. Fue como la tentativa de un beso, primero solo nos rozamos, pero muy pronto se despertó el ímpetu de su juventud y me respondió con inusitada pasión. Nuestras bocas se juntaron con hambre y nuestras lenguas exploraron e iniciaron el juego de amarse.


Gemí cuando el me apretó firmemente contra sus pectorales, creí que mi blusa no iba a poder seguir conteniendo el peso y empuje de mis senos. Sentí que me hiperventilaba y me faltaba el aire, lo empujé ligeramente hacia atrás. Esta vez fue él que se inclinó sobre mí y posó sus labios en mi boca entreabierta, insinuando su tibia lengua en mi boca. No pude resistirme. Me abandoné en sus brazos sedienta de sus caricias. Él comenzó a besar mi cuello y a morder el lóbulo de mi oreja y su mano acarició los bordes de mis senos por sobre mi blusa.


Me recordé que Luisa me había dicho que no lo alejara cuando sintiera que él quería estar conmigo, así que me relajé y lo dejé hacer. Acaricié su cabello incitándolo a seguir besándome y levanté mi muslo para meterlo en su entrepierna y sentir esa cosa dura que empujaba contra mi vientre. Sentí sus dedos luchando con los botones de mi blusa, los desabrochó todos y mis túrgidos senos se abalanzaron pesados hacia adelante. Su mano derecha palpó mi teta izquierda aplastando suavemente mi pezón por sobre mí sostén. Suspiré y gemí bajando mi mano sobre sus pantalones.


¡Santo cielo! Era como una botella de Coca-cola de esas antiguas, fina al principio y luego se engrosaba significativamente. ¡Mamá mía! Mi mano no alcanzaba a envolverlo todo en la parte más gruesa.


Tomas comenzó a acariciar mis senos, probaba a manosear mis pezones con sus dedos pulgar e índice. Ahuecó su mano y aplastó mi pecho izquierdo sin dejar de besar y mordisquear mi cuello. Su mano se abría y cerraba por sobre mi fino sujetador, sobajeando mis duros pezones suavemente. Mi corazón latía en manera salvaje, mi coño eructaba su néctar bañando mis bragas, entreabrí mi boca y jadee con los ojos cerrados al sentir que su dedo inquisidor se desplazaba sobre mi otro pecho y lo sometía al mismo tratamiento. Masajeaba mis areolas y tanteaba las crestas de mis pezones, haciendo pequeños círculos. Empujé ganosa mis tetas contra sus manos deliciosas. Mi mano presionó su tremenda dureza y lo escuché jadear sintiendo que empujaba sus caderas contra mi mano. Se apartó ligeramente para mirarme a los ojos.


Nuestras miradas con ojos brillantes de deseos se entrecruzaron. Nuestras excitación no daba cabida a palabras innecesarias. Ambos entendimos todo, estábamos al borde mismo de la frontera y nos disponíamos tácitamente a cruzar la línea. Nuestras vidas iban a cambiar para siempre. El paso que íbamos a dar no podía retrocederse. Fue entonces que me colgué de su cuello y lo besé intensamente en sus labios. Él me respondió con la misma fogosidad.


Sus manos volvieron sobre mis pechos a raspar mis areolas, aprisionando mis pezones entre sus dedos. Yo volví a poner mi mano sobre sus pantalones y froté su parte delantera, fui recompensaba por profundos e intensos jadeos; aumenté la presión hacia arriba y hacia abajo, dibujando círculos con mi pulgar sobre su cabezota. Él gimió en mi boca. O tal vez fui yo quien lo hizo.


