Giulia y Gino.

escrito el 2026-11-04 tiempo de lectura 36 min

por
género
Incesto
cuidado
B−

—¡Mami! … ¿Me lavas la espalda, por favor? …
Giulia sabía que su hijo la iba a llamar, pero ella se quedó donde estaba tratando de calmar su respiración. Ella no quería lavarle la espalda a su hijo Gino; es decir, ella quería, pero le daba miedo hacerlo. Giulia había lavado a su hijo desde que era un bebé, siempre lo había hecho con amor y cariño, le gustaba y lo disfrutaba. Pero en este último tiempo Gino había tenido unas vistosas y grandes erecciones en frente a ella. Lavarle la espalda a su propio hijo ya no era una cosa de una madre y su hijo en la ducha. No para Giulia. Gino había crecido, ya no era su bebé. Era un joven adolescente entrando a su mayoría de edad. Su polla parecía un poste cuando ella le frotaba la espalda. Gino había tratado de disimular y mantener su erección oculta para ella, pero con los movimientos esa cosa se movía de lado a lado, hacia arriba y hacia abajo y era imposible no tener fugaces vistazos de su inmensa masculinidad.


La primera vez pensó que había sido algo fortuito y puramente accidental. Los jóvenes siempre se ponen duros, especialmente si alguien esta en la ducha tocándolos. Pero ahora Giulia sabía que no fue del todo accidental. Ahora Gino se ponía duro como fierro cada vez que ella le lavaba la espalda. Giulia tampoco estaba segura de que el se esforzara lo suficiente para mantener el control de su polla y ocultarla a la vista de ella.
—¡Mamá! … ¿Vas a venir a lavarme la espalda o no? …
—Espera, cariño … Dame sólo un minuto …
Respondió lo suficientemente fuerte para que él la escuchara bajo el sonido de la ducha.


Giulia flexionó sus manos contra la parte inferior de su vientre. Si ella se negaba, Gino pensaría que algo no andaba bien, pero si ella iba a lavarlo, entonces volvería a sentir esas cosas que la preocupaban, esos sentimientos de culpa de que ya no podía confiar en sí misma. Ella sabía que si se seguía enfrentando a las furiosas erecciones de su hijo, ella iba a terminar agarrando su pene, lo iba a sentir en sus manos, iba a jugar con la dureza de él, lo restregaría, lo magrearía, lo iba a masajear hacia arriba y hacia abajo y…


Comenzó a sentir esos temblores nuevos que la confundían. Ojalá su polla no hubiera crecido así tanto; ojalá su polla no se hubiera endurecido de ese modo; ojala volviera todo a la normalidad y pudiera seguir lavándole la espalda como hacía antes; ojala no volviera a sentir esos temblores nuevos que la atormentaban; ojalá…
—¡Mami! … ¿Vienes? …


Giulia tembló y se abrazó a sí misma como para darse coraje. De seguro él tenía ahora mismo una erección, se dijo a sí misma. Su polla era tan larga, dura, nervuda y gruesa que sobresalía y, esa cabezota, tan redonda e hinchada de color purpura y brillante. Sus bolas jóvenes pesadas y llenas. Empezó a sentir una comezón en sus manos y unas contracciones en su coño que pulsaba.



¿Maldita sea, maldita sea, maldita sea! Ella susurró y se dio cuenta de que ya no estaba abrazándose a sí misma, sino que sus manos ahuecaban sus tetas y las aplastaban. Inmediatamente apartó sus manos como si le quemaran. Estaba de pie, pero sus piernas se sentían gomosas. La entrepierna de sus bragas le resultaba incómoda. Dio un paso hacia el pasillo y se detuvo abruptamente temblando. Su coño parecía haberse chupado hacia adentro y su clítoris protuberante empujaba el delgado género de sus bragas. Giulia jadeó y luego contuvo la respiración. Eso nunca le había sucedido antes. Ella estaba agitada como si hubiese tenido un orgasmo espontaneo.


Apretó los puños, respiró profundamente y caminó los últimos metros hacia el baño. Luchando contra sus crecientes deseos, entró al baño y se dirigió a las puertas deslizables de la ducha. “Está bien”, se dijo para sí misma mientras estiraba su mano hacia el pomo de la puerta y la abría. La gran polla de su hijo estaba justo en frente a ella, Gino estaba girado hacia la puerta. Su pene totalmente erecto se bamboleaba dentro de su rigidez, haciéndolo parecer algo autónomo del cuerpo del muchacho. Apuntaba hacia arriba, en dirección de los ojos de Giulia, esta se mordió su labio inferior y sus ojos brillaron hipnotizada por la tremenda verga. Sintió el flaqueo de sus piernas y las involuntarias contracciones de su coño candente y mojado. Le pareció una eternidad que Gino tardó en girarse hacia los azulejos de la pared.


Su mano temblaba cuando tomó la barra de jabón y comenzó a deslizarla desde sus omoplatos hacia abajo, pero sus ojos no seguían su mano. Sus ojos estaban cautivados por los hermosos y musculosos glúteos de Gino. Eran un culo masculino muy bello. Se fijó en lo apretadas que eran sus nalgas y el estrecho surco que las dividía. Tragó saliva y casi se le escapa un tenue gemido, sus rodillas flaquearon otra vez.


Deslizó sus manos por su espalda, las mantuvo cuidadosamente por encima de la cintura, pero su fascinación continuaba a ser el culo de Gino. Su hijo tenía el culo más lindo que jamás haya visto en un hombre. Mirando su culo así desnudo, sus nalgas tan redonditas y apretadas, casi superaron su lucha contra el deseo de tocarlas, acariciarlas, masajearlas, amasarlas y jugar con esas protuberancias de carne fresca y joven.


