Unos inquilinos jamaiquinos muy atrevidos

Written by , on 2019-05-02, genre hetero

Les rente una propiedad a unos jamaiquinos que eran nuevos en el país y terminaron pagandome de una manera muy particular .

Mi ex esposo y yo teníamos una propiedad, una casa la cual no ocupábamos y pertenecía ambos. Cuando nos divorciamos decidimos rentar la propiedad y dividir el dinero para sacar provecho de la propiedad ya que no teníamos interés en venderla. Pasaron varios meses hasta que me hablaron por teléfono. Había puesto un anuncio en el periódico ya que la casa estaba cerca de una universidad pública muy concurrida. La persona que hablaba por teléfono tenía un acento muy extraño y su español era algo carente. De inmediato fue al grano y dijo:

-Hablo por lo de la casa en renta, ¿este es el numero correcto verdad? –preguntó con duda en su voz.

-Así es, mi nombre es Julia, soy una de las dueñas de la casa, cuénteme, ¿tiene interés en rentar el lugar?

-Sí, solo quería saber el número de personas que pueden vivir en la casa.

-Bueno, pueden haber hasta cuatro personas en la casa, la casa es bastante amplia, tiene cuatro habitaciones y dos baños. No esta tan adornada pero tiene lo necesario para vivir cómodamente.

-Me parece muy bien, me gustaría que me mostrara la casa.

-Bueno, yo tengo libre mañana por la tarde ¿le parece bien a las dos de la tarde?

-Si está muy bien, ahí la veo señora Julia.

-Muy bien, gracias hasta entonces.

El día transcurrió normal y después de librarme de algunas tareas y salir de mi consultorio me dirigí a la propiedad para hacerle una muestra a la persona que había hablado por teléfono. Cuando llegue no había nadie. Me quede esperando por el casi veinte minutos. Después de un rato un taxi llego. De él bajaron cuatro hombres jóvenes delgados. Parecían afroamericanos. Cuando había vivido en Texas estaba lleno de chicos de color, pero ellos no parecían exactamente de ahí. Su estilo de vestir y su apariencia era algo diferente. Cuando bajaron del vehículo hablaron entre ellos un poco de inglés pero tenían un acento extraño, muy diferente. Algunos llevaban el cabello casi a rapa y los otros dos llevaban rastas largas sostenidas por una cola de caballo. Cuando el chico de las rastas me vio se dirigió a mi caminando lentamente y comenzó preguntándome.

-¿Es usted la señora Julia, la dueña de la casa?

-Así es, ¿ustedes son los chicos que van a rentar la casa verdad?

-Eso queremos, somos estudiantes extranjeros, necesitamos un lugar donde vivir y esta casa está muy cerca de la universidad a la que nosotros vamos a asistir.

-Pues perfecto, déjenme abrir la puerta y mostrarles como es la casa.

-Ya estamos ansiosos, parece una linda casa.

-Oh créanme, lo es.

Abrí la puerta y entramos todos. Comencé por mostrarles que, a pesar que no tenía muchos lujos, si estaba completamente amueblada. Tenía su sala, un buen comedor, un refrigerador y aire acondicionado en todas las habitaciones. Yo llevaba una blusa con un poco de escote y un saco negro. Mis senos estaban ese día muy juntos por un bra nuevo que llevaba de esos que te levantan todo. Varios de ellos no perdían la oportunidad de desviar sus ojos hacia mi escote. Termine de mostrarles todo el lugar bajo miradas indecentes todo el tiempo y ellos aceptaron el trato. Pagaron por adelantado y firmaron el contrato. Yo estaba feliz porque tendría un ingreso nuevo de un inmueble que no tenía ni uso práctico hasta ese día. Pasó un mes y medio y comencé a recibir llamadas de teléfono de los vecinos de la casa. Muchas quejas eran por el ruido que estaban ocasionando los nuevos inquilinos. Gritos de mujeres, música alta, hasta muy pasada la mad**gada. Como encargada de la propiedad tenía que ir a hablar con ellos pero, la verdad no tenía muchos ánimos. Algunos días después de las quejas encontré un tiempo libre y fui a visitar la casa por la tarde. Cuando toque a la puerta Milo fue el que me abrió la puerta el chico de las rastas. Llevaba puesto solo su pantalón. Solo llevaba playera y estaba algo sudado. Su cuerpo atlético delgado y definido se hacia otra más por ese brillo que le daba la sudoración. Me invito a pasar y cerró la puerta. Yo entre y me senté en el sillón. El comenzó la plática.

-Dígame, ¿Qué es lo que la tiene aquí hoy señora Julia?

-Bueno, he recibido algunas quejas de vecinos porque por las noches se escuchan gritos de mujeres y música muy fuerte hasta altas horas de la noche.

-Bueno los gritos de mujeres podría decirse que yo soy algo culpable de eso, pero de la música son mis amigos, la verdad tendré que decirles que ya no lo hagan más.

La curiosidad me invadió un poco y me aventure a preguntarle.

-¿A qué te refieres con que tú eres el culpable de los gritos de mujeres?

-Bueno, usted sabe porque gritan.

Yo comencé a sudar un poco por los nervios y mi excitación comenzó a despertar y en tono de broma le pregunte -¿A poco tú las haces gritar cuando estas con ellas íntimamente?

