Ser o no ser

Written by , on 2016-06-11, genre primeras experiencias

Era viernes por la tarde y hacía mucho calor, Irene estaba sola en la casa, su marido y los niños aún no regresaban. Sentada en el sofá descubrió que no podía alejar de su mente las palabras de su mejor amiga; cada vez que intentaba distraerse en algo distinto sus pensamientos regresaban a la confesión que le había hecho Miranda,
-No lo se, tan solo pasó y ya- decía insegura su amiga.
-¿Y se lo vas a decir?- había preguntado Irene.
-Claro que no... bueno, no lo sé... no sé que hacer-.
No podía creer lo que estaba escuchando, Miranda que siempre que hablaba de su novio recalcaba cuán enamorada se encontraba de él y lo maravilloso que era , lo había engañado; en 10 años de conocerla jamás lo hubiera imaginado, su amiga era una de las personas más leales, sinceras y tiernas que había conocido; se contaban todo y la infidelidad nunca fue algo que la caracterizara, en realidad ambas compartían una animadversión contra aquellas personas a quien no les importaba lastimar a los demas engañandolos.
Una vez más decidió apartar todo pensamiento sobre la plática con su amiga, se levantó del sofá
y fue a su recámara, el calor era sofocante y empezaba a sudar, se cambió la ropa por algo más ligero, una playera blanca ceñida al cuerpo y un short negro. Se recostó sobre la cama e intentó dormir un poco, no pasó mucho tiempo antes de que su mente se enfocara de nuevo en la charla del día anterior
-Fue el martes, todos en el trabajo decidimos salir a festejar un gran proyecto que nos va a dejar mucho dinero, fuimos a un bar y empezamos a beber, poco a poco se empezó a ir la mayoría, pero yo quería seguir festejando porque todo estaba saliendo genial, el trabajo, mi familia y Oscar por fin me había pedido matrimonio, al final sólo quedamos David y yo-
-Pff, ese tipo es un cretino... ¡por favor no me digas que fue con él!- había dicho Irene
-Fue culpa del alcohol- se justificó Miranda dolida -David se me insinuó, intenté dejarle claro que no me interesaba, por un rato pareció que lo entendía, fue entonces que empezó a hablar sobre que estaba a unos cuantos meses de casarme y que no había vivido casi nada, que llevaba una vida aburridísima y que aún asi ya había decido coger con el mismo tipo toda la vida-
-Que imbécil- había comentado Irene
-Me dijo que no fuera tonta, que seguro Oscar ya había tenido algo que ver con otras y que si no, no pasaría mucho tiempo para que encontrará a una mujer que si tuviera experiencia, que hay mucha diferencia entre coger con una mujer que sabe lo que hace y coger con una que no- se le empezaba a quebrar la voz a Miranda -dijo que podía enseñarme, que podía asegurar que nunca había estado con alguien como él, que viviera el momento... que me dejara llevar-. Habían pedido un par de cervezas que ayudaron a Miranda a continuar contando lo ocurrido -Sus palabras me hirieron más profundamente de lo que creía, plantando dudas que hasta ese instante no tenía pero parecían razonables al calor del momento, al final me deje llevar por todo lo que sentía y bueno... una cosa llevó a la otra-.
Irene reflexionó sobre algo que había dicho David y que era verdad, de Miranda se podían decir muchas cosas buenas pero en cuanto a experiencia en la cama, solo recordaba 8 o 9 tipos con los que se había acostado, y eso, aplicaba también con ella. Antes de casarse solo había dormido con 4 hombres y desde entonces solo con su esposo, muy pocos en comparación con otras mujeres al llegar a los 30 pensó. En ese momento llegó el recuerdo de la plática que intentaba expulsar de su cerebro, el que le provocaba un nudo en el estómago.