Involuntariamente su mano se movió y Giulia observó con ojos afligidos como, envuelta en jabonosa espuma, su mano empujaba en medio a esas maravillosas nalgas; fue un movimiento ligero, largo y acariciador.
—Esa no es mi espalda, mamá …
Escucho decir a Gino en un tono favorable y alegre, pero no hizo ningún movimiento. Giulia tampoco se movió. Juguetonamente le dio unas palmaditas, un ligero apretón y luego su mano se desplazó rápidamente a frotar la espalda de su hijo.
—Te estás haciendo grande, Gino … Te estás convirtiendo en un hombre …
—Sí, es verdad, mami … Estoy creciendo …
—Seguro que sí, cariño … Seguro que sí …
Respondió Giulia con la voz enronquecida. Las gotas de la ducha le habían salpicado la blusa y ahora se traslucía dejando ver sus firmes tetas cubiertas por un sujetador negro. Ella siguió frotando la espalda de arriba hacia abajo y sus ojos seguían fijos en el duro y firme trasero de su hijo. Luego sus manos escaparon de su control, las ahuecó sobre las nalgas del chico y las apretó con firmeza.
—¡Aaayyyy! …
Gimió Gino mientras su madre apretaba sus nalgas. Giulia contenía la respiración y observaba cómo sus manos apretujaban las posaderas del muchacho, acariciando en medio del ceñido surco entre ellas. La consistencia y juventud se sentían muy bien en sus manos. Su coño burbujeaba dentro de sus bragas y su entrepierna se empapaba de cálidos fluidos. Gino emitía suaves sonidos de placer mientras las manos de su madre acariciaban su trasero y la parte interna de sus muslos y luego volvían a moverse en medio a sus apretados glúteos. Las tetas de Giulia, mojadas por las salpicaduras de la ducha, se sentían como si estuvieran hinchadas y a punto de estallar apretadas por su sujetador, y su coño ardía en llamas. Otra vez volvió a sentir el afano de un orgasmo. Un gemido bajo escapó de su boca reseca y ahueco con fuerza las nalgas del muchacho, sus dedos cavando en medio a sus musculosos glúteos.
—¡Hmmmmmm, mami! …
Gimió Gino y arqueó su espalda para empujar su culo contra las manos de su madre.


Giulia estaba toda salpicada de agua proveniente de la ducha. La espalda de Gino estaba cubierta de espuma. Sus manos estaban mu jabonosas, moviéndose en medio a las nalgas del culo de él, sus dedos arrastrándose y escarbando a lo largo del surco enjabonado. Casi podía sentir el saco con las bolas de su hijo al final del canalón de las apretadas nalgas, rápidamente se alejó de ese sector. El cuerpo de Giulia temblaba.
—Quédate quieto … No puedo lavarte bien si te mueves así tanto …
Dijo ella con voz rauca y susurrante. Pero no era su espalda la que ella estaba lavando. Giulia volvió a pasar sus dedos jabonosos en medio a los firmes glúteos de él. Sus ojos miraban con fascinación el movimientos de sus dedos sintiendo la estrechez del culo de su hijo. Sintió que sus piernas cedían y tuvo que arrodillarse sobre las baldosas del piso, mientras su culo se bamboleaba suavemente con deseos crecientes. Pasó sus manos por cada centímetro del trasero de Gino en forma lenta y acariciadora. Repentinamente Gino se volteó.
—¡¡Gino!! …
Jadeó Giulia al encontrar el grueso pene de él frente a sus famélicos ojos. Él se rio maliciosamente y dijo.
—Tienes que lavar también esto, mamá …
—¡Oh, no! … Gino, yo …
Giulia se detuvo incapaz de hablar con la vista alucinada por la belleza de la polla de Gino.


Un deseo profundo e intenso la conmovió, haciendo que su mente se aletargara antes los sentimientos de lujuria que la hacía sentir su cuerpo. Su horizonte entero estaba copado por la polla de su hijo. Esa polla que se alzaba hacia lo alto, apuntando hacia un lugar justo en medio de su frente. Vio el agujero en el ápice de la polla de Gino con gotitas, pero no sabía si era de la ducha o fluidos provenientes de la polla de él. Había unos escasos vellos en el pubis del chico y sus bolas debajo no tenían vellos.


Su mano se movió y sus dedos se cerraron alrededor del nervudo pene de Gino. Giulia suspiró sintiendo la suavidad aterciopelada del prepucio y un punzada atravesó su panocha, el calor de la polla le quemaba la mano. Agarrándolo con las dos manos, Giulia arrastró la afelpada piel hacia atrás, haciendo sobresalir la enorme cabezota brillante y lisa.
—¡Ohhh, Gino! …
Susurró sin dejar de mover su mano.
—¡Lávalo, mami! … ¡Lávame allí también! …
Suplicó Gino, empujando sus caderas hacia adelante y casi tocar el rostro de su madre.
—¡Oh, Dios, cariño! …
Murmuró Giulia, comenzando a mover su puño. Hacía un movimiento hacia atrás y hacia adelante, imposibilitada de detenerse, deseosa de satisfacer sus ardientes deseos. Mientras ella agitaba su mano, vio las bolas de Gino brillar y agitarse con golpes rápidos y cortos apuró la paja a Gino. Lo masturbaba sin poder parar, además, ella no quería parar. Bombeaba vigorosamente la polla de Gino y su puño enjabonado se deslizaba con facilidad. Emitía sonidos suaves y acuosos y ella contemplaba con su rostro mostrando su frenética lujuria y con su boca entreabierta sicalípticamente, sus incontenidos deseos.