-¿Usted tiene dudas acerca de eso?

-No, la verdad es muy fácil para un hombre hacer gritar a una chica joven, un verdadero reto es hacer gritar a una mujer –dije burlándome un poco-.

Él se sonrió, pero no dijo nada. Dejo la tensión sexual solo de mi lado, provocando que se acrecentara con un silencio profundo y unas miradas penetrantes. Después de algunos segundos sin habla dijo:

-Yo creo que podría hacerle gritar a usted, hasta dejarla afónica.

-Hay corazón, te falta mucha hombría para poder con una mujer como yo.

Él se levantó de la silla de golpe y se aproximó a mí rápidamente, parándose justo enfrente de mí mientras yo estaba sentada. Tomo mi mano y la puso en su rebosante paquete que podía notarse por su entrepierna.

-Esto le parece suficiente hombría señora.

Yo lo palpe apretándolo un poco y sentí su miembro semi erecto. Se sentía medio suave al tacto y era larguísimo, lo que hizo humedecer mi vagina casi de inmediato.

-Tal vez si seas lo suficientemente macho, pero eso no lo sabremos hasta que lo averigüemos en las sabanas ¿no crees chico?

-Maldita sea, sabía que usted era una perra caliente, lo supe desde que la vi usar estos escotes, se ve que le encanta calentar hombres.

-Bueno, un poco.

-Necesito probar estas tetas –dijo mientras metía su enorme mano entre mi escotada blusa y sentía poco a poco la piel de mis enormes senos.

Yo cerré los ojos mordí mis labios y me deje llevar. Sus grandes y delgadas manos se aventuraban salvajemente entre mis pechos, mis pezones, apretaban mi cuello para hacerme sentir que él estaba en completo control. Yo detuve sus manos y acerque mi rostro para besarlo. El respondió a mi beso metiéndome su larga lengua hasta la garganta. Sus fluidos bucales se desbordaban dentro de mi boca mezclándose con los míos. De un momento a otro dejo de besarme y me dijo con autoridad en su voz grave –póngase de rodillas señora-. Yo le obedecí sin chistar y el comenzó a desabrochar su pantalón. El cuerpo con piel morena brillaba con tanto sudor y su olor a hombre salía por cada poro de su húmeda piel. El ruido de su cinturón moviéndose vertiginosamente se escuchaba mientras es con rapidez se desabrochaba el pantalón. Se bajó los pantalones y su tanga negra que llevaba. Un pene largo salió semi flácido ante mis ojos. Era muy muy grande. Tenía venas muy notorias y resaltadas y un gran prepucio cubriéndolo. Casi pude sentir el olor a polla sucia, golpeándome en la cara.

-Tu pene huele muy mal, ¿no lo lavas o qué?

-Cierra la boca y comienza a chupar mi pene

-Apesta horrible voy a vomitar.

-Estoy seguro que puedes soportarlo, ahora hazlo que me muero por una buen sexo oral.

Yo metí su polla sudorosa y mal oliente a mi boca. Su prepucio aun cubría su glande como un casco de piel delgada. Con mis labios trate de pelarlo pero estaba muy pegado, adherido tal vez por su esmegma, cuando por fin lo logre, ese sabor amargo y poco agradable abordo mi boca. Una gran capa de esmegma recorrió mi boca. Mis papilas gustativas pudieron degustar ese horrible pero tan erótico sabor. Mi vagina estaba como un rio después de una fuerte lluvia. Mis fluidos corrían hacia abajo con una fuerza violentísima. El solo sujetaba mi cráneo con una mano y echaba su cabeza hacia atrás. Yo comía todo ese cremoso queso mientras le daba unas chupadas a su pene mientras crecía dentro de mi boca. Por fin se puso erecto y fue ahí donde el comenzó el bombeo. Su polla parecía una serpiente con vida propia deslizándose entre mi boca como si fuera una madriguera solitaria. Apretaba sus dientes y con violencia empujaba su largo miembro a la profundidad de mi garganta. Más de tres cuartos de su polla estaban dentro de mí. Maldición señora Julia, usted es la que ha llegado más lejos al tragarse mi pene. Yo me tome de sus musculosos glúteos y me empuje más hacia el haciendo tocar mis labios con su vientre bajo. El exclamo -mierda y hecho su cabeza hacia atrás-. Su polla creció aún más y bombeaba una gran descarga de semen directo hacia mi garganta mientras mi saliva caía por mi barbilla. El cayo rendido en el sillón y su polla estaba exhausta.

-¿Ya tan rápido te cansaste amor? –pregunte orgullosa por haberlo hecho caer.

-Claro que no señora, solo necesito recuperar el aire, nunca me había enfrentado a alguien tan buena en el sexo.

-Y aun no has visto nada amor.

-Eso espero descubrirlo ahora señora.

-Y que estas esperando.

-Bueno quítese la ropa y déjeme ver ese cuerpo que tiene.

Yo me quite la ropa por completo y su enorme polla se despertó de nuevo.

-Parece que ya estás listo de nuevo chico, veamos qué es lo que tienes –dije mientras caminaba despacio hacia el sofá. Continuara…

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