Adorado portero cruel

Written by , on 2017-01-15, genre fetichismo

Don José es un gallego bruto, (En Uruguay les decimos gallegos a todos los españoles) desde que yo era chica el conserje del edificio. Vive con La Pepa, su mujer, en la planta baja.

Malhumorado, siempre rezongando pero atento era de fácil genuflexión con la viejas del edificio, las señoronas como mi mamá. Un adulón que cuidaba su trabajo. Forma parte del paisaje del edificio, con su gorra de visera y uniforme, recuerdo de otros tiempos de gloria patricia del condominio.

Me conoció de niña. Siempre me trato con respeto yo era un renacuajo de piernas largas, flaca y mucho pelo que pasaba como un ventarrón casi sin verlo. El tiempo fue pasando empecé el liceo mis tetitas empezaron a despuntar pezones y mi pollera del uniforme a acortarse.

El veterano me trataba con respetuosa confianza y yo me aprovechaba de ello. Corría a abrirme la puerta del asesor, para ganarse un besito en la mejilla, o para ayudarme con la mochila del colegio o las bolsas del mercado, y se beneficiaba con rozarme con disimulo. Yo quietita lo dejaba como si no me diera cuenta. Me acariciaba el pelo, o me tomaba de un brazo o la cintura.

Me acuerdo una vez que lo sorprendí mirando revistas de sexo, estaba sentado atrás del mostrador y no me apreció acercarme, tenía el fardo hinchado se estaba tocando. Don José – le dije – que cochino es, quedo colorado como un tomate y yo lo tome del brazo para tranquilizarlo y me fui con una risa cómplice.

Desde ese día tuvimos una confabulación mayor, por años, cuando no había nadie y yo llegaba, subía al asesor, y antes de cerrar la puerta me subía la pollera y le mostraba mi bombacita y le tiraba un besito, otras veces me corría la blusa para que viera una de mis tetitas. Me deleitaba hacerme la mujer fatal con el arcaico, mas de una vez me masturbe, fantaseando con que me tomaba y me hacía de todo. Como me divertían esas acciones y a él le dejaban encendidísimo. Era un juego de seducción de mujer sexi y putita dada.
Un domingo de verano yo ya había crecido y estaba en el secundario, por la nochecita yo entre al inmueble y estaba José sentado detrás del mostrador, venia medio lanzada habíamos estado de toqueteos con una amigas y estaba estimulada.
Hola Josecito - le dije – sacándole la gorra y poniéndomela en mi cabeza, quiero que me muestres tu pija, tengo curiosidad – poniendo carita de putita. – el se sorprendió, balbuceo algo, pero yo lo apure – dale gallego sucio - le dije para enojarlo -, si eres un pajero, sácala - con voz imperiosa - la quiero ver.

Don José se desprendió la bragueta con temor, una pija peluda corta pero regordeta salió por su entrepierna. Pajeate – le ordene – el arremango la piel y dejo al descubierto una cabeza descomunal y empezó sobarla. Para – le ordene – pase mi mano por la boca y la llene de saliva le tome la la cabeza y le pase mis jugos. Dura olorosa me lleno la mano con el aroma penetrante de la verga.

El gallego empezó a pajearse, mirando fijo a los ojos, hay Martita - me decía -,. Hay Martita mientras la sobaba frenético, yo le ponía carita de placer y me mordía los labios para provocarlo más y más, de pronto pego un alarido y salto el chijete de leche que se desparramo en su pantalón. Yo también me pajeaba, me había metido mis deditos en la concha y jugaba con ellos. Demoramos unos segundos en calmarnos los dos, yo estaba a punto de un orgasmo. Gracias papito le dije devolviéndole la gorra. Esa noche me hice como tres pajas soñando que el gallego me poseía.

Desde ese día el juego cambio éramos cómplices. Cuando entraba sola, el me mostraba su verga y me decía te voy a clavar Martita, te voy a clavar… y yo le mostraba mi conchita o mis nalgas en el asesor y lo dejaba que me tocara, avece metía sus dedos ásperos en mi rajita y yo me mojaba automáticamente. Lo disfrutaba. Me di cuenta como le gustaba el culo al gallego de mierda.

Ese verano mi madre había ido para la playa con mi hermana y estaba solita. Así que se me ocurrió llamarlo. José – le dije – estoy solita quieres venir?

Vino volando, resoplando, rojo de calenturas, me jalo del brazo y me tiro en el sillón, me acomodo culo para arriba con unos almohadones y me bajo el short y la bombacha – yo solo hago el culo putita - me dijo - con una palmada en las nalgas y sin decir otra palabra la ensalivo y empezó a buscar el hoyo de mi culito.
Dios que picor, yo no era virgen pero así con esa brutalidad nunca me habían clavado. Empecé a lloriquear mientras él buscaba meter su regordeta pija en mi ano, despacio imploraba, despacio entre llantos. Quieta yegua - me grito escupiéndome en la espalda,- quietecita yegua, que te voy a domar y me tiraba el pelo.

Pedirme me grito con un golpe que me dolió, pedidme, implórame que te folle… .Su verga lubricada de unas escupidas me fue dilatando y entrando en mí, - que dolor - parecía que las paredes de mi culito se partían en dos, por suerte era corta y la pude soportar. Me empalo y comenzó a moverse. Me empezó a hacer un mete y saca con violencia, grite de placer y dolor, pronto sentí como su jugo caliente inundaba mi recto. Sin decir palabra se subió el pantalón y se fue. Me dejo con el culito lleno de leche y sangrando. Habría estado en mí, 5 minutos me dejo el culo dilatado y yo caliente. Con todos mis deseos a flor de piel, me tuve que pajear con mi consolador para poder llegar a un orgasmo.

Desde ese día se lo que le gusta, y que lo suyo es intenso y breve, debe tener como 68 años, subimos al asesor y lo paramos en la terraza y él me ensarta el culito, claro que ahora voy preparada, vaselina, saliva y juego antes juego con mi dilatador. A veces llego con él, pero si no, no importa, se que soy lo mejor que le ha pasado en la vida y que soy su niñita mimada.

El viejo es incansable desde ese día no me ha faltado mi porción de leche en el culo por lo menos 3 veces por semana. Esto aprendiendo a quererlo en este sometimiento extraño. Se que soy su objeto del deseo y me encanta que no pueda vivir sin mi culito. Este gallego bruto, me puede. Maria Marta.

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