Gino empujó sus caderas hacia adelante, gemía mientras observaba la mano de su madre magreándolo intensamente. La otra mano de Giulia estaba perdida en medio a sus muslos restregando su coño hinchado por sobre sus mojadas bragas. Sus ojos estaban saturados por la niebla del deseo mientras continuaba a mover su mano a ratos lentamente y a ratos velozmente. Siempre observando el agujero a la cima de la cabezota donde escurrían gotitas que rápidamente se transformaban en burbujas y luego en una erótica espuma. La mano de Giulia se puso borrosa debido a la velocidad con que la movía. Gino se agitaba y gemía sintiendo la mano de su madre sobre su carne caliente y un intenso hormigueo en su pesadas bolas. Giulia lo escuchaba gemir y sabía que él estaba cercano a su clímax e intensificó su masturbación, estaba segura de que se correría de un momento a otro.
—¡Ooohhh, mamá! … ¡Se siente muy rico, mami! …
Giulia sintió las convulsiones de la polla de su hijo en su mano y alcanzó a decir:
—¡Gino … Bebé! …
Un grueso filamento de semen salió volando desde la hinchada polla de Gino. Alborozada lo vio chorrear y antes de que pudiera reaccionar, el espeso semen salpicó el frente de su vestido. Por un breve instante ella detuvo sus movimientos, pero casi de inmediato comenzó a bombear con todas sus energías, observando el fluido cremoso brotar de la polla de su hijo y sobre ella. Gino jadeó y se sacudió moviendo sus caderas alocadamente mientras chorreaba a su madre con su poderosa eyaculación.


Giulia se aferró a su miembro viril y la sintió cómo se desinflaba poco a poco en su mano. De repente sintió sentimientos contradictorios, un poco de vergüenza por lo que había hecho, pero no lo suficiente convincentes como para detener las profundas y estremecedoras pulsaciones de su coño estrecho y caliente. Mientras el nervudo pene de su hijo se ablandaba en su mano, ella lo jaló y vio la última gota de semen goteando desde la redonda cabezota. Suavemente pasó la palma de su mano sobre esa, sintiendo el pegajoso fluido adherirse a su piel. Giulia suspiró e intentó ponerse de pie, se sentía muy cansada y su coño bullente y espumeante parecía listo a explotar en un intenso orgasmo.
—Eso estuvo fantástico, mamá … Realmente lo necesitaba …
Giulia levantó su mirada para encontrarse con el rostro de Gino que sonreía y no mostraba ni un atisbo de vergüenza.
—¡No, hijo! … No fue apropiado de mi parte … Esto no debería haber sucedido, cariño …
—Pero yo quería que lo hicieras, mami … Me gustó mucho …
Dijo Gino de pie bajo el rocío de la ducha.


Giulia permaneció de rodillas observando cómo la espuma se desvanecía con el agua. Miró fijamente la gruesa polla y las pelotas de él. El liquido escurría por la punta de su pene como si estuviera orinando, pero estaba segura de que se trataba solo del agua que escurría por todo su cuerpo.


Finalmente logró ponerse de pie con sus piernas tembleques, miró a su hijo por un instante, luego se giró y salió del baño. Juntó sus manos reflexionando sobre lo que había hecho. Entró a su habitación sintiendo una angustiosa ansiedad como nunca antes había sentido. Cerró la puerta en silencio y se quedó cerca de su cama, inclinó su cabeza con los ojos cerrados. La polla de su hijo estaba impresa en su mente, seguía sintiendo en su mano las pulsaciones de la verga de Gino mientras chorreaba su vestido.


Abrió sus ojos y vio las manchas húmedas de su vestido, era el jugo pegajoso de las bolas de su hijo. Se quitó con cuidado el vestido y se quedó en bragas y sostén. El fluido de semen se había filtrado y humedecido su sujetador, así que también se lo quitó, finalmente sus bragas empapadas con sus propios fluidos, también se las quitó, quedando completamente desnuda.


Su mente era vagamente consciente de sus manos recorriendo su cuerpo caliente y húmedo; aplastó sus tetas gordinflonas y firmes, haciendo escurrir entre sus dedos sus túrgidos pezones hormigueantes, luego sus manos recorrieron sus flancos y caderas, deslizándose sobre sus bien formadas nalgas, enseguida se desplazaron sobre su vientre liso y su lampiño montículo. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando sus dedos encontraron la parte superior de su coño y toco la turgente dureza de su clítoris. Sus caderas se sacudieron y su coño se contrajo hacia adentro. Giulia se corrió instantánea y espontáneamente jadeando y sosteniéndose para no caer sobre la alfombra.
—¡Ahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhhh! …
Resopló respirando por la boca, permaneció de pie estremeciéndose en espasmódicas convulsiones de pies a cabeza, su dedo presionaba su clítoris tembloroso. Cuando los espasmos aminoraron, se dejó caer de rodillas y se inclinó hacia adelante para tomar una posición fetal, su cabello tocando la alfombra, se enderezó un poco y apoyó su cabeza en el borde de la cama. Sus ojos brillaban húmedos, en parte por vergüenza y en parte por la lujuria y pasión. Ella sabía que no iba a poder aguantar más; no después de haber robado estos instantes a su hijo. Ella sabía que no había forma de poder resistir si su mano volvía a tocar la verga de Gino. Lo iba a obligar a follarla, lo iba a obligar a meter esa deliciosa, dura y larga polla en su necesitado coño para follarla, follarla y follarla una y otra vez.


En pasado, Giulia nunca había sido muy apasionada. Le era un poco indiferente tener o no tener sexo. Pero viendo y sabiendo la polla que Gino tenía entre sus piernas, había cambiado todo eso. Ya no se sentía lo suficientemente fuerte como para evitar de follar. Repentinamente comenzó a sentirse más femenina; una mujer verdadera con un coño muy caliente que le exigía hacer cosas demenciales a las que ella poco a poco había ido cediendo. Tener en sus manos la polla de su hijo era sólo el comienzo y ella lo sabía muy bien.


