La primera vez con mi tetona Olivia

Written by , on 2018-01-10, genre primeras experiencias

Esta experiencia me ocurrió cuando acudía a mi seminario de titulación hace algunos años. Todos los que asistimos a aquel curso la bautizamos simplemente como “La Tetona”; era una muchacha como de 21 años medio gorda. Y pese a que su gordura podría ahuyentarle cualquier aspirante a novio, su enorme par de tetas hizo que yo me fijara en ella. Olivia (nombre de la susodicha) por su parte andaba en busca de novio y solita se fue acercando a mí, nos hicimos amigos y un buen día se me ocurrió invitarla al cine. Por supuesto que en cuando empezó la película empezamos a caldear, mi lengua traviesa pronto logró que ella abriera la boquita para darnos ricos y apasionados besos. Mi objetivo eran sus grandes melones y ahí fue a parar una de mis manos, pero Oli al sentir mi mano apretando una de sus grandes glándulas mamarias al instante quitó mi mano diciendo “no, no me toques ahí”, la dejé en paz unos minutos pero seguimos en pleno faje durante el cual intenté meterle mano a sus grandiosas ubres, pero no, ella protesto “ay, no seas tentón”. Cuando salimos del cine fue obvio para Olivia que yo estaba enojado:
“¿Por qué vienes tan serio?, ¿te enojaste porque no te deje tocarme? yo no sé nada de eso, demás me haces sentir mal, siento mucha pena, tan gorda como estoy y tu queriendo manosearme ahí, ni siquiera comprendo cómo es que quieres que sea tu novia, soy fea, gorda y con todo esto tan grande…”, dijo la tetona señalando sus gloriosas mamas.

–“No digas tonterías Olivia, me gustas mucho, para mí no tienes nada mal, me gustas como estás, y si te quiero acariciar pues siento que es algo normal entre novios”

–“Pues sí, pero me da mucha pena, me gusta mucho como me besas, pero cuando me quieres tocar mis senos… no se… déjame pensarlo…”

La dejé en la parada de su autobús y nos despedimos con un beso.

En la siguiente ida al cine avanzamos bastante. Llevé a la tetona a ver una película caliente, “Cuentos de Canterbury”, y la pobre chichona nomás pelaba tamaños ojotes con las escenas calientes donde había parejas haciendo sexo o cachondeando sabroso. Como no queriendo la abracé y tomando una de sus manitas se la llevé delicadamente hasta la protuberancia que formaba mi erección bajo el pantalón. Cuando Olivia sintió aquello un ligero estremecimiento recorrió su cuerpo, pero no quitó su mano, más bien apretó el bulto como para sentir y comprobar su dureza aún por encima del pantalón, luego acercó su rostro a mí y en voz muy baja me dijo: “ay, ¿mira cómo estás?, lo tienes paradísimo chiquito”.

Sin soltar su nueva adquisición, Olivia volvió a pegar la vista en la pantalla, donde una pareja de campesinos hacían furiosamente el amor recostados sobre el pasto, entonces me lancé al ataque, la apreté más a mí y de manera imperceptible puse mi mano izquierda sobre una de sus chichotas, al darse cuenta de aquello Olivia sólo dejó salir un quejidito de su boquita, fue todo.

Ahora si, por fin tenía en mi mano su teta, grandísima, ni siquiera podía abarcarla toda con la mano, acariciando por encima de su blusa notaba aquella carne firme (por efecto del brasier), no importaba, me estaba dando un atracón de chichis fenomenal, la chiquilla se estaba dejando manosear a gusto y por el ritmo de su respiración se estaba calentando, pero cuando intenté meter mi mano bajo la blusa y sacarle la teta del chichero, ella me contuvo, con voz bajita me dijo “ya, ya te dejé hacerlo, ya me agarraste lo que querías, ya estate quieto que alguien puede vernos…”, de mala gana solté la teta y ella dejó de acariciarme el pito. Cuando por fin la dejé en la parada de su camión, todavía nos abrazamos un poquito, le di dos o tres besitos de lengüita y luego ella agradecida me dijo: “gracias chiquito, por ser como eres, en el cine te sentí muy rico, ahora por tu culpa voy a tener sueños muy raros, mañana nos vemos y te dejo que me toques eso que tanto te gusta”.