Mientras frotaba su encubierto pene, imágenes de la revista aparecieron en mi mente. Veía las manos de esas mujeres magreando las pollas enormes de esos chicos. Metí la mano entre sus piernas y ahuequé sus bolas y la base de su polla, a pesar de estar cubiertas por la delgada tela de sus pantalones, podía sentir la calidez y el pulsar de su sangre.
—¡Ohhh, mami! …
Grito con lujuriosa desesperación separándose de mis labios y escondiendo su rostro cachondo en mi cuello. Sus manos se movieron a mis hombros y comenzó a bajar los tirantes de mi sujetador un poco inexpertamente. A medida que los bajaba mis pechos se fueron mostrando a sus ávidos ojos. Quería observar su cara cuando se encontrara contemplando mis tetas desnudas. Cuando las copas de mi sostén descendieron bajo mis pezones, sus manos se metieron en mi sujetador y las tiró fuera, ansiosamente pellizcó uno de mis pezones.
—¡Uuuhhhhh, cariño! …
Gemí temblando de lujuria. Agarró mis pezones y jugo con mis tetas cual si fueran un juguete nuevo. Entonces desabroché su cinturón, ahora yo quería jugar con su polla, también quería verla con mis propios ojos y sentirla en mis manos desnudas.


Le bajé la cremallera, pero no pude bajarle los pantalones porque estaba sentado, así que tuve que meter mi mano por la abertura de sus boxers y sacarla entremedio de su ropa interior. Metí mi mano por debajo y atrapé su magnificencia dura como roca. Me percaté que su ropa interior se había humedecido con su líquido preseminal. Su polla palpitaba en mi mano y perdía gotitas como perlas.


Por fin la polla de mi hijo estaba en mi mano, casi no podía creerlo, disfruté el momento, por ningún motivo la iba a soltar. Era su polla, pero yo lo había parido a él y su polla era mía. Me quedé mesmerizada mirando su ariete de carne grueso y tieso. Él metió sus manos en mi espaldas y desabrochó el broche de mi sujetador y mis dos globos carnosos quedaron en completa exhibición, bamboleándose ufanamente en libertad. Tomas las miraba embelesado y fascinado, parecía que todos sus deseos y fantasías se estuvieran cumpliendo. Sus ganas de estar “cerca” de su madre estaba concretándose en una mera realidad.


Mi mano apretó y él se estremeció al sentir el estrecho contacto de mi mano con la sedosa piel de su prepucio que envolvía la solidez caliente de su polla. Una vez más cerré los ojos complaciéndome de la sensación de tener la polla de mi hermoso bebé firme en mi mano. Su polla no era monstruosamente grande, pero su prepucio era aterciopelado y delicioso, ya que no había sido circuncidado. Sentí la redondez del anillo de su corona al desplazar mi mano hacia el extremo superior que pulsaba al ritmo de los latidos de su corazón.


No resistí la tentación y comencé a masturbarlo lentamente. Quería que él sintiera el máximo de placer y prolongarlo en el tiempo.
—¡Oooohhh, mami! … ¡Mami! …
Gimió y su respiración se hizo pesada y afanosa. Trató de mover sus caderas como para follar mi mano, pero sus movimientos eran limitados ya que permanecía sentado.


Continué a magrear su polla, usé mi pulgar para untar las gotitas de líquido preseminal por sobre la cabeza tumefacta de su verga. Esto hizo que las gotitas aumentaran. Sus gemidos se hicieron más fuertes mientras sus manos apretaban mis pechos con todo su vigor juvenil. Apreté un poco más su polla y aumenté la velocidad de mis movimientos. No sabía lo que él pensaba. Su cabeza estaba probablemente repleta de años de fantasías y deseos incestuosos reprimidos. Quería prolongar su placer y que disfrutara de todas sus fantasías incestuosas ocultas.


Mi coño era una hoguera ardiente por el solo hecho de estar viviendo con mi hijo este acto prohibido. Era como si una represa se hubiera roto y ahora todo la fuerza incontrolable de mi lujuria se soltaba libre para inundar mi cuerpo y mi alma, no me cansaba de todas estas sensaciones nuevas. Arqueé mi espalda empujando mis tetas en sus manos para animarlo que hiciera todo lo que quisiera. Trató de abarcarlas las dos en sus fuertes manos, las apretó, masajeó, aplastó y gozo de ellas con sus manos y dedos. Entonces empujé su cabeza hacia abajo con la esperanza de que los lamiera, chupara y mordiera. Hizo lo que esperaba y comenzó chupando mi pezón izquierdo. Su lengua inició un barrido sobre mi teta, rodeó mi areola, luego pasó a mi otro seno. Gemí y aferré con más fuerza su pija sacudiéndola con mayor frenesí.