Apoyó la cabeza en la cama, sentada sobre sus talones toda desnuda sobre la alfombra. Sus pensamientos era intensos y estaba confundida sin saber que hacer. Ella no podía mantenerse alejada de Gino, no podía evitarlo. Él era su hijo y ella responsable de su bienestar. No había nadie más en la familia excepto ellos dos. Giulia era viuda, y si no fuera por ella, Gino sería huérfano. No había nadie a quien ella pudiera confiárselo, nadie con quien él pudiera estar un tiempo hasta que ella volviera a recomponerse y recuperar su criterio y razón.


Recordó lo ansioso que había estado Gino para que ella lo tocara y acariciara su polla, la forma en que había empujado sus caderas ofreciéndole su engrosada virilidad pidiéndole que se lo lavara. Giulia no esperaba que él hiciera eso, pero él lo había hecho espontáneamente. Entonces ella lo tomó y lavó su polla tiesa y dura, tiernamente aterciopelada. Lo había lavado tan enérgicamente que él se corrió por todo el frente de su vestido.


Absorta en sus pensamientos, apenas logró oír unos suaves golpecitos a la puerta de su dormitorio:
—¡Mami! … Es hora de cenar …
Era la voz de Gino que la llamaba desde afuera de su dormitorio.
—¡Está bien, cariño! … ¡Ahora salgo! …
Respondió ella sin moverse de su posición. Tocó el edredón, lo alisó, mientras sus pensamientos giraban en su mente como una vorágine caótica, medio de angustia, medio de confusión. Ella no quería permitir que sus intensos deseos la dominaran y devoraran todo lo todavía cuerdo que había en ella.
—¡Mamá! …
Volvió a llamar Gino un poco más enérgicamente y abrió la puerta.


Giulia escuchó cuando la puerta se abrió, pero permaneció inmóvil sentada en el suelo, con la cabeza apoyada en el borde de la cama. Gino se quedó perplejo mirando a su madre desnuda. Observó su espalda blanca, lechosa y lisa; la curva de sus nalgas; podía ver la redondez pronunciada de una de sus tetas, pero no veía su pezón. Sus ojos se iluminaron ante la genuina belleza natural del cuerpo desnudo de su madre. Giulia sabía que su hijo estaba contemplado su cuerpo desnudo, sabía que él lo hacía, sin embargo, no se inmutó ni se movió. Ella seguía respirando con su nariz a contacto con el edredón, pero dentro de su cuerpo, había una llama incandescente de deseos furiosos que la devoraban.
—¡Mami! … ¿Estás bien? …
Cautamente se acercó a ella, podía percibir la fragancia de ella, el perfume que lo ha acompañado toda la vida. Giulia permaneció quieta, en silencio y sin mirarlo.
—¿Mamá? …
Volvió a llamar Gino, agachándose y poniendo una mano en el hombro desnudo de Giulia. La respiración de ella se detuvo y tragó saliva poniéndose rígida ante el contacto de la mano de su hijo sobre su piel desprovista de ropaje.
—¡Oh, mamá! … ¡Vamos! … ¡No te aflijas! … ¡Fue sólo una paja! … ¡No significa nada! …
Dijo Gino tratando de reconfortarla y tranquilizarla, pero Giulia se estremeció, respiró profundamente y levantó la cabeza para mirar a Gino a la cara. Su mano voló al entrepierna del muchacho.
—Sólo una paja, ¿eh? … Para ti fue sólo una paja, ¿verdad? … ¡Pero Gino! … ¡Yo quiero más que una maldita paja! … ¡Quiero más de esto! …
Ahuecó con fuerza su mano sobre las bolas de Gino. Él chico jadeó espantado.
—¡No quiero hacerte sólo una paja, Gino! … ¡No quiero sólo masturbarte! … ¿Me oyes? … Quiero… Quiero tanto…
Ella aferró el cuello de su hijo con su mano libre, mientras con la otra mantenía aferrada las bolas estrechamente por sobre sus pantalones cortos, luego casi con violencia, planto sus labios sobre la boca de él. Besó a su hijo profunda y apasionadamente, a continuación se apartó, pero sin soltar las pelotas de él.
—¡Eso es lo que quiero, maldita sea! …
Agitadamente comenzó a desabotonar sus pantalones, pero como él estaba en cuclillas era casi imposible bajárselos.
—¡Levántate, por Dios! …
Gino se puso de pie observándola con cierto temor, pero sin hacer ningún movimiento para evitar que ella le bajara los pantalones. Giulia desabrochó el botón y bajó la cremallera velozmente, luego tironeo la prenda hasta los tobillos de él. Se apuró a meter su mano para aferrar su polla, aferrándolo con fuerza desmedida.
—Quiero más que tocarte y tomarte en mis manos, Gino … Lo quiero todo … Todo y por todas partes de mi cuerpo …
—Pero mami … ¿Por qué no me lo dijiste? …
—Porque esto no está bien, Gino … Se supone que no debemos hacerlo … No puede suceder esto entre madre e hijo … Pero no puedo evitarlo … Lo quiero … Quiero sentir tu polla, verla y jugar con ella …
—A mi me gusta, mami … No me importa si tu lo haces …
Giulia sintió en su mano las pulsaciones potentes de la polla de él, observando como crecía y se ponía cada vez más rígido.
—¡Maldita seas! …
Dijo Giulia siseando entre dientes. Soltó la polla como si le quemara la mano y se encargó de quitarle totalmente los shorts, luego mesmerizada contemplo como la polla se balanceaba en el aire, con su par de bolas pendiendo en su rugoso escroto. Giulia extendió su mano y agarró las cálidas y suaves pelotas del chico, mientras con la otra envolvió el tumefacto pene del adolescente. Sus ojos relucían dichosos, sus labios entreabiertos emitiendo gemidos de placer y excitación. Ahora ella se había girado totalmente hacia él y Gino podía apreciar la belleza de sus túrgidas tetas, mientras su madre jugaba y acariciaba su polla enhiesta.
—¡Maldito seas por ser un cabrón cachondo! … ¡Maldito seas por decir eso! … ¡Maldito seas por ponerme tan cachonda y desear así tanto tu verga! …
Su puño sacudió furiosamente la polla del muchacho, su coño goteaba. Se aferró a sus bolas, masajeándolas, sobajeándolas mientras emitía roncos jadeos desde lo profundo de su garganta.
—¡No te corras! … ¡No vayas a correrte esta vez! …
Dijo Giulia enardecida. Él empujó sus caderas hacia adelante, su polla se había endurecido al máximo con su cabezota satinada y suave; comenzaban a aparecer las primeras gotitas de pre-semen en su agujero superior. La verga de Gino se hizo más hacia adelante y apoyó su mano en el hombro desnudo de Giulia. Él miró sus tetas regordetas y desnuda que se cimbraban con los movimientos de ella, con sus pezones sobresaliendo invitantes y desafiantes.
—¿Por qué te pones duro? … ¿Por qué me pides que te lave la espalda y te pones duro cuando lo hago? … ¿Acaso quieres que te haga esto? … ¿Quieres que tu madre te masturbe? … ¿O quieres algo más de mí? …
Gino apretó sus dedos en el hombro de su madre, sus ojos ardían mirando las hermosas tetas desnudas de Giulia que oscilaban hechiceramente, pero no dijo nada.
—¡Respóndeme por el amor de Dios! … ¿Quieres algo más de tu madre? … ¿Qué quieres de mí, Gino? … ¡Maldito seas! … ¿Quieres meterme toda dentro esta gruesa, dura y larga cosa tuya? … Quieres follar a tu madre, ¿no? … ¿Quieres follar a tu madre con tu dura polla? … ¿Es por eso que te pones duro? … ¿Para follarme con eso? …


