La enfermedad

Written by , on 2020-03-23, genre fetichismo

Pedro había estado casado algunos años, pero la cosa no había terminado bien. La pensión mermó sus ingresos durante varios años. Todo aquél tiempo había acumulado bastante rencor, pues le impedía disfrutar al máximo de su trabajo. ¿De qué servía tanto trabajar si le quitaban el 60% de su sueldo? Ya entrado en los casi 45 años se libró por fin de aquella doble pensión. Una para su hijo Pedro Jr y otra para Lucía. Al alcanzar la mayoría de edad se libraba de aquella carga económica que durante años lo asfixió.

Pedro fue hijo único y siempre fue muy caliente. Se casó joven, pero tardaron en encargar familia. Desde joven su mayor fantasía era Concepción, su ma.dre, era una hembra que también lo había tenido bastante joven, y no había tenido papá. Concep.ción era una hembra de tetas bastante grandes, y unas piernas gruesas y torneadas que le acarreaban comentarios de sus amigos, pues además de que estaba buenísima, era bastante puta. Pedro al menos recordaba haber tenido 3 padrastros.

Concepción se embarazó muy joven, el primer hombre que la montó fue el conserje que trabajaba donde estudiaba. Aquél hombre la había sorprendido masturbándose en el baño, y aunque ella era muy caliente en aquel momento, aun no había siquiera visto una verga, al menor no en persona. El hombre la apartó y le dijo lo que había visto, además de que tendría que hacer lo que el le pidiera si no quería ser de.nunc iada con la directo.ra del plantel. Concepción estaba muy caliente, y sólo asintió con la cabeza. El hombre cerró la puerta de los baños con llave, la tomó de la mano y la metió a uno de los cubículos donde bajó la tapa de la tasa y se sentó. le dió vuelta y le bajó los calzones, mismos que se guardó en la bolsa del pantalón. la tomó de las caderas y se la sentó en la verga. El tamaño de aquél sexo era muy grande para aquella joven vagina. Puso la mano en la boca de Concepción y la tomó fuertemente de la cintura, apoyó fuertemente las piernas en el piso y de un jalón tiró del cuerpo de la joven Concepción hacia abajo. Concepción sintió cómo le despe.llejab.an el himen de un solo tirón, y un leve hilo de s.an gre le corría de la v agina y seguía su camino por entre las bolas de aquel señor. Aquél hombre maduro la penet raba con fuerza y deci.sión. Despu és de cogérsela durante 3 minutos, aquél hombre no pudo mas y se vino a chorros adentro de la vagina. La sensación de aquellos mocos pegajosos le dio cierto alivio al dol.or que sentía aquella joven puta después de haber sido vi. olent ada por aquel individuo. Una vez terminado, le volvi ó a advertir que no debía de cir nada, que era una puta por haber hecho lo que hizo, pero que no debía avergonzarse, que siempre utilizara su calentura en beneficio propio, que las putas siempre conseguían lo que querían por ser putas, que a todos los hombres les gustaban las putas.

Las palabras de aquél hombre en su primera ocasión de Concepción las recordaba siempre. Al poco tiempo, aquél individuo fue corrido del plantel por llegar eb rio y Concepción nunca supo nada más de el. Siguió su vida en su casa donde vivía con sus padres.

Pedro vivía solo, y recordaba sus años de adolescencia, cuando cogió por primera vez con una compañera de escuela. No era muy atractiva y estaba bastante flaca, pero recordaba que su pensamiento en aquella su primera ocasión, era que se cogía realmente a Concepción, la primer mujer con la que fantaseó. Recordaba cómo había visto cuando uno de sus padrastros se la cogía y la mujer gritaba como perra en celo. Aquella primera ocasión que vio el sexo y la enjundia de cómo aquella puta con la que vivía montaba la verga la recordaba siempre. Aquella ocasión, los amantes habían dejado manchadas las sábanas color verde aceituna muy manchadas, Pedro había husmeado entre la ropa sucia y visto tanto los calzones de Fabián, de Concepción y las sábanas. Lamió aquel calzón de Concepción y recordaba el sabor salado de aquellos mocos ya secos, hundió la nariz para conocer el olor de la vagina. Fabián fue apenas alguno de los padrastros que tuvo aquél joven Pedro, Fernando y Luis fueron los otros dos. Con todos los había visto coger, claro que siempre a escondidas. Aquella mujer, no sólo había tenido aquellos tres hombres. Si bien con ninguno se casó, y sólo vivió con ellos, no fueron sus únicos amantes. Había tenido múltiples encuentros sexuales principalmente en su trabajo, donde era secretaria. Había tenido varios jefes (4) y había cogido con prácticamente todos. Fue la clásica secretaria buena a la que todos se quieren coger. Además, conforme fue creciendo le llamaban mucho la atención los jóvenes. Se había cogido al menos a 8 compañeros de ahí de su trabajo.