Tomas gimió con su cabeza perdida entre mis pechos y su cuerpo comenzó a temblar, se agitó como si estuviera sufriendo un ataque cardíaco y gritó:
—¡Ooohhh, mami! … ¡Ssííí! … ¡Ssííí! … ¡Aasííí, mami! …
Su polla estremeció toda mi mano y pareció explotar, estallando en repetidas ráfagas calientes. Quería sentir su cálido semen, así que moví mi mano sobre su cabezota hinchada. De ese modo varios chorros del precioso semen de mi hijo explotaron en la palma de mi mano, inundándola y embadurnándola toda. Finalmente lo ayudaba a superar años de deseos reprimidos de lujuria incestuosa y su semen se acumulaba en mi mano. Me estreché a su cuerpo y le susurré al oído:
—¡Sí, cariño! … ¡Déjalo salir todo! … ¡Mami lo quiere todo! … ¡Dámelo, bebé! … ¡Eres mi chico grande ahora! …
Mi mano libre se movió a envolver sus bolas y delicadamente las estrujé para hacer salir toda su leche y prolongar su placer. Las masajeé para convencerlas a soltar hasta la última gotita que quedaba en su arrugado saquito. Tomás lanzó un tremendo gemido cuando un chorro enorme salió disparado de su polla tiesa y dura. Luego se desplomó sobre mi hombro. El increíble orgasmo lo había dejado seco.


Solo la lujuria de mi hijo había quedado satisfecha, mi panocha estaba jugosa, hambrienta y todavía en llamas. Suplicaba por un alivio. Pensé en irme a mi habitación y frotar mi coño hasta correrme, pero la idea me pareció ridícula. Estaba entre los brazos de mi hijo y si me iba a correr, lo haría haciéndole sentir mi cercanía, tal como él se había corrido con mi mano.


Saqué mi mano de su ropa interior empapada y la moví entre mis muslos; hice a un lado mis bragas y acaricié mis hinchados labios mojados con la esencia pegajosa de su semen, mezclando el todo con mis propios jugos. Mi cuerpo tembló mientras deslizaba mis dedos al interior incandescente de mi estrechez femenina. Moví mis dedos dentro y fuera y de lado a lado, suavemente cosquilleé mi clítoris. Después de repetir el movimiento varias veces, comencé a jadear de intenso placer. Me follé con los dedos. Mi hijo parecía no darse cuenta de mis dedos hundidos, ¿acaso no podía sentir el movimiento de mi mano?


Continué por un rato gozando de mí misma, de pronto y repentinamente mi cuerpo convulsionó y una ola de placer remeció todo mi cuerpo, gemí audiblemente y me mordí mi labio para no gritar. Mi coño convulsionó y lanzó unos chorritos de mis propios jugos femeninos.


Retiré mis dedos mojados y los llevé a mis labios. Saboreé mi propia sapidez y luego se lo llevé a los labios de mi hijo. Arrastré mis dedos bañados en el surco de sus labios y deposité un beso en ellos como para sellar esta cercanía nueva entre él y yo. Era el inicio de nuestro amor incestuoso. No creo haberme sentido así tan cerca de él nunca en mi vida. Luisa tenía razón, no hay nada comparable al amor entre una madre y su hijo en forma física y emocional.


Desde ese entonces nuestra relación siguió creciendo día a día, noche a noche. Viajamos juntos por un camino nuevo, ya no solo como madre e hijo, sino también como hombre y mujer. No sentí ninguna culpa ni vergüenza por ello, por el contrario, me siento más feliz que nunca porque sé que hago feliz a mi hijo.


Fin


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El regalo más preciado de quien escribe es saber que alguien está leyendo sus historias. Un correo electrónico, a favor o en contra, ¡Tiene la magia de alegrar el día de quien construye con palabras, una sensación y un placer!



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2026-09-15
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