El alcohol ya había empezado a hacer efecto, la tensión y angustia de Miranda se habían desvanecido poco a poco, fue entonces cuando Irene no soporto más la curiosidad y preguntó por todos los detalles como solían hacer cuando hablaban de sexo... y Miranda se los contó
-Mientras íbamos en el carro hacia su departamento no hablamos prácticamente nada, pero en cuanto llegamos todo cambió, puso música suave y me abrazó por detrás, empezó a besarme en el cuello mientras presionaba todo su cuerpo contra mí, me preguntó en voz baja si me gustaba rudo porque asi era como me lo iba a hacer, me quedé callada, -te voy a coger durante toda la noche... las veces que quiera y como yo quiera, hoy eres mi perra, por fin vas a estar con alguien que va a hacer que te vengas, tus gemidos van a ser reales, no como con tu novio- me susurró al oído, Oscar nunca me habla asi, fue raro pero para mi sorpresa me gustó, tal vez por la seguridad con la que lo dijo; sus manos se paseaban desde mis pechos hasta mis muslos pero no llegaban nunca a mi entrepierna, entre más tiempo lo retardaba más lo deseaba, estaba muy exitada, entonces lo sentí, su mano deslizándose por mi vientre hacia abajo, desabrochó mi pantalón y puso sus dedos en acción, estaba tan sensible que no pude contener un gemido, estaba con él pero había decidido durante el viaje a su departamento que no le iba a dar la satisfacción de dejarle saber que lo estaba disfrutando si es lo que hacía, lo iba a herir en el orgullo haciéndole saber que eso para mí significaba menos que nada, que era demasiada mujer para él, David había hablado demasiado y había sido tan prepotente, que una parte de mí lo odiaba, pero nunca nadie me había tocado como él, ¡se sentía tan bien!, su dedo paseaba sobre mi clítoris y se deslizaba hacia un lado para luego subir y hacerlo de nuevo con movimientos rítmicos, firmes pero al mismo tiempo gentiles, sin darme cuenta mi cadera ya se movía al ritmo que su mano marcaba, con la otra puso dos dedos dentro de mí, sabía perfectamente lo que hacía pues fue directamente a mi punto g haciéndome gemir un poco más fuerte, aun no es tarde me dijo, si me pides que pare lo haré y podrás irte a casa con tu novio casi intacta, ¿quieres que pare? -¡No!- fue lo único que pude decir, estaba a punto de tener un orgasmo cuando se detuvo por completo, no entendí que pasaba, volteé y él sonreía, -te vas a venir... pero será cuando te lo ganes, cuando yo lo decida- me dijo, la frustración de perder mi orgasmo me hizo enfadar, pero antes de poder decir algo, él ya había empezado a quitarme la ropa con rapidez y destreza, me tumbó desnuda sobre la cama, entonces comenzó a quitarse la ropa él, tenía un cuerpo perfecto y cuando baje la vista era obviamente bastante más grande y grueso que Oscar, era el mas grande que había visto en mi vida, sentí un profundo deseo que no había experimentado antes, ver algo de ese tamaño movió algo dentro mí que no sabía que estaba ahí, lo deseaba, por la expresión en su rostro fue obvio que mi cara me delató, empezó a acariciarse sin quitarme la vista de encima, -¿te gusta? pidemelo y te cogeré como nunca lo han hecho- me rehusé a contestar, -como quieras, pero vas a acabar pidiéndomelo una y otra vez- dijo sonriendo, se acercó y comenzó a recorrer de arriba a abajo con la punta de su enorme miembro mis labios hasta llegar a mi clítoris, ya estaba muy mojada asi que se deslizaba con facilidad, se inclinó un poco hacia delante y entró en mí, el placer fue instantáneo, la sensación de como entraba fue mágica, empujó un poco más y ya tenía más de la mitad dentro, dejé salir un pequeño grito entre placer y dolor, se quedó un par de segundos ahí sin moverse mientras me acostumbraba al tamaño, me sentía llena como nunca antes, algo delicioso, y entonces comenzó... primero lentamente de atrás hacia delante, un movimiento hipnótico, no podía apartar la vista de como se deslizaba dentro de mí, y a cada segundo me gustaba más, la sensación era tan exquisita que olvide que estaba tratando hacer parecer que no lo disfrutaba y empeze a gemir sin importarme nada -¿te encanta, no? dímelo perra, dime que en el fondo no deseabas esto- me dijo, la única respuesta fueron mis gemidos; sus movimientos se hicieron más rápidos y el placer más grande, volví a sentir como me acercaba al orgasmo pero justo antes de poder alcanzarlo se detuvo de nuevo, no lo podía creer, -no te lo has ganado- dijo, me dio vuelta y me puso en cuatro, tras unos instantes se hundió en mí y lo sentí completamente, solté el grito más fuerte de mi vida pero también el más delicioso, el ángulo en que entraba era perfecto y enseguida estaba gimiendo otra vez, las embestidas eran fuertes y rápidas, tomó mi cabello y jaló mi cabeza hacia atrás mientras empezaba a darme nalgadas, yo estaba perdida en el momento con mi mente totalmente en blanco,
-¿quieres venirte?- me preguntó,
-¡sí!-
-pues ganatelo, dime quién te coge mejor, ¿tu novio o yo?-
-tú-
-¿quién la tiene más grande?