El siguiente caldo fue en un parquecito cercano a mi casa, ya era de noche y la Tetona nada renuente se dejó guiar, obediente me siguió hasta unos frondosos arbustos, la recargué en un árbol y empezamos a fajar, ella se colgó de mi cuello con sus brazos, nuestras bocas se unieron y mis manitas empezaron a buscar por dónde llegar hasta sus senos. En esta ocasión Olivia llevaba puesta una amplia playera de cuello alto, por arriba no se podría meter mano, pero por la cintura sí. Por ello ahí estaban mis manos, buscando por dónde meterse bajo la playera, lentamente le saqué la orilla de su prenda de la cintura de la falda y cuando por fin mis manos llegaron a la carne desnuda de su abultada panza un apagado “humm” salió de la boquita de Olivia, fue la señal de que ella estaba dispuesta.

Con ambas manos recorrí de abajo hasta arriba de su pecho y por fin las tuve entre mis manos, sus dos maravillosas chichotas, mientras intercambiábamos besos de lengua ya le estaba bajando el sostén, quería sacarle las tetas y si se podía hasta darles unas mamaditas. Ella se percató de mis intenciones y suspendiendo el beso intentó detenerme: “no hagas eso, mira que me vas a romper el brasier”, pero nada me detuvo pues logré sacarle los dos inmensos melones del sostén. Ahora podía acariciarlos mejor, era increíble, pero con la teta en una mano me percaté de que eran tan grandes que uno no me cabía en la mano.

En cuanto Oli sintió mis manitas sobre sus melonzotes, empezó a gemir más, a calentarse más y más. Ya su bajo vientre se pegaba a mi erección tratando de frotar su sexo sobre aquel bulto parado bajo mi pantalón, seguí sobando y acariciando sus tetas, ya los enormes pezones estaban erectos, durísimos a causa de las caricias de mis dedos. Pero en cuanto intenté subirle más la playera y darle unos besitos en las tetas, la Tetona de inmediato me contuvo, con ambas manos se cubrió las chiches diciendo: “ay no, eso no!, ¿cómo crees?, ya te dejé hacer tus cosas, pero eso que intentas no debe ser, además estamos en un lugar público… nos pueden ver, mira ya mejor vámonos”. Suspendimos el faje y ya de camino hacia su camión la volví a abrazar junto a un poste de luz y le di otra tanda de besos a la vez que la intentaba convencer: “Vamos Oli, quiero tus tetas, las deseo con ansia, las quiero besar, chupar mucho, anda acepta”.

–“No papacito, no me pidas eso, yo no sé cómo dices que te gustan mis senos si estoy tan gorda, los tengo muy gordos, están feos y me da pena que tú los agarres, ¿qué no ves cómo estoy de fea?, además estamos en plena calle, ya te dije que nos pueden ver…

–“Así me gustas, ya lo sabes, adoro tus tetas, y no sólo eso, tengo tantas ganas de hacerte mía, quiero hacerte el amor. Te deseo Olivia.”

–“Pero ¿por qué?, si estoy tan fea y tan gorda, además nunca he hecho eso que dices, nunca me he costado con un hombre. Nunca he estado a solas con nadie. Sólo de pensarlo me muero de la vergüenza, me moriría de pena si me vieras desnuda.”

–“Eso no importa, ya te dije que te deseo muchísimo, anda acepta.”

–“No, ni siquiera puedo imaginar eso, no sabría cómo. Además me podrías embarazar, ¿te imaginas?”

–“De eso no te preocupes, podríamos tomar precauciones para que no te embarazaras, yo te enseñaría, lo intentaremos poco a poco, como un acto de amor y pasión. ¿Qué tu no sientes lo mismo que yo?”

–“Ni me preguntes, nunca antes me había pasado esto. Yo también te deseo, mucho, cuando me brazas siento aquello que tienes y siento cosas muy raras, como mucho calor y hasta siento que el aire se me va.”

–“Ahí tienes, también tú lo desea”

–“Pues sí, pero una cosa es que te desee, que nos besemos rico y hasta que me acaricies, pero de ahí a que lleguemos a acostarnos no, no sé. Me sentiría muy mal después, tal vez cuando me veas desnuda me dejes, o cuando ya lo hayas logrado lo que querías me abandones.”

