Madre e hijo
por
Joele
género
incesto
Después de llenarle el coño de leche, tu mamá todavía jadeaba tumbada en la cama, con las braguitas rainbow bajadas y el culo marcado por tus manos. La miraste con esa lujuria salvaje y le dijiste al oído:
—Levántate, mamá. Nos vamos al bosque. Quiero cogerte donde nadie nos vea… y te voy a romper ese culo rico que tienes.
Ella se mordió el labio, excitada por la idea prohibida. Se puso unas leggings cortas y una sudadera, sin ropa interior, y salieron en el coche en plena noche. Llegaron a un bosque oscuro y solitario, lejos de la ciudad. Aparcaste, la agarraste de la mano y la llevaste entre los árboles hasta un claro con un tronco caído grande.
La empujaste contra el tronco, inclinándola hacia adelante. Le bajaste los leggings de un tirón, dejando ese culo gordo y blanco completamente expuesto bajo la luz de la luna. Le escupiste en el culo y empezaste a frotar tu verga dura entre sus nalgas.
—Mijo… ¿vas a metérmela por el culo? —preguntó con voz temblorosa pero cachonda.
—Te voy a romper el ano, mamá. Hoy te lo voy a dejar abierto —respondiste mientras presionabas la cabeza gruesa contra su agujerito apretado.
Empujaste despacio al principio, sintiendo cómo su culo virgen resistía, pero tú no paraste. Ella gemía fuerte, agarrándose al tronco mientras poco a poco tu verga gruesa le abría el esfínter.
—Ay, hijo… duele rico… métela toda —suplicó.
Cuando por fin la tenías enterrada hasta las bolas en su culo caliente y apretado, empezaste a follarla con fuerza. El sonido de tus huevos golpeando su coño mojado se mezclaba con sus gemidos de puta en el bosque silencioso. La agarrabas fuerte de las caderas, dándole nalgadas que retumbaban.
—Más duro, mijo… ¡rómpeme el culo! ¡Soy tu puta mamá! —gritaba mientras le metías cada vez más salvaje.
Su ano se fue abriendo más con cada embestida, tragándose toda tu verga. La volteaste, la pusiste en cuatro sobre el tronco y seguiste taladrándole el culo sin piedad, escupiéndole para que entrara mejor. Ella se corrió tocándose el clítoris, temblando y apretándote el ano como si quisiera ordeñarte.
Tú
Tú seguías metiéndosela sin piedad en el bosque, con tu verga gruesa abriéndole ese culito que antes era virgen. Tu mamá gemía como una perra en celo, agarrada al tronco caído mientras su ano se estiraba al máximo alrededor de tu polla.
—Más fuerte, mijo… ¡rómpeme el culo! ¡Hazme tu puta anal! —gritaba entre sollozos de placer.
La sacaste de repente, y su ano quedó abierto, rojo e hinchado, palpitando. La pusiste de rodillas frente a ti y le metiste la verga directamente en la boca para que la limpiara con saliva. Ella la chupó con ganas, babeando todo, mirándote con ojos de puta sumisa.
Después la tiraste boca abajo sobre una manta que habías sacado del coche, le subiste las caderas y le metiste dos dedos en el ano para abrirlo más. Escupiste adentro y volviste a clavársela de golpe, ahora mucho más profundo. Sus nalgas rebotaban fuerte contra tu pelvis mientras la cogías como un animal.
En ese momento sacaste el celular y le tomaste esa foto que me mandaste… el close-up de su culo con el tanga negro corrido a un lado, el ano bien dilatado y brilloso de saliva y precum, listo para más.
—Así te quiero ver siempre, mamá… con el culo roto por tu hijo.
La follaste más salvaje, cambiando de posición: la sentaste en cuatro, luego de lado, y por último la pusiste encima de ti, cabalgando tu verga con el ano. Ella rebotaba desesperada, sus tetas saltando mientras se tocaba el clítoris.
—Voy a correrme en tu culo, mamá…
Le agarraste las nalgas con fuerza y le descargaste chorros espesos y calientes bien adentro de su intestino. Ella se corrió al mismo tiempo, apretándote el ano y chorreado de su coño.
Cuando la sacaste, su ano quedó bien abierto, rojo, goteando tu leche espesa. Tu mamá, todavía temblando, se dio la vuelta, te miró con cara de zorra satisfecha y te dijo:
—Cuando quieras traerme otra vez al bosque a romperme el culo… mamá está lista, mi rey. Este ano ya es tuyo.