Giulia soltó la polla de él y se puso de pie frente a él con sus manos en jarra desafiante. Lo miró a los ojos y agresivamente le dijo:
—¡Jovencito, mírame cuando te hablo! … ¡Mira bien a tu madre! … ¡Mira mis tetas … mis piernas … mira este culo redondo y firme … mira el coño de tu madre, hinchado y jugoso! …
Con cada parte que mencionaba, Giulia iba tocando su cuerpo, asegurándose de que Gino estuviera mirando la parte que indicaba. Cuando señaló su coño, empujó sus caderas hacia adelante y con sus dedos abrió sus labios mayores gorditos, exponiendo su vulva rosada y mojada. Su clítoris era evidente en esa estrechura de pliegues rosados.


Mientras ella nominaba las partes de su cuerpo mostrándoselas a Gino, se dio cuenta que la polla de él daba respingos hacia arriba y hacia los lados. Giulia no pudo contenerse y su manó aferró al vuelo la polla respingona de su hijo, la tiró hacia su piel, sintió la calidez y humedad. Su otra mano voló hacia su culo y lo estrechó contra su cuerpo desnudo, deslizando su nervuda polla entre sus sedosos muslos.
—¿Y cómo se siente? …
Interrogó, sintiendo la cabezota de la polla palpitando en medio al surco de sus labios mayores; con fuerza junto sus piernas atrapando la pija de Gino en su entrepierna, al tiempo que tiraba de su culo con sus dos manos.


Ya no había forma de detener a Giulia. El calor de la dura polla de su hijo entre sus muslos, con su sensible clítoris apoyado en su aterciopelado prepucio. Ella apretó fuerte las nalgas de Gino haciéndolo gemir. Por un momento, Gino se sintió sorprendido y se esforzó por permanecer de pie sintiendo que el coño de su madre sacaba chispas restregándose firme contra su verga endurecida. Reaccionó un poco lentamente y envolvió el cuerpo desnudo de su madre entre sus brazos fuertemente.
—¡Ohhhh, cariño! …
Susurró Giulia, tiró la cara de él contra sus tetas y movió sus caderas a lo largo de la gruesa verga de su hijo.
—¡Ohhhh, Gino! … ¡Uuuuuhhh! … ¡Oooohhh, Gino! …
Gino metió su cara en medio a esos hermosos globos de carne inhalando el excitante aroma de las tetas desnudas de Giulia y besó el decolté. Su madre tembló emocionada mientras su coño enloquecía con contracciones convulsivas, manchando con sus abundantes fluidos la verga resbaladiza y tiesa de su hijo. Gino intentaba expresarse, pero sus palabras eran poco claras e incoherentes. Como sea, Giulia no prestaba ninguna atención.


Giulia estaba concentrada a sentir los labios de Gino que recorrían la suave y cremosa carne de sus tetas, mientras su gorda polla dura como piedra, se deslizaba en medio a su labia vaginal quemante. Bajando sus manos desde la cabeza, ella recorrió su fuerte espalda, hasta alcanzar las nalgas del muchacho y enterró con fuerza sus dedos. Ella movió su coño a lo largo del garrote de su hijo, de repente lanzó un pequeño jadeo. Plegó sus rodillas y la enorme cabezota del pene de Gino, se introdujo en su estrecha vagina, enterrándose completamente en ella. Giulia apretó su coño y exclamó:
—¡Maldito seas, Gino! … ¡Lo quiero! … ¡Lo quiero todo! … ¡Lo necesito! … ¡Ahhhhhh! … ¡Ahhhhhh! … ¡Umpf! … ¡Ahhhhhh! …


Las manos del chico se movieron hacia abajo curvándose sobre los redondos, dulces y firmes glúteos de ella. Giulia gimió mientras sentía que él la tiraba hacia adelante, empujando su polla profundamente en su panocha licuada de caliente fluidos. El apretado agujero de su culo se contrajo y ella gimió empujando su ingle contra la ingle de él, en modo de dejar que Gino folle su estrecho coño con su polla martilleante.


