Atada y amordazada

Written by , on 2021-09-06, genre bondage

Teníamos las maletas preparadas para salir de viaje cuando llamaron a la puerta. Mi mujer abrió sin comprobar quien era y entraron dos tipos extraños con una pistola. Lo primero que hizo uno de ellos fue taparle la boca con la mano a mi esposa mientras a mí me apuntaba el otro, que me dijo que estuviéramos tranquilos, que no nos iba a pasar nada, pero que tenían que estar escondidos unas horas.

Entonces nos hicieron pasar al salón y allí el que tenía la pistola le preguntó al otro: ¿qué hacemos con la señora? Será mejor que la pongámos cómoda, le respondió. Entonces uno de ellos cogió a mi esposa y se la llevó al dormitorio, pero antes se sacó de los bolsillos varios rollos de cinta americana. Yo me quedé con el otro en el salón mientras oía como en el dormitorio estaban cortando trozos de esparadrapo. Sabía que la estaban atando y amordazando y cada vez me excitaba más. A mi esposa la he amordazado cientos de veces, pero nunca he visto como se lo hacía otra persona.

Al cabo de un rato regresó al salón. Yo les dije que quería ver si mi esposa estaba bien. Me dijeron que tranquilo, pero yo insistí. No paraba de imaginarme qué le habrían hecho.

Entonces me llevaron al dormitorio. En primer lugar la habían descalzado. Como la habían tumbado boca abajo se le veían las plantas de los pies, que habían atado muy juntos. Por supuesto, como yo imaginaba, estaba amordazada. Le habían puesto dos tiras de esparadrapo en la boca. Estaba increíble. Sólo tenía ganas de correrme, pero por supuesto tenía que fingir.

Al cabo de un rato recibieron una llamada. Me dijeron que tenían luz verde para marcharse y querían que les llevara al aeropuerto. Les dije que sí, pero insistí en volver a ver a mi mujer. Entonces me dijeron que no me preocupara, que la traerían al salón.

Fueron a buscarla y la desataron, pero no le quitaron la mordaza. Seguía descalza, con las uñas de los pies pintadas de rojo. Entonces la sentaron en una silla y empezaron a atarla de nuevo, ahora junto a mí. La pusieron de puntillas y ataron un pie a cada pata de la mesa. De puntillas, descalza y con los pies pintados aún estaba más excitante.

Cuando ya estaba atada y amordazada en la silla uno de ellos le pidió si tenía sed. Ella dijo que sí y entonces el otro le dijo. Señora, le vamos a quitar un rato la mordaza para que beba agua si promete no chillar. Ella dijo que sí con la cabeza y entonces le estiraron el esparadrapo. Le habían puesto también un trapo dentro de la boca que ella escupió de inmediato.

Después de darle agua uno de ellos cortó otro trozo de esparadrapo y se dispuso a amordazarla de nuevo, pero ella se le adelantó y le dijo. No necesito mordaza, no voy a gritar. Sin embargo el otro le contestó. Lo siento, pero no podemos arriesgarnos. Entonces le pusieron el trapo dentro de la boca y de nuevo dos tiras de cinta. Estaba increíble, atada y amordazada en la silla y con los pies descalzos.

Les acompañé al aeropuerto y cuando volví no podía dejar de pensar en ella allí en la silla, atada y amordazada. No podía estar más excitado porque además había cumplido mi sueño de ver como era otra persona la que le ponía la mordaza. Por supuesto sabía que ella era consciente de lo excitado que yo estaba.

Cuando llegué le pregunté si le podía dejar puesta la mordaza para hacerle varias fotos. Me dijo que sí. La fotografié desde todos los ángulos posibles y luego me la llevé al dormitorio para follarla. La estuve follando toda la noche y todavía hoy me sigo corriendo prácticamente sólo con pensar lo que pasó.

Con el tiempo, sin embargo, aún tendría más motivos para excitarme más porque aquella no fue la última vez en la que unos extraños la amordazaron. Ya os contaré...

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