–“No pienses en eso. Yo te quiero mucho y quiero que seas mía, que hagamos el amor, muy rico.”

–“No lo sé, déjame pensarlo, mañana te digo”



Al día siguiente al terminar el seminario y cuando ya la iba a dejar en su camión, le volví a preguntar: “¿entonces qué Oli, aceptas?”.

–“Ay chiquito, pensé que ya se te había olvidado eso, no lo sé, es algo tan fuera de lo común, nunca lo he hecho, ya te dije, pienso que me dolería muchísimo, además tan sólo de pensar en entrar contigo a uno de esos lugares, me muero de vergüenza, la gente me vería entrar contigo, imaginó que pensarían mal de mí, pienso que cuando llegue a mi casa mis padres se darán cuenta, hasta se me puede ver en la cara lo que acabo de hacer, tú a lo mejor sabes más, ¿ya te has acostado con otras?”

–“No preguntes eso, me gustas tú y lo quiero hacer contigo, buscaríamos un lugar adecuado y procuraría que no tuvieras que ver a nadie cuando entremos al hotel.”

–“Mmm, no lo sé me pones nerviosa, me siento como en un predicamento, a lo mejor te ríes de mí cuando me veas encuerada, de lo fea que soy, no sé, dejémoslo así mejor, ya no me preguntes sobre eso, tal vez un día sin pensarlo me animo. Oye ¿por qué no vamos a pasear por ahí el domingo próximo?”

–“Si claro, podríamos ir a alguna parte, o a la mejor buscamos un lugarcito donde estar solos.”

–“No lo sé, tal vez, ya no me preguntes nada, tú te darás cuenta si acepto o no.”

Al menos había una posibilidad, tal vez el domingo se la clavaria a la tetona, si se confirmaba aquello tenía yo que ir preparado. Si íbamos a Chapultepec (bosque muy conocido en la CD. de Mexico) checar si por ese lugar habría un hotelito, la cosa era agarrar en sus cinco minutos de pendeja a la Tetona y sobres; también llevar algunos condones.
Quedamos en vernos en la estación de metro Balderas a las doce, en los andenes, pero se me hizo tarde, cuando llegué por fin casi brinca de la emoción la Tetona.
–“Ay pensé que no vendrías, me entraron unos nervios que no veas”.

Me senté junto a ella en una banca, le di un besito y empezamos a platicar: “mira, no sé si tienes conciencia de lo que vamos a hacer, para una chica es diferente que para ustedes”, dijo ella, entonces comprendí: la tetona ya estaba decidida a aflojar el culo.

–“Quizá no entiendas, nunca lo he hecho, lo juro, para mí eso es importante, te daré mi virginidad, serás mi primer y no sé, a lo mejor mi único hombre.”

–“Claro que entiendo Oli, me harás el hombre más feliz del mundo si te entregas a mi.”

–“Todavía no estoy segura de aceptar prométeme que no te burlaras de mí, promete que si me siento mal y decido no hacerlo aceptarás, promete que si te lo pido sólo haremos lo que yo pueda, aceptarás, y sobre todo promete que tendrás paciencia y no me forzarás a dártelo.”

Ya cayó, me dije; “puedes estar segura que para mí significa mucho que tú te acuestes conmigo, y sobre todo que no te voy a lastimar, voy a tratarte con cariño y amor.”

Ella sonrió y se me quedó viendo con aquellos ojitos como de borregito condenado al matadero. La tomé de la mano y nos encaminamos a la salida del Metro, tendría que actuar rápido antes de que la vieja se echara para atrás, ojalá que por aquí cerca haya algún hotelito, pensé. Nos encaminamos hacia el parque de la Ciudadela, paseamos por ahí un rato, le compré un helado y cuando reanudamos el paseo lo vi, si ahí estaba el anhelado anuncio: HOTEL. Presuroso cambié de dirección, ella lo comprendió y me apretó la mano, casi tenía que arrastrarla. En la esquina nos detuvimos a su pedido: “espera, espérate tantito por favor”, miró hacia abajo y cuando levantó su mirada me dijo: “te quiero mucho, nunca te olvides de eso, lo voy a hacer porque te quiero”.