Giulia movió sus caderas cada vez más rápido hacia adelante y hacia atrás, empalando su panocha contra el tótem carnoso de Gino. La fricción la hacía chillar y apretar sus tetas contra los robustos pectorales de su hijo.
—¡Fóllame! … ¡Fóllame, bebé! …
Gritó cachonda Giulia. Gino agarró el trasero de su madre, metiendo y sacando su polla velozmente de su coño ardiente cual si fuera un taladro automático.


Giulia y Gino follaban de pie al costado de la cama de ella. Los gritos de éxtasis de Giulia colmaban toda la habitación mientras su coño ardía deliciosamente y su clítoris raspaba la aterciopelada piel de la verga de Gino. Ella volvió a empujar la cabeza de él en medio de sus pesadas tetas, sin dejar ni un instante de mover su trasero, empalándose exquisitamente en la polla de su hijo. Sus rodillas flaquearon, pero se mantuvo de pie, resistiendo y disfrutando las violentas embestidas de la dura pija de su hijo contra su panocha.
—¡Oooohhh, Gino! … ¡Es maravilloso, amor! … ¡Ahhhhhh! … ¡Te has puesto tan duro, bebé! … ¡Te siento tan bien dentro de mí! …
Balbuceaba ella con su trasero moviéndose en forma demencial.


Las tetas desnuda de Giulia frotaban la cara de Gino. A él le bastó abrir la boca para atrapar uno de sus túrgidos pezones. Su boca caliente y húmeda se cerró sobre el puntiagudo pezón y comenzó a chupar. Giulia chilló y empujó su redonda y pesada teta contra la boca de su hijo, al mismo tiempo su trasero inició un movimiento rotatorio salvaje. Gino apretó los firmes glúteos de ella que se movían alocadamente, más para no perder el equilibrio y un poco para no correrse tan rápido. Pero esto provocó que Giulia se volviera loca. Su panocha estranguló la polla del chico y se retorció empujando en modo alucinante y caótico su trasero. Podía sentir cada pedacito de la dura y joven verga de su hijo, incluso la ancha cabezota que expandía los pliegues delicados de su coño que se adherían a la afelpada piel de la polla, saliendo enrollados alrededor del pene del muchacho, cada vez que él extraía su garrote hinchado de lo profundo de su agujero.


Gino chupó ardorosamente la teta de su madre, estirando su rígido pezón hasta bien adentro de su boca. Sintiendo los tirones de su pezón, hacía que el coño de Giulia se calentara aún más. Ya podía sentir los cálidos fluidos de su jugoso coño escurrir por la parte interna de sus muslos. Incluso humedeciendo la base curvada de su nalgas. Su coño apretó con fuerza a su huésped, succionándolo hacia su interior. Luego pareció expandirse mientras él la apuñalaba sin descanso ni misericordia con su dura cimitarra de carne. Ella sintió que su pecho se hinchaba en la boca de su hijo. Su pezón estaba alargado y duro como un puntero. Levantó la cara hacia el techo con la boca entreabierta y los ojos cerrados. Jadeaba sintiendo que la polla de su hijo se movía profundamente dentro de su coño, golpeando directo contra su matriz.
—¡Oh, Gino … Gino! … ¡Oh, Dios, cariño! … ¡No dejaría de hacer esto por nada al mundo! … ¡Tú polla es deliciosa, tesoro! … ¡Méteselo hasta el fondo a mami! … ¡Folla a mamá con tu dulce polla, bebé! …


Gino levantó la boca de las tetas de Giulia, se esforzó con fuerza contra el cuerpo desnudo de su madre. Sus ojos estaban vidriosos por la pasión y la lujuria de follar el estrecho coño desde donde vio la luz por primera vez. Se aferró al cuerpo de ella e inició a follarla a toda fuerza.
—¿Lo quieres dentro de tu coño, mami? …
—¡Sí, bebé! … ¡Lo quiero todo en mi coño! … ¡Córrete en mí, cariño! …
Las bolas de Gino estaban apretadas, tan apretadas que ya casi no se movían.
—¡Fóllame fuerte, Gino! … ¡No te detengas! … ¡Vas a hacer que me corra! … ¡Sigue, bebé! … ¡Sigue así fuerte y rápido! … ¡Fóllame … Fóllame … Fóllame! …
Gino gruño al escuchar las imperiosas palabras de su madre y como buen hijo la iba a obedecer. Metió su polla en una violenta embestida en el lampiño coño de su madre sintiendo una especie de paroxismo y frenesí en sus bolas. Sus testículos ardían y dolían un poco y supo que estaba a punto de correrse. Giulia no estaba al tanto de la situación de su hijo. Su panocha se movía y contraía, hinchándose alrededor de la polla de él. Su labia vaginal parecía inflamada y su clítoris parecía haber alcanzado una longitud tremenda, parecía querer enterrarse en la ingle de Gino. Se estremeció sintiendo esa sensación dentro de lo profundo de su sexo, su orgasmo estaba formándose justo ahí en el centro de sus sensaciones; apretó sus dientes y se entregó a esa paroxística sensación de agonía. No hizo ningún esfuerzo por detener la inminente explosión. Gritó cuando las convulsiones comenzaron a estremecerla:
—¡Aaaarrrrgggghhhh! … ¡Ay! … ¡Ugggghhhh! … ¡Me corro, Gino! … ¡Me corro! … ¡Dios Santo! … ¡Ssííí, me corro! … ¡Hay que rico! …
Su orgasmo ondulante sacudía todo su cuerpo, su panocha apretaba la verga de Gino; se cerraba ardorosamente alrededor de la polla de su hijo. Las contracciones succionaban la polla de él, su conchita ondulaba y se contraía masajeando la gruesa verga. Giulia siguió gritando mientras se corría y su culo se apretaba, tensando los músculos de su coño que a su vez apretaba la polla de Gino.
—¡Oh, mami! … ¡Mamá! …
Gritó Gino y su polla inició a rociar. El orgasmo de Giulia era tan intenso que no se dio cuenta de que su hijo le llenaba el coño enfebrecido con semen fresco y cálido. Ella enterró sus dedos en las nalgas de su hijo para tirarlo más adentro de su panocha ondulante y accionó sus músculos vaginales para drenar y ordeñar la polla que disparaba chorros de esperma candente sin cesar. Las piernas de ella temblaban sintiendo las sensaciones frenéticas de su orgasmo. Gino también jadeaba y temblaba mientras su polla chorreaba su semen en el jugoso coño de su madre.


