Quiero comerte el coño

Written by , on 2020-06-07, genre dominación

Entre las 15:00 y 15:20 horas del día 13 de noviembre de 2011,Tomás , ciudadano
dominicano con residencia autorizada en España, entró en el portal de su número xxx y subió hasta la azotea desde donde se descolgó al falso techo de la terraza del xxx piso del colindante número xxx del pasaje, vivienda arrendada por Candida a Nazario, lugar en el que rompió parte del tejadillo, sin que conste el valor de los desperfectos a cuya indemnización ha renunciado en juicio la mencionada titular.
Seguidamente, desde ese lugar, saltó al balcón del número xxx y de éste, a la terraza del xxx piso del n° xxx del mismo Pasaje que comunicaba con la cocina a través de una ventana corredera.
Tomás abrió la ventana para acceder así al interior de la vivienda habitada por Emma, quien se había ausentado momentáneamente, sobre las 15:20 horas, para comprar en las inmediaciones del inmueble un ingrediente de la comida que estaba preparando.
Cuando, a los pocos minutos, Emma regresó a su domicilio y pudo observar, gracias al espejo del vestíbulo, la presencia del sujeto desconocido, reaccionó gritándole "¿quien hay ahí?" "¡fuera de mi casa, socorro!". Tomás de inmediato la cogió fuertemente del brazo y la llevó hasta la cocina, donde tomó un cuchillo y le espetó "no me mires que te mato". Acto seguido la llevó al sofá y la ató los pies y las manos con los cables de su ordenador.
Mientras Tomás registraba el domicilio, preguntándole por sus maletas, le dijo a Emma que se quitara la ropa y, dada la dificultad para hacerlo ella sola, Tomás, con propósito de satisfacer su apetito sexual, le ayudó a quitarse las prendas, insistiendo en que quería ver sus pechos. De inmediato le manifestó que quería verla "con unas bragas sexys", indicándole la atemorizada Emma el cajón donde guardaba su ropa interior, que registró el hombre y, ante el silencio de aquella, le gritó "dime unas o te mato", ante lo cual aquella eligió unas de color negro. Cuando volvió con la prenda, le cortó el cable con el que le había atado las piernas con el cuchillo de cocina que mantenía en todo momento en su poder, hizo que se pusiese en pie, vistiéndola con la referida prenda al tiempo que le preguntaba si tenía una película pornográfica. Emma respondió negativamente y Tomás le expresó su deseo de chuparle sus pezones, y, cuando ella hizo ademán de evitarlo, la amedrentó de nuevo con el cuchillo obligándola a aceptar.
Acto seguido, la hizo poner boca abajo mientras le daba indicaciones para que moviese las caderas diciendo que "tenía el culo muy sexy", haciendo que la acompañase hasta la cama expresando que era "para follarla", a lo que Emma se negaba, ante lo cual Tomás le espetó "¿qué quieres que te mate y folle muerta y no te enteres de lo que hago o no matarte y follarte?".
Una vez consiguió así que ella se tumbara, volvió a decirle "no me importa matarte, acabo de salir de la cárcel, he estado siete años en la cárcel y acabo de salir", acostándose a su lado Tomás mientras le manifestaba que estuviera tranquila porque se iba a restregar. Estando Emma de espaldas, Tomás comenzó a besarle el cuello, tocarle las nalgas y los pechos, para levantarse de inmediato y acudir al cajón donde se guardaba la ropa, cogiendo un culotte de encaje, cambiándole el tanga por otro de color verde. Se tumbó junto a ella y, con permanente designio de satisfacer su libido, volvió a tocarle los pechos y le metió los dedos en la vagina por debajo de las bragas, persistiendo con la constante exhibición del cuchillo que ocasionalmente le apostaba al cuello. A continuación le quitó las bragas, le abrió las piernas y le lamió repetidamente la vagina.
Cuando Emma advirtió que Tomás iba a penetrarla vaginalmente se negó a ello, incluso le manifestó que tenía alguna enfermedad para poder disuadirle. Tomás le preguntó "¿quieres morir?", ante lo cual Emma, ya convencida que su estratagema no le causaba ningún efecto, le suplicó que se pusiera un preservativo, a lo que Tomás hizo caso omiso y la penetró vaginalmente por completo.
Seguidamente Tomás le quitó una toalla del rostro que previamente le había puesto y le preguntó si estaba bien, añadiendo que no quería que le pasara nada.
Trascurridos unos momentos Tomás, con igual propósito de deleite, le exigió que le hiciese una felación a lo que accedió Emma , completamente aterrorizada por cuanto venía sucediendo.
Un rato después de verse obligada a hacerle la felación, Emma manifestó a Tomás que tenía la boca muy seca, llevándola éste hasta la cocina donde abrió una botella de agua. A continuación hizo que Emma se dirigiese hasta una mesa próxima, donde la puso boca abajo y la penetró vaginalmente de nuevo, hasta que
ella mostró signos de dolor, momento en el que Tomás le dio la vuelta y dijo que le hiciera una felación, recostándose en una escalera interior de la vivienda, accediendo a ello Emma , atemorizada.
Seguidamente ella le manifestó que tenía frío, a lo que Tomás, fingiendo muestras de afecto e insistiendo en que no se preocupara, la llevó hasta la cama, la tapó y, súbitamente, le cubrió el rostro con un plumón, mientras le decía "quiero comerte el coño", para volver a penetrarla vaginalmente, aprovechando el permanente estado de temor de Emma quien, absolutamente presa del pánico y del desconcierto, le pidió que dejara de penetrarla y se ofreció a hacerle una felación, lo que aceptó Tomás.
Con renovado propósito lascivo, Tomás le manifestó que "quería follar porque si no, no se iba a correr", por lo que hizo poner a Emma boca arriba penetrándola brusca y violentamente, hasta que Tomás eyaculó fuera de su cuerpo y la condujo al cuarto de baño donde ambos se limpiaron con una toalla.
A continuación, Tomás ató a Emma de manos y pies con dos prendas de vestir, dejándola tumbada en la cama, aprovechando tal situación para registrar la vivienda con propósito de enriquecerse con cuanto de valor hallase.
Tomás se adueñó de las llaves del domicilio, 100 euros y 180 dólares en efectivo, así como los varios objetos.
Tomás abandonó la vivienda sobre las 19:00 horas con todos esos objetos, no sin antes tapar la boca de Emma con un pañuelo, quien tras cerciorarse de que efectivamente Tomás había marchado, se desató y acudió al piso de una vecina de la planta inferior a quien, desconsoladamente, le puso al corriente de lo sucedido.

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