Entramos en el hotel y me dirigí a la administración donde atendía una vieja mal encarada, pedí la habitación y pagué. La pinche vieja con mirada severa trataba de escrutar quién era la mujer que iba conmigo, Olivia siempre mirando a la pared lo evitó. Subimos las escaleras y llegamos al cuarto.

Calma, calma, serenidad y paciencia, me dije. Esperé a que la Tetona regresara del baño. La vi encaminarse a mí con pasitos lentos, sonrojada, nerviosa, hasta que llegó hasta el pequeño sillón en que sentado la esperaba. Hecha un manojo de nervios Olivia se sentó junto a mi e inmediatamente iniciamos la sesión de besos apasionados. Mi mano rodeaba ya su gruesa cintura y ella con la respiración agitada seguía con ansia cada beso, chupaba con pasión la lengua que jugaba dentro de su boca. Minutos después ya su mano apretaba sobre el pantalón la protuberancia de mi verga y mi mano desabotonaba uno a uno los botones de su blusa. Olivia cooperaba dejándome que sacara su blusa abierta de la orilla de su falda e insistía en apretar mi verga, comprendí que ya era hora, se lo pregunté:

–“¿Vamos a la cama?”

Ella sobresaltada me dijo: –“¿ya?, ¿ya lo quieres?”

–“Podemos jugar un poco, para que te sientas mejor, ahí estaremos más cómodos.”

–“Bueno, pero apaga la luz y déjame quitar la ropa yo sola, espérame aquí”
Olivia se dirigió a la cama y yo en medio de la penumbra la vi desnudarse parcialmente y meterse bajo las sábanas. Me llamó “ya puedes venir”. Junto a ella empecé a quitarme la ropa. Ella con atención siguió cada uno de mis movimientos hasta que dijo: “ay ¡se ve que lo tienes muy grande!, me vas a lastimar, ¿me dejas verlo un poquito?”, me acerqué a ella, Olivia encendió la lámpara del buró y en cuanto vio el miembro erecto exclamó “si, lo tienes demasiado grande, ¡nunca me cabrá!, mejor no, vámonos”. Evité que se levantara de la cama, “espera Oli, cálmate, vamos a jugar, sólo eso, si no quieres no lo hacemos, pero algo tienes que hacer con esto”.

–“Es que me da tanto miedo.” dijo la Tetona elevando su mano hasta alcanzar el miembro extendido ante sus ojos –“Pero siento tantas ganas, tengo tantas ganas de agarrarlo, besarlo, de sentirlo en mi sexo, ven tantito, déjame acariciarte.”, dijo la chichona.

Me coloqué de pie junto a la cama, justo frente a ella, que seguía acostada parcialmente en la cama y que para poder apreciar mejor mi miembro se había enderezado un poco, hasta quedar sentada en la orilla de la cama, dejando al descubierto parte de su voluminoso cuerpo y aquel enorme brasier que cubría sus monumentales chichotas.

Sin decir palabra con ambas manos se posesionó de la verga, sus dedos rodearon el lomo de mi verga y fascinada miraba como al jalar la piel del tronco parte del glande se descubría.

Aproveché la fascinación de Olivia por el erecto miembro para de forma disimulada bajar los tirantes de su portabustos, y en el momento en que sus labios se abrieron para posarse sobre la pelada cabezota, mis manos lograron sacar de su refugio aquellos melones inmensos cuya carne se desbordaba entre mis dedos al presionar un poco. Era sorprendente, pero lo grandioso de aquellas ubres era similar al tamaño de sus pezones, ¡inmensos!, casi media chichota estaba cubierta por aquella carne rosa claro, que terminaba en el curioso chupon del pezón erecto.

Los titubeantes besitos sobre mi dura tranca pronto fueron transformándose. La Tetona casi bufaba y su caliente y agitada respiración me indicaba que ya estaba ardiendo, pero ella ahí, aferrada a mi verga, besando el glande con ansia, pero sin dejar que la cabeza penetrara su boquita, presionando con su mano el lomo e impidiéndome cualquier movimiento, o estaba sumamente excitada o de esa forma trataba de impedir que le sambutiera el pito hasta la garganta, o tal vez las dos cosas.