-¡tú!-
-¿te gusta?-
-¡sí, me encanta!-
-¿eres mi puta?-
-sí-
-¿sí qué?-
-soy tu puta-
-no te oigo-
-¡que sí, soy tu puta!- grité y por fin me pude venir, todo mi cuerpo se estremeció, jamás había tenido un orgasmo tan intenso, fue lo más rico que he sentido en la vida pero él no había terminado conmigo, no se detuvo ni por un segundo, sentía como olas de placer recorrían mi cuerpo; después de un rato se acostó boca arriba y fue mi turno de llevar el ritmo, lo monté, desde esa posición llegaba a lugares y sensaciones que no imaginé que fueran posibles, en un par de minutos tuve mi segundo orgasmo igual de intenso que el primero, no podía creer que él fuera capaz de hacerme gozar tanto, lo hicimos un par de veces más durante la noche, ni siquiera puedo recordar cuantas veces me vine, aunque me duele admitir que el idiota tenía razón en una cosa, terminé pidiéndole que me cogiera de nuevo más de una vez, es algo raro, me duele haber engañado a Oscar pero no me arrepiento, fue el mejor sexo que he tenido en la vida, no imaginaba poder llegar a disfrutarlo de la manera en que lo hice...-
Un ligero cosquilleo hizo que su mente regresara a la habitación, se dio cuenta que la sensación venía de su entrepierna y que su ropa interior estaba ligeramente mojada, se había exitado con el recuerdo del relato de su amiga como el día anterior mientras lo escuchaba, aunque en el momento se había dicho a si misma que era a causa del alcohol y de que su vida sexual no era tan activa como antes. Ahora se sentía confundida, ¿cómo podía haber hecho algo asi su amiga? traicionar a quien juraba amar, de pronto estaba enojada con Miranda sin saber por que, al fin y al cabo no era a ella a quien habían engañado; vino a su mente David, no lo conocía personalmente, sólo de vista pues iba al mismo gimnasio que ella, lo veía coquetearle a toda mujer que estuviera cerca de él, no le parecía el hombre más guapo del mundo pero tenía algo que lo hacía atractivo, tal vez la confianza en si mismo aunado a que las horas gastadas en el gimnasio se reflejaban en su físico, y ahora sabía lo que tenía entre las piernas y que según Miranda lo sabía usar maravillosamente, volvió a sentir el cosquilleo, una idea pasó rápidamente por su cabeza, se imaginó siendo ella la de la aventura, que era ella a quien le daban la mejor cogida de su vida, sin saber cómo, su mano había llegado a su sexo y comenzaba a moverse buscando el placer que le pedía su cuerpo, se imaginó el enorme miembro de David penetrandola al tiempo que ella introducía sus dedos medio y anular en su ya húmeda vagina, sus dos dedos empezaron a moverse rápidamente, hacía tiempo que no lograba exitarse tanto, parecía que la idea de lo prohibido era dulcemente emocionante por la manera en que estaba respondiendo su cuerpo, sintió sus pezones endurecerse y su vagina cada vez más húmeda, la satisfacción crecía más y más cuando oyó ruido en la planta baja, Sebastián y los niños habían llegado.

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