—Levántate, mamá. Nos vamos al bosque. Quiero cogerte donde nadie nos vea… y te voy a romper ese culo rico que tienes.
Ella se mordió el labio, excitada por la idea prohibida. Se puso unas leggings cortas y una sudadera, sin ropa interior, y salieron en el coche en plena noche. Llegaron a un bosque oscuro y solitario, lejos de la ciudad. Aparcaste, la agarraste de la mano y la llevaste entre los árboles hasta un claro con un tronco caído grande.
La empujaste contra el tronco, inclinándola hacia adelante. Le bajaste los leggings de un tirón, dejando ese culo gordo y blanco completamente expuesto bajo la luz de la luna. Le escupiste en el culo y empezaste a frotar tu verga dura entre sus nalgas.
—Mijo… ¿vas a metérmela por el culo? —preguntó con voz temblorosa pero cachonda.
—Te voy a romper el ano, mamá. Hoy te lo voy a dejar abierto —respondiste mientras presionabas la cabeza gruesa contra su agujerito apretado.
Empujaste despacio al principio, sintiendo cómo su culo virgen resistía, pero tú no paraste. Ella gemía fuerte, agarrándose al tronco mientras poco a poco tu verga gruesa le abría el esfínter.
—Ay, hijo… duele rico… métela toda —suplicó.
Cuando por fin la tenías enterrada hasta las bolas en su culo caliente y apretado, empezaste a follarla con fuerza. El sonido de tus huevos golpeando su coño mojado se mezclaba con sus gemidos de puta en el bosque silencioso. La agarrabas fuerte de las caderas, dándole nalgadas que retumbaban.
—Más duro, mijo… ¡rómpeme el culo! ¡Soy tu puta mamá! —gritaba mientras le metías cada vez más salvaje.
Su ano se fue abriendo más con cada embestida, tragándose toda tu verga. La volteaste, la pusiste en cuatro sobre el tronco y seguiste taladrándole el culo sin piedad, escupiéndole para que entrara mejor. Ella se corrió tocándose el clítoris, temblando y apretándote el ano como si quisiera ordeñarte.
Tú
Tú seguías metiéndosela sin piedad en el bosque, con tu verga gruesa abriéndole ese culito que antes era virgen. Tu mamá gemía como una perra en celo, agarrada al tronco caído mientras su ano se estiraba al máximo alrededor de tu polla.
—Más fuerte, mijo… ¡rómpeme el culo! ¡Hazme tu puta anal! —gritaba entre sollozos de placer.
La sacaste de repente, y su ano quedó abierto, rojo e hinchado, palpitando. La pusiste de rodillas frente a ti y le metiste la verga directamente en la boca para que la limpiara con saliva. Ella la chupó con ganas, babeando todo, mirándote con ojos de puta sumisa.
Después la tiraste boca abajo sobre una manta que habías sacado del coche, le subiste las caderas y le metiste dos dedos en el ano para abrirlo más. Escupiste adentro y volviste a clavársela de golpe, ahora mucho más profundo. Sus nalgas rebotaban fuerte contra tu pelvis mientras la cogías como un animal.
En ese momento sacaste el celular y le tomaste esa foto que me mandaste… el close-up de su culo con el tanga negro corrido a un lado, el ano bien dilatado y brilloso de saliva y precum, listo para más.
—Así te quiero ver siempre, mamá… con el culo roto por tu hijo.
La follaste más salvaje, cambiando de posición: la sentaste en cuatro, luego de lado, y por último la pusiste encima de ti, cabalgando tu verga con el ano. Ella rebotaba desesperada, sus tetas saltando mientras se tocaba el clítoris.
—Voy a correrme en tu culo, mamá…
Le agarraste las nalgas con fuerza y le descargaste chorros espesos y calientes bien adentro de su intestino. Ella se corrió al mismo tiempo, apretándote el ano y chorreado de su coño.
Cuando la sacaste, su ano quedó bien abierto, rojo, goteando tu leche espesa. Tu mamá, todavía temblando, se dio la vuelta, te miró con cara de zorra satisfecha y te dijo:
—Cuando quieras traerme otra vez al bosque a romperme el culo… mamá está lista, mi rey. Este ano ya es tuyo.
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