Finalmente las fuerzas de Giulia casi no la mantenían de pie; se alejó de su hijo y la polla de él resbaló fuera de su conchita empapada. Se sentó al borde de la cama jadeando con la boca abierta, sus tetas se levantaban y bajaban ostentosamente con su afanosa respiración. Su vista todavía no lograba enfocar bien su alrededor. Respiró profundamente varias veces y apoyó sus manos hacia atrás sobre el edredón. Estaba sentada con sus piernas ligeramente separadas, su sensible coño todavía pulsaba deliciosamente. Gino permaneció de pie, pero respiraba agitadamente y temblaba mucho. Su polla no estaba del todo flácida, pero apuntaba hacia abajo.


La visión de Giulia se aclaró y miró a Gino. Sus pantalones estaban desparramados sobre la alfombra, su remera justo por encima de su cintura. Ella vio los escasos vellos en la base de su polla, sus bolas ahora estaban ligeras y vacías, su verga todavía mojada por su coño. Ella miró fijamente como si estuviera algo turbada por lo sucedido. Había un rubor rosado en su rostro, también sus tetas lucían una rubicundez no usual, pero no era de vergüenza; era el resplandor de su lozanía radiante de mujer satisfecha.
—¡Gino! …
Susurró recomponiéndose. Gino contemplaba todo su cuerpo, desde sus tetas hasta su coño lampiño, su vientre plano y su piel delicada y suave.
—¡Gino! …
Dijo de nuevo con voz trémula, mirando directamente su polla y sus pelotas mientras su lengua se movía humedeciendo sus labios. Sintió que su coño cobraba nueva vida entre sus muslos y sus jugos volvía a escurrir entre sus labios mayores.


Giulia se sentó erguida, respirando profundamente otra vez y estiró su mano hacia su polla. Los ojos de Gino no perdieron los movimientos de la mano de su madre y suspiró jadeante cuando ella envolvió su polla entre sus dedos. Su polla estaba muy resbaladiza y esta escapó de su puño. Ella sonrió y volvió a tomarla con su mano. Cuando la sintió segura en su mano, susurró:
—Lo quiero otra vez, Gino … ¡Házmelo de nuevo, por favor! …
La polla de él comenzó a endurecerse en su mano.


Giulia inició un movimiento hacia atrás y hacia adelante, observando atentamente cómo su cabezota relucía brillante y gorda. Gino empujó sus caderas hacia adelante y ella percibió el endurecimiento y el aumento de las pulsaciones de su polla. Observó cómo sus bolas ausente de vellosidad, volvían a rescaldarse y a llenarse de esperma. Acarició sus pelotas y su pene contemporáneamente, haciendo que su polla volviera a ponerse dura.
—Házmelo de nuevo, cariño … Lo necesito una vez más, amor …
Dijo con voz casi suplicante. Acto seguido se recostó sobre su espalda en su propia cama. Sus tetas se hincharon y aplanaron en su pecho. Sus duros pezones parecían haber crecido. Mientras su hijo la contemplaba, ella extendió sus piernas y acomodó su trasero sobre la cama. Los ojos de él estaban fijos entre los muslos de su madre. Mesmerizado por esos labios regordetes y apretados que parecían querer expulsar a su clítoris protuberante en su extremo superior. El interno de sus muslos estaban húmedos y brillaban.


Giulia plegó ligeramente sus rodillas, plantó sus pies sobre el edredón y ofreció su coño desnudo a Gino levantando sus caderas; sus ojos enardecidos miraban su polla mientras esperaba que él la penetrara nuevamente. Puso sus manos sobre sus tetas, retorció sus pezones e hizo bailar sus caderas como una invitación para él. Gino se subió sobre la cama y se ubicó entre las piernas de ella, tenía su polla en la mano y la aferraba tan fuerte que la cabezota parecía abultarse y gotitas de pre-semen cayeron sobre el edredón.
—¡Vamos, Gino! … ¡Pon tu polla dentro de mí otra vez, por favor! … ¡Quiero más de tu polla! … ¡Dale eso a mami, tesoro! … ¡Ven y fóllame ahorita mismo! … ¡Fóllame otra vez, Gino! … ¡Hazme sentir rico de nuevo! …
Gino no se hizo repetir el pedido de su madre, se puso encima de ella y apoyó la gruesa cabezota de su polla enardecida sobre los hinchados labios de la invitante vagina de Giulia; anhelaba volver a sentir el sedoso coño de su madre envuelto alrededor de su entiesada polla. Cuando él empujó, Giulia dejó escapar un jadeo fuerte y a su vez, empujó sus caderas contra la ingle del chico. La cabezota tumefacta se deslizó fácilmente en la resbaladiza grieta mojada y Giulia lo amarró con piernas y brazos. Gino se mantuvo ligeramente separado, observando como el pequeño coño de su madre se estiraba y cerraba entorno a la nervuda polla; se sintió lleno de emoción sintiendo la calidez de la conchita de ella. Giulia hizo rechinar sus dientes y susurró cerca del oído de él.
—¡Fóllame, Gino! … ¡Fóllame rápido y duro! … ¡Por favor hazlo! …
Gino aferró los hombros desnudos de su madre y hundió totalmente su pene en la burbujeante vagina de Giulia, sintiendo los músculos vaginales de ella sobajeándolo y aprisionándolo como para no dejarlo salir jamás. Ella gritó cuando él inició a procurarle salvajes embestidas, estocadas profundas y certeras que hacía sonar el golpe de sus muslos que se estrellaban entre sí una y otra vez, subiendo y bajando, entrando y saliendo de la caldeada cuevita de su madre.