Pedro recibió una llamada aquel día. Le informaron que debía acudir en apoyo de Concepción. Le diagnosticaron Alzhe.imer. Ya sin compromisos de familia Pedro tuvo que atender aquella situación nueva para él. Debía cuidar a Concepción en aquellos sus años, pero la mujer no llegaba a los 60 años, pero la enferm.edad estaba basta nte avanzada. Pedro tuvo que mudarse a aquella casa donde había vivido varios años, y donde muchos años atrás, Concepción vivía sola.

Pronto encontró cosas que no sabía. Concepción tenía bajo llave varios cajones de las mesas de su recámara y de su armario. En una ocasión cuando Concepción se había quedado dormida en la sala viendo televisión, Pedro tomó las llaves y anduvo husmeando. Se encontró con muchos consoladores, cremas, revistas y películas porno. Las revistas tenían manchas en las páginas donde había grandes penes negros. Imaginaba cómo Concepción se embarraba aquellas revistas imaginando que montaba grandes vergas negras, y también cómo se metía consoladores. Los consoladores eran bastante grandes y con estrías que seguramente le tallaban con gran fuerza la vagina a aquella madura mujer. Pedro se masturbó mucho con las imágenes que había en su mente de aquellos años de juventud donde la había visto en acción montando vergas de 3 distintos hombres, los comentarios de sus compañeros de estudio, y las veces que se había masturbado imaginando que se cogía a Concepción.

Le habían recetado algunos medicamentos que le advirtió el doctor que podían tener efectos secundarios como tener ansias, calentura y sueño. El ansia en aquella caliente mujer se le comenzaba a notar cuando se ponía muy caliente. Pedro venció el temor y el tab ú de decir o hacer algo con ella. Le dijo, creo que cuando te ba ñes debo acompañarte para ver que no te vaya a pasar nada malo. En aquél momento la m ujer estaba ida, no comprendía lo que le decían. Pedro la ayudó a desvestirse y la metió a la regadera; él también se desvistió. La erección fue casi inmediata. Pedro tallaba aquellas tetas grandes y firmes para la edad de aquella mujer; llevaba los pelos de la vagina y el culo sin recortar. Pedro enjabonó sus manos y frotaba con gran fuerza aquellas tetas, cuando llegó a la vagina y talló, los dedos se le metieron en aquel agujero. Aquella vagina había cogido durante más de 30 de años todos los días, entre amantes, concubinos, y demás, le habían dejado una vagina muy abierta. Pedro empujaba tres dedos con facilidad en aquella olla de mocos calientes, dobló el pulgar y metió con fuerza medio puño en aquel sexo maduro. Concepción arqueó el cuerpo y tensó las piernas, comenzó a moquear la mano de Pedro, quien estaba excitadísimo de saber que alguna vez hace muchos años había estado dentro de aquella vagina. La verga le pulsaba, ansiosa de entrar en acción, pero sabía que no causaría mayor placer que su grueso puño por lo que siguió empujando fuertemente hacia adentro, con ganas de romperle aquel agujero caliente a punta de puñetazos. Concepción jadeaba como perra en celo, como una puta de profesión, de esas que hay en las calles y que han cogido con miles de cabrones de todas las edades. Jadeaba y gemía. Tuvo el primer orgasmo, se vino fuertemente a chorros sobre el puño de Pedro, el cual pudo casi extender por completo la mano dentro de la vagina de aquella puta madura, saco el puño y lamía con glotonería.

Se levantó y la tomó por las nalgas y la apoyó en la pared de la regadera y le metió la verga en aquel agujero caliente, la estuvo bombeando por 2 minutos con todas sus fuerzas, mientras le decía oído, muchos años deseé que fueras mi puta, Concepción. Aquellas palabras le excitaron demasiado, y ambos se vinieron al mismo tiempo, provocando que les salieran los mocos de aquella olla de placer y les escurrieran por entre las piernas.

Al día siguiente, Concepción no recordaba nada. Pedro lo recordaba todo.

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