Pese a ello agarrado a sus tetas las levanté hasta hacer que mi verga quedara entre ellas, era curioso pero los melones eran tan grandes que fácilmente logré mi cometido, meter entre ellos mi garrote hasta que sólo la punta asomaba entre los grandes globos de carne y ahora sí, iniciar un suave vaivén, mientras la tetona lamia como becerrito hambriento la cabeza amoratada.

Luego de innumerables chupadas logré sacar la verga de su boca y hacer que se acostara sobre la cama. Su temerosa mirada fue la señal de que ya se acercaba el acto final. Para tranquilizarla me acosté a su lado y la besé apasionadamente, acariciando sus tetas fofas e inmensas. Ella respondió en el acto y ya su lengüita se removía dentro de mi boca, así, poco a poco fui bajando una mano hasta alcanzar su pantaleta, mientras una de mis piernas trataba de colocarse entre las de ella que mantenía cerradas con fuerza. Como un último intento para evitar la cogida.

No obstante ello logré deslizar el calzonzote por sus gruesas piernas, bajándolo hasta las rodillas y en el momento en que mi boca se posesionó de uno de sus grandes pezones mi mano izquierda hizo su entrada triunfal en la entrepierna de la gorda. La espesa pelambre de vellos lacios totalmente empapada de jugos, los gruesos labios de la pepa casi chorreaban, era tan grande su panocha que fácilmente mis dedos fueron tragados por esa hinchada raja, en ese momento la entrecortada respiración de la chica se transformó para dejar escapar un largo y profundo aaah!.

Hizo algo más, en el momento que su grueso vientre se arqueaba buscando hacer más intensa la caricia de mis dedos en su puchota abrió las piernas, su pantaleta fue bajando más hasta llegar a sus tobillos, le ayudé a quitárselas y en ese momento me coloqué sobre ella, entre sus abiertas piernas, ella adivinó mis intenciones y un apagado “no”, se quedó apenas en un sutil silvido, pues acallé sus inútiles protestas con mi boca.

Ya estaba sobre ella, mi dura verga en la entrada de su empapado coño, apenas en la entrada. Ahí la dejé, apenas deslizandola suavemente sobre la raja, mientras mis manos trataban infructuosamente de abarcar la inmensidad de aquellas tetas y mi boca se atareaba chupando y succionando la boquita de la Tetona. Imperceptiblemente ella fue abriendo más sus piernas, con movimientos involuntarios, producto de la calentura que ya sentía. El pito cumplía con su papel, preparar la penetración, contagiándose de la viscosidad de aquella carne ardiente, hasta que en momento determinado, solita la cabeza del garrote fue tragado por la pucha.

Por fin la había penetrado, todavía Olivia trató de separarse, pero sus movimientos fueron infructuosos, más bien hizo más profunda la penetración, ya la tenía bien prendida, el tronco hasta la base sumergido en su apretada vagina, su boca se separó un momento de la mía para en apagado murmullo decir: “no…, toda no…”, pero ya no había marcha atrás.

Tanto ella como yo ardíamos de placer, nuestros cuerpos fundidos en uno solo vibrando al compás de mis arremetidas, lentas pero acompasadas, fuertes, el miembro yendo desde aquellas profundidades hasta los abiertos labios vaginales, para de nuevo llenarla por completo. Los apagados murmullos de la Tetona, cuya pelvis iba al encuentro del miembro que se mojaba en el charco ardiente de ese pozo distendido, se intensificaron. De pronto todo el cuerpo de Oliva se contrajo para en el momento siguiente un largo “aaaaahhhh, ya, yaaaa!” fue la señal de que la gorda se estaba viniendo, seguí arremetiendo contra ella, sacándole más quejidos en tanto que sus manos se apretaban contra mis nalgas tratando de apremiar la arremetida. La verga siguió taladrándola, ahora con más violencia y fuerza, llevándola de nuevo a la cima del placer. Hasta entonces sentí el apremió de mi propio placer y recordando que no me había puesto el condón, en el justo momento de la eyaculación saqué el pito del coño para venirme sobre los lacios vellos largos que poblaban aquella raja gorda y distendida.