Las tetas de Giulia estaban aplastadas por los pectorales de Gino que metía y sacaba su polla del calderón hirviente de su madre, haciéndola gruñir y chillar con cada profunda estocada. La habitación se colmó con el sonido de bofetadas, gemidos, gruñidos y afanosa respiración. Ella enterró con fuerza sus dedos en el trasero de él, empujando su montículo contra la ingle de Gino. Enloquecida por las abrumadoras sensaciones que le hacía sentir la nervuda polla de su hijo, Giulia giraba su cabeza de un lado a otro, con los ojos desorbitados por el paroxismo y el intenso placer centrado en su coño.
—¡Ahhhhhh, bebé … Bebé! … ¡Ay que rico que me haces sentir! … ¡Tu polla es fantástica y se siente maravillosa dentro de mí! … ¡Me encanta eso! … ¡Qué rico que follas a mami, tesoro! …
Gino jadeaba y trataba de ver cómo el pelado coño de su madre sonaba acuoso y apretaba estrechamente su joven polla hinchada. La sensación en su pene era abrumadora, sus bolas se estrellaban contra el culo desnudo de su progenitora.
—¡Quiero correrme otra vez, cariño! … ¡Quiero correrme y correrme y nunca dejar de correrme! … ¡Ooohhhh, Fóllame, bebé! … ¡Folla a mamá! … ¡Folla el coño que te dio la vida! … ¡Mi coño esta caliente y mojado sólo para ti, amor! …
Los ojos de Gino parecían querer salirse de sus orbitas y volvió a levantarse ligeramente para observar el cuerpo de su madre mientras la follaba con ardor y pasión. Vio como sus tetas bailaban rebotando de arriba abajo con cada empellón que él le daba al hambriento coño de Giulia. Ella lo observaba con sus ojos entrecerrados, viendo claramente el placer y éxtasis con que su hijo follaba su panocha en llamas. Giulia podía sentir muy bien la polla de su hijo sintiendo las pulsaciones mientras él la penetraba profundamente. Su clítoris rozaba la nervuda polla haciéndola estremecer de placer.
—¿Te gusta, amor? … ¿Te gusta follar a mami? …
—¡Oh, mami! … ¡No hay nada mejor al mundo! …
—Entonces, te gusta follarme, ¿eh? …
—Sí … Sí … Sí, mamá …
—El coño caliente y mojado de mami estará siempre dispuesto para ti, tesoro …
—¡Oooohhhh, mamá! …
Giulia no esperaba mantener un dialogo fluido con su hijo, ella hablaba para enardecerlo e instarlo a follarla con más entusiasmo; había aprendido que a los hombres les gusta que la mujer hable de ese modo y, estaba dispuesta a todo, para que su hijo se mantuviera excitado y cachondo con su polla extradura dentro de su conchita acuosa.
—¡Ooohhhhh, Gino! …
Gimió cuando sus ojos se fueron para detrás de sus orbitas.
—¡Bebé! … ¡Gino, va a pasar otra vez! … ¡Umpf! … ¡Aaahhhhhh, cariño! … ¡Estoy a punto de correrme! … ¡Dámelo todo, amorcito! … ¡Folla a mami, bebé! … ¡Fóllame fuerte! … ¡Mami se a correr, bebé! …
Giulia aferró las caderas de él para tirarlo profundamente en ella, al tiempo que abría y levantaba sus piernas para que su chocho se abriera ampliamente y dejar que Gino la penetrara hasta el fondo. Sus caderas rotaron exaltadas remolineando la polla de Gino dentro de su coño. Gino la embistió con todas sus fuerzas al ver la desesperación de su madre por correrse.
—¡Ahora, cariño … Ahora! … ¡Dámelo todo, bebé! … ¿Puedes sentirme, bebé? … ¿Puedes sentir el coño de tu madre que se corre en tu linda polla, tesoro? … ¡Córrete conmigo, cariño! … ¡Córrete dentro de mí! …
Gino sintiendo que dentro de sus bolas había una caldera a punto de explotar, aferró los glúteos de Giulia y empujó su polla hasta el fondo. Su polla hizo que todo su cuerpo se sacudiera cuando disparó el primer borbotón de esperma caliente en lo profundo del coño de Giulia.


Giulia sintió la tibieza, ella sintió sus chorros de jugo inundar sus paredes vaginales y contrajo sus músculos vaginales, apretando fuertemente la polla de él. Gritó su éxtasis sintiéndose plena y satisfecha, esforzando su musculatura vaginal para succionar y exprimir el grueso pene de su hijo. Los nudillos de sus manos se pusieron blancos apretado los glúteos de Gino. Su cabello desordenado cubrió completamente su rostro deformado por la lujuria y placer. Movió su vagina sobre el pene de su hijo que escupía semen, con la intención de drenarlo completamente y apoderarse de ese néctar como si fuera lo más preciado al mundo.


(Continuará…)


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