Ambos quedamos como muertos, yo sobre ella, Oivia con el cuerpo flojo y los ojos cerrados, mi verga en los últimos estremecimientos del coito, luego adormilados nos cobijamos bajo las sábanas. Hasta entonces caí en cuenta que cogerme a la chichona no había costado ningún trabajo, no hubo ningún obstáculo a la penetración, la chica o tenía un himen sumamente elástico o de plano carecía de él. No importaba ya, la había poseído plenamente, haciéndola gozar al máximo.

Casi media hora después ella se levantó para ir al baño, luego se metió de nuevo a la cama, para abrazarme y propinarme besitos amorosos en la cara diciendo con voz baja: “ya soy tuya, te di mi virgo, todo, todo para ti chiquito lindo”, no quise sacarla de su error, más bien sonreí y respondí a sus caricias, pues la tetona ya buscaba con mano ansiosa mi adormilada verga. Luego de media hora de caricias el miembro estaba listo de nuevo, ahora me la cogí de patitas arriba, así pude disfrutar del increíble espectáculo de mi verga entrando y saliendo de aquella extraordinaria raja, los labios menores distendidos apresando entre ellos el émbolo de dura carne, los jugos pringosos que empapaban el tronco y lo hacían brillar, la ardiente calidez de aquella cavidad carnosa y el sabroso palpitar del canal vaginal al momento de que ella se venía, fue una cogida suave y tierna, pero no menos sabrosa y placentera. Ahora si me vine dentro de ella, pues con el miembro bien provisto del condón pude hacerla gozar con los estremecimientos del miembro en el momento de la eyaculación. Aquella tarde le saqué a la gorda más de media docena de orgasmos y ella me sacó suficiente leche para dejar adolorida mi verga.

Cuando salimos del hotel ambos íbamos felices y satisfechos, pero silenciosos, cada uno sumido en sus propios pensamientos, los míos maquinaban nuevas y más ricas formas de cogerme a la gordita, los de ella quien sabe, pero iba contenta, más amorosa que nunca.

Sobra decir que la Tetona se convirtió a lo largo de siete meses en mi culo de planta. Ella por su parte puso sus empeños para tenerme contento y disponible, siempre listo para llenar los huecos de su cuerpo con mi miembro. Hasta bajó de peso, sus dietas la hicieron bajar algunos kilos, no los suficientes, pero se veía mejor, más suculenta. Por mi parte la convertí en una lujuriosa mujer, siempre dispuesta a mis más extravagantes antojos sexuales. Así, un domingo le rompí el ano, ese sí al parecer virgen. Entre lastimeros quejidos, primero, y gritos de placer, después, le enseñé los placeres anales. Todo iba de maravilla, tenía mamada y nalga gratis, hasta que sucedió aquello.

Una noche la urgente llamada telefónica de Oli me sacó de mis sueños. El último domingo alguien de su familia nos había visto salir de un hotel. Era una tía suya, que luego de recriminarle su amoral comportamiento la obligó a contarle los pormenores de nuestra relación. La pinche vieja esa la amenazó con que si no ponía fin a nuestros encuentros sexuales la denunciaría con sus padres, salvo que aceptara yo casarme lo más pronto posible. Si, como no, no se lo dije así, sino más bien que trataríamos de solucionar ese grave problema.

Así poco a poco me fui distanciando de la Tetona, pues una cosa era cogerme a ese mar de grasa de enormes chiches y otra era encadenar mi vida a esa mujer, a quien por lo demás no amaba. Olivia adivinó mis intenciones y tratando de retenerme empleó las más diversas estrategias, llamadas telefónicas y visitas sorpresa a mi casa, pero no logró nada, sólo que el rompimiento fuera más doloroso, para ella. Con todo, todavía disfrutamos de algunos ricos encuentros sexuales, hasta que definitivamente nos alejamos para siempre.

Nota.- El anterior relato es verídico, hasta en el nombre de la chica, sólo que sucedió hace algún tiempo ya. En noviembre de hace un par de años, cenando en un restaurante del dentro histórico me volví a encontrar a Olivia, era mesera. Lo sorprendente fue que ya no estaba gorda, al menos se había quitado 20 kilos de encima, eso sí, se veía muy rica, atractiva, y aunque intercambiamos números telefónicos nunca pudimos volver a estar juntos, entre otras cosas porque, según me contó en una de sus llamadas, estaba metida en un lío amoroso con el gerente de ese restaurante.

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